Felices Pascuas de Resurrección

Resóndens autem Angelus, dixit muliéribus:  « Nolíte timére vos: scio enim, quod Jesum, qui crucifíxus est, quáeritis: non est hic: surréxit enim, sicut dixit.

Hablando el ángel, dijo: No temáis vosotras, pues ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado; no está aquí, pues resucitó como lo dijo.

 

El blog 

cropped-logo-ortodoxia-cac3b3lica

!Les desea felices pascuas de resurrección!

Pregón Pascual

(Antiquísimo y Bellísimo Poema Litúrgico de la Iglesia Católica Primitiva)

Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Ésta es la noche
en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Ésta es la noche
en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.

Ésta es la noche
en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.

Ésta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.

Ésta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mí gozo.»

Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.

En esta noche de gracia,
acepta, Padre santo,
este sacrificio vespertino de alabanza
que la santa Iglesia te ofrece
por medio de sus ministros
en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.

Sabernos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de esta cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Que noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!

Te rogarnos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso
por los siglos de los siglos.
Amén.

Tomado de:

http://www.conocereisdeverdad.org

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo – Parte 6 de 16

El infinito amor de Jesús

5°. Pedro niega a Jesucristo

¿Quién fue Pedro? Era un obrero, un pescador que cuando estaba echando la red al mar fue llamado por Jesús al apostolado, quien al decirle: «Ven, sígueme, y te haré pescador de hombres», él al punto, es decir, sin dilación alguna, dejó las redes y le siguió.

Pedro es el primero que figura en la lista de los apóstoles, y el que recibió del Señor el poder de lanzar los espíritus inmundos y de curar toda enfermedad y dolencia (Mt. 10, I-2). A él le prometió Jesús el Primado de su Iglesia y las llaves del reino de los cielos… y después de haber sido instruido por él durante tres años y haberle visto hacer tantos milagros y haber recibido de Él tantos beneficios… viene a caer miserablemente en el pecado, abandonando a Jesús y renegando de Él.

En aquella noche tan cruel, por colmo de desgracias, Pedro negó tres veces a su divino Maestro, y Jesucristo lo sufrió con resignación sublime…

Las causas de la caída de San Pedro podemos decir que fueron estas tres: La presunción, la negligencia en la oración y la imprudencia.

 Todos os escandalizaréis por mí, le dice Jesús… «Yo, dice Pedro, yo, jamás». Me negaréis y me abandonaréis, y vuelve a decir: «Yo te seguiré hasta la muerte…» Más Jesús le previene para que no confíe en sí, pues «antes que el gallo cante, me negarás tres veces». Y ¿qué sucede? Una criada le dice: «También tú estabas con Jesús el galileo» (Mt. 26, 69), y le contesta: «no sé lo que dices… No conozco a ese hombre», y esta negación por tres veces y hasta con juramento… ¡Con que no le conoces y le seguiste como apóstol, dejando las redes cuando te llamó…, fuiste su discípulo predilecto, viste su gloria en el Tabor, le dijiste que a quien irías, sino a Él que tenía palabras de vida eterna, te prometió el Primado cuando le dijiste: «Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo», y ¿no le conoces?

¡Oh, cómo nos ciega la pasión!… «No conozco a este hombre…» ¡Qué palabra!… y, sin embargo, ¡cuántas veces la hemos repetido pecando!… Cayó San Pedro por mero respeto humano, porque descuidó la oración, se durmió cuando debía orar: «¿No pudiste una hora velar conmigo?». Este es el origen de la tibieza y del pecado…

San Ambrosio comenta: «¿Dónde negó Pedro a Jesús? En el pretorio de los judíos, en la sociedad de los impíos». «¡Oh! ¡qué dañosas son, dice el venerable Beda,  las conversaciones y la compañía de los malvados! Pedro, en medio de los impíos, niega que conoce a Jesucristo como hombre, él, que le había confesado como Hijo de Dios vivo, cuando estaba con sus colegas».

Verdaderamente, muy débil es el hombre reducido a sus pocas fuerzas. Sin el Espíritu Santo, Pedro padece, se estremece y reniega de su Maestro a la voz de una simple criada; pero con el Espíritu Santo, una vez recibido, ¡cómo cambió! Entonces no cede a los príncipes, ni a los reyes, ni a los judíos, ni a los gentiles; arrastra las cadenas, las prisiones, los tormentos y la muerte. Todas las amenazas y todos los suplicios no son para él más que un juego. Y dice osadamente a los que conminándole con las penas más terribles, le prohíben predicar a Jesucristo: Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres (Hech. 5, 29).

Conversión de Pedro. En el Evangelio leemos: «Y vuelto el Señor miró a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra del Señor, según le había dicho: Antes que el gallo cante, hoy me negarás tres veces. Y saliendo fuera lloró amargamente» (Lc. 22, 61-62). Una mirada de Jesús le bastó para romper a llorar y huir del peligro. ¡Oh, si el Señor no le hubiera mirado, qué hubiera sido de él! ¡Cuántas veces nos mira el Señor y con cuanto amor! San Pedro se acordó entonces de las palabras del Señor. ¡Ojalá nunca las hubiera olvidado para no pecar!…

Luego obró con prudencia, no dudando de la misericordia del Señor…, y al momento que se dio cuenta del peligro huyó de él…, hizo penitencia, lloró sus pecados…, y por su humildad y amor hacia Jesús mereció el que le confiriese el Primado que le había prometido.

Dios permitió aquella caída para que Pedro,  que debía ser el soberano Pastor de la Iglesia fuese compasivo e indulgente, y así dar a los pecadores un grande ejemplo de arrepentimiento y de penitencia. Pues, habiendo salido, Pedro lloró amargamente. San Ambrosio dice: «Las lágrimas borran el pecado, no piden el perdón, lo merecen».

San Clemente, discípulo y sucesor de San Pedro, afirma que aquél apóstol se arrepintió tanto, que, mientras vivió, se prosternaba durante la noche al cantar el gallo, y derramaba abundantes y amargas lágrimas. Por eso estaban sus ojos siempre encendidos.

Tengamos presentes las enseñanzas de Jesucristo… y las causas de la caída de San Pedro…, para evitar el que nosotros caigamos.

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo – Parte 5 de 16

El infinito amor de Jesús

4°. Sufrimientos de Jesucristo ante Anás y Caifás.

No puede dudarse que en el trayecto del huerto de los Olivos a casa de Caifás, Jesucristo cargado de cadenas sufriese mil ultrajes e insultos… «Entonces la guardia romana, el tribuno y los alguaciles de los judíos prendieron a Jesús, le ataron y le llevaron primeramente a Anás, porque era suegro de Caifás, el cual era pontífice en aquel año» (Jn. 18, I2-13).

Anás era hombre astuto e intrigante, quien al parecer, después de un cambio breve de impresiones «remitió a Jesús, atado como estaba, a la casa de Caifás».

Empieza el proceso religioso, Jesús es llevado a los tribunales, la gran asamblea de Israel es presidida por Caifás. Este era sumo pontífice aquel año, hombre sagaz y malvado, que personifica el odio y la mala fe contra Cristo, y en quien domina la pasión y la parcialidad más irritante, pues antes de juzgarle y oírle… «deliberaron matarle», porque hacía muchos milagros (Jn. 11, 53) y «tuvieron consejo para quitarle la vida». EI fue el que compró la traición alegrándose de ver al traidor y convenir con él en darle dinero.

Caifás la Asamblea del pueblo de Israel, los pecadores del mundo se sientan en tribunal para juzgar ahora a Jesús; pero no tardarán en cambiarse los papeles, y pronto ellos… y nosotros seremos juzgados por Él.

Jesucristo, a quien ellos van a juzgar, es el verdadero juez de vivos y muertos «ante cuyo tribunal hemos de comparecer todos». ¡Qué pensaran entonces los pecadores!

«Las gentes, dice el salmista, bramaron y los príncipes a una se confabularon contra el señor y su Ungido» (SaI. 2).

Caifás (y no Anás, como parece desprenderse también del texto) preguntó a Jesús sobre sus discípulos y sobre su doctrina; mas no con ánimo recto, sino perverso, para condenarle… Jesús le respondió: «Yo públicamente he hablado al mundo, yo siempre ensené en la sinagoga y en el templo, donde todos los judíos se reúnen y nada he dicho en secreto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me oyeron, que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho» (Jn. 18, 20).

¿Qué había enseñado en efecto? Las ocho bienaventuranzas, la doctrina de salvación contenida actualmente en su Evangelio…

¿Qué había hecho? Había curado a los enfermos, había devuelto la vista a los ciegos, el habla a los mudos, el oído a los sordos, había resucitado muertos, multiplicado los panes, calmado las tempestades; en una palabra había pasado el tiempo haciendo bien a todos.

Al decir Jesucristo: «¿Por qué me preguntas a mí?» y a la respuesta noble y sincera, dada con todo comedimiento y con toda dignidad, un criado o guarda del Sanedrín dio una bofetada a Jesús diciendo: «¿Así respondes al pontífice?» ¡Qué gran deshonor y qué horrible ultraje al Señor! ¿Quién da la bofetada?… Aquél criado es imagen del pecador que blasfema, que profana el día festivo, que comete una acción impura…, así bofetea a Dios. Tu es ille vir…, tu eres, pecador…

Jesús, para enseñarnos que es licito defenderse dentro de los justos límites y, en ocasiones, conveniente, protesta mansamente de la injusticia del ultraje: «Si he hablado mal, demuéstralo; pero, si bien, ¿por qué me hieres?»

Este dilema podemos oponer a todos los impíos y pecadores: «Si es malo el Evangelio, demostradlo; y si es bueno y procede de Dios, ¿por qué no lo ponéis en práctica?»

Así pues los príncipes de los sacerdotes y toda la asamblea buscaba un falso testimonio contra Jesús para hacerle morir (Mt. 26, 59). Adujeron falsos testimonios… «Levantándose entonces el pontífice, le dijo: ¿Nada respondes? ¿Oyes lo que atestiguan éstos contra ti? Mas Jesús callaba…».

Jesús callaba. ¿Por qué antes habla y ahora calla? Para darnos ejemplo de cuándo debemos hablar y cuándo debemos callar. Aquí calla Jesús para expiar nuestros pecados de la lengua, para enseñarnos la virtud del silencio. Este silencio de paciencia de Cristo lo llama San Ambrosio «silencio triunfal», pues callando triunfa de sus enemigos.

Jesús callaba, porque la acusación era falsa y mala; sabía, dice San Jerónimo, que, por más que respondiese, no había de impedir que acriminasen sus palabras. Y como dice San J. Crisóstomo, allí no había más que una sombra de juicio; en realidad, aquello era un ataque de salteadores…

Sin embargo, Caifás dijo al Salvador: «¡Te conjuro por Dios vivo, que nos digas si tú eres el Cristo, Hijo de Dios!», Entonces Jesús rompe el silencio por reverencia al nombre de Dios, y porque así lo exigía la fe que debía entonces confesar públicamente, y le dice: «Tú lo has dicho. Yo soy Cristo, el Mesías. Además os digo que ya veréis al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo…», es decir, se cambiarían los papeles: Ahora me juzgáis, ya vendré yo un día a juzgaros a vosotros y a todo el mundo…

Entonces el pontífice rasgó sus vestiduras, y dijo: Blasfemó, ¿qué necesidad tenemos de testigos? Ahora mismo oísteis la blasfemia» (para ellos era una blasfemia el que Jesús dijese que era Dios; pero ¿no se lo tenía ya demostrado con innumerables milagros?), y la pasión de aquellos hombres contesto: «Reo es de muerte».

Y ¿quién es el reo de muerte? No tú, Señor, sino yo… ¡y reo de muerte eterna!

Durante toda la noche del jueves al viernes Jesucristo sufrió toda clase de ultrajes y afrentas. «Entonces le escupieron en la cara…», «Los que le tenían preso, estuvieron burlándose de ÉI y golpeándole; le taparon además el rostro, y le preguntaban: ¡Adivina! ¿Quién es el que te pegó? Y decían también muchos insultos contra ÉI» (Lc. 22, 63-65).

Retirados los jueces y los que componían aquella asamblea, Jesús fue abandonado a la discreción de sus guardias, de los soldados y criados, y se entregó el mismo a todos los ultrajes que quisieron hacerle…, escupirle (lo había anunciado el profeta Isaías y Él lo había predicho: Is. 50, 6: Lc. 18, 31)… le desprecian,  dan golpes, se mofan de Él… ¡Burlarse de Dios! ¡Cuánta bajeza, cuánto desprecio! Le vendan los ojos… El pecador quisiera que no le viera Dios, para pecar más libremente… Jesucristo toleró estos escarnios para expiar tantas blasfemias e irreverencias…

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo – Parte 4 de 16

El infinito amor de Jesús

3°. Jesucristo en el huerto de los Olivos.

Después de la Cena, Jesucristo se dirigió al huerto de Getsemaní, para orar, pues era un lugar solitario, y para probar que no huía de la muerte, si no que la deseaba, pues aquel sitio era conocido de Judas, y de esta manera dar principio a su pasión redentora y manifestar su misericordia…

Adán nos perdió en un jardín, y en un jardín o huerto nos salvará Jesucristo… Adán nos perdió en un jardín de delicias, y en un jardín de dolor empezará Jesucristo la redención del mundo… Adán salió del Paraíso terrenal llevando la muerte para él y toda su descendencia; y Jesucristo salió del huerto de los Olivos, para darnos a todos la vida…

EI huerto de Getsemaní es uno de los lugares más santos de la tierra, testigo mudo de la pasión espiritual de Jesucristo.  Los discípulos, aquella noche, al entrar en el huerto, vieron el rostro de su Maestro sombreado por una gran tristeza, que nos la declara el Evangelio con estas palabras: «Comenzó a entristecerse…, sintió tedio, angustia, tristeza, sudó sangre».

Jesucristo era también hombre, y como hombre sufre ante el peligro. Él había hablado de su pasión con grande serenidad, prediciendo los grandes tormentos y males que había de sufrir, pero al hallarse solo en el huerto, el temor, el tedio, el disgusto y el abatimiento, se apoderaron de un golpe sobre su alma….

A Pedro, Santiago y Juan, los tres discípulos que había hecho confidentes de su poder en la resurrección de la hija de Jairo (Lc.8,51) y luego confidentes de su gloria en el Tabor (Mt.17, 1), los elige para ser también secretos confidentes de sus penas y reconozcan que Él era Dios, tanto en las horas de gloria, como en las horas aquellas de su pasión y abatimiento, y así, como desahogándose con ellos, se les acerca y les dice: Mi alma esta triste hasta la muerte.

¡Qué misterio tan profundo: la tristeza del Dios-Hombre! ¡Sentir la tristeza mortal y asombrosa! ¿Cómo es posible si gozaba de la visión beatífica; esto es, si contemplaba a su Padre cara a cara y gozaba de su eterna bienaventuranza? Misterio incomprensible para nosotros, pero real, el cual nos revela el horror profundo que le causa el pecado y el amor  inmenso que nos tiene.

Causas de este dolor y tristeza de Jesús.

Jesucristo, con su inteligencia divina y con la ciencia infusa de su inteligencia humana –pues Él posee la ciencia de los hombres, de los ángeles, de Dios-, contempla el panorama de los tormentos, de su pasión, y está viendo: la prisión, la traición de Judas, la negación de Pedro, la cobardía y el abandono de los suyos, vencidos por el respeto humano, la flagelación, los escarnios, la coronación de espinas, calumnias, ultrajes, desprecios…, que se habían de prolongar en nosotros, en su Iglesia, en todos los cristianos hasta el fin del mundo…

Pero Jesucristo sufre, más que por los tormentos de su pasión, por los pecados del mundo, que como un diluvio caen sobre Él, pues queriendo satisfacer por nosotros a la justicia divina, carga con los pecados de todos y va desfilar ante sus purísimos ojos desde el pecado de Adán hasta el último que se había de cometer en el mundo. Ve, pues, los pecados de todos los hombres… ¡y los míos!

Y lo que más le duele a Jesús y por lo que más sufre, es ver que sería inútil el derramamiento de su sangre para muchos…, pues veía los que en la serie de los siglos se habían de condenar… y esto deshacía de pena y de angustia su corazón. « ¿Qué utilidad tendrá mi sangre?», repetirá el Señor amargamente…, al ver tantas almas despojadas de la vida sobrenatural para siempre.

Cuando sufría tanto vuelve a sus discípulos y los halla dormidos… Ayer, como hoy, los encargados de vigilar los derechos de Dios: los sacerdotes, los cristianos…, se duermen… mientras triunfa el mal y triunfan los enemigos de Dios. ¡Cuántos trabajan por Satanás!…

¿Cómo he de trabajar yo por Cristo?…

Vigilad y orad, dijo Jesús a sus apóstoles cuando los halló dormidos, y comenta San Ireneo: Los despierta para probar que su pasión ha de despertar a los que duermen en el pecado, pues ¿quién podría dormir en el pecado al ver que Jesucristo sufre todos los tormentos para expiar el mismo pecado?

La oración de Jesús en el huerto

Jesús nuestro gran modelo, nos enseña cuándo y cómo hemos de orar. Su oración fue ésta: «Padre mío, si es posible (si es de tu grado), aleja de mi este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Mt. 26, 57-59).

He aquí una oración modelo, llena de confianza y de resignación… «Padre mío, si es posible, si lo queréis…». Quien habla aquí es la naturaleza humana de Jesús aterrorizada por el exceso de los sufrimientos y humillaciones que le esperaban… Jesús quiere sufrir y morir por nosotros, a satisfacer así por nuestros pecados al Padre celestial, pero ante los horrores de la pasión que le aguardan, clama que aleje estos horrores, que pase el cáliz de la pasión sin beberlo…, mas siempre que sea esa su voluntad, pues si ÉI quiere que padezca, está pronto a sufrirlo todo por complacerle.

Así debo orar yo con esta resignación y total entrega en las manos de Dios… Cuando la enfermedad me aqueje o el dolor me oprima; cuando la calumnia me persiga o me abata la tristeza…, en las tribulaciones y trabajos, en la pobreza, en los sufrimientos de alma o de cuerpo…, mi oración será: «Padre mío, dame la salud, mitiga esta pena, si es posible, pero no se haga lo que quiera, sino lo que tú quieras…». Sano o enfermo, alabado o vituperado, diré: «Hágase tu voluntad».

 Jesús oró tres veces, y sólo después de la tercera se le presentó un ángel para fortificarle.  Aprendamos con este ejemplo a no desanimarnos en la oración y a ser perseverantes sobre todo en tiempos de prueba. Jesús oró tres veces para enseñarnos a orar y a pedir:

1°perdón de nuestros pecados pasados…;

2°gracia para no caer actualmente…; y

3° auxilio para preservarnos de males futuros…

ÉI nos enseña a orar siempre y especialmente cuando nos amenacen peligros, cuando tenemos que prepararnos para las horas del combate y del sacrificio y no abandonar la oración…

Jesús se aparta hasta de sus más íntimos amigos para orar «apartándose de ellos como un tiro de piedra»En las oraciones particulares, que se hacen fuera del lugar público de la oración, exige el respeto que la persona se retire aparte para orar con mayor recogimiento y atención.

La soledad nos aísla del mundo exterior y nos lleva a Dios. En el recogimiento, sin ruido de cosas terrenales se ora mejor con Dios. En la oración: Dios y el alma, lo demás…, estorba, distrae…

Jesús nos enseña a orar con gran reverencia, compostura exterior, humildad y a estar con profundo respeto ante la majestad de Dios, a quien hablo como hombre pecador que soy…

Además hemos de orar con perseverancia. Jesús hace esta amorosa represión a sus discípulos: « ¿No habéis podido velar una hora conmigo?» ¡Con cuanto gusto velamos con el mundo y que poco con Jesús!….

 Vigilad y orad para no entrar en la tentación… Mientras Jesús ora, los apóstoles duermen ¡Triste ejemplo de pereza! Duermen después de los avisos y ejemplos que les da Jesús. Duermen también hoy sus amigos el sueño de la comodidad, de la indiferencia y del olvido.

Duermen también muchos de ellos en el peligro y en el pecado… ¡Cómo duelen a Jesús los pecados de sus íntimos!…

Después de haberles hallado por tercera vez dormidos, viene a decirles: ¡Aún dormís en esta hora de sumo peligro!…. ¿Aún duermes, pecador, estando próxima la hora de la muerte?

Ved como Judas no duerme. Los pecadores son más diligentes y activos para ofender a Dios… Súrgite…, levantaros: se acerca el enemigo, el momento de la lucha, la hora de la tentación… ¿Estás preparado? Jesús lo está por la oración…

El traidor Judas se acerca

Judas, uno de los doce apóstoles, no sólo ha llegado a ser un ladrón, sino que ha vendido a su augusto Maestro, y se ha hecho jefe de los traidores, de los verdugos y asesinos de Jesús. Por eso dice San Lucas que «Judas les precedía», «y detrás de él, como dice San Mateo, vino una multitud armada con espadas y palos» (Mt. 26, 47).

Entonces Jesucristo dijo a sus apóstoles: «Levantaos, vamos; ya se acerca el que ha de entregarme» (Mt. 26, 46), y se encamina derecho y con paso firme hacia sus enemigos, y les dice: « ¿A quién buscáis?», y ellos le contestan: «A Jesús de Nazaret». Díceles Jesús: Yo soyApenas, les dijo: YO SOY, retrocedieron todos y cayeron en tierra (Jn. 18, 4-6), demostrándoles así su poder y cómo se entregaba a ellos, esto es, porque quiere se deja prender para sufrir y satisfacer por los pecadores… YO SOY. ¡Qué energía y qué eficacia tienen estas palabras en labios de Jesús!

YO SOY (éste es el nombre de Dios. Dios habló en primera persona a Moisés: EHYEH= YO SOY, y nosotros lo solemos denominar en tercera persona: YAHVE=EL QUE ES, o sea, el ser por esencia del cual dependen todos los demás). YO SOY el Dios hecho hombre, el Dios santo y eterno, el Dios fuerte y poderoso, el Hijo de Dios a cuyo nombre, voluntariamente o por fuerza, se dobla toda rodilla en el cielo, sobre la tierra y en el infierno.

Yo soy, pecadores, el que vosotros habéis ofendido, despreciado, ultrajado y perseguido… Hablando de aquél milagro, San Cirilo de Jerusalén dice: «Aquella caída es la figura de la que han de sufrir todos los enemigos de Jesucristo, la misma suerte está reservada a sus contrarios en todos los siglos».

Los emisarios de los príncipes de los sacerdotes no hubieran podido levantarse si Jesucristo no se lo hubiera permitido, pero entonces dijo a todos ellos: «Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas»Les permite que se acerquen a ÉI, primeramente Judas que vendido a Satanás, se acerca presuroso a Jesús, al que saluda y besa diciendo: «Salve, Maestro». Jesús se dejó besar del traidor, y con dulzura y bondad le dice: «Amigo, ¿a qué has venido? ¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?», y al mismo tiempo que le dirige estas palabras, ¡cuántas inspiraciones!, ¡cuántos rayos de luz comunica a su alma! Más a Judas se le endurece el corazón… (luego hablaremos de su fin).

Después de haber derribado milagrosamente a sus enemigos, Jesús obró un segundo prodigio, no permitiendo que se apoderasen de sus apóstoles, ni siquiera de Pedro, que había herido a uno de ellos. Hizo un tercer prodigio colocando la oreja de aquél a quien Pedro se la había cortado. ¡Véase cuanta era la ceguedad de aquellos criminales emisarios…! «Se arrojaron sobre Jesús y le encadenaron» (Mt. 26, 50).

Pusieron la mano sobre é como sobre un ladrón siendo la misma inocencia y la bondad misma, el Santo de los santos, el verbo eterno, el Hijo de Dios, y Dios también… «Es vuestra hora», la hora de los pecadores… ¡ya llegará la hora del juicio de Dios!…

Salmo 108 (109)

«Vendido por tan módica cantidad, Jesucristo viene a ser el precio de la redención de todos los pecadores y de todo el universo. Judas, por haber vendido al Salvador por treinta dineros, y los judíos por haberlo comprado, son unos y otros heridos por Dios con las treinta maldiciones enumeradas en el salmo 108 por el real profeta» (A Lápide).

 

Oración imprecatoria contra los maldicientes

1*Al maestro de coro. De David. Salmo.

Oh Dios, Gloria mía, no enmudezcas,

2porque bocas impías y dolosas

se han abierto contra mí

y me hablan con lengua pérfida.

3*Me asedian con odiosos discursos,

me combaten sin motivo.

4*Por lo que me debieran amar, me acusan,

y yo hago oración.

5*Me devuelven mal por bien,

y odio a cambio de mi amor.

6*Ponlo bajo la mano de un impío,

con el acusador a su derecha.

7*Cuando se le juzgue, salga condenado,

y su oración sea pecado.

8*Acórtense sus días,

y otro reciba su ministerio.

9Que sus hijos queden huérfanos

y viuda su mujer.

10Anden sus hijos mendigando, errantes,

arrojados de sus casas destruidas.

11El usurero aseche todos sus bienes,

y sea presa de los extraños

el fruto de su trabajo.

12Nadie le muestre misericordia

y ninguno se compadezca de sus huérfanos.

13Sea su posteridad entregada al exterminio,

extíngase su nombre

en la primera generación.

14*La culpa de sus padres

sea recordada [por Yahvé],

y el pecado de su madre no se borre.

15Estén siempre ante los ojos de Yahvé,

para que Él quite de la tierra su memoria;

16*pues no pensó en usar de misericordia,

sino que persiguió al infortunado, al pobre,

al afligido de corazón,

para darle el golpe de muerte.

17*Amó la maldición. ¡Cáigale encima!

No quiso la bendición. ¡Apártese de él!

18Se revistió de maldición como de una túnica;

y le penetró como agua en sus entrañas,

y como aceite en sus huesos.

19Séale como manto que lo cubra,

y como cinto con que siempre se ciña.

20*Tal pago tengan [de Yahvé]

los que me acusan

y los que profieren maldiciones contra mí.

21*Mas Tú, Yahvé, Señor mío, haz conmigo

según la gloria de tu Nombre;

sálvame,

pues tu bondad es misericordiosa.

22*Porque yo soy un infortunado y pobre,

y llevo en mí el corazón herido.

23Como sombra que declina,

me voy desvaneciendo;

soy arrojado como la langosta.

24Mis rodillas vacilan,

debilitadas por el ayuno,

y mi carne, enflaquecida, desfallece.

25Y he venido a ser el escarnio de ellos;

me miran, y hacen meneos de cabeza.

28Ayúdame, Yahvé, Dios mío,

sálvame conforme a tu misericordia.

27Y sepan que aquí está tu mano,

y que eres Tú, Yahvé, quien lo ha hecho.

28*Que ellos maldigan, pero Tú bendíceme.

Véanse confundidos

los que contra mí se levantan,

mas alégrese tu siervo.

29Sean cubiertos de ignominia

los que me acusan,

y envueltos en su confusión

como en un manto.

30*Mi boca rebosará de alabanzas a Yahvé;

en medio de la gran multitud

cantaré sus glorias;

31*porque Él se mantuvo

a la derecha de este pobre

para salvarlo de sus jueces.

* 1. Es uno —quizá el más característico— de los Salmos imprecatorios (cf. Salmos 34, 4 ss.; 68, 23-29; 136, 7 ss.). Escrito por David, muy probablemente cuando la traición de Aquitófel (II Reyes 15, 12 y sigs.), figura de Judas (Salmos 40, 10; 54, 14 ss.), es evidente su alcance mesiánico, al menos en sentido típico, pues recuerda fuertemente, en algunos pasajes, la Pasión de Cristo, y San Pedro Io cita como alusivo al Iscariote (Hechos 1, 16 ss.). La sabiduría de Dios, que siempre es misteriosa (Salmo 50, 8; I Corintios 2, 7 ss.), nos ofrece aquí un contraste estupendo entre la ira divina (versículos 6-19) y su suavidad inefable (versículos 21 ss.), y nos muestra, en el versículo 20, que el rey profiere esas imprecaciones hablando en la santa presencia del Señor, no como hombre que maldice a otro (Job 31, 30; Salmo 58, 13), sino como profeta que anuncia de parte de Dios (versículo 27) las venganzas (Salmos 57, 11 s.; 65, 5 y 93, 1 ss. y notas) que su amor tomará por sus amigos calumniados (Sto. Tomás). Así también habla Cristo en el Salmo 68, lo cual no le impidió rogar en la Cruz por sus enemigos. Cf. Mateo 5, 11 s.; Proverbios 25, 21 citado por Romanos 12, 20. Gloria mía (cf. Salmo 105, 20). Según otros, en perífrasis: objeto de mi alabanza. Tal es aproximadamente el sentido según los LXX: que Dios no quede silencioso ante la alabanza que le tributa el salmista. La Vulgata pone: no calles mi alabanza, evidente error de copista, pues no es Dios quien alaba al hombre, y bien lo sabía el humildísimo David.

* 3 s. Sin motivo: Es lo que caracteriza la suprema iniquidad cometida con Jesús. Cf. Salmos 24, 19; 34, 19; 68, 5; Juan 15, 25.

* 4. Por lo que me debieran amar: Así también Rembold, concordando con LXX y Vulgata: en vez de amarme. Según el Texto Masorético sería: a cambio de mi amor, lo cual está dicho ya en el versículo 5. Me acusan: literalmente: hacen conmigo obra de Satán (cf. versículo 6 y nota). Hago oración: El hebreo termina con elocuente brevedad: Y yo: oración (cf. 119, 7).

* 5. En boca de Jesús es una queja infinitamente desgarradora. David, que en su medida sufrió también de calumnias e ingratitudes, “nos aparece en todo este pasaje manifiestamente como tipo de Jesucristo” (Fillion).

* 6. El acusador: Tal es el sentido de la palabra hebrea: Satán, equivalente a la griega: diábolos o diablo (cf. Apocalipsis 12, 10). ¡No puede pintarse situación más dramática para un reo! Cf. Salmo 93, 20 y nota.

* 7. Su oración sea pecado. Cf. Isaías 1, 13; Malaquías 1, 7-9. Véase versículo 17 y nota.

* 8. Citado por San Pedro cuando los apóstoles eligieron a San Matías en el lugar dejado por el traidor Judas (Hechos 1, 16 ss.). Ministerio: La Vulgata vierte episcopatum, en el sentido de función.

* 14 ss. Las palabras entre corchetes ya están en el versículo 15 y son sin duda una glosa, pues no figuran en el Siríaco. La culpa de sus padres: “Todo el que imita la maldad de su perverso padre se hace reo también de los pecados de éste; mas el que no sigue la maldad del padre, de ningún modo será gravado por su delito” (San Gregorio). El Catecismo Romano (III, 2, 36) citando a Éxodo 20, 5 s. manda a los párrocos recordar a los fieles “cuánto sobrepuja la bondad y misericordia de Dios a la justicia, pues, airándose hasta la tercera y cuarta generación, extiende hasta millares la misericordia”. Algunos intérpretes, fundados en Ezequiel 18, 20 y Génesis 8, 21, etc., traducen Éxodo 20, 5 en el sentido de que Dios tiene en cuenta la mala herencia de esos hijos, para hacerles mayor misericordia (cf. Mateo 9, 11; 18, 13; Lucas 7, 43; 12, 48). Cf. Ezequiel 18, 4 y nota.

* 16. Claramente se indica la causa de tantas maldiciones: la falta de misericordia (cf. Oseas 6, 6; Mateo 9, 13; 12, 7). Porque la caridad, origen de tantos bienes, no es sólo un mérito: es una obligación (Lucas 6, 27-38), y su falta acarrea todos los males, hasta la condenación a la gehena eterna (Mateo 25, 34-45).

* 17. Así como las bendiciones que damos vuelven a nosotros (Lucas 10, 6), así las maldiciones caen sobre la propia cabeza. Véase versículo 7 y nota, y la terrible imprecación a los sacerdotes en Malaquías 2, 1-3.

* 20. Véase versículo 1 y nota. Algunos suprimen: de Yahvé, por razones rítmicas, considerándolo una glosa como en el versículo 14.

* 21 s. Aquí, como en Salmo 68, 30 ss., en cuanto David aparta los ojos de la maldad que condenaba, vuelve instantáneamente a la exquisita y confiada humildad de un niño, la cual es siempre el sello de su oración, anticipo de la de Cristo (cf. Salmos 85, 1; 114, 1 y notas, etc.). Un moderno estudioso de los Salmos señala acertadamente que tanto las anteriores imprecaciones como las del Salmo 68 son de David y nadie podría atreverse a afirmar que él habría tomado esas ni otras venganzas de sus enemigos si los hubiese tenido a mano, pues bien demostró él todo lo contrario en la misericordia con que trató a su gran perseguidor Saúl cuando estuvo a merced suya (I Reyes 24, 1 ss. y notas), no obstante las grandes pruebas de paciencia a que éste lo tenía sometido (cf. Salmo 56, 1 ss. y notas). Cf. también la conducta de David en Salmo 7, 5.

* 22 ss. Infortunado, etc.: Tal como el que pinta el versículo 16. El honor de Yahvé, que Él cifra en ser misericordioso (cf. Efesios 1, 6 y nota), está en que Él libre al débil del prepotente (cf. Salmo 71, 4). Así será para Él toda la gloria (versículo 27). Cf. Salmo 85, 17.

* 28. Recordemos, como un escudo invencible, esta fórmula, que encierra la plenitud del espíritu evangélico. ¿Qué puede importarnos la maldición del mundo, si Él está contento? Jesús llega a decir que en estos casos nos pongamos a saltar de gozo, y nos equipara a los profetas. Cf. Mateo 5, 11 s.; Lucas 6, 22 ss.; Salmo 50, 14; Romanos 8, 31.

* 30. Una vez más, vemos el valor de la alabanza como instrumento de gratitud (Salmos 49, 14; 106, 22), en contraste con la mala lengua (cf. Santiago 3, 1 ss.).

* 31. “A la derecha”: Como su abogado defensor en el juicio (cf. I Juan 2, 1). Nótese la oposición con el versículo 6. San Agustín dice aquí: “Satán se coloca al lado de Judas, que ambicionó acumular riquezas; ¡en cambio, junto al pobre está Dios! Él es la riqueza del pobre.”

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo – Parte 3 de 16

El infinito amor de Jesús

2°. Judas vende a su divino Maestro.

Judas fue uno de los doce apóstoles elegido por Jesucristo, pero por no cooperar con fidelidad y dignidad a su vocación, terminó siendo reprobado. EI vino a ser un traidor. ¡Que maldad y que crimen el de Judas, pasar a la banda de los enemigos de Jesús, hacerse jefe de ellos y entregarle, siendo su divino Maestro! ¿Cuál ha sido el principio de tan grande caída? Una pasión no mortificada.

El único fallo de Judas de que se nos habla en los Evangelios fue la avaricia. En él estaba este pecado tan arraigado, que fue la causa de todos sus males: «Bueno le fuera -dijo Jesúsa tal hombre no haber nacido» (Mt. 26,24). Terrible sentencia fue esta, a propósito de la cual escribía Bossuet: «Más le valiera a este hombre no haber nacido, ya que vive para su propio suplicio, y su ser de nada le servirá, sino para hacer eterna su memoria».

La traición de Judas fue puesta de manifiesto en la última Cena, cuando Jesús dijo: «Uno de vosotros me va a entregar» (Jn. 13,21). Los discípulos se entristecieron en gran manera y comenzaron cada cual a decirle:

« ¿A caso soy yo, Sor (Mt. 26,22)… Juan, reclinándose sobre el pecho de Jesús, le dijo (en silencio): «Señor, ¿quién es? Jesús le respondió: Es aquél a quien Yo le daré el bocado que voy a mojar. Y mojando el bocado se lo dio a Judas, el de Simón Iscariote. Y tras el bocado entró en el Satanás. Entonces le dijo Jesús: Lo que has de hacer hazlo pronto. Mas ninguno de los que estaban a la Mesa supo a q propósito le dijo esto. Algunos pensaron que, como Judas tenía la bolsa, Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta o que diese algo a los pobres. ÉI apenas tomó el bocado, salió enseguida. Era ya de noch (Jn.13, 23-30).

Muchos comentaristas creen que Judas se salió al terminar la cena legal y no asistió a la institución de la Eucaristía, que tuvo lugar a continuación, y por lo mismo no recibió el cuerpo y la sangre del Señor. Y si así fue, diremos con el escriturista Fillion: «Siéntese como aliviado el ánimo al pensar que el traidor no entristeció con su odiosa presencia la inauguración del banquete eucarístico y que no profacon horrible sacrilegio el más augusto de los sacramentos, en el momento mismo en que acababa de ser instituido».

Judas era libre, Dios ha dado la libertad a los hombres para hacer el bien, pero él la empleó para el mal, como lo evidenció por el remordimiento que experimentó más tarde. Los malvados parecen ir contra la economía de Dios y ser una nota discordante en el himno de la vida, pero en cierto modo encajan dentro del plan divino. Todos los enemigos de Cristo que intervinieron en su pasión «sin .saber lo que hacían contribuyeron a que Dios diese cumplimiento a lo que tenía antes anunciado por boca de todos los profetas» (Hech.3, 17-18).

Judas impelido por la avaricia y por el demonio, que se había apoderado de él durante la cena, va a buscar a los enemigos del Salvador, y les dice: « ¿Qué me dais y os lo entrego? Y ellos le asignaron treinta monedas de plata» (Mt. 26, 15).

Nosotros nos indignamos al ver al Divino Maestro vendido por treinta monedas, y no pensamos que por menos le hemos vendido nosotros, ¡unas veces por un respeto humano, el qué dirán, por un placer impuro, por un mezquino interés…!

Judas, tomando el trozo de pan que Jesús le ofreció, salió presuroso del cenáculo, «Salía, dice San Ambrosio, salía de la fe: salía de la asamblea y de la dignidad de los apóstoles; salía de la gracia de la santificación para enredarse en el lazo de la muerte; salía fuera, él que dejaba los misterios de la vida anterior».

Era de noche

El evangelista, recordando, cuando escribió su Evangelio, el horrible crimen de aquella noche, concluye su narración con esta sencilla frase de «trágica brevedad», como alguien ha dicho, y que causa en el ánimo profunda y lúgubre impresión: «Era de noche». Convenían las tinieblas para la obra siniestra y repugnante que iba a ejecutar el traidor. Era de noche sobre todo en su alma. Sí, ¡para Judas era de noche! Acababa de abandonar a aquél que «era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo» (Jn. 1, 9).

Por eso, sumergido en tinieblas, no sabía a dónde iba cuando dirigía sus pasos decididos hacia la morada de los príncipes de los sacerdotes para venderles a su Maestro. No veía que cometía el más grande de los crímenes, y que se entregaba a la avaricia, que había de conducirle a la desesperación, al suicidio y al infierno… Era de noche: Erat autem nox.

 Pero ¿no están todos los pecadores sumergidos también en una profunda noche? ¡Ah! si no les hubiese abandonado la luz, ¿irían riendo a precipitarse en un océano de desgracias para apoderarse de una sombra de satisfacción criminal?

Las tinieblas que rodeaban a Judas, rodean también la conciencia de los pecadores endurecidos…

Judas vende a su amo por treinta dineros. Treinta monedas de plata le prometieron los príncipes de los sacerdotes; y desde aquél instante Judas buscaba la ocasión de entregárselo (Mt. 26, 15-16).

«¡Oh traidor, exclama San Ambrosio, valúas en trescientos dineros el perfume que Magdalena derrama sobre Jesucristo, en memoria de su pasión, y vendes su misma pasión por treinta dineros! Eres rico y generoso en tu apreciación, y vil en tu crimen: vendes a tu Dios al precio de los esclavos: Jesucristo no quiere que su precio sea más subido, para que todos puedan comprarle, y ningún pobre quede sin poder hacerlo».

«Vendido por tan módica cantidad, Jesucristo viene a ser el precio de la redención de todos los pecadores y de todo el universo. Judas, por haber vendido al Salvador por treinta dineros, y los judíos por haberlo comprado, son unos y otros heridos por Dios con las treinta maldiciones enumeradas en el salmo 108 por el real profeta» (A Lápide),

 

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo – Parte 2 de 16

El infinito amor de Jesús

Y desnudándole, le cubrieron con un manto de púrpura, y tejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza

 

COMIENZO DE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

1. Jesucristo sufre como Dios

«Pasión de nuestro Senor Jesucristo según San Juan». Así empezó Fray Luis de Granada un sermón de la Pasión, y fue tal la emoción y el dolor vivísimo que sintió al pronunciar estas palabras que prorrumpió a llorar y sollozar y tuvo que bajarse del púlpito. ¡Ojalá que todos fueramos llenos de fervor y sentimientos parecidos por amor al Señor al meditar su pasión!

Para meditar en la pasión del Señor, nos interesa saber primeramente quién es Jesucristo, quién es el que se deja prender en el Huerto de Getsemaní o de los Olivos, el que se deja llevar de tribunal en tribunal para ser juzgado, el que se deja escupir y azotar y crucificar. .., para que estas humillaciones tan excesivas de Jesucristo no nos sirvan de escándalo, dejándonos una idea de bajeza, de debilidad e impotencia, como si fuera un hombre impotente, y por lo mismo tenemos que avivar nuestra fe en su divinidad.

Jesucristo es Dios y es hombre a la vez, como hombre pudo sufrir, y como Dios darle a sus sufrimientos un valor infinito de redención.

Jesucristo, pues, no es un simple hombre, sino que Él es Dios, es la sabiduría y la omnipotencia infinita, y si se deja prender y escupir y .azotar y crucificar es porque Él quiere así sufnr y ofrecerse y voluntariamente a la muerte, «quia Ipse voluit», como dice el profeta Isaía, porque Él quiso así entregarse por amor a nosotros.

De hecho la pasión del Señor es la gran prueba del amor que Dios nos tiene: «En esto, dice San Juan, hemos conocido el amor de Dios, en que. dio su vida por nosotros» (1 Jn..3, 16), y el mismo Jesucnsto dice: «Nadie tiene amor mas grande que aquel que da la vida por sus amigos» (Jn. 15,13).

En la pasión de Jesucristo todo nos demuestra que Él es Dios. ¿Quién es el que sabe el porvernr de las cosas? ¿Qué sucederá dentro de un año? Es más, ¿Quién dirá lo que habrá ocurrido mañana a estas horas? Todos nos encojemos de hombro, y decimos: Dios lo sabe.

Ahora bien, Jesucristo anunció con detalles siglos antes su pasión por medio de los profetas, y Él en los días antes a la misma predijo cuanto había de sucederle. Luego Jesucristo es Dios.

Sus predicciones son claras, vg. sobre la traición de Judas: «Uno de vosotros me entregará» (Jn. 13, 21), sobre Ia negación de Pedro, cuando éste Ie dice: «Daré mi vida por ti», Jesús le contesta: «En verdad, en verdad te digo que no cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces» (Jn. 13, 37-38), y porque Él «sabía todas las cosas que Ie habían de suceder», dijo días antes a sus apóstoles: «Mirad que subimos a Jerusalén, el Hijo del hombre sera entregado a los gentiles, escarnecido, injuriado y escupido; Ie azotarán, le matarán y al tercer dia resucitará» (Lc. 18, 31-32).

Las profecías cumplidas nos demuestran claramente que Jesucristo es Dios y si sufre tanto es porque quiere así redimirnos y con su muerte darnos la vida.

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo – Parte 1 de 16

El infinito amor de Jesús

Semana Santa

 

PROLOGO
Hay una semana en el año que se distingue de todas las demás, es la llamada «Semana Santa», la semana de los grandes misterios, y en ella la Iglesia celebra la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo.

Esta semana comienza con el domingo de Ramos, en cuyo día, después de veinte siglos, en nuestras ciudades y pueblos recordamos la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, y en él, los niños de ahora como los de entonces, en las procesiones que se organizan, dicen también: ¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! (Mt. 21,9).

Aquellas gentes confesaban que Jesucristo era un ser divino. Los únicos que no participaban de las aclamaciones eran algunos de los fariseos, que se atrevieron a dirigirse a Él y decirle: ¡Maestro! reprende a tus discípulos (Lc. 19,40), y entonces con terrible majestad, nuestro Señor los reprendió: «Os digo que si éstos callasen, las piedras darían gritos de bendición y de triunfo».

La entrada fue triunfal pero Jesús que «sabía lo que había en el corazón de cada hombre». Conocía muy bien que los «hosannas», se convertirían en «crucifícale»… EI ya lo tenía profetizado a sus apóstoles: «Ved que subimos a Jerusalén, y se cumplirá en el Hijo del hombre todo lo que está escrito por los profetas: será entregado a los gentiles, escarnecido, injuriado y escupido; le azotarán, le matarán y al tercer día resucitará» (Lc. 18,31-33).

Jesús, en aquella ocasión, al descender del monte de los Olivos, tendió su vista a la ciudad de Jerusalén, y sus ojos se arrasaron en lágrimas,  no a causa de la cruz que le aguardaba sino debido a los males que amenazaban a aquellos que había venido a salvar y que no querían saber nada de Él. Al contemplar la ciudad «Lloró por ella, y dijo: ¡Oh, si tu conocieras en el día de hoy lo que había de darte la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos…» (Lc. 19,41-42).

Entonces vio con exactitud histórica como se abatían sobre la ciudad los ejércitos romanos al mando de Tito… « ¡Cuántas veces, diría, quise reunir a tus hijos como la gallina a sus polluelos bajo las alas y no quisiste!» (Mt. 23,37).

Los enemigos de Jesús, al negarle, llevaban a la ruina su propia ciudad y su propia nación. Tal era el mensaje de sus lágrimas, las lágrimas del rey que caminaba hacia la cruz.

Ahora notaré solamente lo que hizo Jesús en la noche en que iba a ser entregado a su pasión, o sea, el hecho de la institución del augusto sacramento de nuestros altares y en el mismo instante en que se conspiraba contra Él.

Jesús está viendo la traición y el beso de Judas, la fuga de los discípulos, su agonía, los azotes y escarnios, la corona de espinas, la cruz…, y elige aquel momento para dejar a su Iglesia el admirable monumento de su amor.

Entonces en la última Cena, cumplió su promesa de dar de comer a sus discípulos el pan de Vida, que sería su mismo cuerpo: «Tomad y comed: Esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros».

A continuación vino el divino mandato de continuar la conmemoración de su muerte: «Haced esto en memoria mía» (Lc. 22,19). Repetid, actualizad, prolongar a través de los siglos el sacrificio ofrecido por los pecados del mundo. De este modo se cumplirían las palabras del profeta Malaquías:

Porque desde que nace el sol hasta que se pone, mi nombre es grande entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi nombre un sacrificio, una oblación pura; porque grande es mi nombre entre las naciones, dice el Señor de los ejércitos (Mal. 1,11).

La institución de este sacramento nos habla del infinito amor de un Dios a los hombres.

Como en otros libros, que he escrito, hablo ya de la promesa y de la institución a la eucaristía, por eso me he limitado a recordar este hecho transcendental, y ahora pasaremos a ir meditando los divinos pasos de la pasión de N S. Jesucristo.

BENJAMÍN MARTÍN SÁNCHEZ
Zamora, 31 marzo 1991

 

Sermón Dominical

Del

TERCER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del año 2015

Mt 8: 1-13: “La fe en la persona de Cristo”

Para ver el VIDEO clic sobre la imagen

Sermón Dominical

Del

SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA

(PARA ADULTOS)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del año 2015

“No hay razón para que un cristiano esté confuso o abatido”

Para ver el VIDEO clic sobre la imagen

 

(PARA JÓVENES)

Sermón del año 2015

“Soldados de Cristo en la lucha contra el mal”

Para ver el VIDEO clic sobre la imagen

151. De cara al Paraíso

 

Trees with red apples in an orchard

 

Debiéramos tener una fe en el cielo, tan fuerte y contagiosa como fue la de Santa Dorotea, virgen y mártir de Capadocia, en el siglo IV.

Al comparecer ante el gobernador Apricio, dijo que no quería sacrificar a los dioses, porque creía en un solo Dios verdadero y no quería casarse porque estaba desposada con Cristo. El gobernador la entregó a dos muchachas, Crista y Calixta, que por miedo habían renunciado a la religión cristiana. Se suponía que éstas la convencerían de que hiciera lo mismo, pero resultó lo contrario.

-¿Cómo tenéis tanto miedo a sus amenazas? – les dijo Dorotea-. ¿Qué son todos los dolores y tormentos de esta vida comparados con el cielo y su gozo sempiterno?
Estas y otras ardientes palabras de la mártir, y la santa valentía con que les hablaba, reanimaron el primitivo valor de las dos muchachas y cuando Dorotea tuvo que encararse de nuevo con Apricio, la acompañaron ellas para sufrir  en su compañía el martirio por Cristo.

El gobernador, después de la tortura y los azotes apeló a sus propios argumentos y sugestiones:
-Eres joven y hermosa – le dijo- Tu vida está a tu vista, llena de felicidad, que yo te garantizo con solo que renuncies a esa locura. Sería el colmo de la insensatez escoger la muerte, para estar debajo de la tierra entre los espíritus sombríos y horribles de los muertos.

-No- replicó Dorotea – Yo no iré a esos parajes sombríos. Estaré con mi Amado, Jesucristo, en su delicioso jardín, donde siempre es verano con flores y árboles cargados de olorosos frutos.

Frustradas sus esperanzas, desistió el tirano de su empeño y condenó a las tres a ser decapitadas.

Mientras Dorotea era conducida al lugar de la ejecución, un joven abogado llamado Teófilo, le gritó mofándose de ella:

-Dorotea, acuérdate de mí y mándame un sabroso fruto de tu vergel!

Ella se volvió, sonriendo, y contestó: 

-Sí, Teófilo, me acordaré.

A los pocos minutos, la cuchilla del verdugo coronó su glorioso martirio.

Mientras Teófilo estaba contando, festivo, la anécdota a sus amigos, se le presentó un ángel en forma de niño, con un cesto que contenía tres rosas y tres manzanas olorosas y le dijo:

-Dorotea me manda que te traiga esto en cumplimiento de su promesa.

Y, antes de que se le pudiera preguntar nada, desapareció.

Era invierno. Por consiguiente, entendió Teófilo que las rosas y las manzanas y el mismo misterioso mensajero eran de otro mundo.

Profundamente conmovido, se fue al gobernador para decirle que también él creía en aquel Dios verdadero que Dorotea adoraba. No tardó el joven convertido en reunirse con Dorotea en el paraíso, entrando en él  por la misma puerta del martirio.

Ésta es la leyenda más generalizada.

Pero en su  forma más antigua, la leyenda tiene un  final menos milagroso y espectacular, pero no por eso  menos impresionante. Según esa versión, cuando Dorotea se preparaba para recibir el golpe del verdugo, dio su velo a un niño de seis años que estaba allí cerca, con el encargo de entregarlo a Teófilo. Recibióle éste y lo encontró bañado en una fragancia extraordinaria de rosas y de frutos.  Y si el olfato percibió tan agradable perfume de aquel postrer recuerdo de Dorotea, el espíritu de Teófilo recibió el bálsamo confortante de la fe en el cielo y el valor para arrostrar como ella la palma del martirio.

(Véanse también núms. 184, 387, 586)

150. Gozo eterno

 

dpscamera_0105-e1270965571728

Cuéntase de un monje llamado Félix que pensaba muchas veces qué harían los santos en el cielo y cómo era posible estar allí eternamente sin sentirse cansado de ello.

Una mañana de verano estaba dando un paseo por el campo, cerca del monasterio, cuando oyó una música maravillosa procedente del ramaje de un árbol, encima de su cabeza. Levantó la mirada y vio un ligero y graciocísimo pajarillo, autor de tan deliciosas melodias. La vista y la música de aquella criatura lo llenaron de tanta delicia, que quedó arrobado. Así cautivo, se fue siguiendo al pajarillo que volaha de un árbol a otro, de la colina al valle, cantando sin cesar nuevos trinos, hasta que por fin levantó el vuelo y se perdió de vista.

A distancia oyó el monje la campana del monasterio que llamaba la comunidad a vísperas. Maravillado de que fuese ya tan tarde, volvió Félix a su hogar.
Muy sorprendido, se dio cuenta de que el hermano que le abrió la puerta era nuevo y totalmente desconocido para él. Más asombrado quedó al ver que todas las caras que iba encontrando le eran igualmente desconocidas, aunque todos vestían como él el hábito familiar de la orden. Por fin, perplejo, habló así a uno de los monjes:

-¿De dónde habéis venido todos vosotros?  ¿Y dónde están nuestros padres?  ¡No veo a ninguno de ellos!
El interrogado lo miró, perplejo a su vez, y por toda respuesta lo acompaño a ver el padre prior.

-Dígame usted su nombre -inquirió el prior- y de dónde viene. -Ha sido usted miembro de esta comunidad? Hace ya cuarenta años que estoy aquí de prior y no puedo recordar su cara.

El monje dijo su nombre y contó que había estado escuchando en el campo a un pajarillo maravilloso y seguídole lejos durante horas. El padre más viejo de la comunidad, que estaba presente oyéndolo, se inclinó hacia él y observó:
-¿Ha dicho ustd “durante horas?” ¿Cuál es su nombre en nuestra santa religión?
-Mi nombre es Félix- respondió.
-Espere usted un momento- prosiguió el anciano padre. 
Cogió de un estante un libro antiguo, con cubiertas de cuero, registro de todos los religiosos profesos, muertos en la casa.
-Sí -dijo-; ¡seguro! Con tinta descolorida ya, se lee aquí que hace noventa años un monje llamado Félix abandonó el monasterio sin avisar a nadie, y jamás se ha sabido nada de él.
Al oír estas palabras, Félix cayó de rodillas y dijo en voz alta esta oración :
-Dios mío, te doy gracias, por haberme hecho entender ahora como es posible que pasen mil años como un momento en el gozo de tu divina presencia.
Y dicha esta declaración, cayó y entregó su alma al Señor.

Sólo leyenda, es verdad; pero sirve admirablemente para hacernos entender que el éxtasis -aún en el orden de la naturaleza, como en la admiración de las cosas creadas-, el éxtasis, principalmente en la contemplación de Dios, hace que el tiempo no cuente, mientras dura el arrobamiento. Y en el cielo, el éxtasis de infinito y purísimo deleite será sin interrupción posible, por toda la eternidad.

149. Los justos vivirán eternamente

 

san-cutberto

La siguiente historia nos explica como San Cutberto se sintió llamado por Dios a su santo servicio.
En la ladera de una colina, un pequeño grupo de pastores estaba durmiendo bajo las estrellas. Todos  dormían, menos Cutberto, que vigilaba sus ovejas y velaba orando fervorosamente.

De pronto, rasgando la negrura de la noche, Cutberto vio bajar del cielo una luz, como una procesión de huestes celestiales que cantaban y suave, pero rápidamente, llegaban a la tierra. Sin detenerse en ella tomaron consigo una alma de vivísimos resplandores y emprendieron el retorno, ascendiendo por entre las estrellas, hacia las regiones del cielo.

Cutberto despertó a sus compañeros pastores y les refirió la visión maravillosa que acababa de contemplar:
-El cielo abierto en el firmamento y el espíritu de algún santo introducido allí por un cortejo de ángeles del Señor. Mientras nosotros nos arrastramos por estos riscos oscuros, allá en la Gloria está ese santo contemplando la faz de Dios, bendecido y feliz en compañía del mismo Rey y Redentor, Cristo Jesús.

Los pastores lo oían boquiabiertos y quedaron llenos de admiración y estupor. Y mucho más cuando, a los pocos días, les llegó, la noticia de que el gran santo Aidan acababa de partir de este mundo, precisamente aquella noche en que Cutberto lo había visto escalar triunfalmente la bóveda de las estrellas.

Desde ese día Cutberto tomó la resolución de responder a la divina vocación, ingresando cuanto antes, si podía, en un monasterio para asegurarse el cielo y ser uno más de aquella celeste compañía que había visto.

 

148. Resucitaremos con los mismos cuerpos

img_20161127_125515945

A un alumno del físico y químico inglés Faraday se, le escapó de la mano una taza de plata y fue a caer dentro de una tinaja de agua fuerte. Quedó disuelta, con el disgusto, que es de suponer, por parte del muchacho.

Pero Faraday intervino para rescatar la joya. ¿Cómo? Echó una sal en la tinaja, la cual hizo precipitar en forma de granitos, en el fondo de la vasija, las moléculas de la plata disuelta. Las recogió y mandó fabricar con ellos una taza, mejor o más bonita que antes.

Era la “misma” taza porque estaba hecha del “mismo” material. Así será con los cuerpos resucitados de los justos. Serán los “mismos” cuerpos, aunque no de la misma manera; serán resplandecientes de gloria y sin defecto alguno. Dios puede usar -y de hecho usará- la misma materia, ya que la materia subsistirá siempre, porque es indestructible.

No obstante, lo que hará principalmente que el cuerpo sea el “mismo” será el “alma”, porque tal cuerpo pertenece a tal alma.

Así, la misma alma unida, con la misma misteriosa unión, al mismo cuerpo, hará, que nosotros seamos exactamente los mismos, aunque de diferente manera.

Sermón Dominical

De

LA SAGRADA FAMILIA

(PARA ADULTOS)

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del año 2015

Evangelio: Lc 2: 42-52

Para ver el VIDEO clic sobre la imagen

 

(PARA JÓVENES)

Sermón del año 2015

El amor a la Eucaristía

Toda la charla es una exaltación de la Eucaristía y del amor que le hemos de tener y que Jesús nos manifiesta a través de este sacramento.

Para ver el VIDEO clic sobre la imagen

147. Resucitaremos todos el día del Juicio

juicio-final-fray-angelico

El hombre está compuesto de alma y cuerpo, y Dios creó estos dos elementos para que estuviesen unidos. La caída de Adán y Eva trajo el castigo de la muerte que desune el alma y el cuerpo. El alma es incompleta sin el cuerpo; Dios volverá a unirlos para siempre con un milagro universal en el último día del mundo.

La resurrección del cuerpo era, materia de controversia entre los judíos. Los fariseos creían en ella; los saduceos, no. Estos presentaron esta cuestión a Jesucristo, en el templo, durante los últimos días de su vida mortal.

Inventaron un caso posible que -según ellos- hacía aparecer la resurrección como algo descabellado y loco. Nuestro Señor les respondió que estaban en error y enseñó claramente “que los muertos resucitarán”.
(Léase el Evarigelio de San Lucas, 20, 27-38)

146. Conduce al pecado mortal

rey-arturo1

Si se repite el pecado venial, y vuelve a repetirse, llega a formar hábito o costumbre, y acaba por conducir fácilmente al pecado mortal.

Cuando Arturo hecho rey -dice la leyenda- se acostumbró a salir a caballo en busca de aventuras.

Un día Merlín le dijo:
-Mañana encontrarás un enano que te desafiará a combatir. Tú lo vencerás. Entonces, mátalo.

Al día siguiente, cuando Arturo atravesaba una selva, el enano le impidió el paso, de pie en medio del camino, blandiendo su espada y desafiándole. Apeóse Arturo y salieron arelucir las espadas. El enano demostró ser un buen espadachín; pero, no obstante; lo desarmó la destreza de Arturo que triunfó en el combate. El enano le pidió merced y Arturo, caballero generoso, le dejo en libertad.

De vuelta, el vencedor encontro a Merlín, quien, moviendo la cabeza, le advirtio.
-Si no matas al enano, él te destruirá en un día no lejano.

Transcurrió un día cuando el enano detuvo su paso nuevamente, Maravillóse el caballero al ver que el enano había crecido una pulgada o tal vez dos. Lucharon ambos con denuedo. La batalla fue mucho mós dura que la vez primera. Pero, al fin, el rey Arturo triunfó tambien. Y también fue generoso y perdonó la vida al ya temible rival.

Diez veces se repitió el encuentro. Y en este tiempo, el enano fue creciendo hasta adquirir la estatura de un hombre normal.

Pero, al fin, en el undécimo día, el enemigo era ya un gigante que se abalanzó sabre el rey, caballero aun, desde; las ramas de los arboles. Mató su caballo y, sin demora, blandió su enorme espada en terrible y dudoso combate. Las fuerzas del valeroso rey vacilaban ya, cuando acertó, de un golpe, a partir en dos el cráneo
del gigante; pero al instante se desplomó también, lleno de graves: heridas y bañado en su propia sangre.

Cuando Arturo volvió en sí. reconoció a Merlin que se estaba curando sus heridas.
De vuelta a su castillo, Merlí explicó al rey que el enano era el pecado, que debe ser vencido y destruido pronto, cuando se nos aparece en sus primeras fases;
de lo contrario su poder va creciendo hasta formar un hábito; y entonces el hábito del pecado venial termina en pecado, mortal.

Milagro parece que el rey Arturo escapara de la muerte. Milagro será que se libre de la muerte del alma, con un pecado mortal, el pecador negligente que, ofendiendo a, Dios continuamente con el pecado venial, se lanza temerariamente a su perdición.
(Véase también no. 603)

Especial de la Epifanía del Señor

epifania

EPIFANÍA DE NUESTRO SEÑOR

 La revelación de Nuestro Señor Jesucristo a los Sabios de Oriente

 Los 3 reyes sabios

 SANTA MISA DE EPIFANÍA DEL SEÑOR O “SANTOS REYES”

145. Evitando todo pecado venial

margarita-sinclair

Margarita Sinclair, de nacionalidad Francesa estaba empleada en una fábrica de Edimburgo, Escocia, como satinadora. Era aficionada al baile, a los juegos y a la natación y estaba comprometida para casarse. Pero finalmente se hizo monja de las hermanas pobres de Santa Clara. Contrajo una enfermedad y murió de ella a los veinticinco años.

El padre A., sacerdote jesuita, que la conocía bien y que oyó su confesión general antes de morir, declaró que Margarita no había cometido un solo pecado venial deliberadamente en toda su vida.

En realidad había hecho siempre un acto continuo de consagración de su voluntad a su Dios y Señor. Lo patentizó y resumió en la última oración que pronunció en su lecho de muerte.

-Jesús, María y José: yo os entrego todo mi corazón y mi alma.

La hermana que cuidaba a la enferma en aquellos momentos dijo:

-Aquella última oración me causó una impresión profunda. Fue dicha con tal fervor y confianza, que todos creíamos, cuando expiró, que su alma estaba ya en los brazos de Jesús, María y José. 

 

144. El mayor mal, después del pecado mortal

†

Santa Francisca Romana, gran “mística” del siglo XV, tenía el privilegio de ver, a su ángel de la guarda, siempre a su lado, como un hermoso niño de ocho años. Tenía los ojos fijos en el cielo y las manos cruzadas sobre el pecho. Su cabeza irradiaba tal esplendor que la santa podía leer, a su luz, el breviario o un libro cualquiera.

-Si alguien- dice ella – pronunciaba, en su presencia alguna palabra poco conveniente, el ángel se cubría el rostro con las manos. Pero si era ella misma la que caía en algún leve pecado, su ángel se desvanecía de su vista totalmente durante aquellos mementos.

143. El pecado venial ofende a Dios.

Hazte ejemplo y modelo de los fieles, en el hablar, en la manera de obrar con el prójimo, en la caridad, en la fe, en la castidad. (1 Timoteo, 4, 12).

Hazte ejemplo y modelo de los fieles, en el hablar, en la manera de obrar con el prójimo, en la caridad, en la fe, en la castidad. (1 Timoteo, 4, 12).

Cuéntase que San Felipe Neri estaba siempre discurriendo cómo dar ocupación a los niños. Solía hacerles barrer su aposento, quitar el polvo del mobiliario o hacer su cama, y a veces aunque la hubiera hecho él antes.

A algunos les hacía sentarse para leer; a otros, que gustaban mas de usar sus dedos que utilizar su cerebro les empleaba en ensartar cuentas de rosario a en tejer guirnaldas para adornar la estatua de Nuestra Señora.

Sabia que hay muchachos que necesitan un trabajo mas duro para que permanezcan tranquilos y quietos. A éstos les hacía trasladar muebles de un lugar a otro.
Pero todos estaban igualmente contentos y felices, porque para ellos era un verdadero placer hacer cuanto les ordenaba 0 pedía San Felipe Neri. 

Solía llevárselos a dar largos y alegres paseos y excursiones por el monte; organizaba juegos de pelota a de tejos. Jugaba can ellos a toda clase de juegos y jamás, par ningún motivo, permitía que ninguno riñera con los compañeros y dejara, disgustado, el juego. 

A veces ocurría que los muchachos empleaban los ratos de ocio en jugar a pelota en los corredores de la casa del oratorio y contra las puertas de los cuartos con lo cual llegaban no solo a molestar a los infortunados padres; sino incluso a exasperarlos, especialmente al padre Baronio que trabajaba en sus Anales, Y cuando los padres, indignados, salían de sus aposentos para decir a los muchachos que aquello era “intolerable”, y los chicos, por miedo, guardaban silencio, San Felipe salía de su cuarto y les decía:

 -Dejadlos que os regañen cuanto les plazca. No hagáis caso. Continuad jugando tan alegremente como queráis. Lo que importa. es que no cometáis pecado. 

Evidentemente esto era muy duro para los padres pero, sin duda alguna, esto enseñaba a los muchachos a compartir, con San Felipe, la convicción de que el pecado, aun el pecado venial, desagrada a Dios, más que otra cosa cualquiera.

142. Los hombres se hacen su propio infierno

inferno_dante-1

Dante en su imaginaria visita al infierno, vio que las almas de los condenados estaban castigadas a continuar sumidas para siempre en sus propios pecados y vicios y dolorosas consecuencias, Así los lascivos y deshonestos, que en la vida se dejaron llevar sin freno por la tempestad de la pasión, en lugar de seguir la luz y el dictado de la razón, eran, en el segundo círculo arrebatados y zarandeados, como vil escoria, por violento huracán en medio de una absoluta oscuridad.

Los glotones se arrastraban en pestilente cieno, bajo una helada cellisca, mientras el monstruo Cerbero ladraba horriblemente tras ellos y los despedazaba entre sus afilados colmillos; alga así como en las pesadillas de los que han comido 0 bebido con exceso. 

Los tiranos y crueles eran a su vez perseguidos y cazados par fieros y despiadados centauros.

Los usureros estaban agachados y como pegados a un derroche de pepitas de oro, bajo una lluvia de chispas de fuego que, como copas de nieve, caían sobre sus cabezas, mientras les ahogaba la bolsa de su dinero atada en el cuello.

Hay gente que dice: ¿Es posible que, siendo Dios infinitamente bueno, haya creado,el infierno?  Pero son los hombres quienes, en realidad, crean su propio infierno.  Aun en este mundo, los hombres pueden fabricarse un infierno a su alrededor, abusando de los dones de Dios.

141. Infierno por toda la eternidad

Hoy primero de Enero de 2017  Ortodoxia Católica inicia con la publicación diaria, de un número por día, de un tema de un

CATECISMO GRUESO

(Sexagésimo Segundo Catecismo Grueso)

 

infierno

Se cuenta que un santo, en sueños, oyó a Satanás que se quejaba de Dios, diciéndole:
-Por qué perdonas a las almas que te han ofendido muchas veces. y, en cambio, no me perdonas a mi que te ofendí una sola vez ?
-Me has pedido perdón alguna vez? – repuso Dios.
Después de la muerte – dicen los teólogos -nuestra voluntad no puede cambiar. El que muere odiando a Dios, continuará así necesariamente odiando a Dios.
No querrá ser perdonado, porque así ha muerto, rehusando el perdón de Dios.

Sermón Dominical

Del

DOMINGO DE LA OCTAVA DE NAVIDAD

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

sermon-del-domingo-01-de-enero-de-2017

Para ver el VIDEO clic sobre la imagen

Homilía: El nombre de Jesús

Domingo de la Octava de Navidad

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 2: 21)

En la Biblia el nombre equivale a la persona nombrada. La importancia de un nombre le viene por la importancia de la persona a quien representa.

El nombre de Jesús tiene una importancia trascendental, pues como nos dice San Pedro: “No hay otro nombre bajo el cielo por el que podamos ser salvados”.

Ante el nombre de Jesús toda rodilla se ha de doblar, como nos dice San Pablo en su carta a los Filipenses. En cambio, vemos en la actualidad, como consecuencia del modernismo que inficiona la Iglesia, que hay muchos que se niegan a doblar la rodilla ante Jesucristo; con ello están negando su divinidad. Hay muchos que se avergüenzan de ser cristianos; con ello, se ha producido una rendición vergonzosa ante los enemigos de nuestra fe. Y ya sabemos lo que el mismo Jesucristo dijo de los que se avergonzaran de Él: “Aquél que se avergüence de mí ante los hombres, también yo me avergonzaré de él ante mi Padre que está en los cielos”.

Pero frente a tantos apóstatas, también hay cristianos fieles: “Me he reservado 7000 varones que no han doblado su rodilla ante Baal” (1 Re 18).

Cuando yo era joven buscaba el sentido de mi vida y la auténtica amistad. Nada de lo que se me ofrecía me parecía adecuado para llenar mi vida y mi corazón. Los mayores me hablaban de la salud y del dinero; pero eso era totalmente incapaz de llenar mi corazón. Yo seguía buscando hasta que me encontré con Cristo.

Hubo muchas cosas en su vida y en sus enseñanzas que me llamaron la atención y me hicieron comprender que esas sí que podían realmente llenar las ansias de mi corazón. Cosas tales como:

Los hombres buscan sus intereses, en cambio Cristo era totalmente desinteresado y lo único que buscaba era nuestro bien. Cristo, por amor, carga con mis pecados para así librarme de ellos; y no sólo eso, sino que también dio su vida por mí. Yo comparaba el amor que me ofrecía Cristo con el que me ofrecían los hombres.

Cristo me enseñó el sentido de la libertad y de la verdad. Aprendí de Él a aborrecer la injusticia y la iniquidad. Cristo cambió por completo mi vida y mi existencia.

De Cristo aprendí que hay más alegría en dar que en recibir; lo cual es inaudito para el hombre de hoy.

Cuando me encontré con Cristo su persona y su mensaje me aturdieron. Me parecían grandiosos y nuevos. Él fue quien me enseñó el valor de perder la propia vida por amor. Él me enseñó también que son bienaventurados los pobres, frente al modo de pensar del mundo que sólo ama la riqueza. Pude comprobar en mi propia persona que se alcanza mucho más cuando no se tiene nada de dinero. Precisamente por eso he podido hacer ricos a muchos.

También me llamó la atención en Jesús la desapetencia que tenía del poder: “No he venido a ser servido, sino a servir y a dar mi vida en rescate por muchos”. También me sedujo de Cristo su obediencia hasta la muerte y muerte de cruz. ¿Acaso la obediencia es mala? La obediencia es fruto del amor; es el amor lo que da excelsitud a esta virtud. Jesús me enseñó también la verdadera amistad: “Ya no os llamo siervos sino amigos”. Su amistad escapa todo lo imaginable.

Él me libró también del temor a la muerte; pues mi muerte se hace gloriosa cuando se une a la suya. Él también me ofreció vivir una vida totalmente nueva, la suya: “Quien coma mi carne vivirá por mí”…

Santa Misa Dominical

1 de Enero

CIRCUNCISIÓN DEL SEÑOR
Y OCTAVA DE NAVIDAD

_circuncision

ESTACIÓN EN SANTA MARÍA TRANS TIBERIM
Doble, 2ª clase  – Ornamentos blancos

Con motivo de sangre empieza la vida del Niño Dios, y con misterio de sangre empieza el año civil para el fiel cristiano. Entre los cantares de los ángeles y los pastores de Belén, óyese el lanto del Divino Infante; pues a los ocho días es sometido a esta ceremonia, infamante a la vez y dolorosísima,, de la circuncisión. Con un cuchillo se cortan sus carnes, sello de expiación por el pecado que no debía recibir en su cuerpo el Hijo de María, por no haber contraído, como los demás, la mancha original. Mas quiso parecer, aun en esto, pecador como todo nacido, para empezar a presentarse en el mundo como uno de nosotros. El que había de ser nuestro Mediador, nuestro Redentor y nuestro Restaurador. ¡Qué humildad tan profunda! ¡qué obediencia y sujeción a la ley! Por esta circuncisión te suplico, oh Jesús mío, que circundes en mí todo lo superfluo, todo lo vano, todo lo impertinente, todo lo que a Ti te desagrada y a mí me estorba para allegarme a Ti con perfectísima unión.

Introito. Isai. 9, 6

INTROITUS Isai. 9, 6 Puer natus est nobis, et filius datus est nobis: cujus impérium super húmerum ejus: et vocábitur nomen ejus, magni consílii Angelus. Ps. 97, 1. Cantáte Dómino cánticum novum: quia mirabilia fecit. V. Glória Patri. Introito – Nos ha nacido un parvulillo, y nos ha sido dado un hijo: sobre cuyo nombre está el principado, y será llamado con el nombre de Ángel del gran consejo. Ps. Cantad al Señor un cántico nuevo: porque ha hecho maravillas. v. Gloria al Padre.

Oración-Colecta

ORATIODeus, qui salútis ætérnæ, beátæ Maríæ virginitáte fœcúnda, humano géneri præmia præstitísti: tríbue, quæsumus; ut ipsam pro nobis intercédere sentiámus, per quam merúimus auctórem vitæ suscípere, Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum.R. Amen Oh Dios, que, por la fecunda virginidad de María, diste al género humano el premio de la salvación eterna: suplicámoste nos concedas la gracia de ser favorecidos con la intercesión de la misma Virgen, por quien merecimos recibir al Autor de la vida, Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro. R. Amen.

Epístola

EPISTOLA Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Titum. Tit. 2, 11-15Caríssime: Appáruit grátia Dei Salvatóris nostri ómnibus hominibus, erúdiens nos, ut abnegántes impietátem, et sæculária desidéria, sóbrie, et juste, et pie vivámus in hoc sæculo, exspectántes beátam spem, et advéntum glóriæ magni Dei et Salvatóris nostri Jesu Christi: qui dedit semetípsum pro nobis: ut nos redímeret ab omni iniquitáte, et mundáret sibi pópulum acceptábilem, sectatórem bonórum óperum. Hæc lóquere, et exhortáre: in Christo Jesu Dómino nostro. Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a Tito: Carísimo: Se manifestó a todos los hombres la gracia de Dios, Salvador nuestro, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo, sobria, justa y   píamente, aguardando la esperanza bienaventurada, y el advenimiento glorioso del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo: el cual se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos, y purificarnos para si mismo, como pueblo agradable, seguidor de buenas obras. Estas cosas predica y exhorta, en Jesucristo Señor nuestro.

Salmodia

GRADUALE Ps. 97, 3-4 et 2 Vidérunt omnes fines terræ salutáre Dei nostri: jubiláte Deo, omnis terra. V.Notum fecit Dóminus salutáre suum: ante conspectum géntium revelávit justítiam suam.ALLELUIA, allelúja. V. Hebr. 1, 1-2. Multifarie olim Deus loquens pátribus in prophétis, novíssime diébus istis locútus est nobis in Fílio. Allelúja. Gradual – Vieron todos los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios: alégrese en Dios, toda la tierra. V. El Señor nos dio a conocer su Salvador; a la vista de las naciones descubrió su justicia. Aleluya, aleluya – V. Habiendo hablado Dios muchas veces a los padres en otro tiempo por los Profetas, últimamente en estos días nos ha hablado por su Hijo. Aleluya

Evangelio

U Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam. Luc. 2, 21In illo témpore: Postquam consummáti sunt dies octo, ut circumciderétur puer: vocátum est nomen ejus Jesus, quod vocátum est ab Angelo priúsquam in útero conciperétur.

Credo.

U Continuación del Santo Evangelio según San Lucas (II, 21)En aquel tiempo: Después que fueron pasados los ocho días para circuncidar al Niño, le pusieron el nombre de Jesús, como lo había llamado el Ángel, antes que fuese concebido en el seno materno. Credo.
OFFERTORIUM. Ps. 88, 12 et 15  – Tui sunt cæli, et tua est terra: orbem terrárum, et plenitúdinem ejus tu fundásti: justítia et judícium præparátio sedis tuæ. Ofertorio – Tuyos son los cielos y tuya la tierra: Tú fundaste el mundo y cuanto él contiene: justicia y equidad son las bases de tu trono.

Oración-Secreta

Munéribus nostris, quæsumus, Dómine, precibúsque suscéptis: et cæléstibus nos munda mystériis, et cleménter exáudi. Per Dóminum. Ya que acabas de recibir, oh Señor, nuestras oraciones y ofrendas, purifícanos por la virtud de estos santos misterios y atiende benignamente nuestras súplicas. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Prefacio propio de Navidad

Vere dignum et justum est, aequum et salutare nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Quia per incarnati Verbi mysterium, nova mentis nostrae oculis lux tuae claritatis infulsit: ut dum visibiliter Deum cognoscimus, per hunc in invisibilium amorem raplamur, et ideo cum Angelis et Archagelis, cum Thronis et Dominationbus, cumque omne militia coelistis exercitus, hymnum gloriae tuae canimus, sine fine dicentes: Sanctus, Sanctus, Sanctus, etc. Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar ¡Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Por cuanto, por el misterio de la Encarnación del Verbo, ha brillado a los ojos de nuestra alma un nuevo resplandor de tu gloria: para que, al conocer a Dios visiblemente, seamos por Él arrebatados al amor de las cosas invisibles. Y por eso, con los Ángeles y Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, entonamos a tu gloria un himno, diciendo si cesar:Santo, Santo, Santo, etc.
COMMUNIO Ps. 97, 3– Vidérunt omnes fines terræ salutáre Dei nostri. Comunión.Todos los ámbitos de la tierra han visto a nuestro Dios y Salvador.

Oración-Postcomunión

POSTCOMMUNIO – Hæc nos commúnio, Dómine, purget a crimine: et, intercedénte beáta Vírgine Dei Genitríce María, cæléstis remédii fáciat esse consórtes. Per eúmdem Dóminum. Que esta comunión, oh Señor, nos limpie de todo pecado, y que por la intercesión de la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, nos haga participantes del remedio celestial. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Tomado de:

http://misa_tridentina.t35.com/

Especial de la Circuncisión del Señor

CIRCUNCISIÓN DE NUESTRO SEÑOR

Todo cuanto hacéis, de palabra o de obra, hacedlo todo en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo. ((San Pablo a los Colosenses, III, 17)).

CIRCUNCISIÓN DEL SEÑOR

MISA DEL DÍA (LA CIRCUNCISIÓN DEL SEÑOR)

CIRCUNCISIÓN DE NUESTRO SEÑOR(*)

Señor en este año que comienza os digo:

 

La Santísima Trinidad apoyada sobre los Tronos.

La Santísima Trinidad apoyada sobre los Tronos.

 

Creo, Señor : fortaleced mi fe;
espero, Señor : asegurad mi esperanza;
os amo, Señor : inflamad mi amor;
pésame, Señor : aumentad mi arrepentimiento.

Os adoro como a primer principio,
os deseo como a último fin,
os alabo como a bienhechor perpetuo,
os invoco como a defensor propicio.

Dirigidme con vuestra sabiduría,
contenedme con vuestra justicia,
consoladme con vuestra clemencia,
protegedme con vuestro poder.

Os ofrezco, Dios mío, mis pensamientos para pensar en Vos,
mis palabras para hablar de Vos,
mis obras para obrar según Vos,
mis trabajos para padecerlos por Vos.

Quiero lo que Vos queréis,
lo quiero porque lo queréis,
lo quiero como lo queréis,
lo quiero en cuanto lo queréis.

Os ruego, Señor,
que alumbréis mi entendimiento,
abraséis mi voluntad,
purifiquéis mi cuerpo y santifiquéis mi alma.

No me inficione la soberbia,
no me altere la adulación,
no me engañe el mundo,
no me prenda en sus redes el demonio.

Concededme la gracia de depurar la memoria,
de refrenar la lengua,
de recoger la vista y mortificar los sentidos.

Llore las iniquidades pasadas,
rechace las tentaciones futuras,
corrija las inclinaciones viciosas,
cultive las virtudes que me son necesarias.

Concededme, Dios mío,
amor a Vos,
odio a mi,
celo del prójimo,
desprecio del mundo.

Haced que procure obedecer a los superiores,
atender a los inferiores,
favorecer a los amigos,
perdonar a los enemigos.

Venza el deleite con la mortificación,
la avaricia con la largueza,
la ira con la mansedumbre,
la tibieza con el fervor.

Hacedme prudente en las determinaciones,
constante en los peligros,
paciente en las adversidades,
humilde en las prosperidades.

Haced, Señor, que sea en la oración fervoroso,
en la comida sobrio,
en el cumplimiento de mis deberes diligente,
en los propósitos constante.

Concededme que trabaje por alcanzar la santidad interior,
la modestia exterior,
una conducta edificante,
un proceder arreglado.

Que me aplique con diligencia a domar la naturaleza,
a corresponder a la gracia,
a guardar vuestra ley y merecer mi salvación.

Que consiga la santidad con la confesión sincera de mis pecados,
con la participación devota del cuerpo de Cristo,
con el continuo recogimiento del espíritu,
con la pura intención del corazón.

Dadme a conocer, Dios mío, cuán frágil es lo terreno,
cuán grande lo celestial y divino,
cuán breve lo temporal,
cuán duradero lo eterno.

Haz que me prepare para la muerte,
que tema el juicio,
evite el infierno,
y alcance la gloria del Paraíso.

Por nuestro Señor Jesucristo. – Amén.

¿Podré yo, como lo aconseja S. Benito Abad en su Regla incomparable,
« Amar a Cristo sobre todas las cosas.
Nihil amori Cbristi praepónere»?

ORACIÓN UNIVERSAL
Para todo lo concerniente a la salvación (Clem. XI).

El blog

cropped-logo-ortodoxia-cac3b3lica

les desea un Feliz y Próspero Año Nuevo 2017

a todos sus seguidores y visitantes.

Hoy 12 de Diciembre de 2016 este Blog Cumple su Octavo Año de Existencia

octavo-aniversario-de-neobux-copia-2

12-12-2008            12-12-2016

   1,172,457 Visitas

¡Deo Gratias!

!Santísima Virgen María de Guadalupe

Ora pro nobis!

Agnus Dei qui tollis peccata mundi, miserere nobis

natividad

¡Cordero de Dios, que has cargado con los pecados del mundo, ten piedad de nosotros! Dona nobis pacem, danos la paz del corazón. ¡Nuestro corazón está inquieto hasta que reposa en ti! La inquietud del corazón alejado de Dios no puede ser superada si no es acercado de nuevo a Dios. Nuestro corazón, para que no sea “inquietum”, debe estar corazón a corazón con el Divino Corazón de Jesús.

El Corazón de Jesús, como fue mostrado a Santa Margarita María, como de él fue gran apóstol San Claudio de la Colombière, es un Corazón atravesado, coronado de espinas, con una cruz y una gran llama de amor sobre él. El Corazón de Jesús, naturalmente, es todo uno con la adorable persona de Nuestro Señor.

La devoción al Sagrado Corazón se difundió como una mancha de aceite por toda la Iglesia con las promesas que acompañan a la práctica de esta devoción. El pueblo cristiano ha obtenido de ella beneficios tan grandes que las críticas de los modernistas, que hablan de “devocionismo” y de “sagradocorazonismo”, no han podido eliminar estos beneficios.

Sigue leyendo

No es pan, es Jesús

comunionmano-810x347

Es el título del libro del padre Paul Cocard (Non è pane, e Gesú, ed. Fede e cultura, Verona 2015). Uno de los signos más visibles de la ruptura con la tradición litúrgica es la introducción de la práctica de recibir la Comunión en la mano, después de 1965, primero localmente en los países nórdicos de Europa y después casi por todas partes en la Iglesia latina.

Este libro “pastoral y militante” es publicado después de algún otro, como los de Mons. Juan Rodolfo Laise y de Mons. Athanasius Schneider. Es una llamada urgente e punzante a la vuelta a la forma tradicional de la Comunión en la lengua, en nombre de la Fe católica.

Lo que era considerado hasta hace poco tiempo una aberración y un sacrilegio se ha convertido en un corto espacio de tiempo en la excepción autorizada por un indulto pontificio de Pablo VI y después, muy rápidamente, en la norma. Como para toda la Liturgia en la misma época, la puesta en práctica de la reforma, la instrucción Memoriale Domini de 1969, comienza recordando el principio inalterable y milenario de la recepción de la Comunión en la lengua para inclinarse al final hacia una práctica inversa difundida ya y, por tanto, para conceder un indulto, no obstante la oposición de la gran mayoría de los Obispos (alrededor del 91%).

Sigue leyendo

Recordatorio: Asociación por las Almas del Purgatorio

purgatorio1-810x346

roratespurgatorial

Este es nuestro recordatorio mensual sobre la Asociación por las Almas del purgatorio. Recordamos que ya no se publican listados y todas las almas enviadas quedan inscritas automáticamente.

La iniciativa de la Asociación por las Almas del Purgatorio (Purgatorial Society) es una iniciativa de Rorate Caeli que lleva ya algunos años en marcha. Tiene un triple destino, por una parte los sacerdotes pueden inscribirse para comprometerse a ofrecer una Misa Tradicional al mes o a la semana por las almas asociadas, por otra los fieles inscriben a las almas de sus seres queridos para que las Misas y oraciones se ofrezcan por ellas, por otro lado los propios fieles rezan también por todas las Almas de la Asociación. Este mes hemos añadido tres nuevos sacerdotes a la Asociación -incluyendo otro Dominico-. En la actualidad hay 76 sacerdotes ofreciendo Misa Tradicional por las almas asociadas, y miles inscritas. Las inscripciones son siempre gratuitas, no hay ningún tipo de finalidad económica -ni siquiera en forma de donativo- en la Asociación.

En el Purgatorio se ama, se ama sin limites, y se arrepiente el alma de tanta ceguera vivida en la vida terrenal. Ellas esperan el consuelo de María y de San Miguel, de los ángeles que acuden en su apoyo, recordándoles que después del sufrimiento tendrán la gloria de llegar al gozo infinito. Allí se pide oración: cuando ellos reciben el amor de los que aun estamos aquí hecho alabanza a Dios, no sólo se consuelan sino que acortan su sufrimiento. Y lo devuelven cuando llegan al Cielo, intercediendo por quienes los supieron ayudar a disminuir sus sufrimientos.

¿Quieres hacer un buen negocio, el mejor de todos?. Une tu alma a las de las almas purgantes, ora por ellas, siente que estás unido a su dolor y las consuelas, mientras ellas adquieren la luminosidad que les permita subir a la Gloria. Verás entonces que los dolores de aquí adquieren un significado distinto, son un trampolín para el crecimiento del alma, te hacen sentirte unido a Dios, trabajando para El. Pocas obras son tan agradables a Jesús y María como la oración de quienes se unen espiritualmente a las almas purgantes. Es un ida y vuelta, un fluir de alabanzas que sube y baja, y que ayuda tanto a unos como a otros.

Oremos por las almas purgantes, porque serán ellas las que intercederán por nosotros cuando tengamos que purificar nuestra alma. Y serán entonces ellas las que nos darán la bienvenida al Cielo, cuando Dios en Su Infinita Misericordia nos conceda esa Gracia.

Sigue leyendo

Caza de Brujas

vitopinto-810x513

Como quien no quiere la cosa, y en medio de un clima de diálogo -tendiendo puentes y construyendo sínodos-, bajo el manto poliédrico del NO al descarte del más débil, con la cara bien sonriente, preocupación por los más desfavorecidos y el rechazo a los fariseísmos de turno, ha comenzado en el Vaticano la caza de brujas dirigida, estimulada y coordinada desde la sombra por el Gran Líder. Como un McCarthy de pacotilla, el Ojo-Que-Todo-Lo-Quiere-Ver va elaborando su peculiar lista de los que se oponen a su proyectos de destrucción. Como un Saruman de nuevo cuño, va creando cantidades de orcos que engrosen sus ejércitos, con el objetivo de reducir a cenizas toda la doctrina y fagocitar todo lo que suene a dogma.

Muy pocos se atreverán a plantarle cara. Inmediatamente serán avistados por al Gran Ojo. Pagarán cara su osadía. Serán descartados por el Preboste. Al mismo tiempo, todo el que colabore, simpatice o haga coro a los disidentes; todo el que sugiera, esboce o muestre alguna especie de apoyo a los enemigos del César, irá destinado al destierro más inmisericorde, acompañado del desprecio más inhumano. No se les aplicará la comprensión, no serán objeto de diálogo, no podrán defenderse. No tendrán derecho de réplica. Mientras tanto, se van afilando en Santa Marta las hojas de la guillotina como si se tratara de un guiso a fuego lento, llamado a embucharse a la disidencia.

La carta de los cuatro cardenales expresando sus dudas sobre la doctrina bergogliana, ha sentado mal. Ha emberrenchinado a Francisco. Tan acostumbrado a las loas de medios de comunicación y de eclesiásticos empesebrados, tan instalado en la auto-complacencia, y sin el menor deseo de dirigirse a sus hermanos cardenales (como gusta decir cuando se refiere a los otros), se nota que ha dado instrucciones precisas a sus corifeos para que le hagan el trabajo sucio. De esta forma, entre los pelotas naturales, los cobardes, los asustados y los caguetas se va organizando la procesión que lleva bajo palio a la Amoris Laetitia y la Laudato Si, y que expone en la Custodia un video de niños soldados y de okupas, que son el mejor exponente de Adoración actual, en la Iglesia que ha re-fundado Bergoglio.

El que apoye a uno de estos cuatro cardenales dubitantes, será incluido en la lista y su cabeza empezará a sentir el filo de la navaja. Como dicen ahora que ya no estamos en el Renacimiento o en la Edad Media, es de suponer que hablamos de guillotinas y navajas metafóricas, referidas a capelos, oficios, cargos y honores. Por el momento, Francisco no habla, no contesta, aunque algunos hablan y defienden su silencio. Que diga algo el Vito Pinto. Que se desdiga después. Que vuelva a decirlo a continuación. Que arme lío. Que amenace.

Que diga otro tanto el Papamanolis. Veamos las reacciones. Que susurre algún otro purpurado. Observemos las contrapropuestas. Comienza la caza de brujas. Que diga Müller que él no tiene nada que ver con esto. A ver si todos se asustan y se quedan solos estos cuatro pardillos. Y mientras tanto, sigamos destruyendo, que hay poco tiempo.

Me decía Fray Malaquías que en los tiempos próximos (que insiste en que serán muy breves), veremos con horror, pena y asombro la defección de muchos de los que en la primera hora eran más críticos con esta situación. Hemos leído algo esta semana, en dignas plumas otrora muy chillonas. Ya veremos si esto se va confirmando en los próximos meses. Pero desde luego, la confusión irá reinando y el miedo se apoderará de muchos. Que Dios nos asista.

Menos mal que mientras tanto, y lo digo para relajar la tragedia en que vivimos, el Cardenal de Nueva York ni apoya las dubbia de los cuatro, ni las rechaza; ni las comprende ni las discute. Él está en otra cosa. En lugar se pronunciarse sobre las dubbia, se pega un bailoteo con las rubbias.

Con este no habrá caza de brujas.

Fray Gerundio

Tomado de:

adelantelafe.com

Pío Magno

pio-xii_opt-e1448382604537-810x346

Se llamaba Eugenio Pacelli y había nacido en Roma el 2 de marzo de 1876, reinando el Beato Pío IX, de noble y catolicísima familia, devotísima a la Santa Sede. Siendo un niño de pocos años los Padres Filipinos de la iglesia que frecuentaba solían verlo todas las tardes arrodillado ante el Sagrario, mirando como un pequeño ángel hacia su Señor y mayor amigo. Por la mañana, antes de ir a la escuela, había servido ya en la S. Misa recibiendo la comunión.

Intimo de Jesús

Se entusiasmaba -dicen sus biógrafos (creo haberlos leído todos o casi todos)- escuchando las narraciones de vida misionera que el tío sacerdote, veterano de Sudamérica, le contaba y comentaba: “Yo también quiero dar mi vida por Jesús”. Después, mirándose sus hermosas manos: “¡Pero los clavos no!”

Tocaba el violín como un niño prodigio y a quien le felicitaba respondía: “¿Que toco? ¡No! Rezo, hablo con Jesús.” Le gustaba enseñar el catecismo y lo hacía con los más pequeños de su palacio con alegría propia y de ellos. Jesús era ya “el Viviente” en su infancia, en su adolescencia pura… Lo llamaban “Pacellino” porque era delgado como el alambre y tenía el rostro afilado con el flequillo en la frente.

¿Y qué puede haber orientado a la consagración total a Dios en el sacerdocio a este angélico joven patricio romano, que amaba la equitación y la música y que algún rostro femenino miraba ya con admiración y al cual respondía él: “Busque en otro lugar, yo soy de Jesús”, si no un amor ardiente, intensísimo a Jesús, el Hombre-Dios?

Sigue leyendo

Murió Castro: la batalla continúa

fidelcastro-1920x500

Fidel Castro ha muerto. Rezamos por su alma. Pedimos que la infinita misericordia de Dios, a quien negó, del que abominó y cuyo Santo Nombre procuró, en vano, desterrar del alma y de la tierra de los hombres que padecieron el yugo de su tiranía, le haya finalmente alcanzado. Pedimos, fervientemente, que esa absolución que con tanta arrogancia exigió a la historia -y que ésta le negará para siempre- le haya sido otorgada por el Señor de la Historia.

En estos días de su muerte se han dicho y escrito multitud de cosas, casi todas disparatadas e insensatas, salvo escasas excepciones. Reléveme el lector de intentar cualquier antología de tales dichos; convengo, por cierto, en que esa antología resultaría, a la postre, un acabado muestrario de la estupidez, la hipocresía y la perversidad del mundo contemporáneo. Pero quede el intento en otras manos y en otros ánimos. El mío, mi ánimo, va por otro lado. Personalmente la muerte de Castro ha reavivado recuerdos, ya muy lejanos en el tiempo, pero siempre presentes con una presencia a flor de piel como la de un dolor o la de un amor que no pasa.

No tenía aún veinte años cuando advino al mundo la que se dio en llamar la Revolución Cubana. Me tocó vivirla desde mi puesto de joven militante del Nacionalismo Católico (que así llamamos en Argentina al Tradicionalismo), el mismo en el que sigo ahora y en el que, si Dios me  da su gracia, pienso permanecer hasta el último día. Desde ese puesto puedo decir que aquella generación de los sesenta que soñó, luchó, cantó, mató y murió bajo la fascinación de la Cuba castrista, no fue en absoluto, mi generación. Mis camaradas y yo, los que soñábamos con una primavera en Argentina, fuimos unos verdaderos outsiders, unos extraños. Los aguafiestas de la gran bacanal revolucionaria que transformaría al mundo.

Sigue leyendo

Los judas (sacrílegos) se suceden

judas-y-satanas

A mediados del siglo XVIII, una religiosa de la Visitación, de Turín, tuvo una visión tremenda y por demás impresionante. Mientras rezaba devotamente ante Jesús Sacramentado, se le apareció la sagrada Hostia chorreando sangre fresca.

Ni tiempo tuvo para volver en sí, a causa del asombro y del miedo, cuando repentinamente se encontró en el atrio de las dos iglesias situadas al principio de la plaza de San Carlos, y allí oye una algaraza de gente que viene de las calles laterales de la parte que mira a los Alpes. Gritos, voces, aullidos, blasfemias horribles… La chusma, que aumentaba cada vez más, llenaba completamente la plaza.

Empieza una comedia asquerosísima, e inmediatamente después todos se van precipitando por las calles de la derecha hacia el río Po; les sigue una gran oleada de sangre que inunda toda la plaza, y se desliza por las mismas calles hasta perderse en el río, juntamente con toda aquella gentuza, verdaderos demonios.

La monjita, horrorizada, se dirige al Señor, y exclama: ¡“Oh Jesús, sálvanos”! Y Jesús le responde: “Tranquilízate, que la oleada ya pasó. Sábete que todos éstos son los profanadores de mi Sangre Eucarística. Son todos los que, en esta ciudad del Sacramento, pisotean la Sagrada Eucaristía, comulgando sacrílegamente. Son los Judas que se suceden a través de los siglos. Vete, y cuenta a todos lo que acabas de ver”.

Sigue leyendo

El alma de la filosofía pagana

plotino-810x475

Es necesario afrontar este tema antes de ilustrar en el próximo número la confrontación entre paganismo y cristianismo y hacer referencia al renacer del paganismo a partir del humanismo y del renacimiento.

La filosofía antigua conoció épocas de esplendor y de plenitud metafísica con Platón y sobre todo con Aristóteles, aunque tuvieron necesidad de ser perfeccionados profundamente en cierta manera por Sto. Tomás de Aquino. Sin embargo, la filosofía de la paganitas, como sistema religioso politeísta, pluralista y tolerante, no se funda en Aristóteles (el cual, como Platón, no apreciaba la mitología de los dioses del pagus y de los paganos), sino en sus enemigos: el escepticismo de la sofística especulativa y el estoicismo de la amoralidad práctica.

Cuando hablamos del alma de la filosofía pagana, no entendemos por ello la filosofía clásica en su conjunto (antes bien, excluimos a Sócrates, Platón y Aristóteles, que -filosóficamente- se fundaban en la razón y en la voluntad y no en los cultos teúrgicos e idolátricos de la paganitaspara ascender “a lo alto”), sino sobre todo entendemos la sofística, el escepticismo especulativo-teórico, el estoicismo práctico o “ético” y la reacción neoplatónica y post-plotínica al Cristianismo.

En efecto, el politeísmo y la tolerancia religiosa, típicos de Grecia y de la Roma antigua, son fruto de una “filosofía” teóricamente escéptica y prácticamente estoica, y no de la metafísica aristotélica.

Sigue leyendo

Arrodíllate y besa el suelo

rezar-1920x500

Queridos hermanos, seguro que muchos de ustedes se sienten preocupados por la situación de la Iglesia y de sus Pastores. No pocos son también los sacerdotes que sufren con dolor la situación del camino que ha emprendido la Iglesia, o mejor, los “frutos” que se están recogiendo después de tantos años de  de continua destrucción de la Sagrada Liturgia y dominio de la permisividad moral y arbitrariedad teológica.

Podemos decir que la Iglesia se derrumba desde sus cimientos. ¿Será a caso necesario que el derrumbe sea total para que el Señor la vuelva a levantar? ¿No es necesario en muchas ocasiones derribar la casa en ruinas para volverla a edificar sólidamente? Antes de la Resurrección, fue necesario que nuestro Señor padeciera la amarga Pasión y muriera crucificado. ¿No vive la Iglesia su propia Pasión?

Muchos son tentados, fieles y sacerdotes, fuertemente tentados. Se preguntan ¿dónde está la verdad? ¿Dónde está lo que la Iglesia ha enseñado hasta ahora, donde la enseñanza de los Santos Padres, dónde la enseñanza tradicional católica? Muchos se hacen la pregunta de dónde está su propia identidad católica. Seremos tentados. No podemos sentirnos fuertes. Nuestra fortaleza está en suplicarle al Señor, en suplicarle constantemente que no nos deje caer en tentación. Nada somos sin el Señor. Nos hundimos sin Él. La Iglesia se hunde porque la gobierna el hombre, que piensa y actúa como el mundo, para agradar al  mundo, para contentar al mundo.

Sigue leyendo

¿Qué pueden hacer los fieles contra la ‘agenda Kasper’?

schneider-1-810x509

Es una triste verdad que estamos en un momento de gran crisis en la Iglesia. Sin embargo, Dios está con nosotros. Me han preguntado que pueden hacer los fieles para combatir los errores que se propagan a través de la Iglesia. Me gustaría responder con algunas sugerencias:

Debemos crear grupos de verdaderos Católicos, académicos, familias y miembros del clero que extenderán con valentía la verdad Católica, llena sobre todo de enseñanzas de la Iglesia sobre la familia, la naturaleza, y los mandamientos de Dios

Como un medio para este fin, tenemos que hacer uso de todos los recursos que ofrece el mundo moderno para nosotros. No estemos limitados a la espera de los medios de comunicación para difundir estos mensajes. No tenemos que esperar a que cada pastor a predique desde el púlpito. Debemos abrazar las nuevas formas de comunicación que nos permiten difundir el Evangelio y las enseñanzas de nuestra Santa Madre la Iglesia. Debemos llevar nuestro mensaje a la Internet, publicarlo en sitios web, blogs y redes sociales.

Sigue leyendo

Meditación: De lo que sucede al alma saliendo del cuerpo

1151px-n07-119_louis-janmot_intercession-maternelle-1-e1448984130210-810x346

Para el primer miércoles de Adviento 

PUNTO I. Considera cómo sale sola el alma del cuerpo, y va por aquellas regiones no conocidas sin compañía alguna más que la de sus obras; de manera que aunque esté asistida en la muerte de religiosos parientes y amigos, al salir todos se queda sola, y ninguno la acompaña; y así como entramos solos en este mundo, solos saldremos de él, sin que haya diferencia del grande al pequeño, o del noble al plebeyo, ni del rico al pobre; cada uno irá acompañado de sus obras, las buenas para salvarse, y las malas para condenarse; y los ángeles buenos y malos los seguirán también, para asistir al juicio que ha de hacer Dios de su vida, y la cuenta que les ha de pedir de todas sus acciones. Saca de aquí cuanto te importa atesorar buenas y santas obras para aquel tiempo; y excusar las malas, porque no te sigan para condenarte, la devoción que debes tener con el Santo Ángel de tu Guarda, para que entonces te acompañe y ampare, defienda de todos tus enemigos, y ruégale que te encamine por la senda verdadera de tu salvación.

PUNTO II. Considera cómo luego, sin dar más plazos, va el alma al juicio de Dios a dar cuenta de toda su vida en su rectísimo tribunal (este juicio, según la mas común opinión, se hace en el mismo sitio y lugar a donde cada uno muere, o en otro cercano a él entre el cielo y la tierra). Contempla a Cristo en su tribunal como juez, y a tu alma con su esencia como reo; a los dos lados el Ángel de la guarda y el demonio más abajo, y que allí te piden cuenta menudísima de cuanto has dicho, pensado, imaginado, deseado y obrado en este mundo sin que te valgan excusas, ni llantos, ni ruegos, ni dolor de lo cometido, ni propósitos de enmienda en adelante: mira con atención qué responderás a Dios por tanto número de cargos como entonces te hará, de las gracias que te hizo, de las inspiraciones que te dio, de las ocasiones de ser santo, de lo que dejaste de hacer bueno, y de lo que hiciste malo, y de la tibieza y faltas que cometiste en las buenas obras, tan llenas de escoria que es necesario purificarlas con el fuego: acuérdate que San Bernardo dice de sí, que se halló alcanzado en la cuenta que Dios le pidió en un rapto; y si un tan gran Santo no tuvo qué responder a muchos de sus cargos, ¿qué será de ti en aquel tribunal? Y por tanto saca de esta meditación ajustar ahora con tiempo las cuentas de tu vida con Dios, y enmienda lo pasado, y pídele gracia y tiempo para corregir tu vida y disponerla para el Juicio.

PUNTO III. Considera la sentencia que dará Dios al bueno, y la que dará al malo: al bueno dirá: Alégrale, siervo fiel, y entra en el gozo de tu Señor a gozar el premio de tus merecimientos; y al malo lanzará en el infierno, diciéndole: Apártate de mí, maldito, a penar en el fuego eterno: mira como llegan los ángeles a llevar al bueno al cielo, y Cristo le pone a su lado, y ya con él triunfando al reino de su gloria, bañado del gozo por la dicha felicísima que ha alcanzado. ¡Oh que alegría tendrá por la penitencia que hizo, y por la limosna que dio, y por la obediencia y humildad y las demás virtudes que ejercito y dará por bien empleados todos los trabajos pasados por el gozo y felicidad presente!; y al contrario, el malo será luego arrebatado por los demonios de la presencia de Cristo y llevado y con inexplicable dolor a los tormentos eternos, lamentando su desgracia, y llorando sus engaños, y maldiciendo sus gustos y las pretensiones que tuvo en este siglo, con que granjeó las penas que padece. Saca de aquí grande temor de DIOS y propósitos firmísimos de vivir ajustadísimamente a su santa ley, de no cometer un pecado por todo el mundo y despreciarlo todo por el bien de tu alma, apartando de ti todo lo que te puede apartar de Dios.

PUNTO IV. Carga ahora la consideración sobre lo dicho en estas dos meditaciones, y contempla con atención cuán diferente muerte tendrán los justos y los pecadores, porque a los justos darán grande alabanza las buenas obras en que han gastado la vida, y esperan con su muerte heredar el reino eterno de la gloria, y los Ángeles los asistirán como al pobre y paciente Lázaro para llevarlos al cielo; y como se hallan desarraigados de la tierra, no tendrán la dificultad y sentimiento de dejarla, que tienen los pecadores, antes se consolarán viendo el fin de sus fatigas y el principio tan a la puerta de su descanso; y por el contrario los malos, que gastaron sus vidas en deleites, honras, riquezas y pasatiempos, como se hallan tan amigados en la tierra y barruntan el mal que les espera de su pleito, y ven a la puerta los tormentos eternos y a los verdugos gozosos para ejecutarlos en ellos, estarán angustiadísimos y morirán con dolores y rabias del corazón, empezando desde esta vida los tormentos que han de continuar en la otra. Por eso, dice el Espíritu Santo que es amarguísima la memoria de la muerte a los que tienen paz y concordia en sus riquezas. Supuesto lo cual, y que necesariamente has de morir y tener una de estas dos muertes, y que necesariamente ha de caber una de estas dos suertes, o ir al cielo o al infierno para siempre, saca de esta meditación desamigarse con tiempo de todo lo que te puede detener en este mundo, y vivir en él como peregrino y como ciudadano del cielo: muérete a él antes que mueras, y dispón tu vida de manera que tu muerte sea preciosa en el acatamiento del Señor.

Padre Alonso de Andrade, S.J

Tomado de:

adelantelafe.com

Del Adviento (Catecismo Mayor de San Pío X)

virgen-en-cinta-1

1) ¿Por qué se llaman Adviento las cuatro semanas que preceden a la fiesta de Navidad?

— Las cuatro semanas que preceden a la fiesta de Navidad se llaman Adviento, que quiere decir advenimiento o venida, porque en este tiempo la Iglesia se dispone a celebrar dignamente la memoria de la primera venida de Jesucristo a este mundo con su nacimiento temporal.

2) ¿Qué propone la Santa Iglesia a nuestra consideración en el Adviento?

— La Santa Iglesia en el Adviento propone a nuestra consideración cuatro cosas:

a) las promesas que Dios había hecho de enviar al Mesías para nuestra salvación;

b) los deseos de los antiguos Padres que suspiraban por su venida;

c) la predicación de San Juan Bautista, que preparaba al pueblo para recibirlo exhortando a penitencia;

d) la última venida de Jesucristo en gloria a juzgar a vivos y muertos.

3) ¿Qué hemos de hacer en el Adviento para conformarnos con las intenciones de la Iglesia?

— Para conformarnos con las intenciones de la Iglesia en el Adviento hemos de hacer cinco cosas:

a) meditar con viva fe y con ardiente amor el gran beneficio de la Encarnación del Hijo de Dios;

b) reconocer nuestra miseria y la suma necesidad que tenemos de Jesucristo;

c) suplicarle venga a nacer y crecer espiritualmente en nosotros con su gracia;

d) prepararle el camino con obras de penitencia, especialmente frecuentando  los Santos Sacramentos;

e) pensar a menudo en su última espantosa venida, y a la vista de ella ajustar a su vida santísima la nuestra, a fin de tener parte en su gloria.

por San Miguel Arcángel

Tomado de:

adelantelafe.com

Breves reflexiones sobre “Misericordia et Misera”

francisco2-1-1930x500

Pérdida de la gravitas

Fechada  en la Festividad de Cristo Rey, Francisco dio a conocer su Carta Apostólica Misericordia et misera, popularmente famosa desde los mass media por su punto 12, obviamente tergiversado, y según el cual –para esos multimedios- “la Iglesia ahora perdona el aborto”.

Desde luego que este último enunciado es una mezcla de malicia, de fraude y de ignorancia escandalosa, perpetrada por los propagadores de noticias. Entre otras cosas porque no existe un “ahora” eclesial dispensador de perdones opuesto dialécticamente a un supuesto “otrora” negado al perdón.

Lo que sí y riesgosamente viene a decirnos aquel mentado punto 12 es que se concede “a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado del aborto”, contrariando expresamente el canon 1398 del Nuevo Código de Derecho Canónico, que ponía exigencias mayores y más estrictas acordes con la gravedad del crimen cometido.

Sigue leyendo

Clases de espiritualidad: Tratado sobre el pecado II

 

Clases de espiritualidad. Tema: “Tratado sobre el pecado II”. Padre Daniel Heenan. FSSP. Templo de Nuestra Señora del Pilar. Guadalajara, Jalisco, México. 26 de Noviembre del 2016.

Tomado de:

adelantelafe.com

IMPRESIONANTE MEDITACIÓN: de la Muerte

muerte-810x456

Para el primer martes de Adviento 

PUNTO PRIMERO: El Apóstol S. Pablo testifica, que así como todos hemos de parecer en el juicio; para dar cuenta de nuestras vidas, así también está determinado que todos, sin exceptuar alguno, pasemos primero por la muerte, que esta es una verdad tan infalible, que aunque las otras del juicio, infierno y gloria las sabemos por la Fe Divina, que no puede padecer engaño, esta la sabemos por la fe, y por la experiencia que nos muestra que todos somos mortales, y todos morimos, y cada día nos vamos acercando a la muerte, según lo cual el primer punto que se ha de meditar en esta materia es la certidumbre de la muerte, esta es infalible; y tú que estás leyendo esta escritura has de morir infaliblemente, y Dios está mirando el tiempo y el lugar y la enfermedad con que has de rematar la vida, sin que haya en esto réplica, ni apelación: piensa en esto, y mira lo que te conviene hacer para el poco tiempo que has de vivir, y luego da un paso más adelante, y medita que así como es cierto que has de morir, no sabes cuándo, y cómo morirás, porque no tienes día, ni hora segura, y no la tienes, para que no te asegures en alguno, mas estés siempre velando y apercibido, como dice Cristo, para su venida, la cual ordinariamente es cuando no la esperamos. Considera cuanto te importa que te halle el Señor apercibido, y pídele su gracia para no descuidarte ya más en negocio de tan grande monta.

PUNTO II. Considera  lo que advierte San Pablo, y es que no has de morir más que una vez, y si esta se yerra, no es posible remediarla: si pierdes una pretensión, puedes ganar otra en la que repares; y si una acción te sale mal, puedes restaurarla en otra; pero los yerros de la muerte no tienen reparo, ni hay como soldarlos o enmendarlos: piensa por una parte cuánto importa el morir bien; pues de la buena muerte depende la vida eterna, y conforme te hallare Dios en aquel trance has de quedar para siempre; y por otra mira cuántos riesgos hay en la muerte, y que los muy santos como san Hilarión, después de setenta años de soledad y penitencia, y San Arsenio después de cuarenta, temblaron al pasar aquel puerto, y se hallaron alcanzados de cuenta, y que si se yerra, no tiene remedio; y pues la buena muerte depende de la buena vida, trázala de manera en el acatamiento de Dios, que te dé firme esperanza de alcanzar lo que deseas, y puedas entonces antes gozarte que temer.

PUNTO lll. Considera qué cosa es morir, cómo precede la enfermedad, que es como la batería que va enflaqueciendo el muro para caer, las medicinas y dolores, las angustias y sobresaltos que se padecen en aquel trance; luego cómo poco a poco se van disminuyendo los sentidos, los ojos se quiebran, los oídos se entorpecen, el gusto se pierde, el tacto falta, la memoria no recuerda, el entendimiento se oscurece, y el corazón padece mortales congojas, y todo el hombre tiembla y se enfría, y los miembros quedan yertos como se llega su fin, y últimamente se desata el alma del estrecho vínculo que ha tenido toda la vida con el cuerpo, y queda exánime, frío y helado, y es desposeído de todo cuanto tenía en este mundo, honras, riquezas, parientes, amigos, criados y conocidos, y sale del mundo desnudo, como entró en él: esto es morir, y esto ha de pasar por ti. Contempla cuán grande yerro es gastar los días de tu vida en allegar riquezas y honras caducas y perecederas, que tan presto te han de dejar, y te has de hallar sin ellas cuando más las habías menester; y pide al Señor gracia para buscar las inmortales, y atesorar las eternas, que son las verdaderas, y que nunca te han de dejar.

PUNTO IV. Considera lo que te ha de suceder después de la muerte: mírate a ti mismo difunto, tan sin sentido como si fueras una piedra, que si no te mueven, no puedes moverte; cómo luego tratan de enterrarte, y echarte fuera de tu propia casa; mira cómo te amortajan con la vestidura más vieja y pobre que dejaste, y toda la hacienda la reparten entre sí los parientes; cómo te ponen sobre un paño en el suelo, o por grande honra en una caja, que te cubren con otro paño funesto y dos o cuatro luces a los lados con un santo Cristo en medio: aplica el oído a los responsos que te dicen, y a los clamores que dan las campanas por ti; mira luego cómo vienen los clérigos, te llevan a enterrar cantando letanías, y acabados los oficios te lanzan en la sepultura en compañía de los otros difuntos, y luego te cubren de tierra, y la igualan con un pisón de madera, o con una losa de muchas arrobas, y te dejan y se van a comer, y a cenar, y a dormir, y a negociar, y tú te quedas allí en aquel lóbrego y estrecho aposento, y poco a poco te van olvidando, como si no hubieras sido; da un paso adelante, y vuelve a mirarte de allí a ocho o quince días, y te hallarás tal, que no te atrevas a mirarte hirviendo de gusanos con un hedor intolerable: esto eres, y en esto has de parar, y este es el fundamento de todas las torres de viento que levantabas de tus estimaciones, y para este cuerpo apercibiste tantos regalos, y por él diste tantos pasos: este es el fin y paradero de todos; estudia en este libro, mírate en este espejo, y saca desengaño para conocer la verdad, y despreciar cuanto el mundo adora, y mira lo que quisieras haber hecho entonces, y haz lo que quisieras haber hecho cuando mueras.

Padre Alonso de Andrade, S.J