31 Padres de la Iglesia juzgan a Francisco
- San Agustín (354-430)
- San Ambrosio (340-397)
- San Atanasio de Alejandría (296-373)
- Atenágoras de Atenas (s. II)
- San Beda (673-735)
- San Basilio Magno (330-379)
- San Cipriano de Cartago (+258)
- San Cirilo de Alejandría (374-444)
- San Cirilo de Jerusalén (313-386)
- San Clemente de Alejandría (150-215)
- Pseudo-Crisóstomo (s. V)
- San Dionisio de Alejandría (+264)
- San Fulgencio de Ruspe (460-533)
- Griego, o el Geómetra
- San Gregorio Nacianceno (330-390)
- San Gregorio de Nisa (335-394)
- San Gregorio Taumaturgo (213-270)
- San Hilario de Poitiers (300-368)
- San Ignacio de Antioquía (+107)
- San Ireneo de Lyon (130-202)
- San Jerónimo (347-420)
- San Juan Crisóstomo (347-407)
- San Justino Romano (100/114-162/168)
- San Máximo confesor (662)
- San Melitón de Sardes (s. II)
- Orígenes (+254 d. C)
- San Paciano de Barcelona (365)
- Policarpo de Esmirna (69-155)
- Teófilo de Antioquía (183)
- Teodoreto de Ciro (393-466)
- San Vicente de Lerins (+450)
Tomado de:
18 Congregaciones Romanas juzgan a Francisco
- Congregación para el Clero
- Congregación para las Causas de los Santos
- Congregación para los Obispos
- Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
- Congregación para la Doctrina de la Fe
- Congregación para la Educación Católica
- Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica
- Comisión Teológica Internacional
- Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas
- Oficina para las celebraciones litúrgicas del Sumo Pontífice
- Pontificia Comisión Bíblica
- Pontificio Consejo Justicia y Paz
- Pontificio Consejo para el Dialogo Interreligioso
- Pontificio Consejo para la Cultura
- Pontificio Consejo para la Familia
- Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrados e Itinerantes
- Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
- Pontificio Consejo para los Textos Legislativos
Tomado de:
8 Textos fundamentales juzgan a Francisco
- Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005)
- Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
- Catecismo de la Iglesia Católica (1992)
- Código de Derecho Canónico (1983)
- Catecismo Mayor de San Pío X (1905)
- Catecismo Romano (Concilio de Trento)
- Fórmula llamada Fe de Dámaso (500?)
- Credo “Atanasiano” (373)
Tomado de:
14 Concilios juzgan a Francisco
- Concilio Vaticano II – (1962-1965)
- Concilio Vaticano I – (1869-1870)
- Concilio de Trento (1545-1563)
- V Concilio de Letrán (XVIII Ecuménico. 1512-1517)
- Concilio de Florencia (XVII Ecuménico. 1431)
- Concilio de Vienne (XV Ecuménico. 1311-1312)
- II Concilio de Lyon (1274)
- IV Concilio de Letrán (XII Ecuménico – 1215)
- I Concilio de Letrán (IX Ecuménico – 1123)
- III Concilio de Constantinopla (VI Ecuménico – 680-681)
- II Concilio de Constantinopla (553)
- Concilio de Calcedonia (IV Ecuménico – 451)
- Concilio de Éfeso (III Ecuménico 431)
- III Concilio de Cartago (397)
59 Papas juzgan a Francisco
- Benedicto XVI (265°)
- Juan Pablo II (264°)
- Juan Pablo I (263°)
- Pablo VI (262°)
- Juan XXIII (261°)
- Pío XII (260°)
- Pío XI (259°)
- Benedicto XV (258°)
- Pío X (257°)
- León XIII (256°)
- Pío IX (255°)
- Gregorio XVI (254°)
- León XII (252°)
- Pío VII (251°)
- Pío VI (250°)
- Clemente XIII (248º)
- Benedicto XIV (247°)
- Inocencio XI (240°)
- Urbano VIII (235°)
- Sixto V (227°)
- Pío V (225°)
- Pablo IV (223º)
- Pablo III (220°)
- Adriano VI (218°)
- León X (217°)
- Alejandro VI (214°)
- Eugenio IV (207°)
- Urbano V (200°)
- Clemente VI (198°)
- Benedicto XII (197°)
- Juan XXII (196°)
- Bonifacio VIII (193°)
- Inocencio IV (180°)
- Inocencio III (176°)
- Urbano II (159°)
- Gregorio VII (157°)
- León IX (152º)
- Esteban V (110°)
- Nicolás I (105°)
- Esteban III (94°)
- Honorio I (70º)
- Gregorio I, Magno (64°)
- Pelagio I (60°)
- Vigilio (59°)
- Hormisdas (52°)
- Gelasio I (49°)
- Simplicio (47°)
- León I (45°)
- Celestino I (43°)
- Bonifacio I (42°)
- Zósimo (41°)
- Inocencio I (40°)
- Siricio (38°)
- Dámaso I (39°)
- Marcelino (29°)
- Esteban I (23°)
- Cornelio (21°)
- Clemente I (4°)
- Pedro (1°)
Tomado de:
Las Sagradas Escrituras juzgan a Francisco
Las Sagradas Escrituras…
… juzgan la idea de ecumenismo que tiene Francisco
- ¡Ay de los pastores que pierden el rebaño!
¡Ay de los pastores que dispersan y dejan que se pierdan las ovejas de mi rebaño! — oráculo del Señor —. Por tanto, esto dice el Señor, Dios de Israel a los pastores que pastorean a mi pueblo: “Vosotros dispersasteis mis ovejas y las dejasteis ir sin preocuparos de ellas. Así que voy a pediros cuentas por la maldad de vuestras acciones — oráculo del Señor —. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas para que crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las apacienten, y ya no temerán ni se espantarán. Ninguna se perderá — oráculo del Señor. (Jer 23, 1-4)
- ¡Convertíos!
Convertíos y creed en el Evangelio. (Mc 1, 15)
- El católico no tiene que amoldarse a este mundo
Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto. (Rom 12, 2)
… juzgan la idea que tiene Francisco de dialogar con el mundo
- Quién desea hacer la voluntad de Dios no puede tomar el mundo como modelo
Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto. (Rom 12, 2)
… juzgan la idea de Francisco de que dentro de otros cultos se obtienen beneficios espirituales y se da gloria a Dios
- Quien recibe la Eucaristía no puede participar de la mesa de los demonios
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan. Considerad al Israel según la carne: ¿los que comen de las víctimas no se unen en el altar? ¿Qué quiero decir? ¿Que las víctimas sacrificadas a los ídolos son algo o que los ídolos son algo? No, sino que los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios; y no quiero que os unáis a los demonios. No podéis beber del cáliz del Señor y del cáliz de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. (1 Cor 10, 15-21)
- Entre el fiel y el infiel no hay nada que pueda ser compartido
No os unzáis en yugo desigual con los infieles: ¿qué tienen en común la justicia y la maldad?,¿qué relación hay entre la luz y las tinieblas?, ¿qué concordia puede haber entre Cristo y Beliar?, ¿qué pueden compartir el fiel y el infiel?, ¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? Pues nosotros somos templo del Dios vivo; así lo dijo él: Habitaré entre ellos y caminaré con ellos; seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Por eso, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor. No toquéis lo impuro, y yo os acogeré. Y seré para vosotros un padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor omnipotente. (2 Cor 6, 14-18) Sigue leyendo
¿Quién juzga a Francisco?
Hay católicos que tienden a la Papolatría, ¿Porqué lo digo? Porque la gran mayoría, viendo la realidad de la Iglesia, y la realidad de lo que dice y hace el Papa, a pesar de todo eso, no se atreven a decir lo que ven que está mal en los dichos y hechos del Papa, y a quien si lo hace, lo tachan de hereje, apóstata o de que ataca al Papa, también hay quienes dicen cosas como esta:
«Hay seguidores del Padre Juan Rivas que sí atacan al Papa diciendo que es un hereje, es más, creen algunos que es el Anticristo y que es un masón que tienen encerrado a Benedicto XVI. Y es gente de aquí de Tijuana que no hace otra cosa más que criticar y sin tener algún apostolado.»
Pero, realmente ¿Quién ataca o juzga al Papa Francisco?
A esos católicos les respondo:
“Y porque el Romano Pontífice preside la Iglesia universal por el derecho divino del primado apostólico, enseñamos también y declaramos que él es el juez supremo de los fieles, y que, en todas las causas que pertenecen al fuero eclesiástico, pueden recurrirse al juicio del mismo; en cambio, el juicio de la Sede Apostólica, sobre la que no existe autoridad mayor, no puede volverse a discutirse por nadie, ni a nadie es lícito juzgar de su juicio”. (Denzinger-Hünermann 3063. Concilio Vaticano I, Cuarta sesión, 18 de Julio de 1870, Primera Constitución dogmática “Pastor Aeternus” sobre la Iglesia de Cristo, n. 3)
Contenido (Entra en cada autor)
¿Quién juzga al Papa Francisco?
Las Sagradas Escrituras
59 Papas
14 Concilios
8 Textos fundamentales
16 Congregaciones Romanas
31 Padres de la Iglesia
15 Doctores de la Iglesia
14 Sínodos y el Magisterio Episcopal
Diversos documentos y Autores
¿Quién juzga al Papa Francisco?
Las Sagradas Escrituras
¿Quién juzga al Papa Francisco?
59 Papas
- Benedicto XVI (265°)
- Juan Pablo II (264°)
- Juan Pablo I (263°)
- Pablo VI (262°)
- Juan XXIII (261°)
- Pío XII (260°)
- Pío XI (259°)
- Benedicto XV (258°)
- Pío X (257°)
- León XIII (256°)
- Pío IX (255°)
- Gregorio XVI (254°)
- León XII (252°)
- Pío VII (251°)
- Pío VI (250°)
- Clemente XIII (248º)
- Benedicto XIV (247°)
- Inocencio XI (240°)
- Urbano VIII (235°)
- Sixto V (227°)
- Pío V (225°)
- Pablo IV (223º)
- Pablo III (220°)
- Adriano VI (218°)
- León X (217°)
- Alejandro VI (214°)
- Eugenio IV (207°)
- Urbano V (200°)
- Clemente VI (198°)
- Benedicto XII (197°)
- Juan XXII (196°)
- Bonifacio VIII (193°)
- Inocencio IV (180°)
- Inocencio III (176°)
- Urbano II (159°)
- Gregorio VII (157°)
- León IX (152º)
- Esteban V (110°)
- Nicolás I (105°)
- Esteban III (94°)
- Honorio I (70º)
- Gregorio I, Magno (64°)
- Pelagio I (60°)
- Vigilio (59°)
- Hormisdas (52°)
- Gelasio I (49°)
- Simplicio (47°)
- León I (45°)
- Celestino I (43°)
- Bonifacio I (42°)
- Zósimo (41°)
- Inocencio I (40°)
- Siricio (38°)
- Dámaso I (39°)
- Marcelino (29°)
- Esteban I (23°)
- Cornelio (21°)
- Clemente I (4°)
- Pedro (1°)
¿Quién juzga al Papa Francisco?
14 Concilios
- Concilio Vaticano II – (1962-1965)
- Concilio Vaticano I – (1869-1870)
- Concilio de Trento (1545-1563)
- V Concilio de Letrán (XVIII Ecuménico. 1512-1517)
- Concilio de Florencia (XVII Ecuménico. 1431)
- Concilio de Vienne (XV Ecuménico. 1311-1312)
- II Concilio de Lyon (1274)
- IV Concilio de Letrán (XII Ecuménico – 1215)
- I Concilio de Letrán (IX Ecuménico – 1123)
- III Concilio de Constantinopla (VI Ecuménico – 680-681)
- II Concilio de Constantinopla (553)
- Concilio de Calcedonia (IV Ecuménico – 451)
- Concilio de Éfeso (III Ecuménico 431)
- III Concilio de Cartago (397)
¿Quién juzga al Papa Francisco?
8 Textos fundamentales
- Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005)
- Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
- Catecismo de la Iglesia Católica (1992)
- Código de Derecho Canónico (1983)
- Catecismo Mayor de San Pío X (1905)
- Catecismo Romano (Concilio de Trento)
- Fórmula llamada Fe de Dámaso (500?)
- Credo “Atanasiano” (373)
¿Quién juzga al Papa Francisco?
16 Congregaciones Romanas
- Congregación para el Clero
- Congregación para las Causas de los Santos
- Congregación para los Obispos
- Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
- Congregación para la Doctrina de la Fe
- Congregación para la Educación Católica
- Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica
- Comisión Teológica Internacional
- Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas
- Oficina para las celebraciones litúrgicas del Sumo Pontífice
- Pontificia Comisión Bíblica
- Pontificio Consejo Justicia y Paz
- Pontificio Consejo para el Dialogo Interreligioso
- Pontificio Consejo para la Cultura
- Pontificio Consejo para la Familia
- Pontificio Consejo para los Textos Legislativos
¿Quién juzga al Papa Francisco?
Padres de la Iglesia
- San Agustín (354-430)
- San Ambrosio (340-397)
- San Atanasio de Alejandría (296-373)
- Atenágoras de Atenas (s. II)
- San Beda (673-735)
- San Basilio Magno (330-379)
- San Cipriano de Cartago (+258)
- San Cirilo de Alejandría (374-444)
- San Cirilo de Jerusalén (313-386)
- San Clemente de Alejandría (150-215)
- Pseudo-Crisóstomo (s. V)
- San Dionisio de Alejandría (+264)
- San Fulgencio de Ruspe (460-533)
- Griego, o el Geómetra
- San Gregorio Nacianceno (330-390)
- San Gregorio de Nisa (335-394)
- San Gregorio Taumaturgo (213-270)
- San Hilario de Poitiers (300-368)
- San Ignacio de Antioquía (+107)
- San Ireneo de Lyon (130-202)
- San Jerónimo (347-420)
- San Juan Crisóstomo (347-407)
- San Justino Romano (100/114-162/168)
- San Máximo confesor (662)
- San Melitón de Sardes (s. II)
- Orígenes (+254 d. C)
- San Paciano de Barcelona (365)
- Policarpo de Esmirna (69-155)
- Teófilo de Antioquía (183)
- Teodoreto de Ciro (393-466)
- San Vicente de Lérins (+450)
¿Quién juzga al Papa Francisco?
15 Doctores de la Iglesia
- Santo Tomás de Aquino (1225-1274)
- San Antonio de Padua (1195-1231)
- San Alfonso de Ligorio (1696-1787)
- San Bernardo de Claraval (1090-1153)
- San Buenaventura (1218-1274)
- San Francisco de Sales (1567-1622)
- San Juan de la Cruz (1542-1591)
- San Juan Damasceno (676-749)
- San Juan de Avila (1499-1569)
- San Pedro Canisio (1521-1597)
- Pedro Damián (1007-1072)
- San Roberto Belarmino (1542-1621)
- Santa Catalina de Siena (1347-1380)
- Santa Teresa de Jesús (1515-1582)
- Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897)
¿Quién juzga al Papa Francisco?
14 Sínodos y el Magisterio Episcopal
- Sínodo de Valence (855)
- XVI Sínodo de Toledo (693)
- XIV Sínodo de Toledo (684)
- XI Sínodo de Toledo (675)
- Sínodo de Letrán (649)
- I Sínodo de Braga (561)
- Sínodo de Constantinopla (543)
- II Sínodo de Orange, 529 (en la Galia)
- Sínodo de Arlés (475)
- XV Sínodo de Cartago (418)
- I Sínodo de Toledo (397)
- Sínodo de Roma (382)
- Sínodo de Laodicea (363-364 AD)
- Sínodo de Elvira (300)
¿Quién juzga al Papa Francisco?
Diversos documentos y Autores
- La Liturgia de las Horas
- XLVIII Congreso Eucarístico Internacional
- Alcuino de York
- San Benito de Nursia
- San Bonifacio de Maguncia
- San Elredo de Rieval
- San Francisco de Asís
- San Ignacio de Loyola
- San Juan Bautista María Vianney
- San Juan Bosco
- San Juan de Ribera
Tomado de:
Monseñor Lefebvre Habla de la Apostasía
Mons. Lefebvre no ha dejado de denunciar la actual apostasía refiriéndose (en su última obra Itinerario Espiritual, Ecône 1990, p.70) a la ocupación de la Iglesia por Papas infieles y por Obispos apóstatas que destruyen la fe del clero y de los fieles, afirmando que: «Esta apostasía hace a estos miembros, adúlteros, cismáticos opuestos a toda tradición, en ruptura con el pasado de la Iglesia y en consecuencia con la Iglesia de hoy, en la medida en que la Iglesia de hoy permanezca fiel a la Iglesia de Nuestro Señor». Texto que desgraciadamente hay que decirlo ha sido mutilado en la edición hecha en español en Buenos Aires 1991, es una vergüenza que se recorte impunemente a Monseñor.
En el prólogo de la misma obra, Mons. Lefebvre evidencia el cisma y la apostasía, de quienes le condenaron junto con Mons. de Castro Mayer, minimizando y negando las riquezas de la Encarnación y de la Redención: «Los que estiman un deber minimizar estas riquezas e incluso negarlas, no pueden sino condenar a estos dos Obispos y así confirmar su cisma y su separación de Nuestro Señor y su Reino, la causa de su laicismo y su ecumenismo apóstata». (Itinerario… Ed. española, Buenos Aires 1991, p.14).
La Libertad religiosa, tal como es enseñada y propuesta por Vaticano II y Juan Pablo II, su fiel servidor, contenida en la declaración «Dignitatis Humanae» constituye una blasfemia y una verdadera apostasía tal como manifiesta Mons. Lefebvre: « es una blasfemia y una apostasía hacer de este argumento un principio absoluto y fundamental del Derecho público de la Iglesia. Los Papas han condenado formalmente, ellos mismos, la actitud de los Estados incluso católicos de nombre, que reducen así la Iglesia al régimen del derecho común (…) ». (Itinéraires, nº 233, p.46-47).
Continuar con las orientaciones del Concilio, cosa que hace Juan Pablo II con todo entusiasmo y esmero, es extender la apostasía por todas partes: «La situación de la Iglesia es tal que sólo un Papa como San Pío X puede parar la autodestrucción que sufre la Iglesia sobre todo después del Concilio Vaticano II. Proseguir con las orientaciones de este Concilio y de sus reformas post-conciliares, es extender la apostasía y conducir la Iglesia a su ruina. Se juzga el árbol por sus frutos, dijo Nuestro Señor mismo». (Itinéraires, nº233, p.129-130).
El liberalismo conduce a la apostasía tal como advierte Mons. Lefebvre (Cf. Le Destronaron… p.11).
« La Libertad Religiosa es la apostasía legal de la sociedad: recordadlo bien…» por esto Mons. Lefebvre no firmó la Declaración sobre la Libertad Religiosa (Dignitatis Humanae) porque como bien recalca: «¡No se firma una apostasía!». (Ibídem, p.75).
Apostasía práctica, apostasía latente fueron expresiones utilizadas por Mons. Lefebvre para expresar el estado de pérdida de la fe. (Cf. Ibídem, p.113 y 208).
De modo más enérgico Mons. Lefebvre afirmó: «Lamentablemente debo decir que Roma ha perdido la fe, Roma está en la Apostasía. Estas no son palabras en el aire, es la verdad: Roma está en la apostasía. Uno no puede tener más confianza con esa gente, ya que ellos abandonan la Iglesia. Esto es seguro». Esto dijo Mons. Lefebvre después de la entrevista que tuvo con el Cardenal Ratzinger el 14 de Julio de 1987, en la conferencia dada durante el retiro sacerdotal en Ecône el 14 de Septiembre de 1987.
La razón última y profunda de la resistencia de Mons. Lefebvre: «es la apostasía general, es por esto que nosotros resistimos (…)». (L’Eglise Infiltrée par le Modernisme, Ed. Fideliter 1993, p.69).
La apostasía de Juan Pablo II expresada por Mons. Lefebvre cuando se le objetaba las futuras consagraciones en contra de la voluntad del Papa, en estos términos: «¿ Contra el Papa? Pero contra un Papa que destruye la Iglesia, que es prácticamente un apóstata y que quiere hacernos apóstatas, yo pregunto: ¿qué hacer? ¿hay que renunciar a la continuidad de esta obra de la Iglesia para complacer a aquel que no quiere saber más de la tradición, que ya no quiere que Nuestro Señor Jesucristo reine públicamente, y que nos conduce a la apostasía?» (Conferencia del 14/8/1987).
Respuesta a los Interrogantes más Relevantes -Parte 4 de 4
d) Sobre el Papa Putativo
El Papa hereje al no ser miembro de la Iglesia mucho menos puede ser su cabeza. Dejamos al margen la discusión sobre el momento exacto, teniendo por más seguro teológicamente que la herejía cuando se hace manifiesta, por la objetividad misma del hecho, es insostenible teológicamente que el Papa hereje siga siendo verdadero Papa de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.
Los que sostienen, que se requiere una declaración por parte de la Iglesia para que el Papa hereje sea depuesto puede sostenerse, pero con la observación siguiente: como hay un principio teológico apodíctico, el que no es miembro de la Iglesia mucho menos puede ser su cabeza, el Papa hereje manifiesto sería Papa putativo (en apariencia tan sólo) hasta que la declaración tenga lugar (acto puramente declaratorio) de parte de la Iglesia (una parte representativa de la Iglesia o de Roma). Sería un Papa tan sólo putativamente, hasta que sea depuesto durante todo el tiempo que transcurra hasta su deposición.
Parece ser que la opinión de Mons.Lefebvre se inclinaba por la declaración de la Iglesia, cuando en reiteradas ocasiones decía que algún día la Iglesia juzgará lo que está pasando, con lo cual remitía a una declaración (posterior) de la Iglesia.
El Padre Coache en «Combat de la Foi», 15 Sept.19. nº96, p.3, muy sabia y prudentemente dice: «Digo una vez más que: teólogos muy sabios y santos han declarado que si un Papa cae en la herejía o traiciona la Iglesia, sigue siendo Papa radicalmente hasta que una sentencia bastante representativa de la Iglesia o de Roma no lo haya depuesto (mientras se espera, claro está, no hay que obedecerle, sobre todo en los puntos donde ha traicionado la Iglesia), pero otros teólogos tan sabios y santos han declarado que el Papa es depuesto por el hecho de su herejía pública y obstinada.
Estas dos opiniones teóricamente distintas pueden tener una conciliación práctica: es decir que pueden coincidir en los efectos prácticos y de hecho, en la fórmula del Papa putativo (tenido por tal sin serlo en realidad) con una jurisdicción suplida directamente de Cristo (Cabeza invisible de la Iglesia, no lo olvidemos) para el bien común de la Iglesia y la salvación de las almas.
La fórmula del Papa putativo viene de Mons. de Castro Mayer, fue él mismo quien me lo dijo en el seminario de la Reja en 1989 cuando le pregunté sobre su pensamiento acerca del Papa y la Sede Vacante. Él manifestó categóricamente: un hereje no puede ser Papa y este Papa es un hereje, a lo cual le objeté: pero habría que distinguir entre herejía formal y herejía material, a lo cual respondió enérgicamente que esa distinción no tiene lugar; entonces no hay Papa, le dije, respondió: puede considerárselo como Papa putativo. Le pregunté por el «Una Cum», a lo cual respondió se puede nombrarlo como Papa putativo, su autoridad sería putativa y las canonizaciones que fueran justas y los demás actos justos en bien de la Iglesia, tendrían valor en tanto Papa putativo. En definitiva (como se ve) se trata de una jurisdicción suplida que hace válidos los actos en favor del bien común de la Iglesia y de la salvación de las almas, hasta que se decante la cosa.
Luego que no digan que Mons. de Castro Mayer no era de los que pensaban que la Sede no está vacante; él afirmaba que el Papa hereje no era Papa (no podía serlo); él era sedevacantista en el buen sentido del término (sin la connotación peyorativa que esta palabra pueda tener hoy). En realidad se puede decir que el Papa hereje ocupa la sede putativamente tan sólo, ocupa la sede de hecho, pero no de derecho.
Un hereje no puede ser Papa, sin embargo, la Sede de Pedro puede estar ocupada falsamente por un Papa hereje (cismático o apóstata), de aquí la fórmula del Papa putativo y así cuando una Papa es hereje, es Papa sólo en apariencia (Papa putativo) pero no en realidad; todas sus acciones que requieran jurisdicción y que son para el bien común de la Iglesia y la Salvación de las almas, están suplidas directamente por Cristo Cabeza invisible de su Iglesia. Es la Iglesia en este sentido quien suple siempre la jurisdicción de uno u otro modo.
Tendríamos así la conciliación práctica de las dos sentencias más acreditadas teológicamente que admiten que un Papa caiga en herejía:
⦁ Afirmando los unos que pierde el Pontificado inmediatamente (Ipso facto) cuando la herejía es manifiesta (San Roberto Belarmino – Melchor Cano – Billot) o con su variante o matiz entendiendo por manifiesta la herejía notoria y divulgada del público (Wernz – Vidal y el mismo Da Silveira).
⦁ Afirmando los otros que el Papa hereje pierde el Pontificado cuando media la declaración de la Iglesia (por sus integrantes más representativos o por Roma). Teológicamente refutable pero que tiene una verdad si se la enfoca como proponemos, es decir que el Papa sería Papa tan solo putativamente desde que pierde ipso facto el Pontificado por la herejía manifiesta hasta la sentencia puramente declaratoria de la Iglesia que lo depondría.
Tanto se tenga la una como la otra (aunque S. Roberto Belarmino refuta la segunda) es decir que se tenga por cierto que el Papa pierde ipso facto el Pontificado por la herejía manifiesta, o que se requiere declaración (de una parte representativa) de la Iglesia para perder el Pontificado, se puede concluir que se pierde ipso facto por herejía manifiesta y mientras siga en el cargo hasta que se aclare por sentencia de la Iglesia es Papa tan sólo putativamente y así para el orden práctico tenemos la conciliación de dos sentencias válidas con distinto tenor.
En resumidas cuentas para ser claros y precisos habría una superación de las dos hipótesis más acreditadas teológicamente, superación que impone la necesidad del caso vivido real y concretamente y no sólo por consideración especulativa idealmente vislumbrada.
La tesis refundida, teológicamente cierta, es que, el Papa hereje pierde el Pontificado por el hecho mismo de su herejía (cisma o apostasía) pública y notoria, (como dice S. Roberto Belarmino básicamente o con el matiz que hace Da Silveira) pero hasta tanto no se conforme por una declaración de la Iglesia a través de sus más acreditados representantes el Papa hereje es tan sólo Papa putativamente con jurisdicción casual u ocasional (de hecho y no por derecho), directamente de Cristo para los actos en los cuales el bien común de la Iglesia y el de la salvación de las almas así lo exijan.
Nada entonces de estupideces, fomentadas muchas veces por los enemigos ocultos de la Iglesia, como elección de otro Papa por un grupo que se cree imaginariamente representativo de la Iglesia, (tal el caso del Palmar de Troya en España o el de los Jovitas en el Canada, etc.) o crear un Concilio imperfecto que busca una cabeza en donde depositar la autoridad, eligiendo un Papa de entre los Obispos asistentes.
Nuestra posición no tiene que ver con ideas raras y extrañas a la teología de la Iglesia inventando soluciones absurdas que llevan a un caos peor que el que se quiere evitar. La idea del Papa putativo sostenida por Mons. de Castro Mayer con la explicación nuestra que la enmarca es teológicamente coherente y se aviene a lo que está pasando. Y esta situación podrá extenderse a más de un Papa que haya caído en el cisma, la herejía o la apostasía o en todas las tres.
Por lo dicho, como se ve, esta situación podría durar y durará cuanto Cristo, Nuestro Redentor y Salvador quiera o permita que esta crisis dure, para purificación de su Iglesia en esta tierra y la de sus fieles seguidores hasta el fin.
La elección de otro Papa fiel a la Tradición de la Iglesia, se puede siempre dar sea por los cardenales nombrados por el Papa putativo (con jurisdicción suplida por el bien común de la Iglesia) sea por el clero de Roma, pues en definitiva los cardenales eligen al Obispo de Roma (al Papa) por tener el título de párrocos de Roma. La Sede Vacante no impide la elección de otro Papa como muchos piensan.
Respuesta a los Interrogantes más Relevantes -Parte 3 de 4
c) Sobre la Comunión en la Fe
Cuando se habla de comunión en la Iglesia entre sus miembros, se está refiriendo a la comunión en la fe en primer lugar, es decir comunión en la misma fe creída y profesada por todos. Se trata de la unidad de la fe, un solo Dios, un solo Bautismo, una sola fe. Sin la unidad en la fe, no hay la unidad de culto, ni la unidad de gobierno. La fe es por eso fundamento de la Iglesia, junto con los Sacramentos: «Quia Ecclesia fundatur in fide et Sacramentis». (S.Th. Sup., q.6, a.6).
La fe es exclusiva, excluye toda otra falsa creencia toda otra falsa religión. La fe no admite combinaciones. Sí Sí No No, lo demás viene del Maligno. (Mt. 5, 37).
Es imposible comulgar en la fe con alguien que no tenga la fe, o que no la profese cuando debe. Si un Papa no profesa la fe, no se puede estar en comunión con él. Estar en comunión religiosa con los que no profesan la fe católica, es lo que se llama la comunión in sacris, lo cual está tajantemente prohibido, como enseña la teología moral.
La comunión en la misma fe obliga a no estar con los que no la profesan, esto es tan evidente y claro que no tiene vueltas, salvo el que quiera dárselas.
«La necesidad de la unión o comunión en la fe cristiana, predicada por los Apóstoles con la autoridad de Jesucristo, resulta de la afirmación de San Pablo: Unus Dominus, una fides, unum baptisma. Ef. 4, 5ss. Esta fe, es cierto, no es sino la fe objetiva o la doctrina cristiana. Pero, puesto que, su unidad perfecta es estrictamente obligatoria, la unión o la comunión en esta unidad de fe es su necesaria consecuencia. (…) toda ruptura con esta unidad de fe cristiana es severamente reprobada, la comunión o la unión en esta fe es, por el hecho mismo, estrictamente impuesto». (D.T.C. Communion dans la Foi, col.422).
Es más, según San Ignacio de Antioquía: «Quien por una doctrina perversa corrompe esta fe de Dios, irá al fuego inextinguible, igualmente aquel que le escucha». (Ibídem, col. 422).
La no comunión con el que no profesa la fe es exigida por la doctrina de la Iglesia. El no estar en comunión con un Papa que no profesa la fe católica es una separación legítima que nada tiene que ver con una actitud cismática, todo lo contrario, pues como distinguen los teólogos medievales, el cisma procede de la separación ilegítima, y no de la separación legítima. «Los teólogos medievales, al menos los de los siglos XIV, XV y XVI, tienen la preocupación de notar que el cisma es una separación ilegítima de la unidad de la Iglesia, pues podría haber una separación legítima, como si alguien rechaza la obediencia al Papa, ordenándole éste una cosa mala, o indebida, como dice Torquemada». (D.T.C. Schisme, col. 1302).
Luego puede haber una separación lícita, la cual no constituye cisma alguno, al contrario si la autoridad eclesiástica o el mismo Papa ordenan algo malo o indebido no se debe obedecer y mucho menos si es en detrimento de la fe. Se debe resistir y si es en materia de fe y doctrina compete una lícita separación so pena de sucumbir en el error en detrimento de la fe. La razón de esta separación legítima, está en la misma caridad la cual se identifica con la verdad, donde no hay verdad no hay caridad, Ubi Veritas et Iustitia, ibi Caritas.
La comunión eclesiástica (o unidad eclesiástica) que se rompe por el cisma (escisión) es un efecto de la caridad, y por el mismo está ligada siempre a la caridad (Cf. D.T.C. col. 1302), de tal modo que el cismático es el que rompe la comunión o unidad eclesiástica por no actuar como parte (miembro) de la Iglesia, obrando, actuando, pensando, viviendo independientemente y no según la Iglesia, y en la Iglesia. (Cf. D.T.C. Schisme, col. 1301).
Mientras no se rompa la comunión con la Iglesia actuando como parte de ella, no se es cismático. Para ser cismático hay que romper el vínculo que mantiene la parte dentro del todo. No cualquier desobediencia a la autoridad o al Papa es un cisma, tiene que ser una desobediencia que impugne la autoridad en cuanto tal atacando así la unidad de la Iglesia en sí misma: «Para que se verifique la noción de cisma, es necesario, que la unidad de la Iglesia misma sea violada, que haya rechazo de obrar ut pars en materia que ataña la unidad de la Iglesia (…)». (D.T.C. Schisme, col. 1302).
Y como ya dijimos la primera unidad de la Iglesia visiblemente se da por la profesión de la fe, luego cuando la fe está en peligro es un deber de no estar en comunión con aquel que la destruye aunque sea el mismo Papa. Por esto el mismo Mons. Lefebvre en varias ocasiones manifestaba que si había un cisma no era de parte de él sino de la Roma modernista, ellos han cambiado, no nosotros.
No se debe entonces invocar una comunión eclesiástica, una comunión en la fe con quien destruye la fe a sabiendas, como pasa hoy. La fe está siendo destruida desde Roma mismo. No de la Roma católica, de la Roma de siempre, sino de la Roma modernista, de la Roma convertida en la Babilonia de todas las religiones.
Hay un deber de separación legítima, que no es cismática3 además, sino todo el contrario, es un deber, es una obligación so pena de sucumbir en el error y ser arrastrados por él. La verdadera obediencia es absoluta ante Dios y relativa ante los hombres en la medida que sean de Dios.
Se podría erróneamente pensar: hay que estar siempre en comunión con el Papa, pues el Papa es el Papa, además el axioma que dice «Ubi Petrus ibi Ecclesia» (donde está el Papa está la Iglesia) me reasegura, lo demás no me interesa, tal como diría un papista o mejor un verdadero papólatra. Pues bien, el Cardenal Cayetano dice al respecto: «La Iglesia está en el Papa cuando éste se comporta como Papa, es decir, como cabeza de la Iglesia; pero en el caso de que no quisiera actuar como Cabeza de la Iglesia, ni la Iglesia estaría en él, ni él en la Iglesia». El Cardenal Journet también repite lo mismo: «En cuanto al axioma “donde está el Papa está la Iglesia”, vale cuando el Papa se comporta como Papa y Jefe de la Iglesia; en caso contrario, ni la Iglesia está en él ni él en la Iglesia». (Citas las dos traídas por Da Silveira, Op. Cit. p.188 y 185).
En consecuencia es evidente que el Papa que no se comporta como tal o sea como Cabeza de la Iglesia, no es garantía de la visibilidad de la Iglesia, al contrario, pues no está él en la Iglesia, ni la Iglesia está en él, lo que significa que no pertenece a la Iglesia, ni tampoco la representa, según las palabras de los dos Cardenales.
3 «Los Teólogos medievales, al menos aquellos de los siglos XIV, XV y XVI, tienen la preocupación de recalcar que el cisma es una separación ilegítima de la unidad de la Iglesia, puesto que, dicen ellos, podría haber una separación legítima, como si alguien rechaza obedecer al Papa cuando este manda una cosa mala o indebida. Torquemada, op. cit.c.1». (D.T.C. Schisme, col. 1302).
La comunión con Roma y con la Iglesia es principal y fundamentalmente comunión en la fe católica apostólica Romana.
La comunión en la fe plantea la cuestión del «Una Cum», pues en principio no se puede estar en comunión en la fe con un Papa que no profesa la fe, es evidente.
No se trata simplemente de rezar por el Papa, sino de estar en comunión con el Papa en la misma profesión de la fe católica. Y si hubiera duda al menos habría que decir el «Una Cum» sub conditione o secundum quid, pero jamás simpliciter. Lo mismo en el caso del Papa putativo, se lo nombraría putativamente tan sólo, como manifestó Mons. de Castro Mayer que se podría decir en tal caso.
El Oremus pro pontifice nostro, si se trata de orar simplemente se puede orar por cualquiera aún por los herejes y apóstatas así como por los pérfidos judíos, pero si se trata de proferir pública y solemnemente nuestra comunión con el Pontífice nostro por el cual oramos tampoco es admisible, por las mismas razones del «Una Cum». De todos modos retengamos con Santo Tomas de Aquino que en el Canon de la santa Misa no se ora por los que están fuera de la Iglesia, o sea ni por los cismáticos, ni por los herejes, ni por los apóstatas: «Unde et in canone misase non oratur pro his qui sunt extra Ecclesam». (S.Th. III, q.79, a.7, ad 2).
Respuesta a los Interrogantes más Relevantes -Parte 2 de 4
b) Visibilidad de la Iglesia con un Papa Hereje – Cismático y/o Apóstata
Otra de las cuestiones que se presentan ante la eventualidad de un Papa hereje cismático y/o apóstata, es la cuestión de la visibilidad de la Iglesia. ¿Qué pasa con la Iglesia que debe ser visible con un Papa hereje? La visibilidad de la Iglesia es un dogma de fe.
Pues bien, es la misma visibilidad de la Iglesia la que exige la profesión pública de la fe: «Lo que constituye la visibilidad de la Iglesia es su organización exterior, tanto más que es de derecho divino, organización manifiesta a todas las miradas y a la cual todos los fieles deben pertenecer por el vínculo visible de la misma fe obligatoria, exteriormente profesada, por el vínculo de la obediencia frente a una autoridad común visible y por el vínculo de una misma comunión en la participación a los Sacramentos establecidos por Jesucristo.» (D.T.C. Église, col. 2144). Luego es evidente que la visibilidad de la Iglesia exige en primer lugar la profesión pública de la fe católica, pues: «la Iglesia es la sociedad de los fieles unidos por la profesión integral de la misma fe católica, por la participación a los Sacramentos y por la sumisión a la misma autoridad sobrenatural emanando de Jesucristo, principalmente a la autoridad del Pontífice Romano Vicario de Cristo». (D.T.C. Église, col. 2109-2110).
«El Cardenal Torquemada (+ 1468) define la Iglesia como la sociedad de los católicos o la universalidad de los fieles, que sean predestinados o no, que estén o no en la caridad, por vista que ellos profesen la fe católica integral y que no sean separados de la Iglesia por la justa sentencia de sus pastores». (D.T.C. Église, col.2141).
Vemos que la profesión pública e integral de la fe es el primer requisito para pertenecer a la Iglesia visible, sin profesión pública e integral de la fe no hay visibilidad de nuestra pertenencia a la Iglesia. La visibilidad de la Iglesia pasa primera y fundamentalmente por la profesión integral y pública de la fe católica apostólica y romana.
La distinción teológica entre cuerpo y alma de la Iglesia, comprende los elementos visibles e invisibles de la misma, de tal modo que la pertenencia al cuerpo de la Iglesia es lo que constituye su visibilidad o sea que hablar de visibilidad de la Iglesia, es considerar el cuerpo de la Iglesia, es referirse a la visibilidad de la misma: «el cuerpo de la Iglesia comprende el elemento visible o la sociedad visible, a la cual se pertenece por la profesión exterior de la fe católica, por la participación a los Sacramentos y por la sumisión a los legítimos pastores, y el alma comprende el elemento invisible o la sociedad invisible, a la cual se pertenece por el hecho que se posean los dones interiores de la gracia». (D.T.C. Église, col. 2154).
Quede claro entonces que para pertenecer al cuerpo de la Iglesia se requiere la profesión de la fe, en primer término, pues San Roberto Belarmino «señala tres condiciones indispensables para pertenecer al cuerpo de la Iglesia o a la Iglesia visible que es la única verdadera Iglesia. La primera condición (es lo que aquí más nos interesa) la profesión de la verdadera fe, siempre requerida por la Tradición constante y universal de la Iglesia que ha considerado sin cesar los herejes como no pertenecientes a la Iglesia según los textos anteriormente citados y de los cuales muchos están aquí indicados por San Roberto Belarmino ». (D.T.C. Église, col. 2160).
Quien no es miembro del cuerpo de la Iglesia, no puede ser su Cabeza, y si no se profesa la fe, primer requisito de todo miembro del cuerpo de la Iglesia ¿cómo puede ser Papa, es decir su Cabeza?, oigamos al mismo San Roberto Belarmino (citado por Da Silveira, op. cit. p.172). «El Papa hereje manifiesto, deja por sí mismo de ser Papa y Cabeza, del mismo modo que deja por sí mismo de ser cristiano y miembro del cuerpo de la Iglesia; y por eso puede ser juzgado y punido por la Iglesia. Esta es la sentencia de todos los antiguos Padres, que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción, y concretamente de San Cipriano (Lib. 4, Espist. 2) el cual así se refiere a Novaciano, que fue Papa (antipapa) en el cisma que hubo durante el Pontificado de San Cornelio».
Notemos que al decir San Roberto Belarmino que pierde toda jurisdicción no quiere decir que excluya una sustentación por parte de Nuestro Señor Jesucristo en el caso del Papa hereje. Tal como hoy podría ser. Se refiere sí a la pérdida por derecho de la jurisdicción perdiendo el Pontificado, sin que excluya la sustentación de hecho puramente actual y (no habitual) según el bien común de la Iglesia y la salvación de las almas.
Sin la profesión de fe pública e integral no hay pertenencia a la Iglesia, no se es miembro del cuerpo de la Iglesia, pues la visibilidad de la Iglesia así lo exige. Un Papa que no profesa la fe católica está fallando en el primer vínculo visible de la unidad de fe, está fallando en la unidad visible de la fe por la carencia en la profesión exterior de la misma. Sin la unidad de fe visible por la profesión pública e íntegra de la fe, ¿cómo se puede considerar miembro del cuerpo visible de la Iglesia a quien falla en la profesión de la fe? Sin profesión pública de la fe integral no hay el vínculo visible que permita afirmar que se pertenece al cuerpo de la Iglesia, esto es claro como el agua. Y quien no es miembro del cuerpo visible de la Iglesia, ¿cómo puede ser su cabeza? O se profesa la fe públicamente o no se es miembro del cuerpo de la Iglesia.
Como dice Melchor Cano (citado por Da Silveira) «no se puede ni siquiera concebir que alguien sea cabeza y Papa, sin ser miembro y parte». (Op. Cit. p.173). Y ¿cómo se puede ser miembro y parte de la Iglesia visible sin la profesión pública e íntegra de la fe católica apostólica y romana?
La profesión de fe es un vínculo necesario para pertenecer al cuerpo de la Iglesia, San Roberto Belarmino, así también lo confirma al referirse al hereje en un texto que trae Da Silveira: « (…) el hereje manifiesto no es de modo alguno miembro de la Iglesia, es decir, ni espiritualmente ni corporalmente, lo que significa que no lo es ni por unión interna ni por unión externa. Porque inclusive los malos católicos están unidos y son miembros espiritualmente por la fe y corporalmente por la confesión de la fe (…)». (Op. Cit. p.173). Es evidente que la profesión (confesión) de la fe es necesaria para pertenecer corporalmente a la Iglesia, o sea para ser miembro del cuerpo de la Iglesia visible.
Luego un Papa que no profesa la fe católica íntegramente no puede ser miembro del cuerpo de la Iglesia y si no puede ser corporalmente miembro, mucho menos puede ser su cabeza. Esto es hasta de una evidencia física. El que no lo vea, es porque no lo quiere ver, y no hay peor ciego que el que no quiere ver. Pero al pan pan y al vino vino, le seguiremos diciendo nosotros.
La cuestión de la visibilidad de la Iglesia está directa e íntimamente relacionada con la pertenencia a la Iglesia como miembro. Pertenencia visible o pertenencia al cuerpo de la Iglesia que se funda primera y principalmente en la profesión pública de la fe católica integralmente.
Luego es la misma visibilidad de la Iglesia la que no admite al Papa hereje, pues lo rechaza y repele como a un miembro muerto y putrefacto, lo mismo para el cismático y/o el apóstata.
Recordemos además que la visibilidad de la Iglesia se basa en aquello que es de constitución divina, es decir en el Papado, en la jerarquía, más que en las personas privadas que ocupan tales cargos públicos. La visibilidad de la Iglesia dada por su jerarquía divinamente instituida se refiere a los cargos (o investiduras) como es el Papado, el Episcopado etc… Es la persona pública, el cargo u oficio público divinamente instituido y no la persona privada que lo ocupa, ejerce, y desempeña. La visibilidad de la Iglesia no se pierde porque la Sede está Vacante lo cual sucede siempre que los Papas mueren. La misma Sede Vacante muestra la visibilidad de la Iglesia en cuanto al Papado hasta que sea ocupada la Santa Sede por un legítimo sucesor de San Pedro. Las instituciones divinas no se destruyen por la falencia de los hombres, por eso la Iglesia es divina a pesar de los hombres.
Por cuerpo de la Iglesia se entiende, (dice Hugon) la obligación de pertenecer a este organismo por el carácter bautismal y por los vínculos visibles de una triple unidad: de fe, de culto, de gobierno. (Hors de l’Eglise Point de Salut, p. XVIII).
El cuerpo visible de la Iglesia exige un triple vínculo, tres vínculos que son visibles, y el primero de estos tres vínculos visibles es el de la profesión exterior de la fe católica. El vínculo de la fe, no es sólo la fe interior, no basta para ser un vínculo visible que exige por lo mismo la visibilidad de esa fe, la cual se manifiesta por su profesión exterior.
En este sentido afirma Hugon: «La unidad, causa de vida, signo de verdad, es visible y tangible, porque implica la profesión exterior de los mismos artículos por todo el mundo, y que requiere un magisterio público y auténtico al cual todos están obligados a someterse. Sin esta autoridad soberana e infalible, las controversias serían interminables como lo son en el protestantismo». (Ibídem, p. 246).
Precisamente este Magisterio infalible que dirime las controversias y define los Dogmas es el que actualmente es negado por los modernistas, sean en las apariencias progresistas o conservadores, como el Cardenal Ratzinger Prefecto de la Congregación para la Fe (que vela por la fe) sobre quien Mons. Lefebvre lo dijo poco antes de morir haciendo alusión a la revista Sí Sí, No No (Ed. Italiana del 15 de Enero 1991): «Os invito a leer el denso artículo de fondo de «Sí Sí No No» que ha aparecido hoy sobre el Cardenal Ratzinger. ¡Es aterrador! El autor del artículo no sé quién es, pues ponen siempre seudónimos, y no se sabe entonces quien es. Pero en fin, el artículo está muy bien documentado y concluye que el Cardenal es hereje. El Cardenal Ratzinger es hereje. No solamente, se enfrenta a los decretos y declaraciones dogmáticas según él ha afirmado. Se puede incluso discutir, si es infalible, si no es infalible: «Quanta Cura», «Pascendi Dominici Gregis», el Decreto «Lamentabili» etc.., se puede discutir. No es esto lo que es grave en el cardenal Ratzinger, sino que pone en duda la realidad misma del Magisterio de la Iglesia. Pone en duda que hay un Magisterio que sea permanente y definitivo en la Iglesia. Esto no es posible. Se acomete contra la raíz misma de la enseñanza de la Iglesia. Ya no hay una verdad permanente en la Iglesia, verdades de fe, Dogmas en consecuencia. No hay más Dogmas en la Iglesia ¡Esto es radical! Evidentemente es herético, está claro. Es horrible, pero es así». (Última conferencia espiritual de Mons. Lefebvre en Ecône, 8 y 9 de Febrero 1991).
Si esto dijo Mons. Lefebvre poco antes de morir en su última conferencia espiritual a los seminaristas de Ecône, la herejía no se puede negar, existe en las personas más encumbradas en la Iglesia y en Roma mismo. El Cardenal Ratzinger es el brazo derecho de Juan Pablo II en las cuestiones teológicas y piensan igual, de eso no cabe duda, tal para cual, la conclusión se impone, pero de esto hablaremos más adelante. Queda asentado por todo lo expuesto que sin la profesión de la fe no se puede pertenecer al cuerpo de la Iglesia visible. Un Papa que no profesa la fe ¿cómo va a transmitirla?, es imposible por esto Mons. Lefebvre dijo refiriéndose al Papa, en aquel entonces Pablo VI: «Y como sucesor de Pedro debe transmitir la fe de sus predecesores. En la medida que no nos transmita la fe de sus predecesores, ya no es el sucesor de Pedro. Entonces se volvería una persona que se separa de su cargo, que reniega de su cargo, que no se dedica a su cargo. No puedo hacer nada, no es mi culpa». (La Condamnation… p. 262).
Respuesta a los Interrogantes más Relevantes -Parte 1 de 4

Juan XXIII (Procida, 1370 – Florencia, 22 de diciembre de 1419), antipapa de la Iglesia Católica durante parte del así llamado Cisma de Occidente entre 1410 y 1415.
Una vez asentado el principio teológico y jurídico de la posibilidad del Papa hereje, cismático o apóstata, conviene dilucidar los interrogantes que surgen ante la pérdida del Pontificado, tales como la visibilidad de la Iglesia, la jurisdicción del Papa hereje, la comunión en la fe, entre las más relevantes.
a) Jurisdicción del Papa Hereje – Cismático o Apóstata
Hay una incompatibilidad teológica radical entre la herejía y la jurisdicción, entre la condición de hereje y la posesión de la jurisdicción pues el hereje deja de ser miembro de la Iglesia.
Como dice Da Silveira «esa incompatibilidad es tal que normalmente no se coadunan la condición de hereje y la detención de una jurisdicción eclesiástica. Sin embargo, ella no es absoluta, o sea, no es tal que, cayendo en herejía interna, o inclusive externa, el detentador de la jurisdicción eclesiástica esté destituido del cargo «ipso facto», en todos los casos e inmediatamente. (…) por eso, no llamamos esa incompatibilidad de «absoluta», sino que hablamos tan sólo de «incompatibilidad en la raíz». La herejía corta la raíz y el fundamento de la jurisdicción, es decir, la fe y la condición de miembro de la Iglesia. Pero no elimina «ipso facto» y necesariamente la propia jurisdicción. Así como un árbol puede conservar vida todavía por algún tiempo después que se le corta la raíz, así también, en casos frecuentes, la jurisdicción perdura inclusive después de la caída en herejía de quien la poseía. Sin embargo, la jurisdicción sólo es conservada en la persona del hereje a título precario, en estado de violencia y en la medida en que lo exija una razón precisa y evidente, dictada por el bien de la Iglesia o de las almas. (…) Ya cortada en su raíz, la jurisdicción del hereje tan sólo subsiste en la medida en que es sustentada por otro». (Op.Cit. p.177-178).
En el caso del Papa hereje, concluye Da Silveira, es sustentada por Jesucristo, pues la Iglesia en cuanto considerada por contraposición al Papa, no le es superior, y por lo tanto no podría sustentar su jurisdicción.
Nosotros podemos agregar que la jurisdicción puede ser sustentada sólo para los actos que así lo requieran, en vista del bien común de la Iglesia y la salvación de los fieles, por Nuestro Señor Jesucristo (cabeza invisible de la Iglesia) durante el tiempo que sea necesario aun después de que sea manifiesta su herejía y hasta tanto no se zanje la cuestión de parte de la Iglesia. Con lo cual, el Papa seguiría siendo Papa tan sólo putativamente pero no real y verdaderamente, a causa de su herejía, cisma o apostasía públicamente manifiesta para pocos entendidos (quoad sapientes) o para todos (quoad omnibus) los que guarden la fe católica; mientras que el gran público siga pensando o creyendo otra cosa dada su incapacidad de reflexión.
En el caso de un Papa hereje, cismático o apóstata no se trata de averiguar su genealogía sino de verificar un hecho consumado, luego parece ingenuo y pueril cuestionar su caída, por no saber exactamente el momento preciso. No se puede rechazar algo por el simple hecho de que no sepamos el momento exacto de su gestación.
La cuestión del Papa putativo la sostuvo Monseñor de Castro Mayer entre otros. Que un Papa caiga en herejía y deje de ser tal, sea «ipso facto» (Torquemada), sea cuando su herejía sea declarada por la Iglesia (Suárez, Cayetano),sea cuando su herejía se torne manifiesta (San Roberto Belarmino, Melchor Cano, Billot) o con un matiz más explícito como añade Da Silveira cuando la herejía se torne manifiesta, notoria y públicamente divulgada, perdiendo ipso facto el Pontificado; poco importa el margen que le demos, en la práctica hay un principio que no se puede negar, el Papa hereje (tarde o temprano) deja de ser miembro de la Iglesia visible por causa de su herejía, cisma o apostasía.
Puede haber un margen como en todo lo humano, pero no se puede indefinidamente prolongarlo. Así como no se puede negar el movimiento como hacía Zenón, diciendo que ningún móvil puede llegar hasta la mitad de una distancia dada, porque antes tendrá que atravesar la mitad de esta mitad, después la mitad de ésta, y así al infinito. En el caso de la delimitación de las fronteras, puede haber un margen pero llega un momento en que las zonas limítrofes de los países están claramente separadas. Lo mismo pasaría con el Papa hereje al querer preguntarse sobre el momento exacto de su herejía y de la pérdida de su Pontificado. Porque no se puede precisar exactamente el inicio de la vida o el de la muerte no por eso a nadie se le ocurriría negar la vida del ser en gestación o la muerte del cadáver.
El Papa hereje sería Papa sólo en apariencia, putativamente ante la opinión pública manipulada por los medios de comunicación modernos, que digitan lo que se debe hacer y pensar, de este modo su herejía sería manifiesta notoria y públicamente, por el mismo hecho, sin que el público en general lo perciba así, a excepción de un pequeño grupo de fieles, un pequeño rebaño o quizás unos pocos de ese pequeño rebaño fiel (los más sapientes).
La jurisdicción del Papa hereje estaría mantenida por Cristo mismo cabeza invisible de la Iglesia, para los actos concretos en los cuales el bien común de la Iglesia y la salvación de las almas así lo requieren, y esta situación podrá durar lo que dure la tribulación según la permisión divina. Billuart habla de una jurisdicción dada por Cristo al Papa hereje en razón del bien común de la Iglesia: «Communior sententiam tenet, quod pontificí etiam manifeste haeretico Christus ex speciali dispensatione, propter bonum commune et tranquilitatem Ecclesiae, continuet jurisdictionem donec ab Ecclesia declaratur manifeste haereticus.» Cursus Theologiae, t.V, Tractus de Fide Dissert.V. art. III).
El Papa hereje sería Papa tan sólo putativamente -según la apariencia-, ocupando la Sede de Pedro en Roma como un impostor, a semejanza del pseudo profeta, quien tiene cuernos de cordero (imagen del Cristo) pero habla como el Dragón (imagen de Satanás), con apariencia de piedad pero es realmente un impío, tal como la bestia de la tierra al servicio de la bestia del mar descrita en el Apocalipsis 13, 11.
El Caso de los ortodoxos puede servirnos de luz para comprender la jurisdicción del hereje, cismático o apóstata. Los Ortodoxos tienen jurisdicción dada por la Iglesia pues ella suple, pero no porque tengan jurisdicción, por una permisión tácita de la Sede Apostólica, vamos a decir que no son cismáticos, ni herejes. Sobre la jurisdicción de los cismáticos se puede ver el D.T.C. Schisme, col. 1309 que dice: «Siempre se podrá explicar en su envergadura práctica, por error común, et titulus coloratus y la suplencia de la Iglesia. Pero si es permitido razonar por analogía con el caso de la confirmación conferida en las iglesias ortodoxas por los simples sacerdotes, caso que parece bien suponer una delegación tácita pero positiva no retirada, seremos llevados a pensar que, por un acuerdo o un permiso tácito de la Sede Apostólica, las iglesias cismáticas de Oriente conservan una real y verdadera jurisdicción de fuero interno y de fuero externo».
Como se ve la jurisdicción tiene muchas maneras de fundamentarla, pero no se va uno a tragar la herejía, el cisma o la apostasía porque se tenga una jurisdicción, como los Ortodoxos por ejemplo, ni aún en el caso del Papa hereje, pues lo que la Iglesia hace con los cismáticos orientales, lo puede hacer muy bien Nuestro Señor Jesucristo con la jurisdicción del Papa hereje, cismático o apóstata mientras las cosas no se restablezcan como es debido; lo que si sería una locura, es tragarse la herejía, el cisma o la apostasía del Papa que cayó en alguno de esos tres errores o en los tres todos juntos y continuar ingenuamente viendo en él la Cabeza visible de la Iglesia poniendo la teología y la fe en plena contradicción. Es una contradicción teológica que el hereje, el cismático o el apóstata sea Cabeza visible de la Iglesia.
Cuestión del Papa Apóstata

Alejandro V, nacido Pietro Philarghi, según los italianos Pietro de Candia (Creta, 1340 – Bolonia, 3 de mayo de 1410), fue un antipapa de la Iglesia católica de 1409 a 1410, durante el período del Cisma de Occidente.
La apostasía y la herejía son dos formas distintas del pecado de infidelidad: la primera es la renuncia completa de la religión de Cristo, la segunda es una ruptura parcial con la doctrina cristiana. (Cf. D.T.C. Apostasie, col. 1603).
La herejía y la apostasía son pecados de la misma especie, la diferencia es de grado (Cf. Ibídem, col.1604). Además «la herejía formal equivale a una apostasía» (D.T.C. Hérésie, col. 2228).
La apostasía no sólo puede ser explícita y formal, como es el caso de una declaración categórica o por actos equivalentes a una declaración renunciando a la fe, como es el caso de aquellos que se vuelven a otra religión o se proclaman incrédulos, libres pensadores o ateos, etc. La apostasía puede ser también implícita e interpretativa, tal como podemos ver en el D.T.C. Apostasie, col.1603, y es el caso que más nos interesa, pues los enemigos ocultos de la fe y de la Iglesia, como dijo San Pío X, se quedan dentro de la misma para mejor destruirla, siendo verdaderos herejes y apóstatas encubiertos.
«La apostasía, (dice Beugnet autor del artículo mencionado), es implícita e interpretativa, cuando un cristiano sin señalar formalmente que renuncia a su creencia, pretendiendo a sí mismo conservar su título de cristiano, se conduce de tal manera que se puede concluir con seguridad que se volvió ajeno a la fe».
Este tipo de apostasía implícita es muy reveladora sobre todo con los modernistas y progresistas que desde adentro de la Iglesia la destruyen.
Esto se puede aplicar al mismo Papa quien en vez de defender la fe, la destruye paulatina y sistemáticamente valiéndose de la autoridad y del prestigio del Papado. Para darse cuenta de ello basta hacer una lista de los hechos más relevantes para verificar lo que podríamos denominar itinerario de una apostasía, como más adelante veremos.
Queda manifiesto que la posibilidad de un Papa hereje, cismático o apóstata es teológicamente fundada y no repugna a la fe. «No se encuentran, (dice Da Silveira) en la Escritura y en la Tradición razones que demuestren la imposibilidad de que un Papa caiga en herejía. Por el contrario, numerosos testimonios de la Tradición hablan en favor de la posibilidad de tal caída. Siendo así, debemos considerar como teológicamente posible que un Papa caiga en herejía, y estudiar las consecuencias que semejante hecho traería para la vida de la Iglesia». (Op. Cit. p.177).
La posibilidad de un Papa hereje es jurídicamente sólida, pues el principio canónico que admite ser destituido un Papa herético queda en pie. (Cf. Umberto Betti, La Constituzione Dommatica Pastor Aeternus, Ed. Pontificio Ateneo Antonianum, Roma 1961, p.232).
Además es oportuno recordar que quien es pertinaz en el cisma, prácticamente no se distingue del hereje y que el cismático, según el Derecho Canónico y el Derecho Natural, es sospechoso de herejía tal como advierte Da Silveira p.188.
Cuestión del Papa Cismático

Benedicto XIII, de nombre secular Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor1 (Illueca, 1328-Peñíscola, 1423), más conocido con el apelativo de «Papa Luna», fue papa en la obediencia de Aviñón y cardenal desde diciembre de 1375. Actualmente es considerado antipapa.
Teológicamente el Papa puede perder el Pontificado no sólo por herejía sino también por cisma y la apostasía. La apostasía es una cuestión de grado con respecto a la herejía («la apostasía y la herejía son pecados de la misma especie, entre los cuales toda la diferencia es la del más o del menos, la negación es total en la apostasía y parcial en la herejía». (D.T.C. Apostasie, col.1604), mientras que el cisma es una escisión (separación).
La regla que se aplica a los Papas heréticos se aplica igualmente a los cismáticos y así tenemos la segunda excepción (Cf. D.T.C. Déposition. et Dégradation des Clercs, col. 520), que ya anunciáramos.
La cuestión del Papa cismático la admiten unánimemente los teólogos salvo Pighi, siguiendo la traza del Decreto de Graciano. (Cf. D.T.C. Schisme, col.1306).
El Cardenal y famoso tomista Cayetano se basa en la distinción entre la función del Papado y la persona del Papa. El Cardenal Juan de Torquemada (tío del gran inquisidor), Vitoria, Suárez admiten la caída del Papa en el cisma. (Cf. D.T.C. Schisme, col.1306). «Los casos concretamente tratados por estos teólogos son aquellos en los cuales el Papa rechazara su comunión con la Iglesia, o cesara de conducirse como su jefe espiritual, obrando como un puro señor temporal, o si rechazara obedecer a la ley y constitución dadas por Cristo a la Iglesia y de observar las Tradiciones establecidas desde los Apóstoles en la Iglesia Universal, o también agrega Torquemada, visiblemente preocupado de los recuerdos del Gran Cisma, si en un conflicto por la Tiara o la legitimidad del verdadero Papa parecería dudosa a las personas serias, rechazase de hacer lo necesario para restablecer la unidad.» (D.T.C. Schisme, col.1306). Da Silveira quien cita también a Torquemada sobre el mismo tema se expresa así: «Para demostrar que “el Papa puede ilícitamente separarse de la unidad de la Iglesia y de la obediencia a la cabeza de la Iglesia, y por lo tanto caer en cisma”, el Cardenal Torquemada usa de tres argumentos:
“1- (…) por la desobediencia, el Papa puede separarse de Cristo, que es la cabeza principal de la Iglesia y en relación a quien la unidad de la Iglesia primeramente se constituye. Puede hacer eso desobedeciendo a la ley de Cristo u ordenando lo que es contrario al derecho natural o divino. De ese modo, se separaría del cuerpo de la Iglesia, en cuanto está sujeto a Cristo por la obediencia. Así, el Papa podría sin duda caer en cisma.
- El Papa puede separarse sin ninguna causa razonable, sino por pura voluntad propia, del cuerpo de la Iglesia y del colegio de los Sacerdotes. Hará eso si no observare aquello que la Iglesia Universal observa con base en la Tradición de los Apóstoles, según el c. ‘Ecclesiasticarum’, d.11, o si no observare aquello que fue ordenado universalmente, por los Concilios Universales o por la autoridad de la Sede Apostólica, sobre todo en cuanto al culto divino. Por ejemplo, no queriendo personalmente observar lo que se relaciona con las costumbres universales de la Iglesia o con el rito universal del culto eclesiástico. (…) apartándose de tal modo, y con pertinacia, de la observancia universal de la Iglesia, el Papa podría incidir en cisma. La consecuencia es buena; y el antecedente no es dudoso, porque el Papa, así como podría caer en herejía podría desobedecer y con pertinacia dejar de observar aquello que fue establecido para orden común en la Iglesia. Por eso, Inocencio dice (c. ‘De Consue.’) que en todo se debe obedecer al Papa en cuanto éste no se vuelva contra el orden universal de la Iglesia, pues en tal caso el Papa no debe ser seguido, a menos que haya para eso causa razonable.
- Supongamos que más de una persona se considere Papa, y que una de ellas sea verdadero Papa, aunque tenido por algunos como probablemente dudoso. Y supongamos que ese Papa verdadero se comporte con tanta negligencia y obstinación en la búsqueda de la unión de la Iglesia, que no quiera hacer cuanto pueda para el establecimiento de la unidad. En esa hipótesis, el Papa sería tenido como fomentador del cisma, conforme muchos argumentaban, aún en nuestros días, a propósito de Benedicto XIII y de Gregorio XII” ». (Op. Cit. p.186-187).
El bien común de la Iglesia es capital en la cuestión del cisma tratada por el Cardenal Torquemada, luego un Papa que atenta contra el bien común de la Iglesia (el orden común, orden universal de la Iglesia) caería en el cisma, al igual que si va contra el culto divino o la Tradición Apostólica. Diciendo esto no podemos dejar de pensar en la reforma litúrgica en general y del Novus Ordo en particular como tampoco en todas las cosas que desde Roma se hacen en contra del bien común de la Iglesia y el de la salvación de las almas, pensando que hay un verdadero cisma litúrgico iniciado con la reforma litúrgica que está destruyendo la fe y la Iglesia.
El Cardenal Cayetano y Suárez dicen que el Papa puede caer en cisma si no quiere tener con todo el cuerpo de la Iglesia la unión y conjunción que debe, o si pretendiere excomulgar a toda la Iglesia, o si quiere subvertir todas las ceremonias eclesiásticas consolidadas por la Tradición Apostólica: «si nollet tenere cum toto Ecclesiae corpore unionem et conjunctionem quam debet, ut si tenderet totam Ecclesiam excommunicare, aut si vellet omnes ecclesiasticas caeremonias apostolica traditione firmatas evertere». (D.T.C. Schisme, col.1303). «Los cismáticos están fuera de la Iglesia, afirma unánimemente la Tradición». (D.T.C. Schisme, col.1306).
Da Silveira trae un texto (Op.Cit. p.185) del Cardenal Journet quien resume el pensamiento de los teólogos más acreditados sobre la posibilidad del Papa cismático: «Los antiguos teólogos (Torquemada, Cayetano, Bañez), que pensaban, de acuerdo con el “Decreto” de Graciano (parte I, dist. XV, c.VI), que el Papa, infalible como Doctor de la Iglesia, podía sin embargo personalmente pecar contra la fe y caer en herejía (ver “L’Eglise du Verbe Incarné” t.I, p.596), con mayor razón admitían que el Papa podía pecar contra la caridad, inclusive en cuanto ésta realiza la unidad de la comunión eclesiástica, y así caer en el cisma. La unidad de la Iglesia, según ellos decían, subsiste cuando el Papa muere. Por lo tanto, ella podría subsistir también cuando un Papa incidiese en cisma (Cayetano, II-II, q. 39, a.1, nº VI)».
Queda claro que teológicamente el Papa puede caer en el cisma. La reforma litúrgica que subvierte toda la liturgia de la Iglesia cuyo origen apostólico es indudable deja que pensar al respecto una vez leído el pasaje anteriormente citado, pero de esto hablaremos más adelante.
Justificación Jurídica de la Sede Vacante
La Sede Vacante no es sólo posible teológicamente sino que también lo es jurídicamente. No podía ser de otro modo pues lo jurídico tiene su fundamento en lo teológico, el derecho canónico traduce en leyes jurídicas la teología de la Iglesia, el derecho divino y el derecho natural.
Debemos tener muy en cuenta lo que Santo Tomás dice respecto al Derecho Canónico y a sus leyes, tanto divinas como naturales que no se pueden cambiar: «jura illa antiqua continent, jus natural abrogari non possit per contrariam consuetudinem, utpote irrationalem. Quantum autem ad hoc quod solum de jure positivo continent, possunt esse abrogata». (Quod. 9, q.7, a15).
Si bien es cierto que el Romano Pontífice está por encima de cualquier jurisdicción terrestre, no por esto quiere decir que está por encima del Derecho divino.
El principio teológico-jurídico que dice «Prima Sedes a nemine judicetur», la Primera Sede no puede por nadie ser juzgada, es un principio que tiene dos excepciones, la herejía y el cisma, como veremos.
El canon atribuido a San Bonifacio y citado por Graciano (Decretum, part.I, dist.50, c.6) según el cual: el Papa puede juzgar a todo el mundo y no puede ser juzgado por nadie; contiene esta reserva: nisi deprehendatur a fide devius. La herejía constituye una falta por la cual un Papa puede ser depuesto.
El Concilio Romano de 503 hace la misma advertencia respecto a Simaco Papa: nisi a recta fide exorbitaverit. Esta doctrina fue recibida y confirmada por toda la Edad Media. (Cf. D.T.C. Déposition et Dégradation des Clercs, col. 519).
Que no se diga luego que el Concilio Ecuménico VI (Constantinopla III 680-681), el Papa San León II (682-683) y los Concilios Ecuménicos VII (Nicea II,787) y VIII (Constantinopla IV, 869) al condenar al Papa Honorio se equivocaron inducidos a error por la falsificación de los documentos, pues con documentos falsificados o no, el hecho que un Papa podía ser juzgado en caso de desviarse de la fe, queda por lo mismo afirmado y comprobado. Poco importa el dictamen de la sentencia contra el Papa Honorio, si fue hereje o si sólo fue favorecedor de la herejía, el caso es que se le podía juzgar y se le juzgó por tratarse de algo que tocaba la fe. Esto lo reconoce hasta el mismo San Roberto Belarmino que se inclina en favor de la sentencia que niega que el Papa pueda caer en herejía. Sentencia que el mismo San Roberto Belarmino, si bien tiene como probable, no obstante, no la tiene como cierta y por eso considera que el Papa puede caer en la herejía y considera cómo y cuándo perdería su Pontificado. Tal como advierte Da Silveira, los autores como San Roberto Belarmino, Suárez, Billot juzgan más probable que el Papa no pueda caer en herejía, pero no consideran cierta esta sentencia. Por eso, analizan la eventualidad de que un Papa se torne hereje y toman posición en cuanto al problema de su eventual pérdida del Pontificado. (Publicación mimeografiada junio 1971, San Pablo, nota 2 de la p.143). La razón de ello es el principio teológico que mantiene una incompatibilidad teológica entre la herejía y el cargo u oficio público del Papa como miembro y cabeza visible de la Iglesia, como también la hay con el cisma y la apostasía. Incompatibilidad teológica que engendra a su vez, una incompatibilidad jurídica.
El principio teológico y jurídico es categórico: quien no es miembro de la Iglesia mucho menos puede ser su cabeza. El canonista español Eduardo Regatillo S.I. trae al respecto, en su Institutiones Iuris Canonici, vol. I, Ed. Sal Terrae, Santander 1951, p. 280, la sentencia siguiente, como la más común en relación a la pérdida del Pontificado: «ob haeresim publicam ipso facto communior: quia non esset membrum Ecclesiae, ergo multo minus caput».
Jurídicamente, ésta es una sentencia admitida, siendo además así una de las razones por las cuales se puede perder el Pontificado, a saber: la herejía. Esta sentencia es común, tal como Prümmer lo expresa en su Manuale Iuris Canonici: «Per haeresim certam et notoriam Papam amittere suam potestatem autores quidem communiter dicent ». (Ed.Herder, Friburgo 1927, p.131). Esta es la sentencia comúnmente enseñada, según Prümmer, por los teólogos.
Aunque algunos autores como Salaverri, al tratar de la posibilidad de que un Papa caiga en herejía como persona privada admiten que sobre esta cuestión disputan los teólogos y que algunos como San Roberto Belarmino piensan que es más piadoso (o pío) creer que no. Cf. Sacrae Theologiae Summa I De Ecclesia, Ed. BAC, Madrid 1962, p.703. De todos modos, que sea lo más piadoso, no es un argumento jurídico, ni lo más teológico. Por eso, el mismo San Roberto Belarmino se preocupa de considerar la posibilidad de un Papa herético, e igual Billot. Con lo cual queda manifiesto que esta sentencia es por lo menos probable para los que no quieran tenerla por cierta. Y para los que no quieren admitir todo lo que hasta aquí hemos expuesto, sobre la posibilidad de que un Papa caiga en la herejía, conviene tener muy presente lo que dice Da Silveira sobre el tema: «De cualquier manera, sin embargo, el Cardenal Billot no niega -ni podría negar- que la Iglesia haya siempre dejado abierta la cuestión de la posibilidad de herejía en la persona del Papa. Ahora bien, ese hecho, por sí mismo, constituye un argumento de peso en la evaluación de los datos de la Tradición. Es lo que pone de relieve San Roberto Belarmino en el siguiente pasaje, en el cual refuta, con tres siglos de antecedencia, a su futuro hermano en el cardenalato y en la gloriosa milicia ignaciana: «sobre eso se debe observar que, aunque sea probable que Honorio no haya sido hereje, y que el Papa Adriano II, engañado por documentos falsificados del VI Concilio, haya errado al juzgar a Honorio como hereje, no podemos sin embargo negar que Adriano, juntamente con el Sínodo Romano inclusive con el VIII Concilio General, consideró que en caso de herejía el Pontífice Romano puede ser juzgado». (Op. Cit. p.154).
El argumento teológico de peso (y de hecho durante la Edad Media) es el que «Todos admitían sin dificultad que el Papa pueda caer en la herejía como en cualquier otra falta grave; preocupándose únicamente de buscar por qué y en cuáles condiciones podía el Papa en tal caso ser juzgado por la Iglesia». D.T.C. Infaillibilité du Pape, col.1715. De tal modo que «el pensamiento de Graciano restringida o ampliamente dominó el derecho canónico de toda la Edad Media». (Ibídem).
En el Inchiridium Iuris Canonicis aludiendo a la elección del Papa, señala como inválida la elección si se trata de un hereje o de un cismático: «Eligi potest quodlibet masculinum, usu rationis pollens membrum Ecclesiae. Invalide ergo eligeruntur foeminae, infantes, habituali amentia laborantes, non baptisat, haeretici, schismatici».
Con lo cual se comprueba el principio que no admite que un Papa pueda ser al mismo tiempo hereje o cismático.
Los textos de las Sagradas Escrituras Mt. 16,18 y Luc. 22,32 sólo prueban la infalibilidad del Papa enseñando como Pastor y Doctor de la Iglesia, es decir cuando habla ex-cathedra, tal como lo recalca el D.T.C. Infaillibilité du Pape col.1717, no lo olvidemos. Tenemos un texto pontificio de suma importancia como recalca Da Silveira: como veremos, cualquiera que sea el juicio que se haga sobre el caso de Honorio I, tenemos aquí una declaración pontificia que admite la eventualidad de que un Papa caiga en herejía. He aquí las palabras de Adriano II, pronunciadas en la segunda mitad del Siglo IX, esto es, más de dos siglos después de la muerte de Honorio: «Leemos que el pontífice Romano siempre juzgó a los jefes de todas las Iglesias (esto es, los Patriarcas y Obispos); pero no leemos que jamás alguien lo haya juzgado. Es verdad que, después de muerto, Honorio fue anatematizado por los Orientales; pero se debe recordar que él fue acusado de herejía, único crimen que torna legítima la resistencia de los inferiores a los superiores, así como el rechazo de sus doctrinas perniciosas». (Da Silveira, Op.Cit.p.149).
Queda claro que jurídica y teológicamente ha sido admitido sobre todo en la Edad Media que el Papa puede caer en la herejía y por lo mismo perder el Pontificado, «Un Papa que cayera en la herejía y que se obstinase cesaría por el mismo hecho de ser miembro de la Iglesia y en consecuencia de ser Papa, se depondría él mismo» (D.T.C. Déposition et Dégradation des Clercs, col.520).
Es decir que era admitida como jurídicamente cierta la posibilidad de que el Papa se desviara de la fe cayendo en la herejía, y por este pecado podía ser juzgado por la Iglesia.
Así, en realidad, como explica Vacandard en el D.T.C. «Nadie osaría deponer un Papa herético o cismático, porque en el primer caso cesa de ser Papa y en el segundo jamás lo fue. En consecuencia, las excepciones a la regla que el Derecho escrito parece indicar no son más que aparentes. El principio: prima sedes a nemine judicetur es absoluto, no sufre excepciones, un Papa, sean cuales sean sus crímenes, no tiene en el fuero externo otro juez que Dios». (D.T.C. Déposition et Dégradation des Clercs, col.520) Con lo cual respecto al principio que dice: la primera sede por nadie es juzgada, se puede responder de dos formas que podrían ser una misma según como se las mire. 1ª respuesta, salvo en materia de fe el Papa no puede ser por nadie juzgado. 2ª respuesta, no es juzgado nunca como Papa pues si cayó en herejía (o cisma) dejó de serlo. También podemos decir que cuando se habla de juzgar, el término no indica necesariamente que se emita un verdadero «juicio» sobre el Papa, sino que puede pronunciarse sobre quien fue Papa y dejó de serlo por haber incurrido en herejía.
Posibilidad Teológica de la Sede Vacante
Muchos piensan que por el hecho de admitir la Sede Vacante se cae en cisma o herejía y por eso defienden a todo precio una actitud anti-sedevacantista a priori.
Teológicamente la posibilidad teórica de la Sede Vacante (por herejía del Papa) no se puede negar, como si fuese algo contra la fe. No es una herejía el admitir que de hecho tenga o pueda tener lugar la Sede Vacante. Basta ver el libro de Da Silveira «Implicaciones Teológicas y Morales del Nuevo Ordo Missae» en donde trata el tema de la hipótesis teológica de un Papa hereje y/o cismático.
Muchos hacen una cuestión de fe, de que el Papa sea realmente Papa excluyendo a priori la posibilidad de la Sede Vacante como teológicamente imposible. Sin embargo el caso de más de 40 antipapas, muestra lo contrario a lo largo de la historia de la Iglesia; así como la misma duda admitida (al menos en su posibilidad) por Mons. Lefebvre. En efecto, el que tal Papa sea verdadero Papa, no es de fe, lo que es de fe es que todo sucesor legítimo de San Pedro en la Sede Romana es Papa. Un ejemplo marcará la diferencia claramente: así como no es de fe que en tal hostia (supuestamente consagrada) esté realmente presente Nuestro Señor Jesucristo, sino que todo sacerdote con la intención de consagrar sobre la debida materia y pronunciando la fórmula consagra el Cuerpo y la Sangre de Cristo, como bien explica Santo Tomás cuando se pregunta si la fe puede equivocarse, y da el ejemplo del sacerdote que se equivoca o que no quiere consagrar y el fiel piensa que está adorando a Cristo en la hostia supuestamente consagrada: «Fides credentis no refertur ad has species panis vel illas; sed ad hoc quod verum corpus Christi sit sub speciebus panis sensibilis quando recte fuerit consecratum. Unde si non sit recte consacratum, fidei non suberit propter hoc falsum». (S.Th. II-II, q.1, a.3, ad 4).
Lo mismo pasa con el Papa, pues no es de fe saber si tal o cual Papa es verdadero Papa, sino que todo legítimo sucesor de Pedro es Papa. Esto explica cómo durante el cisma de Occidente hubo Santos que tenían por Papa al uno, y otros al otro. Lo que sí es de fe es reconocer el Primado de Pedro y de sus sucesores. El que no reconozca la institución del Papado es un cismático y un hereje, esto queda claro. Es el caso de los Ortodoxos, por ejemplo, que son cismáticos y herejes por no reconocer el Papado, el Primado de San Pedro y de sus sucesores, ni el de su infalibilidad.
La Religión y la fe no son papistas (o papólatras), son católicas; una cosa es creer y defender con fe y como católico el Primado de Pedro, el Papado y otra muy distinta es el papismo que exagera la infalibilidad del Papa de tal modo que se cae en una especie de infalibilismo. La infalibilidad le pertenece al Papa en cuanto Sumo Pontífice, persona pública, Jefe de la Iglesia, lo cual está en relación directa con la Iglesia Universal. Por esto, no es simplemente infalible por fuerza del papado, sino solo cuando lo ejerce ex-cathedra. (Cf. Betti, p.373).
Teológicamente es posible la Sede Vacante, y no constituye algo contra la fe el afirmarlo, el creerlo o el pensarlo. La tradición de la Iglesia lo demuestra, el Derecho Canónico igualmente, los teólogos de la Edad Media así lo admitían. Luego que no salgan hoy con actitudes intransigentes y duras contra todo el que sea favorable o piense que la Santa Sede puede estar Vacante. Es, o ignorancia o un abuso de autoridad el negar en nombre de la Iglesia la posibilidad teológica de la Sede Vacante. La consideración teológica de la Sede Vacante entra dentro del sentir y del pensar de la Iglesia. Cuando Mons. Lefebvre en repetidas ocasiones decía que la Hermandad San Pío X tiene la espiritualidad (el sentir y el pensar) de la Iglesia, no nos vengan hoy a decir y mucho menos a considerar como traidores a la Iglesia o a la Hermandad San Pío X y a su fundador Mons. Lefebvre, por el simple hecho de creer o pensar que la Sede está o puede estar Vacante. Si la Iglesia lo admite aunque los teólogos hoy difieran, no hay derecho para que se estigmatice a nadie por creer que la Sede está Vacante, aunque se equivoque.
Xavier Da Silveira en su libro ya citado deja asentada la hipótesis teológica de la Sede Vacante, sea por herejía o cisma.
A tal punto es cierta la hipótesis teológica de la Sede Vacante, que los teólogos como San Roberto Belarmino, Suárez y Billot aun teniendo como más probable que el Papa no pueda caer en herejía, sin embargo no la consideraban cierta y por eso analizan la eventualidad de que un Papa se torne hereje y toman posición en cuanto al problema de la pérdida del Pontificado. Otros teólogos como Torquemada, Cayetano, Báñez, Melchor Cano, piensan que el Papa puede caer en herejía y toman directamente posición al respecto. Se tienen así diversas opiniones teológicas respecto al momento en el cual pierde el Pontificado, pero todos admiten que el Papa puede perder por cisma o herejía el Pontificado. Se ve así que la posibilidad de la Sede Vacante es una sentencia cierta teológicamente, como afirma Da Silveira.
Todos los canonistas del Siglo XII y XIII admitían sin dificultad que un Papa podía caer en herejía como en cualquier otra falta grave, se preocupaban únicamente de buscar por qué y en qué condiciones podía ser juzgado por la Iglesia (Cf. D.T.C. Infaillibilité du Pape, col.1715). La posibilidad del Papa hereje era tan comúnmente aceptada, que el mismo Cristóbal Colón en su primer testamento llegó a decir: «a los pies del Santo Padre, salvo si fuese herético (lo que Dios no quiera)». (Boletín Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y Ciencias, Madrid 1992, nº36, p.11).
Hay sólo un teólogo flamenco, Alberto Pighi, (1490-1542) que niega que un Papa pueda caer en herejía. Pighi es el único en negar la posibilidad de que un Papa caiga en herejía, pues dada la promesa de Jesucristo (Mt. 16,18) sería imposible que el Papa fuese herético, si el Fundamento de la Iglesia falla o deja de estar unido a Jesucristo, sería verdad que las fuerzas del infierno han prevalecido contra la Iglesia. El famoso teólogo español Melchor Cano combatió enérgicamente la afirmación de Pighi, concluyendo que no se puede negar que el Soberano Pontífice pueda ser hereje, puesto que hay un ejemplo o quizás dos. Melchor Cano fue seguido por Domingo Soto y por Báñez (Cf. D.T.C. Infaillibilité du Pape, Col. 1715/16). Dublanchy, autor de este artículo, dice que si bien no se puede demostrar, de acuerdo con el dogma de la infalibilidad, que el Papa como persona privada tenga el privilegio de no caer en la herejía, tampoco se puede probar que sea inadmisible. De todos modos ninguna de las pruebas invocadas en favor de la infalibilidad pontifical nos demuestran el privilegio en cuestión. Los dos textos escriturarios Mat. 16,18 y Luc. 22,22, según los argumentos esgrimidos y conforme a la interpretación constante de los teólogos, prueban únicamente, la infalibilidad del Papa enseñando como Pastor y Doctor de la Iglesia Universal. Esto es lo que prueba el testimonio de la Tradición católica. (Cf. D.T.C. Infaillibilité du Pape, col. 1716/17). Queda claro que teológicamente no se puede inferir, ni demostrar que el Papa tenga la prerrogativa de no caer en la herejía, en base a los textos sagrados, ni en la promesa de Nuestro Señor Jesucristo contenida en ellos, únicamente prueban la infalibilidad del Papa cuando habla ex-cathedra y nada más, según la teología de la Iglesia.
Palmieri en su Tratado del Romano Pontífice, explica también en el mismo sentido el pasaje de las Sagradas Escrituras sobre el cual algunos pretenden basar la supuesta indefectibilidad del Papa en la fe.
Según Palmieri el Romano Pontífice como persona privada, esto es cuando no ejerce su cargo de Doctor de la Iglesia, puede errar en la fe. Cita al Papa Inocencio III (1198-1216) quien dijo: «In tamtum fides mihi necessaria est, et cum de ceteris peccatis solum Deum iudicem habeam, propter solum peccatum quod in fide committerem possem ab Ecclesia iudicari», (en cuanto que la fe me es necesaria, y si bien por los demás pecados sólo tengo por juez a Dios, sólo por el pecado cometido contra la fe, puede la Iglesia juzgarme).
El Papa Adriano II (867-872) leyó la frase de San Bonifacio (que está en los decretales de Graciano): «Culpas (Rom.Pontificis) istie redarguere praesumit mortalium nullus, quia cunctos ipse iudicaturus a nemine est iudicandus, nisi forte deprehendatur a fide devius» (Tractus De Romano Pontifice, Palmieri, p. 631), (las culpas del Papa ningún mortal presuma echárselas en cara -o sea impugnárselas-, porque todos juntos son por él juzgados y de nadie es juzgado, salvo que se le sorprenda desviado de la fe).
El D.T.C. trae también estos pasajes en los artículos Infaillibilité du Pape, col.1714 y en Déposition et Dégradation des Clercs col.519, y al mencionar el principio que admite que un Papa pueda únicamente ser juzgado al desviarse de la fe, dice que: «este principio está fuera de toda duda». (Ibídem, col.520).
Si analizamos con Palmieri el pasaje escriturístico que más sirve de apoyo para no admitir que el Papa pueda claudicar en la fe: «Yo he rogado por ti, a fin de que tu fe no desfallezca. Y tú, una vez convertido confirma a tus hermanos». (Luc. 22,32), veremos que la fe que confirma y la fe infalible, es la misma fe, pues la fe que confirma es capaz de confirmar porque es infalible, hay sólo una distinción de razón entre la fe que confirma y la fe infalible, puesto que si la fe que confirma no fuera infalible no podría confirmar en la fe a sus hermanos. La fe que confirma es tal porque es infalible. Da Silveira que cita a Palmieri para desentrañar el sentido del texto de San Lucas 22,32, dice así: «en cuanto al sentido exacto de San Lucas, numerosos teólogos constatan que para el cumplimiento de la promesa de Nuestro Señor basta que no existan errores en los documentos infalibles. Así, concluyen que no hay razón suficiente para juzgar que la confirmación de los hermanos postule también la indefectibilidad de la fe del Papa como persona privada. He aquí como Palmieri, por ejemplo expone este argumento: (…) no es necesario que la fe indefectible sea en realidad distinta de la confirmación de los hermanos, pero basta que se distinga por la razón. Pues si la predicación de la fe auténtica y solemne es infalible, puede confirmar a los hermanos; por eso, una única es la fe infalible y la fe que confirma; siendo infalible, goza ella también del poder de confirmar. La indefectibilidad del Pontífice en la fe fue pedida para que él confirmase a sus hermanos; luego, de las palabras de Cristo sólo se puede inferir como necesaria aquella indefectibilidad que es necesaria y suficiente para la consecución de ese fin; y tal es la indefectibilidad de la predicación auténtica». (Da Silveira… p.147).
Santo Tomás haciendo alusión al texto de San Lucas 22,32 dice que dicho pasaje se refiere a la fe de la Iglesia Universal, la cual no puede fallar: « (…) nisi pertinaciter eorum errorius in particulari adhaereant contra universalis Ecclesiae fidem, quae non potest deficere, Domine dicente, Luc.22, 32: Ego pro te rogavi, Petre, ut non deficiat fides tua». (S.Th. II- II, q.2, a.6. ad 3). De donde se colige que para Santo Tomás la promesa hecha a San Pedro no es la de su fe particular o personal (persona privada) sino la fe de la Iglesia Universal, de su cargo público como fundamento de la Iglesia, como persona pública en su oficio de Pastor y Doctor de la Iglesia.
De esto no debe caber la menor duda teológica, Santo Tomás en otro texto dice refiriéndose al poder del Papa para redactar un nuevo símbolo de la fe y evitar los errores que aparezcan contra la fe: «Unde et Dominus, Luc. 22,32, Petro dixit, quem Summum Pontificem constituit: Ego pro te rogavi, Petre, ut non deficiat fides tua: et aliquando conversus confirma fratres tuos. Et huius ratio est quia una fides debet esse totius Ecclesiae: Secundum illud I ad Cor. 1,10: Idipsum dicatis omnes, et non sint in vobis schismata.
Quod servari non posset nisi quaestio fidei de fide exorta determinaretur per eum qui toti Eclesiae praeest ut sic eius sententia a tota Ecclesia firmiter teneatur». (S.Th. II-II, q.1 a.10).
Queda claro que según Santo Tomás las palabras «confirmar en la fe» de Luc. 22,23, significan que al Papa (S. Pedro) le corresponde determinar lo que es de fe y esto no puede acontecer sin la infalibilidad. Por esto se requiere estar sujeto al Papa bajo pena de condenación. Así Santo Tomás explica: «Ostenditur etiam quod ad dictum Pontificem pertineat quae Fidei sunt, determinare. (…) Item etiam hoc patet ex autoritate Domini dicentis [Luc 22,23]: Tu aliquando conversus confirma fratres tuos. Ostenditur etiam quod subesse Romano Pontifici sit de necessitate salutis» (Opusc. Theol. vol 1, ed Marietti, Taurini 1954, nº 1123-1124-1125, p. 343-344, Contra Errores Graecorum, c.36).
Se ve como la fe (de Pedro) que confirma y la fe infalible que define es la misma fe de la Iglesia, de la Iglesia Universal, que no puede fallar y por esto es infalible. Esto lo podemos aún evidenciar más con el texto siguiente:
«Santo Tomás afirma expresamente que la Fe de la Iglesia Universal no puede desfallecer conformemente a la palabra de Jesucristo, ego pro te rogavi, Petre, ut non deficiat fides tua Luc. 22,32. Sum. Theol. II-II, q.2, a.6, ad3». (D.T.C. Église, col. 2182).
Fue por la confesión de fe que San Pedro obtuvo el primado (el papado) como se puede apreciar en dos textos de Santo Tomás comentando las palabras: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Vivo». El primero de los textos: «“Tu es petrus, et super hanc petram aedificabo Ecclesiam meam”. Hoc enim, per fidei veram cofessionem habuit. Equidem, demonstravit multos esse venturos ad eamdem fidem veram, quam confessus est Petrus; el ideo sensum eius elevavit vel suscita vit, et pastorem ipsum fecit». (Opus Theol. vol. 1 Appendix, Ed. Marietti 1975 p. 400). Luego vemos que el Papa se mantiene en su cargo u oficio de Vicario de Cristo por la confesión de la fe. Un Papa que no confiesa la fe es un absurdo, no puede ser Papa.
El otro texto al que hicimos referencia dice: «Et ideo propter ista duo; scilicet (Math. 16, 16): “Tu es Christus” et “Filius Dei vivi” duo eidem Petro, quae sunt solius Dei, promittit: primum, solvere peccata, quod solius Dei est; secundum, super confessionem fidei eius, id est super ipsum Christum, (aedificare) insubmergibilem Ecclesiam a fluctibus maris tempestuosi mundi». (Opus Theol. vol. 1, Appendix, Ed. Marietti 1975, p. 401).
Con lo cual queda de manifiesto la necesidad de la confesión de fe de San Pedro sobre la cual se le hicieron las promesas.
Precisiones sobre la Infalibilidad del Papa
El Papa no es infalible para cualquier cosa o para lo que le venga en gana, es infalible para cumplir su deber de Pastor Supremo de la Iglesia Universal apacentando las almas con la verdad de la fe sobrenatural. Su infalibilidad no es absoluta como la de Dios, en razón de su cargo (de su oficio), por eso es una infalibilidad ex-cathedra (desde la cátedra o sede de Pedro), que tiene sus condiciones y sus límites bien precisos.
Fuera de Dios toda otra infalibilidad es por definición participada y en consecuencia limitada.
La infalibilidad del Papa es una infalibilidad triplemente limitada: primero en razón del sujeto, porque es infalible sólo cuando habla como doctor universal y juez supremo de la Iglesia (por eso se habla de ex-cathedra); segundo en razón del objeto, porque es infalible sólo en las cosas de fe y moral; y tercero en razón al modo de enseñanza del Papa que es el de dar valor de definición a la doctrina propuesta. (Cf. D.T.C. Infaillibilité du Pape, col.1696 y La Constituzione Dommatica Pastor Aeternus del Vaticano I. Umberto Betti O.F.M. Antonianum, Roma 1961 p.628).
No hay tampoco que confundir infalibilidad con impecabilidad. «Pues la infalibilidad no se refiere directamente a la persona, sino al ejercicio del oficio de Maestro Supremo el cual es ejercido por la persona del Papa, si en cambio, la infalibilidad fuese inherente a la persona en cuanto tal, entonces el Papa sería infalible también como persona privada, porque la persona no se puede dividir, y por la misma razón sería infalible siempre y en todo; en cambio el Papa goza de +este divino privilegio solamente en el cumplimiento del oficio de supremo doctor de toda la Iglesia; la infalibilidad, en efecto no es inherente a la persona sino al oficio, y en consecuencia a la persona pública del jefe de la Iglesia». (Betti, p.235).
La infalibilidad compete al cargo u oficio y en ese sentido es personal, no en cuanto a la persona privada, sino en cuanto a la persona pública. La infalibilidad pontifical en lo referente al dogma definido por la Iglesia no puede ser llamada personal (infalibilidad personal) como atribuida al Papa considerado como persona privada, pues no es la persona privada del Papa la que es infalible, sino su persona pública (la persona ejerciendo su cargo público de Papa). (Cf. D.T.C. Infaillibilité du Pape, col. 1696).
La distinción entre persona privada y persona pública ha sido aprobada por muchos teólogos para contrarrestar la distinción galicana y por tanto herética entre Sede Roma y sedente (el Papa, la persona del Papa que lo ocupa). (Cf. Ibídem).
En consecuencia no se debe confundir infalibilidad con impecabilidad. Que el Papa sea infalible cuando habla ex-cathedra no significa que sea impecable, es decir que no pueda pecar contra la fe, que sea inmune de error en materia de fe como persona privada, como hombre, pues el Papa como persona privada está sujeto a las debilidades y flaquezas comunes a todos los hombres y por eso aunque repugne al pío sentir de los fieles, no es una exigencia de la fe excluir que como persona privada el Papa pueda caer en herejía, pues de lo contrario sería impecable en este género de culpa. (Cf. Betti, p.630).
Lo único que exige la fe es que el Papa es infalible cuando habla ex-cathedra. Fuera de esto hay o puede haber opiniones teológicas sin que nadie pretenda darles un valor dogmático o de fe que no tienen.
Fuera del caso concreto y preciso de que un Papa hable ex-cathedra se puede sostener teológicamente que puede equivocarse en cuestiones de fe e incluso caer en la misma herejía.
Ahora las cosas son más fáciles

«Esto es la voluntad de Dios», dijo Francisco, mientras Cirilo I respondió «ahora las cosas son más fáciles», en un encuentro en La Habana, Cuba.
Iglesias romana y rusa se dan abrazo después de 1,000 años
El Papa Francisco y el patriarca ortodoxo de Moscú, Cirilo I, se dieron este viernes un histórico abrazo en la sala presidencial del aeropuerto José Martí de La Habana, en el primer encuentro entre un pontífice romano y un patriarca ruso.
“Es claro que esto es la voluntad de Dios”, dijo el jefe de la Iglesia Católica al inicio de la reunión con el líder ortodoxo, quien respondió: “ahora las cosas son más fáciles”.
El Papa Francisco y el patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa, Cirilo I, pusieron así un fin informal a mil años de distanciamiento y división entre estos obispos de la llamada Santa Iglesia Católica y Apostólica.
Los intentos de reconciliación eran tan antiguos como la división misma de la Iglesia de Roma, encabezada por el Papa, y la Iglesia Ortodoxa, que aunque sin jerarca, reconoce una autoridad superior en la persona del Patriarca de Constantinopla, en este momento Bartolomé I, pero quien a diferencia del obispo de Roma, no tiene autoridad sobre el resto de los obispados que conforman la Iglesia Ortodoxa.
Y aunque es Constantinopla la sede del llamado “patriarca ecuménico”, es Kirill ó Cirilo I, Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, quien lidera al mayor número de fieles de esta Iglesia.
La división se remonta al año 1054 de nuestra era, en lo que se conoce como el Cisma de Oriente, cuando las iglesias de Roma y Constantinopla formalizaron la división surgida entre sí desde unos siglos antes.
De inicio dogmáticas y de procedimientos religiosos, se acentuaron cuando las diferencias administrativas y territoriales enfrentaron a ambas.
En el año 589, durante el concilio de Toledo, en el que participaron únicamente obispos de la Iglesia de Occidente, se incluyó en el Credo el término “filoque”, en latín, referente al Hijo.
El Credo no es otra cosa que la declaración de profesión de la fe cristiana y que para los orientales dice: “Creo en el Espíritu Santo que procede del Padre”, mientras que para los occidentales es: “Creo en el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo”.
Esta palabra dividió profundamente a ambas iglesias.
Más tarde, en el año 857, el emperador Bizantino Miguel III, el Beodo, reemplazó al patriarca ortodoxo de Constantinopla, San Ignacio, por Focio, quien inicialmente no fue reconocido como patriarca por las iglesias occidentales ni por el resto de los obispos orientales, lo que incrementó las tensiones.
Finalmente, en el año 1054, un enfrentamiento entre representantes enviados por el Papa León IX a Constantinopla y el Patriarca Miguel I Cerulario, desembocó en sendas excomuniones por parte de ambos representantes de la Iglesia, mismas que han mantenido divididas a las iglesias hasta la fecha.
Esta división tiene también un fundamento administrativo: los obispos de oriente no reconocen la superioridad ecuménica del obispo de Roma por sobre la de los demás, lo que ha traído como consecuencia una serie de diferencias, tanto rituales como administrativas, que sin éxito, han tratado de resolver de manera formal en el Segundo Concilio de Lyon, en 1274, primero, y en el Concilio de Basilea de 1439, después.
Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI tuvieron acercamientos importantes con los patriarcas de Constantinopla.
Pero Alexander I, el predecesor de Cirilo I, jamás aceptó reunirse con el papa polaco por considerar una ofensa su intervención en la caída de la Unión Soviética, y una invasión el ansia evangelista mostrada por Juan Pablo II, sobre la Federación Rusa.
Y aunque sí aceptó reunirse con Benedicto XVI, no pasó de ser solo un encuentro.
La historia cambió con Francisco I. Con el Patriarca Bartolomé presente en la Plaza de San Pedro, en lo que fue la primera vez que un obispo de Constantinopla acudía a ese acto, Jorge Mario Bergoglio se presentó por primera vez al mundo como “Obispo de Roma”, nada más.
El guiño, bien recibido en Moscú, fue acompañado por el que se dice fue un mensaje de Francisco I a Cirilo I: “Iré a donde quieras. Llámame y yo voy”.
Y fue Cuba el lugar elegido por el patriarca moscovita, quien lidera a 120 millones, de los 200 millones de ortodoxos del mundo.
A los católicos orientales y occidentales los une en este momento el avance del fundamentalismo islámico en las proximidades de los recintos sagrados del cristianismo como Jerusalén y Constantinopla.
Y es así como casi mil quinientos millones de católicos de todo el mundo se estrecharon las manos, en las personas de Francisco I y Cirilo I, en una habitación del aeropuerto de La Habana, por primera vez en casi mil años.
12-02-2016
Por: Notimex
Tomado de:
Especial de Miércoles de Ceniza
Luteranos reciben la comunión durante una misa en el Vaticano
El papa Francisco dice que la Misa Tridentina es un paso hacia atrás
“Bienvenidos a CFN Media. Soy John Vennari, el editor de Catholic Family News
El pasado 7 de marzo (2015), el papa Francisco celebró el 50.º aniversario de la liturgia plenamente vernácula y usó el evento para que se sepa, una vez más, que, en cuanto a él concierne, cualquier regreso a la Misa Latina Tridentina por parte de la Iglesia, está fuera de discusión. Ha tachado tal idea como “un paso hacia atrás”.
Bien, he aquí lo que está pasando. Hace 50 años, el 7 de marzo de 1965, Pablo VI celebró, en la iglesia de Ognissanti (iglesia de Todos los Santos) la primera misa completamente vernácula. Por supuesto, fue en Roma, por lo que se celebró toda en italiano, en lugar de en latín. Pero, parte del simbolismo de lo que sucedió allí es que, Pablo VI, no celebró esta primera, extraña, misa vernácula en una de las grandes basílicas patriarcales de Roma, no: la celebró más bien en una parroquia regular, en una iglesia del pueblo, para inaugurar la extraña liturgia vernácula, liturgia que habría de celebrarse, por supuesto, en el lenguaje del pueblo. Estamos al inicio de los cambios litúrgicos del Vaticano II, por lo que celebró la misa, no de cara al Señor en el Tabernáculo, sino de cara al pueblo.
Ahora bien, al papa Francisco le encanta esta exaltación del pueblo y, por supuesto, va a celebrarlo, como celebra todas las cosas que tienen que ver con el Concilio. Así, en su homilía del 7 de marzo, el Papa dijo que es aquí donde, realmente, Pablo VI, y estoy usando sus palabras: “inauguró la reforma litúrgica del Vaticano II”. Y lo hizo con la celebración de una misa, oficiada, como él dice, en el lenguaje de, el pueblo.
Especial de la Epifanía del Señor

Hallaron al Niño con María, su Madre, y prosternándose lo adoraron; y abiertos sus cofres le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra. (San Mateo, 2, 11).
EPIFANÍA DE NUESTRO SEÑOR
La revelación de Nuestro Señor Jesucristo a los Sabios de Oriente
Los 3 reyes sabios
SANTA MISA DE EPIFANÍA DEL SEÑOR O “SANTOS REYES”
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Hoy 12 de Diciembre de 2015 este Blog Cumple su Séptimo Año de Existencia
“La Religión Verde” (el cardenal Tauran alienta a los hindúes en sus fiestas paganas)
12 noviembre, 2015
Sr. Director:
Esta mañana me encontré con un artículo de Radio Vaticana del 06/11/2015 [1] que me produjo gran sorpresa y estupor: una carta del Cardenal Tauran a los hindúes con motivo de la celebración realizada ayer de una de sus fiestas principales: el Deepavali. No me sorprende que el Vaticano se deshaga en cumplidos y ponga en ejercicio sus habilidades diplomáticas en momentos especiales, como siempre lo ha hecho. Pero es llamativo que un representante del Jefe religioso de la Iglesia Católica, cuya misión principal es la de “llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra” se preocupe por alentar a los miembros de otras religiones a seguir realizando celebraciones paganas, que considera “maravillosas” sólo por el hecho de estar relacionadas con la naturaleza, e indirectamente con la ecología. ¿Cuál será el motivo?
El hinduísmo, al igual que otras religiones antiguas, contiene elementos idolátricos, errores gravísimos en lo concerniente a la estructura de la sociedad, el matrimonio, las prácticas religiosas, etc., que seguramente lo sitúan muy lejos de provocar“experiencias de armonía y felicidad” como quisiera el Cardenal. La auténtica felicidad viene del conocimiento y el trato con Jesucristo. Pero con la ausencia total de expresiones que reflejen el espíritu misionero, por temor a todo proselitismo -o por intenciones inconfesables-, se priva a los paganos de esta felicidad verdadera. Sin embargo, estas tradiciones son puestas aquí como paradigma de lo ecológico, y por supuesto sobre todo, de una novedosa “ecología humana”.
Todos estamos de acuerdo en que la Creación es un regalo de Dios, y que por tanto, debemos cuidarla. Pero por encima de la Creación material y de la naturaleza se encuentra el hombre. ¿En qué lugar del Evangelio se habla de practicar “virtudes ecológicas”?¿Qué valor tienen esas prácticas para la salvación de las almas? “La ecología humana apunta a la relación y responsabilidad que los humanos tienen hacia el planeta tierra, y el cultivo de las virtudes ecológicas. Estas virtudes incluyen un uso sustentable de los recursos de la tierra, a través de la adopción de políticas a nivel nacional e internacional que respeten la interconexión e interdependencia de los seres humanos y la naturaleza. Estos temas, como lo sabemos, no sólo afectan directamente la salud actual de nuestro planeta, el hogar de la familia humana, sino también a las futuras generaciones”, puntualizó el verde cardenal. ¿En qué momento se preocupó este pastor de la Iglesia en mencionar nuestro estado de peregrinos por este mundo hacia una Patria más feliz? En ninguno. Sólo habla de la tierra como único hogar del hombre, la tierra, nuestro planeta, la naturaleza, los Sigue leyendo
Sermón sobre Todos los Santos (padre Cipola)
12 noviembre, 2015
«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.»
Era la primera vez que estaba en Roma, y quedó impresionado, incluso abrumado, por este lugar, en donde lo ancestral y lo contemporáneo coexisten unidos, en una mezcla de caos y de fe, como un sentimiento de decadencia en medio de una sensación de eternidad.
Iba de camino a una iglesia para ver una estatua de Santa Teresa de Ávila, que un sacerdote de vuelta en casa, le había insistido en que la tenía que ver una vez en Roma. Conociendo al sacerdote, sabía que no podía regresar a casa sin antes haber visto esta obra de arte. Entró en la iglesia, más bien una pequeña iglesia barroca con una opulenta decoración de dorados y mármol, con un sol resplandeciente sobre el altar mayor. Pero él no había venido aquí para ver la iglesia. Él había venido aquí con un propósito. La guía le mostro cual era el altar menor en donde se encontraba la estatua. Y de repente allí apareció: la famosa escultura de Bernini, el Éxtasis de Santa Teresa, con el ángel a punto de perforar su corazón con una flecha. Se maravilló ante el milagro del movimiento que Bernini consiguió sacar de una losa de mármol; se maravilló al ver la expresión en el rostro de Santa Teresa; se maravilló de la delicadeza de toda aquella representación. Había luces en la escultura; pero a su vez, la luz también parecía venir de las mismas estatuas, como si toda la pieza de mármol estuviese inundada con una luz interior. – ¡Ah!, sí – se dijo – Muy hermosa. Mereció la pena la pena venir a verla. ¡Una preciosidad! ese rostro; esa luz. – Y se fue a ver otras cosas de su lista por la Ciudad Eterna.
El recuerdo de aquella estatua quedó con aquel hombre, incluso después de su regreso a casa. Se decidió a averiguar más, acerca de Santa Teresa y de leer un libro sobre su vida. Quedó impresionado por la experiencia de su conversión, por su energía y por su celo en la reforma de la Orden Carmelita. Estaba intrigado por sus experiencias místicas en las que fue arrebatada en éxtasis. Quería saber más; por lo que comenzó a leer algunos de sus escritos. Las palabras de esta mujer parecían cobrar vida en tantos pasajes por su sentido común; por su gran comprensión de la naturaleza humana; pero sobre todo por las desinhibidas descripciones de su experiencia de ser transportada por el amor de Cristo a la comunión con el mismo Dios. ¡Increíble!, pensó el hombre; semejante persona; semejantes ideas; semejante fe; semejantes experiencias maravillosas. Y entonces, cerró el libro y se dedicó a otra cosa. Sigue leyendo
La tolerancia mundana es la virtud de los que no tienen ninguna convicción
12 noviembre, 2015
Había dos jóvenes, Jorge y Cristóbal, que de niños eran los mejores amigos. Siempre jugaban juntos, y eran como hermanos. Sin embargo, cuando empezaron el bachillerato, los dos empezaron a conocer a diferentes amigos. Cristóbal empezó andar con un grupo de muchachos traviesos, y dejó de pasar mucho tiempo con Jorge. Un día Jorge vio a Cristóbal fumando marihuana, y empezó a preocuparse por él. Pensó en decirle algo, e incluso informar a sus padres, pero nunca lo hizo por no querer perder su amistad. También recordó las lecciones que habían tenido cada año en la escuela sobre la importancia de ser tolerante y de no juzgar ni ofender. Al terminar el bachillerato, Jorge se cambió de ciudad para entrar en la universidad. Unos años después, recibió malas noticias de Cristóbal: se había metido en otras drogas peores y había sido arrestado por venderlas; y luego murió por una sobredosis.
El novelista francés Victor Hugo, dijo: “La tolerancia es la mejor religión,” y en nuestros tiempos es verdad que muchos piensan así. La tolerancia definitivamente es el mantra del mundo moderno, aunque sea muy poco entendida. En la parábola del evangelio de hoy vemos cómo Dios tolera la cizaña hasta la siega. ¿Qué aplicación podemos sacar para nosotros?
Es importante que primero entendamos bien qué es la tolerancia. Es cuando algo es reconocido o percibido como malo, y a pesar de esto, lo soportamos o lo aguantamos, por lograr otro fin más importante. Entonces, es verdad que hay un papel importante para la tolerancia. Tenemos que tolerar muchas cosas que otras personas hacen, que nos molestan, si vamos a convivir y no queremos volvernos locos. Si no, cada persona tendría que vivir aislada. Sigue leyendo
Ideología de género y modernismo
12 noviembre, 2015
Qué es la ideología de género
La teoría de género sostiene que: machos y hembras, niños y niñas, hombres y mujeres no son sustancialmente diversos (más allá de la diferente formación “estética” del cuerpo)[1]. La diferenciación verdadera y esencial, según la ideología de género y desmentida por la recta razón y por la ciencia médica, no es un producto biológico, cromosómico y morfológico de la naturaleza (ni mucho menos del Creador), sino que debe ser una conquista de la cultura progresiva y una elección del sentimiento subjetivo del individuo, que ayudarán a cada ser singular “neutro” a escoger, para siempre o sólo por un cierto tiempo, un modo de vida de macho o de hembra, de hombre o de mujer.
El género natural, biológico, objetivo (masculino o femenino), clásico (como ha sido hasta ahora) sería, según la ideología de género, una invención de la familia tradicional, de la cultura machista, de la sociedad atrasada anti-progresista; invención que viene impuesta con violencia por parte de las susodichas superestructuras a los neonatos, sin respetar sus inclinaciones, sus sentimientos y sus elecciones subjetivas.
Entonces, según la ideología de género, el machismo, la religión, la filosofía clásica (desde Platón a la Escolástica) y la familia (constituida por un hombre, una mujer y unos hijos) han impuesto a la humanidad la distinción entre hombre y mujer para poder someter y explotar a las mujeres haciéndolas diversas de los hombres y relegándolas a la casa. Y, contra estas superestructuras atrasadas y reaccionarias, es necesario combatir la guerra de género. Sigue leyendo
Hoy jueves, se rezará el Rosario por España en 29 localidades
12 noviembre, 2015
Como cada día 12 de mes, hoy Jueves 12 de Noviembre, fieles católicos de toda España volveremos a concentrarnos para rezar públicamente el Rosario por España en 29 localidades de nuestra Patria. Este mes de Noviembre, se cumple además el tercer aniversario desde que se inició el Apostolado en Murcia, desde entoces se ha extendido a varios lugares de España e incluso del extranjero. Los lugares escogidos para el rezo son siempre sitios públicos de gran transito, con el fin de testimoniar la Fe de forma pública y de invitar a los transeúntes a unirse al rezo. El Rosario por España también se reza en conventos y comunidades religiosas de toda España.
¿QUE ES EL ROSARIO POR ESPAÑA?
El Rosario por España es un apostolado que se inicia de manera espontánea por un grupo de católicos comprometidos ante la difícil situación que vive nuestra Patria. Si bien la primera convocatoria solo se realizó en Murcia, rápidamente se fue extendiendo a otros lugares y se difundió a través de los nuevos medios como es Internet y las redes sociales, conforme el apostolado se fue dando a conocer, numerosos grupos de voluntarios empezaron a organizarlo en varias localidades, hasta llegar realizarse en 29 localidades de España y varios lugares más en el extranjero cuando se cumplen tres años de su nacimiento.
El apostolado cuenta con su correspondiente dirección espiritual a cargo de un Sacerdote de confianza, y sigue las mismas pautas para su rezo en todos los lugares donde se reza.
Creemos que la secularización de España y su progresiva renuncia a la Fe Católica es la principal causa de su crisis moral, que tiene su expresión tangible en una fuerte crisis económica, una legislación que atenta contra la familia y la vida, y una amenaza real de ruptura de la Unidad Nacional, por tanto creemos que solamente la interpelación de la Santísima Virgen María, Reina de España, y la conversión sincera de los corazones, pueden salvar a nuestra Patria del abismo al que se dirige de manera inexorable en la actualidad. Sigue leyendo
De los vicios y sus remedios: la soberbia
12 noviembre, 2015
Habiendo pues de tratar de los vicios y de sus remedios, comenzaremos por aquellos siete que se llaman capitales, porque son cabezas y fuentes de todos los otros. Porque así como cortada la raíz de un árbol se secan luego todas las ramas que recibían vida de la raíz, así cortadas estas siete universales raíces de todos los vicios, luego cesarán todos los otros vicios que destas raíces procedían. Por esta causa Casiano escribió con tanta diligencia ocho libros contra estos vicios (lo cual también han hecho con mucho estudio otros muy graves autores) por tener muy bien entendido que vencidos estos enemigos, no podrían levantar cabeza todos los otros.
La razón de esto es, porque todos los pecados (como dice Santo Tomás) originalmente nacen del amor proprio: porque todos ellos se cometen por codicia de algún bien particular que este amor proprio nos hace desear. De este amor nacen aquellas tres ramas que dice S. Juan en su Canónica (I. Juan. 2),que son: codicia de la carne, codicia de los ojos y soberbia de la vida, que por términos más claros son: amor de deleites, amor de hacienda y amor de honra; porque estos tres amores proceden de aquel primer amor. Pues del amor de los deleites nascen tres vicios capitales, que son: lujuria, gula y pereza. Del amor de la honra nasce la soberbia, y del amor de la hacienda el avaricia. Más los otros dos vicios, que son ira y envidia, sirven a cualquiera destos malos amores, porque la ira nace de impedirnos cualquiera de estas cosas que deseamos; y la envidia de quienquiera que nos gana por la mano y alcanza aquello que el amor proprio quisiera antes para sí que para sus vecinos. Pues como éstas sean las tres universales raíces de todos los males, de las cuales proceden estos siete vicios; de aquí es que, vencidos estos siete, queda luego el escuadrón de todos los otros vencido. Por lo cual todo nuestro estudio se ha de emplear ahora en pelear contra estos tan poderosos gigantes, si queremos quedar señores de todos los otrosenemigos que nos tienen ocupada la tierra de promisión.
Entre los cuales el primero y más principal es la soberbia, que es apetito desordenado de la propia excelencia. Ésta dicen los santos que es la madre y reina de todos los vicios: y por tanto, con mucha razón aquel santo Tobías, entre otros avisos que daba a su hijo, le daba éste, diciendo (Tobías IV): Nunca permitas que la soberbia tenga señorío sobre tu pensamiento, ni sobre tus palabras: porque de ella tomó principio toda nuestra perdición.Pues cuando este pestilencial vicio tentare tu corazón, puedes ayudarte contra él de las armas siguientes: Sigue leyendo
Meditación: Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios
12 noviembre, 2015
Punto I. Considera la importancia de la virtud, pues sin ella no se puede ver a Dios; en tanto grado que aunque uno tenga las demás, si le falta la recta intención en la pobreza, mansedumbre, celo de las almas y misericordia con los pobres, y en la paciencia, en las adversidades, y mancha su alma con afectos de vanidad, no alcanzará la bienaventuranza, como lo testifica San Pablo diciendo: Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve; de lo cual has de sacar un grande aprecio de la gracia divina y de la limpieza del corazón, para diligenciarla y conservarla con todas las fuerzas de tu alma, y pedirle a Dios continuamente sobre todas las virtudes. Piensa en este punto cuántas obras has perdido por falta de ella, y llora tus pérdidas y estudia en recuperarlas en la vida venidera.
Punto ll. Considera lo que dice san Agustín y san Bernardo, que no son bienaventurados los limpios de cuerpo, sino del alma, ni los puros de sangre, por acendrada que sea, sino los de la conciencia. Considera el engaño del mundo, que pone todo su cuidado en la limpieza y hermosura del cuerpo, y en la pureza de la sangre y estimación del linaje, que tan poco vale a los ojos de Dios, y al mismo paso se descuida de la limpieza del alma y del corazón, con que ha de ver a Dios: abre los ojos de la consideración y mira que presto pasara esta farsa, y aparecerá la verdad y se desvanecerá la mentira, y que poco aprovecharán la hermosura, la nobleza y linaje humano, y de todo lo que el mundo adora, y solo se hará caso de la limpieza del corazón, y la gracia y amistad de Dios que se adquiere con ella; y pon todo tu cuidado en adquirir esta y despreciar aquella.
Punto III. Considera lo que dice san Gerónimo sobre estas palabras, que como Dios es tan limpio y puro, no se deja ver ni se comunica sino a los muy puros y limpios de corazón; porque si cada uno ama su semejanza, mucho más la ama Dios, por lo cual, dijo Salomón: el que afecta la limpieza del corazón, tendrá al rey por amigo; porque Dios se le inclinará y le hará merced; y al contrario, aborrecerá al que está manchado con la inmundicia del pecado; y saca de esta verdad aborrecer la inmundicia y amar la limpieza del alma con todo el afecto de tu corazón, para que merezcas ver a Dios.
Punto IV. Considera la grandeza de este premio y la dicha de los que le alcanzan y la desdicha de los que le pierden; porque en cuanto a la grandeza no puede ser mayor, que es la visión de Dios, en que se cifra toda nuestra felicidad, y por ella poseemos al mismo Dios y con él todo cuanto podemos desear; y por el consiguiente no puede alcanzar una criatura mayor dicha que esta, ni puede tener mayor desdicha que perderla y estar condenado a eternas penas. ¡Oh premio sobre todo premio, y dicha sobre toda dicha, felicidad verdadera, que abrazas y encierras todas las felicidades que se pueden desear! Dadme, Señor mío, vuestra gracia para que lave mi corazón con lágrimas, y le purifique de la escoria de toda mancha de pecado con el fuego de la contrición, y que estén siempre limpios mi alma y mi corazón para merecer veros a vos: está sola cosa os pido con David, y esto os pediré y os suplicaré, no más que more yo en vuestra casa y posesión todos los días de mi vida, sin apartarme de vos por siempre jamás. Amen.
Padre Alonso de Andrade, S.J
Tomado de:
La conversión de la consciencia de Newman y la resolución a la crisis de la Modernidad
11 noviembre, 2015
Al igual que el año pasado, cuando les proporcionamos el texto de “La Conferencia Inaugural del Beato John Henry Newman” a cargo del Dr. Stephen McInerney sobre Newman y el Rito Romano, este año les proporcionamos el texto de la segunda conferencia, impartida por el P. Scot Armstrong *, miembro fundador del Oratorio de Brisbane (en proyecto de formación).
Aldous Huxley, en su novela Un mundo feliz, escribió un pasaje fascinante en el que hizo mención de “un Cardenal Newman”. Mustapha Mond explica por qué Dios se ha hecho innecesario, citando en primer lugar a Newman:
”No somos más nuestros de lo que es nuestro lo que poseemos. No nos hicimos a nosotros mismos, no podemos ser superiores de nosotros mismos. No somos nuestros propios dueños. Somos propiedad de Dios. ¿No consiste nuestra felicidad en ver así las cosas? ¿Existe alguna felicidad o algún consuelo en creer que somos nuestros? Es posible que los jóvenes y los prósperos piensen así. Es posible que éstos piensen que es una gran cosa hacerlo según su voluntad, como ellos suponen, no depender de nadie, no tener que pensar en nada invisible, ahorrarse el fastidio de tener que reconocer continuamente, de tener que rezar continuamente, de tener que referir continuamente todo lo que hacen a la voluntad de otro. Pero a medida que pase el tiempo, éstos, como todos los hombres, descubrirán que la independencia no fue hecha para el hombre que es un estado antinatural, que puede sostenerse por un momento, pero no puede llevarnos a salvo hasta el fin…“ [4] Sigue leyendo
Los fariseos y los saduceos de nuestra época
11 noviembre, 2015
La crítica a los «fariseos» es habitual en las palabras del papa Francisco. En numerosos discursos pronunciados entre 2013 y 2015, ha hablado de la «enfermedad de los fariseos» (7 de septiembre de 2013), «que reprochan a Jesús que no respete el sábado» los escribas, fariseos y doctores de la ley del tiempo de Jesús» (19 de septiembre de 2014).
En el ángelus del 30 agosto dijo que, al igual que para los fariseos, «también nosotros corremos el peligro de creer que somos muy buenos, o lo que es peor, considerarnos mejor que los demás por el sólo hecho de que cumplimos las reglas, las costumbres, aunque no amemos al prójimo y seamos duros de corazón, soberbios, orgullosos».
El 8 de noviembre de 2015 contrapuso la actitud de los escribas y de los fariseos, basado en la «exclusión», al de Jesús, fundamentado en la «inclusión». La alusión a los fariseos es evidente, por último, en el discurso con el que el pasado 24 de octubre clausuró el XIV Sínodo ordinario sobre la familia. ¿Quiénes si no son «los corazones cerrados, que a menudo se esconden incluso detrás de las enseñanzas de la Iglesia, o detrás de las buenas intenciones, para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas», sino «los fariseos, que hacían de la religión un cúmulo inacabable de mandamientos» (26 de junio de 2014)? Se diría que fariseo es cualquiera que defienda con obstinado orgullo la existencia de mandamientos, leyes y normas absolutas e inderogables de la Iglesia.
¿Rezamos todos los creyentes al mismo Dios?
11 noviembre, 2015
Profundizando en la fe (Capítulo 2): Dios y sus perfecciones (I)
¿Rezamos todos los creyentes al mismo Dios?
En el capítulo precedente decíamos que el hombre puede llegar a conocer la existencia de Dios y algunas de sus propiedades mediante el mero uso de su razón. A lo largo de la historia el hombre usó diferentes modos y vías para poder llegar hasta Él; ahora bien, el grado y perfección del conocimiento que llegaron a tener de su Creador no era el mismo en todas las culturas. Es por ello que Dios, movido por su benevolencia hacia el hombre, se reveló a Sí mismo para que de ese modo pudiéramos llegar a conocerle y amarle mejor (DS 3004).
Si clasificáramos a los hombres según su relación con Dios, y simplificando mucho, los dividiríamos en los siguientes grupos:
- Hay hombres que rechazan que Dios exista; estos son los ateos. Aunque hoy día aquellos que se confiesan como ateos son más los ateos prácticos que los teóricos; es decir aquellos que eliminan a Dios de sus vidas porque no quieren que forme parte de las mismas. Cuestión aparte sería el caso del budismo. El budismo no es propiamente una religión sino una filosofía y una ética. Para el budista no tiene sentido preguntarse por la existencia de Dios.
- Hay hombres, especialmente en culturas más antiguas y menos desarrolladas desde el punto de vista filosófico y religioso, que descubren la existencia de seres supremos a quienes llaman “dioses”; atribuyéndoles a cada uno propiedades o facultades diferentes según el área humana sobre la que van a intervenir. Eso ocurrió principalmente en las culturas griegas y romanas; aunque también lo vemos en culturas egipcia, hebrea pre-abramítica, mesopotámicas, japonesa (sintoísmo)…
- Hay otros, que valiéndose de las diferentes religiones y culturas llegan a conocer la existencia de un solo Ser supremo; pero cuando uno empieza a indagar un poco en sus creencias descubre que ese Ser supremo no es igual en todas las religiones que se declaran monoteístas. A saber: islam, judaísmo y cristianismo.
El origen del mal
11 noviembre, 2015
Un profesor eminente desafía a sus alumnos con una pregunta:
—¿Creó Dios todo lo que existe?
La respuesta, inmediata, llega de parte de uno de los estudiantes más decididos:
—Sí señor. Dios creó todo lo que existe. Sigue leyendo
Meditación: bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia
11 noviembre, 2015
Meditación para el miércoles veinticuatro después de Pentecostés
Punto I. Considera que conforme a la ley y preceptos divinos estamos obligados a amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos y por el consiguiente como dice san Remigio, citado de santo Tomás, a tener sus miserias por nuestras, y apiadarnos de él como de nosotros mismos. Pues mira si tú cumples esta ley o si vas por el camino contrario, siendo muy piadoso para contigo y muy impío para con tu prójimo; y vuelve la hoja y ten misericordia de tus hermanos, como quieres que la tengan de ti: mídelos con tu propia medida, y pídele a Dios gracia para cumplir este consejo y ser alistado en el catálogo de esta bienaventuranza.
Punto II. Considera la misericordia que Dios tiene de ti, y cuántos pecados te perdona, y cómo se apiada de tus cuitas y socorre tus necesidades: acuérdate que dijo Cristo: sed misericordiosos como vuestro Padre lo es; y estudia en imitar esta misericordia con tus prójimos, como Dios la usa contigo, y pídele su favor para imitar su ejemplo y ser misericordioso como él lo es.
Punto III. Considera cuánta necesidad tienes de que Dios use de misericordia contigo, y qué será de ti si no la usa, sino antes se vale de todo rigor, y considera el premio, que promete a los misericordiosos: conviene a saber, que tendrá de ellos misericordia, no solo en esta vida sino también en la otra: en testimonio de lo cual el día del juicio no hace mención de otra virtud sino de esta, diciendo a sus escogidos: Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer, etc. Y a los malos lanzará en el infierno porque no usaron de está misericordia con sus prójimos. Pues si quieres que tenga ahora y entonces misericordia de ti tenla tú de tus prójimos, porque el que la tiene, como dice David dispone sus cosas para el día del juicio y el que no, traza su condenación.
Punto IV. Ten también misericordia de tu alma siguiendo el consejo del Eclesiástico, que dice: apiádate de tu alma agradando a Dios. Mira las miserias que padece, las necesidades en que se halla, el desamparo en que la tienes, y conoce que ninguno es más prójimo tuyo que tú mismo a ti, y ten misericordia de ti: considera con atención las voces que te da y el remordimiento de tu conciencia y óyela, socórrela, ayúdala y consuélala: sácala de los vicios y pecados con la ayuda de Dios, el cual te la dará para mejorarla y perfeccionarla con todas las virtudes y alcanzarán la misericordia del Señor.
Padre Alonso de Andrade, S.J
Tomado de:
Breve explicación del Avemaría – Por San Luis María Grignon de Montfort
11 noviembre, 2015
¿Estáis en la miseria del pecado? Invocad a la divina María; decidle: “Ave”, que quiere decir: “Te saludo con profundo respeto, oh Señora, que eres sin pecado, sin desgracia.” Ella os librará del mal de vuestros pecados.
¿Estáis en las tinieblas de la ignorancia o del error? Venid a María; decidle: “Ave, María”, es decir: “Iluminada con los rayos del sol de justicia.” Ella os comunicará sus luces.
¿Estáis separados del camino del cielo? Invocad a María, que quiere decir:Estrella del mar y Estrella polar que guía nuestra navegación en este mundo. Ella os conducirá al puerto de eterna salvación.
¿Estáis afligidos? Recurrid a María, que quiere decir: “mar amargo”, que fue llena de amarguras en este mundo, al presente cambiada en mar de purísimas dulzuras en el cielo. Ella convertirá vuestra tristeza en alegría y vuestras aflicciones en consuelos.
¿Habéis perdido la gracia? Honrad la abundancia de gracias de que Dios llenó a la Santísima Virgen; decidle: “Llena de Gracia” y de todos los dones del Espíritu Santo. Ella os dará sus gracias. Sigue leyendo
Bienvenido a la Guerra
10 noviembre, 2015
Si, últimamente, usted ha estado prestando atención a la cobertura de la Iglesia Católica, habrá notado un incremento en la aparición de terminología bélica, con palabras tales como “conflicto”, “batalla” e incluso “guerra”, empleadas para describir el ajetreo de estos días dentro y alrededor del Vaticano.
Si bien esta forma de hablar es bastante común para las publicaciones católicas más devotas, ésta se ha expandido, recientemente, más allá de las estrechas fronteras de la blogsfera católica y ha entrado en las corrientes principales de la sociedad civil: Tess Livingston de The Australian, Tim Stanley de The Telegraph, Ross Douthat de The New York Times y ahora Damian Thompson de The Spectator, han llegado todos a la misma conclusión: estamos al borde de una guerra civil.
¿Es, sólo, más manipulación mediática? ¿Un poco de exageración para incrementar los ingresos? A algunos les gustaría que usted pensara así. Recientemente, el Cardenal Donald Wuerl apareció en el programa World Over Live, con Raymond Arroyo, en parte para asegurar a los espectadores que “no existe ninguna división sobre las enseñanzas básicas de la fe” entre los obispos. Estamos, supongo, para ignorar voces como las del Arzobispo polaco Henryk Hoser quién declaró recientemente: “…algunos obispos […] ni siquiera aceptan las enseñanzas oficiales de la Iglesia.”. Y, si no las ignoramos,- si rechazamos la narrativa al estilo de Sunshine, Lollipops and Rainbows (Luz de Sol, Paletas y Arco iris, una canción de Lesley Gore)-, y en su lugar vemos los sucesos dentro de un marco de “narrativa políticamente partidista”, entonces nos merecemos ser silenciados, tal como lo descubrió Ross Douthat, después de que su comentario provocara las iras de un grupo de intelectuales católicos progresistas y de profesores universitarios. Sigue leyendo
«Religión del sentimiento» = Cielo fácil
10 noviembre, 2015
El New Age va invadiendo todas las áreas del quehacer humano y, como su meta principal es la destrucción de la fe cristiana, no debe extrañarnos la influencia de técnicas paganas en la oración cristiana. Peligrosa amenaza que está siendo promovida también desde dentro de la propia Iglesia -inclusive por sacerdotes- y desde empresas editoriales y librerías católicas. Hay suficientes libros religiosos y de oración enmarcados dentro de esta corriente del New Age, así como cursos, talleres, conferencias etc. que tratan de incorporar a la oración cristiana dichas técnicas de oración provenientes del paganismo oriental.[1]
«La ideología subyacente del New Age es francamente pagano e incluye las siguientes ideologías y filosofías: panteísmo, sincretismo, monismo, gnosticismo, teosofía, esoterismo, ocultismo, relativismo moral y práctico, subjetivismo, reencarnacionismo, idolatría, misticismo oriental, materialismo y hedonismo, igualación de las religiones».[2]
Es una desgracia confundir la verdadera religiosidad con expresiones corporales, gestuales y rítmicas: «la fe no es un sentimiento religioso ciego que surge de las profundidades del subconsciente, bajo el impulso del corazón y el movimiento de la voluntad moralmente informada, sino que un verdadero asentimiento de la inteligencia a la verdad adquirida extrínsecamente, asentimiento por el cual creemos verdadero, a causa de la autoridad de Dios cuya veracidad es absoluta, todo lo que ha sido dicho, atestiguado y revelado por el Dios personal, nuestro creador y nuestro Señor.»[3] Sigue leyendo
Carta del obispo Misericordio al apóstol San Pablo
10 noviembre, 2015
Del obispo Misericordio de Laodicea, al apóstol Pablo. Que la gracia y la paz estén contigo.
Recientemente me hicieron llegar una copia de tu primera carta a los corintios, y hay unos pocos asuntos que me gustaría abordar contigo.
Me maravillo de tu concepción de Dios cuando dices:
«¿No sabéis acaso que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, lo destruirá Dios a él; porque santo es el templo de Dios, que sois vosotros.» (1 Cor. 3, 1617)
Amado apóstol de Dios, ¿no sabes que Dios es un Dios de amor, y no de cólera? Es tan misericordioso que no puede «destruir» a una persona. Harías bien en aprender que Dios ama tanto a sus hijos que no los condena.
Incluso me preocupan más las amenazas que lanzaste a los corintios, diciendo:
«Algunos se han engreído, como si yo no hubiese ya de volver a vosotros. Mas he de ir, y pronto si el Señor quiere; y conoceré, no las palabras de esos hinchados, sino su fuerza. Pues no en palabras consiste el reino de Dios sino en fuerza. ¿Qué queréis? ¿Que vaya a vosotros con la vara, o con amor y con espíritu de mansedumbre?» (1 Cor. 4,18-21)
¡Oh, querido apóstol, ¿no sabes que no debemos emplear un lenguaje duro, sino que debemos acompañar a esa personas en su peregrinaje de fe? Sigue leyendo
Una casa endemoniada en España y un milagro
10 noviembre, 2015
En Cazalla de la Sierra, en España, había una casa deshabitada, próxima al convento de Padres Agustinos, la cual era frecuentada por los demonios. El sábado 12 de Septiembre de 1693, a eso de las nueve de la noche, salió de aquella casa un ruido formidable, seguido de una granizada de piedras que cayeron por tres horas consecutivas sobre el techo de la iglesia y sobre el del monasterio, repitiéndose el mismo fenómeno en los tres días siguientes. Hallábase todo el mundo tan aterrado, que el Prior del convento, P. GasparPáez, creyó necesario emplear cuanto antes las preces de los exorcismos contra un hecho tan extraordinario. Dirigióse á la capilla, que caía enfrente de la casa endemoniada, y comenzó los exorcismos en medio de un diluvio de piedras, que continuaban arrojando los espíritus infernales; piedras que, sin embargo, a nadie herían ni dañaban. «Espíritu soberbio, dijo entonces el santo religioso, no quieres rendirte a los sagrados exorcismos, más yo te haré obedecer por la intercesión del gran Nicolás». A este nombre, que les era tan odioso, redoblaron los demonios sus ataques, y tal cantidad de materiales lanzaron sobre la iglesia, que los asistentes huyeron despavoridos.
No queriendo el P. Gaspar ceder al espanto, hizo anunciar para el siguiente día una solemne y pública procesión, en la cual sería llevada una imagen del Taumaturgo de Tolentino.
Al otro día, después de la Misa cantada, dirigiéronse los religiosos y el pueblo a la casa ocupada por Satanás, rezando fervorosamente el Rosario, a fin de obtener la protección de la Virgen Madre de Dios. Conforme la procesión iba llegando, dejóse otra vez percibir el ruido, que fué después cesando ante las preces y la imagen de Nicolás, y retumbando por fin dos gritos espantosos, como señal de la marcha definitiva de los espíritus infernales, alejáronse de allí para no volver jamás. La imagen del Santo, a la cual se atribuyó el milagro, fué conducida a la iglesia con extraordinaria pompa, y rodeada de numerosas luces, sencillos testigos de un piadoso agradecimiento. Dicha imagen, según uso de la época, estaba formada de un cuerpo de cera, vestido de tela, como una persona viva.
Un milagro
Sucedió, después de esto, que, habiéndose quedado solo en la iglesia el sacristán para apagar las candelas, no pudo conseguirlo, y, a pesar de su habilidad y sus esfuerzos, éstas siguieron encendidas. Lleno entonces aquél de admiración, quedóse mirando a la milagrosa imagen, y exclamó: « ¿Qué es eso, ¡oh mi Santo glorioso!? » Aproximóse después, y vió con estupor que la cara de Nicolás estaba cubierta de gotas que parecían de agua. Creyendo en un principio que sería el agua bendita, que habría caído durante los exorcismos sobre la santa imagen, quiso borrarlas con un pañuelo; mas, cosa extraña, a medida que iba él frotando, nuevas y abundantes gotitas aparecían corriendo por la cara, semejantes a las gotas de sudor.
Ante este prodigio, apresuróse el sacristán a llamar a los otros religiosos, los cuales, habiéndolo presenciado, abrieron las puertas de la iglesia y tocaron las campanas llamando al pueblo, que acudió inmediatamente en tropel. Tres veces se vió inundada la imagen, y los médicos que vinieron a examinar el hecho de cerca dijeron unánimemente que la efusión de sudor era semejante a la que sale de los cuerpos animados y llenos de vida. Renovóse el prodigio el jueves siguiente a las cinco de la tarde, y al otro día a las doce de la mañana; mas ahora todavía era más extraordinario y más completo, pues el sudor corría de su mano izquierda, en la que tenía un libro.
Empapóse enteramente el vestido que cubría la imagen de esta agua maravillosa, la cual fué, para los enfermos y achacosos, fuente de curaciones y de salud. Cualquiera tela mojada en aquella agua obtenía al instante el milagro solicitado por aquellos que hacían uso de ella.
La relación que acabamos de hacer se lee en una Memoria, sumamente interesante, impresa en Cádiz en 1694. Reprodújola el Padre Ricardo, que murió Obispo de Cagliari, en una Vida de San Nicolás impresa en Madrid, a sus expensas, en 1701.
Imposible nos sería hacer siquiera mención de los demás milagros de nuestro Taumaturgo; es demasiado grande su número. Creemos que los que dejamos referidos muestran suficientemente cuánto sea el poder de Nicolás en el Cielo y su compasión para con los que aun vivimos en la Tierra. Permítasenos solamente volver a recordar aquí que el historiador Lanteri cuenta resurrecciones de muertos, y aduce otro número casi infinito de hechos maravillosos que han hecho de San Nicolás, según la expresión del Papa Eugenio IV, el más grande Taumaturgo de la Iglesia católica.
VIDA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO, Fuente
http://sanmiguelarcangel-cor-ar.blogspot.com.es
Tomado de:
Meditación: de la venida del Señor y sus señales
10 noviembre, 2015
Meditación para el martes veinticuatro después de Pentecostés
Punto I. Considera cómo llegando el fin del mundo dará muestras de acabarse, como suelen los hombres cuando se les acaba la vida, y como dice Cristo, el sol se oscurecerá, y la luna no dará luz, y los cielos se desencajaran de sus ejes y perderán su orden y movimiento, y las estrellas caerán del cielo en la tierra, y todos los elementos se descompondrán, y todo el universo perderá su orden y se reducirá a una temerosa confusión. Considera el fin que tienen todas las cosas, y cuál estarán entonces los malos, sintiendo que viene sobre ellos y se acerca la justicia de Dios; si ahora tiemblan de un relámpago o de oír un trueno. ¿Qué temblor les causaran tantos truenos y rayos como entonces caerán del cielo, y las mismas estrellas que se desencajaran de sus lugares y abrasarán el mundo? Atiende a la vanidad de él y cuál quedará desecha toda esta farsa cuando no se vea rey, señor, príncipe ni monarca, sino que todos sean iguales, y que ninguno tenga quien le valga ni se pueda valer a sí mismo, y solo les acompañen sus obras. Abre ahora los ojos, y mira despacio lo que entonces quisieras haber hecho, y ponlo en ejecución.
Punto II. Considera lo que dice Cristo, que enviará delante de si, como precursores de su venida, a los ángeles con trompeta y voz grande, a que junten los hombres de las cuatro partes del mundo, y al sonido de aquella trompeta resucitarán todos los muertos y parecerán en el tribunal de Cristo cada uno conforme hubiere vivido: los malos llorarán, y los buenos se alegrarán, y cada uno tendrá las esperanzas según hubiere vivido. Medita despacio esta resurrección, y cómo estarás en aquel teatro universal del mundo; y saca de aquí desengaño de la vanidad presente de este siglo y propósitos firmes de disponer las cosas de tu alma para lo futuro.
Punto III. Considera lo que dice el Señor, que vendrá en las nubes del cielo con grande potestad y majestad, y todas las tribus y naciones de la tierra le temblarán y lloraran su venida, especialmente los que no lloraron acá y se dieron a risas y deleites en esta vida: dispón la tuya en mortificación y penitencia de manera que puedas entonces gozarte con los escogidos y no llorar con los condenados.
Punto IV. Carga la consideración sobre las últimas palabras de Cristo que dice: el cielo y la tierra faltarán más mis palabras no. Pondera la firmeza de esta verdad, y la duración de la vida futura: cotéjala con la brevedad de la presente, y hallarás que esta es un sueño y menos que un instante, respecto de la duración de aquella. Alarga los ojos de la consideración á aquella duración sin fin y a aquel tiempo sin término para siempre: llora la ceguedad de los que por gozar de este soplo de vida engañosa, pierden aquella verdadera y eterna, y pide al Señor afectuosamente que los desengañe y que te dé su gracia para no caer en su ceguedad, sino despreciar todo lo presente, caduco y perecedero por gozar de la vida bienaventurada y eterna.
Padre Alonso de Andrade, S.J
Tomado de:
Papado en colapso: “ha comenzado la crisis del Partido Bergogliano (que dejará a la Iglesia devastada)” (Socci)
9 noviembre, 2015
1. Un par de semanas atrás, antes del Sínodo, nuestro escritor invitado y experto en asuntos de Roma, don Pío Pace advirtió: ” ¿nos encaminamos ahora al fracaso del pontificado de la «apertura» de Francisco? La Iglesia posconciliar parece ser intrínsecamente ingobernable”.
2. Este jueves 5 de noviembre, en el artículo de portada del periódico The Spectator, Damian Thompson describe lo que él denomina “guerra civil católica”. En la conclusión de Thompson queda claro quién es el culpable: “comienza a parecer que Jorge Bergoglio fue el hombre que heredó el papado y lo rompió.” (La portada de The Spectator ilustra muy bien este punto).
3. El mismo jueves, el analista religioso italiano Antonio Socci publicó un texto que apunta en la misma dirección del de Thompson: el colapso del pontificado en medio de una guerra civil iniciada por el mismo Papa. Socci lo profundiza: identifica al Partido de Bergoglio (el que causó la renuncia de Benedicto XVI y la elección del cardenal Bergoglio) como el centro de la crisis actual. Es muy importante recordar que fue la CURIA la que provocó las vejaciones que llevaron al debilitamiento del papa Ratzinger, y la Curia de Sodano y el Grupo de St-Gallen (conocido ahora como el Mafia Club), liderado por cardenales ultra-progresistas como Danneels y los herederos de Martini, quienes se aglutinaron alrededor de Bergoglio en el cónclave crucial de 2013.
***
Ha comenzado la crisis del Partido Bergogliano (que dejará a la Iglesia devastada)…
Antonio Socci
“Libero”
5 de noviembre 2015
Premisa personal: en 2012 escribí una especie de novela fantástica, “Los días de la tempestad” en la que narré la historia de un Papa extranjero que arribaba en el 2015, cerraba el IOR, albergaba cristianos perseguidos en los palacios del Vaticano y vivía en el suburbio obrero de Torpignattara, en Roma. Estaba entusiasmado con la idea de una renovación evangélica.
FRACASO
Por desgracia debemos reconocer que en tres años, el papa Bergoglio no ha hecho lo que esperábamos de él ni lo que dijo que iba a hacer. Ha intentado poner a punto la máquina curial y económica, pero al revés, arrojando resultados confusos y a veces contraproducentes.
El Papa contra la Iglesia – la anatomía de una guerra civil Católica
9 noviembre, 2015
Sus reformas variadas y sus declaraciones extravagantes lo hacen parecer fuera de control según el Católico conservador medio.
Damian Thompson
El domingo pasado, el diario italiano La Repubblica publicó un artículo de Eugenio Scalfari, uno de los periodistas más famosos del país, en el que afirmó que el papa Francisco le acababa de transmitir que “al final, tarde o temprano, a todo divorciado que solicite volver a recibir la Sagrada Comunión le será admitido”.
La opinión católica quedó atónita. El Papa acababa de presidir un sínodo de obispos de tres semanas en el Vaticano que estuvo muy dividido sobre si se debe permitir que los católicos divorciados vueltos a casar reciban el sacramento. Finalmente, se votó para no decirse demasiado.
El lunes, el portavoz del Papa, el Padre Federico Lombardi, dijo que el informe de Scalfari “no era para nada fiable” “que no se lo puede considerar como el pensamiento del Papa”.
Ciertamente usted puede pensar, Scalfari tiene 91 años. Además, no toma notas durante sus entrevistas ni utiliza grabadora. Por supuesto que no es “fiable”.
Pero esto no fue suficiente para los medios, ya que señalaron que el Papa sabía exactamente en lo que se estaba metiendo. Esta es la cuarta vez que el Papa le ha concedido una entrevista a un hombre que tan solo confía en su memoria nonagenaria. En su último encuentro, Scalfari citó al Papa como diciendo que el dos por ciento de los sacerdotes católicos eran pedófilos, incluyendo obispos y cardenales. El pobre Lombardi tuvo que salir a arreglarlo entonces, también en esa ocasión. Aunque en esta última ronda, los católicos le otorgaron a Francisco el beneficio de la duda. Muchos otros dicen: “no importa Scalfari, pero ¿cómo se puede confiar en lo que dice el Papa?” Sigue leyendo
Ninguna misericordia para los Franciscanos y Franciscanas de la Inmaculada
9 noviembre, 2015
Bienaventurados seréis cuando os injurien y persigan y, mintiendo, digan contra vosotros todo mal por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será abundante en los cielos; así persiguieron también a los profetas que os precedieron. (Mt 5, 11-12)
En esta “nueva” Iglesia volcada a dispensar misericordia a raudales para todos los pecadores que quieran comulgar sin arrepentirse de sus pecados, ni mucho menos dejar de pecar, no queda ni una mísera, pequeñísima pastilla de “misericordina” para los Franciscanos y Franciscanas de la Inmaculada.
Es lo que se deduce del último giro de tuerca de la persecución despiadada a la que está sometida la Orden fundada por el Padre Stefano Maria Manelli en 1969 y reconocida de derecho pontificio en 1998. Una Orden religiosa que, en lo más crudo del crudo invierno eclesial posconciliar, había llegado a contar, antes de que empezara la obra de demolición en 2013, 384 frailes (en 55 comunidades) y 400 monjas (en 48 conventos), además de muchos grupos de terciarios con votos. Recordemos que la fundación se debió a la respuesta de Padre Manelli, hijo espiritual de San Pío de Pietrelcina, a la llamada de Concilio Vaticano II para un retorno a las fuentes originarias del carisma de cada familia religiosa y promover así una verdadera renovación de la Iglesia. Por lo que, desde su origen, la nueva Orden se quiso caracterizar por el deseo de vivir integralmente la vida franciscana, siguiendo las huellas del “Poverello” de Asís según el ejemplo de San Maximiliano Kolbe, “el San Francisco del siglo XX” como lo definió Juan Pablo II.
En una serie de artículos anteriores publicados en Adelante la Fe, intenté resumir las etapas de la estrategia de sistemática destrucción de este pujante Instituto querida, diseñada y llevada a cabo por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, bajo la aprobación y supervisión del mismo Papa Francisco. El crimen principal de los Franciscanos de la Inmaculada y de su rama femenina fue el de seguir fielmente la Doctrina y el Magisterio de la Iglesia según su Tradición perenne, interpretando el Concilio Vaticano II a la luz de aquella “hermenéutica de la continuidad” de la que hoy ya nadie se acuerda.
Evidentemente el leer y vivir la vida religiosa, en particular, y la vida espiritual, en general, en continuidad con casi 2000 años de historia representa para esta “nueva” Iglesia un pecado gravísimo, tal vez el único pecado que aún exista sobre la faz de la tierra. Si además esta misma Orden persiste en celebrar también, aunque no exclusivamente, la Santa Misa según el Vetus Ordo, aplicando lo establecido en el Motu Proprio de Benedicto XVI Summorum Pontificum, pues entonces ese pecado se convierte en imperdonable. Sigue leyendo
¿Basta, para comulgar, no estar en pecado mortal?
9 noviembre, 2015
Discípulo. —Ahora, dígame, Padre: ¿basta, para comulgar, no estar en pecado mortal?
Maestro. —Sí, además de estar en ayunas en la forma como lo prescribe la Iglesia y de saber lo que se va a recibir, basta no estar en pecado mortal para comulgar. Sin embargo, es necesario también ir con rectitud de intención, como, por ejemplo, para amar a Jesucristo, por espíritu de devoción, para obtener gracias espirituales y materiales, pues cuanto con mejores disposiciones se vaya a comulgar, más bendiciones y gracias se recibirán.
Jesucristo, al tomar nuestra naturaleza humana, se ha acomodado, por decirlo así a nuestro modo de ser. ¿No hacemos así nosotros con nuestros amigos y conocidos y, en general, con nuestros prójimos? Cuando uno nos ama, nos honra y nos aprecia con predilección, nosotros correspondemos a ese amor y atenciones; al que más nos aprecia y nos estima, más le amamos y estimamos también nosotros.
Lo mismo sucede con la Comunión; cuanto con más fe, piedad y devoción nos acercamos a comulgar, mejor nos conquistamos la simpatía, la bondad y la delicadeza del corazón de Jesucristo. Sigue leyendo
Meditación: de la última calamidad del mundo y sus señales
9 noviembre, 2015
Meditación para el lunes veinticuatro después de Pentecostés
Punto I. Considera que la última calamidad que Cristo profetiza al mundo es la venida del Anticristo a engañar a los hombres con santidad fingida y milagros aparentes y en la verdad falsos, con que pervertirá a muchos, haciendo guerra al descubierto a Cristo, y así se llamará Anticristo, que quiere decir contra Cristo. Considera pues ahora si ha llegado esta calamidad en nuestros tiempos, en los cuales vemos tantas santidades fingidas, y milagros falsos, y virtudes aparentes y tantos que al descubierto hacen guerra a Cristo y pervierten las almas, no solo entre los infieles y herejes, sino en el gremio de la Iglesia entre los cristianos, los cuales como dice el Apóstol son anticristos y merecen este nombre por sus obras. Llora la desventura de nuestros tiempos, la ingratitud de los malos cristianos, y los muchos que se pierden por ellos, y pídele al Señor que ponga remedio a tan grande calamidad, y que te dé fuerzas y espíritu para guerrear contra ella: ofrécete a servirle y a hacer de tu parte cuanto pudieres para recuperar en ti y en los otros el estrago que hacen los falsos profetas y fingidos cristianos entre los fieles.
Punto II. Considera la señal que da Cristo de esta calamidad en el evangelio, que es cuando se viere profanado el lugar santo y colocando en el templo el ídolo de la idolatría. Considera cuán profanados están los templos de Dios y cuán mal servidos, y su culto cuán por tierra; y llora con Jeremías su destrucción, y ora a Dios, suplicándole que no descargue su ira sobre su pueblo, sino que use de misericordia y ponga remedio a tantos males.
Punto III. Considera cuántas veces has colocado tú los ídolos de tus aficiones y apetitos en el templo de tu alma, donde Dios puso su imagen y quiere ser adorado ¡Oh pecador! tiembla de tus idolatrías, y mira por una parte cuantos ídolos de honra , hacienda y deleites has adorado, hincándoles la rodilla en el altar de tu corazón, y volviendo las espaldas a Dios; y por otra mira la ira de Dios y el brazo de su justicia levantado contra ti , no esperes a que la descargue, sino luego y con tiempo derríbate a sus pies y pídele perdón: haz penitencia, llora tus pecados y prevente para el día del juicio.
Punto IV. Considera lo que nos avisa Cristo, que no creamos a cualquier espíritu, ni vayamos a cualquiera que nos llame, aunque parezca bueno y santo, porque se levantarán muchos falsos profetas, y que la tribulación será tan grande, cual nunca jamás se vio desde el principio del mundo, ni se verá hasta el fin, y que la abreviará Dios porque no se perviertan sus escogidos. Medita todo esto despacio y sácale lo primero no dar crédito fácilmente a cualquier espíritu, en especial a los que desdicen en la menor cosa que sea de la doctrina de Cristo y de sus santos, porque este trae consigo el testimonio de malo. Y de lo segundo saca un grande afecto de amor y confianza en Dios, viendo el cuidado que tiene de sus escogidos, pues abrevia los tiempos y las edades por su bien, y porque no caigan en la tentación. Bendito sea tan buen Señor, y tan solicito y providente Pastor de su rebaño por todos los siglos de los siglos. Amen. Dale mil gracias por tan crecido amor como muestra a sus escogidos: pídele que extienda el manto de su misericordia sobre ti, y que te ampare y defienda como a uno de los suyos.
Padre Alonso de Andrade, S.J
Tomado de:
Cuentos con moraleja: “Son cosas de mamá”
8 noviembre, 2015
La devoción a la Virgen María siempre fue para todo cristiano una de las principales fuentes de gracia y alegría. Desde bien pequeños se nos enseñaba a rezarle a María y a pedirle las gracias que necesitáramos, pues sabíamos que ella se preocuparía de obtenerlas de su Hijo para nosotros. No en vano decimos que María es “medianera de todas las gracias”.
El pueblo sencillo siempre encontró en María una aliada para sus necesidades y una consoladora en sus penas. Y es verdad, María, como buena madre siempre está cerca de todo aquél que le invoca. ¡En cuántas ocasiones María consiguió de su Hijo todo lo que quería! Y eso que a veces no estaba en los planes de Cristo; pero los ruegos de María siempre le conmovieron.
Hace unos días leía una sencilla y bella historia que refleja muy bien el cariño que María tiene por todos nosotros. No en vano, su propio Hijo la hizo madre nuestra en el momento de la cruz. Esta historia dice así…
Paseaba Santo Tomás por los jardines del cielo, cuando vio pasar un alma que no resplandecía tanto como las demás… y luego vio otra… y otra más… De inmediato fue a reclamarle a San Pedro.c Sigue leyendo
Selección Gregoriano con órgano
8 noviembre, 2015
Les ofrecemos una selección de canto gregoriano, la mayoría con órgano y grabado en liturgia. Piezas únicas que elevan el alma y muestran la grandiosidad del tesoro musical que posee la Iglesia, hoy tristemente desechado en la mayoría de parroquias.
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