151. De cara al Paraíso

 

Trees with red apples in an orchard

 

Debiéramos tener una fe en el cielo, tan fuerte y contagiosa como fue la de Santa Dorotea, virgen y mártir de Capadocia, en el siglo IV.

Al comparecer ante el gobernador Apricio, dijo que no quería sacrificar a los dioses, porque creía en un solo Dios verdadero y no quería casarse porque estaba desposada con Cristo. El gobernador la entregó a dos muchachas, Crista y Calixta, que por miedo habían renunciado a la religión cristiana. Se suponía que éstas la convencerían de que hiciera lo mismo, pero resultó lo contrario.

-¿Cómo tenéis tanto miedo a sus amenazas? – les dijo Dorotea-. ¿Qué son todos los dolores y tormentos de esta vida comparados con el cielo y su gozo sempiterno?
Estas y otras ardientes palabras de la mártir, y la santa valentía con que les hablaba, reanimaron el primitivo valor de las dos muchachas y cuando Dorotea tuvo que encararse de nuevo con Apricio, la acompañaron ellas para sufrir  en su compañía el martirio por Cristo.

El gobernador, después de la tortura y los azotes apeló a sus propios argumentos y sugestiones:
-Eres joven y hermosa – le dijo- Tu vida está a tu vista, llena de felicidad, que yo te garantizo con solo que renuncies a esa locura. Sería el colmo de la insensatez escoger la muerte, para estar debajo de la tierra entre los espíritus sombríos y horribles de los muertos.

-No- replicó Dorotea – Yo no iré a esos parajes sombríos. Estaré con mi Amado, Jesucristo, en su delicioso jardín, donde siempre es verano con flores y árboles cargados de olorosos frutos.

Frustradas sus esperanzas, desistió el tirano de su empeño y condenó a las tres a ser decapitadas.

Mientras Dorotea era conducida al lugar de la ejecución, un joven abogado llamado Teófilo, le gritó mofándose de ella:

-Dorotea, acuérdate de mí y mándame un sabroso fruto de tu vergel!

Ella se volvió, sonriendo, y contestó: 

-Sí, Teófilo, me acordaré.

A los pocos minutos, la cuchilla del verdugo coronó su glorioso martirio.

Mientras Teófilo estaba contando, festivo, la anécdota a sus amigos, se le presentó un ángel en forma de niño, con un cesto que contenía tres rosas y tres manzanas olorosas y le dijo:

-Dorotea me manda que te traiga esto en cumplimiento de su promesa.

Y, antes de que se le pudiera preguntar nada, desapareció.

Era invierno. Por consiguiente, entendió Teófilo que las rosas y las manzanas y el mismo misterioso mensajero eran de otro mundo.

Profundamente conmovido, se fue al gobernador para decirle que también él creía en aquel Dios verdadero que Dorotea adoraba. No tardó el joven convertido en reunirse con Dorotea en el paraíso, entrando en él  por la misma puerta del martirio.

Ésta es la leyenda más generalizada.

Pero en su  forma más antigua, la leyenda tiene un  final menos milagroso y espectacular, pero no por eso  menos impresionante. Según esa versión, cuando Dorotea se preparaba para recibir el golpe del verdugo, dio su velo a un niño de seis años que estaba allí cerca, con el encargo de entregarlo a Teófilo. Recibióle éste y lo encontró bañado en una fragancia extraordinaria de rosas y de frutos.  Y si el olfato percibió tan agradable perfume de aquel postrer recuerdo de Dorotea, el espíritu de Teófilo recibió el bálsamo confortante de la fe en el cielo y el valor para arrostrar como ella la palma del martirio.

(Véanse también núms. 184, 387, 586)

150. Gozo eterno

 

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Cuéntase de un monje llamado Félix que pensaba muchas veces qué harían los santos en el cielo y cómo era posible estar allí eternamente sin sentirse cansado de ello.

Una mañana de verano estaba dando un paseo por el campo, cerca del monasterio, cuando oyó una música maravillosa procedente del ramaje de un árbol, encima de su cabeza. Levantó la mirada y vio un ligero y graciocísimo pajarillo, autor de tan deliciosas melodias. La vista y la música de aquella criatura lo llenaron de tanta delicia, que quedó arrobado. Así cautivo, se fue siguiendo al pajarillo que volaha de un árbol a otro, de la colina al valle, cantando sin cesar nuevos trinos, hasta que por fin levantó el vuelo y se perdió de vista.

A distancia oyó el monje la campana del monasterio que llamaba la comunidad a vísperas. Maravillado de que fuese ya tan tarde, volvió Félix a su hogar.
Muy sorprendido, se dio cuenta de que el hermano que le abrió la puerta era nuevo y totalmente desconocido para él. Más asombrado quedó al ver que todas las caras que iba encontrando le eran igualmente desconocidas, aunque todos vestían como él el hábito familiar de la orden. Por fin, perplejo, habló así a uno de los monjes:

-¿De dónde habéis venido todos vosotros?  ¿Y dónde están nuestros padres?  ¡No veo a ninguno de ellos!
El interrogado lo miró, perplejo a su vez, y por toda respuesta lo acompaño a ver el padre prior.

-Dígame usted su nombre -inquirió el prior- y de dónde viene. -Ha sido usted miembro de esta comunidad? Hace ya cuarenta años que estoy aquí de prior y no puedo recordar su cara.

El monje dijo su nombre y contó que había estado escuchando en el campo a un pajarillo maravilloso y seguídole lejos durante horas. El padre más viejo de la comunidad, que estaba presente oyéndolo, se inclinó hacia él y observó:
-¿Ha dicho ustd “durante horas?” ¿Cuál es su nombre en nuestra santa religión?
-Mi nombre es Félix- respondió.
-Espere usted un momento- prosiguió el anciano padre. 
Cogió de un estante un libro antiguo, con cubiertas de cuero, registro de todos los religiosos profesos, muertos en la casa.
-Sí -dijo-; ¡seguro! Con tinta descolorida ya, se lee aquí que hace noventa años un monje llamado Félix abandonó el monasterio sin avisar a nadie, y jamás se ha sabido nada de él.
Al oír estas palabras, Félix cayó de rodillas y dijo en voz alta esta oración :
-Dios mío, te doy gracias, por haberme hecho entender ahora como es posible que pasen mil años como un momento en el gozo de tu divina presencia.
Y dicha esta declaración, cayó y entregó su alma al Señor.

Sólo leyenda, es verdad; pero sirve admirablemente para hacernos entender que el éxtasis -aún en el orden de la naturaleza, como en la admiración de las cosas creadas-, el éxtasis, principalmente en la contemplación de Dios, hace que el tiempo no cuente, mientras dura el arrobamiento. Y en el cielo, el éxtasis de infinito y purísimo deleite será sin interrupción posible, por toda la eternidad.

149. Los justos vivirán eternamente

 

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La siguiente historia nos explica como San Cutberto se sintió llamado por Dios a su santo servicio.
En la ladera de una colina, un pequeño grupo de pastores estaba durmiendo bajo las estrellas. Todos  dormían, menos Cutberto, que vigilaba sus ovejas y velaba orando fervorosamente.

De pronto, rasgando la negrura de la noche, Cutberto vio bajar del cielo una luz, como una procesión de huestes celestiales que cantaban y suave, pero rápidamente, llegaban a la tierra. Sin detenerse en ella tomaron consigo una alma de vivísimos resplandores y emprendieron el retorno, ascendiendo por entre las estrellas, hacia las regiones del cielo.

Cutberto despertó a sus compañeros pastores y les refirió la visión maravillosa que acababa de contemplar:
-El cielo abierto en el firmamento y el espíritu de algún santo introducido allí por un cortejo de ángeles del Señor. Mientras nosotros nos arrastramos por estos riscos oscuros, allá en la Gloria está ese santo contemplando la faz de Dios, bendecido y feliz en compañía del mismo Rey y Redentor, Cristo Jesús.

Los pastores lo oían boquiabiertos y quedaron llenos de admiración y estupor. Y mucho más cuando, a los pocos días, les llegó, la noticia de que el gran santo Aidan acababa de partir de este mundo, precisamente aquella noche en que Cutberto lo había visto escalar triunfalmente la bóveda de las estrellas.

Desde ese día Cutberto tomó la resolución de responder a la divina vocación, ingresando cuanto antes, si podía, en un monasterio para asegurarse el cielo y ser uno más de aquella celeste compañía que había visto.

 

148. Resucitaremos con los mismos cuerpos

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A un alumno del físico y químico inglés Faraday se, le escapó de la mano una taza de plata y fue a caer dentro de una tinaja de agua fuerte. Quedó disuelta, con el disgusto, que es de suponer, por parte del muchacho.

Pero Faraday intervino para rescatar la joya. ¿Cómo? Echó una sal en la tinaja, la cual hizo precipitar en forma de granitos, en el fondo de la vasija, las moléculas de la plata disuelta. Las recogió y mandó fabricar con ellos una taza, mejor o más bonita que antes.

Era la “misma” taza porque estaba hecha del “mismo” material. Así será con los cuerpos resucitados de los justos. Serán los “mismos” cuerpos, aunque no de la misma manera; serán resplandecientes de gloria y sin defecto alguno. Dios puede usar -y de hecho usará- la misma materia, ya que la materia subsistirá siempre, porque es indestructible.

No obstante, lo que hará principalmente que el cuerpo sea el “mismo” será el “alma”, porque tal cuerpo pertenece a tal alma.

Así, la misma alma unida, con la misma misteriosa unión, al mismo cuerpo, hará, que nosotros seamos exactamente los mismos, aunque de diferente manera.

147. Resucitaremos todos el día del Juicio

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El hombre está compuesto de alma y cuerpo, y Dios creó estos dos elementos para que estuviesen unidos. La caída de Adán y Eva trajo el castigo de la muerte que desune el alma y el cuerpo. El alma es incompleta sin el cuerpo; Dios volverá a unirlos para siempre con un milagro universal en el último día del mundo.

La resurrección del cuerpo era, materia de controversia entre los judíos. Los fariseos creían en ella; los saduceos, no. Estos presentaron esta cuestión a Jesucristo, en el templo, durante los últimos días de su vida mortal.

Inventaron un caso posible que -según ellos- hacía aparecer la resurrección como algo descabellado y loco. Nuestro Señor les respondió que estaban en error y enseñó claramente “que los muertos resucitarán”.
(Léase el Evarigelio de San Lucas, 20, 27-38)

146. Conduce al pecado mortal

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Si se repite el pecado venial, y vuelve a repetirse, llega a formar hábito o costumbre, y acaba por conducir fácilmente al pecado mortal.

Cuando Arturo hecho rey -dice la leyenda- se acostumbró a salir a caballo en busca de aventuras.

Un día Merlín le dijo:
-Mañana encontrarás un enano que te desafiará a combatir. Tú lo vencerás. Entonces, mátalo.

Al día siguiente, cuando Arturo atravesaba una selva, el enano le impidió el paso, de pie en medio del camino, blandiendo su espada y desafiándole. Apeóse Arturo y salieron arelucir las espadas. El enano demostró ser un buen espadachín; pero, no obstante; lo desarmó la destreza de Arturo que triunfó en el combate. El enano le pidió merced y Arturo, caballero generoso, le dejo en libertad.

De vuelta, el vencedor encontro a Merlín, quien, moviendo la cabeza, le advirtio.
-Si no matas al enano, él te destruirá en un día no lejano.

Transcurrió un día cuando el enano detuvo su paso nuevamente, Maravillóse el caballero al ver que el enano había crecido una pulgada o tal vez dos. Lucharon ambos con denuedo. La batalla fue mucho mós dura que la vez primera. Pero, al fin, el rey Arturo triunfó tambien. Y también fue generoso y perdonó la vida al ya temible rival.

Diez veces se repitió el encuentro. Y en este tiempo, el enano fue creciendo hasta adquirir la estatura de un hombre normal.

Pero, al fin, en el undécimo día, el enemigo era ya un gigante que se abalanzó sabre el rey, caballero aun, desde; las ramas de los arboles. Mató su caballo y, sin demora, blandió su enorme espada en terrible y dudoso combate. Las fuerzas del valeroso rey vacilaban ya, cuando acertó, de un golpe, a partir en dos el cráneo
del gigante; pero al instante se desplomó también, lleno de graves: heridas y bañado en su propia sangre.

Cuando Arturo volvió en sí. reconoció a Merlin que se estaba curando sus heridas.
De vuelta a su castillo, Merlí explicó al rey que el enano era el pecado, que debe ser vencido y destruido pronto, cuando se nos aparece en sus primeras fases;
de lo contrario su poder va creciendo hasta formar un hábito; y entonces el hábito del pecado venial termina en pecado, mortal.

Milagro parece que el rey Arturo escapara de la muerte. Milagro será que se libre de la muerte del alma, con un pecado mortal, el pecador negligente que, ofendiendo a, Dios continuamente con el pecado venial, se lanza temerariamente a su perdición.
(Véase también no. 603)

Especial de la Epifanía del Señor

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EPIFANÍA DE NUESTRO SEÑOR

 La revelación de Nuestro Señor Jesucristo a los Sabios de Oriente

 Los 3 reyes sabios

 SANTA MISA DE EPIFANÍA DEL SEÑOR O “SANTOS REYES”

145. Evitando todo pecado venial

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Margarita Sinclair, de nacionalidad Francesa estaba empleada en una fábrica de Edimburgo, Escocia, como satinadora. Era aficionada al baile, a los juegos y a la natación y estaba comprometida para casarse. Pero finalmente se hizo monja de las hermanas pobres de Santa Clara. Contrajo una enfermedad y murió de ella a los veinticinco años.

El padre A., sacerdote jesuita, que la conocía bien y que oyó su confesión general antes de morir, declaró que Margarita no había cometido un solo pecado venial deliberadamente en toda su vida.

En realidad había hecho siempre un acto continuo de consagración de su voluntad a su Dios y Señor. Lo patentizó y resumió en la última oración que pronunció en su lecho de muerte.

-Jesús, María y José: yo os entrego todo mi corazón y mi alma.

La hermana que cuidaba a la enferma en aquellos momentos dijo:

-Aquella última oración me causó una impresión profunda. Fue dicha con tal fervor y confianza, que todos creíamos, cuando expiró, que su alma estaba ya en los brazos de Jesús, María y José. 

 

144. El mayor mal, después del pecado mortal

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Santa Francisca Romana, gran “mística” del siglo XV, tenía el privilegio de ver, a su ángel de la guarda, siempre a su lado, como un hermoso niño de ocho años. Tenía los ojos fijos en el cielo y las manos cruzadas sobre el pecho. Su cabeza irradiaba tal esplendor que la santa podía leer, a su luz, el breviario o un libro cualquiera.

-Si alguien- dice ella – pronunciaba, en su presencia alguna palabra poco conveniente, el ángel se cubría el rostro con las manos. Pero si era ella misma la que caía en algún leve pecado, su ángel se desvanecía de su vista totalmente durante aquellos mementos.

143. El pecado venial ofende a Dios.

Hazte ejemplo y modelo de los fieles, en el hablar, en la manera de obrar con el prójimo, en la caridad, en la fe, en la castidad. (1 Timoteo, 4, 12).

Hazte ejemplo y modelo de los fieles, en el hablar, en la manera de obrar con el prójimo, en la caridad, en la fe, en la castidad. (1 Timoteo, 4, 12).

Cuéntase que San Felipe Neri estaba siempre discurriendo cómo dar ocupación a los niños. Solía hacerles barrer su aposento, quitar el polvo del mobiliario o hacer su cama, y a veces aunque la hubiera hecho él antes.

A algunos les hacía sentarse para leer; a otros, que gustaban mas de usar sus dedos que utilizar su cerebro les empleaba en ensartar cuentas de rosario a en tejer guirnaldas para adornar la estatua de Nuestra Señora.

Sabia que hay muchachos que necesitan un trabajo mas duro para que permanezcan tranquilos y quietos. A éstos les hacía trasladar muebles de un lugar a otro.
Pero todos estaban igualmente contentos y felices, porque para ellos era un verdadero placer hacer cuanto les ordenaba 0 pedía San Felipe Neri. 

Solía llevárselos a dar largos y alegres paseos y excursiones por el monte; organizaba juegos de pelota a de tejos. Jugaba can ellos a toda clase de juegos y jamás, par ningún motivo, permitía que ninguno riñera con los compañeros y dejara, disgustado, el juego. 

A veces ocurría que los muchachos empleaban los ratos de ocio en jugar a pelota en los corredores de la casa del oratorio y contra las puertas de los cuartos con lo cual llegaban no solo a molestar a los infortunados padres; sino incluso a exasperarlos, especialmente al padre Baronio que trabajaba en sus Anales, Y cuando los padres, indignados, salían de sus aposentos para decir a los muchachos que aquello era “intolerable”, y los chicos, por miedo, guardaban silencio, San Felipe salía de su cuarto y les decía:

 -Dejadlos que os regañen cuanto les plazca. No hagáis caso. Continuad jugando tan alegremente como queráis. Lo que importa. es que no cometáis pecado. 

Evidentemente esto era muy duro para los padres pero, sin duda alguna, esto enseñaba a los muchachos a compartir, con San Felipe, la convicción de que el pecado, aun el pecado venial, desagrada a Dios, más que otra cosa cualquiera.

142. Los hombres se hacen su propio infierno

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Dante en su imaginaria visita al infierno, vio que las almas de los condenados estaban castigadas a continuar sumidas para siempre en sus propios pecados y vicios y dolorosas consecuencias, Así los lascivos y deshonestos, que en la vida se dejaron llevar sin freno por la tempestad de la pasión, en lugar de seguir la luz y el dictado de la razón, eran, en el segundo círculo arrebatados y zarandeados, como vil escoria, por violento huracán en medio de una absoluta oscuridad.

Los glotones se arrastraban en pestilente cieno, bajo una helada cellisca, mientras el monstruo Cerbero ladraba horriblemente tras ellos y los despedazaba entre sus afilados colmillos; alga así como en las pesadillas de los que han comido 0 bebido con exceso. 

Los tiranos y crueles eran a su vez perseguidos y cazados par fieros y despiadados centauros.

Los usureros estaban agachados y como pegados a un derroche de pepitas de oro, bajo una lluvia de chispas de fuego que, como copas de nieve, caían sobre sus cabezas, mientras les ahogaba la bolsa de su dinero atada en el cuello.

Hay gente que dice: ¿Es posible que, siendo Dios infinitamente bueno, haya creado,el infierno?  Pero son los hombres quienes, en realidad, crean su propio infierno.  Aun en este mundo, los hombres pueden fabricarse un infierno a su alrededor, abusando de los dones de Dios.

141. Infierno por toda la eternidad

Hoy primero de Enero de 2017  Ortodoxia Católica inicia con la publicación diaria, de un número por día, de un tema de un

CATECISMO GRUESO

(Sexagésimo Segundo Catecismo Grueso)

 

infierno

Se cuenta que un santo, en sueños, oyó a Satanás que se quejaba de Dios, diciéndole:
-Por qué perdonas a las almas que te han ofendido muchas veces. y, en cambio, no me perdonas a mi que te ofendí una sola vez ?
-Me has pedido perdón alguna vez? – repuso Dios.
Después de la muerte – dicen los teólogos -nuestra voluntad no puede cambiar. El que muere odiando a Dios, continuará así necesariamente odiando a Dios.
No querrá ser perdonado, porque así ha muerto, rehusando el perdón de Dios.

Sermón Dominical

Del

DOMINGO DE LA OCTAVA DE NAVIDAD

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

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Homilía: El nombre de Jesús

Domingo de la Octava de Navidad

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 2: 21)

En la Biblia el nombre equivale a la persona nombrada. La importancia de un nombre le viene por la importancia de la persona a quien representa.

El nombre de Jesús tiene una importancia trascendental, pues como nos dice San Pedro: “No hay otro nombre bajo el cielo por el que podamos ser salvados”.

Ante el nombre de Jesús toda rodilla se ha de doblar, como nos dice San Pablo en su carta a los Filipenses. En cambio, vemos en la actualidad, como consecuencia del modernismo que inficiona la Iglesia, que hay muchos que se niegan a doblar la rodilla ante Jesucristo; con ello están negando su divinidad. Hay muchos que se avergüenzan de ser cristianos; con ello, se ha producido una rendición vergonzosa ante los enemigos de nuestra fe. Y ya sabemos lo que el mismo Jesucristo dijo de los que se avergonzaran de Él: “Aquél que se avergüence de mí ante los hombres, también yo me avergonzaré de él ante mi Padre que está en los cielos”.

Pero frente a tantos apóstatas, también hay cristianos fieles: “Me he reservado 7000 varones que no han doblado su rodilla ante Baal” (1 Re 18).

Cuando yo era joven buscaba el sentido de mi vida y la auténtica amistad. Nada de lo que se me ofrecía me parecía adecuado para llenar mi vida y mi corazón. Los mayores me hablaban de la salud y del dinero; pero eso era totalmente incapaz de llenar mi corazón. Yo seguía buscando hasta que me encontré con Cristo.

Hubo muchas cosas en su vida y en sus enseñanzas que me llamaron la atención y me hicieron comprender que esas sí que podían realmente llenar las ansias de mi corazón. Cosas tales como:

Los hombres buscan sus intereses, en cambio Cristo era totalmente desinteresado y lo único que buscaba era nuestro bien. Cristo, por amor, carga con mis pecados para así librarme de ellos; y no sólo eso, sino que también dio su vida por mí. Yo comparaba el amor que me ofrecía Cristo con el que me ofrecían los hombres.

Cristo me enseñó el sentido de la libertad y de la verdad. Aprendí de Él a aborrecer la injusticia y la iniquidad. Cristo cambió por completo mi vida y mi existencia.

De Cristo aprendí que hay más alegría en dar que en recibir; lo cual es inaudito para el hombre de hoy.

Cuando me encontré con Cristo su persona y su mensaje me aturdieron. Me parecían grandiosos y nuevos. Él fue quien me enseñó el valor de perder la propia vida por amor. Él me enseñó también que son bienaventurados los pobres, frente al modo de pensar del mundo que sólo ama la riqueza. Pude comprobar en mi propia persona que se alcanza mucho más cuando no se tiene nada de dinero. Precisamente por eso he podido hacer ricos a muchos.

También me llamó la atención en Jesús la desapetencia que tenía del poder: “No he venido a ser servido, sino a servir y a dar mi vida en rescate por muchos”. También me sedujo de Cristo su obediencia hasta la muerte y muerte de cruz. ¿Acaso la obediencia es mala? La obediencia es fruto del amor; es el amor lo que da excelsitud a esta virtud. Jesús me enseñó también la verdadera amistad: “Ya no os llamo siervos sino amigos”. Su amistad escapa todo lo imaginable.

Él me libró también del temor a la muerte; pues mi muerte se hace gloriosa cuando se une a la suya. Él también me ofreció vivir una vida totalmente nueva, la suya: “Quien coma mi carne vivirá por mí”…

Santa Misa Dominical

1 de Enero

CIRCUNCISIÓN DEL SEÑOR
Y OCTAVA DE NAVIDAD

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ESTACIÓN EN SANTA MARÍA TRANS TIBERIM
Doble, 2ª clase  – Ornamentos blancos

Con motivo de sangre empieza la vida del Niño Dios, y con misterio de sangre empieza el año civil para el fiel cristiano. Entre los cantares de los ángeles y los pastores de Belén, óyese el lanto del Divino Infante; pues a los ocho días es sometido a esta ceremonia, infamante a la vez y dolorosísima,, de la circuncisión. Con un cuchillo se cortan sus carnes, sello de expiación por el pecado que no debía recibir en su cuerpo el Hijo de María, por no haber contraído, como los demás, la mancha original. Mas quiso parecer, aun en esto, pecador como todo nacido, para empezar a presentarse en el mundo como uno de nosotros. El que había de ser nuestro Mediador, nuestro Redentor y nuestro Restaurador. ¡Qué humildad tan profunda! ¡qué obediencia y sujeción a la ley! Por esta circuncisión te suplico, oh Jesús mío, que circundes en mí todo lo superfluo, todo lo vano, todo lo impertinente, todo lo que a Ti te desagrada y a mí me estorba para allegarme a Ti con perfectísima unión.

Introito. Isai. 9, 6

INTROITUS Isai. 9, 6 Puer natus est nobis, et filius datus est nobis: cujus impérium super húmerum ejus: et vocábitur nomen ejus, magni consílii Angelus. Ps. 97, 1. Cantáte Dómino cánticum novum: quia mirabilia fecit. V. Glória Patri. Introito – Nos ha nacido un parvulillo, y nos ha sido dado un hijo: sobre cuyo nombre está el principado, y será llamado con el nombre de Ángel del gran consejo. Ps. Cantad al Señor un cántico nuevo: porque ha hecho maravillas. v. Gloria al Padre.

Oración-Colecta

ORATIODeus, qui salútis ætérnæ, beátæ Maríæ virginitáte fœcúnda, humano géneri præmia præstitísti: tríbue, quæsumus; ut ipsam pro nobis intercédere sentiámus, per quam merúimus auctórem vitæ suscípere, Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum.R. Amen Oh Dios, que, por la fecunda virginidad de María, diste al género humano el premio de la salvación eterna: suplicámoste nos concedas la gracia de ser favorecidos con la intercesión de la misma Virgen, por quien merecimos recibir al Autor de la vida, Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro. R. Amen.

Epístola

EPISTOLA Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Titum. Tit. 2, 11-15Caríssime: Appáruit grátia Dei Salvatóris nostri ómnibus hominibus, erúdiens nos, ut abnegántes impietátem, et sæculária desidéria, sóbrie, et juste, et pie vivámus in hoc sæculo, exspectántes beátam spem, et advéntum glóriæ magni Dei et Salvatóris nostri Jesu Christi: qui dedit semetípsum pro nobis: ut nos redímeret ab omni iniquitáte, et mundáret sibi pópulum acceptábilem, sectatórem bonórum óperum. Hæc lóquere, et exhortáre: in Christo Jesu Dómino nostro. Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a Tito: Carísimo: Se manifestó a todos los hombres la gracia de Dios, Salvador nuestro, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo, sobria, justa y   píamente, aguardando la esperanza bienaventurada, y el advenimiento glorioso del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo: el cual se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos, y purificarnos para si mismo, como pueblo agradable, seguidor de buenas obras. Estas cosas predica y exhorta, en Jesucristo Señor nuestro.

Salmodia

GRADUALE Ps. 97, 3-4 et 2 Vidérunt omnes fines terræ salutáre Dei nostri: jubiláte Deo, omnis terra. V.Notum fecit Dóminus salutáre suum: ante conspectum géntium revelávit justítiam suam.ALLELUIA, allelúja. V. Hebr. 1, 1-2. Multifarie olim Deus loquens pátribus in prophétis, novíssime diébus istis locútus est nobis in Fílio. Allelúja. Gradual – Vieron todos los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios: alégrese en Dios, toda la tierra. V. El Señor nos dio a conocer su Salvador; a la vista de las naciones descubrió su justicia. Aleluya, aleluya – V. Habiendo hablado Dios muchas veces a los padres en otro tiempo por los Profetas, últimamente en estos días nos ha hablado por su Hijo. Aleluya

Evangelio

U Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam. Luc. 2, 21In illo témpore: Postquam consummáti sunt dies octo, ut circumciderétur puer: vocátum est nomen ejus Jesus, quod vocátum est ab Angelo priúsquam in útero conciperétur.

Credo.

U Continuación del Santo Evangelio según San Lucas (II, 21)En aquel tiempo: Después que fueron pasados los ocho días para circuncidar al Niño, le pusieron el nombre de Jesús, como lo había llamado el Ángel, antes que fuese concebido en el seno materno. Credo.
OFFERTORIUM. Ps. 88, 12 et 15  – Tui sunt cæli, et tua est terra: orbem terrárum, et plenitúdinem ejus tu fundásti: justítia et judícium præparátio sedis tuæ. Ofertorio – Tuyos son los cielos y tuya la tierra: Tú fundaste el mundo y cuanto él contiene: justicia y equidad son las bases de tu trono.

Oración-Secreta

Munéribus nostris, quæsumus, Dómine, precibúsque suscéptis: et cæléstibus nos munda mystériis, et cleménter exáudi. Per Dóminum. Ya que acabas de recibir, oh Señor, nuestras oraciones y ofrendas, purifícanos por la virtud de estos santos misterios y atiende benignamente nuestras súplicas. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Prefacio propio de Navidad

Vere dignum et justum est, aequum et salutare nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Quia per incarnati Verbi mysterium, nova mentis nostrae oculis lux tuae claritatis infulsit: ut dum visibiliter Deum cognoscimus, per hunc in invisibilium amorem raplamur, et ideo cum Angelis et Archagelis, cum Thronis et Dominationbus, cumque omne militia coelistis exercitus, hymnum gloriae tuae canimus, sine fine dicentes: Sanctus, Sanctus, Sanctus, etc. Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar ¡Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Por cuanto, por el misterio de la Encarnación del Verbo, ha brillado a los ojos de nuestra alma un nuevo resplandor de tu gloria: para que, al conocer a Dios visiblemente, seamos por Él arrebatados al amor de las cosas invisibles. Y por eso, con los Ángeles y Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, entonamos a tu gloria un himno, diciendo si cesar:Santo, Santo, Santo, etc.
COMMUNIO Ps. 97, 3– Vidérunt omnes fines terræ salutáre Dei nostri. Comunión.Todos los ámbitos de la tierra han visto a nuestro Dios y Salvador.

Oración-Postcomunión

POSTCOMMUNIO – Hæc nos commúnio, Dómine, purget a crimine: et, intercedénte beáta Vírgine Dei Genitríce María, cæléstis remédii fáciat esse consórtes. Per eúmdem Dóminum. Que esta comunión, oh Señor, nos limpie de todo pecado, y que por la intercesión de la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, nos haga participantes del remedio celestial. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Tomado de:

http://misa_tridentina.t35.com/

Especial de la Circuncisión del Señor

CIRCUNCISIÓN DE NUESTRO SEÑOR

Todo cuanto hacéis, de palabra o de obra, hacedlo todo en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo. ((San Pablo a los Colosenses, III, 17)).

CIRCUNCISIÓN DEL SEÑOR

MISA DEL DÍA (LA CIRCUNCISIÓN DEL SEÑOR)

CIRCUNCISIÓN DE NUESTRO SEÑOR(*)

Señor en este año que comienza os digo:

 

La Santísima Trinidad apoyada sobre los Tronos.

La Santísima Trinidad apoyada sobre los Tronos.

 

Creo, Señor : fortaleced mi fe;
espero, Señor : asegurad mi esperanza;
os amo, Señor : inflamad mi amor;
pésame, Señor : aumentad mi arrepentimiento.

Os adoro como a primer principio,
os deseo como a último fin,
os alabo como a bienhechor perpetuo,
os invoco como a defensor propicio.

Dirigidme con vuestra sabiduría,
contenedme con vuestra justicia,
consoladme con vuestra clemencia,
protegedme con vuestro poder.

Os ofrezco, Dios mío, mis pensamientos para pensar en Vos,
mis palabras para hablar de Vos,
mis obras para obrar según Vos,
mis trabajos para padecerlos por Vos.

Quiero lo que Vos queréis,
lo quiero porque lo queréis,
lo quiero como lo queréis,
lo quiero en cuanto lo queréis.

Os ruego, Señor,
que alumbréis mi entendimiento,
abraséis mi voluntad,
purifiquéis mi cuerpo y santifiquéis mi alma.

No me inficione la soberbia,
no me altere la adulación,
no me engañe el mundo,
no me prenda en sus redes el demonio.

Concededme la gracia de depurar la memoria,
de refrenar la lengua,
de recoger la vista y mortificar los sentidos.

Llore las iniquidades pasadas,
rechace las tentaciones futuras,
corrija las inclinaciones viciosas,
cultive las virtudes que me son necesarias.

Concededme, Dios mío,
amor a Vos,
odio a mi,
celo del prójimo,
desprecio del mundo.

Haced que procure obedecer a los superiores,
atender a los inferiores,
favorecer a los amigos,
perdonar a los enemigos.

Venza el deleite con la mortificación,
la avaricia con la largueza,
la ira con la mansedumbre,
la tibieza con el fervor.

Hacedme prudente en las determinaciones,
constante en los peligros,
paciente en las adversidades,
humilde en las prosperidades.

Haced, Señor, que sea en la oración fervoroso,
en la comida sobrio,
en el cumplimiento de mis deberes diligente,
en los propósitos constante.

Concededme que trabaje por alcanzar la santidad interior,
la modestia exterior,
una conducta edificante,
un proceder arreglado.

Que me aplique con diligencia a domar la naturaleza,
a corresponder a la gracia,
a guardar vuestra ley y merecer mi salvación.

Que consiga la santidad con la confesión sincera de mis pecados,
con la participación devota del cuerpo de Cristo,
con el continuo recogimiento del espíritu,
con la pura intención del corazón.

Dadme a conocer, Dios mío, cuán frágil es lo terreno,
cuán grande lo celestial y divino,
cuán breve lo temporal,
cuán duradero lo eterno.

Haz que me prepare para la muerte,
que tema el juicio,
evite el infierno,
y alcance la gloria del Paraíso.

Por nuestro Señor Jesucristo. – Amén.

¿Podré yo, como lo aconseja S. Benito Abad en su Regla incomparable,
« Amar a Cristo sobre todas las cosas.
Nihil amori Cbristi praepónere»?

ORACIÓN UNIVERSAL
Para todo lo concerniente a la salvación (Clem. XI).

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les desea un Feliz y Próspero Año Nuevo 2017

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