La suspensión de cultos y el inicio de la Cristiada.

Grabado que representa a Juárez con las Leyes de Reforma indicando la separación entre la Iglesia y el Estado.

La promulgación de la Ley Calles fue la gota que colmó el vaso. Esa nueva ley, en pocas palabras, desconocía a la Iglesia el simple derecho de existir, y le quitaba modo y medios de formar sacerdotes y religiosos.
El Episcopado Mexicano ya no puede más, y mediante una Carta Pastoral anuncia la suspensión de cultos en todas las iglesias del país a partir del 31 de Julio, diciendo así:

“Nos, los Arzobispos y Obispos que suscribimos a nuestros venerables cabildos, a nuestro venerable clero secular y regular, y todos los fieles de nuestra amada Diócesis; salud, paz y bendición de Nuestro Señor Jesucristo.
Venerables hermanos y amados hijos:
En la imposibilidad de continuar ejerciendo el ministerio consagrado según las condiciones impuestas por el decreto, después de haber consultado con Su Santidad Pío XI y obtenida su aprobación, ordenamos que desde el día treinta y uno de julio del presente año, hasta que dispongamos otra cosa, se suspenderá en todos los templos de la República el culto público que exija la intervención del sacerdote.
Dejamos los templos al cuidado de los fieles y estamos seguros que ellos conservarán con toda solicitud los santuarios que heredaron de sus mayores o los que a costa de sacrificios consagraron y construyeron y consagraron ellos mismos para adorar a Dios.
Fiad en nosotros, amados hijos, como nosotros fiamos en vuestra lealtad inquebrantable y todos confiamos en Dios, esperemos mucho, dijo hace poco el Sumo Pontífice, de Nuestra Señora de Guadalupe. A veces parece que duerme el Divino Piloto, pero siempre acude en el momento oportuno para consolar a los que en Él confían.
Por último os impartimos de corazón nuestra bendición pastoral en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Dada el 25 de Julio de 1926.
José, arzobispo de México, Martín, obispo de Yucatán, Leopoldo, arzobispo de Michoacán, Francisco, arzobispo de Guadalajara, Juan, arzobispo de Monterrey, Rafael, obispo de Veracruz, Pascual, obispo de Tabasco, …

La noticia de la suspensión de cultos conmovió al pueblo católico, y de inmediato se hicieron largas filas en las iglesias esperando recibir los sacramentos, bautismos, confesiones, la Eucaristía, la Confirmación, el Matrimonio, antes del día señalado por los obispos. Los sacerdotes tuvieron que hacer un esfuerzo extraordinario para atender sin interrupción a las multitudes que acudían a los templos.

A partir del 1 de Agosto deja de haber cultos, los templos están desiertos, el sagrario vacío, y los católicos abrirán dos frentes contra el gobierno: la rebelión armada (Guerra Cristera) y la acción civil (Liga Defensora Religiosa). A este movimiento es a lo que se llamó Cristiada.
Antes de iniciar el siguiente tema, me gustaría aclarar algo.  En algunos libros de Historia he visto que se quiere dar la impresión de que la Iglesia y el Gobierno tuvieron igual parte de culpa en el conflicto, y que la imprudencia del clero permitió el estallido de violencia. Para juzgar esto, no hay nada mejor que leer una entrevista que sostuvo el Presidente Calles con el obispo michoacano Leopoldo Ruiz y Flores y el obispo tabasqueño Pascual Díaz, el 21 de Agosto de 1926, todavía intentando solucionar el problema por medio de la razón y el diálogo. No podía ser -como dice Jean Meyer-, más moderada y condescendiente la posición de los obispos:

ENTREVISTA DEL PRESIDENTE CALLES CON LOS OBISPOS DE MICHOACÁN Y TABASCO

Viva Cristo Rey

Tomado de: http://guadalupe.luxdomini.com