El minimalismo, enfermedad del catolicismo contemporáneo

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Estos últimos días circulan por Italia dos videos de internet que motivan a reflexionar. El primero recoge las palabras pronunciadas durante la Misa del Gallo por el P. Fredo Olivero, a cargo de la iglesia de san Roque en Turín:«¿Sabéis por qué no rezo el Credo? ¡Porque no me lo creo!» Entre las carcajadas de los fieles, el sacerdote continúa: «Si alguno lo entiende…, pero después de tantos años he comprendido que era algo que no entendía y no podía aceptar. Cantemos alguna otra cosa que hable de lo esencial de la fe». Entonces, en lugar de la profesión de fe, el sacerdote se ha puesto a entonar Dolce sentire, de la película Hermano Sol, hermana Luna.

El Credo compendia los artículos de la fe católica. Negar uno solo de dichos artículos constituye herejía. Negar el Credo en su totalidad es un acto de apostasía pública. Y negarlo en el momento sagrado de la Misa supone un escándalo intolerable.

La destitución, suspensión a divinis y excomunión del sacerdote deberían haber sido inmediatas. Ninguna de las tres ha tenido lugar. Mientras los medios de difusión divulgaban la increíble noticia, la única voz eclesiástica que ha reaccionado provenía del otro extremo de Italia, en Sicilia, donde el P. Salvatore Priola, párroco y rector del Santuario Mariano de Altavilla Milicia, expresó en una homilía su indignación por las palabras del sacerdote piamontés, y exhortó a sus fieles, y a todos los bautizados, a reaccionar públicamente ante escándalos semejantes.

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La Virginidad de María

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Queridos hermanos, la virtud de la pureza brilla por sí misma, es la que hace a las almas semejantes a los ángeles, y la que mejor refleja la imagen perfecta de Jesucristo. ¡Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea! Cantamos emoción y sentimiento a nuestra Madre. Su Virginidad es verdaderamente de una perfección tal que resulta un adorable misterio. Un misterio al que hay que introducirse con sumo amor y delicadeza, porque es el tesoro que con más aprecio guarda la Madre de Dios. Su Virginidad preparó el sagrado tabernáculo de sus entrañas para alojar al mismo Dios, su Señor y su Hijo. ¡Qué unión y relación entre Madre e Hijo durante esos nueve meses!, como nunca se ha visto ni se verá nada igual, ni se podrá imaginar, ni escribir, ni hablar, ni pensar.

Era necesario que la Madre de Dios estuviera adornada de una pureza única y singular. Ella quedó preservada del pecado original y, por tanto, de sus consecuencias. María “jamás estuvo infectada de la venenosa baba de la serpiente”. Siempre pura, nunca incurrió en el más leve pecado. Conservó siempre inmaculados sus afectos, y fue inmune a todo pecado original, mortal y venial, por lo que mereció que el divino Esposo la llamase hermosa y sin mancha: Eres del todo hermosa, amada mía, no hay mancha en ti (Cant. 4, 7).

María poseyó esta única  Virginidad, inmune a todo pecado, destinada a compartir con el Padre Eterno el honor  de la paternidad, ser la Madre de su Unigénito y la Esposa predilecta del Espíritu Santo. Siempre estuvo adornada de una purísima inocencia, que hacen de María la criatura más bella y hermosa salida de las manos del Creador.

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De qué manera la práctica típica de las lecturas transmite un mensaje pelagiano y protestante

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Cuando asistía al Thomas Aquinas College en California entre 1990 y 1994, una de las primeras cosas que observé en la liturgia del Novus Ordo –aparte de lo sorprendente de que las partes fijas siempre estaban en latín, práctica que continúan desde hace ya casi cincuenta años–, es que las lecturas siempre las hacía algún acólito revestido de sotana y sobrepelliz. Esto me causó una honda impresión, ya que me pareció mucho mejor que el método “normal” que había visto siempre en todas partes, de que un seglar, que lo mismo puede ser hombre que mujer, se levante de entre los fieles y se dirija al atril.   ¿Por qué me parecía mejor?

Para empezar, el acólito vestía de forma apropiada para cumplir una función litúrgica, y esto hace que la lectura se viera más claramente como un acto efectivamente litúrgico, parte del acto de culto en el que participábamos. En segundo lugar, ya se encontraba en el presbiterio, al que había accedido junto con el sacerdote durante la procesión de entrada, con lo cual ya estaba disponible, listo para cumplir la mencionada función. Ya no se veía como algo aleatorio, sino hecho ordenadamente: la persona indicada estaba donde tenía que estar y en el momento oportuno. En tercer lugar, cada día uno de los acólitos sabía de antemano que él sería el lector, y con el tiempo tendían a convertirse en mejores lectores que la mayoría de los más entusiastas que se ofrecían voluntariamente o eran seleccionados a dedo y casi nunca tenían ni idea de que lo que hacían. En cuarto lugar, una voz varonil se adapta mejor a dichas lecturas. En la mayoría de los casos es más recia, sereno, y sonora, y manifiesta más autoridad. Si el lector proclama la voz de Dios, debería oírse a Dios hablando con su voz de Señor y Padre. Como dice el Salmo 28: «La voz de Yahvé con poderío (…) La voz de Yahvé troncha los cedros (…) La voz de Yahvé sacude el desierto.» Con tanto como admiro la devoción de las señoras que con mucho entusiasmo hacen las lecturas, el timbre de voz que se oye según los distintos matices que se le den –desde tierno y suave a severo o afectado como de una institutriz– en muchos casos no resulta edificante. Además, como sostenía hace poco un psicólogo, a los hombres los distrae más que lea una mujer que a las mujeres que lea un hombre. En este caso no hay paridad ni igualdad de sexos.

Estas son algunas de las razones por las que me gustó bastante dicha costumbre en la mencionada universidad cuando la descubrí, y no puedo decir que me sorprendiera ver que a las jóvenes también les gustaba que se hiciera así. Su actitud hacia la liturgia y hacia la función que corresponde a cada sexo era tradicionalista, y para ellas era un alivio no sentirse presionadas para participar en el moderno programa feminista de romper las barreras que impiden el acceso a un presbiterio que es prerrogativa de los varones. Muy gustosas, dejaban que los hombres salieran al ruedo,  como deben –y como dejan de hacer cada vez que se permite que las mujeres, con su natural carácter generoso y su piedad, tomen las riendas. Éstas eran las cosas que más me llamaban la atención en mi época de universitario.

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¿El novus ordo nos bajó del Calvario?

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Hace poco pude oír una homilía “novus ordo”, en la que el sacerdote -tenido por “conservador”-, sin darse cuenta, definió de una forma casi perfecta la hecatombe que ha supuesto el novus ordo en la iglesia, que, en la práctica, ha destruido casi por completo el verdadero sentido de la Misa entre el clero y los fieles:

“Venimos a Misa a escuchar la Palabra y a recibir el Cuerpo de Jesús”

No se cual fue la intención, pero no se pudo decir más en menos. ¡Eso, y a sólo eso vamos a Misa! Nada de Sacrificio del Altar, nada por tanto de unión sacrificial, nada de estar al pie del Calvario, nada de cumplir con la obligación de adorar y rendir culto a Dios unidos en el Santo Sacrificio del Altar… Absolutamente nada.

Todo ha quedado reducido a una experiencia antropocéntrica comunitaria del fiel, que va a misa a “saciarse” espiritualmente, para él mismo, no para Dios. Una especie de reunión espiritual de fieles donde se escucha la Biblia y donde, en un momento dado, no se sabe bien porqué ni de qué modo, viene Jesucristo para alimentarnos con su Cuerpo -para unos real, para otros espiritual-, como si aquello fuera el milagro del pan y los peces. ¡Y YA ESTÁ!

Se entiende ahora porqué a la Misa se le llama ahora casi universalmente Eucaristía. Ya no hay Calvario, ha sido reemplazado por… nosotros mismos.

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¿Adorar o rendir homenaje?

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El pasado 6 de enero tuve ocasión de ver la Misa de la Solemnidad de la Epifanía presidida por el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro transmitida por la cadena televisiva católica EWTN en su edición hispanoparlante. La Misa se celebraba en latín a excepción de la primera y segunda lecturas, del salmo responsorial y de las preces que fueron dichas en diversas lenguas. Como ocurre siempre un locutor iba traduciendo las distintas partes de la Misa. Al llegar a la lectura del Evangelio (el correspondiente de esa festividad era el texto de San Mateo 2, 1-12) pude ver y oír claramente que un diácono cantaba en latín el texto evangélico. A los pocos segundos la voz del diácono quedó cubierta por la del locutor quien leyó una curiosa versión española del dicho texto. En efecto, al llegar al versículo 8, en el momento en que Herodes les pide a los Magos que, de regreso, le informen dónde está el Rey de Israel que ha nacido a fin de también ir él a adorarlo, oímos: para que también yo pueda ir a rendirle homenaje. Unos versículos después, al llegar al verso 11, el locutor nos regaló con esto: Y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje.

No es la primera vez que oigo esta versión, francamente falsa como veremos enseguida, de este pasaje del Evangelio de Epifanía. Recuerdo, hace unos años, oyendo misa en una parroquia de mi ciudad, que ocurrió lo mismo. Más aún: revisando el último leccionario aprobado por la Conferencia Episcopal Argentina, he podido constatar que en la versión española del texto de Mateo la palabra adorar ha sido sustituida por rendir homenaje. Va de suyo que semejante sustitución no es asunto menor pues “adorar” sólo se dice respecto de Dios mientras que “rendir homenaje” puede referirse a cualquier persona con suficiente dignidad como para ser homenajeada.

Pero ¿de dónde sale esta sustitución contraria no sólo a la invariable traducción de la Iglesia (y aún de las versiones bíblicas de prácticamente todas las confesiones protestantes) sino a la letra y al espíritu del texto griego, lengua en la que Mateo nos relata la adoración de los Magos? Según hemos podido averiguar, esta versión procede de la llamada Biblia de los Testigos de Jehová, conocida como la “Traducción del Nuevo Mundo” (TNM) y considerada por los miembros de esta secta como la más exacta y mejor traducida del mundo.

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Juramento anti-modernista 2018

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Está circulando la versión de que Jorge Mario Bergoglio estaría considerando exigir a la jerarquía eclesiástica mundial un «juramento de fidelidad a su magisterio».

Sea cierta o no dicha versión, semejante elucubración vendría a ser un proyecto descabellado, desproporcionado y narcisista. Diabólico y contradictorio, ya que el Papa Bergoglio hizo la sorprendente afirmación de que Jesús fundó la Iglesia con el Colegio Apostólico como su cabezay que el papel de San Pedro es sólo el de confirmar a los hermanos como un primus inter pares (el primero entre iguales).

Tal juramento de fidelidad al neomodernismo, sería la antítesis total de la profesión de fe católica.

I. San Pío X

A la muerte del Papa León XIII la Iglesia sufría el estallido del modernismo, el error más mortífero que había enfrentado en toda su historia.

El 4 de agosto de 1903, el cardenal Giuseppe Sarto, arzobispo de Venecia, muy a pesar suyo fue elegido 257º sucesor de San Pedro. Durante el desarrollo del crucial cónclave había pedido a los cardenales que no lo eligieran, y lo eligieron en contra de sus deseos: Que ese cáliz se aparte de mí. Sin embargo, que se haga la voluntad de Dios. Acepto, como una cruz.

El nuevo pontífice que tomó el nombre de Pío X, tenía miedo de ser elegido como responsable de la pureza de la Fe Católica, era muy consciente de esa colosal responsabilidad ante Dios.

El 3 de octubre Pío X publicaba su primera encíclica E supremi apostolatus cathedra con la que inauguraba su pontificado con la divisa de restaurar todas las cosas en Cristo.

Abre el Papa su carta encíclica recordando los temores que le angustiaron al ser elegido: Nuestro mundo sufre un mal: la lejanía de Dios. Los hombres se han alejado de Dios, han prescindido de Él en el ordenamiento político y social. Todo lo demás son claras consecuencias de esa postura.

Pío se comprometió en su encíclica inaugural E Supremi, a, que el programa de su pontificado sería «restaurar todas las cosas en Cristo».

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Aparentemente, ellos piensan que somos tontos

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Cuidado con los “teólogos morales” en azul pastel…

Mientras el papa Francisco continúa su diatriba de cinco años contra los imaginarios fariseos católicos que defienden las enseñanzas de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio y la integralmente relacionada disciplina eucarística -él ha seguido en ello hasta el día de ayer (9 de enero) – él y sus colaboradores están ocupados construyendo escotillas de escape neo-farisaicas de los preceptos negativos de la ley divina y natural que emanan del sexto mandamiento.

Decidido a sofocar cualquier oposición católica a su subversión moral, Francisco ha sacado la etiqueta Magisterio auténtico® en su escandalosa opinión de que en “circunstancias complejas” en las que no es “factible” vivir como hermano y hermana, dos personas que no están casadas pueden ser admitidas a la Sagrada Comunión sin dejar de tener relaciones sexuales fuera del matrimonio siempre que participen en un “proceso de discernimiento” mal definido. Como el Padre Brian Harrison ha observado tan agudamente, esto significa que las personas envueltas en adulterio pueden recibir la Sagrada Comunión mientras “disciernen” que no deberían recibir la Sagrada Comunión porque están envueltos en adulterio.

¿Creen que somos tontos?

Luego está el interminable lenguaje ambigüo del cardenal Müller. En una entrevista reciente sobre las contorsiones verbales de Rocco Buttiglione destinadas a demostrar que la administración de la Sagrada Comunión a los adúlteros públicos es consistente con la prohibición bimilenaria de la Iglesia de precisamente eso, Müller propuso esta absurda “solución” a un “problema” que no existe:

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San Alberto Magno, la grandeza del pensamiento católico

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Los creyentes no valoramos en su justa medida la grandeza, brillantez y majestuosidad del pensamiento católico. Doctrina profunda, firme y segura que, afincada en la Verdad de Cristo, supera de manera sideral a los falaces e insustanciales escritos de las falsas creencias y las filosofías inmanentitas.

De entre todos los grandísimos pensadores católicos San Agustín y Santo Tomás son probablemente dos de los más conocidos. Sin embargo, ha habido igualmente grandísimas luminarias en la Iglesia, que no son tan populares. Es el caso de la figura portentosa de San Alberto Magno, nada más y nada menos que el maestro del propio Santo Tomás de Aquino.

Eudaldo Forment, es un gran estudioso de la obra, vida y época de santo Tomás. Además de la enseñanza oral en la Universidad de Barcelona y otras universidades del mundo, le ha dedicado una treintena de libros y numerosos escritos. En esta ocasión nos acerca a la figura de San Alberto, maestro del Aquinate.

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Sermón Dominical

SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA

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Amados hermanos en Nuestro Señor Jesucristo:

En este segundo domingo después de Epifanía, cuyo tiempo litúrgico corresponde a los domingos después de Epifanía vemos en el Evangelio de hoy el primer milagro que hace Nuestro Señor Jesucristo en Caná. Primer milagro, con lo cual se descartan todos esos escritos apócrifos que hablan de los anteriores que Nuestro Señor Jesucristo hiciera desde pequeño. La Iglesia siempre ha desechado esos apócrifos de los cuales la literatura barata quiere hacer misterio y propaganda, aunque cuenten cosas que nos parezcan buenas; de todas formas al tener errores no son libros inspirados, luego no son la palabra de Dios, que es precisamente lo que nos interesa de las Escrituras, que son la palabra de Dios.

Y lo que nos dice este Evangelio de Dios, es que es el primer milagro que hace Nuestro Señor, que Él no quiere hacer, pues le da una respuesta a Nuestra Señora, que aparentemente puede ser áspera, como quien dice qué nos importa a ti y a mí, si no ha llegado mi hora, si no es lo mío, no me incumbe; sin embargo lo hace a instancias del pedido de Nuestra Señora que se aflige porque falta vino para los convidados en esas nupcias.

Que si nos atenemos a Santo Tomás eran las nupcias de San Juan Evangelista, familiar de Nuestro Señor y, por lo mismo, Nuestra Señora tomó a pecho esa carencia porque se trataba de sus familiares, por eso entonces Ella no dudó en invocar a su hijo para que hiciera el milagro que no estaba en los planes ordinarios de Nuestro Señor; de allí su respuesta: qué nos va a ti y a mí, mujer, si no ha llegado mi hora.

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A solas con Dios

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Búsqueda de Dios

Queridos hermanos, Dios busca a su alma amada en la soledad. Dios la quiere en exclusividad, más la realidad nos dice que el alma es poco consciente de ello. Y el deseo de Dios es inmutable, no se adapta a tiempos y costumbres nuevas. Dios siempre espera a su alma en la intimidad de la oración, en el silencio del recogimiento, en el goce de la contemplación.

¡Cuántos buscan a Dios sinceramente, pero no lo encuentran! Van de aquí para allá, y nadie les dice que no han de moverse, sólo han de estar quietos, silenciar su corazón y esperar. Han de aquietar tanto ruido de la vida cotidiana, tanto ajetreo que hace olvidarse del Creador, cercano e íntimo, que les hace olvidar por completo la presencia constante del Señor, olvidándose, por lo tanto, de hacer su santa voluntad. Lo importante es el deseo del corazón. Lo importante es el deseo de amar a Dios, deseo fuerte, vehemente, apasionado, dispuesto a someter cualquier querer, gusto, ilusión, al amor divino. Porque basta un simple deseo mundano, o carnal, que arrastre, para que no amenos con toda el alma a Dios, como así  quiere que se le ame, en la plenitud de todos los sentidos. Dios quiere ser amado con prioridad a cualquier otro querer, por muy bueno y digno que sea. Cuando se desea amar a Dios de esta manera, estamos en el camino para encontrarle y gozarle.

Es una realidad que los conocimientos teológicos, la ciencia teológica, hincha pero no satisface al alma; el deseo de conocer es necesario e imprescindible para el desarrollo y conocimiento de la fe; pero sólo el trato íntimo con Dios satisface al alma, llenándola plenamente en sus deseos y aspiraciones. Bien lo experimentó el gran Santo Tomas de Aquino, gloria de la ciencia teológica y filosófica, cuando tuvo la experiencia personal de Dios, pues ya no pudo seguir escribiendo. Sólo Dios es necesario, y sólo en la intimidad de la oración y del silencio. Porque así lo desea Él. Dios quiere el silencio en su relación con el alma, porque sólo en el silencio, cuando el alma está más dispuesta a escuchar, sosegada de la actividad del mundo y olvidada de él, puede comunicarle sus gracias.

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Un Rey de oriente nos cuenta cómo fue el viaje a Belén

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Fue uno de los peores viajes de mi vida. La nieve, el frío, y luego la lluvia tan pronto como salimos de las montañas.  En un albergue nos robaron; en algunas ciudades la comida era incomible. Pero continuamos, de alguna manera no nos rendimos, porque seguía ahí, la estrella que habíamos visto por la noche muchas semanas atrás. Estudiamos nuestros mapas, consultamos con otros, y la estrella—nunca habíamos visto nada igual. Por eso salimos, salimos con una especie de fe, buscando algo, porque sin duda esa estrella significaba el anuncio de algo grandioso. Tampoco estábamos seguros de lo que buscábamos. Alguien dijo que un rey debía nacer en la tierra de los judíos. Eso era lo que había escuchado uno de mis compañeros, y es a ese rey a quien salimos a buscar. ¿No es así?

Debió haber sido más que eso. Pero el viaje, la travesía, como dije, fue duro, incluso amargo. Extrañaba la paz y el confort de mi hogar, y casi les digo a mis compañeros—¿por qué no regresamos? ¿No les parece que estamos buscando una aguja en un pajar? Podía notar que ellos también estaban cansados—¡pero esa estrella! ¿Cómo detenernos si esa estrella brillaba en el cielo con un resplandor que jamás había visto?

Cuando llegamos a la ciudad real estaba húmedo y frío. Nos vimos rodeados por los mendigos y les tiramos algunas monedas. Apareció el viento y comenzó a aclarar. Miramos hacia el cielo y un gemido salió de mis labios. Miré a mis dos compañeros y encontré angustia, enojo y un profundo cansancio. Porque no estaba la estrella. No estaba ahí. Pero habíamos llegado hasta acá. ¡Por favor! ¡Que no haya sido en vano! Y les dije a mis amigos: “¡Tenemos lenguas! ¡Somos hombres cultos! Averiguaremos si ese rey ha nacido.  –¡Hey, tu, niño! ¿Dónde está el palacio del rey?” Nos resultó fácil encontrarlo. Y el rey de ese palacio nos recibió con gran hospitalidad. No me gustó su rostro, pero fuimos tratados con el respeto que merecíamos. Nos dieron camas agradables, comidas exquisitas, y por la mañana antes de hablar con el rey, nos preguntamos si no debíamos quedarnos ahí a pasarlo bien y suspender el resto del viaje. Pero los magos y los astrólogos de la corte—al menos es eso lo que creo que eran—nos leyeron una profecía sobre este rey que debía nacer en un pequeño pueblo no muy lejos de allí. Eso aumentó nuestro interés y nuestras esperanzas, y decidimos darle una última oportunidad a todo esto. El rey nos pidió que, de encontrar a ese rey, nos detuviéramos a nuestro regreso para que él pudiera honrarlo.

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El fin del mundo tal como lo conocemos

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Pero, esto ya ocurrió antes…

La Iglesia tambalea al borde de un cisma multilateral global, tras un controvertido concilio ecuménico. Facciones cada vez más contenciosas dentro de la jerarquía, muchos de ellos influenciados por poderes seculares corruptos y ambiciosos, se encuentran en un estado de conflicto permanente y enmarañado, confundiendo y carcomiendo la vida católica de los fieles comunes. Se elevan múltiples herejías, y Roma parece carente de fuerza o autoridad para detenerlas.

Al mismo tiempo, el mundo secular se encuentra en desorden gracias al descontento y el agotamiento cultural en los hogares, y los grandes poderes que se alzan desde oriente, amenazando el centro político tradicional, y todo parece listo para quebrarse e incluso terminar con un orden mundial milenario. Enormes cantidades de extranjeros, muchos de ellos de una religión diferente, violenta y hostil, han sido autorizados a instalarse pero no para asimilarse, y ahora hay aún más inundando las tierras cristianas. Una nueva clase de gobernantes oportunistas – una clase que no comparte los valores culturales de sus súbditos – se adentra en el vacío político dejado por un siglo de guerra, despoblación, pérdida de confianza y levantamiento social.

En medio de todo esto, un joven, hijo de servidores públicos adinerados, llega a la gran ciudad para comenzar la segunda parte de su educación en política que su familia espera lo conduzca a una carrera en la vida pública. Pero cuando mira a su alrededor y ve la vida disoluta de sus compañeros de estudio y de sus profesores, y la desintegración del orden social de la ciudad, se da cuenta en seguida, como buen católico nacido en el campo y educado en casa, que no puede continuar este camino sin poner en riesgo su alma inmortal.

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Francisco, no formas parte de la comitiva de los Reyes Magos


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Francisco, ¿por qué te has quedado alejado del humilde hogar donde ha nacido el Hijo de Dios, mientras los tres Reyes se postraban para a adorar al Rey de Reyes? ¿Por qué no lo has adorado tú, que eres su Vicario? Comprendo, Francisco, eso no va contigo. Claro, tu vídeo, ¿verdad? Tu primer vídeo donde ya nos dices lo que significa para ti el Santo Niño nacido en el Portal de Belén. No es más que  un “diosecillo” como tantos otros. ¿Te acuerdas del vídeo? Genial y ocurrente. ¿Viste? El Niño Jesús al nivel que cualquier otra deidad. Ese eres tú, Francisco, el que no forma parte de la comitiva de los santos Reyes Magos; el que no se postra ante el único Dios de cielo y tierra, porque no  crees que lo sea.

Eso sí, hablas y hablas, de vaguedades, de cosas sin sentido, de vaciedades, que si “la estrella de Jesús no ciega, invita, acompaña, da luz”. ¿De qué hablas? ¿Qué quieres decir que “no ciega”? ¿Qué quieres decir que “invita”? ¿Qué quieres decir que “acompaña”? ¿Qué quieres decir que “da luz”? Pero vamos a ver Francisco, por favor, que nos vuelves locos, no hay quien te entienda, de verdad. Mira Francisco,  la “estrella” de la que nos hablas, y que sólo ves tú y los tuyos, ciega, no invita, no acompaña y no tiene luz. Porque es la “estrella” que impide ver al verdadero y único Dios. Es la “estrella” que no tiene luz para descubrir la verdad del Niño Dios, del Verbo encarnado. Es la “estrella” que aleja a los verdaderos adoradores del único Dios.

Esa “estrella” es tu personal estrella, es sólo tuya, Francisco, oscura, sin brillo, sucia y fea que NO reconoce al VERDADERO DIOS nacido en el Portal de Belén.

¿Te acuerdas de tu primer video, Francisco? Francisco de nuestros pecados, no nos dejas tranquilos, pero la fe no la perderemos, porque no te seguimos, porque formamos parte de la comitiva de los tres Reyes Magos, en la que tú no estás.

Mario Vázquez

CARTAS DE LOS LECTORES

Cartas de opinión de los lectores. Adelante la Fe no se identifica necesariamente con todas las opiniones vertidas en las mismas. Para enviarlas utilice nuestro formulario de contactar especificando su nombre y apellidos, título de la carta y especificar “para carta de los lectores”.

Tomado de:

https://adelantelafe.com

CONMEMORACIÓN DEL BAUTISMO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

13 de enero

El Bautismo del Señor

El Bautismo del Señor

Estaba San Juan Bautista en las orillas del Jordán bautizando y exhortando a penitencia, cuando llegó a él el Salvador del mundo, de treinta años de edad. Al acercarse al Bautista, conoció éste, por luz sobrenatural, que el que venía a pedirle el bautismo era el Mesías verdadero; y así, al ver al Salvador, exclamó: Pues qué, Señor, ¿Vos venís a mí a ser bautizado, cuando debo yo ser bautizado de Vos? EL Señor le contestó que convenía sujetarse a los decretos de la divina Sabiduría. Abrióse el Cielo y vio San Juan que el Espíritu Santo bajaba sobre Jesucristo en figura de paloma, y al mismo tiempo oyó una voz que decía: Este es mi Hijo querido, en el que tengo Yo todas mis complacencias.

Bautizándose Jesús, nos enseñó la necesidad del bautismo para todos, y además su humildad, autorizó el bautismo del Bautista; el Espíritu Santo declaró la divinidad del Salvador, y por último, santificó las aguas habilitándolas para redimir los pecados.

Tomado de:

 http://misa_tridentina.t35.com/

Entrevista a mons. Schneider sobre Profesión de verdades, y comunión divorciados vueltos a casar

IMPORTANTE: Rorate Caeli entrevista a monseñor Athanasius Schneider en relación con la Profesión de las verdades inmutables, y la comunión para los divorciados vueltos a casar

Monseñor Athanasius Schneider –obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán) y uno de los tres firmantes originales de la Profesión de verdades inmutables aparecida esta semana en respuesta a Amoris Laetitia y a la aprobación oficial del papa Francisco de la administración de la Sagrada Comunión a algunos católicos «divorciados y vueltos a casar»– fue entrevistado por Rorate Caeli tras la publicación del documento.

En esta dirección pueden leer más sobre el documento original. Instamos a todos los medios y blogs católicos a reproducir la entrevista en su totalidad. Eso sí, les rogamos que citen como fuente a Rorate Caeli [y a Adelante la FE para la versión en castellano, N. del T].

RORATE CAELI (RC): Vuestra Excelencia lleva muchos años dando la cara en lo que se refiere a la restauración de la liturgia tradicional. Ahora, junto con los arzobispos Peta y Lenga ha dado la cara enérgicamente en defensa del matrimonio después de la publicación de  Amoris Laetitia. ¿Que les ha llevado a la conclusión de que ha llegado la hora de responder?

MONSEÑOR ATHANASIUS SCHNEIDER (MAS): Tras la publicación de Amoris Laetitia, varios prelados y conferencias episcopales comenzaron a publicar normas pastorales para los supuestos «divorciados vueltos a casar». Hay que afirmar que para el católico no existe el divorcio, porque un vínculo sacramental válido de matrimonio rato y consumado es totalmente indisoluble, e incluso el vínculo del matrimonio natural es de por sí igualmente indisoluble. Es más, para el católico sólo hay un matrimonio válido en tanto que viva su legítimo cónyuge. Por tanto, en este caso no se puede hablar de segundas nupcias.

La expresión «divorciados que se han vuelto a casar» es, por consiguiente, equívoca y engañosa. Por ser un expresión conocida, sólo la escribimos entrecomillada o precedida de un adjetivo como supuesto o llamado. Las mencionadas normas pastorales para los supuestos divorciados vueltos a casar, enmascaradas en una retórica rayana en la sofística, consideran básicamente la admisión de los «divorciados recasados» a la Sagrada Comunión sin el requisito de la indispensable condición establecida por Dios de que no se viole el sagrado vínculo conyugal mediante una relación sexual habitual con alguien que no sea el legítimo cónyuge. Se ha llegado a un extremo  en este proceso de reconocimiento implícito del divorcio en la vida de la Iglesia con la reciente orden del papa Francisco de publicar en los Acta Apostolicae Sedis una carta en la que aprobaba normas semejantes a las promulgadas por los obispos de la región pastoral de Buenos Aires.

A este acto siguó una declaración de que dicha aprobación pontifica pertenecería al Magisterio auténtico de la Iglesia. Dado que tales normas pastorales contradicen la divina Revelación, que prohíbe tajantemente el divorcio, así como las enseñanzas y la práctica sacramental del magisterio ordinario infalible y universal de la Iglesia, nos vimos obligados en conciencia, como sucesores de los Apóstoles, a levantar la voz y reiterar la doctrina y la práctica inmutables de la Iglesia en relación con la indisolubilidad del matrimonio sacramental.

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¿La Palabra de Dios está encadenada?

Frente a noticias cómo esta, o cómo esta, a título de simple laico me pregunto si nos están tomando el pelo! ¿Las cartas de San Pablo no son Palabra de Dios?

¿Pues entonces ser afeminado o echarse con varones  ya no impide el acceso al Reino de Dios? ¡Porque si es Palabra de Dios estos prelados o bien desconocen el Catecismo y las Sagradas Escrituras o pretenden enmendar la voluntad de Dios! ¡La Santa Sede, entretanto, calla! ¿Es así como se confirma a los hermanos en la Fe y moral católicas?

Dr. Carlos Alvarez Cozzi. 

Tomado de:

https://adelantelafe.com

Bergoglio: la apoteosis del subjetivismo emocionalista (III)

Dios no es católico

Una de las frases shoc del papa Francisco es «Yo creo en Dios. No en un Dios católico, no existe un Dios católico, existe Dios» (A. M. Valli, 266. Jorge Mario Bergoglio. Franciscus P. P., Macerata, Liberilibri, 2017, p. 13, nota 2[1]).

Ahora bien, «católico» significa «universal». La «catolicidad es la tercera nota de la Iglesia católica, como dice el Credo Niceno-Constantinopolitano. En efecto, la Iglesia de Cristo (y, por tanto, de Dios, ya que Cristo es el Verbo Encarnado, verdadero Dios y verdadero hombre) es la humanidad social y sobrenaturalmente organizada en Cristo, que por su naturaleza abraza a todos los individuos de la raza humana (si no en acto, al menos en potencia) y es, por tanto, universal, o sea, católica[2]Si Dios no fuera universal o «católico», la Iglesia fundada por El no sería católica y el Credo Niceno-Constantinopolitano estaría equivocado, lo cual es imposible porque en él se encuentra infaliblemente compendiada toda la fe de la Iglesia.

La Revelación misma nos presenta a la Iglesia como el reino de Dios sobre toda la tierra (cfr. las parábolas del «reino»[3]) hasta el fin del mundo (Jn., XX, 21; Mt., XXVIII, 18-19) y por ello la Iglesia es llamada «católica», o sea, universal. La Iglesia es, pues, la continuación en la tierra del Verbo Encarnado, es su Cuerpo Místico (Rom., XII, 4-6; 1 Cor., XII, 12-27; Ef., IV, 4), que obra en la humanidad entera la obra de la Redención divina. Pues bien, la unión de la humanidad redimida (al menos en potencia) en Cristo abraza a todos los hombres y es universal o «católica».

Además, se reconoce a la verdadera Iglesia de Cristo apartir de las cuatro notas (entre las cuales la «catolicidad»)[4] y, como aquellos que se apropian del nombre de cristianos son los Protestantes, los Cismáticos llamados «Ortodoxos» y los Católicos, la verdadera Iglesia de Cristo es la «católica». Negar que Dios es «católico» lleva a negar la tercera nota de la Iglesia de Cristo como es revelada en el Evangelio y como es definida por la Iglesia (Credo Niceno-Constantinopolitano; Concilio Vaticano I, DB, 1794). En efecto, el Protestantismo carece de «catolicidad» o universalidad, ya que está dividido en muchísimas sectas, que no están presentes de manera verdaderamente conspicua y simultánea en todo el universo. Lo mismo se puede decir de las iglesias cismáticas llamadas «ortodoxas», ya que están restringidas a las regiones orientales de Europa.

Finalmente, en cuanto a la noción misma de Dios, ya sea conocido con la luz de la sola razón natural[5] como Causa primera y universal de todo el mundo, ya sea conocido gracias a la Revelación sobrenatural[6], ya sea definido dogmática e infaliblemente por el magisterio de la Iglesia[7], se puede decir que El es la Causa primera, trascendente e incausada de todo el universo y, por tanto, es universal, infinito, omnipresente y «católico».

Por tanto, afirmar que Dios no es «católico», significa implícitamente negar la Redención universal de la Santísima Trinidad a través del Verbo Encarnado[8].

Valli concluye acertadamente: «La afirmación de Francisco da un ulterior empujón formidable a la idea de que la Iglesia, precisamente en cuanto católica, es custodia de la verdad y parece inscribirla en el partido del relativismo» (op. cit., p. 172).

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El Reino de María

La Sagrada Escritura empieza y termina con la batalla entre la Mujer y la antigua serpiente. Esta batalla, del Dragón contra la Verdadera Religión, «es también guerra de sus respectivas iglesias: la sinagoga de satanás contra la Iglesia de Cristo, es decir, es el establecimiento de la enemistad interpuesta por Dios entre la serpiente y la Mujer y entre los linajes o descendencias de ambos».

«Dios no ha hecho ni formado nunca más que una sola enemistad, mas ésta irreconciliable, que durará y aumentará incluso hasta el fin, y es entre María, su digna Madre, y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer, de suerte que el más terrible de los enemigos que Dios ha creado contra el demonio es María».[1]

I. «Dios te salve Reina y Madre»

En el reino de Israel, la madre del rey (del hebreo Gebirah=«la gran señora» tenía el oficio exaltado de reina madre, que con ese noble oficio, asistía al rey en el gobierno del reino.[2]

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Jaime Balmes explica la importancia de saber pensar bien

El Criterio, obra majestuosa del sacerdote catalán Jaime Balmes, es una de las cumbres del pensamiento católico hispano.

Este brillantísimo pensador, filósofo y ensayista se empieza preguntando en la mencionada obra en qué consiste pensar bien. Es muy importante tener claro este concepto básico y más en estos tiempos en los que apenas se piensa y si se piensa se hace torcidamente.

Para Balmes el pensar bien consiste o en conocer la verdad o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad; de otra suerte caemos en el error.

Conociendo que hay Dios conocemos una verdad esencial, porque realmente Dios existe. Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de Dios y de las cosas creadas por Dios. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad?

Un sencillo labrador, un modesto artesano, que conocen bien los objetos de su profesión, piensan y hablan mejor sobre ellos que un presuntuoso filósofo, que encumbrando conceptos y diciendo altisonantes palabras quiere dar lecciones sobre lo que no entiende.

Cuando conocemos perfectamente la verdad, nuestro entendimiento se parece a un espejo en el cual vemos retratados, con toda fidelidad, los objetos como son en sí. Cuando caemos en el error, se asemeja a uno de aquellos vidrios de ilusión que nos presentan lo que realmente no existe. Cuando conocemos la verdad a medias, podría compararse a un espejo mal colocado que refleja los objetos demudados, alterando los tamaños y las figuras.

Un buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no más de lo que hay. Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo; pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay. Una noticia, una ocurrencia cualquiera, les suministran abundante materia para discurrir con profusión, formando como suele decirse, castillos en el aire. Estos suelen ser grandes proyectistas y charlatanes.

Otros adolecen del defecto contrario: ven bien, pero poco; el objeto no se les ofrece sino, por un lado; si éste desaparece ya no ven nada. Estos se inclinan a ser sentenciosos y aferrados en sus temas. Se parecen a los que no han salido nunca de su país; fuera del horizonte al que están acostumbrados, se imaginan que no hay más mundo.

Un entendimiento claro, capaz y exacto, abarca el objeto entero; lo mira por todos sus lados, en todas sus relaciones con lo que le rodea. La conversación y los escritos de estos hombres privilegiados se distinguen por su claridad, precisión y exactitud. En cada palabra encontraréis una idea, y esta idea veis que corresponde con la realidad de las cosas.

Os ilustran, os convencen, os dejan plenamente satisfecho; decís con entero asentimiento: “Sí, es verdad, tiene razón”. Para seguirlos en sus discursos no necesitáis esforzaros; parece que andáis por un camino llano, y que el que habla sólo se ocupa de haceros notar, con oportunidad, los objetos que encontráis a vuestro paso. Si explican una materia difícil y abstrusa, también os ahorran mucho tiempo y fatiga. El sendero es tenebroso, porque está en las entrañas de la tierra; pero os precede un guía muy práctico, llevando en la mano una antorcha que resplandece con vivísima luz.

El perfecto conocimiento de las cosas en el orden científico forma los verdaderos sabios, en el orden práctico para el arreglo de la conducta en los asuntos de la vida forma los prudentes.

Hay que concluir que el arte de pensar bien no sólo interesa a los filósofos, sino también a las gentes más sencillas. El entendimiento es un don precioso que nos ha otorgado el Creador, es la luz que se nos ha dado para guiarnos en nuestras acciones. Por lo tanto, uno de los primeros cuidados que debe ocupar al hombre es tener bien arreglada esa luz. Si ella falta nos quedamos a oscuras, andamos a tientas, y por este motivo es necesario no dejarla que se apague. No debemos tener el entendimiento en inacción con peligro que se ponga obtuso y estúpido y, por otra parte, cuando nos proponemos ejercitarle y avivarle, conviene que su luz sea buena para que no nos deslumbre y bien dirigida para que no nos extravíe.

Javier Navascués 

Tomado de:

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Juicio particular del alma de un sacerdote

Queridos hermanos, esta la experiencia de un sacerdote que tuvo la gracia de conocer el juicio de un pecado cometido, como enseñanza de lo que será el juicio personal de la vida de cada alma en el momento del fallecimiento. Es muy provechosa para todos, para tomar conciencia de la importancia del juicio de Dios, de la confesión, del dolor de los pecados, de los pecados de omisión, que muchas veces no los tenemos en cuenta.

Estaba el sacerdote una tarde noche en su casa, tranquilo, y sereno su espíritu, ocupado en la lectura, cuando de repente y sorpresivamente, su alma entró en un sufrimiento agónico. Un sufrimiento que no era humano, era el sufrimiento del alma separada del cuerpo, por lo cual el sufrimiento toma una dimensión, intensidad y profundidad desconocidos para el alma, es el sufrimiento que no está limitado por el organismo físico, es un sufrimiento deseado y querido por el alma, al conocer con luz divina su pecado; es un sufrimiento que parece no tiene fin y cuya intensidad crece; es una angustia dolorosísima por la ofensa del pecado. En ese dolor el alma no pide ayuda a nadie, ni al Señor, ni a la Santísima Virgen, ni a los Ángeles o santos patronos, es un sufrimiento donde ya no cabe el arrepentimiento ni los buenos deseos de no volver a pecar, es el sufrimiento del juicio, donde el alma sólo desea aceptar el dolor  de su pecado porque es lo justo. En ese dolor el alma reverencia a Dios, a quien siente como Santo, Justo, Misericordioso, sabiendo que su sufrimiento es santo, justo, y fruto de la misericordia de Dios.

El alma del sacerdote vio con claridad, y entendió, lo que ocurrió aquella tarde, cuando cometió un pecado de omisión, al callar ante una persona que se vio ofendida por otra, en su presencia. El sacerdote, por respetos humanos, no defendió, como era su obligación, a la persona ofendida. Supo que no hizo lo correcto, pero sin embargo no tuvo conciencia de pecado, por lo cual ni siquiera pensó en la confesión.

El Señor, pues, le mostró su error. La experiencia sólo duró unos segundos, esa es  la percepción del sacerdote, que sintió que si hubiera durado más, tan sólo, unos minutos,  no sabría si habría podido resistir tanto sufrimiento agónico. Al terminar la experiencia llamó rápidamente a la persona en cuestión para pedirle perdón, y se confesó en la primera ocasión.

Con el ánimo tranquilo, y recuperado de la experiencia, meditó el sacerdote sobre lo ocurrido, y se estremeció cuando pensó qué hubiera sucedido si la experiencia hubiera sido respecto a un pecado mortal, o aún más, a la revisión de toda la vida.

Queridos hermanos, el juicio de Dios nos espera a todos, con más rigor a los sacerdotes, porque más nos ha dado. Ahora, en estos días de nuestra vida, es cuando estamos bajo el amparo de la Misericordia, cuya misión es prepararnos para el Juicio de Dios; es el tiempo de poner nuestra alma en paz con Dios, de santificarla y vivir según la Ley divina. Si los que viven en pecado mortal tuvieran la experiencia de lo que será su juicio, dejarían su vida de forma instantánea, sin importarles su situación económica, ni los hijos, ni nada de su actual vida. La magnitud del grandeza del Juicio y del sufrimiento, es inimaginable por lo santo y justo que será.  Pero no tendrán esa experiencia, porque ya tienen los Mandamientos de  la Ley de Dios, la enseñanza tradicional de la Iglesia, las lecciones de los Santos Padres y santos teólogos.

La confesión frecuente, el dolor de los pecados, el vivir acorde a los Mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia, la recepción de los Sacramentos, es decir, la vida santa, nos conducirá a la felicidad de la gloria del Cielo. Ahora es el tiempo de luchar, sufrir, orar y padecer por la salvación eterna de nuestra alma.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Tomado de:

https://adelantelafe.com

Meditación

LA SAGRADA FAMILIA

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Fiesta de la Sagrada Familia

Evangelio: Lc 2: 42-52

 

Charla dada por el P. Alfonso Gálvez el día 7 de enero de 2018 con motivo de la Fiesta de la Sagrada Familia

El regalo navideño de monseñor Schneider: una lista de tareas de para salvar la fe

22 de diciembre de 2017 (LifeSiteNews) – El obispo de Kazajistán  Athanasius Schneider tiene una mentalidad sumamente práctica, además de ser un gran teólogo, políglota y uno de los más valerosos prelados de la Iglesia Católica.  El año pasado propuso 12 medidas para sobrevivir como familia católica en un páramo herético. En una nueva entrevista, nos presenta una lista de tareas para los tiempos en que vivimos.

En la entrevista, concedida a Polonia Christiana, monseñor Schneider establece una fascinante comparación entre la época del apogeo de la herejía arriana y la crisis actual de la Iglesia.

«Durante la gran crisis del arrianismo en el siglo IV, los defensores de la divinidad del Hijo de Dios fueron también tildados de intransigentes y tradicionalistas –explica–. San Atanasio llegó incluso a ser excomulgado por el papa Liberio, y el pontífice lo justificó alegando que Atanasio no estaba en comunión con los obispos de Oriente, que en su mayoría eran herejes o semiherejes.»

Sin más preámbulos, pasemos a la lista:

Lista de tareas de monseñor Schneider para salvar la fe hoy

  1. Debemos animar a los católicos de a pie a ser fieles al Catecismo que aprendieron, fieles a las claras palabras de Cristo en los Evangelios, fieles a sus padres y antepasados que se las transmitieron.
  2. Debemos crear círculos de estudios y organizar conferencias sobre la enseñanza perenne de la Iglesia sobre los temas del matrimonio y la castidad, invitando de manera especial a los jóvenes y a los matrimonios.
  3. Debemos hacer patente la belleza misma de la vida de castidad, la belleza misma del matrimonio cristiano y el gran valor de la Cruz y el sacrificio en nuestra vida.
  4. Debemos proponer más cada vez el ejemplo de los Santos y de la vida ejemplar de quienes demostraron que, a pesar de estar sujetos a las mismas tentaciones de la carne, la misma hostilidad y el mismo ridículo por parte del mundo pagano, mediante la gracia de Cristo llevaron una vida feliz de castidad en un matrimonio cristiano y en su familia.
  5. Debemos fundar y promover grupos de jóvenes de corazón puro, grupos familiares y grupos de matrimonios católicos comprometidos con la fidelidad de sus votos conyugales.
  6. Debemos formar grupos que presten asistencia moral y material a familias destrozadas, a madres solteras, grupos que ayuden con oración y brindando buenos consejos a los matrimonios separados, grupos y personas que ayuden a los «divorciados vueltos a casar» a emprender un proceso de conversión en serio. Es decir, que reconozcan humildemente su situación de pecado y abandonen por la gracia de Dios los pecados que infringen el mandamiento de Dios y la santidad del sacramento del matrimonio.
  7. Debemos formar grupos que ayuden a las personas con tendencias homosexuales a emprender el camino de la conversión cristiana, la vía alegre y hermosa de la vida de castidad, y a la larga ofrecerles con discreción el tratamiento psicológico.
  8. Debemos manifestar y predicar a nuestros contemporáneos del mundo neopagano la liberadora Buena Nueva de la enseñanza de Cristo: que el mandamiento divino, el mismísimo sexto mandamiento, está lleno de sabiduría y belleza: «La ley de Yahvé es perfecta, restaura el alma; el testimonio de Yahvé es fiel, hace sabio al hombre sencillo. Los preceptos de Yahvé son rectos, alegran el corazón. La enseñanza de Yahvé es clara, ilumina los ojos» (Sal. 19(18), 7-8).
  9. Los cardenales, obispos, sacerdotes y familias y jóvenes católicos tienen que decir: Me niego a ajustarme al espíritu neopagano de este mundo, aunque dicho espíritu lo difundan algunos obispos y cardenales; me niego a aceptar su falaz y perversa utilización de la santa misericordia de Dios y el nuevo Pentecostés;me niego a ofrecer incienso a la estatua del ídolo de la ideología de género y a la del de las segunda nupcias en concubinato. Aunque lo acepte mi obispo, yo me niego a hacerlo. Por la gracia de Dios, prefiero padecer antes que traicionar la plenitud de la verdad de Cristo en lo que se refiere a la la sexualidad humana y el matrimonio.

La entrevista completa a monseñor Schneider puede leerse aquí.
(Traducido por J.E.F)

Tomado de:

https://adelantelafe.com

Especial de la Epifanía del Señor

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EPIFANÍA DE NUESTRO SEÑOR

 La revelación de Nuestro Señor Jesucristo a los Sabios de Oriente

 Los 3 reyes sabios

 SANTA MISA DE EPIFANÍA DEL SEÑOR O “SANTOS REYES”

EL SANTO NOMBRE DE JESÚS

2 de enero

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“Le darás el nombre de Jesús, porque Él va a salvar a su pueblo” (Mat. I, 21). El occidente celebra la fiesta del nombre de Jesús, el domingo que separa la Circuncisión de la Epifanía; en los años en que dicho domingo no existe, la fiesta pasa al 2 de enero. Así como en el crucifijo material honramos toda la Pasión de Cristo resumida en un símbolo, de igual manera el nombre de Jesús nos recuerda todo lo que está simbolizado en él (Cf. Filip. II, 9-10). “Hablando de él, nos sentimos iluminados; pensando en él, recibimos el alimento de nuestras almas; invocándole, encontramos la paz!, como dice San Bernardo de Claraval, uno de los hombres que han hablado más sentida y profundamente del nombre de Jesús.   El Concilio de Lyons prescribió en 1274 una devoción especial al nombre de Jesús, y el beato Gregorio X comisionó especialmente a la Orden de los Predicadores para propagarla. Pero quienes más hicieron por difundirla, a pesar de la gran oposición que encontraron, fueron los minoritas: San Bernardino de Sena y San Juan Capistrano, quienes popularizaron el uso del monograma JHS, simple abreviación del nombre de Jesús (Ihesus). El hecho de que la Compañía de Jesús adoptara ese monograma como parte de su divisa, contribuyó a su mayor difusión. La Santa Sede concedió a los Franciscanos, en 1530, la celebración de la fiesta del Santo Nombre de Jesús y el uso se fue extendiendo paulatinamente,. En 1721 se convirtió enfiesta universal de la Iglesia de occidente; pero pocos años después, la comisión encargada de la reforma del Breviario recomendóal PapaBenedicto XV la suprimiera del calendario general. La fiesta actual es una especie de repetición de la Circuncisión; las lecciones del terder nocturno de maitines están tomadas del sermón de San Bernardo sobre este misterio.

   Es interesante notar que el Nombre de Jesús figura en el calendario del Book of Common Prayer, el 7 de agosto, es decir, en la fecha que escogieron algunos obispos ingleses y escoceses, cuando adoptaron la fiesta, a fin de laEdad Media. Por otra parte, la traducción del bello himno de Vísperas Jesu dulcis memoria, hecha por el P. Edward Caswall, ha contribuido a que los protestantes conozcan, probablemente mejor que los católicos, ese poema anónimo frecuentemente atribuido, por error, a San Bernardo. LasLetanías del Santo Nombre de Jesús, que en realidad son más bien un comentario de los atributos del Salvador que de su Nombre, provienen tal vez de San Bernardino y San Capistrano. Monseñor Challoner las llama simplemente, Letanías de Nuestro Señor Jesucristo en la edición original de Jardín del alma.

 Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

Tomado de:

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Obispos Peta, Lenga y Schneider: Profesión de las verdades inmutables a respecto del matrimonio sacramental

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Después de la publicación de la Exhortación Apostólica “Amoris laetitia” (2016) diversos obispos han emitido a nivel local, regional y nacional normas concernientes a la aplicación de la disciplina sacramental a los fieles llamados “divorciados vueltos a casar”, quienes se unieron en una convivencia estable more uxorio con una persona que no es su legítimo cónyuge, pese a que esté vivo quien sí tiene esa condición, con quien está unido por un válido vínculo matrimonial.

Las normas mencionadas prevén, entre otras cosas, que en casos individuales las personas   llamadas “divorciados vueltos a casar”, puedan recibir los sacramentos de la Penitencia y de la Santa Comunión, pese a continuar viviendo habitual e intencionalmente more uxorio con una persona que no es su legítimo cónyuge. Tales normas han recibido a menudo aprobación de parte de diversas autoridades jerárquicas y algunas de ellas fueron inclusive dadas por buenas por la suprema autoridad de la Iglesia.

La difusión de dichas normas pastorales eclesiásticamente aprobadas han causado una notable y creciente confusión entre fieles y en el clero; confusión ésta que toca manifestaciones centrales de la vida de la Iglesia, como lo son el matrimonio sacramental que da origen a la familia, la iglesia doméstica y el sacramento de la Santísima Eucaristía.

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CIRCUNCISIÓN DE NUESTRO SEÑOR*

1 de enero

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Todo cuanto hacéis, de palabra o de obra, hacedlo
todo en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo.
((San Pablo a los Colosenses, III, 17)).

   ¡Cuán glorioso es el Nombre de Jesús; mas, cuán caro costó al Hijo de Dios! ¡Le fue menester derramar sangre para merecer este nombre de Salvador; y tú no quieres derramar, para salvarte, ni una lágrima! Es preciso imitar a Jesús en sus sufrimientos o perder la esperanza de acompañarlo en su gloria. Jesús, sed mi Salvador, y pues tanto amor habéis tenido por mí desde el comienzo de vuestra vida, inspiradme vuestro santo amor, a fin de que os ame, si no tanto cuanto merecéis, por lo menos tanto cuanto pueda.          

  MEDITACIÓN
SOBRE LA CIRCUNCISIÓN

   I. Jesús comienza hoy lo que continuará hasta la muerte. Obedece a su Padre celestial, a María y a José.¡Dios obedece a los hombres! Después de esto, ¿tendremos vanidad bastante como para no querer sometemos a los superiores que Dios nos ha dado? Es preciso obedecer a los que ocupan el lugar de Dios, o bien a nuestras pasiones y al demonio. Un Dios obedece a la ley, y nosotros, que no somos sino ceniza y polvo, ¿rehusaremos obedecer a Dios?

   II. En ninguna parte se manifiesta más la humildad del Salvador, que en esta obediencia. En el pesebre, se tomaría a Jesús por un hombre común; aquí, pasa. por pecador. Jesús, que es la santidad misma, quiere abatirse hasta parecer pecador, para honrar a su Padre. Después de esto, ¿tengo derecho a quejarme de las humillaciones que recibo? He nacido en el pecado, he crecido en el pecado; sin embargo, no quiero ser llamado pecador y me irrito si se me desprecia.

   III. La caridad de Jesús brilla en este misterio, toda vez que quiere, desde los primeros instantes de su vida, adoptar el nombre de Salvador(1) y darnos su sangre y sus lágrimas como prenda de su amor. Esa sangre y esas lágrimas que derrama, son el len guaje de su corazón: nos dice con ellas que quiere vivir, sufrir y morir por nosotros. Comencemos pues, este año, imitando su obediencia y su humildad. Amémoslo durante todo este año, hagamos todo en Nombre de Jesús. Dios mío, soy todo vuestro, du rante este año, y para el resto de mi vida. 

Humildad(2) 
Orad por la Iglesia. 

ORACIÓN

   Oh Dios, que habéis constituido a vuestro Unigénito Salvador del género humano, y habéis ordenado que se le llamase Jesús, haced, por vuestra misericordia, que después de haber honrado su Santo Nombre en la tierra, tengamos la dicha de contemplarlo a Él mismo en el cielo. Por J. CN. S. Amén.


  • Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo I, (Ed. ICTION, BuenosAires, 1982)
  • (1) La palabra Jesús quiere decir Salvador (Catena Aurea – Sto. Tomás). (N. del T.) 
  • (2) Al final de cada meditación se indica una virtud para practicar especialmente durante el día y, además, para la oración, una intención particular. 

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LOS SANTOS INOCENTES

28 DE DICIEMBRE

EN EL NACIMIENTO DE LOS SANTOS INOCENTES, POR SAN BERNARDO

De las cuatro festividades continuadas del Nacimiento del Señor, de San Estebán, de San Juan y de los los Santos Inocentes

Bendito sea el que viene en el nombre del Señor: el Señor es Dios y ha hecho brillar su luz sobre nosotros; bendito sea su nombre glorioso, que es santo. No vino infructuosamente lo santo, que nació de María, sino que copiosamente difunde el nombre y la gracia de la santidad. Verdaderamente de aquí es Juan Santo, es Esteban Santo, y también los Santos Inocentes. Con provechosa disposición acompañan estas tres solemnidades al nacimiento del Señor. No sólo para que continuándose las festividades persevere la devoción continua, sino también para que el fruto del Nacimiento del Señor sea conocido de nosotros en ellas, como un efecto y consecuencia de él. Se advierten en estas tres solemnidades como tres especies de santidad: ni yo juzgo que se pueda hallar fuera de estos tres géneros de Santos, otro cuarto entre los hombres. Tenemos en el bienaventurado Esteban la obra y la voluntad del martirio: tenemos sola la voluntad en el bienaventurado Juan: y tenemos solo la obra de los Santos Inocentes. Todos ellos bebieron el cáliz de la salud o con el cuerpo y el espíritu juntamente. O con sólo el espíritu; o con sólo el cuerpo. Mi cáliz ciertamente beberéis dijo el Señor a Santiago, y a Juan: no hay dudas de que hablaba del cáliz de la pasión. En fin, cuando decía a Pedro sígueme, excitándole violentamente a la imitación de su pasión, vuelto Pedro vió que seguía después del discípulo que amaba Jesús, no tanto con los pasos del cuerpo sino con el afecto de su voluntad. Bebió pues también Juan el cáliz de la salud, y siguió al Señor como Pedro, aunque no de todas maneras como Pedro. Porque haber permanecido así, no siguiendo con la pasión corporal al Señor, fue consejo divino como lo dice él mismo: Así quiero que permanezca hasta que yo venga. Como si dijera quiere él también seguirme pero yo quiero que así permanezca.

Pero ¿habrá quien dude de las coronas de los Inocentes? ¿Dude que los infantes despedazados por Cristo sean coronados entre los mártires, el que no cree que los reengendrados en Cristo son contados entre los hijos de adopción. Cuándo aquel niño, que nació para nosotros, no contra nosotros, permitiría que unos niños coetáneos de él fuesen muertos por su causa, lo cual él podía estorbar con toda su voluntad, si no providenciera a favor de ellos alguna cosa mejor; haciendo que así como a los demás infantes, entonces la circuncisión, ahora el bautismo, sin algún uso propio de su voluntad les basta para conseguir la salud; así el martirio producido por él les bastase a ellos para la Santidad? Si buscas sus méritos para con Dios, para ser coronados, busca también sus delitos para con Herodes para ser despedazados.

¿Es menos acaso la piedad de Cristo que la impiedad de Herodes, para creer que haya podido él entregar unos inocentes a la muerte y no haya podido Cristo coronar a los que fueron muertos por él? Sea pues Esteban mártir para con los hombres, cuya voluntad de padecer se manifestó con toda evidencia particularmente, en que en el mismo artículo de su muerte tenía la más viva solicitud, tanto por los perseguidores como por si mismo, venciendo en él el afecto de su interior compasión al afecto de su pasión corporal, de suerte que lloraba más por los delitos de ellos que por sus propias heridas. Sea Juan mártir para con los Ángeles, que como espirituales criaturas conocieron con más claridad las señales espirituales de su propia voluntad para padecer por Cristo. Pero estos verdaderamente son vuestros mártires, o Dios, para que resplandezca con más evidencia el privilegio de vuestra gracia en quienes ni el hombre ni el Ángel descubre mérito alguno. Vos habéis formado en la boca de los infantes y los niños de pecho vuestra perfecta alabanza. Gloria sea Dios en las alturas dicen los Ángeles, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Grande alabanza es esta sin duda, pero me atrevo a decirlo todavía no es alabanza perfecta, hasta que venga quien diga: dejad a los párvulos que vengan a mi, porque de los tales es el Reino de los Cielos, y paz a los hombres aún sin el uso de su voluntad para ilustre testimonio de la piedad de Dios.

Esto debieran considerar los que suelen combatirse en contenciosas disputas sobre la obra y la voluntad: consideren y adviertan que no conviene despreciar ni lo uno ni lo otro cuando no falta la facultad; especialmente lo uno sin lo otro (pero cuando la facultad falta) no solo dar la salud sino la santidad. Más también se persuaden firmemente, que aprovecha la obra sin la voluntad, pero no contra la voluntad, de suerte que por lo que se salvan los infantes, tendrían más condenación los que  llegaron a la fe fingidamente. Del mismo modo, en algunos la voluntad sin la obra es suficiente, pero no contra la obra. Por ejemplo, si uno es arrebatado por la muerte cuando tiene en si una buena voluntad, pero todavía no perfecta, todavía no bastante valerosa para sufrir el martirio: ¿quién se atreverá a negar que se salve por esta interpretación? Quizá no le permite Dios que llegue a tentación tan grave, con el fin de que en ella no desmaye y se condene. Porque, si con tan débil voluntad fuera puesto en aquella tentación, que es sobre sus fuerzas y su voluntad no fuese corroborada, quien duda que desmayaría, que negaría la fe, y que si entonces muriese pereciera? Si alguno tiene vergüenza de mi delante de los hombres, también yo tendré vergüenza de él, dice el Señor, delante de los Ángeles de Dios, Así, en nuestra voluntad imperfecta en la que alguno se salva, cuando falta la ocasión y facultad para la obra, no se podría salvar por la falta de la obra, o diciendo de otro modo, por la obra de su rebeldía y falta. Lo mismo también podría suceder con la ignorancia, antes bien solícitos y timoratos demos gracias al benignísimo, y liberalísimo Salvador, que ocasiona con caridad tan copiosa las ocasiones a la salud a los hombres, que se alegra de encontrar en unos la voluntad y la obra, y en otros la voluntad sin obra, en otros también sin voluntad la obra de la salud, queriendo que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad. Porque en esto consiste la Vida Eterna, en que conozcamos al Padre Dios verdadero y a Jesucristo a quien envió, el cual es con el Padre un Dios verdadero, bendito sobre todas las cosas por los siglos, Amén.

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MEDITACIÓN

Herodes, viendo que quedaba burlado de los magos, se airó en gran manera, etc.

Considera, que después que los magos entraron en Jerusalén, pidiendo por el recién nacido Rey de los judíos, y dieron razón de la estrella a Herodes, este les encargó que hallándole se lo noticiasen a su vuelta para que él también adorase aquel Rey de los judíos señalado por la estrella.

Y como hubiesen pasado muchos días, y no pareciesen los magos, se tuvo Herodes por burlado de ellos y agraviado.

Herodes estaba con el mal ánimo de querer matar al nuevo Rey; y los magos no tenían obligación de darle razón de su camino; y en vez de confundirse Herodes, se da por agraviado; porque estaba lleno de soberbia, que en todo hace parecer al soberbio, que se le hace agravio. Si Herodes hubiese sido humilde, no habría reparado en sufrir aun lo que el mundo loco llama verdaderos agravios.

Examínate seriamente, y quizá encontrarás haber faltado muchas veces en darte por agraviado teniendo culpa, y siendo tratado con caridad y para remedio de tus faltas. Con imaginaciones altivas, con juicios contra los otros, con escusas de tus faltas, pretendes notar el proceder ajeno y hacer ver tu agravio; y por fin, en verdad, y delante de Dios, todo se resuelve en tu soberbia.

Busca la verdadera humildad de corazón, que te librará de muchas faltas, temores e inquietudes.

Se airó en gran manera.

Considera, que Herodes dio la rienda a tanta ira, por haber oído nombrar otro Rey de los judíos, sin saber quién era y a qué venia; cuando según buena razón debía averiguar el caso y deliberar después sobre lo que fuese justo: más como no quería sujetarse a la razón, su pasión le llenó de rabia.

¡Oh, qué bien lo explicó Santiago en su canónica!: ¿De dónde nacen en vosotros las guerras y pleitos? De las concupiscencias vuestras, que reinan en vuestro cuerpo.

Si Herodes no hubiese dejado reinar en su corazón sus malos deseos, no habría sido llevado de tanta ira, ni habría pasado a cometer tan grave y escandaloso pecado.

Si tú quieres verte libre de la ira y de los pecados que de ella nacen, no dejes reinar en ti desordenados deseos: mortifícalos desde el principio; y así, aunque seas impedido de su logro, no vivirás expuesto a ser señoreado de la ira, ni a cometer tantas faltas, como de ella se originan.

¡Oh deseos no mortificados, de cuánta ira y de cuántas faltas habéis sido infeliz semilla!

Y enviando a sus ministros y soldados, mató a todos los niños que había en Belén y su comarcade dos años abajo.

Considera, que estas pasiones no mortificadas de Herodes, de lance en lance, le llevaron a querer quitar la vida al recién nacido Rey, para cuya seguridad se abalanzó a tan injusta crueldad, como fue quitar la vida a tantos mil inocentes.

Teme de ti mismo y teme de soltar la mano de la mortificación de tus pasiones; porque aunque al presente por la misericordia de Dios tengas horror al pecado mortal; más si te descuidas en mortificarte en cosas pequeñas, poco a poco podrías ir descaeciendo en el temor de Dios y hallarte un día caído en culpa mortal.

Considera más, y adora la providencia de Dios en permitir que este tirano ejecutase tan inhumana fiereza; pues a más de sacar Dios gran gloria en publicar su venida al mundo con tan inaudita crueldad, aseguró la salvación de estos Santos Niños, que ahora la Iglesia venera y se encomienda a sus oraciones, los cuales a los ojos mundanos parecieron infelices; y Herodes, que quedó triunfante, murió desastradamente, y ahora arde en el infierno.

Saca de aquí saber apreciar las ocasiones de paciencia que te ofrecen tus contrarios; pues sufriéndolas por Dios tendrás seguro el premio, y ellos su castigo como Herodes, si como él no se humillan y enmiendan.

Sermón del Padre Juan Carlos Ceriani sobre los Santos Inocentes Ver Aquí

Tomado de:

https://radiocristiandad.wordpress.com/

SAN JUAN EVANGELISTA

27 DE DICIEMBRE

SAN JUAN

Apóstol, Evangelista y Apokaleta

† hacia el año 101 en Éfeso
 
Patrono de escritores; autores; editores; libreros; encuadernadores; impresores; compositores tipográficos; papeleros; litógrafos; pintores; amistad; teólogos. Protector contra las quemaduras y los venenos.

Pedro vio venir detrás al discípulo amado de Jesús, aquél que en la Cena se reclinara sobre su pecho. (Juan 21, 20)

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San Juan era todavía joven cuando siguió a Jesús. Fue su discípulo predilecto a causa de su inocencia; asistió a su transfiguración, se recostó en su pecho en la última Cena, subió con Él al Huerto de los Olivos, y recibió a María como Madre, ayudó a sepultar al Salvador y acudió el primero con Magdalena a su tumba el día de su resurrección. Después de la Ascensión, fue a predicar el Evangelio al Asia Menor y se estableció en Éfeso con la Santísima Virgen. Conducido a Roma en el año 95, bajo Domiciano, y arrojado a una caldera de aceite hirviendo, salió de ella sano y salvo y fue desterrado a la isla de Patmos, donde compuso el Apocalipsis. De vuelta a Éfeso, escribió contra los gnósticos su Evangelio que, con sus tres Epístolas, es el inflamado código de la caridad. Sobrevivió a todos los otros Apóstoles.
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MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA DE SAN JUAN
I. He aquí al amigo íntimo de Jesús, aquél que descansó sobre su pecho en la última Cena, y a quien el divino Salvador hizo partícipe de sus más grandes secretos. La primera condición de una verdadera amistad es no tener secretos para el amigo. ¿Está abierto tu corazón para Jesús? ¿No tomas ninguna resolución sin haberlo consultado? En todo tiempo puedes penetrar en su corazón por la adorable llaga de su costado; ¡y Él no puede hacerlo en el tuyo, lleno como está totalmente de las creaturas! Os amo, oh Dios mío, y deseo amaros siempre más (San Agustín).
II. La segunda cualidad de la amistad es compartir con el amigo lo que se posee. Ahora bien, Jesús durante su vida diose todo entero a San Juan y, al morir, le dio a su madre. “Hijo mío, dijo, he aquí a tu Madre”. San Juan se había dado por entero a Jesús, había abandonado todo para seguirlo. Date del mismo modo todo entero a Jesús, si quieres ser su amigo. ¿A quién destinas tu corazón? El mundo es indigno de poseerlo. ¿Qué has dado a Jesús en retribución de su ternura? ¿Le has consagrado tu cuerpo, tu voluntad, tu inteligencia, en una palabra todo lo que eres y todo lo que posees?
III. En fin, la tercera cualidad de la amistad es la semejanza: el amor hace semejantes a los amigos, si ya no lo son. Fue también este amor el que hizo a San Juan semejante a Jesús, lo hizo también hijo espiritual de María. Jesús te amará, si te asemejas a Él. Para lograrlo, es menester, no que te recuestes visiblemente sobre el corazón de Jesús, sino que Jesús venga a tu corazón, y que no tengas tú otra voluntad que la suya. Tener los mismos gustos y las mismas repugnancias; he ahí la verdadera amistad (San Jerónimo).

El amor de Dios.
Orad por el aumento de la caridad.
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ORACIÓN
Dignaos, oh Dios de bondad, derramar sobre vuestra Iglesia los rayos de vuestra luz celestial, a fin de que iluminada con las enseñanzas de San Juan, vuestro Apóstol y Evangelista, alcance las recompensas eternas. Por J. C. N. S.
Sermón del Padre Juan Carlos Ceriani sobre la Fiesta de San Juan Evangelista ver aquí
Fuentes: Martirologio Romano (1956). Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. – Tomo IV, Patron Saints Index.
Tomado de:

SAN ESTEBAN, Protomártir

26 de diciembre

Esteban, lleno de gracia y de fortaleza, obraba grandes prodigios y milagros entre el pueblo. (Hechos de los Apóstoles, 6, 8).

San Esteban, primer diácono elegido por los Apóstoles para la distribución de las limosnas entre los fieles, fue también el primer mártir de Jesucristo: ¡qué gloria! Reprochó vivamente a los judíos el que hubieran echado mano a traición y dado muerte al Justo, al Mesías prometido, y lo confesó magníficamente ante Caifás y el gran Consejo. Hasta vio que los cielos se abrían y a Jesús a la diestra del Padre. Llenos de furor, los judíos lo arrastraron fuera y lo lapidaron mientras Esteban, de rodillas, pedía a Dios que los perdonase. ¡Saulo, el futuro gran San Pablo, tenía sus vestiduras!

MEDITACIÓN
SOBRE LA MUERTE
DE SAN ESTEBAN

   I. San Esteban se declara abiertamente discípulo de Jesucristo. No teme la muerte porque está lleno de gracia y de fortaleza; y esta gracia y esta fortaleza le vienen de su fe. La vista del cielo, que se abrió ante sus ojos, lo hace insensible a los tormentos. Si tuviese yo un poco de fe, si de tiempo en tiempo  considerase la corona que Dios me prepara en el cielo, ¿qué temería aquí en la tierra? ¿qué amaría fuera de Vos, oh mi dulce Jesús?

   II. Soporta valerosamente la muerte y, al morir, ruega por los que lo apedrean. Sufre tú por Jesús las persecuciones y la muerte, si es necesario. Nada podrías hacer por Él de lo cual no te haya dado ejemplo; pero sufre orando por los que te persiguen. ¿Sabes por qué San Esteban perdona tan fácilmente a sus enemigos? Porque la crueldad de ellos prepara su triunfo. ¿Cómo quieres que se irrite contra aquellos que le abren la puerta del cielo ? (San Eusebio).

   III. Los Hechos de los Apóstoles dicen, al referir la muerte de este santo, que se durmió en el Señor. Su muerte fue, pues, semejante a un dulce sueño: fue, en efecto, el término de todos sus trabajos y el comienzo de su reposo. Señor, concededme la gracia de morir con la muerte de los santos, con esta muerte tan preciosa ante vuestros ojos. Alma mía, vivamos, suframos, trabajemos, como los santos, y moriremos con la muerte de los santos. ¡Que muera yo con la muerte de los justos!

La caridad
Orad por vuestros enemigos.

ORACIÓN

   Señor, concedednos la gracia de imitar a aquellos a quienes honramos, a fin de que aprendamos a amar a nuestros enemigos, pues celebramos el nacimiento al cielo del que oró a Jesucristo Nuestro Señor por sus mismos verdugos. Amén.

*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo IV, (Ed. ICTION, BuenosAires, 1982)

Tomado de:

 http://misa_tridentina.t35.com/

¡Feliz Navidad!

Hoy, Aquel que es, nace.

Y Aquel que es, se convierte en lo que no era.

Porque cuando era Dios, se hizo hombre sin dejar de ser Dios…

San Juan Crisóstomo

Homilía de Navidad

 

El blog 

les desea una Feliz Navidad

a todos sus seguidores y visitantes.

Feliz Navidad

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Bergoglio: la apoteosis del subjetivismo emocionalista (II)

La «Justificación» luterana y la «novísima moral»

El nominalismo, negando la realidad de los hábitos entitativos o cualidades estables (por ejemplo, la salud y la enfermedad naturales o la gracia y el estado de pecado sobrenaturales) altera la doctrina de la Justificación a través de la gracia santificante y abre las puertas al luteranismo. En efecto, la gracia habitual o santificante es un don permanente o hábito entitativo divino infundido sobrenaturalmente en la sustancia del alma humana, a la que confiere la santidad y la presencia de la Santísima Trinidad. Pues bien, para los nominalistas, los hábitos entitativos son sólo voces y palabras («flatus vocis») que no tienen ninguna realidad. Lutero, formado filosóficamente en el nominalismo occamista, rechazó la doctrina católica sobre la gracia santificante, reduciéndola a una imputación extrínseca o atribución puramente nominal y no real y objetiva, de la santidad de Cristo al pecador, atribución que no cancela realmente el pecado y no confiere la vida sobrenatural, sino que solamente cubre como un velo el pecado, que, por ello, permanece igualmente en el alma humana, como la suciedad bajo una alfombra[1]. De aquí, según el nominalismo de Bergoglio, que entre los católicos modernistas y los protestantes no existen diferencias acerca de la doctrina de la Justificación y la negación práctica del libre albedrío y de la responsabilidad moral de las propias acciones.

El libre albedrío y la moral subjetiva

Según la recta razón y la sana doctrina, en cambio, la situación subjetiva no cambia la esencia objetiva del hombre. O sea, todos los hombres normales, en toda situación, siguen teniendo su naturaleza de animales racionales, libres y responsables. Por tanto, excepto los casos patológicos excepcionales o circunstancias que eliminan o disminuyen notablemente el uso de razón y de libre albedrío, todo hombre es responsable de sus propios actos, que deben corresponder a la moral objetiva, natural y divina, para ser buenos, de otro modo son moralmente malos o pecaminosos.

Negado esto por el nominalismo protestante y modernista, todo hombre es dejado a merced de sus instintos subjetivos y además la misma ley moral ya no es un mandamiento, una orden general, que tiene valor objetivo y real para todo hombre. Ya no es la ley objetiva la que dice lo que se debe o no hacer en las situaciones particulares, sino que es la situación concreta la que prevalece sobre la moral y sobre la ley objetivas. Como para Descartes ya no es el yo pensante el que se debe conformar con la realidad extra-mental, sino que el ser y lo real son producción del pensamiento subjetivo (cogito ergo sum / pienso luego existo), así, para Bergoglio, es lo que nos parece bien a nosotros lo que hace buena la acción. En efecto, Francisco sostiene que «cada uno tiene su idea del bien y del mal y debe elegir el bien y combatir el mal como él lo concibe» (A. M. Valli, 266. Jorge Mario Bergolio. Franciscus P.P., Macerata, Liberilibri, 2017, p. 44[2]).

Así, la situación subjetiva prevalece y libera al individuo de las obligaciones universales y de la moral objetiva (esta situación es muy penosa, por tanto no estoy obligado subjetivamente por la ley objetiva, ya sea divino-positiva o natural).

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Un pesebre de tinieblas (en el Vaticano)

En la Plaza del Vaticano han puesto un pesebre, pero un pesebre de tinieblas, con  muerto y hombre desnudo incluido. ¿Qué hacen un muerto y hombre desnudo en un pesebre? ¿Pero qué mentes retorcidas son las autoras de  tal profanación del misterio del nacimiento del Niño Dios?

Nada menos que en el corazón de la Cristiandad se pone un ofensivo y blasfemo pesebre. Estamos ante un ejemplo de la nueva evangelización, que tiene por bandera la blasfemia, el sacrilegio y la apostasía.

Es un pesebre burla.

Es un pesebre ofensivo y blasfemo.

Es un pesebre que se sale de la tradición totalmente.

Es un pesebre pesadilla, que quita el sueño.

Es un pesebre sin ternura.

Es un pesebre fruto de unas mentes retorcidas y sucias.

Es un pesebre infundido e inspirado por el mismo Satanás.

Es un pesebre que destroza la verdad de la fe católica.

Es un pesebre que ofende la más íntima sensibilidad católica.

Es un pesebre feo, sin gusto, para salir corriendo.

Es un pesebre que muestra  una escena falsa para confundir e inducir al error.

Es un pesebre que merece una repulsa de los fieles a nivel a la Iglesia universal.

Estamos ante la obra de la mente humana, pero sin fe católica; es la mente retorcida del hombre socarrón y burlesco, charlatán y juerguista, sacrílego y pervertido; es la mente del profanador de lo sagrado, del que se ríe de la fe inamovible de la tradición; es la mente del  hombre que juega a ser un diosecillo, que impone sus ideas miserables como objeto de culto y creencia.

¿Dónde queda la alegría del momento con el muerto en el pesebre? ¿Dónde la santidad? ¿Dónde la inmaculada pureza de la escena  de la Sagrada Familia con el hombre desnudo? ¿Dónde el misterio del nacimiento del Niño Dios? ¿Dónde el misterio de la Obra Redentora? Dios se hace hombre para redimir al hombre del pecado, entonces, ¿qué hace un hombre desnudo? ¿Dónde está el pudor, la inocencia, la pureza, la castidad, el recato, la honestidad que inspira la escena del pesebre?

Estamos ante una ofensa inadmisible a los fundamentos de la fe.

Todos los fieles debemos inundar el Vaticano con cartas y correos electrónicos de repulsa por tal ofensa al Niño Dios, a la pureza de María y la castidad de San José.

No podemos seguir más tiempo callados. Desde el Vaticano se ofende nuestra fe. Desde la cabeza  de la Iglesia fluye el fango que ensucia la cara de la Iglesia.

Pongámonos en movimiento, pero no para secundar la herejía y el sacrilegio, si no para oponernos a ello. Empecemos por dirigir nuestra más enérgica repulsa al Vaticano y al Nuncio del Papa en cada país.

Los católicos decimos: ¡BASTA! ¡No ofendáis más nuestra fe!

Carlos María Rey

Tomado de:

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El espíritu de Balaán

Pero tengo algo contra ti: que toleras ahí a quienes siguen la doctrina de Balaán. El que enseña  a Balac a poner tropiezos delante de los hijos de Israel, a comer de los sacrificios de los ídolos y a fornicar (Ap. 2, 14).

El espíritu de Balaán en la Iglesia.

Queridos hermanos, asistimos al triste y desgraciado  espectáculo de ver a eclesiásticos, de diversa responsabilidad y cargo en la Iglesia, manifestar que hay que reinterpretar las Sagradas Escrituras en cuanto a lo que dice del grandísimo pecado de sodomía, sobre la homosexualidad, y cuántas cosas más. Vemos, igualmente, como la Palabra de Dios, que habla claramente del pecado de adulterio, se tergiversa maliciosamente; de igual forma la misma Ley de Dios no se obedece, y se cuestiona. En definitiva, las mismas Sagradas Escrituras dejan de Sagradas para estos  eclesiásticos, para ser meras  escrituras reinterpretables a gusto del interesado. Sin pudor así se manifiestan.

¿Cómo nos acercamos a la Sagrada Biblia?, como amantes de la Palabra de Dios, y como creyentes y fieles hijos de la Iglesia, con el recto ánimo de buscar la verdad y de admitirla sea cual fuere, aunque nos resulte una gran sorpresa e interiormente nos incomode –Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviadoQuien quisiere hacer la voluntad de Él conocerá si mi doctrina es de Dios o si es mía. Jn. 7, 6-7-, o bien, como hacen algunos, y cada vez más, que van a la Biblia con el llamado espíritu de Balaán, a encontrar en ella lo que les convenga, para sustentar sus propias opiniones. Con esta intención se puede hacer decir a las Sagradas Escrituras lo que uno quiera, se puede uno basar en versiones erróneas, o simple y llanamente decir que lo correcto es lo que “digo yo”, y que lo que  hasta  ahora se decía es anticuado y desfasado. En definitiva, se trata de acudir a la Palabra de Dios para interpretarla con el más absoluto descaro, sirviendo, no a la verdad que nos hace libres, sino a la mentira que esclaviza.

¿Quién es Balaán?

Números capítulo 22 nos habla de Balaán, hijo de Beor, a quien Balac, rey de Moab, mandó llamar para que maldijera al pueblo de Israel. Se levantó Balaán por la mañana, aparejó su asna y partió con los príncipes de Moab. Más encendiéndose Dios en cólera porque hubiera partido, y el ángel del Señor se plantó en el camino para detenerle (Núm. 22. 21-22). “Partió Balaán con internos afanes de lucro”, nos dice la Biblia de Bover- Cantera.  “Balaán ha quedado como ejemplo de hombre perverso y codicioso por inducir a los israelitas a la idolatría y a la fornicación (Num. 32, 16; Ap. 2, 14), cuando antes había bendecido al pueblo de Israel” (Núm. 22,1-24, 25), dice la Sagrada Biblia de la Universidad de Navarra.  “Balaán a pesar de haber sido prevenido dos veces (Núm. 22, 12 y 20) por el mismo Señor, no se sometió interiormente a la voluntad de Dios, sino que bendijo a Israel de mala gana porque temía la espada del ángel que le había amenazado en el camino. San Pedro se refiere a este profeta al hablar de la codicia de los falsos maestros y predicadores que con halagos atraen las almas superficiales y su corazón está versado en codicias; son hijos de la maldición que, dejando el camino derecho, se han extraviado para seguir el camino de Balaán, hijo de Beor, que amó el salario de iniquidad (2 Pe. 2, 14,ss.)”, leemos en la Santa Biblia de Straubinger.

Doctrina de Balaán: amistad con el mundo.

El error de Balaán procede del espíritu mundano que no tiene el sentido de las cosas de Dios. Y así, Balaán, deseoso de congraciarse con el rey Balac, no comprendió que Dios no quisiese  maldecir a Israel, pueblo ingrato. La doctrina de Balaán, pues, como recoge el libro del Apocalipsis (2,14) – Pero tengo contra ti  algunas pocas cosas, por cuanto tienes allí a quienes han abrazado la doctrina de Balaán, el que enseñaba en Balac a dar escándalo a los hijos de Israel, para que comiesen de los sacrificios de los ídolos y cometiesen fornicación-, es la que enseñó a los hijos de Israel a fornicar con los extranjeros, y está aplicada en este pasaje en sentido religioso a la fornicación espiritual, que ya no es con los ídolos como en el antiguo Israel, sino con los poderosos de la tierra; es decir, la doctrina de Balaán se entiende de aquellos que viven un infiel maridaje con el mundo, olvidando su destino celestial y la fugacidad de la vida. ¡Adúlteros! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios Por tanto, el que desee ser amigo de este mundo se hace enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: “Celosamente nos ama el Espíritu que habita en nosotros”? (Sant. 4, 4).

¡Cuántas veces el Señor recuerda la oposición de su Palabra y el mundo!: El cual [Jesucristo] se entregó por nuestros pecados, para sacarnos de este presente siglo malo, según a voluntad de Dios Padre nuestro (Gal. 1, 4).

La doctrina de Balaán consiste en seguir las pautas del mundo, en echarse en sus brazos, en conformarse con los poderosos, los influyentes. La doctrina de Balaán es el triunfo del espíritu del mundo y de la carne, y por tanto del maligno; es la búsqueda de la vida perdurable y confortable en la tierra; es lo opuesto a la vida espiritual, es más, es su negación. Es algo así como buscar la “eternidad” en lo terrenal y mundano.

He aquí el verdadero espíritu que anima e impulsa a estos eclesiásticos, que alejados de la verdad de la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura, imbuidos del espíritu de Balaán, buscan complacer al mundo a costa de la verdad eterna, llevando la desgracia a quienes les oigan y sigan.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Tomado de:

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El “Jesús” políticamente correcto

El otro día escuché las siguientes preguntas: “Si Jesús regresara hoy a la tierra, ¿con qué religión se identificaría? ¿Con qué partido político? ¿Y qué país?” Sin duda, son preguntas que podrían generar una fuerte discusión, pero irrelevante. La idea sobre Quién y Qué es Jesús se ha diluido y distorsionado mucho en las últimas décadas debido a varias cosas. Entre ellas están Hollywood, los telepredicadores de la televisión, diversos sabores de cristianismo, y una Iglesia católica en continua evolución y metamorfosis, al menos la porción más grande que es la más visible.

Jesús ha sido reinventado y reconstruido en incontables imágenes con un parecido a quienes quisieran que Él se amolde a sus necesidades. El Jesús imaginado por el mundo de hoy, incluso por quienes debieran conocerlo más, es pro-gay, pro-adulterio, pro-pedofilia, y básicamente a favor de todo lo que haga sentir bien, y sin razones para preocuparse por ello. El nuevo Jesús ama todas las religiones y es afeminado y frágil.

Entonces, la pregunta correcta no es hacia dónde se dirigiría Jesús si hoy regresara, sino ¿quiénes de entre nosotros lo aceptarían? No al Jesús reinventado, sino al verdadero, al Rey de Reyes y Señor de los Señores.

Hay numerosos pasajes de las escrituras que dan una idea sobre la verdadera identidad de Jesús, pero creo que la más clara está en los evangelios de Marcos y Mateo, cuando Jesús es confrontado por los fariseos que le preguntan si es legal pagar impuestos. De allí proviene la famosa respuesta de Jesús, “Dad, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Pero al intentar entrampar a Jesús, los fariseos primero dicen algo que suele pasarse por alto pero tiene mucha relevancia. Ellos dijeron “Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios, con verdad, sin miedo a nadie, porque no miras a la persona de los hombres.” Mateo 22, versículo 16. (Straubinger).

Los fariseos dijeron la verdad, si bien su intención al usar esta verdad era maliciosa y engañosa. Este pasaje es muy significativo a la luz de los tiempos modernos, porque virtualmente toda religión y país hace exactamente lo contrario y considera a la persona de los hombres a expensas de la verdad, la justicia y la moral. La punta de la lanza del asunto, donde yace la mayor parte de la culpa, es la Iglesia católica. Habiendo sido un sólido bastión y un fuerte vocero de moral y justicia (justicia verdadera, no la “justicia social” que hoy mencionan con frecuencia los marxistas en la iglesia) la Iglesia se ha tornado muda y ha apoyado implícita, sino abiertamente, esas cosas a las que le fue mandado resistir, como el matrimonio homosexual y el aborto. Una vez que la Iglesia abandonó su posición de influencia en el mundo sobre estos y otros asuntos morales, todas las demás entidades la siguieron.

Jesús jamás dijo, “Está todo bien, hagan lo que quieran”. Él jamás dijo, “hermanos y hermanas” ni habló en lenguaje inclusivo para hacer que la gente se sintiera bien. Él jamás procuró que estuviéramos completamente cómodos, y mientras caminó por esta tierra sembró incomodidades tanto entre Sus enemigos como Sus seguidores, como ejemplo y lección para todos nosotros. Jesús no era políticamente correcto en ningún sentido del término, y este ejemplo también tiene un gran valor. Jesús también hablaba siempre de la verdad, sin importar si avergonzaba, incomodaba, era inconveniente, o difícil. Un buen ejemplo de esto ocurrió cuando Él dijo que para ser salvos había que comer Su cuerpo, muchos de Sus seguidores se alejaron, y Él no hizo ningún esfuerzo por reformular o explicar mejor ese concepto.

¿Escuchan desde Roma? ¿Escuchan los obispos locales? ¿Comprenden los laicos de todo el mundo?

Si en el escenario hipotético que inició este artículo aceptamos que Jesús es exactamente Quién y lo Que Él es, entonces vamos de la mano con la seriedad que supone salvar nuestra alma. Los medios para hacerlo y la gracia para aferrarse se encuentran en el verdadero catolicismo y la tradición apostólica, de los cuales mucho se ha perdido a partir del Vaticano II. Busquen la Iglesia católica que representa y adora a Jesucristo tal como Él ordenó, tal como verdaderamente Es. No se adormezcan en un falso sentido de comodidad, porque así es como los quiere el mundo y no les permitirá aceptar a Cristo, ni le permitirá a Él aceptarlos a ustedes cuando llegue su hora.

Rick Christensen

(Traducido por Marilina Manteiga. Artículo original)

Tomado de:

https://adelantelafe.com

Doce errores y novedades del Concilio Vaticano II

1. La reforma litúrgica se propone promover la unidad con los herejes y los cismáticos. (SC 1)

2. El Santo Sacrificio de la Misa deben ser “adaptados a la capacidad de los fieles” y “no tener necesidad de muchas explicaciones”. (34)

3. “Urge una adaptación más profunda de la Liturgia a las tradiciones y genio de cada pueblo”. (SC 40)

4. La Iglesia de Cristo simplemente “subsiste” en la Iglesia Católica. (LG 8)

5. Dios se vale de las comunidades heréticas y cismáticas como “medios de salvación”. (UR 3)

6. Los actos de culto de los herejes “son aptos para dejar abierto el acceso a la comunidad de la salvación” (UR 3)

7. “Es necesario que los católicos aprecien los tesoros verdaderamente cristianos” que se encuentran en los herejes “que pueden conducir a nuestra edificación” (UR 4)

8. Cristo ha hecho a los judíos y los gentiles de nuestro tiempo “reconciliados en la cruz y de ambos hizo una sola cosa en sí mismo.” (NA 4)

9. Los musulmanes  “adoran al único Dios, Creador del Cielo y de la Tierra”.( LG 16, NA 4)

10. La Tradición progresa en la Iglesia y “tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina”. (DV 8)

11. El “derecho a la libertad religiosa” está fundado “en la dignidad de la persona humana” y “permanece también en aquellos que no cumplen la obligación de buscar la verdad.” (DH 2)

12. “Todos los bienes de la Tierra deben ordenarse en función del hombre, centro y cima de todos ellos.” (GS 12)

En la lista anterior enumero algunas novedades y errores nefastos del Concilio Vaticano II. Huelga decir que podría haberla hecho mucho más larga.

Louie Verrechio

(Akacatholic. Traducido por J.E.F)

Tomado de:

adelantelafe.com

Hoy 12 de Diciembre de 2017 este Blog Cumple su Noveno Año de Existencia

 

12-12-2008            12-12-2017

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¡Deo Gratias!

!Santísima Virgen María de Guadalupe

Ora pro nobis!

Sermón Dominical

Del

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO 

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Para ver el VIDEO clic sobre la imagen

Las dudas del Bautista

Homilía dada por el P. Alfonso Gálvez el día 10 de diciembre de 2017

Meditación

Solemnidad de la Inmaculada Concepción

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

“El problema de la devoción a la Virgen” 

Charla del padre Alfonso Gálvez. Solemnidad de la Inmaculada Concepción. 8 de diciembre de 2017

Causas de la apostasía actual y soluciones

Tras constatar las evidencias de la apostasía en la anterior entrevista vamos a seguir profundizando en el tema con un experto en la materia.

Flavio Infante, católico, argentino y padre de cuatro hijos.Ha tenido el honor de colaborar en la revista Cabildo, y publica también en su propio blog, In exspectatione. En esta segunda parte de la entrevista nos muestra las causas filosóficas de la apostasía actual en las sociedades otrora cristianas y en determinados miembros de la Iglesia y las posibles soluciones. 

¿Cuáles son las causas filosóficas de la apostasía actual? 

Se puede abordar una múltiple causalidad convergente, pero me detendré en una de carácter lo bastante universal como para aglutinar la variedad de las causas ulteriores, incluyendo la  documentable infiltración enemiga: el progresivo desfallecimiento de la inteligencia a instancias de esa enfermedad del espíritu que los estudiosos motejaron como «nominalismo», y que ha sido para la civilización cristiana, desde el lejano siglo XIV, lo que la sofística fue para Grecia.

Se trata de aquella negación del datum primordial y de la intelección del ser, que en Gorgias pudo sintetizarse en la fórmula “nada existe y, aunque algo exista, es incognoscible y, si pudiera conocerse, sería inexpresable e incomunicable”. De ahí a la supresión de la metafísica y a la negación de los primeros principios de la razón no media la menor distancia: es todo uno. El disolvente del escepticismo tiene el agravante, en los tiempos cristianos, de atacar los motivos de credibilidad y los preambula fidei: teniendo un mismo objeto que la sofística, va mucho más lejos, ya que con la razón arrastra a la misma fe por ser ésta una virtud eminentemente intelectual.

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