SAN FRANCISCO DE ASÍS, Confesor

4 de octubre

Llevo en mi cuerpo los estigmas del Señor Jesús. (Gálatas, 6, 17).

Retirado del mundo a los 25 años, después de una juventud disipada pero caritativa, San Francisco está enteramente crucificado para el mundo. Su pro funda humildad lo impulsa a rehusar el presbiterado, y desde entonces su vida es un prodigio de virtudes y milagros. Los doce primeros «penitentes de Asís» ya son legión antes de su muerte, con el nombre de Hermanos Menores, y tuvo el consuelo de ver a la Orden de Santa Clara, su santa amiga, extenderse cuando todavía vivía. El Serafín de Asís murió el 3 de octubre de 1226, a la edad de 44 años.

  MEDITACIÓN
SOBRE SAN FRANCISCO

   I. El amor divino consumió todos los lazos que ataban a San Francisco en la tierra, y le hizo abandonar la casa paterna, las riquezas y los placeres. Toda su vida vivió él en este desasimiento; por esto debes tú comenzar a darte a Dios. Es imposible que ames a Dios y al mundo. ¡Ah! los placeres y los honores de la tierra no merecen ocupar tu corazón; déjalos antes que ellos te dejen a ti.

   II. Ese mismo amor que separó a San Fran cisco de los bienes de la tierra, lo unió estrechamente a su Dios y le hizo encontrar en esta unión una inalterable felicidad. De este modo solía decir: «¡Dios mío y mi todo! en Ti es donde encuentro todo lo que necesito». ¡Alma mía, tratemos de gustar el placer que existe en estar unido a Él; en vano hemos buscado descansar en las creaturas, vayamos a Dios, pero hagámoslo dándonos a Él sin reserva, sin demora, y para siempre!

   III. El amor, por último, transformó a San Fran cisco, en Jesucristo mismo, por decirlo así, cuando un serafín imprimió en su cuerpo las sagradas llagas del Salvador. No recibió esta gracia sino después de haberse hecho, por una mortificación continua, viva imagen de Jesús crucificado. Como este gran santo, lleva tú constantemente en tus miembros la mortificación de Jesucristo. Mira al Salvador clavado en la cruz: he ahí el verdadero modelo de predestinados. Para llegar a ser semejante a Él, es preciso que la mortificación imprima en tu cuerpo sus adorables estigmas. Llevan en sí las llagas de Cristo quienes mortifican y afligen el cuerpo. (San Jerónimo).

La mortificación 
Orad por la Orden de San Francisco.

ORACIÓN

   Oh Dios, que, por los méritos de San Francisco dais sin cesar nuevos hijos a vuestra Iglesia, concedednos la gracia de despreciar, siguiendo su ejemplo, los bienes terrenales y poner nuestra dicha en la posesión de los dones celestiales. Por J. C. N. S. Amén.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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Santoral

1 de octubre

San Remigio, de Reims, Obispo y Confesor
San Virila de Leyria, Abad
San Bavón de Gante, Eremita
San Romano «el Melodista», Confesor
San Piato, Mártir
San Aizan y San Azan, Confesores
San Juan Coucouzelle, Confesor
San Domnino, Mártir
Santa Arielle o Urielle, Virgen
Santa Montaña, Virgen
Santa Domane, Esposa
San Melo Melar o Melorio, Mártir
San Miguel y Compañeros, Mártires
San Sabas el Estilita, Ermitaño
Beato Francisco de Pésaro, Tercera Orden Franciscana
Beato Nicolás de Forca Palena, Eremita
Beato Ángel de Sansepolcro, Confesor
Beatos Diego Botello, Fernando o Hernán de Salcedo y Compañero, Mártires
Los Mártires de Londres de 1588
Beato Roberto Wilcox, Mártir
Beato Eduardo Campion, Mártir
Beato Cristobal Buxton, Mártir
Beato Roberto Widmerpool, Mártir
Beato Rodolfo Crockett, Mártir
Beato Eduardo James, Mártir
Beato Juan Robinson, Mártir

BEATO JUAN ROBINSON, Mártir

1 de octubre

El Beato Juan Robinson, nació en Ferrensbery, en el Yorkshire. Cuando quedó viudo, pasó a Reims, donde su hijo Francisco estudiaba también para el sacerdocio. Recibió la ordenación sacerdotal en 1585. Fue arrestado en cuanto puso el pie en tierra inglesa. Después de pasar algún tiempo en la prisión de Clink, en Londres, compareció ante el tribunal, que le condenó a muerte. El día en que llegó a Ipswich la autorización oficial para la ejecución (28 de septiembre de 1588), el beato «se llenó de alegría, regaló todo su dinero al portador de la autorización y cayó de rodillas para dar gracias a Dios».

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BEATO EDUARDO JAMES, Mártir

1 de octubre

El Beato Eduardo James nació en Breaston, en Derbyshire. Fue educado en el protestantismo en la escuela de Derby y en St. John’s College de Oxford. Después de su conversión, se trasladó a Reims y más tarde a Roma, donde recibió la ordenación sacerdotal de manos de Goldwell de Saint Asaph. Ejerció su ministerio entre sus ciudadanos durante cinco años antes de ser arrestado junto con el Beato Rodolfo Crockett y conducido a la prisión de Londres. Allí ambos permanecieron más de dos años y medio. Después del fracaso de la Armada Invencible, comparecieron ante el tribunal de Chichester, que decidió hacer con ellos un escarmiento.

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BEATO RODOLFO CROCKETT, Mártir

1 de octubre

Rodolfo Crockett, como Eduardo James, fue martirizado en Chichester. Nació en Barton-on-the-Hill, en Cheshire. Hizo sus estudios en el Christ’s College, de Cambridge, y en Gloucester Hall de Oxford. Había ejercido en Anglia del este el cargo de maestro de escuela antes de pasar al colegio de Reims para prepararse para servir a Dios como sacerdote. Fue ordenado en 1586 y martirizado dos años después en Chichester junto con el Beato Eduardo James.

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BEATO ROBERTO WIDMERPOOL, Mártir

1 de octubre

 Roberto Widmerpool, el cuarto de los mártires de Canterbury, era un laico. Había nacido en Widmerpool, localidad de Nottinghmshire y había hecho sus estudios en el Gloucester Hall de Oxford, donde obtuvo el título de maestro de escuela. Durante algún tiempo, fue tutor de los hijos del conde de Nortumbría. Se le acusó de haber ayudado a un sacerdote al darle refugio en la casadel conde. Antes de ser ahorcado, el beato dio gracias a Dios por haberle concedido el privilegio de morir por la fe en la misma ciudad que Santo Tomás Becket.

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BEATO CRISTÓBAL BUXTON, Mártir

1 de octubre

Cristóbal Buxton nació en Tideswell, Derbyshire. Tuvo como profesor en la escuela al Venerable Nicolás Garlick e hizo sus estudios sacerdotales en Reims y en Roma. Fue ordenado sacerdote en 1586 y ejerció su ministerio durante tres años antes de morir martirizado en Canterbury. Tanto el Beato Cristóbal Buxton, como los beatos Roberto Wilcox y Eduardo Campion, fueron condenados por haber vuelto al reino en calidad de sacerdotes. El Beato Cristóbal era el más joven de los mártires. Los verdugos creyeron que conseguirían amedrentarle obligándole a presenciar el martirio de sus compañeros, pero, cuando le ofrecieron la libertad al precio de la apostasía, Cristóbal replicó que prefiriría morir mil veces antes que aceptar tal proposición. En la prisión de Marshalsea escribió un «Rituale», que se conserva todavía como una reliquia.

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BEATO EDUARDO CAMPION, Mártir

1 de octubre

Eduardo Campion (cuyo verdadero apellido era Edwards), nació en 1552 en Ludlow, Shropshire, en el seno de una buena familia. Pasó dos años en el Jesus College, de Oxford. Cuando se hallaba al servicio de Gregory, décimo Lord Dacre de el South, se reconcilió con la Iglesia de la que se había alejado. Fue a estudiar a Reims a donde llegó el el 22 de Febrero de 1586, allí donde tomó el nombre de Campion. Fue ordenado subdiácono en Laon, el 18 de Septiembre, diácono en, el 19 de diciembre del mismo año, y sacerdote a principios del año siguiente, en Cuaresma, siendo adjudicado a la Diócesis de Canterbury. Inmediatamente volvió a Inglaterra, siendo arrestado el 18 de marzo de 1587 en Sittingbourne, siendo encarcelado primero en Newgate y luego en Marshalsea. Murió mártir por no querer renegar de la fe, en 1588. Fue beatificado en 1929.

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BEATO ROBERTO WILCOX, Mártir

1 de octubre

Roberto Wilcox nació en Chester en 1558. Hizo sus estudios sacerdotales en Reims, a donde llegó el 12 de agosto de 1583. Recibió la tonsura y las órdenes menores el 23 de septiembre del año siguiente. Fue ordenado subdiácono el 16 de marzo, diácono el 5 o 6 de abril, y sacerdote el 20de abril de 1585, recibiendo todas estas órdenes en Reims. fue enviado a la misión inglesa el 7 de enero de 1586. Empezó a trabajar en Kent; pero ese mismo año fue arrestado y encarcelado en Marshalsea. Condenado a muerte, fue ahorcado, arrastrado y descuartizado en las afueras de Canterbury, en el sitio llamado Oaten Hill. Con él murieron los beatos Beato Eduardo Campion, Cristobal Buxton y Roberto Widmerpool. Fue beatificado en 1929.

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LOS MÁRTIRES DE LONDRES DE 1588

1 de octubre

El 28 de agosto se recuerda a los mártires que sufrieron en Londres al desatarse la persecución de julio de 1588, como consecuencia, omejor dicho represalia, de la alarma provocada por las amenazas de invasión de la española y cristiana Armada Invencible. En octubre de ese año hubo una serie de ejecuciones en las provincias: cuatro católicos fueron martirizados en Canterbury:

Beato Roberto Wilcox

Beato Eduardo Campion

Cristobal Buxton y

Roberto Widmerpool

Otros tres en diferentes ciudades. En Chichester:

Beato Rodolfo Crockett

Beato Eduardo James

Y en Ipswich: el Beato Juan Robinson.

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BEATOS DIEGO BOTELLO, FERNANDO SALCEDO Y COMPAÑERO, Mártires

1 de octubre

La oración, unida con el divino sacrificio
de la Misa, tiene una fuerza indecible; de modo
que por este medio abunda el alma de celestiales
favores como apoyada sobre su Amado
(San Francisco de Sales)

 De los tres mártires Fernando o Hernando de Salcedo, Diego Botello y un compañero (no se conoce el nombre del tercero), probablemente ocurrido en la isla Española (hoy Haiti) en el primer decenio del siglo XVI, que pertenecían a la provincia franciscana de Santa Cruz de Española, creada en 1505, conocemos solamente la escueta noticia de su muerte, transmitida por el historiador franciscano Jerónimo di Mendieta (muerto en 1604). En 1516, en una de las islas de la Pequeña Antilla, los indios caraibici, antropófagos, los mataron a golpes y, después de haberlos comido, llevaron en procesión sus cabezas como bandera y señal de triunfo. El Martirologio Franciscano los recuerda con el título de beatos el 1° de octubre, e indica arbitrariamente Venezuela come lugar de su martirio.

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BEATO ÁNGELO DE SANSEPOLCRO, Confesor

1 de octubre

El Beato Ángelo de Sansepolcro, hermano de la Orden de los Eremitas de San Agustín, nació en Sansepolcro en la primera mitad del siglo XIII. Una antiguaa tradición local dice que pertenecíaa la familia  Scarpetti. Entró en el convento de los Eremitas de Juan Bono alrededor de 1254. En 1256 el convento pasó a la nueva Órden de los hermanos Eremitas de San Agustín. De él se recuerdan algunos episodios milagrosos ocurridos durante su vida, como el de la resurrección de un inocente condenado a muerte. Es probable, aunque no cierta, su participación en la misión para extender la Orden a Inglaterra. Los escritores agustinos de fines del siglo XVI, destacan sus principales virtudes: profunda humildad,  caridad y pureza tanto de cuerpo como de espíritu, a través de las cuales conquistó entre los que lo rodeaban fama de santo.

   Murió en Sansepolcro en 1306. En 1310, cerca de la iglesia agustina de la ciudad, surgió una cofradía dedicada a la Virgen María y al ‘glorioso hermano Ángelo’, a la que se le otorgaron privilegios los priores provinciales y generales de la Orden. En cuanto a los hermanos, en 1555 dejaron la primera iglesia para mudarse a la actual, llevando con ellos el cuerpo del hermano Ángelo, fijando el 29 de septiembre para la celebración de la fiesta del traslado de su cuerpo. Esta fiesta fue suprimida en 1855. En 1740 el cuerpo fue sometido a reconocimiento canónico por el obispo de Sansepolcro monseñor Raimundo Pecchioli. En 1905 se inició el proceso sobre el culto prestado a este siervo de Dios, que concluye con la aprobación del mismo en 1922.

   Actualmente su cuerpo se conserva en una urna tallada en madera dorada y decorada con escenas de la vida del beato, bajo el altar mayor de la iglesia de San Agustín en  Sansepolcro. El beato fue representado en el siglo XIV un fresco, que, proveniente de la antigua iglesia agustina, hora está expuesto en el Museo Cívico de Sansepolcro.

   La última manifestación solemne del culto tributado al beato fue en octubre de 1987 cuando la urna conteniendo el cuerpo fue transportada procesionalmente por las calles circundantes de la iglesia de San Agustín.

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BEATO NICOLÁS DE FORCA PALENA, Eremita

1 de octubre

 Después de haber ejercido el ministerio como sacerdote diocesano en su pueblo natal de Abruzos, Nicolás se trasladó a Roma. Ahí se sintió llamado a la vida eremítica y fundó una congregación de ermitaños bajo el patrocionio de San Jerónimo. La cuantiosa herencia que le dejó un amigo, le permitió establecer la congregación en Nápoles. El Papa Eugenio IV le cedió un monasterio en Florencia para que extendiese la fundación a esa ciudad. Además, el beato Nicolás fundó otra comunidad en el Janículo de Roma, en la iglesia de San Onofre, que es en la actualidad un título cardenalicio. En aquella época, existía otra congregación de ermitaños de San Jerónimo, tanto en Roma como en otras ciudades, fundada por el Beato Pedro de Pisa. El Beato Nicolás fusionó ambas congregaciones. Su muerte ocurrió en 1449, cuando tenía cien años de edad. Su culto fue confirmado en el seno de la congregación de los Jerónimos en 1771; pero el Papa Benedicto XIV no quiso proceder a la beatificación solemne.

Los bolandistas no encontraron ninguna biografía medieval del beato, así pues, se limitaron a publicar una serie bastante abundante de noticias biográficas de época posterior, tomadas principalmente de Historia Monumenta de Sajanello (septiembre 29). Existen pruebas fehacientes del culto del Beato en el siglo XVII.

Vidas de los Santos, de Butler. Vol. IV, ed. 1964.

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BEATO FRANCISCO DE PÉSARO, Tercera Orden Franciscana

1 de octubre

Francisco, conocido también con el nombre de Cecco, nació en Pésaro. Sus padres le dejaron una cuantiosa herencia, pero él decidió repartirla entre los pobres y consagrarse al servicio de Dios. Así pues, el año 1300, ingresó en la Tercera Orden de San Francisco y se retiró a una ermita que había construido en la ladera del Monte San Bartolo, en las cercanías de Pésaro. Pronto se le unieron numerosos discípulos. Para darles de comer, el beato solía pedir limosna en los pueblos vecinos, de suerte que el pueblo empezó a venerarle pronto por su bondad y caridad. Así vivió Francisco cerca de cincuenta años, durante los cuales le ocurrieron los sucesos más extraordinarios. Por ejemplo, en cierta ocasión en que había ido a Asís con sus compañeros para ganar la indulgencia de la Porciúncula, tuvo que detenerse en Perugia y envió a sus compañeros por delante. Cual no sería la sorpresa de éstos cuando, al llegar a la ermita, le encontraron esperándolos. Pero este hecho puede explicarse naturalmente, hay que reconocerlo, dado que el beato conocía bien los atajos de la región. En realidad, biógrafos antiguos, dejándose llevar por el entusiasmo, exageraron varios hechos de este tipo en las vidas de los santos.

   El Beato Francisco no tenía nada de «aristócrata», en el mal sentido la palabra y aceptaba gustosamente las invitaciones que le hacían las gentes sencillas. Pero en tales ocasiones tenía buen cuidado de no dejarse llevar por el atractivo de los buenos platillos y dominaba perfectamente toda manifestación de gula. Y era éste un vicio que reprendía ásperamente en los demás. En cierta ocasión en que se hallaba enfermo, sus discípulos mataron un pollo para prepararlo exquisitamente y conseguir que el beato comiese. Francisco, echando de menos al pollo en el gallinero, preguntó donde estaba y, cuando supo lo habían hecho sus discípulos, los reprendió severamente, diciéndoles: «Los gallos merecen nuestro agradecimiento porque a la aurora nos llaman a la oración. Constituye una falta el haber matado a ese pollo, aunque haya sido por compasión por mí, ya que su voz me reprochaba todas las mañanas mi pereza en el servicio de Dios y me obligaba a levantarme para alabarle.» El biógrafo del beato cuenta que éste se puso entonces a orar por el pollo, que estaba ya desplumado, y que su oración consiguió devolverle no sólo la vida, sino también las plumas… El Beato Francisco ayudó a la Beata Micaelina Metelli a fundar la Cofradía de la Misericordia en Pésaro y a construir un hospital para mendigos y peregrinos en Almetero. Francisco fue sepultado en la catedral de Pésaro. Su culto, que data de muy antiguo, fue confirmado por Pío IX.

   En Acta Sanctorum hay una breve biografía medieval (agosto, vol. 1). Véase también Mazzara, Leggendario Francescano (1679), vol. 11, pp. 199-202; y Léon, Auréole Séraphique d. ingl.), vol. 11, pp. 547 ss.

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SAN SABAS EL ESTILITA, Monje

1 de octubre

¿En qué otra cosa debemos complacernos sino en hablar de
Dios, de la eternidad, de la dicha de nuestra vocación, del amor
y fidelidad que debemos tener para adquirir con perfección el
espíritu de nuestro Instituto y orar para consérvale cuidadosamente?
(Juana Francisca de Chantal)

San Sabas era hijo de un boyardo ruso de Kachine y pasó por varios monasterios de la región de Tver. Despúes, se fue al monte Athos, para dedicarse solamente a la contemplación de la gloria de Dios. Volvió a Rusia y en un bosque en la región de Novgorod, fundó el monasterio de la Ascensión, que gozó de gran prosperidad. Después de haberlo organizado, él se instaló no lejos de allí encima de una columna que no dejaba más que los sábados y domingos para ira Misa, comulgar y tomar parte en la vida de la comunidad.

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SAN MIGUEL Y COMPAÑEROS, Mártir

1 de octubre

Entre la prácticas de la religión, el Santísimo Sacrificio es lo
que el Sol entre los astros; pues es verdaderamente el alma de
la religión cristiana. Es el misterio inefable que comprende la
caridad divina, por la cual Dios, uniéndose realmente a nosotros,
nos comunica con su magnificencia sus gracias y favores
San Francisco de Sales.

  San Miguel y sus compañeros fueron martirizado en Zobée en Géorgie, durante la conquista de la región por el emir Aleim. Fueron capturados y como se negaron a renegar de la fe, los condenaron a ser decapitados.(Siglo VIII).

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SAN MELO, Mártir

1 de octubre

Conocer, demasiado conozco que por mi soy frágil y mudable;
sé cuánto pueden las tentaciones contra las virtudes más robustas;
he visto caer las estrellas del cielo y las columnas del firmamento;
pero nada de eso logra acobardarme. Mientras yo espere, estoy a
salvo de toda desgracia; y de que esperaré siempre estoy cierto,
porque espero también esta esperanza invariable.
(Beato Claudio de la Colombiere)

  San Melo era el nieto del conde de Cornouailles, fue asesinado en 798 por su tío, hombre celoso y ambicioso, en Lanmeur en la diócesis de Quimper. Sus reliquias fuerontransportadas a París donde se encuentran en la iglesia de Saintantiago  de Haut-Pas. En Betaña se lo venera en varios lugares.

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SANTA DOMANE, Esposa

1 de octubre

La oración hace que el tiempo transcurra tan aprisa
y con tanto deleite, que ni se percibe su duración.
Mirad: cuando era párroco en Bresse, en cierta ocasión
en que casi todos mis colegas habían caído enfermos,
tuve que hacer largas caminatas, durante las cuales oraba
al buen Dios, y creedme, que el tiempo se me hacía corto.
(San Juan María Vianney).

 Esposa de San Germer, vivió santamente con él en la corte del rey Dagoberto. Más tarde, de común acuerdo con su marido, resolvieron retirarsea la soledad. Fue hija espiritual de San Ouen y monja en Gasny, en la diócesis de Evreux. Murió en 658.

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SANTA ARIELLE O URIELLE, Mártir

1 de octubre

Estoy tan convencido, Dios mío, de que velas sobre todos los que
esperan en Ti, y de que no puede faltar cosa alguna a quien aguarda
de Ti todas las cosas, que he determinado vivir de ahora en adelante sin
ningún cuidado, descargando en Tí todas mis solicitudes. «En paz me
duermo y en seguida descanso porque, Tú solo, Señor, me has
 confirmado en la esperanza» (Salmo 4:10).
(Beato Claudio de la Colombiere)

  Se dice que sería la hermana de San  Judicael, rey de Domnoné en Bretaña. La leyenda puede ser una realidad pues desde época muy temprana se le rindió culto y además, bajo su patronato se puso una iglesia cerca de  Dinan en la costa del Armor. (Siglo VII).

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SANTA MONTAÑA, Virgen

1 de octubre

La oración no es otra cosa que la unión con Dios.
Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios
experimenta en sí mismo una suavidad y dulzura que
lo embriaga, se siente rodeado de una luz admirable.
(San Juan María Vianney).

Santa Montaña, (siglo VIII), fue Abadesa de Nuestra Señora de Belén  en Ferrieres en Gâtinais, en la diócesis de Orleans. Algunos historiadores piensan que sería la misma que Santa Gertrudis de Nivelles, pero la distancia entre las dos abadías es muy grande. Otros historiadores la consideran otra santa completamente distinta. 

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SAN DOMNINO, Mártir

1 de octubre

Enséñanos, buen Señor, a servirte como mereces:
a dar sin contar el costo, a luchar sin contar las heridas,
a trabajar y a no buscar descanso, a laborar sin pedir
recompensa excepto saber que hacemos tu voluntad
(San Ignacio de Loyola)

San Domnino, nacido en Tesalónica en el seno de una familia cristiana, no tenía miedo de proclamarse cristiano. Detenido, le fueron rompiendo los huesos uno a uno. Luego le cortaron las piernas, y así pasó siete días cantando glorias al Señor, antes de ir definitivamente a a cantarlas al cielo. (Siglo IV).

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SAN JUAN COUCOUZELLE, Confesor

1 de octubre

Que otros esperen la dicha de sus riquezas o de sus talentos: que
descansen otros en la inocencia de su vida, o en la aspereza de su
penitencia, o en la multitud de sus buenas obras, o en el fervor de sus
oraciones; en cuanto a mi toda mi confianza se funda en mi misma
confianza: Porque Tú solo Señor, me has confirmado en la esperanza.
(Beato Claudio de la Colombiere)

San Juan Coucouzelle, fue cantor y monje en la Gran Lavra en la Santa Montaña de Athos. Era originario de Durazzo en Illyria. Llegado a la corte imperial de Comnenes fue el mejor de los cantores. Durante la semana, se retiraba a la soledad y no volvía al monasterio más que para cantar los domingos, esforzándose en cantar dignamente, como le había indicado la Santísima Virgen, que se la había aparecido. 

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SAN AIZAN y SAN AZAN, Confesores

1 de octubre

Hay personas que se sumergen totalmente en la oración como los peces en el agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios. Su corazón no está dividido. ¡Cuánto amo a estas almas generosas! San Francisco de Asís y santa Coleta veían a nuestro Señor y hablaban con él del mismo modo que hablamos entre nosotros. (Juan María Vianney)

San Aizan y su hermano San Sazan eran casi caciques en  Abisinia, fueron grandes propagadores del Evangelio en su tierra. Su entusiasmo les atrajo la amistad de San Atanaso. Murieron en 400. 

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SAN PIATO, Obispo y Mártir

1 de octubre

Primer obispo de Tournai, o mejor dicho, arzobispo itinerante.  

   Sobre su vida existen hechos legendarios. Su Pasión, que data del siglo II, es una copia de la de San Lucien de Beauvais.

   Nació en Benevent Italia. Acompañó a San  Dionisio en la evangelización de la Galia, predicó también en las Carnutes. en su apostolado en la región de Chartres, según la tradición, no encontró más que corazones endurecidos; en cambio en Tournais, en dos meses escuchando su palabra se convirtieron treinta mil paganos. Fue decapitado en Tournai junto a varios de sus discípulos. 

   Su cuerpo, enterrado en Seclin (Norte), a causa de la amenaza de piratas normandos, en el siglo IX, fue transportado a San Ouen, después a Chartres donde en la catedral, le está dedicada una capilla.

   Es Patrón de Tournai y de Chartres. En Arras se le tributa culto desde el siglo VII.

   Se lo representa como obispo, sosteniendo los Evangelios o como a San Dionisio, llevando en sus manos su cabeza cortada.

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SAN ROMANO «EL MELODISTA», Confesor

1 de octubre

San Romano es llamado «El Melodista» porque nos ha dejado rimas bellísimas para el canto en lengua greco-bizantina. Se lo considera el más original y notable de los escritores de himnos greco-bizantinos. Era judío, convertido al cristianismo.

Su santidad sobre la tierra, transcurre así, melodiosamente, aún antes de entrar en el coro celestial de los Santos. Pero si bien el material poético dejado por San Romano Melodista es imponente, los datos sobre su vida son escasísimos. Se sabe que nació a fines del siglo V en la ciudad de Emesa, en Siria. Fue diácono, después coadjutor en Beirut, en la iglesia de la Resurrección.

Trasladado a Constantinopla, en tiempos del Emperador Anastasio, se retiró a la Iglesia de la Madre de Dios. Murió, poco después, en 555. Se cuenta que en la víspera de una Navidad, se le apareció la Santísima Virgen, entregándole una canción, e invitándolo a cantarla.

A la mañana siguiente, día de Navidad, Romano, desde el púlpito de la iglesia, en lugar de predicar, empezó a cantar. Canto, inspirado y santo, su primer himno litúrgico, que comienza con estas palabras: «Hoy de la Virgen – nace el Superconsubstancial – y la tierra ofrece al Inaccessible. – los ángeles con los pastores  – proclaman su gloria. – El Mayor de los Astros – ha nacido para nosotros el nuevo Infante –  Dios de eterno «.   A este himno le siguieron otros muchos.

Se dice que Romano compuso miles. Los estudiosos le reconocen ochenta, que no es poco.   Sus himnos son vívidos, inspirados, dramáticos, pero quizás muy largos y demasiado elaborados para los gustos modernos.  Romano les dio la clásica forma  de los himnos conocidos como los kontakion.   

San Romano el Melodista está considerado como el poeta litúrgico bizantino más importante. Famoso en su tiempo, hoy es conocido solamente entre los eruditos. Entre sus obras, además de aquella de Navidad, se encuentra el Himno de la Presentación en el Templo, el de la Negación de Pedro, el de María al Pie de la Cruz, el de la Resurrección, el del Juicio Final, etc.

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SAN VICENTE DE LERINS, Confesor

24 de Mayo

San Vicente de Lerins, cuyo nombre aparece en el martirologio este día, es uno de los escritores más importantes del siglo V. Hermano de San Lupo, obispo de Troyes, le siguió hasta el monasterio famoso que San Honorato acababa de fundar en la isla de Lerins. Desde allí seguía atentamente las controversias dogmáticas que agitaban a las iglesias, y su deseo de ofrecer un guía a los cristianos le impulsó a escribir su libro famoso, el Commonitorio. En esta obra áurea es donde encontramos aquella regla de fe, según la cual, en la Iglesia hay que cuidar de adherirse a aquello que ha sido creído siempre por todos y en todas partes: quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est. Se poseen escasos datos sobre su vida; sólo los de una breve noticia que le dedica el marsellés Genadio (De viris illustribus, 64; PL 58,1097-98) y los que se desprenden de su obra más importante ya mencionada: el Commonitorio. Era de origen francés, aunque se ignora el lugar de su nacimiento y dónde pasó su vida, solamente que, se hizo religioso una vez «ahuyentados los vientos de la vanidad y de la soberbia, aplacando a Dios con el sacrificio de la humildad cristiana». ¿Tuvo un pasado borrascoso, como parece deducirse de cierta alusión que hace en uno de sus libros? No es seguro, posiblemente el énfasis que pone en sus palabras hay que cargarlo a cuenta de la severidad con que los santos acostumbran a juzgarse a sí mismos.

Lo que sí es indudable es que fue un hombre muy docto en las Escrituras y en los dogmas y con profundos conocimientos de las letras clásicas. Sacerdote en el monasterio de la isla de Leríns (llamada hoy de San Honorato), con el seudónimo de Peregrino compuso un tratado contra los herejes. Genadio narra también que es autor de otra obra de tema análogo, cuyo manuscrito fue robado, por lo que elaboró un breve resumen, que sí se conserva. Murió en el reinado de Teodosio y Valentiniano, poco antes del 450. El Commonitorio está escrito tres años después del Conc. de Efeso, es decir, el año 434.

Sólo dos obras se le atribuyen con certeza: El Commonitorium primum, cuyo título más antiguo es De Peregrino en favor de la antigüedad y universalidad de la fe católica contra las profanas novedades de todos los herejes, y el Commonitorium secundum, recapitulación del libro que fue robado. Se le atribuye también una otra titulada Objectiones lerinianae, cuyo contenido conserva Próspero de Aquitania (Pro Augustino responsiones al capitula objectionum vincentianarum: PL 51,177-186), y un florilegio de frases de San Agustín concernientes a los misterios de la Santísima Trinidad y de la Encarnación, que conserva el Cod. 151 de Ripoll bajo el siguiente título: Excerpta sanctae memoriae Vincentii lirinensis insulae presbyteri ex universo beatae recordationis Augustini in unum collecta.

Se cree que murió en el año 450.

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SANTOS DONACIANO y ROGACIANO, Mártires

24 de Mayo

 No hay más que un Dios, Padre de todos,
  que está sobre todos, que obra por todos, que está en todos.
(Efesios, 4, 6).

Eran dos hermanos: Donaciano, el menor, convirtió a la fe a su hermano mayor. El tirano los hizo encarcelar, y como los amenazase con hacerlos morir: Los tormentos que Dios te prepara en el infierno, dijo Donaciano, son infinitamente más crueles que aquellos con que nos amenazas. Rogaciano, instado a que adorase a los ídolos: No me atrevo, dijo, a adorar lo que está por debajo de mí; estos ídolos no son sino metal, sin vida y sin alma. Los dos fueron decapitados en Nantes, hacia el año 300.

MEDITACIÓN
 DIOS ES NUESTRO PADRE

   I. Dios es nuestro Padre; tiene más amor por nosotros que nuestros mismos padres, pues estos se contentan a menudo con procurarnos los bienes de la tierra, y Dios nos quiere poner en posesión de los bienes del cielo. Es un Padre omnipotente, nos puede hacer bien; es infinitamente bueno, quiere hacérnoslo. ¿Qué confianza tenemos en su bondad? ¡Ah! Padre mío, he pecado contra ti, no soy digno de ser llamado hijo tuyo.

    II. Si Dios es el Padre de todos los hombres, todos los hombres son hermanos, y cada uno debe tener para con su prójimo una caridad verdadera mente fraternal. Los reyes y los súbditos, los pobres y los ricos son hijos de un mismo Padre, y herederos de un mismo reino. A nadie desprecies, pues, ama a todos los hombres como a hermanos tuyos. Aquellos que te parecen despreciables acaso tengan una parte mejor que tú en la herencia del Padre celestial.

   III. En todas tus necesidades, acuérdate de que Dios es tu Padre, ten confianza en Él: Él puede y quiere aliviar tus miserias. Si te ha dado bienes en abundancia, sabe que es para que hagas partícipes de ellos a los pobres, que son tus hermanos. Acuérdate que este Padre está en el cielo, y que no es aquí en la tierra donde quiere darte su herencia. En tus aflic ciones reconoce la mano de tu Padre. Que castigue Dios cuanto quiera, Él es nuestro Padre; si nos aflige y nos abate, es todavía nuestro Padre. (San Agustín).

La caridad
Orad por acrecentamiento de la caridad.

ORACIÓN

   Haced, Os lo suplicamos, oh Dios omnipotente, que la intercesión de vuestros mártires Santos Donaciano y Rogaciano, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos libre de todos los males que nos amenazan. Por J. C. N. S. Amén.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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Santoral

18 de mayo

San Venancio, Mártir
San Félix de Cantalicio, Confesor
Beata Rafaela María del Sagrado Corazón, Virgen
Beato Guillermo de Toulouse, Duque de Aquitania
San Erico de Suecia, Mártir
San Tecusa, Mártir
San Teódoto, Mártir

SAN FÉLIX DE CANTALICIO, Confesor

18 de Mayo

No juzguéis, a fin de no ser juzgados; con el mismo
juicio que juzgareis seréis juzgado.
(Mateo, 7, 1.2).

Unió este santo a una profunda humildad un fondo inalterable de alegría y dulzura. Hablaba poco, huía de la compañía de los murmuradores, tenía horror por todo lo que fuese capaz de herir la caridad. Las afrentas dejaban a su alma tranquila y serena. Al que lo insultaba, respondíale: Quiera Dios hacerlo santo. Entró en la Orden de los capuchinos, desempeñó el cargo de cuestor durante más de cuarenta años. Es el empleo que prefería, porque se exponía a mas desaires y desprecias. Murió el 18 de mayo de 1587.

MEDITACIÓN  SOBRE
LOS JUICIOS TEMERARIOS

   I. A nadie juzgues. ¿Quién te ha constituido censor y juez de los demás? Usurpas la autoridad de Dios, y te expones a juzgar temerariamente. Los hombres, dice la Sagrada Escritura, no ven más que las apariencias, Dios sólo ve el fondo del corazón. Piensa que los demás valen más que tú; nunca podrás juzgar en demasía favorablemente sus acciones. Este hombre que miras como a pecador, acaso sea un gran santo. El mundo está lleno de juicios temerarios: el hombre del que ya habíamos desesperado se convirtió y llegó a ser santo. (Santo Agustín).

   II. Si ves alguna acción exteriormente mala, no por eso condenes a tu prójimo; acaso su ignorancia o su buena intención lo justifican ante Dios. Si su falta es evidente, tampoco lo juzgues, a Dios le corresponde hacerla. Acuérdate de aquel santo religioso que decía al morir: Nunca juzgué a los demás; espero que Dios no me juzgue, porque lo ha prometido en su Evangelio.

III. Cuando se cometa alguna falta en tu presencia, o se hable de las faltas de los demás, mira si no eres culpable de los mismos pecados. Considera su fealdad para concebir un saludable horror de ellos. Humíllate, agradece a Dios de que te haya concedido la gracia de no caer en el mismo desorden. Ten compasión de tu hermano, ruega a Dios por él. ¿Quién eres tú, tú que juzgas tan injustamente, tan audaz mente, tan abiertamente al servidor ajeno? Entra en ti mismo, examínate, júzgate. (San Lorenzo Justiniano).

La caridad
Orad por vuestros conciudadanos.

ORACIÓN

   Oh Dios, que cada año nos proporcionáis un nuevo motivo de alegría en la fiesta del bienaventurado Félix, vuestro confesor, haced, por vuestra bondad, que honrando la nueva vida que ha recibido en el cielo, imitemos también la que ha vivido en la tierra. Por J. C. N. S. Amén.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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Santoral

13 de mayo

Nuestra Señora de Fátima
San Juan Silenciario, Obispo y Confesor
San Roberto Belarmino, Obispo y Confesor
San Pedro Regalado, Confesor
Beata Juliana de Norwich, Virgen
San Andrés Huberto Fournet
San Servacio de Tongres
San Juan El Silencioso
San Mucio
San Eutimio, Abad
Santa Gliceria, Mártir
Beata Imelda

SAN PEDRO REGALADO, Confesor

13 de Mayo

 San Pedro Regalado, fue Franciscano, natural de Valladolid, discípulo del gran reformador de la Orden en Castilla, Fray Pedro de Villacreces, a quien sucedió en el cargo y en la espiritual empresa de reformador, ejerciendo a la vez un apostolado fecundísimo en las tierras de Burgos, Valladolid y Palencia. Sus dos grandes centros de acción fueron los conventos del Abrojo y de la Aguilera, mendigando y predicando en las orillas del Duero y del Pisuerga, sembrando entre las gentes sus milagros y sus consuelos. Parecería que Dios lo envió a España para preparar los días gloriosos de Isabel la Católica, quien le tenía gran devoción. Murió en 1456. Su sepulcro, mandado a  construir por Isabel la Católica, se conserva en el pueblo burgalés de La Aguilera; pero Valladolid, que le considera como suyo, le tiene como su principal patrono.

ORACIÓN

   Oh Dios, que te dignaste llevar a las delicias de tu gloria a tu amado siervo Pedro, mortificado en la carne: haz propicio que, por sus méritos e intercesión, podamos legar a las delicias sin fin que existen a tu diestra. Por J. C. N. S. Amén.

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SAN ROBERTO BELARMINO, Obispo y Confesor

13 de Mayo

Se clausuró el magno concilio de Trento muy poco después que Belarmino se consagrara a Dios con sus primeros votos. Se seguían sus incidencias con pasión. Las conversaciones de los primeros años de vida religiosa de nuestro Santo tuvieron muchas veces que girar en torno al magno Concilio que había logrado estructurar los problemas básicos de teología en forma orgánica y dictaminar sabias medidas de auténtica reforma.

   Lo que ahora urgía era llevar a la práctica los decretos. Esta fue la misión de Belarmino. Toda su vida girará en torno a la órbita de Trento.

   Ya su vocación a la Compañía de Jesús había nacido bajo el signo de la renovación espiritual. Sobrino del Papa Marcelo II, cuando más en auge estaba el nepotismo pontificio, amante de la literatura, música, arte, se sintió atraído hacia las bellezas del mundo clásico. Virgilio constituía sus delicias desde los primeros años.

   Por su familia, talento y aficiones estaba destinado al fausto y brillo de la corte pontificia. Parecía llamado para brillar en el firmamento del Renacimiento italiano. Pero su santa madre, Cintia Cervina, velaba por él. Le hizo ver lo peligroso de aquélla dorada escala. El mismo joven, con su característica ingenuidad, nos descubre sus reacciones íntimas. «Estando durante mucho tiempo pensando en la dignidad a que podía aspirar, me sobrevino de modo insistente el pensamiento de la brevedad de las cosas temporales. Impresionado con estos sentimientos, llegué a concebir horror de tal vida y determiné buscar una religión en que no hubiera peligro de tales dignidades».

   Misterios de Dios. La decisión firme de huir del episcopado y del cardenalato fue el móvil de la vocación religiosa del único santo jesuita obispo y cardenal.

   Dios a este hombre sediento de humillaciones le deparó triunfos insólitos, como muy pocos hombres los han experimentado. Fue el ídolo de amplios sectores, recibió el aplauso frenético de la muchedumbre que salía de sí por oír su palabra y devoraba sus libros con avidez.

   Ya en Florencia, Mondovi, y sobre todo Lovaina, antes todavía de ser sacerdote, se reveló como un orador excepcional. Llegó a escribir el superior a Roma que «nunca hombre alguno había hablado como el joven Belarmino”. Desde 1569 se convierte en el predicador nato de los universitarios. Profesores y estudiantes se apretujan en torno al púlpito del Santo. La iglesia entera estaba llena de gente. Su predicación retórica y recargada de metáforas al principio, conforme al gusto de la época, se transforma, gracias a un incidente fortuito —el extraordinario fruto que reportó de un sermón improvisado por fuerza—, en sencilla y eminentemente evangélica. Aun de naciones vecinas, e incluso de Inglaterra, venían herejes a oírle. Cada vez conseguía un fruto mayor. Conversiones, jóvenes se retiraban a ejercicios o decidían abrazar la vida de perfección.

   La predicación, con todo, no pasó de ser una de sus facetas. Pronto comenzó a descollar como teólogo, primero en el mismo Lovaina y después en Roma. Las universidades principales de Europa, incluyendo la de París disputaban por contarle entre sus profesores. Pero los superiores juzgaron más conveniente que irradiase su saber desde el corazón de la cristiandad. Allá le esperaba su gran obra. Fundó la cátedra de controversias para pulsar el momento teológico y dar la verdadera doctrina sobre los errores que pululaban entonces por los centro universitarios.

   El éxito provino principalmente del método que adoptó. Pasaba revista a los errores de los contemporáneos Pero no se limitaba a refutarlos. Los herejes quedaban más bien, como en la Suma de Santo Tomás, de marco de encuadre, servían únicamente para delimitar el planteamiento vital del problema. El iba derecho a la doctrina verdadera, exponía orgánicamente -siguiendo la estela del concilio de Trento- la verdad positiva, íntegra, total.

   Belarmino no tenía carácter de polemista. Alma sencilla, casi ingenua, carácter compasivo, estaba hecho la comprensión. El amor íntimo y apasionado a la Iglesia -supremo ideal de su vida- fue el gran motivo que le llevó a estudiar los errores de los heresiarcas.

   Sus discípulos, que corrían a sus clases, como antes en Lovaina habían afluido a los sermones, le pedían insistentemente que diese a la imprenta su exposición. Llegó a editar hasta veinte veces en treinta años el libro de las Controversias. Penetró en todas las universidades europeas y llegó a los más apartados centros de enseñanza. San Francisco de Sales, en su gran campaña contra los calvinistas, subía al púlpito armado de la Biblia y de Belarmino, como se llamaba en todas partes al gran libro. Se dice que uno de los corifeos luteranos exclamó: «Este libro nos ha perdido.»

   No se limitó el Santo con instruir a los doctos. Su amor a la Iglesia le llevó a atender también al pueblo sencillo, tan ignorante en el campo religioso. Para ellos compuso la Doctrina cristiana breve, dirigida directamente a los  niños, y acompañada de otra Declaración más copiosa para los maestros. Ese pequeño libro alcanzó uno de los éxitos más sorprendentes, comparable al que han alcanzado los libros más leídos de la humanidad. Hasta casi nuestros días se ha ido editando sin cesar. Baste decir que se ha traducido a más de cincuenta lenguas y que las ediciones llegan a lo largo de tres siglos y medio a edición por año.

   Las facetas de orador, profesor y escritor no agotaron la actividad de Belarmino. El general de la Compañía de Jesús, Claudio Aquaviva, quiso que los jóvenes jesuitas se beneficiaran de su consejo e influjo. Le designó para la dirección espiritual de los que estudiaban en el Colegio Romano y después para rector del mismo centro. Tuvo Belarmino la dicha de contar entre sus hijos espirituales a San Luis Gonzaga.

   Iba creciendo de tal modo la estima del Papa para con el docto y santo jesuíta, que el padre general comenzó a temer que le nombrase cardenal. Para conjurar este peligro decidió sacarle de Roma y designarle provincial de Nápoles. No le valieron al padre Aquaviva estas medidas. Clemente VIII le creó cardenal. «Le elegimos -dijo-  porque no hay en la Iglesia de Dios otro que se le equipare en ciencia y sabiduría.» Belarmino se negó al principio a aceptar la alta dignidad. Alegó la incompatibilidad de su voto. El Papa lo anuló con su suprema autoridad y le mandó aceptar el cardenalato «en virtud de santa obediencia y bajo pena de pecado mortal». Por obediencia cambió su hábito, pero no el tenor de su vida. Con el mismo desinterés y abnegación de antes se dedicó al trabajo de las Comisiones cardenalicias. Intervino en las cuestiones más espinosas, como las de Galileo y la reforma del calendario. Trabajó febrilmente en la edición definitiva de la Vulgata. Asesoró al Papa en toda clase de negocios con plena franqueza. Llevado, sin duda, de su alma sencilla y recta, que no entendía de astucia diplomática y de dilaciones, expuso algunos pareceres con demasiada sinceridad. Parece que por ello cayó en desgracia del Papa, quien decidió alejarle de Roma y nombrarle arzobispo de Capua.

   El nuevo pastor se dio a sus diocesanos con celo sin igual. Allá pudo simultáneamente predicar, enseñar, escribir, organizar, explicar la doctrina cristiana. Abrazó toda clase de actividades. Realizó una reforma comparable, en pequeño, a la de San Carlos Borromeo.

   Entró en tres Cónclaves. Llegó a tener en uno hasta 14 votos para Papa. Tal vez le hubieran elegido si no hubiera sido jesuita. En esos momentos en que se hablaba de su ascensión al Trono, su jaculatoria favorita y su oración ininterrumpida era; «Señor, elige al más apto y líbrame del Papado.»

   Dios no le había hecho para el Pontificado. Tenía el Santo que realizar su última misión. Dar al mundo entero ejemplo de humildad y pobreza. Al recién elegido Gregorio XV le pidió corno grande gracia el poderse retirar, al menos largas temporadas, al noviciado de los jesuitas. Tenía ya cerca de setenta y ocho años. Allá simultaneaba las actividades de cardenal con la vida de un novicio.

   Desgastado en su lucha por la defensa de la Iglesia, sus fuerzas iban fallando. Con todo le quedó todavía un arma: la pluma. La piedad que rebosaba de su alma fue impregnando sus últimos opúsculos espirituales, llenos de suave unción.

   Así se consumó la vida de este gran héroe. Había amado a la Iglesia con amor de enamorado. Dios le llamó a sí el 17 de septiembre de 1621. El Sacro Colegio quiso dejar constancia de los méritos del difunto cardenal. Escribieron en las Actas, entre otros elogios, «Varón esclarecido, teólogo eminentísimo, defensor acérrimo de la fe católica, martillo de los herejes. Varón piadoso, discreto, humilde, extraordinariamente limosnero».

   Pío XI le beatificó el 13 de mayo de 1923, le canonizó el 29 de junio de 1930 y le declaró doctor de la Iglesia el 17 de septiembre de 1931.

IGNACIO IPARAGUIRRE, S. I.

Año Cristiano, Tomo II, bibliotecade Autores Cristianos, Madrid, 1966.

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SAN JUAN SILENCIARIO, Obispo y Confesor

13 de Mayo

 Haz como si ignorases muchas cosas,
 y, meditando, escucha en silencio.
(Eclesiástico, 32, 12).

San Juan, llamado el Silenciario, a causa del silencio que guardó durante casi 45 años, empleó todo su patrimonio en edificar una iglesia en honor de la Santísima Virgen y un monasterio al que se retiró con diez compañeros, animados todos del deseo de santificarse en la soledad. Ansioso de dejar las funciones episcopales que no había aceptado sino de mal grado, consultó al Señor y, una noche en que estaba en oración, vio una estrella en forma de cruz y oyó una voz que le dijo: Sigue esta luz, si quieres salvarte. La siguió y llegó al famoso monasterio de San Sabas donde ejerció los más humildes menesteres. Murió alrededor del año 558.

MEDITACIÓN
SOBRE LA VOCACIÓN

   I. Lo que acabamos de oír puede inspirarnos tres reflexiones de las que podemos aprovecharnos. La primera, es que debemos consultar a Dios en todas nuestras dudas, sobre todo cuando se trata de elegir una vocación estable para el resto de la vida. Dios es quien debe darnos las gracias necesarias para vivir santamente; a Él pertenece el asignarnos el puesto que sabe nos corresponde. No nos recompensará si no hemos trabajado según sus órdenes.

   II. La estrella tenía forma de cruz; elijas el esta do de vida que elijas siempre encontrarás la cruz. Considera, pues, la posición a la que Dios te llame, como la cruz que Él quiere que lleves. Cada uno tiene la suya; no te imagines que tienes la más pesada, porque todos nos inclinamos a creer lo mismo. Señor, no quisisteis descender de vuestra cruz, y yo moriré antes que abandonar la vocación a la que me habéis llamado; es la cruz sobre la cual quiero morir.

   III. La luz de esa estrella llamó a San Juan y, para seguirla, dejó todo. Escucha todo lo que te dice Jesucristo en el fondo del corazón; si no sigues esa estrella, se trocará en astro funesto que te espantará en la hora de la muerte. Elige ahora lo que en el momento de la muerte te gustaría haber elegido; desprecia al mundo, que no seduce sino a quienes lo consienten. Si no nos engañamos a nosotros mismos, será casi imposible que nos engañe el mundo. (San Euquerio).

La correspondencia a las gracias de vuestra vocación
Orad por aquellos a quienes Dios llama
a la vida religiosa.

ORACIÓN

   Oh Dios omnipotente, haced que la augusta solemnidad de San Juan, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S. Amén.

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Santoral

12 de mayo

Santos Nereo, Aquileo, Domitila y Pancracio, Mártires
Santo Domingo de la Calzada, Confesor
San Germán de Constantinopla, Obispo y Confesor
San Epifanio de Salamis
Santa Rictrudis
San Madoaldo de Treveris
Beato Francisco Patrizzi
Beata Gema de Solmona
Beata Juana de Portugal

SAN GERMÁN DE CONSTANTINOPLA, Obispo y Confesor

12 de mayo

Nació el 635, siendo Heráclio emperador bizantino. Su padre fue un prestigioso patricio, llamado Justiniano, muerto alrededor del 669 por orden del suspicaz o envidioso emperador Constantino Pogonato. De la vida y actividad de Germán antes de obtener su primera prelacía apenas sabemos nada. Dos documentos antiguos (un menologio y un sinaxario) nos ponderan su afición a las Escrituras y a la contemplación, su viveza de ingenio y experiencia de los negocios. En todo caso parece que ya antes del 711 era obispo de Cízico, en el Helesponto. Poco después el monotelismo (herejía defensora de una sola voluntad en Cristo), aunque ya recibido el golpe de muerte en el VI concilio ecuménico de 681, revivió por corto espacio con el emperador Filípico (711-713), el cual presionó de tal modo a Germán, que el anciano prelado tuvo la debilidad de ceder en el sínodo de Constantinopla, año 712. Pero su reacción en pro de la ortodoxia fue rápida. Al subir al trono de Oriente el católico Artemio (Anastasio II) mejora la situación. Depuesto Juan VI, patriarca heterodoxo de Constantinopla, es nombrado sustituto suyo, en 715, Germán, que cuenta ya unos ochenta años, pero cuyo espíritu joven sabrá resistir los embates de susadversarios en la época subsiguiente. Se suele colocar al comienzo de su patriarcado un sínodo de 100 obispos, donde habrían sido anatematizados los fautores del monotelismo, entre otros los antecesores de Germán en la sede constantinopolitana, Sergio, Pirro y Pablo. Pero, según Grumel, el documento de las Actas es, por lo menos, dudoso. Sin embargo, el repudio de aquella herejía se manifiesta en la carta del Santo a los armenios, de que hablaremos después. De todos modos, la gloria más excelsa de Germán es su actitud indomable ante la herejía iconoclasta, denominada así por propugnar la destrucción de las imágenes (de Cristo y de los santos).

   El furor de este movimiento, avivado por cierta tendencia oriental, idealista y antiplástica, data del siglo VIII. Sea por influjo de la actitud hostil de los árabes (para quienes el culto cristiano de tales representaciones sensibles equivalía al idolátrico de los paganos), sea por motivos religiosos de reforma (ante algunos abusos de la época en lo tocante a este culto), tal vez por razones políticas de cesaropapismo, o mejor aún por la educación del emperador León III el Isáurico (716-741) en un ambiente de paulicianismo maniqueo, lo cierto es que este príncipe desencadena una violenta lucha contra las imágenes en 725 con la adhesión de algunos obispos (sobre todo de Constantino de Nicolia, en Frigia), que quizá veían en el culto de los iconos un estorbo para la conversión de los infieles. Germán resiste desde el principio. Debió de ser bien doloroso para el Santo recordar la escena (a. 717) donde él mismo había coronado a León, conforme al ceremonial católico, y donde el príncipe había jurado retener la fe verdadera, decisión reiterada por él en carta al papa Gregorio II. Ahora, en 724-725, León cambia por completo y da comienzo a su campaña iconoclasta. Germán pone en guardia al Pontífice y le informa de su resistencia al emperador; el texto de la carta se ha perdido, pero se conserva la respuesta del Papa, lleno de admiración ante la actitud vigorosa del patriarca, que contaba entonces unos noventa años: «cada hora me acuerdo de tu entrega y considero mi más sagrado deber el saludarte como a hermano mío y propugnador de la Iglesia».

   También se conservan otras tres cartas del Santo referentes a esta misma controversia. Una a Juan, metropolitano de Synades, a propósito del ya citado Constantino de Nicolia, hostil al culto de las imágenes; otra a éste, recordándole las promesas hechas a Germán de cesar en su actitud iconómaca, y la tercera a Tomás de Claudiópolis: en esta última principalmente se esfuerza el patriarca en demostrar por la Escritura y los Padres que la honra tributada a las imágenes de Cristo, la Virgen y los santos no es idolatría, sino culto dirigido al prototipo a través de la representación sensible.

   Más emotiva es la admonición al mismo emperador (17 de enero del 730), donde el casi centenario prelado se declara dispuesto a morir en defensa del culto de las imágenes: hermoso es dar la vida por el nombre de Cristo, impreso en su efigie externa. Tal grandeza de alma, junto con el apoyo que el Papa y San Juan Damasceno prestaban al patriarca, contiene a León de tomar decisiones demasiado violentas, pero manifiesta su deseo de que Germán señale sucesor en la sede constantinopolitana. Finalmente, en una reunión celebrada por el emperador, el noble anciano, despojándose de su ropaje episcopal, concluye un largo discurso con estas palabras: «Si soy como Jonás, que se me arroje al mar; pero haría falta un concilio ecuménico para que yo cambiara mis creencias». Después se retira a Platanión, finca de familia, cercana a la capital, y allí muere en 733.

   Las epístolas dogmáticas de Germán fueron leídas y aprobadas con cálidos elogios en la cuarta sesión del segundo concilio Niceno (ecuménico 7.°)el año 787. Otra carta a los armenios defiende la doctrina calcedonense sobre las dos naturalezasen Cristo, rechazando, por otra parte, toda sospecha de nestorianismo. También se explica en ella el dogma cristológico de las dos operaciones y dos voluntades,lo cual es una abierta repulsa del monotelismo.

   De vitae termino es el título latinizado de un diálogo del Santo, donde se justifica el proceder de la divina Providencia al asignar a cada hombre diferente duración de vida: tal discrepancia no proviene de la ciega casualidad; todo está previsto y decretado por Dios. Otro escrito teológico-histórico de Germán enumera concisamente la serie de herejías aparecidas a lo largo de los siglos y los sínodos celebrados para combatirlas.

   Especial interés reviste el aspecto oratorio-pastoral del patriarca. Los nueve sermones que llevan su nombre revelan un estilo cuidadoso y una retórica a tono con el ampuloso ambiente literario de la época. El género dialogado, que ya en el siglo IV ocupa un puesto de honor en la homilética, toma, a partir del siglo siguiente, un carácter «nuevo, poético y afectivo». Fecioru nos ofrece recientemente un ejemplo, al editar (en el texto griego de Migne, completado con el del códice gr.964 de la AcademIa Rumana) un sermón de Germán acerca de la Anunciación. 

   Desde el punto de vista doctrinal son importantes sus sermones mariológicos, por ejemplo en lo tocante a la mediación universal de la Virgen. Dos de ellos, consagrados a la muerte (= Dormición) de Nuestra Señora, son buen testimonio de la creencia del docto y piadoso patriarca en la asunción corporal y en la realeza de la Madre de Dios. Los golpes de la corrupción no podían quebrar el vaso de la divinidad, ni el cuerpo virginal, todo casto y santo, iba a resolverse en polvo, como el de la antigua Eva, madre del polvo. No así María: Madre de la Vida y de la luz, es transportada al paraíso, llenándolo de su propia gloria; es el tránsito al descanso celeste y a las delicias de Dios.

AUGUSTO SEGOVIA, S. I.

Año Cristiano, Tomo II, bibliotecade Autores Crsitianos, Madrid, 1966.

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SANTO DOMINGO DE LA CALZADA, Confesor

12 de Mayo

Santo Domingo de la Calzada fue italiano de nación, y habiendo dado su patrimonio a los pobres, para ser menos conocido, vino a España, donde pretendió hacerse religioso de san Benito en el monasterio de san Millán. Entonces se juntó con san Gregorio, obispo de Ostia, que había venido a Navarra por legado del Papa a mitigar el azote de Dios, que hacía grande estrago en todo aquel reino, pues la langosta y pulgón comían y destruían los frutos de la tierra; y con las oraciones, limosnas y, penitencias que mandó hacer san Gregorio se enmendaron muchos, de su mala vida, y cesando los pecados, cesó también el castigo de ellos.

Muerto san Gregorio, se determinó santo Domingo de hacer asiento en el mismo lugar que ahora tiene su nombre; allí edificó una pequeña celda y una capilla que dedicó a nuestra Señora: luego desmontó la espesa selva donde se guarecían muchos ladrones y salteadores que robaban a los peregrinos que iban en romería a Santiago de Galicia. Hizo además una calzada de piedra, que por ser obra tan insigne, tomó el santo de ella el nombre; y para hospedar a los peregrinos, les edificó un hospital, donde le visitó santo Domingo de Silos, que a la sazón vivía, y los dos santos se recibieron: con mucha ternura y caridad, y el de Silos alabó mucho las buenas obras que hacía el de la Calzada.

Siete años antes de morir hizo labrar su sepulcro en una peña, y para que este lugar no estuviese ocioso, le llenaba de trigo para repartirlo a los pobres. Un día vino a visitarle una devota mujer que le preguntó la causa de haber cavado su sepultura tan lejos de la iglesia. A lo que respondió el santo: No tengáis cuidado de eso, señora; la divina Providencia cuidará de que mi cuerpo repose en lugar sagrado, porque os hago saber que, o la iglesia seguirá mis pasos a este recinto o mi cadáver gozará de sus favores. El suceso mostró que había hablado con espíritu profético, pues con el discurso del tiempo vino el sepulcro del santo a estar dentro de la Iglesia. Finalmente, habiendo pasado su larga vida con grandezas pereza y penitencia, murió en el Señor, el cual ilustró a su siervo con tantos milagros, que en aquel mismo sitio se le hizo un hermoso templo, y después una ciudad que tomó su nombre y se llama Santo Do mingo de la Calzada.

REFLEXIÓN

   Dignas de alabanza son las obras de pública utilidad; pero tienen sin duda más especial mérito delante de Dios las que se ordenan al acrecentamiento de la religión y de la piedad, como las que hizo santo Domingo de la Calzada; porque el que en ellas emplea su trabajo y hacienda, coopera señaladamente a todas las buenas obras y piadosos ejercicios que con. ocasión de ellas después se practican. ¡Oh! ¡cuánta gloria del Señor se sigue de la fábrica de un templo, de una casa de beneficencia o de otros edificios que levanta la caridad cristiana en honra de la religión y beneficio de los pobres! Si los hombres ricos y poderosos entendiesen los tesoros: celestiales que pueden alcanzar con este empleo de sus terrenales riquezas, no habría uno solo de ellos que en la hora de la muerte no dejase un legado pío para semejantes obras. ¿Cómo no ha de tener un palacio en el cielo, quien labra una casa de Dios en la tierra?

ORACIÓN

   Clementísimo Dios, que te dignaste adornar a tu bienaventurado confesor Domingo con virtudes tan excelentes, con cédenos que por al intercesión de este justo, cuyo nacimiento para el cielo celebramos en este día, seamos libres de las cadenas de nuestros pecados y merezcamos gozar de su compañía en los cielos. Por J. C. N. S. Amén.

Flos Sanctorum de la Familia Cristiana, P Francisco De Paula Morell, S. J., Ed. Difusión, S. A., Buenos Aires, 1943.

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Santoral

11 de mayo

San Majelo o Máyolo, Abad
San Francisco de Jerónimo, Jesuita
San Mamerto, Obispo
San Ignacio de Laconi, Fraile
Beato Luis Rabata, Sacerdote
Beato Vivaldo, Ermitaño
Beato Mateo Le Van Gam, Mártir
Beato Alberto de Bérgamo, Dominico de la Tercera Orden
San Ansfrido de Utrech
San Gandulfo
Beato Ladislao de Gielniow

BEATO MATEO LE VAN GAM , Mártir

11 de Mayo

 El trabajo misionero, llevado a cabo desde el inicio del siglo XVI y consolidado con los primeros Vicariatos apostólicos del Norte (Dáng-Ngoái) y del Sur (Dáng-Trong) en el 1659, ha tenido en el trascurso de los siglos un admirable desarrollo.

   Desde los primeros años, la semilla de la Fe se ha mezclado, en el territorio vietnamita, con la abundante sangre de los Mártires, tanto del clero misionero como del clero local y del pueblo cristiano de Vietnam. Juntos han soportado las fatigas del trabajo apostólico, como si se hubiesen puesto de acuerdo, han afrontado incluso la muerte para dar testimonio de la verdad evangélica. La historia religiosa de la Iglesia vietnamita señala que han existido un total de 53 Edictos, firmados por los Señores Trinh y Nguyen o por los Reyes que, durante  más de dos siglos, en total 261 años (1625-1886), han decretado contra los cristianos persecuciones una más cruel que la otra. Son alrededor de unas 130.000 las víctimas caídas por todo el territorio nacional.

   A lo largo de los siglos, estos mártires de la Fe ha sido enterrados en forma anónima, pero su recuerdo permanece vivo en el espíritu de la comunidad católica. Desde el inicio del siglo XX, 117 de este gran grupo de héroes, martirizados cruelmente, han sido elegidos y elevados al honor de los altares por la Santa Sede en 4 Beatificaciones:

  • en el 1900, por el Papa León XIII, 64 personas
  • en el 1906, por el Papa S. Pío X, 8 personas
  • en el 1909, por el Papa S. Pío X, 20 personas
  • en el 1951, por el Papa Pío XII, 25 personas

   clasificadas así:

  • 11 españoles: todos Dominicos: 6 Obispos, 5 Sacerdotes;
  • 10 franceses: todos de las Misiones Extranjeras de París: 2 Obispos, 8 Sacerdotes;
  • 96 vietnamitas: 37 Sacerdotes (11 de ellos dominicos) y 59 Cristianos (entre ellos: 1 seminarista, 16 catequistas, 10 terciarios dominicos y 1 mujer).

   El Beato Mateo Le Van Gam, laico martirizado en el año 1874 en Saigón, Cochinchina, con su pequeña embarcación introducía misioneros europeos; sufrió por ello pena de cárcel durante un año y, finalmente, fue degollado por orden del emperador Thieu Tri.

SAN IGNACIO DE LACONI, Fraile

11 de Mayo

Francisco Ignacio Vincenzo Peis, el segundo de nueve hermanos, nació en Làconi, en Cerdeña, el 17 de noviembre de 1701. Sus padres, pobres en bienes materiales pero  ricos en virtudes humanas y cristianas, lo criaron en la observancia de los preceptos cristianos.

Ignacio practicaba severas mortificaciones. A los veinte años, fue a Cagliari para entrar en el convento capuchino de Buoncammino. Su aceptación no fue inmediata a causa de su débil constitución. El 10 de noviembre de 1721 vestía el hábito franciscano. Después del noviciado peregrinó durante quince años por diversos conventos, hasta quedar definitivamente en el de  Cagliari donde  fue ejemplo viviente de pobreza y espíritu de absoluta dedicación a los pobres.

Dos años antes de su muerte, se quedó ciego, pese a lo cual continuó observando escrupulosamente la vida común, siguiendo todas las reglas del convento. Después de su muerte se acrecentó su fama de taumaturgo a causa de los milagros obtenidos mediante su intercesión.  El 11 de mayo de 1781 entregó su alma al Señor, siendo beatificado por Pío XII en 1940, y canonizado por el mismo Papa el 21 de octubre de 1951.

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SAN MAMERTO, Obispo

11 de Mayo

Entre los santísimos prelados que ilustraron la Iglesia de Dios en el siglo V, uno fue el glorioso san Mamerto, obispo de Viena en el Delfinado. En aquel tiempo desolaban todo el país grandes calamidades y azotes del cielo. Sucedíanse unos a otros los terremotos, incendios y guerras: las fieras, llenas de pavor por los temblores de la tierra, dejaban las cuevas de los montes y se llegaban a las poblaciones con grande espanto de la gente; la cual a vista de estos azotes hacía penitencia de sus pecados y se disponía a la festividad de la Pascua de Resurrección para recibir dignamente la comunión pascual, esperando alcanzar de esta suerte el remedio de tantos males.

Concurrieron pues todos contritos a la iglesia, a celebrar el misterio en la vigilia de la gloriosa noche: pero habiéndose incendiado varias casas principales de la ciudad, huyeron del templo despavoridos. Solo el santo obispo quedó en la iglesia, implorando con entrañables gemidos la divina misericordia, y fue tan grande la eficacia de sus lágrimas, que presto se apagó aquel grande incendio, y los fieles volvieron para continuar su penitencia a los oficios divinos. En esta ocasión ordenó el santo obispo tres días de rogativas públicas acompañadas de ayunos y oraciones, en los días que preceden a la fiesta de la Ascensión de nuestro Señor Jesucristo, a los cuales concurrió toda la ciudad con grande compunción, lágrimas y gemidos, y desde entonces se vio libre de las calamidades que la oprimían.

Divulgada la fama de esta institución y su buen suceso, fue imitada en las provincias vecinas y se extendió muy presto por la Iglesia occidental, donde se ha venido siguiendo hasta nuestros días: de manera que aunque semejantes preces precedieron a la edad de san Mamerto desde tiempo indefinido, en cuanto a la determinación de la forma con que se hacen tienen por autor a este insigne y santo prelado. Ha lló san Mamerto las preciosas reliquias de san Julián y san Ferreolo, ilustres mártires que padecieron en la sangrienta persecución de Dioclesiano y Maximiano; las cuales trasladó a un magnífico templo que había labrado.

Finalmente después de haber gobernado santamente su iglesia algunos años, edificádola con sus virtudes y milagros, murió en la paz del Señor, y su sagrado cadáver fue sepultado con gran veneración en la iglesia de los santos Apóstoles, extramuros de la ciudad de Viena, desde donde se trasladaron después sus reliquias a la basílica Constantiniana de santa Cruz de Orleans. Allí permanecieron en grande veneración hasta el siglo XVI, en el que los hugonotes, durante sus sacrílegas irrupciones del año 1562, entrando en Orleans, quemaron la cabeza y huesos del santo, que estaban en diferentes cajas y dispersaron sus cenizas.

REFLEXIÓN

   ¿Qué son todas las calamidades y males que nos afligen sino frutos del pecado? que no hizo Dios la muerte, como dice el apóstol, sino que por el pecado entró la muerte en el mundo. Y aunque en la presente providencia se sirve nuestro Señor de estos males, ya para castigarnos, ya para darnos ocasión de mayo res merecimientos, ya para darnos a en tender que no hemos de buscar en este mundo nuestro paraíso, siempre ha sido costumbre muy cristiana la de implorar en los comunes males la divina clemencia con públicas rogativas. Procura asistir a ellas con grande piedad, que el Señor casi siempre suele oír las plegarias de todo un pueblo contrito y humillado y suele darle lo mismo que pide.

ORACIÓN

   Concédenos, oh Dios omnipotente, que en la venerable solemnidad del bienaventurado Mamerto, tu confesor y pontífice, se acreciente en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de nuestra salvación. Por J. C. N. S. Amén.

 Flos Sanctorum de la Familia Cristiana, P Francisco De Paula Morell, S. J., Ed. Difusión, S. A., Buenos Aires, 1943.

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SAN FRANCISCO DE JERÓNIMO, Jesuita

11 de Mayo

  San Francisco de Jerónimo nació en Grottaglie, cerca de Taranto, en 1642. Este elocuente misionero jesuita, al que llamaban «el apóstol de Nápoles», se distinguió por su ilimitado celo en favor de la conversión de los pecadores y por su amor a los pobres, los enfermos y los oprimidos.

   En 1666,antes de cumplir los 24 años de edad, San Francisco recibió la ordenación sacerdotal. Durante los cinco años siguientes, enseñó en el «Collegio dei Nobili», que los jesuítas tenían en Nápoles. A los 28 años ingresó en la Compañía de Jesús. De1671 a 1674, ayudó en el trabajo misional al célebre predicador Agnello Bruno. Al concluir sus estudios de teología, los superiores le nombraron predicador de la Iglesia del Gesú Nuovo, de Nápoles. Se dice que convertía por lo menos a unos 400 pecadores al año. El Santo visitaba las prisiones, los hospitales y no vacilaba en seguir a los pecadores hasta los antros del vicio, donde algunas veces fue brutalmente maltratado. Además de sus misiones y Ejercicios, predicaba sin cesar en las iglesias y plazas, porque las multitudes que le seguían arrebatadas por su elocuencia, no cabían en el sagrado recinto. Fue el predicador más popular de su época: al bendecir a San Alfonso de Ligorio, le predijo que llegaría a los noventa años y que haría gran bien a la Iglesia. 

   San Francisco murió a los 74 años de edad y fue sepultado en la Iglesia de los jesuitas de Nápoles. El Papa Gregorio XVI lo canonizó en 1839.

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SAN MAJELO o MAYOLO, Abad

11 de Mayo


 Jesús crecía en sabiduría, 
en edad y en gracia delante
de Dios y de los hombres.
(Lucas, 2, 52).

San Majelo, habiendo terminado sus estudios en Lyon, fue nombrado, a pesar de su resistencia, arcediano de Macón. Con posterioridad fue propuesto para ocupar el arzobispado de Besanzón, pero rehusó esta dignidad y se retiró al monasterio de Cluny, donde sucedió a San Aimardo en calidad de abad. Llamado a París para el arreglo de algunos asuntos en el monasterio de San Dionisio, cayó enfermo en el camino y murió en Souvigny, en el año 994. Su admirable virtud le granjeó el amor de Dios y el de los hombres.

MEDITACIÓN
 SE HA DE CONTENTAR A DIOS,
A LA CONCIENCIA Y A LOS HOMBRES

   I. Dios quiere salvarte, pero no lo hará sin tu cooperación. No persigas, pues, otro objetivo que el de agradarle y cumplir su santa voluntad. Nada ha gas contrario a sus mandamientos, ni a los de su Iglesia. ¿De qué te serviría haber pasado como honesto en este mundo, haberte conquistado el favor y la estima de todos los hombres, si eres objeto del desprecio y del aborrecimiento de Dios?

   II. Condúcete según las luces que Dios te da, nunca obres en contra de lo que tu conciencia y tu razón te dicten; es el primer director a quien debes obedecer. Escucha también las inspiraciones particulares del Espíritu Santo; no las resistas nunca si quieres conservar la paz en tu interior. Si Dios y tu conciencia dan testimonio de tu inocencia, deja a los insensatos que digan lo que quieran. (San Gregorio).

   III. No tengas una virtud excesivamente rígida, sobre todo si tu condición te obliga a vivir en el mundo. La afabilidad, la dulzura, la bondad, no son in compatibles con la virtud aun más perfecta; se puede ser un santo y un hombre amable a la vez. Ten cuida do; lo que tú llamas austeridad no es a menudo sino secreta vanidad y dureza de corazón, contrarios al espíritu de mansedumbre que Jesucristo nos recomienda.

La pureza de intención
Orad por por el
acrecentamiento de la caridad.

ORACIÓN

   Haced, Señor, os lo suplicamos, que la intercesión de San Majelo, abad, nos haga agradables a vuestra Majestad, a fin de que obtengamos, por sus oraciones, lo que no podemos esperar de nuestros méritos. Por J. C. N. S. Amén.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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Santoral

10 de mayo

San Antonino o Antolín, Obispo y Confesor
Santos Gordiano y Epímaco, Mártires
Beato Juan de Avila, Confesor
San Alfio, Mártir
San Filadelfo, Mártir
San Cirino, Mártir
San Onésimo, Mártir
Santa Benedicta, Mártir
San Calepodio, Mártir
San Epímaco, Mártir
San Gordiano, Mártir

SANTOS ALFIO CIRINO y FILADELFO, Mártires

10 de Mayo

  Los Santos Alfio, Cirino y Filadelfo, fueron tres hermanos que sufrieron el martirio durante la persecución de Valeriano, en el año 253. Eran oriundos de Vaste, en la provincia de Lecce. El padre Vitale, pertenecía a una familia patricia y la madre, Benedicta, afrontó espontánea y valientemente la autoridad imperial manifestando su fe, y soportó el martirio.  El prefecto Nigellione, enviado a Vaste para investigar  la presencia de cristianos, llevó a cabo el primer interrogatorio. Viendo la constancia y firmeza de los tres hermanos, decide enviarlos a Roma junto con  Onesimo, su maestro, Erasmo, su primo y otros catorce cristianos. De Roma, después del primer suplicio, son enviados a  Pozzuoli, por el prefecto Diomede, el cual condena a pena de muerte a Erasmo, Onesimo y a los otros catorce, y envía a los tres hermanos a Sicilia de Tertullo, a Taormina; allí son interrogados y torturados y después enviados a Lentini, sede ordinaria del prefecto, con la orden de que el viaje sea llevado a cabo con un grueso cepo sobre la espalda.  Los tres jóvenes son liberados del cepo por una fuerte tempestad de viento; pasan a Catania, en donde son encerrados en una prisión, en donde aún hoy se puede ver la inscripción: «Sanctorum Martyrum Alphii Philadelphi et Cyrini carcer», en una cripta bajo la iglesia de Minoritelli; En el camino de Catania a Lentini tienen lugar varios prodigios y conversiones: se hacen cristianos los veinte soldados de la escolta junto con su jefe, Mercurio. Mientras tanto, en Lentini los tres hermanos liberan a un niño hebreo que estaba endemoniado, convierten a la fe a muchos hebreos que habitaban en esa ciudad, y que inmediatamente son condenados a ser lapidados. Llevados ante Tertullo, son sometidos a todo género de suplicios hasta que entregan sus almas al Señor.

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BEATO MAESTRO JUAN DE ÁVILA, Confesor

10 de Mayo

Un buen día del año de 1517 Juan de Ávila, un estudiante alegre de la Mancha, que había recorrido durante cuatro cursos las callejuelas de Salamanca con sus cartapacios de apuntes bajo el brazo, camino del estudio, dejaba la ciudad del Tormes. Hacía días que Dios le hurgaba en el alma. El golpe de gracia fue en una fiesta de toros y cañas. Ahora, dejadas las «negras leyes», volvía a Almodóvar del Campo, que le había visto nacer el día de Epifanía del último año del siglo.

   Poco después Alcalá le dará su abrazo de bienvenida en un momento de efervescencia espiritual, a la que no podrá sustraerse. Las sabias lecciones de Artes del maestro Soto, de quien fue discípulo predilecto, y aquellas lecturas del docto maestro Medina, que enseñaba por la nueva vía de los Nominales, alternaban con la lección sabrosa de unos libros de Erasmo, saturados de espíritu paulino y salpicados de censuras mordaces ansiosas de reforma.

   Ya es sacerdote Juan de Ávila. Juan de Ávila ha entrado de lleno en el recogimiento y la oración. El fuego apostólico ha prendido en su alma y las Indias se le antojan cañaveral seco pronto para el incendio. Piensa ir allá con el padre Garcos, de la Orden de Santo Domingo, que marcha como primer obispo de Tlaxcala. ¿Vistió ahora el hábito dominicano en Santo Tomás de Sevilla? Veinte años más adelante se recordará, cuando esté inclinado a entrar en la Compañía, que el padre Ávila «ha sido fraile». Las íntimas relaciones que vemos tiene en Sevilla con los dominicos parecen dar pie para una conjetura.

SANTOS GORDIANO Y EPÍMACO, Mártires

10 de Mayo

Después que el impiísmo Juliano el Apóstata fue aclamado por su ejército como emperador en Francia, con la muerte del emperador Constancio, su primo hermano, cobró fuerzas y se vio  señor, luego comenzó a quitarse la máscara de piedad con que antes había favorecido y engañado a los cristianos a los cuales determinó perseguir y deshacer y conservar y ampliar el culto de sus falsos dioses: pero, porque pretendía ser tenido de todos por príncipe manso y benigno, y no quería que los que morían por Cristo fuesen honrados como mártires, y ya la religión se había extendido, y florecía mucho por el mundo, temiendo alguna turbación en el Imperio, por razón de estado pretendió con maña destruir a los cristianos, haciendo presidentes y gobernadores de las provincias a hombres crueles y bárbaros, para tirar la piedra como dicen, y esconder la mano. Entre los ministros que nombró el apóstata para destruir la Iglesia de Cristo, fue uno Gordiano, el cual nombrado vicario en Roma, ejercitaba su crueldad y  derramaba la sangre inocente de los cristianos. Estaba preso con otros muchos un santo presbítero llamado Jenaro.

Tuvo con él Gordiano largas pláticas, y finalmente tocándole el Señor el corazón abrió los ojos al rayo de la divina luz, y terminó por abrazar la fe; y en efecto, recibió el bautismo por mano de san Jenaro junto con Marina su mujer, y otros cincuenta y tres de su familia, y entregó a Jenaro un ídolo de Júpiter que tenía en su casa, y le que quebraron y desmenuzaron y echaron en un lugar inmundo. Supo lo que pasaba Juliano, y embravecióse por ver que sus principales ministros se volvían contra él y se hacían cristianos: y quitando a Gordiano el cargo, ordenó al tribuno que le castigase severamente.

Mandóle este atormentar y azotar y quebrantar los huesos con plomadas, y como el santo mártir diese gracias al Señor por la merced que le hacía en dar le que padecer por él, el tribuno le condenó a ser descabezado delante del templo de la diosa Tierra y que echasen el cadáver a los perros. Mas el Señor ordenó que los perros hambrientos no tocasen el santo cuerpo, antes con ladridos le guardasen y defendiesen. Cinco días después, un criado de Gordiano y otros cristianos le tomaron de noche y le sepultaron en la vía Latina en una cueva donde antes había sido enterrado san Epímaco, mártir, cuyo martirio también celebra hoy la Iglesia: el cual siendo natural de Alejandría fue preso por el nombre de Jesucristo, y habiendo padecido muchos días excesivos trabajos y molestias en una áspera y dura cárcel y llevádolos con gran paciencia y alegría, al cabo fue mandado quemar y sus huesos y cenizas fueron llevados a Roma por algunos cristianos y puestos en aquel sepulcro en que dijimos que después fue sepultado san Gordiano. Por eso la Iglesia católica celebra junta mente el martirio de estos dos santos en un mismo día.

REFLEXIÓN

   No es para decir la rabia y furor con que los crueles emperadores veían convertirse a la fe a los mismos principales ministros que ponían por perseguidores de los cristianos y defensores de su imperio: mas en esto se echa de ver la maravillosa virtud de la gracia de Cristo que puede hacer que lobos sanguinarios se ofrezcan al sacrificio como inocentes corderos. ¿Quién sino Dios puede obrar tan admirable mudanza en los corazones? Pidámosle pues como el santo Profeta David: ¡Señor! cread en mí un corazón limpio y poned en mi interior un espíritu nuevo y recto. (Ps. L.)ORACIÓN

   Oh Dios omnipotente, concédenos tu gracia para que los que celebramos la solemnidad de tus bienaventurados mártires Gordiano y Epímaco seamos ayudados en tu presencia por su intercesión. Por J. C. N. S. Amén.

Flos Sanctorum de la Familia Cristiana, P Francisco De Paula Morell, S. J., Ed. Difusión, S. A., Buenos Aires, 1943.

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SAN ANTONINO o ANTOLÍN, Obispo y Confesor

10 de Mayo

 No queráis amontonar tesoros para vosotros en la tierra, 
donde la herrumbre y la polilla los consumen, 
y donde los ladrones los desentierran y roban.
(Mateo, 6, 19).

Antonino, que entró en la orden de Santo Domingo a la edad de doce años, fue un modelo de humildad, de recogimiento y de mortificación. Jamás comió carne, y, enfermo o sano, dormía sobre una tabla. Fue menester que el Papa Eugenio IV lo amenazase con excomunión para hacerle aceptar el arzobispado de Florencia y se supo ganar el cariño de sus gentes por su bondad y caridad, pues daba a los pobres todo lo que caía en sus manos. Pero también sabía exigir, y combatió los juegos de azar, la usura y la brujería que se practicaba en esta ciudad. No quiso mas riquezas que la virtud; todo lo que poseía dábalo a los pobres, llegando al ex tremo de vender, para socorrerlos, parte de los muebles y de la ropa. Fundó el famoso convento de San Marcos en Florencia y encargó a Fray Angélico, su compañero de noviciado y afamado pintor, la pintura de todos los ahora célebres cuadros en este convento. A pesar de su mala salud, fue nombrado Arzobispo de Florencia Murió en mayo de 1459, a los 70 años de edad.

MEDITACIÓN SOBRE
 LOS BIENES DEL MUNDO

   I. Los bienes de la tierra, las riquezas, los placeres, los honores, no merecen tus afanes, pues no podrían hacerte mejor de lo que eres; por lo contrario, son los instrumentos de todos los crímenes. Más humilde serías, más sobrio y más casto, si fueses menos rico. La aflicción, la enfermedad y las humillaciones te hacen practicar muchas virtudes en las que ni siquiera pensarías faltándote aquéllas.

 II. Por otra parte, esos bienes no te pueden hacer dichoso, porque están inficionados del temor de perder1os, y porque son imperfectos y no pueden, en con secuencia, satisfacer plenamente tus deseos. Estuviste acaso alguna vez contento, verdaderamente, aun en el momento de mayor prosperidad? ¿Tus placeres más dulces no tuvieron amargura, tus más hermosas rosas sus espinas? Salomón poseyó inmensas riquezas, gustó todos los placeres, y exclama: Vanidad de vanidades, y todo vanidad. (Eclesiastés).

   III. Busca, pues, los tesoros del paraíso: son perfectos, no tienen mezcla de amargura alguna, no hay temor de perderlos y satisfacen plenamente nuestros deseos en toda su amplitud. Los Ángeles se ríen de nosotros cuando nos ven afanarnos tanto por edificar casas de barro que deberemos abandonar al día siguiente. Se sobrecogen de tristeza cuando ven que nos entregamos a placeres que nos rebajan al nivel de los animales. ¡Oh cristiano, espera y busca bienes más grandes! Coheredero de Jesucristo, ¿cómo regocijarte asociándote a los placeres del irracional? Eleva tus esperanzas hacia el soberano bien. (San Agustín).

El desprecio del mundo
Orad por las congregaciones religiosas.

ORACIÓN

Señor, haced que seamos ayudados por los méritos de San Antonino, vuestro confesor pontífice, a fin de que os encontremos misericordioso con nosotros, así como os reconocemos admirable en vuestro proceder con él. Por J. C. N. S. Amén.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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BEATO NICOLÁS ALBERGATI, Obispo de Boloña

9 de Mayo

El Beato Micolás Albergati fue obispo de Bologna en el siglo XV. Era docto y humanista, pero sobre todo era un hombre de una gran piedad.
   Nació en el seno de una familia noble. Al terminar sus estudios de Derecho, decidió hacerse religioso. De esta manera, cuando quedó vacante la sede de Certosa, toda la gente le aclamó a él como su obispo. Como pastor de la diócesis se distinguió en seguida por su caridad, su prudencia y su modestia. Estos valores le otorgaron la confianza del Papa Martín V. Sin tener la menor duda, lo nombró cardenal de la santa Cruz de Jerusalén. Trabajó para restablecer la paz entre Francia e Inglaterra y presidió el Concilio de Ferrara. Al lado de Siena, tuvo un cólico de riñón que le llevó a la muerte en el año 1443.

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SAN GREGORIO OSTIENSE, Obispo

9 de Mayo

Santo muy venerado en Navarra y en La Rioja. No nos consta ni la patria, ni los padres, ni su primera educación. Aunque se puede aventurar, en virtud a su apellido, que venía de la ciudad de Ostia, el puerto de Roma. Sí se sabe que entró joven en la Orden de San Benito y ya desde su noviciado brilló por su ciencia y su virtud. También sabemos que vivió durante un tiempo en Navarra, tal vez como legado del Papa.

En el año 1039 sabemos que estaba en Nájera, entonces capital del reino, y que causaba admiración por su bondad, su sabiduría y sus milagros (en uno de ellos parece que hizo desaparecer una plaga de langostas, lo que explica que se le invoque en casos parecidos). Su vida se cruza providencialmente con la de un hombre que buscaba a Dios con una gran ansiedad y que era rechazado en todas partes, santo Domingo de la Calzada.

Santo Domingo, que fue paje y discípulo suyo, junto a él se inició en la vida religiosa, y así a su muerte, el casi desconocido obispo de lejanas tierras dejó en herencia a los españoles otro gran santo. Los cinco años que habían durado sus grandes trabajos, continuos sacrificios e incesantes fatigas, debilitaron totalmente su salud. Cayó enfermo de gravedad y se retiró a Logroño, muriendo en el año 1044.

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