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¿A quién obedecemos? La gran encrucijada teológica de nuestra época
Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos el pasado 3 de julio la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.
Serie: «La Iglesia en el Desierto»
Artículo 6 de 7
«¿Es posible que la Sede de San Pedro, lejos de estar guiada por un Vicario de Cristo, se encuentre en una situación jurídica de vacancia o de usurpación de la autoridad legítima?»
Hemos recorrido un camino doloroso pero necesario. A lo largo de esta serie de artículos, hemos comprendido que la obediencia ciega a los hombres no puede estar por encima de la fe (Artículo 1); que el Estado de Necesidad justifica plenamente las consagraciones en Écône para salvar el sacerdocio (Artículo 2); que el Vaticano actual opera con una escandalosa doble vara de medir, persiguiendo la Tradición mientras tolera la disidencia en el Camino Sinodal Alemán (Artículo 3); que la postura de «reconocer y resistir» de la FSSPX plantea un callejón sin salida teológico (Artículo 4); y que las medidas actuales buscan un acorralamiento directo e inaudito de las almas de los laicos (Artículo 5).
Al llegar a este punto, todo católico honesto choca contra un muro teológico. La postura de la Fraternidad San Pío X (FSSPX) y de muchos sectores tradicionalistas ha sido, desde 1988, la de «Reconocer y Resistir»: reconocer a la jerarquía romana como la autoridad legítima de la Iglesia, pero desobedecer sistemáticamente sus leyes, sus excomuniones, sus canonizaciones y sus reformas doctrinales.
Sin embargo, si analizamos esta postura a la luz de la teología clásica, nos vemos obligados a plantearnos una serie de interrogantes gravísimos que la conciencia ya no puede seguir ignorando.
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De Juan Pablo II a León XIV: La evolución de un decreto y el acorralamiento de los laicos
Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos el pasado 3 de julio la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.
Serie: «La Iglesia en el Desierto»
Artículo 5 de 7
Comparativa canónica:
La excomunión de 1988 vs el decreto de 2026
El drama eclesial vivido con las recientes consagraciones episcopales en Écône ha revivido de manera inevitable los recuerdos de las históricas consagraciones del 30 de junio de 1988. En ambas fechas, la Fraternidad San Pío X (FSSPX) procedió a elevar sacerdotes al episcopado sin un mandato apostólico expreso. En ambas ocasiones, la reacción oficial consistió en la declaración de excomunión latae sententiae. Sin embargo, un análisis detenido de los documentos revela que el decreto emitido recientemente por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe posee un carácter infinitamente más restrictivo e inédito que el famoso Motu Proprio «Ecclesia Dei» de 1988.
¿Qué ha cambiado en el panorama vaticano en estas décadas? Una comparación directa entre ambos escenarios demuestra que las medidas actuales no buscan resolver una disputa meramente disciplinaria, sino imponer un cerco sin precedentes sobre los fieles que buscan ampararse en la Tradición.
1. El tono del decreto: De la solicitud pastoral a la proscripción
En 1988, el Papa Juan Pablo II redactó la Ecclesia Dei con un tono que manifestaba una honda aflicción eclesial. Aunque condenaba el acto, el documento reconocía las intenciones y los méritos pasados en la formación sacerdotal y, de inmediato, instituyó una comisión pontificia para acoger a aquellos sacerdotes y fieles que deseaban mantener la liturgia tradicional en plena regularidad canónica. Había una voluntad explícita de evitar la dispersión de las almas.
El callejón sin salida del comunicado de la FSSPX: ¿Se puede «reconocer» lo que se resiste por completo?
Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos el pasado 3 de julio la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.
Serie: «La Iglesia en el Desierto»
Artículo 4 de 7
El dilema de la FSSPX:
¿Tiene sentido reconocer al Papa y resistirlo?
Tras las trascendentales consagraciones episcopales celebradas en Écône, la Fraternidad San Pío X publicó un comunicado oficial y una extensa profesión de fe dirigida a las autoridades vaticanas. En estos textos, la Fraternidad reitera lo que ha sido su postura histórica desde 1988: su reconocimiento formal de la jerarquía romana como la autoridad legítima de la Iglesia, combinado con una resistencia firme y total a sus directrices de corte modernista.
Esta postura, conocida popularmente en el mundo tradicional como «reconocer y resistir», busca presentarse como una vía intermedia, equilibrada y prudente. Sin embargo, a la luz de los recientes y fulminantes decretos que declaran la excomunión e incluyen explícitamente a los laicos, esta posición entra en un callejón sin salida teológico que todo católico honesto debe analizar. ¿Es sostenible defender el Papado actuando, en la práctica ordinaria, como si las directrices del Papa no existieran?
Un Magisterio al que no se atiende, unas leyes que no se aplican
En su reciente carta abierta, la FSSPX denuncia —con toda razón doctrinal— que la Iglesia actual se ve empujada por sus autoridades hacia corrientes incompatibles con la verdad de siempre. Rechazan la sinodalidad que busca parlamentarizar la Iglesia, rechazan las declaraciones que diluyen la moral universal y rechazan el Nuevo Rito de la Misa.
El laberinto de las excomuniones: La doble vara de medir en la crisis eclesial actual
Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos el pasado 3 de julio la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.
Serie: «La Iglesia en el Desierto»
Artículo 3 de 7
La doble vara de medir del Vaticano: Herejía tolerada vs Tradición castigada
El reciente decreto de excomunión emitido por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe tras las consagraciones en Écône ha encendido las alarmas en el mundo católico. La velocidad y la severidad con la que han actuado los dicasterios romanos contrasta drásticamente con la pasividad habitual ante situaciones que comprometen gravemente la fe en otras partes del mundo. Para cualquier observador honesto, resulta evidente la existencia de una alarmante doble vara de medir: mientras se aplica la máxima sanción canónica a quienes buscan custodiar la Tradición, se observa una preocupante tolerancia ante corrientes que debilitan los dogmas de la fe.
Para comprender la magnitud de esta contradicción, basta con observar lo que ocurre públicamente en el panorama eclesial contemporáneo.
El «Estado de Necesidad»: ¿Por qué las excomuniones de Écône no tienen validez ante Dios?
Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos ayer la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.
Serie: «La Iglesia en el Desierto»
Artículo 2 de 7
Qué es el Estado de Necesidad en el Derecho Canónico y las excomuniones
Tras el impacto de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y el posterior decreto emitido por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, los fieles católicos nos encontramos ante una encrucijada espiritual. La retórica oficial y los grandes medios presentan estos hechos como un acto de ruptura canónica. Sin embargo, para juzgar rectamente un acontecimiento de tal gravedad, la Iglesia nos pide aplicar sus leyes con serenidad y a la luz de la verdad teológica.
¿Cómo puede explicarse la consagración de obispos sin un mandato apostólico expreso en momentos de crisis? La respuesta de la doctrina jurisprudencial de la Iglesia se resume en un concepto jurídico y moral fundamental: el Estado de Necesidad.
¿Qué es el Estado de Necesidad en la Iglesia?
En la teología moral y en el derecho de la Iglesia, el Estado de Necesidad se define como aquella situación excepcional en la que los medios ordinarios para la formación sacerdotal, la santa doctrina y la vida sacramental se vuelven de muy difícil acceso o se encuentran bajo una profunda confusión debido a las deficiencias de los hombres de la jerarquía.
El principio supremo que rige toda la estructura de la Iglesia está explícitamente plasmado en el último canon del Código de Derecho Canónico vigente:
«…teniendo ante los ojos la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia» (Canon 1752).
El Derecho Canónico no es un fin en sí mismo; es una herramienta pastoral para proteger la fe. Cuando la aplicación estricta de una ley disciplinaria ordinaria —como la necesidad de una aprobación previa para consagrar un obispo— choca contra el deber superior de proveer pastores que aseguren la Santa Misa y los sacramentos tradicionales, la normativa humana cede ante la necesidad de las almas.
El respaldo del propio Derecho Canónico
Muchos católicos desconocen que el propio Código de Derecho Canónico prevé estas situaciones de crisis y protege a quienes actúan movidos por la necesidad, eximiéndolos de cualquier castigo espiritual.
El Canon 1323 (incisos 4 y 7) establece con total claridad que no está sujeto a ninguna pena canónica quien viola una ley o precepto eclesiástico si actuó:
- Forzado por una necesidad grave o por un miedo grave.
- O bien, por la convicción de que existía tal necesidad, incluso si otros consideran que no la hay.
Esto significa que, mientras los despachos oficiales argumenten que la Iglesia marcha en perfecta normalidad, los obispos que consagraron y los que fueron consagrados en Écône lo hicieron con la certeza moral de que los fieles sufren una alarmante inanición espiritual. Por lo tanto, aplicando de forma estricta la propia legislación de la Iglesia, la pena de excomunión resulta jurídicamente nula e ineficaz en el fuero interno.
De 1988 a nuestros días: El mismo drama
Esta no es una situación nueva en la historia eclesial. En 1988, Monseñor Marcel Lefebvre y Monseñor Antonio de Castro Mayer recurrieron a este mismo argumento teológico al constatar el avance de las corrientes modernistas condenadas por el magisterio anterior. Al consagrar obispos para asegurar la continuidad del sacerdocio, no buscaban disputar el poder de Roma, sino realizar una obra de auxilio espiritual.
Los acontecimientos recientes son la continuación de esa misma urgencia. Ante las crecientes restricciones eclesiales contra la Misa de Siempre y la confusión teológica reinante, se ha respondido garantizando que las futuras generaciones sigan teniendo obispos que transmitan el sacramento del Orden de forma íntegra.
Una censura injusta no obliga en conciencia
El gran doctor de la Iglesia, San Agustín, enseñó una verdad que todo católico debe recordar en tiempos de contradicción: «Una ley injusta no parece que sea ley». Si esto aplica a las leyes civiles, con cuánta mayor razón aplica a las sanciones eclesiásticas de carácter político o ideológico.
El célebre teólogo Cardenal San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia, escribió en su obra De Romano Pontifice:
«Así como es lícito resistir al Pontífice que destruye el cuerpo, también es lícito resistir al que destruye las almas… y el modo de resistirle es no haciendo lo que manda e impidiendo la ejecución de su voluntad».
Los fieles no deben flaquear ante los decretos condenatorios. El Estado de Necesidad legitima plenamente el amparo de la Tradición. Estos pastores no han sido consagrados para separarse de la Iglesia, sino para que la Iglesia de siempre pueda sobrevivir en medio del desierto contemporáneo.
En nuestro próximo artículo, analizaremos el laberinto de las contradicciones actuales: cómo es posible que se apliquen las máximas penas canónicas a quienes defienden la liturgia tradicional, mientras se mantiene en total normalidad a obispos que cuestionan públicamente los dogmas de nuestra fe.
Un artículo de: Ortodoxia católica, la sana doctrina.
El límite de la obediencia: ¿Se puede desobedecer por fidelidad a la fe?
Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos hoy la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.
Serie: «La Iglesia en el Desierto»
Artículo 1 de 7
¿Se puede desobedecer al Papa por fidelidad a la fe católica?

En las últimas horas, un sentimiento de profunda consternación se ha extendido entre los fieles católicos de todo el mundo. Tras las consagraciones episcopales celebradas este 1 de julio de 2026 en Écône, Suiza, y el fulminante decreto de excomunión emitido por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe —que por primera vez califica de cismáticos y excomulga de forma expresa no solo a los clérigos, sino a los laicos que se adhieran formalmente a ellos— la crisis de la Iglesia ha alcanzado un punto de no retorno.
Al observar este panorama eclesial, marcado por un Vaticano que castiga con la máxima pena canónica a quienes buscan preservar el sacerdocio tradicional, muchos fieles se hacen una pregunta dolorosa en el silencio de su corazón: ¿Hasta qué punto está obligado un católico a callar y obedecer cuando la propia jerarquía parece demoler las verdades milenarias y los sacramentos de la Iglesia?
La respuesta oficial de la Roma actual es la obediencia ciega, bajo pena de exclusión total. Sin embargo, cuando acudimos a las Sagradas Escrituras y a la Tradición de la Iglesia, descubrimos una verdad liberadora: la obediencia a los hombres tiene un límite, y ese límite es la fidelidad a Dios.
La Escritura: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres»
El principio de la resistencia católica ante mandatos destructivos está fundado en la mismísima Palabra de Dios. En los Hechos de los Apóstoles, cuando el Sanedrín —la autoridad religiosa legítima de la época— ordenó a los Apóstoles dejar de predicar, la respuesta de San Pedro fue tajante:
«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5, 29).
La autoridad en la Iglesia es un poder vicario, es decir, un poder delegado por Cristo para custodiar el Depósito de la Fe, no para cambiarlo. Si un superior utiliza su autoridad para destruir la fe o impedir los medios legítimos para la salvación de las almas, pierde el derecho a ser obedecido.
El propio San Pablo, en su Epístola a los Gálatas, eleva la fidelidad al Evangelio por encima de cualquier jerarquía, incluida la suya propia o la de un ángel del cielo:
«Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gálatas 1, 8).
Incluso nos dejó el ejemplo histórico de haber resistido públicamente al primer Papa, San Pedro, cuando su conducta ponía en riesgo la verdad del Evangelio: «Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar» (Gálatas 2, 11). Si San Pablo resistió a San Pedro por una cuestión de actitud práctica, ¿cuánto más está justificado resistir hoy ante una crisis doctrinal evidente?
El Magisterio de los Papas Santos y los Doctores
La teología eclesial siempre ha reconocido que un superior puede desviarse en sus mandatos particulares, y que en tales casos la resistencia es un deber de caridad. El Papa San Gregorio Magno (590-604), Doctor de la Iglesia, enseñó con total claridad sobre los límites de la sumisión:
«Los súbditos deben ser advertidos de que no obedezcan a sus superiores más de lo que les conviene, no sea que, por un exceso de sumisión a los hombres, se levanten contra Dios».
Del mismo modo, el Papa San Pío X (1903-1914), en su encíclica Pascendi, denunció cómo el veneno del modernismo se infiltraba en las venas mismas de la Iglesia, recordándonos que el verdadero amor a la Cátedra de Pedro consiste en defender la Verdad que esta siempre ha custodiado. El gran teólogo Santo Tomás de Aquino resumió esta doctrina con precisión: «Si la fe estuviera en peligro, los súbditos estarían obligados a reprender a sus prelados, incluso públicamente» (Suma Teológica, II-II, q. 33, a. 4, ad 2).
Conclusión: El gran dilema de nuestra época
La historia y la teología nos demuestran que la obediencia es una virtud moral, subordinada a la virtud teologal de la Fe. No se puede usar la obediencia para destruir la Fe. Cuando las autoridades locales o los dicasterios romanos exigen aceptar novedades que contradicen dos mil años de magisterio infalible, el católico no se rebela por soberbia; se resiste por fidelidad.
Los graves acontecimientos del 1 de julio en Écône, que repiten el drama histórico vivido por Monseñor Lefebvre en 1988, nos obligan a ir a la raíz del problema. Si la ley suprema de la Iglesia es la salvación de las almas… ¿cómo puede la autoridad canónica declarar excomulgados a quienes solo buscan permanecer fieles a la doctrina de siempre?
En nuestro próximo artículo, analizaremos a fondo el misterio de estas excomuniones y desentrañaremos la contradicción teológica de una política eclesial que parece tolerar la disidencia abierta mientras proscribe la Tradición. El laberinto legal actual nos obliga a abrir un espacio de reflexión profunda.
Un artículo de: Ortodoxia católica, la sana doctrina.
Terremoto en Écône: Las consagraciones del 1 de julio y el decreto definitivo del Vaticano

Terremoto en Écône: Las consagraciones de la FSSPX y la excomunión de laicos
El pasado 1 de julio de 2026 quedará marcado en los anales de la historia de la Iglesia contemporánea como el día en que la crisis de fe alcanzó su punto de mayor tensión. En Écône, Suiza, los obispos Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay procedieron a la consagración episcopal de los sacerdotes Schreiber, Goldade, Poinsinet de Sivry y Hanappier, asegurando así la continuidad del sacerdocio y los sacramentos tradicionales de la Fraternidad San Pío X (FSSPX).
La respuesta de Roma no se hizo esperar. En un comunicado fulminante emitido por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Vaticano ha declarado la excomunión automática (latae sententiae) no solo de los obispos implicados, sino que —en un giro inédito y de extrema gravedad— ha incluido de forma expresa a todos los laicos que se adhieran formalmente a ellos.
El desconcierto de los fieles
La noticia ha caído como un balde de agua fría en las conciencias de miles de católicos en todo el mundo. Los teléfonos arden, los foros tradicionales hierven y las familias cristianas se encuentran hoy, 2 de julio, sumidas en una profunda incertidumbre. Para el fiel de a pie, la situación plantea dilemas desgarradores:
- ¿Es posible que comulgar en una Misa tradicional sea ahora motivo de excomunión por orden del Vaticano?
- ¿Cómo puede la Iglesia prohibir y castigar con la máxima pena el rito que santificó a los santos durante siglos?
- ¿A quién debemos escuchar cuando las directrices de Roma parecen demoler los cimientos de la doctrina milenaria?
El golpe es duro, y el miedo a quedar «fuera de la Iglesia» está paralizando a muchos corazones sinceros que solo buscan salvar sus almas y las de sus hijos.
Más allá de la noticia: Una llamada a la serenidad
Ante la gravedad de estos acontecimientos, desde Ortodoxia Católica queremos hacer un llamado a la calma y a la madurez teológica. No podemos juzgar la realidad espiritual con los titulares de la prensa secular ni con el pánico del momento. La Iglesia Católica posee una doctrina inmutable y un marco legal perfecto que la protegen de los desvíos humanos, incluso cuando estos provienen de las más altas esferas.
Para comprender realmente qué está pasando y no dejarse arrastrar por el temor a decretos canónicos injustos, es necesario ir a la raíz del problema. No estamos ante un simple acto de indisciplina; estamos ante el misterio de la autoridad en una época de apostasía.
Anuncio especial: Serie «La Iglesia en el Desierto»
Para arrojar luz en medio de esta oscuridad, a partir de los próximos días iniciaremos en este blog una serie especial de siete artículos fundamentales. En ellos, analizaremos de forma rigurosa y a la luz de los santos doctores de la Iglesia las respuestas teológicas que todo católico necesita conocer hoy:
- ¿Cuáles son los verdaderos límites de la obediencia al Papa?
- ¿Qué es el «Estado de Necesidad» en el Derecho Canónico y por qué anula esta excomunión?
- ¿Cómo entender la doble vara de medir de un Vaticano que tolera la herejía en Alemania pero persigue la Tradición?
- ¿Cuál es la encrucijada teológica real de la postura de la FSSPX?
- ¿Cuál es la única e inevitable conclusión teológica que salva la infalibilidad de la Iglesia de Jesucristo?
Los tiempos son difíciles, pero la Verdad nos hace libres. Les invitamos a unirse a nosotros en oración y en este itinerario de estudio teológico. La tormenta es fuerte, pero la barca de la Iglesia no se hundirá.
Un artículo de: Ortodoxia católica, la sana doctrina.
Consagraciones Episcopales en Écône: La Fraternidad San Pío X asegura la continuidad de la Tradición

La FSSPX consagra cuatro nuevos obispos en Écône el 1 de julio de 2026
ÉCÔNE, 1 de julio de 2026. En un día soleado y ante una multitud de fieles congregados en el Seminario Internacional San Pío X en Suiza, se ha consumado un hecho histórico que marcará el rumbo de la Iglesia Católica en las próximas décadas. Desafiando las advertencias y el silencio administrativo de las autoridades romanas, la Fraternidad San Pío X (FSSPX) ha llevado a cabo de forma exitosa la consagración de cuatro nuevos obispos.
La histórica ceremonia fue presidida por Su Excelencia Monseñor Alfonso de Galarreta, actuando como consagrador principal, acompañado por Monseñor Bernard Fellay. Los sacerdotes elevados a la dignidad episcopal son los reverendos padres Schreiber, Goldade, Poinsinet de Sivry y Hanappier, todos ellos clérigos de intachable trayectoria en la defensa de la fe y el sacerdocio católico tradicional.
Un acto de supervivencia espiritual
Durante la homilía, se enfatizó que este paso no constituye un acto de rebelión ni la intención de crear una estructura paralela o cismática. Al igual que lo hiciera Monseñor Marcel Lefebvre en las históricas consagraciones del 30 de junio de 1988, la Fraternidad ha justificado esta decisión bajo el amparo teológico del Estado de Necesidad.
Ante las restricciones globales contra la Misa de Siempre y el avance del proceso sinodal modernista en el Vaticano, la consagración de estos nuevos pastores se presenta como una «operación supervivencia» para garantizar:
- La transmisión inalterada del Sacramento del Orden Sagrado.
- La continuidad de las ordenaciones de futuros sacerdotes verdaderamente católicos.
- El amparo y la administración de los sacramentos tradicionales a los millones de fieles esparcidos por el mundo.
La atmósfera en Écône
El ambiente entre los asistentes ha sido de profunda solemnidad, piedad y alivio espiritual. Familias enteras, sacerdotes de diversas órdenes y religiosos contemplativos viajaron desde los cinco continentes para ser testigos de este hito. Para la gran mayoría de los presentes, la consagración de estos cuatro obispos representa un oasis de certeza y un faro de esperanza en medio del desierto y la confusión doctrinal que se vive en las estructuras oficiales de la Iglesia.
Con este acto, la FSSPX asegura su porvenir institucional y espiritual, dejando en claro que el patrimonio litúrgico y teológico de la Iglesia Católica de siempre no se extinguirá.
Las próximas horas serán cruciales para observar la reacción oficial de las autoridades en Roma. Desde este blog, invitamos a todos nuestros lectores a elevar oraciones por los nuevos obispos y por la Santa Madre Iglesia en estos tiempos de profunda tribulación.
Un artículo de: Ortodoxia católica, la sana doctrina.
1988-2018. Especial consagraciones episcopales de Mons.Lefebvre

El pasado 29 de junio se cumplieron 30 años de las consagraciones episcopales efectuadas por Mons. Lefebvre, que sin duda marcaron un hito en el postconcilio y cuya noticia no dejó indiferente a nadie.
Mucho ha llovido desde entonces; ha pasado más tiempo entre las consagraciones y el presente, que entre las mismas y el Concilio Vaticano II. Este hecho, y la propia figura del fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, sigue siendo a día de hoy un tema conocido muy superficialmente, rodeado siempre de espinas, heridas, prejuicios y autojustificaciones.
Dichas consagraciones supusieron un antes y un después, no sólo por la pena canónica que acarrearon -sin entrar en su validez o no-, sino porque también fueron el pistoletazo de salida de lo que podríamos llamar el universo “ecclesia Dei”; toda una cadena de organizaciones y grupos que al amparo de disposiciones de Roma regularizaron su situación canónica.
No es nuestra intención en absoluto juzgar aquí a unos ni a otros, como ya hemos repetido en varias ocasiones, somos contrarios a la dogmatización de la acción, y todos deberíamos sentirnos hermanos siempre que mantengamos la misma fe, por mucho que alguien pueda discrepar de cómo actúa el otro en tal o cual punto. Desde Adelante la Fe siempre hemos apoyado, y lo seguiremos haciendo, a muchos grupos de corte tradicionalista, por mucho que haya cierta enemistad entre ellos o desacuerdo sobre cuestiones pragmáticas. No es de Dios dicha animadversión, ni el “punto de corte” debiera ser quien no actúa como yo no es hermano, sino “quien no tiene la misma fe”. Demasiados enemigos tenemos, como para pelearnos entre nosotros.
Con esta ocasión, hemos querido ofrecer un número especial de Adelante la Fe para que pueda conocerse mejor tanto lo ocurrido, como las motivaciones que llevaron a Mons. Lefebvre a consagrar cuatro obispos. Dicho análisis, a 30 años vista, debe hacerse desapasionadamente y de forma histórica, dado que a día de hoy las supuestas penas canónicas que se impusieron no tendrían validez al haber sido levantadas por Benedicto XVI. Nosotros, aunque cada uno tenga su opinión personal, ni damos ni quitamos razones, pero sí pensamos tienen un valor documental incalculable los documentos que ofrecemos hoy.
Ofrecemos en primer lugar un vídeo de la ceremonia, documento histórico de primer orden, por otro lado dos artículos, uno de Rorate Caeli que nos ofrece un riguroso análisis de los hechos desde un punto de vista imparcial de acontecimientos, y otro que en su día publicó sí sí no no, que representa uno de los mejores resúmenes de la postura que tuvo Mons. Lefebvre y la justificación que dio, lo cual constituye sin duda un documento excelente para formarse una correcta opinión de los hechos y posiciones que desencadenaron las consagraciones, independientemente de la valoración positiva o negativa que pueda darle cada uno.
Tomado de:
A treinta años de las consagraciones de monseñor Lefebvre: evocación de lo sucedido en 1988

La conmoción se había iniciado en los palacios vaticanos a primeros de julio de 1987, cuando llegó la noticia de la homilía pronunciada por monseñor Lefebvre en la misa de las ordenaciones sacerdotales celebradas en Ecône el 29 de julio del mismo año. La primera alusión fue al encuentro de dirigentes religiosos que había tenido lugar en Asís hacía unos meses, hecho histórico que hasta el día de hoy tiene perplejos a los católicos tradicionalistas. Lefebvre declaró:
Jamás en la historia se ha visto que el Papa se convierta en una especie de guardián del panteón de todas las religiones, como he recordado, transformándose en el pontífice del liberalismo.
Díganme si alguna vez se ha dado semejante situación en la Iglesia. ¿Qué podemos hacer ante tal realidad? Ciertamente llorar. Cómo lamentamos, cómo se nos desgarra el corazón y nos embarga el dolor. Daríamos la vida, derramaríamos nuestra sangre para cambiar esta situación. Pero la situación es tal, la obra que nos encomendado nuestro Buen Señor, que ante las tinieblas que envuelven a Roma, la obstinación de las autoridades romanas en su error, su negativa a regresar a la Verdad y a la Tradición, me parece a mí que el Señor pide que la Iglesia continúe. Por lo tanto, es probable que antes de rendir al buen Dios cuenta de mi vida tenga que consagrar algunos obispos.
Ni cismáticos ni excomulgados

[Original publicado en Julio de 1988]
Católicos en la encrucijada
Pareciera que desde el Concilio Vaticano II los católicos se sintiesen constantemente obligados a elegir entre verdad y obediencia, que viene a ser lo mismo que decir entre ser herejes o cismáticos. Así, limitándonos a unos pocos ejemplos, el católico se ha visto obligado a escoger entre la encíclica Pascendi de San Pío X, que condena el modernismo como síntesis de todas las herejías y la actual orientación eclesial, abiertamente modernista, que no cesa desde el órgano de la Santa Sede de elogiar el modernismo y a los modernistas (véanse, por ejemplo, los repetidos elogios de Gallarati Scotti, amigo del joven Montini, en L’Osservatore Romano del 7 de julio de 1976, 14 de enero de 1979, 5 de junio de 1981, etc.) y de denigrar a San Pío X, cuya encíclica sobre el modernismo fue calificada en su septuagésimo aniversario de «revelación falta de rigor histórico»(L’Osservatore Romano, 8 de septiembre de 1977). Se ha visto obligado a elegir entre el mónitum del Santo Oficio de 1962 que condena las obras del jesuita Teilhard de Chardin por abundar «en tales ambigüedades, o más bien errores tan graves, que ofenden a la doctrina católica» y la actual orientación eclesial, que no vacila en citar dichas obras, incluso en discursos pontificios, y que en el centenario del nacimiento del jesuita apóstata (como lo ha llamado R. Valnève) ha exaltado con en una carta del Secretario de Estado de Su Santidad, cardenal Cassaroli, la «riqueza de pensamiento» y el «innegable fervor religioso» (L’Osservatore Romano, 10 de junio de 1981, provocando la reacción de un grupo de cardenales (V. Sí sí, no no, año VII, nº 15, p.15).
Se ha visto obligado a elegir entre la invalidez -ya definida- de las ordenaciones anglicanas (León XIII, Apostilicae curae, Dz. 1963-1966) y la actual orientación eclesial, en virtud de la cual un Romano Pontífice participó por primera vez en 1982 en la catedral de Canterbury en un rito anglicano, bendiciendo a la multitud juntamente con el primado laico de dicha secta herética y cismática, el cual en el discurso de recepción había reivindicado para sí, sin que nadie lo contradijera, el título de sucesor de San Agustín [de Canterbury], el católico que evangelizó la Inglaterra y la hizo católica (V. Sí sí no no, año VIII, nº20).
Se ha visto obligado a elegir entre la condena ex cathedra de Martín Lutero (Exurge Domine, Dz. 741 ss.) y la actual orientación eclesial, que, al conmemorar el V centenario del nacimiento del heresiarca alemán, declaró en la carta firmada por S.S. Juan Pablo II que hoy, gracias a «la investigación conjunta por parte de estudiosos católicos y protestantes (…) se ha llegado a determinar la profundidad religiosa de Lutero» (L’Osservatore romano, 6 de noviembre de 1983).





