La conversión de la consciencia de Newman y la resolución a la crisis de la Modernidad

newman

11 noviembre, 2015

Al igual que el año pasado, cuando les proporcionamos el texto de “La Conferencia Inaugural del Beato John Henry Newman” a cargo del Dr. Stephen McInerney sobre Newman y el Rito Romano, este año les proporcionamos el texto de la segunda conferencia, impartida por el P. Scot Armstrong *, miembro fundador del Oratorio de Brisbane (en proyecto de formación).

No estamos viviendo en la era de Acuario, en donde aquello que nos hace sentir bien es lo correcto, debido a que “todo lo que necesitas es amor” (en referencia a “All you need is love” – canción de los Beatles). Estamos viviendo en la era del eclipse de Dios. [1] “Dios ha muerto. Y nosotros lo hemos matado“, dijo Nietzsche. [2] Estaba en lo cierto. Lo estaba epistemológicamente, pero no ontológicamente – en otras palabras – no en la realidad, sino en la mente (de ahí la analogía del eclipse). Este eclipse de Dios ha sido preparado y construido, – al igual que una nueva Torre de Babel – en una falsa autoridad de la conciencia, que es, la conciencia como empirista, y que es a su vez, aquella que se justifica como un método para racionalizar, más que para ser un eco de la voz del Creador. [3] Aquí radica la inversión de la dependencia de la libertad en la verdad. Ya no sirve que la verdad nos haga libres. Más bien, somos libres para poder hacer realidad aquello que deseamos por el poder de la voluntad.

Aldous Huxley, en su novela Un mundo feliz, escribió un pasaje fascinante en el que hizo mención de “un Cardenal Newman”. Mustapha Mond explica por qué Dios se ha hecho innecesario, citando en primer lugar a Newman:

”No somos más nuestros de lo que es nuestro lo que poseemos. No nos hicimos a nosotros mismos, no podemos ser superiores de nosotros mismos. No somos nuestros propios dueños. Somos propiedad de Dios. ¿No consiste nuestra felicidad en ver así las cosas? ¿Existe alguna felicidad o algún consuelo en creer que somos nuestros? Es posible que los jóvenes y los prósperos piensen así. Es posible que éstos piensen que es una gran cosa hacerlo según su voluntad, como ellos suponen, no depender de nadie, no tener que pensar en nada invisible, ahorrarse el fastidio de tener que reconocer continuamente, de tener que rezar continuamente, de tener que referir continuamente todo lo que hacen a la voluntad de otro. Pero a medida que pase el tiempo, éstos, como todos los hombres, descubrirán que la independencia no fue hecha para el hombre que es un estado antinatural, que puede sostenerse por un momento, pero no puede llevarnos a salvo hasta el fin…“  [4] Sigue leyendo

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Militancia cristiana (cardenal Newman)

angeles

6 octubre, 2015

¿“Contiene vuestra práctica religiosa alguna dificultad, u os resulta fácil en todos los aspectos? ¿Buscáis simplemente la comodidad en vuestro modo de vivir, o encontráis además alegría en someteros al querer de Dios? En una palabra, ¿es vuestra religión un trabajo? Porque si no lo es, no es religión en absoluto. Aquí tenemos ya, antes de examinar vuestro razonamiento, la prueba de su incorrección, porque os lleva a concluir que mientras Cristo desarrolló una tarea, y los santos – los pecadores incluso – la cumplen igualmente, vosotros, por el contrario, que no sois santos ni pecadores, nada tenéis que hacer. Y si alguna vez tuvisteis una misión, la consideráis ya cumplida.

Se diría que habéis alcanzado vuestra salvación antes del tiempo fijado y que, al permanecer en la tierra más de lo previsto, nada os queda en qué ocuparos. Los días de trabajo han terminado vosotros, y ha comenzado una perenne vacación.

¿Pero acaso os envió Dios al mundo, a diferencia de otros hombres, para estar ociosos en lo espiritual? ¿Es vuestra única misión buscar satisfacciones en una tierra donde sois peregrinos y viajeros de paso? ¿Sois más que los hijos de Adán, destinados a obtener el pan con el sudor de la frente antes de volver a la morada de donde salieron? A menos que trabajéis, os esforcéis y luchéis contra vosotros mismos no podéis llamaros seguidores de aquellos que “a través de muchos afanes entraron en el reino de Dios”. Sigue leyendo