Sermón Dominical

Del

UNDÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

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Homilía: De mudos y de sordos

Domingo XI después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
Mc 7: 31-37

El evangelio de hoy nos habla de sordos y de mudos, lo cual nos viene muy bien para hablar de la situación actual en la que vivimos. Un mundo, tanto a nivel civil como eclesiástico, que es mudo y es sordo. Es un mundo de mudos porque nadie dice nada, y si dice algo, es mentira. Y es un mundo de sordos porque se ha tomado la opción de no oír nada, como el avestruz.

Tanto el mundo como la Iglesias están paganizados. Estamos ante una Iglesia nueva que nada tiene que ver con la Iglesia fundada por Jesucristo.

Suena curioso, que en un mundo caracterizado por la comunicación global, nos hayamos vueltos sordos y mudos….

Pongamos un ejemplo: La problemática actual que tiene Europa con el Islam. Sabemos que el Islam se ha adueñado de Europa; y también sabemos que el Islam se impone por la fuerza, pues así lo dice el Corán. Eso sí, como nos dice la jerarquía, no estamos ante una guerra de religiones; a pesar que los propios terroristas digan que sí es una guerra de religiones…

¿Por qué tanto mutismo, tanto a nivel civil como eclesiástico? Tanto mutismo sólo tiene una posible explicación, que haya alguien por detrás que esté interesado en que el pueblo musulmán acabe con Europa y sus raíces cristianas; con la esperanza de poder acabar luego con el Islam y así introducir la globalización universal dirigida por el Sistema….

El cardenal Sarah se quejaba días atrás de la inacción de los gobiernos ante los últimos atentados terroristas en Europa. Y yo le preguntaría al cardenal Sarah: ¿Cuántas profanaciones, burlas al cristianismo y persecución contra los cristianos habrá que soportar para que la Jerarquía levante su voz?

Y no hablemos de la última puñalada dada contra la vida contemplativa…

Nos encontramos pues con el silencio tanto civil como eclesiástico….

Todo esto nos hace pensar en la cercanía de la segunda venida de Jesús…

Y frente a todo esto, la esperanza. Como dice San Pablo en la Carta a los Romanos: “¿Quién nos podrá separar del amor de Cristo…?”

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Sermón Dominical

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DÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

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HOMILÍA 28 DE JULIO DE 2013

Domingo X después de Pentecostés\

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)

Evangelio: Lc 18: 9-14

O amor a Dios o amor al hombre

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El hombre fue hecho para amar y, por supuesto, para ser amado, dado que el amor supone siempre la reciprocidad.

Para amar a Dios en primer lugar. Pero también a sí mismo, a su prójimo e incluso a todas las cosas de la creación. Aunque la clave de la cuestión está en el grado de intensidad del amor y en el orden en el que se otorga.

El amor a Dios no excluye el amor a todas las cosas y a las demás personas. Muy al contrario, y solamente requiere regular su fuerza de intensidad y su aplicación en el debido orden, como acabamos de decir.

Lo que sí requiere el amor a Dios es que sea sobre todo y por encima de todo. No se ponen límites al amor a las otras personas o a las cosas que componen el universo de la Creación, con tal que se ame a Dios más que a todas ellas y por encima de todas ellas:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el primer y el mayor mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.[1]

De manera que a Dios se debe amar con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. Según San Lucas con todas tus fuerzas (10:27). El segundo mandamiento, que es solamente semejante al primero, dice que el prójimo debe ser amado como a uno mismo. De donde, como puede verse, la diferencia es esencial.

No se puede amar a ninguna criatura en el mismo grado y en la misma intensidad que a Dios. Lo contrario no tendría sentido alguno, puesto que la fuente y el origen de todo amor es Dios, que incluso San Juan identifica con el mismo Amor (1 Jn 4:8).

Pues solamente Dios es digno de ser amado por encima de todo y sobre todo, e incluso sobre uno mismo. Y no se puede amar a las criaturas del mismo modo, como ya se ha dicho: Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí, y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.[2] Incluso Jesucristo especifica más: Si alguno viene a mí y no odia a su padre y a su madre y a su mujer y a sus hijos y a sus hermanos y hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo.[3]

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Sermón Dominical

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NOVENO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

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Homilía: Los verdaderos enemigos

IX Domingo después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 19: 41-47)

Jesús, mirando a Jerusalén, lloró y se lamentó. Fue entonces cuando hizo las profecías de la destrucción de Jerusalén y también del fin del mundo. El evangelio de hoy también trae el episodio de la expulsión de los vendedores del templo. Ambos episodios están íntimamente conectados: la corrupción.

Jerusalén es una ciudad emblemática para toda la historia de la humanidad. Como sabemos, la profecía de su destrucción ocurrió en el año 70 de nuestra era. Destrucción comenzada por Vespasiano y concluida por su hijo Tito…

Podríamos encontrar un paralelismo, pues existe, entre la destrucción de Jerusalén y los sucesos del fin del mundo. Sobre el fin del mundo, Cristo nos dejó señales para poderlo reconocer.

La situación actual del mundo, y también de la Iglesia, es de caos total. Especialmente de la Iglesia y de Europa. Ello nos induce a buscar una explicación. Europa está en ruinas y en descomposición. La invasión musulmana de Europa es una realidad… Europa se ha quedado sin defensas…

Pero en el fondo el Islam no es sino un instrumento útil al servicio de otros poderes superiores y ocultos; poderes, que como el Islam, quieren acabar con el cristianismo, pues es el único enemigo real que tienen para poder establecer su Orden Mundial.

Pero hay algo que estos “señores del nuevo orden mundial” no tienen en cuenta, Dios es el Señor de la historia. En realidad, todo lo que está ocurriendo es para bien de los elegidos; como el mismo Jesucristo nos dice.

“Cuanto todo esto ocurra, levantad vuestras cabezas, pues se acerca vuestra liberación”.

Así pues, tengamos los ojos abiertos, no nos dejemos engañar. Confiemos en Dios. La Iglesia, según promesa de su Fundador, no podrá ser destruida; ahora bien, quedará reducida a un “resto fiel”.

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Ciudades hermanadas: Sodoma-Madrid

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La homosexualidad

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La palabra homosexualidad es el término genérico que se aplica a las personas homosexuales, que son aquellas que satisfacen su apetito sexual con las de su mismo sexo. Más específicamente, el vocablo gay apunta por lo general a los varones (aunque no exclusivamente), mientras que el de lesbianismo se reserva para el género femenino.

Durante siglos el Cristianismo ha venido condenando esta tendencia como un vicio aberrante, contrario a las Leyes divinas y a la misma naturaleza humana. El Judaísmo hizo lo mismo desde mucho antes, aunque en general todo parece indicar que como tal depravación ha sido considerado siempre por la Humanidad desde sus mismos comienzos.

Pero en los tiempos modernos las ideas sobre la homosexualidad han dado un vuelco. Lo que siempre ha sido considerado como vicio repugnante ahora es visto como una gloriosa conquista de la Humanidad, y hasta como un timbre de gloria del que preciarse: El Orgullo Gay.

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SÉPTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 03 de julio de 2016

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Homilía: Pueblo que se avergüenza de su fe, pueblo humillado y con miedo

Domingo VII después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
Rom 6: 19-23

San Pablo en la primera lectura de este domingo escribe en su Carta a los Romanos: “Antes, estregasteis vuestro cuerpo al desorden y al pecado; antes erais esclavos del pecado y desconocíais la justicia. ¿Qué cosas conseguisteis de esas cosas, de las que ahora os avergonzáis? Ahora, sois libres del pecado y tenéis por fin la santificación y la vida eterna.

Leyendo este texto, tenía sentimientos encontrados, pues a muchos que todavía se llaman cristianos les ocurre precisamente lo opuesto; ahora se avergüenzan de la fe y se vanaglorian en sus bajezas. Estamos en un momento de apostasía universal. Gran parte de la Iglesia ha dejado de ser divina para hacerse meramente humana. Esa misma Iglesia ha pasado de dar culto a Dios a dar culto al hombre. Los cristianos han pasado de creer en Cristo a creer en el mundo.

Y si alguno duda de lo que estoy diciendo no tiene más que revisar los periódicos y comprobar las manifestaciones de ayer mismo en Madrid. Se traicionan los principios cristianos y se hace campaña contra todos los valores de nuestra fe. Ayer mismo, la líder socialista madrileña decía: los blancos, los delgados y los católicos constituyen el perfil de los homófobos (enemigos de los homosexuales). Afirmación llena de miedo y cobardía, pues todos sabemos que los realmente homófobos son los musulmanes. Yo no he visto a homosexuales colgados de una grua por un católico, en cambio esa imagen es bastante común para el mundo musulmán. Pero claro, de eso no se puede hablar, pues todos sabemos que la invasión de los musulmanes en Europa es cuestión de tiempo.

Todas estas cosas no son sino la manifestación de la decadencia en la que vive la sociedad actual por haber renunciado a su fe y a sus principios.

Una prueba más de la decadencia y de la esclavitud de la sociedad actual es por ejemplo la situación española. Toda España depende de cuatro señores a los cuales les importa poco el bien común de los ciudadanos. Sólo la catadura de estos cuatro señores me indica la degradación moral y humana a la que ha llegado España…

Por otro lado, la gente está empecinada en la mentira…

El cristianismo actual está fraccionado. Por un lado están los modernistas, que son la gran mayoría…, por otro los neocatólicos, que se esfuerzan en demostrar lo indemostrable…; por otro los “rebeldes sedevacantistas”; y por último, “el resto fiel”…

Sabemos, pues es promesa de Jesucristo, que los tiempos finales serán acortados en favor de ese resto fiel (los elegidos). Ser cristiano siempre fue difícil; pero ahora es más difícil todavía. A este resto le queda rezar y confiar en Dios. Sabemos que habrá un cielo nuevo y una tierra nueva donde florecerá la justicia. Así pues, no nos sintamos malhumorados ni hundidos; estamos participando de la cruz de Cristo; sabiendo que, si participamos en su cruz, también participaremos de su Gloria.