Sermón Dominical

Del

TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del año 2015

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III Domingo después de Pentecostés
(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
Lc 15: 1-10

 

Sermón Dominical

Del

TERCER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del año 2015

Mt 8: 1-13: “La fe en la persona de Cristo”

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Sermón Dominical

Del

SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA

(PARA ADULTOS)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del año 2015

“No hay razón para que un cristiano esté confuso o abatido”

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(PARA JÓVENES)

Sermón del año 2015

“Soldados de Cristo en la lucha contra el mal”

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Sermón Dominical

De

LA SAGRADA FAMILIA

(PARA ADULTOS)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del año 2015

Evangelio: Lc 2: 42-52

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(PARA JÓVENES)

Sermón del año 2015

El amor a la Eucaristía

Toda la charla es una exaltación de la Eucaristía y del amor que le hemos de tener y que Jesús nos manifiesta a través de este sacramento.

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Sermón Dominical

Del

DOMINGO DE LA OCTAVA DE NAVIDAD

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

sermon-del-domingo-01-de-enero-de-2017

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Homilía: El nombre de Jesús

Domingo de la Octava de Navidad

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 2: 21)

En la Biblia el nombre equivale a la persona nombrada. La importancia de un nombre le viene por la importancia de la persona a quien representa.

El nombre de Jesús tiene una importancia trascendental, pues como nos dice San Pedro: “No hay otro nombre bajo el cielo por el que podamos ser salvados”.

Ante el nombre de Jesús toda rodilla se ha de doblar, como nos dice San Pablo en su carta a los Filipenses. En cambio, vemos en la actualidad, como consecuencia del modernismo que inficiona la Iglesia, que hay muchos que se niegan a doblar la rodilla ante Jesucristo; con ello están negando su divinidad. Hay muchos que se avergüenzan de ser cristianos; con ello, se ha producido una rendición vergonzosa ante los enemigos de nuestra fe. Y ya sabemos lo que el mismo Jesucristo dijo de los que se avergonzaran de Él: “Aquél que se avergüence de mí ante los hombres, también yo me avergonzaré de él ante mi Padre que está en los cielos”.

Pero frente a tantos apóstatas, también hay cristianos fieles: “Me he reservado 7000 varones que no han doblado su rodilla ante Baal” (1 Re 18).

Cuando yo era joven buscaba el sentido de mi vida y la auténtica amistad. Nada de lo que se me ofrecía me parecía adecuado para llenar mi vida y mi corazón. Los mayores me hablaban de la salud y del dinero; pero eso era totalmente incapaz de llenar mi corazón. Yo seguía buscando hasta que me encontré con Cristo.

Hubo muchas cosas en su vida y en sus enseñanzas que me llamaron la atención y me hicieron comprender que esas sí que podían realmente llenar las ansias de mi corazón. Cosas tales como:

Los hombres buscan sus intereses, en cambio Cristo era totalmente desinteresado y lo único que buscaba era nuestro bien. Cristo, por amor, carga con mis pecados para así librarme de ellos; y no sólo eso, sino que también dio su vida por mí. Yo comparaba el amor que me ofrecía Cristo con el que me ofrecían los hombres.

Cristo me enseñó el sentido de la libertad y de la verdad. Aprendí de Él a aborrecer la injusticia y la iniquidad. Cristo cambió por completo mi vida y mi existencia.

De Cristo aprendí que hay más alegría en dar que en recibir; lo cual es inaudito para el hombre de hoy.

Cuando me encontré con Cristo su persona y su mensaje me aturdieron. Me parecían grandiosos y nuevos. Él fue quien me enseñó el valor de perder la propia vida por amor. Él me enseñó también que son bienaventurados los pobres, frente al modo de pensar del mundo que sólo ama la riqueza. Pude comprobar en mi propia persona que se alcanza mucho más cuando no se tiene nada de dinero. Precisamente por eso he podido hacer ricos a muchos.

También me llamó la atención en Jesús la desapetencia que tenía del poder: “No he venido a ser servido, sino a servir y a dar mi vida en rescate por muchos”. También me sedujo de Cristo su obediencia hasta la muerte y muerte de cruz. ¿Acaso la obediencia es mala? La obediencia es fruto del amor; es el amor lo que da excelsitud a esta virtud. Jesús me enseñó también la verdadera amistad: “Ya no os llamo siervos sino amigos”. Su amistad escapa todo lo imaginable.

Él me libró también del temor a la muerte; pues mi muerte se hace gloriosa cuando se une a la suya. Él también me ofreció vivir una vida totalmente nueva, la suya: “Quien coma mi carne vivirá por mí”…

Sermón Dominical

Del

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO 

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

sermon-del-27-de-noviembre-de-2016

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Homilía: La alegoría de la caverna

I Domingo de Adviento

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 21: 25-33)

A caballo entre los siglos V y IV antes de Cristo, el filósofo Platón trasladó a sus obras la alegoría o mito de las cavernas. En ella, unos hombres que estaban encadenados en una cueva veían pasar unas sombras por fuera de la misma, creyendo que toda la realidad exterior a la cueva se reducía a eso: sombras. Hoy días, hay muchos, tanto en la sociedad civil como en la religiosa que, engañados por falsos maestros y profetas, piensan que lo único que existe en la realidad son sombras.

La sociedad moderna vive en un mundo irreal y engañoso. La sociedad civil, mediante la manipulación de las masas, es engañada por las oligarquías corruptas. Oligarquías que han despojado a la sociedad de cualquier ética humana y ha convertido a sus miembros en robots para que sean fácilmente manipulables. Una sociedad que ha legitimado la inmundicia y el vicio y que persigue la verdad y la virtud. Ciudades que en otros tiempos fueron gloriosas, son ahora antros de corrupción gobernados por analfabetos corruptos.

En la sociedad moderna religiosa la situación no es muy distinta. Una Iglesia gobernada por una jerarquía que en su mayor parte ha apostatado. Al apostatar, ha dejado de alimentar a sus fieles con el alimento de la Palabra de Dios. El pueblo católico sigue practicando una religión (quien todavía practica) que ya no es la religión auténtica heredada de Jesucristo y transmitida fielmente por la Iglesia de siempre….
…………

Cuando Platón habla del final de este mito, dice que uno de los encadenados logró soltarse y salió fuera de la cárcel; pudiendo comprobar que la realidad era muy diferente a la que le habían enseñado. Entonces volvió dentro para enseñárselo así a los demás; pero éste no fue creído, sino que lo persiguieron para matarlo. Hoy día, el hombre ha caído en tal grado de servilismo, adoración y sumisión, que no es otra cosa que manifestación de estar diabólicamente poseído. Ya no se cree en el testimonio de los santos, sino en la palabra engañosa de los falsos profetas, que no son otra cosa sino enemigos de Dios.

Sermón Dominical

Del

VIGÉSIMO SÉPTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

   Último Domingo después de Pentecostés  

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

sermon-del-20-de-noviembre-de-2016

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Homilía: Las señales olvidadas del fin del mundo

XXIV Domingo después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Mt 24: 15-35)

Reconocer los signos del final de los tiempos: los falsos profetas, el anticristo, la abominación de la desolación, la gran apostasía. Muchos de estos signos ya están ocurriendo.
Sobre la fecha del final de los tiempos sólo el Padre lo sabe. Cristo como hombre no lo sabía; pero sí nos da unos indicios o señales a través de los cuales lo podamos colegir.

Nos han robado a Cristo pero no reaccionamos. La situación de la Iglesia en el mundo es caótica; pero aquellos que tendrían que hablar de ello no lo hacen. Asistimos ante el espectáculo de ver con nuestros propios ojos cómo van derribando nuestra propia “casa”. Estamos presenciando hoy día en la Iglesia algo que es realmente escandaloso: el silencio de los pastores. Decía Santa Catalina de Siena: “De casi todos los males que cometen los fieles tienen su culpa los malos pastores”, o también: “Aquellos que fueron puestos como columnas de la Iglesia se han transformado en su perseguidores”.

Frente a estas cosas el cristiano ha de mantener la esperanza y la fe en Cristo. ¡Tranquilos, fortaleced vuestro corazón porque Cristo está cerca! Y por supuesto, estad siempre preparados, porque el día llegará “como ladrón en la noche”. “He aquí que vengo pronto, y conmigo mi recompensa”.

Nota: Por razones de salud, y por prescripción médica, el P. Alfonso se ve obligado a interrumpir sus homilías dominicales por un tiempo indefinido. El Padre agradece cordialmente a seguidores y amigos la atención y cariño recibidos. Esta homilía fue publicada originalmente en 2014.

  Último Domingo después de Pentecostés    

“Las señales olvidadas del fin del mundo”

(Mt 24: 15-35)

2015

2014

2012

Sermón Dominical

Del

VIGÉSIMO SEXTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

   (VI Domingo después de Epifanía – Transferido)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

sermon-del-13-de-noviembre-de-2016

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Homilía: Un grano de mostaza que ha dejado de crecer

VI Domingo después de Epifanía

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)

(Mt 13: 31-35)

El evangelio de hoy nos ofrece dos breves parábolas de idéntico significado: la parábola del grano de mostaza y la parábola de la levadura que fermenta toda la masa.

Tradicionalmente se han interpretado estas parábolas en el sentido de que la Iglesia, fundada por Jesucristo, crece y se entiende.
La Iglesia, como todo organismo vivo, nace, crece…, y muere. Por supuesto que la Iglesia que dejará de ser existir será la Iglesia peregrina, cuando todo este mundo se acabe. La Iglesia como tal no puede perecer, pues tenemos la promesa de Cristo. Cristo así lo manifiesta en multitud de ocasiones: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”; “buscad los bienes de arriba, no los de la tierra…”; “somos ciudadanos del cielo”. Todas estas enseñanzas las conocemos muy bien, aunque a veces muchos las olvidan. Todos estos textos nos recuerdan que nuestra existencia aquí en la tierra es fugaz, y que no tenemos aquí una ciudad permanente.

En el momento actual vemos que la Iglesia está desolada; hay una situación real de apostasía, resultando difícil encontrar la verdadera doctrina. Para aquellos que piensan que la situación actual no es tan grave yo les diría:

La misma Sagrada Escritura nos habla que llegará un momento en el que surgirá el falso profeta, el cual engañará a muchos.
También nos dice en el profeta Daniel: “Cuando veáis la abominación de la desolación sentarse en el lugar santo… sabed que el momento ha llegado”. Las profecías y señales acerca del fin del mundo siempre son oscuras, pero si las dijo Jesucristo fue para nosotros. No tendría sentido que nos ofreciera una serie de señales que nos hablaran del fin del mundo y luego nadie las pudiera interpretar ni conocer.

Y es el mismo profeta Daniel quien nos avisa que esta situación de desolación durará hasta el final (Dan 9).

El Santo Padre decía hace unos días que los comunistas piensan como los cristianos. Con todo el respeto, pero no hay compatibilidad alguna entre el comunismo y el cristianismo. Yo he sufrido en mi propia carne el comunismo, lo he estudiado profundamente, y sé lo que digo.

¿Qué podemos hacer los cristianos ante tanta desolación y apostasía? El mismo Señor nos da la respuesta: “Cuando veáis que todo esto sucede, levantad las cabezas, pues se acerca vuestra liberación”, o, “los tiempos finales serán acortados en favor de los elegidos”, o, “para los que aman a Dios, todo lo que les ocurre es para su bien”. Dios actuará en el momento oportuno. Recordad que, de Dios nadie se ríe. Dios siempre hará justicia. Así pues, ¿quién nos podrá separar del amor de Cristo? Hemos pues de confiar en su poder y en su amor. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Sea que vivamos, sea que muramos, del Señor somos”.

Si así hacemos, no tendremos confusión ni duda.

 

 

Obispos pidiendo perdón

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Anuncian las redes sociales que los 115 Obispos de Francia han pedido perdón por el largo silencio culpable guardado ante los casos de pedofilia de los sacerdotes. El acto ha tenido lugar a propósito de las Jornadas de oración y penitencia celebradas según una iniciativa del Vaticano que tuvo lugar en el pasado mes de Septiembre, en la cual se dejaba a las Conferencias Episcopales la organización de las diferentes modalidades para llevarlas a cabo.

Como es de dominio público, el hecho de pedir perdón es una moda puesta muy en boga por la Jerarquía Católica que, como no podía ser menos, ha sido sido proclamada a los cuatro vientos por todos los media, con coreografía añadida por la misma Jerarquía Católica.

Aunque la moderna Sociedad no suele detenerse en examinar despacio determinados hechos sociales, salvo aquellos que resulten contrarios y dañinos contra la Fe y la Moral de la Iglesia para ser aireados y magnificados, parece que vale la pena parar la atención en este al que aludimos, teniendo en cuenta sobre todo la profundidad del contenido que encierra…, aparte de la absoluta falta de sinceridad que manifiesta.

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Sermón Dominical

Del

VIGÉSIMO QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

   (V Domingo después de Epifanía – Transferido)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

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Nota: Por razones de salud, y por prescripción médica, el P. Alfonso se ve obligado a interrumpir sus homilias dominicales por un tiempo indefinido. El Padre agradece cordialmente a seguidores y amigos la atención y cariño recibidos. Esta homilía fue publicada originalmente en 2013.

Homilía: Parábola del trigo y la cizaña

    V Domingo después de Epifanía – Transferido        

“Parábola del trigo y la cizaña”

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)

(Mt 13: 24-30)

V Domingo después de Epifanía – Transferido

“Parábola del trigo y la cizaña”

(Mt 13: 24-30)

2015

2013

2012

Sermón Dominical

Del

VIGÉSIMO CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

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Homilía: Cristo Rey

Fiesta de Cristo Rey

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)

(Jn 18: 33-37)

Hablar de esta fiesta tiene una doble dificultad; pues, por un lado, la Persona de Jesús ha sido difuminada e incluso quitada de en medio como consecuencia de la apostasía de la Iglesia y de la paganización de la sociedad civil, y por otro lado, hablar de la realeza y de la monarquía, resulta más difícil todavía; ya que los reyes modernos se han preocupado de desprestigiar sus propias personas, y con ello, la realeza y la monarquía.

El mundo actual vive una situación de cáos, disolución, disgregación y anarquía. Los valores humanos han sido anulados.

El Magisterio de la Iglesia ha sido eliminado. Los dogmas han caído en el historicismo. El Evangelio y el mismo Cristo han quedado reducidos a un invento de la comunidad primitiva. Los obispos, que siempre tuvieron gran prestigio en la Iglesia, son ahora ridiculizados…

En cuanto al Estado, el poder civil es ahora un antro de corrupción al servicio de los políticos.

Hace unos días, el Santo Padre hacía unas declaraciones con motivo del 500 aniversario de las tesis protestantes, a un diario sueco en el que decía textualmente: “La religión verdadera es el desarrollo que tiene la humanidad para trascenderse a sí misma hacia el absoluto”.

Ante todas estas realidades, ¿cómo podemos entonces hablar de Cristo como Rey de la Iglesia y del mundo entero? La respuesta la tenemos en Col 1 y Fil 2. La sociedad civil y la Iglesia podrán continuar por sus caminos, pero frente a eso, Cristo seguirá siendo el Rey de universo, y al final de los tiempos vendrá a juzgar a vivos y muertos.

Aclarado esto, hemos de decir también que en la Escritura hay algunas frases que parecen contradictorias con lo aquí dicho, pues el mismo Jesucristo dice “mi reino no es de este mundo”. Y en otro lugar también dice que el “reino de Dios no viene con espectáculo” y también “el reino de Dios está ya en medio de vosotros”.

Ahí es donde reside ahora el Reino de Dios, dentro de cada uno de los fieles a Cristo y a su mensaje. Son esos pocos cristianos que quedan fieles a Cristo en medio de la persecución y de los peligros.
La auténtica Iglesia reside ahora en las catacumbas.

El mismo Señor también nos dijo: “Ya no os llamaré siervos, sino amigos…” Mi Rey y mi Señor es ahora también mi Amigo. Y además, es un amigo que intercambia su vida con nosotros: “Quien beba mi sangre… vivirá en mí y yo en él”.

En el Cantar de los Cantares, la figura del Rey aparece también como Esposo, el cual se dirige al hombre y mantiene con él un diálogo amoroso..

Vivimos pues, en medio de un mundo que está sufriendo una gran confusión, paganización y apostasía; pero el amor de Cristo no ha cesado. Todavía existen almas enamoradas de Dios; es en ellos donde se hace verdad la promesa de permanencia de Cristo en su Iglesia hasta el final de los tiempos.

Sermón Dominical

Del

VIGÉSIMO TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

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Homilía: Curación de la hemorroísa

Domingo XXIII después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Mt 9: 18-26)

Cristo es nuestra vida y nuestra esperanza/Sentido de la muerte de Cristo y de la nuestra.

1) La curación de la hemorroisa: Cristo es la solución para nuestras angustias. Recordemos otros casos similares: el paralítico de la piscina de Siloé, el episodio de la mujer adúltera. Si Cristo se compadece así de ellos, ¿por qué no se va a compadecer de nosotros?

2)La resurrección de la hija de Jairo: posición de Jesús ante la muerte. Significado de la muerte cristiana: momento de consumación del amor del hombre a Cristo y de Cristo al hombre.

Nota: Por razones de salud, y por prescripción médica, el P. Alfonso se ve obligado a interrumpir sus homilías dominicales por un tiempo indefinido. El Padre agradece cordialmente a seguidores y amigos la atención y cariño recibidos. Esta homilía fue publicada originalmente en 2014.

 

Las profecías

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Las profecías son uno de los elementos pertenecientes al Plan de la Historia de la Salvación más difíciles de entender y de desentrañar, y así es como parece desprenderse de la misma voluntad de Dios, que es su definitivo Autor y del cual proceden.

En razón de la claridad comenzaremos por establecer los términos del problema. No sin antes advertir que aquí vamos a utilizar indistintamente, como si fueran una misma cosa, los términos de profecías y el de revelaciones privadas, los cuales, para los efectos que van a ser considerados en este trabajo, equivalen a lo mismo. Dicho lo cual, podemos establecer una sencilla y elemental división de las profecías en general para clasificarlas como privadas o bien como públicas.

Lo más interesante que se puede decir sobre las revelaciones privadas, es que jamás puede asegurarse cualquier tipo de certeza acerca de su cumplimiento. En los casos de que alguna se vea cumplida.

En cuanto a las profecías públicas, que así es como llamamos aquí a las contenidas en el Cuerpo de la Revelación, se cumplen siempre infaliblemente, como no podía ser menos puesto que se sabe con certeza que proceden de Dios. Su único problema radica en el hecho de que son difíciles de interpretar, por lo que puede suceder que no sean entendidas en el sentido con el que Dios las reveló a los hombres. La mejor garantía de certeza que se puede pretender con respecto a ellas es atenerse al sentido que les asigne la Iglesia.

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Sermón Dominical

Del

VIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

sermon-del-domingo-16-de-octubre-de-2016

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A Dios lo suyo y al César lo suyo

Domingo XXII después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Mt 22: 15-21)

El evangelio de hoy nos trae el episodio en el que Jesucristo delimita las funciones de las dos sociedades: la civil y la religiosa. En su frase “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” está resumida toda una profunda y clara enseñanza. En este mundo hay dos sociedades, la civil y la religiosa, que han de procurar cada una función su función propia.

La sociedad civil ha de buscar directamente el bien temporal de sus ciudadanos; e indirectamente, desde un punto de vista positivo, procurar que los ciudadanos puedan conseguir su fin último y desde el punto de vista negativo, evitar todos aquellos obstáculos que puedan separar al hombre de conseguir su salvación.

Por otro lado, la sociedad religiosa ha de buscar, como fin propio y directo, la salvación de sus fieles; y de modo indirecto, desde un punto de vista positivo, iluminar la sociedad civil con la luz que da el Evangelio, y desde un punto de vista negativo, denunciar al poder civil, cuánto éste se aparte de las enseñanzas del Evangelio, y por lo tanto, dificulte a los fieles la consecución de su fin último.

Ni la una sociedad ni la otra, pueden inmiscuirse en los ámbitos que le son propios a cada una.

Sobre el papel, esta enseñanza es fácil de entender; pero cuando pasamos a la práctica, es cuando descubrimos lo difícil es que haya un respeto mutuo y que cada una cumpla sus funciones que le son propias sin inmiscuirse en las tareas que no le pertenecen.

A lo largo de la historia vemos como ambos extremos se han dado. En algunas ocasiones hemos visto lo que se ha llamado “Cesarismo”, cuando el gobierno civil se ha inmiscuido en las labores propias de la Iglesia. Y lo contrario, también ha ocurrido.

A partir del Renacimiento, y más todavía con la Ilustración (s XVIII) la Iglesia se hace más débil por no ser fiel a Cristo, y la sociedad civil va tomando cada vez más fuerza y se va entremetiendo en las labores y decisiones que eran propias de la Iglesia. A pesar de todo, la Iglesia supo mantener sus principios y ser fiel a las enseñanzas de Cristo, de la Tradición y del Magisterio de siempre.

Pero con el Vaticano II la situación cambia rotundamente. La Iglesia se abre al mundo y como consecuencia deja de ser fiel a las enseñanzas de Cristo. La Iglesia piensa que es mejor seguir una ideología mundana y se rinde ante los criterios y principios del mundo. Se acabó denunciar los errores y condenar las herejías. Como dijo Juan XXIII en el discurso de apertura del concilio: “Hay que abrir las ventanas del Vaticano”. Y posteriormente, el papa Pablo VI reconocería que esta apertura de las ventanas había causado la entrada del “humo de Satanás en la Iglesia”.

Con el Vaticano II comenzó el gran desastre en la Iglesia. Como nos dice la Sagrada Escritura, la Iglesia no se puede abrir al mundo. El apóstol Santiago (Sant 4) nos dice: “¡Adúlteros! ¿No sabéis que la amistad con este mundo significa la enemistad con Dios? Quien quiere hacerse amigo de este mundo se hace enemigo de Dios”….

 

SERMONES PARA UN MUNDO EN OCASO

Nuevo libro del P. Alfonso Gálvez

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(Puede descargarlo en pdf cliqueando en la foto, o adquirir una copia en Amazon)

Reseña del libro 

El libro se presenta como un conjunto de sermones, escritos sobre la base de algunas homilías pronunciadas, en principio, para un público bien intencionado. Pero en realidad lo que se ha conseguido es una serie de meditaciones muy profundas dirigidas a los hombres de una Iglesia y un mundo “en ocaso”, esto es, en tiempos que el autor ha descrito como de “la gran apostasía” y de una “Iglesia catacumbal”, en un momento de “invierno eclesial”, donde aparece casi naturalmente la pregunta sobre el final de los tiempos. Situación que presenta, ya desde el inicio, una aporía: ¿Tiene sentido predicar en tal medio ambiente, donde nadie parece tener intención de escuchar, o van a estar prontos a rechazar el mensaje? Sin embargo, no importa que, aparentemente, el intento pueda parecer inútil, pues el verdadero predicador cristiano sabe que es depositario de una misión, de un mandato, recibido del mismo Señor; y es consciente del efecto “devastador” de la misma Palabra de Dios, más allá de la disposición de los oyentes a la que va dirigida.

Estamos pues ante una meditación profunda. Tal profundidad de contenidos, tiene como fundamento un doble hecho: por un lado, el autor se encuentra en el cenit de su vida, con la plenitud de sabiduría auténtica que dan los muchos años de una larga existencia vivida en un intento serio de amar a Dios y de servicio y fidelidad a la Iglesia, y, que vislumbra ya la llegada a la Patria definitiva; de otro, el autor sustenta sus reflexiones, sobre todo, en la proclamación valiente de la Palabra de Dios, en su doble función ontológica y didáctica, y de la Tradición de la Iglesia, sin tergiversarlas ni traicionarlas, lo que hace que sus argumentos sean contundentes.

Todo el libro se apoya además sobre los postulados de la trascendental teoría del amor de su autor, que alcanzan en el libro desarrollos nuevos, como se puede ver en el capítulo dedicado a Pentecostés, por ejemplo. Resalta, además, en todos los capítulos, el papel central de la Humanidad de Jesucristo, punto clave de la espiritualidad de A. Gálvez.

Se llega, así, a la raíz y al fundamento último de los temas que aborda, y que son, en definitiva, los que realmente importan: Jesucristo, el verdadero sacerdocio, la muerte cristiana, la vida entendida como una invitación a la fiesta de amor divino–humano, la realidad del Espíritu Santo, el sufrimiento y la vida de Cruz, la oración cristiana mística, etc.

Si la homilética católica fue siempre la presentación de la alegría de la Buena Nueva, este libro, se convierte en un canto de esperanza y de gozo, de la única que se le puede dar a un Mundo y a una Iglesia “en ocaso”. Es sobre esto, en donde se puede cimentar la verdadera esperanza cristiana. El libro es también un canto a esa Esperanza. Pero la Alegría y el Amor, la Esperanza y la Nostalgia (con mayúsculas), no pueden ser expresadas muchas veces con la simple prosa, y es por ello, que el autor recurre con frecuencia al auxilio de la poesía, insinuando un mundo de sentimientos y de realidades que más se pueden intuir que describir. Por lo que el libro está también transido de belleza estética.

P. Juan Andrés de Jorge García-Reyes

Sermón Dominical

Del

VIGÉSIMO PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

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Homilía: Parábola del siervo despiadado

Nota: Por razones de salud, y por prescripción médica, el P. Alfonso se ve obligado a interrumpir sus homilías dominicales por un tiempo indefinido. El Padre agradece cordialmente a seguidores y amigos la atención y cariño recibidos. Esta homilía fue publicada originalmente en 2012.

DOMINGO XXI DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

08 OCTUBRE 2016.

XXI Domingo después de Pentecostés

“Parábola del siervo despiadado”

(Mt 18: 23-35)

2015

2014

2012

 

Sermón Dominical

Del

VIGÉSIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

sermon-del-14-de-octubre-de-2012

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Homilía: La curación del hijo de un cortesano

Nota: Por razones de salud, y por prescripción médica, el P. Alfonso se ve obligado a interrumpir sus homilias dominicales por un tiempo indefinido. El Padre agradece cordialmente a seguidores y amigos la atención y cariño recibidos. Esta homilía fue publicada originalmente en 2012.

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Sermón Dominical

Del

DÉCIMO NOVENO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

sermon-del-domingo-25-de-septiembre-de-2016

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Homilía: No podemos jugar con la Palabra de Dios

Nota: Por razones de salud, y por prescripción médica, el P. Alfonso se ve obligado a interrumpir sus homilias dominicales por un tiempo indefinido. El Padre agradece cordialmente a seguidores y amigos la atención y cariño recibidos. Esta homilía fue publicada originalmente en 2014. Corresponde al domingo actual decinueve después de Pentecostés

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25 SEPTIEMBRE 2016.

XIX Domingo después de Pentecostés

“Los Bodas Reales” (Mt 22: 1-14)

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2015

2014

Homilía: No podemos jugar con la Palabra de Dios

2012

Sermón Dominical

Del

DÉCIMO OCTAVO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Domingo XVIII después Pentecostés

 Evangelio: Mt 9: 1-8

HOMILÍA 22 DE SEPTIEMBRE DE 2013 (PARA ADULTOS)

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Domingo XVIII después Pentecostés

Evangelio: Mt 9: 1-8

HOMILÍA 22 DE SEPTIEMBRE DE 2013 (PARA JÓVENES)

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El Yelmo de Mambrino (6)

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Pero en definitiva, lo que esta inmensa mayoría de clérigos estaban llevando a cabo, quizá sin darse cuenta muchos de ellos (de nuevo el gigantesco guiñol de las marionetas), no era otra cosa que la tan cacareada actitud de protesta. De manera que, de ser esto cierto, nos encontramos de nuevo con la rebeldía. Ahora bien, ¿contra qué o contra quién ha ido dirigida en este caso…? Y la respuesta no es difícil de hallar. La protesta ha ido dirigida esta vez contra un conjunto de ideas que podríamos resumir bajo el epígrafe, ideado por los mismos rebeldes, de aburguesamiento de la Iglesia. O sea, para ser más breves: contra la Iglesia.

Lo que no es aparece como lo que es, y viceversa. En definitiva, la farsa. De manera consciente en unos e inconsciente en otros, pero al fin y al cabo teatro.

Todo el mundo tiene alguna idea del significado que suele darse hoy a la imagen de un rebaño de ovejas. Son pacíficos animales que se organizan en manada, incapaces al parecer de vivir aisladamente, y que se han convertido en un símbolo que designa a lo que el mundo suele llamar la actitud de aborregarse. Algo así como un sinónimo de lo que se conoce también con el nombre de adocenarse (que supone la pérdida de una personalidad propia), o de masificarse (convertirse en un número de la masa de ciudadanos que son manejados por el Sistema). En realidad el concepto sociológico de masa es relativamente reciente, lo mismo que el fenómeno al que corresponde. Aunque no debe confundirse con el de clase social, pues si es normal que la masa abarque a veces a varias clases sociales a la vez, otras, sin embargo, se refiere solamente a cualquiera de ellas. Por supuesto que las masas han sido siempre manejadas por el Poder Político, de forma más o menos despótica con no escasa frecuencia; aunque a veces, tal vez las menos, el Poder haya trabajado honradamente por el bien común. Pues es preciso reconocer que los buenos gobernantes no han abundado mucho en la Historia de la humanidad. De todos modos, el Poder Político no había manejado antes a las masas de forma tan sistemática, científica, despectiva y desinteresada con respecto al bien de los ciudadanos, como lo hace en la actualidad. De ahí que hayamos dicho antes que los conceptos de masa y clase social pertenecen más bien a la modernidad. Por lo demás, la Rebelión de las Masas, que diría Ortega y Gasset, es una idea que pertenece al mundo de la utopía. La verdad es que no suelen ser las masas las que se rebelan ni las que gobiernan el mundo, ni mucho menos a sí mismas, sino que es el Sistema y el aparato intelectual que lo sustenta quienes las dirigen y provocan las rebeliones. Lo cual es precisamente lo contrario de lo que Ortega pensaba y de lo que él consideraba como deseable. Sin embargo es evidente que tales rebelionesnunca son verdaderamente tales, en cuanto que a menudo no pasan de ser un concierto de balidos de rebaño, provocado cuando conviene por aquéllos a quienes conviene. Nos encontramos de nuevo con el guiñol de las marionetas que por supuesto ignoran que lo son: carecen de capacidad de pensar y decidir, por lo que solamente les queda actuar según los deseos de quienes las dirigen.

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DÉCIMO SÉPTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

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Domingo XVII después Pentecostés

 Evangelio: Mt 22: 34-46

HOMILÍA 15 DE SEPTIEMBRE DE 2013

El Yelmo de Mambrino (5)

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Las predicciones insólitas de los sabios
se convierten en Historia antigua
cuando el discurrir del tiempo descubre
su condición de augurios raquíticos.

(Proverbio Chino)

5. Donde se prosigue la historia del yelmo de Mambrino y se cuenta la extraña parábola de las cien ovejas rebeldes, junto con otras menudencias de acompañamiento que añaden sabor al tema

Si por una parte el Señor había dicho que su Reino no es de este Mundo (Jn 18:36), el Diablo en cambio tuvo el descaro de atribuirse el dominio sobre él (Lc 4:6). Sin embargo, por más que el Diablo sea el Gran Mentiroso y el Padre de la Mentira (dicterios que provienen de la misma boca del Señor), es justo reconocer que, al menos en esta ocasión, no andaba muy lejos de la verdad.

Efectivamente el Demonio es el Gran Mentiroso. Pero algunas veces, cuando así lo exige su propia conveniencia, dice la verdad. En todo, en parte, o en mixtura en forma de embrollo, según convenga. En ocasiones lo hace así para engañar a los mentirosos natos, aunque parezca paradoja pero que en realidad no lo es. Pues el mentiroso, como el ladrón, piensa que todos son de su condición, y de ahí que en ocasiones parezca conveniente decirle la verdad justamente para que piense lo contrario.

La consecuencia es obvia: Lo único que puede hacer cualquier persona avisada es no creer jamás al Diablo. O mejor todavía, no dialogar con él bajo ningún concepto. Y como en estos últimos tiempos de la Historia parece haber extendido su Reino en no pequeña medida, nada tiene de exagerado afirmar que vivimos bajo el imperio de la Mentira.

Se ha convertido en cosa normal que lo que no es aparezca como lo que es, y viceversa. La moderna sociedad ya no se siente escandalizada de que al pan se le llame vino ni que al vino se le llame pan. En el teatro clásico antiguo se utilizaban la per–sona y el coturno como instrumentos de disfraz.[1] En la actualidad no hay necesidad de emplear medios tan artificiosos, por otra parte tan incómodos, y que poseen además el inconveniente de mostrar con excesiva estridencia su carácter farandulero. Y aunque es un género que abunda entre los componentes de la actual sociedad, a nadie le gusta aparecer como arlequín. Lo que es evidente en el mundo moderno es el hecho de que, en algunos de sus ámbitos, el disfraz y el recurso a la apariencia se han puesto de moda, y que son tantos los que los utilizan que a menudo llegan a ser multitud. Ahora no tendría sentido el tumulto organizado en la venta en donde vino a parar la cuadrilla que acompañaba a don Quijote: la bacía de barbero sería efectivamente el yelmo de Mambrino, y la albarda del burro sería reconocida como jaez de caballo. Todo lo cual sin dar lugar a discusiones ni a problema alguno.

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DÉCIMO SEXTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

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Homilía: Los Últimos Puestos

Domingo XVI después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 14: 1-11)

El evangelio de hoy no pretende tanto enseñarnos cuál ha de ser nuestro comportamiento en las fiestas y banquetes sino una lección de humildad; y la prueba de ello es la moraleja final. El Señor nos anima a que busquemos los últimos puestos y los más humildes; aquellos en los que no se figura y uno no es reconocido.

Un verdadero cristiano, siguiendo las enseñanzas de Cristo, no debería buscar el destacar, sino el pasar desapercibido. En cambio tanto nuestra naturaleza como el mundo aspiran a todo lo contrario. Ya nos lo dijo S. Pablo: “No hay entre vosotros muchos sabios según el mundo, ni poderosos…”. O estas otras palabras: “Dios escogió la necedad del mundo para confundir a los sabios…”; “el que quiera ser el primero de todos que se haga el último de todos y el servidor de todos”.

Los criterios de actuación del mundo y del cristiano son totalmente opuestos. El Señor nos lo dice en multitud de ocasiones; pero nunca nos terminamos de convencer de ello. Es por ello que, en la medida que nos dejemos arrastrar por los criterios del mundo, nos alejamos de Dios.

Nos encontramos en un momento de confusión, de apostasía general y de desolación del cristiano y de la Iglesia. En estos momentos hemos de tener las ideas claras. Ideas que están expuestas y enseñadas en los evangelios. Esta situación de confusión no se va a arreglar, sino que según nos dicen las profecías de los últimos tiempos en el libro de Daniel, irá a peor: “El falso profeta tendrá un gran poder…, hará la guerra a los santos y los vencerá”. Los falsos profetas de la Iglesia actual no tienen enemigo; sólo Dios los puede contener… Algunos ingenuos buenistas ponen su esperanza en el “papa emérito”; no puede haber un “papa emérito”…

En medio de esta confusión, ¿qué pasará con nosotros? Esta confusión y oscuridad no es tal. Somos nosotros los que lo permitimos. Todo lo que está ocurriendo está en los planes de Dios y está ocurriendo para nuestro bien. Dios es el señor de la historia y nada ocurre que se escape a sus designios. Lo que está ocurriendo es providencial; en el sentido de que Dios lo permite para nuestro bien. No olvidemos estas palabras del Señor: “El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán”; “mis palabras son espíritu y vida”; “cuando suceda todo esto, levantad vuestras cabezas, pues se acerca vuestra liberación”; “para los que aman a Dios todo lo que les ocurre es para su bien”; “no temáis, mi pequeño rebaño, vuestro Padre celestial ha reservado el reino para vosotros”.

Se nos ha hecho pensar que ser cristiano es fácil, no tiene exigencias, cuando la realidad es totalmente diferente: “El que quiera ser mi discípulo que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”. La existencia cristiana no es como el mundo la imagina, ni como muchos de nosotros pensamos. Ahora, puede que entendamos un poco mejor el consejo de Cristo de buscar los últimos puestos. Él mismo nos lo enseñó con su propia vida; de toda su vida, sólo tres fue “pública”, el resto de sus años pasó totalmente desapercibido. Nos empeñamos en vivir nuestra propia vida, y olvidamos que para un cristiano, Cristo es su vida.

La parábola de hoy es pues una exhortación a ser humildes y buscar los últimos puestos.

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El Yelmo de Mabrino (4)

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Durante los muchos años que duró el reinado del Papa Juan Pablo II, tanto el Culto como la Liturgia y la Pastoral adquirieron un tono de espectáculo que los aproximaron en gran medida al mundo del teatro.

El Concilio Vaticano II había expresado sus deseos de la mayor participación del Pueblo cristiano en la Liturgia. Pero la liberalización de las normas litúrgicas, sobre todo en las referentes a la Misa, produjo una alocada carrera de inventivas, de improvisaciones y de arbitrarias interpretaciones en todas las cuales se buscaba, ante todo, llamar la atención de los fieles. Todo el mundo buscaba asombrar con algo nuevo.

Así es como se fue dando paulatinamente entrada al teatro en la Liturgia.

Fueron apareciendo vistosos desfiles procesionales de ofrendas en el ofertorio de la Misa, acompañados frecuentemente de las danzas y ritos típicos de cada lugar; y sin que faltaran agradables muchachas jóvenes ejecutando danzas litúrgicas delante de la procesión de ofrendas. También se pusieron de moda las aparatosas y pomposas paradas, en las que se llevaba el Evangeliario con los brazos en alto ante los fieles para la lectura del texto evangélico del día. Sin olvidar las ostentosas lecturas de los textos litúrgicos por parte de seglares que ejercían su función con voz engolada y convencidos de que su momento era la parte esencial de la Misa.

En diversos lugares se escenificaron las lecturas litúrgicas de la Misa en forma de auténtico espectáculo. Como el de que, llegado el momento de la lectura de la Epístola, se hacía un silencio al tiempo que entraba un mensajero por la puerta del templo con un papel en las manos y gritando: ¡Carta de Pablo, Carta de Pablo…! Se sabe de un celebrante, feroz adicto del pacifismo, que hacía el gesto espectacular de romper un rifle de madera durante la homilía. Hubo lugares en los que se sustituyeron los textos litúrgicos bíblicos por lecturas de artículos de prensa o de escritores del momento (generalmente de ideología de izquierdas), considerados seguramente más aptos como alimento espiritual de los fieles. Por su parte, los Movimientos Carismáticos y Neocatecumenales pusieron de moda gestos y expresiones muy peculiares en diversas partes de la Misa (brazos en alto, asimiento de manos, voces y gritos espontáneos…, impulsados todos ellos por el soplo del Espíritu). Se generalizó la celebración del Santo Sacrificio en lugares extraños fuera de los templos, utilizando panes fermentados de alimentación de tamaño grande y vasos sagrados de materiales baratos y de baja calidad. En la Víspera de Navidad, acabada la llamada Misa del Gallo, se daba a besar a los fieles al Niño Jesús según la costumbre inmemorial; sólo que esta vez no besaban los fieles imagen del Niño, sino un infante recién nacido y casi desnudo: ¡Basta ya de símbolos sin vida!, decía el cura enardeciendo a sus fieles. Ni corresponde hablar aquí acerca de los comentarios sarcásticos y hasta escabrosos que muchos fieles hicieron al respecto.

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DÉCIMO QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

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Homilía: La Muerte y la Justicia

Domingo XV después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 7: 11-16)

El evangelio de hoy nos presenta el relato de la resurrección del hijo de la viuda de Naim. Un episodio conmovedor en el que vemos a Jesús enfrentado con la muerte y el dolor de aquella mujer.

El hombre se enfrenta ante la muerte como ante un suceso que no puede evitar; en cambio Cristo se enfrenta ante ella como el señor de la vida y la muerte.

Cristo le dice a la mujer: “No llores”, pues para Él, el llanto de esta mujer no tiene sentido.

Para nosotros, la muerte puede llegar en cualquier momento, un momento que nunca esperamos ni sabemos. La muerte es el momento decisivo de la existencia humana, pues nos enfrentamos ante la verdad y ante la justicia; es el momento en el que se define el destino eterno de cada uno de nosotros.

La Justicia eterna e infinita de Dios ha de cumplirse; y es en el momento de la muerte cuando nos tenemos que enfrentar ante de ella.

En el momento actual en el que nos ha tocado vivir hay un clamor general, pues la Justicia ha sido pisoteada y burlada; en cambio la muerte es la que hace que esa justicia y esa verdad se cumplan. Clamor general de los millones de niños abortados, clamor general por una juventud que ha sido destruida e idiotizada, clamor general por el atentado a la dignidad del hombre y en especial de la mujer.

Clamor general porque se han destruido la familia, el matrimonio, los sacramentos, incluso el mismo sacerdocio. El mundo entero ha sido convertido en una manada de borregos dirigidos por un gobierno universal.

Y nos encontramos también con el hecho asombroso de la apostasía general de la misma Iglesia. Una jerarquía que está desprestigiada y que en gran parte ha renegado de su fe…

Lo que está ocurriendo ya en nuestro mundo es un castigo de Dios. La humanidad vive en estado de miedo y terror.

¡Mujer, no llores! El sentido de la muerte es totalmente diferente para uno que es cristiano que para uno que no tiene fe. Para el discípulo de Cristo, la muerte tiene un sentido glorioso. Nuestra muerte fue destruida por la muerte de Cristo, para que así vivamos una vida nueva. Para el cristiano, la muerte es la consumación de esta vida y el comienzo de una vida nueva.

La muerte para un cristiano es el final de otro sueño: la vida. Una vida humana que sueña con unirse a Cristo. Ese es el sentido real de la muerte para un cristiano.

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El Yelmo de Mambrino (3)

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3. Donde se hace un breve resumen de la evolución sufrida por la idea del teatro en la mentalidad de la Iglesia, desde sus primeros tiempos hasta nuestros días.

La época clásica miró con desprecio al teatro y consideró a los actores como gentes de baja ralea. Incluso Platón fue uno de los más ilustres enemigos del mundo de la escena.

En cuanto al Cristianismo, es sabido que la Iglesia primitiva (con los Concilios y los Padres a la cabeza) mantuvo contra el teatro una constante hostilidad. Tertuliano (De Spectaculis) y San Agustín (Enarrationes in Psalmos, De Fide et Operibus, De Vera Religione, etc.) fueron quizá, entre otros muchos, sus más encarnizados detractores. En realidad la enemiga duró hasta pasado el siglo XVII (incluyendo a personajes como Bossuet), a pesar de la existencia de períodos contradictorios de consideración e incluso de cooperación.

Es de notar, como importante curiosidad histórica, el hecho de que, en plena Edad Media, Santo Tomás fue uno de los escasos teólogos que sostuvieron la honorabilidad del teatro y del oficio de los actores, siempre que se tuviera en cuenta la moralidad (Summa Theol. II–II, q. 168, a. 3). E incluso defendió la licitud de los estipendios recibidos por los actores que actuaban honradamente (II–II, q. 87, a. 2, ad. 2).

El estudio detenido de las razones que motivaron todo este movimiento de ideas no es de este lugar. Puede decirse que, en general, desde la época clásica y primeros tiempos de la Iglesia, los elevados grados de inmoralidad alcanzados por el teatro fueron los causantes de la multitud de prohibiciones lanzadas contra él. En realidad estaba aquí involucrado el complejo y lascivo mundo dionisíaco, con sus bacanales, sus cultos fálicos y sus representaciones escénicas profundamente obscenas. Sin olvidar el sangriento y cruel espectáculo de los juegos circenses. No es de extrañar que la Reforma no fuera menos hostil al teatro que el Catolicismo.

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DÉCIMO CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

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Homilía: Catolicismo sin católicos

Domingo XIV después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
Mt 6: 24-33

El Señor nos dice en el evangelio de hoy que no podemos servir a Dios y a las riquezas. ¿De qué riquezas habla nuestro Señor? Es todo aquello que nos absorbe y nos preocupa demasiado, hasta el punto que nos hace olvidar a Dios. En este sentido, Dios y las riquezas son incompatibles.

Dios es nuestro último fin. Hemos nacido para amar y para ser amados. Dios es nuestro último fin. Si nos dejamos absorber por las cosas materiales, nos olvidamos de Dios.

Este es pues un principio cristiano que hemos olvidado. ¡Cuántas órdenes religiosas que se han corrompido por buscar las riquezas! Ellos creían que las riquezas les iban a ayudar a extender el mensaje de Cristo; pero la realidad ha sido muy diferente. De hecho, la enseñanza de Cristo es totalmente contraria: “Cuando vayáis a predicar, no llevéis ni oro ni alforja…” Si abrazamos las riquezas damos la espalda a Dios.

Por otro lado, el cristiano no puede ser amigo de este mundo. Como nos dice Santiago: “Adúlteros, ¿no sabéis que la amistad con este mundo es enemistad con Dios?” Hemos dejado las enseñanzas de Cristo para abrazar las de los falsos profetas que lo único que quieren es nuestra perdición.
Cristo nos habla de que no nos hemos de preocupar demasiado por las cosas de este mundo, aunque el problema hoy día no es preocuparnos demasiado sino habernos dejado absorber por las cosas de este mundo con el consiguiente rechazo de Dios.

Las consecuencias de este modo de proceder son inevitables y lógicas: la opción por las riquezas nos lleva al abandono de Dios. El abandono de Dios nos conduce a despreciarle; y el desprecio a la apostasía. Es decir, los cristianos ya no somos cristianos sino “anticristianos”.

La apostasía universal es ya un castigo de Dios. ¿Habrá castigo mayor que el haber renegado de Él? Millones de católicos ya no son católicos. Se han dejado engañar voluntariamente, y como consecuencia son culpables. Miles de cristianos van camino del infierno todos los días.

Al dar la espalda a Dios, nos quedamos sin Dios; y si nos quedamos sin Dios, nos quedamos sin el amor. El hombre necesita el amor más que el oxígeno para respirar. Así pues, en el castigo llevamos la penitencia.

El abandono de Dios está llevando a resultados extremos: invasión del Islam, el aborto. La amistad con el mundo siempre lleva a la enemistad con Dios.

Los tiempos actuales son de persecución muy dura; más que la de los primeros siglos. Pero los tiempos de persecución son también tiempos de santos, tiempos de esperanza. “Cuando veáis que sucede todo esto, levantad vuestras cabezas, pues se acerca vuestra liberación”.

Cuando contemplo este ambiente de persecución, confusión y traición, yo me siento más animado por el amor de Cristo y por el deseo de encontrarme con Él en el cielo.

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El Yelmo de Mambrino (2)

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2. Donde comienza a exponerse el estado de la cuestión,
y donde se habla de algunos de los antecedentes
que dieron lugar a la aparición del “show” como expresión y contenido de la fe.

Pocos se darán cuenta de que en el fondo de todo esto yace oculto el viejo problema de la sustitución del ser por el parecer; o si se prefiere, por el aparecer. Dicho con otras palabras, nos encontramos aquí ante un viejo problema filosófico que además es muy grave.

Habrá quien pensará que exageramos y sacará a colación el conocido dicho de que no es para tanto. Lo cual no es sino una forma como cualquier otra de despachar los asuntos sin cogerse los dedos. Sin embargo, nada mejor para contrarrestar tales modos de pensar que comenzar con un ejemplo emblemático. Y puesto que los ejemplos son esclarecedores por definición, pueden servir para comprender mejor el problema, e incluso como herramienta para centrar el tema y ser utilizada como punto inicial de discusión.

Todo el mundo conoce las tendencias de la moderna teología. La mayoría de las cuales, aceptadas y seguidas por la Jerarquía eclesiástica, han enviado al desván de los trastos y trebejos inútiles la metafísica del ser. Hoy es lo común y normal encontrar Pastores que no conocen otras filosofías que las personalistas y fenomenológicas. Suponiendo que conozcan alguna filosofía. No tiene sentido, por lo tanto, negar que la teología del momento ha sido invadida por un idealismo que, partiendo de Descartes como su punto fuerte, pasando por Kant y Hegel, llega hasta la filosofía práctica de Marx, a la fenomenología de Husserl, y a las doctrinas componedoras de Hartmann y Scheler que en realidad no componen nada. Y justo es reconocer que los adeptos a tales filosofías también se vanaglorian de serlo.

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DÉCIMO TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

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Homilía: El agradecimiento

Domingo XIII después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 17: 11-19)

En este pasaje vemos cómo Jesús curó a diez leprosos y sólo uno de ellos volvió para darle gracias.

1.- Les dice que vayan a presentarse a los sacerdotes para cumplir lo que estaba prescrito en la ley. El Señor deja claro la necesidad de atenerse al cumplimiento de la ley. En muchos pasajes de los evangelios está reflejada la voluntad de Jesús de cumplir con las leyes (caso de la mujer adúltera, el tributo al César, el tributo al templo…). Ello se debe al hecho de que las leyes humanas (positivas) tienen como base las leyes naturales, y estas a su vez, las leyes divinas. Cuando el hombre prescinde del cumplimiento de las leyes divinas, luego también prescinde de las humanas y al final, incluso de las mismas leyes dadas por el hombre, acabando todo en el caos y la tiranía.

Y no hablemos también del ámbito eclesiástico. Se ha ridiculizado y eliminado el magisterio anterior al Vaticano II; y en cuanto al magisterio posterior al Vaticano II, nada tengo que decir, pues también vosotros lo conocéis. Los dogmas, sacramentos, las leyes litúrgicas… han sido eliminados.Frente a ello, el Señor insiste en la necesidad de observar la ley; es más, Él es el primero en cumplirlas.

2.- De los diez leprosos que fueron curados, sólo uno volvió para darle gracias. El agradecimiento es una actitud de amor ante aquél que nos ha hecho un bien. Tenemos que ser agradecidos con Dios por todo lo que ha hecho por nosotros: Nos sacó del abismo y nos transformó en sus hijos; restituyó nuestra dignidad; nos enseñó a ser hombres e hijos de Dios; dió sentido a nuestra vida; nos enseñó a ser honrados, dignos, veraces, libres. Yo sólo conocí el amor cuando conocí a Cristo. Me enseñó el valor del trabajo…

Dejemos de ser meros espectadores de este mundo y comprometámonos con Cristo. Él lo ha hecho todo por mí; y en cambio, yo ¿qué he hecho por Él? Tenemos que ser agradecidos.
El mundo entero se está descomponiendo y hundiendo a nuestro alrededor. Frente a todo esto queda nuestra confianza en Él y en sus palabras. ¡He aquí que vengo pronto y conmigo mi recompensa!

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El Yelmo de Mambrino (1)

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1. De cómo se puede hacer para que lo blanco parezca negro y viceversa.[1]

Los objetos que se ofrecen a nuestro conocimiento, o los sucesos de los que nos apercibimos, no siempre son lo que parecen ni siempre parecen lo que son. Lo cual ocurre a menudo por la simple naturalidad de las cosas, para cuyo conocimiento hemos de contar con las limitaciones de nuestro entendimiento y de nuestra capacidad de percepción. Vemos algo determinado, lo consideramos, lo clasificamos y lo encasillamos; pero sucede con frecuencia que nos equivocamos en nuestra estimación, sencillamente y sin más.

Tampoco es raro que el engaño se produzca a causa de nuestras propias estupideces, que parecen poseer cierta tendencia a sumarse a nuestra de por sí escasa capacidad intelectiva.

Pero el error en nuestras apreciaciones no siempre proviene exclusivamente de las limitaciones o defectos personales que afectan a nuestras capacidades perceptivas e intelectivas. De hecho también puede ser causado por algún agente exterior ajeno a nosotros. Y por extraño que parezca, esta fuente de confusión es la que interviene con mayor frecuencia en nuestra vida.

Sea como fuere, sin embargo, muchos de los que son engañados han puesto previamente algo por su propia cuenta, aunque en grado suficiente para hacerlos más o menos culpables del error. Pues el que obra según la verdad, viene a la luz.[2] No parece exagerado decir que ser víctima del engaño supone en muchos casos una cierta complicidad con la mentira. Para un cristiano, por ejemplo, la fidelidad a la Palabra de su Señor lleva consigo la garantía de alcanzar el conocimiento de la verdad; para llegar desde ahí a la consiguiente y auténtica liberación (Jn 8: 31–32).

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DUODÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

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Homilía: La Misericordia

Domingo XII después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 10: 23-37)

Como sacerdote anciano, vivo con profundos sentimientos, unos de esperanza y de deseo del cielo; y otros de pena profunda porque este mundo y esta Iglesia que han apostatado de Dios.

¿Cómo es posible que tantos cristianos hayan apostatado de su fe para seguir una religión diferente propugnada por falsos profetas? ¿Acaso estos falsos profetas tienen más autoridad que Dios? No se entiende esta actitud, sino por la existencia de Satanás y la debilidad del hombre.

Hay otros que han sido atrapados por las cosas del mundo, en especial por el sexo y por el dinero. Vivimos en un mundo pansexualizado que ha degradado el verdadero amor y al verdadero hombre. Las almas se han vaciado de contenido y viven angustiadas, entonces acuden al sexo buscando alegría. ¿Acaso el sexo es capaz de llenar el vacío que produce la pérdida del auténtico amor?

También nos encontramos a cristianos, o no, que han decidido por un acto de la voluntad propia, que Dios no existe. Hay muchas pruebas de la existencia de Dios; pero no hay prueba alguna para demostrar que Dios no existe. Cuando un hombre decide por sí mismo que Dios no existe, nunca es un acto de la razón, sino de la voluntad. Esto es una prueba de hasta dónde puede llegar la voluntad humana cuando no está guiada por la razón.

¡Cuántas veces le he pedido yo perdón al Señor por mis pecados y Él me ha respondido: tus pecados ya fueron perdonados, ahora hablemos mejor del amor! La misericordia de Dios se vuelca sobre nosotros para hacernos el bien; pero para poder ser misericordioso tiene que ver en nosotros arrepentimiento y amor. La misericordia siempre tiene como telón de fondo el amor. Es imposible que Dios ejercite su misericordia si previamente no hay amor recíproco, de Dios al hombre y del hombre a Dios; y para que el hombre pueda manifestar a Dios su amor, tiene primero que arrepentirse. Si no hay arrepentimiento, no puede haber amor; y si no hay amor, tampoco puede haber misericordia.

El hombre moderno está vacío, pero él piensa que está en un momento bello de la historia, la famosa primavera de la Iglesia. Cuando presencio el fracaso absoluto de la juventud moderna, que cree haber encontrado la felicidad en el sexo, en la droga o en los congresos de las juventudes católicas (y todos sabemos lo que es eso). Estos jóvenes no tienen horizontes y además desconocen el sentido de la existencia. Esta juventud fracasada y hundida no está con el papa, sino con el sexo y la droga. Sólo el auténtico Cristo es quien puede revolucionar y a desafiar a los jóvenes. Sólo Cristo puede llenar nuestro corazón.

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UNDÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

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Homilía: De mudos y de sordos

Domingo XI después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
Mc 7: 31-37

El evangelio de hoy nos habla de sordos y de mudos, lo cual nos viene muy bien para hablar de la situación actual en la que vivimos. Un mundo, tanto a nivel civil como eclesiástico, que es mudo y es sordo. Es un mundo de mudos porque nadie dice nada, y si dice algo, es mentira. Y es un mundo de sordos porque se ha tomado la opción de no oír nada, como el avestruz.

Tanto el mundo como la Iglesias están paganizados. Estamos ante una Iglesia nueva que nada tiene que ver con la Iglesia fundada por Jesucristo.

Suena curioso, que en un mundo caracterizado por la comunicación global, nos hayamos vueltos sordos y mudos….

Pongamos un ejemplo: La problemática actual que tiene Europa con el Islam. Sabemos que el Islam se ha adueñado de Europa; y también sabemos que el Islam se impone por la fuerza, pues así lo dice el Corán. Eso sí, como nos dice la jerarquía, no estamos ante una guerra de religiones; a pesar que los propios terroristas digan que sí es una guerra de religiones…

¿Por qué tanto mutismo, tanto a nivel civil como eclesiástico? Tanto mutismo sólo tiene una posible explicación, que haya alguien por detrás que esté interesado en que el pueblo musulmán acabe con Europa y sus raíces cristianas; con la esperanza de poder acabar luego con el Islam y así introducir la globalización universal dirigida por el Sistema….

El cardenal Sarah se quejaba días atrás de la inacción de los gobiernos ante los últimos atentados terroristas en Europa. Y yo le preguntaría al cardenal Sarah: ¿Cuántas profanaciones, burlas al cristianismo y persecución contra los cristianos habrá que soportar para que la Jerarquía levante su voz?

Y no hablemos de la última puñalada dada contra la vida contemplativa…

Nos encontramos pues con el silencio tanto civil como eclesiástico….

Todo esto nos hace pensar en la cercanía de la segunda venida de Jesús…

Y frente a todo esto, la esperanza. Como dice San Pablo en la Carta a los Romanos: “¿Quién nos podrá separar del amor de Cristo…?”

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DÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

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HOMILÍA 28 DE JULIO DE 2013

Domingo X después de Pentecostés\

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)

Evangelio: Lc 18: 9-14

O amor a Dios o amor al hombre

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El hombre fue hecho para amar y, por supuesto, para ser amado, dado que el amor supone siempre la reciprocidad.

Para amar a Dios en primer lugar. Pero también a sí mismo, a su prójimo e incluso a todas las cosas de la creación. Aunque la clave de la cuestión está en el grado de intensidad del amor y en el orden en el que se otorga.

El amor a Dios no excluye el amor a todas las cosas y a las demás personas. Muy al contrario, y solamente requiere regular su fuerza de intensidad y su aplicación en el debido orden, como acabamos de decir.

Lo que sí requiere el amor a Dios es que sea sobre todo y por encima de todo. No se ponen límites al amor a las otras personas o a las cosas que componen el universo de la Creación, con tal que se ame a Dios más que a todas ellas y por encima de todas ellas:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el primer y el mayor mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.[1]

De manera que a Dios se debe amar con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. Según San Lucas con todas tus fuerzas (10:27). El segundo mandamiento, que es solamente semejante al primero, dice que el prójimo debe ser amado como a uno mismo. De donde, como puede verse, la diferencia es esencial.

No se puede amar a ninguna criatura en el mismo grado y en la misma intensidad que a Dios. Lo contrario no tendría sentido alguno, puesto que la fuente y el origen de todo amor es Dios, que incluso San Juan identifica con el mismo Amor (1 Jn 4:8).

Pues solamente Dios es digno de ser amado por encima de todo y sobre todo, e incluso sobre uno mismo. Y no se puede amar a las criaturas del mismo modo, como ya se ha dicho: Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí, y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.[2] Incluso Jesucristo especifica más: Si alguno viene a mí y no odia a su padre y a su madre y a su mujer y a sus hijos y a sus hermanos y hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo.[3]

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Sermón Dominical

Del

NOVENO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

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Homilía: Los verdaderos enemigos

IX Domingo después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 19: 41-47)

Jesús, mirando a Jerusalén, lloró y se lamentó. Fue entonces cuando hizo las profecías de la destrucción de Jerusalén y también del fin del mundo. El evangelio de hoy también trae el episodio de la expulsión de los vendedores del templo. Ambos episodios están íntimamente conectados: la corrupción.

Jerusalén es una ciudad emblemática para toda la historia de la humanidad. Como sabemos, la profecía de su destrucción ocurrió en el año 70 de nuestra era. Destrucción comenzada por Vespasiano y concluida por su hijo Tito…

Podríamos encontrar un paralelismo, pues existe, entre la destrucción de Jerusalén y los sucesos del fin del mundo. Sobre el fin del mundo, Cristo nos dejó señales para poderlo reconocer.

La situación actual del mundo, y también de la Iglesia, es de caos total. Especialmente de la Iglesia y de Europa. Ello nos induce a buscar una explicación. Europa está en ruinas y en descomposición. La invasión musulmana de Europa es una realidad… Europa se ha quedado sin defensas…

Pero en el fondo el Islam no es sino un instrumento útil al servicio de otros poderes superiores y ocultos; poderes, que como el Islam, quieren acabar con el cristianismo, pues es el único enemigo real que tienen para poder establecer su Orden Mundial.

Pero hay algo que estos “señores del nuevo orden mundial” no tienen en cuenta, Dios es el Señor de la historia. En realidad, todo lo que está ocurriendo es para bien de los elegidos; como el mismo Jesucristo nos dice.

“Cuanto todo esto ocurra, levantad vuestras cabezas, pues se acerca vuestra liberación”.

Así pues, tengamos los ojos abiertos, no nos dejemos engañar. Confiemos en Dios. La Iglesia, según promesa de su Fundador, no podrá ser destruida; ahora bien, quedará reducida a un “resto fiel”.

VERSIÓN SÓLO AUDIO

Ciudades hermanadas: Sodoma-Madrid

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La homosexualidad

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La palabra homosexualidad es el término genérico que se aplica a las personas homosexuales, que son aquellas que satisfacen su apetito sexual con las de su mismo sexo. Más específicamente, el vocablo gay apunta por lo general a los varones (aunque no exclusivamente), mientras que el de lesbianismo se reserva para el género femenino.

Durante siglos el Cristianismo ha venido condenando esta tendencia como un vicio aberrante, contrario a las Leyes divinas y a la misma naturaleza humana. El Judaísmo hizo lo mismo desde mucho antes, aunque en general todo parece indicar que como tal depravación ha sido considerado siempre por la Humanidad desde sus mismos comienzos.

Pero en los tiempos modernos las ideas sobre la homosexualidad han dado un vuelco. Lo que siempre ha sido considerado como vicio repugnante ahora es visto como una gloriosa conquista de la Humanidad, y hasta como un timbre de gloria del que preciarse: El Orgullo Gay.

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Sermón Dominical

Del

SÉPTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 03 de julio de 2016

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Homilía: Pueblo que se avergüenza de su fe, pueblo humillado y con miedo

Domingo VII después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
Rom 6: 19-23

San Pablo en la primera lectura de este domingo escribe en su Carta a los Romanos: “Antes, estregasteis vuestro cuerpo al desorden y al pecado; antes erais esclavos del pecado y desconocíais la justicia. ¿Qué cosas conseguisteis de esas cosas, de las que ahora os avergonzáis? Ahora, sois libres del pecado y tenéis por fin la santificación y la vida eterna.

Leyendo este texto, tenía sentimientos encontrados, pues a muchos que todavía se llaman cristianos les ocurre precisamente lo opuesto; ahora se avergüenzan de la fe y se vanaglorian en sus bajezas. Estamos en un momento de apostasía universal. Gran parte de la Iglesia ha dejado de ser divina para hacerse meramente humana. Esa misma Iglesia ha pasado de dar culto a Dios a dar culto al hombre. Los cristianos han pasado de creer en Cristo a creer en el mundo.

Y si alguno duda de lo que estoy diciendo no tiene más que revisar los periódicos y comprobar las manifestaciones de ayer mismo en Madrid. Se traicionan los principios cristianos y se hace campaña contra todos los valores de nuestra fe. Ayer mismo, la líder socialista madrileña decía: los blancos, los delgados y los católicos constituyen el perfil de los homófobos (enemigos de los homosexuales). Afirmación llena de miedo y cobardía, pues todos sabemos que los realmente homófobos son los musulmanes. Yo no he visto a homosexuales colgados de una grua por un católico, en cambio esa imagen es bastante común para el mundo musulmán. Pero claro, de eso no se puede hablar, pues todos sabemos que la invasión de los musulmanes en Europa es cuestión de tiempo.

Todas estas cosas no son sino la manifestación de la decadencia en la que vive la sociedad actual por haber renunciado a su fe y a sus principios.

Una prueba más de la decadencia y de la esclavitud de la sociedad actual es por ejemplo la situación española. Toda España depende de cuatro señores a los cuales les importa poco el bien común de los ciudadanos. Sólo la catadura de estos cuatro señores me indica la degradación moral y humana a la que ha llegado España…

Por otro lado, la gente está empecinada en la mentira…

El cristianismo actual está fraccionado. Por un lado están los modernistas, que son la gran mayoría…, por otro los neocatólicos, que se esfuerzan en demostrar lo indemostrable…; por otro los “rebeldes sedevacantistas”; y por último, “el resto fiel”…

Sabemos, pues es promesa de Jesucristo, que los tiempos finales serán acortados en favor de ese resto fiel (los elegidos). Ser cristiano siempre fue difícil; pero ahora es más difícil todavía. A este resto le queda rezar y confiar en Dios. Sabemos que habrá un cielo nuevo y una tierra nueva donde florecerá la justicia. Así pues, no nos sintamos malhumorados ni hundidos; estamos participando de la cruz de Cristo; sabiendo que, si participamos en su cruz, también participaremos de su Gloria.

Sermón Dominical

Del

SEXTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 26 de junio de 2016

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Homilía: Esclavitud y verdadera libertad

VI Domingo después de Pentecostés
(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
Rom 6: 3-11

San Pablo nos habla en la primera lectura correspondiente a este domingo de unas verdades que hoy día son desconocidas por la gran mayoría de cristianos.

Hemos sido bautizados para participar en la muerte de Cristo. Es esta participación nuestra en la muerte de Cristo lo que ha determinar nuestro modo de vida.

Y sigue San Pablo diciéndonos: Así como Cristo resucitó, también nosotros resucitaremos a una vida nueva. Si queremos participar en la resurrección de Cristo, tenemos que ahora participar en una muerte como la suya. Hemos de morir con Cristo para quedar libres de la esclavitud del pecado.

Estas verdades ya no se predican, o sencillamente, se niegan. Estamos viviendo en tiempos de apostasía universal. Todas estas desgracias, según el mismo Cristo profetizó, ocurrirán en los tiempos cercanos a los momentos finales de la historia.

El origen y la causa de todo el mal que hay hoy día en la sociedad no es el cambio climático.., sino el pecado. Sólo si escuchamos las palabras de Cristo es cuando seremos libres: “Si escucháis mis palabras, conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Hoy día los gobiernos hablan de libertad y de democracia, cuando en realidad su mensaje es falso. Es imposible que exista una democracia (que por cierto nadie sabe lo que es) cuando es el mismo gobierno (el sistema) quien controla el modo de pensar (el voto) del pueblo. El único modo de conocer la verdad es conociendo a Cristo, pues Él es la verdad. Y sólo si le conocemos a Él es cuando seremos libres.

Pero la vida cristiana no se reduce a estar muertos al pecado, sino que además hemos de vivir una vida nueva; esa vida es Él, y la que Él nos ofrece: “El que me coma vivirá por mí”. Cristo nos hace participar de su vida. Como nos dice San Pablo en los Gálatas: “”Todos los que fuisteis bautizados habéis sido revestidos de Cristo”.

Vivir la vida de Cristo es pensar, amar… como Él. Y sólo se puede pensar y amar como Él cuando se recibe el Espíritu (Rom 5), en el bautismo por primera vez.

El amor será lo único que quedará al final de nuestras vidas. Como nos dice San Juan de la Cruz: “A la caída de la tarde seremos juzgados del amor”. Así pues, ¿qué sentido tiene la vida si no amamos a Cristo?

Sermón Dominical

Del

QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 19 de junio de 2016

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Homilía: La campaña contra la familia cristiana

Domingo V después de Pentecostés
(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Mt 5: 20-24)

Desde hace muchos años las fuerzas del mal están desarrollando una feroz campaña contra la familia; primero de todo, porque la familia es la primera escuela donde se aprenden todas las virtudes cristianas. Y ésta a su vez es la columna de la sociedad cristiana. Destruida la familia, se destruyen las bases de la sociedad cristiana.

Se empezó con la admisión del divorcio hace ya bastantes años. En la legitimación del divorcio civil cooperó la misma Iglesia. Y posteriormente ha sido la misma Iglesia la que ha facilitado la destrucción del matrimonio como sacramento aprobando la “nulidad del vínculo matrimonial”, que no es sino otro modo de nombrar la realidad del “divorcio eclesiástico”.

Posteriormente le sucedió la legitimación del asesinato de los no nacidos. Crimen que ya está dejando secuelas gravísimas en la humanidad. Y de ahí a la aprobación civil de los matrimonios aberrantes.

Todas estas campañas bien estructuradas de la destrucción de la familia han estado perfectamente orquestadas, habiendo conseguido una degradación de la raza humana y una desintegración de la sociedad.

Hemos llegado a un punto en el que la misma Jerarquía pone en duda la validez de “la gran mayoría” de los matrimonios eclesiásticos; mientras que al mismo tiempo convalida los matrimonios que no se celebran sacramentalmente.

El demonio está convencido de que el tiempo que le queda es muy corto, por lo que está intensificando sus ataques para conquistar el mundo.

Y todo esto está ocurriendo porque el hombre ha decidido prescindir de Dios, y como consecuencia, renunciar al amor. La misma Iglesia ya ha dejado de creer en el amor.

La Cruz y el Misterio del dolor I

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Un texto del Evangelio de San Lucas narra cómo Jesucristo anuncia a sus apóstoles, en el camino hacia Jerusalén, el misterio de su Muerte en la Cruz:

—Mirad, subimos a Jerusalén, donde se cumplirán todas las cosas que han sido escritas por los Profetas acerca del Hijo del Hombre: será entregado a los gentiles y se burlarán de él, será insultado y escupido, y después de azotarlo lo matarán, y al tercer día resucitará.[1]

Según el texto, los discípulos no entendieron nada de lo que les decía porque tal lenguaje les resultaba incomprensible. En un pasaje paralelo de San Marcos, Pedro llama aparte a Jesús para reprenderlo acerca de ese tema. Cosa que provoca por parte de este último una fuerte reacción, en la que se vuelve de cara a los discípulos e increpa duramente a Pedro:

—¡Apártate de mí, Satanás!, porque no entiendes las cosas de Dios, sino las de los hombres.[2]

Y efectivamente, porque el Misterio de la Cruz, del que ya dijo San Pablo que era escándalo para los judíos y locura para los gentiles,[3] fue siempre un abismo de incomprensión para los hombres y sigue siéndolo hasta el día de hoy. Es cierto que a cualquier cristiano, discípulo de Jesucristo, le resulta difícil admitir que el Hijo de Dios terminara su misión terrena en el aparente fracaso del patíbulo de la Cruz.

Pero no entender el Misterio de la Cruz conduce necesariamente a no entender tampoco el misterio del dolor y del sufrimiento. Cosa que ocurre cuando el cristiano se aparta —del modo que sea— de la fidelidad, del amor y, en definitiva, de la Persona de Jesucristo. Sigue leyendo

Sentido de la muerte cristiana III

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Dos posiciones diferentes: Los hombres ante la Muerte o Jesús ante la Muerte

Salvo que estén imbuidos del espíritu de Jesucristo, resulta imposible para los hombres dejar de adoptar una postura fatalista ante la Muerte. La Muerte es para ellos el final inevitable, la suma de todas las desgracias y el mayor de todos los infortunios. La mayor parte de las veces no saben reaccionar ante ella sino con el dolor y el llanto, rayanos con frecuencia en la desesperación.

Y apenas nadie cae en la cuenta del hecho de que la muerte, si bien siempre tuvo el carácter de castigo por causa del pecado, fue definitivamente vencida y cambiada su condición de punición por la de gloria. A pesar de lo cual sigue teniendo para la paganía el carácter exclusivo de castigo, si bien ahora bajo un doble concepto. Pues ya no es meramente un castigo, sino castigo que se niega a ser redimido ni a renunciar a su condición de ser objeto de una maldición.

De tal manera que la Muerte, que antes de Cristo era efectivamente merecedora de dolor y de lágrimas, después de que los hombres han rechazado la Salvación que Él vino a proporcionarles, ha adquirido un nuevo carácter añadido de desesperación y de maldición para aquellos que la sufren, bien sea directa o indirectamente.

Y es que los hombres se han empeñado en vivir dentro del absurdo. Pues ya hemos dicho que no han querido enterarse de que la Muerte ya había sido definitivamente vencida:

—¿Dónde está, ¡oh muerte!, tu victoria?[1] Sigue leyendo

Sermón Dominical

Del

CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 12 de junio de 2016

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Homilía: Pescador de hombres

IV Domingo después de Pentecostés
(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 5: 1-11)

En el evangelio de hoy nos encontramos con un conmovedor episodio. Cristo se subió a una barca para poder dirigirse a las muchedumbres. Acabado su discurso le dijo al dueño de la misa, que era Pedro, “rema mar adentro y echa las redes”. Entonces Pedro, con todo respeto le responde: “Maestro, hemos estado pescando toda la noche, pero no hemos conseguido nada, mas porque tú lo dices…”

También puede que nosotros hayamos estado pensando toda la noche y no hayamos conseguido nada. Después de tantas fatigas ¿qué es lo que hemos conseguido? Podríamos desalentarnos al ver el poco fruto obtenido.

No sería malo echar de vez en cuando la vista atrás y comprobáramos si nuestra vida había dado fruto, o por el contrario habíamos desperdiciado nuestros años. Ante ese espectáculo, muchas personas podrían desalentarse.

El hombre fue creado por Dios para amar y sentirse amado. Dotado de un corazón insaciable para el amor: “Nos hiciste Señor para ti…” como decía San Agustín. Sólo nos sentiremos satisfechos si “descansamos” en Él.

¡Cuántas personas viven su vida en una noche que aparentemente parece perpetua y además vacía! Existen muchos hombres que ponen su confianza sólo en las cosas de este mundo: en el poder, en el dinero, en el sexo… Viven con un corazón vacío e inquieto. Con un corazón duro para amar como Cristo nos enseña.

“La noche ya está avanzada y el día ya se acerca”. Vivimos en una Iglesia desolada, desierta y apóstata. Nuestra misma patria está al borde del abismo.

Esta mañana mismo veía un video promocional de la JMJ y no sabía si reírme o llorar. Se supone que es la canción oficial española para “tal evento”. Yo nunca he entendido cómo se sigue haciendo ese tipo de concentraciones al ver el escaso fruto de las mismas. Cualquier empresa revisa los resultados de sus negocios, y si algo no funciona lo cambia; en cambio la Iglesia sigue repitiendo lo mismo…

“No hemos pescado nada, mas porque tú lo dices”. Cuando parece que no hay solución, entonces aparece Cristo. Es verdad que la tiniebla nos envuelve, pero Cristo es la luz…

Sin Cristo no podemos hacer nada. Si al sacerdote le quitamos Cristo, ¿qué puede hacer?

Sentido de la muerte cristiana II

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La hija de Jairo

La narración de la resurrección de la hija de Jairo, relatada por los tres sinópticos, contiene dos detalles peculiares que no aparecen en las restantes crónicas de los milagros de la misma índole realizados por Jesucristo. Aparentemente circunstanciales y sin importancia, son sin embargo pormenores dignos de atención cuando se los examina mas detenidamente, como suele ocurrir con frecuencia con otros episodios evangélicos.

El primero lo narra solamente San Marcos, que es el que hace notar la reconvención dirigida por Jesucristo al gentío que se había reunido en la casa del duelo:

—¿Por qué alborotáis y estáis llorando?

En cuanto al segundo, son los tres sinópticos los que cuentan las extrañas e insólitas palabras de Jesús que provocaron las risas y las burlas de la gente:

—La niña no está muerta, sino que está dormida.


(a) Una algarabía desatinada

Es evidente que la reprensión de Jesús a la gente, a causa del alboroto —¿Por qué alborotáis y estáis llorando?— contiene la advertencia implícita de que lo que se estaba haciendo carecía de sentido.

Y efectivamente así era, aunque haya que tener en cuenta que los hombres realizan a menudo cosas sin sentido cuando creen que no pueden actuar de otra manera, o bien cuando piensan que así les conviene; aunque luego nunca sepan explicar sus modos de comportamiento. En esta ocasión la algarabía estaba producida por un conjunto de llantos (sinceros, o pagados en el caso de las plañideras), de gritos y de pésames (en mayor o menor grado de sinceridad), y el acompañamiento de músicos junto al concurso de gente formado por amigos y vecinos. Es imposible saber cuál fue el momento, a lo largo de la Historia del hombre sobre la Tierra, en que al dolor profundo por la muerte de un ser querido se fue añadiendo paulatinamente el acompañamiento de bullicios y hasta de celebraciones.

Todo lo cual viene a ser, en definitiva, la expresión más clara del asombro y la consternación experimentados por el hombre ante el hecho, inexplicable e incomprensible, de la muerte y de las causas que la producen. ¿Por qué necesariamente ha de acabarse la vida de un ser humano? Y lo que es más pavoroso todavía: ¿Qué es lo que hay más allá de la muerte? Pues es de notar, acerca de este último punto, que los hombres, lo confiesen o no e incluso aunque muy a menudo lo nieguen insistentemente, nunca han podido desterrar el pensamiento de queefectivamente existe algo al otro lado de este misterio. Sigue leyendo

Sermón en el 60 Aniversario de Ordenación Sacerdotal

60º Aniversario de Ordenación Sacerdotal del P. Alfonso
“En el 60 Aniversario”

Sermón del 10 de junio de 2016

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Esta mañana acababa mi último libro: “Sermones de un mundo en ocaso”. En el último capítulo del mismo se trata del “Misterio del Sacerdocio”; y a modo de epílogo del capítulo y también del libro: “Excursión programada al campo de la mística” o “Última etapa de la mística del sacerdocio”.

Para hablar de ello, tendremos que retrotraernos a la época cuando el sacerdocio era considerado como un hombre entresacado de los hombres y destinado para las cosas que miran a Dios. Hoy día, esta dimensión se ha perdido.

Por ser el sacerdote un hombre entresacado de entre los hombres, hace que sea diferente a ellos y además que viva la soledad de un modo especial; pero al mismo tiempo hemos de considerar que el hombre es un ser social. Por lo que la situación del sacerdote es en cierto modo paradójica: por un lado ha de vivir en soledad y por otro unido a los suyos a quienes ha sido destinado. Si el sacerdote se dedica a ser “mundano” y pierde su dimensión “sobrenatural” en cuanto que es entresacado de los hombres, entonces su misión no dará fruto.
Al sacerdote sólo le es lícito mantener con los hombres una amistad “sobrenatural”; lo cual no anula la amistad, sino que le da una especial accesibilidad al alma y a los problemas de sus hermanos.

El sacerdote nunca dejará de ser el “hombre de Dios” al que se le mirará con amor u odio, según el caso, pero siempre como un hombre diferente.

El sacerdote es el hombre enamorado por excelencia, y el objeto de su amor es Cristo. ¿Dónde pues está la soledad del sacerdote? Es imposible sentirse solo si uno está enamorado de Cristo. Otra cosa diferente es vivir en la “ausencia mística de Cristo”, la cual no produce en él sentimientos de soledad, sino de nostalgia….

El Misterio del Sacerdocio III

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2. “Pero lo que se busca en los administradores es que sean fieles”.

Importancia del concepto “fidelidad” en el ejercicio del sacerdocio.

El concepto de fidelidad puede entenderse como el consentimiento o acuerdo con las exigencias derivadas de una idea; o con los mandatos o instrucciones recibidos de otra persona para ser ejecutados en consonancia exacta con lo que en ellos se contiene.

Pero la fidelidad de la que aquí se habla no puede referirse sino con respecto a la Persona de Jesucristo. Cosa lógica si se considera que el sacerdote es otro Cristo, destinado a ser fiel reflejo de la Vida de su Maestro y puesto para difundir sus Enseñanzas.

La consecuencia es obvia también. Si el sacerdote ya no se considera a sí mismo comootro Cristo, ni tampoco se muestra como tal ante los demás, los posibles frutos de su ministerio se desvanecen. Como la sal de la que hablaba Jesucristo, que ya para nada sirve como no sea para ser pisoteada por los hombres (Lc 14:34).

El gran problema de la Iglesia actual tiene su origen en el Modernismo, que ha convencido al sacerdote de que su ministerio carece de alcance sobrenatural. Además ha eliminado el vínculo que unía el sacerdocio con Jesucristo, al que además ha tratado de desmitologizar negando su divinidad. He ahí el drama de miles de sacerdotes ordenados en la era postconciliar y formados según una Teología inficionada de Modernismo, para la cual la Iglesia comienza en el Concilio Vaticano II.

Y con todo, no deja de ser otra prueba de la perennidad de la Iglesia el hecho de que bastantes de ellos, pertenecientes sobre todo a las más modernas generaciones, aún sigan creyendo en el carácter sobrenatural de su sacerdocio.

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Sentido de la muerte cristiana

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Dime, Amado de mi alma

dónde pastoreas, dónde sesteas al mediodía…

(Ca 1:7)

 

Resurrección del hijo de la viuda de Naín

La resurrección del hijo de la viuda de Naín, narrada por el evangelista San Lucas, es un conmovedor episodio milagroso llevado a cabo por Jesucristo.

Siguiendo la letra del texto evangélico no es difícil imaginar el escenario. Jesús llega hasta la entrada del villorio, seguido como siempre de una gran muchedumbre, justo en el momento en que el cortejo fúnebre se dirige al lugar del enterramiento. El cadáver era el de un adolescente hijo único de su madre viuda, y era transportado seguramente sobre unas angarillas envuelto en un sudario. La infeliz mujer lloraba amargamente detrás del cadáver, a la que seguirían probablemente las plañideras y los músicos, según las costumbres de los ritos funerarios de la época. Tras el cortejo, parientes, conocidos y los habitantes del pueblo, tal como suele ocurrir en los lugares de muy poca población.

Es entonces cuando Jesús, que llegaba al pueblo acompañado de sus seguidores, se encuentra frente a la comitiva fúnebre que salía. Añade el texto que al percatarse de la mujer que sollozaba tras el cadáver, al instante se compadeció de ella.

Se produciría un gran silencio cuando Jesús se dirigió hacia la desconsolada viuda que acababa de perder a su único hijo, mientras que un ambiente de respetuosa expectación se extendería sobre la muchedumbre. Entonces pronunció Jesús unas cortas y consoladoras palabras cuando la mujer lo contemplaba con extrañeza y asombro:

—No llores.

Se dirigió a continuación hasta el cadáver y los que lo llevaban se detuvieron. El estilo esquemático y compendioso propio de los Evangelios no añade aquí otros pormenores accidentales. Pero es evidente que el suceso retrata el momento solemne del enfrentamiento, que tuvo lugar cara a cara, entre la Muerte y Aquél que dijo de Sí mismo Yo soy la Vida.[1] Sigue leyendo

El Misterio del Sacerdocio II

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Las cualidades propias del sacerdocio como su realidad sobrenatural y su carácter transcendente a los pensamientos y sentimientos humanos, quedan reflejadas en cierto modo en la Poesía:

Hablarlo sin vivirlo es triste cosa,
vivirlo sin hablarlo es lo sublime;
Tú que velas mis sueños, ven y dime
cómo alcanzar esa existencia hermosa.

Cualquier especulación acerca del sacerdocio, en la medida en que quiera acercarse a la verdad, habrá de llevarse a cabo sobre la base de su propia vivencia. Pues solamente desde dentro podría ahondarse en el conocimiento — siempre relativo— de su realidad. El sacerdocio podrá ser estudiado desde una pluralidad de puntos de vista —histórico, teológico, sociológico—, aunque ninguno de ellos será suficiente para alcanzar lo más profundo de su contenido. El hecho de que un simple hombre viva la Vida misma de Cristo, cumpliendo sus mismas funciones, no puede abordarse en orden a su conocimiento sin reconocer su naturaleza de misterio sobrenatural.

Pero las realidades sobrenaturales otorgadas al hombre afectan a su vez a su naturaleza como tal, de modo que la existencia del ser humano que las recibe queda enteramente transformada. Desde el momento en que el ministerio sacerdotal convierte a un hombre en otro Cristo, y si se admite que los conceptos y las palabras poseen el sentido de lo que significan, es imposible que tal hombre sea considerado como igual a los demás. Una vez revestido de las Realidades de lo Alto, el sacerdote es un hombre diferente a los demás hombres, hasta el punto de que su condición jamás podrá ser ya comprendida por ellos y aun ni siquiera por él mismo.

Sus manos, por ejemplo, han sido especialmente consagradas para entrar en contacto con el Cuerpo del Señor en el Sacramento Eucarístico. Si es dable atribuir algún significado al rito de la consagración, como que la ceremonia en la que se otorga posee algún sentido, debe concluirse que ninguna otra persona está autorizada para poner sus manos en el Cuerpo del Señor. De otro modo, ¿qué sentido tendría esa solemne ceremonia destinada exclusivamente para el sacerdote, cuyo objeto es convertir sus manos en algo consagrado? Se cuenta en el Antiguo Testamento que Oza fue castigado por Dios con la muerte instantánea por poner sus manos para tocar el Arca de la Alianza.[1] Sigue leyendo