¿Rezamos todos los creyentes al mismo Dios?

francisco

11 noviembre, 2015

Profundizando en la fe (Capítulo 2): Dios y sus perfecciones (I)

¿Rezamos todos los creyentes al mismo Dios?

En el capítulo precedente decíamos que el hombre puede llegar a conocer la existencia de Dios y algunas de sus propiedades mediante el mero uso de su razón. A lo largo de la historia el hombre usó diferentes modos y vías para poder llegar hasta Él; ahora bien, el grado y perfección del conocimiento que llegaron a tener de su Creador no era el mismo en todas las culturas. Es por ello que Dios, movido por su benevolencia hacia el hombre, se reveló a Sí mismo para que de ese modo pudiéramos llegar a conocerle y amarle mejor (DS 3004).

Si clasificáramos a los hombres según su relación con Dios, y simplificando mucho, los dividiríamos en los siguientes grupos:

  • Hay hombres que rechazan que Dios exista; estos son los ateos. Aunque hoy día aquellos que se confiesan como ateos son más los ateos prácticos que los teóricos; es decir aquellos que eliminan a Dios de sus vidas porque no quieren que forme parte de las mismas. Cuestión aparte sería el caso del budismo. El budismo no es propiamente una religión sino una filosofía y una ética. Para el budista no tiene sentido preguntarse por la existencia de Dios.
  • Hay hombres, especialmente en culturas más antiguas y menos desarrolladas desde el punto de vista filosófico y religioso, que descubren la existencia de seres supremos a quienes llaman “dioses”; atribuyéndoles a cada uno propiedades o facultades diferentes según el área humana sobre la que van a intervenir. Eso ocurrió principalmente en las culturas griegas y romanas; aunque también lo vemos en culturas egipcia, hebrea pre-abramítica, mesopotámicas, japonesa (sintoísmo)…
  • Hay otros, que valiéndose de las diferentes religiones y culturas llegan a conocer la existencia de un solo Ser supremo; pero cuando uno empieza a indagar un poco en sus creencias descubre que ese Ser supremo no es igual en todas las religiones que se declaran monoteístas. A saber: islam, judaísmo y cristianismo.

Desde las filas cristiano-católicas y por motivos un tanto oscuros, se nos quiere hacer creer que todas las religiones monoteístas adoran al mismo Dios, lo cual es totalmente falso. Podríamos decir que atribuimos a ese Ser supremo algunas propiedades comunes, pero cuando profundizamos en el conocimiento de cada una de las religiones vemos que las diferencias son más marcadas que las semejanzas. Ese “dios” que pretenden presentarnos como Ser supremo y común a todas las religiones, más que el Dios de la Biblia sería el Gran Arquitecto predicado por la masonería, al cual se le ha despojado de los valores sobrenaturales tal como los predica la teología católica.

Poniendo una comparación un tanto burda sería algo así como decir que lo mismo da tener un coche Ford Focus, un Mercedes o un Ferrari, todos tienen cuatro ruedas, un volante y un motor. Si todos fueran iguales digámosle al propietario del Ferrari que nos lo cambie por nuestro Ford Focus a ver qué nos dice.

Es curioso también ver que los más interesados en decir que todas las religiones adoran al mismo Dios son aquellos que profesan dentro de las filas del catolicismo, única religión verdadera; y por tanto, los que más tendrían que defender la autenticidad de su religión. Si preguntamos a musulmanes o a judíos si todos adoramos al mismo Dios, rápidamente nos dirán que no. Para un judío, los musulmanes no se salvan pues son infieles que han abandonado a Yahweh; y los cristianos somos politeístas e idólatras pues tenemos tres dioses. Y si preguntamos a un musulmán, tanto los judíos como los cristianos somos infieles pues rechazamos a Alá como único Dios y a Mahoma como su profeta.

Algunas diferencias entre el cristianismo y el islam

Para el islam, según nos dice Manuel Guerra en su libro “Historia de las religiones”1, Mahoma llegó a concebir la existencia de Alá como Dios único después de haber eliminado del pueblo a todos los otros dioses que cohabitaban con Alá. Alá era el dios luna, uno de muchos dioses paganos adorados en Arabia (de ahí que los musulmanes tengan a la luna como símbolo principal y sigan el calendario lunar). Mahoma no fue el primero en adorar a Alá, de hecho Alá fue adorado por el abuelo y el padre de Mahoma, pero no lo consideraban como “el único Dios,” sino que era uno entre los cientos de dioses que los árabes tenían en ese entonces. Cuando Mahoma decidió servir sólo a Alá, se deshicieron de los demás dioses y elevaron a Alá al grado de “único Dios”. Alá es para el islam un Dios supremo, con ciertas propiedades similares al Dios cristiano, pero con otras que lo hacen un Dios distinto.

Tanto la Biblia como el Corán describen al Supremo Dios con atributos muy similares: Dios es el Principio y el Fin (Isaías 41:4; Surah 57:3), Todopoderoso (Jeremías 32:27; Surah 2:142-3), Omnisciente (Salmo 147:5; Surah 13:9, 6:59) y Creador (Génesis. 1; Surah 16:3-12). A pesar de esas similitudes en la fe en un mismo Dios, los cristianos y los musulmanes no concuerdan en relación a la naturaleza de Dios. Hay diferencias teológicas esenciales. A saber: La relación personal con Dios, la santidad de Dios, la naturaleza del amor de Dios y la Trinidad.

1.- Para los cristianos, el creyente mantiene una relación personal con Dios. El nombre de “Yahweh” es en sí una revelación personal del nombre de Dios que fue dado a Moisés y que se encuentra en Ex 3:14: “Yo soy el que Soy”. Este nombre resalta su naturaleza eterna, su autosuficiencia y inmutabilidad de Dios. El nombre de Yahweh proviene del verbo “ser”. Por lo tanto el nombre de Yahweh afirma que Dios está presente con su pueblo y se involucra en la vida de los humanos.

En cambio para los musulmanes, el creyente no mantiene una relación personal con Alá. Alá está alejado del hombre, no siendo posible ninguna relación personal con él. El Dios del islam es un Dios lejano que no interactúa directamente con sus criaturas. Es un Dios que ha predeterminado cada faceta de la vida de cada persona. Tanto la bondad de un hombre bueno como la maldad de un asesino fueron pre ordenados por Alá. Tanto el que ayuda a una anciana a cruzar la calle como el que viola a una niña están haciendo la voluntad de Alá.

2.- En segundo lugar los cristianos y los musulmanes tienen diferencias en relación a la santidad de Dios. La santidad es el atributo más frecuentemente usado para Yahweh en la Biblia. Yahweh es Santo. El propósito que Él tiene para su pueblo es que sean santos éticamente (Lev. 11:44). La santidad se aplica a Yahweh en dos dimensiones: la trascendencia (su separación de la creación) y su separación moral del mal. La santidad de Yahweh sirve de base para la provisión del perdón y de la redención en Cristo. La santidad es el centro en la redención bíblica. La teología cristiana no separa la actividad redentora de Yahweh y su santidad. El Dios de los cristianos mantiene su santidad moral juzgando el pecado mediante el sacrificio de Cristo.

En contraste, el Corán sólo tiene dos ayas (versos) que definen la santidad de Alá. Alá perdona por su voluntad arbitraria. En el islam el perdón carece de principios morales. Las personas entran al paraíso sin que sus pecados sean expiados. No existe una relación entre la santidad y el perdón.

3.- Un tercer aspecto en el que los cristianos y los musulmanes no concuerdan es en la forma de entender la naturaleza del amor del Ser supremo. El amor de Yahweh es incondicional. No hay nada que nos pueda separar del amor de Dios. Es más, a pesar que los humanos hemos estado en situación de enemistad con Yahweh, Dios demostró su amor mediante la muerte de Cristo (Rom 5: 8-11). La eternidad del amor en Dios está concebida en los lazos de amor que existen entre el Padre y el Hijo aun antes de la creación (Jn 17:24).

Por el contrario, el amor de Alá es condicional y limitado. El individuo debe hacer el bien antes de recibir el amor de Alá. El amor de Dios será la salvación de quienes creen y hacen lo que es correcto (Surah 19:96). Alá ama a quienes luchan en su causa (Surah 61; 4). El Corán enumera varias clases de personas a las que Alá no ama: los que no creen en Él, los desagradecidos, los que no siguen sus mandatos y los pródigos. El amor de Alá es temporal y no es un atributo de Dios.

4.- En cuarto lugar, la Trinidad es la característica primordial que los cristianos hacen de Yahweh. En cambio para el islam, la Trinidad es una aberración y un pecado que no tiene perdón y basados en el Surah 5:77 condenan a los cristianos al fuego eterno.

Por el misterio de la Santísima Trinidad, los cristianos creen en la existencia de un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El islam tiene un concepto erróneo de lo que los cristianos entienden por este misterio. Ellos creen que la Trinidad para el cristiano es: Dios, Jesucristo y la Virgen María. Para ellos Jesucristo es un profeta, pero no Hijo de Dios.

Así pues, concluyendo: ¿Adoran los musulmanes y los cristianos el mismo Dios? No. El islam enseña que atribuir a Jesús la deidad es el peor de los pecados. Además la desconexión de Dios con su santidad y el amor temporal de Dios y condicional indican que no se está adorando al mismo Dios. También es muy lamentable que el individuo no pueda tener una relación personal con Alá. Los musulmanes no pueden llamar a Alá como Padre y además el islam condena y muchas veces con extrema violencia las enseñanzas básicas del cristianismo como son la encarnación del Hijo de Dios y su gracia redentora.

Yahweh y Alá son nombres para Dios Supremo, pero las propiedades de ambos son diferentes, por lo cual se puede decir que los cristianos y los musulmanes no adoran al mismo Dios.

Algunas diferencias entre el cristianismo y el judaísmo

Centrándonos solamente en las diferencias que existen entre el Dios judío y el Dios cristiano, diremos que básicamente radican en el rechazo que hacen los judíos de Jesucristo y de la revelación neotestamentaria.

Para un judío, Yahweh es el único Dios a quien hay que adorar. Los judíos acusan a los cristianos de politeístas e idólatras, pues atentamos contra el monoteísmo al aceptar en Dios tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todo judío rechaza la Trinidad en Dios, y reduce su fe al Yahweh mosaico (“Dios es el que es”), desconociendo el Dios Trino y la revelación neotestamentaria en la que se nos dice que “Dios es amor” (1 Jn 4: 7-9). Es por ello que si le preguntamos a un judío si su Dios y el nuestro son el mismo, rápidamente nos dirá que no.

El Dios cristiano también es el Yahweh del Antiguo Testamento, pero junto a este Dios que comúnmente descubrimos en el Antiguo Testamento, nosotros los cristianos añadimos toda la revelación que nos trajo el mismo Jesucristo. Es por ello que el Dios cristiano es mucho más rico en atributos. Es más, valiéndonos de las mismas palabras de Jesucristo, negar a Cristo lleva consigo negar también al Padre; por lo que no se puede decir que el Dios judío sea el mismo que el Dios cristiano, ya que los judíos niegan una verdad esencial en Dios: la Trinidad.

En el Antiguo Testamento no se podía acusar a los hebreos de no reconocer la Trinidad en Dios, puesto que todavía no había sido revelada; pero desde que Jesucristo reveló el misterio de la Santísima Trinidad, negar este misterio lleva consigo negar también a Dios.

Aunque esta conclusión pueda parecer un tanto exagerada, examinemos las palabras que el mismo Jesucristo nos dijo al respecto: “Nadie va al Padre sino a través de mí” (Jn 14:6), o también: “El Padre y yo somos uno” (Jn 10:30). El mismo Jesucristo nos dice qué es lo que ocurrirá a quienes le rechacen: “El que no cree en mí, ya está juzgado (condenado), porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios” (Jn 3:18). “Quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos” (Mt 10:33). “¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre” (1 Jn 2: 22-23).

…………………

El próximo día concluiremos este segundo capítulo hablando de los siguientes temas: las perfecciones en Dios, el papel de la voluntad en aquellos que niegan la existencia de Dios; y por último, el problema de la omnisciencia de Dios y su relación con la libertad humana.

Padre Lucas Prados

 
 

1 Guerra Gómez, Manuel, “Historia de las Religiones”, BAC 1999. Recomendamos este libro para todo aquél que quiera profundizar en el estudio de las religiones más frecuentes. Lo puede encontrar en http://www.mercaba.org/Libros/guerra%20gomez,%20manuel%20-%20historia%20de%20las%20religiones.pdf

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