¿Cuál es la Iglesia verdadera?

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 Profundizando en nuestra fe – Capítulo 11

Una “verdad” relativa y sinfónica

Desde que en el siglo XVII el filósofo Descartes introdujera que el pensamiento es anterior e independiente de la verdad objetiva (“Cogito ergo sum”) y posteriormente la filosofía profundizara en este nuevo modo de pensar con la filosofía de tipo idealista de Kant, Hegel…; y más tarde estas nuevas “intuiciones” se aplicaran a la teología de corte modernista, el concepto de “verdad” cayó en el relativismo, y los dogmas y las verdades absolutas fueron en gran parte desechados, entre la filosofía y la teología primero, y después incluso, en el modo común de pensar del hombre de la calle.

Ya no se habla de “la verdad” en oposición a la mentira, sino de “mi verdad” en oposición a “tu verdad”. Una verdad que se ha hecho “sinfónica”; como si fuera un a modo de la suma de “verdades” en las que a veces no se pone objeción sin son opuestas entre sí. El principio filosófico de no contradicción[1] ha caído en el olvido y ahora se le puede dar la razón a todo el mundo aunque defiendan proposiciones que son de suyo opuestas.

La opinión se ha transformado en “dogma”, y los auténticos dogmas, han perdido todo su valor para quedar reducidos a un mero punto de vista u opinión personal.

Este modo de pensar, que se aleja de toda lógica y del sentido común, se ha ido extendiendo como cáncer en todos los ámbitos del pensar y de la vida humana. Ahora se decide si algo es bueno o malo según el número de votos que tenga en una encuesta. Los políticos son unos expertos en esta materia, pues hoy pueden defender una tesis y mañana la totalmente opuesta sin experimentar el menor rubor.

Establecidas las bases de este nuevo modo de pensar, ahora quizás entenderemos un poco mejor la corriente teológica actual en la que se tiende a suprimir los dogmas, las verdades para siempre.., y se defiende en cambio una verdad de corte historicista y cambiante, según los vientos que corren en cada momento. No es pues extraño ver a “eminentes teólogos y jerarcas” de la Iglesia defender proposiciones que no hace mucho tiempo estaban condenadas como heréticas por los concilios y el magisterio anterior. Y lo peor de todo es que, como los aires que corren están a favor de ese modo de pensar, pocos son los que levantan su voz en contra de estas “nuevas verdades” y defienden la verdad de siempre. Sigue leyendo

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¿Rezamos todos los creyentes al mismo Dios?

francisco

11 noviembre, 2015

Profundizando en la fe (Capítulo 2): Dios y sus perfecciones (I)

¿Rezamos todos los creyentes al mismo Dios?

En el capítulo precedente decíamos que el hombre puede llegar a conocer la existencia de Dios y algunas de sus propiedades mediante el mero uso de su razón. A lo largo de la historia el hombre usó diferentes modos y vías para poder llegar hasta Él; ahora bien, el grado y perfección del conocimiento que llegaron a tener de su Creador no era el mismo en todas las culturas. Es por ello que Dios, movido por su benevolencia hacia el hombre, se reveló a Sí mismo para que de ese modo pudiéramos llegar a conocerle y amarle mejor (DS 3004).

Si clasificáramos a los hombres según su relación con Dios, y simplificando mucho, los dividiríamos en los siguientes grupos:

  • Hay hombres que rechazan que Dios exista; estos son los ateos. Aunque hoy día aquellos que se confiesan como ateos son más los ateos prácticos que los teóricos; es decir aquellos que eliminan a Dios de sus vidas porque no quieren que forme parte de las mismas. Cuestión aparte sería el caso del budismo. El budismo no es propiamente una religión sino una filosofía y una ética. Para el budista no tiene sentido preguntarse por la existencia de Dios.
  • Hay hombres, especialmente en culturas más antiguas y menos desarrolladas desde el punto de vista filosófico y religioso, que descubren la existencia de seres supremos a quienes llaman “dioses”; atribuyéndoles a cada uno propiedades o facultades diferentes según el área humana sobre la que van a intervenir. Eso ocurrió principalmente en las culturas griegas y romanas; aunque también lo vemos en culturas egipcia, hebrea pre-abramítica, mesopotámicas, japonesa (sintoísmo)…
  • Hay otros, que valiéndose de las diferentes religiones y culturas llegan a conocer la existencia de un solo Ser supremo; pero cuando uno empieza a indagar un poco en sus creencias descubre que ese Ser supremo no es igual en todas las religiones que se declaran monoteístas. A saber: islam, judaísmo y cristianismo.

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Profundizando en nuestra fe. Capítulo 1: El sentido de la existencia del hombre (III)

nicea

4 noviembre, 2015

En el artículo anterior concluíamos que el sentido de la existencia del hombre procede del fin para el cual fue creado: Dios. Ahora bien, ¿quién me enseñará el camino para poder alcanzar tal fin? Tenemos la ayuda de otros cristianos que vayan por delante nuestro; pero principalmente la ayuda nos vendrá del mismo Cristo y de aquellos que Cristo puso para que fueran nuestros “maestros”[1].

Cristo, su persona y sus enseñanzas

La primera ayuda que tenemos es el mismo Cristo. Cristo nos dijo que Él era el camino, la verdad y la vida (Jn 14:6) y que sin Él no podíamos hacer nada (Jn 15:5). También nos enseñó que deberíamos permanecer unidos a Él como los sarmientos a la vid (Jn 15: 1-10) y que Él mismo era nuestra vida y la garantía de la vida eterna (Jn 6:51). Jesucristo nos enseñó que Él era la luz del mundo y el que le seguía no andaba en tinieblas (Jn 8:12).

Cristo nos dijo que nos dejaba su paz; una paz diferente a la que daba el mundo (Jn 14:27). Fue San Pablo quien añadió que Cristo mismo era nuestra paz (Ef 2:14). Él fue quien nos dio el mandamiento nuevo (Jn 13:34), los sacramentos de la vida eterna, y al mismo tiempo quien dijo a sus discípulos que siguieran haciendo eso mismo en su memoria (Mt 28:19; Lc 22:19). Y al mismo tiempo nos insistió que sus enseñanzas eran para todos los hombres y para todas las épocas (Mt 24:35), no pudiendo cambiar ni una tilde de lo enseñado (Mt 5: 18-19). Sigue leyendo

Profundizando en nuestra fe. Capítulo 1: El Sentido de la existencia del hombre (II)

nicea 28 octubre, 2015

En el artículo anterior concluíamos que no se puede llegar a descubrir el auténtico sentido de la existencia del hombre si se rechaza a Dios y si se niega la espiritualidad del alma. Ambos conceptos previos, que son el punto de partida de nuestro razonamiento, son la base para poder seguir nuestro estudio.

Para llegar a descubrir el sentido de esta existencia, sería bueno que respondiéramos previamente unas preguntas que considero esenciales: ¿por qué Dios creó al hombre? ¿Por qué existe el hombre? ¿Es el hombre un mero accidente biológico en medio de un mundo sin sentido? ¿Hay algún “diseño”? ¿Tiene algún sentido que Dios creara al hombre? La respuesta a estas preguntas nos dará una primera luz sobre el sentido de nuestra existencia.

El mero hecho de que Dios creara seres espirituales -que una vez creados ya van a existir para siempre-, nos hace pensar en un “plan” de Dios con respecto a esas criaturas. Sigue leyendo

Profundizando en nuestra fe: Capítulo 1: El Sentido de la existencia humana (I)

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21 octubre, 2015

El primer regalo que cada uno de nosotros recibe de Dios, aunque no el más grande, es la vida. Es por ello, que descubrir el sentido de nuestra vida es una de las tareas más importantes que tenemos que realizar en nuestra existencia, pues de eso dependen nuestra felicidad en la tierra y luego el premio eterno del cielo. Por otro lado, es una tarea personal; otras personas nos podrán orientar, ayudar, encaminar, pero al fin y al cabo, será un descubrimiento personal, pues junto a una iluminación de nuestro intelecto para conocer cuál es el sentido de nuestra existencia habrá de acompañarle una aceptación de la voluntad para seguirlo.

¡Cuántas personas deambulan sin rumbo durante gran parte de su vida! ¡Cuántas personas nunca descubren el sentido de su existencia! Hoy día, debido al materialismo reinante, al desprecio de todo lo espiritual, a la ausencia de modelos que nos inspiren para seguir el buen camino, a la falta de una Iglesia que nos enseñe claramente el rumbo…, vivir toda una existencia sin haber descubierto su sentido es lo más habitual. Y ya sabemos lo que ocurre si el hombre no descubre el sentido de su vida. Si Dios no ocupa el primer lugar en su corazón…, pronto, otras cosas vendrán a reemplazarlo, y el hombre sólo buscará ser lo más feliz posible en el único mundo que él conoce: éste.

Todo hombre puede llegar a descubrir que Dios existe

Hay dos conceptos previos que tenemos que analizar y que nos ayudarán a descubrir el sentido de nuestra vida: la existencia de Dios y la espiritualidad del alma. Sigue leyendo

¿Pueden existir varias religiones buenas? El ecumenismo actual condenado ya en 1900

asis

17 octubre, 2015

Comentario de Adelante la Fe: con los criterios aquí expuestos -que datan de 1900 con todas las aprobaciones oficiales-, y que representan la verdadera doctrina de la Iglesia, es fácil a cualquier fiel poder evaluar las reuniones ecuménicas y derivadas que se vienen promocionando en los últimos 50 años por la jerarquía de la Iglesia, en las cuales se invitan a otras religiones a orar por objetivos comunes, como la paz mundana. El solo hecho de invitar a otra religión, en tanto que tal, a orar, incluso si no se hace conjuntamente, presupone forzosamente en el que invita el reconocimiento explícito de la plena validez, efectividad y capacidad del invitado de agradar a Dios con las mismas, lo cual no es más que poner en pie de igualdad a todas las religiones. Leamos detenidamente. 

¿Pueden existir varias religiones buenas?

Por el padre P. A. Hillaire. Ex profesor del Seminario Mayor de Mende. Superior de los Misioneros del S. C.
1900

No; pues no puede haber sino una sola religión verdadera.

Así como no hay más que un solo Dios, no hay más que una sola verdadera manera de honrarle; y esta religión obliga a todos los hombres que la conocen.

1º Una religión, para ser buena, debe agradar a Dios. Pero como Dios es la verdad, y una religión falsa no podría agradarle, no puede aprobar una religión fundada sobre la mentira y el error.

2º No puede existir más que una sola religión verdadera, pues la religión es el conjunto de nuestros deberes para con Dios y estos deberes son los mismos para todos los hombres. Y, a la verdad, estos deberes nacen de las relaciones existentes entre la naturaleza de Dios y la naturaleza del hombre. Pero como la naturaleza de Dios es una, y la naturaleza humana es la misma en todos los hombres, es evidente que, los deberes tienen que ser los mismos para todos. Por consiguiente, la verdadera religión es una y no puede ser múltiple. Las formas sensibles del culto pueden variar; la esencia del culto, no.

3º  Toda religión comprende tres cosas: dogmas que creer, una moral que practicar y un culto que rendir a Dios. Si dos religiones son igualmente verdaderas, tienen el mismo dogma, la misma moral, el mismo culto; y entonces ya no son distintas.

Si son distintas, no pueden serlo sino por enseñar doctrinas diferentes acerca de una de estas materias y, en este caso, ya no son igualmente verdaderas. Por ejemplo, a esta pregunta: ¿Jesucristo es Dios? Sí, dice un católico; puede ser, dice un protestante racionalista; no, contesta un judío; es un profeta como Mahoma, añade un musulmán… Estos cuatro hombres no pueden tener razón a la vez; evidentemente uno solo dice la verdad. Luego, las religiones que admiten, aunque sólo sea una verdad dogmática diferente, no pueden ser igualmente verdaderas.

Lo que decimos del dogma hay que afirmarlo también de la moral no hay más que una sola moral, puesto que ha de fundarse en la misma naturaleza de Dios y del hombre que no se mudan. Lo mismo debe decirse del culto, por lo menos en cuanto a sus prácticas esenciales.

Cuando los protestantes dicen: Nosotros servimos al mismo Dios que los católicos,  luego nuestra religión es tan buena como la de ellos, contestamos: _Ciertamente, vosotros servís al mismo Dios puesto que no hay más que uno, pero no le servís de la misma manera. No le servís, en la forma con que quiere ser servido. Ahí está la diferencia… Dios es el Señor, y el hombre debe someterse a su voluntad. Los que dicen que todas las religiones son buenas, no ven en la religión más que un homenaje tributado a Dios, y piensan erróneamente que cualquier homenaje le es grato. Olvidan que la religión encierra verdades que creer, deberes que cumplir y un culto que tributar. Y es claro que no pueden existir varias religiones de creencias contradictorias y de prácticas opuestas, porque la verdad es una sola, y Dios no puede aprobar el error.

Objeción: 1º Todas las religiones son buenas

¿Acaso todas las monedas son buenas? ¿No hay que distinguir entre las verdaderas y las falsas? Pues lo mismo sucede con la religión. Pero, la moneda falsa supone la buena de la que no es más que una criminal imitación; así, las falsas religiones suponen la verdadera.

Si todas las religiones son buenas se puede ser católico en Roma, anglicano en Londres, protestante en Ginebra, musulmán en Constantinopla, idólatra en Pekín y budista en la India. ¿No es esto ridículo? ¿No es afirmar que el si y el no son igualmente ciertos en el mismo caso? Decir que todas las religiones son buenas es un absurdo palpable, una blasfemia contra Dios, un error funesto para el hombre.

1º Un absurdo. _ Es cierto que en las diferentes religiones hay algunas verdades admitidas por todos, como son la existencia de Dios, la espiritualidad del alma, la vida futura con sus recompensas y castigos eternos. Mas ellas se contradicen en otros puntos fundamentales. EL católico, por ejemplo, afirma que la Iglesia tiene por misión explicarnos la palabra de Dios encerrada en la Biblia, mientras que el protestante declara que todo cristiano debe interpretar por sí mismo la palabra divina y forjarse una religión a su manera…

Podríamos citar indefinidamente las divergencias contradictorias de las diversas religiones. Pero es evidente que dos cosas contradictorias no pueden ser verdaderas, porque la verdad es una, como Dios, y no se contradice. Si la Iglesia ha recibido de Jesucristo la misión de explicarnos la Biblia, no queda a la voluntad de cada cristiano el interpretarla a su manera… Es absurdo decir que el sí y el no pueden ser igualmente ciertos sobre el mismo punto… Mas como lo que no es verdadero, no es bueno,porque la mentira y el error de nada sirven, debemos concluir que no pudiendo todas las religiones ser verdaderas, no pueden ser todas buenas.

2º Una blasfemia contra Dios. _Decir que todas las religiones son buenas, no es solamente contradecir al buen sentido, sino blasfemar contra Dios. Es tomar a Dios por un ser indiferente para la verdad y para el error. Se supone que Dios puede amar con igual amor de complacencia al cristiano que adora a su Hijo Jesucristo que al mahometano que le insulta; que debe aprobar al Papa, que condena la herejía, y a Lutero a Calvino y a Enrique VIII, que se rebelan contra la Iglesia; que bendice al católico que adora a Jesucristo presente en la Eucaristía y sonríe al calvinista que se burla de ese misterio… Pero atribuir a Dios semejante conducta es negar sus divinos atributos; es decir, que trata a la mentira como a la verdad, al mal como al bien, y que acepta con la misma complacencia el homenaje y el insulto… ¿No es esto una blasfemia?

3º Un error funesto para el hombre. _Para llegar a la felicidad eterna debe el hombre seguir el camino que a ella le lleva, y sólo la religión verdadera es el camino que lleva al cielo. ¿No es una gran desgracia errar el camino? ¡Y si al menos llegados al término se pudiera desandar lo andado!… Pero si uno yerra por su culpa, se ha perdido para toda la eternidad.

La indiferencia al enseñar que se pueden seguir todas las religiones, propende a alejar al hombre de la verdadera religión, del único medio de alcanzar su meta. Es, por consiguiente, un error funesto.

Objeción: 2º Un hombre honrado no debe cambiar de religión hay que seguir la religión de los padres

Cada uno puede y debe seguir la religión de sus padres si esta religión es verdadera; pero si es falsa, hay obligación de renunciar a ella para abrazar la verdadera.

Así, cuando uno ha tenido la dicha de nacer en la verdadera religión, no necesita cambiar de creencias, y debe estar pronto a derramar hasta la ultima gota de su sangre antes que apostatar. Pero cuando no se ha tenido la dicha de nacer en la verdadera religión, si uno llega a conocerla, es absolutamente necesario, so pena de falta grave, abandonar la falsa religión y abrazar la verdadera.

El deber más sagrado del hombre es el de seguir la verdad desde el instante mismo en que la conoce: ante todo, hay que obedecer a Dios. Abandonar la falsa religión para seguirla verdadera, es acatar la voluntad de Dios, y, por consiguiente, cumplir el más sagrado de los deberes. Sin duda nada merece tanto respeto como las creencias de nuestros padres; pero este respeto tiene sus límites, los límites de la verdad. Nadie está obligado a copiar los defectos de los padres. Si vuestros padres son ignorantes ¿es necesario acaso que, por respeto, permanezcáis ignorantes como ellos? La salvación es un asunto personal, individual, del que cada uno es responsable ante Dios.

Las causas por las cuales se descuida abrazar la verdadera religión son el respeto humano, los intereses temporales, el deseo de seguir las propias pasiones; pero, evidentemente, estas causas son malas y, por tanto, hay que sacrificarlas para cumplir la voluntad de Dios y salvar el alma.

Tomado de su libro “La religión demostrada”. Puede leerse íntegro aquí

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com

Profundizando en nuestra fe. Introducción

nicea

14 octubre, 2015

Comenzamos hoy una nueva serie de artículos que bajo el epígrafe común de “Profundizando en nuestra fe” intentarán compendiar los elementos esenciales que hemos de aprender, guardar y transmitir dentro de nuestra fe cristiana. Como ya decía San Pablo: Os transmito lo que a mi vez he recibido” (1 Cor 11:23).

Estos temas son el resultado de muchos años de charlas, cursos…, dados en las diferentes parroquias en las que he trabajado y que iban preferentemente dirigidos a un público adulto. En ningún momento obviaré ningún tema por arduo o difícil que pueda ser, siempre y cuando se considere importante para nuestra fe. Conforme se vayan desarrollando los temas, preguntas, puntualizaciones y dudas sobre los mismos serán aceptadas. Por lo que si así lo desean, podrán hacerlas ya directamente en los comentarios de cada uno de los artículos o escribiendo directamente a mi correo electrónico (lucasprados@adelantelafe.com)

Temario

Para que tengan una idea de conjunto, el esqueleto de las charlas será el siguiente: Habrá tres grandes epígrafes:

  1. Nuestra fe: Desarrollo del Credo.
  2. Nuestra moral: Los mandamientos.
  3. Los sacramentos.

Y a modo de ejemplo, el primer apartado dedicado al Credo tendrá catorce capítulos, de entre los cuales les enumero algunos:

  1. El sentido de la existencia del hombre.
  2. Dios y sus perfecciones.
  3. Unidad y Trinidad en Dios.
  4. La Creación y los Ángeles.
  5. Creación y Caída del Hombre…

Y así hasta catorce diferentes capítulos en esta primera parte. A su vez, cada capítulo nos puede ocupar dos o tres artículos.

Dado que culminar esta empresa puede tardar varios años; de hecho yo daba estos cursos durante tres años consecutivos en periodos de ocho meses cada año, intentaré cuando finalicemos cada gran epígrafe, descansar unos meses hasta que comencemos el siguiente. Pido a Dios la gracia, la sabiduría y la constancia para poder culminar esta empresa. Sigue leyendo

Obispos polacos explican por qué los divorciados “vueltos a casar” nunca podrán comulgar lícitamente

Gadecki 13 octubre, 2015

Desde el primer año de Rorate, hemos cubierto la ola persistente de los prelados que han tratado de utilizar la portada de  la “misericordia” para impulsar un sacrilegio (en nombre de la recepción de la Sagrada Comunión por civiles divorciados y “vueltos a casar”). Naturalmente en ese momento no esperábamos llegar a tiempo, en donde el apoyo a esa idea vendría desde el más alto nivel de la jerarquía.

Afortunadamente, Polonia católica no defrauda. En su intervención en el asunto, realizado el sábado en el Aula del Sínodo, y hecho público este lunes, el Presidente de la Conferencia Episcopal de Polonia, el arzobispo  Stanisław Gądecki, lo explicó con claridad y con palabras inolvidables, por qué la doctrina católica sobre este tema, no puede cambiar de lo que siempre ha sido.

La Conferencia Episcopal de Polonia también publicó un comentario teológico para explicar el tema a la luz de los Concilios de la Iglesia, en particular, del Sacrosanto Concilio de Trento, que se ocupa sobre todo de los conceptos de la gracia santificante, la gracia sacramental y el pecado mortal, que puede ser adulterado por los manipuladores para que el sacrilegio sea forzado dentro la Iglesia.

Primero esta intervención:

Intervención en la 6ta sesión general

Sábado 10 de octubre de 2015

+ Stanisław Gądecki, Arzobispo Metropolitano de Poznań

Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca

Para empezar, quiero hacer hincapié en que la siguiente intervención refleja no sólo mi opinión personal, pero también la opinión de toda la Conferencia Episcopal Polaca.

1, No hay duda de que la Iglesia de nuestro tiempo debe -en un espíritu de misericordia- ayudar a los divorciados y vueltos a casar civilmente con una caridad especial, para que no se consideren a sí mismos separados de la Iglesia, si bien pueden en efecto, participar en Su vida, como bautizados.

Por lo tanto, vamos a invitarlos a escuchar la Palabra de Dios, a asistir al Sacrificio de la Misa, a perseverar en la oración, a contribuir a las obras de caridad y las iniciativas comunitarias en favor de la justicia, a educar a sus hijos en el la fe Cristiana, a cultivar el espíritu y la práctica de la penitencia y de implorar de este modo, día a día, la gracia de Dios. Que la Iglesia rece por ellos, los anime y Ella Misma se muestre como una madre misericordiosa, y así los sostenga en la fe y la esperanza (cf. Juan Pablo II, Familiaris consortio, 84).

2, Sin embargo, la Iglesia en su enseñanza sobre la admisión de los divorciados vueltos a casar, no puede ceder a la voluntad del hombre, sino sólo a la voluntad de Cristo (cf. Pablo VI, Discurso a la Rota Romana, 01/28/1978; Juan Pablo II, Discurso a la Rota Romana, 01/23/1992, 01/29/1993 y 01/22/1996). En consecuencia, la Iglesia no puede dejarse llevar por sentimientos de falsa compasión a las personas o los modos de pensamiento que -a pesar de su popularidad en todo el mundo- se equivocan.

Admitir a la Comunión a los que siguen cohabitando “more uxorio” [como esposo y esposa] sin el vínculo sacramental sería contrario a la Tradición de la Iglesia. Los documentos de los primeros sínodos de Elvira, Arles y Neocesarea, que tuvieron lugar en los años 304-319, ya han confirmado la doctrina de la Iglesia sobre no admitir a los divorciados vueltos a casar a la Comunión Eucarística.

Esta posición está basada en el hecho de que “su estado y condición de vida contradicen objetivamente esa unión de amor entre Cristo y la Iglesia, reconocida y actualizada en la Eucaristía” (Juan Pablo II, Familiaris consortio, 84; 1 Cor 11:27 -29; Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis, 29; Francis, Angelus 16 de agosto de 2015).

3, La Eucaristía es el sacramento de los bautizados que están en estado de gracia sacramental. Admitir a los divorciados que se volvieron a casar civilmente a la Santa Comunión, causaría un gran daño no sólo para el ministerio pastoral de la familia, sino también a la doctrina de la Iglesia sobre la gracia santificante.

De hecho, la decisión de admitir a la Sagrada Comunión, abriría la puerta a este sacramento a todos los que viven en pecado mortal. Esto a su vez daría lugar a la eliminación del Sacramento de la Penitencia y distorsionaría el significado de vivir en estado de gracia santificante. Por otra parte, hay que señalar que la Iglesia no puede aceptar la llamada “ley de la gradualidad” (Juan Pablo II, Familiaris consortio, 34).

Como el Papa Francisco nos lo recordó, que los que estamos aquí no queremos y tampoco tenemos el poder para cambiar la doctrina de la Iglesia.

Ahora, el comentario teológico proporcionada por la Conferencia, tomando como base, en particular, las enseñanzas inmutables del Concilio Tridentino:

Pbro. Dariusz Kowalczyk SJ

Decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Gregoriana, Roma

La Gracia de Dios, Gracia Sacramental, Gracia Santificante

La gracia de Dios es, básicamente, cada acción salvadora de Dios para el ser humano. Por lo tanto, podemos decir que la gracia es una al igual que solo hay un Dios. Sin embargo, teniendo en cuenta los cambios en las circunstancias, así como en las modalidades y las consecuencias de la acción de Dios, se distinguen diferentes tipos de gracia, entre ellos la “gracia sacramental” (gratia sacramentalis), que es “la gracia del Espíritu Santo, dada por Cristo y propia de cada sacramento “(Catecismo de la Iglesia Católica, 1129).

El Concilio de Trento enseña que a través de los sacramentos “toda justicia verdadera inicia, o habiendo iniciado, se incrementa o cuando se pierde es reparada.” (Denz 1600). Por lo tanto, la gracia sacramental es esencialmente gracia santificadora (sanctificans graciables). Cabe señalar que el concepto de “gracia santificante” es mucho más amplio que el de “gracia sacramental”. Porque, Dios puede venir a santificar las relaciones humanas fuera de los sacramentos. En otras palabras, Dios también salva no sacramentalmente, como el Concilio Vaticano II afirma: “debemos creer que el Espíritu Santo de una manera sólo conocida por Dios, ofrece a todos la posibilidad de ser asociados a este misterio pascual” (Gaudium et spes, 22).

La situación de las personas divorciadas que viven en nuevas uniones, sería entonces una situación en la que se les priva de la gracia sacramental ligado al sacramento del matrimonio, el sacramento de la Penitencia y la Santa Comunión, pero no deben ser, por definición, privadas de la gracia de Dios en general, de esta gracia santificante que Dios puede dar, como hemos dicho, no sacramentalmente. Es por esto que Juan Pablo II fue capaz de escribir en la Familiaris consortio: “Ellos [los divorciados y divorciadas vueltas a casar] deben ser alentados a escuchar la palabra de Dios, para asistir al Sacrificio de la Misa, a perseverar en la oración, para contribuir a las obras de caridad y las iniciativas comunitarias en favor de la justicia, a educar a sus hijos en la fe cristiana, para cultivar el espíritu y la práctica de la penitencia y de implorar de este modo, día a día, la gracia de Dios [la cursiva es nuestra] “(No. 84).

Por lo tanto, las personas divorciadas que viven en nuevas uniones pueden verdaderamente pedirle a Dios que les conceda su gracia y aunque no es, ni puede ser la gracia sacramental sin el cumplimiento de ciertas condiciones, es sin embargo una verdadera gracia de Dios que restaura la relación salvadora con Él. Sin embargo, esto no abre el camino para la comunión sacramental de las personas divorciadas que participan en nuevas uniones. Por el contrario, si esto fuera así, ellos se alejan, no sólo de la lógica interna de la gracia sacramental, sino también el riesgo de eliminar la gracia recibida no sacramentalmente.

[Fuente: Conferencia Episcopal Polaca]

[Traducción de Cecilia Gonzalez. Artículo Original]