Viernes Santo

SOLEMNE ACCIÓN LITÚRGICA VESPERTINA EN
LA PASIÓN Y MUERTE DEL SEÑOR

ESTACIÓN EN SANTA CRUZ DE JERUSALÉN
(Doble de 1ª clase – Ornamentos negros y morados )

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La Estación es en la basílica que en Roma representa a Jerusalén, y cuyo nombre lleva. Está consagrada a la Pasión del Salvador, y posee tierra del Calvario, fragmentos importantes de la verdadera Cruz y uno de los clavos con que Jesús fué crucificado.
El Viernes Santo es un día de duelo, el mayor de todos. Cristo muere. El dominio de la muerte, consecuencia del pecado, sobre todas nuestras vidas humanas alcanza incluso al jefe de la humanidad, el Hijo de Dios hecho hombre.

Pero, como todos los cristianos lo saben, esta muerte que Jesús ha compartido con nosotros y que fue tan atroz para Él, respondía a los designios de Dios sobre la salvación del mundo. Impuesta por el Padre a su Hijo, éste la aceptó para nuestra redención. Desde entonces la cruz de Cristo es la gloria de los cristianos. Ayer le cantábamos ya: “Para nosotros toda nuestra gloria está en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Hoy lo repite aún la Iglesia y presenta la misma cruz a nuestra adoración: «He aquí el madero de la cruz, del cual pendió la salvación del mundo”. Por ello, el Viernes Santo es al mismo tiempo que un día de luto, el día que ha devuelto la esperanza a los hombres; él nos lleva a la alegría de la resurrección.

La acción litúrgica con que la Iglesia celebra, por la tarde, la redención del mundo, debería ser amada de todos los cristianos. En este día, el canto solemne de la Pasión, las grandes oraciones en que la Iglesia ora confiada por la salvación de todos los hombres, la adoración de la cruz y el canto de los improperios son algo más que ritos emocionantes; es la oración y el hacimiento de gracias de los rescatados que, en comunidad, adquieren conciencia ante Dios de todo lo que el misterio de la cruz representa para ellos.

El oficio se compone de cuatro partes. La primera es una catequesis que se compone de dos lecturas tomadas del Antiguo Testamento y el canto de la Pasión según San Juan. La segunda es una serie de oraciones solemnes, las grandes oraciones. La tercera es la adoración de la cruz, trofeo de nuestra redención. La cuarta es un rito de comunión.

PRIMERA PARTE DE LA
ACCIÓN LITÚRGICA O LECCIÓN

El altar, del todo desnudo: sin cruz, candelabros, ni manteles.
Todo preparado, comienza la procesión al altar en silencio. Los clérigos, ministros o ayudantes y el celebrante, cuando llegan al altar, hácenle reverencia; luego, celebrante y sagrados ministros, no los ayudantes, se postran por tierra; pero, los demás se van a sus asientos, y allí permanecen arrodillados y profundamente inclinados: y todos oran brevemente en silencio.
Dada señal, surgen todos de la inclinación, pero siguen arrodillados; sólo el celebrante, de pie anle las gradas del altar, dice, juntas las manos y en tono ferial:

Oratio. – Deus, qui peccáti véteris hereditáriam mortem, in qua posteritátis genus omne succésserat, Christi tui, Dómini nostri, passióne solvísti : da, ut, confórmes eídem facti; sicut imáginem terrénæ natúræ necessitáte portávimus, ita imáginem cæléstis grátiæ sanctificatióne portémus. Per eúndem Cristum Dóminum nostrum. Oración. – ¡Oh Dios!, que por la Pasión de tu Cristo, Señor nuestro, remediaste la muerte del pecado original, en que, por sucesión hereditaria, había incurrido  toda la posteridad del humano linaje, concédenos que, hechos nosotros conformes a Él, así como por necesidad llevamos la imagen de la terrena naturaleza terrenal, llevemos también,  por la gracia santificante, la imagen de la celestial. Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén

Primera lección. Oseas 6, 1-6

Haec dicit Dóminus : In tribulatióne sua mane consúrgent ad me: Veníte, et revertámur ad Dóminum: quia ipse cepit, et sanábit nos: percútiet et curábit nos. Vivificábit nos post duos dies: in die tértia suscitábit nos, et vivémus in conspéctu eius. Sciémus, sequemúrque, ut cognoscámus Dóminum: quasi dilúculum præparátus est egréssus ejus, et véniet quasi imber nobis temporáneus, et serótinus terræ. Quid fáciam tibi, Ephraïm? Quid faciam tibi, Juda? misericórdia vestra quasi nubes matutína: et quasi ros mane pertránsiens. Propter hoc dolávi in prophétis, occídi eos in verbis oris mei: et judícia tua quasi lux egrediéntur. Quia misericórdiam vólui et non sacrifícium, et scientiam Dei, plus quam holocáusta. Esto dice el Señor: En su tribulación de mañana se levantarán a Mí: Venid, y volvámonos al Señor: porque Él nos tomó, y nos sanará; herirá, y nos curará. Nos vivificará después de dos días; al dio tercero nos resucitará, y viviremos en su presencia. Conoceremos al Señor, y le seguiremos para conocerle: como la aurora está preparada su salida; y vendrá a nosotros como lluvia temprana y tardía de la tierra. ¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré contigo, Judá? vuestra misericordia es como nube matinal, y como rocío pasajero de madrugada. Por eso los acepillé por los Profetas; les di muerte con las palabras de mi boca; y tus juicios como luz saldrán. Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios, más que holocaustos.

Tracto (Hab. III)

Dómine, audívi audítum tuum, et tímui : considerávi ópera tua, et expávi. In médio duórum animálium innotescéris: dum appropinquáverint anni, cognoscéris: dum advénerit tempus, ostendéris. In eo, dum conturbáta fúerit ánima mea: in ira, misericórdiæ memor eris. Deus a Líbano véniet, et Sanctus de monte umbróso, et condénso. Opéruit cælos majéstas ejus: et laudis ejus plena est terra. Oí, Señor, tu anuncio, y temí; investigué tus obras, y quedé pasmado. V. En medio de dos animales te harás conocer; mientras se aproximan los años por Ti prescritos, nos harás conocer cuanto has prometido; cuando llegue este tiempo te mostrarás. V. Al verse conturbada mi alma; en tu ira te acordarás de la misericordia. V. Dios vendrá del Líbano, y el Santo de un monte sombrío y espeso. V. Cubrió los cielos su Majestad, y la tierra está llena de su alabanza.

Oración

Orémus. 
V. Flectámus génua. R. Leváte. Deus, a quo et Judas reátus sui pœnam, et confessiónis suæ latro prǽmium sumpsit, concéde nobis tuæ propitiatiónis efféctum: ut, sicut in passióne sua Jesus Christus, Dóminus noster, divérsa utrísque íntulit stipéndia meritórum; ita nobis, abláto vetustátis erróre, resurrectiónis suæ grátiam largiátur: Qui tecum vivit et regnat in unitáte..
Sacerdote: Oremos 
Diácono: Doblemos las rodillas. – Levantaos Oh Dios, de quien Judas recibió el debido castigo de su pecado, y el buen ladrón el premio de su confesión: haznos sentir el efecto de tu misericordia, para que, así como Jesucristo, Señor nuestro dio en su Pasión a entrambos su merecido, así también, destruido en nosotros el error del hombre viejo, nos conceda la gracia de su Resurrección. Él, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Así sea.

Ahora el Subdiácono canta en el tono de la Epístola, pero sin título, el siguiente pasaje del Éxodo:

Lección del Éxodo (XII, 1-11)

Próximos como estamos  la renovación del Sacrificio sangriento de Cristo, Cordero de Dios, la Iglesia nos hace leer aquí los ritos relativos al sacrificio y comida del cordero pascual judío, el cual, extendido en forma de cruz en dos palos, y asado, simbolizaba a Jesucristo crucificado.

En diébus illis: Dixit Dóminus ad Móysen, et Aaron in terra Ægýpti: «Mensis iste, vobis princípium ménsium, primus erit in ménsibus anni. Loquímini ad univérsum cœtum filiórum Israël, et dícite eis: Décima die mensis hujus tollat unusquísque agnum per famílias et domos suas. Sin autem minor est númerus, ut suffícere possit ad vescéndum agnum, assúmet vicínum suum, qui junctus est dómui suæ, juxta númerum animárum, quæ suffícere possunt ad esum agni. Erit autem vobis agnus absque mácula, másculus, annículus: juxta quem ritum tollétis et hædum. Et servábitis eum usque ad quartam décimam diem mensis hujus; immolabítque eum univérsa multitúdo filiórum Israël ad vésperam. Et sument de sánguine ejus, ac ponent super utrúmque postem, et in superlimináribus domórum, in quibus cómedent illum. Et edent carnes nocte illa assas igni, et ázymos panes cum lactúcis agréstibus. Non comedétis ex eo crudum quid, nec coctum aqua, sed tantum assum igni: caput cum pédibus ejus, et intestínis vorábitis. Nec remanébit quidquam ex eo usque mane. Si quid resíduum fúerit, igne comburétis. Sic autem comédetis illum: Renes vestros accingétis, calceaménta habébitis in pédibus, tenéntes báculos in mánibus, et comedétis festinánter; est enim Phase, id est tránsitus, Domini». En aquellos días: Dijo el Señor a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto: Este mes, ha de ser para vosotros el principio de los meses. Será el primero entre los meses del año. Hablad a todos los hijos de Israel reunidos y decidles: El día diez de este mes tome cada cual un cordero por cada familia, y por cada casa. Y si en alguna no fuese tanto el número de individuos que baste para comer el cordero, tomará de su vecino inmediato a su casa aquel número de personas que necesite para comerlo. El cordero ha de ser sin defecto, macho y de un año. Podéis, guardando el mismo rito, tomar en su lugar un cabrito. Lo reservaréis hasta el día catorce de este mes, en el cual, por la tarde, lo inmolará toda la multitud de los hijos de Israel. y tomarán de su sangre, y rociarán con ella los dos postes y el dintel de las casas en que lo comerán. Las carnes las comerán aquella noche, asadas al fuego, y panes ázimos o sin levadura, con lechugas silvestres. Nada de él comeréis crudo, ni cocido en agua; sino solamente asado al fuego. Comeréis también la cabeza, con patas e intestinos. No quedará nada de él para la mañana siguiente; si algo sobrare lo quemaréis al fuego, y lo comeréis de esta manera: tendréis ceñidos vuestros muslos y calzados vuestros pies y un báculo en la mano, y comeréis a prisa, por ser la Pascua, esto es, el paso del Señor.

El Coro canta o recita el siguiente Tracto, poniendo las palabras del Profeta David en labios del Señor.

Tracto (Ps. 139)(7)

Éripe me, Dómine, ab hómine malo: a viro iníquo líbera me. V. Qui cogitavérunt malítias in corde: tota die constituébant prǽlia. v. Acuérunt linguas suas sicut serpéntis: venérum áspidum sub lábiis eórum. V. Custódi me, Dómine, de manu peccatóris: et ab homínibus iníquis líbera me. V. Qui cogitavérunt supplantáre gressus meos: abscondérunt supérbi láqueum mihi. V. Et funes extendérunt in láqueum pédibus meis: juxta iter scándalum posuérunt mihi. V. Dixi Dómino: Deus meus es tu: exáudi, Dómine, vocem oratiónis meæ. V. Dómine, Dómine, virtus salútis meæ: obúmbra caput meum in die belli. V.Ne tradas me a desidério meo peccatóri: cogitavérunt advérsum me: ne derelínquas me, ne umquam exalténtur. V. Caput circúitus eórum: labor labiórum ipsórum opériet eos. V. Verúmtamen justi confitebúntur nómini tuo: et habitábunt recti cum vulto tuo. Líbrame, Señor, del hombre malvado; líbrame del hombre perverso. V. Los que maquinaban iniquidades en su corazón; todo el día están armando contiendas. V.Aguzaron sus lenguas como serpientes; veneno de áspides tienen debajo de sus labios. VDefiéndeme, Señor, de las manos del pecador; y líbrame de los hombres perversos. VÉstos intentan dar conmigo en tierra. Un lazo oculto me pusieron los soberbios. Vy extendieron sus redes como lazo para mis pies; pusiéronme tropiezos junto al camino. V.Mas yo , dije al Señor: Tú eres mi Dios, escucha, Señor, la voz de mi súplica. V.¡Señor! ¡Señor de mi salvación! cubre mi cabeza en el día del combate. V. No me entregues contra mi deseo en manos del pecador; maquinado han contra mí; no me desampares, no sea que se engrían. V. Sobre la cabeza de los que me rodean caerá la iniquidad de sus labios. V. Pero los justos ensalzarán tu nombre, y los hombres rectos habitarán ante tu cara.

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, según San Juan
(XVIII, 1-40; XIX, 1-42)

In illo témpore: Egréssus est Jesus cum discípulis suis trans torréntem Cedron, ubi erat hortus, in quem introívit ipse, et discípuli ejus. Sciébat autem et Judas, qui tradébat eum, locum: quia frequénter Jesus convénerat illuc cum discípulis suis. Judas ergo cum accepísset cohórtem, et a pontifícibus et pharisǽis minístros, venit illuc cum latérnis, et fácibus, et armis.  Jesus ítaque sciens ómnia, quæ ventúra erant super eum, procéssit, et dixit eis + Quem quǽritis? C. Respondérunt ei: S. Jesum Nazarénum. C. Dicit eis Jesus: + Ego sum. C. Stabat autem et Judas, qui tradébat eum, cum ipsis. Ut ergo dixit eis: Ego sum: abiérunt retrórsum, et cecidérunt in terram. Iterum ergo interrogávit eos: + Quem quǽritis? C. Illi autem dixérunt: S. Jesum Nazarénum. C. Respóndit Jesus:+ Dixi vobis: quia ego sum: si ergo me quǽritis, sínite hos abíre. C. Ut implerétur sermo, quem dixit: Quia quos dedísti mihi, non pérdidi ex eis quemquam. Simon ergo Petrus habens gládium edúxit eum: et percússit pontíficis servum: et abscídit aurículam ejus déxteram. Erat autem nomen servo Malchus. Dixit ergo Jesus Petro: +Mitte gládium tuum in vagínam. Cálicem, quem dedit mihi Pater, non bibam illum? C. Cohors ergo, et tribúnus, et minístri Judæórum comprehendérunt Jesum, et ligavérunt eum. Et adduxérunt eum ad Annam primum, erat enim socer Cáiphæ, qui erat póntifex anni illíus. En aquel tiempo: Salió Jesús con sus discípulos a la otra parte del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró él con sus discípulos. Judas, que le entregaba, conocía también el sitio, porque Jesús solía retirarse muchas veces a él, con sus discípulos. Judas, pues, habiendo tomado una cohorte de soldados, y varios ministros que le dieron los Pontífices y Fariseos, fue allá con linternas y hachas, y con armas. Y Jesús, que sabía todas las cosas que le habían de sobrevenir, salió a su encuentro, y les dijo: + ¿A quién buscáis? C.Respondiéronle: S. A Jesús Nazareno. —C: – Diceles Jesús: + Yo soy. C. Estaba también con ellos Judas, el que le entregaba: Apenas, pues, les dijo: “Yo soy”, retrocedieron todos, y cayeron en tierra. Volvió de nuevo a preguntarles: +¿A quién buscáis? C. y ellos respondieron: S. A Jesús Nazareno. C. Replicó Jesús: + Ya os he dicho que yo soy; ahora bien, si me buscáis a mi, dejad ir a éstos. C. Para que se cumpliese la palabra que había dicho: “¡Padre! ninguno he perdido de los que tú me diste”. Entretanto, Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, Y dando un tajazo a un criado del Pontífice, le cortó la oreja derecha. Y este criado llamábase Malco. Pero Jesús dijo a Pedro: + Mete tu espada en la vaina. El cáliz que me dio mi Padre ¿he de dejar yo de beberle? C. En fin, la cohorte de soldados, el tribuno y los ministros de los judíos prendieron a Jesús y le ataron. De allí le condujeron primeramente a casa de Anás, porque era Sumo Pontífice aquel año.

Jesús ante Caifás

Erat autem Cáiphas, qui consílium déderat Judǽis: Quia éxpedit, unum hóminem mori pro populo. Sequebátur autem Jesum Simon Petrus, et álius discípulus. Discípulus autem ille erat notus pontífici, et introívit cum Jesu in átrium pontíficis. Petrus autem stabat ad óstium foris. Exívit ergo discípulus álius, qui erat notus pontífici, et dixit ostiáriæ: et introdúxit Petrum. Dicit ergo Petro ancílla ostiária: S. Numquid et tu ex discípulis es hóminis istíus? C. Dicit ille: S. Non sum. C. Stabant autem servi et minístri ad prunas, quia frigus erat, et calefaciébant se: erat autem cum eis et Petrus stans, et calefáciens se.
Póntifex ergo interrogávit Jesum de discípulis suis, et de doctrína ejus. Respóndit ei Jesus: + Ego palam locútus sum mundo: ego semper dócui in synagóga et in templo, quo omnes Judǽi convéniunt: et in occúlto locútus sum nihil. Quid me intérrogas? intérroga eos, qui audiérunt quid locutus sim ipsis: ecce hi sciunt quæ díxerim ego. C. Hæc autem cum dixísset, unus assístens ministrórum dedit álapam Jesu, dicens: S. Sic respóndes pontífici? C. Respóndit ei Jesus: + Si male locútus sum, testimónium pérhibe de malo: si autem bene, quid me cædis? C. Et misit eum Annas ligátum ad Cáipham pontíficem. Erat autem Simon Petrus stans et calefáciens se. Dixérunt ergo ei: S. Numquid et tu ex discípulis ejus es? C. Negávit ille, et dixit: S. Non sum. C. Dicit unus ex servis pontíficis, cognátus ejus, cujus abscídit Petrus aurículam: S. Nonne ego te vidi in horto cum illo? C. Iterum ergo negávit Petrus: et statim gallus cantávit.
Caifás era el que había da do a los judíos el consejo, que convenía que un hombre muriese por el pueblo. Iba Simón Pedro siguiendo a Jesús, y con él otro discípulo. Y este otro discípulo, que era conocido del Pontífice, entró con Jesús en el atrio del Pontífice. Pedro, empero, se quedó fuera, a la puerta. Entonces el otro discípulo, que era conocido del Pontífice, salió y habló con la portera, la cual introdujo a Pedro. Y encarándose con Pedro la portera, le preguntó: S.¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? C. Él respondió: S. No lo soy. C. Los criados y ministros, que habían ido a prender a Jesús, estaban a la lumbre, porque hacía frío, y se calentaban; Pedro, asimismo estaba con ellos calentándose. Entonces el Pontífice interrogó a Jesús sobre sus discípulos y doctrina. A lo que Jesús respondió: + Yo he predicado públicamente delante de todo el mundo: siempre he enseñado en la Sinagoga y en el Templo, a donde concurrieren todos los judíos y nada he hablado en secreto: ¿por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído lo que yo les he enseñado, pues ellos saben las cosas que les he predicado. C. A esta respuesta, uno de los ministros asistentes dio una bofetada a Jesús, diciendo: S. ¿Así respondes tu al Pontífice? C. Respondióle Jesús: + Si yo he hablado mal, prueba lo malo que he dicho; y si he hablado bien, ¿por qué me hieres? C. Habíale enviado Anás, atado, al Pontífice Caifás. Y estaba allí, de pie, Simón Pedro, calentándose; y le dijeron:S. ¿No eres tú también de sus discípulos? C. Él lo negó diciendo: S. No lo soy. Dícele uno de los criados del Pontífice, pariente de aquel cuya oreja  había cortado Pedro: S. Pues qué, no te vi yo en el huerto con él? C. Y Pedro negó otra vez, y al punto cantó el gallo.

NOTAS

  • (1) He aquí la única alusión bíblica a los animales, es decir, al buey t al mulo, que tradicionalmente aparecen en las pinturas del Nacimiento. (volver)
  • (2) En tiempo de Flavio Josefo, el número de las personas que podían participar en el convite de la víctima pascual había quedado fijado (volver)
  • (3) Es decir, no mayor de un año. (volver)
  • (4) Hacíanlo para significar su confianza en la protección que Dios dispensaba a sus familias. (volver)
  • (5) Aquí Pascua significa “tránsito” o paso, pero otras veces llámase Pascua a la misma víctima inmolada, por eso dice la Liturgia en varias ocasiones que “nuestra Pascua” es “Cristo”. (volver)
  • (6) Y la razón de ser aquel día de la “Pascua” o “paso” del Señor, le dala msima Biblia en el versículo siguiente, cuando dice: “Porque esta noche “pasará” el Señor por la tierra de Egipto, y en la tierra de Egipto herirá a todo primogénito desde el hombre hasta la bestia, y haré juicio de todoslos dioses de Egipto, Yo el Señor” (Éxodo, XII, 12). (volver)
  • (7) En este Tracto se describen los sentimientos de Jesús en la Cruz. Toda la humanidad conspira y se ensaña contra El. Por eso se vuelve hacia su Padre y le ruega con humildad y entrañable fervor no le deje solo a merced de sus verdugos. (volver)
  • (8) Este discípulo era el mismo Juan Evangelista, que lo cuenta. (volver) 
  • Jesús ante Pilatos

    Addúcunt ergo Jesum a Cáipha in prætórium. Erat autem mane: et ipsi non introiérunt in prætórium, ut non contaminaréntur, sed ut manducárent Pascha. Exívit ergo Pilátus ad eos foras, et dixit: S. Quam accusatiónem affértis advérsus hóminem hunc? C. Respondérunt et dixérunt ei: S. Si non esset hic malefáctor, non tibi tradidissémus eum. C. Dixit ergo eis Pilatus: S. Accípite eum vos, et secúndum legem vestram judicáte eum. C. Dixérunt ergo ei Judǽi: S. Nobis non licet interfícere quemquam. C. Ut sermo Jesu implerétur, quem dixit, signíficans qua morte esset moritúrus. Introívit ergo íterum in prætórium Pilátus, et vocávit Jesum, et dixit ei: S. Tu es rex Judæórum? C. Respóndit Jesus: + A temetípso hoc dicis, an álii dixérunt tibi de me? C. Respóndit Pilátus: S. Numquid ego Judǽus sum? Gens tua et pontífices tradidérunt te mihi: quid fecísti? C. Respóndit Jesus: + Regnum meum non est de hoc mundo. Si ex hoc mundo esset regnum meum, minístri mei útique decertárent, ut non tráderer Judǽis: nunc autem meum regnum non est hinc. C. Dixit ítaque ei Pilátus: S. Ergo rex es tu? C. Respóndit Jesus:+ Tu dicis quia rex sum ego. Ego in hoc natus sum, et ad hoc veni in mundum, ut testimónium perhíbeam veritáti: omnis, qui est ex veritáte, audit vocem meam. C. Dicit ei Pilátus:S. Quid est véritas? C. Et cum hoc dixísset, íterum exívit ad Judǽos, et dicit eis: S. Ego nullam invénio in eo causam. Est autem consuetúdo vobis ut unum dimíttam vobis in Pascha: vultis ergo dimíttam vobis Regem Judæórum? C. Clamavéunt ergo rursum omnes, dicéntes: S. Non hunc, sed Barábbam. C. Erat autem Barábbas latro. Tunc ergo apprehéndit Pilátus Jesum, et flagellávit. Et mílites plecténtes corónam de spinis, imposuérunt cápiti ejus: et veste purpúrea circumdedérunt eum. Et veniébant ad eum, et dicébant: S. Ave, Rex Judæórum C. Et dabant ei álapas. Exívit ergo íterum Pilátus foras, et dicit eis: S. Ecce addúco vobis eum foras, ut cognoscátis, quia nullam invénio in eo causam. C. (Exívit ergo Jesus portans corónam spíneam, et purpúreum vestiméntum). Et dicit eis: S. Ecce homo. C. Cum ergo vidíssent eum pontífices et minístri, clamábant, dicéntes: S. Crucifíge, crucifíge eum. C. Dicit eis Pilátus: S. Accípite eum vos, et crucifígite: ego enim non invénio in eo causam. C. Respondérunt ei Judǽi: S. Nos legem habémus, et secúndum legem debet mori, quia Fílium Dei se fecit. C. Cum ergo audísset Pilátus hunc sermónem, magis tímuit. Et ingréssus est prætórium íterum: et dixit ad Jesum: S. Unde es tu? C. Jesus autem respónsum non dedit ei. Dicit ergo ei Pilátus: S. Mihi non lóqueris? nescis quia potestátem hábeo crucifígere te, et potestátem hábeo dimíttere te? C. Respóndit Jesus: + Non habéres potestátem advérsum me ullam, nisi tibi esset datum désuper. Proptérea, qui me trádidit tibi, majus peccátum habet. C. Et exínde quærébat Pilátus dimíttere eum. Judǽi autem clamábant, dicéntes: S. Si hunc dimíttis, non es amícus Cǽsaris. Omnis enim, qui se regem facit, contradícit Cǽsari C. Pilátus autem cum audísset hos sermónes, addúxit foras Jesum, et sedit pro tribunáli, in loco, qui dícitur Lithóstrotos, hebráice autem Gábbatha. Erat autem Parascéve Paschæ, hora quasi sexta, et dicit Judǽis: S. Ecce Rex vester. C. Illi autem clamábant : S. Tolle, tolle, crucifíge eum. C. Dicit eis Pilátus: S. Regem vestrum crucifígam? C. Respondérunt pontífices: S. Non habémus regem, nisi Cǽsarem. C. Tunc ergo trádidit eis illum ut crucifigerétur. Llevaron después a Jesús desde la casa de Caifás al Pretorio. Era muy de mañana; y ellos no entraron en el Pretorio por no contaminarse, y para poder comer el cordero pascual. Por eso Pilatos salió fuera y les dijo: S. ¿Qué acusación traéis contra este hombre? C. Respondieron, y dijéronle: S. Si éste no fuera. malhechor, no te lo hubiéramos entregado. C. Replicóles Pilatos: S. Pues tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. C. Los judíos le dijeron: S. A nosotros no nos es permitido matar a nadie; eso a ti te compete. Con lo que vino a cumplirse lo que Jesús dijo, indicando el género de muerte de que había de morir. Oído esto, Pilatos entró de nuevo en el Pretorio, y llamando a Jesús le preguntó: S. ¿Eres tú el Rey de los judíos? C. Respondió Jesús: + ¿Dices tú eso por tu cuenta, o te lo han dicho de mí otros? C. Replicó Pilatos: S. Qué, ¿acaso soy yo judío? Tu nación y los Pontífices te han entregado a mí; ¿qué has hecho? C. Respondió Jesús: + Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, claro está que mis gentes me habrían defendido para que no cayese en manos de los judíos; mas mi reino no es de acá. C. Replicóle a esto Pilatos: S. ¿Conque tú eres Rey? C. Respondió Jesús: + Así es, como dices: yo soy Rey. Yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo aquel que es hijo de la verdad escucha mi voz. C. Dícele Pilatos: S. ¿Qué es la verdad? C. Cuando esto hubo dicho, salió por segunda vez a los judíos, y les dijo: S. Yo ningún delito hallo en este hombre: mas ya que tenéis costumbre de que os suelte un reo por la Pascua ¿queréis que ponga en libertad al Rey de los Judíos? C. Entonces todos ellos volvieron a gritar: S. No a ése, sino a Barrabás. C. Y, sin embargo, Barrabás era un ladrón. Tomó pues, Pilatos a Jesús y mandó azotarle. Y los soldados formaron una corona de espinas entretejidas, y se la pusieron sobre su cabeza; le vistieron un manto de púrpura. Que se le acercaban, y le decían: S. Salve, oh Rey de los judíos; C.  y dábanle de bofetadas. Pílatos, empero, salió otra vez fuera, y díjoles: S. Ved que os lo saco fuera, para que os conste que no hallo en él delito alguno. C. (Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y un manto de púrpura). Y les dijo Pilatos: S. Ved aquí al hombre. C. Luego que los Pontífices y sus minístros le vieron, alzaron el grito, diciendo: S. ¡Crucíficale! C. Diceles Pilatos: S. Tomadle allá vosotros y crucificadle, que yo no hallo en él delito. C. Respondieron los judóos: S. Nosotros tenemos una ley, y según esta ley debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios. C.Cuando Pílatos oyó esta acusación, se llenó más de temor. y volviendo a entrar en el Pretorio, dijo a Jesús: S. ¿De dónde eres tú? C. Mas Jesús no le respondió palabra. Por lo que Pilatos le dice: S. ¿A mi no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para crucificarte y para soltarte? C. Respondió Jesús: + No tendrías poder alguno Sobre mi, si no te hubiera sido dado de arriba. Por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. C. Desde aquel punto, Pilatos procuraba libertarlo. Pero los judíos gritaban, diciendo: S. Si lo sueltas a ése, no eres amigo de César; porque todo aquel que se hace rey, se declara contra el César. C. Pilatos, al oír estas palabras, sacó a Jesús fuera; y sentóse
    en su tribunal, en el lugar llamado “Litóstrotos” y en hebreo “Gábbata”. Era entonces el día de la Preparación de la Pascua, cerca del mediodía, y dijo a los judíos: S. Ahí tenéis a vuestro Rey. C.Ellos empero gritaban: ¡Quita, quítale de en medio; crucifícale! C. Díceles Pilatos: a vuestro Rey he de crucificar? C.Respondieron los Pontífices: S. No tenemos mas Rey que el César. C.Entonces se le entregó para que le crucificasen.

    La Crucifixión

    Suscepérunt autem Jesum, et eduxérunt. Et bájulans sibi crúcem, exívit in eum, qui dícitur Calváriæ, locum, hebráice autem Gólgotha: ubi crucifixérunt eum, et cum eo álios duos, hinc et hinc, médium autem Jesum. Scripsit autem et títulum Pilátus: et pósuit super crucem. Erat autem scriptum: Jesus Nazarénus, Rex Judæórum. Hunc ergo títulum multi Judæórum legérunt, quia prope civitátem erat locus, ubi crucifíxus est Jesus. Et erat scriptum hebráice, græce et latíne. Dicébant ergo Piláto pontífices Judæórum: S. Noli scríbere, Rex Judæórum, sed quia ipse dixit: Rex sum Judæórum C. Respóndit Pilátus: S. Quod scripsi, scripsi. C. Mílites ergo cum crucifixíssent eum, accepérunt vestiménta ejus et fecérunt quáttuor partes: unicuíque míliti partem, et túnicam. Erat autem túnica inconsútilis, désuper contéxta per totum. Dixérunt ergo ad ínvicem: S. Non scindámus eam, sed sortiámur de illa cujus sit. C. Ut Scriptúra implerétur, dicens: Partíti sunt vestiménta mea sibi: et in vestem meam misérunt sortem. Et mílites quidem hæc fecérunt. Stabant autem juxta Crucem Jesu, mater eius, et soror matris ejus María Cléophæ, et María Magdaléne. Cum vidísset ergo Jesus matrem, et discípulum stantem, quem diligébat, dicit matri suæ: + Múlier, ecce fílius tuus. C. Deínde dicit discípulo: + Ecce mater tua C. Et ex illa hora accépit eam discípulus in sua. Apoderáronse, pues, de Je sús y le sacaron fuera. Y lle vando él mismo a cuestas su Cruz, fue caminando hacia el sitio llamado Calvario, y en hebreo Gólgota, donde le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, que dando Jesús en medio. Y Pi latos escribió un título y lo puso sobre la Cruz. y la inscripción decía: “Jesús Naza reno, Rey de los Judíos”. Y muchos de los judíos leyeron este título; porque estaba cerca de la ciudad el lugar en donde crucificaron a Jesús, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín y decían a Pilatos los Pontífices de los judíos: S. No escribas “Rey de los ju díos”, sino que él dijo: “Rey soy de los judíos”. C. Respon dió Pilatos: S. Lo escrito, escrito está. C. Los soldados, después de haber crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos (de los que hicieron cuatro partes, una para cada soldado), y la túnica; la cual era sin ¡costura, y de un solo tejido de arriba abajo. Por lo que dijeron entre sí: S. No la dividamos; mas echemos suerte para ver de quién será. Con lo que se cumplió la Escritura, que dice: “Repartieron entre sí mis vestidos y sortearon mi túnica”. Y esto es lo que hicieron los soldados. Y estaban junto a la Cruz de Jesús, su Madre y la prima de su Madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Y como vio Jesús a su Madre y al discípulo que El amaba, el cual estaba allí, dice a su Madre: + Mujer, ahí tienes a tu hijo. C. Después dice al discípulo: + Ahí tienes a tu madre. Desde aquélla hora el discípulo la acogió en su casa.

    Muerte de Jesús

    Póstea sciens Jesus quia ómnia consummáta sunt, ut consummarétur Scriptúra, dixit: + Sitio. C. Vas ergo erat pósitum acéto plenum. Illi autem spóngiam plenam acéto, hyssópo circumponéntes, obtulérunt ori ejus. Cum ergo accepísset Jesus acétum, dixit: + Consummátum est. C. Et inclináto cápite trádidit spíritum. Después de, esto, sabiendo Jesús que todas las cosas estaban a punto de ser cumplidas, para que se cumpliese la Escritura, dijo: +Tengo sed. C. Había allí un vaso lleno de vinagre. Los soldados, pues, empapando en vinagre una esponja y sujetándola a una caña de hisopo, aplicáronla a su boca. Jesús, luego que gustó el vinagre, dijo: +Todo está consumado. C. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.

    Aquí se arrodillan todos y hacen una breve pausa, para meditar en la muerte de Jesús.
    Luego se continúa:

    Judǽi ergo, quóniam Parascéve erat, ut non remanérent in cruce córpora sábbato, erat enim magnus dies ille sábbati, rogavérunt Pilátum, ut frangeréntur eóum crura, et tolleréntur. Venérunt ergo mílites: et primi quidem fregérunt crura, et altérius, qui crucifíxus est cum eo. Ad Jesum autem cum veníssent, ut vidérunt eum jam mórtuum, non fregérunt ejus crura, sed unus mílitum láncea latus ejus apéruit, et contínuo exívit sanguis, et aqua. Et qui vidit, testimónium perhíbuit: et verum est testimónium ejus. Et ille scit, quia vera dicit: ut et vos credátis. Facta sunt enim hæc, ut Scriptúra implerétur: Os non comminuétis ex eo. Et íterum ália Scriptúra dicit: Vidébunt in quem transfixérunt. Post hæc autem rogávit Pilátum Joseph ab Arimathǽa, eo quod esset discípulus Jesu, occúltus autem propter metum Judæórum, ut tólleret corpus Jesu. Et permísit Pilátus. Venit ergo, et tulit corpus Jesu. Venit autem et Nicodémus, qui venérat ad Jesum nocte primum, ferens mixtúram myrrhæ et áloës, quasi libras centum. Accepérunt ergo corpus Jesu, et ligavérunt illud línteis cum aromátibus, sicut mos est Judǽis sepelíre. Erat autem in loco, ubi crucifíxus est, hortus: et in horto monuméntum novum, in quo nondum quisquam pósitus erat. Ibi ergo propter Parascévem Judæórum, quia juxta erat monuméntum, posuérunt Jesum. C. Como era día de Preparación para la Pascua, para que los cuerpos no quedasen en la Cruz el Sábado, que cabalmente era un Sábado solemne, suplicaron los judíos a Pilatos que se les quebrasen las piernas a los crucificados, y les quitasen de allí. Vinieron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y las del otro que había sido crucificado con él. Mas al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado con su lanza, y al instante salió sangre y agua. Quien lo vio es el que lo asegura, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, y la atestigua para que vosotros también creáis. Pues estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebraréis ni un hueso”. Y también otro lugar de la Escritura, que dice: “Pondrán los ojos en aquel a quien traspasaron”. Después de esto, José, natural de Arimatea, que era discípulo de Jesús, (aunque a ocultas, por miedo de los judíos), pidió licencia a Pilatos para recoger el cuerpo de Jesús; y Pilatos se lo permitió. Llegóse, pues, y se llevó el cuerpo de Jesús. Vino también Nicodemo, aquel que en otra ocasión había ido de noche a entrevistarse con Jesús, y trajo consigo una confección, como de cien libras, de mirra y áloe. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos rociados con aromas, como los judíos acostumbraban sepultar. Había en el lugar, donde fue crucificado, un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, donde hasta entonces ninguno había sido sepultado. Como era la víspera del sábado de los judíos, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

NOTAS

  • (9) A pesar de desear vivamente acabar cuanto antes con el reo, el acompañamiento se detuvo en el umbral del Pretorio, por temor a contaminarse, si entraban en casa de aquel pagano, y quedarse impuros por un día entero, inhabilitándose así para comer el cordero pascual. ¡Vaya unos fariseos! ¡No tienen reparo en derramar la Sangre del Justo, y se detienen ante la puerta de un pagano, que era para ellos -según el Talmud- un animal inmundo! (volver)
  • (10) Providencialmente, -como que todo lo dirige Dios- , el pueblo reconoció su incapacidad legal para matar a Jesús; pues de otro modo hubiera muerto apedreado, no crucificado, como estaba predicho.  (volver)
  • (11) Si Jesús se decía y era Rey, su reinado era incompatible con el del César y con todo reino temporal, pues era espiritual, celestial. El suyo es reino de verdad, de justicia y de santidad, que cabe dentro de los reinos de la tierra t trasciende sobre todos ellos. La acusación que se le hacía era, por lo tanto, calumniosa.  volver) volver)
  • (12) Es decir: ved en qué estado lastimoso está este pobre hombre, él que hace poco se decía Hijo de Dios. Cualquiera que hubiese tenido algún sentimiento de humanidad, se habría compadecido de él, al verlo en ese estado; los judíos, en cambio, se enfurecieron más y más. (volver)
  • (13) Alude a Caifás y a los sanedritas. (volver)
  • (14) Este “discípulo a quie Jesús amaba”, ya sabemos que era Juan Evangelista, el mismo que lo relata. (volver)
  • (15) Como llamó este hecho la atención, por lo extraordinario, el Evangelista certifica solemnemente haberlo visto él mismo con sus propios ojos. (volver)
  • (16) El profeta Zacarías, autor de este texyo (c. XII, 10), lo aplicaal pastor -o sea Mesías- herido por la gry, y a la esperanza que concebirán cuantos fijen sus ojos y su espíritu en sus heridas. (volver)

2º – SÚPLICAS SOLEMNES Y UNIVERSALES

Hoy, Viernes Santo, día de la Redención, día del perdón universal, es por lo mismo el día de las misericordias del Señor. La Iglesia, Madre común de todos, extiende por el mundo su mirada y alza sus brazos suplicantes al Cielo, para rogar por todos en esta hora solemne. Lo hace con rendida humildad (por eso nos manda arrodillarnos antes de cada Oración), llena de confianza y de optimismo (por eso nos manda estar de pie todo el tiempo de la Oración), y con frases ardientes.
Estas oraciones solemnes eran de uso corriente en otro tiempo. En la liturgia romana sólo subsisten el viernes santo, en que adquieren una grandeza excepcional por la proclamación de la universalidad de la Redención. Ellas constituyen verdaderamente “la oración de los fieles”.
Terminado el canto o lectura de la historia de la Pasión del Señor, el celebrante toma pluvial de color negro; el diácono y el subdiácono se visten dalmática o tunicela del mismo color.

1ª Intención (Por la Santa Iglesia)

Orémus, dilectíssimi nobis, pro Ecclésia sancta Dei: ut eam Deus et Dóminusnoster pacificáre, adunáre et custodire dignétur toto orbe terrárum: subíciens et principátus et potestátes: detque nobis quétam et tranquíllam vitam degéntibus, glorificáre Deum Patrem omnipotentem. Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua. 
Subd.: Leváte
Oremos, carísimos hermanos míos, por la santa Iglesia de Dios; para que Dios Nuestro Señor se digne pacificarla, unirla y defenderla por toda la tierra, sometiendo a ella los principados Y poderes; y a nosotros nos dé la gracia de que, pasando una vida quieta y tranquila, glorifiquemos a Dios Padre omnipotente.Sac.: Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.:Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, qui glóriam tuam ómnibus in Christo géntibus revelásti: custódi ópera misericórdiæ tuæ; ut Ecclésia tua, toto orbe diffúsa, stábili fide in confessióne tui nóminis persevéret. Per eúndem Dóminum nostrum. Omnes R.Amen. Dios todopoderoso Y eterno, que por Jesucristo has re velado tu gloria a todas las naciones: conserva las obras de tu misericordia, a fin de que tu Iglesia, desparramada por todo el mundo, persevere con firme fe en la confesión de tu nombre. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

2ª Intención (Por el Sumo Pontífice)

Oremus et pro beatísimo Papa nostro N… ut Deus et Dóminus noster, qui elégit eum in órdine episcopátus, salvumatque incólumem custódiat Ecclésiae suae sanctae, ad regéndum pópulum sanctorum Dei.Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua. 
Subd.: Leváte.
Oremos también por nuestro santísimo Padre, el Papa N , para que Dios Nuestro Señor, que le eligió en el or den Episcopal, lo conserve sano e íntegro para el bien de su Santa Iglesia y para gobernar el santo pueblo de Dios. Sac.:Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.:Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, cujus judício univérsa fundántur: réspice propítius ad preces nostras, et eléctum nobis Antístitem tua pietáte consérva; ut christiána plebs, quæ te gubernátur auctóre, sub tanto Pontífice, credulitátis suæ méritis augeátur. Per Dóminum. Omnes R. Amen. Dios omnipotente y eterno por cuya sabiduria subsisten todas las cosas; acoge benigno nuestras súplicas, y conserva por tu piedad al Prelado que para nosotros elegiste, a fin de que, el pueblo cristiano que él gobierna bajo tu autoridad, vea aumentarse, a la sombra de un tan gran Pontífice, los méritos de su fe. Por Jesucristo Nuestro Señor.

3ª Intención (por la Jerarquía y los fieles)

Oremus et pro ómnibus Episcopis, Presbyteris, Diacónibus, Subdiacónibus, Acólythis, Exorcístis, Lectóribus, Virgínibus, Víduis: et pro omni pópulo sancto Dei. Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua. 
Subd.: Leváte
Oremos también por todos los Obispos, Presbíteros, Diáconos, Subdiáconos, Acólitos, Exorcistas, Lectores, Ostiarios, Confesores, Vírgenes, Viudas, y por todo el pueblo santo de Dios. Sac.: Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.:Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, mæstórum consolátio, laborántium fortitúdo: pervéniant ad te preces de quacúmque tribulatióne clamántium; ut omnes sibi in necessitátibus suis misericórdiam tuam gáudeant affuísse. Per Dóminum nostrum. Omnes R. Amen. Oremos también por todos los dignatarios de las naciones, por sus ministerios y atribuciones, a fin de que Dios y nuestro Señor ilumine sus mentes y corazones según su voluntad para nuestra perpetua paz.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, cujus spíritu totum corpus Ecclesiæ sanctificátur, et régitur: exáudi nos pro  universis ordínibus supplicántes; ut gratiæn tuæ múnere ab ómnibus tibi grádibus fidéliter serviátur. Per Dóminum Omnes R. Amen. Oh Dios todopoderoso y eterno, cuyo Espíritu santifica y gobierna a todo el cuerpo de la Iglesia: oye las súplicas que por todos los Órdenes sagrados te hacemos, para que, con la asistencia de tu gracia, en todos los estados se te sirva con fidelidad. Por Jesucristo Nuestro Señor.

NOTAS

  • (17) Estas súplicas, que los antiguos llamaban Oraciones “litúrgicas” porque los fieles las acompañaban con una especie de estribillo, guardan la forma primitiva de orar: primero el Celebrante anuncia las intenciones por las cuales todo el pueblo va a orar, y luego formula laoración propiamente dicha. (volver)
  • (18) Como se ve, se mencionan aquí todos los ministros, mayores e inferiores, del Orden Sagrado; y además: los monjes (llamados aquí al estilo antiguo “confesores”), las Religiosas consagradas a Dios (llamadasaquí “Vírgenes”); las Viudas (que antiguamente solían consagrarse al servicio de Dios para santificar su viudez), y todo el pueblo cristiano.. (volver)

4ª Intención (Por las autoridades civiles)

Orémus et pro ómnibus res públicas moderántibus: ut Deus et Dóminus noster mentes et corda eórum secúndum voluntátem suam dirigat ad nostramperpétuam pacem. Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua. 
Subd.: Leváte
Oremos también por todos los dignatarios de las naciones, por sus ministerios y atribuciones, a fin de que Dios y nuestro Señor ilumine sus mentes y corazones según su voluntad para nuestra perpetua paz. Sac.: Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.:Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, in cujus manu sunt ómnium potestátes et ómnium jura populórum: réspice benígnus ad eos, qui nos in potestáte regunt; ut ubíque terrárum, déxtera tua protegénte, et religiónis intégritas, et pátriæ secúritas indesinénter consístat. Per Dóminum. Omnes R. Amen. Omnipotente y sempiterno Dios, en cuya mano está todo poder y todo derecho de los pueblos: dirige benignamente tu mirada hacia aquellos que nos gobiernan con autoridad, a fin de que en todas partes, con la protección de tu diestra, la integridad de la religión y la seguridad de la patria indefectiblemente se consolide.

5ª Intención (Por los catecúmenos)

Oremus et pro catechúmenis nostris: ut Deus et Dóminus noster adapériat aures praecordiórum ipsórum, januámque misericórdiae; ut perlavácrum regeneratiónis accépta remissióne ómnibum peccatórum, et ipsi inveniántur in Christo Jesu Dómino nostro. Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua. 
Subd.: Leváte
Oremos también por nuestros catecúmenos, para que Dios Nuestro Señor les abra los oídos de sus corazones y la puerta de la misericordia; a fin de que, recibido el perdón de todos sus pecados por el Bautismo de la regeneración, sean incorporados con nosotros en Jesucristo Nuestro Señor.Sac.: Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.:Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, qui Ecclésiam tuam nova semper prole fecúndas: auge fidem et intelléctum catechúmenis nostris; ut, renáti fonte baptísmatis, adoptiónis tuæ fíliis aggregéntur. Per Dóminum. Omnes R. Amen. Dios todopoderoso y eterno, que cada día fecundizas a tu Iglesia con nuevos hijos: aumenta la fe y la inteligencia de nuestros catecúmenos, para que regenerados en la fuente del Bautismo, se agreguen al número de tus hijos adoptivos. Por J. N. S. Amén.

NOTAS

  • (19)No hay que olvidar que los catecúmenos constituían durante la Cuaresma y muy especialmente durante la Semana Santa, una de las mayores y más caras preocupaciones de la primitiva Iglesia. (volver)

6ª Intención (Por las necesidades del mundo)

Oremus, diletísimi nobis Deum Patrem omnípoténtem, ut cunctis mundum purget erróribus: morbos áuferat: famem depéllat: apériatcárceres:víncula dissólvat: peregrinántibus réditum: infirmántibus portum salútis indúlgeat.Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua. 
Subd.: Leváte
Oremos, carísimos hermanos míos, a Dios Padre todopoderoso, para que purifique al mundo de todo error, cure las enfermedades, aleje el hambre, abra las cárceles, rompa las cadenas, conceda a los caminantes su regreso, a los enfermos la salud y a los navegantes puerto de salvación. Sac.: Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.:Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, mæstórum consolátio, laborántium fortitúdo: pervéniant ad te preces de quacúmque tribulatióne clamántium; ut omnes sibi in necessitátibus suis misericórdiam tuam gáudeant affuísse. Per Dóminum nostrum. Omnes R. Amen. Oh Dios todopoderoso y eterno, consuelo de los afligidos, fortaleza de los atribulados: admite las súplicas de los que, en cualquiera tribulación, te invocan; de tal suerte que, en sus necesidades, tengan todos el consuelo de ser asistidos por tu misericordia. Por J. N. Señor. Amén

7ª Intención (Por la conversión de herejes y cismáticos)

Oremus et pro haeréticis, et schismáticis: ut Deus, et Dóminus noster éruat eos ab erróribus univérsis; et ad sacnctam matrem Ecclésiam Cathólicam atque Apostólicam revocáre dignétur. Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua. 
Subd.: Leváte
Oremos también por los herejes y cismáticos, para que Dios Nuestro Señor los saque de todos sus errores, y se digne volverlos al gremio de la Santa Madre Iglesia Católica y Apostólica.Sac.:Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.:Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, qui salvas omnes, et néminem vis períre: réspice ad ánimas diabólica fráude decéptas; ut, omni hærética pravitáte depósita, errántium corda resipíscant, et ad veritátis tuæ rédeant unitátem. Per Dóminum. Omnes R. Amen Oh Dios todopoderoso y eterno, que a todos salvas, y no quieres que ninguno se pierda: mira compasivo a tantas almas seducidas por la astucia diabólica; para que, renunciando totalmente al mal de la herejía, abjuren sus errores, y vuelvan a la unidad de tu verdad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

8ª Intención (Por los judíos) (20)

Oremus et pro pérfidis Judaeis, ut Deus, et Dominus noster áurferat velámen de córdibus eórum: ut et ipsi agnóscant Jesum Christum Dóminum nostrum. Oremos también por los pérfidos judíos, para que Dios Nuestro Señor quite el velo de sus corazones, a fin de que ellos también reconozcan a Jesucristo Nuestro Señor.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, qui Judǽos étiam  a tua misericórdia non repéllis: exáudi preces nostras, quas pro illíus pópuli obcæcatióne deférimus; ut, ágnita veritátis tuæ luce, quæ Christus est, a suis ténebris eruántur. Per eúndem Dóminum. Omnes R. Amen. Oh Dios todopoderoso y eterno, que no rechazas de tu misericordia a los pérfidos judíos: oye las plegarias que te dirigimos por la ceguedad de aquel pueblo, para que, reconociendo la luz de tu verdad, que es Jesucristo, salgan de sus tinieblas. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

9ª Intención (Por los infieles)

Oremus et pro paganis: ut Deus omnípotens áuferat iniquitátem a córdibus eórum; ut relíctis idólis suis, canvertántur ad Deum vivum et verum et únicum Filium ejus Jesum Christum Deum, et Dóminunm nostrum. Sac.: Oremus.
Diác.: Flectámus génua. 
Subd.: Leváte
Oremos también por los paganos, para que Dios to dopoderoso quite la maldad de sus corazones; a fin de que, abandonados sus ídolos, se conviertan al Dios vivo y verdadero y a su único Hijo Jesucristo, Dios y Señor nuestro. Sac.:Oremos.
Diác.: Doblemos las rodillas. Subd.:Levantaos.

Oración

Omnípotens sempitérne Deus, qui non mortem peccatórum, sed vitam semper inquíris: súscipe propítius oratiónem nostram, et líbera eos ab idolórum cultúra; et ággrega Ecclésiæ tuæ sanctæ, ad laudem et glóriam nóminis tui.  Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per  ómnia sǽcula sæculórum. Omnes R. Amen Oh Dios todopoderoso y eterno, que no quieres la muerte de los pecadores, sino que siempre procuras su vi da: recibe favorablemente nuestra oración, y líbralos de sus idolatrías, agregándolos a tu Santa Iglesia para gloria y alabanza de tu nombre. Por Jesucristo N. Señor. Amén.

NOTAS

  • (20) Admírese la magnanimidad de la Iglesia Católica al orar hoy pública y solemnemente por los judíos, como para contrarrestar la maldición que ellos mismos se echaron, tal día como hoy, sobre sí y sobre sus hijos. (volver)

3º 
DESCUBRIMIENTO 
Y ADORACIÓN
DE LA CRUZ

Esta ceremonia nos viene de Jerusalén, en que el viernes santo se presentaba a la veneración de los fieles la verdadera cruz, sobre la cual Cristo fue crucificado. El pueblo acudía a prosternarse ante ella y besarla con respeto.

1. En la liturgia latina se comienza por la presentación solemne de la cruz. Ha estado velada durante todo el tiempo de la Pasión. El diácono, con dos acó1itos portadores de cirios encendidos, va a buscarla a la sacristía. Cuando entran en el presbiterio, el celebrante sale a su encuentro con el subdiácono y recibe la cruz en medio, ante el altar. El celebrante la descubre en tres etapas: primero, lo alto de la cruz; después, uno de los brazos; finalmente, la cruz entera. A medida que aparece, el celebrante en un comienzo al pie del altar y al lado de la epístola, después sobre las gradas, finalmente en medio del altar, la levanta ante la mirada de los fieles, cantando el Ecce lignun Crucis.

2. A continuación se arrodilla y adora en silencio durante unos momentos.
Después de esta triple ostención de la Cruz, dos acó1itos la tienen en pie ante el altar. El celebrante se descalza y, partiendo de la entrada del presbiterio, se dirige a ella haciendo sucesivamente tres genuflexiones, para terminar besando los pies del Crucificado. Tras del celebrante, hacen lo mismo los ministros, el clero y los monaguillos.
Entonces se lleva la Cruz por dos acólitos, acompañados por otros dos con cirios iluminados, a la entrada del presbiterio, donde los fieles la adoran, pasando procesionalmente ante ella los hombres primero, después las mujeres, y haciendo una genuflexión.

Durante la adoración de la Cruz se cantan los improperios.
El canto se continúa según el número de adoradores. Concluye, sin embargo, siempre con la doxología: Sempiterna sit beatae Trinitati gloria.

Improperios (*)

Las partes que conciernen a cada coro, se describen con los números 1 (primer coro) y 2 (segundo coro); mas lo que han de cantar entrambos juntos, se indican así: 1 y 2.

Quia edúxi te de terra Ægýpti : parásti Crucem Salvatóri tuo. Por haberte sacado de la tierra de Egipto has preparado una Cruz a tu Salvador

Se repite: Agios Theós, etc., como antes.

1 et 2 Quia edúxi te per desértum quadragínta annis, et manna cibávi te, et introdúxi te in terram satis bonam : parásti Crucem Salvatóri tuo. 1 y 2 Porque te guié cuarenta años por el desierto y te alimenté con maná y te introduje en tierra sumamente buena, has preparado Cruz a tu Salvador

Se repite: Agios Theós, etc., como antes.

1 et 2 Quid ultra débui fácere tibi, et non feci ? Ego quidem plantávi te víneam meam speciosíssimam: et tu facta es mihi nimis amára: acéto namque sitim meam potásti: et láncea perforásti latus Salvatóri tuo. 1 y 2 ¿Qué más debí hacer y no lo hice? Yo, ciertamente, te planté viña mía, preciosísima: y tú me has salido vid amarguísima: pues vinagre me diste a beber en mi sed, y con lanza agujereaste el costado de tu Salvador.

Todos: Pópule meus, etc.

1  Ego propter te flagellávi Ægýptum cum primogénitis suis : et tu me flagellátum tradidísti 1. Yo por tí descargué mi azote sobre Egipto y sus primogénitos; y ¡tu me entregaste azotado!

Todos: Pópule meus, etc.

2 Pópule meus, qui feci tibi? aut in quo contristávi te? respónde mihi. 2. Pueblo mío, ¿qué te hice yo? O ¿En qué te contristé? ¡Respóndeme!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego edúxi te de Ægýpto, demérso Pharaóne in Mare Rubrum: et tu me tradidísti princípibus sacerdótum. 1. Yo te saqué de Egipto, sumiendo a Faraón en el mar Rojo; y ¡tu me entregaste a los Príncipes de los Sacerdotes!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego ante te apérui mare: et tu aperuísti láncea latus meum. 1. Yo te abrí paso en el mar; y ¡tu con lanza abriste mi costado!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego ante te præívi in colúmna nubis: et tu me deduxísti ad prætórium Piláti. 1. Yo te precedí enla columna de nube; y ¡tu me llevaste al Pretorio de Pilatos!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego te pavi manna per desértum : et tu me cecidísti álapis et flagéllis. 1. Yo te alimenté con maná en el desierto; y ¡tu me heriste con bofetadas y azotes!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego te potávi aqua salútis de petra : et tu me potásti felle, et acéto. 1. Yo te dí a beber el agua saludable de la piedra y ¡tu me diste a beber hiel y vinagre!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego propter te Chananæórum reges percússi : et tu percussísti arúndine caput meum. 1. Yo por ti hería a los reyes de los Cananeos; y ¡tu con una caña heriste mi cabeza!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego dedi tibi sceptrum regále, et tu dedísti cápiti meo spíneam corónam. 1. Yo te di un cetro real; y ¡tu pusiste en mi cabeza una corona de espinas!

Todos: Pópule meus, etc.

1 Ego te exaltávi magna virtúte : et tu me suspendísti in patíbulo Crucis. 1. Yo te exalté con gran poder; y ¡tu me suspendiste en el patíbulo de la Cruz!

Todos: Pópule meus, etc.

1 et 2 Antiphona. Crucem tuam adorámus, Dómine : et sanctam resurrectiónem tuam laudámus, et glorificámus: ecce enim propter lignum venit gáudium in univérso mundo. 1 Ps. 66, 2. Deus misereátur nostri et benedícat nobis.2 Illúminet vultum suum super nos, et misereátur nostri.

1 et 2 Antiphona. Crucem tuam adorámus, Dómine : et sanctam resurrectiónem tuam laudámus, et glorificámus : ecce enim propter lignum venit gáudium in univérso mundo.

1 et 2 Crucem…

1 y 2. Ant. – Adoramos, Señor, tu Cruz; alabamos y glorificamos tu santa resurrección: pues por el leño vino el gozo al universo mundo 1. Dios se apiade de nosotros y nos bendiga.2. Haga resplandecer sobre nosotros su rostro, y tenga de nosotros piedad.

1 y 2. Ant. – Adoramos, Señor, tu Cruz; alabamos y glorificamos tu santa resurrección: pues por el leño vino el gozo al universo mundo

1 y 2. Adoramos, Señor, tu Cruz…

Himno “Pange, lingua gloriósi” a la Santa Cruz
Estribillo

1 et 2 Crux fidélis, inter omnes Arbor una nóbilis: Nulla silva talem profert, Fronde, flore, gérmine.Dulce lignum, dulce clavos,
Dulce pondus sústinet.
1 y 2 ¡Oh Cruz fiel! el más noble de los árboles; ningún bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor ni en fruto. ¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tu dulce peso!
1. Pange, lingua, gloriósi
Láuream certáminis,
Et super Crucis trophǽo
Dic triúmphum nóbilem:
Quáliter Redémptor orbis
Immolátus vícerit.
Canta, oh lengua la victoria del más glorioso combate, y celebra el noble triunfo de la Cruz, y cómo el Redentor del mundo venció, siendo en ella inmolado.

Todos: Crux fidélix, hasta Dulce lignum

1. De peréntis protoplásti
Fraude Factor cóndolens,
Quando pomi noxiális
In necem morsu ruit:
Ipse lignum tunc notávit,
Damna ligni ut sólveret.
Compadecido el Creador del engaño de nuestro primer padre, incurriendo en la muerte por haber gustado del fruto prohibido, señaló otro árbol para reparar el daño del primero.

Todos: Crux fidélix,

1. Hoc opus nostræ salútis
Ordo depopóscerat:
Multifórmis proditóris
Ars ut artem fálleret:
Et medélam ferret inde,
Hostis unde lǽserat.
Este modo de obrar nuestra salvación, requería que una estratagema burlase las artimañas del traidor, y hallar el remedio allí mismo donde hirió el enemigo con su engaño.

Todos: Crux fidélix,

1. Quando venit ergo sacri
Plenitúdo témporis,
Missus est ab arce Patris
Natus, orbis Cónditor:
Atque ventre virgináli
Carne amíctus pródiit.
Cuando, pues, vino la plenitud del tiempo sagrado, fue enviado del seno del Padre, su Hijo, Creador del mundo, y, revestido de la carne, nació de vientre virginal.

Todos: Crux fidélix,

1. Vagit infans inter arcta
Cónditus præsépia:
Membra pannis involúta
Virgo Mater álligat:
Et Dei manus, pedésque
Stricta cingit fáscia.
Llora el tierno Infante reclinado en un duro pesebre; envuelve en pañales sus tiernos miembros la Virgen madre; y ciñe con estrecha faja los pies y manos de todo un Dios.

Todos: Crux fidélix,

1. Lustra sex qui jam perégit,
Tempus implens córporis,
Sponte líbera Redémptor
Passióni déditus,
Agnus in Crucis levátur
Immolándus stípite.
Cuando cumplió los treinta años, terminado ya el tiempo de la vida mortal, el Redentor se ofreció libremente a sufrir la Pasión, y el Cordero fue levantado en la Cruz para ser inmolado.

Todos: Crux fidélix,

1. Felle potus ecce languet:
Spina, clavi, láncea
Mite corpus perforárunt,
Unda manat, et cruor:
Terra, pontus, astra, mundus,
Quo lavántur flúmine !
Mira cómo languidece gustando amarga hiel, traspasando su cuerpo espinas, clavos y lanza, manando sangre y agua: la tierra, el mar, el cielo, el mundo entero, son lavados en este río.

Todos: Crux fidélix,

1. Flecte ramos, arbor alta,
Tensa laxa víscera,
Et rigor lentéscat ille,
Quem dedit natívitas:
Et supérni membra Regis
Tende miti stípite.
¡Dobla tus ramas, oh árbol elevado, pliega tus tersas fibras, y ablándese tu nativa rigidez; y recibe benigno los miembros del Rey soberano!

Todos: Crux fidélix,

1. Sola digna tu fuísti
Ferre mundi víctimam:
Atque portum præparáre
Arca mundo náufrago:
Quam sacer cruor perúnxit,
Fusus Agni córpore.
Tu fuiste el único árbol digno de sostener la víctima del mundo, de ser para el universo náufrago el puerto de salvación, el arca santa, rociada con la bendita sangre del cuerpo del Cordero.

Todos: Crux fidélix,

Conclusio numquam omittenda:1. Sempitérna sit beátæ
Trinitáti glória:
Æqua Patri, Filióque:
Par decus Paráclito:
Uníus, Triníque nomen
Laudet univérsitas. Amen.
¡Gloria eterna a la Trinidad soberana!, ¡gloria igual al Padre y al Hijo, igual honor al Espíritu Consolador! El universo alabe al nombre del que es Uno y Trino. así sea.

Todos: Crux fidélix

4º – COMUNIÓN GENERAL

1. Terminada la Adoración de la Cruz, los acólitos o ayudantes que la sostuvieron la llevan al altar, acompañándoles otros dos acólitos o ayudantes, con ciriales encendidos, y allí la colocan en el medio.

Después, celebrante y diácono, dejando la estola negra, toman ornamentos morados.

El diácono con dos acólitos y otro clérigo para llevar el palio (o sombrilla), con los ciriales van al altar del “Monumento” en busca del Copón con Hostias consagradas allí reservado desde la Misa de ayer para la Comunión general de hoy. en el “Monumento” habrá dispuestos dos candelabros con velas encendidas, que luego tomarán los acólitos.

Proceden en el orden en que vinieron: sobre el Sacramento va el palio; los acólitos llevan encendidos los ciriales a uno y otro lado, y todos se arrodillan. Entre tanto, el coro canta lo siguiente

Antífonas

Ant. 1 Adorámus te, Christe, et benedícimus tibi, quia per Crucem tuam redemísti mundum.Ant. 2 Per lignum servi facti sumus, et per sanctam Crucem liberáti sumus: fructus árboris sedúxit nos, Fílius Dei redémit nos.Ant. 3 Salvátor mundi, salva nos: qui per Crucem et Sánguinem tuum redemísti nos, auxiliáre nobis, te deprecámur, Deus noster.

.
1ª. – Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Cruz has redimido al mundo.2ª. – Esclavos hemos sido hechos por el madero, y por la santa Cruz fuimos liberados: nos sedujo el fruto del árbos, el Hijo de Dios nos redimió.3ª. – Salvador del mundo, sálvanos; que por la Cruz y tu Sangre nos has redimido; ayúdanos, te lo suplicamos, oh Dios nuestro.

En llegando al altar mayor, sube a él el diácono, dispone la píxide, despliega el corporal, los acólitos colocan los ciriales sobre el altar.

Entonces, el celebrante y el subdiácono se acercan al altar, adoran con ambas rodillas, y hecha juntamente genuflexión con el diácono, el celebrante sólo, juntas las manos dice:

Orémus. Præcéptis salutáribus móniti, et divína institutióne formáti, audémus dícere: Teniendo presente la orden del Señor, y aleccionados por el Divino Maestro, nos atrevemos a exclamar:

Todos, en latín:

Pater noster qui es in cælis:
Sanctificétur nomen tuum.
Advéniat regnum tuum.
Fiat volúntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie:
Et dimítte nobis débita nostra,
sicut et nos dimmítimus debitóribus nostris.
Et ne nos indúcas in tentatiónem;
sed líbera nos a malo.
Amen.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea el tu Nombre, vénga a nos el tu reino, hágase tu voluntad así en en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dádnosle hoy; perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén

El celebrante, solo, con voz clara y distinta dice:

Líbera nos, quǽsumus, Dómine, ab ómnibus malis, prætéritis, præséntibus, et futúris : et intercedénte beáta et gloriósa semper Vírgine Dei Genitríce María, cum beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo, atque Andréa, et ómnibus Sanctis, non signat se patena, da propítius pacem in diébus nostris: ut ope misericórdiæ tuæ adjúti, et a pecáto simus semper líberi, et ab omni perturbatióne secúri. Per eúndem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.

.
Rogámoste Señor, que nos libres de todos los males, presentes, y venideros, y por la intercesión de la bienaventurada y gloriosa siempre Virgen María, Madre de Dios, y de tus bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, y Andrés, y de todos los Santos, danos propicio la paz en nuestros días, para que, asistidos con el auxilio de tu misericordia, permanezcamos siempre libres del pecado y seguros de todo sobresalto. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, tu Hijo, que contigo vive y reina en unión con Dios Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Todos: Amén

Al punto el celebrante reza por lo bajo:

Percéptio Córporis tui, Dómine Jesu Christe, quod ego, indígnus súmere præsúmo, non mihi provéniat in judícium et condemnatiónem; sed pro tua pietáte prosit mihi ad tutaméntum mentis et córporis, et ad medélam percipiéndam. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen. La Comunión de tu Cuerpo, oh Señor Jesucristo, que yo, aunque indigno, me atrevo a recibir, no me sea motivo de juicio y de condenación: sino que, por tu piedad, me sirva para defensa y medicina del alma y del cuerpo. Tú, que siendo Dios, vives y reinas con Dios Padre en unidad con el Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.

Terminada esta Oración, el Celebrante hace la genuflexión, toma una hostia del copón y dándose un triple golpe de pecho, como de costumbre, dice tres veces:

Dómine, non sum dignus, et secrete prosequitur: ut íntres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea. Señor, yo no soy digno de que entres en mi pobre morada, mas dí una sola palabra, y mi alma será sana y salva.

Luego, signándose con el Sacramento, comulga diciendo:

Corpus Dómini nostri Jesu Christi custódiat ánimam meam in vitam ætérnam. Amen. El Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Amén.

Una vez que ha comulgado el celebrante, el diácono reza el “Confiteor” (“Yo pecador”) como de ordinario. Entonces el celebrante, hecha genuflexión, se vuelve al pueblo, juntas las manos ante el pecho y dice en voz clara:

Misereátur vestri omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis vestris, perdúcat vos ad vitam ætérnam. Amen.Celebrans prosequitur:

Indulgéntiam, absolutiónem, et remissiónem peccatórum vestrórum tríbuat vobis omnípotens et miséricors Dóminus. Omnes respondent: Amen.

Dios Todopoderoso tenga misericordia de vosotros, y perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna. AménEl Señor todopoderoso y misericordioso os conceda la absolución y el perdón de vuestros pecados.Amén.

Vuelve luego al altar, se arrodilla, toma la píxide y cara al pueblo, como de costumbre, en medio del altar, dice en voz clara:

Ecce Agnus Dei, ecce qui tollit peccáta mundi. Mox subdit: Dómine, non sum dignus, ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea. Quod iterum ac tertio repetit. Ved aquí al Cordero de dios, ved aquí al que quita los pecados del mundo. Señor, yo no soy digno de que entres en mi pobre morada, mas dí una sola palabra y mi alma será salva.

Los sacerdotes (con estola morada) y los fieles que han de comulgar se acercan con orden y devoción al comulgatorio. Terminada la Comunión, el celebrante canta, en acción de gracias, las tres oraciones siguientes a la Pasión y Muerte del Señor, al final de cada una de las cuales los fieles todos han de responderAmen, en señal de unión perfecta con el celebrante.

Al distribuir la sagrada Comunión puede cantarse el salmo 21, Deus meus, Deus meus:

Deus, Deus meus, quare me dereliquisti?
Longe a salute mea verba rugitus mei.
Deus meus, clamo per diem, et non exaudis,
et nocte, et non est requies mihi.
Tu autem sanctus es,
qui habitas in laudibus Israel.
In te speraverunt patres nostri,
speraverunt, et liberasti eos;
Ad te clamaverunt et salvi facti sunt,
in te speraverunt et non sunt confusi.
Ego autem sum vermis et non homo,
opprobrium hominum et abiectio plebis.
Omnes videntes me deriserunt me;
torquentes labia moverunt caput:
“ Speravit in Domino: eripiat eum,
salvum faciat eum, quoniam vult eum ”.
Quoniam tu es qui extraxisti me de ventre,
spes mea ad ubera matris meae.
In te proiectus sum ex utero,
de ventre matris meae Deus meus es tu.
Ne longe fias a me,
quoniam tribulatio proxima est,
quoniam non est qui adiuvet.
Circumdederunt me vituli multi,
tauri Basan obsederunt me.
Aperuerunt super me os suum
sicut leo rapiens et rugiens.
Sicut aqua effusus sum,
et dissoluta sunt omnia ossa mea.
Factum est cor meum tamquam cera
liquescens in medio ventris mei.
Aruit tamquam testa palatum meum,
et lingua mea adhaesit faucibus meis,
et in pulverem mortis deduxisti me.
Quoniam circumdederunt me canes multi,
concilium malignantium obsedit me.
Foderunt manus meas et pedes meos,
et dinumeravi omnia ossa mea.
Ipsi vero consideraverunt et inspexerunt me;
diviserunt sibi vestimenta mea
et super vestem meam miserunt sortem.
Tu autem, Domine, ne elongaveris;
fortitudo mea, ad adiuvandum me festina.
Erue a framea animam meam
et de manu canis unicam meam.
Salva me ex ore leonis
et a cornibus unicornium humilitatem meam.
Narrabo nomen tuum fratribus meis,
in medio ecclesiae laudabo te.
Qui timetis Dominum, laudate eum;
universum semen Iacob, glorificate eum.
Metuat eum omne semen Israel,
quoniam non sprevit neque despexit afflictionem pauperis
nec avertit faciem suam ab eo
et, cum clamaret ad eum, exaudivit.
Apud te laus mea in ecclesia magna; vota mea reddam in conspectu timentium eum.
Edent pauperes et saturabuntur;
et laudabunt Dominum, qui requirunt eum:
“ Vivant corda eorum in saeculum saeculi! ”.
Reminiscentur et convertentur ad Dominum
universi fines terrae,
et adorabunt in conspectu eius
universae familiae gentium.
Quoniam Domini est regnum,
et ipse dominabitur gentium.
Ipsum solum adorabunt omnes, qui dormiunt in terra;
in conspectu eius procident omnes, qui descendunt in pulverem.
Anima autem mea illi vivet,
et semen meum serviet ipsi.
Narrabitur de Domino generationi venturae;
et annuntiabunt iustitiam eius
populo, qui nascetur: “ Haec fecit Dominus! ”.

.
.
.
.
¡Dios Mío, Dios Mío! ¿Por qué me has desamparado? ¿Por qué Estás tan lejos de mi Salvación y de las palabras de mi clamor?
Dios Mío, clamo de Día, y no respondes; clamo de noche, y no hay sosiego para Mí.
Pero Tú eres santo. ¡Tú, que habitas entre las alabanzas de Israel!
Nuestros padres esperaron en ti: Esperaron, y Tú los libraste.
Clamaron a ti y fueron librados; confiaron en ti y no fueron defraudados.
Pero yo soy un gusano y no un hombre, objeto de la afrenta de los hombres y despreciado del pueblo.
Todos los que me ven se burlan de Mí. Estiran los labios y mueven la cabeza diciendo:
“En Jehovah Confió; que él lo rescate. Que lo libre, ya que de él se Agradó.”
Pero Tú eres el que me Sacó del vientre; me has hecho estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre.
Sobre ti fui echado desde la matriz; desde el vientre de mi madre, Tú eres mi Dios.
No te alejes de Mí, porque la angustia Está cerca, y no hay quien ayude.
Muchos toros me han rodeado; fuertes toros de Basán me han cercado.
Contra Mí abrieron sus bocas, como León voraz y rugiente.
Soy derramado como el agua; todos mis huesos se han desarticulado. Mi Corazón Está como cera y se ha derretido en medio de mis entrañas.
Mi vigor se ha secado como un tiesto, y mi lengua se ha pegado a mi paladar. Me has puesto en el polvo de la muerte.
Los perros me han rodeado; me ha cercado una pandilla de malhechores, y horadaron mis manos y mis pies.
Puedo contar todos mis huesos; ellos me miran y me observan.
Reparten entre Sí mis vestidos, y sobre mi ropa echan suertes.
Pero Tú, oh Jehovah, no te alejes. Fortaleza Mía, Apresúrate para ayudarme.
Libra mi alma de la espada; libra mi única vida de las garras de los perros.
Sálvame de la boca del León y de los cuernos de los toros salvajes. ¡Me has respondido!
Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la Congregación te alabaré.
Los que teméis a Jehovah, alabadle; glorificadle, todos los descendientes de Jacob. Temedle vosotros, todos los descendientes de Israel.
Porque no Despreció ni Desdeñó la Aflicción del afligido, ni de él Escondió el rostro. Más bien, le Oyó cuando Clamó a él.
Tuya es mi alabanza en la gran Congregación. Mis votos pagaré delante de los que le temen.
Los pobres Comerán y Serán saciados. Alabarán a Jehovah los que le buscan. ¡Que viva vuestro Corazón para siempre!
Ellos se Acordarán y Volverán a Jehovah de todos los confines de la tierra. Delante de ti se Postrarán todas las familias de las naciones.
Porque de Jehovah es el reino, y él se Enseñoreará de las naciones.
Ciertamente ante él se Postrarán todos los ricos de la tierra. Se Doblegarán ante él todos los que descienden al polvo, los que no pueden conservar la vida a su propia alma.
La posteridad le Servirá; esto le Será referido al Señor por generaciones.
Vendrán y Anunciarán su justicia a un pueblo que ha de nacer: “¡El hizo esto!”

Terminada la comunión, el celebrante, de pie, en medio del altar, teniendo ante sí el libro y a diestra y siniestra los sagrados ministros, dice como acción de gracias, en tono ferial y juntas las manos, las tres siguientes oraciones a la Pasión del Señor, estando todos de pie y respondiendo: Amén.

Oremus: Super pópulum tuum, quǽsumus, Dómine, qui passiónem et mortem Fílii tui devóta mente recóluit, benedíctio copiósa descéndat, indulgéntia véniat, consolátio tribuátur, fides sancta succréscat, redémptio sempitérna firmétur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen. Te rogamos, Señor, que descienda una copiosa bendición, venga el perdón, se dé consuelo, se aumente la fe santa y se asegure la salvación eterna sobre tu pueblo, que acaba de celebrar devotamente la Pasión y Muerte de tu Hijo. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Oremus: Omnípotens et miséricors Deus, qui Christi tui beáta passióne et morte nos reparásti: consérva in nobis óperam misericórdiæ tuæ; ut, hujus mystérii participatióne, perpétua devotióne vivámus. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen. Dios omnipotente y misericordioso, que nos redimiste con la muerte y pasión santa de tu Cristo: conserva en nosotros la obra de tu misericordia, para que con la participación de este misterio, vivamos con perpetua devoción. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Oremus: Reminíscere miseratiónum tuárum, Dómine, et fámulos tuos ætérna protectióne sanctífica, pro quibus Christus, Fílius tuus, per suum cruórem, instítuit paschále mystérium. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen. Acuérdate, Señor, de tus misericordias y santifica con una constante protección a tus siervos, para los cuales instituyó tu Hijo Jesucristo el misterio pascual, por medio de su pasión. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

4º – ACTOS EXTRALITÚRGICOS

Cumplido el oficio litúrgico del día de hoy, los fieles han de santificar la tarde y las primeras horas de la noche, ora asistiendo a los viacrucis y procesiones públicos de sus parroquias y al sermón de soledad, ora visitando en los templos la santa cruz. de este modo viernes santo recobrará su capital importancia de día de la redención del mundo por Jesucristo, el hecho de mayor relieve en la historia de la humanidad.

Tomado de:
http://misa_tridentina.t35.com/

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JUEVES SANTO

_ultima_cena

Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros. (San Lucas 22,19)

El tabernáculo, si lo hay en el altar mayor, está del todo vacío: para comulgar clero y pueblo, hoy y mañana, se pone sobre el altar el copón con partículas que se consagren en esta misma misa.
Comienza la procesión en la iglesia hacia el altar, y entretanto canta la escola el introito.

Introito Gal. 6, 14

INTROITUS – Pos autem gloriári oportet in Cruce Dómini nostri Jesu Christi: in quo est salus, vita et resurréctio nostra: per quem salváti et liberáti sumus. Ps. 66, 2 Deus misereátur nostri, et benedícat nobis: illúminet vultum suum super nos, et misereátur nostri. Nos autem. Nosotros, empero, debemos gloriamos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, en quien está nuestra salud, vida y resurrección, por quien hemos sido salvados y liberados. -Salmo. Apiádese Dios de nosotros y nos bendiga; ilumine su cara sobre nosotros y nos compadezca. – Nosotros, empero, debemos…

El celebrante, en llegando al altar con los ministros, hecha la confesión, sube, bésalo en medio y lo inciensa, aun cuando celebra solo con canto.
Terminada la incensación del altar, el celebrante, después de leer el Introito y recitar el Kyrie eléison, comienza solemnemente Glória in excélsis y se tocan las campanas y el órgano, los que callan hasta la Vigilia pascual, terminado el himno.

Oración-Colecta

ORATIO – Deus, a quo et Júdas reátus sui pœnam, et confessiónis suæ latro prǽmium sumpsit, concéde nobis tuæ propitiatiónis efféctum: ut, sicut in passióne sua Jesus Christus, Dóminus noster, divérsa utrísque íntulit stipéndia meritórum; ita nobis, abláto vetustátis erróre, resurrectiónis suæ gratiam largiátur. Qui tecum vivit et regnat. R.Amen ¡Oh Dios!, de quien Judas recibió la pena de su pecado, y el ladrón el premio de su confesión: haz nos sentir el efecto de tu misericordia; para que, así como Jesucristo nuestro Señor en su Pasión dio a entrambos su merecido, así también, destruido en nosotros el error del hombre viejo, nos conceda la gracia de resucitar gloriosamente con Él. Que contigo vive y reina.R. Amen.

Epístola

San Pablo empieza aquí el relato evangélico de la Institución de la Eucaristía y exhorta seriamente a los cristianos a comulgar con las debidas disposiciones, para no hacerse reos de eterna condenación. Este aviso es sobre todo práctico hoy, día clásico de la comunión pascual.

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios. I Cor. 11, 20-32 – Fratres:  conveniéntibus ergo vobis in unum, jam non est domínicam cenam manducáre. Unusquísque enim suam cenam præsúmit ad manducándum. Et álius quidem esurit, álius autem ébrius est. Númquid domos non habétis ad manducándum et bibéndum? Aut ecclésiam Dei contémnitis, et confúnditis eos, qui non habent? Quid dicam vobis? Laudo vos? In hoc non laudo. Ego enim accépi a Dómino, quod et trádidi vobis, quóniam Dóminus Jesus, in qua nocte tradebátur, accépit panem, et grátias agens fregit, et dixit: «Accípite, et manducáte: hoc est corpus meum, quod pro vobis tradétur: hoc fácite in meam commemoratiónem». Simíliter et cálicem, póstquam cenávit, dicens: «Hic calix novum testaméntum est in meo sánguine: hoc fácite, quotiescúmque bibétis, in meam commemoratiónem». Quotiescúmque enim manducábitis panem hunc, et cálicem bibétis: mortem Dómini annuntiábitis, donec véniat. Itaque quicúmque manducáverit panem hunc vel bíberit cálicem Dómini indígne, reus erit córporis et sánguinis Dómini. Probet autem seípsum homo: et sic de pane illo edat et de cálice bibat. Qui enim mandúcat et bibit indígne, judícium sibi mandúcat et bibit, non dijúdicans corpus Dómini. Ideo inter vos multi infírmes et imbecílles, et dórmiunt multi. Quod si nosmetípsos dijudicarémus, non utique judicarémur. Dum judicámur autem, a Dómino corrípimur, ut non cum hoc mundo damnémur. Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Corintios.: – Hermanos: Cuando os reunís, no es ya para celebrar la Cena del Señor. Porque cada uno come allí lo que ha llevado para cenar, sin atender a los demás. Y así, mientras unos sufren hambre, otros comen con exceso. Pues qué, ¿no tenéis vuestras casas para comer y beber? ¿O venís a profanar la Iglesia de Dios, y a avergonzar a los que nada tienen? ¿Qué os diré de esto? ¿Os alabaré? En eso no os alabo. Porque yo aprendí del Señor lo que también os tengo ya enseñado, y es, que el Señor Jesús, la noche misma en que había de ser traicionado, tomó el pan, y dando gracias, lo partió, y dijo: «Tomad y comed: Éste es mi cuerpo, que por vosotros será entregado a la muerte. Haced esto en memoria mía». Tomó asimismo el cáliz, y después de haber cenado, y dijo: « Este cáliz es el Nuevo Testamento en mi Sangre. Haced esto cuantas veces lo bebiereis en memoria mía». Pues o todas las veces que comiereis este pan y bebiereis este cáliz, anunciaréis la muerte del Señor hasta que venga y así, cualquiera que comiere este pan o bebiere el cáliz del Señor s: indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Por tanto, examínese a sí mismo el hombre, y entonces coma de aquel pan y beba de aquel cáliz. Porque quien le come y bebe indignamente, se come y bebe su propia conde nación, no haciendo el discernimiento del cuerpo del Señor. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y flacos, y mueren muchos. Pues si antes nos juzgásemos, no seríamos juzgados por Dios. Si bien cuando lo somos, el Señor nos castiga como a hijos, con el fin de que no seamos conde nados juntamente con este mundo.

Salmodia

GRADUALE – Phil. 2, 8-9 Christus factus est pro nobis obœdiens usque ad mortem, mortem autem crucis. Propter quod et Deus exaltávit illum: et dedit illi nomen, quod est super omne nomen. Gradual. – Cristo se ha hecho obediente por nosotros hasta la muerte, y muerte de Cruz. V. Por lo cual también Dios le ensalzó, y le dio un nombre sobre todo nombre.

Evangelio

USequentia sancti Evangelii secundum Joánnem. Jo. 13, 1-5 – In illo tempore: Ante diem autem festum Paschæ, sciens Jesus quia venit hora ejus, ut tránseat ex hoc mundo ad Patrem, cum dilexísset suos, qui erant in mundo, in finem diléxit eos. Et cena facta, cum diábolus jam misísset in cor, ut tráderet eum Júdas Simónis Iscariótæ, sciens quia ómnia dedit ei Pater in manus, et quia a Deo exivit, et ad Deum vadit, surgit a cena, et ponit vestiménta sua, et cum accepísset línteum, præcínxit se. Deinde mittit aquam in pelvim, et cœpit laváre pedes discipulórum, et extérgere linteo, quo erat præcínctus. Venit ergo ad Simónem Petrum. Et dicit ei Petrus: «Dómine, tu mihi lavas pedes?»  Respóndit Jesus, et dicit ei: «Quod ego fácio, tu nescis modo, scies autem postea».  Dicit ei Petrus: «Non lavábis mihi pedes in ætérnum». Respóndit ei Jesus: «Si non lávero te, non habes partem mecum». Dicit ei Simon Petrus: «Dómine, non tantum pedes meos, sed et manus et caput». Dicit ei Jesus: «Qui lotus est, non índiget nisi ut pedes lavet, sed est mundus totus. Et vos mundi estis, sed non omnes». Sciébat enim quisnam esset qui tráderet eum; proptérea dixit: Non estis mundi omnes. Póstquam ergo lavit pedes eórum, et accépit vestiménta sua, cum recubuísset íterum, dixit eis: «Scitis quid fécerim vobis? Vos vocátis me Magíster et Dómine, et bene dícitis; sum étenim. Si ergo ego lavi pedes vestros, Dóminus et Magíster: et vos debétis alter altérius laváre pedes. Exémplum enim dedi vobis, ut, quemádmodum ego feci vobis, ita et vos faciátis». Continuación del santo Evangelio según S. Juan – En aquel tiempo: La víspera del día solemne de Pascua, sabiendo Jesús que era llegada la hora de su tránsito de este mundo al Padre, como hubiese amado a los suyos, que vivían en el mundo, amólos hasta el fin, y así, acabada la Cena, cuando ya el diablo había sugerido al corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, el designio de entregarle, Jesús, sabiendo que el Padre le ha bía puesto todas las cosas en sus manos, y que como había venido de Dios, a Dios volvía; levántase de la mesa y quítase sus vestidos, y habiendo toma do una toalla, se la ciñe. Echa después agua en una jofaina, y pónese a lavar los pies de los discípulos y a limpiarlos con la toalla que se había ceñido. Viene a Simón Pedro, y Pedro le dice: ¡ Señor! ¿ Tú lavarme a mí los pies? Respondióle Jesús, y le dijo: Lo que Yo hago tú no lo entiendes ahora, lo entenderás después. Dícele Pedro: ¡Jamás me lavarás Tú a mí los pies! Respondióle Jesús: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Dícele Simón Pedro: ¡Señor! no sola mente los pies, sino las manos también y la cabeza. Jesús le dice: El que acaba de lavarse, no necesita lavarse más que los pies, estando como está limpio todo lo demás. Y en cuanto a vosotros, limpios estáis, mas no todos. Como sabia quién era el que le habla de hacer traición, por eso dijo: No todos estáis limpios. Habiéndoles ya lavabo los pies y tomado otra vez su vestido, puesto de nuevo a la mesa, díjoles: ¿Sabéis lo que acabo de hacer con vos otros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si Yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, debéis también vosotros lavaros los pies unos a otros. Ejemplo os he dado, para que así como Yo he hecho con vosotros, así lo hagáis también vosotros. No se diceCredo.

Es muy conveniente que, después del Evangelio, se tenga breve hornilla, para ilustrar los grandes misterios que en esta misa se celebran, la institución de la Sagrada Eucaristía y del Orden sacerdotal, corno también el Mandato del Señor acerca de la caridad fraterna.

NOTAS

  • (1) El castigo visible de Judas, al cual aquí se alude, fue su muerte temporal desastrosa, colgándose él mismo de una soga y reventando al caer al suelo, y no su muerte eterna, a sea, el infierno; ya que sólo Dios sabe cuál fue su verdadero paradero, al morir de esa forma. (volver)
  • (2) Reprende aquí San Pablo a los corintios por haber pervertido la piados y muy cristiana práctica primitivade los ágapes fraternales en los que todos comían en común, como hijos de la misma mesa de familia, sin distinción de ricos y pobres. Ahora hacían ya sus platos aparte y se desntendían de los pobres. En la Eucaristía, verdadero banquete en común, participamos todos del mismo manjar que es el Cuerpo sacrosanto del Señor. (volver)
  • (3) Comulgar sacrílegamente es comer la propia condenación, por cuanto se abusa del Cuerpo del Señor. (volver)
  • (4) Alude San Pablo a los castigos ejemplares que, por lo visto, recibían en su tiempo, en Corinto, los comulgantes sacrílegos; pues muchos de ellos hasta morían repentinamente, y otros se enfermaban. (volver)
  • (5) Hasta el fin de su vida, y todo lo que un Dios puede amar, o sea infinitamente. (volver)
  • (6) Si el hombre no se deja lavar por Cristo en el Sacramento de la Confesión, no tendrá parte con Él, ni en la tierra, por gracia, ni en el Cielo, por gloria. ¡Que no lo olviden los que pretenden no necesitar confesarse, sin duda por creerse limpios! ¿Limpios, con años y años de pecados, y pecados de todo género. ¡Hipócritas! (volver)
  • (7)El que está limpio de pecado mortal, no necesita, en efecto, para estar del todo limpio, más que purificarse de los veniales, los que puede efectuar, o confesándose, o de otros varios modos. (volver)

Tomado de: 

http://misa_tridentina.t35.com/

MIÉRCOLES SANTO

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MIÉRCOLES SANTO

ESTACIÓN EN STA. MARÍA LA MAYOR1

Simple Ornamentos morados

La 1ª. lección, que es de Isaías, se aplica a la Pasión. La sangre que tiñe el vestido del Salvador es su propia sangre; que, en vez de aplastar a los pueblos en su indignación, sufre y muere por ellos.

En la segunda, el mismo Isaías profetiza con claridad tal las principales circunstancias de la Pasión, que los Padres no dudaron en llamarle el 5° Evangelista. Jesús es ese «varón de dolores que, llevado a la muerte cual mansa ovejita, no abrió su boca».

Para realizar Jesús su nombre de Salvador, «se hizo obediente hasta la muerte y muerte de Cruz» (lnt.).

Catecúmenos o cristianos penitentes, éramos todos como ovejas perdidas, extraviados «cada cual por su vereda», y Jesús, «tomando sobre si nuestras iniquidades, ha heredado una multitud de seguidores» (2ª. lec.).

«Al renovar en la misa los misterios de la Pasión de Jesús, pidamos, por sus méritos, ser librados de las garras de nuestros enemigos y tener parte en la gracia de su Resurrección» (1ª. Or y Sec.).

1. Desde este día las fiestas estacionales de Semana Santa se celebran en las grandes Basílicas. Hoy es en Sta. María la Mayor dedicada a la Virgen Santísima, de cuyas penas se conduele la Iglesia en estos días. V. plano de Estaciones, p. 16, G d, 26.

MISAL DIARIO Y VISPERAL
DÉCIMATERCIA EDICIÓN
Por Dom Gaspar Lefebvre O.S.B.
De la Abadía de S. Andrés (Brujas Bélgica)
Traducción Castellana y Adaptación
Del Rdo. P. Germán Prado
Monje Benedictino de los Silos (España)
1946

INTROITO     Filipenses 2, 10, 8 y 11

In nómine Jesu omne genu flectátur, cæléstium, terréstrium et infernórum: quia Dóminus factus est obǿdiens usque ad mortem, mortem autem crucis: ideo Dóminus Jesus Christus in glória est Dei Patris. Ps. 101, 2. Dómine, exáudi oratiónem meam: et clamor meus ad te véniat. In nómine. Al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno; porque el Señor se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz; por esto el Señor Jesucristo esta en la gloria de Dios Padre. (S). Oye, Señor, mi oración y llague mi clamor hasta ti. Al nombre…

Después de los Kyries, se dice:

Oremus. Flectámus genua.

R/. Levate.

Præsta, quaésumus, omnípotens Deus: ut, qui nostris excéssibus incessánter afflígimur, per unigéniti Fílii tui passiónem liberémur: Qui tecum.

Oremos. v/. Arrodillémonos  R/:Levantaos

Te rogamos Dios todopoderoso, que pues nos vemos, incesantemente afligidos por nuestros desordenes, nos veamos libres por la pasión de tu Unigénito Hijo. Que contigo vive…

LECCION  Is. 62, 11; 63, 1-7

Léctio Isaíæ Prophétæ

Hæc dicit Dóminus Deus: Dícite fíliæ Sion: Ecce, Salvátor tuus venit: ecce, merces ejus cum eo. Quis est iste, qui venit de Edom, tinctis véstibus de Bosra? Iste formósus in stola sua, grádiens in multitúdine fortitúdinis suæ. Ego, qui loquor justítiam, et propugnátor sum ad salvándum. Quare ergo rubrum est induméntum tuum, et vestiménta tua sicut calcántium in torculári? Tórcular calcávi solus, et de géntibus non est vir mecum : calcávi eos in furóre meo, et conculcávi eos in ira mea: et aspérsus est sanguis eórum super vestiménta mea, et ómnia induménta mea inquinávi. Dies enim ultiónis in corde meo, annus redemptiónis meæ venit. Circumspéxi, et non erat auxiliátor: quæsívi, et non fuit, qui adjuváret: et salvávit mihi bráchium meum, et indignátio mea ipsa auxiliáta est mihi. Et conculcávi pópulos in furóre meo, et inebriávi eos in indignatióne mea, et detráxi in terram virtútem eórum. Miseratiónum Dómini recordábor, laudem Dómini super ómnibus, quæ réddidit nobis Dóminus, Deus noster.

Lectura del Profeta Isaías.

El Señor hace oír esto hasta el confín de la tierra: Decid a la hija de Sión: Mira a tu salvador que llega, el premio de su victoria lo acompaña, la recompensa lo precede. ¿Quién es ése que viene de Edom, de Bosrá, con ropaje teñido de rojo?¿Ése del vestido esplendoroso, y de andar tan esforzado? -Soy yo que hablo con justicia, un gran libertador. -Y ¿por qué está de rojo tu vestido, y tu ropaje como el de un lagarero? -El lagar he pisado yo solo; de mi pueblo no hubo nadie conmigo. Los pisé con ira, los pateé con furia, y salpicó su sangre mis vestidos, y toda mi vestimenta he manchado. ¡Era el día de la venganza que tenía pensada, el año de mi desquite era llegado! Miré bien y no había auxiliador; me asombré de que no hubiera quien apoyase. Así que me salvó mi propio brazo, y fue mi furia la que me sostuvo. Pisoteé a pueblos en mi ira, los pisé con furia e hice correr por tierra su sangre. Las misericordias del Señor quiero recordar, las alabanzas del Señor,

por todo, lo que nos ha premiado el Señor Dios nuestro.

GRADUAL    Salmo 68, 18, 2-3

Ne avértas fáciem tuam a púero tuo, quóniam tríbulor: velóciter exáudi me. V/. Salvum me fac, Deus, quóniam intravérunt aquæ usque ad ánimam meam: infíxus sum in limo profúndi, et non est substántia. No pierdas de vista a tu siervo: oye presto mis suplicas, por que me veo atribulado. v/.Sálvame, oh Dios, porque las aguas han penetrado hasta mi alma. Atollado estoy en un profundísimo cieno, sin hallar donde afirmar el pie.

Aquí el Celebrante dice: Dominus vobiscum

COLECTA

Deus, qui pro nobis Fílium tuum Crucis patíbulum subire voluísti, ut inimíci a nobis expélleres potestatem: concéde nobis fámulis tuis; ut resurrectiónis grátiam consequámur. Per eúndem Dóminum. Oh Dios, que quisiste que tu Hijo sufriese por nosotros muerte de cruz, para librarnos del poder del enemigo; concede a tus siervos la gracia de tener parte en su resurrección. Por el mismo Señor nuestro

EPISTOLA Is 53, 1-12

Léctio Isaíæ Prophétæ.

In diébus illis: Dixit Isaías: Dómine, quis crédidit audi tui nostro? et bráchium Dómini cui revelátum est? Et ascéndet sicut virgúltum coram eo, et sicut radix de terra sitiénti: non est spécies ei neque decor: et vídimus eum, et non erat aspéctus, et desiderávimus eum: despéctum et novíssimum virórum, virum dolórum, et sciéntem infirmitátem: et quasi abscónditus vultus ejus et despéctus, unde nec reputávimus eum. Vere languóres nostros ipse tulit, et dolóres nostros ipse portávit: et nos putávimus eum quasi leprósum, et percússum a Deo, et humiliátum. Ipse autem vulnerátus est propter iniquitátes nostras, attrítus est propter scélera nostra: disciplína pacis nostræ super eum, et livóre ejus sanáti sumus. Omnes nos quasi oves errávimus, unusquísque in viam suam declinávit: et pósuit Dóminus in eo iniquitátem ómnium nostrum. Oblátus est, quia ipse vóluit, et non apéruit os suum: sicut ovis ad occisiónem ducátur, et quasi agnus coram tondénte se obmutéscet, et non apériet os suum. De angústia et de judício sublátus est: generatiónem ejus quis enarrábit? quia abscíssus est de terra vivéntium: propter scelus pópuli mei percússi eum. Et dabit ímpios pro sepultúra, et dívitem pro morte sua: eo quod iniquitátem non fécerit, neque dolus fúerit in ore ejus. Et Dóminus vóluit contérere eum in infirmitáte : si posúerit pro peccáto ánimam suam, vidébit semen longaévum, et volúntas Dómini in manu ejus dirigátur. Pro eo, quod laborávit ánima ejus, vidébit, et saturábitur: in sciéntia sua justificábit ipse justus servus meus multos, et iniquitátes eórum ipse portábit. Ideo dispértiam ei plúrimos: et fórtium dívidet spólia, pro eo, quod trádidit in mortem ánimam suam, et cum scelerátis reputátus est : et ipse peccáta multórum tulit, et pro transgressóribus rogávit.

Lectura del Profeta Isaías.

En aquellos días, dijo Isaías:¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado? ¿A quién se le revelará el poder del Señor? Creció en su presencia como planta débil, como una raíz en el desierto. No tenía gracia ni belleza. No vimos en él ningún aspecto atrayente; despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, habituado al sufrimiento; como uno del cual se aparta la mirada, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo tuvimos por leproso, herido por Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. El soportó el castigo que nos trae la paz. Por sus llagas hemos sido curados. Todos andábamos errantes como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Cuando lo maltrataban, se humillaba y no abría la boca, como un cordero llevado a degollar; como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron. ¿Quién se preocupó de su suerte? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron de muerte por los pecados de mi pueblo, le dieron sepultura con los malhechores a la hora de su muerte, aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá a sus descendientes, prolongará sus años y por medio de él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos. Por eso le daré una parte entre los grandes, y con los fuertes repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y fue contado entre los malhechores, cuando tomó sobre sí las culpas de todos e intercedió por los pecadores.

TRACTO   Salmo 101, 2-5 y 14

Domine exaudi orationem meam: et clamor meus ad te veniat.  v/.Non avertas faciem tuam a me: in quacumque die tribulor, inclina ad me aurem tuam.  v/.In quacumque die invocavero te: velociter exaudi me.  v/.Quia defecerunt sicut fumus, dies mei: et ossa mea sicut gremium aruerunt.  v/.Percussus sum, ut faenum, et aruit cor meum: quia oblitus sum comedere panem meum.  v/.Tu exsurgens Domine misereberis Sion: quia tempus miserendi eius, quia venit tempus. Escucha, oh Señor, benignamente mis ruegos; y lleguen hasta ti mis clamores. v/.No apartes de mi tu rostro: en cualquier ocasión en que me halle atribulado, dígnate oírme. v/. Acude luego a mí siempre que te invocare;  v/.Porque como humo han desaparecido mis días, y áridos están mis huesos como leña seca. v/.Estoy marchito como el heno, árido esta mi corazón, pues hasta de comer mi pan me he olvidado. v/. Tú te levantaras y tendrás lastima de Sión; porque tiempo es de apiadarte de ella.

PASIÓN Lc 22, 39-71; 23, 1-53.

Pássio Dómini nostri Jesu Christi

secúndum Lucam

In illo témpore : Appropinquábat dies festus azymórum, qui dícitur Pascha: et quærébant príncipes sacerdótum et scribæ, quómodo Jesum interfícerent: timébant vero plebem. Intrávit autem sátanas in Judam, qui cognominabátur Iscariótes, unum de duódecim. Et ábiit, et locútus est cum princípibus sacerdótum et magistrátibus, quemádmodum illum tráderet eis. Et gavísi sunt, et pacti sunt pecúniam illi dare. Et spopóndit. Et quærébat opportunitátem, ut tráderet illum sine turbis. Venit autem dies azymórum, in qua necésse erat occídi pascha. Et misit Petrum et Joánnem, dicens: + Eúntes paráte nobis pascha, ut manducémus. C. At illi dixérunt: S. Ubi vis parémus? C. Et dixit ad eos: + Ecce, introëúntibus vobis in civitátem, occúrret vobis homo quidam ámphoram aquæ portans: sequímini eum in domum, in quam intrat, et dicétis patrifamílias domus: Dicit tibi Magíster: Ubi est diversórium, ubi pascha cum discípulis meis mandúcem? Et ipse osténdet vobis cenáculum magnum stratum, et ibi paráte. C. Eúntes autem invenérunt, sicut dixit illis, et paravérunt pascha. Et cum facta esset hora, discúbuit, et duódecim Apóstoli cum eo. Et ait illis: + Desidério desiderávi hoc pascha manducáre vobíscum, ántequam pátiar. Dico enim vobis, quia ex hoc non manducábo illud, donec impleátur in regno Dei. C. Et accépto cálice, grátias egit, et dixit: + Accípite, et divídite inter vos. Dico enim vobis, quod non bibam de generatióne vitis, donec regnum Dei véniat. C. Et accépto pane, grátias egit, et fregit, et dedit eis, dicens: + Hoc est corpus meum, quod pro vobis datur : hoc fácite in meam commemoratiónem. C. Simíliter et cálicem, postquam cenávit, dicens: + Hic est calix novum Testaméntum in sánguine meo, qui pro vobis fundétur. Verúmtamen ecce manus tradéntis me mecum est in mensa. Et quidem Fílius hóminis, secúndum quod definítum est, vadit: verúmtamen væ hómini illi, per quem tradétur. C. Et ipsi cœpérunt quaérere inter se, quis esset ex eis, qui hoc factúrus esset. Facta est autem et conténtio inter eos, quis eórum viderétur esse major. Dixit autem eis: + Reges géntium dominántur eórum: et qui potestátem habent super eos, benéfici vocántur. Vos autem non sic: sed qui major est in vobis, fiat sicut minor: et qui præcéssor est, sicut ministrátor. Nam quis major est, qui recúmbit, an qui minístrat? nonne qui recúmbit? Ego autem in médio vestrum sum, sicut qui minístrat: vos autem estis, qui permansístis mecum in tentatiónibus meis. Et ego dispóno vobis, sicut dispósuit mihi Pater meus regnum, ut edátis et bibátis super mensam meam in regno meo: et sedeátis super thronos, judicántes duódecim tribus Israël. C. Ait autem Dóminus: + Simon, Simon, ecce, sátanas expetívit vos, ut cribráret sicut tríticum : ego autem rogávi pro te, ut non defíciat fides tua: et tu aliquándo convérsus confírma fratres tuos. C. Qui dixit ei: S. Dómine, tecum parátus sum, et in cárcerem et in mortem ire. C. At ille dixit: + Dico tibi, Petre: Non cantábit hódie gallus, donec ter ábneges nosse me. C. Et dixit eis: + Quando misi vos sine saéculo et pera et calceaméntis, numquid aliquid défuit vobis? C. At illi dixérunt: S. Nihil. C. Dixit ergo eis: + Sed nunc, qui habet saéculum, tollat simíliter et peram: et qui non habet, vendat túnicam suam, et emat gládium: Dico enim vobis, quóniam adhuc hoc, quod scriptum est, opórtet impléri in me: Et cum iníquis deputátus est. Etenim ea, quæ sunt de me, finem habent. C. At illi dixérunt: S. Dómine, ecce duo gládii hic. C. At ille dixit eis: + Satis est. C. Et egréssus ibat secúndum consuetúdinem in montem Olivárum. Secúti sunt autem illum et discípuli. Et cum pervenísset ad locum, dixit illis: + Oráte, ne intrétis in tentatiónem. C. Et ipse avúlsus est ab eis, quantum jactus est lápidis, et pósitis génibus orábat, dicens: + Pater, si vis, transfer cálicem istum a me: verúmtamen non mea volúntas, sed tua fiat. C. Appáruit autem illi Angelus de cælo, confórtans eum. Et factus in agónia, prolíxius orábat. Et factus est sudor ejus, sicut guttæ sánguinis decurréntis in terram. Et cum surrexísset ab oratióne, et venísset ad discípulos suos, invénit eos dormiéntes præ tristítia. Et ait illis: +Quid dormítis? súrgite, oráte, ne intrétis in tentatiónem. C. Adhuc eo loquénte, ecce turba: et qui vocabátur Judas, unus de duódecim, antecedébat eos : et appropinquávit Jesu, ut oscularétur eum. Jesus autem dixit illi: + Juda, ósculo Fílium hóminis tradis? C. Vidéntes autem hi, qui circa ipsum erant, quod futúrum erat, dixérunt ei: S. Dómine, si percútimus in gladio? C. Et percússit unus ex illis servum príncipis sacerdótum, et amputávit aurículam ejus déxteram. Respóndens autem Jesus, ait: + Sínite usque huc. C. Et cum tetigísset aurículam ejus, sanávit eum. Dixit autem Jesus ad eos, qui vénerant ad se, príncipes sacerdótum et magistrátus templi et senióres: + Quasi ad latrónem exístis cum gládiis et fústibus? Cum cotídie vobíscum fúerim in templo, non extendístis manus in me: sed hæc est hora vestra et potéstas tenebrárum. C. Comprehendéntes autem eum, duxérunt ad domum príncipis sacerdótum: Petrus vero sequebátur a longe. Accénso autem igne in médio átrii, et circumsedéntibus illis, erat Petrus in médio eórum. Quem cum vidísset ancílla quædam sedéntem ad lumen, et eum fuísset intúita, dixit: S. Et hic cum illo erat. C. At ille negávit eum, dicens: S. Múlier, non novi illum. C. Et post pusíllum álius videns eum, dixit: S. Et tu de illis es. C. Petrus vero ait : S. O homo, non sum. C. Et intervállo facto quasi horæ uníus, álius quidam affirmábat, dicens : S. Vere et hic cum illo erat: nam et Galilaéus est. C. Et ait Petrus: S. Homo, néscio, quid dicis. C. Et contínuo adhuc illo loquénte cantávit gallus. Et convérsus Dóminus respéxit Petrum. Et recordátus est Petrus verbi Dómini, sicut díxerat : Quia priúsquam gallus cantet, ter me negábis. Et egréssus foras Petrus flevit amáre. Et viri, qui tenébant illum, illudébant ei, cædéntes. Et velavérunt eum et percutiébant fáciem ejus : et interrogábant eum, dicéntes: S. Prophetíza, quis est, qui te percússit? C. Et alia multa blasphemántes dicébant in eum. Et ut factus est dies, convenérunt senióres plebis et príncipes sacerdótum et scribæ, et duxérunt illum in concílium suum, dicente? S. Si tu es Christus, dic nobis. C. Et ait illis: + Si vobis díxero, non credétis mihi: si autem et interrogávero, non respondébitis mihi, neque dimíttetis. S. Ex hoc autem erit Fílius hóminis sedens a dextris virtútis Dei. C. Dixérunt autem omnes: S. Tu ergo es Fílius Dei? C. Qui ait: + Vos dicitis, quia ego sum. C. At illi dixérunt: S. Quid adhuc desiderámus testimónium? Ipsi enim audívimus de ore ejus. C. Et surgens omnis multitúdo eórum, duxérunt illum ad Pilátum. Cœpérunt autem illum accusáre, dicéntes: S. Hunc invénimus subverténtem gentem nostram, et prohibéntem tribúta dare Caésari, et dicéntem se Christum regem esse. C. Pilátus autem interrogávit eum, dicens: S. Tu es Rex Judæórum? C. At ille respóndens, ait: + Tu dicis. C. Ait autem Pilátus ad príncipes sacerdótum et turbas: S. Nihil invénio causæ in hoc hómine. C. At illi invalescébant, dicéntes: S. Cómmovet pópulum, docens per univérsam Judaéam, incípiens a Galilaéa usque huc. C. Pilátus autem áudiens Galilaéam, interrogávit, si homo Galilaéus esset. Et ut cognóvit, quod de Heródis potestáte esset, remísit eum ad Heródem, qui et ipse Jerosólymis erat illis diébus. Heródes autem, viso Jesu, gavísus est valde. Erat enim cúpiens ex multo témpore vidére eum, eo quod audíerat multa de eo, et sperábat signum áliquod vidére ab eo fíeri. Interrogábat autem eum multis sermónibus. At ipse nihil illi respondébat. Stabant autem príncipes sacerdótum et scribæ, constánter accusántes eum. Sprevit autem illum Heródes cum exércitu suo: et illúsit indútum veste alba, et remísit ad Pilátum. Et facti sunt amíci Heródes et Pilátus in ipsa die: nam ántea inimíci erant ad ínvicem. Pilátus autem, convocátis princípibus sacerdótum et magistrátibus et plebe, dixit ad illos: S. Obtulístis mihi hunc hóminem, quasi averténtem pópulum, et ecce, ego coram vobis intérrogans, nullam causam invéni in hómine isto ex his, in quibus eum accusátis. Sed neque Heródes: nam remísi vos ad illum, et ecce, nihil dignum morte actum est ei. Emendátum ergo illum dimíttam. C. Necésse autem habébat dimíttere eis per diem festum, unum. Exclamávit autem simul univérsa turba, dicens: S. Tolle hunc, et dimítte nobis Barábbam. C. Qui erat propter seditiónem quandam fáciam in civitáte et homicídium missus in cárcerem. Iterum autem Pilátus locútus est ad eos, volens dimíttere Jesum. At illi succlamábant, dicéntes: S. Crucifíge, crucifíge eum. C. Ille autem tértio dixit ad illos: S. Quid enim mali fecit iste? Nullam causam mortis invénio in eo: corrípiam ergo illum et dimíttam. C. At illi instábant vócibus magnis, postulántes, ut crucifigerétur. Et invalescébant voces eórum. Et Pilátus adjudicávit fíeri petitiónem eórum. Dimísit autem illis eum, qui propter homicídium et seditiónem missus fúerat in cárcerem, quem petébant: Jesum vero trádidit voluntáti eórum. Et cum dúcerent eum, apprehendérunt Simónem quendam Cyrenénsem, veniéntem de villa: et imposuérunt illi crucem portáre post Jesum. Sequebátur autem illum multa turba pópuli, et mulíerum, quæ plangébant et lamentabántur eum. Convérsus autem ad illas Jesus dixit: + Filiæ Jerúsalem, nolíte flere super me, sed super vos ipsas flete et super fílios vestros. Quóniam ecce vénient dies, in quibus dicent: Beátæ stériles, et veníres, qui non genuérunt, et úbera, quæ non lactavérunt. Tunc incípient dícere móntibus: Cádite super nos; et cóllibus: Operíte nos. Quia si in víridi ligno hæc fáciunt, in árido quid fiet? C. Ducebántur autem et alii duo nequam cum eo, ut interficeréntur. Et postquam venérunt in locum, qui vocátur Calváriæ, ibi crucifixérunt eum: et latrónes, unum a dextris et álterum a sinístris. Jesus autem dicebat: + Pater, dimítte illis: non enim sciunt, quid fáciunt. C. Dividéntes vero vestiménta ejus, misérunt sortes. Et stabat pópulus spectans, et deridébant eum príncipes cum eis, dicéntes: S. Alios salvos fecit: se salvum fáciat, si hic est Christus Dei electus. C. Illudébant autem ei et mílites accedéntes, et acétum offeréntes ei, et dicéntes: S. Si tu es Rex Judæórum, salvum te fac. C. Erat autem et superscríptio scripta super eum lítteris græcis et latínis et hebráicis: Hic est Rex Judæórum. Unus autem de his, qui pendébant, latrónibus, blasphemábat eum, dicens: S. Si tu es Christus, salvum fac temetípsum, et nos. C. Respóndens autem alter increpábat eum, dicens: S. Neque tu times Deum, quod in eadem damnatióne es. Et nos quidem juste, nam digna factis recípimus: hic vero nihil mali gessit. C. Et dicebat ad Jesum: S. Dómine, meménto mei, cum véneris in regnum tuum. C. Et dixit illi Jesus: + Amen, dico tibi: Hódie mecum eris in paradíso. C. Erat autem fere hora sexta, et ténebræ factæ sunt in univérsam terram usque in horam nonam. Et obscurátus est sol: et velum templi scissum est médium. Et clamans voce magna Jesus, ait: + Pater, in manus tuas comméndo spíritum meum. C. Et hæc dicens, exspirávit. (Hic genuflectitur, et pausatur aliquántulum) Videns autem centúrio quod factum fúerat, glorificávit Deum, dicens: S. Vere hic homo justus erat. C. Et omnis turba eórum, qui simul áderant ad spectáculum istud et vidébant, quæ fiébant, percutiéntes péctora sua revertebántur. Stabant autem omnes noti ejus a longe, et mulíeres, quæ secútæ eum erant a Galilaéa, hæc vidéntes.

Quod sequitur, cantatur in tono Evangelii, et alia fiunt ut supra in Dominica.

Et ecce, vir nómine Joseph, qui erat decúrio, vir bonus et justus: hic non consénserat consílio et áctibus eórum, ab Arimathaéa civitáte Judaéæ, qui exspectábat et ipse regnum Dei. Hic accéssit ad Pilátum et pétiit corpus Jesu: et depósitum invólvit síndone, et pósuit eum in monuménto excíso, in quo nondum quisquam pósitus fúerat.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

C. Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo:

+ – «He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios.»

C. Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo:

+ – «Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios.»

Haced esto en memoria mía

C. Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:

+ – «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.»

C. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo:

+ – «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.»

¡Ay de ése que entrega al Hijo del hombre!

«Pero mirad: la mano del que me entrega está con la mía en la mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según lo establecido; pero, ¡ay de ése que lo entrega!»

C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso.

Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve

C. Los discípulos se pusieron a disputar sobre quién de ellos debía ser tenido como el primero. Jesús les dijo:

+ – «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierne, como el que sirve.

Porque, ¿quién es más, el que está en la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está en la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.

Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo os transmito el reino como me lo transmitió mi Padre a mí: comeréis y beberéis a mi mesa en mi reino, y os sentaréis en tronos para regir a las doce tribus de Israel.»

Tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos

C. Y añadió:

+ – «Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.»

C. Él le contesto:

S. -«Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte.»

C. Jesús le replicó:

+ – «Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes que tres veces hayas negado conocerme.»

Tiene que cumplirse en mí lo que está escrito

C. Y dijo a todos:

+ – «Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?»

C. Contestaron:

S. – «Nada.»

C. Él añadió:

+ – «Pero ahora, el que tenga bolsa que la coja, y lo mismo la alforja; y el que no tiene espada, que venda su manto y compre una. Porque os aseguro que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito: Fue contado con los malhechores.” Lo que se refiere a mí toca a su fin.»

C. Ellos dijeron:

S. – «Señor, aquí hay dos espadas.»

C. Él les contesto:

+ – «Basta.»

En medio de su angustia, oraba con más insistencia

C. Y salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo:

+ – «Orad, para no caer en la tentación.»

C . Él se arrancó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba, diciendo:

+ – «Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.»

C – Y se le apareció un ángel del cielo, que lo animaba. En medio de su angustia, oraba con más insistencia. Y le bajaba hasta el suelo un sudor como de gotas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo:

+ – «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación.»

Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?

C. Todavía estaba hablando, cuando aparece gente; y los guiaba el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús.

Jesús le dijo:

+ – «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?»

C. Al darse cuenta los que estaban con él de lo que iba a pasar, dijeron:

S. – «Señor, ¿herimos con la espada?»

C. Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha.

Jesús intervino, diciendo:

+ – «Dejadlo, basta.»

C. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra él:

+ – «¿Habéis salido con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario estaba en el templo con vosotros, y no me echasteis mano. Pero ésta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas.»

Pedro, saliendo afuera, lloró amargamente

C. Ellos lo prendieron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor, y Pedro se sentó entre ellos.

Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se lo quedó mirando y dijo:

S. – «También éste estaba con él.»

C. Pero él lo negó, diciendo:

S. – «No lo conozco, mujer.»

C. Poco después lo vio otro y le dijo:

S. – «Tú también eres uno de ellos.»

C. Pedro replicó:

S. – «Hombre, no lo soy.»

C. Pasada cosa de una hora, otro insistía:

S. – «Sin duda, también éste estaba con él, porque es galileo.»

C. Pedro contestó:

S. – «Hombre, no sé de qué me hablas.»

C. Y, estaba todavía hablando, cuando cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces.» Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

Haz de profeta; ¿quién te ha pegado?

C. Y los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de él, dándole golpes.

Y, tapándole la cara, le preguntaban:

S. – «Haz de profeta; ¿quién te ha pegado?»

C. Y proferían contra él otros muchos insultos.

Lo hicieron comparecer ante su Sanedrín

C. Cuando se hizo de día, se reunió el senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y escribas, y, haciéndole comparecer ante su Sanedrín, le dijeron:

S. – «Si tú eres el Mesías, dínoslo.»

C. Él les contesto:

+ – «Si os lo digo, no lo vais a creer; y si os pregunto, no me vais a responder.

Desde ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha de Dios todopoderoso.»

C. Dijeron todos:

S. – «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?»

C. Él les contestó:

+ – «Vosotros lo decís, yo lo soy.»

C. Ellos dijeron:

S. – «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca.»

C. Se levantó toda la asamblea, y llevaron a Jesús a presencia de Pilato.

No encuentro ninguna culpa en este hombre

C. Y se pusieron a acusarlo, diciendo:

S. – «Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey.»

C. Pilato preguntó a Jesús:

S. – «¿Eres tú el rey de los judíos?»

C. Él le contestó:

+, – «Tú lo dices.»

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:

S. – «No encuentro ninguna culpa en este hombre.»

C. Ellos insistían con más fuerza, diciendo:

S. – «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí.»

C. Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y, al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días.

Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio

C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero él no le contestó ni palabra.

Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco. Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal.

Pilato entregó a Jesús a su arbitrio

C. Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo:

S. – «Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré.»

C. Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaron en masa, diciendo:

S. – «¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás.»

C. A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.

Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando:

S. – «¡Crucifícalo, crucifícalo!»

C. Él les dijo por tercera vez:

S. – «Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré.»

C. Ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío.

Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí

C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.

Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él.

Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:

+ – «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: “Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado.” Entonces empezarán a decirles a los montes: “Desplomaos sobre nosotros”, y a las colinas: “Sepultadnos”; porque, si así tratan al leño verde, ¿qué pasara con el seco?»

C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

C. Y, cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Jesús decía:

+ – «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»

C. Y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte.

Éste es el rey de los judíos

C. El pueblo estaba mirando.

Las autoridades le hacían muecas, diciendo:

S – «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.»

C. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:

S. – «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.»

C. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.»

Hoy estarás conmigo en el paraíso

C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:

S. – «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.»

C. Pero el otro le increpaba:

S. – «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.»

C Y decía:

S. – «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.»

C. Jesús le respondió:

+ – «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.»

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

C. Era ya eso de mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:

+ – «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.»

C. Y, dicho esto, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa

C. El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios, diciendo:

S. – «Realmente, este hombre era justo.»

C. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvía dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando. José colocó el cuerpo de Jesús en un sepulcro excavado C. Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y honrado (que no había votado a favor de la decisión y del crimen de ellos), que era natural de Arimatea, pueblo de Judea, y que aguardaba el reino de Dios, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Preparación y rayaba el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás a examinar el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo. A la vuelta, prepararon aromas y ungüentos. Y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento.

OFERTORIO     Salmo 101, 2-3

Dómine, exáudi oratiónem meam, et clamor meus ad te pervéniat : ne avértas fáciem tuam a me. Escucha, oh Señor, benignamente mis ruegos, y lleguen hasta ti mis clamores: no apartes de mí tu rostro.

SECRETA

Súscipe, quaésumus, Dómine, munus oblátum, et dignánter operáre: ut, quod passiónis Fílii tui, Dómini nostri, mystério gérimus, piis afféctibus consequámur. Per eúndem Dóminum. Acepta, oh Señor, te rogamos, el don ofrecido, y dígnate hacer que consigamos con piadosos efectos lo que celebramos en el misterio de la pasión de tu Hijo, nuestro Señor. Por el mismo Señor…

PREFACIO DE LA SANTA CRUZ

Vere dignum et justum est, aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui salutem humani generis in ligno crucis constituisti: ut, unde mors oriebatur, inde vita resurgeret: et qui in ligno vincebat, in ligno quoque vinceretur, per Christum Dominum nostrum. Per quem majestatem tuam laudant Angeli, adorant Dominationes, tremunt Potestates. Coeli, coelorumque Virtutes, ac beata Seraphim, socia exsultatione concelebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admitti jubeas, deprecamur, supplici confessione dicentes. En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que pusiste la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que de donde salió la muerte, saliese la vida, y el que en un árbol venció, en un árbol fuese vencido por Cristo nuestro Señor; por quien alaban los Ángeles a tu majestad, la adoran las dominaciones, la temen las Potestades y la celebran con igual júbilo los Cielos, las Vírgenes de los cielos y los bienaventurados Serafines. Te rogamos, que, con sus voces admitas también las de los que decimos, con humilde confesión.

COMUNION     Salmo 101, 10, 13 y 14

Potum meum cum fletu temperábam: quia élevans allisísti me: et ego sicut fænum árui : tu autem, Dómine, in ætérnum pérmanes : tu exsúrgens miseréberis Sion, quia venit tempus miseréndi ejus. Mis lagrimas se mezclan con mi bebida, pues me levantaste en alto para estrellarme; y me ha secado como el heno; pero tú, Señor, permaneces para siempre; tú te levantas y tendrás lastima de Sión, porque tiempo es de apiadarte de ella.

POSCOMUNION

Largíre sénsibus nostris, omnípotens Deus : ut, per temporálem Fílii tui mortem, quam mystéria veneránda testántur, vitam te nobis dedísse perpétuam confidámus. Per eúndem Dóminum. Concede a nuestros sentidos, omnipotente Dios, que por la muerte temporal de tu Hijo, representada en estos venerables misterios, confiemos que nos has concedido la vida perdurable. Por el mismo Señor…

SOBRE EL PUEBLO


Oremus. Humiliáte cápita vestra Deo.

Réspice, quaésumus, Dómine, super hanc famíliam tuam, pro qua Dóminus noster Jesus Christus non dubitávit mánibus tradi nocéntium, et Crucis subíre torméntum: Qui tecum vivit et regnat in unitate.

 Oremos. Humillad ante Dios vuestras cabezas. Te suplicamos, oh Señor, que mires a esta tu familia, por la cual nuestro Señor Jesucristo no vacilo en ser entregado a manos de pecadores y en padecer el suplicio de la cruz.

El cual contigo vive….

Tomado de:

MARTES SANTO

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MARTES SANTO

ESTACIÓN EN STA. PRISCA1

Simple Ornamentos morados

La Epístola el Gradual, el Ofertorio y la Comunión son una adaptación perfecta de pasos del Antiguo Testamento a Cristo perseguido. Él es «el Cordero mansísimo llevado al matadero, y que Dios, por una venganza ejemplar»  (Ep.), arrebata de las manos de los pecadores.» La Pasión según S. Marcos, describe esta muerte de Jesús. El Introito y las Oraciones nos hacen ver que la Iglesia, continuadora del Salvador, «revive los misterios de su Pasión» (Or.) y se gloría en la cruz, en donde va a encontrar la salvación, la vida y la resurrección» (lnt.).

Por medio de la confesión y comunión de Pascua participemos «de los misterios de la Pasión del Señor, a fin de merecer con esto el perdón» (Or.).

1. Véase Plano de Estaciones, p. 16, E g, 36.

MISAL DIARIO Y VISPERAL
DÉCIMATERCIA EDICIÓN
Por Dom Gaspar Lefebvre O.S.B.
De la Abadía de S. Andrés (Brujas Bélgica)
Traducción Castellana y Adaptación
Del Rdo. P. Germán Prado
Monje Benedictino de los Silos (España)
1946

INTROITO      Gálatas, 6,14

Nos autem gloriári opórtet in cruce Dómini nostri Jesu Christi: in quo est salus, vita, et resurréctio nostra: per quem salváti, et liberáti sumus. [Ps. lxvi: 2] Deus misereátur nostri, et benedícat nobis: illúminet vultum suum super nos, et misereátur nostri.  Nos autem. Nosotros debemos gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en el cual esta la salud, la vida  y nuestra resurrección; por quien hemos sido salvados y libertados. (S). Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga; haga resplandecer sobre nosotros la luz de su rostro y apiádese de nosotros.

Nosotros debemos…

COLECTA

Omnípotens sempitérne Deus: da nobis ita Domínicæ passiónis sacraménta perágere; ut indulgéntiam percípere mereámur. Per eúndem. Concédenos, oh Dios todopoderoso y eterno que de tal modo celebremos los misterios de la Pasión del Señor, que merezcamos conseguir el perdón de los pecados, Por el mismo Señor…

EPISTOLA Jeremías 11,18-20.

Lectio Ieremíae Prophétæ

In diébus illis : Dixit Jeremías : Dómine, demonstrásti mihi, et cognóvi : tunc ostendísti mihi stúdia eórum. Et ego quasi agnus mansúetus, qui portátur ad víctimam : et non cognóvi, quia cogitavérunt super me consília, dicéntes : Mittámus lignum in panem ejus, et eradámus eum de terra vivéntium, et nomen ejus non memorétur ámplius. Tu autem, Dómine Sábaoth, qui júdicas juste et probas renes et corda, vídeam ultiónem tuam ex eis : tibi enim revelávi causam meam, Dómine, Deus meus.

LECTURA DEL PROFETA ISAÍAS.

En aquellos días: ¡oh Señor!, me lo hiciste ver, y lo conocí; tú me mostraste entonces sus depravados designios.

Y yo era como un manso cordero,

 que es llevado al sacrificio, y no había advertido que ellos habían maquinado contra mí, diciendo: ¡Ea!, démosle el leño en lugar de pan, y exterminémosle de la tierra de los vivientes; y no quede ya más memoria de su nombre.

Pero tú, ¡oh Señor de los ejércitos!, que juzgas con justicia, y escudriñas los corazones y los afectos, tú harás que yo te vea tomar venganza de ellos; puesto que en tus manos puse mi causa.

GRADUAL    Salmo 34, 13 y 1-2

Ego autem, dum mihi molésti essent, induébam me cilício, et humiliábam in jejúnio ánimam meam : et orátio mea in sinu meo convertétur. V/. Júdica, Dómine, nocéntes me, expúgna impugnántes me : apprehénde arma et scutum, et exsúrge in adjutórium mihi.  Pero yo, mientras ellos me cubrían de cilicio: humillaban mi alma con el ayuno, no cesando de orar en mi corazón. v/. Juzga, oh Señor, a los que me dañan: bate a los que pelean contra mí: ármate y embraza el escudo, y sal a defenderme.

PASIÓN Marcos 14, 32-72; 15, 1-46.

Pássio Dómini nostri Jesu Christi secúndum Marcum. 14, 32-72; 15, 1-46.

In illo témpore: Erat Pascha, et ázyma post bíduum, et quærébant summi sacerdótes et scribæ, quómodo Jesum dolo tenérent et occíderent. Dicébant autem: S. Non in die festo, ne forte tumúltus fíeret in pópulo. C. Et cum esset Jesus Bethániæ in domo Simónis leprósi, et recúmberet: venit múlier habens alabástrum unguénti nardi spicáti pretiósi, et fracto alabástro, effúdit super caput ejus.Erant autem quidam indígne feréntes intra semetípsos, et dicéntes: S. Ut quid perdítio ista unguénti facta est? Póterat enim unguéntum istud venúmdari plus quam trecéntis denáriis, et dari paupéribus. C. Et fremébant in eam. Jesus autem dixit : + Sínite eam : quid illi molésti estis? Bonum opus operáta est in me. Semper enim páuperes habétis vobíscum: et cum voluéritis, potéstis illis benefácere: me autem non semper habétis. Quod hábuit hæc, fecit: prævénit úngere corpus meum in sepultúram. Amen, dico vobis: Ubicúmque prædicátum fúerit Evangélium istud in univérso mundo, et, quod fecit hæc, narrábitur in memóriam ejus. C. Et Judas Iscariótes, unus de duódecim, ábiit ad summos sacerdótes, ut próderet eum illis. Qui audiéntes, gavísi sunt : et promisérunt ei pecúniam se datúros. Et quærébat, quómodo illum opportúne tráderet. Et primo die azymórum quando pascha immolábant, dicunt ei discípuli: S. Quo vis eámus, et parémus tibi, ut mandúces pascha? C. Et mittit duos ex discípulis suis, et dicit eis : + Ite in civitátem : et occúrret vobis homo lagénam aquæ bájulans, sequímini eum : et quocúmque introíerit, dícite dómino domus, quia Magíster dicit : Ubi est reféctio mea, ubi pascha cum discípulis meis mandúcem? Et ipse vobis demonstrábit cenáculum grande stratum : et illic paráte nobis. C. Et abiérunt discípuli ejus, et venérunt in civitátem: et invenérunt, sicut díxerat illis, et paravérunt pascha. Véspere autem facto, venit cum duódecim. Et discumbéntibus eis et manducántibus, ait Jesus : + Amen,dico vobis, quia unus ex vobis tradet me, qui mánducat mecum. C. At illi cœpérunt contristári et dícere ei singulátim : S. Numquid ego? C. Qui ait illis : + Unus ex duódecim, qui intíngit mecum manum in catíno. Et Fílius quidem hóminis vadit, sicut scriptum est de eo : væ autem hómini illi, per quem Fílius hóminis tradétur. Bonum erat ei, si non esset natus homo ille. C. Et manducántibus illis, accépit Jesus panem: et benedícens fregit, et dedit eis, et ait: + Súmite, hoc est corpus meum. C. Et accépto cálice, grátias agens dedit eis: et bibérunt ex illo omnes. Et ait illis : + Hic est sanguis meus novi Testaménti, qui pro multis effundétur. Amen, dico vobis, quia jam non bibam de hoc genímine vitis usque in diem illum, cum illud bibam novum in regno Dei. C. Et hymno dicto, exiérunt in montem Olivárum. Et ait eis Jesus: + Omnes scandalizabímini in me in nocte ista: quia scriptum est: Percútiam pastórem, et dispergéntur oves. Sed postquam resurréxero, præcédam vos in Galilaéam, C. Petrus autem ait illi : S. Et si omnes scandalizáti fúerint in te, sed non ego. C. Et ait illi Jesus : + Amen, dico tibi, quia tu hódie in nocte hac, priúsquam gallus vocem bis déderit, ter me es negatúrus. C. At ille ámplius loquebátur: S. Et si oportúerit me simul cómmori tibi, non te negábo. C. Simíliter autem et omnes dicébant. Et véniunt in praédium, cui nomen Gethsémani. Et ait discípulis suis: + Sedéte hic, donec orem. C. Et assúmit Petrum et Jacóbum et Joánnem secum: et cœpit pavére et tædére. Et ait illis: + Tristis est anima mea usque ad mortem : sustinéte hic, et vigiláte. C. Et cum processísset páululum, prócidit super terram : et orábat, ut, si fíeri posset, transíret ab eo hora: et dixit: + Abba, Pater, ómnia tibi possibília sunt, transfer cálicem hunc a me: sed non quod ego volo, sed quod tu. C. Et venit et invénit eos dormiéntes. Et ait Petro: + Simon, dormis? non potuísti una hora vigiláre? Vigilate et oráte, ut non intrétis in tentatiónem. Spíritus quidem promptus est, caro vero infírma. C. Et íterum ábiens orávit, eúndem sermónem dicens. Et revérsus, dénuo invénit eos dormiéntes (erant enim óculi eórum graváti) et ignorábant, quid respondérent ei. Et venit tértio, et ait illis: + Dormíte jam et requiéscite. Súfficit: venit hora: ecce, Fílius hóminis tradétur in manus peccatórum. Súrgite, eámus : ecce, qui me tradet, prope est. C. Et, adhuc eo loquénte, venit Judas Iscariótes, unus de duódecim, et cum eo turba multa cum gládiis et lignis, a summis sacerdótibus et scribis et senióribus. Déderat autem tráditor ejus signum eis, diceris: S. Quemcúmque osculátus fúero, ipse est, tenéte eum et dúcite caute. C. Et cum venísset, statim accédens ad eum, ait: S. Ave, Rabbi. C. Et osculátus est eum. At illi manus injecérunt in eum, et tenuérunt eum. Unus autem quidam de circumstántibus, edúcens gládium, percussit servum summi sacerdótis : et amputávit illi aurículam. Et respóndens Jesus, ait illis : + Tamquam ad latrónem exístis cum gládiis et lignis comprehéndere me? cotídie eram apud vos in templo docens, et non me tenuístis. Sed ut impleántur Scriptúræ. C. Tunc discípuli ejus relinquéntes eum, omnes fugérunt. Adoléscens autem quidam sequebátur eum amíctus síndone super nudo : et tenuérunt eum. At ille, rejécta síndone, nudus profúgit ab eis. Et adduxérunt Jesum ad summum sacerdótem: et convenérunt omnes sacerdótes et scribæ et senióres. Petrus autem a longe secútus est eum usque intro in átrium summi sacerdótis: et sedébat cum minístris ad ignem, et calefaciébat se. Summi vero sacerdótes et omne concílium quærébant advérsus Jesum testimónium, ut eum morti tráderent, nec inveniébant. Multi enim testimónium falsum dicébant advérsus eum: et conveniéntia testimónia non erant. Et quidam surgéntes, falsum testimónium ferébant advérsus eum, dicéntes: S. Quóniam nos audívimus eum dicéntem: Ego dissólvant! templum hoc manufáctum, et per tríduum áliud non manufáctum ædificábo. C. Et non erat convéniens testimónium illórum. Et exsúrgens summus sacérdos in médium, interrogávit Jesum, dicens: S. Non respóndes quidquam ad ea, quæ tibi objiciúntur ab his? C. Ille autem tacébat et nihil respóndit. Rursum summus sacérdos interrogábat eum, et dixit ei: S. Tu es Christus, Fílius Dei benedícti? C. Jesus autem dixit illi: + Ego sum : et vidébitis Fílium hóminis sedéntem a dextris virtútis Dei, et veniéntem cum núbibus cæli. C. Summus autem sacérdos scindens vestiménta sua, ait: S. Quid adhuc desiderámus testes? Audístis blasphémiam: quid vobis videtur? C. Qui omnes condemnavérunt eum esse reum mortis. Et cœpérunt quidam conspúere eum, et veláre fáciem ejus, et cólaphis eum caédere, et dícere ei: S. Prophetíza. C. Et minístri álapis cum cædébant. Et cum esset Petrus in átrio deórsum, venit una ex ancíllis summi sacerdótis: et cum vidísset Petrum calefaciéntem se, aspíciens illum, ait: S. Et tu cum Jesu Nazaréno eras. C. At ille negávit, dicens: S. Neque scio neque novi, quid dicas. C. Et éxiit foras ante átrium, et gallus cantávit. Rursus autem cum vidísset illum ancílla, cœpit dícere circumstántibus: Quia hic ex illis est. At ille íterum negávit. Et post pusíllum rursus, qui astábant, dicébant Petro: S. Vere ex illis es: nam et Galilaéus es. C. Ille autem cœpit anathematizáre et juráre: Quia néscio hóminem istum, quem dícitis. Et statim gallus íterum cantávit. Et recordátus est Petrus verbi, quod díxerat ei Jesus : Priúsquam gallus cantet bis, ter me negábis. Et cœpit flere. Et conféstim mane consílium faciéntes summi sacerdótes, cum senióribus et scribis et univérso concílio, vinciéntes Jesum, duxérunt, et tradidérunt Piláto. Et interrogávit eum Pilátus : S. Tu es Rex Judæórum? C. At ille respóndens, ait illi : + Tu dicis. C. Et accusábant eum summi sacerdótes in multis. Pilátus autem rursum interrogávit eum, dicens: S. Non respóndes quidquam? vide, in quantis te accúsant. C. Jesus autem ámplius nihil respóndit, ita ut mirarétur Pilátus. Per diem autem festum solébat dimíttere illis unum ex vinctis, quemcúmque petiíssent. Erat autem, qui dicebátur Barábbas, qui cum seditiósis erat vinctus, qui in seditióne fécerat homicídium. Et cum ascendísset turba, cœpit rogáre, sicut semper faciébat illis. Pilátus autem respóndit eis, et dixit : S. Vultis dimíttam vobis Regem Judæórum? C. Sciébat enim, quod per invídiam tradidíssent eum summi sacerdótes. Pontifices autem concitavérunt turbam, ut magis Barábbam dimítteret eis. Pilátus autem íterum respóndens, ait illis : S. Quid ergo vultis fáciam Regi Judæórum? C. At illi íterum clamavérunt : S. Crucifíge eum. C. Pilátus vero dicébat illis : S. Quid enim mali fecit? C. At illi magis clamábant: S. Crucifíge eum. C. Pilátus autem volens populo satisfácere, dimisit illis Barábbam, et trádidit Jesum flagellis cæsum, ut crucifígerétur. Mílites autem duxérunt eum in átrium prætórii, et cónvocant totam cohórtem, et índuunt eum púrpura, et impónunt ei plecténtes spíneam corónam. Et cœpérunt salutáre eum: Ave, Rex Judæórum. Et percutiébant caput ejus arúndine: et conspuébant eum et, ponéntes génua, adorábant eum. Et postquam illusérunt ei, exuérunt illum púrpura, et induérunt eum vestiméntis suis: et edúcunt illum, ut crucifígerent eum. Et angariavérunt prætereúntem quémpiam, Simónem Cyrenaéum, veniéntem de villa, patrem Alexándri et Rufi, ut tólleret crucem ejus. Et perdúcunt illum in Gólgotha locum, quod est interpretátum Calváriæ locus. Et dabant ei bíbere myrrhátum vinum: et non accépit. Et crucifigéntes eum, divisérunt vestiménta ejus, mitténtes sortem super eis, quis quid tólleret. Erat autem hora tértia: et crucifixérunt eum. Et erat títulus causæ ejus inscríptus: Rex Judæórum. Et cum eo crucifígunt duos latrónes: unum a dextris et alium a sinístris ejus. Et impléta est Scriptúra, quæ dicit: Et cum iníquis reputátus est. Et prætereúntes blasphemábant eum, movéntes cápita sua et dicéntes: S. Vah, qui déstruis templum Dei, et in tribus diébus reædíficas: salvum fac temetípsum, descéndens de cruce. C. Simíliter et summi sacerdótes illudéntes, ad altérutrum cum scribis dicébant: S. Alios salvos fecit, seípsum non potest salvum fácere. Christus Rex Israël descéndat nunc de cruce, ut videámus et credámus. C. Et qui cum eo crucifíxi erant, conviciabántur ei. Et facta hora sexta, ténebræ factæ sunt per totam terram, usque in horam nonam. Et hora nona exclamávit Jesus voce magna, dicens:  + Eloi, Eloi, lamma sabactháni? C. Quod est interpretátum: + Deus meus, Deus meus, ut quid dereliquísti me? C. Et quidam de circumstántibus audiéntes, dicébant : S. Ecce, Elíam vocat. C. Currens autem unus, et implens spóngiam acéto, circumponénsque cálamo, potum dabat ei, dicens: S. Sínite, videámus, si véniat Elías ad deponéndum eum. C. Jesus autem emíssa voce magna exspirávit. (Hic genuflectitur, et pausatur aliquantulum.) Et velum templi scissum est in duo, a summo usque deórsum. Videns autem centúrio, qui ex advérso stabat, quia sic clamans exspirásset, ait: S. Vere hic homo Fílius Dei erat. C. Erant autem et mulíeres de longe aspiciéntes: inter quas erat María Magdaléne, et María Jacóbi minóris, et Joseph mater, et Salóme: et cum esset in Galilaéa, sequebántur eum, et ministrábant ei, et áliæ multæ, quæ simul cum eo ascénderant Jerosólymam.

Quod sequitur, cantatur in tono Evangelii: et alia fiunt ut supra in Dominica.

Et cum jam sero esset factum (quia erat Parascéve, quod est ante sábbatum) venit Joseph ab Arimathaéa, nóbilis decúrio, qui et ipse erat exspéctans regnum Dei, et audácter introívit ad Pilátum, et pétiit corpus Jesu. Pilátus autem mirabátur, si jam obiísset. Et accersíto centurióne, interrogávit eum, si jam mórtuus esset. Et cum cognovísset a centurióne, donávit corpus Joseph. Joseph autem mercátus síndonem, et depónens eum invólvit síndone, et pósuit eum in monuménto, quod erat excísum de petra, et advólvit lápidem ad óstium monuménti.

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 14,1-15,47.

[Faltaban. dos días para la Pascua y los Acimos. Los sumos sacerdotes y los letrados pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:

S. -No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo.

C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y se lo derramó en la cabeza. Algunos comentaban indignados:

S. -¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres.

C. Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó:

+ -Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho ésta.

C. Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. A1 oírlo, se alegraron y le prometieron dinero. El andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

El primer día de los ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:

S. -¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?

C. -El envió a dos discípulos diciéndoles:

+ -Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?»

Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arregladla con divanes. Preparadnos allí la cena.

C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer fue él con los Doce. Estando a la mesa comiendo dijo Jesús:

+ -Os aseguro, que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo.

C. Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro:

S. -¿Seré yo?

C. Respondió:

+ -Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del Hombre se va, como está escrito, pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del Hombre!; ¡más le valdría no haber nacido!

C. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:

+ -Tomad, esto es mi cuerpo.

C. Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron.

Y les dijo:

+ -Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro, que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.

C. Después de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos. Jesús les dijo:

+ -Todos vais a caer, como está escrito: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas.»

Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.

C. Pedro replicó:

S. -Aunque todos caigan, yo no.

C. Jesús le contestó:

+ -Te aseguro, que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.

C. Pero él insistía:

S. -Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.

C. -Y los demás decían lo mismo.

C. Fueron a una finca, que llaman Getsemaní, y dijo a sus discípulos:

+ -Sentaos aquí mientras voy a orar.

C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:

+ -Me muero de tristeza: quedaos aquí velando.

C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:

+ -¡Abba! (Padre): tú lo puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.

C. Volvió, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:

+ -Simón, ¿duermes?, ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.

C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió y les dijo:

+ -Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.

C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los doce, y con él gente con espadas y ‘palos, mandada por los sumos sacerdotes, los letrados y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:

S. -Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto.

C. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:

S. -¡Maestro!

C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo:

+ -¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras.

C. Y todos lo abandonaron y huyeron.

Lo iba siguiendo un muchacho envuelto sólo en una sábana; y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.

Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los letrados y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse.

Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose de pie, daban testimonio contra él diciendo:

S. -Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres.»

C. Pero ni en esto concordaban los testimonios.

El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:

S. -¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?

C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo preguntándole:

S. -¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?

C. Jesús contestó:

+ -Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo.

C. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo:

S. -¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decís?

C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirlo, y tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:

S. -Haz de profeta.

C. Y los criados le daban bofetadas.

Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo:

S. -También tu andabas con Jesús el Nazareno.

C, El lo negó diciendo:

S. -Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.

C. Salió fuera al zaguán, y un galló cantó.

La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:

S. -Este es uno de ellos.

C. Y él lo volvió a negar.

Al poco rato también los presentes dijeron a Pedro:

S. -Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.

C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:

S. -No conozco a ese hombre que decís.

C. Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.]

Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los letrados y el sanedrín en pleno, prepararon la sentencia; y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.

Pilato le preguntó:

S. -¿Eres tú el rey de los judíos?

C. El respondió:

+ -Tú lo dices.

C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.

Pilato le preguntó de nuevo:

S. -¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.

C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado.

Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre.

Pilato les contestó:

S. -¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?

C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.

Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.

Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:

S. -¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos

C. Ellos gritaron de nuevo:

S. -Crucifícalo.

C. Pilato les dijo:

S. -Pues ¿qué mal ha hecho?

C. Ellos gritaron más fuerte:

S. -Crucifícalo.

C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Los soldados se lo llevaron al interior del palacio -al pretorio- y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:

S. -¡Salve, rey de los judíos!

C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.

Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz.

Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «La Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.

Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDIOS. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice:- «Lo consideraron como un malhechor.»

Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:

S, -¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.

C. Los sumos sacerdotes se burlaban también de él diciendo:

S. -A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.

C. También los que estaban crucificados con él inaultaban.

Al llegar el mediodía toda a región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:

+ -Eloí, Eloí, lamá sabaktaní. (Que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?)

C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:

S. -Mira, está llamando a Elías.

C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:

S. -Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.

C. Y Jesús, dando un fuerte grito expiró.(Genuflexión) El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:

S. -Realmente este hombre era Hijo de Dios.

[C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas María Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de José y Salomé, que cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble magistrado, que también aguardaba el Reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto.

Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro.

María Magdalena y María, la madre de José, observaban dónde lo ponían.]

OFERTORIO     Salmo 139,5

Custódi me, Dómine, de manu peccatóris: et ab homínibus iníquis éripe me. Defiéndeme, Señor, de las manos del pecador, y líbrame de los hombres inicuos.

SECRETA

Sacrifícia nos, quǽsumus, Dómine, propénsius ista restáurent: quæ medicinálibus sunt institúta jejúniis. Te suplicamos, Señor, que nos renueven mas intensamente estos sacrificios que van acompañados con saludables ayunos. Por nuestro Señor…

PREFACIO DE LA SANTA CRUZ

Vere dignum et justum est, aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui salutem humani generis in ligno crucis constituisti: ut, unde mors oriebatur, inde vita resurgeret: et qui in ligno vincebat, in ligno quoque vinceretur, per Christum Dominum nostrum. Per quem majestatem tuam laudant Angeli, adorant Dominationes, tremunt Potestates. Coeli, coelorumque Virtutes, ac beata Seraphim, socia exsultatione concelebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admitti jubeas, deprecamur, supplici confessione dicentes: En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que pusiste la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que de donde salió la muerte, saliese la vida, y el que en un árbol venció, en un árbol fuese vencido por Cristo nuestro Señor; por quien alaban los Ángeles a tu majestad, la adoran las dominaciones, la temen las Potestades y la celebran con igual júbilo los Cielos, las Vírgenes de los cielos y los bienaventurados Serafines. Te rogamos, que, con sus voces admitas también las de los que decimos, con humilde confesión

COMUNION    Salmo 68, 13-14

Advérsum me exercebántur, qui sedébant in porta; et in me psallébant, qui bibébant vinum: ego vero oratiónem meam ad te, Dómine: tempus benepláciti, Deus, in multitúdine misericórdiæ tuæ. Hablaban contra mi los que estaban sentados a la puerta: y los que bebían vino cantaban contra mi coplas; mas yo entretanto, Señor, dirigía a ti mi oración: Este es, decía, oh Dios mío, el tiempo de reconciliación, según la grandeza de tu misericordia.

POSCOMUNION

Sanctificatiónibus tuis, omnípotens Deus: et vítia nostra curéntur, et remédia nobis sempitérna provéniant. Oh Dios omnipotente, con tus sacramentos sean curados nuestros vicios, y recibamos remedios para la vida eterna. Por nuestro Señor…

SOBRE EL PUEBLO

Orémus. Humiliáte cápita vestra Deo. Oremos. Humillad ante Dios vuestras cabezas
Tua nos misericórdia, Deus, et ab omni subreptióne vetustátis expúrget, et capáces sanctæ novitátis efficiat. Que tu misericordia, oh Dios, nos purifique de toda antigua corrupción, y nos haga capaces de una santa renovación. Por nuestro Señor…
Tomado de:

LUNES SANTO

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LUNES SANTO

ESTACIÓN EN STA. PRÁXEDES1

Simple Ornamentos morados

En la Epístola, Isaías, figura de Jesús, profetiza su obediencia y los oprobios de su Pasión. También anuncia su victoria, pues Dios le resucitará por haber cifrado en Él su confianza. Y por fin, nos dice que los Judíos serán confundidos, y entonces, los paganos por el bautismo, los penitentes públicos por la reconciliación y los fieles todos por la Confesión y Comunión pascuales pasarán de las tinieblas a la luz cuya fuente es Jesús. El Evangelio nos refiere el convite que tuvo Jesús en casa de Simón el leproso, seis días antes de la Pascua, y en que la avaricia de Judas contrasta más con la generosidad de la Magdalena2. Mientras que la activa Marta sirve a la mesa, su hermana, más amante, se sitúa junto a Jesús, y allí quiebra la ampolla de alabastro llena de exquisitos perfumes, y lo derrama sobre los sagrados pies del Señor. Jesús la felicita por haber de antemano embalsamado su cuerpo, mientras que las indignas protestas de Judas nos hacen ya temer el crimen a que le arrastrará su  abominable codicia.

Por fin, la presencia del resucitado Lázaro al convite es ya un presagio de la victoria que Jesús va a reportar sobre la muerte.

«Roguemos al Señor, para que nuestra flaqueza que sucumbe en medio de tantas adversidades, reciba algún alivio por los méritos de la Pasión de Jesús» (Or.)3.

  1. Véase plano de Estaciones p. 16, G d, 35.
  2. Véase, p. 410.
  3. No olvidemos que en esta semana, al mismo tiempo que celebramos el aniversario de la Pasión de Jesucristo, nos aplicamos los méritos de su Sangre preciosísima.
MISAL DIARIO Y VISPERAL
DÉCIMATERCIA EDICIÓN
Por Dom Gaspar Lefebvre O.S.B.
De la Abadía de S. Andrés (Brujas Bélgica)
Traducción Castellana y Adaptación
Del Rdo. P. Germán Prado
Monje Benedictino de los Silos (España)
1946

 

INTROITO     Salmo 34, 1-2

Júdica, Dómine, nocéntes me, expúgna impugnántes me: apprehénde arma, et scutum, et exsúrge in adjutórium meum, Dómine, virtus salútis meæ. [Ps. ibid., 3] Effúnde frámeam et conclúde adversus eos, qui perseguúntur me: dic ánimæ mæ: Salus tua ego sum.  Júdica, Dómine. Señor, juzga a los que me dañan: bate a los que pelean contra mi: ármate y embraza el escudo y sal a defenderme, Señor, fortaleza de mi salud. (S). Desenvaina la espada y cierra con los que me persiguen; dile a mi alma: Yo soy tu salvador Señor, juzga….

COLECTA

Da, quǽsumus, omnípotens Deus: ut, qui in tot advérsis ex nostra infirmitáte deficimus: intercedénte unigéniti Fílii tui passióne respirémus: Qui tecum. Te suplicamos, oh Dios todopoderoso, nos concedas que los que desfallecemos bajo el peso de nuestras miserias nos reanimemos por los merito de la pasión de tu Unigénito Hijo.Que contigo vive…

EPÍSTOLA Isaías 50,5-10.

Léctio Isaíæ Prophétæ: Lectura del Profeta Isaías.
In diébus illis: Dixit Isaías: «Dóminus Deus apéruit mihi aurem, ego autem non contradíco: retrórsum non ábii. Corpus meum dedi persecutiéntibus, et genas meas velléntibus: fáciem meam non avérti ab increpántibus, et conspuéntibus in me. Dóminus Deus auxiliátor meus, ídeo non sum confúsus: ideo pósui fáciem meam, ut petram duríssimam, et scio, quóniam non confúndar.Juxta est qui justíficat me, quis contradícet mihi? Stemus simul, quis est adversárius meus? Accédat ad me. Ecce Dóminus Deus auxiliátor meus: quis est qui condémnet me? Ecce omnes quasi vestiméntum conteréntur, tinea cómedet eos. Quis ex vobis timens Dóminum, áudiens vocem servi sui? Qui ambulávit in ténebris, et non est lumen ei, speret in nómine Dómini, et innitátur super Deum suum.» En aquellos días: el Señor Dios me abrió los oídos, y yo no me resistí, no me volví atrás.

Entregué mis espaldas a quienes me azotaban, y mis mejillas a los que mesaban mi barba; no retiré mi rostro de los que me encarnecían y escupían.

El Señor Dios es mi protector; por eso no he quedado yo confundido; por eso presenté mi cara a los golpes, firme como una piedra durísima, y sé que no quedaré avergonzado.

A mi lado está el Dios, que me justifica; ¿quién se me opondrá? Presentémonos juntos en juicio: ¿quién es mi adversario?; lléguese a mí.

Sabed que el Señor Dios es mi auxiliador. ¿Quién es el que me condenará? Ciertamente que todos mis contrarios serán consumidos como un vestido muy gastado; la polilla se los comerá.

¿Quién hay entre vosotros temeroso del Señor, y que escuche la voz de su siervo? Quien anduvo entre tinieblas y no tiene luz, espere en el nombre del Señor, y apóyese en su Dios.

GRADUAL       Salmo 34, 23 y 3
Exsúrge, Dómine, et inténde judicio meo, Deus meus et Dóminus meus, in causam meam. Effúnde frámeam, et conclúde advérsus eos, qui me persequúntur. Levántate, y hazme justicia; ocúpate den mi causa, oh mi Dios y Señor. v/.Desenvaina la espada y cierra con los que me persiguen.
TRACTO    SALMO 102,10
Dómine, non secundum peccáta nostra, quæ fécimus nos: neque secúndum iniquitátes nostras retríbuas nobis. [Ps. lxxviii 8-9] Dómine, ne memíneris iniquitátum nostrárum antiquárum, cito antícipent nos misericórdiæ tuæ: quia páuperes facti sumus nimis. [Those standing genuflect.] Adjuva nos, Deus salutáris noster: et propter glóriam nóminis tui, Dómine, líbera nos, et propítius esto peccátis nostris, propter nomen tuum. Señor, no nos trates según merecen nuestros pecados, ni según nuestras culpas nos castigues. v/. Señor, no te acuerdes de nuestras antiguas maldades: anticípense a favor nuestro cuanto antes tus misericordias; pues nos hallamos reducidos a extrema miseria. (Aquí se arrodilla.) Ayúdanos, oh Dios salvador nuestro: y por la gloria de tu nombre, líbranos, Señor, y perdona nuestros pecados, por amor a tu nombre
EVANGELIO  12,10-36.
+Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem. + Lectura del Santo Evangelio según San Juan
Ante sex dies Paschæ venit Jesus Bethániam, ubi Lázarus fúerat mórtuus, quem suscitávit Jesus.  Fecérunt autem ei cœnam ibi: et Martha ministrábat, Lázarus vero unus erat ex dsicumbéntibus com eo.  María ergo accépit libram unguénti nardi pístici pretiósi, et unxit pedes Jesu, et extérsit pedes ejus capollis suis: et domus impléta est ex odóre unguénti.  Dixit ergo unus ex discípulis ejus, Judas Iscariótes, qui erat eum traditúrus: «Quare hoc unguéntum non vénit trecéntis denáriis, et datum est egénis?»  Dixit autem hoc, non quia de egénis pertinébat ad eum, sed quia fur erat, et lóculos habens, ea, quæ mittebántur, portábat. Dixit ergo Jesus, «Sínite illam, ut in diem sepultúræ meæ servet illud. Páuperes enim semper habétis vobíscum: me autem non semper habétis.» Cognóvit ergo turba multa ex Judáeis, quia illic est: et venérunt, non propter Jesum tantum, sed ut Lázarum vidérent, quem suscitávit a mórtuis. Seis días antes de la Pascua volvió Jesús a Betania, donde vivía Lázaro a quien Jesús resucitó.  Aquí le dispusieron una cena, Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él.  Y María tomó una libra de ungüento o perfume de nardo puro, y de gran precio, y lo derramó sobre los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y se llenó la casa de la fragancia del perfume.

Por lo cual Judas Iscariote, uno de sus discípulos, aquel que le había de entregar, dijo:  ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios, para limosna de los pobres?  Esto dijo, no porque él pasase algún cuidado por los pobres, sino porque era ladrón y teniendo la bolsa, llevaba o defraudaba el dinero que se echaba en ella.  Pero Jesús respondió: Dejadla que lo emplee para honrar de antemano el día de mi sepultura.  Pues en cuanto a los pobres, los tenéis siempre con vosotros; pero a mí no me tenéis siempre.  Entretanto una gran multitud de judíos, luego que supieron que Jesús estaba allí, vinieron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.

OFERTORIO     Salmo 142, 9-10
Eripe me de inimícis meis, Dómine: ad te confúgi, doce me fácere voluntátem tuam: quia Deus neus es tu. Líbrame. Oh Señor, de mis enemigos: a ti me acojo. Enséñame a cumplir tu voluntad pues tú eres mi Dios.
SECRETA
Hæc sacrifícia nos, omnípotens Deus, poténti virtúte mundátos, ad suum fáciant purióres veníre príncipium. Per Dóminum. Oh Dios omnipotente, haz que purificados por la poderosa virtud de los sacrificios, lleguemos con mayor pureza a ti, que eres su principio. Por nuestro Señor…
PREFACIO DE LA SANTA CRUZ

Vere dignum et justum est, aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui salutem humani generis in ligno crucis constituisti: ut, unde mors oriebatur, inde vita resurgeret: et qui in ligno vincebat, in ligno quoque vinceretur, per Christum Dominum nostrum. Per quem majestatem tuam laudant Angeli, adorant Dominationes, tremunt Potestates. Coeli, coelorumque Virtutes, ac beata Seraphim, socia exsultatione concelebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admitti jubeas, deprecamur, supplici confessione dicentes: En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que pusiste la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que de donde salió la muerte, saliese la vida, y el que en un árbol venció, en un árbol fuese vencido por Cristo nuestro Señor; por quien alaban los Ángeles a tu majestad, la adoran las dominaciones, la temen las Potestades y la celebran con igual júbilo los Cielos, las Vírgenes de los cielos y los bienaventurados Serafines. Te rogamos, que, con sus voces admitas también las de los que decimos, con humilde confesión

COMUNION     Salmo 34,26

Erubéscant, et revereántur simul, qui gratulántur malis meis: induántur pudóre et reveréntia, qui malígna loquúntur advérsus me. Queden todos ellos llenos de confusión y vergüenza, los que se congratulan por mis males. Cubiertos sean de ignominia y sonrojados los que se jactan contra mi.
POSCOMUNION:
Práebeant nobis, Dómine, divínum tua sancta fervórem: quo eórum páriter et actu delectémur, et fructu. Inspírennos, oh Señor, estos tus santos misterios un fervor divino, con el que podamos gozar de sus delicias y de sus frutos.Por nuestro Señor…

 

SOBRE EL PUEBLO:
Orémus. Humiliáte cápita vestra Deo.
Adjuva nos, Deus, salutáris noster: et ad benefícia recolénda, quibus nos instauráre dignátus es, tríbue veníre gaudéntes.
Oremos. Humillada ante Dios vuestras cabezas

Ayúdanos, oh Dios Salvador nuestro: y concédenos que vengamos gozosos a celebrar la memoria de los beneficios con que te has dignado renovarnos. Por nuestro Señor…

Tomado de:

http://rinconliturgico.blogspot.mx

Que la Semana Santa que empieza sea realmente SANTA

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Digamos al Señor: “Lo que Tú quieras, cuando Tú quieras, donde Tú quieras”

Ave María

“Si quieres amar al Sagrado Corazón de Jesús y pertenecerle deja todo lo que a Él no le pertenece”   

                   Santa Genoveva Torres

Muy queridos lectores en los Sagrados Corazones de Jesús y María Santísima:

Dejando atrás los traicioneros vítores del Domingo de Ramos nos adentramos en la semana de Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, pasión que padece hoy en día igualmente su Cuerpo Místico, que es la Iglesia. Son tiempos recios, de mucha confusión, donde muchas almas, más que nunca hoy en día, van como ovejas sin pastor, sin saber a que atenerse ante todo aquello que les desconcierta.

Recemos mucho y esforcémonos en tener una buena formación fiel al Magisterio infalible, lo que la Iglesia ha enseñado siempre y en todo lugar. Pidamos luz del cielo y acompañemos a Cristo en el camino del Calvario en oración y penitencia, que es lo que pide la Santísima Virgen en Fátima.

No hay mucho más. En el mundo moderno nos cuesta sacar tiempo para rezar y no tenemos ánimo muchas veces. Pero tenemos que pedirle al Señor y su gracia y ayuda a María Santísima y a San José y vencernos y hacer cada vez más oración y de más calidad. Nos cuesta hacer sacrificios, pues estamos muy apegados a nuestros gustos y comodidades, pero pidámosle al Espíritu Santo su gracia para mortificar poco a poco al hermano burro (que era como llamaban los santos al cuerpo) y hagamos pequeñas renuncias diarias por amor a los Sagrados Corazones de Jesús y María que están muy ofendidos por los pecados de la humanidad y nuestros propios pecados.

Les deseo que esta Semana Santa que empieza sea precisamente eso SANTA.

  • Primero: No seamos de los crucifiquemos de nuevo al Señor con nuestros pecados. Huyamos como de la peste del pecado mortal, combatamos también arduamente el pecado venial, muy especialmente el venial deliberado y luchemos sin bajar la guardia contra nuestras faltas e imperfecciones. Digamos a Dios con el Padre Rubio: “Lo que tú quieras, cuando quieras, donde tú quieras”.
  • Segundo: No seamos de los que huyen en el momento del peligro y lo nieguen con sus actos. Pidamos al Espíritu Santo el don de la fortaleza para vencer el temor y huir de la temeridad. Aguantemos las acometidas del mundo, del demonio y la carne y venzamos el respeto humano y prudencia sobrenatural para discernir lo que está bien y lo que está mal y obrar en consecuencia.

San José nos alcance la bendición

San Miguel Arcángel auxílianos

Omnis Terra Gloria Dei

Nota del director de Adelante la Fe

Javier Navascués

Tomado de:

https://adelantelafe.com

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo – Parte 6 de 16

El infinito amor de Jesús

5°. Pedro niega a Jesucristo

¿Quién fue Pedro? Era un obrero, un pescador que cuando estaba echando la red al mar fue llamado por Jesús al apostolado, quien al decirle: «Ven, sígueme, y te haré pescador de hombres», él al punto, es decir, sin dilación alguna, dejó las redes y le siguió.

Pedro es el primero que figura en la lista de los apóstoles, y el que recibió del Señor el poder de lanzar los espíritus inmundos y de curar toda enfermedad y dolencia (Mt. 10, I-2). A él le prometió Jesús el Primado de su Iglesia y las llaves del reino de los cielos… y después de haber sido instruido por él durante tres años y haberle visto hacer tantos milagros y haber recibido de Él tantos beneficios… viene a caer miserablemente en el pecado, abandonando a Jesús y renegando de Él.

En aquella noche tan cruel, por colmo de desgracias, Pedro negó tres veces a su divino Maestro, y Jesucristo lo sufrió con resignación sublime…

Las causas de la caída de San Pedro podemos decir que fueron estas tres: La presunción, la negligencia en la oración y la imprudencia.

 Todos os escandalizaréis por mí, le dice Jesús… «Yo, dice Pedro, yo, jamás». Me negaréis y me abandonaréis, y vuelve a decir: «Yo te seguiré hasta la muerte…» Más Jesús le previene para que no confíe en sí, pues «antes que el gallo cante, me negarás tres veces». Y ¿qué sucede? Una criada le dice: «También tú estabas con Jesús el galileo» (Mt. 26, 69), y le contesta: «no sé lo que dices… No conozco a ese hombre», y esta negación por tres veces y hasta con juramento… ¡Con que no le conoces y le seguiste como apóstol, dejando las redes cuando te llamó…, fuiste su discípulo predilecto, viste su gloria en el Tabor, le dijiste que a quien irías, sino a Él que tenía palabras de vida eterna, te prometió el Primado cuando le dijiste: «Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo», y ¿no le conoces?

¡Oh, cómo nos ciega la pasión!… «No conozco a este hombre…» ¡Qué palabra!… y, sin embargo, ¡cuántas veces la hemos repetido pecando!… Cayó San Pedro por mero respeto humano, porque descuidó la oración, se durmió cuando debía orar: «¿No pudiste una hora velar conmigo?». Este es el origen de la tibieza y del pecado…

San Ambrosio comenta: «¿Dónde negó Pedro a Jesús? En el pretorio de los judíos, en la sociedad de los impíos». «¡Oh! ¡qué dañosas son, dice el venerable Beda,  las conversaciones y la compañía de los malvados! Pedro, en medio de los impíos, niega que conoce a Jesucristo como hombre, él, que le había confesado como Hijo de Dios vivo, cuando estaba con sus colegas».

Verdaderamente, muy débil es el hombre reducido a sus pocas fuerzas. Sin el Espíritu Santo, Pedro padece, se estremece y reniega de su Maestro a la voz de una simple criada; pero con el Espíritu Santo, una vez recibido, ¡cómo cambió! Entonces no cede a los príncipes, ni a los reyes, ni a los judíos, ni a los gentiles; arrastra las cadenas, las prisiones, los tormentos y la muerte. Todas las amenazas y todos los suplicios no son para él más que un juego. Y dice osadamente a los que conminándole con las penas más terribles, le prohíben predicar a Jesucristo: Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres (Hech. 5, 29).

Conversión de Pedro. En el Evangelio leemos: «Y vuelto el Señor miró a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra del Señor, según le había dicho: Antes que el gallo cante, hoy me negarás tres veces. Y saliendo fuera lloró amargamente» (Lc. 22, 61-62). Una mirada de Jesús le bastó para romper a llorar y huir del peligro. ¡Oh, si el Señor no le hubiera mirado, qué hubiera sido de él! ¡Cuántas veces nos mira el Señor y con cuanto amor! San Pedro se acordó entonces de las palabras del Señor. ¡Ojalá nunca las hubiera olvidado para no pecar!…

Luego obró con prudencia, no dudando de la misericordia del Señor…, y al momento que se dio cuenta del peligro huyó de él…, hizo penitencia, lloró sus pecados…, y por su humildad y amor hacia Jesús mereció el que le confiriese el Primado que le había prometido.

Dios permitió aquella caída para que Pedro,  que debía ser el soberano Pastor de la Iglesia fuese compasivo e indulgente, y así dar a los pecadores un grande ejemplo de arrepentimiento y de penitencia. Pues, habiendo salido, Pedro lloró amargamente. San Ambrosio dice: «Las lágrimas borran el pecado, no piden el perdón, lo merecen».

San Clemente, discípulo y sucesor de San Pedro, afirma que aquél apóstol se arrepintió tanto, que, mientras vivió, se prosternaba durante la noche al cantar el gallo, y derramaba abundantes y amargas lágrimas. Por eso estaban sus ojos siempre encendidos.

Tengamos presentes las enseñanzas de Jesucristo… y las causas de la caída de San Pedro…, para evitar el que nosotros caigamos.

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo – Parte 5 de 16

El infinito amor de Jesús

4°. Sufrimientos de Jesucristo ante Anás y Caifás.

No puede dudarse que en el trayecto del huerto de los Olivos a casa de Caifás, Jesucristo cargado de cadenas sufriese mil ultrajes e insultos… «Entonces la guardia romana, el tribuno y los alguaciles de los judíos prendieron a Jesús, le ataron y le llevaron primeramente a Anás, porque era suegro de Caifás, el cual era pontífice en aquel año» (Jn. 18, I2-13).

Anás era hombre astuto e intrigante, quien al parecer, después de un cambio breve de impresiones «remitió a Jesús, atado como estaba, a la casa de Caifás».

Empieza el proceso religioso, Jesús es llevado a los tribunales, la gran asamblea de Israel es presidida por Caifás. Este era sumo pontífice aquel año, hombre sagaz y malvado, que personifica el odio y la mala fe contra Cristo, y en quien domina la pasión y la parcialidad más irritante, pues antes de juzgarle y oírle… «deliberaron matarle», porque hacía muchos milagros (Jn. 11, 53) y «tuvieron consejo para quitarle la vida». EI fue el que compró la traición alegrándose de ver al traidor y convenir con él en darle dinero.

Caifás la Asamblea del pueblo de Israel, los pecadores del mundo se sientan en tribunal para juzgar ahora a Jesús; pero no tardarán en cambiarse los papeles, y pronto ellos… y nosotros seremos juzgados por Él.

Jesucristo, a quien ellos van a juzgar, es el verdadero juez de vivos y muertos «ante cuyo tribunal hemos de comparecer todos». ¡Qué pensaran entonces los pecadores!

«Las gentes, dice el salmista, bramaron y los príncipes a una se confabularon contra el señor y su Ungido» (SaI. 2).

Caifás (y no Anás, como parece desprenderse también del texto) preguntó a Jesús sobre sus discípulos y sobre su doctrina; mas no con ánimo recto, sino perverso, para condenarle… Jesús le respondió: «Yo públicamente he hablado al mundo, yo siempre ensené en la sinagoga y en el templo, donde todos los judíos se reúnen y nada he dicho en secreto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me oyeron, que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho» (Jn. 18, 20).

¿Qué había enseñado en efecto? Las ocho bienaventuranzas, la doctrina de salvación contenida actualmente en su Evangelio…

¿Qué había hecho? Había curado a los enfermos, había devuelto la vista a los ciegos, el habla a los mudos, el oído a los sordos, había resucitado muertos, multiplicado los panes, calmado las tempestades; en una palabra había pasado el tiempo haciendo bien a todos.

Al decir Jesucristo: «¿Por qué me preguntas a mí?» y a la respuesta noble y sincera, dada con todo comedimiento y con toda dignidad, un criado o guarda del Sanedrín dio una bofetada a Jesús diciendo: «¿Así respondes al pontífice?» ¡Qué gran deshonor y qué horrible ultraje al Señor! ¿Quién da la bofetada?… Aquél criado es imagen del pecador que blasfema, que profana el día festivo, que comete una acción impura…, así bofetea a Dios. Tu es ille vir…, tu eres, pecador…

Jesús, para enseñarnos que es licito defenderse dentro de los justos límites y, en ocasiones, conveniente, protesta mansamente de la injusticia del ultraje: «Si he hablado mal, demuéstralo; pero, si bien, ¿por qué me hieres?»

Este dilema podemos oponer a todos los impíos y pecadores: «Si es malo el Evangelio, demostradlo; y si es bueno y procede de Dios, ¿por qué no lo ponéis en práctica?»

Así pues los príncipes de los sacerdotes y toda la asamblea buscaba un falso testimonio contra Jesús para hacerle morir (Mt. 26, 59). Adujeron falsos testimonios… «Levantándose entonces el pontífice, le dijo: ¿Nada respondes? ¿Oyes lo que atestiguan éstos contra ti? Mas Jesús callaba…».

Jesús callaba. ¿Por qué antes habla y ahora calla? Para darnos ejemplo de cuándo debemos hablar y cuándo debemos callar. Aquí calla Jesús para expiar nuestros pecados de la lengua, para enseñarnos la virtud del silencio. Este silencio de paciencia de Cristo lo llama San Ambrosio «silencio triunfal», pues callando triunfa de sus enemigos.

Jesús callaba, porque la acusación era falsa y mala; sabía, dice San Jerónimo, que, por más que respondiese, no había de impedir que acriminasen sus palabras. Y como dice San J. Crisóstomo, allí no había más que una sombra de juicio; en realidad, aquello era un ataque de salteadores…

Sin embargo, Caifás dijo al Salvador: «¡Te conjuro por Dios vivo, que nos digas si tú eres el Cristo, Hijo de Dios!», Entonces Jesús rompe el silencio por reverencia al nombre de Dios, y porque así lo exigía la fe que debía entonces confesar públicamente, y le dice: «Tú lo has dicho. Yo soy Cristo, el Mesías. Además os digo que ya veréis al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo…», es decir, se cambiarían los papeles: Ahora me juzgáis, ya vendré yo un día a juzgaros a vosotros y a todo el mundo…

Entonces el pontífice rasgó sus vestiduras, y dijo: Blasfemó, ¿qué necesidad tenemos de testigos? Ahora mismo oísteis la blasfemia» (para ellos era una blasfemia el que Jesús dijese que era Dios; pero ¿no se lo tenía ya demostrado con innumerables milagros?), y la pasión de aquellos hombres contesto: «Reo es de muerte».

Y ¿quién es el reo de muerte? No tú, Señor, sino yo… ¡y reo de muerte eterna!

Durante toda la noche del jueves al viernes Jesucristo sufrió toda clase de ultrajes y afrentas. «Entonces le escupieron en la cara…», «Los que le tenían preso, estuvieron burlándose de ÉI y golpeándole; le taparon además el rostro, y le preguntaban: ¡Adivina! ¿Quién es el que te pegó? Y decían también muchos insultos contra ÉI» (Lc. 22, 63-65).

Retirados los jueces y los que componían aquella asamblea, Jesús fue abandonado a la discreción de sus guardias, de los soldados y criados, y se entregó el mismo a todos los ultrajes que quisieron hacerle…, escupirle (lo había anunciado el profeta Isaías y Él lo había predicho: Is. 50, 6: Lc. 18, 31)… le desprecian,  dan golpes, se mofan de Él… ¡Burlarse de Dios! ¡Cuánta bajeza, cuánto desprecio! Le vendan los ojos… El pecador quisiera que no le viera Dios, para pecar más libremente… Jesucristo toleró estos escarnios para expiar tantas blasfemias e irreverencias…

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo – Parte 4 de 16

El infinito amor de Jesús

3°. Jesucristo en el huerto de los Olivos.

Después de la Cena, Jesucristo se dirigió al huerto de Getsemaní, para orar, pues era un lugar solitario, y para probar que no huía de la muerte, si no que la deseaba, pues aquel sitio era conocido de Judas, y de esta manera dar principio a su pasión redentora y manifestar su misericordia…

Adán nos perdió en un jardín, y en un jardín o huerto nos salvará Jesucristo… Adán nos perdió en un jardín de delicias, y en un jardín de dolor empezará Jesucristo la redención del mundo… Adán salió del Paraíso terrenal llevando la muerte para él y toda su descendencia; y Jesucristo salió del huerto de los Olivos, para darnos a todos la vida…

EI huerto de Getsemaní es uno de los lugares más santos de la tierra, testigo mudo de la pasión espiritual de Jesucristo.  Los discípulos, aquella noche, al entrar en el huerto, vieron el rostro de su Maestro sombreado por una gran tristeza, que nos la declara el Evangelio con estas palabras: «Comenzó a entristecerse…, sintió tedio, angustia, tristeza, sudó sangre».

Jesucristo era también hombre, y como hombre sufre ante el peligro. Él había hablado de su pasión con grande serenidad, prediciendo los grandes tormentos y males que había de sufrir, pero al hallarse solo en el huerto, el temor, el tedio, el disgusto y el abatimiento, se apoderaron de un golpe sobre su alma….

A Pedro, Santiago y Juan, los tres discípulos que había hecho confidentes de su poder en la resurrección de la hija de Jairo (Lc.8,51) y luego confidentes de su gloria en el Tabor (Mt.17, 1), los elige para ser también secretos confidentes de sus penas y reconozcan que Él era Dios, tanto en las horas de gloria, como en las horas aquellas de su pasión y abatimiento, y así, como desahogándose con ellos, se les acerca y les dice: Mi alma esta triste hasta la muerte.

¡Qué misterio tan profundo: la tristeza del Dios-Hombre! ¡Sentir la tristeza mortal y asombrosa! ¿Cómo es posible si gozaba de la visión beatífica; esto es, si contemplaba a su Padre cara a cara y gozaba de su eterna bienaventuranza? Misterio incomprensible para nosotros, pero real, el cual nos revela el horror profundo que le causa el pecado y el amor  inmenso que nos tiene.

Causas de este dolor y tristeza de Jesús.

Jesucristo, con su inteligencia divina y con la ciencia infusa de su inteligencia humana –pues Él posee la ciencia de los hombres, de los ángeles, de Dios-, contempla el panorama de los tormentos, de su pasión, y está viendo: la prisión, la traición de Judas, la negación de Pedro, la cobardía y el abandono de los suyos, vencidos por el respeto humano, la flagelación, los escarnios, la coronación de espinas, calumnias, ultrajes, desprecios…, que se habían de prolongar en nosotros, en su Iglesia, en todos los cristianos hasta el fin del mundo…

Pero Jesucristo sufre, más que por los tormentos de su pasión, por los pecados del mundo, que como un diluvio caen sobre Él, pues queriendo satisfacer por nosotros a la justicia divina, carga con los pecados de todos y va desfilar ante sus purísimos ojos desde el pecado de Adán hasta el último que se había de cometer en el mundo. Ve, pues, los pecados de todos los hombres… ¡y los míos!

Y lo que más le duele a Jesús y por lo que más sufre, es ver que sería inútil el derramamiento de su sangre para muchos…, pues veía los que en la serie de los siglos se habían de condenar… y esto deshacía de pena y de angustia su corazón. « ¿Qué utilidad tendrá mi sangre?», repetirá el Señor amargamente…, al ver tantas almas despojadas de la vida sobrenatural para siempre.

Cuando sufría tanto vuelve a sus discípulos y los halla dormidos… Ayer, como hoy, los encargados de vigilar los derechos de Dios: los sacerdotes, los cristianos…, se duermen… mientras triunfa el mal y triunfan los enemigos de Dios. ¡Cuántos trabajan por Satanás!…

¿Cómo he de trabajar yo por Cristo?…

Vigilad y orad, dijo Jesús a sus apóstoles cuando los halló dormidos, y comenta San Ireneo: Los despierta para probar que su pasión ha de despertar a los que duermen en el pecado, pues ¿quién podría dormir en el pecado al ver que Jesucristo sufre todos los tormentos para expiar el mismo pecado?

La oración de Jesús en el huerto

Jesús nuestro gran modelo, nos enseña cuándo y cómo hemos de orar. Su oración fue ésta: «Padre mío, si es posible (si es de tu grado), aleja de mi este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Mt. 26, 57-59).

He aquí una oración modelo, llena de confianza y de resignación… «Padre mío, si es posible, si lo queréis…». Quien habla aquí es la naturaleza humana de Jesús aterrorizada por el exceso de los sufrimientos y humillaciones que le esperaban… Jesús quiere sufrir y morir por nosotros, a satisfacer así por nuestros pecados al Padre celestial, pero ante los horrores de la pasión que le aguardan, clama que aleje estos horrores, que pase el cáliz de la pasión sin beberlo…, mas siempre que sea esa su voluntad, pues si ÉI quiere que padezca, está pronto a sufrirlo todo por complacerle.

Así debo orar yo con esta resignación y total entrega en las manos de Dios… Cuando la enfermedad me aqueje o el dolor me oprima; cuando la calumnia me persiga o me abata la tristeza…, en las tribulaciones y trabajos, en la pobreza, en los sufrimientos de alma o de cuerpo…, mi oración será: «Padre mío, dame la salud, mitiga esta pena, si es posible, pero no se haga lo que quiera, sino lo que tú quieras…». Sano o enfermo, alabado o vituperado, diré: «Hágase tu voluntad».

 Jesús oró tres veces, y sólo después de la tercera se le presentó un ángel para fortificarle.  Aprendamos con este ejemplo a no desanimarnos en la oración y a ser perseverantes sobre todo en tiempos de prueba. Jesús oró tres veces para enseñarnos a orar y a pedir:

1°perdón de nuestros pecados pasados…;

2°gracia para no caer actualmente…; y

3° auxilio para preservarnos de males futuros…

ÉI nos enseña a orar siempre y especialmente cuando nos amenacen peligros, cuando tenemos que prepararnos para las horas del combate y del sacrificio y no abandonar la oración…

Jesús se aparta hasta de sus más íntimos amigos para orar «apartándose de ellos como un tiro de piedra»En las oraciones particulares, que se hacen fuera del lugar público de la oración, exige el respeto que la persona se retire aparte para orar con mayor recogimiento y atención.

La soledad nos aísla del mundo exterior y nos lleva a Dios. En el recogimiento, sin ruido de cosas terrenales se ora mejor con Dios. En la oración: Dios y el alma, lo demás…, estorba, distrae…

Jesús nos enseña a orar con gran reverencia, compostura exterior, humildad y a estar con profundo respeto ante la majestad de Dios, a quien hablo como hombre pecador que soy…

Además hemos de orar con perseverancia. Jesús hace esta amorosa represión a sus discípulos: « ¿No habéis podido velar una hora conmigo?» ¡Con cuanto gusto velamos con el mundo y que poco con Jesús!….

 Vigilad y orad para no entrar en la tentación… Mientras Jesús ora, los apóstoles duermen ¡Triste ejemplo de pereza! Duermen después de los avisos y ejemplos que les da Jesús. Duermen también hoy sus amigos el sueño de la comodidad, de la indiferencia y del olvido.

Duermen también muchos de ellos en el peligro y en el pecado… ¡Cómo duelen a Jesús los pecados de sus íntimos!…

Después de haberles hallado por tercera vez dormidos, viene a decirles: ¡Aún dormís en esta hora de sumo peligro!…. ¿Aún duermes, pecador, estando próxima la hora de la muerte?

Ved como Judas no duerme. Los pecadores son más diligentes y activos para ofender a Dios… Súrgite…, levantaros: se acerca el enemigo, el momento de la lucha, la hora de la tentación… ¿Estás preparado? Jesús lo está por la oración…

El traidor Judas se acerca

Judas, uno de los doce apóstoles, no sólo ha llegado a ser un ladrón, sino que ha vendido a su augusto Maestro, y se ha hecho jefe de los traidores, de los verdugos y asesinos de Jesús. Por eso dice San Lucas que «Judas les precedía», «y detrás de él, como dice San Mateo, vino una multitud armada con espadas y palos» (Mt. 26, 47).

Entonces Jesucristo dijo a sus apóstoles: «Levantaos, vamos; ya se acerca el que ha de entregarme» (Mt. 26, 46), y se encamina derecho y con paso firme hacia sus enemigos, y les dice: « ¿A quién buscáis?», y ellos le contestan: «A Jesús de Nazaret». Díceles Jesús: Yo soyApenas, les dijo: YO SOY, retrocedieron todos y cayeron en tierra (Jn. 18, 4-6), demostrándoles así su poder y cómo se entregaba a ellos, esto es, porque quiere se deja prender para sufrir y satisfacer por los pecadores… YO SOY. ¡Qué energía y qué eficacia tienen estas palabras en labios de Jesús!

YO SOY (éste es el nombre de Dios. Dios habló en primera persona a Moisés: EHYEH= YO SOY, y nosotros lo solemos denominar en tercera persona: YAHVE=EL QUE ES, o sea, el ser por esencia del cual dependen todos los demás). YO SOY el Dios hecho hombre, el Dios santo y eterno, el Dios fuerte y poderoso, el Hijo de Dios a cuyo nombre, voluntariamente o por fuerza, se dobla toda rodilla en el cielo, sobre la tierra y en el infierno.

Yo soy, pecadores, el que vosotros habéis ofendido, despreciado, ultrajado y perseguido… Hablando de aquél milagro, San Cirilo de Jerusalén dice: «Aquella caída es la figura de la que han de sufrir todos los enemigos de Jesucristo, la misma suerte está reservada a sus contrarios en todos los siglos».

Los emisarios de los príncipes de los sacerdotes no hubieran podido levantarse si Jesucristo no se lo hubiera permitido, pero entonces dijo a todos ellos: «Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas»Les permite que se acerquen a ÉI, primeramente Judas que vendido a Satanás, se acerca presuroso a Jesús, al que saluda y besa diciendo: «Salve, Maestro». Jesús se dejó besar del traidor, y con dulzura y bondad le dice: «Amigo, ¿a qué has venido? ¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?», y al mismo tiempo que le dirige estas palabras, ¡cuántas inspiraciones!, ¡cuántos rayos de luz comunica a su alma! Más a Judas se le endurece el corazón… (luego hablaremos de su fin).

Después de haber derribado milagrosamente a sus enemigos, Jesús obró un segundo prodigio, no permitiendo que se apoderasen de sus apóstoles, ni siquiera de Pedro, que había herido a uno de ellos. Hizo un tercer prodigio colocando la oreja de aquél a quien Pedro se la había cortado. ¡Véase cuanta era la ceguedad de aquellos criminales emisarios…! «Se arrojaron sobre Jesús y le encadenaron» (Mt. 26, 50).

Pusieron la mano sobre é como sobre un ladrón siendo la misma inocencia y la bondad misma, el Santo de los santos, el verbo eterno, el Hijo de Dios, y Dios también… «Es vuestra hora», la hora de los pecadores… ¡ya llegará la hora del juicio de Dios!…

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo – Parte 3 de 16

El infinito amor de Jesús

2°. Judas vende a su divino Maestro.

Judas fue uno de los doce apóstoles elegido por Jesucristo, pero por no cooperar con fidelidad y dignidad a su vocación, terminó siendo reprobado. EI vino a ser un traidor. ¡Que maldad y que crimen el de Judas, pasar a la banda de los enemigos de Jesús, hacerse jefe de ellos y entregarle, siendo su divino Maestro! ¿Cuál ha sido el principio de tan grande caída? Una pasión no mortificada.

El único fallo de Judas de que se nos habla en los Evangelios fue la avaricia. En él estaba este pecado tan arraigado, que fue la causa de todos sus males: «Bueno le fuera -dijo Jesúsa tal hombre no haber nacido» (Mt. 26,24). Terrible sentencia fue esta, a propósito de la cual escribía Bossuet: «Más le valiera a este hombre no haber nacido, ya que vive para su propio suplicio, y su ser de nada le servirá, sino para hacer eterna su memoria».

La traición de Judas fue puesta de manifiesto en la última Cena, cuando Jesús dijo: «Uno de vosotros me va a entregar» (Jn. 13,21). Los discípulos se entristecieron en gran manera y comenzaron cada cual a decirle:

« ¿A caso soy yo, Sor (Mt. 26,22)… Juan, reclinándose sobre el pecho de Jesús, le dijo (en silencio): «Señor, ¿quién es? Jesús le respondió: Es aquél a quien Yo le daré el bocado que voy a mojar. Y mojando el bocado se lo dio a Judas, el de Simón Iscariote. Y tras el bocado entró en el Satanás. Entonces le dijo Jesús: Lo que has de hacer hazlo pronto. Mas ninguno de los que estaban a la Mesa supo a q propósito le dijo esto. Algunos pensaron que, como Judas tenía la bolsa, Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta o que diese algo a los pobres. ÉI apenas tomó el bocado, salió enseguida. Era ya de noch (Jn.13, 23-30).

Muchos comentaristas creen que Judas se salió al terminar la cena legal y no asistió a la institución de la Eucaristía, que tuvo lugar a continuación, y por lo mismo no recibió el cuerpo y la sangre del Señor. Y si así fue, diremos con el escriturista Fillion: «Siéntese como aliviado el ánimo al pensar que el traidor no entristeció con su odiosa presencia la inauguración del banquete eucarístico y que no profacon horrible sacrilegio el más augusto de los sacramentos, en el momento mismo en que acababa de ser instituido».

Judas era libre, Dios ha dado la libertad a los hombres para hacer el bien, pero él la empleó para el mal, como lo evidenció por el remordimiento que experimentó más tarde. Los malvados parecen ir contra la economía de Dios y ser una nota discordante en el himno de la vida, pero en cierto modo encajan dentro del plan divino. Todos los enemigos de Cristo que intervinieron en su pasión «sin .saber lo que hacían contribuyeron a que Dios diese cumplimiento a lo que tenía antes anunciado por boca de todos los profetas» (Hech.3, 17-18).

Judas impelido por la avaricia y por el demonio, que se había apoderado de él durante la cena, va a buscar a los enemigos del Salvador, y les dice: « ¿Qué me dais y os lo entrego? Y ellos le asignaron treinta monedas de plata» (Mt. 26, 15).

Nosotros nos indignamos al ver al Divino Maestro vendido por treinta monedas, y no pensamos que por menos le hemos vendido nosotros, ¡unas veces por un respeto humano, el qué dirán, por un placer impuro, por un mezquino interés…!

Judas, tomando el trozo de pan que Jesús le ofreció, salió presuroso del cenáculo, «Salía, dice San Ambrosio, salía de la fe: salía de la asamblea y de la dignidad de los apóstoles; salía de la gracia de la santificación para enredarse en el lazo de la muerte; salía fuera, él que dejaba los misterios de la vida anterior».

Era de noche

El evangelista, recordando, cuando escribió su Evangelio, el horrible crimen de aquella noche, concluye su narración con esta sencilla frase de «trágica brevedad», como alguien ha dicho, y que causa en el ánimo profunda y lúgubre impresión: «Era de noche». Convenían las tinieblas para la obra siniestra y repugnante que iba a ejecutar el traidor. Era de noche sobre todo en su alma. Sí, ¡para Judas era de noche! Acababa de abandonar a aquél que «era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo» (Jn. 1, 9).

Por eso, sumergido en tinieblas, no sabía a dónde iba cuando dirigía sus pasos decididos hacia la morada de los príncipes de los sacerdotes para venderles a su Maestro. No veía que cometía el más grande de los crímenes, y que se entregaba a la avaricia, que había de conducirle a la desesperación, al suicidio y al infierno… Era de noche: Erat autem nox.

 Pero ¿no están todos los pecadores sumergidos también en una profunda noche? ¡Ah! si no les hubiese abandonado la luz, ¿irían riendo a precipitarse en un océano de desgracias para apoderarse de una sombra de satisfacción criminal?

Las tinieblas que rodeaban a Judas, rodean también la conciencia de los pecadores endurecidos…

Judas vende a su amo por treinta dineros. Treinta monedas de plata le prometieron los príncipes de los sacerdotes; y desde aquél instante Judas buscaba la ocasión de entregárselo (Mt. 26, 15-16).

«¡Oh traidor, exclama San Ambrosio, valúas en trescientos dineros el perfume que Magdalena derrama sobre Jesucristo, en memoria de su pasión, y vendes su misma pasión por treinta dineros! Eres rico y generoso en tu apreciación, y vil en tu crimen: vendes a tu Dios al precio de los esclavos: Jesucristo no quiere que su precio sea más subido, para que todos puedan comprarle, y ningún pobre quede sin poder hacerlo».

«Vendido por tan módica cantidad, Jesucristo viene a ser el precio de la redención de todos los pecadores y de todo el universo. Judas, por haber vendido al Salvador por treinta dineros, y los judíos por haberlo comprado, son unos y otros heridos por Dios con las treinta maldiciones enumeradas en el salmo 108 por el real profeta» (A Lápide),

 

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo – Parte 2 de 16

El infinito amor de Jesús

Y desnudándole, le cubrieron con un manto de púrpura, y tejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza

 

COMIENZO DE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

1. Jesucristo sufre como Dios

«Pasión de nuestro Senor Jesucristo según San Juan». Así empezó Fray Luis de Granada un sermón de la Pasión, y fue tal la emoción y el dolor vivísimo que sintió al pronunciar estas palabras que prorrumpió a llorar y sollozar y tuvo que bajarse del púlpito. ¡Ojalá que todos fueramos llenos de fervor y sentimientos parecidos por amor al Señor al meditar su pasión!

Para meditar en la pasión del Señor, nos interesa saber primeramente quién es Jesucristo, quién es el que se deja prender en el Huerto de Getsemaní o de los Olivos, el que se deja llevar de tribunal en tribunal para ser juzgado, el que se deja escupir y azotar y crucificar. .., para que estas humillaciones tan excesivas de Jesucristo no nos sirvan de escándalo, dejándonos una idea de bajeza, de debilidad e impotencia, como si fuera un hombre impotente, y por lo mismo tenemos que avivar nuestra fe en su divinidad.

Jesucristo es Dios y es hombre a la vez, como hombre pudo sufrir, y como Dios darle a sus sufrimientos un valor infinito de redención.

Jesucristo, pues, no es un simple hombre, sino que Él es Dios, es la sabiduría y la omnipotencia infinita, y si se deja prender y escupir y .azotar y crucificar es porque Él quiere así sufnr y ofrecerse y voluntariamente a la muerte, «quia Ipse voluit», como dice el profeta Isaía, porque Él quiso así entregarse por amor a nosotros.

De hecho la pasión del Señor es la gran prueba del amor que Dios nos tiene: «En esto, dice San Juan, hemos conocido el amor de Dios, en que. dio su vida por nosotros» (1 Jn..3, 16), y el mismo Jesucnsto dice: «Nadie tiene amor mas grande que aquel que da la vida por sus amigos» (Jn. 15,13).

En la pasión de Jesucristo todo nos demuestra que Él es Dios. ¿Quién es el que sabe el porvernr de las cosas? ¿Qué sucederá dentro de un año? Es más, ¿Quién dirá lo que habrá ocurrido mañana a estas horas? Todos nos encojemos de hombro, y decimos: Dios lo sabe.

Ahora bien, Jesucristo anunció con detalles siglos antes su pasión por medio de los profetas, y Él en los días antes a la misma predijo cuanto había de sucederle. Luego Jesucristo es Dios.

Sus predicciones son claras, vg. sobre la traición de Judas: «Uno de vosotros me entregará» (Jn. 13, 21), sobre Ia negación de Pedro, cuando éste Ie dice: «Daré mi vida por ti», Jesús le contesta: «En verdad, en verdad te digo que no cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces» (Jn. 13, 37-38), y porque Él «sabía todas las cosas que Ie habían de suceder», dijo días antes a sus apóstoles: «Mirad que subimos a Jerusalén, el Hijo del hombre sera entregado a los gentiles, escarnecido, injuriado y escupido; Ie azotarán, le matarán y al tercer dia resucitará» (Lc. 18, 31-32).

Las profecías cumplidas nos demuestran claramente que Jesucristo es Dios y si sufre tanto es porque quiere así redimirnos y con su muerte darnos la vida.

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo – Parte 1 de 16

El infinito amor de Jesús

Semana Santa

 

PROLOGO
Hay una semana en el año que se distingue de todas las demás, es la llamada «Semana Santa», la semana de los grandes misterios, y en ella la Iglesia celebra la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo.

Esta semana comienza con el domingo de Ramos, en cuyo día, después de veinte siglos, en nuestras ciudades y pueblos recordamos la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, y en él, los niños de ahora como los de entonces, en las procesiones que se organizan, dicen también: ¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! (Mt. 21,9).

Aquellas gentes confesaban que Jesucristo era un ser divino. Los únicos que no participaban de las aclamaciones eran algunos de los fariseos, que se atrevieron a dirigirse a Él y decirle: ¡Maestro! reprende a tus discípulos (Lc. 19,40), y entonces con terrible majestad, nuestro Señor los reprendió: «Os digo que si éstos callasen, las piedras darían gritos de bendición y de triunfo».

La entrada fue triunfal pero Jesús que «sabía lo que había en el corazón de cada hombre». Conocía muy bien que los «hosannas», se convertirían en «crucifícale»… EI ya lo tenía profetizado a sus apóstoles: «Ved que subimos a Jerusalén, y se cumplirá en el Hijo del hombre todo lo que está escrito por los profetas: será entregado a los gentiles, escarnecido, injuriado y escupido; le azotarán, le matarán y al tercer día resucitará» (Lc. 18,31-33).

Jesús, en aquella ocasión, al descender del monte de los Olivos, tendió su vista a la ciudad de Jerusalén, y sus ojos se arrasaron en lágrimas,  no a causa de la cruz que le aguardaba sino debido a los males que amenazaban a aquellos que había venido a salvar y que no querían saber nada de Él. Al contemplar la ciudad «Lloró por ella, y dijo: ¡Oh, si tu conocieras en el día de hoy lo que había de darte la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos…» (Lc. 19,41-42).

Entonces vio con exactitud histórica como se abatían sobre la ciudad los ejércitos romanos al mando de Tito… « ¡Cuántas veces, diría, quise reunir a tus hijos como la gallina a sus polluelos bajo las alas y no quisiste!» (Mt. 23,37).

Los enemigos de Jesús, al negarle, llevaban a la ruina su propia ciudad y su propia nación. Tal era el mensaje de sus lágrimas, las lágrimas del rey que caminaba hacia la cruz.

Ahora notaré solamente lo que hizo Jesús en la noche en que iba a ser entregado a su pasión, o sea, el hecho de la institución del augusto sacramento de nuestros altares y en el mismo instante en que se conspiraba contra Él.

Jesús está viendo la traición y el beso de Judas, la fuga de los discípulos, su agonía, los azotes y escarnios, la corona de espinas, la cruz…, y elige aquel momento para dejar a su Iglesia el admirable monumento de su amor.

Entonces en la última Cena, cumplió su promesa de dar de comer a sus discípulos el pan de Vida, que sería su mismo cuerpo: «Tomad y comed: Esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros».

A continuación vino el divino mandato de continuar la conmemoración de su muerte: «Haced esto en memoria mía» (Lc. 22,19). Repetid, actualizad, prolongar a través de los siglos el sacrificio ofrecido por los pecados del mundo. De este modo se cumplirían las palabras del profeta Malaquías:

Porque desde que nace el sol hasta que se pone, mi nombre es grande entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi nombre un sacrificio, una oblación pura; porque grande es mi nombre entre las naciones, dice el Señor de los ejércitos (Mal. 1,11).

La institución de este sacramento nos habla del infinito amor de un Dios a los hombres.

Como en otros libros, que he escrito, hablo ya de la promesa y de la institución a la eucaristía, por eso me he limitado a recordar este hecho transcendental, y ahora pasaremos a ir meditando los divinos pasos de la pasión de N S. Jesucristo.

BENJAMÍN MARTÍN SÁNCHEZ
Zamora, 31 marzo 1991