Meditación: bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia

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11 noviembre, 2015

Meditación para el miércoles veinticuatro después de Pentecostés

Punto I. Considera que conforme a la ley y preceptos divinos estamos obligados a amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos y por el consiguiente como dice san Remigio, citado de santo Tomás, a tener sus miserias por nuestras, y apiadarnos de él como de nosotros mismos. Pues mira si tú cumples esta ley o si vas por el camino contrario, siendo muy piadoso para contigo y muy impío para con tu prójimo; y vuelve la hoja y ten misericordia de tus hermanos, como quieres que la tengan de ti: mídelos con tu propia medida, y pídele a Dios gracia para cumplir este consejo y ser alistado en el catálogo de esta bienaventuranza.

Punto II. Considera la misericordia que Dios tiene de ti, y cuántos pecados te perdona, y cómo se apiada de tus cuitas y socorre tus necesidades: acuérdate que dijo Cristo: sed misericordiosos como vuestro Padre lo es; y estudia en imitar esta misericordia con tus prójimos, como Dios la usa contigo, y pídele su favor para imitar su ejemplo y ser misericordioso como él lo es.

Punto III. Considera cuánta necesidad tienes de que Dios use de misericordia contigo, y qué será de ti si no la usa, sino antes se vale de todo rigor, y considera el premio, que promete a los misericordiosos: conviene a saber, que tendrá de ellos misericordia, no solo en esta vida sino también en la otra: en testimonio de lo cual el día del juicio no hace mención de otra virtud sino de esta, diciendo a sus escogidos: Venidbenditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer, etc. Y a los malos lanzará en el infierno porque no usaron de está misericordia con sus prójimos. Pues si quieres que tenga ahora y entonces misericordia de ti tenla tú de tus prójimos, porque el que la tiene, como dice David dispone sus cosas para el día del juicio y el que no, traza su condenación.

Punto IV. Ten también misericordia de tu alma siguiendo el consejo del Eclesiástico, que dice: apiádate de tu alma agradando a Dios. Mira las miserias que padece, las necesidades en que se halla, el desamparo en que la tienes, y conoce que ninguno es más prójimo tuyo que tú mismo a ti, y ten misericordia de ti: considera con atención las voces que te da y el remordimiento de tu conciencia y óyela, socórrela, ayúdala y consuélala: sácala de los vicios y pecados con la ayuda de Dios, el cual te la dará para mejorarla y perfeccionarla con todas las virtudes y alcanzarán la misericordia del Señor.

Padre Alonso de Andrade, S.J

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com

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