Del Adviento (Catecismo Mayor de San Pío X)

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1) ¿Por qué se llaman Adviento las cuatro semanas que preceden a la fiesta de Navidad?

— Las cuatro semanas que preceden a la fiesta de Navidad se llaman Adviento, que quiere decir advenimiento o venida, porque en este tiempo la Iglesia se dispone a celebrar dignamente la memoria de la primera venida de Jesucristo a este mundo con su nacimiento temporal.

2) ¿Qué propone la Santa Iglesia a nuestra consideración en el Adviento?

— La Santa Iglesia en el Adviento propone a nuestra consideración cuatro cosas:

a) las promesas que Dios había hecho de enviar al Mesías para nuestra salvación;

b) los deseos de los antiguos Padres que suspiraban por su venida;

c) la predicación de San Juan Bautista, que preparaba al pueblo para recibirlo exhortando a penitencia;

d) la última venida de Jesucristo en gloria a juzgar a vivos y muertos.

3) ¿Qué hemos de hacer en el Adviento para conformarnos con las intenciones de la Iglesia?

— Para conformarnos con las intenciones de la Iglesia en el Adviento hemos de hacer cinco cosas:

a) meditar con viva fe y con ardiente amor el gran beneficio de la Encarnación del Hijo de Dios;

b) reconocer nuestra miseria y la suma necesidad que tenemos de Jesucristo;

c) suplicarle venga a nacer y crecer espiritualmente en nosotros con su gracia;

d) prepararle el camino con obras de penitencia, especialmente frecuentando  los Santos Sacramentos;

e) pensar a menudo en su última espantosa venida, y a la vista de ella ajustar a su vida santísima la nuestra, a fin de tener parte en su gloria.

por San Miguel Arcángel

Tomado de:

adelantelafe.com

Monseñor Lefebvre Habla de la Apostasía

Monseñor Lefebvre

Mons. Lefebvre no ha dejado de denunciar la actual apostasía refiriéndose (en su última obra Itinerario Espiritual, Ecône 1990, p.70) a la ocupación de la Iglesia por Papas infieles y por Obispos apóstatas que destruyen la fe del clero y de los fieles, afirmando que: «Esta apostasía hace a estos miembros, adúlteros, cismáticos opuestos a toda tradición, en ruptura con el pasado de la Iglesia y en consecuencia con la Iglesia de hoy, en la medida en que la Iglesia de hoy permanezca fiel a la Iglesia de Nuestro Señor». Texto que desgraciadamente hay que decirlo ha sido mutilado en la edición hecha en español en Buenos Aires 1991, es una vergüenza que se recorte impunemente a Monseñor.

En el prólogo de la misma obra, Mons. Lefebvre evidencia el  cisma y la apostasía, de quienes le condenaron junto con Mons. de Castro Mayer, minimizando y negando las riquezas de la Encarnación y de la Redención: «Los que estiman un deber minimizar estas riquezas e incluso negarlas, no pueden sino condenar a estos dos Obispos y así confirmar su cisma y su separación de Nuestro Señor y su Reino, la causa de su laicismo y su ecumenismo apóstata». (Itinerario… Ed. española, Buenos Aires 1991, p.14).

La Libertad religiosa, tal como es enseñada y propuesta por Vaticano II y Juan Pablo II, su fiel servidor, contenida en la declaración «Dignitatis Humanae» constituye una blasfemia y una verdadera apostasía tal como manifiesta Mons. Lefebvre: « es una blasfemia y una apostasía hacer de este argumento un principio absoluto y fundamental del Derecho público de la Iglesia. Los Papas han condenado formalmente, ellos mismos, la actitud de  los Estados incluso católicos de nombre, que reducen así la Iglesia al régimen del derecho común (…) ». (Itinéraires, nº 233, p.46-47).

Continuar con las orientaciones del Concilio, cosa que hace Juan Pablo II con todo entusiasmo y esmero, es extender la apostasía por todas partes: «La situación de la Iglesia es tal que sólo un Papa como San Pío X puede parar la autodestrucción que sufre la Iglesia sobre todo después del Concilio Vaticano II. Proseguir con las orientaciones de este Concilio y de sus reformas post-conciliares, es extender la apostasía y conducir la Iglesia a su ruina. Se juzga el árbol por sus frutos, dijo Nuestro Señor mismo». (Itinéraires, nº233, p.129-130).

El liberalismo conduce a la apostasía tal como advierte Mons. Lefebvre (Cf. Le Destronaron… p.11).

« La Libertad Religiosa es la apostasía legal de la sociedad: recordadlo bien…» por esto Mons. Lefebvre no firmó la Declaración sobre la Libertad Religiosa (Dignitatis Humanae) porque como bien recalca: «¡No se firma una apostasía!». (Ibídem, p.75).

Apostasía práctica, apostasía latente fueron expresiones utilizadas por Mons. Lefebvre para expresar el estado de pérdida de la fe. (Cf. Ibídem, p.113 y 208).

De modo más enérgico Mons. Lefebvre afirmó: «Lamentablemente debo decir que Roma ha perdido la fe, Roma está en la Apostasía. Estas no son palabras en el aire, es la verdad: Roma está en la apostasía. Uno no puede tener más confianza con esa gente, ya que ellos abandonan la Iglesia. Esto es seguro». Esto dijo Mons. Lefebvre después de la entrevista que tuvo con el Cardenal Ratzinger el 14 de Julio de 1987, en la conferencia dada durante el retiro sacerdotal en Ecône el 14 de Septiembre de 1987.

La razón última y profunda de la resistencia de Mons. Lefebvre: «es la apostasía general, es por esto que nosotros resistimos (…)». (L’Eglise Infiltrée par le Modernisme, Ed. Fideliter 1993, p.69).

La apostasía de Juan Pablo II expresada por Mons. Lefebvre  cuando se le objetaba las futuras consagraciones en contra de la voluntad del Papa, en estos términos: «¿ Contra el Papa? Pero contra un Papa que destruye la Iglesia, que es prácticamente un apóstata y que quiere hacernos apóstatas, yo pregunto: ¿qué hacer? ¿hay que renunciar a la continuidad de esta obra de la Iglesia para complacer a aquel que no quiere saber más de la tradición, que ya no quiere que Nuestro Señor Jesucristo reine públicamente, y que nos conduce a la apostasía?» (Conferencia del 14/8/1987).

La impostura de Asís

La Apostasía

Cuidado con no tragarse el sapo del Sínodo (republicado y actualizado)

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25 octubre, 2015

[25/10/2015] Republico este artículo, con fecha original mayo 2015, por su rabiosa actualidad sobre la relatio final del Sínodo, que NO resultados, porque el desenlace final será el que el papa quiera que sea, por cuanto el Sínodo no tiene poder alguno decisorio.

Me gustaría añadir que la cuestión de la comunión a los divorciados la considero un mero fuego artificial, por cuanto el asunto ya fue resuelto previamente por el papa introduciendo el “divorcio católico”, con el cual ya no tendremos más divorciados porque la excepción será el que no consiga anulación, así que sin divorciados no hay problemas de comunión a los mismos…asunto resuelto. Y este sapo sí que se lo  han tragado casi todos. Estamos pendientes del mosquito cuando ya nos han colado al camello en nuestra casa. Desde diciembre que entre en vigor nuestros sacerdotes empezarán a “casar” a adúlteros por miles, con falsas “anulaciones” a los ojos de Dios. ¿Su conciencia se lo permitirá?, ¿no harán nada?, ¿van a contribuir a la falsificación del sacramento dando cobertura en sus iglesias y parroquias a esto?

Conseguido con carácter previo el objetivo de la destrucción del matrimonio con las nulidades express, parece que ahora andamos encaminados hacia la derivación doctrinal a las conferencias episcopales como paso último de la democratización e inculturación eclesial. Este fragmento en el discurso de clausura del Papa me resulta sencillamente aterrador, resulta que las gravísimas discusiones doctrinales del Sínodo no son más que diferencias culturales que se resuelven con la inculturación.  Atención: “Y –más allá de las cuestiones dogmáticas claramente definidas por el Magisterio de la Iglesia [nota del autor: parece por lo que sigue que todo el tema de la comunión y los divorciados deben estar excluidas de estas cuestiones dogmáticas y es un mero problema de inculturación]hemos visto también que lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo, para el obispo de otro continente; lo que se considera violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra; lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede parecer simplemente confusión. En realidad, las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado”. En definitiva: café para todos.

Me resulta realmente patético ver los titulares de la prensa neocatólica trabajando a revientacaldera para vendernos las excelencias del documento sinodal final. Algo previsible por otra parte, como ya anticipaba en mayo.

Miguel Ángel Yáñez

 
 

Publicado originalmente el 16/5/2015

Se han vertido ríos de tinta sobre lo que pasará en el próximo Sínodo de la familia. Aprecio que por ambos lados hay una suma expectación sobre si se autorizará, o no, la comunión a los divorciados vueltos a casar –adúlteros y pecadores públicos-. Parecería como si de sus documentos no saliera una aprobación explícita sería un “triunfo de Cristo”.

¡Muuucho cuidado! Observemos detenidamente el pasado para aprender la metodología empleada y no vernos desarmados a la primera de cambio. En los últimos cincuenta años se han ido implementando prácticas y doctrinas “extrañas” -por decirlo elegantemente- por una vía de hechos consumados, más que por la explicitación doctrinal clara y sistemátizada. Se ha jugado con introducir términos ambiguos explotables a posteriori, lo que Michael Davies llamaba “bombas de tiempo”. Así viene operando el modernismo desde el Concilio hasta nuestros días con notable éxito.

El modernista,  como recordaba San Pío X en Pascendi, odia definir de forma clara su pensamiento, no tiene miedo alguno a herir el principio de no contradicción, y lo difumina a base de pinceladas por aquí y por allá, para parecer dubitativo y evitar así las condenas o reacciones. Un trazo tradicional por este lado, un toque modernista por el otro. Los más tradicionales que se queden con la pincelada que les gusta, mientras ellos se quedan con el pincel operando a su gusto ante la sonrisa complaciente de sus “opositores”.

El que espere en el próximo Sínodo una declaración formal y fundamentada aprobando el sacrilegio de la comunión, se puede quedar sentado esperando. Lo que quiera que planeen hacer vendrá siempre a posteriori vía excepciones, comisiones de estudios, delegaciones a las conferencias episcopales…etc., eso sí, todo adornado de doctrina tradicional para que los posibles opositores puedan aplaudir a rabiar, condenar a los que lo señalen, y lubricar bien sus gargantas para tragarse el repugnante sapo, cocinado y dorado a fuego lento durante los últimos cincuenta años.

Algunos, de tanto ingerir tan indigesto anfibio han terminado por cogerle el gusto. Yo no pienso probarlo.

Miguel Ángel Yáñez

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com

San Pío X y la política

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6 octubre, 2015

Según el prejuicio católico liberal la Iglesia no debe hacer política, o sea no debe ocuparse de cuestiones que tienen que ver con la familia y el Estado (sociedad perfecta e imperfecta en el orden natural o temporal), sino que debe permanecer confinada (por su materia, que es puramente espiritual) en la esfera privada e individual. Ahora San Pío X, el Papa de la afirmación explícita e intergral de la verdad, ha elegido como su divisa, y la ha aplicado en el curso de todo su pontificado, el lema “Instaurare omnia in Christo / Restaurar todo en Cristo”.

“Todo” en Cristo

Todo, vale decir que no sólo el individuo, sino también la familia y la ciudad o polis. De hecho el hombre es un animal social (Aristóteles) y fue hecho para vivir en una familia, que uniéndose a otras familias forma una ciudad o una aldea y más aldeas puestas juntas forman el Estado. Sin el Estado, entonces, el hombre sería un animal salvaje y le faltaría uno de los elementos constitutivos de su naturaleza de animal racional y libre que es la sociabilidad.

La Iglesia y el Papa deben hacer política porque se ocupan del hombre y lo deben elevar al orden sobrenatural a fin de que se salve el alma no por sí solo, no siendo él un “animal salvaje y silvestre”, sino junto a su familia y a la ciudad de la cual forma parte. De hecho no sólo el individuo debe ayudar a aquellos que le son cercanos a salvarse, sino que del orden o del desorden que reinan en la familia y en el Estado depende la mayor o menor facilidad para el individuo de santificarse y salvarse: “De la forma dada a la Sociedad, a según que esté de acuerdo o no con las Leyes divinas, depende el bien o el mal de las almas. Ante esta consideración y previsión, ¿cómo podría ser lícito para la Iglesia […] permanecer espectadora indiferente frente a los peligros a los cuales van al encuentro sus hijos, permanecer en silencio o fingir no ver situaciones que […] hacen que sea difícil o prácticamente imposible, una conducta de vida cristiana?”
(Pío XII, Radiomensaje La solemnidad, Pentecostés 1941)[1]. Sigue leyendo

El Verdadero Tercer Secreto de Fátima

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Por Alberto Villasana

El título de este artículo puede causar asombro, ya que la mayoría conoce y da por auténtica la versión oficial, publicada por el Cardenal Angelo Sodano en junio del año 2000, en la que supuestamente se dio a conocer la revelación hecha por la Santísima Virgen María a los tres pastorcitos de Fátima, Portugal, en 1917. También se acepta que la “Hermana Lucía” validó ese texto al año siguiente y falleció en 2005.

Sin embargo, existen suficientes pruebas de que la verdadera Hermana Lucía murió realmente el 31 de Mayo de 1949, fiesta de María Reina, y de que la fallecida en 2005 fue en realidad una impostora. También hay certeza de que existe una parte del Tercer Secreto que aún no se ha querido publicar oficialmente, si bien se ha dado a conocer ya de forma extraoficial y ofrecemos aquí una reflexión respecto a ella.

Lucía Dos Santos ingresó al Carmelo de Santa Teresa de Coimbra en 1948, treinta y un años después de las apariciones de la Santísima Virgen en Fátima, teniendo 41 años de edad. Anteriormente, había sido religiosa de las Hermanas Doroteas, en Pontevedra, España, en donde ingresó en 1925, a los 15 años de edad, y profesó en octubre de 1928.

Desde que estuvo con las Hermanas Doroteas tenía una salud muy precaria, motivo por el que, en 1944, Mons. Da Silva le ordenó escribir el Tercer Secreto de Fátima, temiendo que con su muerte se perdieran las revelaciones de Nuestra Señora.

Después de ingresar al Carmelo de Porto, en Portugal, la salud de la Hermana Lucía continuó agravándose, y murió el 31 de mayo de 1949, al año y dos meses de haber ingresado.

Cuando, 65 años después, murió la impostora “Lucía”, el 13 de febrero de 2005, en el listado oficial de monjas fallecidas de los Carmelitas Descalzos pusieron a la Hermana “Lucía Dos Santos” en la casilla 265. Pero, por más de un año, apareció allí la fecha real de su fallecimiento, 31 de mayo de 1949, sin que nadie se diera cuenta. Hoy día aparece ya corregido (ver “Moniales Defunctae” de la Orden: (http://www.ocd.pcn.net/defunti/n_def9.htm).

Con todo, nótese que aún hoy aparece como fecha de su profesión el 3 de octubre de 1928, lo cual simplemente no pudo haber ocurrido, ya que Lucía entró a la Orden Carmelita hasta 1948.

¿Porqué el obituario no reproduce el 31 de mayo de 1949 como la fecha de su profesión, como por mucho tiempo se manejó en las biografías oficiales? Por varias razones: la primera, porque la Regla carmelita establece que la profesión se hace hasta después de dos años de noviciado, mismos que Lucía no había cumplido y, la segunda, porque ese fue el día en que ella murió.

El error, que por más de un año se mantuvo en el sitio de la Orden, llevó a que un lector preguntara ese extraño dato a los editores de Tradition in Action: (Ver tercera conversación titulada “Death Notice in Carmel Archives“:

http://www.traditioninaction.org/Questions/E016_SrLucyRepercussions.htm

Traducción al español:

Pregunta:

  “No estoy a favor de las teorías de conspiración, pero a las bizarras fotos de la Hna. Lucía a las que se refiere Ms. Hovart añádase otro asunto bizarro: al mirar al sitio web de los Hermanos Carmelitas y ver los obituarios de monjas de 2005, dice que Sor Lucía murió el 31 de mayo de 1949. Esta lista ha estado allí por al menos un año sin que nadie la corrija, quizá ustedes me puedan explicar el porqué. Nuevamente: no creo en las teorías de la conspiración, pero las fotos son raras y esta fecha de fallecimiento me parece muy extraña. Solo quería hacer notar eso”.

Respuesta de los Editores:

  “El cuadro 265 enlista correctamente la fecha de nacimiento y de profesión: nació el 22 de marzo de 1907 en Fátima, e hizo sus primeros votos como Hermana Dorotea el 3 de octubre de 1928. Pero es difícil entender por qué el sitio oficial de documentos puso como la fecha de su fallecimiento el 31 de mayo de 1949. Tal vez porque ella realmente murió en aquella fecha, y otra persona, que falleció en 2005, haya tomado su lugar”.

  Tan es cierta esa posterior corrección, que en el documento digitalizado aparece aún, en las fuentes originales, la fecha del 31 de mayo de 1949, como se puede observar en la parte baja derecha:

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ACTUALIDAD DE FÁTIMA

SEGÚN MALACHI MARTIN

Malachi Martin

 

–Fragmento de la última entrevista que se le hizo a Malachi Martin antes de su muerte, en la emisión radial The Art Bell Show, el 13 de julio de 1998. Versión original en inglés, y traducción al italiano, aquí.

[Luego de excusarse Martin de dar detalles acerca del llamado «Tercer Secreto de Fátima», leído por él en febrero de 1960 bajo juramento de no revelarlo, el entrevistador -en adelante, A.B.– le lee una transcripción de aquel que él tiene por el presunto “Tercer Secreto”, según le fuera transmitido. Y dice:]

A.B.: «Una gran plaga golpeará a toda la humanidad. No habrá orden en ninguna parte del mundo. Satanás controlará incluso los cargos más elevados del mundo, de modo que determinará la marcha de las cosas. Tendrá éxito en seducir los espíritus de los grandes científicos que inventan las armas, con las cuales será posible destruir una gran parte de la humanidad en pocos minutos. Satanás gozará de su poder. Los poderosos que mandan a las personas las espolearán para que produzcan enorme cantidad de armas. Dios castigará a los hombres más duramente que con el Diluvio. Será el tiempo de todos los tiempos y el fin de todos los fines. El grande y el poderoso morirán con el pequeño y el débil. También para la Iglesia será el tiempo de la mayor de sus pruebas. Los cardenales se opondrán a los cardenales. Los obispos se opondrán a los obispos. Satanás andará entre ellos. Y en Roma se verificarán cambios. La Iglesia se oscurecerá y el mundo será sacudido por el terror [Y narra diversas catástrofes telúricas, con océanos desbordados y víctimas mortales a granel]». Y bien, padre Martin…

M.M.: ¿Sí, Art?

A.B.:  ¿Ningún comentario?

M.M.: Te he escuchado, y supongo que la respuesta moderada que debería darte consta de dos partes, o bien, de dos declaraciones. No es éste el texto que me ha sido dado a leer en 1960. Hay algunos elementos que sí corresponden al texto.

A.B.: Por lo que, en otras palabras… (estoy tratando de proceder de la manera más cauta posible), en otras palabras, usted está sugiriendo que esto no es precisamente lo que había leído, pero hay algunos elementos en aquello que ha escuchado recién…

M.M.: Sí, hay algunos elementos que pertenecen al Tercer Secreto. Ésta es quizás la respuesta más moderada que puedo ofrecer.

A.B.: Está bien, está bien, no le pediré que me diga más. Pero reteniendo aquello que he apenas leído, ¿Podría considerar que el Tercer Secreto sea tan traumático como lo sugiere cuanto leí, o aun más?

M.M.: Aun más.

A.B.: ¿Aun más?

M.M.: Sí, más. Mucho más. El… sin… de nuevo… ¿Sabes, Art? Procediendo muy cautamente, el elemento central del Tercer Secreto es terrible. Y no está en ese texto.

A.B.: ¿No está en el texto?

M.M.: No está, gracias a Dios.

A.B.: Ahora, yo imagino que debería preguntarle lo siguiente: comprendo que usted hizo un voto, pero ¿No ha considerado que el shock que se requiere para cambiar las cosas -aunque sea esto muy serio-  pueda obligar a revelarlo?

M.M.: Estoy plenamente de acuerdo con tu última frase. Tendría que ser revelado, pero esto es muy difícil, Art. Yo soy un hombre pequeñísimo. No tengo ninguna autoridad pública para hacerlo. No sé si ésa sería la voluntad de Dios. Y dado que tendría efectos terribles no sólo sobre los cristianos, sino sobre muchos otros, no puedo tomar esta decisión. ¿Entiendes lo que estoy tratando de decir?

Ntra. Sra. de Fátima

A.B.: Padre, ¿Cómo le ha sido mostrado el Tercer Secreto?

M.M.: El cardenal que me lo mostró estaba presente en el encuentro mantenido con Juan XXIII en aquel año de 1960, para hacer conocer a un cierto número de cardenales y prelados lo que él  entendía hacer con el  Secreto. Pero Juan XXIII, el papa Juan XXIII, que era el Papa en 1960, no creía que el Secreto debiera publicarse. En aquel tiempo hubiera comprometido sus negociaciones en curso con Nikita Kruschev, el líder de todos los rusos. Tenía también otro punto de vista distinto respecto a la vida, y lo repitió, muy concisamente e incluso con desprecio, en la apertura del Concilio Vaticano, en la mitad de su discurso del 11 de octubre de 1962 en San Pedro a los obispos reunidos, convocados para el Concilio Vaticano, y a los visitadores (la enorme basílica estaba repleta): escarneció con arrogancia, y se opuso a aquellos que llamaba “profetas de desventura”. Y ninguno fue disuadido de que estaba hablando de los tres profetas de Fátima.

[…]

A.B.: Padre, ¿Qué peso les otorga a todas las revelaciones de Fátima?

M.M.: Considero que son el evento-clave que explica la fortuna (siempre mayor) de la organización del Catolicismo Romano, y el evento determinante del futuro próximo de la Iglesia (del próximo milenio, el tercer milenio). Es el evento determinante. Y héte aquí por qué los hombres fuertes (y con hombres fuertes quiero decir… sabes, Art, cuando hablamos de hombres fuertes, lo asombroso en relación a esta habilidad política es que sean personas, personas que practican el arte de la política, como Casaroli, apenas muerto, o el papa Juan Pablo II; son aquellos que las personas notan como grandes figuras de la historia, como Napoleón, Hitler, Stalin. ¡Desean tener un poder indestructible! Y pueden oponerse al compacto deseo de millones de personas y alcanzan a imponer el propio punto de vista (siquiera sólo hasta un cierto punto, hasta que caen, hasta que fracasan). De la misma manera, en Roma hay personas que tienen fuertes voluntades. Viven toda su vida utilizando la propia habilidad política. Se ocupan de macro-gobierno. No es sólo una religión: es un destino. Ellos están allá, entre los grandes.

A.B.: ¿Cuál es el rol de la Iglesia en relación con aquello que muchos indican como el próximo gobierno mundial, un único control mundial?

Malachi  Martin (1921-1999)

Malachi Martin (1921-1999)

M.M.: Tengo dos respuestas, Art, brevísimas. Una es la que ha sido ya elegida al fin de este milenio de parte de los líderes, de los manager, de los prelados, del papado; y la segunda es aquella que, a veces, pensamos será la respuesta de Dios. La respuesta en este momento es ésta (desde Juan XXIII a Paulo VI, y ahora a Juan Pablo II): déjennos cooperar. Como dijo Paulo VI en su famoso discurso de diciembre de 1965: «déjennos cooperar con el hombre para construir su hábitat». Y Juan Pablo II era un ardiente impulsor de la tendencia hacia un gobierno mundial por razones geopolíticas. Él quiso introducir su tipo de Cristiandad, su estilo de catolicismo, pero está ciertamente a favor de un gobierno mundial. Cuando se dirigió a las Naciones Unidas, en su extensa carta, éste fue su saludo: «yo, Juan, obispo de Roma y miembro de la humanidad». Es cierto, ya no estaban más, digamos, Pío IX o Pío X, el cual, al inicio de este siglo, hubiera dicho: «yo soy el Vicario de Jesucristo. Si no escucháis mi voz, os condenaréis para siempre. No participaremos en ningún proyecto gubernativo, en ningún plan político que no reconozca el Reinado de Cristo». Esto es aquello que está completamente ausente. Ahora hay una política de cooperación para la Constitución de la Unión Europea, con las Naciones Unidas y el Vaticano […]

A.B.: Quiero leer de prisa aún otras cosas, padre. Una, de un amigo australiano, que dice: «Hace algunos años, en Perth, un cura jesuita me ha dicho algo más sobre el Tercer Secreto de Fátima. Ha dicho, entre otra cosas, que el último Papa estaría bajo el control de Satanás. El papa Juan se desmayó, pensando que pudiese ser él. Nos han interrumpido antes de que pudiésemos escuchar el resto». ¿Tiene algún comentario?

M.M.: Sí. Parece que estuviese leyendo o que le hubiera sido revelado el texto del Tercer Secreto.

A.B.: ¡Oh, Dios mío!

Tomado de:

http://in-exspectatione.blogspot.com.ar/

San Pio X: “Todo el mal depende de nosotros, sacerdotes”

San Pio X – (1903-1914)

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Mientras daba una audiencia entró en una somnolencia misteriosa, cuando volvió en sí, exclamó: “Esto que veo es horroroso. ¨¿Seré yo? ¨¿Será mi sucesor? Lo que es seguro es que el Papa dejará Roma, y para salir del Vaticano, le será necesario pasar sobre los cadáveres de sus sacerdotes” (M. Servant, pág. 244; A. Marty, pág. 78).

Al Canónigo Thellier de Poncheville, San Pio X le dijo: “Todo el mal depende de nosotros, sacerdotes… Si todos estuviesen inflamados de un celo de amor, bien pronto la tierra entera sería católica” (M. Servant, pág. 80, nota 1 — apud “La Croix de Paris”, 1904, número del 26 de mayo).

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Nota del Editor: fotografía del cuerpo de San Pio X en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano. Está en el costado izquierdo, apenas visible para los fieles, casi escondido. Su cuerpo perfectamente incorrupto, sufrió la inyección de unos religiosos “piadosos” por razones desconocidas. Esto hizo que el cadáver del santo quedara de color negro. Foto de Abril del 2011.

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El cuerpo de San Pio X incorrupto, sufrió una extraña inyección que cambió su color. Cubre su rostro una máscara.

Tomado de:

http://elcruzado.org/

San Pio X, Pontífice

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(1835  † 1914)


Fiesta: 03 de Septiembre

 

José Sarto, después Pío X, nació en Riese, poblado cerca de Venecia, Italia en 1835 en el seno de una familia humilde siendo el segundo de diez hijos.

Todavía siendo niño perdió a su padre por lo que pensó dejar de estudiar para ayudar a su madre en los gastos de manutención de la familia, sin embargo ésta se lo impidió y pudo continuar sus estudios en el seminario gracias a una beca que le consiguió un sacerdote amigo de la familia.

Una vez ordenado fue vicepárroco, párroco, canónigo, obispo de Mantua y Cardenal de Venecia, puestos donde duró en cada uno de ellos nueve años. Bromeando platicaba que solamente le faltaban nueve años de Papa.

Muchas son las anécdotas de este santo que reflejan tanto su santidad como su lucha por superar sus defectos, entre ellas destacan tres: Sigue leyendo

EL SIGNIFICADO DE LA CANONIZACIÓN DEL ÚLTIMO PAPA SANTO: PÍO X

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Ahora que se habla de un milagro de S.S. Pío XII, aspecto que puede acelerar su beatificación y -si Dios lo quiere- su posterior canonización, resulta interesante y actual un escrito del P. Meinvielle relativo a la entonces reciente canonización de San Pío X efectuada en 1954.
Autor: R. P. Julio Meinvielle, “ DIÁLOGO ” Nº 1, Primavera 1954.

A los cuarenta años de su muerte, Pío X acaba de ser canonizado. Todavía están presentes en el escenario del mundo, muchos que fueran testigos del fuego ardiente de su fe y de su caridad. Pío X fue un santo. Y el secreto de su santidad fue la Fe. “Nada había más natural a sus ojos que lo sobrenatural. Creía como respiraba, porque de tal suerte Dios le era sensible. El mundo de la Fe le era familiar, y se movía en él con comodidad, mientras que el mundo, así solo, donde iba a vivir y actuar debía permanecerle extraño, o al menos le parecía tal, porque la fealdad de sus pensamientos y de sus costumbres horribles le repugnaban. No se mezclará en él sino forzado a la lucha contra los enemigos declarados de la Iglesia y contra los adversarios emboscados del Dogma, en que las antenas sobre-naturales de su Fe intrépida captarán las inspiraciones divinas para dictarle decisiones humanamente sorprendentes, imprevistas, pero poderosamente fecundas”. (1)

Porque Pío X se movía en el mundo de la Fe, podía estimar en su justo valor el estado del mundo y medir la gravedad de los errores que le ame­nazaban. De aquí el significado de sus reprobaciones contra desvaríos espirituales que han determinado el estado calamitoso en que se encuentra hoy el mundo.

Tres son estos desvaríos. El primero lo constituye la guerra contra los derechos imprescriptibles de la Iglesia, llevada a cabo particularmente en Francia por el gobierno masónico de Combes. Frente a un gobierno, empeñado en crear una Iglesia y un episcopado “nacional”, Pío X se yergue como un gigante en toda la majestad de su soberana autoridad y pro­nuncia el non possumus. El gobierno rompe relaciones con la Iglesia, se incauta de sus bienes, prohíbe todo acto de culto en las escuelas, en el ejército y en todos los establecimientos públicos y niega en absoluto el derecho de enseñar a las congregaciones religiosas. Pío X, en su encíclica VEHEMENTER del 11 de febrero de 1907 reprueba y condena la ley votada en Francia de separación de la Iglesia y del Estado. “En consecuencia, dice allí, Nos protestamos solemnemente con todas nuestras fuerzas contra la proposición, contra el voto y contra la promulgación de esta ley, declarando que nunca podrá ser ella alegada contra los derechos imprescriptibles de la Iglesia para debilitarlos.” Sigue leyendo

El último Papa Santo

SAN PÍO X
Papa

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San Pío X está muy reciente en el amor de la Iglesia. Aún perdura el grato recuerdo de su memoria -no hace cincuenta años que nos dejó- como el perfume que llena las naves del templo después de una solemne ceremonia religiosa. San Pío X es algo muy reciente en la Iglesia. Reciente su elevación a los altares por Pío XII, y más reciente la visita de su cuerpo a la bella Venecia en cumplimiento de una vieja promesa hecha a sus amados diocesanos:

-Vivo o muerto volveré a Venecia.

En la basílica de San Pedro de Roma un sencillo y hermoso sepulcro guarda sus restos. Este sepulcro es hoy día uno de los lugares vivos de la oración. Nunca faltan allí el recuerdo de las flores secas y la plegaria de los romanos y cuantos católicos visitan el templo de los santos apóstoles Pedro y Pablo.

Hay otra presencia más viva y fecunda de San Pío X. Presencia de alma a alma, que es como la gracia de su intercesión ante Dios. Cuántos sacerdotes de nuestros días se miran en el rostro de San Pío X y sacan de su ejemplo el impulso de un sacerdocio verdaderamente santo. Me parece que este hecho no se podía escapar de mis líneas al trazar su semblanza, y que debía hacer constancia de él para las nuevas generaciones de hijos de Dios que nos sucedan.

San Pío X ha dado jornadas de inmensa gloria de Dios a su Iglesia del siglo XX.

Su figura noble y bondadosa es algo muy cercano que cuelga de la pared de nuestro despacho o se esconde en las páginas de nuestro breviario.

En muy pocas palabras nos resume su vida la lápida de su sepulcro: Sigue leyendo

UN AÑO DE PONTIFICADO, UN AÑO DE CONFUSIÓN -Parte 1 de 3-

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INTRODUCCIÓN: Me considero obligado en conciencia a publicar este magnífico estudio del Sr. Alejandro Sosa Laprida analizando algunos aspectos escandalosos para los católicos, del primer año del pontificado del Papa Francisco. Es largo, está mal diagramado porque carece de división en párrafos lo cual lo hace difícil de leer, pero ni siquiera intento corregir ese defecto porque creo que el documento tiene un tal peso y una tal gravedad que debe ser puesto inmediatamente en conocimiento de los lectores de “La botella al mar”.

Por su extensión, debo dividirlo en tres partes. Hoy publicaré la primera y las otras dos en días subsiguientes.

Pienso que el autor no enfatizó suficientemente que todos los puntos reprochables de este primer año de pontificado se originan en una causa principal y es la adhesión notoria del Papa a la herejía modernista, condenada por la Encíclica “Pascendi” de San Pio X, tal como lo señalé en el artículo titulado. “Cual es la estrategia actual de los modernistas-progresistas para dominar la Iglesia y apagar la fe” (nros. 1162-1167 de “La botella al mar”). Esa omisión, sin embargo, queda reparada por la enumeración de hechos y dichos del Papa que prueban categóricamente esa adhesión.

Sé que muchos católicos piadosos quedarán escandalizados por este documento, pero no deberían escandalizarse del documento sino de quien dio causa para que fuera escrito. Y junto con eso, quiero dejar sentado mi inmenso dolor al encontrarme en una situación de la Iglesia que me obliga a decir estas cosas.

Además, los lectores de “La botella al mar” sabrán que estoy muy preocupado por la deriva de Iberoamérica hacia el comunismo, por los intentos del tirano Putin por reconstruir la URSS, por la presidencia de los EEUU en manos de un mahometano pro-marxista, por la rápida desaparición de la Justicia, de las libertades legítimas y de la honestidad en nuestro país. Pero nada de eso sería posible si el Papa no fuera como es.

Sólo nos queda rogar a Dios por su conversión y santificación, es decir, para que sea todo lo contrario de lo que hoy demuestra ser.

Por último, me declaro desde ya dispuesto a retractar todo lo que se demuestre que está equivocado en los dichos de este texto ya que no tengo otra intención al publicarlo que la de ser fiel a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, cuya cabeza es el Papa.

Cosme Beccar Varela

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UN AÑO DE PONTIFICADO, UNA DESOLADORA REALIDAD

12/3/2014

Buenos días a todos. Mañana se cumplirá un año de la elección del cardenal Bergoglio al sumo pontificado. Año insólito por donde se lo mire y que parecería haberse prolongado una eternidad, considerando los innumerables dichos y hechos de nítido sesgo revolucionario que Francisco no ha dejado de perpetrar ni tan siquiera un sólo día desde aquel inaudito buona sera del miércoles 13 de marzo de 2013 pronunciado desde la loggia de San Pedro, saludo profano de alta carga simbólica, a partir del cual el transcurso del tiempo apenas si ha logrado resistir al frenesí y al vértigo bergoglianos. Acción incesante y palabras incontinentes, estruendosas y confusas, semejantes al torrente en la cascada, devorado por la fuerza del vacío que lo aspira irresistiblemente, en un torbellino en el que ya nada puede percibirse con nitidez ni escapar al caudal mortífero que todo lo succiona.

Largos estudios teológicos merecerían sus dudosas empresas, conducidos por la pluma talentosa y erudita de algún apologeta de fuste, que quizás la Divina Providencia se dignará en su misericordia infinita a enviarnos, para esclarecer nuestras aletargadas inteligencias con sus luminosas enseñanzas. A la espera de que ello ocurra, me atrevo a hacer público este modesto artículo, en el que he intentado suplir con trabajo serio y minucioso la escasez de talento y compensar una ciencia exigua con el amor incondicional y sin reservas por la verdad ultrajada. Los saludo muy cordialmente.

Alejandro Sosa Laprida

1.- El extraño pontificado del Papa Francisco. 02/02/14.

Como católico, verme en conciencia obligado a emitir críticas hacia el papa me resulta sumamente doloroso. Y la verdad es que sería muy feliz si la situación de la Iglesia fuese normal y no encontrase por consiguiente ningún motivo para formularlas. Desafortunadamente, nos hallamos confrontados al hecho incontestable de que Francisco, en apenas un año de pontificado, ha realizado incontables gestos atípicos y ha efectuado un sinnúmero de declaraciones novedosas y por demás preocupantes. Los hechos en cuestión son tan abundantes que no resulta posible tratarlos todos en el marco necesariamente restringido de este artículo. A la vez, no es tarea sencilla limitarse a escoger sólo algunos de ellos, ya que todos son portadores de una carga simbólica que los vuelve inauditos a la mirada del observador atento y sintomáticos de una situación eclesial sin precedentes en la historia. Tras ardua reflexión, he retenido cinco que me parecen ser los mejores indicadores de la tonalidad general que es posible observar en este nuevo pontificado.

Esos hechos se agrupan en cinco temas diferentes : el islam, el judaísmo, la laicidad, el homosexualismo y la masonería. Tras haberlos expuestos en ese orden, intentado hacer ver en qué medida son indicadores de una inquietante anomalía en el ejercicio del magisterio y de la pastoral eclesiales, expondré de manera más sucinta otra serie de dichos y hechos que permitirán ilustrar aun más, si acaso fuera posible, la heterodoxia radical que trasuntan los principios y la praxis bergoglianos. Finalmente, suministraré una serie de enlaces a artículos de prensa en los que el lector podrá verificar la exactitud de los hechos referidos en el cuerpo del artículo.

1. La cuestión del islam.

El 10 de julio de 2013 Francisco envió a los musulmanes de todo el mundo un mensaje de felicitaciones por el fin del ramadán. Debemos precisar que se trata de un gesto que jamás se había producido en la Iglesia Católica antes del Concilio Vaticano II. Y debemos añadir que ningún papa había dirigido semejantes saludos a los mahometanos antes del pontificado de Francisco.

La razón es muy sencilla, y por cierto manifiesta para cualquier católico que no haya perdido completamente el sensus fidei : los actos de las otras religiones carecen de valor sobrenatural y, objetivamente considerados, no pueden sino alejar a sus adeptos del único camino de salvación : Nuestro Señor Jesucristo.

¿Cómo no estremecerse de espanto al escuchar a Francisco decir a los adoradores de « allah » que « estamos llamados a respetar la religión del otro, sus enseñanzas, sus símbolos y sus valores » ?

Es imposible dejar de comprobar la distancia insalvable que existe entre esta declaración y lo que nos enseñan los Hechos de los Apóstoles y las epístolas de San Pablo

Que se deba respetar a las personas que se encuentran en los falsos cultos, eso cae de su peso y nadie lo discute, pero que se promueva el respeto de falsas creencias que niegan la Santa Trinidad de las Personas Divinas y la Encarnación del Verbo de Dios es algo insostenible desde el punto de vista del magisterio eclesiástico y de la revelación divina.

Sin embargo, es menester reconocer que en este punto no se puede tildar a Francisco de innovador, ya que no hace más que continuar con la línea revolucionaria introducida por el Concilio Vaticano II, el cual pretende, en la declaración Nostra Aetate acerca de la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas (hinduísmo, budismo, islam y judaísmo) que « la Iglesia Católica no rechaza nada de lo que es verdadero y santo (!!!) en esas religiones. Considera con un sincero respeto esas maneras de obrar y de vivir, esas reglas y esas doctrinas (…) Exhorta a sus hijos para que (…) a través del diálogo y la colaboración (!!!) con los adeptos de otras religiones (…) reconozcan, preserven y hagan progresar los valores espirituales, morales y socio-culturales que se encuentran en ellos. »

Palabras que provocan estupor, ya que es algo palmariamente absurdo pretender que se deba « colaborar » con gente que trabaja activamente para instaurar creencias y a menudo costumbres que son contrarias a las del Evangelio. ¿Cómo no ver en ese « diálogo » tan mentado una profunda desnaturalización de la única actitud evangélica, que es la de anunciar al mundo la Buena Nueva de Jesucristo, quien nos ha dicho sin ambages lo que nos corresponde hacer como discípulos :

« Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a observar todo cuanto os he mandado. » (Mt. 28, 18-20).

Esta noción de « diálogo » con las demás religiones carece de todo fundamento bíblico, patrístico y magisterial y de hecho no es sino una impostura tendiente a desvirtuar el auténtico espíritu misionero, que consiste en anunciar a los hombres la salvación en Jesucristo, y de ninguna manera en un utópico « diálogo » entre interlocutores situados en pie de igualdad, enriqueciédose recíprocamente y pretendiendo buscar juntos la verdad.

Esa pastoral conciliar innovadora fundada en un « diálogo » incripto en un contexto de « legítimo pluralismo », de « respeto » hacia las religiones falsas y de « colaboración » con los infieles no es más que una pérfida celada tendida por el enemigo del género humano para neutralizar la obra redentora de la Iglesia.

A ese respecto, baste con citar la única situación de auténtico « diálogo » que nos relatan las escrituras, y lo que es más, justo al comienzo, a fin de estar definitivamente alertados acerca de su carácter intrínsecamente viciado: se trata del « diálogo » al cual se prestó Eva en el jardín del Edén con la serpiente y que habría de desembocar en la caída del género humano (Gn. 3, 1-6).

Se podría dar una lista interminable de citationes del Nuevo Testamento, de los Santos Padres y del magisterio de la Iglesia para refutar la patraña según la cual los falsos cultos deben ser objeto de un « respeto sincero » hacia sus « maneras de obrar y de vivir, sus reglas y sus doctrinas » y para probar que, a diferencia de las personas que los profesan y que naturalmente deben ser objeto de nuestro respeto, de nuestra caridad y de nuestra misericordia, de ningún modo las falsas doctrinas religiosas merecen « respeto », que en dichas religiones no se encuentra ningún elemento de « santidad » y que los elementos de verdad que puedan contener están subordinados al servicio del error.

Se debe reconocer que Francisco es perfectamente coherente en su mensaje con lo que el documento conciliar dice acerca de los musulmanes, a saber, que « la Iglesia mira también con estima a los musulmanes, que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, que ha hablado a los hombres y que procuran someterse con toda su alma a los decretos de Dios. »

Ahora bien, cualquiera sea la sinceridad de los mahometanos en la creencia y en la práctica de su religión, no por ello es menos falso sostener que « adoran al único Dios », « que ha hablado a los hombres » y que « buscan someterse a los decretos de Dios », por la sencilla razón de que « allah » no es el Dios verdadero, que Dios no ha hablado a los hombres a través del corán y que sus decretos no son los del islam. Se trata de un lenguaje inédito en la historia de la Iglesia y que contradice veinte siglos de magisterio y de pastoral eclesiales.

Esa práctica heterodoxa ha conducido a los múltiples encuentros inter-religiosos de Asís, en donde se ha alentado a los miembros de los diferentes cultos idolátricos a rezar a sus « divinidades » para obtener « la paz en el mundo »Falsa paz, naturalmente, puesto que se persigue injuriando al único Señor de la Paz y Redentor del género humano, al igual que a su Iglesia, única Arca de Salvación. Y esta engañosa noción de « diálogo » ha conducido igualmente a los últimos pontífices a mezquitas, sinagogas y templos protestantes en los que, por el gesto y la palabra, han puesto de relieve esos falsos cultos y no han vacilado en denigrar públicamente a la Iglesia de Dios criticando la actitud « intolerante » de la que Ella habría dado muestras en el pasado hacia ellos.

Un ejemplo reciente de esta nueva mentalidad ecuménica malsana, sincretista y relativista, condenada solemnemente por Pío XI en su encíclica Mortalium Animos de 1928 : El 19 de enero, con motivo de la Jornada mundial de los migrantes y de los refugiados, Francisco se dirigió a un centenar de jóvenes refugiados en una sala de la parroquia del Sagrado Corazón, en Roma, diciéndoles que es necesario compartir la experiencia del sufrimiento, para luego añadir :

« que los que son cristianos lo hagan con la Biblia y que los que son musulmanes lo hagan con el Corán (!!!) La fe que vuestros padres os han inculcado os ayudará siempre a avanzar. »

Esta nueva praxis conciliar es lisa y llanamente escandalosa, por un doble motivo : por un lado, mina la fe de los fieles confrontados a esas falsas religiones valorizadas por sus pastores ; por otro lado, socava las posibilidades de conversión de los infieles, quienes se ven confortados en sus errores precisamente por aquellos que deberían ayudarlos a librarse de ellos anunciándoles la Buena Nueva de la salvación, recibida de Aquel que dijera ser « el Camino, la Verdad y la Vida. » (Jn. 14, 6)

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2. La cuestión del judaísmo.

La primera carta oficial de Francisco, enviada el mismo día de su elección, fue dirigida al gran rabino de Roma. Hecho por demás sorprendente.

La primera carta de su pontificado ¡enviada a los judíos ! Acaso esta decisión habrá obedecido a un imperativo evangelizador apremiante, a saber, una proclamación inequívoca del Evangelio, destinada a curarlos de su tremenda ceguera espiritual, una solemne invitación a que reconozcan por fin a Jesús de Nazareth como a su Mesías y Salvador…

Pues nada de eso. Francisco evoca la « protección del Altísimo », fórmula convencional y vacía de contenido, destinada a ocultar las divergencias teológicas insalvables que separan a la Iglesia de la Sinagoga, para que sus relaciones avancen « en un espíritu de ayuda mutua y al servicio de un mundo cada vez más en armonía con la voluntad de su Creador. »

Hay dos preguntas que un lector prevenido no puede dejar de formularse. La primera es la siguiente :

¿Cómo puede concebirse una « ayuda mutua » con un enemigo que no tiene sino un objetivo en mente, a saber, la desaparición del cristianismo, y esto desde hace casi dos mil años ?

¿En qué cabeza puede caber el absurdo según el cual los judíos desearían « ayudar » a la Iglesia, fundada según ellos por un impostor, por un falso mesías, el cual constituye el principal obstáculo al advenimiento del que ellos aguardan, y a propósito del cual Nuestro Señor les advirtió :

« Yo he venido en nombre de mi Padre y vosotros no me habéis recibido ; otro vendrá en su nombre y vosotros lo recibiréis. » (Jn., 5, 43).

Terrible profecía que San Jerónimo comenta diciendo que « los judíos, tras haber despreciado la verdad en persona, aceptarán la mentira aceptando al Anticristo » (Epist. 151, ad Algasiam, quest. II) y San Ambrosio que « eso muestra que los judíos, quienes no quisieron creer en Jesucristo, creerán en el Anticristo. » (in Psalmo XLIII).

Ahora que el obstáculo político encarnado por la Cristiandad ha sido suprimido por la oleada revolucionaria asistimos a la supresión progresiva del obstáculo religioso, a saber, el papado, alcanzado desde hace más de cincuenta años por el virus de la modernidad revolucionaria.

Ese obstáculo a la manifestación del « hombre de iniquidad », ese misterioso katejon del que habla San Pablo (2 Tes. 2,7), que retarda su venida y que no es otro que el poder espiritual romano, es decir, el papado, según la tradición exegética.

Es tan sólo cuando ese obstáculo haya sido removido que « se revelará el impío. » (2 Tes. 2, 8) La penetración de las ideas revolucionarias en Roma no es en absoluto una cuestión de fantasías complotistas ni el resultado de una imaginación desbocada: quienes trabajaron activamente para realizar el aggiornamento de la Iglesia, esto es, con miras a su adaptación al mundo moderno, lo que ha sido el objetivo principal del Concilio Vaticano II, su « línea directora » (Pablo VI, Ecclesiam Suam, 1964, n°52), no tienen empacho en admitirlo.

Así el cardenal Suenens no se anduvo con rodeos : « Vaticano II, es 1789 en la Iglesia » (citado por Mons. Lefebvre, Ils l’ont découronné, Clovis, 2009, p. 10), aseveró quien fuera una de las figuras más relevantes del último concilio y uno de los cuatro moderadores nombrados por Pablo VI.

El padre Ives Congar (o.p.), nombrado por Juan XXIII en 1960 consultor de la Comisión Teológica Preparatoria y luego, en 1962, experto oficial en el concilio, en el cual fuera también miembro de la citada Comisión Teológica, a sido sin duda alguna el teólogo más influyente de la asamblea conciliar, junto al jesuita Karl Rahner.

El famoso dominico declaró, refiriéndose a la colegialidad episcopal, que en el Concilio « la Iglesia había efectuado pacíficamente su Revolución de Octubre » (Vatican II. Le concile au jour le jour, deuxième session, Cerf, p. 115), reconoció que la declaración Dignitatis Humanae sobre la libertadreligiosa dice « materialmente otra cosa que el Syllabus de 1864, incluso aproximadamente lo contrario » (La crise dans l’Eglise et Mgr. Lefebvre, Cerf, 1976, p. 51) y admitió que en ese texto, en el cual había trabajado, « se trataba de mostrar que el tema de la libertad religiosa se hallaba presente en la Escritura. Pero no lo estaba. » (Eric Vatré, La droite du Père, Guy Trédaniel Editeur, 1995, p. 118).

Y según el cardenal Ratzinger « el problema del concilio fue el de asimilar los mejores valores de dos siglos de cultura liberal. Son valores que, aunque surgidos fuera de la Iglesia, pueden hallar un sitio –purificados y corregidos- en su visión del mundo y eso es lo que sucedió » (Jesus, nov. 1984, p. 72), quien tampoco vacila en afirmar, a propósito de la constitución pastoral Gaudium et Spes sobre las relaciones de la Iglesia con el mundo moderno, que se puede considerar ese texto como un « anti-Syllabus, en la medida en que representa un intento de reconciliación de la Iglesia con el mundo tal cual se ha vuelto desde 1789. » (Les principes de la théologie catholique, Téqui, 1987, p. 427) La segunda pregunta que se plantea a propósito de la carta enviada por Francisco al gran rabino de Roma es la siguiente : ¿Cómo puede concebirse que una religión falsa (el judaísmo talmúdico, corrupción del judaísmo vetero-testamentario), estructurada en base al rechazo, a la condena y al odio de Jesucristo, pueda estar « al servicio de un mundo cada día más en armonía con la voluntad del Creador » ? Tamaño absurdo exime de comentarios…

Mas se encuentra naturalmente en perfecta consonancia con la modificación de la plegaria por los judíos del Viernes Santo, que Juan XXIII se apresuró a efectuar en marzo de 1959, apenas cuatro meses después de su elección, suprimiendo los términos « perfidis » y « perfidiam » aplicados a los judíos, y que sería luego suprimida definitivamente del nuevo misal aprobado por Pablo VI en abril de 1969 y promulgado en 1970. He aquí la nueva plegaria que en él figura : « Oremos por los judíos, a quienes Dios habló en primer lugar : que progresen en el amor de su Nombre y en la fidelidad a su Alianza. » Plegaria a propósito de la cual cabría efectuar varias observaciones :

1. No se menciona la necesidad de su conversión a Jesucristo.

2. El término « alianza » insinúa que la « antigua » aún tendría vigor.

3. Todo « progreso » en el amor de alguien implica un amor ya presente ; ahora bien, ¿Cómo podrían « progresar » en el amor del Padre si niegan al Hijo ?

4. ¿Y cómo podrían « progresar » en la « fidelidad a su alianza » si se obstinan en rechazar a Jesucristo, sacerdote perfecto y cordero sin tacha, que ha sellado una Nueva Alianza entre Dios y los hombres al inmolarse en la Cruz ?

La conclusión cae de su peso : nos encontramos ante una nueva teología que marca una ruptura de fondo con la que había tenido curso en la Iglesia desde sus orígenes hasta Vaticano II y que la antigua plegaria por la conversión de los judíos, eliminada de la liturgia latina, expresaba de manera luminosa : « Oremos igualmente por los judíos, que no han querido creer (perfidis judaeis), a fin de que Dios nuestro Señor quite el velo de sus corazones y que conozcan, ellos también, a Jesucristo nuestro Señor (…) Dios eterno y todopoderoso, que no rehúsas tampoco tu misericordia a la infidelidad judía (judaicam perfidiam), escucha las oraciones que te dirigimos por este pueblo enceguecido ; haz que conozcan la luz de la verdad, que es Jesucristo, para que sean liberados de sus tinieblas. »

El contraste con la nueva plegaria es pasmoso, tanto como lo es con el discurso de Juan Pablo II en la sinagoga de Roma en abril de 1986, en el cual alaba la « legítima pluralidad religiosa » y afirma que hay que esforzarse en « suprimir toda forma de prejuicio (…) a fin de presentar la verdadera cara de los judíos y del judaísmo. » « Prejuicio » que la antigua plegaria del Viernes Santo expresaba de manera cabal, lo que explica ciertamente su desaparición de la nueva liturgia…

Pero no se puede negar que esto sea harto problemático, pues según reza el célebre adagio del siglo V atribuido al papa San Celestino I : lex orandi, lex credendi, la ley de la oración determina la ley de la creencia, es decir que, modificando el contenido de la oración, puede modificarse a la vez el contenido de la Fe.

Y lo acontecido en el siglo XVI a raíz de las innovaciones litúrgicas de Lutero en Alemania y de Cranmer en Inglaterra basta para demostrarlo.

Desgraciadamente, el episodio de la carta enviada por Francisco al rabino de Roma en el día de su elección no habría de quedar en eso. En efecto, doce días más tarde Francisco reincidió enviando una segunda carta al rabino, esta vez con motivo de la pascua judía, dirigiéndole sus « felicitaciones más fervientes por la gran fiesta de Pesaj. » Lo que no deja de suscitar una pregunta insoslayable : desde una perspectiva católica, ¿Cuál puede ser la naturaleza de esas « felicitaciones » con motivo de una celebración en la que se ultraja a Jesucristo, único y verdadero Cordero Pascual inmolado en la Cruz en redención de nuestros pecados ?

Porque tales « felicitaciones » no pueden sino confortar a los judíos en su ceguera espiritual y por tanto mantenerlos alejados de su Mesías y Salvador, lo cual es cuando menos paradójico viniendo de parte de un soberano pontífice…

El cual prosigue diciendo : « Que el Todopoderoso que liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto para conducirlo hacia la tierra prometida continúe liberándolos de todo mal y acompañándolos de su bendición. »

Palabras embarazosas en grado sumo, dado que manifiestamente Dios no los ha liberado aún de todo mal, puesto que no existe mal mayor que el de ser considerados « enemigos del Evangelio » (Rom. 11, 28) y formar parte de la « Sinagoga de Satán » (Ap. 3, 9)

¿Cómo concebir que Dios pueda continuar « acompañándolos de su bendición », cuando ellos continúan rechazando con obstinación a Aquel que Él ha enviado ?

Deseo precisar aquí, para evitar cualquier tipo de malentendido, que de ningún modo ataco a los judíos de manera personal, ya que no me caben dudas de que los hay excelentes personas y que profesan sus creencias con toda buena fe. Al referirme a los judíos entiendo situarme en el plano de los principios teológicos, el único que es pertinente en esta cuestión. Y en ese terreno se comprueba una enemistad irreductible entre la Iglesia, que busca establecer el reino de Jesucristo en la sociedad, y el judaísmo talmúdico, el cual, habiéndose estructurado en oposición a Jesucristo y a la Iglesia, busca obstaculizar su misión evangelizadora, en total coherencia con su teología, que no le permite ver en Jesús de Nazareth más que a un impostor y a un blasfemador, a un falso mesías que impide la venida del verdadero, el que ellos aguardan ansiosamente con vistas a restaurar el reino de Israel y a regir las naciones desde Jerusalén convertida en la capital de su reino mesiánico mundial.

No se trata pues en absoluto de « racismo » ni de un pretendido « antisemitismo » conceptualmente absurdo, según la raída cantinela que no cesan de entonar cuando alguien se atreve a abordar el tema, al unísono y a voz en cuello, los creadores de opinión mediáticos, auténtica policía ideológica del sistema mundialista, para desviar la atención del verdadero problema que plantea el judaísmo talmúdico y sionista, cuya índole es estrictamente teológica, aunque de él se sigan necesariamente consecuencias políticas, económicas y culturales.

Hecha esta aclaración, volvamos a la carta de Francisco, quien concluye diciendo : « Les pido que recen por mí, y les garantizo mi oración por ustedes, con la confianza de poder profundizar los lazos de estima y de amistad recíproca. » Nos es forzoso constatar que aquí llegamos al colmo en el ámbito de lo absurdo.

En efecto, ¿Cómo es posible imaginar que la oración de quienes están, según San Juan, bajo el imperio de Satán, podría ser atendida por Dios ?

Y en buena lógica, si los judíos aceptaran rezar por el papa, cosa inimaginable considerando que su misión se opone diametralmente a la suya, se verían obligados a pedir su apostasía del cristianismo y su conversión al judaísmo. Es decir que Francisco implícitamente les estaría pidiendo nada menos que rezaran por él para que pudiera rechazar a Cristo, ¡tal como lo hacen ellos!

A decir verdad, si esta cuestión no revistiese una gravedad inaudita, estaríamos ante un gag desopilante por sus incongruentes y grotescas implicaciones. Y esto sin mencionar los lazos de « amistad recíproca » que Francisco evoca al final de su mensaje, ya que la incoherencia de esta expresión no es menos flagrante que la de la anterior.

Expliquémonos : Un amigo es un alter ego, un otro yo, de lo que se sigue que la verdadera amistad no es viable si los amigos no poseen una correspondencia de pensamientos, de sentimientos y de objetivos que vuelva posible la comunión de las almas.

Ahora bien, los pensamientos y la acción de la Iglesia y de la Sinagoga son, como ya lo hemos dicho, diametralmente opuestos, sus proyectos son incompatibles, la oposición que existe entre ellas es radical, de suerte que, hasta tanto los judíos no hayan aceptado a Cristo como a su Mesías y Salvador, le enemistad entre ambas permanecerá irreductible, por razones teológicas evidentes, del mismo modo que lo son la luz y las tinieblas, Dios y Satán, Cristo y el Anticristo…

Con este tipo de deseos entramos de plano en el terreno de la utopía, de la sensiblería humanista, de la negación de la realidad y, sobretodo, en la falsificación del lenguaje y en la perversión de los conceptos : nos encontramos de lleno en la esfera de la ilusión, de la manipulación intelectual y de la mentira. Mentira de la cual sabemos fehacientemente quien es el padre…

Monseñor Jorge Mario Bergoglio, cuando era arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, tenía ya la muy peculiar costumbre de acudir regularmente a sinagogas para participar en encuentros ecuménicos, el último de los cuales no remonta más allá del 12 de diciembre de 2012, apenas tres meses antes de su elección pontifical, con motivo de la celebración de Hanukkah, la fiesta de las luces, en la cual se enciende cada tarde una vela en un candelabro de nueve brazos durante ocho días consecutivos, liturgia cuyo significado es, desde un punto de vista espiritual, la expansión del culto judío.

El cardenal Bergoglio participó activamente en la ceremonia del quinto día, encendiendo la vela correspondiente. De más está decir que evento semejante no se había producido jamás en la historia de la Iglesia. Y que constituye un hecho altamente perturbador. Aunque no menos inquietante resulta ser el hecho de que este tipo de gestos escandalosos pasen completamente desapercibidos para la inmensa mayoría de los católicos, profundamente aletargados, imbuídos hasta la médula del pensamiento revolucionario que socava la Fe y debilita el sensus fidei de los creyentes, compenetrados de la ideología pluralista, humanista, ecuménica, democrática y derecho-humanista que sus pastores les inculcan sin cesar desde hace más de medio siglo, ideología que es totalmente extranjera al depósito de la Revelación y que se ha vuelto el leitmotiv de los discursos oficiales de la jerarquía eclesiástica desde Vaticano II.

Para concluir este apartado, he aquí un pequeño extracto de lo que Francisco decía a los judíos en otra sinagoga de Buenos Aires, Bnei Tikva Slijot, en septiembre de 2007, durante su participación a la ceremonia de Rosh Hashanah, el año nuevo hebreo :

« Hoy, en esta sinagoga, tomamos nuevamente conciencia de ser pueblo en camino (???) y nos ponemos en presencia de Dios. Hacemos un alto en nuestro camino para mirar a Dios y dejarnos contemplar por El. »

¿Qué interpretación podrá atribuirse al « nosotros » empleado por Francisco ? ¿Qué realidad querrá designar utilizando la palabra « Dios » ? En todo caso, habida cuenta del contexto, no podría designar a Dios Padre, pues sino está claro que los judíos no rechazarían al Hijo. En efecto, Nuestro Señor les dijo : « Si Dios fuese vuestro Padre, me amaríais, porque es de Dios que he salido y que vengo (…) Vosotros tenéis por padre al Demonio, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre (…) El que es de Dios escucha las palabras de Dios. Vosotros no escucháis porque no sois de Dios. » (Jn. 8, 42-47)

Hecho de lo más sorprendente, durante su extenso discurso pronunciado en esa sinagoga de la capital argentina, quien en ese entonces no era « sino » Monseñor Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, no se dignó a pronunciar ni siquiera una vez el Santo Nombre de Jesús…

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3. Francisco y la laicidad del Estado.

Ante todo, es menester tener presente en qué consiste el llamado principio de laicidad : se trata de la piedra angular del pensamiento iluminista, por el cual Dios es excluído de la esfera pública y el Estado es emancipado de la revelación divina y del magisterio eclesiástico en el ejercicio de sus funciones, quedando así habilitado para actuar de manera totalitaria, al negarse a admitir toda instancia moral superior capaz de esclarecerlo intelectualmente y de orientarlo moralmente en su acción, ya se trate de la ley natural, de la ley divina o de la ley eclesiástica.

El Estado moderno se concibe a sí mismo como absolutamente desligado de cualquier tipo de trascendencia espiritual o ética a la cual someterse en aras de establecer y de conservar su legitimidad. De este modo, el Estado liberal no reconoce otra legitimidad como no sea la emanada de la llamada voluntad general y que, por ende, se funda únicamente en la ley positiva que los hombres se dan a sí mismos.

La separación de la Iglesia y del Estado es el resultado lógico de este principio, por el cual se exonera a la sociedad políticamente organizada de rendir a Dios el culto público que le es debido, de respetar la ley divina en su legislación y de someterse a la enseñanza de la Iglesia en materia de fe y de moral. Esta supuesta independencia del poder temporal respecto al poder espiritual no debe confundirse con la legítima autonomía de la cual la sociedad civil goza en relación a la autoridad religiosa en su propio ámbito de acción, esto es, en la búsqueda del bien común temporal, el cual a su vez se halla ordenado a la del bien común sobrenatural, a saber, la salvación de las almas. Esta es la doctrina católica tradicional de la distinción de los poderes espiritual y temporal y de la subordinación indirecta de éste respecto de aquél.

La laicidad conculca el orden natural existente entre ambos poderes y erige al Estado en poder absoluto, transformándolo así en una maquinaria de guerra con vistas a la descristianización de las instituciones, de las leyes y de la sociedad en su conjunto.

El gran artesano de la pretendida neutralidad religiosa del Estado es la franc-masonería, enemigo jurado de la civilización cristiana. Dicha neutralidad no es más que una superchería, dado que el poder temporal es incapaz de prescindir de una instancia espiritual de orden superior que le brinde los principios morales que reglan su actividad.

El Estado laico no es neutro sino en apariencia, puesto que recibe sus principios orientadores en materia espiritual y moral de esa contra-iglesia que es la franc-masonería : « La laicidad es la piedra preciosa de la libertad. La piedra nos pertenece a nosotros, masones. La recibimos en bruto, la tallamos progresivamente y nos es preciosa porque nos servirá para edificar el templo ideal, el futuro dichoso del hombre del cual deseamos que ella sea el único señor. » (La laïcité : 1905-2005, Edimaf, 2005, p. 117, publicado por el Gran Oriente de Francia en conmemoración del centenario de la ley de separación de la Iglesia y del Estado de 1905.).

Habiendo efectuado este recordatorio básico, sin el cual se pueden perder de vista las implicancias cruciales que conlleva este asunto, examinemos la posición de Francisco al respecto.

En un discurso dirigido a la clase dirigente brasilera el 27 de julio, durante el transcurso de las Jornadas Mundiales de la Juventud, celebradas en Río de Janeiro, Francisco realizó un elogio entusiasta de la laicidad y del pluralismo religioso, a punto tal de regocijarse por la función social desempeñada por las « grandes tradiciones religiosas, que ejercen un papel fecundo de levadura en la vida social y de animación de la democracia. » Para continuar diciendo que « la laicidad del Estado (…) sin asumir como propia ninguna posición confesional, es favorable a la cohabitación entre las diversas religiones. »

Laicismo, pluralismo, ecumenismo, relativismo religioso, democratismo : el número y la magnitud de los errores contenidos en esas pocas palabras, condenados formalmente y en múltiples ocasiones por el magisterio, requeriría una prolongada exposición que excedería ampliamente los límites de este artículo.

Para quienes deseasen profundizar la doctrina católica en la materia, he aquí los documentos esenciales :

Mirari vos (Gregorio XVI, 1832),

Quanta cura, con el Syllabus (Pío IX, 1864) ;

Immortale Dei y Libertas (León XIII, 1885 y 1888) ;

Vehementer nos y Notre charge apostolique (San Pío X, 1906 y 1910) ;

Ubi arcano y Quas primas (Pío XI, 1922 y 1925) ;

Ci riesce (Pío XII, 1953).

Leamos, a guisa de ejemplo, un pasaje de la encíclica Quas Primas, por la cual Pío XI instituyó la solemnidad de Cristo Rey :

« La celebración de esta fiesta, que se renovará cada año, enseñará también a las naciones que el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes. A éstos les traerá a la memoria el pensamiento del juicio final, cuando Cristo, no tanto por haber sido arrojado de la gobernación del Estado cuanto también aun por sólo haber sido ignorado o menospreciado, vengará terriblemente todas estas injurias; pues su regia dignidad exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente al formar las almas de los jóvenes en la sana doctrina y en la rectitud de costumbres. »

La lectura de estos textos del magisterio permite comprender que el Estado laico, supuestamente neutro, no confesional, incompetente en materia religiosa y otras falacias por el estilo, no es más que una aberración filosófica, moral y jurídica moderna, una monstruosidad política, una mentira ideológica que pisotea la ley divina y el orden natural.

La distinción –sin separación- de los poderes temporal y espiritual es algo muy diferente de la pretendida independencia del temporal respecto del espiritual en relación con Dios, la Iglesia, la ley divina y la ley natural : eso tiene nombre, y se llama la apostasía de las naciones.

Esta apostasía es el fruto maduro del Iluminismo, de la franc-masonería, de la Revolución Francesa y de todas las sectas infernales que de ella proceden (liberalismo, socialismo, comunismo, anarquismo, etc.) Esos son los enemigos despiadados de Dios y de su Iglesia, quienes alcanzaron su diabólico objetivo de destruir enteramente la sociedad cristiana y de erigir en su lugar la ciudad del hombre sin Dios, creatura insensata embriagada por la falaz autonomía de la cual ella pretende gozar respecto a Dios : en ello reside el rasgo esencial de lo que se ha dado en llamar la modernidad, a pesar de sus rostros variados y multiformes, cuyo desenlace, a término, no puede ser otro que el del reino del Anticristo. Esta figura escatológica del hombre impío conducirá ineluctablemente la sociedad moderna, secularizada y apóstata, al paroxismo de su revuelta contra todo lo que se encuentra por encima de su propia voluntad autónoma y soberana, de la cual nos ofrece ya las aciagas primicias : pensemos, por no citar sino un puñado de ejemplos representativos, en esas aberraciones inimaginables que son el matrimonio homosexual, la adopción homo-parental, el derecho al aborto, la legalización de la industria pornográfica, la escuela sin Dios pero con teoría de género y educación sexual obligatorias para corromper la infancia y mancillar la inocencia de las almas inocentes…

Personificación aterradora de la creatura que entiende hacer de su libertad, considerada como absoluta, la única fuente de la ley y de la moral, creatura imbuída de su vacuidad ontológica y enceguecida por su arrogancia irrisoria que pretende asombrosamente ocupar el lugar de Dios.

Reitero que es en esta pretensión insensata de la creatura de prescindir de su Creador que radica la característica definitoria de la modernidad, es ella la que constituye la raíz del mal moderno, desvarío metafísico que se manifiesta con una actitud de repliegue del individuo sobre su propia subjetividad, acompañada por el rechazo categórico de un orden objetivo del cual debería reconocer por partida doble la anterioridad cronológica y la superioridad ontológica, y al cual está llamado a someterse libremente para realizar plenamente su humanidad.

Esta actitud moderna se declina en múltiples facetas : nominalismo, voluntarismo, subjetivismo, individualismo, humanismo, racionalismo, naturalismo, protestantismo, liberalismo, relativismo, utopismo, socialismo, feminismo, homosexualismo, de las cuales la raíz es siempre la misma, a saber, el sujeto autónomo pretendiendo emanciparse del orden objetivo de las cosas y cuyo desenlace trágico e inevitable es el proyecto descabellado de proponerse crear una civilización que, tras haber expulsado a Dios de la sociedad, se funde exclusivamente en el libre arbitrio soberano del hombre, convertido en fuente de toda legitimidad.

Y hoy más que nunca se vuelve indispensable proclamarlo a los cuatro vientos : el principio de laicidad constituye su más acabada encarnación y es su figura emblemática : « El día en que comeréis (del fruto prohibido) vuestros ojos se abrirán y seréis como dioses que conocen el bien y el mal » (Gn. 3,5), sugirió la Serpiente a Eva, quien, dando muestras de una gran apertura mental y de una sincera adhesión al pluralismo religioso, se adentró con madurez y confianza en un diálogo mutuamente enriquecedor con su respetable interlocutor…

El desenlace es bien conocido y ciertamente fatal para la humanidad : Adán y Eva terminaron comiendo, se encontraron desnudos, fueron castigados por Dios y expulsados del Paraíso.

Las viejas naciones europeas que conformaban la Cristiandad comieron también del fruto, llamado esta vez Derechos Humanos, Democracia y Laicidad. Y ahora se encuentran desnudas. En cuanto al castigo, ineluctable, terminará llegando, tarde o temprano :

« Vi surgir del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, y sobre sus cuernos diez diademas, y sobre sus cabezas nombres de blasfemia (…) Le fue dado hacer la guerra a los santos y vencerlos. Y le fue concedida autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. » (Ap. 13, 1/7).

Pero el Anticristo, « el hombre impío, el hijo de perdición » (2 Tes. 2, 3) no llegará solo : será precedido por un falso profeta, parodia diabólica del papel precursor que otrora ejerciera San Juan Bautista disponiendo los corazones para la llegada inminente del Mesías :

« Vi otra bestia que subía de la tierra y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón. » (Ap. 13,11).

Las dos bestias, la del mar y la de la tierra, el Anticristo y el Falso Profeta, son indisociables, al igual que lo son el poder temporal y el poder espiritual en la sociedad. En régimen de cristiandad, los dos poderes cooperaban a efectos de hacer respetar la ley divina en la sociedad. Pero, en el caso que nos ocupa, los dos poderes han cambiado de signo y se hallan dedicados al servicio de Satán, la segunda bestia –el poder religioso prevaricador-, abriendo el camino a la primera e induciendo a los hombres a que se le sometan :

« E hizo que la tierra y todos sus habitantes adorasen a la primera bestia. » (Ap.13, 12).

La primera bestia representa el poder temporal apóstata, el del régimen democrático laico y secularizado, enemigo de Dios, poder mundano que un día será ostentado por una persona concreta, el Anticristo.

La segunda bestia, por su parte, representa el poder religioso corrompido, a la cabeza del cual se hallará también un día una persona concreta, el falso profeta o Anticristo religioso.

¿Qué tan lejos se encontrará la época que verá desplegarse ante su mirada atónita el cumplimiento de estas profecías ?

No es fácil tener certezas de orden práctico en este terreno ni por tanto dar una respuesta categórica. En cambio, no resulta aventurado sostener que cuando el nuevo papa alaba apasionadamente la laicidad del Estado, siguiendo en esto el ejemplo de sus predecesores recientes en el pontificado y conformándose al magisterio post-conciliar, la necesidad de escrutar las profecías que acabamos de exponer cobra una urgencia manifiesta.

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Alejandro Sosa Laprida

12 de marzo del año 2014

Tomado de:

http://www.labotellaalmar.com.ar/

S. Pío X, Papa y Confesor

¡San Pío Décimo, ora pro nobis!

 

José Sarto, un día Pío X nació en Riese, junto a Venecia el 2 de junio de 1835, en una familia modesta pero muy cristiana.  Su claro ingenio, su buena índole, su trabajo y piedad le conquitaron siempre el aprecio general.  Fué poco a poco ascendiendo de humilde seminarista a coadjuntor, párroco, siendo pronto nombrado obispo de Mantua y luego Patriarca y Cardenal de Venecia, hasta subir, aunque mucho lo repugnase su humildad, al solio Pontificio en 1903.

En el trato con el Papa se palpaba la santidad, y la llama del celo sagrado se manifestó enseguida en una actividad múltiple y en críticas circunstancias para la Iglesia Romana, combatida en sus dogmas por el Modernismo, amasijo de todos los errores, y por el crudo materialismo.
Pero obtuvo en él la primacía lo que realmente es lo primero y principal, el culto divino, disponiendo enseguida una reforma litúrgica que comenzó por el canto en el Templo sagrado.
Luego siguió el impulso hacia Cristo eucarístico con el Decreto de la Comunión frecuente y aún diaria, sin miedos jansenistas.  Codificó asimismo el Derecho eclesiástico, dando a la Iglesia el Código Canónico.  La provecta edad, los trabajos y, finalmente, la Guerra Europea del 14, que no pudo evitar con todos sus esfuerzos, acabaron con su vida, abriéndole las puertas de la vida el 20 de agosto de 1914, siendo canonizado en 1954.
Oración
Oh Dios que, para defender la fe católica e instaurar todas las cosas en Cristo llamaste a San Pío, Sumo Pontífice, de celeste sabiduría y apostólica fortaleza: concede propicio que, siguiendo sus normas y ejemplos, consigamos los premios eternos. Por el mismo Señor Jesucristo.
Fuente:
MISAL DIARIO Y VISPERAL
DÉCIMATERCIA EDICIÓN
Por Dom Gaspar Lefebvre O.S.B.
De la Abadía de S. Andrés (Brujas Bélgica)
Traducción Castellana y Adaptación
Del Rdo. P. Germán Prado
Monje Benedictino de los Silos (España)
1946

Tan vigente como ayer

“Estamos en un tiempo en que se acogen y adoptan con gran facilidad ciertas ideas para conciliar la fe con el espíritu moderno, ideas que conducen mucho más lejos que lo que se piensa, no sólo al debilitamiento, sino a la pérdida total de la fe”.  

 San Pío X 

En su alocución a los nuevos cardenales, el 27 de mayo de 1914.

¡San Pío Décimo, ora pro nobis!