Ataque al sacerdocio, ataque a la Eucaristía

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La Eucaristía siempre ha sido el blanco preferido de los ataques de quienes odian a la Iglesia. De hecho, la Eucaristía es una síntesis de la Iglesia. Como observa un teólogo pasionista, «compendia todas las verdades reveladas, y es la única fuente de gracia, un anticipo de la bienaventuranza, un resumen de todos los prodigios de la omnipotencia divina» (Enrico Zoffoli, Eucarestia o nulla, Edizioni Segno, Udine 1994, p. 70).

La Virgen María ya había prevenido de los actuales ataques contra el sacramento de la Eucaristía. En Cova de Iría exhortó a los tres pastorcillos a «rezar a Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la Tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que se lo ofende».

Ya antes, en la primavera de 2016, el Ángel se había aparecido a los niños con un cáliz en su mano izquierda, sobre el que estaba suspendida una hostia. Dio de comulgar con ella a Lucía, y con el vino a Jacinta y Francisco, que permanecieron de rodillas mientras el ángel decía: «Comed y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, terriblemente ultrajado por la ingratitud de los hombres. Reparad sus transgresiones y consolad a vuestro Dios».

El cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino, en su prólogo al hermoso libro del P. Federico Bortoli La distribuzione della Comunione sulla mano. Profili storici, giuridici e pastorali (Edizioni Cantagalli, Siena 2017), afirma que la escena mencionada «nos indica cómo debemos recibir el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo».

Según el cardenal, «los ultrajes de que es objeto Jesús en la santísima Hostia son, ante todo, las horrendas profanaciones de las que algunos ex satanistas convertidos han dado cuenta con espeluznantes descripciones». Pero también lo son «las comuniones sacrílegas no recibidas en gracia de Dios, o recibidas por quienes no profesan la fe católica». Es más: «Lo son todo aquello que pueda impedir el fruto del Sacramento, sobre todo los errores sembrados en la mente de los fieles para que dejen de creer en la Eucaristía».

Pero el más insidioso de los ataques diabólicos consiste «tratar de sofocar la fe en la Eucaristía sembrando errores y promoviendo una manera inapropiada de recibirla. Ciertamente la guerra entre San Miguel y sus ángeles por un lado, y Lucifer en el otro bando, continúa librándose en el corazón de los fieles. El objetivo al que apunta Satanás es el Sacrificio de la Misa y la Presencia Real de Jesucristo en la Hostia consagrada». A su vez, este ataque se realiza por dos vías: en primer lugar, «reduciendo el concepto de la Presencia Real», al invalidar la palabra transustanciación.

El segundo es «la tentativa de apartar del corazón de los fieles el sentido de lo sagrado». Escribe el cardenal Sarah: «Mientras que el término transustanciación nos indica la realidad de la Presencia, el sentido de lo sagrado nos ayuda a entrever su absoluta peculiaridad y santidad. ¡Sería una desgracia tremenda que se perdiese el sentido de lo sagrado precisamente en lo más sagrado! ¿Y cómo se puede perder? Recibiendo un alimento extraordinario como si fuera un alimento ordinario».

Seguidamente, amonesta con estas palabras: «No se atreva ningún sacerdote a imponer su autoridad personal en esta cuestión rechazando o maltratando a quienes desean recibir la Comunión de rodillas y en la lengua. Acudimos como los niños y recibimos humildemente, de rodillas y en la lengua, el Cuerpo de Cristo».

Las observaciones de monseñor Sarah son más que acertadas, pero es preciso contextualizarlas en el proceso de secularización de la liturgia que tiene su origen en el equívoco Novus Ordo Missae de Pablo VI del 3 de abril de 1969, cuyo infausto cincuentenario se cumplirá el año próximo.

Dicha reforma litúrgica, como escribieron los cardenales Ottaviani y Bacci en la presentación de su Breve examen crítico, el Novus Ordo representa «tanto en su conjunto como en sus detalles, una notable desviación de la teología católica de la Misa tal como fue formulada en la sesión XXII del Concilio de Trento». La teología tradicional de la Misa ha sido sustituida por otra que ha eliminado la noción de sacrificio y, en la práctica, ha disminuido la fe en la Eucaristía.

Por otra parte, la apertura de la Comunión a los divorciados fomentada por la exhortación Amoris laetitia, y la intercomunión con los protestantes, auspiciada por numerosos obispos, ¿qué otra cosa son sino ultrajes a la Eucaristía? El sacerdote boloñés Alfredo Morselli ha expuesto magníficamente las raíces teológicas que vinculan Amoris laetitia y la intercomunión con los evangélicos (https://cooperatores-veritatis.org/2018/05/06/in-principio-era-lazione-il-legame-tra-amoris-laetitia-e-lintercomunione-con-gli-evangelici/).

Hay que añadir que el ataque a la Eucaristía se ha convertido actualmente en un ataque contra el Orden Sacerdotal, dada la estrecha vinculación entre ambos sacramentos. La  constitución  invisible de la Iglesia se fundamenta en el Orden, sacramento que permite al bautizado participar del sacerdocio de Cristo. El sacerdocio se ejerce principalmente al ofrecer el sacrificio eucarístico, que exige el prodigio de la transustanciación, dogma central de la fe católica.

Si la presencia de Cristo en el tabernáculo no es real y sustancial, y si la Misa se reduce a una mera conmemoración o símbolo de lo que sucedió en el Calvario, no hay necesidad de sacerdotes que ofrezcan el Sacrificio, y como la jerarquía de la Iglesia se cimenta en el sacerdocio, se debilitan los cimientos de la Iglesia y su Magisterio.

Desde esta perspectiva, admitir a la Eucaristía a los divorciados que se han vuelto a casar y a los protestantes guarda relación con la posibilidad de conferir el sacerdocio a laicos casados y las órdenes menores a mujeres. El ataque a la Eucaristía es un ataque al sacerdocio.

Nada hay más grande, más hermoso, más conmovedor que la misericordia de Dios para con el pecador. Aquel Corazón que tanto amó a los hombres, por la intercesión del Sagrado Corazón de María, al cual está indisolublemente ligado, quiere llevarnos a gozar de la felicidad eterna en el Paraíso, y nadie, ni el más encallecido de los pecadores, puede dudar de ese amor salvífico.

Por tal razón, no debemos perder jamás la confianza en Dios, sino conservarla hasta el fin de nuestra vida, porque esa ardiente confianza jamás ha defraudado a nadie. El Señor no nos engaña, pero no podemos intentar engañarle ni podemos engañarnos a nosotros mismos. Y no hay mayor engaño que creer que es posible salvarse sin arrepentirse de los propios pecados y sin profesar la fe católica.

Quien peca o vive en pecado se salva si se arrepiente; pero si osa engañar a Dios no se salva. No es Dios quien lo condena; es él mismo quien, al acercarse indignamente a recibir el Sacramento como y bebe su propia condenación. Lo explica San Pablo a los corintios con estas serias palabras: «Quien comiere el pan o bebiere el cáliz del Señor indignamente será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Pero pruébese cada uno a sí mismo, y así coma del pan y beba del cáliz, porque el que come y bebe no haciendo distinción del Cuerpo del Señor como y bebe su propia condenación» (1 Cor. 11, 27-29). San Pablo constataba, además, que en la Iglesia de Corinto, a raíz de las comuniones sacrílegas, muchos enfermaban y morían misteriosamente (1 Cor. 11, 30).

Triste destino el de quien no recibe el Sacramento porque se obstina en vivir en pecado. Pero peor es el destino de quien lo recibe sacrílegamente sin estar en gracia de Dios. Y más grave todavía es el pecado de quien anima a los fieles a comulgar en pecado y les administra ilícitamente la Comunión. Estos son los ultrajes que más duelen y más hondamente traspasan el Sagrado Corazón de Jesús y el Corazón Inmaculado de María.

Éstos son los pecados que exigen reparación por nuestra parte, nuestra presencia ante el Sagrario, nuestra defensa pública de la Eucaristía ante toda clase de profanadores. Así garantizaremos nuestra salvación y la de nuestro prójimo y aceleraremos la venida del Reino de Jesús y de María a la sociedad, que no tardará en instaurarse sobre las ruinas del mundo moderno.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

por Roberto de Mattei

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No me fío un pelo

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Sumergidos como estamos en la labor -dirigida desde muy arriba-, de boicotear todo lo que suene a tradicional en las órdenes religiosas, y después de las famosas directivas para los conventos de clausura que –si se cumplen-, acabarán con esa espiritualidad clásica -¡¡¡puaj!!!- a la que tanto miedo tienen algunos, mis hermanos han celebrado un Capítulo el pasado mes de mayo.

Las conclusiones ya se han hecho públicas. En medio de una gran cantidad de indicaciones insistentes en la fraternidad, la remodelación del espíritu de la Orden, la necesidad de amarnos y comprendernos y de salir a las periferias para anunciar las sorpresas de Dios, y una serie más de blablablá estilo conciliar, las decisiones concretas no se han dejado esperar. Nos reúnen a todos los vejestorios en esta casa en la que me encuentro, para tenernos bien vigilados y establecer así un seguimiento de nuestro estado de aceptación o no de las directivas bergoglianas, que ya están aceptadas plenamente por los sesudos superiores de la Orden. Al mismo tiempo, se recomponen los noviciados, situando entre nosotros a los novicios más adelantados, que por no ser excesivamente numerosos, ayudarán –dicen-, a dar un nuevo aire al convento, para que los frailes más antiguos puedan conocer de primera mano lo que es la verdadera vida conventual y lo que significa el espíritu comunitario. Nos quieren reciclar, antes de que nos recicle definitivamente el evo supramundano.

Dios escribe derecho con renglones torcidos. Lo que pretende ser una decisión de castigo o de intento de enmendar a los pocos frailes recalcitrantes que quedamos, ha supuesto para mí una gran alegría, manifiesta en dos aspectos.

Por un lado, me vuelvo a reunir con mis queridos Fray Malaquías, Fray Peseta o Fray Escéptico –viejos compañeros de fatigas-, con lo cual se aseguran divertidas y jugosas horas de recreo en el claustro. Todos de la misma decrépita edad, que vemos con angustia, sufrimiento y dolor la nueva situación, que nos cuesta asimilar tantas sorpresas del Espíritu. Recuperaremos las reuniones amigables comentando la situación; y al mismo tiempo, para poder sobrevivir en este mundo áspero y sombrío, podremos recuperar el buen humor y la pequeña copita, siempre escondida bajo alguna losa de la celda de Fray Malaquías.

Por otra parte, y no menos importante, la presencia de novicios recién formados en los nuevos paradigmas, con su master de la Gregoriana o del Anselmianum bajo el brazo, modernistas convencidos, aportarán a los senectos vejestorios agudos análisis sobre la Amoris Laetitia o la Exultate. Se augura y promete jolgorio entre los quintañones, que sin duda contribuirá a restaurar nuestras arterias y huesos descalcificados.

Bendito sea Dios. Ya veremos lo que dura esta situación, antes de que se nos imponga el exilio definitivo en alguna cheka vaticana o nos manden a algún lúgubre sótano de Santa Marta, condenados a leer alguna Exhortación Apostólica de Bergoglio y escribir cien veces: Esto es Magisterio Pontificio.

Mientras llegan las próximas semanas, he observado unos movimientos vaticanos que han alegrado a muchos, pero que a mí me han sumergido de nuevo en una especie de remosqueo, porque me barrunto que hay gato encerrado. Las aparentes peleas de Bergoglio y los obispos alemanes son de elevado nivel. Primero dicen que hay que darle la comunión al cónyuge protestante. Luego, algunos de los obispos germanos dicen que no están de acuerdo con la otra mitad. De repente, surge una declaración-no-hecha-pública de la Doctrina de la Fe que dice que rien de rien. De nuevo protestan los obispos alemanes y dicen que van a ir a ver al Papa. Van a verlo (haciendo un esfuerzo por abandonar unos días sus diócesis) y éste les dice que se vuelvan a ir porque en realidad la decisión la tienen que tomar ellos en responsabilidad y es cosa suya. Se van mas contentos que unas pascuas luteranas. Francisco recibe a un grupo de luteranos y les dice que tenemos que amarnos más. De repente –segunda vez-, nueva carta de la Doctrina de la Fe diciendo que nanai del paragüay. De intercomunión, nada. Nuevas palabras del cardenal Marx para decir que le sorprende que el Papa haya dicho eso. (A mí también). Nueva discusión para ver si se puede o no se puede. Y dice que quiere ver al Papa para contrastar el dato.

Total, que mientras van y vienen, los cónyuges están comulgando por si acaso dicen que sí, y porque están seguros de que no van a decir que no.

A ver qué me dicen los novicios que vienen de Roma. Parece que alguien escuchó en los pasillos santamartinos que Bergoglio le decía a Ladaria: Sigue publicando instrucciones diciendo que no, y luego les diremos a los prusianos que hagan lo que quieran, pero hagan como que no. Pero sí. Caso por caso y casa por casa.

Y todos felices. La euforia de muchos medios católicos por la contundente decisión, me acumula una nube de moscas tras mi frailuna oreja. No me fío.

por Fray Gerundio de Tormes

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La votación de la Conferencia Episcopal Alemana sobre la intercomunión

Queridos amigos:

La Conferencia Episcopal Alemana ha votado por una amplia mayoría a favor de unas pautas según las cuales un protestante casado con un católico pueda recibir la Eucaristía, acercarse a la Comunión, si cumple una serie de condiciones: tiene que haber hecho examen de conciencia con un sacerdote o cualquier otra persona con responsabilidad pastoral; haber afirmado la fe de la Iglesia Católica además de haber deseado poner fin a graves desórdenes espirituales, y tener el deseo de satisfacer la sed de la Eucaristía.

Siete miembros de la Conferencia Episcopal Alemana han votado en contra de las pautas mencionadas, y han solicitado la opinión de algunos dicasterios de la Curia romana. A consecuencia de ello, una delegación de dicha conferencia episcopal a Roma, donde se ha reunido con unos representantes de la Curia, entre los que se encontraba el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En dicho encuentro intervino el cardenal arzobispo de Utrecht, el holandés Willem Jakobus Eijk. Les voy a leer su carta, su intervención, porque es muy significativa, muy notable, y nos interpela a la conciencia:

Es inexplicable la respuesta del Santo Padre a la Conferencia Episcopal Alemana, a través del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, informando que la Conferencia debería discutir nuevamente el borrador para alcanzar de ser posible un resultado unánime. La doctrina y práctica de la Iglesia respecto a la administración del sacramento de la eucaristía a los protestantes es muy clara. Y el Código de Derecho Canónico dice lo siguiente:

Aquí tenemos la cita el artículo 844 del Código que se refiere al Catecismo de la Iglesia Católica. Esto es lo que dice:

«Si hay peligro de muerte o, a juicio del Obispo diocesano o de la Conferencia Episcopal, urge otra necesidad grave, los ministros católicos pueden administrar lícitamente esos mismos sacramentos también a los demás cristianos que no están en comunión plena con la Iglesia católica, cuando éstos no puedan acudir a un ministro de su propia comunidad y lo pidan espontáneamente, con tal de que profesen la fe católica respecto a esos sacramentos y estén bien dispuestos.»

Hasta aquí el Código.

Ante todo, está claro que se refiere sólo a emergencias, y a cuando se está en peligro de muerte. Pero la intercomunión, esto es, la posibilidad de administrar la Comunión a un no católico, en principio, sólo es posible en el caso de los cristianos ortodoxos, y esto porque las iglesias ortodoxas orientales, a pesar de no estar en plena comunión con la Iglesia Católica, tienen sin embargo sacramentos verdaderos. Y sobre todo, porque en virtud de la sucesión apostólica, poseen un sacerdocio y una Eucaristía válidos. Por tanto, podemos decir que su fe en el sacerdocio, en la Eucaristía y en el sacramento de la penitencia es igual a la de la Iglesia Católica, a pesar de diferencias en algunos puntos importantes, como por ejemplo el reconocimiento de la autoridad del Vicario de Cristo.

Por el contrario, los protestantes –porque no olvidemos que en el documento de la Conferencia Episcopal Alemana se habla de protestantes, de administrar la Comunión a protestantes–, a diferencia de los ortodoxos, no comparten la fe en el sacerdocio ni la fe en la Eucaristía, ya que la mayoría de los protestantes alemanes son luteranos, y los protestantes no creen en la transustanciación sino en la consustanciación, que supone la convicción de que además del Cuerpo y la Sangre de Cristo también están presentes en el altar el pan y el vino. Y si alguno recibe el pan y el vino sin creer esto, no están presentes el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Por consiguiente, esta de la consustanciación es una doctrina que admite la presencia simultánea del pan y el vino con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, negando el dogma de la Iglesia según el cual el pan y el vino se transforman sustancialmente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Esta doctrina luterana difiere de la católica porque la doctrina católica de la transustanciación supone la fe en que lo que se recibe bajo las apariencias o especies de pan y vino, en la Hostia y el vino, sigue siendo el Cuerpo y la Sangre de Cristo porque ya no están ahí las sustancias del pan y del vino. A causa de esta diferencia esencial no se debe administrar la Comunión a un protestante, aunque sea cónyuge de una persona católica. Porque el protestante, al no compartir este dogma fundamental de la Iglesia Católica, no vive en plena comunión con la Iglesia, y ante todo, no comparte expresamente la misma fe en la Eucaristía

Y la diferencia entre la consustanciación y la transustanciación es hasta tal punto enorme que es preciso exigir que todo el que desee recibir la Sagrada Comunión entre expresa y formalmente en plena comunión con la Iglesia Católica, y confirme de esta forma tan explícita que acepta la fe de la Iglesia Católica en la Eucaristía. Por lo tanto, un examen de conciencia con una sacerdote o cualquier otra persona con autoridad  pastoral, como piden los obispos alemanes, no es suficiente garantía de que la persona en cuestión acepte plenamente la doctrina de la Iglesia. El borrador de las pautas de la Conferencia Episcopal Alemana, sugiere que se trata solamente del caso de algunos protestantes casados con católicos que quisieran recibir la Comunión. La experiencia enseña que en la práctica es inevitable que estos pocos, estos casos reducidos, vayan siempre en aumento, porque los protestantes, aunque estén casados con católicos, al ver como otros protestantes casados con católicos reciben la Comunión, pensarán que pueden hacer lo mismo. Entonces todos los protestantes casados con católicos se considerarán autorizados a comulgar, y al final, también los protestantes que estén casados no con católicos sino con otros protestantes querrán hacerlo. Porque la experiencia demuestra que con unas reglas tan vagas, tan imprecisas, es inevitable que esos criterios se propaguen con rapidez.

Ahora bien, prosigue el cardenal Eijk, cuya postura estoy presentando:

«El Santo Padre ha hecho saber a la delegación de la Conferencia Episcopal Alemana que debe debatir nuevamente el documento a fin de llegar a un criterio unánime. Pero –se pregunta el cardenal de Utrecht–, ¿unanimidad en qué? Porque suponiendo que todos los miembros de la Conferencia Episcopal Alemana, después de haber vuelto a debatir la cuestión, resuelvan por unanimidad que se puede administrar la Comunión a los protestantes casados con católicos –admitiendo que esto llegara a pasar–, a pesar de que esta postura es contraria a lo que dicen el Código de Derecho Canónico y el Catecismo de la Iglesia Católica, si esta postura se volviese la práctica de la Iglesia alemana, se pregunta el cardenal Eijk, y añade: la práctica de la Iglesia Católica, fundada sobre su fe, no es determinada ni se se altera estadísticamente porque en una conferencia episcopal la mayoría vote a favor de ello, ni siquiera si lo hace por unanimidad. Y, continúa el cardenal Eijk, «el Romano Pontífice, que, como sucesor de San Pedro, “es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, así de los obispos como de la multitud de los fieles”, debería haber reaccionado exponiendo lo que dicen el Código de Derecho Canónico y el Catecismo de la Iglesia Católica».

El cardenal Eijk agrega que el Santo Padre debería haber dado unas pautas claras a la delegación de la Conferencia Episcopal alemana, basadas en la clara doctrina y práctica de la Iglesia. «Y así debería haber respondido –prosigue el cardenal arzobispo holandés– el Papa a aquella señora luterana que el 15 de noviembre de 2015 le preguntó si ella, que es luterana, podría recibir la Comunión junto con su esposo católico, El Papa debería haber respondido: “Esto no es aceptable”, en vez de sugerir que podía recibirla por estar bautizada, apoyándose en lo que le dijera la conciencia». Destaca el cardenal Eijk que cuando no se aclaran las cosas se genera confusión entre los fieles y se pone en peligro la unidad de la Iglesia, y explica asimismo que lo hacen también los cardenales que proponen públicamente bendecir las relaciones homosexuales, lo cual es diametralmente opuesto a la doctrina de la Iglesia, fundada en las Sagradas Escrituras, es decir que, según el orden de la creación, sólo hay matrimonio entre un hombre y una mujer. Continúa el cardenal con estas palabras: «Al observar que los obispos, y sobre todo el Sucesor de San Pedro no mantienen fielmente la unidad el Depósito de la Fe contenido en la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura –estas palabras son muy fuertes; dice que no mantiene el Depósito de la Fe–, y al observar esto dice: «No puedo menos que pensar en el artículo 675 del Catecismo de la Iglesia Católica, que dice: “Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la Tierra desvelará el misterio de iniquidad bajo la forma de una impostura religiosa qe proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la vedad”». Hasta aquí la carta del cardenal, y qué más se puede añadir a estas palabras tan fuertes sino subrayar una vez más que las dice un cardenal de la Iglesia Católica, un cardenal al que damos las gracias por su valentía: su Eminencia el card. Jakobus Eijk, arzobispo de Utrecht.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada/Adelante la Fe)

por Roberto de Mattei

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Blasfemia-Fashion

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Cuando no cabía duda alguna sobre la misión del Vicario de Cristo para confirmar a sus hermanos en la fe, estaban bien patentes los principios básicos del catolicismo. Principios generales que no se conculcaban ante la consideración de situaciones especiales o casos particulares. No era necesario publicar una encíclica con notas a pie de página que desmontara la ley general. No hacía falta difundir cartitas exegéticas a sumisos obispos amiguetes, que pasaran luego a las Actae Apostolicae Sedis, con carácter magisterial (por supuesto). No era necesario un Dictador que hiciera de las doctrinas de Nuestro Señor una especie de cortijo privado. No cabía esta figura en el escenario. Y si aparecía alguna, se le mandaba al paro ipso facto.

Una de las abundantes percepciones inmediatas del católico, fue siempre el carácter sagrado de las vestiduras sacerdotales y litúrgicas. No por sí mismas, claro está. Por su significado simbólico y por lo que representan. Las vestiduras se llamaban en aquellos tiempos vestiduras sagradas. Cada una de ellas tenía su sentido explicativo, su significado, su valor y su oración propia. Antes de ser utilizadas, eran bendecidas ya que iban a servir en los oficios litúrgicos. Efectivamente, eran vestiduras sagradas. El sacerdote revestido con sus ornamentos para la Misa, el Obispo con su mitra o su báculo, el Papa con su tiara, el anillo del pescador o sus hábitos pontificales. Todo tenía un sentido sacro, hasta que llegaron los tiempos de la vulgaridad y la blasfemia. Y es que si se niega lo sacro, se pasa inmediatamente a lo zafio, lo grosero y tosco, para llegar irremisiblemente a lo blasfemo.

En mis tiempos maduros -inmediatamente después del Vaticano II-, asistí a esta desacralización de las vestiduras sagradas, que se presentaba con aires de pobreza, sencillez y espontaneidad. Con todo ello se perdió la dignidad sacerdotal. Como se ha perdido hoy la dignidad del Papado en manos del Gran Vulgarizador, que va delante de las ovejas para que imiten la mediocridad macarra. Desde los primeros días en que hizo mofa de las puntillas o los encajes, hasta la fecha.

Esta semana ha sido noticia en los medios religiosos la celebración en Nueva York de la Met Gala 2018, con el apasionante tema de La moda y la imaginación católica –o algo así-. Personajes de descomunal talla atea y pervertida, amiguetas de todo lo anticatólico, han recorrido la alfombra rojadescreída, revestidas con ropajes pseudo-sacerdotales, alas angelicales y coronas semejando las de la Santísima Virgen. Algún fraile picarón me decía que ver a Madonna con corona de virgen es un monumento al principio de contradicción.

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No me ha extrañado en absoluto que esta gente haya hecho alarde de su progresía y de su descarada insolencia con las cosas de Dios. Es tan ridículo como estrafalario y grotesco.

Lo que sí manifiesta el nivel actual del Vaticano Bergogliano es que algunas de estas vestiduras son auténticas, prestadas al efecto por el propio Vaticano. Tiaras de Papas, capas pluviales y otros aditamentos guardados en los Museos Vaticanos cuidadosamente prestados a esta Afrenta Sonrojante, supongo que sin interés crematístico. ¡Ah! Y con el coro de la capilla Sixtina entonando laudes al paso de las virginales modelos. Entre ellas, una de las que hace poco visitó a Bergoglio, suscitando ya entonces el escándalo del mundo católico.

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Esta es la Iglesia pobre para los pobres de Francisco que se viste de luces, y sintoniza con el mundo perverso de Holywood, cobra algunos sustanciosos dolaretes por el préstamo de los ropajes pontificios y manda al cardenal Dolan, -Payaso oficial de todo evento neoyorkino-, para que gaste bromitas con las mitras de las féminas, como si fueran de la Orden de las Consolatas Hijas de María.

Es verdad que Bergoglio se ha propuesto reformar la Curia desde el inicio de su engañosa y pre-pactada elección. Lo mismo se lleva a la Rihanna ésta de Presidenta del Dicasterio para la Blasfemia y la Homosexualidad. Me dicen que internet se ha poblado de lo que los jóvenes llaman memes, con la tipa de Papisa.

La profanación y mofa tiene su larga historia y no la han inventado estos pobres diablos. Tanto la que hacen hoy éstos blasfemos-ricachones-impenitentes bendecidos por el Vaticano, como las que exhibían algunos lustros atrás los asesinos de miles de sacerdotes en España.

Todo acaba en blasfemia. Y después, lo que venga.

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por Fray Gerundio de Tormes

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Siete obispos alemanes apelan al Vaticano en contra de la intercomunión

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En una iniciativa inusual, siete obispos alemanes han protestado contra la decisión del 22 de febrero de la Conferencia Episcopal Alemana de permitir, en algunos casos, que protestantes cónyuges de católicos reciban la Sagrada Comunión. Esta iniciativa se presenta sin informar previamente al cardenal Reinhard Marx, jefe de los obispos alemanes en Alemania.

Como el diario alemán Kölner Stadt-Anzeiger informa hoy, los siete signatarios de una carta dirigida al Vaticano -la mayoría de la región de Baviera- recurrieron al Vaticano porque consideran que “el folleto pastoral para matrimonios mixtos, aprobado por una mayoría de dos tercios, es ilegal puesto que en su intención viola la doctrina católica y la unidad de la Iglesia”, en palabras del periódico.

El 22 de febrero los obispos alemanes habían aprobado un folleto que permite a un cónyuge protestante recibir la Sagrada Comunión “después de un profundo discernimiento en conversación espiritual con el sacerdote u otro funcionario pastoral” y después de una “decisión de conciencia para afirmar la Fe de la Iglesia Católica”, así como también para” poner fin a una grave situación de emergencia espiritual”.

La carta escrita por los siete obispos está dirigida al Arzobispo Luis Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, así como al Cardenal Kurt Koch, Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. En ella, los siete obispos alemanes piden al Vaticano ayuda y aclaración del asunto en cuestión e insisten en que la Conferencia Episcopal Alemana pasó por encima de su competencia al permitir que los cónyuges protestantes reciban la Sagrada Comunión. También señalan que hay involucradas varias preguntas abiertas dogmáticas y canónicas.

El Kölner Stadt-Anzeiger obtuvo tanto la carta de los siete obispos como la propia respuesta del 4 de abril del cardenal Marx. En su propia carta, el Cardenal Marx se muestra sorprendido, rechaza las afirmaciones de los siete obispos y declara que el folleto pastoral del 22 de febrero fue simplemente un borrador y todavía no es el documento final.

Los signatarios de la Carta de los Siete Obispos de tres páginas son: el Cardenal Rainer Woelki (Köln), el Arzobispo Ludwig Schick (Bamberg), el Obispo Konrad Zdarsa (Augsburgo), los Obispos Gregor Maria Hanke (Eichstätt), el Obispo Wolfgang Ipolt (Görlitz), El Obispo Rudolf Voderholzer (Regensburg), así como el Obispo Stefan Oster (Passau).

Es significativo notar que no se había esperado esta resistencia en febrero cuando el Cardenal Marx presentó el nuevo folleto pastoral. En ese momento, se dijo que la discusión sobre el folleto era “animada”, pero se hizo hincapié en que la mayoría aprobó el documento. Solo ahora queda más claro que era simplemente una mayoría de dos tercios de los obispos alemanes quienes entonces aprobaron esta nueva iniciativa ecuménica de la Conferencia Episcopal Alemana.

Por lo tanto, es bueno ver que al menos algunos obispos alemanes aún están resistiendo algo de la agenda progresista en Alemania. Cabe señalar que no tomaron medidas similares cuando los obispos alemanes publicaron, el 1 de febrero de 2017, sus pautas pastorales con respecto a Amoris Laetitia, permitiendo a las parejas divorciadas y “vueltas a casar” recibir la Sagrada Comunión – nuevamente por supuesto “en casos particulares” y “después una decisión de conciencia”.

(Traducción: Xavier P. Díaz para Adelante la Fe)

Maike Hickson | One Peter Five

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Que la Semana Santa que empieza sea realmente SANTA

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Digamos al Señor: “Lo que Tú quieras, cuando Tú quieras, donde Tú quieras”

Ave María

“Si quieres amar al Sagrado Corazón de Jesús y pertenecerle deja todo lo que a Él no le pertenece”   

                   Santa Genoveva Torres

Muy queridos lectores en los Sagrados Corazones de Jesús y María Santísima:

Dejando atrás los traicioneros vítores del Domingo de Ramos nos adentramos en la semana de Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, pasión que padece hoy en día igualmente su Cuerpo Místico, que es la Iglesia. Son tiempos recios, de mucha confusión, donde muchas almas, más que nunca hoy en día, van como ovejas sin pastor, sin saber a que atenerse ante todo aquello que les desconcierta.

Recemos mucho y esforcémonos en tener una buena formación fiel al Magisterio infalible, lo que la Iglesia ha enseñado siempre y en todo lugar. Pidamos luz del cielo y acompañemos a Cristo en el camino del Calvario en oración y penitencia, que es lo que pide la Santísima Virgen en Fátima.

No hay mucho más. En el mundo moderno nos cuesta sacar tiempo para rezar y no tenemos ánimo muchas veces. Pero tenemos que pedirle al Señor y su gracia y ayuda a María Santísima y a San José y vencernos y hacer cada vez más oración y de más calidad. Nos cuesta hacer sacrificios, pues estamos muy apegados a nuestros gustos y comodidades, pero pidámosle al Espíritu Santo su gracia para mortificar poco a poco al hermano burro (que era como llamaban los santos al cuerpo) y hagamos pequeñas renuncias diarias por amor a los Sagrados Corazones de Jesús y María que están muy ofendidos por los pecados de la humanidad y nuestros propios pecados.

Les deseo que esta Semana Santa que empieza sea precisamente eso SANTA.

  • Primero: No seamos de los crucifiquemos de nuevo al Señor con nuestros pecados. Huyamos como de la peste del pecado mortal, combatamos también arduamente el pecado venial, muy especialmente el venial deliberado y luchemos sin bajar la guardia contra nuestras faltas e imperfecciones. Digamos a Dios con el Padre Rubio: “Lo que tú quieras, cuando quieras, donde tú quieras”.
  • Segundo: No seamos de los que huyen en el momento del peligro y lo nieguen con sus actos. Pidamos al Espíritu Santo el don de la fortaleza para vencer el temor y huir de la temeridad. Aguantemos las acometidas del mundo, del demonio y la carne y venzamos el respeto humano y prudencia sobrenatural para discernir lo que está bien y lo que está mal y obrar en consecuencia.

San José nos alcance la bendición

San Miguel Arcángel auxílianos

Omnis Terra Gloria Dei

Nota del director de Adelante la Fe

Javier Navascués

Tomado de:

https://adelantelafe.com

¿Pablo VI santo? Ni de broma

 

La canonización del Papa Pablo VI es un error que promocionan tanto modernistas como neocatólicos “conservadores”. En este vídeo Michael Matt nos ilustra sobre los aspectos más polémicos de este hecho.
Traducido por Verdad en la Red. El vídeo tiene algunos comentarios propios al final del traductor, que suscribimos por completo. Disculpen algunas pequeñas erratas y giros que tiene el subtitulado pero el documento merece la pena.

michaelmatt-47MICHAEL MATT

Director de The Remnant. Ha sido editor de “The Remnant” desde 1990. Desde 1994, ha sido director del diario. Graduado de Christendom College, Michael Matt ha escrito cientos de artículos sobre el estado de la Iglesia y el mundo moderno. Es el presentador de The Remnant Underground del Remnant Forum, Remnant TV. Ha sido Coordinador de Notre Dame de Chrétienté en París – la organización responsable del Pentecost Pilgrimage to Chartres, Francia, desde el año 2000. El señor Michael Matt ha guiado a los contingentes estadounidenses en el Peregrinaje a Chartres durante los últimos 24 años. Da conferencias en el Simposio de Verano del Foro Romano en Gardone Riviera, Italia. Es autor de Christian Fables, Legends of Christmas y Gods of Wasteland (Fifty Years of Rock n’ Roll) y participa como orador en conferencias acerca de la Misa, la escolarización en el hogar, y el tema de la cultura, para grupos de católicos, en forma asidua. Reside en St. Paul, Minnesota, junto con su esposa, Carol Lynn y sus siete hijos.

La terrible Ventana de Overton (como legalizar cualquier cosa)

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La Ventana de Overton es una teoría política que describe con escalofriante exactitud cómo se puede cambiar la percepción de la opinión pública para que las ideas que antes se consideraban descabelladas sean aceptadas a lo largo del tiempo.

En principio ningún tabú escaparía a la eficacia de esta técnica. Por consiguiente, se podría cambiar de modo radical la valoración que la sociedad tiene actualmente de la eutanasia, el incesto, el bestialismo, la pederastia o el canibalismo, por poner sólo unos cuantos ejemplos. Para ello no se aplicaría un lavado de cerebro directo, sino una serie de técnicas avanzadas, cuyo desarrollo pasaría inadvertido para la sociedad.

Para mostrar de qué manera esta teoría explica cómo se pueden lograr los efectos deseados, conviene que nos centremos en un tabú concreto. Examinemos por ejemplo el canibalismo. Así pues, ¿cómo sería posible convertir en aceptable la ingesta de personas? ¿Cómo se opera ese cambio en las conciencias desde la fase de aversión hasta la de conformidad plena? En cinco etapas sucesivas, que a continuación describimos.

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Ayuno y abstinencia (Cornelio A. Lápide)

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Necesidad del ayuno y la abstinencia.

Ya en la antigua ley, ya en la nueva, Dios ordena el ayuno… La Iglesia hace de él un precepto Quitad la leña del fuego, si queréis que mengüe la llama, dice un poeta.

Más, la concupiscencia es un fuego devorador: es pues preciso hacer ayunar la carne…

Vale mucho mejor para vosotros, dice San Jerónimo, que padezca más bien vuestro estómago que vuestra alma; vale mucho más mandar a la carne, que obedecerle, vacilar con pié incierto y débil que caer en impurezas. Es con el rigor de los ayunos y de las vigilias: que pueden rechazarse los dardos envenenados del demonio: muerto está el que vive en medio de las delicias.

El mismo Platón prohibía comer carne dos veces al día, y saciarse. (Lib. De legib).

Necesidad del ayuno y de la abstinencia para evitar el pecado…

Necesidad del ayuno y de la abstinencia para expiar los pecados cometidos

Necesidad del ayuno y de la abstinencia para vencer y rechazar al demonio.

¿En qué consiste que no hemos podido arrojar a este demonio? decían los discípulos a Jesucristo. Él les respondió: Estos demonios: no pueden ser arrojados sino por medio de la oración y del ayuno. (Marco IX. 27-28)

Es imposible ser casto si uno no se mortifica… El ayuno es obligatorio.

Ejemplos de ayuno y abstinencia.

Los ejemplos que tenemos del ayuno y de la abstinencia, nos prueban su necesidad.

Moisés, Elias y Jesucristo, ayunaron durante cuarenta días. Y la Iglesia, a imitación de estos ayunos, estableció el de cuarenta días de la cuaresma.

Los primeros cristianos ayunaban todos los días, y no tomaban más que una sola comida, que tenía lugar al ponerse el sol.

Los ermitaños, los anacoretas ayunaban constantemente. En todos los siglos los religiosos han ayunado. Los verdaderos fieles siempre han sido exactos en ayunar. Judith ayuna; Esther, sentada en el trono, ayuna. Los judíos tenían sus ayunos. Los mahometanos tienen también los suyos, y los observan religiosamente.

Juan Bautista, en el desierto, ayunó e hizo abstinencia todos los días durante treinta años; su alimento consistía en miel salvaje y langostas. Todos los Ninivitas, desde el más pequeño al más grande, desde el más joven al más viejo, desde el pobre hasta el rey, hicieron un riguroso ayuno; y hasta obligaron a ayunar a los animales…

“Tesoros de Cornelio Á Lápide”

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De Lutero a la filosofía alemana, y vuelta

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Nos decía Gacougnol, aquel simpático personaje de León Bloy, que hay dos clases de filosofías “si hemos de atenernos a esta innoble palabra”, vale decir: “la teología del Papa y la del “papel higiénico”; la una para el mediodía y la otra para el norte”, y se disponía a explicar esto a aquella “mujer pobre”…

“Antes de su Lutero no hubo nada brillante en el mundo germánico. Al decir “su”, me refiero al Lutero de ese pueblo relajado. Era una ingobernable mezcolanza de quinientos o seiscientos estados, en los que cada uno representaba un hormiguero de cabezas oscuras, impermeables a la luz, a cuyos descendientes no es posible orientar o disciplinar sino a golpes de matraca. La autoridad espiritual actúa sobre ellos como la abeja sobre el estiércol. Lutero tuvo la suprema ventaja de ser el Indecente esperado por los patriarcas de la mendicidad septentrional. Encarnaba a las mil maravillas la bestialidad, la ininteligencia de las cosas profundas y el maloliente orgullo de todos los bebedores de orines de vaca. Naturalmente fue adorado, y todo el norte de Europa se apresuró a olvidar a la Madre Iglesia, para acudir al estiércol de este marrano. El movimiento continuó durante cerca de cuatro siglos y la filosofía alemana, a la que acabo de calificar exactamente, es la más copiosa inmundicia surgida del protestantismo. Eso se llama espíritu de examen, eso se recibe al nacer, lo mismo que la sífilis ¡y se encuentran todavía francesitos mal nacidos que sostienen que eso es muy superior a la intuición de nuestro genio nacional!”.

Pero, para seguir el cuento en parecido tono, recordemos que las laboriosas abejitas germanas libaron con glotonería el detritus luterano y lo fueron transformando en una cultura de camuflada blasfemia que proponía unas poéticas tinieblas para reemplazar la luz clarificante de la Iglesia, tinieblas a cuyo resguardo ocultaron su inconfesable coprofagia intelectual y optimismo material, vianda que les era servida en pulidas lozas de motivos góticos y a la que devoraban al son de las confusas obras de Wagner, las que arteramente habían logrado hacer servir la sagrada liturgia romana como bijouterie y accesorios de su soberbia vulgaridad sentimental. Mientras, una sociedad fabril disfrazada de marcial, amante del bastonazo como inspirador de sus mejores esfuerzos, los ponía a la cabeza de un mundo que se extasiaba en la tecnología que ya se anunciaba en los estridentes vientos de la orquesta.

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Penitencia en aras del Cielo. Reflexiones para el Miércoles de Ceniza

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“Recuerda, hombre, que eres polvo, y al polvo regresarás.”

El día de hoy, Miércoles de Ceniza, marca el comienzo de la Cuaresma. La Iglesia, con la sabiduría del antiguo calendario litúrgico, nos dio los últimos domingos para prepararnos para este tiempo de ayuno, oración, y penitencia. La Cuaresma es el tiempo del año litúrgico en el que hacemos una pausa y reconocemos nuestra débil naturaleza humana, nuestra inclinación al pecado, y nuestra mortalidad. Algunos verán nuestros rigurosos sacrificios y nuestro ayuno como tonterías, considerando cómo nuestra sociedad tiene la costumbre de buscar la gratificación instantánea. ¿Qué es lo que motiva nuestras penitencias? Quizás el reflexionar sobre esta cuestión nos ayude a elegir penitencias que profundicen nuestras vidas espirituales y nuestro amor a Dios.

En la cuestión 12 de Prima Pars en Summa Theologiae, Santo Tomás de Aquino reflexiona sobre el conocimiento de Dios; es decir, ¿cómo hace el hombre para conocer a Dios, tanto en esta vida como en la próxima, en la que puede ver su esencia divina? En el artículo 6, Tomás se pregunta si algunos podrán ver la esencia divina más perfectamente que otros. Responde afirmativamente, diciendo que esto se basa en la capacidad intelectual, la cual que permite a algunos contemplar la visión de Dios más perfectamente. El objeto—la visión de Dios—es el mismo, dado que Dios no cambia, pero el intelecto que comparta más perfectamente la luz de la gloria, Lo verá más perfectamente. Tomás explica:

De ahí que el entendimiento que más participe de la luz de la gloria, más perfectamente verá a Dios. Y tanto más participará de la luz de la gloria cuanto más amor tenga, pues donde el amor es mayor, mayor es el deseo; y el deseo, de alguna manera, capacita y prepara al que desea para conseguir lo deseado. Por lo tanto, aquel que tenga más amor, más perfectamente verá a Dios y más feliz será (ST, I, C. 12, a. 6, corpus).

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Cuaresma: Tiempo de Conversión

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Aunque toda la vida ha de ser tiempo de conversión, como enseñaba con frecuencia Benedicto XVI, la cuaresma lo es de manera especial en cuanto a que la Iglesia incide más en su predicación sobre este aspecto esencial de la vida cristiana. Pero algunos preguntan….o se preguntan….¿qué es conversión?……..pues desde una definición teórica podría ajustarse a la conversión a la fe cristiana desde el ateísmo/agnosticismo o desde otra confesión religiosa. Todos sabemos que para los bautizados hay una “conversión” que integra el compromiso de amor vivido día a día desde el “sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mateo 5, 48). Pero para plantear una reflexión cuaresmal más concreta (que exhorte en conciencia a propósitos realizables) desde la espiritualidad católica se proponen varios “estados” de conversión:

* Conversión del pecado a la Gracia: es la más decisiva de todas. La cuaresma es tiempo ideal para, a la luz de la Pasión de Cristo por amor hacia nosotros, consideremos preparar y hacer una buenaconfesión. Si hace más de un año que no confesamos, o vivimos ya habitualmente en pecado grave, pues que esa confesión “no se haga esperar ni un día más” (en cita del Papa Francisco). Y si de verdad alguno cree que no tiene pecado, pues “que no se moleste en ir a Misa” (cita también de Francisco), ya que no hay mayor soberbia que creerse impecable y sin necesidad de arrepentimiento moral. Esta conversión no pasa solo por el confesonario sino por un “nuevo camino” en la vida cristiana donde la Misa sea el centro de la misma y, desde la Eucaristía, asumamos los mandamientos de Dios y su Palabra (interpretada por la enseñanza de la Iglesia) para hacerlos vida en cada uno.

* Conversión de la tibieza a la devoción: Si vivimos en Gracia habitualmente pero sin valorar la misma, o sea, desde la rutina del “cumplo y miento” que nos lleva a no dar importancia al pecado venial, mantener una mínima vida sacramental como apéndice del resto de la vida humana, nos deslizamos por el relativismo moral y nadie nota en nosotros la alegría de ser cristiano, entonces hemos de pedir a Dios la conversión a la devoción para salir de la tibieza. Para ello es muy necesario la dirección espiritual que nos libere de la subjetividad propia de vivir la fe desde una autojustificación permanente. Un director espiritual que, para que sea de garantía, ha de tener él también director espiritual, y ha de ser sobre todo piadoso y fiel al magisterio de la Iglesia, será la ayuda más valiosa para caminar hacia la vida devota siendo conscientes de la vocación a la SANTIDAD recibida en el bautismo para todos los bautizados (laicos, religiosos y sacerdotes).

* Conversión de la devoción  al fervor: Es el paso que sigue al anterior si hay verdadero “enamoramiento” de Cristo, y la vida cristiana se vive más por motivos sobrenaturales (caridad) que meramente humanos. Esto sucede cuando cada uno, tras discernir en la oración lo que Dios le pide, responde que SI a la voluntad Divina y comienza a vivir plenamente su vocación. Una vocación que en la mayoría de los casos es santificarse como laico en el trabajo, familia, sociedad…..siempre en Cristo y desde Cristo y para Cristo; o bien se cifra en la vida consagrada o el sacerdocio. Descubrir la vocación y decir SI a ella es el estado tercero de conversión. ¿Cual es la mejor vocación de todas?….la que cada uno ha recibido. La santidad consiste en responder con amor a la vocación recibida, sea la que fuere.

Pues vamos a reflexionar, meditar, orar…..en esta cuaresma para que cada uno de nosotros examinemos primero la propia vida para descubrir en que estado estamos, y, desde ahí, pedir a Dios las luces necesarias para que se obre nuestra conversión. Que el SI de la Virgen María, que trajo la salvación al mundo, sea nuestro faro y guía en esta tarea.

Padre Santiago González

(Artículo re-publicado. Fecha originalmente en 2014).

 

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Cuaresma: Catecismo Mayor de San Pío X

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CAPITULO VI

DE LA CUARESMA

  1. ¿Qué es la CUARESMA?

La Cuaresma es un tiempo de ayuno y penitencia instituido por la Iglesia por tradición apostólica.

  1. ¿A qué fin ha sido instituida la Cuaresma?

La Cuaresma ha sido instituida: 1°, para darnos a entender la obligación que tenemos de hacer penitencia todo el tiempo de nuestra vida, de la cual, según los Santos Padres, es figura la Cuaresma; 2. °, para imitar en alguna manera el riguroso ayuno de cuarenta días que Jesucristo practicó en el desierto; 3. °, para prepararnos por medio de la penitencia a celebrar santamente la Pascua.

  1. ¿Por qué el primer día de Cuaresma se llama día de CENIZA?

El primer día de Cuaresma se llama día de Ceniza porque en este día pone la Iglesia sobre la cabeza de los fieles la sagrada Ceniza.

  1. ¿Por qué la Iglesia impone la sagrada Ceniza al principio de la Cuaresma?

La Iglesia, al principio de la Cuaresma, acostumbra poner la sagrada Ceniza para recordarnos que somos compuestos de polvo y a polvo hemos de reducirnos con la muerte, y así nos humillemos y hagamos penitencia de nuestros pecados, mientras tenemos tiempo.

  1. ¿Con qué disposiciones hemos de recibir la sagrada Ceniza?

Hemos de recibir la sagrada Ceniza con un corazón contrito y humillado, y con la santa resolución de pasar la Cuaresma en obras de penitencia.

  1. ¿Qué hemos de hacer para pasar bien la Cuaresma según la mente de la Iglesia?

Para pasar bien la Cuaresma según la mente de la Iglesia hemos de hacer cuatro cosas: 1ª, guardar exactamente el ayuno ,y la abstinencia y mortificarnos no sólo en las cosas ilícitas y peligrosas, sino también en cuanto podamos en las lícitas, como sería moderándonos en las recreaciones; 2ª, darnos a la oración y hacer limosnas y otras obras de cristiana piedad con el prójimo más que da ordinario, 3ª, oír la palabra de Dios, no ya por costumbre o curiosidad, sino con deseo de poner en práctica las verdades que se oyen; 4ª, andar con solicitud en prepararnos a la confesión para hacer más meritorio el ayuno y disponernos mejor a la Comunión pascual.

  1. ¿En qué consisten el ayuno y la abstinencia?

El ayuno consiste en no hacer más que una sola comida al día, y la abstinencia en no tomar carne ni caldo de carne.

  1. ¿Se prohíbe toda otra refección los días de ayuno, fuera de la única comida?

Los días de ayuno, la Iglesia permite una ligera refección a la noche, o hacia el mediodía si la comida única se traslada a la tarde, y además la parvedad por la mañana.

  1. ¿Quiénes están obligados al ayuno y a la abstinencia?

Al ayuno están obligados todos los que sean mayores de edad, hasta que hayan cumplido sesenta años y no estén legítimamente impedidos, y a la abstinencia los que han cumplido catorce años y tienen uso de razón.

  1. ¿Están exentos de toda mortificación los que no están obligados al ayuno?

Los que no están obligados al ayuno no están exentos de toda mortificación, porque ninguno está dispensado de la obligación general de hacer penitencia, y así deben los tales mortificarse en otras cosas según sus fuerzas.

 

por

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¿Triunfa la «homoherejía»?

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La reciente visita del Obispo de Roma, Jorge Mario Bergoglio a Chile estuvo salpicada de una feroz campaña de las fuerzas anti-católicas: la izquierda eclesial, los grupos defensores de las víctimas de abusos sexuales, los medios, en especial el canal televisivo estatal de Chile.

Desarrollaron una campaña hábilmente verificada, dirigida principalmente contra el obispo de Osorno, acusado «como encubridor de los abusos –sexuales y de poder– cometidos por su mentor» el sacerdote Fernando Karadima. Simultáneamente fueron reactivando casos de abuso sexual de los Hermanos Maristas y la Compañía de Jesús en Chile y otros. Las listas ventiladas por organizaciones civiles respecto de abusos sexuales a menores por parte del clero chileno son bastante abultadas.

«Bishop Accountability» registra 78 nombres de clérigos y religiosos de Chile acusados de abusos.

El profesor universitario chileno Gonzalo Rojas S., afirma no nos confundamos. Lo importante durante la visita de Francisco, para ciertos actores públicos, era minar la autoridad episcopal. Sólo les interesaba destruir la dimensión jerárquica de la Iglesia Católica… de hecho, en los días previos hubo conocidos eclesiásticos que enfocaron toda su preparación de la visita papal en un objetivo: desacreditar a los obispos chilenos, porque ninguno de ellos -dicen estos gurús de la sociología eclesiástica- está a la altura de lo que se necesita.

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Mi herencia en el momento de la muerte

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Queridos hermanos, me viene a la mente unas palabras de la beata Isabel de la Trinidad, carmelita descalza, que suspiraba en su lecho de muerte ante el crucifijo que sostenía entre sus manos: ¡Cuánto nos hemos amado! ¡Qué herencia más hermosa y gozosa! Esta es la verdadera herencia del alma, una herencia que es pasado, presente y futuro; en realidad, es una herencia única, pues es un eterno presente. Herencia imperfecta en la tierra, perfectísima en el Cielo.

Si hemos de plantearnos qué herencia dejaremos tras nuestra muerte, no cabe  más que una: mi herencia en virtudes, mi herencia virtuosa y santa; mi herencia llena de amor de Dios; mi herencia de muerte a mí mismo. Herencia de rechazo al pecado, al mundo y al demonio. Herencia crucificada con Cristo en la “cruz” personal de cada uno.

¿Puede haber en el momento de la muerte otra herencia distinta? Pobre y desgraciada el alma si en sus últimos momentos sólo piensa en su herencia “terrenal”, en sus obras materiales, en esas acciones que el mundo elogió y aplaudió; en sus merecimientos personales, en sus capacidades personales, en su valía personal; en su “obra” que deja para otros. Infeliz el alma que en sus últimos momentos mira hacia atrás, y no hacia adelante, hacia el futuro inminente en que será juzgada por todo lo que hizo, y dejó de hacer  en el pasado. Infeliz si mira hacia atrás, no para arrepentirse de sus pecados, sino para vanagloriarse de la “herencia” que ha construido. Dichosa el alma que en el lecho de muerte mira hacia atrás con verdadero dolor por no haber cumplido con el plan divino en ella. Dichosa el alma que en sus últimos momentos anhela el perdón divino, los último sacramentos.

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¿Qué podemos hacer para restaurar todo en Cristo?

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¡Basta de silencios!¡Gritad con cien mil lenguas! porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido! Palabras de Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia, en el siglo XIV, en el apogeo de la Cristiandad. ¿Qué diría la santa si viese la degeneración del mundo posmoderno, abismalmente más pútrida? ¿Qué diría a ver al modernismo desatado y la masonería haciendo estragos en el seno mismo de la Iglesia? ¿Qué diría al ver que muchos Pastores, absolutamente descarriados, llevan a las almas a la perdición?

Sólo el buen olor de Cristo y el virginal aroma de su santa Madre, su santidad y sus virtudes, pueden contrarrestar el pestilente pecado y las herejías modernistas (recopilación de todas las antiguas), que destilan todo el hedor del infierno. Nos advierte proféticamente San Pablo en su Cartas: “Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas” (2 Tm 3,3-4). Él tiempo ha llegado, pero no todo está perdido. Aún podemos librar los nobles combates de la Fe viviendo santamente una vida de oración y de combate por la Tradición y la sana doctrina.

Oscar Báez, Licenciado en Ciencias Políticas y conferencista, es analista político nacional e internacional para Radio AM 800 de Asunción, Paraguay. En esta entrevista analiza los motivos más profundos por los que Cristo no sólo debe reinar en las almas sino también en la sociedad y nos da las pistas esenciales para porfiar con eficacia en la batalla.

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El Santo Sacrificio en el corazón del sacerdote III

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Y cuando de nuevo introduce a su Primogénito en el mundo dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios” Heb. 1, 6.

Queridos hermanos, dice San Lucas (2, 9): Se les apareció [a los pastores] un ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió con su luz y quedaron sobrecogidos de temor. ¿No es acaso la gloria del altar del sacrificio  suficientemente deslumbrante para que el sacerdote se sienta sobrecogido, y con temor se acerque a él? Con profundo dolor vemos, cada día más, que no es así para una notable mayoría. La irreverencia y profanación del altar son una constante en la vida de la Iglesia. No es de extrañar que esa “vida” esté tan deslucida y “alumbre” tan poco. No es de extrañar que de la profanación del altar, y la total y absoluta impunidad de los culpables,  se siga la profanación de la Palabra de Dios. ¿No ven aquel mismo resplandor que se repite ahora en el altar? No lo ven, porque no tienen la inocencia y la simplicidad y la rectitud de intención de aquellos humildes pastores. Dios Padre que alumbró a aquellos con la gloria del cielo, mantiene ciegos a aquellos hijos suyos duros de corazón.

Dios quiso manifestarse a unos pobres pastores, humildes trabajadores que estaban en vela atendiendo a  su oficio; porque Dios quiere estas disposiciones en aquellos a los que quiere revelarles sus misterios. Si el sacerdote al acercarse al altar no siente la profundidad del misterio,  quizá deba preguntarse por sus disposiciones interiores. Son del todo necesarias tales disposiciones interiores para sentir el sumo gozo de descubrir, que el Salvador ha nacido única y exclusivamente para  los hombres, y para mí.

¿No deberíamos ser los sacerdotes como esos pastores, sencillos, humildes, que atendían a su ocupación con suma diligencia, es decir, que cuidaban con sumo cuidado su rebaño?  ¿Cómo el sacerdote  no ha de guardar con gran diligencia en su corazón el tesoro  de su misa? ¿Cómo no estar en vigilia para cuidar que nada dañe tal tesoro, es decir, no cayendo en pecado?

El canto del Gloria, que oyeron fascinados los pastores, es por la obra de la Encarnación, gloria de Dios por excelencia. Ese canto ha pasado a la santa misa, para mostrar que la misma gloria de Dios tiene lugar en ella. En la santa misa se manifiesta la gloria de Dios a los hombres, que impulsa al hombre a alabarle y glorificarle, sin buscar la propia gloria; es la gloria a Dios Uno y Trino, gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Gloria al Padre porque nos dio al Hijo; gloria al Hijo, porque se hizo hombre por nuestra salvación; gloria al Espíritu Santo, porque de cuyo amor tal obra procedió.

Pax hominibus boni voluntatis. La paz de Dios se ha hecho presente, pero no como la aparente paz que ofrecen las riquezas, o la sabiduría humana, o la fama, sino la paz  de los hombres de buena voluntad. Porque no hay más paz ni más rica, ni más pacífica, ni más amable, que la que proviene de la buena voluntad, como así no hay “paz” más aborrecible, ni turbadora que la que proviene de la mala voluntad. Jesús es Pax hominibus boni voluntatis, pero para los malintencionados, en cambio, piedra de tropiezo y roca de escándalo. Son los sacerdotes que indignamente se acercan al altar, los nuevos profanadores, que, con mala voluntad, son causa de escándalo para los sencillos, vergüenza para los buenos sacerdotes y oprobio para la Iglesia.

Estaban llenos de temor los sencillos pastores, y el ángel les dice: Noli timereNo temáis.  Temible misterio sublime el de la santa misa, donde los ángeles presentes cantan la gloria de Dios;  pero el mismo Señor dice a su sacerdote: No temas, por el contrario ven a toda prisa a mi altar, confía en mí que soy Jesús tu Salvador, que aun siendo Dios Omnipotente, he hecho poco aprecio de mi mismo haciéndome pequeño. Así habla Jesús a sus sacerdotes en el altar del sacrificio. Qué tragedia y dolorosas consecuencias para quien, duro de corazón, cierra sus “oídos”; y qué gozo indecible para quien, atento y sumiso, escucha Su susurro cada mañana en la santa misa.

El santo sacrificio en el corazón del sacerdote es el misterio da la gloria del Señor que envuelve en el altar.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Tomado de:
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Cuentos con moraleja: “El valor del sacrificio”

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Un anciano sacerdote que llevaba más de 50 años destinado en Guanay (Bolivia), todos los años, al comenzar la Cuaresma, solía dar alguna charla sobre la misma a sus parroquianos más fieles. Dándose cuenta de que la vida fácil y cómoda iba siendo un obstáculo para muchos de ellos para perseverar en la fe, les relató este cuento:

Había una vez un padre con tres hijos. Los llamó y les dijo:

—Hijos míos, yo ya soy muy viejo. Voy a morir y vosotros no conocéis aún el poblado del que vienen vuestros antepasados. Así que poneos en marcha, id y saludad a la familia. Pero tendréis que ir a pie, porque no hay caminos, pero para lo que pueda haceros falta cada uno llevará un tronco de árbol que yo os daré.

El poblado estaba muy lejos, pero los hijos obedecieron. Al poco de comenzar a caminar, el mayor dijo:

—Lo que papá nos pide es absurdo; es imposible andar con este peso encima.

Así que tiró el tronco, y continuó el camino mucho más rápido que sus dos hermanos.

Más adelante, el segundo dijo:

—Nuestro hermano mayor tiene razón, pero como no quiero desobedecer a papá, cortaré el tronco por la mitad para aligerar la carga.

El hermano menor quedó rezagado, con su gran tronco a cuestas, preguntándose por qué su padre les hacía sufrir así. Pero, a pesar de no comprender, siguió con su carga, fiel a lo que el padre les había dicho.

Los dos primeros llegaron mucho antes que él al poblado. Sólo que, delante de la entrada, un profundo barranco por el que discurría un río muy caudaloso les cortaba el paso. El mayor trató de saltar, pero no llegó y se precipitó en el vacío y se mató. El segundo intentó usar su medio tronco de puente, pero la madera no alcanzaba, resbaló, y cayó también.

Cuando llegó el pequeño, exhausto y medio muerto por el esfuerzo, vio y comprendió. Su tronco tenía las dimensiones justas para servir de puente sobre el precipicio. Atravesó el barranco, entró en el poblado, y fue recibido con alegría por toda la familia.

Al acabar el sacerdote de hablar, la comunidad quedó un momento en silencio. Silencio que aprovechó para explicar por qué el Señor nos dijo que si queríamos seguirlo teníamos que abandonarlo todo y tomar la cruz.

*** *** ***

Muchas veces, llegan a nuestra mente buenos propósitos de seguir a Cristo; pero desgraciadamente, pasando pocos meses son abandonados. La razón es siempre la misma: nos parece un camino difícil. Entonces, nos engañamos a nosotros mismos y nos fabricamos un camino “más fácil”, creyendo que de ese modo también podremos llegar hasta Él. Pasando un poco más de tiempo, abandonamos en nuestro intento de ser mejores, pues ese camino que nosotros nos habíamos preparado era incapaz de darnos la felicidad. ¡Cuántas veces nos habrán ocurrido a nosotros cosas parecidas!

Hay una relación directa entre el amor que tenemos por algo y la capacidad de sacrificarnos por eso que amamos. Por ejemplo: una madre es capaz de hacer grandes sacrificios por su bebé de pocos meses porque le ama mucho. En cambio, con qué facilidad encontramos motivos suficientes para faltar a Misa un domingo; que en el fondo no es por otra razón sino porque amamos poco a Dios.

El sacrificio es la otra cara del amor. Todo amor auténtico ha de ser probado y purificado en el crisol del sacrificio. Así nos lo demostró Cristo en su propia persona y así nos lo enseñó él a nosotros. Él es el Maestro, nosotros no somos más que discípulos. El buen discípulo se limita a seguir las enseñanzas de su Maestro, no se dedica a fabricarse las suyas propias.

A pesar de que la teoría está clara; las dificultades que se presentan en el camino, unidas a nuestro escaso amor, nos llevan a abandonar con facilidad nuestras metas. Ahí está nuestro error.

Todos tenemos un tronco que llevar. Jesús hablaba de cargar con la cruz cada día. Al final del camino comprenderemos porqué.

por Padre Lucas Prados

Tomado de:
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¿Cómo será el Papado después de Francisco?

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En los próximos días se cumplirán cinco años de la abdicación del Papa Benedicto XVI uno de los hechos más graves y lamentables en la historia contemporánea de la Iglesia. Apenas anunciada la renuncia las usinas del progresismo comenzaron a propalar por todas partes que el gesto de Benedicto era “un gesto revolucionario” (entre quienes utilizaron esta expresión se contaba el entonces Arzobispo de Buenos Aires que, contra toda previsión, sería el encargado de suceder al papa dimitente).

¿En qué consistía lo “revolucionario” del gesto? En que Benedicto, finalmente, había comprendido que representaba el último residuo del papado absolutista y “monárquico” y con su renuncia abría la puerta a los nuevos vientos de la historia: ya no más un papa soberano absoluto cuyas decisiones eran ley suprema e inamovible sino un Papado abierto a la colegialidad que otorgaría al Colegio Apostólico su hasta ahora negado papel en el gobierno de la Iglesia. De hecho, los gestos iniciales del nuevo papa señalaban claramente este cambio de rumbo: Francisco, el día de su elección, en su primera presentación al mundo, se llamó a sí mismo “Obispo de Roma” y recordó, de la mano de San Ignacio de Antioquía, que el Obispo de Roma “preside en la caridad” a las otras iglesias obviando, llamativamente, que el Primado del Romano Pontífice no es sólo de caridad sino también de jurisdicción y de gobierno como fue definido dogmáticamente en el Concilio Vaticano I.

Las ya mencionadas usinas de la progresía se hartaron de batir el parche sobre el “Obispo de Roma”, la “colegialidad” (brumosa noción jamás definida con precisión), el final irreversible del “Papado monárquico” (el jesuita argentino Ignacio Pérez del Viso publicó en uno de los diarios de mayor tirada de Argentina un artículo con ese o parecido título), se aclamó el fin del “autoritarismo romano” fuente de tantos males y se anunció con gran júbilo la venturosa “primavera de la Iglesia” bajo la suave conducción colegiada del Papa Francisco. En definitiva, lo que venían a decir los fautores del progresismo era que lo único bueno y rescatable de Benedicto XVI -cuyo Pontificado fue blanco inmisericorde de toda suerte de ataques- había sido su renuncia. Muchos afirmaron esto con el recurso a los eufemismos más variados e hipócritas; otros lo manifestaron con todas las letras.

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Espíritu de resistencia y amor a la Iglesia

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Al acercarse el quinto aniversario de la elección del papa Francisco, oímos decir con frecuencia que estamos viviendo unos momentos dramáticos y totalmente inéditos en la historia de la Iglesia. Esto es sólo verdad en parte. La Iglesia siempre ha conocido horas trágicas en que ha visto lacerado su Cuerpo Místico desde que nació en el Calvario hasta los tiempos más recientes. Los más jóvenes no saben, y los más ancianos olvidan, lo terribles que fueron los años que siguieron al Concilio Vaticano II, origen de la situación actual. Hace cuarenta años, mientras estallaba la revuelta de mayo del 68, un grupo de cardenales y obispos que habían sido protagonistas del Concilio, trataron de imponer una transformación radical de la doctrina católica sobre el matrimonio. Su tentativa se vio frustrada, porque Pablo VI, mediante la encíclica Humanae Vitae del 25 de julio de 1968, reiteró la prohibición de la contracepción artificial y devolvió el ánimo y la esperanza a la desorientada grey. Pero Pablo VI, el papa de la Humanae Vitae,fue también quien causó una profunda ruptura con la Tradición católica al imponer en 1969 el nuevo rito de la Misa, en donde encuentra su origen la devastación litúrgica contemporánea. El mismo Pablo VI promovió la Ostpolitik, asumiendo el 18 de noviembre 1973 la grave responsabilidad de destituir al arzobispo de Esztergom y primado de Hungría, cardenal József Mindszenty (1892-1975), adalid de la oposición católica al comunismo. El papa Montini esperaba que se alcanzara un compromiso histórico en Italia, confiado al acuerdo entre Aldo Moro, secretario de la Democracia Cristiana,  y el Partido Comunista de Enrico Berlinguer. La operación fue bruscamente interrumpida solo  por el secuestro y asesinato de Moro, al cual siguió, el 6 de agosto de 1978, la muerte del propio papa Montini. También se cumplen cuarenta años de ello.

En aquellos años de traición y de sangre se alzaron voces valientes que es preciso tener presentes, no sólo porque es un deber recordarlas, sino porque nos ayudan a orientarnos en la oscuridad del momento actual. Entre otras recordamos dos antecesoras del estallido del llamado caso Lefebvre, el arzobispo francés cuya «misión profética en el momento extraordinariamente oscuro de una crisis generalizada de la Iglesia» ha subrayado monseñor Athanasius Schneider en una reciente entrevista.

La primera voz que se alzó fue la de un teólogo dominico francés, el padre Roger Calmel, que desde 1969 rechazaba el Novus Ordo de Pablo VI y en junio de 1971 escribió en la revista Itinéraires:

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María, Madre y Maestra del Sacerdote (II)

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Porque ha mirado la pequeñez de su esclava (Lc. 1, 48).

Queridos hermanos, en este verso, la Santísima Virgen, agradece complacida que Dios se haya dignado mirarla con buenos ojos, y acordarse de Ella, y haya obrado grandes cosas por medio de Ella; y, a su vez, reconoce su pequeñez como esclava, ejercitando en estas palabras una singular humildad. Con verdadera humildad confiesa su pequeñez como esclava, que, a pesar de ello, Dios no dejó de mirarla. María, nos enseña que el fundamento de las alabanzas de Dios, y de la acción de gracias por los beneficios recibidos, ha de ser el reconocimiento de nuestra pequeñez e indignidad. Esta pequeñez de la  que nos da muestra la Madre de Dios, ha de ser el título para pedir a Dios que nos mire con buenos ojos y nos conceda todo tipo de gracias.

La esclavitud de la Virgen María, es la identidad de todo su ser con Dios; así como el esclavo no se pertenece a sí mismo, sino que en todo pertenece a su amo; no tiene decisiones propias, sino que todas han de pasar por la voluntad de su señor; así como hasta la propia vida del esclavo depende de la voluntad de su amo,  así es María, toda de Dios. Nada hay en Ella que no sea del agrado de Dios, que no esté en consonancia con la voluntad Divina, desde el más sencillo pensamiento hasta la acción más importante, todo en Ella da gloria a Dios.

 Qué grande ha de ser la identidad del sacerdote con Jesucristo. Dios se dignó mirarle, fijar su mirada en él, elegirle para tan alto ministerio. Dios lo espera todo de su elegido. Las palabras profundamente humildes de María deben ser, para el sacerdote, modelo de vida sacerdotal. ¡La humildad del sacerdote! Todo lo que tiene lo ha recibido de Dios, nada tiene por méritos propios, pues todo lo que el sacerdote es, lo es por voluntad y gracia divina. La actitud de María debe ser la actitud del sacerdote ante Dios, es la entrega total de la vida del sacerdote a los planes de Dios, porque todo lo tiene le ha sido dado gratuitamente.

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Tecnología y Magia en las manos del Anticristo

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La imagen de su rostro en todo el mundo al mismo tiempo

La figura del Anticristo[1] es una verdad revelada. Como San Juan Evangelista lo describe reinante desde su tiempo, los Padres de la Iglesia –con esa autoridad que el Espíritu Santo les dio para enseñar la Palabra de Dios- lo vieron como un movimiento, como una especie de anti-iglesia que trabaja contra Jesucristo y su Pequeño Rebaño.

Pero también la figura del Anticristo toma presencia individual y personal en los relatos de San Pablo, por ejemplo. Entonces, la Patrística y los Santos Doctores nos enseñan que no hay contradicción entre San Juan y San Pablo. Tranquilamente un movimiento produce a su líder y éste lleva a la plenitud al movimiento que lo engendró.

Entonces tenemos en la Sagrada Escritura y en la Tradición que una falsa doctrina anticristiana será potenciada por el hijo de la perdición hasta llegar a una gran apostasía[2].  Que aquél “hijitos míos, no améis el mundo ni lo que hay en el mundo…” se vuelve la mejor síntesis plástica de la ideología culminante del Anticristo: “…porque en el mundo hay concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida”, explica San Juan en su Primera Carta. La carnecomo imagen plástica de los placeres sensuales y venéreos que halagan al hombre; la sinécdoque de los ojos deleitándose en el brillo del oro y del Dinero que atraen la fama y los aplausos con la posibilidad de tenerlo todo en esta vida que es la única; y por fin, viene el objetivo de coronar todo siendo dueño de todo, de ponerle el nombre a los hechos como yo quiero y no como son, de ser como dioses creadores de una nueva naturaleza:  la soberbia de la nueva “moral” del Anticristo. Ya está entre nosotros, decía el Águila de Patmos, ese mundo mundano antropocéntrico con filosofía gnóstica y fines materiales de moral subjetivista que combate al Reino y algún día terminará engañando a casi todos con la “gran apostasía” precedente de la Bestia del Mar.

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El homo vetus y el homo novus

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Si existió una vez, ahora ya no existe, aunque se busque con la linterna

¿Recordamos a aquel filósofo pagano que caminaba con la linterna y, sin conseguir encontrarlo, buscaba al hombre, al de verdad? Una sabiduría, la antigua, que fue enriquecida después por el Cristianismo, pero que hoy nosotros, en la era moderna, ya no conocemos. El hombre creado por Dios y hecho un poco inferior a los Ángeles, el hombre que ya no es capaz de humillarse sino sólo de exaltarse, este hombre se ha degradado en estos momentos a un nivel inferior a los animales, que al menos siguen su instinto, mientras que el hombre de hoy, poniendo a parte la razón, se ha depravado y corrompido. ¿Volverá el hombre a ser una creatura racional, como Dios la quiso y pensó? ¿Volverá a considerar que está compuesto de alma y de cuerpo?

La voz de Dios, que aún busca al hombre, su creatura, y todavía, como a Adán en el paraíso terrenal, le pregunta: “¿Dónde estás?”, aquella voz nos alcanza y no podemos en absoluto escondernos ante Dios, nuestro Creador y Señor, ante Dios, que lo ve todo, sabe todo y lo puede todo. Volvamos a escuchar la voz de Dios, a nuestra conciencia, que nos dice: esto lo puedes hacer, esto en cambio te mando que no lo hagas. ¡Es Dios el que manda, es El, el Señor! A nosotros nos corresponde la obediencia, la obediencia absoluta a la Ley de Dios. Es necesario siempre obedecer a Dios antes que a los hombres y a las leyes de los hombres, las antiguas y las nuevas.

¿Qué hemos hecho de los mandamientos? ¿En qué medida el Decálogo está presente en la legislación del hombre y la voluntad de Dios donde ha sido arrinconado por el hombre de hoy? ¿Tiene todavía el primer lugar el Señor, el único a quien Le compete? Recordemos que si reservamos al Señor el segundo lugar, El se pone en el último y nos deja solos. Pobres de nosotros sin el Señor, sin su ayuda y su apoyo, ¡sin El no podemos hacer absolutamente nada!

Busquemos al Señor mientras se deja encontrar. ¡El tiempo de la salvación no dura eternamente! Vendrá el día de la justicia y terminará el tiempo de la misericordia. “Festina, Domine, no tardaveris: relaxa facinora plebis tuae” / “¡Date prisa, Señor, no tardes, perdona las culpas de tu pueblo!”.

Nunca antes como hoy ha sido necesario que oremos sin cansarnos y sin interrupción. El amigo importuno es escuchado por su insistencia y así debe ser nuestra oración: insistente y perseverante.

¿Dónde estás, oh hombre? Que pueda encontrarse todavía en la tierra, porque  somos todos nosotros y a cada uno de nosotros busca Dios.

¡Reine Cristo y reine por siempre!

Oblatuscumpipsu

(Traducido por Marianus el eremita)

Tomado de:
https://adelantelafe.com/

Catecismo de la crisis en la Iglesia: EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA (III)

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EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA16.- ¿Quién tiene en la Iglesia el poder de enseñar con autoridad (poder magisterial)?

El magisterio eclesiástico, por derecho divino, pertenece al Papa para la Iglesia Universal, y a los Obispos para su propia diócesis.

¿Cómo reciben el Papa y los Obispos esta autoridad?- El Papa es el sucesor de San Pedro, y los Obispos son sucesores de los Apóstoles a quienes Nuestro Señor Jesucristo personalmente instituyó como doctores supremos de la fe. Ellos recibieron de Dios la carga de anunciar a sus discípulos la doctrina cristiana, de vigilarla y mantenerla pura. De esta manera, ellos continúan con la obra de Nuestro Señor Jesucristo, el cual, después de su Ascensión no está con nosotros de manera visible.

¿Nuestro Señor ha mencionado claramente este poder del magisterio otorgado a los Obispos?- Jesús dijo a sus Apóstoles: “Quien los escuche, a mí me escucha, y quien los rechace a mí me rechaza” (Lc. 10, 16). Esto se aplica también a los Obispos que son los sucesores de los Apóstoles.

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¿La sangre de los mártires es negociable?

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Debo confesar que en todo este “affaire” de la Santa Sede con el gobierno comunista chino sobre la permanencia o no de dos obispos católicos fieles a Roma en sus diócesis o por el contrario la negociación de su sustitución por obispos de la iglesia patriotica comunista china, es decir, cuya consagración no es válida, por lo que están excomulgados, me produce una gran tristeza. Al lado de esto todo el tema de la situación de la comunidad San Pio X, aparece como extraña, incluyendo las ordenaciones irregulares de obispos, tòpico que con los chinos parece no importar nada a la Secretaría de Estado!

“La estrategia de “encamarse con el Diablo” e impregnarse de “olor a azufre”, concluye George Weigel, “lejos de ser realismo… es una especie de cinismo que encaja a duras penas en una diplomacia supuestamente basada en la premisa de que ‘la verdad os hará libres’ (Jn 8,32)”. Esta frase reciente publicada del escritor Weigel, biógrafo de San Juan Pablo II, creo que resume magistralmente lo que sentimos la inmensa mayoría de católicos del mundo.

O como también magistralmente ha escrito el prestigioso vaticanista Sandro Magister: “Para despejar el campo de esta anomalía al filo del cisma – obstáculo grande para un acuerdo – las autoridades vaticanas han decidido, para ambas diócesis, “pedir un sacrificio” a los dos obispos legítimos, es decir, pedirles que se aparten y que reconozcan como único obispo titular de la diócesis al que ha sido nombrado por el gobierno, legitimándolo y absolviéndolo en caso de estar excomulgado.

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Lecciones de la Literatura

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Aparte de saber que no estamos solos[1], una de las cosas que nos puede enseñar la literatura es como pensaba la gente en otras épocas. No importa que una historia sea ficticia y todos sus personajes inventados, porque las obras de los grandes escritores siempre reflejan actitudes y comportamientos de su tiempo. Lógicamente, para que una historia sea creíble, para que tenga buena acogida entre el público, las motivaciones de los personajes tienen que ser propias de su época. Uno puede objetar diciendo que los hombres no han cambiado esencialmente desde que el mundo es mundo. Esto es verdad; por esta razón nos siguen apasionando las historias del pasado y nos siguen pareciendo relevantes hoy en día. Sin embargo, las estructuras sociales y la mentalidad que las sostiene sí han cambiado. En este artículo examinaré tres ejemplos literarios que reflejan eras pasadas que hablan de cuánto ha cambiado la sociedad respecto a la de hoy.

Primero, la novela Jane Eyre de Charlotte Brontë. La protagonista homónima se enamora del Sr. Rochester, el dueño de la casa donde trabaja como institutriz. A pesar de cierto misterio que rodea el pasado de Rochester, cuando éste le pide matrimonio, Jane no cabe en sí de gozo y acepta. El vuelco dramático tiene lugar en la iglesia, cuando el ministro que oficia la ceremonia dice la frase de rigor: “si alguno presente conoce algún impedimento por el cual estas dos personas no deben contraer matrimonio, que lo diga ahora o calle para siempre.” Un hombre en la sala exclama que no pueden casarse porque Rochester está casado con la hermana de éste. Ante el estupor de todos los presentes el novio lo reconoce; explica que de joven se casó en Jamaica con una mujer que luego se volvió completamente loca, que actualmente vive encerrada en el ático de su casa.

Hay que recordar un detalle importante: la autora y todos los personajes de su novela son protestantes; es decir, no creen en la indisolubilidad del matrimonio y en principio admiten el divorcio. No obstante, la protagonista entiende que las esperanzas de felicidad que había depositado en su unión con Rochester se han desvanecido para siempre. Presa de angustia y confusión, Jane se da a la fuga, con la intención de no volver a encontrarse jamás con su amado. Si la novela hubiera tenido lugar en la Inglaterra del siglo XXI en vez de principios del XIX, la solución a este problema hubiera sido muy fácil: un divorcio exprés y en 24 horas hubieran podido celebrar legalmente la boda. Una historia con este argumento no tendría ningún sentido hoy en día, simplemente porque un matrimonio previo no crearía conflicto alguno en la trama.

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Catecismo de la crisis en la Iglesia: LA FE (II)

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6.- ¿Qué es la fe?

La fe es una virtud sobrenatural por la que, apoyados en la autoridad de Dios mismo y movidos por su gracia, tenemos por absolutamente verdadero todo lo que El ha revelado[1].

-¿La fe presupone pues una revelación divina? Si, la fe es la respuesta del hombre a la revelación de Dios.

¿Cómo se ha revelado Dios a los hombres? Dios ha hablado a los hombres por Moisés, los profetas y sobre todo por su Hijo unigénito, Nuestro Señor Jesucristo.

-¿Cuáles son las verdades que el hombre conoce gracias a la Revelación divina? Gracias a la Revelación, el hombre conoce los atributos de Dios y su esencia trinitaria; conoce también su propio destino eterno: la visión de Dios en el Cielo. La Revelación le muestra en fin el camino a tomar para llegar a este fin: la observación de los mandamientos de Dios y la recepción de los Sacramentos, que son los medios de salud instituidos por Dios.

-¿Por qué se dice que la fe es sobrenatural? Las verdades reveladas por Dios, que son el objeto de la fe, sobrepasan la capacidad natural de nuestra inteligencia, por lo tanto no es posible adherirse a ellas sin una ayuda sobrenatural de Dios, la que se llama gracia.

-¿Cuál es el motivo que nos hace adherirnos a las verdades reveladas por Dios? El motivo de la fe es únicamente la autoridad de Dios que se revela. Creemos en las verdades de la fe porque Dios las ha afirmado y no porque nosotros las hayamos conocido por nosotros mismos. Creemos por ejemplo en la Santísima Trinidad o en la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, no porque nosotros hayamos descubierto esas verdades con nuestra inteligencia, sino porque Dios nos las ha revelado.

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Abortar la Humanae Vitae: ¿Puede la Iglesia lidiar con el salto cuántico bergogliano?

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La sabiduría convencional señala que «este desastroso papado» se encuentra en un continuum de declive eclesial pos-Vaticano II, en el cual Francisco no representa sino el punto más bajo hasta ahora alcanzado. Esto es real, pero solo superficialmente. Si analizamos de una manera más profunda el fenómeno que Antonio Socci ha denominado Bergoglismo, podemos ver un quiebre concreto en el continuum; un salto cuántico hacia el reino caótico de la mente de un jesuita mal formado, fascinado por su propio desorden del pensamiento.

Una analogía con la física atómica me pareció útil al analizar los efectos del salto cuántico bergogliano. Cuando un electrón que orbita un núcleo realiza un salto cuántico (transición a un mayor nivel determinado de energía), la distancia desde el núcleo aumenta, la atracción del mismo disminuye y el átomo se vuelve menos estable, es decir que es más propenso a combinarse con otros átomos circundantes a través de la ionización. Cuando ocurre la ionización, se alcanza una nueva configuración estable de electrones.

Por analogía, el salto cuántico bergogliano induce al elemento humano de la Iglesia a alcanzar un nivel diferente de «energía» respecto al núcleo de la Tradición, desplazándose aún más lejos del núcleo de lo que estaba en el nivel de energía anterior. En consecuencia, alcanza un nuevo nivel de inestabilidad y, por ende, una mayor propensión a combinarse con el pensamiento mundano en una integración más «estable» con el mundo. Si seguimos la analogía en términos de mecánica cuántica, la teología de este Papa se puede comparar con los electrones que se encuentran en estados superpuestos de energía al mismo tiempo, tanto altos como bajos, aunque la distribución de probabilidad favorezca siempre al salto cuántico hacia un mayor, pero menos estable, estado de energía; y, por analogía, a una mayor distancia del núcleo de la Tradición, en cualquier medición del macroresultado.

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¿El Vaticano vende la Iglesia Católica china entregándola al régimen comunista?

 

Queridos amigos, quisiera llamarles la atención hacia un suceso que nos ayuda a entender la gravedad de la situación que enfrentamos.

Un cardenal chino conocido por su fidelidad a Roma ha acusado al Vaticano de vender la Iglesia Católica china al régimen comunista de Pekín. El cardenal es el arzobispo emérito de Hong Kong Joseph Zen Ze-kiun. Para entender la situación, hay que retroceder un poco. Hay que remontarse a cuando Mao Tse Tung se hizo con el poder en los años cincuenta e inició una brutal represión de los católicos. El Papa, a la sazón Pío XII, protestó enérgicamente contra la persecución, y animó a los fieles a dar testimonio de su fe. La resistencia católica obligó al régimen chino a cambiar de estrategia.

Así pues, en 1957 creó una asociación patriótica con miras a atraer a los católicos con lisonjas para que se adhirieran al régimen. Y a los que seguían fieles al Papa los esperaban la cárcel y los trabajos forzados. De ese modo surgieron dos iglesias, cada una con sus propios obispos y sacerdotes. Por un lado, la patriótica, controlada por el gobierno comunista, que empezó a consagrar obispos, excomulgados por Roma. Por otro, los sacerdotes y laicos fieles a Roma, considerados subversivos por las autoridades.

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Catecismo sobre la crisis en la Iglesia: ¿Hay crisis? (I)

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1- ¿Hay actualmente una crisis en la Iglesia?

Habría que taparse los ojos para no ver que la Iglesia católica atraviesa una crisis grave. Se esperaba durante los años 1960,  en la época del Concilio Vaticano II, una nueva primavera para la Iglesia, pero sucedió todo lo contrario. Miles de sacerdotes han abandonado su sacerdocio, miles de religiosos y de religiosas han retornado a la vida secular. En Europa y en América del Norte, las vocaciones son muy raras y ya no se puede contar el número de seminarios, de conventos y de casas religiosas que han tenido que cerrar. Muchas parroquias permanecen sin párroco y las congregaciones religiosas deben abandonar escuelas, hospitales y casas de ancianos. “Por alguna fisura, el humo de Satán se ha introducido en el templo de Dios”, tal fue el lamento del papa Paulo VI el 29 de junio de 1972.[1]

-¿Se sabe cuántos sacerdotes han abandonado su sacerdocio durante los años 1960? En toda la Iglesia, entre 1962 y 1972, 21,320 sacerdotes fueron reducidos al estado laico. No están comprendidos en este número los que han tenido negligencia para pedir su reducción oficial al estado laico[2]. Entre 1967 y 1974 de treinta a cuarenta mil sacerdotes abandonaron su vocación. Estos hechos catastróficos pueden apenas ser comparados con los acontecimientos que han acompañado a la susodicha “Reforma” protestante del siglo XVI.

-¿Ha habido un desastre análogo en las congregaciones religiosas? En lo que concierne a las congregaciones religiosas femeninas, veamos lo que cuenta el Cardenal Ratzinger, precisando que no es mas que un ejemplo. Québec, provincia francoparlante de Canadá, era, a principio de los años 60 la región que contaba, proporcionalmente, la mayoría de religiosas en el mundo.

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Malicia del pecado venial

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Si se busca la causa de la flojera de un altísimo número de bautizados respecto de su vida espiritual, la enorme tibieza, abandono de las obligaciones inherentes a la vida cristiana, ausencia de un compromiso apostólico, rutina en la vida de piedad, ¿dónde se halla la causa principal de esta perniciosa acedia? Sin duda en la escasa o nula atención que se presta al llamado pecado venial.

Evitar todo pecado mortal ya parece un heroísmo a la mayoría de los bautizados. Son pocos los que poseen la delicadeza de darse cuenta de que aún el pecado venial es pecado, es ofensa a Dios, es traición, es deuda a pagar, es ocasión perdida de merecer; por lo que no se apuran por adquirir la sensibilidad suficiente para notar que el pecado venial es un mal de importancia.

Bien lo dijo San Agustín: las grietas, lentamente, abren brechas en el barco y producen su hundimiento.

Sí que es verdad que el pecado venial se puede perdonar sin el recurso de la confesión sacramental, pero sigue siendo un pecado que influye en el alma del cristiano, de modo que su exigua atención a los veniales puede deformar permanentemente la conciencia.

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¿El papa Francisco abre la puerta a la teología homosexualista?

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¿El papa Francisco abre las puertas de la Iglesia Católica a la teología gay? La pregunta surge espontáneamente ante la noticia de que para dirigir los inminentes y ya tradicionales ejercicios espirituales de Ariccia para el propio papa Bergoglio y a los miembros de la Curia romana se ha llamado al sacerdote-poeta portugués José Tolentino de Mendonça, conocido por ser admirador de Sor María Teresa Forcades i Vila, teóloga notoria por sus posturas favorables a la ideología homosexualista, que precisamente se encuentra en Italia estos días para presentar su libro Siamo tutti diversi! Per una teologia Queer (Castelvecchi Editore).

Como señala l’Osservatore Romano, los próximos ejercicios espirituales de Cuaresma que se celebrarán entre el 18 y el 23 de febrero en Ariccia en la Casa del Divino Maestro, serán en efecto dirigidos por el sacerdote-poeta, vicerrector de la Universidad Católica de Lisboa y asesor del Pontificio Consejo de la Cultura, que ha elegido como tema para su meditación el «Elogio de la sed».

¿Y quién es Sor Teresa Forcades? Forcades es una monja de clausura del monasterio benedictino de Montserrat que recorre el mundo divulgando el actual evangelio homosexualista en el seno de la Iglesia Católica. En el ejercicio de dicho cometido, intervino el pasado jueves 1 de febrero en Reggio Emilia, dentro de un ciclo de conferencias sobre el tema Teología de la mujer, al objeto de promover la aceptación de la homosexualidad en la Iglesia Católica, en la que, como explica el sitio web de los cristianos LGBT gionata.org, «son protagonistas mujeres teólogas que con su capacidad de análisis logran caracterizar y dar un valor específico al pensamiento teológico, a fin de ofrecer un punto de vista novedoso, diferente, renovador e inclusivo dirigido a quien se siente al margen de la Iglesia». Entrevistada después de su presentación, la religiosa española ha destacado que por fin ha cambiado la relación entre la Iglesia y la homosexualidad gracias a la llegada del papa Francisco, que mediante el Sínodo de la Familia intentó hacer lo posible para transformar la actitud de la Iglesia hacia la homosexualidad:

«Creo que el papa Francisco intentó dar un paso al frente en este sentido con el Sínodo de la Familia. No lo consiguió, pero tampoco es el mismo el clima actual que el de cuando no estaba Francisco. Por ejemplo, sor Jeannine Gramick, que desde hace muchos años trabaja en Estados Unidos con miras a la aceptación, no sólo de que se sea homosexual, sino también de la actividad homosexual, del amor homosexual físico, ha dicho que desde que llegó el papa Francisco no siente la presión que sentía antes para que no ejerciera un apostolado así.»

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Conozca el secreto para ser humilde

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Los filósofos clásicos tenían gran aprecio por la virtud, tanto es así que la estudiaron a fondo y llegaron a confeccionar una lista de más de 300 virtudes. Pero lo más curioso de todo es que entre ellas no estaba la humildad. Una virtud escondida a los ojos de los sabios que el cristianismo vendría a descubrir y ensalzar. Así lo leemos y meditamos en el Magnificat, perfecta radiografía del alma de María Santísima. «Él hizo proezas con su brazo: dispersó a los soberbios de corazón, derribó del trono a los poderosos, y enalteció a los humildes, a los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos.» 

Por su humildad María conquistó el corazón de Dios. La humildad es una virtud clave en la vida cristiana, pues se opone frontalmente a la soberbia, pecado luciferino por antonomasia. Es la base para alcanzar todas las virtudes, tanto las teologales (fe, esperanza y caridad) como las cardinales (justicia, templanza, prudencia y fortaleza). El propio Cristo no dijo que aprendamos de Él a predicar, a hacer milagros etc sino a ser mansos y humildes de corazón.

La palabra humildad proviene del término latino humilitas, de la raíz humus, que significa tierra (que es lo más bajo aparentemente), pero paradójicamente también humus significa fértil. Nada más fértil que un alma humilde, pues deja que Dios obre maravillas en ella. Su etimología griega dimana del término tapeinosis, que significa tapete, alfombra, algo que pisa todo el mundo. ¿Estamos dispuestos a dejarnos pisar (sufrir oprobios y desprecios) por amor a Cristo?

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La cruz de Callosa: el furor de la cristianofobia

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La piedra que desecharon los arquitectos se ha convertido en piedra angular, en piedra de tropieza y roca de escándalo. Tropiezan en ella porque no quieren creer en la Palabra (1Pedro 2,7)

No es ésta la primera prueba ostentosa de la persecución de los cristianos en España. La cosa viene de lejos, de muy lejos. ¿Recuerdan los tiempos en que el monopolio de la bondad era atributo indiscutible de la Iglesia? ¿Qué ha pasado para que esté a punto de ser condenada por las fuerzas de la cristianofobia como la pura encarnación del mal? La más grave acusación que esgrimen hoy contra la Iglesia las fuerzas de progreso que ostentan el poder, es la homofobia. Tal como están las leyes, con sola esta acusación tienen todas las cartas en su mano para declarar a la Iglesia fuera de la ley. Ya llevan una serie de ensayos; pero el más espectacular es el de la demolición y retirada de la cruz de Callosa del Segura.

¿Qué nos ha pasado? Para que al final desaparezca la cruz de la entrada de la iglesia, para que eso sea posible han tenido que pasar muchas cosas. La más determinante de todas, la rendición de muchísimos eclesiásticos que han abdicado de su misión de mensajeros de la Verdad del Evangelio: una Verdad universal, que salva no sólo a los cristianos, sino a toda la humanidad. En efecto, la Iglesia ha tenido en sus manos durante muchísimos siglos la salvación del hombre por méritos de la Cruz de Cristo y por el seguimiento de su doctrina salvadora. Elemento clave de la vocación consagrada, era la convicción de que sacerdotes, frailes, monjas, obispos y demás gente de Iglesia, eran los instrumentos de que se servía Dios para salvar a cada persona y a la sociedad en su conjunto.

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La “victoria” de Newman sobre los “ultramontanos”

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Hay discusiones estériles que implican una considerable pérdida de tiempo. Sobre todo cuando el interlocutor se maneja con apriorismos, se niega a profundizar el tema acerca del cual disputa y argumenta en base a una «logofobia» superficial. Así sucede, por ejemplo, con el término «ultramontano» en una bitácora «sedevacantista montaraz» de los Estados Unidos. Que no vamos a citar porque no queremos promover sus errores.

Para evitar equívocos respecto del «ultramontanismo» hay que meterse un poquito en la historia del Vaticano I. Conocer algo de las distintas posiciones que se expresaron en los debates conciliares y realizar el ejercicio mental de comparar los textos aprobados con esquemas, borradores y enmiendas, que no recibieron el voto favorable de los padres conciliares. La conclusión a la cual arriba la historia de la teología -y cualquier lector bien dispuesto- es que hubo opiniones teológicas que no llegaron a convertirse en actos del Magisterio conciliar. Por tanto, no es honesto hacer pasar aquellas opiniones como integrantes de lo enseñado por el Vaticano I.

Los textos de las definiciones dogmáticas del Concilio tuvieron una formulación precisa que no se apropió de las tesis personales de algunos de sus participantes. Así lo señalaba el p. Ford: «…el arzobispo Manning, el principal “azote” de la mayoría en el concilio, pudo sentirse un poco decepcionado con los términos moderados y restrictivos del texto final, aunque aparentemente esto hizo poco para suavizar su punto de vista de que el Papa es infalible por sí mismo en todos actos legislativos y judiciales. Desafortunadamente, la tendencia de Manning a maximizar la infalibilidad parece haber sido más influyente en las presentaciones teológicas posteriores que la postura más moderada de su compatriota y colega el cardenal Newman». Otro ejemplo de esta tendencia maximalista se encuentra en la moción presentada por el mismo Manning solicitando que se definiera como dogma que los estados de la Iglesia son de derecho divino.

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No nos induzcas a la tentación

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Queridos hermanos, el pasado mes de diciembre de 2017 entró en vigor en Francia la nueva traducción de  la frase del Pater nosterEt ne nos inducas in tentanionem: Y no nos dejes caer en la tentación, la  misma traducción  que en español. La traducción literal es: No nos induzcas a la tentación. Se ha planteado la pregunta de si la traducción literal es correcta. ¿Podemos decir que Dios induce a la tentación? ¿No parece una ofensa tal petición? Intentaremos dar un sentido, que pueda satisfacer y hacer entendible, a la traducción literal. Sigo la Santa Biblia de Mons. Juan Straubinger, 3ª edición especial. 2016, Universidad Católica de La Plata,  y sus notas a pie de página.

Vayamos a Éxodo 2, 21: Y dijo el Señor a Moisés: Cuando vuelvas a Egipto, mira que hagas delante del Faraón todos los prodigios que he dado en tu mano. Yo, empero, endureceré su corazón, y no dejará ir al pueblo. Igual que Dios actuó con el Faraón de Egipto, leemos en la Carta a los Romanos (9, 18): Así que tiene misericordia de quien quiere, y a quien quiere le endurece.  Se puede concluir que Dios de quien quiere tiene misericordia, y a quien quiere lo endurece.

En más pasajes bíblicos el Señor endurece el corazón. El Señor endureció el corazón del Faraón, de modo que no les escuchó, según el Señor le había dicho a Moisés (Ex. 9, 12).  Por eso los entregué a la dureza de su corazón: a que anduvieran según sus apetitos (Sal. 80, 13). “¡No hay peor castigo que esa libertad que con tanto ahínco defendemos! (cf. Hech.14, 15). El Señor los dejaba entregarse  a sus vicios y concupiscencias como los paganos, cuyos “gimnasios” imitaron, de modo que cosecharon frutos muy amargos: Como no estimaron el conocimiento de Dios, los entregó Dios a una mente depravada para hacer lo indebido (Rom. 1, 28)”.

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Una entrevista al Profesor Peter Kwasniewski sobre el sentido de la Misa tradicional

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La página católica croata Bitno acaba de publicar una sustanciosa entrevista con nuestro colaborador, el Dr. Peter Kwasniewski, sobre el descubrimiento de la antigua Misa, los liturgistas progresistas, las objeciones más comunes, la postura ad orientem, la opcionitis, el arqueologismo y otros temas. La entrevista se grabó en Nursia (Umbria, Italia) en julio pasado, y fue luego transcrita y traducida al croata por el entrevistador (lo cual explica el tono coloquial que aparece a veces). Su historia es la de muchos de nosotros, porque muestra cómo el descubrimiento de la Misa tradicional nos cambió para siempre la vida y cómo se dieron posteriormente las cosas.

Se ha ofrecido a Rorate Coeli la traducción al inglés. Las fotos son las que aparecen en el sitio croata.

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Entrevista al Prof. Peter Kwasniewski 

Antes de comenzar hoy las preguntas, Dr. Kwasniewski, diga por favor algo a los lectores sobre sí mismo. ¿Dónde hizo usted sus estudios y dónde enseña?

Nací en Chicago, Illinois, y crecí en Nueva Jersey, donde asistí a una escuela primaria católica, y luego a una escuela secundaria para niños dirigida por benedictinos. Durante este período canté en el coro de varias parroquias y escuelas, y comencé a estudiar música. Luego fui al Thomas Aquinas College, en California, para obtener el grado de licenciado (bachelor) en artes liberales, y posteriormente a la Catholic University of America para los grados de MA y PhD en filosofía, con especial énfasis en Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. El International Theological Institute de Gaming, en Austria, me contrató a continuación, en la época del cardenal Schönborn, y ahí enseñé filosofía y teología durante casi 8 años. Volví a los Estados Unidos a colaborar en el establecimiento de una nueva escuela de artes liberales inspirada en el movimiento de los “grandes libros” [Nota de la Redacción: véase aquí lo que hemos dicho sobre ese movimiento y su adopción por parte de John Senior], denominada Wyoming Catholic College. Durante la última década, he dado cursos de filosofía, teología, historia del arte y música. Para mí, la actividad más gratificante es dirigir el coro del college y las “scholas” en la liturgia.

¿Cómo conoció la Misa tradicional? ¿De dónde surgió su interés por ella?

Las cosas se dieron gradualmente, ya que yo no crecí con esa Misa. Nací en 1971, de modo que nunca asistí a ella. Ni siquiera sabía que existiera, como le ocurre a muchos de mi generación y a otros más jóvenes. Nosotros somos aquéllos a quienes se refería Benedicto XVI en su carta a los obispos de 7 de julio de 2007 cuando dice “que se pensaba, al comienzo, que los interesados en la antigua liturgia irían desapareciendo con las generaciones de más edad, en tanto que se ha demostrado ahora que los jóvenes han descubierto en esta forma un encuentro con el misterio de la Eucaristía que les resulta particularmente adecuado”. Esto es lo que me ocurrió a mí. Descubrí, al terminar la secundaria, cuando tenía entre 17 y 18 años, que existía algo llamado liturgia tradicional en latín. Como no la había en la región en que yo vivía, mi conocimiento de ella fue de tipo teórico. Hacia aquel tiempo, cada vez me interesaba más en la fe, y comencé a estudiarla detenidamente y a procurar vivirla más plenamente. Así, cuando se me dio la oportunidad en el college de comenzar a asistir periódicamente a la liturgia tradicional, ella empezó a hablarme en los hechos.

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La dislocación de la función magisterial después del Vaticano II (Romano Amerio)

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Texto leído en el congreso teológico de sí sí no no en 1996

Ruunt soecula, stat veritas.

Immo, stante veritate, stat homo, stat mundus.

Circumversamur undique et deversamur, sed veritas

nos erigit.

Amice, siste fugam, pone te in centro, ubi nullus

motus, sed vita, immo vita vivificans.

Los siglos pasan, la verdad permanece

Mejor, la verdad permaneciendo así, permanecen el hombre y el mundo

Estamos rodeados por todas partes, y desviados pero

La verdad nos sostiene en pie.

Amigo, no sigas huyendo, colócate en el centro, allí donde no hay movimiento, sino sólo la vida, pero la vida vivificante.

 

1. Llamado a aportar una contribución en el Congreso teológico de Sí, Sí,No,No, desearía desarrollar este principio: la crisis de la Iglesia católica es una crisis debida a la dislocación de la autoridad magisterial que, de la autoridad del Magisterio universal ha sido transferida a la autoridad de los teólogos. Dislocación que fue rápidamente experimentada, pues los años inmediatos del post-concilio la reacción fue viva, y estos seis últimos lustros, la mayoría de los teólogos ha logrado alcanzar lo que reivindicaba y se proponía cumplir: es decir que los teólogos sean reconocidos por sí mismos como partícipes del oficio didáctico de la Iglesia. Tengo entre mis papeles muchos recortes de periódico y numerosas pruebas de que todo se presentía como un peligro. 

I En los orígenes de la crisis: el equívoco en los textos del Concilio. 

2. El Concilio- es necesario decirlo- se reafirmó en la doctrina perenne de la Iglesia. Pero el peligro se anunció inmediatamente después. En efecto, no se puede olvidar el gran principio metódico de los innovadores, obispos y expertos conciliares. Estos últimos introdujeron subrepticiamente expresiones ambiguas en los textos propuestos, que se reservaban, después de su publicación, para interpretarlos en un sentido innovador. He ahí la estrategia perpretada, y perpretada explícitamente por los modernistas. A este respecto existe una declaración muy importante-documentada también en Iota Unum[i] – del dominico holandés Edward Schillebeeckx, que lo dice de una forma explícita: “ Nosotros expresamos las ideas de nuestro corazón de una manera diplomática, pero después del Concilio obtendremos las conclusiones implícitas”. O sea, : utilizamos un lenguaje “doble”, en el que la letra está formada a la vista de la hermenéutica, aclarando o ensombreciendo las ideas que nos convienen o nos interesan.

3. Se formaban así los documentos conciliares que, suponiendo una hermenéutica laxista y débil, irían a a reforzar las sentencias innovadoras. Sin olvidar que el escándalo principal y radical, que se tiene que atribuir a Juan XXIII, proviene de que consintió que los observadores protestantes del Concilio no sólo asistieran a los trabajos de las Comisiones, sino que cooperasen, hasta tal punto que ciertos textos del Concilio no son sólo elaboraciones teológicas de los obispos sino de teólogos protestantes.

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Adulterio

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Sus ojos están llenos de adulterio. 2 Pe. 2, 14.

El adulterio es un pecado de lujuria.

Queridos hermanos, Dios quiere nuestra santificación, y quiere que nos abstengamos de las inmundicias  de la carne, así lo dice San Pablo en la primera Carta a los de Tesalónica, capítulo cuarto. El vicio se ha generalizado, hasta el extremo de la consternación, a quien medite con gravedad y fe sus consecuencias. La voz del apóstol se ha silenciado, cuando debería resonar estruendosamente, primero en la propia Iglesia y de aquí en el mundo: Que cada uno sepa tener a su mujer en santidad y honor, no con afecto libidinoso, como los gentiles que no conocen a Dios; que nadie se atreva a ofender en esta materia a su hermano, porque vengador de todo esto es el Señor…; que no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad (2 Te. 4, 4-7).

El adulterio es un pecado mortal de lujuria, cometido entre dos personas casadas, pero pertenecientes a dos distintos matrimonios; o entre dos personas, una de las cuales está unida a otra por el sacramento del matrimonio. Este es de los  pecados más graves, en primer lugar, porque profana la santidad del sacramento; santidad que San Pablo llama grande en Cristo y en la Iglesia (Ef. 5, 32); es santo, porque por su virtud pueden los esposos conservarse puros al lado de la impureza; es santo, porque tiene en la Iglesia por objeto el dar santos o hijos de Dios; y es santo, por su significación, pues representa la inmaculada unión de Cristo y de su esposa la Iglesia.

Este sacramento tan santo lo profanan terriblemente los casados que comenten pecado de impureza con personas unidas en distinto matrimonio; lo profana terriblemente las personas casadas, que pecan con otras que no lo están; y lo profanan terriblemente, por último, las personas libres que pecan con otras, que ya están unidas en matrimonio.

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Mons. Schneider invita a los prelados de todo el mundo a firmar la Profesión de verdades inmutables

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ROMA, 30 de enero de 2018 (LifeSiteNews) – En una exclusiva entrevista concedida dos semanas después de una publicación de la Profesión de las verdades inmutables a respecto del matrimonio sacramental, monseñor Athanasius Schneider invita a sus hermanos obispos de los cinco continentes a participar con su firma para alzar una voz unánime en defensa de la santidad e indisolubilidad del matrimonio, en medio de una sociedad neopagana en la que el aborto se ha convertido en una plaga.

En una conversación sostenida con LifeSiteNews el pasado 15 de enero 2018, el obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán), declaró: «Dios decide cuándo es el momento, y llegará el momento en que el Papa y el episcopado vuelvan a proclamar, con toda claridad y esplendor y sin ambigüedades, la santidad del matrimonio, de la Familia y de la Eucaristía.»

Schneider ha hecho estos comentarios apenas dos semanas después de que junto con sus dos compañeros en el episcopado kazajo proclamara una Profesión de las verdades Inmutables a respecto del matrimonio sacramental. En dicho documento, los tres prelados profesan solemnemente las enseñanzas y la disciplina recibidas de la Iglesia y en relación con el matrimonio sacramental y las condiciones limitadas (ver Familiaris Consortio, nº 84) para que los católicos divorciados vueltos a casar puedan tener acceso a la absolución sacramental y la Sagrada Comunión.

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No cometerás actos impuros

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El Sexto Mandamiento de la Ley de Dios (Moral Católica 8)

Si el quinto mandamiento del Decálogo es expresión de la absoluta soberanía de Dios sobre cada individuo, el sexto -no adulterarás (Ex. 20:14)- manifiesta el dominio del Señor sobre la propagación y el desarrollo de la familia humana. Enseña la Escritura que Dios, después de crear a Adán, le dio por compañera a Eva, estableciendo así la institución matrimonial, principio y fundamento de la familia y de la sociedad, llamándoles, por la distinción de sexos, a participar de su poder creador.

El sexto precepto del Decálogo protege el amor humano y señala el camino recto para que el individuo coopere libremente en el plan de la creación, usando de la facultad de engendrar, que ha recibido de Dios. Al mismo tiempo, traza un cauce al instinto, de modo que la generación no sea fruto de una fuerza irracional -como en los animales-, sino una donación libre y responsable, concorde al decoro y santidad de los hijos de Dios.

Expresado en forma negativa, señala los límites dentro de los cuales el uso de la facultad sexual respeta el orden establecido por Dios, convirtiéndose en medio de santificación.

La virtud de la castidad consiste esencialmente en la ordenación del instinto sexual al fin que Dios le ha señalado. Se trata de una exigencia de la misma naturaleza humana, que pide que lo corporal permanezca subordinado y sujeto a lo espiritual.

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Los enemigos de Dios y España y su odio a la cruz de Callosa de Segura

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Los enemigos de Dios y de España retiraron recientemente la ya famosa cruz de Callosa de Segura, Alicante, (España) con premeditación, nocturnidad y alevosía, aunque afortunadamente la Sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) paralizó la retirada de la cruz en honor a los caídos por la Fe y deberá ser devuelta a su lugar por mucho que les pese. Esperemos que así sea y la cruz de Cristo, recuerdo de la gloriosa Cruzada del 36, sea un símbolo de resistencia a la ideología dominante.

Son tiempos recios y es hora de jugársela en defensa de nuestros símbolos más queridos. No podemos dejar que nos avasallen ultrajando impunemente los más grandes ideales en los que creemos. Hay que rezar mucho, formarse y pasar a la acción. Defendamos los derechos de Dios y de España hasta dar la vida si es necesario. Morir o vencer.

Javier García Isac, director de Radio Ya y con una dilatada trayectoria en los medios de comunicación analiza los hechos y reflexiona en torno a la sectaria ley de memoria histórica, que se volverá todavía más feroz contra los símbolos patrióticos y religiosos.

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Franciscanos de la Inmaculada: se alza una voz valerosa

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Padre Paolo M. Siano
Corrispondenza Romana
24 de enero de 2018

Hace pocos días, el pasado 21 de enero, se cumplió un aniversario importante, no sólo en la historia de nosotros los Franciscanos de la Inmaculada. Aquel día de hace 6 años (2012) tuvo lugar en nuestro convento romano de la Vía Boccea el encuentro entre el entonces Consejo General de los Franciscanos de la Inmaculada y cinco frailes (dos estadounidenses y tres italianos) que se oponían a la persona y el gobierno del padre Stefano Manelli, fundador y ministro general.

Junto con otros docentes y encargados de formación del entonces Seminario de los Franciscanos de la Inmaculada, fui invitado por el P. Manelli a participar del encuentro. Éste duró toda una jornada, dividida en dos sesiones, y fue devastador por la cantidad y la vehemencia de las ponzoñosas acusaciones vertidas contra él.

En retrospectiva, nos damos cuenta de que esas acusaciones se iban desarrollando en la campaña de desprestigio y la guerra eclesiástica, mediática y judicial contra el padre Manelli, guerra promovida o avalada por algunos eclesiásticos (incluso vaticanos), hermanos, seglares y un sacerdote diocesano un poco «tridentino». En estos seis años he asistido a la objetiva devastación de mi familia religiosa (frailes, hermanas y laicos), a la persecución (todavía en curso) del padre fundador y del auténtico carisma de nuestra orden aprobado por el papa san Juan Pablo II.

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Colapso en la catequesis

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No hay duda de que una de las mayores carencias de la Iglesia Católica de hoy es la deficiente catequesis. Un auténtico testimonio de la fe depende de una correcta comprensión de ésta.

Su Eminencia el cardenal Burke, en mayo 2017, durante el «Rome Life Forum» refiriéndose a la tarea de los clérigos de enseñar la fe a los fieles, señaló la causa de la crisis actual en la Iglesia:

Su incapacidad para enseñar la fe, en fidelidad a la enseñanza y práctica constantes de la Iglesia, ya sea por un enfoque superficial, confuso o incluso mundano y su silencio, pone en peligro mortal, en el más profundo sentido espiritual, a las mismas almas por las cuales han sido consagrados para cuidar espiritualmente. Los venenosos frutos del fracaso de los pastores de la Iglesia se ven en la forma de adoración, de enseñanza y de disciplina moral que no están en consonancia con la Ley Divina.

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Debemos terminar hoy con el hábito del pecado mortal

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Nota del Editor: La siguiente carta fue escrita por un capitán de la armada de los Estados Unidos que desea permanecer anónimo, pero que me ha revelado su identidad en privado. Creo que su carta humilde y movilizadora es muy importante, especialmente acercándose el tiempo de cuaresma. MJM

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He estado oyendo recientemente una maravillosa colección de sermones de un sacerdote. Éste perteneció a una orden que no nombraré, porque no dudo que muchos no lo escucharían, pero es probable que muchos lo descifren. No puedo dejar de sentir que de alguna manera esto fue una inspiración, el escuchar estos sermones al acercarse el sagrado tiempo de la cuaresma.

Los sermones fueron parte de un programa más grande llamado Misión, del cual jamás había escuchado antes. Esta Misión se realizó en los últimos 5 años. El sacerdote dio un mensaje sencillo pero poderoso, fácil de comprender y cubriendo temas básicos sobre nuestra fe como el cielo, el infierno y el juicio venidero. En los siguientes párrafos intento resumir el impacto que estos sermones tuvieron en mi vida, recordando algunos de los sentimientos que tuve mientras lloraba y escuchaba, dándome cuenta de golpe qué mal católico me había vuelto.

Me había considerado un buen católico, ahora creo que no lo soy. Fui criado por mi madre como católico, dado que mi padre es protestante (por favor oren por su conversión). No tenía amigos tradicionalistas y no había escuelas tradicionalistas. Había algunas escuelas Novus Ordo, pero no quiero pensar cuánto habría caído de haber asistido a alguna de esas escuelas.

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En la Misa Tradicional se contempla la belleza de Dios

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En la Misa de siempre se percibe con total claridad la trascendencia y sacralidad del Misterio que se celebra. Mucha gente alejada de la Fe vuelve a la ella cuando la conoce. Es el caso de Luis Medina, que regresó a la Iglesia tras caer en el protestantismo. Hoy es un padre de familia ejemplar que compagina su actividad profesional con la evangelización a través de las redes sociales. En esta entrevista nos cuenta lo que supuso en su vida descubrir la Misa de San Pío V.

¿Nos podría hablar de su infancia y educación católica y de cómo la religión estaba muy presente en cada actividad cotidiana?

Crecí en el norte de México, el seno de una familia muy católica. Mis padres son católicos y personas muy buenas. El pilar de la fe eran mis abuelos, los dos eran muy devotos, iban a la Santa Misa a diario, estaban involucrados en algún tipo de actividad de la parroquia y ponían un énfasis muy grande en la oración. Mis abuelos siempre, SIEMPRE rezaban el Ángelus al mediodía, y el Santo Rosario a las seis de la tarde todos los días. La vida entonces tenía otro ritmo, era un mundo más lento que el actual, había un sentido más comunitario y las familias se visitaban muy seguido sin tener pretexto alguno, de repente te llegaban de sorpresa porque querían ‘ir a saludar’.

Mis padres, aunque muy fieles a la Iglesia no eran tan devotos como mis abuelos, ellos se encargaban de que tuviéramos la formación espiritual necesaria, pero las disciplinas espirituales no eran enfatizadas al mismo grado que mis abuelos.

A pesar de que México era (y lo sigue siendo) un país altamente laico, durante mi infancia la presencia de la Iglesia era palpable en la sociedad. En ese entonces se respetaban los días festivos del calendario cristiano, durante la Semana Santa todo el vecindario se volcaba a la parroquia local, y era común ver a los sacerdotes visitar a las familias, todo giraba en torno a la fe. En ese entonces era normal que las mamás ayudaran a catequizar a los niños y los papás dieran clases de formación de los adultos, a preparar a los niños para ser monaguillos, mi familia -como cualquier otra familia mexicana- participaban en las actividades y necesidades de la parroquia. Tanto mi madre como mi abuela fueron ‘mamás catequistas’, mi abuelo ayudaba en el coro, mis tíos ayudaban en Misa y yo fui monaguillo. Hoy en día ese mundo parece cada vez más una fantasía si lo contrasto con el mundo en el que están creciendo mis hijas.

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Cuentos con moraleja: “Que Dios esté siempre presente en nuestras vidas”

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Junaid tenía un discípulo al que prefería sobre todos los demás, lo que suscitó los celos de los otros discípulos: Junaid -que conocía los corazones- se dio cuenta de ello.

– Os es superior en cortesía y en inteligencia, les dijo. Hagamos una experiencia para que vosotros también lo comprendáis.

Junaid ordenó entonces que le trajeran veinte pájaros, y les dijo a los discípulos:

– Que cada uno coja un pájaro, se lo lleve a un lugar en el que nadie lo vea, lo mate, y me lo traiga luego.

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María, Madre y Maestra del sacerdote

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Y mi espíritu se alegra en Dios, Mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su esclava. Lc. 1.47-48

Queridos  hermanos, María es Madre y Maestra de  forma privilegiada y especial del sacerdote.  La relación del sacerdote con la Madre de Dios debe alcanzar una profundidad y unión tal que el sacerdote no pueda entender su sacerdocio sin la Reina de cielos y tierra. Profundidad que se ha de alcanzar meditando el “misterio  de María”, llegando al abismo que supone encontrarse con la realidad de la toda “llena de Gracia”. Estamos ante el profundo misterio de la “grandeza de la esclava”, misterio de tal condición que el alma siente, a veces, verdadero vértigo al asomarse a esta realidad; en este vértigo el alma del sacerdote se sobrecoge al percibir quién es María; sobrecogimiento, y al mismo tiempo alegría sobrenatural, porque es una alegría distinta a la que tiene lugar en la naturaleza, es un gozo íntimo entre el sacerdote y María, entre el hijo y la Madre.

Unión,   que implica vivir el sacerdocio con María; unión indisoluble, que ha de llegar a la perfección de no hacer nada sin contar con  Ella. La vida sacerdotal ha de ser una tendencia constante hacia María; como un caminar hacia el encuentro con Ella; encuentro que tiene lugar en el Santo Sacrificio, y se prolonga en la vida del sacerdote. No es posible el sacerdocio sin María, como no es posible la santidad del sacerdote sin la Madre de Dios.

María es Madre y Maestra constante del sacerdote. Todo en Ella es enseñanza, instrucción, modelo, ejemplo, ayuda, consuelo, repuesta a las necesidades del sacerdote. Las mismas palabras del Magnificat, en el caso que nos ocupa en este artículo,  son guía para el sacerdote, enseñanza santa y sublime, que bien entendida por aquel, le ayudará a reforzar la alegría sacerdotal, y a profundizar en la gracia del sacerdocio. La respuesta de la Santísima Virgen a su prima Santa Isabel, no son las palabras con las que el común de los mortales suelen contestar mostrando su agradecimiento. Todo lo que la Madre de Dios dijo, en respuesta a su santa prima, fueron palabras dirigidas a Dios; enseñándonos el modo de cómo nos hemos de portar cuando nos alaban, porque lo mejor y más seguro es cambiar la conversación para dirigirla a Dios, de quien proceden los dones  por lo que somos alabados.

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Quien obedece no se equivoca… ¿o sí?

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Hoy en día, en medio de lo que San Pablo llamó “la gran apostasía”, en la peor crisis de toda la historia de la Iglesia, es comprensible que la mayoría de católicos sean incapaces de navegar las turbias aguas eclesiales. Lo que hacen muchos es simplemente rendirse ante la confusión reinante: dan la espalda a la Iglesia y se olvidan de todo. ¡Gravísimo error! Otro error, no menos grave, que trataré de abordar en este artículo, es sucumbir a mensajes simplistas de los “conservadores”.

Con el fin de hallar algún descanso para el alma en estos tiempos convulsos, muchos fieles delegan completamente en los pastores de la Iglesia, que ante la crisis sólo tienen una palabra: obediencia. Obedecer a los superiores legítimos es una buena norma, pero al vivir en tiempos extraordinarios, la norma no vale. Incluso en el mejor de los tiempos, es un suicidio espiritual para un fiel católico abdicar de su uso de razón y obedecer ciegamente. Y no vivimos en el mejor de los tiempos. Es muy fácil decir: “quien obedece no se equivoca”, pero tras 50 años de obediencia a Roma, al Concilio Vaticano II y a todas las “reformas” que la Iglesia ha sufrido en este tiempo, los frutos están al alcance de la vista. Ya sé que ahora no se estilan las sutilezas. Estamos en la era digital, cuando la capacidad de atención de la gente ha mermado drásticamente gracias a los smartphone; cuando el pensamiento se tiene que limitar a los 140 caracteres de Twitter; cuando las propuestas políticas se resumen en eslóganes de cuatro palabras. Sin embargo, es absolutamente necesario definir qué tipo de obediencia debemos a las autoridades de la Iglesia y cuando es lícito desobedecer. Se nos va la salvación en ello.

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Existen ejemplos recientes de grandes hombres de Iglesia que han desobedecido las órdenes de Roma por el bien de las almas, pero el ejemplo de SANTA DESOBEDIENCIA eclesial que hoy traigo a colación es el de Robert Grosseteste, un obispo inglés del siglo XIII. Este ejemplo lo explica maravillosamente bien el gran Michael Davies en este escrito, precisamente para ilustrar lo mismo que estoy argumentando con este artículo: que a veces es lícito y hasta necesario desobedecer una orden del Papa, si dicha orden va claramente en detrimento de las almas. La primera regla de la Iglesia, la principal razón de su existencia, es la salvación de las almas. Cualquier otra consideración es secundaria. Por tanto, cuando se ve que la autoridad está obrando en contra de la salvación de las almas, promoviendo la herejía o abandonando a los fieles, es el deber de los católicos RESISTIR a los malos pastores.

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Monseñor Schneider explica por qué habla claro sobre Amoris Laetitia

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En esta exclusiva entrevista por correo electrónico con el National Catholic Register,publicada el pasado 11 de enero, el pastor kazajo  expands  sobre su devoción a la Eucaristía y sobre temas de actualidad.

Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán), ha asumido un destacado papel en lo que se refiere a afirmar asserting  la enseñanza moral de la Iglesia en lo referente a diversas interpretaciones del capítulo 8 de Amoris Laetitia, el documento del papa Francisco sobre el Sínodo de la Familia, que según sostienen algunos está socavando la fe y la moral.

El pasado 31 de diciembre dio a conocer junto con otros tres obispos kazajos una Profesión de las verdades inmutables a respecto del matrimonio sacramental, en la que afirman que la interpretación que hacen algunos prelados del mencionado capítulo, en particular en lo que se refiere a permitir que divorciados vueltos a casar que no guardan la continencia reciban la Sagrada Comunión, está causando una confusión generalizada, propagará la plaga del divorcio y es ajena a la fe y a la entera Tradición de la Iglesia.

Los prelados, a los que desde entonces se han adherido cinco obispos más, reiteraron la indisolubilidad del vínculo matrimonial, y argumentaron que tales interpretaciones del capítulo 8 equivalen a «una especie de introducción del divorcio en la Iglesia».

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