La terrible Ventana de Overton (como legalizar cualquier cosa)

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La Ventana de Overton es una teoría política que describe con escalofriante exactitud cómo se puede cambiar la percepción de la opinión pública para que las ideas que antes se consideraban descabelladas sean aceptadas a lo largo del tiempo.

En principio ningún tabú escaparía a la eficacia de esta técnica. Por consiguiente, se podría cambiar de modo radical la valoración que la sociedad tiene actualmente de la eutanasia, el incesto, el bestialismo, la pederastia o el canibalismo, por poner sólo unos cuantos ejemplos. Para ello no se aplicaría un lavado de cerebro directo, sino una serie de técnicas avanzadas, cuyo desarrollo pasaría inadvertido para la sociedad.

Para mostrar de qué manera esta teoría explica cómo se pueden lograr los efectos deseados, conviene que nos centremos en un tabú concreto. Examinemos por ejemplo el canibalismo. Así pues, ¿cómo sería posible convertir en aceptable la ingesta de personas? ¿Cómo se opera ese cambio en las conciencias desde la fase de aversión hasta la de conformidad plena? En cinco etapas sucesivas, que a continuación describimos.

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El origen del mal

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11 noviembre, 2015

Es conocida la parábola, que se atribuye al parecer por error a Albert Einstein, que ilustra magníficamente a mi juicio cuál es el origen de los males personales que laceran a la humanidad. La misma, al contrario de lo que hoy se expresa desde los púlpitos científicos y los medios de comunicación de masas, revela precisamente que la raíz más profunda del mal personal es espiritual.
 
La parábola a la que hago referencia tiene por protagonistas a un profesor eminente y su grupo de alumnos, y discurre con la sutileza que exigen las cuestiones filosóficas que tratan del ser en cuanto tal, de sus propiedades, y de sus principios y causas primeras. Léase por tanto con la atención que merecen los misterios del hombre y cuanto le rodea:

Un profesor eminente desafía a sus alumnos con una pregunta:

—¿Creó Dios todo lo que existe?

La respuesta, inmediata, llega de parte de uno de los estudiantes más decididos:

—Sí señor. Dios creó todo lo que existe. Sigue leyendo

No les gusta su Palabra

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26 octubre, 2015

Leemos en el evangelio según san Marcos una escena que refleja perfectamente el espíritu rebelde y trastornado que anima hoy a muchas personas creyentes y aun no creyentes. Dios ha de ser, a la fuerza, como cada uno se lo figura, o como conviene a los intereses particulares de cada persona. Pero este no es Dios, sino un títere que como mucho ahoga la voz de la propia conciencia, ya que las almas obstinadas que lo adoptan no soportan ningún eco de verdad ni conciben la enmienda personal como el camino correcto para agradar a Dios Padre.

Y así vemos en el evangelio, como por una ventana abierta al pasado, a ese pobre hombre que reconoce a Jesús en el camino y, corriendo, se arrodilla delante de él y le pregunta: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?» Y el Señor le responde con cariño: «Ya conoces los mandamientos». El hombre, por lo visto, los ha guardado desde bien pequeño, y así se lo hace saber al Hijo del Altísimo. Sin embargo, Jesús, mirándolo con amor, según la Sagrada Escritura, le contesta: «Te queda una cosa que hacer: Anda, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme». El Señor propone. Jesús enseña la senda de la vida, la felicidad mientras se deambula por esta existencia, la ruta correcta. Pero el hombre se resiste y protesta. Dice el evangelista en este punto que el joven, al oír esto, se fue muy triste, porque tenía muchos bienes[1]. ¿Qué ha ocurrido aquí? El chico salió al encuentro de Jesús con buena voluntad y recibió un severo correctivo.

Como es natural viniendo de Cristo Jesús, del que dice san Pablo que tiene la naturaleza gloriosa de Dios, el cristiano está llamado a un ideal inalcanzable por el que hay, no obstante, que combatir sin cuartel ni descanso. Para ser perfectos se precisa la excelencia. Y sin embargo, siempre hay alguna indicación divina que nos rechina, que nos coge por sorpresa, que nos recuerda nuestras faltas y miserias, el estado embrionario de nuestra fe y de nuestro amor por Cristo y su santa Iglesia. Lo que le ocurrió a ese pobre hombre que salió al encuentro del extraordinario galileo es que no le gustaron las palabras del Maestro. Como tampoco gusta al mundo que la Iglesia genuina siga defendiendo la doctrina que aprendió del Santísimo, sirviendo así a Cristo como verdadero Señor y no al propio apetito[2]. Sigue leyendo

«Lo que va a venir está en este libro»

Señor del mundo

7 octubre, 2015

No concibo mejor publicidad para un libro que la sola mención de un Papa. Señor del mundo, publicado hace más de una centuria (1907), ha sido rescatado del olvido en el que dormía plácidamente al ser recomendado por el Papa Francisco en diferentes ocasiones en estos últimos meses. Según el Santo Padre, en esta obra de Robert Hugh Benson está «profetizado» lo que sucederá «con extraordinaria exactitud»[1].  Para cualquier curioso, la historia promete.

Resulta lógico entonces que el mundo editorial se haya movido con rapidez para llevar al mercado el texto apocalíptico de Benson. Una editorial española concretamente, Stella Maris, ha sacado este verano una edición del mismo publicitándolo con las palabras del Papa. En la contraportada se preguntan, para provocar la lectura del libro, lo siguiente: «¿Qué oculta la novela que el Papa Francisco recomienda continuamente?». La respuesta es conocida: Cómo se figuró Benson que el Anticristo llegaría al poder. Hecho que Francisco parece dar por supuesto.

Señor del mundo no destaca en mi opinión por su calidad literaria. Pero trata un asunto que atrae especialmente la atención de aquellas generaciones que sospechan próxima la aparición del Anticristo. Pues este acontecimiento viene precedido de una gran apostasía y se enmarca en los últimos tiempos. La curiosidad, nuevamente, atraerá hacia esta obra a propios y ajenos. Además, en ella se describen hechos actuales, se apunta a las sociedades secretas como hostigadoras de Cristo y se presenta una imagen del enemigo que usurpará su puesto. Felsenburg, el Anticristo de la ficción de Benson, resulta ser un político fascinante que devuelve la paz al mundo después de haber soportado una guerra espantosa, y en consecuencia se erige en ídolo de masas y promotor de una especie de alianza de civilizaciones que resolverá todos los problemas sufridos hasta entonces. En el fondo, la disolución de la Iglesia Católica es el gran objetivo de Felsenburg y la élite masónica que lo rodea.

El Santo Padre insinúa por tanto que lo relatado en esta novela se hará realidad. Sin embargo, los comentarios que ha hecho al libro parecen cifrados por un código arcano: «Les recomiendo que lo lean, y leyéndolo entenderán a qué me refiero con la colonización ideológica»[2]. ¿Por qué no explica él mismo qué significa esto? ¿Supone una barrera natural para el Santo Padre hablar con claridad? ¿Por qué ha de hablar en clave? ¿No es él la máxima voz del Magisterio? ¿No es función del Papa glosar los textos y ofrecer la recta interpretación de los mismos?

El Papa habló a la sazón de mundanidad, de pensamiento único y del espíritu progresista de los adolescentes, como motores de la gran apostasía a la que estamos asistiendo. Y no andaba equivocado el Santo Padre. Pero ¿por qué tira la piedra y esconde la mano con lo de la «colonización ideológica»? ¿Llevar el Evangelio a otros pueblos sería por ejemplo colonización ideológica? ¿El abrazo de las religiones en una sola no sería lo contrario de esta expresión condenada por Francisco? ¿Y no es la comunión de religiones lo que viene persiguiendo el Santo Padre, más o menos disimuladamente, desde que se presentó al mundo en el balcón de la Basílica de San Pedro?

Luis Segura

[1] http://www.religionenlibertad.com/el-papa-vuelve-a-recomendar-la-novela-apocaliptica-senor-del-mundo-40072.htm

[2] http://www.infovaticana.com/2015/01/22/el-libro-mas-recomendado-por-el-papa/

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com