Que la Semana Santa que empieza sea realmente SANTA

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Digamos al Señor: “Lo que Tú quieras, cuando Tú quieras, donde Tú quieras”

Ave María

“Si quieres amar al Sagrado Corazón de Jesús y pertenecerle deja todo lo que a Él no le pertenece”   

                   Santa Genoveva Torres

Muy queridos lectores en los Sagrados Corazones de Jesús y María Santísima:

Dejando atrás los traicioneros vítores del Domingo de Ramos nos adentramos en la semana de Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, pasión que padece hoy en día igualmente su Cuerpo Místico, que es la Iglesia. Son tiempos recios, de mucha confusión, donde muchas almas, más que nunca hoy en día, van como ovejas sin pastor, sin saber a que atenerse ante todo aquello que les desconcierta.

Recemos mucho y esforcémonos en tener una buena formación fiel al Magisterio infalible, lo que la Iglesia ha enseñado siempre y en todo lugar. Pidamos luz del cielo y acompañemos a Cristo en el camino del Calvario en oración y penitencia, que es lo que pide la Santísima Virgen en Fátima.

No hay mucho más. En el mundo moderno nos cuesta sacar tiempo para rezar y no tenemos ánimo muchas veces. Pero tenemos que pedirle al Señor y su gracia y ayuda a María Santísima y a San José y vencernos y hacer cada vez más oración y de más calidad. Nos cuesta hacer sacrificios, pues estamos muy apegados a nuestros gustos y comodidades, pero pidámosle al Espíritu Santo su gracia para mortificar poco a poco al hermano burro (que era como llamaban los santos al cuerpo) y hagamos pequeñas renuncias diarias por amor a los Sagrados Corazones de Jesús y María que están muy ofendidos por los pecados de la humanidad y nuestros propios pecados.

Les deseo que esta Semana Santa que empieza sea precisamente eso SANTA.

  • Primero: No seamos de los crucifiquemos de nuevo al Señor con nuestros pecados. Huyamos como de la peste del pecado mortal, combatamos también arduamente el pecado venial, muy especialmente el venial deliberado y luchemos sin bajar la guardia contra nuestras faltas e imperfecciones. Digamos a Dios con el Padre Rubio: “Lo que tú quieras, cuando quieras, donde tú quieras”.
  • Segundo: No seamos de los que huyen en el momento del peligro y lo nieguen con sus actos. Pidamos al Espíritu Santo el don de la fortaleza para vencer el temor y huir de la temeridad. Aguantemos las acometidas del mundo, del demonio y la carne y venzamos el respeto humano y prudencia sobrenatural para discernir lo que está bien y lo que está mal y obrar en consecuencia.

San José nos alcance la bendición

San Miguel Arcángel auxílianos

Omnis Terra Gloria Dei

Nota del director de Adelante la Fe

Javier Navascués

Tomado de:

https://adelantelafe.com

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¿Qué podemos hacer para restaurar todo en Cristo?

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¡Basta de silencios!¡Gritad con cien mil lenguas! porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido! Palabras de Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia, en el siglo XIV, en el apogeo de la Cristiandad. ¿Qué diría la santa si viese la degeneración del mundo posmoderno, abismalmente más pútrida? ¿Qué diría a ver al modernismo desatado y la masonería haciendo estragos en el seno mismo de la Iglesia? ¿Qué diría al ver que muchos Pastores, absolutamente descarriados, llevan a las almas a la perdición?

Sólo el buen olor de Cristo y el virginal aroma de su santa Madre, su santidad y sus virtudes, pueden contrarrestar el pestilente pecado y las herejías modernistas (recopilación de todas las antiguas), que destilan todo el hedor del infierno. Nos advierte proféticamente San Pablo en su Cartas: “Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas” (2 Tm 3,3-4). Él tiempo ha llegado, pero no todo está perdido. Aún podemos librar los nobles combates de la Fe viviendo santamente una vida de oración y de combate por la Tradición y la sana doctrina.

Oscar Báez, Licenciado en Ciencias Políticas y conferencista, es analista político nacional e internacional para Radio AM 800 de Asunción, Paraguay. En esta entrevista analiza los motivos más profundos por los que Cristo no sólo debe reinar en las almas sino también en la sociedad y nos da las pistas esenciales para porfiar con eficacia en la batalla.

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Conozca el secreto para ser humilde

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Los filósofos clásicos tenían gran aprecio por la virtud, tanto es así que la estudiaron a fondo y llegaron a confeccionar una lista de más de 300 virtudes. Pero lo más curioso de todo es que entre ellas no estaba la humildad. Una virtud escondida a los ojos de los sabios que el cristianismo vendría a descubrir y ensalzar. Así lo leemos y meditamos en el Magnificat, perfecta radiografía del alma de María Santísima. «Él hizo proezas con su brazo: dispersó a los soberbios de corazón, derribó del trono a los poderosos, y enalteció a los humildes, a los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos.» 

Por su humildad María conquistó el corazón de Dios. La humildad es una virtud clave en la vida cristiana, pues se opone frontalmente a la soberbia, pecado luciferino por antonomasia. Es la base para alcanzar todas las virtudes, tanto las teologales (fe, esperanza y caridad) como las cardinales (justicia, templanza, prudencia y fortaleza). El propio Cristo no dijo que aprendamos de Él a predicar, a hacer milagros etc sino a ser mansos y humildes de corazón.

La palabra humildad proviene del término latino humilitas, de la raíz humus, que significa tierra (que es lo más bajo aparentemente), pero paradójicamente también humus significa fértil. Nada más fértil que un alma humilde, pues deja que Dios obre maravillas en ella. Su etimología griega dimana del término tapeinosis, que significa tapete, alfombra, algo que pisa todo el mundo. ¿Estamos dispuestos a dejarnos pisar (sufrir oprobios y desprecios) por amor a Cristo?

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Los enemigos de Dios y España y su odio a la cruz de Callosa de Segura

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Los enemigos de Dios y de España retiraron recientemente la ya famosa cruz de Callosa de Segura, Alicante, (España) con premeditación, nocturnidad y alevosía, aunque afortunadamente la Sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) paralizó la retirada de la cruz en honor a los caídos por la Fe y deberá ser devuelta a su lugar por mucho que les pese. Esperemos que así sea y la cruz de Cristo, recuerdo de la gloriosa Cruzada del 36, sea un símbolo de resistencia a la ideología dominante.

Son tiempos recios y es hora de jugársela en defensa de nuestros símbolos más queridos. No podemos dejar que nos avasallen ultrajando impunemente los más grandes ideales en los que creemos. Hay que rezar mucho, formarse y pasar a la acción. Defendamos los derechos de Dios y de España hasta dar la vida si es necesario. Morir o vencer.

Javier García Isac, director de Radio Ya y con una dilatada trayectoria en los medios de comunicación analiza los hechos y reflexiona en torno a la sectaria ley de memoria histórica, que se volverá todavía más feroz contra los símbolos patrióticos y religiosos.

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En la Misa Tradicional se contempla la belleza de Dios

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En la Misa de siempre se percibe con total claridad la trascendencia y sacralidad del Misterio que se celebra. Mucha gente alejada de la Fe vuelve a la ella cuando la conoce. Es el caso de Luis Medina, que regresó a la Iglesia tras caer en el protestantismo. Hoy es un padre de familia ejemplar que compagina su actividad profesional con la evangelización a través de las redes sociales. En esta entrevista nos cuenta lo que supuso en su vida descubrir la Misa de San Pío V.

¿Nos podría hablar de su infancia y educación católica y de cómo la religión estaba muy presente en cada actividad cotidiana?

Crecí en el norte de México, el seno de una familia muy católica. Mis padres son católicos y personas muy buenas. El pilar de la fe eran mis abuelos, los dos eran muy devotos, iban a la Santa Misa a diario, estaban involucrados en algún tipo de actividad de la parroquia y ponían un énfasis muy grande en la oración. Mis abuelos siempre, SIEMPRE rezaban el Ángelus al mediodía, y el Santo Rosario a las seis de la tarde todos los días. La vida entonces tenía otro ritmo, era un mundo más lento que el actual, había un sentido más comunitario y las familias se visitaban muy seguido sin tener pretexto alguno, de repente te llegaban de sorpresa porque querían ‘ir a saludar’.

Mis padres, aunque muy fieles a la Iglesia no eran tan devotos como mis abuelos, ellos se encargaban de que tuviéramos la formación espiritual necesaria, pero las disciplinas espirituales no eran enfatizadas al mismo grado que mis abuelos.

A pesar de que México era (y lo sigue siendo) un país altamente laico, durante mi infancia la presencia de la Iglesia era palpable en la sociedad. En ese entonces se respetaban los días festivos del calendario cristiano, durante la Semana Santa todo el vecindario se volcaba a la parroquia local, y era común ver a los sacerdotes visitar a las familias, todo giraba en torno a la fe. En ese entonces era normal que las mamás ayudaran a catequizar a los niños y los papás dieran clases de formación de los adultos, a preparar a los niños para ser monaguillos, mi familia -como cualquier otra familia mexicana- participaban en las actividades y necesidades de la parroquia. Tanto mi madre como mi abuela fueron ‘mamás catequistas’, mi abuelo ayudaba en el coro, mis tíos ayudaban en Misa y yo fui monaguillo. Hoy en día ese mundo parece cada vez más una fantasía si lo contrasto con el mundo en el que están creciendo mis hijas.

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Biología, Filosofía y Teología frente a la barbarie del aborto

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Para combatir el drama del aborto con eficacia es fundamental la formación, que la sociedad tome conciencia de lo que es realmente el aborto: un vil asesinato de un ser humano indefenso en el seno materno. El gran pecado del aborto no se puede justificar NUNCA en ningún supuesto y desde ningún punto de vista.

El médico y sacerdote P. Álvaro Sánchez Rueda es autor de varios libros (Milagros Eucarísticos. El Dios del sagrario manifiesta su Amor; María, Madre de Dios; El maravilloso don divino de la vida humana; Adoremos al Cordero; Los nombres de la Virgen María etc). En esta ocasión analiza el aborto desde la ciencia y en consonancia con la Filosofía y la Teología.

Los abortistas argumentan, para justificar el aborto, que no están matando a una persona, sino simplemente eliminando un conjunto de células, ¿Por qué lo afirman?

Las razones por las cuales los abortistas afirman, contra la evidencia científica que dice que el embrión es un organismo diferente e independiente de la madre, que solo es “un grupo de células”, pueden ser varias: porque así pretenden acallar la propia conciencia; porque es la forma en la que mantienen en movimiento la industria del aborto; porque están sinceramente convencidos de ese error… En todo caso, lo que se debe considerar es que, por el motivo que sea, la afirmación es voluntarista, carente de todo rigor científico y contraria a la verdad del embrión humano.

¿Qué dice la Iglesia en relación al momento exacto en el que empieza la vida, en el que ya hay un nuevo ser humano? 

La Iglesia afirma que ya hay un nuevo ser humano desde el momento en que el alma se une al cuerpo. ¿Cuándo sucede esto? En el instante de la fecundación, puesto que allí el alma, creada por Dios, es unida al cuerpo, que en este estadio está formado solo por una célula. En la Declaración sobre “la práctica del aborto” De abortu procurato (n. 12), y también en Evangelium Vitae (n. 60), se afirma precisamente esto, que “la vida de la persona humana se inicia en el momento de la fecundación y este proceso inicia a su vez en el momento en el que el espermatozoide se adhiere al revestimiento extracelular del ovocito, la zona pelúcida”

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San Alberto Magno, la grandeza del pensamiento católico

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Los creyentes no valoramos en su justa medida la grandeza, brillantez y majestuosidad del pensamiento católico. Doctrina profunda, firme y segura que, afincada en la Verdad de Cristo, supera de manera sideral a los falaces e insustanciales escritos de las falsas creencias y las filosofías inmanentitas.

De entre todos los grandísimos pensadores católicos San Agustín y Santo Tomás son probablemente dos de los más conocidos. Sin embargo, ha habido igualmente grandísimas luminarias en la Iglesia, que no son tan populares. Es el caso de la figura portentosa de San Alberto Magno, nada más y nada menos que el maestro del propio Santo Tomás de Aquino.

Eudaldo Forment, es un gran estudioso de la obra, vida y época de santo Tomás. Además de la enseñanza oral en la Universidad de Barcelona y otras universidades del mundo, le ha dedicado una treintena de libros y numerosos escritos. En esta ocasión nos acerca a la figura de San Alberto, maestro del Aquinate.

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Jaime Balmes explica la importancia de saber pensar bien

El Criterio, obra majestuosa del sacerdote catalán Jaime Balmes, es una de las cumbres del pensamiento católico hispano.

Este brillantísimo pensador, filósofo y ensayista se empieza preguntando en la mencionada obra en qué consiste pensar bien. Es muy importante tener claro este concepto básico y más en estos tiempos en los que apenas se piensa y si se piensa se hace torcidamente.

Para Balmes el pensar bien consiste o en conocer la verdad o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad; de otra suerte caemos en el error.

Conociendo que hay Dios conocemos una verdad esencial, porque realmente Dios existe. Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de Dios y de las cosas creadas por Dios. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad?

Un sencillo labrador, un modesto artesano, que conocen bien los objetos de su profesión, piensan y hablan mejor sobre ellos que un presuntuoso filósofo, que encumbrando conceptos y diciendo altisonantes palabras quiere dar lecciones sobre lo que no entiende.

Cuando conocemos perfectamente la verdad, nuestro entendimiento se parece a un espejo en el cual vemos retratados, con toda fidelidad, los objetos como son en sí. Cuando caemos en el error, se asemeja a uno de aquellos vidrios de ilusión que nos presentan lo que realmente no existe. Cuando conocemos la verdad a medias, podría compararse a un espejo mal colocado que refleja los objetos demudados, alterando los tamaños y las figuras.

Un buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no más de lo que hay. Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo; pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay. Una noticia, una ocurrencia cualquiera, les suministran abundante materia para discurrir con profusión, formando como suele decirse, castillos en el aire. Estos suelen ser grandes proyectistas y charlatanes.

Otros adolecen del defecto contrario: ven bien, pero poco; el objeto no se les ofrece sino, por un lado; si éste desaparece ya no ven nada. Estos se inclinan a ser sentenciosos y aferrados en sus temas. Se parecen a los que no han salido nunca de su país; fuera del horizonte al que están acostumbrados, se imaginan que no hay más mundo.

Un entendimiento claro, capaz y exacto, abarca el objeto entero; lo mira por todos sus lados, en todas sus relaciones con lo que le rodea. La conversación y los escritos de estos hombres privilegiados se distinguen por su claridad, precisión y exactitud. En cada palabra encontraréis una idea, y esta idea veis que corresponde con la realidad de las cosas.

Os ilustran, os convencen, os dejan plenamente satisfecho; decís con entero asentimiento: “Sí, es verdad, tiene razón”. Para seguirlos en sus discursos no necesitáis esforzaros; parece que andáis por un camino llano, y que el que habla sólo se ocupa de haceros notar, con oportunidad, los objetos que encontráis a vuestro paso. Si explican una materia difícil y abstrusa, también os ahorran mucho tiempo y fatiga. El sendero es tenebroso, porque está en las entrañas de la tierra; pero os precede un guía muy práctico, llevando en la mano una antorcha que resplandece con vivísima luz.

El perfecto conocimiento de las cosas en el orden científico forma los verdaderos sabios, en el orden práctico para el arreglo de la conducta en los asuntos de la vida forma los prudentes.

Hay que concluir que el arte de pensar bien no sólo interesa a los filósofos, sino también a las gentes más sencillas. El entendimiento es un don precioso que nos ha otorgado el Creador, es la luz que se nos ha dado para guiarnos en nuestras acciones. Por lo tanto, uno de los primeros cuidados que debe ocupar al hombre es tener bien arreglada esa luz. Si ella falta nos quedamos a oscuras, andamos a tientas, y por este motivo es necesario no dejarla que se apague. No debemos tener el entendimiento en inacción con peligro que se ponga obtuso y estúpido y, por otra parte, cuando nos proponemos ejercitarle y avivarle, conviene que su luz sea buena para que no nos deslumbre y bien dirigida para que no nos extravíe.

Javier Navascués 

Tomado de:

https://adelantelafe.com/

 

Causas de la apostasía actual y soluciones

Tras constatar las evidencias de la apostasía en la anterior entrevista vamos a seguir profundizando en el tema con un experto en la materia.

Flavio Infante, católico, argentino y padre de cuatro hijos.Ha tenido el honor de colaborar en la revista Cabildo, y publica también en su propio blog, In exspectatione. En esta segunda parte de la entrevista nos muestra las causas filosóficas de la apostasía actual en las sociedades otrora cristianas y en determinados miembros de la Iglesia y las posibles soluciones. 

¿Cuáles son las causas filosóficas de la apostasía actual? 

Se puede abordar una múltiple causalidad convergente, pero me detendré en una de carácter lo bastante universal como para aglutinar la variedad de las causas ulteriores, incluyendo la  documentable infiltración enemiga: el progresivo desfallecimiento de la inteligencia a instancias de esa enfermedad del espíritu que los estudiosos motejaron como «nominalismo», y que ha sido para la civilización cristiana, desde el lejano siglo XIV, lo que la sofística fue para Grecia.

Se trata de aquella negación del datum primordial y de la intelección del ser, que en Gorgias pudo sintetizarse en la fórmula “nada existe y, aunque algo exista, es incognoscible y, si pudiera conocerse, sería inexpresable e incomunicable”. De ahí a la supresión de la metafísica y a la negación de los primeros principios de la razón no media la menor distancia: es todo uno. El disolvente del escepticismo tiene el agravante, en los tiempos cristianos, de atacar los motivos de credibilidad y los preambula fidei: teniendo un mismo objeto que la sofística, va mucho más lejos, ya que con la razón arrastra a la misma fe por ser ésta una virtud eminentemente intelectual.

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Mons. Bialasik: ¡Habla la verdad! ¡No tengas miedo!

Entrevista por Adelante la Fe

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Monseñor Cristóbal Bialasik, Obispo de Oruro, Bolivia, nativo de Polonia y religioso de la Sociedad del Verbo Divino, además de su responsabilidad como Pastor de esa diócesis en el Altiplano de Bolivia, es el Presidente de la Fundación Vida y Familia de la Conferencia Episcopal de Bolivia, y un gran defensor de la cultura de la vida.

Adelante la Fe se honra en publicar -como ya lo hicimos cuando el Obispo Bialasik decretó la prohibición de la comunión en la mano en su Iglesia diocesana, así como otras informaciones relativas al mismo- esta entrevista en la que el prelado se refiere fundamentalmente a la céntrica misión de un obispo católico que es la de proclamar la Verdad ante todo.

¿Cómo puede un obispo hoy defender con eficacia la Vida?

En primer lugar un obispo debe ser un hombre consciente del problema que existe en el mundo entero: constante ataque de los políticos y las distintas ideologías que atentan a la vida y dignidad del hombre. No puede dudar en su responsabilidad como ministro de Dios. Dios es Dios de vivos y no de muertos (Cf. Lc 20.38). Por eso, el obispo como padre espiritual de todos los que viven en su jurisdicción, debe protegerlos y resguardar la vida de cada uno de ellos desde la concepción hasta la muerte natural. Tiene que defender la vida en todas las etapas de su desarrollo, con eficacia y convicción usando todos los medios posibles a nuestro alcance para lograr el objetivo. Tiene que ser valiente, no puede tener miedo. Debe ser seguro de su fe y de la verdad que enseña. No puede dudar, a pesar de los ataques de la cultura de la muerte. Debe enseñar con firmeza la Palabra de la Vida y dar testimonio de ella por medio de los sermones, conferencias y ejemplos de vida. Debe ser profeta. Enseñar a sus sacerdotes, agentes pastorales y todo su rebaño confiado a su cuidado, con firmeza, valentía y heroísmo misionero. La base de la firmeza es nuestra fe y constante unión sacramental y espiritual con el Señor. Por medio de oración constante Dios nos dará las gracias necesarias para vencer al mundo.

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Un discípulo del P. Amorth habla a fondo sobre exorcismos

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En septiembre nos dejaba el P. Gabriele Amorth, exorcista de la diócesis de Roma. Providencialmente contacté con uno de sus discípulos, el P. Ricardo Ruiz Vallejo, exorcista mejicano, formado a su vera y que fue libando a través de los años su sabiduría y experiencia. Un testimonio riquísimo que comparte con nosotros para gloria de Dios y la salvación de las almas. Es importante estar bien formado, según enseña la Tradición de la Iglesia, y tener las ideas claras en un tema que se presta tanto al sensacionalismo, a la confusión y al error.

¿Cómo nació su vocación como exorcista?

Desde 1994 viajaba periódicamente a Valencia para visitar familias y grupos de oración. Surgió un caso de posesión e invité al exorcista de París, el P. René Chenesseaux, Fundador de la Asociación Internacional de Exorcistas, a ocuparse del mismo. Yo hacía sólo de intérprete traductor para los exorcismos y tenía contactos con el Arzobispo de Valencia, Mons. Agustín García-Gasco. El P. René, ya mayor, se sintió cansado de venir desde París y me propuso que debería ocuparme en adelante de los casos que surgiesen. Mons. Agustín García-Gasco, de acuerdo con mis superiores, decidió enviarme a Roma cada 3 o 6 meses, para recibir  formación teórica y práctica con el exorcista de la ciudad eterna, el P. Gabriel Amorth.

¿Cuál es la principal función de un exorcista?

El exorcista es ante todo sacerdote, pastor, por lo tanto su principal tarea es llevar las almas a la conversión, a la gracia y mejora de vida. Su acción como exorcista es ayudar a las almas atacadas por el maligno para que no puedan mejorar sus vidas, no se conviertan y no puedan avanzar en vida espiritual. El exorcismo es sólo una oración más que no daña a nadie pero es específica. Su fin no es sólo liberar del demonio sino también aliviar de los ataques y sufrimientos que causa, ya que hay gente que no es liberada pero los exorcismos le ayudan mucho y dan consuelo para seguir el camino del cristiano con su cruz.

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La impureza: Destino a la condenación eterna

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No es baladí refrescar la memoria del alma cristiana dormida. No está demás volver a recordar que los pecados de impureza son los que más almas arrastran al infierno, según dijo la Virgen en Fátima. En esta sociedad hedonista son legión los esclavos de este vicio nefando, que viven y mueren en pecado mortal. La servidumbre de la carne les priva de Dios eternamente, la mayor de las desgracias. Ya en esta vida nos anticipa una profunda amargura. El paraíso deviene en infierno. El vicioso es radicalmente infeliz tras el placer efímero y se juega una eterna condena de amargo sabor. La sonrisa de sus labios no es miel, en sus entrañas anida ajenjo, de reflujo nauseabundo.

El Doctor Eudaldo Forment es catedrático de Metafísica en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona y académico ordinario de la Pontificia Accademia Romana di S. Tommaso d’Aquino. En esta ocasión, siguiendo las perennes enseñanzas de la Tradición de la Iglesia, analiza la maldad intrínseca de éste pecado, las secuelas que deja en el alma en esta tierra y la gravedad eterna de sus consecuencias.

¿Qué dice el sexto mandamiento y qué pecados atentan contra el mismo?

El sexto mandamiento de la Ley de Dios, tal como enseñan los catecismos, expresa  la siguiente prohibición: «No cometerás actos impuros». Como se explica en el Catecismo Mayor de San Pío X: «nos prohíbe toda acción, toda mirada, toda conversación contraria a la castidad, y la infidelidad en el matrimonio» (n. 425).

El mandamiento, como todos, es muy claro y siempre se ha entendido así. En el Catecismo del Concilio de Trento, se indica que el mandamiento, que con los nueve restantes se dio a Moisés,  tiene dos partes principales: «una, en la que se prohíbe con palabras terminantes el adulterio; y la otra que encierra el mandato de guardar castidad de alma y cuerpo» (III, 7, 2).

Sobre los actos pecaminosos que quedan vedados, sólo le diré que el mandamiento prohíbe todos los actos deshonestos e impuros. La razón de mi parquedad es porque estoy convencido de que es verdad lo que indicaba el Catecismo de Trento al comentarlo: «es de temer que al querer explicar con demasiada extensión y abundancia de detalles los modos con que los hombres se apartan de las disposiciones de este Precepto llegue acaso a tratar de cosas de donde suele provenir materia para excitar la concupiscencia más bien que medios para calmarla» (III, 7, 1)

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