Pío Magno

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Se llamaba Eugenio Pacelli y había nacido en Roma el 2 de marzo de 1876, reinando el Beato Pío IX, de noble y catolicísima familia, devotísima a la Santa Sede. Siendo un niño de pocos años los Padres Filipinos de la iglesia que frecuentaba solían verlo todas las tardes arrodillado ante el Sagrario, mirando como un pequeño ángel hacia su Señor y mayor amigo. Por la mañana, antes de ir a la escuela, había servido ya en la S. Misa recibiendo la comunión.

Intimo de Jesús

Se entusiasmaba -dicen sus biógrafos (creo haberlos leído todos o casi todos)- escuchando las narraciones de vida misionera que el tío sacerdote, veterano de Sudamérica, le contaba y comentaba: “Yo también quiero dar mi vida por Jesús”. Después, mirándose sus hermosas manos: “¡Pero los clavos no!”

Tocaba el violín como un niño prodigio y a quien le felicitaba respondía: “¿Que toco? ¡No! Rezo, hablo con Jesús.” Le gustaba enseñar el catecismo y lo hacía con los más pequeños de su palacio con alegría propia y de ellos. Jesús era ya “el Viviente” en su infancia, en su adolescencia pura… Lo llamaban “Pacellino” porque era delgado como el alambre y tenía el rostro afilado con el flequillo en la frente.

¿Y qué puede haber orientado a la consagración total a Dios en el sacerdocio a este angélico joven patricio romano, que amaba la equitación y la música y que algún rostro femenino miraba ya con admiración y al cual respondía él: “Busque en otro lugar, yo soy de Jesús”, si no un amor ardiente, intensísimo a Jesús, el Hombre-Dios?

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Del Adviento (Catecismo Mayor de San Pío X)

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1) ¿Por qué se llaman Adviento las cuatro semanas que preceden a la fiesta de Navidad?

— Las cuatro semanas que preceden a la fiesta de Navidad se llaman Adviento, que quiere decir advenimiento o venida, porque en este tiempo la Iglesia se dispone a celebrar dignamente la memoria de la primera venida de Jesucristo a este mundo con su nacimiento temporal.

2) ¿Qué propone la Santa Iglesia a nuestra consideración en el Adviento?

— La Santa Iglesia en el Adviento propone a nuestra consideración cuatro cosas:

a) las promesas que Dios había hecho de enviar al Mesías para nuestra salvación;

b) los deseos de los antiguos Padres que suspiraban por su venida;

c) la predicación de San Juan Bautista, que preparaba al pueblo para recibirlo exhortando a penitencia;

d) la última venida de Jesucristo en gloria a juzgar a vivos y muertos.

3) ¿Qué hemos de hacer en el Adviento para conformarnos con las intenciones de la Iglesia?

— Para conformarnos con las intenciones de la Iglesia en el Adviento hemos de hacer cinco cosas:

a) meditar con viva fe y con ardiente amor el gran beneficio de la Encarnación del Hijo de Dios;

b) reconocer nuestra miseria y la suma necesidad que tenemos de Jesucristo;

c) suplicarle venga a nacer y crecer espiritualmente en nosotros con su gracia;

d) prepararle el camino con obras de penitencia, especialmente frecuentando  los Santos Sacramentos;

e) pensar a menudo en su última espantosa venida, y a la vista de ella ajustar a su vida santísima la nuestra, a fin de tener parte en su gloria.

por San Miguel Arcángel

Tomado de:

adelantelafe.com

En plena libertad de palabra

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Estimado sí sí no no

El que ora cantando -dice San Agustín- dobla el valor de su oración, pero quien ora cantando el sufrimiento por un mundo cristiano en decadencia ¿qué valor adquirirá su oración? Pienso que pueda tener un valor análogo, con infinitesimal proporción, a la de Dios Padre, que inició Su llanto de Amor con la muerte de Abel. Incluída media lágrima también por Caín, que se había perdido.

Mi oración lacrimosa está dirigida al Padre para que cambie las cabezas de los hombres de la “iglesia conciliar” y al Espíritu Santo para que los vuelva a plasmar.

El Padre fundó la Iglesia sobre la Roca y alrededor de ella todo mártir, todo profeta, todo santo sacerdote puso el ladrillo de su vida de amor y de sacrificio por Jesús, hasta hacer un templo acogedor donde oraron y crecieron en la alabanza y en la adoración y se salvaron muchas criaturas.

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Especial de San Pío V

San Pio V[4]

SAN PÍO V,(*) Papa y Confesor

Santo papa, profeta,

promotor del Índex,

inquisidor

y

protector de la Santa Misa

SAN PÍO V

MAGISTERIO DE SAN PÍO V

“Quo primum tempore”

 Bula sobre el uso a perpetuidad

de la Misa Tridentina 

1570

La Bula “Quo Primum Tempore”,

su traducción y explicación

Motu proprio “Inter multiplices”,

 confirmando la Bula “Cum ex apostolatus” de Pablo IV 

¿Quién juzga a Francisco?

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Hay católicos que tienden a la Papolatría, ¿Porqué lo digo? Porque la gran mayoría, viendo la realidad de la Iglesia, y la realidad de lo que dice y hace el Papa, a pesar de todo eso, no se atreven a decir lo que ven que está mal en los dichos y hechos del Papa, y a quien si lo hace, lo tachan de hereje, apóstata o de que ataca al Papa, también hay quienes dicen cosas como esta:

«Hay seguidores del Padre Juan Rivas que sí atacan al Papa diciendo que es un hereje, es más, creen algunos que es el Anticristo y que es un masón que tienen encerrado a Benedicto XVI. Y es gente de aquí de Tijuana que no hace otra cosa más que criticar y sin tener algún apostolado.»

Pero, realmente ¿Quién ataca o juzga al Papa Francisco?

A esos católicos les respondo:

juez

 

“Y porque el Romano Pontífice preside la Iglesia universal por el derecho divino del primado apostólico, enseñamos también y declaramos que él es el juez supremo de los fieles, y que, en todas las causas que pertenecen al fuero eclesiástico, pueden recurrirse al juicio del mismo; en cambio, el juicio de la Sede Apostólica, sobre la que no existe autoridad mayor, no puede volverse a discutirse por nadie, ni a nadie es lícito juzgar de su juicio”. (Denzinger-Hünermann 3063. Concilio Vaticano I, Cuarta sesión, 18 de Julio de 1870, Primera Constitución dogmática “Pastor Aeternus” sobre la Iglesia de Cristo, n. 3)

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Contenido (Entra en cada autor)

¿Quién juzga al Papa Francisco?

Las Sagradas Escrituras
59 Papas
14 Concilios
8 Textos fundamentales
16 Congregaciones Romanas
31 Padres de la Iglesia
15 Doctores de la Iglesia
14 Sínodos y el Magisterio Episcopal
Diversos documentos y Autores

 

¿Quién juzga al Papa Francisco?

Las Sagradas Escrituras

es

 

Antiguo y Nuevo Testamento 

 

¿Quién juzga al Papa Francisco?

59 Papas

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  1. Benedicto XVI (265°)
  2. Juan Pablo II (264°)
  3. Juan Pablo I (263°)
  4. Pablo VI (262°)
  5. Juan XXIII (261°)
  6. Pío XII (260°)
  7. Pío XI (259°)
  8. Benedicto XV (258°)
  9. Pío X (257°)
  10. León XIII (256°)
  11. Pío IX (255°)
  12. Gregorio XVI (254°)
  13. León XII (252°)
  14. Pío VII (251°)
  15. Pío VI (250°)
  16. Clemente XIII (248º)
  17. Benedicto XIV  (247°)
  18. Inocencio XI (240°)
  19. Urbano VIII (235°)
  20. Sixto V (227°)
  21. Pío V (225°)
  22. Pablo IV (223º)
  23. Pablo III (220°)
  24. Adriano VI (218°)
  25. León X (217°)
  26. Alejandro VI (214°)
  27. Eugenio IV (207°)
  28. Urbano V (200°)
  29. Clemente VI (198°)
  30. Benedicto XII (197°)
  31. Juan XXII (196°)
  32. Bonifacio VIII (193°)
  33. Inocencio IV (180°)
  34. Inocencio III (176°)
  35. Urbano II (159°)
  36. Gregorio VII (157°)
  37. León IX (152º)
  38. Esteban V (110°)
  39. Nicolás I (105°)
  40. Esteban III (94°)
  41. Honorio I (70º)
  42. Gregorio I, Magno (64°)
  43. Pelagio I (60°)
  44. Vigilio (59°)
  45. Hormisdas (52°)
  46. Gelasio I (49°)
  47. Simplicio (47°)
  48. León I (45°)
  49. Celestino I (43°)
  50. Bonifacio I (42°)
  51. Zósimo (41°)
  52. Inocencio I (40°)
  53. Siricio (38°)
  54. Dámaso I (39°)
  55. Marcelino (29°)
  56. Esteban I (23°)
  57. Cornelio (21°)
  58. Clemente I (4°)
  59. Pedro (1°)

¿Quién juzga al Papa Francisco?

14 Concilios

concilios

  1. Concilio Vaticano II – (1962-1965)
  2. Concilio Vaticano I – (1869-1870)
  3. Concilio de Trento (1545-1563)
  4. V Concilio de Letrán (XVIII Ecuménico. 1512-1517)
  5. Concilio de Florencia (XVII Ecuménico. 1431)
  6. Concilio de Vienne (XV Ecuménico. 1311-1312)
  7. II Concilio de Lyon (1274)
  8. IV Concilio de Letrán (XII Ecuménico – 1215)
  9. I Concilio de Letrán (IX Ecuménico – 1123)
  10. III Concilio de Constantinopla (VI Ecuménico – 680-681)
  11. II Concilio de Constantinopla (553)
  12. Concilio de Calcedonia (IV Ecuménico – 451)
  13. Concilio de Éfeso (III Ecuménico 431)
  14. III Concilio de Cartago (397)

¿Quién juzga al Papa Francisco?

8 Textos fundamentales

textos

  1. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005)
  2. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
  3. Catecismo de la Iglesia Católica (1992)
  4. Código de Derecho Canónico (1983)
  5. Catecismo Mayor de San Pío X (1905)
  6. Catecismo Romano (Concilio de Trento)
  7. Fórmula llamada Fe de Dámaso (500?)
  8. Credo “Atanasiano” (373)

 

¿Quién juzga al Papa Francisco?

16 Congregaciones Romanas

congregaciones

  1. Congregación para el Clero
  2. Congregación para las Causas de los Santos
  3. Congregación para los Obispos
  4. Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
  5. Congregación para la Doctrina de la Fe
  6. Congregación para la Educación Católica
  7. Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica
  8. Comisión Teológica Internacional
  9. Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas
  10. Oficina para las celebraciones litúrgicas del Sumo Pontífice
  11. Pontificia Comisión Bíblica
  12. Pontificio Consejo Justicia y Paz
  13. Pontificio Consejo para el Dialogo Interreligioso
  14. Pontificio Consejo para la Cultura
  15. Pontificio Consejo para la Familia
  16. Pontificio Consejo para los Textos Legislativos

 

¿Quién juzga al Papa Francisco?

Padres de la Iglesia

padres

  1. San Agustín (354-430)
  2. San Ambrosio (340-397)
  3. San Atanasio de Alejandría (296-373)
  4. Atenágoras de Atenas (s. II)
  5. San Beda (673-735)
  6. San Basilio Magno (330-379)
  7. San Cipriano de Cartago (+258)
  8. San Cirilo de Alejandría (374-444)
  9. San Cirilo de Jerusalén (313-386)
  10. San Clemente de Alejandría (150-215)
  11. Pseudo-Crisóstomo (s. V)
  12. San Dionisio de Alejandría (+264)
  13. San Fulgencio de Ruspe (460-533)
  14. Griego, o el Geómetra
  15. San Gregorio Nacianceno (330-390)
  16. San Gregorio de Nisa (335-394)
  17. San Gregorio Taumaturgo (213-270)
  18. San Hilario de Poitiers (300-368)
  19. San Ignacio de Antioquía (+107)
  20. San Ireneo de Lyon (130-202)
  21. San Jerónimo (347-420)
  22. San Juan Crisóstomo (347-407)
  23. San Justino Romano (100/114-162/168)
  24. San Máximo confesor (662)
  25. San Melitón de Sardes (s. II)
  26. Orígenes (+254 d. C)
  27. San Paciano de Barcelona (365)
  28. Policarpo de Esmirna (69-155)
  29. Teófilo de Antioquía (183)
  30. Teodoreto de Ciro (393-466)
  31. San Vicente de Lérins (+450)

¿Quién juzga al Papa Francisco?

15 Doctores de la Iglesia

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  1. Santo Tomás de Aquino (1225-1274)
  2. San Antonio de Padua (1195-1231)
  3. San Alfonso de Ligorio (1696-1787)
  4. San Bernardo de Claraval (1090-1153)
  5. San Buenaventura (1218-1274)
  6. San Francisco de Sales (1567-1622)
  7. San Juan de la Cruz (1542-1591)
  8. San Juan Damasceno (676-749)
  9. San Juan de Avila (1499-1569)
  10. San Pedro Canisio (1521-1597)
  11. Pedro Damián (1007-1072)
  12. San Roberto Belarmino (1542-1621)
  13. Santa Catalina de Siena (1347-1380)
  14. Santa Teresa de Jesús (1515-1582)
  15. Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897)

¿Quién juzga al Papa Francisco?

14 Sínodos y el Magisterio Episcopal

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  1. Sínodo de Valence (855)
  2. XVI Sínodo de Toledo (693)
  3. XIV Sínodo de Toledo (684)
  4. XI Sínodo de Toledo (675)
  5. Sínodo de Letrán (649)
  6. I Sínodo de Braga (561)
  7. Sínodo de Constantinopla (543)
  8. II Sínodo de Orange, 529 (en la Galia)
  9. Sínodo de Arlés (475)
  10. XV Sínodo de Cartago (418)
  11. I Sínodo de Toledo (397)
  12. Sínodo de Roma (382)
  13. Sínodo de Laodicea (363-364 AD)
  14. Sínodo de Elvira (300)
  1. CELAM
  2. Sínodo de los Obispos

¿Quién juzga al Papa Francisco?

Diversos documentos y Autores

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  1. La Liturgia de las Horas
  2. XLVIII Congreso Eucarístico Internacional
  3. Alcuino de York
  4. San Benito de Nursia
  5. San Bonifacio de Maguncia
  6. San Elredo de Rieval
  7. San Francisco de Asís
  8. San Ignacio de Loyola
  9. San Juan Bautista María Vianney
  10. San Juan Bosco
  11. San Juan de Ribera

 

Tomado de:

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Monseñor Lefebvre Habla de la Apostasía

Monseñor Lefebvre

Mons. Lefebvre no ha dejado de denunciar la actual apostasía refiriéndose (en su última obra Itinerario Espiritual, Ecône 1990, p.70) a la ocupación de la Iglesia por Papas infieles y por Obispos apóstatas que destruyen la fe del clero y de los fieles, afirmando que: «Esta apostasía hace a estos miembros, adúlteros, cismáticos opuestos a toda tradición, en ruptura con el pasado de la Iglesia y en consecuencia con la Iglesia de hoy, en la medida en que la Iglesia de hoy permanezca fiel a la Iglesia de Nuestro Señor». Texto que desgraciadamente hay que decirlo ha sido mutilado en la edición hecha en español en Buenos Aires 1991, es una vergüenza que se recorte impunemente a Monseñor.

En el prólogo de la misma obra, Mons. Lefebvre evidencia el  cisma y la apostasía, de quienes le condenaron junto con Mons. de Castro Mayer, minimizando y negando las riquezas de la Encarnación y de la Redención: «Los que estiman un deber minimizar estas riquezas e incluso negarlas, no pueden sino condenar a estos dos Obispos y así confirmar su cisma y su separación de Nuestro Señor y su Reino, la causa de su laicismo y su ecumenismo apóstata». (Itinerario… Ed. española, Buenos Aires 1991, p.14).

La Libertad religiosa, tal como es enseñada y propuesta por Vaticano II y Juan Pablo II, su fiel servidor, contenida en la declaración «Dignitatis Humanae» constituye una blasfemia y una verdadera apostasía tal como manifiesta Mons. Lefebvre: « es una blasfemia y una apostasía hacer de este argumento un principio absoluto y fundamental del Derecho público de la Iglesia. Los Papas han condenado formalmente, ellos mismos, la actitud de  los Estados incluso católicos de nombre, que reducen así la Iglesia al régimen del derecho común (…) ». (Itinéraires, nº 233, p.46-47).

Continuar con las orientaciones del Concilio, cosa que hace Juan Pablo II con todo entusiasmo y esmero, es extender la apostasía por todas partes: «La situación de la Iglesia es tal que sólo un Papa como San Pío X puede parar la autodestrucción que sufre la Iglesia sobre todo después del Concilio Vaticano II. Proseguir con las orientaciones de este Concilio y de sus reformas post-conciliares, es extender la apostasía y conducir la Iglesia a su ruina. Se juzga el árbol por sus frutos, dijo Nuestro Señor mismo». (Itinéraires, nº233, p.129-130).

El liberalismo conduce a la apostasía tal como advierte Mons. Lefebvre (Cf. Le Destronaron… p.11).

« La Libertad Religiosa es la apostasía legal de la sociedad: recordadlo bien…» por esto Mons. Lefebvre no firmó la Declaración sobre la Libertad Religiosa (Dignitatis Humanae) porque como bien recalca: «¡No se firma una apostasía!». (Ibídem, p.75).

Apostasía práctica, apostasía latente fueron expresiones utilizadas por Mons. Lefebvre para expresar el estado de pérdida de la fe. (Cf. Ibídem, p.113 y 208).

De modo más enérgico Mons. Lefebvre afirmó: «Lamentablemente debo decir que Roma ha perdido la fe, Roma está en la Apostasía. Estas no son palabras en el aire, es la verdad: Roma está en la apostasía. Uno no puede tener más confianza con esa gente, ya que ellos abandonan la Iglesia. Esto es seguro». Esto dijo Mons. Lefebvre después de la entrevista que tuvo con el Cardenal Ratzinger el 14 de Julio de 1987, en la conferencia dada durante el retiro sacerdotal en Ecône el 14 de Septiembre de 1987.

La razón última y profunda de la resistencia de Mons. Lefebvre: «es la apostasía general, es por esto que nosotros resistimos (…)». (L’Eglise Infiltrée par le Modernisme, Ed. Fideliter 1993, p.69).

La apostasía de Juan Pablo II expresada por Mons. Lefebvre  cuando se le objetaba las futuras consagraciones en contra de la voluntad del Papa, en estos términos: «¿ Contra el Papa? Pero contra un Papa que destruye la Iglesia, que es prácticamente un apóstata y que quiere hacernos apóstatas, yo pregunto: ¿qué hacer? ¿hay que renunciar a la continuidad de esta obra de la Iglesia para complacer a aquel que no quiere saber más de la tradición, que ya no quiere que Nuestro Señor Jesucristo reine públicamente, y que nos conduce a la apostasía?» (Conferencia del 14/8/1987).

La impostura de Asís

La Apostasía

Respuesta a los Interrogantes más Relevantes -Parte 4 de 4

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d) Sobre el Papa Putativo

El Papa hereje al no ser miembro de la Iglesia mucho menos puede ser su cabeza. Dejamos al margen la discusión sobre el momento exacto, teniendo por más seguro teológicamente que la herejía cuando se hace manifiesta, por la objetividad misma del hecho, es insostenible teológicamente que el Papa hereje siga siendo verdadero Papa de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.
Los que sostienen, que se requiere una declaración por parte de la Iglesia para que el Papa hereje sea depuesto puede sostenerse, pero con la observación siguiente: como hay un principio teológico apodíctico, el que no es miembro de la Iglesia mucho menos puede ser su cabeza, el Papa hereje manifiesto sería Papa putativo (en apariencia tan sólo) hasta que la declaración tenga lugar (acto puramente declaratorio) de parte de la Iglesia (una parte representativa de la Iglesia o de Roma). Sería un Papa tan sólo putativamente, hasta que sea depuesto durante todo el tiempo que transcurra hasta su deposición.

Parece ser que la opinión de Mons.Lefebvre se inclinaba por la declaración de la Iglesia, cuando en reiteradas ocasiones decía que algún día la Iglesia juzgará lo que está pasando, con lo cual remitía a una declaración (posterior) de la Iglesia.

El Padre Coache en «Combat de la Foi», 15 Sept.19. nº96, p.3, muy sabia y prudentemente dice: «Digo una vez más que: teólogos muy sabios y santos han declarado que si un Papa cae en la herejía o traiciona la Iglesia, sigue siendo Papa radicalmente hasta que una sentencia bastante representativa de la Iglesia o de Roma no lo haya depuesto (mientras se espera, claro está, no hay que obedecerle, sobre todo en los puntos donde ha traicionado la Iglesia), pero otros teólogos tan sabios y santos han declarado que el Papa es depuesto por el hecho de su herejía pública y obstinada.

Estas dos opiniones teóricamente distintas pueden tener una conciliación práctica: es decir que pueden coincidir en los efectos prácticos y de hecho, en la fórmula del Papa putativo (tenido por tal sin serlo en realidad) con una jurisdicción suplida directamente de Cristo (Cabeza invisible de la Iglesia, no lo olvidemos) para el bien común de la Iglesia y la salvación de las almas.

La fórmula del Papa putativo viene de Mons. de Castro Mayer, fue él mismo quien me lo dijo en el seminario de la Reja en 1989 cuando le pregunté sobre su pensamiento acerca del Papa y la Sede Vacante. Él manifestó categóricamente: un hereje no puede ser Papa y este Papa es un hereje, a lo cual le objeté: pero habría que distinguir entre herejía formal y herejía material, a lo cual respondió enérgicamente que esa distinción no tiene lugar; entonces no hay Papa, le dije, respondió: puede considerárselo como Papa putativo. Le pregunté por el «Una Cum», a lo cual respondió se puede nombrarlo como Papa putativo, su autoridad sería putativa y las canonizaciones que fueran justas y los demás actos justos en bien de la Iglesia, tendrían valor en tanto Papa putativo. En definitiva (como se ve) se trata de una jurisdicción suplida que hace válidos los actos en favor del bien común de la Iglesia y de la salvación de las almas, hasta que se decante la cosa.
Luego que no digan que Mons. de Castro Mayer no era de los que pensaban que la Sede no está vacante; él afirmaba que el Papa hereje no era Papa (no podía serlo); él era sedevacantista en el buen sentido del término (sin la connotación peyorativa que esta palabra pueda tener hoy). En realidad se puede decir que el Papa hereje ocupa la sede putativamente tan sólo, ocupa la sede de hecho, pero no de derecho.

Un hereje no puede ser Papa,  sin embargo, la Sede de Pedro puede estar ocupada falsamente por un Papa hereje (cismático o apóstata), de aquí la fórmula del Papa putativo y así cuando una Papa es hereje, es Papa sólo en apariencia (Papa putativo) pero no en realidad; todas sus acciones que requieran jurisdicción y que son para el bien común de la Iglesia y la Salvación de las almas, están suplidas directamente por Cristo Cabeza invisible de su Iglesia. Es la Iglesia en este sentido quien suple siempre la jurisdicción de uno u otro modo.

Tendríamos así la conciliación práctica de las dos sentencias más acreditadas teológicamente que admiten que un Papa caiga en herejía:

⦁ Afirmando los unos que pierde el Pontificado inmediatamente (Ipso facto) cuando la herejía es manifiesta (San Roberto Belarmino – Melchor Cano – Billot) o con su variante o matiz entendiendo por manifiesta la herejía notoria y divulgada del público (Wernz – Vidal y el mismo Da Silveira).

⦁ Afirmando los otros que el Papa hereje pierde el Pontificado cuando media la declaración de la Iglesia (por sus integrantes más representativos o por Roma). Teológicamente refutable pero que tiene una verdad si se la enfoca como proponemos, es decir que el Papa sería Papa tan solo putativamente desde que pierde ipso facto el Pontificado por la herejía manifiesta hasta la sentencia puramente declaratoria de la Iglesia que lo depondría.

Tanto se tenga la una como la otra (aunque S. Roberto Belarmino refuta la segunda) es decir que se tenga por cierto que el Papa pierde ipso facto el Pontificado por la herejía manifiesta, o que se requiere declaración (de una parte representativa) de la Iglesia para perder el Pontificado, se puede concluir que se pierde ipso facto por herejía manifiesta y mientras siga en el cargo hasta que se aclare por sentencia de la Iglesia es Papa tan sólo putativamente y así para el orden práctico tenemos la conciliación de dos sentencias válidas con distinto tenor.
En resumidas cuentas para ser claros y precisos habría una superación de las dos hipótesis más acreditadas teológicamente, superación que impone la necesidad del caso vivido real y concretamente y no sólo por consideración especulativa idealmente vislumbrada.

La tesis refundida, teológicamente cierta, es que, el Papa hereje pierde el Pontificado por el hecho mismo de su herejía (cisma o apostasía) pública y notoria, (como dice S. Roberto Belarmino básicamente o con el matiz que hace Da Silveira) pero hasta tanto no se conforme por una declaración de la Iglesia a través de sus más acreditados representantes el Papa hereje es tan sólo Papa putativamente con jurisdicción casual u ocasional (de hecho y no por derecho), directamente de Cristo para los actos en los cuales el bien común de la Iglesia y el de la salvación de las almas así lo exijan.

Nada entonces de estupideces, fomentadas muchas veces por los enemigos ocultos de la Iglesia, como elección de otro Papa por un grupo que se cree imaginariamente representativo de la Iglesia, (tal el caso del Palmar de Troya en España o el de los Jovitas en el Canada, etc.) o crear un Concilio imperfecto que busca una cabeza en donde depositar la autoridad, eligiendo un Papa de entre los Obispos asistentes.

Nuestra posición no tiene que ver con ideas raras y extrañas a la teología de la Iglesia inventando soluciones absurdas que llevan a un caos peor que el que se quiere evitar. La idea del Papa putativo sostenida por Mons. de Castro Mayer con la explicación nuestra que la enmarca es teológicamente coherente y se aviene a lo que está pasando. Y esta situación podrá extenderse a más de un Papa que haya caído en el cisma, la herejía o la apostasía o en todas las tres.

Por lo dicho, como se ve, esta situación podría durar y durará cuanto Cristo, Nuestro Redentor y Salvador quiera o permita que esta crisis dure, para purificación de su Iglesia en esta tierra y la de sus fieles seguidores hasta el fin.

La elección de otro Papa fiel a la Tradición de la Iglesia, se puede siempre dar sea por los cardenales nombrados por el Papa putativo (con jurisdicción suplida por el bien común de la Iglesia) sea por el clero de Roma, pues en definitiva los cardenales eligen al Obispo de Roma (al Papa) por tener el título de párrocos de Roma. La Sede Vacante no impide la elección de otro Papa como muchos piensan.

Respuesta a los Interrogantes más Relevantes -Parte 3 de 4

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        c) Sobre la Comunión en la Fe

 

Cuando se habla de comunión en la Iglesia entre sus miembros, se está refiriendo a la comunión en la fe en primer lugar, es decir comunión en la misma fe creída y profesada por todos. Se trata de la unidad de la fe, un solo Dios, un solo Bautismo, una sola fe. Sin la unidad en la fe, no hay la unidad de culto, ni la unidad de gobierno. La fe es por eso fundamento de la Iglesia, junto con los Sacramentos: «Quia Ecclesia fundatur in fide et  Sacramentis». (S.Th. Sup., q.6, a.6).

La fe es exclusiva, excluye toda otra falsa creencia toda otra falsa religión. La fe no admite combinaciones. Sí Sí No No, lo demás viene del Maligno. (Mt. 5, 37).

Es imposible comulgar en la fe con alguien que no tenga la fe, o que no la profese cuando debe. Si un Papa no profesa la fe, no se puede estar en comunión con él. Estar en comunión religiosa con los que no profesan la fe católica, es lo que se llama la comunión in sacris, lo cual está tajantemente prohibido, como enseña la teología moral. 

La comunión en la misma fe obliga a no estar con los que no la profesan, esto es tan evidente y claro que no tiene vueltas,  salvo el que quiera dárselas.

«La necesidad de la unión o comunión en la fe cristiana, predicada por los Apóstoles con la autoridad de Jesucristo, resulta de la afirmación de San Pablo: Unus Dominus, una fides, unum baptisma. Ef. 4, 5ss. Esta fe, es cierto, no es sino la fe objetiva o la doctrina cristiana. Pero, puesto que, su unidad perfecta es estrictamente obligatoria, la unión o la comunión en esta unidad de fe es su necesaria consecuencia. (…) toda ruptura con esta unidad de fe cristiana es severamente reprobada, la comunión o la unión en esta fe es, por el hecho mismo, estrictamente impuesto». (D.T.C. Communion dans la Foi, col.422).

Es más, según San Ignacio de Antioquía: «Quien por una doctrina perversa corrompe esta fe de Dios, irá al fuego inextinguible, igualmente aquel que le escucha». (Ibídem, col. 422).

La no comunión con el que no profesa la fe es exigida por la doctrina de la Iglesia. El no estar en comunión con un Papa que no profesa la fe católica es una separación legítima que nada tiene que ver con una actitud cismática, todo lo contrario, pues como distinguen los teólogos medievales, el cisma procede de la separación ilegítima, y no de la separación legítima. «Los teólogos medievales, al menos los de los siglos XIV, XV y XVI, tienen la preocupación de notar que el cisma es una separación ilegítima de la unidad de la Iglesia, pues podría haber una separación legítima, como si alguien rechaza la obediencia al Papa, ordenándole éste una cosa mala, o indebida, como dice Torquemada». (D.T.C. Schisme, col. 1302).

Luego puede haber una separación lícita, la cual no constituye cisma alguno, al contrario si la autoridad eclesiástica o el mismo Papa ordenan algo malo o indebido no se debe obedecer y mucho menos si es en detrimento de la fe. Se debe resistir y si es en materia de fe y doctrina compete una lícita separación so pena de sucumbir en el error en detrimento de la fe. La razón de esta separación legítima, está en la misma caridad la cual se identifica con la verdad, donde no hay verdad no hay caridad, Ubi Veritas et Iustitia, ibi Caritas.

La comunión eclesiástica (o unidad eclesiástica) que se rompe por el cisma (escisión) es un efecto de la caridad, y por el mismo está ligada siempre a la caridad (Cf. D.T.C. col. 1302), de tal modo que el cismático es el que rompe la comunión o unidad eclesiástica por no actuar como parte (miembro) de la Iglesia, obrando, actuando, pensando, viviendo independientemente y no según la Iglesia, y en la Iglesia. (Cf. D.T.C. Schisme, col. 1301).

Mientras no se rompa la comunión con la Iglesia actuando como parte de ella, no se es cismático. Para ser cismático hay que romper el vínculo que mantiene la parte dentro del todo. No cualquier desobediencia a la autoridad o al Papa es un cisma, tiene que ser una desobediencia que impugne la autoridad en cuanto tal atacando así la unidad de la Iglesia en sí misma: «Para que se verifique la noción de cisma, es necesario, que la unidad de la Iglesia misma sea violada, que haya rechazo de obrar ut pars en materia que ataña la unidad de la Iglesia (…)». (D.T.C. Schisme, col. 1302).

Y como ya dijimos la primera unidad de la Iglesia visiblemente se da por la profesión de la fe, luego cuando la fe está en peligro es un deber de no estar en comunión con aquel que la destruye aunque sea el mismo Papa. Por esto el mismo Mons. Lefebvre en varias ocasiones manifestaba que si había un cisma no era de parte de él sino de la Roma modernista, ellos han cambiado, no nosotros.

No se debe entonces invocar una comunión eclesiástica, una comunión en la fe con quien destruye la fe a sabiendas, como pasa hoy. La fe está siendo destruida desde Roma mismo. No de la Roma católica, de la Roma de siempre, sino de la Roma modernista, de la Roma convertida en la Babilonia de todas las religiones.

Hay un deber de separación legítima, que no es cismática3 además, sino todo el contrario, es un deber, es una obligación so pena de sucumbir en el error y ser arrastrados por él. La verdadera obediencia es absoluta ante Dios y relativa ante los hombres en la medida que sean de Dios.

Se podría erróneamente pensar: hay que estar siempre en comunión con el Papa, pues el Papa es el Papa, además el axioma que dice «Ubi Petrus ibi Ecclesia» (donde está el Papa está la Iglesia) me reasegura, lo demás no me interesa, tal como diría un papista o mejor un verdadero papólatra. Pues bien, el Cardenal Cayetano dice al respecto: «La Iglesia está en el Papa cuando éste se comporta como Papa, es decir, como cabeza de la Iglesia; pero en el caso de que no quisiera actuar como Cabeza de la Iglesia, ni la Iglesia estaría en él, ni él en la Iglesia». El Cardenal Journet también repite lo mismo: «En cuanto al axioma “donde está el Papa está la Iglesia”, vale cuando el Papa se comporta como Papa y Jefe de la Iglesia; en caso contrario, ni la Iglesia está en él ni él en la Iglesia». (Citas las dos traídas por Da Silveira, Op. Cit. p.188 y 185). 

En consecuencia es evidente que el Papa que no se comporta como tal o sea como Cabeza de la Iglesia, no es garantía de la visibilidad de la Iglesia, al contrario, pues no está él en la Iglesia, ni la Iglesia está en él, lo que significa que no pertenece a la Iglesia, ni tampoco la representa, según las palabras de los dos Cardenales.

3    «Los  Teólogos  medievales,  al  menos  aquellos  de  los  siglos  XIV,  XV  y  XVI,  tienen  la  preocupación  de  recalcar  que  el  cisma  es  una  separación  ilegítima  de  la  unidad  de  la  Iglesia,  puesto  que,  dicen  ellos,  podría  haber  una    separación  legítima,    como  si  alguien  rechaza    obedecer    al  Papa    cuando  este  manda  una  cosa  mala  o  indebida.  Torquemada,  op.  cit.c.1».  (D.T.C.  Schisme,  col.  1302). 

La comunión con Roma y con la Iglesia es principal y fundamentalmente comunión en la fe católica apostólica Romana.

La comunión en la fe plantea la cuestión del «Una Cum», pues en principio no se puede estar en comunión en la fe con un Papa que no profesa la fe, es evidente. 

No se trata simplemente de rezar por el Papa, sino de estar en comunión con el Papa en la misma profesión de la fe católica. Y si hubiera duda al menos habría que decir el «Una Cum» sub conditione o secundum quid, pero jamás simpliciter. Lo mismo en el caso del Papa putativo, se lo nombraría putativamente tan sólo, como manifestó Mons. de Castro Mayer que se podría decir en tal caso.

El Oremus pro pontifice nostro, si se trata de orar simplemente se puede orar por cualquiera aún por los herejes y apóstatas así como por los pérfidos judíos, pero si se trata de proferir pública y solemnemente nuestra comunión con el Pontífice nostro por el cual oramos tampoco es admisible, por las mismas razones del «Una Cum». De todos modos retengamos con Santo Tomas de Aquino que en el Canon de la santa Misa no se ora por los que están fuera de la Iglesia, o sea ni por los cismáticos, ni por los herejes, ni por los apóstatas: «Unde et in canone misase non oratur pro his qui sunt extra Ecclesam». (S.Th. III, q.79, a.7, ad 2).

 

Respuesta a los Interrogantes más Relevantes -Parte 2 de 4

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            b) Visibilidad de la Iglesia con un Papa Hereje – Cismático y/o  Apóstata

 

Otra de las cuestiones que se presentan ante la eventualidad de un Papa hereje cismático y/o apóstata, es la cuestión de la visibilidad de la Iglesia. ¿Qué pasa con la Iglesia que debe ser visible con un Papa hereje? La visibilidad de la Iglesia es un dogma de fe.

Pues bien, es la misma visibilidad de la Iglesia la que exige la profesión pública de la fe: «Lo que constituye la visibilidad de la Iglesia es su organización exterior, tanto más que es de derecho divino, organización manifiesta a todas las miradas y a la cual todos los fieles deben pertenecer por el vínculo visible de la misma fe obligatoria, exteriormente profesada, por el vínculo de la obediencia frente a una autoridad común visible y por el vínculo de una misma comunión en la participación a los Sacramentos establecidos por Jesucristo.» (D.T.C. Église, col. 2144). Luego es evidente que la visibilidad de la Iglesia exige en primer lugar la profesión pública de la fe católica, pues: «la Iglesia es la sociedad de los fieles unidos por la profesión integral de la misma fe católica, por la participación a los Sacramentos y por la sumisión a la misma autoridad sobrenatural emanando de Jesucristo, principalmente a la autoridad del Pontífice Romano Vicario de Cristo». (D.T.C. Église, col. 2109-2110). 

«El Cardenal Torquemada (+ 1468) define la Iglesia como la sociedad de los católicos o la universalidad de los fieles, que sean predestinados o no, que estén o no en la caridad, por vista que ellos profesen la fe católica integral y que no sean separados de la Iglesia por la justa sentencia de sus pastores». (D.T.C. Église, col.2141).

Vemos que la profesión pública e integral de la fe es el primer requisito para pertenecer a la Iglesia visible, sin profesión pública e integral de la fe no hay visibilidad de nuestra pertenencia a la Iglesia. La visibilidad de la Iglesia pasa primera y fundamentalmente por la profesión integral y pública de la fe católica apostólica y romana.

 La distinción teológica entre cuerpo y alma de la Iglesia,  comprende los elementos visibles e invisibles de la misma, de tal modo que la pertenencia al cuerpo de la Iglesia es lo que constituye su visibilidad o sea que hablar de visibilidad de la  Iglesia, es considerar el cuerpo de la Iglesia, es referirse a la visibilidad de la misma: «el cuerpo de la Iglesia comprende el elemento visible o la sociedad visible, a la cual se pertenece por la profesión exterior de la fe católica, por la participación a los Sacramentos y por la sumisión a los legítimos pastores, y el alma comprende el elemento invisible o la sociedad invisible, a la cual se pertenece por el hecho que se posean los dones interiores de la gracia». (D.T.C. Église, col. 2154).

Quede claro entonces que para pertenecer al cuerpo de la Iglesia se requiere la profesión de la fe, en primer término, pues San Roberto Belarmino «señala tres condiciones indispensables para pertenecer al cuerpo de la Iglesia o a la Iglesia visible que es la única verdadera Iglesia. La primera condición (es lo que aquí más nos interesa) la profesión de la verdadera fe, siempre requerida por la Tradición constante y universal de la Iglesia que ha considerado sin cesar los herejes como no pertenecientes a la Iglesia según los textos anteriormente citados y de los cuales muchos están aquí indicados por San Roberto Belarmino ». (D.T.C. Église, col. 2160).

Quien no es miembro del cuerpo de la Iglesia, no puede ser su Cabeza, y si no se profesa la fe, primer requisito de todo miembro del cuerpo de la Iglesia ¿cómo puede ser Papa, es decir su Cabeza?, oigamos al mismo San Roberto Belarmino (citado por Da Silveira, op. cit. p.172). «El Papa hereje manifiesto, deja por sí mismo de ser Papa y Cabeza, del mismo modo que deja por sí mismo de ser cristiano y miembro del cuerpo de la Iglesia; y por eso puede ser juzgado y punido por la Iglesia. Esta es la sentencia de todos los antiguos Padres, que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción, y concretamente de San Cipriano (Lib. 4, Espist. 2) el cual así se refiere a Novaciano, que fue Papa (antipapa) en el cisma que hubo durante el Pontificado de San Cornelio».

Notemos que al decir San Roberto Belarmino que pierde toda jurisdicción no quiere decir que excluya una sustentación por parte de Nuestro Señor Jesucristo en el caso del Papa hereje. Tal como hoy podría ser. Se refiere sí a la pérdida por derecho de la jurisdicción perdiendo el Pontificado, sin que excluya la sustentación de hecho puramente actual y (no habitual) según el bien común de la Iglesia y la salvación de las almas.

Sin la profesión de fe pública e integral no hay pertenencia a la Iglesia, no se es miembro del cuerpo de la Iglesia, pues la visibilidad de la Iglesia así lo exige. Un Papa que no profesa la fe católica está fallando en el primer vínculo visible de la unidad de fe, está fallando en la unidad visible de la fe por la carencia en la profesión exterior de la misma. Sin la unidad de fe visible por la profesión pública e íntegra de la fe, ¿cómo se puede considerar miembro del cuerpo visible de la Iglesia a quien falla en la profesión de la fe? Sin profesión pública de la fe integral no hay el vínculo visible que permita afirmar que se pertenece al cuerpo de la Iglesia, esto es claro como el agua. Y quien no es miembro del cuerpo visible de la Iglesia, ¿cómo puede ser su cabeza? O se profesa la fe públicamente o no se es miembro del cuerpo de la Iglesia.

Como dice Melchor Cano (citado por Da Silveira) «no se puede ni siquiera concebir que alguien sea cabeza y Papa, sin ser miembro y parte». (Op. Cit. p.173). Y ¿cómo se puede ser miembro y parte de la Iglesia visible sin la profesión pública e íntegra de la fe católica apostólica y romana?

La profesión de fe es un vínculo necesario para pertenecer al cuerpo de la Iglesia, San Roberto Belarmino, así también lo confirma al referirse al hereje en un texto que trae Da Silveira: « (…) el hereje manifiesto no es de modo alguno miembro de la Iglesia, es decir, ni espiritualmente ni corporalmente, lo que significa que no lo es ni por unión interna ni por unión externa. Porque inclusive los malos católicos están unidos y son miembros espiritualmente por la fe y corporalmente por la confesión de la fe (…)». (Op. Cit. p.173). Es evidente que la profesión (confesión) de la fe es necesaria para pertenecer corporalmente a la Iglesia, o sea para ser miembro del cuerpo de la Iglesia visible.

Luego un Papa que no profesa la fe católica íntegramente no puede ser miembro del cuerpo de la Iglesia y si no puede ser corporalmente miembro, mucho menos puede ser su cabeza. Esto es hasta de una evidencia física. El que no lo vea, es porque no lo quiere ver, y no hay peor ciego que el que no quiere ver. Pero al pan pan y al vino vino, le seguiremos diciendo nosotros.

La cuestión de la visibilidad de la Iglesia está directa e  íntimamente relacionada con la pertenencia a la Iglesia como miembro. Pertenencia visible o pertenencia al cuerpo de la Iglesia que se funda primera y principalmente en la profesión pública de la fe católica integralmente.

Luego es la misma visibilidad de la Iglesia la que no admite al Papa hereje, pues lo rechaza y repele como a un miembro muerto y putrefacto, lo mismo para el cismático y/o el apóstata.

Recordemos además que la visibilidad de la Iglesia se basa en aquello que es de constitución divina, es decir en el Papado, en la jerarquía, más que en las personas privadas que ocupan tales cargos públicos. La visibilidad de la Iglesia dada por su jerarquía divinamente instituida se refiere a los cargos (o investiduras) como es el Papado, el Episcopado etc… Es la persona pública, el cargo u oficio público divinamente instituido y no la persona privada que lo ocupa, ejerce, y desempeña. La visibilidad de la Iglesia no se pierde porque la Sede está Vacante lo cual sucede siempre que los Papas mueren. La misma Sede Vacante muestra la visibilidad de la Iglesia en cuanto al Papado hasta que sea ocupada la Santa Sede por un legítimo sucesor de San Pedro. Las instituciones divinas no se destruyen por la falencia de los hombres, por eso la Iglesia es divina a pesar de los hombres.

Por cuerpo de la Iglesia se entiende, (dice Hugon) la obligación de pertenecer a este organismo por el carácter bautismal y por los vínculos visibles de una triple unidad: de fe, de culto, de gobierno. (Hors de l’Eglise Point de Salut, p. XVIII).

El cuerpo visible de la Iglesia exige un triple vínculo,  tres vínculos que son visibles, y el primero de estos tres vínculos visibles es el de la profesión exterior de la fe católica. El vínculo de la fe, no es sólo la fe interior, no basta para ser un vínculo visible que exige por lo mismo la visibilidad de esa fe, la cual se manifiesta por su profesión exterior.

En este sentido afirma Hugon: «La unidad, causa de vida, signo de verdad, es visible y tangible, porque implica la profesión exterior de los mismos artículos por todo el mundo, y que requiere un magisterio público y auténtico al cual todos están obligados a someterse. Sin esta autoridad soberana e infalible, las controversias serían interminables como lo son en el protestantismo». (Ibídem, p. 246).

Precisamente este Magisterio infalible que dirime las controversias y define los Dogmas es el que actualmente es negado por los modernistas, sean en las apariencias progresistas o conservadores, como el Cardenal Ratzinger Prefecto de la Congregación para la Fe (que vela por la fe) sobre quien Mons. Lefebvre lo dijo poco antes de morir haciendo alusión a la revista Sí Sí, No No (Ed. Italiana del 15 de Enero 1991): «Os invito a leer el denso artículo de fondo de «Sí Sí No No» que ha aparecido hoy sobre el Cardenal Ratzinger. ¡Es aterrador! El autor del artículo no sé quién es, pues ponen siempre seudónimos, y no se sabe entonces quien es. Pero en fin, el artículo está muy bien documentado y concluye que el Cardenal es hereje. El Cardenal Ratzinger es hereje. No solamente, se enfrenta a los decretos y declaraciones dogmáticas según él ha afirmado. Se puede incluso discutir, si es infalible, si no es infalible: «Quanta Cura», «Pascendi Dominici Gregis», el Decreto «Lamentabili» etc.., se puede discutir. No es esto lo que es grave en el cardenal Ratzinger, sino que pone en duda la realidad misma del Magisterio de la Iglesia. Pone en duda que hay un Magisterio que sea permanente y definitivo en la Iglesia. Esto no es posible. Se acomete contra la raíz misma de la enseñanza de la Iglesia. Ya no hay una verdad permanente en la Iglesia, verdades de fe, Dogmas en consecuencia. No hay más Dogmas en la Iglesia ¡Esto es radical! Evidentemente es herético, está claro. Es horrible, pero es así». (Última conferencia espiritual de Mons. Lefebvre en Ecône, 8 y 9 de Febrero 1991).

Si esto dijo Mons. Lefebvre poco antes de morir en su última  conferencia espiritual a los seminaristas de Ecône, la herejía no se puede negar, existe en las personas más encumbradas en la Iglesia y en Roma mismo. El Cardenal Ratzinger es el brazo derecho de Juan Pablo II en las cuestiones teológicas y piensan igual, de eso no cabe duda, tal para cual, la conclusión se impone, pero de esto hablaremos más adelante. Queda asentado por  todo lo expuesto que sin la profesión de la fe no se puede pertenecer al cuerpo de la Iglesia visible. Un Papa que no profesa la fe ¿cómo va a transmitirla?, es imposible por esto Mons. Lefebvre dijo refiriéndose al Papa, en aquel entonces Pablo VI: «Y como sucesor de Pedro debe transmitir la fe de sus predecesores. En la medida que no nos transmita la fe de sus predecesores, ya no es el sucesor de Pedro. Entonces se volvería una persona que se separa de su cargo, que reniega de su cargo, que no se dedica a su cargo. No puedo hacer nada, no es mi culpa». (La Condamnation… p. 262). 

 

Respuesta a los Interrogantes más Relevantes -Parte 1 de 4

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Juan XXIII (Procida, 1370 – Florencia, 22 de diciembre de 1419), antipapa de la Iglesia Católica durante parte del así llamado Cisma de Occidente entre 1410 y 1415.

Una vez asentado el principio teológico y jurídico de la posibilidad del Papa hereje, cismático o apóstata, conviene dilucidar los interrogantes que surgen ante la pérdida del Pontificado, tales como la visibilidad de la Iglesia, la jurisdicción del Papa hereje, la comunión en la fe, entre las más relevantes.

 

                     a) Jurisdicción del Papa Hereje – Cismático o Apóstata

 Hay una incompatibilidad teológica radical entre la herejía y la jurisdicción, entre la condición de hereje y la posesión de la jurisdicción pues el hereje deja de ser miembro de la Iglesia. 

Como dice Da Silveira «esa incompatibilidad es tal que normalmente no se coadunan la condición de hereje y la detención de una jurisdicción eclesiástica. Sin embargo, ella no es absoluta, o sea, no es tal que, cayendo en herejía interna, o inclusive externa, el detentador de la jurisdicción eclesiástica esté destituido del cargo «ipso facto», en todos los casos e inmediatamente. (…) por eso, no llamamos esa incompatibilidad de «absoluta», sino que hablamos tan sólo de «incompatibilidad en la raíz». La herejía corta la raíz y el fundamento de la jurisdicción, es decir, la fe y la condición de miembro de la Iglesia. Pero no elimina «ipso facto» y necesariamente la propia jurisdicción. Así como un árbol puede conservar vida todavía por algún tiempo después que se le corta la raíz, así también, en casos frecuentes, la jurisdicción perdura inclusive después de la caída en herejía de quien la poseía. Sin embargo, la jurisdicción sólo es conservada en la persona del hereje a título precario, en estado de violencia y en la medida en que lo exija una razón precisa y evidente, dictada por el bien de la Iglesia o de las almas. (…) Ya cortada en su raíz, la jurisdicción del hereje tan sólo subsiste en la medida en que es sustentada por otro». (Op.Cit. p.177-178).

En el caso del Papa hereje, concluye Da Silveira, es sustentada por Jesucristo, pues la Iglesia en cuanto considerada por contraposición al Papa, no le es superior, y por lo tanto no podría sustentar su jurisdicción.

Nosotros podemos agregar que la jurisdicción puede ser sustentada sólo para los actos que así lo requieran, en vista del bien común de la Iglesia y la salvación de los fieles, por Nuestro Señor Jesucristo (cabeza invisible de la Iglesia) durante el tiempo que sea necesario aun después de que sea manifiesta su herejía y hasta tanto no se zanje la cuestión de parte de la Iglesia. Con lo cual, el Papa seguiría siendo Papa tan sólo putativamente pero no real y verdaderamente, a causa de su herejía, cisma o apostasía públicamente manifiesta para pocos entendidos (quoad sapientes) o para todos (quoad omnibus) los que guarden la fe católica; mientras que el gran público siga pensando o creyendo otra cosa dada su incapacidad de reflexión.

En el caso de un Papa hereje, cismático o apóstata no se  trata de averiguar su genealogía sino de verificar un hecho consumado, luego parece ingenuo y pueril cuestionar su caída, por no saber exactamente el momento preciso. No se puede rechazar algo por el simple hecho de que no sepamos el momento exacto de su gestación.

La cuestión del Papa putativo la sostuvo Monseñor de Castro Mayer entre otros. Que un Papa caiga en herejía y deje de ser tal, sea «ipso facto» (Torquemada), sea cuando su herejía sea declarada por la Iglesia (Suárez, Cayetano),sea cuando su herejía se torne manifiesta (San Roberto Belarmino, Melchor Cano, Billot) o con un matiz más explícito como añade Da Silveira cuando la herejía se torne manifiesta, notoria y públicamente divulgada, perdiendo ipso facto el Pontificado; poco importa el margen que le demos, en la práctica hay un principio que no se puede negar, el Papa hereje (tarde o temprano) deja de ser miembro de la Iglesia visible por causa de su herejía, cisma o apostasía.

Puede haber un margen como en todo lo humano, pero no se puede indefinidamente prolongarlo. Así como no se puede negar el movimiento como hacía Zenón, diciendo que ningún móvil puede llegar hasta la mitad de una distancia dada, porque antes tendrá que atravesar la mitad de esta mitad, después la mitad de ésta, y así al infinito. En el caso de la delimitación de las fronteras, puede haber un margen pero llega un momento en que las zonas limítrofes de los países están claramente separadas. Lo mismo pasaría con el Papa hereje al querer preguntarse sobre el momento exacto de su herejía y de la pérdida de su Pontificado. Porque no se puede precisar exactamente el inicio de la vida o el de la muerte no por eso a nadie se le ocurriría negar la vida del ser en gestación o la muerte del cadáver.

El Papa hereje sería Papa sólo en apariencia, putativamente ante la opinión pública manipulada por los medios de comunicación modernos, que digitan lo que se debe hacer y pensar, de este modo su herejía sería manifiesta notoria y públicamente, por el mismo hecho, sin que el público en general lo perciba así, a excepción de un pequeño grupo de fieles, un pequeño rebaño o quizás unos pocos de ese pequeño rebaño fiel (los más sapientes).

La jurisdicción del Papa hereje estaría mantenida por Cristo mismo cabeza invisible de la Iglesia, para los actos concretos en los cuales el bien común de la Iglesia y la salvación de las almas así lo requieren, y esta situación podrá durar lo que dure la tribulación según la permisión divina.  Billuart habla de una jurisdicción dada por Cristo al Papa hereje en razón del bien común de la Iglesia: «Communior sententiam tenet, quod pontificí etiam manifeste haeretico Christus ex speciali dispensatione, propter bonum commune et tranquilitatem Ecclesiae, continuet jurisdictionem donec ab Ecclesia declaratur manifeste haereticus.» Cursus Theologiae, t.V, Tractus de Fide Dissert.V. art. III).

El Papa hereje sería Papa tan sólo putativamente -según la apariencia-, ocupando la Sede de Pedro en Roma como un impostor, a semejanza del pseudo profeta, quien tiene cuernos de cordero (imagen del Cristo) pero  habla como el Dragón (imagen de Satanás), con apariencia de piedad pero es realmente un impío, tal como la bestia de la tierra al servicio de la bestia del mar descrita en el Apocalipsis 13, 11.

El Caso de los ortodoxos puede servirnos de luz para comprender la jurisdicción del hereje, cismático o apóstata. Los Ortodoxos tienen jurisdicción dada por la Iglesia pues ella suple, pero no porque tengan jurisdicción, por una permisión tácita de la Sede Apostólica, vamos a decir que no son cismáticos, ni herejes. Sobre la jurisdicción de los cismáticos se puede ver el D.T.C. Schisme, col. 1309 que dice: «Siempre se podrá explicar en su envergadura práctica, por error común, et titulus coloratus y la suplencia de la Iglesia. Pero si es permitido razonar por analogía con el caso de la confirmación conferida en las iglesias ortodoxas por los simples sacerdotes, caso que parece bien suponer una delegación tácita pero positiva no retirada, seremos llevados a pensar que, por un acuerdo o un permiso tácito de la Sede Apostólica, las iglesias cismáticas de Oriente conservan una real y verdadera jurisdicción de fuero interno y de fuero externo».

Como se ve la jurisdicción tiene muchas maneras de fundamentarla, pero no se va uno a tragar la herejía, el cisma o la apostasía porque se tenga una jurisdicción, como los Ortodoxos por ejemplo, ni aún en el caso del Papa hereje, pues lo que la Iglesia hace con los cismáticos orientales, lo puede hacer muy bien Nuestro Señor Jesucristo con la jurisdicción del Papa hereje, cismático o apóstata mientras las cosas no se restablezcan como es debido; lo que si sería una locura, es tragarse la herejía, el cisma o la apostasía del Papa que cayó en alguno de esos tres errores o en los tres todos juntos y continuar ingenuamente viendo en él la Cabeza visible de la Iglesia poniendo la teología y la fe en plena contradicción. Es una contradicción teológica que el hereje, el cismático o el apóstata sea Cabeza visible de la Iglesia.

Precisiones sobre la Infalibilidad del Papa

Infalibilidad del Papa

El Papa no es infalible para cualquier cosa o para lo que le venga en gana, es infalible para cumplir su deber de Pastor Supremo de la Iglesia Universal apacentando las almas con la verdad de la fe sobrenatural. Su infalibilidad no es absoluta como la de Dios, en razón de su cargo (de su oficio), por eso es una infalibilidad ex-cathedra (desde la cátedra o sede de Pedro), que tiene sus condiciones y sus límites bien precisos.

Fuera de Dios toda otra infalibilidad es por definición participada y en consecuencia limitada.

La infalibilidad del Papa es una infalibilidad triplemente limitada: primero en razón del sujeto, porque es infalible sólo cuando habla como doctor universal y juez supremo de la Iglesia (por eso se habla de ex-cathedra); segundo en razón del objeto, porque es infalible sólo en las cosas de fe y moral; y tercero en razón al modo de enseñanza del Papa que es el de dar valor de definición a la doctrina propuesta. (Cf. D.T.C. Infaillibilité du Pape, col.1696 y La Constituzione Dommatica Pastor Aeternus del Vaticano I. Umberto Betti O.F.M. Antonianum, Roma 1961 p.628).

No hay tampoco que confundir infalibilidad con impecabilidad. «Pues la infalibilidad no se refiere directamente a la persona, sino al ejercicio del oficio de Maestro Supremo el cual es ejercido por la persona del Papa, si en cambio, la infalibilidad fuese inherente a la persona en cuanto tal, entonces el Papa sería infalible también como persona privada, porque la persona no se puede dividir, y por la misma razón sería infalible siempre y en todo; en cambio el Papa goza de +este divino privilegio solamente en el cumplimiento del oficio de supremo doctor de toda la Iglesia; la infalibilidad, en efecto no es inherente a la persona sino al oficio, y en consecuencia a la persona pública del jefe de la Iglesia». (Betti, p.235).

La infalibilidad compete al cargo u oficio y en ese sentido es personal, no en cuanto a la persona privada, sino en cuanto a la persona pública. La infalibilidad pontifical en lo referente al dogma definido por la Iglesia no puede ser llamada personal (infalibilidad personal) como atribuida al Papa considerado como persona privada, pues no es la persona privada del Papa la que es infalible, sino su persona pública (la persona ejerciendo su cargo público de Papa). (Cf. D.T.C. Infaillibilité du Pape, col. 1696).

La distinción entre persona privada y persona pública ha sido aprobada por muchos teólogos para contrarrestar la distinción galicana y por tanto herética entre Sede Roma y sedente (el Papa, la persona del Papa que lo ocupa). (Cf. Ibídem).

En consecuencia no se debe confundir infalibilidad con impecabilidad.  Que el Papa sea infalible cuando habla ex-cathedra no significa que sea impecable, es decir que no pueda pecar contra la fe, que sea inmune de error en materia de fe como persona privada, como hombre, pues el Papa como persona privada está sujeto a las debilidades y flaquezas comunes a todos los hombres y por eso aunque repugne al pío sentir de los fieles, no es una exigencia de la fe excluir que como persona privada el Papa pueda caer en herejía, pues de lo contrario sería impecable en este género de culpa. (Cf. Betti, p.630).

Lo único que exige la fe es que el Papa es infalible cuando habla ex-cathedra. Fuera de esto hay o puede haber opiniones teológicas sin que nadie pretenda darles un valor dogmático o de fe que no tienen.

Fuera del caso concreto y preciso de que un Papa hable ex-cathedra se puede sostener teológicamente que puede equivocarse en cuestiones de fe e incluso caer en la misma herejía.

¿Apocalipsis ya? Otra señal importante aparece en los cielos

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2 noviembre, 2015

[Nota del autor: En el siguiente artículo me propongo exponer una serie de hechos y observaciones sin llegar a una conclusión definitiva. Sin embargo, estos hechos y observaciones son de una naturaleza tal que se prestan a ser malinterpretados cuando se observan y se informa de ellos. Quiero dejar claro que en el presente artículo no pretendo vaticinar nada. Me limito a hacer unas observaciones sobre unos fenómenos que se avecinan, tanto por parte del cielo como de los hombres, que pueden resultar interesantes y de los que habría que estar al tanto.]
El 23 de septiembre de 2017 se verá la constelación de Virgo con el sol ascendiendo exactamente por detrás (la mujer vestida de sol). Esto tendrá lugar durante el centésimo aniversario de las apariciones de la “Mujer vestida de sol,” Nuestra Señora de Fátima en 1917. ¿Qué significa esto?
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La gran señal en el cielo

Si el Señor nos diera una señal, ¿seríamos capaces de reconocerla? Y si Él, como ya ha hecho en otras ocasiones, nos pusiera una gran señal en el cielo, un presagio de grandes y terribles sucesos, ¿nos daríamos cuenta? ¿Estamos tan ocupados como muchos que nos han precedido, que ni nos molestamos en mirar hacia arriba? Si el Señor nos enviara esa señal hoy mismo, ¿la veríamos? Y si llegásemos a verla, ¿nos importaría o la desecharíamos como una tonta superstición?

¿Qué pasaría si les dijera que se aproxima un portentoso suceso astronómico que en cuanto a precisión, contexto y momento se asemeja a la señal descrita en el Apocalipsis? ¿Levantarían la mirada?

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Así debería haber hablado el Sínodo. Encíclica Casti Connubii de Pio XI sobre el matrimonio cristiano

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28 octubre, 2015

CARTA ENCÍCLICA CASTI CONNUBII DEL PAPA PÍO XI

SOBRE EL MATRIMONIO CRISTIANO

1. Cuán grande sea la dignidad del casto matrimonio, principalmente puede colegirse, Venerables Hermanos, de que habiendo Cristo, Señor nuestro e Hijo del Eterno Padre, tomado la carne del hombre caído, no solamente quiso incluir de un modo peculiar este principio y fundamento de la sociedad doméstica y hasta del humano consorcio en aquel su amantísimo designio de redimir, como lo hizo, a nuestro linaje, sino que también lo elevó a verdadero y gran [1] sacramento de la Nueva Ley, restituyéndolo antes a la primitiva pureza de la divina institución y encomendando toda su disciplina y cuidado a su Esposa la Iglesia.

Para que de tal renovación del matrimonio se recojan los frutos anhelados, en todos los lugares del mundo y en todos los tiempos, es necesario primeramente iluminar las inteligencias de los hombres con la genuina doctrina de Cristo sobre el matrimonio; es necesario, además, que los cónyuges cristianos, robustecidas sus flacas voluntades con la gracia interior de Dios, se conduzcan en todos sus pensamientos y en todas sus obras en consonancia con la purísima ley de Cristo, a fin de obtener para sí y para sus familias la verdadera paz y felicidad.

2. Ocurre, sin embargo, que no solamente Nos, observando con paternales miradas el mundo entero desde esta como apostólica atalaya, sino también vosotros, Venerables Hermanos, contempláis y sentidamente os condoléis con Nos de que muchos hombres, dando al olvido la divina obra de dicha restauración, o desconocen por completo la santidad excelsa del matrimonio cristiano, o la niegan descaradamente, o la conculcan, apoyándose en falsos principios de una nueva y perversísima moralidad. Contra estos perniciosos errores y depravadas costumbres, que ya han comenzado a cundir entre los fieles, haciendo esfuerzos solapados por introducirse más profundamente, creemos que es Nuestro deber, en razón de Nuestro oficio de Vicario de Cristo en la tierra y de supremo Pastor y Maestro, levantar la voz, a fin de alejar de los emponzoñados pastos y, en cuanto está de Nuestra parte, conservar inmunes a las ovejas que nos han sido encomendadas. Sigue leyendo

Cuidado con no tragarse el sapo del Sínodo (republicado y actualizado)

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25 octubre, 2015

[25/10/2015] Republico este artículo, con fecha original mayo 2015, por su rabiosa actualidad sobre la relatio final del Sínodo, que NO resultados, porque el desenlace final será el que el papa quiera que sea, por cuanto el Sínodo no tiene poder alguno decisorio.

Me gustaría añadir que la cuestión de la comunión a los divorciados la considero un mero fuego artificial, por cuanto el asunto ya fue resuelto previamente por el papa introduciendo el “divorcio católico”, con el cual ya no tendremos más divorciados porque la excepción será el que no consiga anulación, así que sin divorciados no hay problemas de comunión a los mismos…asunto resuelto. Y este sapo sí que se lo  han tragado casi todos. Estamos pendientes del mosquito cuando ya nos han colado al camello en nuestra casa. Desde diciembre que entre en vigor nuestros sacerdotes empezarán a “casar” a adúlteros por miles, con falsas “anulaciones” a los ojos de Dios. ¿Su conciencia se lo permitirá?, ¿no harán nada?, ¿van a contribuir a la falsificación del sacramento dando cobertura en sus iglesias y parroquias a esto?

Conseguido con carácter previo el objetivo de la destrucción del matrimonio con las nulidades express, parece que ahora andamos encaminados hacia la derivación doctrinal a las conferencias episcopales como paso último de la democratización e inculturación eclesial. Este fragmento en el discurso de clausura del Papa me resulta sencillamente aterrador, resulta que las gravísimas discusiones doctrinales del Sínodo no son más que diferencias culturales que se resuelven con la inculturación.  Atención: “Y –más allá de las cuestiones dogmáticas claramente definidas por el Magisterio de la Iglesia [nota del autor: parece por lo que sigue que todo el tema de la comunión y los divorciados deben estar excluidas de estas cuestiones dogmáticas y es un mero problema de inculturación]hemos visto también que lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo, para el obispo de otro continente; lo que se considera violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra; lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede parecer simplemente confusión. En realidad, las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado”. En definitiva: café para todos.

Me resulta realmente patético ver los titulares de la prensa neocatólica trabajando a revientacaldera para vendernos las excelencias del documento sinodal final. Algo previsible por otra parte, como ya anticipaba en mayo.

Miguel Ángel Yáñez

 
 

Publicado originalmente el 16/5/2015

Se han vertido ríos de tinta sobre lo que pasará en el próximo Sínodo de la familia. Aprecio que por ambos lados hay una suma expectación sobre si se autorizará, o no, la comunión a los divorciados vueltos a casar –adúlteros y pecadores públicos-. Parecería como si de sus documentos no saliera una aprobación explícita sería un “triunfo de Cristo”.

¡Muuucho cuidado! Observemos detenidamente el pasado para aprender la metodología empleada y no vernos desarmados a la primera de cambio. En los últimos cincuenta años se han ido implementando prácticas y doctrinas “extrañas” -por decirlo elegantemente- por una vía de hechos consumados, más que por la explicitación doctrinal clara y sistemátizada. Se ha jugado con introducir términos ambiguos explotables a posteriori, lo que Michael Davies llamaba “bombas de tiempo”. Así viene operando el modernismo desde el Concilio hasta nuestros días con notable éxito.

El modernista,  como recordaba San Pío X en Pascendi, odia definir de forma clara su pensamiento, no tiene miedo alguno a herir el principio de no contradicción, y lo difumina a base de pinceladas por aquí y por allá, para parecer dubitativo y evitar así las condenas o reacciones. Un trazo tradicional por este lado, un toque modernista por el otro. Los más tradicionales que se queden con la pincelada que les gusta, mientras ellos se quedan con el pincel operando a su gusto ante la sonrisa complaciente de sus “opositores”.

El que espere en el próximo Sínodo una declaración formal y fundamentada aprobando el sacrilegio de la comunión, se puede quedar sentado esperando. Lo que quiera que planeen hacer vendrá siempre a posteriori vía excepciones, comisiones de estudios, delegaciones a las conferencias episcopales…etc., eso sí, todo adornado de doctrina tradicional para que los posibles opositores puedan aplaudir a rabiar, condenar a los que lo señalen, y lubricar bien sus gargantas para tragarse el repugnante sapo, cocinado y dorado a fuego lento durante los últimos cincuenta años.

Algunos, de tanto ingerir tan indigesto anfibio han terminado por cogerle el gusto. Yo no pienso probarlo.

Miguel Ángel Yáñez

Tomado de:

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El pontificado fallido de Francisco, en busca de otro camino para la Iglesia. ¡Ayúdanos papa Pacelli!

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24 octubre, 2015

Publicamos, con mucho orgullo, este artículo de un clérigo muy sabio, bien informado e influyente que escribe bajo el nombre de don Pio Pace.

He visitado estos últimos días la tumba de Pío XII en la cripta de la Basílica del Vaticano. Mis pensamientos con frecuencia se remontan a Pío XII, aquel gran Papa moralista, en este mes de octubre de 2015, en el que se celebra el Sínodo de la Familia y durante el cual hemos hablado solamente de parejas adúlteras y parejas homosexuales, y durante el cual la doctrina de fide et moribus se ha sometido a debate, como si la Iglesia no la hubiera ya definido.

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¿Triunfará la alternativa liberal? Parece lejos de ser una certeza. La postura en favor de la doctrina conservadora ha sido numerosa e importante: una petición con más de 800,000 firmas; un libro firmado por 11 cardenales, el cual continúa la secuela de los del año pasado firmados por 5 cardenales; otros que recopilan las intervenciones de 11 cardenales y obispos africanos; además de las reuniones y comisiones, tales como la que tomó lugar en el Angelicum, en Roma, el 30 de septiembre, presidida por el cardenal Caffarra, arzobispo de Boloña y el cardenal Burke, patrono de la Orden de Malta. Habría también que añadir la carta, redactada durante el Sínodo, de los 13 cardenales retando respetuosamente, pero con firmeza, la manera en la cual la asamblea estaba siendo guiada. También tenemos la magnífica y unánime resistencia de los obispos de Polonia.

¿Podemos, entonces, inferir una reafirmación de la doctrina del Evangelio? Está ya malherida, tal y como lo predije en 2014 (véase el artículo anterior). Un cierto número de canonistas (el cardenal Coccopalmerio, monseñor Pinto, deán de la Rota Romana, monseñor Maurice Monier, auditor), han producido un texto que, de hecho, amplía con mucho las posibilidades de una declaración de nulidad matrimonial a todos aquellos matrimonios que «han fracasado». Existirá entonces y desde ese momento un tipo de divorcio, tal y como en la Iglesia ortodoxa.

No arriesgaríamos mucho afirmando que la asamblea acabará más o menos de la misma manera que la última si comparamos el grado de desacuerdo entre los Padres (1/3 a 2/3 el año pasado, ¿2/3 a 1/3 este año?).  No es imposible que el Papa, como ya lo ha indicado, abra un nuevo debate acerca del poder de las conferencias episcopales y lance un nuevo «Sínodo de la Sinodalidad»… una excavadora de túneles. De cualquier forma, ha surgido una defensa de la doctrina tradicional, lo cual se puede entender como un cuestionamiento del papa Francisco. «Si tuviésemos cónclave en este momento, Francisco tendría suerte de conseguir diez votos», le dijo un amigo mío de la Curia al New Yorker. Sin duda, intentará retomar el control de la famosa reforma de la Curia, en otras palabras, con nombramientos asombrosos a nuevos dicasterios. Más lo que se está perfilando es el fracaso del pontificado.

Tras el fracaso del pontificado de la «restauración» de Benedicto XVI, que terminó en una renuncia, ¿nos encaminamos ahora al fracaso del pontificado de la «apertura» de Francisco? La Iglesia posconciliar parece ser intrínsecamente ingobernable.

De aquí se desprenden mis insistentes reflexiones en torno a Pío XII. No soy un ingenuo, por supuesto, un retorno a la Iglesia del papa Pacelli es imposible; mas, reflexionar en una reforma enunciada en términos de ese pontificado angelical es posible una vez más. Creo sinceramente que el siguiente tema se arraigará en la mente de la Iglesia: 1965/2015, a 50 años de posconcilio nos encontramos en un impasse. Es necesario encontrar una solución.

Padre Pio Pace

[Traducido por  Enrique Treviño. Articulo Original]

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La Virgen y los errores de Rusia

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13 octubre, 2015

La intervención de Dios en la historia humana es su respuesta definitiva a la rebelión de los hombres y de las naciones contra la revelación y el imperio de Nuestro Señor Jesucristo, la rebelión contra el Dios Verdadero, es el  Misterio de la Iniquidad, que como lo afirma San Pablo ya está en acción.[1]

Misterio de Iniquidad que es el principio de la Ciudad del Hombre, que lucha con la Ciudad de Dios desde el comienzo; es la raíz de todas las herejías y el fuego de todas las persecuciones; «es la quietud incestuosa de la criatura asentada sobre su diferencia específica»; es la continua rebelión del intelecto pecador contra su principio y su fin, eco multiplicado en las edades del «no serviré» de Satanás.[2]

La rebelión contra Dios se manifestó durante la era apostólica bajo la forma de gnosticismo, reapareciendo durante la Edad Media como la herejía del dualismo gnóstico de los albigenses y por último irrumpiendo a principios de la Edad Moderna como la filosofía atea de la iluminación del siglo XVI.

Así, dos manifestaciones sobrenaturales importantes se produjeron cuando más tenía necesidad el mundo de ellas, y lamentablemente cuando menos atención se les prestó. Sigue leyendo

San Pío X y la política

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6 octubre, 2015

Según el prejuicio católico liberal la Iglesia no debe hacer política, o sea no debe ocuparse de cuestiones que tienen que ver con la familia y el Estado (sociedad perfecta e imperfecta en el orden natural o temporal), sino que debe permanecer confinada (por su materia, que es puramente espiritual) en la esfera privada e individual. Ahora San Pío X, el Papa de la afirmación explícita e intergral de la verdad, ha elegido como su divisa, y la ha aplicado en el curso de todo su pontificado, el lema “Instaurare omnia in Christo / Restaurar todo en Cristo”.

“Todo” en Cristo

Todo, vale decir que no sólo el individuo, sino también la familia y la ciudad o polis. De hecho el hombre es un animal social (Aristóteles) y fue hecho para vivir en una familia, que uniéndose a otras familias forma una ciudad o una aldea y más aldeas puestas juntas forman el Estado. Sin el Estado, entonces, el hombre sería un animal salvaje y le faltaría uno de los elementos constitutivos de su naturaleza de animal racional y libre que es la sociabilidad.

La Iglesia y el Papa deben hacer política porque se ocupan del hombre y lo deben elevar al orden sobrenatural a fin de que se salve el alma no por sí solo, no siendo él un “animal salvaje y silvestre”, sino junto a su familia y a la ciudad de la cual forma parte. De hecho no sólo el individuo debe ayudar a aquellos que le son cercanos a salvarse, sino que del orden o del desorden que reinan en la familia y en el Estado depende la mayor o menor facilidad para el individuo de santificarse y salvarse: “De la forma dada a la Sociedad, a según que esté de acuerdo o no con las Leyes divinas, depende el bien o el mal de las almas. Ante esta consideración y previsión, ¿cómo podría ser lícito para la Iglesia […] permanecer espectadora indiferente frente a los peligros a los cuales van al encuentro sus hijos, permanecer en silencio o fingir no ver situaciones que […] hacen que sea difícil o prácticamente imposible, una conducta de vida cristiana?”
(Pío XII, Radiomensaje La solemnidad, Pentecostés 1941)[1]. Sigue leyendo

SAN PÍO V

  Haga cada cual la oferta conforme lo ha resuelto en su corazón, no de mala gana, o como por fuerza; porque Dios ama al que da con alegría. (2 Corintios, 9, 7).

Haga cada cual la oferta conforme lo ha resuelto en su corazón, no de mala gana, o como por fuerza; porque Dios ama al que da con alegría. (2 Corintios, 9, 7).

Antonio Ghislieri nace el 17 de enero de 1504 en Alessandría (Italia), Hijo de Pablo Ghislieri y Dominica Augeria. En 1521, a sus diecisiete años, profesa en la Orden de Predicadores, en Vigevano, tomando el nombre de Miguel. Realiza su “currículum” filosófico – teológico en Bolonia. Posteriormente cumple el ministerio de Lector de Filosofía y de Teología en Pavía.

A los cuarenta y siete años, en 1551 es llamado a Romas por Julio III y designado Comisario General del Santo Oficio, donde trabaja por la difusión y la pureza de la fe. Pablo IV le nombra obispo de Sutri y Nepi en 1556, y cardenal en 1557. El mismo Pablo IV, en 1560, le traslada a Mondovi (Piamonte), diócesis que se encuentra en lamentable estado, donde se empeña por acercarla al Evangelio de Jesucristo.

Descubierto por San Carlos Borromeo, el cardenal fray Miguel Ghislieri es elegido Papa en 1566 a los sesenta y dos años de edad. No es un príncipe, sino un asceta el que la Orden de Santo Domingo presta al papado de Roma. Pío V – así se llamará- lleva el estilo de la Orden a la Curia Romana. El nuevo Papa ofrece a la Iglesia el Breviario y Misal Romanos para que alimente su oración: también se esfuerza por confirmar a toda la Iglesia en la misma fe. Así publica el “Catecismo” del Concilio de Trento, llamado “Catecismo Romano”

Su corazón se inquieta frente a las nuevas situaciones pastorales. Por una parte, mundos recientemente descubiertos que es necesario evangelizar; y por otra, países protestantes que comienzan a nacer. A fin de abordar tales problemas crea dos congregaciones cardenalicias que serán base de la posterior Sagrada Congregación “De Propaganda Fide” (creada en 1622). Proclama a Tomás de Aquino “Doctor de la Iglesia” e impulsa la “Opera Omnia” conocida como “Piana”.

Se esfuerza por hacer coincidir la sociedad terrena con el Reino de Dios. Ve destrucción y muerte sobre Europa con la inminente invasión de los otomanos. Por eso, propicia entre los príncipes la liga de España y Venecia para detenerlos. Se alcanza la victoria en Lepanto el día 7 de octubre de 1571, mientras el Papa se encuentra en oración a María, la Madre de Dios, en su devoción al rosario; por ello instituye para este día la fiesta con el título de Nuestra Señora de la Victoria que en 1573 se denominará “del Rosario”.

San Pio V murió santamente en Roma el 1 de mayo de 1572, a sus sesenta y ocho años y siete de papado. Beatificado por Clemente X, fue canonizado por Clemente XI el 22 de mayo de 1721. Su cuerpo se venera en la capilla del Santísimo Sacramento de la basílica romana de Santa María la Mayor.

Semblanza espiritual

Ejemplo de pobreza, humildad e inagotable actividad, es elegido dos veces prior por los hermanos de su Orden. Todo lo edifica sobre la oración. Siendo Papa Pio V  visita a pie las iglesias de Roma. Su vida testifica la palabra del apóstol Pablo: “¿No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en Vosotros?”

En cuanto conductor del Pueblo de Dios, vibra con las vicisitudes de los pobres, siente cariño por los cristianos de Roma, que si en un principio fueron muy entusiastas con él, después lo apreciarán como a un padre. En Roma reformó las costumbres del clero y del laicado.

Desde el momento en que es elegido Papa, conservará el espíritu y el hábito dominicano dedicándose con total decisión a poner en práctica, con el ejemplo de su vida, todas las consignas del Concilio de Trento para la reforma de la Iglesia y el bien de las almas. Estimuló la formación teológica de los clérigos en los seminarios a los que, entre otras medidas, propone la introducción de la enseñanza de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino.

Tomado de:

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Huid… como de la Ponzoña de la Víbora

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“Huid de los razonamientos y coloquios de los herejes, como de la ponzoña de la víbora, y no tengáis que ver con aquellos que con el nombre de cristianos hacen guerra a la Fe de Cristo

Papa San León Magno, De Pasione Domini

Tomado de:

http://lapuertaangosta.blogspot.mx/

VISIÓN JUDÍA DE LA “CANONIZACIÓN” DOBLE HECHA POR BERGOGLIO

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Doble canonización es una victoria histórica para el pueblo judío

Nunca ha cambiado una religión tan exhaustivamente su actitud frente a lo que antes era visto como su peor enemigo como la Iglesia Católica Romana hizo bajo los papas Juan XXIII y Juan Pablo II.

Por Anshel Pfeffer | 27 de abril 2014 | 16:26 |

El negocio de la fabricación de nuevos santos pasando hoy en día en Roma es un misterio para los no católicos, incluso risible para los ateos. La canonización de Angello Giuseppe Roncalli y Karol Jozef Woytyla, más conocido como los papas Juan XXIII y Juan Pablo II, con todo su proceso de asistente de descubrir los milagros de hoy en día, reconociendo su elevada posición en el cielo y la posterior veneración, representa para muchos de nosotros mucho de lo que es falso y artificial de la religión moderna. Incluso muchos católicos tienden a ver esto desde una perspectiva cínica; experimentados Vaticano-observadores observando cómo el Papa Francis ha retirado de un “acto de equilibrio” astuto canonizar de una sola vez un Papa liberal (J23) con un conservador (JP2). Y ahí están los críticos que acusan al nuevo papa de perder demasiado tiempo en el boato celestial en lugar de hacer frente a los problemas muy reales que aún enfrenta una iglesia que lucha para aclimatarse al siglo 21.

Todas estas observaciones son válidas, pero esencialmente sin sentido. La creación de mitos de la santidad y la santidad es lo que hacen las religiones establecidas y la Iglesia Católica Romana, que incluso en su estado disminuido sigue siendo el más grande y más influyente de la suerte con todo el bagaje histórico que lleva, es una urgente necesidad de nuevos santos. Juan Pablo II fue uno de un pequeño grupo de personas que influyó en las últimas décadas del siglo pasado y el fin de la Guerra Fría; Francis tiene el potencial de tener un efecto similar en el siguiente período de la historia. Más de medio millón de personas se reunieron esta mañana en la Plaza de San Pedro para escuchar Francis proclaman “declaramos y definimos el beato Juan XXIII y Juan Pablo II a ser santos y les inscriben entre los santos, decretando que van a ser venerados como tales por toda la iglesia “. Incontables millones de personas estaban viendo en directo por televisión en todo el mundo. Incluso si eso significa nada para ti y para mí, sigue significando algo a un montón de gente.

Y si bien no fue programado específicamente para coincidir con la víspera de Iom Ha Shoá, Día del Holocausto de Israel, tiene una resonancia histórica particular para Judios en todas partes, ya que no hay dos hombres que hicieran más que Roncalli y Wojtyla para revertir todos esos siglos de enemistad a menudo asesina de la iglesia hacia el pueblo judío. Sigue leyendo

El Verdadero Tercer Secreto de Fátima

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Por Alberto Villasana

El título de este artículo puede causar asombro, ya que la mayoría conoce y da por auténtica la versión oficial, publicada por el Cardenal Angelo Sodano en junio del año 2000, en la que supuestamente se dio a conocer la revelación hecha por la Santísima Virgen María a los tres pastorcitos de Fátima, Portugal, en 1917. También se acepta que la “Hermana Lucía” validó ese texto al año siguiente y falleció en 2005.

Sin embargo, existen suficientes pruebas de que la verdadera Hermana Lucía murió realmente el 31 de Mayo de 1949, fiesta de María Reina, y de que la fallecida en 2005 fue en realidad una impostora. También hay certeza de que existe una parte del Tercer Secreto que aún no se ha querido publicar oficialmente, si bien se ha dado a conocer ya de forma extraoficial y ofrecemos aquí una reflexión respecto a ella.

Lucía Dos Santos ingresó al Carmelo de Santa Teresa de Coimbra en 1948, treinta y un años después de las apariciones de la Santísima Virgen en Fátima, teniendo 41 años de edad. Anteriormente, había sido religiosa de las Hermanas Doroteas, en Pontevedra, España, en donde ingresó en 1925, a los 15 años de edad, y profesó en octubre de 1928.

Desde que estuvo con las Hermanas Doroteas tenía una salud muy precaria, motivo por el que, en 1944, Mons. Da Silva le ordenó escribir el Tercer Secreto de Fátima, temiendo que con su muerte se perdieran las revelaciones de Nuestra Señora.

Después de ingresar al Carmelo de Porto, en Portugal, la salud de la Hermana Lucía continuó agravándose, y murió el 31 de mayo de 1949, al año y dos meses de haber ingresado.

Cuando, 65 años después, murió la impostora “Lucía”, el 13 de febrero de 2005, en el listado oficial de monjas fallecidas de los Carmelitas Descalzos pusieron a la Hermana “Lucía Dos Santos” en la casilla 265. Pero, por más de un año, apareció allí la fecha real de su fallecimiento, 31 de mayo de 1949, sin que nadie se diera cuenta. Hoy día aparece ya corregido (ver “Moniales Defunctae” de la Orden: (http://www.ocd.pcn.net/defunti/n_def9.htm).

Con todo, nótese que aún hoy aparece como fecha de su profesión el 3 de octubre de 1928, lo cual simplemente no pudo haber ocurrido, ya que Lucía entró a la Orden Carmelita hasta 1948.

¿Porqué el obituario no reproduce el 31 de mayo de 1949 como la fecha de su profesión, como por mucho tiempo se manejó en las biografías oficiales? Por varias razones: la primera, porque la Regla carmelita establece que la profesión se hace hasta después de dos años de noviciado, mismos que Lucía no había cumplido y, la segunda, porque ese fue el día en que ella murió.

El error, que por más de un año se mantuvo en el sitio de la Orden, llevó a que un lector preguntara ese extraño dato a los editores de Tradition in Action: (Ver tercera conversación titulada “Death Notice in Carmel Archives“:

http://www.traditioninaction.org/Questions/E016_SrLucyRepercussions.htm

Traducción al español:

Pregunta:

  “No estoy a favor de las teorías de conspiración, pero a las bizarras fotos de la Hna. Lucía a las que se refiere Ms. Hovart añádase otro asunto bizarro: al mirar al sitio web de los Hermanos Carmelitas y ver los obituarios de monjas de 2005, dice que Sor Lucía murió el 31 de mayo de 1949. Esta lista ha estado allí por al menos un año sin que nadie la corrija, quizá ustedes me puedan explicar el porqué. Nuevamente: no creo en las teorías de la conspiración, pero las fotos son raras y esta fecha de fallecimiento me parece muy extraña. Solo quería hacer notar eso”.

Respuesta de los Editores:

  “El cuadro 265 enlista correctamente la fecha de nacimiento y de profesión: nació el 22 de marzo de 1907 en Fátima, e hizo sus primeros votos como Hermana Dorotea el 3 de octubre de 1928. Pero es difícil entender por qué el sitio oficial de documentos puso como la fecha de su fallecimiento el 31 de mayo de 1949. Tal vez porque ella realmente murió en aquella fecha, y otra persona, que falleció en 2005, haya tomado su lugar”.

  Tan es cierta esa posterior corrección, que en el documento digitalizado aparece aún, en las fuentes originales, la fecha del 31 de mayo de 1949, como se puede observar en la parte baja derecha:

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¿PÍO XII SANTO?

AÚN NO

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Bergoglio ha dicho que el Papa Pío XII no es santo porque no existen milagros en su causa. «Debemos mirar a la causa en su realidad -explicó Bergoglio- y esto es: no existen los milagros, así que no puedo seguir adelante.» Lo ha dicho quien “canonizó” a Juan XXIII sin el milagro requerido, lo larga a su vuelta de Israel… sus amos sionistas le habrán pedido que diga esto. ¡Hipócrita y farsante!

Cuaderno de Bitácora

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BEATIFICAZIONE PIO XII FERMA PERCHE’ NON C’E’ MIRACOLO
La causa di beatificazione di Pio XII “è aperta, io mi sono informato, ma ancora non c’è nessun miracolo. Se non ci sono miracoli non possiamo andare avanti”. “Dobbiamo guardare alla causa nella sua realtà – ha spiegato Bergoglio – ed è questa: non ci sono miracoli, quindi non può andare avanti”.

Pope Francis

Fuente: http://www.ansa.it/sito/notizie/speciali/2014/05/27/il-papa-ratzinger-aperto-via-papi-emeriti-non-sara-unico-_a4e07012-f34f-4a84-b004-9faa283f4882.html

Tomado de:

http://eccechristianus.wordpress.com/

La mentira del ecumenismo

 

Introducción

Nadie que tenga vista y buena voluntad puede negar el hecho patente que el periodo que sigue a la celebración del Concilio Vaticano II es de una total debacle y crisis dentro de la Iglesia Católica. Una de las novedades más perniciosas introducidas en la Iglesia tras el Concilio fue el nuevo enfoque que se dio al Ecumenismo.

Cuando se habla de ecumenismo, lo primero que se encuentra actualmente es algo así

Cuando se habla de ecumenismo, lo primero que se encuentra actualmente es algo así

El movimiento ecuménico se había originado dentro de las sectas protestantes hacia 1920. Ya desde entonces la Iglesia había enseñado que la única forma de alcanzar la unidad con las sectas protestantes era la vuelta de estos al seno de la única y verdadera Iglesia, la fundada por Cristo y encomendada a sus apóstoles. Así se enseñaba y así fue una y otra vez proclamado por los Papas. En la encíclica Mortalium Animos, Pío XI declaraba con rotundidad su oposición a que la Iglesia Católica se involucrara ni siquiera de lejos en este movimiento de origen protestante que, mediante la manipulación y mal interpretación de algunos pasajes evangélicos, pretendía conseguir la unidad con las demás iglesias utilizando el diálogo con el fin de dirimir las diferencias que las separaban.

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El Papa Pío XI sentenció que la manía ecuménica es contraria a la Fe Católica,

y reiteró que la única unidad aceptable

ES LA CONVERSIÓN DE LOS HEREJES Y CISMÁTICOS A LA FE CATÓLICA

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ACTUALIDAD DE FÁTIMA

SEGÚN MALACHI MARTIN

Malachi Martin

 

–Fragmento de la última entrevista que se le hizo a Malachi Martin antes de su muerte, en la emisión radial The Art Bell Show, el 13 de julio de 1998. Versión original en inglés, y traducción al italiano, aquí.

[Luego de excusarse Martin de dar detalles acerca del llamado «Tercer Secreto de Fátima», leído por él en febrero de 1960 bajo juramento de no revelarlo, el entrevistador -en adelante, A.B.– le lee una transcripción de aquel que él tiene por el presunto “Tercer Secreto”, según le fuera transmitido. Y dice:]

A.B.: «Una gran plaga golpeará a toda la humanidad. No habrá orden en ninguna parte del mundo. Satanás controlará incluso los cargos más elevados del mundo, de modo que determinará la marcha de las cosas. Tendrá éxito en seducir los espíritus de los grandes científicos que inventan las armas, con las cuales será posible destruir una gran parte de la humanidad en pocos minutos. Satanás gozará de su poder. Los poderosos que mandan a las personas las espolearán para que produzcan enorme cantidad de armas. Dios castigará a los hombres más duramente que con el Diluvio. Será el tiempo de todos los tiempos y el fin de todos los fines. El grande y el poderoso morirán con el pequeño y el débil. También para la Iglesia será el tiempo de la mayor de sus pruebas. Los cardenales se opondrán a los cardenales. Los obispos se opondrán a los obispos. Satanás andará entre ellos. Y en Roma se verificarán cambios. La Iglesia se oscurecerá y el mundo será sacudido por el terror [Y narra diversas catástrofes telúricas, con océanos desbordados y víctimas mortales a granel]». Y bien, padre Martin…

M.M.: ¿Sí, Art?

A.B.:  ¿Ningún comentario?

M.M.: Te he escuchado, y supongo que la respuesta moderada que debería darte consta de dos partes, o bien, de dos declaraciones. No es éste el texto que me ha sido dado a leer en 1960. Hay algunos elementos que sí corresponden al texto.

A.B.: Por lo que, en otras palabras… (estoy tratando de proceder de la manera más cauta posible), en otras palabras, usted está sugiriendo que esto no es precisamente lo que había leído, pero hay algunos elementos en aquello que ha escuchado recién…

M.M.: Sí, hay algunos elementos que pertenecen al Tercer Secreto. Ésta es quizás la respuesta más moderada que puedo ofrecer.

A.B.: Está bien, está bien, no le pediré que me diga más. Pero reteniendo aquello que he apenas leído, ¿Podría considerar que el Tercer Secreto sea tan traumático como lo sugiere cuanto leí, o aun más?

M.M.: Aun más.

A.B.: ¿Aun más?

M.M.: Sí, más. Mucho más. El… sin… de nuevo… ¿Sabes, Art? Procediendo muy cautamente, el elemento central del Tercer Secreto es terrible. Y no está en ese texto.

A.B.: ¿No está en el texto?

M.M.: No está, gracias a Dios.

A.B.: Ahora, yo imagino que debería preguntarle lo siguiente: comprendo que usted hizo un voto, pero ¿No ha considerado que el shock que se requiere para cambiar las cosas -aunque sea esto muy serio-  pueda obligar a revelarlo?

M.M.: Estoy plenamente de acuerdo con tu última frase. Tendría que ser revelado, pero esto es muy difícil, Art. Yo soy un hombre pequeñísimo. No tengo ninguna autoridad pública para hacerlo. No sé si ésa sería la voluntad de Dios. Y dado que tendría efectos terribles no sólo sobre los cristianos, sino sobre muchos otros, no puedo tomar esta decisión. ¿Entiendes lo que estoy tratando de decir?

Ntra. Sra. de Fátima

A.B.: Padre, ¿Cómo le ha sido mostrado el Tercer Secreto?

M.M.: El cardenal que me lo mostró estaba presente en el encuentro mantenido con Juan XXIII en aquel año de 1960, para hacer conocer a un cierto número de cardenales y prelados lo que él  entendía hacer con el  Secreto. Pero Juan XXIII, el papa Juan XXIII, que era el Papa en 1960, no creía que el Secreto debiera publicarse. En aquel tiempo hubiera comprometido sus negociaciones en curso con Nikita Kruschev, el líder de todos los rusos. Tenía también otro punto de vista distinto respecto a la vida, y lo repitió, muy concisamente e incluso con desprecio, en la apertura del Concilio Vaticano, en la mitad de su discurso del 11 de octubre de 1962 en San Pedro a los obispos reunidos, convocados para el Concilio Vaticano, y a los visitadores (la enorme basílica estaba repleta): escarneció con arrogancia, y se opuso a aquellos que llamaba “profetas de desventura”. Y ninguno fue disuadido de que estaba hablando de los tres profetas de Fátima.

[…]

A.B.: Padre, ¿Qué peso les otorga a todas las revelaciones de Fátima?

M.M.: Considero que son el evento-clave que explica la fortuna (siempre mayor) de la organización del Catolicismo Romano, y el evento determinante del futuro próximo de la Iglesia (del próximo milenio, el tercer milenio). Es el evento determinante. Y héte aquí por qué los hombres fuertes (y con hombres fuertes quiero decir… sabes, Art, cuando hablamos de hombres fuertes, lo asombroso en relación a esta habilidad política es que sean personas, personas que practican el arte de la política, como Casaroli, apenas muerto, o el papa Juan Pablo II; son aquellos que las personas notan como grandes figuras de la historia, como Napoleón, Hitler, Stalin. ¡Desean tener un poder indestructible! Y pueden oponerse al compacto deseo de millones de personas y alcanzan a imponer el propio punto de vista (siquiera sólo hasta un cierto punto, hasta que caen, hasta que fracasan). De la misma manera, en Roma hay personas que tienen fuertes voluntades. Viven toda su vida utilizando la propia habilidad política. Se ocupan de macro-gobierno. No es sólo una religión: es un destino. Ellos están allá, entre los grandes.

A.B.: ¿Cuál es el rol de la Iglesia en relación con aquello que muchos indican como el próximo gobierno mundial, un único control mundial?

Malachi  Martin (1921-1999)

Malachi Martin (1921-1999)

M.M.: Tengo dos respuestas, Art, brevísimas. Una es la que ha sido ya elegida al fin de este milenio de parte de los líderes, de los manager, de los prelados, del papado; y la segunda es aquella que, a veces, pensamos será la respuesta de Dios. La respuesta en este momento es ésta (desde Juan XXIII a Paulo VI, y ahora a Juan Pablo II): déjennos cooperar. Como dijo Paulo VI en su famoso discurso de diciembre de 1965: «déjennos cooperar con el hombre para construir su hábitat». Y Juan Pablo II era un ardiente impulsor de la tendencia hacia un gobierno mundial por razones geopolíticas. Él quiso introducir su tipo de Cristiandad, su estilo de catolicismo, pero está ciertamente a favor de un gobierno mundial. Cuando se dirigió a las Naciones Unidas, en su extensa carta, éste fue su saludo: «yo, Juan, obispo de Roma y miembro de la humanidad». Es cierto, ya no estaban más, digamos, Pío IX o Pío X, el cual, al inicio de este siglo, hubiera dicho: «yo soy el Vicario de Jesucristo. Si no escucháis mi voz, os condenaréis para siempre. No participaremos en ningún proyecto gubernativo, en ningún plan político que no reconozca el Reinado de Cristo». Esto es aquello que está completamente ausente. Ahora hay una política de cooperación para la Constitución de la Unión Europea, con las Naciones Unidas y el Vaticano […]

A.B.: Quiero leer de prisa aún otras cosas, padre. Una, de un amigo australiano, que dice: «Hace algunos años, en Perth, un cura jesuita me ha dicho algo más sobre el Tercer Secreto de Fátima. Ha dicho, entre otra cosas, que el último Papa estaría bajo el control de Satanás. El papa Juan se desmayó, pensando que pudiese ser él. Nos han interrumpido antes de que pudiésemos escuchar el resto». ¿Tiene algún comentario?

M.M.: Sí. Parece que estuviese leyendo o que le hubiera sido revelado el texto del Tercer Secreto.

A.B.: ¡Oh, Dios mío!

Tomado de:

http://in-exspectatione.blogspot.com.ar/

Los gestos dicen mucho

Ante la tumba de Juan Pablo II, de rodillas.

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Francisco ora ante la tumba de Juan Pablo II en el Vaticano, el martes 2 de abril de 2013. Este martes se cumplen ocho años de la muerte de Juan Pablo II. Foto: L’Osservatore Romano / AP

Ante la tumba de Juan Pablo II, de rodillas.

CIUDAD DEL VATICANO, abr. 2, 2013.- Francisco visitó este martes la tumba de Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro del Vaticano, con ocasión del octavo aniversario de su muerte, informó la Santa Sede en un comunicado.

CIUDAD DEL VATICANO, abr. 2, 2013.- Francisco visitó este martes la tumba de Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro del Vaticano, con ocasión del octavo aniversario de su muerte, informó la Santa Sede en un comunicado.

Ante la tumba de Juan XXIII, de rodillas.

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Francisco ora ante la tumba de Juan XXIII. 3 de Junio de 2013.

Ante la tumba de Juan XXIII, de rodillas.

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Francisco ora ante la tumba de Juan XXIII. 3 de Junio de 2013.

Ante la tumba del papa San Pío V, de pie.

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Francisco ora ante la tumba del papa San Pío V, en la Basílica de Santa María la Mayor, de Roma, en su primer día de pontificado. 14 de Marzo de 2013.

Ante la tumba del papa San Pío V, de pie.

Bergoglio en su primer día de pontificado se presenta, de pie, ante el cuerpo incorrupto del papa San Pío V, quien codificó la Misa a perpetuidad bajo pena de excomunión automática contra quien la alterase. 14 de Marzo de 2013.

Bergoglio en su primer día de pontificado se presenta, de pie, ante el cuerpo incorrupto del papa San Pío V, quien codificó la Misa a perpetuidad bajo pena de excomunión automática contra quien la alterase. 14 de Marzo de 2013.

 

Urna donde se conserva el cuerpo incorrupto del papa San Pío V, en la Basílica de Santa María la Mayor.

Urna donde se conserva el cuerpo incorrupto del papa San Pío V, en la Basílica de Santa María la Mayor.

 

San Pío V en la Quo Primum Tempore, (1570)  definió a perpetuidad:

EN ADELANTE Y POR LA PERPETUIDAD DE LOS TIEMPOS FUTUROS,PROHIBIMOS QUE SE CANTE O SE RECITE OTRAS FÓRMULAS QUE AQUELLAS CONFORMES AL MISAL EDITADO POR NOS… Y QUE NO SE ATREVAN A AGREGAR O RECITAR EN LA CELEBRACIÓN DE LA MISA CEREMONIAS DISTINTAS A LAS CONTENIDAS EN EL MISAL PRESENTE. 

Del mismo modo, estatuimos y declaramos:

  • QUE NO HAN DE ESTAR OBLIGADOS A CELEBRAR LA MISA EN FORMA DISTINTA A LA ESTABLECIDA POR NOS NI PRELADOS, NI ADMINISTRADORES, NI CAPELLANES NI LOS DEMÁS SACERDOTES SECULARES DE CUALQUIER DENOMINACIÓN O REGULARES DE CUALQUIER ORDEN 
  • QUE NO PUEDEN SER FORZADOS NI COMPELIDOS POR NADIE A REEMPLAZAR ESTE MISAL;
  • Y QUE LA PRESENTE CARTA JAMÁS PUEDE SER REVOCADA NI MODIFICADA EN NINGÚN TIEMPO, SINO QUE SE YERGUE SIEMPRE FIRME Y VÁLIDA EN SU VIGOR.

Nuestra prohibición se dirige a todos los impresores que habitan en el dominio sometido directa o indirectamente a Nos y a la Santa Iglesia Romana, bajo pena de confiscación de los libros y de una multa de doscientos ducados de oro pagaderos ipso facto a la Cámara Apostólica; y a los demás establecidos en cualquier parte del orbe, BAJO PENA DE EXCOMUNIÓN LATÆ SENTENTIÆ (AUTOMÁTICA) Y DE OTROS CASTIGOS A JUICIO NUESTRO.

MÁS SI ALGUIEN SE ATREVIERE A ATACAR ESTO, SABRÁ QUE HA INCURRIDO EN LA INDIGNACIÓN DE DIOS OMNIPOTENTE Y DE LOS BIENAVENTURADOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO.

 

BASES DEL HUMANISMO CRISTIANO

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LA VOZ DEL PADRE COMÚN
BASES DEL
HUMANISMO CRISTIANO

Discursos y Mensajes de S.S. Pío XII (1949)

El humanismo constituye hoy la orden del día. Sin duda alguna existe una gran dificultad en formar y reconocer, al través de su evolución histórica, un claro concepto de su naturaleza. Con todo, aunque el humanismo declaró por mucho tiempo estar opuesto formalmente a la edad media que le precedió, lo cierto es que todo lo que contiene de verdadero, de bueno, de grande y de eterno pertenece al mundo espiritual del más grande de los genios del Medioevo, Santo Tomás de Aquino.

El Humanismo es problema de actualidad

En líneas generales, el concepto del hombre y del mundo, trazado por la perspectiva cristiana y católica, sigue siendo esencialmente el mismo, de donde es igual en San Agustín, Santo Tomás y Dante, como sigue siendo el mismo en la filosofía cristiana moderna. La obscuridad de ciertas cuestiones filosóficas y teológicas, que han sido aclaradas y gradualmente resueltas con el transcurso de los años, no disminuye un ápice la realidad de este hecho.

Su concepto cristiano

es el mismo a través de los tiempos.

Sin hacer caso a las opiniones veleidosas que han aparecido en diversos períodos de la historia, la Iglesia ha afirmado el valor de todo lo humano y de todo lo que está en conformidad con la naturaleza, y sin titubeo ninguno ha tratado de desenvolver este valor y colocarlo en su propio y evidente lugar.

La Iglesia afirma el valor de lo humano:

Por eso no admite, por ejemplo, que el hombre sea, a los ojos de Dios, simple corrupción y pecado; por el contrario, a los ojos de la Iglesia, el pecado original no afectó íntimamente las aptitudes y las fuerzas internas del hombre, sino que, por el contrario, dejó esencialmente intactos la luz natural de su inteligencia, y su libre albedrío. Ciertamente el hombre en su ser se encuentra herido y debilitado por la pesada herencia de una naturaleza caída, privada de los dones sobrenaturales y preternaturales. Empero, él debe hacer un esfuerzo para observar la ley natural, con la poderosa ayuda de la gracia de Cristo, para que pueda vivir como el honor de Dios y su dignidad de hombre lo exigen.

Sabe que el hombre conserva, a pesar de la caída, la inteligencia y el libre albedrío; debe esforzarse por observar la ley natural,

La ley natural, he aquí el fundamento en que descansa la doctrina social de la Iglesia. Es precisamente su concepción cristiana de la vida lo que ha inspirado y sostenido a la Iglesia, al levantar esta doctrina sobre tales fundamentos. Cuando lucha y vence por defender su propia libertad, lo hace realmente por la verdadera libertad y por los derechos fundamentales del hombre. A sus ojos estos derechos esenciales son tan inviolables, que no hay razón de Estado ni pretexto de un bien común que puedan prevalecer contra ellos. Están protegidos y custodiados por una muralla inexpugnable, y hasta sus bases puede el bien común legislar como quiera, mas no puede traspasar esta muralla, no puede tocar siquiera estos derechos, porque constituyen lo más precioso del bien común, precisamente.Si se hubiera respetado este principio, cuántas tragedias y catástrofes y cuántos peligros amenazadores podrían evitarse. Este simple principio podría por sí solo renovar la faz social y política del mundo.

fundamento de la doctrina social de la Iglesia. Cuando ella lucha por su libertad, lucha en verdad por la libertad y los derechos humanos, que no pueden ser violados por ninguna razón de Estado ni pretexto de bien común.

Mas, ¿quién, sin embargo, va a rendir este respeto incondicional a los derechos del hombre, sino el que sabe que vive bajo la mirada omnisciente de un Dios personal?Un sentido común sano puede hacer muchísimo cuando acepta lo que la fe cristiana enseña: puede salvar al hombre de las garras de la tecnocracia y del materialismo.

El destino del hombre no descansa en un“Geworfensein”, en un abandono absoluto. El hombre es la criatura de Dios, y vive constantemente bajo su guía y bajo la vigilancia de su Providencia paternal. Laboremos, entonces, por revivir en las nuevas generaciones la confianza en Dios, en sí mismas, y en el futuro, y de este modo, hagamos posible la aurora de un orden más tolerable y feliz.

La fe en Dios es el fundamento de este respeto, y puede salvar al hombre de la tecnocracia, del materialismo y del abandono absoluto.

Octubre 12.
A los miembros de la Convención Internacional de Estudios Humanísticos. En francés.

Tomado de:

http://eccechristianus.wordpress.com/

Santos de tres al cuarto

Antaño, los santos eran ejemplos impecables de vida cristiana que tan solo los herejes osarían criticar. Sus vidas y milagros predicaban el Evangelio con toda la fuerza del Espíritu Santo, del que estaban totalmente imbuidos. Al encomendarse a la intercesión de los santos el pueblo fiel tenía la absoluta certeza de que Dios oiría sus plegarias y que además las oiría con benevolencia, puesto que nada le agrada más a Nuestro Señor que compartir su gloria con sus hijos queridos que le han demostrado en su vida terrenal un amor inquebrantable e incondicional.

Lamentablemente hoy en día, en la época ruinosa post-conciliar, no es así. Ya no nos podemos fiar ni de los hombres y mujeres que han sido elevado a los altares, dado que son los mismos malos pastores que confunden a los fieles con medias verdades los que proclaman a los nuevos santos. Los hombres mediocres prefieren mirarse en el espejo de otros mediocres, porque no soportan el ejemplo de los verdaderos santos de nuestro tiempo, los que resistieron los cambios que adulteraron la liturgia y la doctrina y mantuvieron viva la llama de la Tradición. La vida de estos santos, que serán canonizados cuando el Concilio Vaticano II se consigne al baúl del olvido, denuncia la “nueva orientación” de la Iglesia, cuyos frutos podridos son la deserción masiva de los bautizados, la protestantización de los pocos fieles que aún frecuentan los sacramentos, y la secularización de los países anteriormente católicos.

Creo que es interesante saber lo que comentan los medios de comunicación respecto a la canonización de los dos Papas, Juan XXIII y Juan Pablo II que tuvo lugar el domingo 27 abril de 2014, una de las fechas más tristes en la historia reciente de la Iglesia Católica.

Canonizations

Empiezo por los medios más afines a Tradición Digital. Entre tradicionalistas existen diversas opiniones sobre la infalibilidad de las canonizaciones de la neo-Iglesia, y es un debate que sin duda seguirá durante mucho tiempo. Entre los teólogos tradicionalistas que rechazan la infalibilidad de las canonizaciones, en una línea dura, está Atila Sinke Gumarães, editor de Tradition in Action, quien explica en este artículo que los santos ahora no son más que el reflejo del gusto personal del Papa, con una total ausencia de objetividad y seriedad en todo el proceso. En tiempos remotos es cierto que la Iglesia elevaba a los altares a las personas que morían con fama de santidad y eran aclamadas como santos por el pueblo fiel. Sin embargo, ahora que la mayoría de católicos han perdido la verdadera fe, se han contagiado del pensamiento mundano, y viven ajenos a las exigencias morales de la Religión, la aclamación de Wojtyla como “santo súbito” por el pueblo no se puede alegar a favor de su santidad. Así dice Gumarães: Sigue leyendo

¿Las canonizaciones de Juan XXIII y de Juan Pablo II son infalibes?

Reproducimos hoy la traducción de una entrevista a Roberto de Mattei sobre las canonizaciones de los pontífices Juan XXIII y Juan Pablo II. Añadimos al texto de la entrevista el enlace a un artículo de Monseñor Brunero Gherardini sobre la no infalibilidad de las canonizaciones de RONCALLI y WOJTYLA.

Una entrevista a Roberto de Mattei

Roberto de Mattei

Roberto de Mattei

Profesor de Mattei, las inminentes canonizaciones de Juan XXIII y de Juan Pablo II suscitan, por varios motivos, dudas y perplejidades. ¿Como católico y como historiador, cuál es su juicio?

Puedo expresar una opinión personal, sin pretensiones de resolver un problema que se presenta complejo. En líneas generales, estoy perplejo por la facilidad con la cual años se llevan a cabo y se concluyen los procesos de canonización en los últimos. El concilio Vaticano I definió el primado de jurisdicción del Papa y la infalibilidad de su Magisterio, con determinadas condiciones, pero no ciertamente la impecabilidad personal de los Soberanos Pontífices. En la historia de la Iglesia hubo buenos y malos papas, y es reducido el número de quienes fueron elevados a los altares. Pero hoy parece que se quiere sustituir el principio de infalibilidad del Papa por el de su impecabilidad. A todos los Papas, o mejor dicho a los últimos, a partir del concilio Vaticano II, se los presenta como a santos. Por cierto, no es casualidad que las canonizaciones de Juan XXIII y de Juan Pablo II hayan postergado o dejado atrás la canonización de Pío IX y la beatificación de Pío XII, mientras avanza el proceso de Pablo VI. Casi parece que una aureola de santidad debiese envolver la era del concilio y del postconcilio, para “infalibilizar” una época histórica que ha afirmado el primado de la praxis pastoral sobre la doctrina. Sigue leyendo

San Pio X: “Todo el mal depende de nosotros, sacerdotes”

San Pio X – (1903-1914)

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Mientras daba una audiencia entró en una somnolencia misteriosa, cuando volvió en sí, exclamó: “Esto que veo es horroroso. ¨¿Seré yo? ¨¿Será mi sucesor? Lo que es seguro es que el Papa dejará Roma, y para salir del Vaticano, le será necesario pasar sobre los cadáveres de sus sacerdotes” (M. Servant, pág. 244; A. Marty, pág. 78).

Al Canónigo Thellier de Poncheville, San Pio X le dijo: “Todo el mal depende de nosotros, sacerdotes… Si todos estuviesen inflamados de un celo de amor, bien pronto la tierra entera sería católica” (M. Servant, pág. 80, nota 1 — apud “La Croix de Paris”, 1904, número del 26 de mayo).

+++

Nota del Editor: fotografía del cuerpo de San Pio X en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano. Está en el costado izquierdo, apenas visible para los fieles, casi escondido. Su cuerpo perfectamente incorrupto, sufrió la inyección de unos religiosos “piadosos” por razones desconocidas. Esto hizo que el cadáver del santo quedara de color negro. Foto de Abril del 2011.

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El cuerpo de San Pio X incorrupto, sufrió una extraña inyección que cambió su color. Cubre su rostro una máscara.

Tomado de:

http://elcruzado.org/

San Pio X, Pontífice

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(1835  † 1914)


Fiesta: 03 de Septiembre

 

José Sarto, después Pío X, nació en Riese, poblado cerca de Venecia, Italia en 1835 en el seno de una familia humilde siendo el segundo de diez hijos.

Todavía siendo niño perdió a su padre por lo que pensó dejar de estudiar para ayudar a su madre en los gastos de manutención de la familia, sin embargo ésta se lo impidió y pudo continuar sus estudios en el seminario gracias a una beca que le consiguió un sacerdote amigo de la familia.

Una vez ordenado fue vicepárroco, párroco, canónigo, obispo de Mantua y Cardenal de Venecia, puestos donde duró en cada uno de ellos nueve años. Bromeando platicaba que solamente le faltaban nueve años de Papa.

Muchas son las anécdotas de este santo que reflejan tanto su santidad como su lucha por superar sus defectos, entre ellas destacan tres: Sigue leyendo

EL SIGNIFICADO DE LA CANONIZACIÓN DEL ÚLTIMO PAPA SANTO: PÍO X

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Ahora que se habla de un milagro de S.S. Pío XII, aspecto que puede acelerar su beatificación y -si Dios lo quiere- su posterior canonización, resulta interesante y actual un escrito del P. Meinvielle relativo a la entonces reciente canonización de San Pío X efectuada en 1954.
Autor: R. P. Julio Meinvielle, “ DIÁLOGO ” Nº 1, Primavera 1954.

A los cuarenta años de su muerte, Pío X acaba de ser canonizado. Todavía están presentes en el escenario del mundo, muchos que fueran testigos del fuego ardiente de su fe y de su caridad. Pío X fue un santo. Y el secreto de su santidad fue la Fe. “Nada había más natural a sus ojos que lo sobrenatural. Creía como respiraba, porque de tal suerte Dios le era sensible. El mundo de la Fe le era familiar, y se movía en él con comodidad, mientras que el mundo, así solo, donde iba a vivir y actuar debía permanecerle extraño, o al menos le parecía tal, porque la fealdad de sus pensamientos y de sus costumbres horribles le repugnaban. No se mezclará en él sino forzado a la lucha contra los enemigos declarados de la Iglesia y contra los adversarios emboscados del Dogma, en que las antenas sobre-naturales de su Fe intrépida captarán las inspiraciones divinas para dictarle decisiones humanamente sorprendentes, imprevistas, pero poderosamente fecundas”. (1)

Porque Pío X se movía en el mundo de la Fe, podía estimar en su justo valor el estado del mundo y medir la gravedad de los errores que le ame­nazaban. De aquí el significado de sus reprobaciones contra desvaríos espirituales que han determinado el estado calamitoso en que se encuentra hoy el mundo.

Tres son estos desvaríos. El primero lo constituye la guerra contra los derechos imprescriptibles de la Iglesia, llevada a cabo particularmente en Francia por el gobierno masónico de Combes. Frente a un gobierno, empeñado en crear una Iglesia y un episcopado “nacional”, Pío X se yergue como un gigante en toda la majestad de su soberana autoridad y pro­nuncia el non possumus. El gobierno rompe relaciones con la Iglesia, se incauta de sus bienes, prohíbe todo acto de culto en las escuelas, en el ejército y en todos los establecimientos públicos y niega en absoluto el derecho de enseñar a las congregaciones religiosas. Pío X, en su encíclica VEHEMENTER del 11 de febrero de 1907 reprueba y condena la ley votada en Francia de separación de la Iglesia y del Estado. “En consecuencia, dice allí, Nos protestamos solemnemente con todas nuestras fuerzas contra la proposición, contra el voto y contra la promulgación de esta ley, declarando que nunca podrá ser ella alegada contra los derechos imprescriptibles de la Iglesia para debilitarlos.” Sigue leyendo

El último Papa Santo

SAN PÍO X
Papa

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San Pío X está muy reciente en el amor de la Iglesia. Aún perdura el grato recuerdo de su memoria -no hace cincuenta años que nos dejó- como el perfume que llena las naves del templo después de una solemne ceremonia religiosa. San Pío X es algo muy reciente en la Iglesia. Reciente su elevación a los altares por Pío XII, y más reciente la visita de su cuerpo a la bella Venecia en cumplimiento de una vieja promesa hecha a sus amados diocesanos:

-Vivo o muerto volveré a Venecia.

En la basílica de San Pedro de Roma un sencillo y hermoso sepulcro guarda sus restos. Este sepulcro es hoy día uno de los lugares vivos de la oración. Nunca faltan allí el recuerdo de las flores secas y la plegaria de los romanos y cuantos católicos visitan el templo de los santos apóstoles Pedro y Pablo.

Hay otra presencia más viva y fecunda de San Pío X. Presencia de alma a alma, que es como la gracia de su intercesión ante Dios. Cuántos sacerdotes de nuestros días se miran en el rostro de San Pío X y sacan de su ejemplo el impulso de un sacerdocio verdaderamente santo. Me parece que este hecho no se podía escapar de mis líneas al trazar su semblanza, y que debía hacer constancia de él para las nuevas generaciones de hijos de Dios que nos sucedan.

San Pío X ha dado jornadas de inmensa gloria de Dios a su Iglesia del siglo XX.

Su figura noble y bondadosa es algo muy cercano que cuelga de la pared de nuestro despacho o se esconde en las páginas de nuestro breviario.

En muy pocas palabras nos resume su vida la lápida de su sepulcro: Sigue leyendo

Il ‘nostro fratello’ Judas Iscariote ¿a los altares?

[El título viene a cuento de que el “carismático” Padre Cantalamesa dijo el Viernes Santo frente a Francisco, sin que éste se imutara, que por la traición de Judas Iscariote, al que llamó ‘nuestro hermano’, no está necesariamente condenado y que el pecado no es un impedimento para alcanzar la visión beatífica. Si esto no es la religión del Anticristo ¿qué lo será, entonces?].

El domingo 27 de abril de 2014 pasará a ser una fecha [tristemente] histórica.

 

El director del servicio Jarek Cielecki, un sacerdote polaco y amigo cercano de Juan Pablo II viajó a Polonia después de escuchar que un espectador había fotografiado la imagen. El padre Cielecki dijo que estaba convencido de que la imagen mostraba al ex pontífice. Los detalles aparecieron en Vatican News Service, una estación de televisión en Roma, que se especializa en la difusión de noticias religiosas del Vaticano.

El director del servicio Jarek Cielecki, un sacerdote polaco y amigo cercano de Juan Pablo II viajó a Polonia después de escuchar que un espectador había fotografiado la imagen. El padre Cielecki dijo que estaba convencido de que la imagen mostraba al ex pontífice. Los detalles aparecieron en Vatican News Service, una estación de televisión en Roma, que se especializa en la difusión de noticias religiosas del Vaticano.

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Juan Pablo II y la canonización de los no-católicos

Beato Juan Pablo II - foto oficial

Este artículo está basado en otro en  inglés -publicado en The Remnant-, que pueden encontrar aquí  y que lleva por título:

¿Abrirá San Juan Pablo II la puerta a los no-católicos?

Si todas las religiones pueden conducirnos a Dios y es posible que no haya almas en el infierno, ¿Se podría decir entonces que todos los fallecidos, hombres y mujeres, gozan ya de hecho de la eterna bienaventuranza? Si ése fuera el caso, entonces no habría necesidad alguna de las canonizaciones. ¿Qué es exactamente lo que la Iglesia post-conciliar entiende por salvación, santidad y canonización?

El tiempo pasa y nos acercamos cada día más a la fecha fijada para las canonizaciones del beato Juan XXIII y de Juan Pablo II. La mayoría de los católicos, inconscientes de la verdadera importancia de este acontecimiento, esperan con ilusión una celebración a nivel mundial de estos dos papas tan populares. Juan XXIII es recordado por las antiguas generaciones como el Papa Bondadoso, apodo que se le dio por su modo de ser afable y por abrir la Iglesia al mundo.

De igual forma, Juan Pablo II fue y sigue siendo muy popular por su carisma personal, múltiples viajes a todo el mundo e impresionantes Jornadas Mundiales de la Juventud. De este modo, un cierto culto a sus personas se ha forjado alrededor de estos dos hombres. En el caso del beato Juan Pablo II, el fervor para conseguir su canonización no ha disminuido desde su misma muerte en 2005.

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Assisi

Sin embargo, hemos de ir más allá de la popularidad mundial. Dada las acciones tan novedosas y sin precedentes de ambos papas, así como los innegables y desastrosos frutos de ambos pontificados, cabe preguntarse si estos hombres cumplen de verdad con los modelos tradicionales de beatificaciones y canonizaciones. Incluso el mismo Vaticano reconoce los aspectos problemáticos  del Pontificado de Juan Pablo II. Tanto es así que el 1 de Abril de 2011, el Cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, tuvo que aclarar las razones para la beatificación de Juan Pablo II, algo que antes nunca se había tenido que hacer:

Al Papa Juan Pablo II se le beatificará, no por su gran impacto en la Historia o en la Iglesia Católica, sino por la forma en que vivió las virtudes cristianas de la fe, esperanza y caridad.

 El periódico Remnant (21 de marzo de 2011) resumió todas las posibles e inquietantes reservas sobre de la beatificación de Juan Pablo II en el artículo  A Statement of Reservations Concerning the Impending Beatification of Pope John Paul II. Este documento recibió el apoyo de miles de firmas en menos de un mes y fue finalmente presentado a Angelo Cardinal Amato.

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From the Devil’s Advocate: Will Saint John Paul Open the Door to Non-Catholic “Saints”?

Beato Juan Pablo II - foto oficial - flip

If all religions can lead to God and there may not be any souls in hell, couldn’t it be argued that all departed men and women are, in fact, already enjoying eternal beatitude? And if that were the case, then obviously it would render canonization quite redundant.  What exactly does the post-conciliar Vatican mean by salvation, sanctity and canonization? Devil’s advocates everywhere would like to know.

                        

As the days go by, we are getting closer to the scheduled canonizations of Blesseds John XXIII and John Paul II. Most Catholics, unaware of the true significance of this event, are looking forward to a worldwide celebration of these two popular popes. John XXIII is remembered by older generations as “Good Pope John”, a moniker given due to both his affectionate demeanor and media praise for opening the Church to the world.

Similarly, John Paul II was, and is still, very popular due to his personal charisma, globetrotting travels, and fantastical World Youth Days. Thus, a certain cult of personality has developed around both men. In the case of Blessed John Paul, the fervor for his canonization has not subsided from the time of his death in 2005.

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Assisi

Beyond personal popularity with the world, however, lie deeper questions over whether either of these men would meet the Traditional standards for beatification or canonization. This is due to the unprecedented and novel acts of both popes, as well as the undeniably disastrous fruits of both of their pontificates. Even the Vatican recognizes the problematic aspects of Blessed John Paul’s pontificate. So much so that on April 1, 2011 Cardinal Angelo Amato, prefect of the Congregation for Saints’ Causes took the unprecedented step of clarifying the reason for John Paul II’s beatification:

Pope John Paul II is being beatified not because of his impact on history or on the Catholic Church, but because of the way he lived the Christian virtues of faith, hope and love.

The Remnant Newspaper summarized these troubling questions regarding John Paul II’s beatification in A Statement of Reservations Concerning the Impending Beatification of Pope John Paul IIon March 21, 2011. This statement garnered thousands of signatures in less than a month and was eventually presented to Angelo Cardinal Amato, Prefect of the Congregation for the Causes of Saints. Sigue leyendo

UN AÑO DE PONTIFICADO, UN AÑO DE CONFUSIÓN -Parte 2 de 3-

Lobby gay en Vaticano

(Continuación)

4. La ideología homosexualista.

Con motivo de una conferencia de prensa dada el 29 de julio de 2013 en el vuelo entre Río de Janeiro y Roma, de regreso de las JMJ, Francisco pronunció la frase siguiente :

« Si una persona es gay y busca al Señor con buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar ? »

Frase extremadamente ambigua y perturbadora, ya que el término gay no designa genéricamente a los homosexuales, sino especialmente a aquellos que reivindican públicamente la « cultura » y el estilo de vida de la impureza contra-natura.

¿Porqué haber utilizado una palabra generadora de confusión, totalmente extranjera al vocabulario católico y tomada justamente de la jerga del lobby « gay », avalando de este modo indirectamente su lenguaje subversivo y manipulador ?

¿Porqué no haberse apresurado a añadir, para evitar malentendidos, que si bien no se juzga moralmente a la persona que padece esta tendencia, el pasaje al acto, en cambio, constituye un comportamiento gravemente desordenado en el plano moral ?

Sorprendentemente, no lo hizo, y naturalmente, al día siguiente, la abrumadora mayoría de la prensa mundial intituló el artículo dedicado a la atípica conferencia de prensa pontifical retomando textualmente la pregunta formulada por Francisco.

¿Podrá hablarse de impericia de parte de alguien que domina a la perfección el arte de la comunicación mediática ? Resulta difícil creerlo…

Y aun cuando así fuera, el contexto exigía eliminar todo riesgo de ambigüedad efectuando inmediatamente las precisiones del caso. Mas las precisiones jamás llegaron. Ni durante la conferencia de prensa ni después. Ni de su boca, ni de la del servicio de prensa del Vaticano.

Mientras tanto, la prensa mundial se regodeaba impúdicamente con la consternante salida bergogliana…

En la extensa entrevista concedida por Francisco a las revistas culturales jesuitas los días 19, 23 y 29 de agosto y publicada en l’Osservatore Romano del 21 de septiembre, habría podido suponerse que Francisco no dejaría pasar la oportunidad para dar muestras de claridad acerca de esta espinosa cuestión, cortando por lo sano las polémicas que sus desafortunadas declaraciones habían suscitado y disipando drásticamente la confusión y la inquietud generalizada que habían provocado.

Veamos si aprovechó la ocasión para hacerlo : « En Buenos Aires recibí cartas de personas homosexuales heridas socialmente porque se sienten desde siempre condenados por la Iglesia. Pero eso no es lo que la Iglesia quiere. Durante el vuelo de regreso desde Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y está buscando a Dios, yo no soy quien para juzgar. Al decir eso, dije lo que indica el Catecismo [de la Iglesia Católica].

La religión tiene derecho a expresar su opinión al servicio de las personas, pero Dios nos ha creado libres : la injerencia espiritual en la vida de la gente no es posible.

Un día alguien me preguntó de manera provocante si yo aprobaba la homosexualidad. Yo le respondí con otra pregunta :

‘‘Dime : Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿Aprueba su existencia con afecto o la rechaza condenándola ?’’

Siempre hay que considerar a la persona. Entramos aquí en el misterio del hombre. En la vida cotidiana, Dios acompaña a la gente y nosotros debemos acompañarla tomando en cuenta su condición.

Hay que acompañar con misericordia. Cuando esto sucede, el Espíritu Santo inspira al sacerdote para que diga la palabra más adecuada. »

Habría mucho para decir respecto a estas declaraciones. Mucho, para utilizar un eufemismo, excepto que destaquen por su claridad…

En aras de la concisión, sólo haré algunas observaciones :
1. Contrariamente a lo que afirma, sus dichos brillan por su ausencia en el Catecismo. En éste se encuentra claramente expuesta la doctrina de la Iglesia (§ 2357 a 2359), precisamente lo que Francisco no hizo en la entrevista, durante la cual cultivó la ambigüeded, usó un lenguaje demagógico y añadió aun más confusión.

2. Resulta inconcebible escucharlo decir que « la religión tiene derecho a expresar su opinión al servicio de las personas. » Perdón : ¿La religión ? ¿Cual ? ¿O acaso se tratará de las religiones en general, es decir, de « las grandes tradiciones religiosas que ejercen un papel fecundo de levadura en la vida social y de animación de la democracia. » (cf. III) ?

Lenguaje sorprendente en la boca de quien se encuentra sentado en el trono de San Pedro…

¿Porqué no decir simplemente « la Iglesia » ? Y sobretodo, corresponde proclamar sin ambages que la Iglesia no expresa de ninguna manera « su opinión ». Ella instruye a las naciones, en conformidad con el mandato que recibiera de su Divino Maestro : « Id y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto os he mandado. » (Mt. 28, 19-20).

3. Y a renglón seguido añade : « pero Dios nos ha creado libres : la injerencia espiritual en la vida de la gente no es posible. » Ambigüedad sibilina, característica detestable de parte de quien a recibido la misión de « enseñar a las naciones », pero rasgo clásico ya en labios de Francisco…

Porque si el hombre puede, en virtud de su libre arbitrio, negarse a obedecer a la Iglesia, no es en cambio moralmente libre de hacerlo : la Iglesia ha recibido de Jesucristo el poder de obligar las conciencias de sus fieles (Mt. 18, 15-19).

Pretender que « la injerencia espiritual en la vida de la gente no es posible » equivale a divinizar la conciencia individual y a hacer de ella un absoluto : estamos ante el principio fundamental de la religión humanista y masónica de 1789 : « Nadie debe ser inquietado por sus opiniones, incluso religiosas. » (Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, artículo X) Esta libertad de conciencia falaz y revolucionaria fue condenada por el magisterio de la Iglesia : Gregorio XVI afirmó que pretender « garantizar a cada uno la libertad de conciencia » no solo es absurdo sino además « un delirio. » (Mirari Vos, 1832).

4. Finalmente, el hecho de responder a una pregunta -¿Aprueba la homosexualidad ?– con otra pregunta, que es, para colmo, de un hermetismo poco común, es indigno de aquel a quien fue confiada la tarea de enseñar a la universalidad de los fieles.

Respuesta en la que se halla nuevamente esta ambigüedad exasperante que lo caracteriza, aquí al no distinguir entre la condenación del pecado y la del pecador, y dando a entender que el hecho de « aprobar la existencia » (¡sic!) del pecador volvería inútil la reprobación que su acto pecaminoso exige. Sin embargo Nuestro Señor nos enseñó a hablar de otro modo :

« Que vuestro lenguaje sea sí, sí ; no, no ; todo el resto proviene del Maligno. » (Mt. 5, 37)

Pero retornemos a nuestra conferencia de prensa aérea, tras la celebración de las JMJ de Río de Janeiro. Francisco agregó que esas personas « no deben ser discriminadas, sino integradas en la sociedad. » Perdón, pero ¿ A qué persona hace alusión ? ¿A aquellas que sin pudor alguno se proclaman « gay » o a las que, padeciendo sin culpa de su parte la mortificante inclinación contra-natura se esfuerzan meritoriamente por vivir decentemente ?

Una ambigüedad suplementaria que naturalmente permanecerá sin aclaración vaticana, pero cuya interpretación « progresista » abandonada a los « medios de información masiva » será la que se impondrá masivamente en el imaginario colectivo.

Pero a decir verdad, hay algo peor que la recurrente ambigüedad bergogliana presente en esta afirmación y que se manifiesta en esa disyuntiva irresuelta que he señalado. Me refiero a que sus palabras no sólo cultivan la ambigüedad, elemento suficiente para cuestionarlas, sino que son pura y simplemente falsas. Ellas se inscriben en el marco de la ideología igualitarista de la lucha « contra las discriminaciones » que promueven los partidarios del feminismo y del homosexualismo, genuina maquinaria de combate al servicio de la legitimación de cuanta aberración el partido del « progreso » se esmera en pergeñar, principalmente el infame « matrimonio » homosexual».

¿En dónde reside la falsedad ? En el hecho de que, inclusive en el segundo caso de la disyuntiva, es perfectamente legítimo y razonable efectuar ciertas discriminaciones que, atendiendo al bien común social, marginalizan a esas personas en determinados contextos. Y eso es, por ejemplo, lo que la Iglesia siempre ha hecho en lo tocante al sacerdocio, a la vida religiosa y a la educación de los niños. Ni que decir tiene que dichas discriminaciones son más legítimas aun cuando se trata de gente que, además de padecer esa tendencia desordenada, lleva una vida homosexual activa, aunque fuese de manera discreta, y, a fortiori, si hay que vérselas con quienes exhiben pública y desvergonzadamente sus malas costumbres, reivindicando orgullosamente sus fantásticos derechos : me refiero a los « gay », para emplear el atípico vocabulario bergogliano, ciertamente inusitado en el lenguaje de un sucesor de San Pedro.

Los individuos pertenecientes a esta última categoría, la de los ideólogos de la causa homosexualista, por ejemplo, los organizadores de las Gay Pride y los militantes de asociaciones subversivas del estilo de Act-Up, tienen tanto menos derecho a ser « integrados a la sociedad » cuanto que justamente deberían ser excluídos de ella sin contemplaciones, los acólitos de la secta LGBT poseen tanto menos el derecho a verse exentos de « toda forma de discriminación » cuanto que deberían precisamente verse privados de libertad y apartados sin miramientos de la vida social por atentado contra el pudor y corrupción de la juventud.

Retomando el hilo de la conferencia pontifical en pleno vuelo, asistimos pasmados a la prosecución del extraño discurso de Francisco ante un auditorio cautivado por su desarmante espontaneidad y por el tenor altamente mediático de sus palabras :

« El problema no es el de tener esta tendencia, sino de hacer lobbying, eso es lo grave, porque todos los lobbies son malos. »

Desafortunadamente, esta aseveración es perfectamente gratuita y no resiste el menor análisis : que el hecho de poseer esa tendencia constituya un grave problema de orden psicológico y moral para la persona afectada, así como también un serio motivo de inquietud para su entorno, es algo indiscutible. Y pretender que la homosexualidad no sea algo problemático, sino solamente el hacer « lobbying », es una falacia notoria que contribuye a trivializar la homosexualidad y a volverla aceptable.

Por último, es menester afirmar que, contrariamente a lo que sostiene Francisco, ningún lobby es intrínsecamente perverso. Efectivamente, dado que un lobby es « un colectivo que realiza acciones dirigidas a influir ante la administración pública para promover decisiones favorables a los intereses de ese sector concreto de la sociedad » (Wikipedia), un lobby será bueno en la medida en que combata por causas justas y será malo cuando lo haga por causas inicuas.

Para dar un ejemplo, las acciones conducidas por los grupos feministas en favor del aborto son reprobables, mientras que las realizadas por los grupos pro-vida en su lucha contra la legalización de dicho crímen son encomiables. Todas estas declaraciones de Francisco se ven particularrmente agravadas por el contexto internacional en el que se producen, a saber, en medio de una violenta batalla cultural entre partidarios y opositores del « matrimonio » homosexual, el cual se extiende como reguero de pólvora a escala planetaria.

Resulta difícil atribuirlas solamente a eventuales imprecisiones de lenguaje, así como tampoco parece posible negar la complicidad objetiva de sus palabras con los propósitos manifiestos del lobby « gay » : la normalización de la homosexualidad y la legitimación de sus insostenibles reivindicaciones sociales.

Esas declaraciones han sembrado confusión entre los católicos y han favorecido objetivamente a los enemigos de Dios, quienes combaten encarnizadamente para que se acepten los supuestos « derechos » de los homosexuales en el interior de la Iglesia y en la sociedad civil. Prueba irrefutable de ello es que la más influyente publicación de la comunidad LGBT de los Estados Unidos, The Advocate, eligió a Francisco como la « Persona del año 2013 », deshaciéndose en alabanzas hacia él por su actitud de apertura y de tolerancia hacia los homosexuales.ADV_POPE_FRANCISx633

He aquí, a modo de ilustración, tres casos que permiten tomar conciencia de la gravedad del contexto en el cual se sitúan esas desafortunadas declaraciones.

Ellas se produjeron apenas dos meses después de que el cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, celebrara en Génova las exequias de Don Gallo, famoso sacerdote comunista y anarquista, adepto al aborto e incondicional de la causa homosexual, durante las cuales hizo un panegírico suyo y autorizó que dos transexuales hicieran la apología de la ideología LGBT en la lectura de la « plegaria universal », durante la cual agradecieron al clérigo apóstata por haberlos ayudado a « sentirse creaturas trans-gender (sic) deseadas y amadas por Dios », y a los que distribuyó luego la comunión, profanando así las santas especies eucarísticas, escandalizando gravemente a los fieles y sembrando la confusión en las almas.

En el funeral de D. Andrea Gallo, el Presidente de la Conferência Episcopal Italiana, Cardeal Angelo Bagnasco, administra la "Comunión" a politico transexual Vladimir Luxuria, un transexual, visibilmente emocionado en el funeral de don Gallo, tomó la palabra en la iglesia, y después recibió la comunión de manos del "cardenal" Angelo Bagnasco.

En el funeral de D. Andrea Gallo, el Presidente de la Conferência Episcopal
Italiana, Cardeal Angelo Bagnasco, administra la “Comunión” a politico transexual
Vladimir Luxuria, un transexual, visibilmente emocionado en el funeral de don Gallo, tomó la palabra en la iglesia, y después recibió la comunión de manos del “cardenal” Angelo Bagnasco.

Video del funeral de Don Gallo

Dar un clic en la imagen para ver el video.

Más inquietante todavía: no hubo ninguna reacción oficial del Vaticano reprobando los hechos. Corresponde destacar que Don Gallo ejercía su « ministerio pastoral » con total impunidad, sin jamás haber sido importunado ni sancionado por la jerarquía eclesiástica. Y cabe añadir que los funerales fueron oficiales, celebrados con gran pompa, nada menos que por la figura más destacada del episcopado italiano, con homilía ditirámbica incluída.

Otro hecho sintomático, seleccionado entre muchos otros : la Universidad Pontifical San Francisco Javier de Bogotá, en Colombia, fundada y dirigida por jesuitas, desde hace doce años organiza anualmente un « Ciclo Académico Rosa », que fomenta desembozadamente el estilo de vida « gay ». En 2013, por primera vez, iba a tener lugar en los locales de la universidad, del 28 al 30 de agosto. Eso provocó una importante reacción de laicos escandalizados quienes, gracias a un accionar digno de un auténtico « lobby » católico, forzaron la universidad a buscar otro sitio para organizar su inmundo coloquio de degenerados.

Huelga decir que no se registró sanción alguna hacia los organizadores del infame evento de parte de las autoridades universitarias. Algo que va de suyo, en la era del culto al « diálogo » con el error y en tiempos de exaltación del « pluralismo » ideológico…

Y esta impunidad dura desde hace ya doce largos años. Ninguna sanción tampoco por el lado de la Conferencia Episcopal Colombiana. Ni falta hace precisar el silencio absoluto del Vaticano. Es interesante señalar la reacción del director de la universidad, el Padre Joaquín Emilio Sánchez : ella fue inmediata y sumamente edificante. En efecto, en un áspero comunicado de prensa dirigido a la « comunidad educativa », hizo constar su indignación ante la « violación de la legítima autonomía universitaria », declaró que « ninguna discriminación sería tolerada » y advirtió amenazante a sus adversarios : « Actualmente efectuamos las gestiones necesarias ante las instancias competentes para que una situación tan irregular y dolorosa como la que vivimos con motivo del ‘‘Ciclo Rosa’’ no se repita nunca más. » Por su lado, el Padre Carlos Novoa, antiguo rector de la universidad, profesor titular de teología moral y titular de un doctorado en « ética sexual », promotor desvergonzado del aborto, sostuvo que la medida « testimonia de un retorno de la Inquisición en un sector de la Iglesia católica y es la resultante de grupos obscurantistas y fanáticos. » Su pública posición contraria a la enseñanza del magisterio eclesial no le ha acarreado ninguna sanción de parte de la jerarquía de su país y menos aun de las autoridades de la citada universidad « pontificia ». Este edificante sacerdote continúa ejerciendo afanosamente su « ministerio pastoral » y dispensando con ahínco su « enseñanza universitaria » a estudiantes que, imaginando recibir una instrucción católica, son objeto de una perversión sistemática de sus inteligencias.

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Tercer y último ejemplo : el de la Universidad Católica de Córdoba, en Argentina, que también está dirigida por jesuitas. En una entrevista publicada el 12 de agosto de 2013 a quien es su rector desde 2005, el Padre Rafael Velasco, gran especialista en « Derechos Humanos », en medio de una letanía de sentencias heterodoxas, nos hizo el honor de participarnos su profunda visión teológica :

« Si la Iglesia quiere ser un signo del hecho que Dios está cerca de todos, lo que debe hacer, antes que nada, es no excluir a nadie. Debe encarar reformas muy importantes : los divorciados tienen que ser admitidos a la comunión, los homosexuales, cuando viven de manera estable con sus compañeros, también deberían poder comulgar. Decimos que la mujer es importante, pero la excluímos del ministerio sacerdotal. Esos son signos que serían más comprensibles. »

Estos tres casos que he citado, tomados de un interminable listado de situaciones similares, ilustran acabadamente el progreso contínuo, consentido y alentado, de la ideología homosexualista y de la « teoría de género » en el interior de la Iglesia.

Y es justamente en ese contexto alarmante de avance permanente e incontenible de las ideas LGBT, tanto en la sociedad civil como en el seno del clero, que se inscriben esas palabras inauditas de Francisco en una conferencia de prensa internacional en pleno vuelo, a modo de broche de oro de las archimediáticas JMJ de Río de Janeiro : « ¿Quién soy yo para juzgar a una persona « gay » ? » Francamente, debo admitir que esto se asemeja a un mal sueño, a una pesadilla indescriptible de la cual desearía despertarme cuanto antes…

5. Francisco y la masonería.

En 1999 el cardenal Bergoglio fue elegido miembro honorario del Rotary Club de la ciudad de Buenos Aires. En 2005, recibió el premio anual que el Rotary atribuye al « hombre del año », el Laurel de Plata. Esta entidad, fundada en 1905 en la ciudad de Chicago, USA, por el masón Paul Harris, es una asociación cuyos vínculos con la francmasonería son de público conocimiento : es un semillero de masones y el marco en el que se desarrollan sus iniciativas « caritativas ».

Un porcentaje importante de rotarios pertenecen a las logias, a punto tal que el Rotary, junto al Lion’s Club, son considerados como los atrios del templo masónico. He aquí lo que decía el obispo de Palencia, España, en una declaración oficial : « El Rotary profesa un laicismo absoluto, una indiferencia religiosa universal y trata de moralizar las personas y la sociedad por medio de una doctrina radicalmente naturalista, racionalista e incluso atea. » (Boletín eclesiástico del obispado de Palencia, n° 77, 1/9/1928, p. 391).

Esta condenación fue confirmada por una declaración solemne del arzobispo de Toledo, el cardenal Segura y Sáenz, primado de España, el 23 de enero de 1929. Dos semanas más tarde, la Sacra Congregación Consistorial prohibió la participación de los sacerdotes en reuniones rotarias, en calidad tanto de miembros y como de invitados : es el célebre « non expedire » del 4 de febrero de 1929. Esta prohibición sería reiterada por un decreto del Santo Oficio del 20 de diciembre de 1950.

El día de la elección pontifical del cardenal Bergoglio, el 13 de marzo de 2013, el Gran Maestre de la francmasonería argentina, Angel Jorge Clavero, rindió tributo al nuevo pontífice saludándolo calurosamente.

La logia masónica judía B’nai B’rith hizo otro tanto : « Estamos convencidos que el nuevo papa Francisco seguirá obrando con determinación para reforzar los lazos y el diálogo entre la iglesia católica y el judaísmo y continuará la lucha contra todas las formas de antisemitismo », declaró la logia francesa, mientras que la argentina aseveró que reconocen en Francisco a « un amigo de los judíos, a un hombre dedicado al diálogo y comprometido en el encuentro fraterno » y aseguran estar convencidos de que durante su pontificado « conservará el mismo compromiso y podrá poner en práctica sus convicciones en el camino del diálogo inter-religioso. »

13-03-2013 - Bnai Brith

El director de asuntos inter-religiosos de la B’nai B’rith, David Michaels, asistió a la ceremonia de investidura del nuevo papa, el 19 de marzo y al día siguiente participó en la audiencia dada por Francisco a los líderes de las diferentes religiones en la sala Sala Clementina.

Se habían dado cita dieciséis personalidades judías en representación de ocho organizaciones internacionales judías, entre quienes se hallaba el rabino David Rosen, director del Comité Judeo-Americano (American Jewish Committee), quien declaró, en una entrevista concedida a la agencia Zenit, que desde el Concilio Vaticano II « la enseñanza de la Iglesia y su enfoque de los judíos, del judaísmo y de Israel han tenido una transformación revolucionaria. »

Al día siguiente de su elección, el Gran Oriente de Italia emitió un comunicado en el cual el Gran Maestre Gustavo Raffi decía que « con el Papa Francisco ya nunca nada será como antes. Esta elección ha sido una apuesta indiscutible de la fraternidad por una Iglesia de diálogo, no contaminada por la lógica ni las tentaciones del poder temporal (…) Nuestra esperanza es que el pontificado de Francisco marque el regreso de la Iglesia-Palabra en lugar de la Iglesia-Institución, y que él promueva el diálogo con el mundo contemporáneo (…) siguiendo los principios de Vaticano II (…) Tiene la gran oportunidad de mostrar al mundo el rostro de una Iglesia que debe recuperar el anuncio de una nueva humanidad, no el peso de una institución que defiende sus privilegios. »

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El 16 de marzo, en un nuevo artículo del Gran Oriente de Italia, esta vez anónimo, el lector se entera de que existen tres miradas diferentes en los miembros del GOI : la de los que son escépticos en cuanto al progresismo de Francisco, la de los que prefieren guardar un cauto silencio y juzgarlo luego por sus actos y, finalmente, la de los que exhiben la convicción de que será un papa « innovador y progresista, basándose en el hecho de que algunos Hermanos aseguran haber contribuído indirectamente, en el interior del Cónclave, por intermedio de amigos fraternos, a la elección de un hombre capaz de regenerar la Iglesia Católica y la sociedad humana en su conjunto. »

Ese punto de vista se ve reforzado por el hecho de que el cardenal Bergoglio, durante el cónclave de 2005, había sido apadrinado por el cardenal Carlo Maria Martini, fallecido el 31 de agosto de 2012, desaparición saludada por el GOI en un comunicado fechado el 12 de septiembre en los siguientes términos :

« Ahora que las celebraciones retóricas y las condolencias pomposas han dejado lugar al silencio y al duelo, el Gran Oriente de Italia saluda con afecto al Hermano Carlo Maria Martini, quien ha partido hacia el Oriente Eterno. »

Y el 28 de julio de 2013, con ocasión del deceso del cardenal Ersilio Tonini, masón reconocido, el Gran Maestre Gustavo Raffi le rindió tributo asegurando que llora « al amigo, al hombre del diálogo con los masones, al maestro del Evangelio social. Hoy la humanidad es más pobre, como lo es igualmente la Iglesia Católica. »

Pero a renglón seguido se apresura a añadir que, a despecho de esa gran pérdida, « la Iglesia del Papa Francisco es una Iglesia que promete ser respetuosa de la alteridad y compartir la idea que el Estado laico favorece la paz y la coexistencia de las diferentes religiones (!!!) »

El límpido homenaje tributado a Francisco por el Gran Maestre del Gran Oriente de Italia es un testimonio por demás inquietante con relación a su pontificado. Como prueba de ello, y limitándonos a tan sólo uno de los abundantes textos pontificales referidos a la masonería, he aquí lo que decía León XIII en su encíclica Humanum Genus, del 20 de abril de 1884 :

« En nuestra época, los autores del mal parecieran haberse coaligado en un inmenso esfuerzo, bajo el impulso y con la ayuda de una sociedad diseminada por un gran número de lugares y fuertemente organizada, la sociedad de los francmasones. Estos, sin disimular ya sus intenciones, rivalizan de audacia entre ellos contra la augusta majestad de Dios, maquinando abiertamente y en público la ruina de la Santa Iglesia, con la finalidad de lograr despojar, si lo pudiesen, las naciones cristianas de los beneficios que ellas han recibido de Jesucristo, nuestro Salvador. »

Habría muchas otras declaraciones y gestos de Francisco que se podrían calificar cuando menos de perturbadores y que se prestarían a un prolongado desarrollo, del que me abstendré aquí en aras de la brevedad, y de los cuales he seleccionado tan sólo algunos a modo de ejemplo, tomados de una extensa lista que por cierto no deja de acrecentarse día tras día a una velocidad vertiginosa…

Continuará…

Alejandro Sosa Laprida

13 de marzo del año 2014

Tomado de:

http://www.labotellaalmar.com.ar/

UN AÑO DE PONTIFICADO, UN AÑO DE CONFUSIÓN -Parte 1 de 3-

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INTRODUCCIÓN: Me considero obligado en conciencia a publicar este magnífico estudio del Sr. Alejandro Sosa Laprida analizando algunos aspectos escandalosos para los católicos, del primer año del pontificado del Papa Francisco. Es largo, está mal diagramado porque carece de división en párrafos lo cual lo hace difícil de leer, pero ni siquiera intento corregir ese defecto porque creo que el documento tiene un tal peso y una tal gravedad que debe ser puesto inmediatamente en conocimiento de los lectores de “La botella al mar”.

Por su extensión, debo dividirlo en tres partes. Hoy publicaré la primera y las otras dos en días subsiguientes.

Pienso que el autor no enfatizó suficientemente que todos los puntos reprochables de este primer año de pontificado se originan en una causa principal y es la adhesión notoria del Papa a la herejía modernista, condenada por la Encíclica “Pascendi” de San Pio X, tal como lo señalé en el artículo titulado. “Cual es la estrategia actual de los modernistas-progresistas para dominar la Iglesia y apagar la fe” (nros. 1162-1167 de “La botella al mar”). Esa omisión, sin embargo, queda reparada por la enumeración de hechos y dichos del Papa que prueban categóricamente esa adhesión.

Sé que muchos católicos piadosos quedarán escandalizados por este documento, pero no deberían escandalizarse del documento sino de quien dio causa para que fuera escrito. Y junto con eso, quiero dejar sentado mi inmenso dolor al encontrarme en una situación de la Iglesia que me obliga a decir estas cosas.

Además, los lectores de “La botella al mar” sabrán que estoy muy preocupado por la deriva de Iberoamérica hacia el comunismo, por los intentos del tirano Putin por reconstruir la URSS, por la presidencia de los EEUU en manos de un mahometano pro-marxista, por la rápida desaparición de la Justicia, de las libertades legítimas y de la honestidad en nuestro país. Pero nada de eso sería posible si el Papa no fuera como es.

Sólo nos queda rogar a Dios por su conversión y santificación, es decir, para que sea todo lo contrario de lo que hoy demuestra ser.

Por último, me declaro desde ya dispuesto a retractar todo lo que se demuestre que está equivocado en los dichos de este texto ya que no tengo otra intención al publicarlo que la de ser fiel a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, cuya cabeza es el Papa.

Cosme Beccar Varela

* * *

UN AÑO DE PONTIFICADO, UNA DESOLADORA REALIDAD

12/3/2014

Buenos días a todos. Mañana se cumplirá un año de la elección del cardenal Bergoglio al sumo pontificado. Año insólito por donde se lo mire y que parecería haberse prolongado una eternidad, considerando los innumerables dichos y hechos de nítido sesgo revolucionario que Francisco no ha dejado de perpetrar ni tan siquiera un sólo día desde aquel inaudito buona sera del miércoles 13 de marzo de 2013 pronunciado desde la loggia de San Pedro, saludo profano de alta carga simbólica, a partir del cual el transcurso del tiempo apenas si ha logrado resistir al frenesí y al vértigo bergoglianos. Acción incesante y palabras incontinentes, estruendosas y confusas, semejantes al torrente en la cascada, devorado por la fuerza del vacío que lo aspira irresistiblemente, en un torbellino en el que ya nada puede percibirse con nitidez ni escapar al caudal mortífero que todo lo succiona.

Largos estudios teológicos merecerían sus dudosas empresas, conducidos por la pluma talentosa y erudita de algún apologeta de fuste, que quizás la Divina Providencia se dignará en su misericordia infinita a enviarnos, para esclarecer nuestras aletargadas inteligencias con sus luminosas enseñanzas. A la espera de que ello ocurra, me atrevo a hacer público este modesto artículo, en el que he intentado suplir con trabajo serio y minucioso la escasez de talento y compensar una ciencia exigua con el amor incondicional y sin reservas por la verdad ultrajada. Los saludo muy cordialmente.

Alejandro Sosa Laprida

1.- El extraño pontificado del Papa Francisco. 02/02/14.

Como católico, verme en conciencia obligado a emitir críticas hacia el papa me resulta sumamente doloroso. Y la verdad es que sería muy feliz si la situación de la Iglesia fuese normal y no encontrase por consiguiente ningún motivo para formularlas. Desafortunadamente, nos hallamos confrontados al hecho incontestable de que Francisco, en apenas un año de pontificado, ha realizado incontables gestos atípicos y ha efectuado un sinnúmero de declaraciones novedosas y por demás preocupantes. Los hechos en cuestión son tan abundantes que no resulta posible tratarlos todos en el marco necesariamente restringido de este artículo. A la vez, no es tarea sencilla limitarse a escoger sólo algunos de ellos, ya que todos son portadores de una carga simbólica que los vuelve inauditos a la mirada del observador atento y sintomáticos de una situación eclesial sin precedentes en la historia. Tras ardua reflexión, he retenido cinco que me parecen ser los mejores indicadores de la tonalidad general que es posible observar en este nuevo pontificado.

Esos hechos se agrupan en cinco temas diferentes : el islam, el judaísmo, la laicidad, el homosexualismo y la masonería. Tras haberlos expuestos en ese orden, intentado hacer ver en qué medida son indicadores de una inquietante anomalía en el ejercicio del magisterio y de la pastoral eclesiales, expondré de manera más sucinta otra serie de dichos y hechos que permitirán ilustrar aun más, si acaso fuera posible, la heterodoxia radical que trasuntan los principios y la praxis bergoglianos. Finalmente, suministraré una serie de enlaces a artículos de prensa en los que el lector podrá verificar la exactitud de los hechos referidos en el cuerpo del artículo.

1. La cuestión del islam.

El 10 de julio de 2013 Francisco envió a los musulmanes de todo el mundo un mensaje de felicitaciones por el fin del ramadán. Debemos precisar que se trata de un gesto que jamás se había producido en la Iglesia Católica antes del Concilio Vaticano II. Y debemos añadir que ningún papa había dirigido semejantes saludos a los mahometanos antes del pontificado de Francisco.

La razón es muy sencilla, y por cierto manifiesta para cualquier católico que no haya perdido completamente el sensus fidei : los actos de las otras religiones carecen de valor sobrenatural y, objetivamente considerados, no pueden sino alejar a sus adeptos del único camino de salvación : Nuestro Señor Jesucristo.

¿Cómo no estremecerse de espanto al escuchar a Francisco decir a los adoradores de « allah » que « estamos llamados a respetar la religión del otro, sus enseñanzas, sus símbolos y sus valores » ?

Es imposible dejar de comprobar la distancia insalvable que existe entre esta declaración y lo que nos enseñan los Hechos de los Apóstoles y las epístolas de San Pablo

Que se deba respetar a las personas que se encuentran en los falsos cultos, eso cae de su peso y nadie lo discute, pero que se promueva el respeto de falsas creencias que niegan la Santa Trinidad de las Personas Divinas y la Encarnación del Verbo de Dios es algo insostenible desde el punto de vista del magisterio eclesiástico y de la revelación divina.

Sin embargo, es menester reconocer que en este punto no se puede tildar a Francisco de innovador, ya que no hace más que continuar con la línea revolucionaria introducida por el Concilio Vaticano II, el cual pretende, en la declaración Nostra Aetate acerca de la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas (hinduísmo, budismo, islam y judaísmo) que « la Iglesia Católica no rechaza nada de lo que es verdadero y santo (!!!) en esas religiones. Considera con un sincero respeto esas maneras de obrar y de vivir, esas reglas y esas doctrinas (…) Exhorta a sus hijos para que (…) a través del diálogo y la colaboración (!!!) con los adeptos de otras religiones (…) reconozcan, preserven y hagan progresar los valores espirituales, morales y socio-culturales que se encuentran en ellos. »

Palabras que provocan estupor, ya que es algo palmariamente absurdo pretender que se deba « colaborar » con gente que trabaja activamente para instaurar creencias y a menudo costumbres que son contrarias a las del Evangelio. ¿Cómo no ver en ese « diálogo » tan mentado una profunda desnaturalización de la única actitud evangélica, que es la de anunciar al mundo la Buena Nueva de Jesucristo, quien nos ha dicho sin ambages lo que nos corresponde hacer como discípulos :

« Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a observar todo cuanto os he mandado. » (Mt. 28, 18-20).

Esta noción de « diálogo » con las demás religiones carece de todo fundamento bíblico, patrístico y magisterial y de hecho no es sino una impostura tendiente a desvirtuar el auténtico espíritu misionero, que consiste en anunciar a los hombres la salvación en Jesucristo, y de ninguna manera en un utópico « diálogo » entre interlocutores situados en pie de igualdad, enriqueciédose recíprocamente y pretendiendo buscar juntos la verdad.

Esa pastoral conciliar innovadora fundada en un « diálogo » incripto en un contexto de « legítimo pluralismo », de « respeto » hacia las religiones falsas y de « colaboración » con los infieles no es más que una pérfida celada tendida por el enemigo del género humano para neutralizar la obra redentora de la Iglesia.

A ese respecto, baste con citar la única situación de auténtico « diálogo » que nos relatan las escrituras, y lo que es más, justo al comienzo, a fin de estar definitivamente alertados acerca de su carácter intrínsecamente viciado: se trata del « diálogo » al cual se prestó Eva en el jardín del Edén con la serpiente y que habría de desembocar en la caída del género humano (Gn. 3, 1-6).

Se podría dar una lista interminable de citationes del Nuevo Testamento, de los Santos Padres y del magisterio de la Iglesia para refutar la patraña según la cual los falsos cultos deben ser objeto de un « respeto sincero » hacia sus « maneras de obrar y de vivir, sus reglas y sus doctrinas » y para probar que, a diferencia de las personas que los profesan y que naturalmente deben ser objeto de nuestro respeto, de nuestra caridad y de nuestra misericordia, de ningún modo las falsas doctrinas religiosas merecen « respeto », que en dichas religiones no se encuentra ningún elemento de « santidad » y que los elementos de verdad que puedan contener están subordinados al servicio del error.

Se debe reconocer que Francisco es perfectamente coherente en su mensaje con lo que el documento conciliar dice acerca de los musulmanes, a saber, que « la Iglesia mira también con estima a los musulmanes, que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, que ha hablado a los hombres y que procuran someterse con toda su alma a los decretos de Dios. »

Ahora bien, cualquiera sea la sinceridad de los mahometanos en la creencia y en la práctica de su religión, no por ello es menos falso sostener que « adoran al único Dios », « que ha hablado a los hombres » y que « buscan someterse a los decretos de Dios », por la sencilla razón de que « allah » no es el Dios verdadero, que Dios no ha hablado a los hombres a través del corán y que sus decretos no son los del islam. Se trata de un lenguaje inédito en la historia de la Iglesia y que contradice veinte siglos de magisterio y de pastoral eclesiales.

Esa práctica heterodoxa ha conducido a los múltiples encuentros inter-religiosos de Asís, en donde se ha alentado a los miembros de los diferentes cultos idolátricos a rezar a sus « divinidades » para obtener « la paz en el mundo »Falsa paz, naturalmente, puesto que se persigue injuriando al único Señor de la Paz y Redentor del género humano, al igual que a su Iglesia, única Arca de Salvación. Y esta engañosa noción de « diálogo » ha conducido igualmente a los últimos pontífices a mezquitas, sinagogas y templos protestantes en los que, por el gesto y la palabra, han puesto de relieve esos falsos cultos y no han vacilado en denigrar públicamente a la Iglesia de Dios criticando la actitud « intolerante » de la que Ella habría dado muestras en el pasado hacia ellos.

Un ejemplo reciente de esta nueva mentalidad ecuménica malsana, sincretista y relativista, condenada solemnemente por Pío XI en su encíclica Mortalium Animos de 1928 : El 19 de enero, con motivo de la Jornada mundial de los migrantes y de los refugiados, Francisco se dirigió a un centenar de jóvenes refugiados en una sala de la parroquia del Sagrado Corazón, en Roma, diciéndoles que es necesario compartir la experiencia del sufrimiento, para luego añadir :

« que los que son cristianos lo hagan con la Biblia y que los que son musulmanes lo hagan con el Corán (!!!) La fe que vuestros padres os han inculcado os ayudará siempre a avanzar. »

Esta nueva praxis conciliar es lisa y llanamente escandalosa, por un doble motivo : por un lado, mina la fe de los fieles confrontados a esas falsas religiones valorizadas por sus pastores ; por otro lado, socava las posibilidades de conversión de los infieles, quienes se ven confortados en sus errores precisamente por aquellos que deberían ayudarlos a librarse de ellos anunciándoles la Buena Nueva de la salvación, recibida de Aquel que dijera ser « el Camino, la Verdad y la Vida. » (Jn. 14, 6)

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2. La cuestión del judaísmo.

La primera carta oficial de Francisco, enviada el mismo día de su elección, fue dirigida al gran rabino de Roma. Hecho por demás sorprendente.

La primera carta de su pontificado ¡enviada a los judíos ! Acaso esta decisión habrá obedecido a un imperativo evangelizador apremiante, a saber, una proclamación inequívoca del Evangelio, destinada a curarlos de su tremenda ceguera espiritual, una solemne invitación a que reconozcan por fin a Jesús de Nazareth como a su Mesías y Salvador…

Pues nada de eso. Francisco evoca la « protección del Altísimo », fórmula convencional y vacía de contenido, destinada a ocultar las divergencias teológicas insalvables que separan a la Iglesia de la Sinagoga, para que sus relaciones avancen « en un espíritu de ayuda mutua y al servicio de un mundo cada vez más en armonía con la voluntad de su Creador. »

Hay dos preguntas que un lector prevenido no puede dejar de formularse. La primera es la siguiente :

¿Cómo puede concebirse una « ayuda mutua » con un enemigo que no tiene sino un objetivo en mente, a saber, la desaparición del cristianismo, y esto desde hace casi dos mil años ?

¿En qué cabeza puede caber el absurdo según el cual los judíos desearían « ayudar » a la Iglesia, fundada según ellos por un impostor, por un falso mesías, el cual constituye el principal obstáculo al advenimiento del que ellos aguardan, y a propósito del cual Nuestro Señor les advirtió :

« Yo he venido en nombre de mi Padre y vosotros no me habéis recibido ; otro vendrá en su nombre y vosotros lo recibiréis. » (Jn., 5, 43).

Terrible profecía que San Jerónimo comenta diciendo que « los judíos, tras haber despreciado la verdad en persona, aceptarán la mentira aceptando al Anticristo » (Epist. 151, ad Algasiam, quest. II) y San Ambrosio que « eso muestra que los judíos, quienes no quisieron creer en Jesucristo, creerán en el Anticristo. » (in Psalmo XLIII).

Ahora que el obstáculo político encarnado por la Cristiandad ha sido suprimido por la oleada revolucionaria asistimos a la supresión progresiva del obstáculo religioso, a saber, el papado, alcanzado desde hace más de cincuenta años por el virus de la modernidad revolucionaria.

Ese obstáculo a la manifestación del « hombre de iniquidad », ese misterioso katejon del que habla San Pablo (2 Tes. 2,7), que retarda su venida y que no es otro que el poder espiritual romano, es decir, el papado, según la tradición exegética.

Es tan sólo cuando ese obstáculo haya sido removido que « se revelará el impío. » (2 Tes. 2, 8) La penetración de las ideas revolucionarias en Roma no es en absoluto una cuestión de fantasías complotistas ni el resultado de una imaginación desbocada: quienes trabajaron activamente para realizar el aggiornamento de la Iglesia, esto es, con miras a su adaptación al mundo moderno, lo que ha sido el objetivo principal del Concilio Vaticano II, su « línea directora » (Pablo VI, Ecclesiam Suam, 1964, n°52), no tienen empacho en admitirlo.

Así el cardenal Suenens no se anduvo con rodeos : « Vaticano II, es 1789 en la Iglesia » (citado por Mons. Lefebvre, Ils l’ont découronné, Clovis, 2009, p. 10), aseveró quien fuera una de las figuras más relevantes del último concilio y uno de los cuatro moderadores nombrados por Pablo VI.

El padre Ives Congar (o.p.), nombrado por Juan XXIII en 1960 consultor de la Comisión Teológica Preparatoria y luego, en 1962, experto oficial en el concilio, en el cual fuera también miembro de la citada Comisión Teológica, a sido sin duda alguna el teólogo más influyente de la asamblea conciliar, junto al jesuita Karl Rahner.

El famoso dominico declaró, refiriéndose a la colegialidad episcopal, que en el Concilio « la Iglesia había efectuado pacíficamente su Revolución de Octubre » (Vatican II. Le concile au jour le jour, deuxième session, Cerf, p. 115), reconoció que la declaración Dignitatis Humanae sobre la libertadreligiosa dice « materialmente otra cosa que el Syllabus de 1864, incluso aproximadamente lo contrario » (La crise dans l’Eglise et Mgr. Lefebvre, Cerf, 1976, p. 51) y admitió que en ese texto, en el cual había trabajado, « se trataba de mostrar que el tema de la libertad religiosa se hallaba presente en la Escritura. Pero no lo estaba. » (Eric Vatré, La droite du Père, Guy Trédaniel Editeur, 1995, p. 118).

Y según el cardenal Ratzinger « el problema del concilio fue el de asimilar los mejores valores de dos siglos de cultura liberal. Son valores que, aunque surgidos fuera de la Iglesia, pueden hallar un sitio –purificados y corregidos- en su visión del mundo y eso es lo que sucedió » (Jesus, nov. 1984, p. 72), quien tampoco vacila en afirmar, a propósito de la constitución pastoral Gaudium et Spes sobre las relaciones de la Iglesia con el mundo moderno, que se puede considerar ese texto como un « anti-Syllabus, en la medida en que representa un intento de reconciliación de la Iglesia con el mundo tal cual se ha vuelto desde 1789. » (Les principes de la théologie catholique, Téqui, 1987, p. 427) La segunda pregunta que se plantea a propósito de la carta enviada por Francisco al gran rabino de Roma es la siguiente : ¿Cómo puede concebirse que una religión falsa (el judaísmo talmúdico, corrupción del judaísmo vetero-testamentario), estructurada en base al rechazo, a la condena y al odio de Jesucristo, pueda estar « al servicio de un mundo cada día más en armonía con la voluntad del Creador » ? Tamaño absurdo exime de comentarios…

Mas se encuentra naturalmente en perfecta consonancia con la modificación de la plegaria por los judíos del Viernes Santo, que Juan XXIII se apresuró a efectuar en marzo de 1959, apenas cuatro meses después de su elección, suprimiendo los términos « perfidis » y « perfidiam » aplicados a los judíos, y que sería luego suprimida definitivamente del nuevo misal aprobado por Pablo VI en abril de 1969 y promulgado en 1970. He aquí la nueva plegaria que en él figura : « Oremos por los judíos, a quienes Dios habló en primer lugar : que progresen en el amor de su Nombre y en la fidelidad a su Alianza. » Plegaria a propósito de la cual cabría efectuar varias observaciones :

1. No se menciona la necesidad de su conversión a Jesucristo.

2. El término « alianza » insinúa que la « antigua » aún tendría vigor.

3. Todo « progreso » en el amor de alguien implica un amor ya presente ; ahora bien, ¿Cómo podrían « progresar » en el amor del Padre si niegan al Hijo ?

4. ¿Y cómo podrían « progresar » en la « fidelidad a su alianza » si se obstinan en rechazar a Jesucristo, sacerdote perfecto y cordero sin tacha, que ha sellado una Nueva Alianza entre Dios y los hombres al inmolarse en la Cruz ?

La conclusión cae de su peso : nos encontramos ante una nueva teología que marca una ruptura de fondo con la que había tenido curso en la Iglesia desde sus orígenes hasta Vaticano II y que la antigua plegaria por la conversión de los judíos, eliminada de la liturgia latina, expresaba de manera luminosa : « Oremos igualmente por los judíos, que no han querido creer (perfidis judaeis), a fin de que Dios nuestro Señor quite el velo de sus corazones y que conozcan, ellos también, a Jesucristo nuestro Señor (…) Dios eterno y todopoderoso, que no rehúsas tampoco tu misericordia a la infidelidad judía (judaicam perfidiam), escucha las oraciones que te dirigimos por este pueblo enceguecido ; haz que conozcan la luz de la verdad, que es Jesucristo, para que sean liberados de sus tinieblas. »

El contraste con la nueva plegaria es pasmoso, tanto como lo es con el discurso de Juan Pablo II en la sinagoga de Roma en abril de 1986, en el cual alaba la « legítima pluralidad religiosa » y afirma que hay que esforzarse en « suprimir toda forma de prejuicio (…) a fin de presentar la verdadera cara de los judíos y del judaísmo. » « Prejuicio » que la antigua plegaria del Viernes Santo expresaba de manera cabal, lo que explica ciertamente su desaparición de la nueva liturgia…

Pero no se puede negar que esto sea harto problemático, pues según reza el célebre adagio del siglo V atribuido al papa San Celestino I : lex orandi, lex credendi, la ley de la oración determina la ley de la creencia, es decir que, modificando el contenido de la oración, puede modificarse a la vez el contenido de la Fe.

Y lo acontecido en el siglo XVI a raíz de las innovaciones litúrgicas de Lutero en Alemania y de Cranmer en Inglaterra basta para demostrarlo.

Desgraciadamente, el episodio de la carta enviada por Francisco al rabino de Roma en el día de su elección no habría de quedar en eso. En efecto, doce días más tarde Francisco reincidió enviando una segunda carta al rabino, esta vez con motivo de la pascua judía, dirigiéndole sus « felicitaciones más fervientes por la gran fiesta de Pesaj. » Lo que no deja de suscitar una pregunta insoslayable : desde una perspectiva católica, ¿Cuál puede ser la naturaleza de esas « felicitaciones » con motivo de una celebración en la que se ultraja a Jesucristo, único y verdadero Cordero Pascual inmolado en la Cruz en redención de nuestros pecados ?

Porque tales « felicitaciones » no pueden sino confortar a los judíos en su ceguera espiritual y por tanto mantenerlos alejados de su Mesías y Salvador, lo cual es cuando menos paradójico viniendo de parte de un soberano pontífice…

El cual prosigue diciendo : « Que el Todopoderoso que liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto para conducirlo hacia la tierra prometida continúe liberándolos de todo mal y acompañándolos de su bendición. »

Palabras embarazosas en grado sumo, dado que manifiestamente Dios no los ha liberado aún de todo mal, puesto que no existe mal mayor que el de ser considerados « enemigos del Evangelio » (Rom. 11, 28) y formar parte de la « Sinagoga de Satán » (Ap. 3, 9)

¿Cómo concebir que Dios pueda continuar « acompañándolos de su bendición », cuando ellos continúan rechazando con obstinación a Aquel que Él ha enviado ?

Deseo precisar aquí, para evitar cualquier tipo de malentendido, que de ningún modo ataco a los judíos de manera personal, ya que no me caben dudas de que los hay excelentes personas y que profesan sus creencias con toda buena fe. Al referirme a los judíos entiendo situarme en el plano de los principios teológicos, el único que es pertinente en esta cuestión. Y en ese terreno se comprueba una enemistad irreductible entre la Iglesia, que busca establecer el reino de Jesucristo en la sociedad, y el judaísmo talmúdico, el cual, habiéndose estructurado en oposición a Jesucristo y a la Iglesia, busca obstaculizar su misión evangelizadora, en total coherencia con su teología, que no le permite ver en Jesús de Nazareth más que a un impostor y a un blasfemador, a un falso mesías que impide la venida del verdadero, el que ellos aguardan ansiosamente con vistas a restaurar el reino de Israel y a regir las naciones desde Jerusalén convertida en la capital de su reino mesiánico mundial.

No se trata pues en absoluto de « racismo » ni de un pretendido « antisemitismo » conceptualmente absurdo, según la raída cantinela que no cesan de entonar cuando alguien se atreve a abordar el tema, al unísono y a voz en cuello, los creadores de opinión mediáticos, auténtica policía ideológica del sistema mundialista, para desviar la atención del verdadero problema que plantea el judaísmo talmúdico y sionista, cuya índole es estrictamente teológica, aunque de él se sigan necesariamente consecuencias políticas, económicas y culturales.

Hecha esta aclaración, volvamos a la carta de Francisco, quien concluye diciendo : « Les pido que recen por mí, y les garantizo mi oración por ustedes, con la confianza de poder profundizar los lazos de estima y de amistad recíproca. » Nos es forzoso constatar que aquí llegamos al colmo en el ámbito de lo absurdo.

En efecto, ¿Cómo es posible imaginar que la oración de quienes están, según San Juan, bajo el imperio de Satán, podría ser atendida por Dios ?

Y en buena lógica, si los judíos aceptaran rezar por el papa, cosa inimaginable considerando que su misión se opone diametralmente a la suya, se verían obligados a pedir su apostasía del cristianismo y su conversión al judaísmo. Es decir que Francisco implícitamente les estaría pidiendo nada menos que rezaran por él para que pudiera rechazar a Cristo, ¡tal como lo hacen ellos!

A decir verdad, si esta cuestión no revistiese una gravedad inaudita, estaríamos ante un gag desopilante por sus incongruentes y grotescas implicaciones. Y esto sin mencionar los lazos de « amistad recíproca » que Francisco evoca al final de su mensaje, ya que la incoherencia de esta expresión no es menos flagrante que la de la anterior.

Expliquémonos : Un amigo es un alter ego, un otro yo, de lo que se sigue que la verdadera amistad no es viable si los amigos no poseen una correspondencia de pensamientos, de sentimientos y de objetivos que vuelva posible la comunión de las almas.

Ahora bien, los pensamientos y la acción de la Iglesia y de la Sinagoga son, como ya lo hemos dicho, diametralmente opuestos, sus proyectos son incompatibles, la oposición que existe entre ellas es radical, de suerte que, hasta tanto los judíos no hayan aceptado a Cristo como a su Mesías y Salvador, le enemistad entre ambas permanecerá irreductible, por razones teológicas evidentes, del mismo modo que lo son la luz y las tinieblas, Dios y Satán, Cristo y el Anticristo…

Con este tipo de deseos entramos de plano en el terreno de la utopía, de la sensiblería humanista, de la negación de la realidad y, sobretodo, en la falsificación del lenguaje y en la perversión de los conceptos : nos encontramos de lleno en la esfera de la ilusión, de la manipulación intelectual y de la mentira. Mentira de la cual sabemos fehacientemente quien es el padre…

Monseñor Jorge Mario Bergoglio, cuando era arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, tenía ya la muy peculiar costumbre de acudir regularmente a sinagogas para participar en encuentros ecuménicos, el último de los cuales no remonta más allá del 12 de diciembre de 2012, apenas tres meses antes de su elección pontifical, con motivo de la celebración de Hanukkah, la fiesta de las luces, en la cual se enciende cada tarde una vela en un candelabro de nueve brazos durante ocho días consecutivos, liturgia cuyo significado es, desde un punto de vista espiritual, la expansión del culto judío.

El cardenal Bergoglio participó activamente en la ceremonia del quinto día, encendiendo la vela correspondiente. De más está decir que evento semejante no se había producido jamás en la historia de la Iglesia. Y que constituye un hecho altamente perturbador. Aunque no menos inquietante resulta ser el hecho de que este tipo de gestos escandalosos pasen completamente desapercibidos para la inmensa mayoría de los católicos, profundamente aletargados, imbuídos hasta la médula del pensamiento revolucionario que socava la Fe y debilita el sensus fidei de los creyentes, compenetrados de la ideología pluralista, humanista, ecuménica, democrática y derecho-humanista que sus pastores les inculcan sin cesar desde hace más de medio siglo, ideología que es totalmente extranjera al depósito de la Revelación y que se ha vuelto el leitmotiv de los discursos oficiales de la jerarquía eclesiástica desde Vaticano II.

Para concluir este apartado, he aquí un pequeño extracto de lo que Francisco decía a los judíos en otra sinagoga de Buenos Aires, Bnei Tikva Slijot, en septiembre de 2007, durante su participación a la ceremonia de Rosh Hashanah, el año nuevo hebreo :

« Hoy, en esta sinagoga, tomamos nuevamente conciencia de ser pueblo en camino (???) y nos ponemos en presencia de Dios. Hacemos un alto en nuestro camino para mirar a Dios y dejarnos contemplar por El. »

¿Qué interpretación podrá atribuirse al « nosotros » empleado por Francisco ? ¿Qué realidad querrá designar utilizando la palabra « Dios » ? En todo caso, habida cuenta del contexto, no podría designar a Dios Padre, pues sino está claro que los judíos no rechazarían al Hijo. En efecto, Nuestro Señor les dijo : « Si Dios fuese vuestro Padre, me amaríais, porque es de Dios que he salido y que vengo (…) Vosotros tenéis por padre al Demonio, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre (…) El que es de Dios escucha las palabras de Dios. Vosotros no escucháis porque no sois de Dios. » (Jn. 8, 42-47)

Hecho de lo más sorprendente, durante su extenso discurso pronunciado en esa sinagoga de la capital argentina, quien en ese entonces no era « sino » Monseñor Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, no se dignó a pronunciar ni siquiera una vez el Santo Nombre de Jesús…

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3. Francisco y la laicidad del Estado.

Ante todo, es menester tener presente en qué consiste el llamado principio de laicidad : se trata de la piedra angular del pensamiento iluminista, por el cual Dios es excluído de la esfera pública y el Estado es emancipado de la revelación divina y del magisterio eclesiástico en el ejercicio de sus funciones, quedando así habilitado para actuar de manera totalitaria, al negarse a admitir toda instancia moral superior capaz de esclarecerlo intelectualmente y de orientarlo moralmente en su acción, ya se trate de la ley natural, de la ley divina o de la ley eclesiástica.

El Estado moderno se concibe a sí mismo como absolutamente desligado de cualquier tipo de trascendencia espiritual o ética a la cual someterse en aras de establecer y de conservar su legitimidad. De este modo, el Estado liberal no reconoce otra legitimidad como no sea la emanada de la llamada voluntad general y que, por ende, se funda únicamente en la ley positiva que los hombres se dan a sí mismos.

La separación de la Iglesia y del Estado es el resultado lógico de este principio, por el cual se exonera a la sociedad políticamente organizada de rendir a Dios el culto público que le es debido, de respetar la ley divina en su legislación y de someterse a la enseñanza de la Iglesia en materia de fe y de moral. Esta supuesta independencia del poder temporal respecto al poder espiritual no debe confundirse con la legítima autonomía de la cual la sociedad civil goza en relación a la autoridad religiosa en su propio ámbito de acción, esto es, en la búsqueda del bien común temporal, el cual a su vez se halla ordenado a la del bien común sobrenatural, a saber, la salvación de las almas. Esta es la doctrina católica tradicional de la distinción de los poderes espiritual y temporal y de la subordinación indirecta de éste respecto de aquél.

La laicidad conculca el orden natural existente entre ambos poderes y erige al Estado en poder absoluto, transformándolo así en una maquinaria de guerra con vistas a la descristianización de las instituciones, de las leyes y de la sociedad en su conjunto.

El gran artesano de la pretendida neutralidad religiosa del Estado es la franc-masonería, enemigo jurado de la civilización cristiana. Dicha neutralidad no es más que una superchería, dado que el poder temporal es incapaz de prescindir de una instancia espiritual de orden superior que le brinde los principios morales que reglan su actividad.

El Estado laico no es neutro sino en apariencia, puesto que recibe sus principios orientadores en materia espiritual y moral de esa contra-iglesia que es la franc-masonería : « La laicidad es la piedra preciosa de la libertad. La piedra nos pertenece a nosotros, masones. La recibimos en bruto, la tallamos progresivamente y nos es preciosa porque nos servirá para edificar el templo ideal, el futuro dichoso del hombre del cual deseamos que ella sea el único señor. » (La laïcité : 1905-2005, Edimaf, 2005, p. 117, publicado por el Gran Oriente de Francia en conmemoración del centenario de la ley de separación de la Iglesia y del Estado de 1905.).

Habiendo efectuado este recordatorio básico, sin el cual se pueden perder de vista las implicancias cruciales que conlleva este asunto, examinemos la posición de Francisco al respecto.

En un discurso dirigido a la clase dirigente brasilera el 27 de julio, durante el transcurso de las Jornadas Mundiales de la Juventud, celebradas en Río de Janeiro, Francisco realizó un elogio entusiasta de la laicidad y del pluralismo religioso, a punto tal de regocijarse por la función social desempeñada por las « grandes tradiciones religiosas, que ejercen un papel fecundo de levadura en la vida social y de animación de la democracia. » Para continuar diciendo que « la laicidad del Estado (…) sin asumir como propia ninguna posición confesional, es favorable a la cohabitación entre las diversas religiones. »

Laicismo, pluralismo, ecumenismo, relativismo religioso, democratismo : el número y la magnitud de los errores contenidos en esas pocas palabras, condenados formalmente y en múltiples ocasiones por el magisterio, requeriría una prolongada exposición que excedería ampliamente los límites de este artículo.

Para quienes deseasen profundizar la doctrina católica en la materia, he aquí los documentos esenciales :

Mirari vos (Gregorio XVI, 1832),

Quanta cura, con el Syllabus (Pío IX, 1864) ;

Immortale Dei y Libertas (León XIII, 1885 y 1888) ;

Vehementer nos y Notre charge apostolique (San Pío X, 1906 y 1910) ;

Ubi arcano y Quas primas (Pío XI, 1922 y 1925) ;

Ci riesce (Pío XII, 1953).

Leamos, a guisa de ejemplo, un pasaje de la encíclica Quas Primas, por la cual Pío XI instituyó la solemnidad de Cristo Rey :

« La celebración de esta fiesta, que se renovará cada año, enseñará también a las naciones que el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes. A éstos les traerá a la memoria el pensamiento del juicio final, cuando Cristo, no tanto por haber sido arrojado de la gobernación del Estado cuanto también aun por sólo haber sido ignorado o menospreciado, vengará terriblemente todas estas injurias; pues su regia dignidad exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente al formar las almas de los jóvenes en la sana doctrina y en la rectitud de costumbres. »

La lectura de estos textos del magisterio permite comprender que el Estado laico, supuestamente neutro, no confesional, incompetente en materia religiosa y otras falacias por el estilo, no es más que una aberración filosófica, moral y jurídica moderna, una monstruosidad política, una mentira ideológica que pisotea la ley divina y el orden natural.

La distinción –sin separación- de los poderes temporal y espiritual es algo muy diferente de la pretendida independencia del temporal respecto del espiritual en relación con Dios, la Iglesia, la ley divina y la ley natural : eso tiene nombre, y se llama la apostasía de las naciones.

Esta apostasía es el fruto maduro del Iluminismo, de la franc-masonería, de la Revolución Francesa y de todas las sectas infernales que de ella proceden (liberalismo, socialismo, comunismo, anarquismo, etc.) Esos son los enemigos despiadados de Dios y de su Iglesia, quienes alcanzaron su diabólico objetivo de destruir enteramente la sociedad cristiana y de erigir en su lugar la ciudad del hombre sin Dios, creatura insensata embriagada por la falaz autonomía de la cual ella pretende gozar respecto a Dios : en ello reside el rasgo esencial de lo que se ha dado en llamar la modernidad, a pesar de sus rostros variados y multiformes, cuyo desenlace, a término, no puede ser otro que el del reino del Anticristo. Esta figura escatológica del hombre impío conducirá ineluctablemente la sociedad moderna, secularizada y apóstata, al paroxismo de su revuelta contra todo lo que se encuentra por encima de su propia voluntad autónoma y soberana, de la cual nos ofrece ya las aciagas primicias : pensemos, por no citar sino un puñado de ejemplos representativos, en esas aberraciones inimaginables que son el matrimonio homosexual, la adopción homo-parental, el derecho al aborto, la legalización de la industria pornográfica, la escuela sin Dios pero con teoría de género y educación sexual obligatorias para corromper la infancia y mancillar la inocencia de las almas inocentes…

Personificación aterradora de la creatura que entiende hacer de su libertad, considerada como absoluta, la única fuente de la ley y de la moral, creatura imbuída de su vacuidad ontológica y enceguecida por su arrogancia irrisoria que pretende asombrosamente ocupar el lugar de Dios.

Reitero que es en esta pretensión insensata de la creatura de prescindir de su Creador que radica la característica definitoria de la modernidad, es ella la que constituye la raíz del mal moderno, desvarío metafísico que se manifiesta con una actitud de repliegue del individuo sobre su propia subjetividad, acompañada por el rechazo categórico de un orden objetivo del cual debería reconocer por partida doble la anterioridad cronológica y la superioridad ontológica, y al cual está llamado a someterse libremente para realizar plenamente su humanidad.

Esta actitud moderna se declina en múltiples facetas : nominalismo, voluntarismo, subjetivismo, individualismo, humanismo, racionalismo, naturalismo, protestantismo, liberalismo, relativismo, utopismo, socialismo, feminismo, homosexualismo, de las cuales la raíz es siempre la misma, a saber, el sujeto autónomo pretendiendo emanciparse del orden objetivo de las cosas y cuyo desenlace trágico e inevitable es el proyecto descabellado de proponerse crear una civilización que, tras haber expulsado a Dios de la sociedad, se funde exclusivamente en el libre arbitrio soberano del hombre, convertido en fuente de toda legitimidad.

Y hoy más que nunca se vuelve indispensable proclamarlo a los cuatro vientos : el principio de laicidad constituye su más acabada encarnación y es su figura emblemática : « El día en que comeréis (del fruto prohibido) vuestros ojos se abrirán y seréis como dioses que conocen el bien y el mal » (Gn. 3,5), sugirió la Serpiente a Eva, quien, dando muestras de una gran apertura mental y de una sincera adhesión al pluralismo religioso, se adentró con madurez y confianza en un diálogo mutuamente enriquecedor con su respetable interlocutor…

El desenlace es bien conocido y ciertamente fatal para la humanidad : Adán y Eva terminaron comiendo, se encontraron desnudos, fueron castigados por Dios y expulsados del Paraíso.

Las viejas naciones europeas que conformaban la Cristiandad comieron también del fruto, llamado esta vez Derechos Humanos, Democracia y Laicidad. Y ahora se encuentran desnudas. En cuanto al castigo, ineluctable, terminará llegando, tarde o temprano :

« Vi surgir del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, y sobre sus cuernos diez diademas, y sobre sus cabezas nombres de blasfemia (…) Le fue dado hacer la guerra a los santos y vencerlos. Y le fue concedida autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. » (Ap. 13, 1/7).

Pero el Anticristo, « el hombre impío, el hijo de perdición » (2 Tes. 2, 3) no llegará solo : será precedido por un falso profeta, parodia diabólica del papel precursor que otrora ejerciera San Juan Bautista disponiendo los corazones para la llegada inminente del Mesías :

« Vi otra bestia que subía de la tierra y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón. » (Ap. 13,11).

Las dos bestias, la del mar y la de la tierra, el Anticristo y el Falso Profeta, son indisociables, al igual que lo son el poder temporal y el poder espiritual en la sociedad. En régimen de cristiandad, los dos poderes cooperaban a efectos de hacer respetar la ley divina en la sociedad. Pero, en el caso que nos ocupa, los dos poderes han cambiado de signo y se hallan dedicados al servicio de Satán, la segunda bestia –el poder religioso prevaricador-, abriendo el camino a la primera e induciendo a los hombres a que se le sometan :

« E hizo que la tierra y todos sus habitantes adorasen a la primera bestia. » (Ap.13, 12).

La primera bestia representa el poder temporal apóstata, el del régimen democrático laico y secularizado, enemigo de Dios, poder mundano que un día será ostentado por una persona concreta, el Anticristo.

La segunda bestia, por su parte, representa el poder religioso corrompido, a la cabeza del cual se hallará también un día una persona concreta, el falso profeta o Anticristo religioso.

¿Qué tan lejos se encontrará la época que verá desplegarse ante su mirada atónita el cumplimiento de estas profecías ?

No es fácil tener certezas de orden práctico en este terreno ni por tanto dar una respuesta categórica. En cambio, no resulta aventurado sostener que cuando el nuevo papa alaba apasionadamente la laicidad del Estado, siguiendo en esto el ejemplo de sus predecesores recientes en el pontificado y conformándose al magisterio post-conciliar, la necesidad de escrutar las profecías que acabamos de exponer cobra una urgencia manifiesta.

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Alejandro Sosa Laprida

12 de marzo del año 2014

Tomado de:

http://www.labotellaalmar.com.ar/

El Papa Pío XII y los judíos

pio-xii-5Al recorrer todo un abanico que va desde la “decepción” a la invectiva, las organizaciones judías le reprochan a Roma no querer reconocer la responsabilidad de la Iglesia católica en la Shoah, que tendría que concluir en dos fallos por parte de la Iglesia: reconocer que las actitudes antisemitas que han jalonado la historia de la cristiandad han conducido a la Shoah, y reconocer la culpabilidad personal del Papa Pío XII. De hecho, lo que hay que afirmar son dos evidencias, a) la primera es que el antisemitismo nazi es de origen pagano y no católico, y que el nazismo también era anticristiano; b) la segunda es que Pío XII, en persona o por medio de sus representantes, salvó a centenares de miles de vidas judías. Es una evidencia histórica que Pío XII tuvo una actitud no sólo irreprochable sino incluso digna de la mayor admiración. Las pruebas están ahí, al alcance de cualquiera. Pero como la calumnia ha vuelto a ser empleada por las organizaciones judías y ha sido amplificada por los medios de comunicación como si fuera una verdad histórica, es necesario recordar algunos elementos.

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EL EXORCISMO DEL PAPA LEÓN XIII

TEXTO COMPLETO

INVOCANDO A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

VISIÓN DE LEÓN XIII

LA ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

 

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San Miguel Arcángel,

defiéndenos en la batalla;

sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.

Reprímale Dios, pedimos suplicantes,

y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,

arroja al infierno con el divino poder a Satanás

y a los demás espíritus malignos

que andan dispersos por el mundo

para la perdición de las almas.

Amén

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Oración por la paz

Por el Papa Pío XII

El Papa Pío XII

¡Oh Madre de misericordia! Intercede ante Dios y obtennos la gracia
de la reconciliación cristiana de los pueblos.
 Obtennos las gracias que en un instante puedan convertir los corazones humanos,
aquellas gracias que puedan preparar y asegurar la anhelada paz.
Reina de la Paz,
ruega por nosotros
y logra para el mundo
la paz en la verdad,
en la justicia,
en la caridad de Cristo.
Amen.
 
Tomado de:

En Nous Procurant

Discurso del Papa Pío XII al Instituto Internacional de Finanzas.

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Pío XII Al procurarnos el placer de recibir el delicado homenaje de vuestra deferencia, nos ofrecéis también, señores, la ocasión de expresaros el vivo interés que Nos sentimos por la labor de vuestro Instituto, labor austera sin duda alguna, cuyas dificultades e importancia bien pocos saben vislumbrar.

Complejidad de las finanzas públicas.

Las cuestiones de las finanzas públicas han sido siempre objeto de una atención especialísima no sólo por parte de los intelectuales y de los técnicos, sino también, por decirlo así, por parte de todos. La razón de ello es que cada uno aprecia el grado de prosperidad o de crisis de las finanzas públicas sobre todo desde el punto de vista de su interés personal. Ahora bien, los sucesos y las condiciones de estos últimos tiempos han agudizado de tal manera estas cuestiones, que en muchos países han llegado a ocupar el centro de las luchas políticas y con frecuencia se han convertido en el punto neurálgico de las discusiones más apasionadas, no sin peligro, por otra parte, para el equilibrio de la estructura interna del Estado. Muchas personas, en efecto demasiadas personas-, guiadas por el interés, por el espíritu departido, o incluso por consideraciones nacidas más del sentimiento que de la razón, abordan y tratan, haciéndose economistas y políticos improvisados, las cuestiones financieras y fiscales con tanto mayor ardor y desenfado, con tanta mayor seguridad y desenvoltura, cuanto mayores su incompetencia. A veces parece que ni siquiera sospechan la necesidad que hay, para resolverlas, de estudios atentos, de encuestas y de observaciones múltiples, de experiencias comparadas.

Crisis de conciencia en materia fiscal.

Las necesidades financieras de cada una de las naciones, grandes o pequeñas, han crecido de manera formidable. El defecto no proviene solamente de las complicaciones o el de las tensiones internacionales; se debe también, y quizá todavía más, a la extensión desmesurada de la actividad del Estado, actividad que, dictada con demasiada frecuencia por ideologías falsas o malsanas, hace de la política financiera, y muy particularmente de la política fiscal, un instrumento al servicio de preocupaciones completamente diferente. ¿Quién se admirará, después de esto, del peligro en que se encuentran la ciencia y el arte de las finanzas públicas de descender, carentes de principios fundamentales claros, simples, sólidos, al papel de una técnica y de una manipulación puramente formales? Es, por desgracia, lo que se constata hoy día en muchos dominios de la vida pública; un tinglado hábil y audaz de sistemas y procedimientos, pero sin resorte interior, sin vida, sin alma. Este estado de cosas influye más perniciosamente todavía sobre la mentalidad de los individuos. El individuo va teniendo cada día menos conocimientos de los asuntos financieros del Estado; aun en la política más sana, sospecha siempre alguna senda tortuosa, misteriosa, o una intención oculta malintencionada, de la cual él debe prudentemente desconfiar y guardarse. Ved, pues, cómo es ahí en definitiva donde hay que buscar la causa profunda de la decadencia de la conciencia moral del pueblo del pueblo en todos sus grados- en materia de bien público, en materia fiscal principalmente. ¿Cómo podría la Iglesia contemplar indiferente esta crisis que, en realidad, es una crisis de conciencia? He aquí por qué, dirigiéndose a aquellos que tienen alguna parte de responsabilidad en el manejo de las cuestiones de las finanzas públicas, la Iglesia les conjura: En nombre de la conciencia humana, no arruinéis la moral desde arriba. Absteneos de aquellas medidas que, a pesar de su valor técnico, soliviantan y hieren en el pueblo el sentido de lo justo y de lo injusto, o que relegan a segundo término su fuerza vital, su legítima ambición de recoger el fruto de su propio trabajo, su preocupación por la seguridad familiar, consideraciones todas que merecen ocupar en lamente de un legislador el primer lugar, no el último.

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El positivismo jurídico

Por el Papa Pío XII

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El pensamiento del hombre moderno, del hombre que ha renegado de Dios (o lo hizo a su medida, lo cual es esencialmente lo mismo), lo ha llevado a creer en que él, por sí mismo, puede hacer las leyes a su medida prescindiendo totalmente de toda ley moral objetiva fuera del sí mismo. Tal error filosófico se lo llama positivismo jurídico. Este error, ha llevado a que los hombres hagan las leyes según conveniencias políticas y económicas de poder, generalmente guiados por la ambición y la soberbia, ha conducido al poder legislativo hasta la locura de legalizar crímenes como el aborto y leyes la contra la misma naturaleza humana, como ocurre en las llamadas “uniones” entre personas del mismo sexo o “matrimonio” homosexual.

EL POPSITIVISMO JURÍDICO

Estrechamente ligada con el estatismo se halla la doctrina del positivismo jurídico, que quita al derecho su verdadera base: la ley divina natural y positiva, y pretende reemplazarla por la voluntad del legislador. El Santo Padre, en varias ocasiones, lo de­nunció e hizo notar las funestas consecuencias a que conduce. Así, en 1949 realizó un penetrante análisis del mismo, señalando su origen y su actual vinculación con el totalitarismo, y hacien­do referencia, además, a los procesos contra los “criminales de guerra”.

Las causas de tales crisis [en la administración de la justicia] han de buscarse principalmente en el positivismo jurídico y en el absolutismo del Estado; dos manifestaciones que a su vez de­rivan y dependen una de otra. En efecto, sustraída al derecho su base constituida por la ley divina natural y positiva, y por lo mismo inmutable, no queda sino fundarlo sobre la ley del Estado como norma suprema, y he aquí puesto el principio del Estado absoluto. A su vez este Estado absoluto buscará necesariamente someter todas las cosas a su arbitrio y, especialmente, hacer servir el mismo derecho a sus propios fines. [… ]

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El Rosario en familia

Por el Papa Pío XII

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De todo corazón os damos la bienvenida, queridos recién casados, a quienes parece haber conducido a Nos la Virgen del Santísimo Rosario, en este mes consagrado a ella. Nos place mirarla con los ojos del espíritu – como la han visto algunos santos privilegiados – inclinada ha­cia vosotros con una sonrisa (para ofreceros aquel simple y devoto objeto que, a través de una cadena de anillos flexibles y ligeros que no recuerda sino una servidum­bre de amor, reúne por decenas sus pequeños granos, lle­nos de un invisible jugo sobrenatural), mientras que en vuestro canto, arrodillados ante ella, prometéis honrarla, ofreciéndose con la mayor frecuencia posible, en todas las vicisitudes de la vida familiar, el tributo de vuestra piedad.

I.‑ El rosario, según la etimología misma de la pa­labra, es una corona de rosas, cosa encantadora que en todos los pueblos representa una ofrenda de amor y un símbolo de alegría. Pero estas rosas no son aquellas con que se adornan con petulancia los impíos, de los que ha­bla la Sagrada Escritura[1]: “Coronémonos de rosas – exclaman – antes de que se marchiten”. Las flores del ro­sario no se marchitan; su frescura es incesantemente re­novada en las manos de los devotos de María; y la diver­sidad de la edad, de los países y de las lenguas, da a aque­llas rosas vivaces la variedad de sus colores y de su per­fume.

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La unión en la plegaria, según las enseñanzas de San Francisco de Sales.

Por el Papa Pío XII

Papa Pío XII

Grande consuelo y esperanza para Nuestro corazón, queridos recién casados, es el ver esta reunión vuestra en torno a Nos; porque aparece a Nuestra mirada como una reunión de nacientes familias cristianas sobre las cuales se complace el Señor en derramar la abundancia de los favores que habéis solicitado, al pie del altar, ante el sacerdote que bendecía vuestra unión. Vuestra invoca­ción, que se unía así a la del ministro de Dios, era oración, y con la oración habéis iniciado la nueva vida común. ¿Continuaréis orando, invocando al Padre que está en los cielos, fuente de toda paternidad en el orden de la natu­raleza y en el orden de la gracia? Sí; signo de esa promesa es vuestra presencia para pedir sobre vuestro nuevo hogar Nuestra bendición paterna, que confirme la súplica del sacerdote y la vuestra y las avalore para todo el curso de vuestra vida.

San Francisco de Sales, –de  quien, en nuestro último discurso a los recién casados, venidos como vosotros, queridos hijos e hijas, a pedirnos que les bendijésemos, comentamos brevemente las “Advertencias a las personas casada?–, añade sobre la oración de los esposos un ras­go de pluma encantador, que queremos hoy presentar a vuestra consideración.

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Una profecía del Papa Pío XII

que tristemente vemos, se ha cumplido, gracias al Concilio Vaticano II.

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«Siento en mi entorno a los innovadores que quieren desmantelar el Sacro Santuario, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, ¡Hacerla sentir remordimiento de su pasado heroico! Bien, mi querido amigo, estoy convencido que la Iglesia de Pedro tiene que hacerse cargo de su pasado, o ella cavará su propia tumba (…) Llegará un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dude como dudó Pedro. Será tentada de creer que el hombre se ha convertido en Dios, que Su Hijo es meramente un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en las iglesias, los cristianos buscarán en vano la lámpara roja donde Dios los espera, como la pecadora que gritó ante la tumba vacía: ¿dónde lo han puesto?».
Citado por Mons. Georges Roche en: “Pius XII devant l’histoire”.
Tomado de:

El verdadero diálogo

Pio XII el Papa ultrajado - Alexis Curvers

“El lenguaje de la verdad no tiene curso en el parloteo sin fin que nos recomiendan bajo el nombre de Diálogo y que no lleva ni puede llevar más que a unos avances del error, ya que todas las palabras, y el concepto mismo de diálogo son desviados de su verdadero sentido. El verdadero diálogo, el de Sócrates con los sofistas, es una búsqueda de la verdad. El falso diálogo hacia el que nos atraen, consiste en la búsqueda no de la verdad, sino de un compromiso entre hipótesis que se suponen iguales, y entre las cuales la verdad, si por azar está presente, no se manifiesta jamás. En este pretendido diálogo la verdad queda obligada, por las mismas reglas del juego, a esconderse bajo la forma de simple hipótesis tanto más tímida cuanto más real. Así los sofistas esquivan la verdad en sí y traicionan la parte misma de verdad que contienen sus propias hipótesis.
Diálogo ¿de qué?, ¿con quién?, ¿para qué? Tendrían que empezar por responder a estas preguntas. Si no nos dan respuesta a ellas, el diálogo es solamente un viento productor de tempestades”.
Alexis Curvers, “Pío XII, el Papa ultrajado”.
Tomado de:

INSTITUCIÓN DEL SANTO Y AUGUSTO SACRIFICIO DE LA MISA

El Misterio de la Sagrada Eucaristía, instituida por el Sumo Sacerdote, Jesucristo, y por voluntad de El constantemente renovada por sus ministros, es como el compendio y centro de la religión cristiana.

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Cristo Nuestro Señor, «sacerdote sempiterno, según el orden de Melquisedec»(1), «como hubiese amado a los suyos que vivían en el mundo» (2), «en la última cena, en la noche en que se le traicionaba, para dejar a la Iglesia, su amada Esposa, un sacrificio visible —como la naturaleza de los hombres pide—que fuese representación del sacrificio cruento que había de llevarse a efecto en la cruz, y para que permaneciese su recuerdo hasta el fin de los siglos y se aplicase su virtud salvadora para remisión de nuestros pecados cotidianos…, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre, bajo las especies del pan y del vino, y las dio a los Apóstoles, constituidos entonces sacerdotes del Nuevo Testamento, a fin de que, bajo estas mismas especies, lo recibiesen, al mismo tiempo que les ordenaba, a ellos y a sus sucesores en el sacerdocio, que lo ofreciesen»(3).

El Augusto Sacrificio del Altar no es, pues, una pura y simple conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesucristo, sino que es un Sacrificio propio y verdadero, por el que el Sumo Sacerdote, mediante su inmolación incruenta, repite lo que una vez hizo en la Cruz, ofreciéndose enteramente al Padre, Víctima gratísima. «Una… y la misma es la víctima; lo mismo que ahora se ofrece por ministerio de los sacerdotes se ofreció entonces en la cruz; solamente el modo de hacer el ofrecimiento es diverso»

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Si la piedad privada e interna de los individuos descuidase el Augusto Sacrificio del Altar y los sacramentos, y se sustrajese al influjo salvador que emana de la Cabeza en los miembros, sería, sin duda alguna, cosa reprobable y estéril; pero cuando todos los métodos y ejercicios de piedad, no estrictamente litúrgicos, fijan la mirada del alma en los actos humanos únicamente para enderezarlos al Padre, que está en los Cielos, para estimular saludablemente a los hombres a la penitencia y al temor de Dios, y arrancándolos de los atractivos del mundo y de los vicios, conducirlos felizmente por el arduo camino a la cumbre de la santidad, entonces son no sólo sumamente loables, sino hasta necesarios, porque descubren los peligros de la vida espiritual, nos espolean a la adquisición de las virtudes y aumentan el fervor con que debemos dedicarnos todos al servicio de Jesucristo.”

En el tiempo sagrado en que la liturgia nos propone los dolorosísimos tormentos de Jesucristo, la Iglesia nos invita a subir al Calvario para seguir de cerca las huellas sangrientas del divino Redentor, para sufrir con El gustosamente la cruz y excitar en nuestro espíritu los mismos sentimientos de expiación y de propiciación, y para que todos nosotros muramos juntamente con El.

   Trayendo a la memoria estos Misterios de Jesucristo, pretende la sagrada liturgia que todos los creyentes participen de ellos de tal manera, que la Divina Cabeza del Cuerpo Místico viva con su perfecta santidad en cada uno de los miembros. Sean las almas de los cristianos como altares en donde, en cierto modo, revivan las diferentes fases del sacrificio que inmola el Sumo Sacerdote: es decir, los dolores y lágrimas, que limpian y expían los pecados; la oración dirigida a Dios, que se eleva hacia el cielo; la entrega y como inmolación de sí mismo, hecha con ánimo pronto, generoso y solícito; y, finalmente, la estrechísima unión con la cual confiamos a Dios nuestras personas y nuestras cosas, y en El descansamos, «pues la esencia de la religión es imitar a aquel a quien adoras» (4).
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NOTAS
(1) Sal 109,4
(2) Jn 13,1.
(3) Conc. Tridentino, ses.22 c.l.
(4) San Agustín, De la ciudad de Dios VIII c.17.

Extractos de la Encíclica Mediator Dei, 20 de Noviembre de 1947

Como ovejas sin Pastor

Tomado de:

http://eccechristianus.wordpress.com/