El pacto de Metz

Estrella-comunista

Uno de los misterios de nuestro tiempo es la aceptación de la que goza en el seno de la Iglesia Católica la ideología más inicua jamás concebida por el ser humano: el comunismo. Este artículo pretende analizar las raíces históricas de esta connivencia impía entre comunismo y catolicismo e ilustrar algunos de sus efectos. Varias veces, en conversaciones con católicos, me han dicho cosas por el estilo; “el comunismo es algo bueno, aunque su puesta en práctica ha fallado”, “el comunismo es parecido al cristianismo, porque se preocupa por los pobres”, o “si el mundo entero fuera comunista habría justicia social y viviríamos mejor.” Ante esto suelo citar la condena fulminante del Papa Pío XI de 1937, en su Encíclica Divini Redemptoris, donde escribió, entre otras cosas, que el comunismo es intrínsecamente perverso; y no se puede admitir que colaboren con él, en ningún terreno, quienes deseen salvar la civilización cristiana. Es una pena que los Papas post-conciliares no hablen con la rotundidad de Pío XI, porque se ahorra mucho esfuerzo y tiempo llamando al pan, pan y al vino, vino. Hoy en día no estilan las formas pre-conciliares; en lugar de excomulgar, condenar y anatemizar a los enemigos de la fe, se prefiere la “medicina de la misericordia” que invocó Juan XXIII[1]

Para un católico laico de a pie con tendencias filo-comunistas, si su problema es sólo la ignorancia y conserva aún la buena voluntad, esta condena papal basta para que entre en razón. Sin embargo, resulta más difícil explicar la simpatía que sienten por el comunismo tantos teólogos, sacerdotes y obispos, porque no puede aducir ignorancia en su defensa. Para justificarse dirán que la pastoral de la Iglesia debe evolucionar, que no nos podemos anquilosar en el pasado, cuando el mundo ha avanzado tanto, etc., etc., etc. Han interiorizado tanto las ideas hegelianas de la evolución de la Historia [2], que creen sinceramente que lo que en 1937 era “intrínsicamente perverso”, hoy puede ser moralmente aceptable y hasta loable. Es triste decirlo, pero hoy en día ya no podemos dar por sentado que los pastores de la Iglesia “desean salvar la civilización cristiana”, porque es evidente que muchos están demasiado ocupados en colaborar con los artífices de su demolición.

Obispos-en-el-Concilio-Vaticano-II

El Concilio Vaticano II, cuyos 50 años se recuerdan ahora, escribió un triste capítulo en esta demolición de la civilización cristiana. Dicho Concilio se negó a condenar el comunismo, debido al infame Pacto de Metz, la ciudad francesa donde se reunieron en agosto de 1962 (dos meses antes de la apertura del Concilio) el Cardenal Tisserant, enviado por Juan XXIII, y Nikodim, el patriarca ortodoxo de Moscú, un títere del Politburo soviético [ver ambos abajo]. Allí acordaron que la Unión Soviética permitiría que varios miembros de la Iglesia Ortodoxa Rusa aceptaran la invitación del Papa para asistir como observadores en el Concilio (¡las barbaridades que se cometen en nombre del ecumenismo!), y a cambio el Vaticano se comprometió a que no habría ninguna condena explícita del comunismo. Para que no piense el lector que me adentro en una oscura teoría de la conspiración, debo aclarar que este pacto, lejos de ser un secreto, fue anunciado en conferencia de prensa por el entonces obispo de Metz, Monseñor Schitt; fue detallado en el diario católico francés, La Croix; y ha sido confirmado públicamente por el que era entonces el secretario del Cardenal Tisserant, Monseñor Roche[3]

Monseñor-Roche

Nikodim

Es sumamente interesante lo que cuenta Monseñor Lefebvre sobre lo ocurrido en el Concilio con respecto a este tema. La petición de condena al comunismo, redactada por el Coetus Internationalis Patrum [4], obtuvo la firma de 454 obispos, representando 86 países. Monseñor Lefebvre entregó personalmente esta petición, dentro del plazo previsto, el 9 de noviembre de 1965, al secretario del Concilio. En su reciente biografía del Arzobispo [5], Monseñor Tissier de Mallerais comenta en detalle cómo el Pacto de Metz fue rigurosamente respetado por Pablo VI. Creo que cualquier católico debería saber esto, por lo que a continuación ofrezco (con permiso de la editorial) un extracto de la mencionada biografía (pág. 421):

¿Qué pasó entonces? El 13 de noviembre, la nueva redacción del esquema no tomó en cuenta los deseos de los solicitantes; el comunismo seguía sin ser mencionado. Por eso, Monseñor Carli protestó el mismo día ante la presidencia del Concilio y presentó un recurso dirigido al tribunal administrativo… El Cardenal Tisserant ordenó una investigación que reveló… que, por desgracia, la petición se había “extraviado” en un cajón. En realidad, lo que pasó fue que Monseñor Achille Glorieux, Secretario de la comisión competente, después de recibir el documento, no lo hizo llegar a la comisión.

El “olvido” de Monseñor Glorieux fue objeto de disculpas públicas por parte de Monseñor Garrone, pero, como quiera que sea, el plazo concedido para introducir el párrafo sobre el comunismo ya había caducado. Por otro lado, una condena del comunismo habría discrepado demasiado con la intención del Papa Juan, que había decidido que el Concilio no condenaría ningún error; y además, en su encíclica Pacem in terris, del 11 de abril de 1963, Juan XXIII había evitado toda reprobación del comunismo, y aceptaba incluso que se pudiera “reconocer en él algunos elementos buenos y laudables.”

Eso era negar el carácter “intrínsicamente perverso” del comunismo, según el Papa Pio XI y aceptar la colaboración de los católicos con el comunismo…. Como árbitro del debate, pero heredero de Juan XXIII, Pablo VI mantuvo el silencio sobre la palabra “comunismo”, y se contentó con añadir el 2 de diciembre una mención de las “reprobaciones del ateísmo hechas en el pasado”, lo que era falsificar la doctrina de Pio XI, que condenaba el comunismo en cuanto organización y método de acción social perversos (una técnica de esclavitud de masas y una práctica de la dialéctica, en palabras de Jean Madiran), y no sólo en cuanto atea.

Karl-Marx

Este lamentable episodio explica muchas cosas que pasarían después en la Iglesia. Sin duda explica la traición al heroico Cardenal Mindszenty de Hungría [ver foto abajo]. Este prelado, tras años de encarcelamiento y tortura por el régimen comunista, estuvo refugiado en la embajada de EEUU en Budapest desde 1956 hasta 1971, cuando los diplomáticos del Vaticano consiguieron su liberación. El precio de su libertad fue su silencio ante el comunismo. Este acuerdo entre Roma y Moscú se hizo a espaldas del cardenal, por lo que éste se negó a respetarlo, y para su gloria fue una piedra en el zapato para los partidarios del Ostpolitik [6] hasta su muerte en 1975. A pesar de la valiente resistencia del Cardenal Mitszenty, los demás obispos húngaros firmaron en 1965 un acuerdo de sumisión al régimen soviético, con la esperanza de que así aplacarían a los comunistas y cesaría la persecución. Sus cálculos erraron por completo y sólo consiguieron neutralizar las fuerzas de resistencia católicas, y de esta manera dar una apariencia de legitimidad al régimen.

Cardenal-Mindszenty-187x300

El pacto de Metz también puede explicar la expansión de la Teología de la Liberación por toda Latinoamérica en los años inmediatamente después del Concilio, como un cáncer en plena metástasis. Explica la visita diplomática del Arzobispo Casaroli a Cuba y sus posteriores alabanzas a Fidel Castro. Fue precisamente este acontecimiento lo que motivó la Declaración de Resistenciade Plinio Correa de Oliveira en 1974, en la que se dirigió al Papa Pablo VI en estos términos:Ordene lo que quiera, Santo Padre, excepto que dejemos de luchar contra el comunismo. Esto, en conciencia, no obedeceremos. Sobre este asunto resistiremos. El pacto explica como durante los años ´70 una gran parte del clero de Nicaragua se alineó abiertamente a favor de la revolución sandinista, y que en 1979 la Conferencia Episcopal de Nicaragua publicara una carta pastoral alabando “la contribución de los cristianos a la causa revolucionaria”, sin que recibieran la menor sanción desde Roma. Cuando Juan Pablo II visitó el país en 1983 la situación había llegado a tal desmadre que el Papa tuvo que hacerse oír por encima de los abucheos de los asistentes a sus misas. Explica por qué, cuando este mismo Papa quiso cumplir con la petición de la Virgen en Fátima, consagrando Rusia al Inmaculado Corazón de María [7], fracasó las dos veces que lo intentó, en 1982 y 1984, por consagrar el mundo, sin siquiera mencionar Rusia. Es otro ejemplo penoso de hasta qué punto el Papa tenía miedo de contrariar al enemigo.

El Ostpolitik no se acabó con la caída del imperio Soviético, como demuestra el vergonzoso acuerdo entre el Vaticano y la Iglesia Ortodoxa en Balamand, (El Líbano) de 1993. Tras la caída de la Unión Soviética, la Iglesia Ortodoxa temía una desbandada por parte de los católicos orientales, que durante 80 años de comunismo habían tenido que renunciar, al menos oficialmente, a la Iglesia Católica para escapar de la persecución. Si esto ocurría era previsible que estos católicos además reclamaran la devolución de todos los templos que les habían sido usurpados por la Iglesia Ortodoxa. Llega la jerarquía católica al rescate, y se acuerda, en aras de la unidad ecuménica, que se evitaría “la conversión de gente de una Iglesia a otra”. Es decir, la Iglesia Católica prefiere que las almas se queden en una secta cismática, antes que reunirse al Cuerpo de Cristo en la Tierra. De esta manera el Vaticano negó implícitamente la declaración infalible delConcilio de Florencia (1431-1445), que afirma que “paganos, judíos, herejes y cismáticos” se encuentran “fuera de la Iglesia Católica”, y por tanto “nunca pueden ser partícipes de la Vida Eterna”, a menos que “antes de su muerte” se unan a la única verdadera Iglesia de Jesucristo, la Iglesia Católica. Según la doctrina tradicional de la Iglesia, la conversión de los ortodoxos no es una opción; es una OBLIGACIÓN.

Es curioso como el destino del mundo en los tiempos modernos parece girar alrededor de Rusia. La Virgen en Fátima ya avisó en 1917, apenas meses antes de la Revolución Bolchevique, que si Rusia no se convertía, esparciría sus errores por todo el mundo. Así ha ocurrido al pie de la letra, no sólo con el comunismo, sino con el aborto (el gobierno de Lenin fue el primero en legalizar el aborto en 1920). Aún seguimos esperando que el Papa vea bien cumplir con lo que la Madre de Dios le ha pedido. Antes el problema eran los comunistas; ahora son los cismáticos ortodoxos. Lo cierto es que mientras el Santo Padre anteponga intereses diplomáticos a la voluntad del Cielo, ni se convertirá Rusia, ni habrá paz en el mundo.

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Creo que la política de apaciguamiento del comunismo, notablemente el Pacto de Metz, explica en gran parte la actitud tan benevolente hacía esta ideología que tienen tantos católicos hoy, laicos y clérigos. Y, visto los resultados catastróficos del Ostpolitik en Europa oriental y Rusia (y no hablemos de China), creo que convendría retornar a la política que la Iglesia ha practicado tradicionalmente frente a sus enemigos. En lugar de buscar acuerdos y querer a toda costa llevarnos bien con ellos, lo que deberíamos hacer es primero llamarlos a la conversión, y luego, si se resisten a la gracia, combatirlos sin tregua.

NOTAS

[1] En su solemne discurso inaugural del Concilio Vaticano II del 11 de octubre de 1962, el Papa Juan XXIII dijo: Siempre la Iglesia se opuso a estos errores. Frecuentemente los condenó con la mayor severidad. En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad.

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La idea de este Papa era que la Verdad se imponía por sí misma, y que los errores se desvanecen como la niebla ante el sol, por lo que las condenas y excomuniones ya no eran necesarias. A mi juicio, fue una actitud tremendamente ingenua, teniendo en cuenta las gravísimas advertencias de todos sus antecesores inmediatos. Además, las consecuencias de esta “misericordia”, que a efectos prácticos se tradujo en laxitud, tanto doctrinal como disciplinaria, causaron un auténtico desastre en la Iglesia. Al abrir las compuertas, enseguida las herejías entraron en todas las instituciones de la Iglesia como un “tsunami”. Los pocos católicos ortodoxos que resistieron el impacto de la ola revolucionaria fueron sistemáticamente marginados y perseguidos por la jerarquía.

[2] Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831). Filósofo idealista alemán que ejercería una ponderosa influencia sobre Karl Marx por sus teorías sobre dialéctica histórica.

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[3] Este acontecimiento está también relatado en dos magníficos libros: Iota Unum de Romano Amerio, Angelus Press 1996 (p.65-66), y The Jesuits – The Society of Jesus and the Betrayal of the Roman Catholic Church de Malachi Martin, New York: Simon Schuster, 1987 (p.85-86).

[4] El Cœtus Internationalis Patrum (Grupo Internacional de Padres) era un grupo de 250 obispos conservadores, que durante el Concilio Vaticano II hizo frente a las tesis liberales que finalmente triunfaron. Su presidente era Mons. Lefebvre y su secretario el Cardenal de Proença Sigaud. Entre sus filas figuraba el Arzobispo de Madrid, Mons. Casimiro Morcillo.

[5] Marcel Lefebvre: La Biografía de Bernard Tissier de Mallerais, ed. Actas, 2012.

[6] La política de apaciguamiento de regímenes comunistas, iniciada bajo el pontificado de Juan XXIII por el Cardenal Agostino Casaroli, quien llegó a ser Secretario de Estado de la Santa Sede bajo Juan Pablo II entre 1979 y 1991. Se renunciaba a condenar el comunismo a cambio de una supuesta mejora de las condiciones de los católicos que vivían bajo estos regímenes.

[7] El 13 de junio de 1929 en Tuy, España, se le apareció la Virgen María a Sor Lucía, la única vidente de Fátima que seguía con vida. Esta vez le dijo: Ha llegado el momento en que Dios pide que el Santo Padre haga, en unión con los Obispos del mundo, la consagración de Rusia. Si esta consagración se hacía, Rusia se convertiría y habría paz en todo el mundo. Sor Lucía dijo en 1985: la consagración todavía no ha sido realizada, porque Rusia no fue el objeto claro de la consagración, sino el mundo. A pesar de ello, los neo-católicos, defensores a ultranza de TODO lo que hacen los Papas, insisten en que la consagración sí se ha hecho, pero lo que no logran explicar es por qué Rusia no se ha convertido ni porqué no hay paz en todo el mundo, tal y como prometió la Virgen.

Christopher Fleming

14 noviembre, 2012

SINOPSIS DE LOS ERRORES IMPUTADOS AL CONCILIO VATICANO II – CONCLUSIÓN

ceremonie de cloture de la derniere session du Concile Vatican II

CONCLUSIÓN:

RETORNAR A LA DOCTRINA VERDADERA O PERECER

Quizás se juzgue temerario el que hayamos acusado a un concilio ecuménico de la Iglesia Católica de tantos y tan graves errores doctrinales. Más aún: acaso parezca que nos hemos mancillado con un pecado grave, puede que hasta acreedor a la nota de herejía. La herejía, empero, según se recordó ( supra 2.0), es «la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma» CIC de 1983, canon 751). Ahora bien, el Vaticano II no condenó ningún error, ni definió ninguna “verdad” de fe “divina y católica”, ningún dogma de fe. No quiso hacerlo y se declaró concilio pastoral tan sólo, con lo que degradó su magisterio extraordinario a un magisterio indefinible desde el punto de vista canónico, meramente “auténtico” al fin y a la postre, aunque puede que ni siquiera eso, vistos los errores que enseñó (v. supra Introducción ).También el magisterio auténtico merece el asentimiento del creyente, mas no al mismo título que los dogmas de fe, cuya negación hasta el fin de la vida entraña la muerte en los propios pecados. Al concilio se le debe, pues, por lo que tiene de “nuevo”, el asentimiento que merece una “pastoral”, el cual se puede denegar legítimamente si la pastoral da la casualidad que no es buena. Se trata, en efecto, de un asenso fundado en las reglas de la prudencia, en la que confluyen el entendimiento sano y el sensus fidei del creyente.La prudencia, que crece sólo en el entendimiento sano, nos dice que escuchemos la voz del sensus fidei , que nos incita a su vez a rehusar el asentimiento a las resoluciones de un concilio ambiguo e inficionado de errores como el Vaticano II.

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Primer Sábado del Mes de Noviembre de 2012

GRAN PROMESA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.» ( Revelada por la Santísima Virgen María a la Hermana Lucía, vidente de Fátima, el 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra -España-)

Sor Lucía, la última vidente de Fátima

La práctica de esta devoción consiste en lo siguiente:

1. Confesión, que puede hacerse durante la semana.

2. La Comunión el mismo sábado.

3. Rezar una parte del santo Rosario.

4. Hacer compañía a la Virgen durante un cuarto de hora meditando o pensando en los misterios del Rosario.

5. Hacer esto durante cinco primeros sábados de mes sin interrupción.

Todo ello con la intención de consolar, honrar y desagraviar a la Santísima Virgen por las blasfemias y ofensas que se cometen contra su Corazón Inmaculado Corazón:

1. Las blasfemias y ofensas contra su Concepción Inmaculada.

2. Las blasfemias y ofensas contra su virginidad perpetua.

3. Los que niegan su maternidad divina y la rechazan como Madre de todos los hombres.

4. Los que infunden en los niños el desprecio y hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada.

5. Los que profanan sus sagradas imágenes.

Tomado de:

http://santa-maria-reina.blogspot.com

Primer Viernes del Mes de Noviembre de 2012

 

¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.

El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque:

“Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes”.

Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA.  en estos términos:

“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora”.

En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:

1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino.

2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…

Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación.

¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano:

no tendrás excusa ninguna si te pierdes!

¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:

1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;

2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;

3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.

 

De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.

Tomado de:

http://misa_tridentina.t35.com/

Especial de Todos los Fieles Difuntos

 

Las Escrituras y los Padres, ordenan oraciones y oblaciones por los que han partido y el Concilio de Trento (Sess. XXV, “De Purgatorio”)

2 de noviembre

Santa Misa del 2 de Noviembre

Indulgencias

Visitas al cementerio

Visitas a Iglesias u Oratorio

No somos Paganos, somos Cristianos

DOS DE NOVIEMBRE: LOS FIELES DIFUNTOS

2 DE NOVIEMBRE: Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos

 

2 DE NOVIEMBRE

Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos

(El  3 si el 2  cae en Domingo.)

Doble.—- Ornamentos negros

La Fiesta de Todos los Santos nos trae, como naturalmente, a la memoria el recuerdo de las almas santas que, cautivas en el purgatorio para expiar en él sus culpas veniales o bien para satisfacer la pena temporal debida por sus pecados, están, sin embargo confirmadas en gracia, y algún día entrarán en el cielo.  Así que, después de haber celebrado la Iglesia en medio del regocijo la gloria de los Santos que constituyen la Iglesia del cielo, la Iglesia de la tierra extiende su maternal solicitud hasta aquel lugar de indecibles tormentos en que se ven sumidas almas que también pertenecen a la Iglesia, a la Iglesia que llamamos purgante.  «En este día, dice el Martirologio romano, la Conmemoración de Todos los fieles Difuntos, en la cual nuestra común y piadosa madre la Iglesia, después de haber tratado de honrar con dignos loores a todos los hijos suyos que tiene ya gozando en el cielo, se esfuerza por ayudar con poderosos sufragios cerca de Cristo, su Esposo y Señor, a todos los que aún gimen en el purgatorio, a fin de que cuanto antes se sumen a la sociedad de los moradores de la ciudad celestial.»

En ninguna parte como aquí anuncia la liturgia de una manera tan explícita la misteriosa trabazón que estrecha a la Iglesia triunfante con la militante y la purgante, y nunca tampoco aparece más claro el doble deber de caridad y de justicia que fluye naturalmente de su misma incorporación al cuerpo místico de Cristo.

Sabemos que, en virtud del dogma de la Comunión de los Santos, los méritos y sufragios de los unos vienen a ser también de los demás, en virtud de una comunidad de bienes espirituales; de manera que, sin mermar los derechos de la divina justicia,que con todo rigor se nos aplican al fin de nuestra vida, la Iglesia puede unir aquí su oración con la del cielo y suplir por lo que falta a las almas del Purgatorio, ofreciendo a Dios por ellas, mediante la santa Misa, las indulgencias, las limosnas y los sacrificios de sus hijos, los méritos sobreabundantes de la Pasión de Cristo y de sus místicos miembros.  De ahí que la liturgia, cuyo centro es el sacrificio del Calvario continuado en el altar, ha sido siempre el medio empleado por la Iglesia para practicar con los Fieles Difuntos el deber potísimo de la caridad, que nos manda atender a las necesidades del prójimo, cual si fueran propias nuestras, en virtud siempre de ese lazo sobrenatural y apretadísimo que une en Jesús al cielo con la tierra y el Purgatorio.

La liturgia de los Difuntos es tal vez la más hermosa y más consoladora de todas. A diario, al fin de las Horas del Oficio divino, se encomiendan a la misericordia divina las almas todas de los Fieles Difuntos.  En la Misa, el sacerdote ofrece el Sacrificio por los vivos y los muertos (Súscipe), y en un Memento especial, pide al Señor se acuerde de sus siervos y siervas que, habiendo muerto en Cristo, duermen ahora el sueño de la paz y les haga pasar al lugar de refrigerio, de luz y de paz.

La solemne conmemoración de todos los Fieles Difuntos se debe a S. Odilón, cuarto abad del célebre monasterio benedictino de Cluny.  Él fue quien la instituyó en 998, y mandó celebrarla en día como hoy1.  La influencia de aquella ilustre y poderosa Congregación hizo se adoptara bien pronto este uso en todo el orbe cristiano, y que este día fuese en algunas partes fiesta de guardar.  En España, en Portugal y en la América del Sur, que de ella dependían, Benedicto XIV había concedido celebrar tres misas el 2 de Noviembre, y Benedicto XV, el 10 de Agosto de 1915, autorizó lo mismo a todos los sacerdotes del mundo católico.

La Iglesia nos recuerda en una Epístola, sacada de San Pablo, que los muertos resucitarán, y nos manda esperar, porque en este día nos tornaremos a ver todos en el Señor.  La Secuencia describe gráficamente el Juicio final, en que los buenos serán separados por siempre de los malos.

El Ofertorio recuerda que S. Miguel es quien introduce las almas en el cielo, porque, dicen las oraciones de la recomendación del alma, él es el Jefe de la milicia celestial, entre la cual se han de poner los hombres, ocupando los sitiales dejados vacíos por los ángeles malos.

«Las almas del Purgatorio, declara el Concilio de Trento, son socorridas por los sufragios de los fieles y, señaladamente, por el Sacrificio del altar.»  Y la razón es que, en la Santa Misa, el sacerdote ofrece oficialmente a Dios el precio de las almas, la Sangre del Salvador.  Jesús mismo está presente bajo las especies de pan y vino, que recuerdan al Padre el Sacrificio del Gólgota, y asegura la aplicación de su virtud expiadora a esas almas.

Asistamos en este día al Santo Sacrificio de la Misa.  En él pide la Iglesia a Dios conceda a los difuntos, que no pueden valerse a sí mismos, la remisión de todos sus pecados (Or.) y el eterno descanso (Intr., Grad., Com.).  Visitemos los cementerios en donde descansan sus cuerpos2 hasta el día en que suene la trompeta y resuciten para revestirse de la inmortalidad y alcanzar, por Jesucristo, la victoria sobre la muerte (Ep.).

_________________________________

1. En virtud de esta institución la S. Sede concedió una Indulgencia Plenaria totíes quoties, aplicable a los Difuntos, a. todos los que, confesándose, recibiendo la Sta. Comunión y visitando una Iglesia, a este día o el Domingo siguiente, rogaren a intención del Sumo Pontífice rezando cada vez seis Padrenuestro,  seis Ave Maríay seis Gloria. (San. Ped. 5 de Julio 1930 y 2 de Enero 1939).

2. La voz cementerio viene de una palabra griega que significa dormitorio, o lugar de descanso.

Fuente:
MISAL DIARIO Y VISPERAL
DÉCIMATERCIA EDICIÓN
Por Dom Gaspar Lefebvre O.S.B.
De la Abadía de S. Andrés (Brujas Bélgica)
Traducción Castellana y Adaptación
Del Rdo. P. Germán Prado
Monje Benedictino de los Silos (España)
1946

SINOPSIS DE LOS ERRORES IMPUTADOS AL CONCILIO VATICANO II -Sinopsis Parte 18

CVII  Juan XXIII y Pablo VI

SINOPSIS DE LOS ERRORES

 (Parte 18 de 18)

LA MALA PASTORAL EN LAS DIRECTRICES IMPARTIDAS PARA EL APOSTOLADO DE LOS SEGLARES

17.0 También a las «asociaciones apostólicas seglares» ha de impartirse «una formación y una experiencia acomodadas y apropiadas» para el«uso recto» de los instrumentos de comunicación social ( Inter Mirifica § 16, cit. ; v. supra § 15, 8).

17.1 Los fieles laicos deben contribuir «al progreso universal en la libertad cristiana y humana» Lumen Gentium § 36 cit. ; para el mito laicista del progreso, abrazado por el Concilio, y su exaltación de la “libertad” v. supra § 6.2).

17.2 «La aceptación de las relaciones sociales y su observancia deben ser consideradas por todos como uno de los principales deberes del hombre contemporáneo. Porque cuanto más se unifica el mundo, tanto más los deberes del hombre rebasan los límites de los grupos particulares y se extienden poco a poco al universo entero. Ello es imposible si los individuos y los grupos sociales no cultivan en sí mismos y difunden en la sociedad las virtudes morales y sociales [¿Cuáles? La mención es genérica; n. de la r.] , de forma que se conviertan verdaderamente en hombres nuevos y en creadores de una nueva humanidad, con el auxilio necesario de la divina gracia» Gaudium et Spes § 30). Así, el concilio invoca la ayuda de la gracia divina en un artículo consagrado a la «superación de la ética individualista» –sin especificar más– y a la exaltación de una visión “social” de la ética, que recuerdan las falsas doctrinas del socialismo y del comunismo (!).

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1 DE NOVIEMBRE: Fiesta de Todos los Santos

 

 

FIESTAS DE NOVIEMBRE

1 DE NOVIEMBRE

Fiesta de Todos los Santos1

Doble de1a. clase. Ornamentos blancos 

La Iglesia nos manda echar en este día una mirada al cielo, que es nuestra futura patria, para ver allí, con S. Juan, a esa turba magna a esa muchedumbre incontable de Santos, figurada en esas series de 12.000 inscritos en el libro de la vida, – con lo cual se indica un número incalculable y perfecto, – y procedentes de Israel y de toda nación, pueblo y lengua, los cuales, revestidos de blancas túnicas y con palma en mano, alaban sin cesar al Cordero sin mancilla (Ep.), Cristo, la Virgen, las bienaventuradas falanges distribuidas en nueve coros, los Apóstoles y Profetas, los Mártires con su propia sangre purpurados, los Confesores, radiantes con sus blancos vestidos y los castos coros de Vírgenes forman ese majestuoso cortejo (Himno de Visp.), integrado por todos cuantos acá en la tierra se desasieron de los bienes caducos y fueron mansos, mortificados justificados, justicieros, misericordiosos, puros, pacíficos y perseguidos por Cristo (Ev.). Entre esos millones de Justos, a quienes hoy honramos y que fueron sencillos fieles de Jesús en la tierra, están muchos de los nuestros, parientes, amigos, miembros de nuestra familia parroquial, a los cuales van hoy dirigidos nuestros cultos.  Ellos adoran ya al Rey de reyes y Corona de todos los Santos (Invit.), y seguramente nos alcanzarán abundantes misericordias de lo alto  (Or.).

 

Esta fiesta común ha de ser también la nuestra algún día, ya que, por desgracia, son muy contados los que tienen grandes ambiciones de ser santos y de amontonar muchos tesoros en el cielo.  Alegrémonos, pues, en el Señor (lnt.), y al considerarnos todavía bogando en el mar revuelto, tendamos los brazos. Llamemos a los que vemos gozar ya de la tranquilidad del puerto, sin exposición a mareos ni a tempestades. Ellos sabrán compadecerse de nosotros, habiendo pasado por harto más recias luchas y penalidades que las nuestras. Necios, muy necios seríamos, si pretendiésemos subir al cielo por otro camino que el que nos dejó allanado Cristo Jesús y sus Santos.

El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

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1. El Templo de Agripa fue dedicado bajo Augusto a  todos los dioses del paganismo de ahí su nombre de Panteón.  Bajo el emperador Focas (entre 607 y 610), el Pa.pa Bonifacio IV trasladó a él muchos huesos de mártires extraídos de las Catacumbas .  El 13 de Mayo de 610  dedicó el mismo papa esa nueva basílica cristiana a Santa Maria y a los Mártires.  La fiesta de su Dedicación tomó luego un carácter  más universal, y por fin, consagróse aquel templo a Santa Mar1a y a Todos los Santos.

Existiendo ya una fiesta en memoria de todos los Santos celebrada en diversos días en las distintas Iglesias, y fijada en 835 por Gregorio IV en el 1º. de Noviembre, el Papa S. Gregorio VII trasladó a ese día el aniversario de la Dedicación del Panteón.   Así que la fiesta de Todos los santos nos recuerda el triunfo de Cristo sobre las divinidades paganas.

 

Fuente:
MISAL DIARIO Y VISPERAL
DÉCIMATERCIA EDICIÓN
Por Dom Gaspar Lefebvre O.S.B.
De la Abadía de S. Andrés (Brujas Bélgica)
Traducción Castellana y Adaptación
Del Rdo. P. Germán Prado
Monje Benedictino de los Silos (España)
1946

SINOPSIS DE LOS ERRORES IMPUTADOS AL CONCILIO VATICANO II -Sinopsis Parte 17

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SINOPSIS DE LOS ERRORES

 (Parte 17 de 18)

LA MALA PASTORAL EN LA FORMACIÓN DE LOS MISIONEROS Y EN LAS DIRECTRICES IMPARTIDAS A LOS MISMOS

16.0 La actividad misionera debe desenvolverse «de suerte que de la semilla de la palabra de Dios crezcan las iglesias autóctonas particulares en todo el mundo suficientemente organizadas y dotadas de energías propias y de madurez, las cuales, provistas convenientemente de su propia jerarquía unida al pueblo fiel y de medios connaturales al pleno desarrollo de la visa cristiana, aporten su cooperación al bien de toda la Iglesia » Ad Gentes § 6).

16.1 «Los misioneros […] susciten comunidades de fieles tales que […] ejerciten las funciones que Dios les ha confiado: sacerdotal, profética y real […] Cultívese el espíritu ecuménico entre los neófitos [!] » , que deben «colaborar fraternalmente con los hermanos separados, según las normas del decreto sobre el ecumenismo» AG § 15).

16.2 También en la formación del clero indígena se prescribe para los alumnos que «sean educados en el espíritu del ecumenismo y se preparen convenientemente para el diálogo fraterno con los no cristianos» (no para convertirlos); esto exige, además, «que los estudios para el sacerdocio se hagan, en cuanto sea posible, en comunicación y convivencia con la gente del propio país [de origen de los alumnos] » AG § 16; véase asimismo AG §§ 29 y 36).

16.3 «Esfuércense los Institutos religiosos que trabajan en la plantación de la Iglesia [en tierras de misión] en exponer y comunicar, según el carácter y la idiosincrasia de cada pueblo, las riquezas místicas de que están totalmente llenos, y que distinguen la tradición religiosa de la Iglesia. Consideren atentamente el modo de aplicar a la vida religiosa cristiana las tradiciones ascéticas y contemplativas, cuya semilla había Dios esparcido con frecuencia en las antiguas culturas antes de la proclamación del Evangelio» AG § 18).Nos gustaría saber cuáles son esas “tradiciones ascéticas y contemplativas” ya presentes, en estado de “semilla” en las antiguas culturas paganas. Se trata del mismo error contenido en Lumen Gentium § 8, que ve “elementos de salvación” fuera de la Iglesia , no sólo entre los que llaman “hermanos separados” sino hasta en las religiones paganas.

16.4 «Y para que la actividad misional de los obispos, en bien de toda la Iglesia , pueda ejercerse con más eficacia, conviene que las conferencias episcopales dirijan los asuntos referentes a la cooperación organizada del propio país. Traten los obispos en sus Conferencias…». Sigue el catálogo, bastante extenso, de materias reservadas a la competencia de los obispos, sin control alguno, en la práctica, por parte de la Santa Sede ( AG § 38).