Penitencia en aras del Cielo. Reflexiones para el Miércoles de Ceniza

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“Recuerda, hombre, que eres polvo, y al polvo regresarás.”

El día de hoy, Miércoles de Ceniza, marca el comienzo de la Cuaresma. La Iglesia, con la sabiduría del antiguo calendario litúrgico, nos dio los últimos domingos para prepararnos para este tiempo de ayuno, oración, y penitencia. La Cuaresma es el tiempo del año litúrgico en el que hacemos una pausa y reconocemos nuestra débil naturaleza humana, nuestra inclinación al pecado, y nuestra mortalidad. Algunos verán nuestros rigurosos sacrificios y nuestro ayuno como tonterías, considerando cómo nuestra sociedad tiene la costumbre de buscar la gratificación instantánea. ¿Qué es lo que motiva nuestras penitencias? Quizás el reflexionar sobre esta cuestión nos ayude a elegir penitencias que profundicen nuestras vidas espirituales y nuestro amor a Dios.

En la cuestión 12 de Prima Pars en Summa Theologiae, Santo Tomás de Aquino reflexiona sobre el conocimiento de Dios; es decir, ¿cómo hace el hombre para conocer a Dios, tanto en esta vida como en la próxima, en la que puede ver su esencia divina? En el artículo 6, Tomás se pregunta si algunos podrán ver la esencia divina más perfectamente que otros. Responde afirmativamente, diciendo que esto se basa en la capacidad intelectual, la cual que permite a algunos contemplar la visión de Dios más perfectamente. El objeto—la visión de Dios—es el mismo, dado que Dios no cambia, pero el intelecto que comparta más perfectamente la luz de la gloria, Lo verá más perfectamente. Tomás explica:

De ahí que el entendimiento que más participe de la luz de la gloria, más perfectamente verá a Dios. Y tanto más participará de la luz de la gloria cuanto más amor tenga, pues donde el amor es mayor, mayor es el deseo; y el deseo, de alguna manera, capacita y prepara al que desea para conseguir lo deseado. Por lo tanto, aquel que tenga más amor, más perfectamente verá a Dios y más feliz será (ST, I, C. 12, a. 6, corpus).

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LO QUE EL VATICANO II SE LLEVÓ… ¡Y LO QUE NOS TRAJO!

BENEDICTINAS DE CHICAGO

1960

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¿Triunfa la «homoherejía»?

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La reciente visita del Obispo de Roma, Jorge Mario Bergoglio a Chile estuvo salpicada de una feroz campaña de las fuerzas anti-católicas: la izquierda eclesial, los grupos defensores de las víctimas de abusos sexuales, los medios, en especial el canal televisivo estatal de Chile.

Desarrollaron una campaña hábilmente verificada, dirigida principalmente contra el obispo de Osorno, acusado «como encubridor de los abusos –sexuales y de poder– cometidos por su mentor» el sacerdote Fernando Karadima. Simultáneamente fueron reactivando casos de abuso sexual de los Hermanos Maristas y la Compañía de Jesús en Chile y otros. Las listas ventiladas por organizaciones civiles respecto de abusos sexuales a menores por parte del clero chileno son bastante abultadas.

«Bishop Accountability» registra 78 nombres de clérigos y religiosos de Chile acusados de abusos.

El profesor universitario chileno Gonzalo Rojas S., afirma no nos confundamos. Lo importante durante la visita de Francisco, para ciertos actores públicos, era minar la autoridad episcopal. Sólo les interesaba destruir la dimensión jerárquica de la Iglesia Católica… de hecho, en los días previos hubo conocidos eclesiásticos que enfocaron toda su preparación de la visita papal en un objetivo: desacreditar a los obispos chilenos, porque ninguno de ellos -dicen estos gurús de la sociología eclesiástica- está a la altura de lo que se necesita.

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Mi herencia en el momento de la muerte

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Queridos hermanos, me viene a la mente unas palabras de la beata Isabel de la Trinidad, carmelita descalza, que suspiraba en su lecho de muerte ante el crucifijo que sostenía entre sus manos: ¡Cuánto nos hemos amado! ¡Qué herencia más hermosa y gozosa! Esta es la verdadera herencia del alma, una herencia que es pasado, presente y futuro; en realidad, es una herencia única, pues es un eterno presente. Herencia imperfecta en la tierra, perfectísima en el Cielo.

Si hemos de plantearnos qué herencia dejaremos tras nuestra muerte, no cabe  más que una: mi herencia en virtudes, mi herencia virtuosa y santa; mi herencia llena de amor de Dios; mi herencia de muerte a mí mismo. Herencia de rechazo al pecado, al mundo y al demonio. Herencia crucificada con Cristo en la “cruz” personal de cada uno.

¿Puede haber en el momento de la muerte otra herencia distinta? Pobre y desgraciada el alma si en sus últimos momentos sólo piensa en su herencia “terrenal”, en sus obras materiales, en esas acciones que el mundo elogió y aplaudió; en sus merecimientos personales, en sus capacidades personales, en su valía personal; en su “obra” que deja para otros. Infeliz el alma que en sus últimos momentos mira hacia atrás, y no hacia adelante, hacia el futuro inminente en que será juzgada por todo lo que hizo, y dejó de hacer  en el pasado. Infeliz si mira hacia atrás, no para arrepentirse de sus pecados, sino para vanagloriarse de la “herencia” que ha construido. Dichosa el alma que en el lecho de muerte mira hacia atrás con verdadero dolor por no haber cumplido con el plan divino en ella. Dichosa el alma que en sus últimos momentos anhela el perdón divino, los último sacramentos.

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LO QUE EL VATICANO II SE LLEVÓ… ¡Y LO QUE NOS TRAJO!

RELIGIOSAS DE LA ASUNCIÓN

1950

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¿Qué podemos hacer para restaurar todo en Cristo?

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¡Basta de silencios!¡Gritad con cien mil lenguas! porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido! Palabras de Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia, en el siglo XIV, en el apogeo de la Cristiandad. ¿Qué diría la santa si viese la degeneración del mundo posmoderno, abismalmente más pútrida? ¿Qué diría a ver al modernismo desatado y la masonería haciendo estragos en el seno mismo de la Iglesia? ¿Qué diría al ver que muchos Pastores, absolutamente descarriados, llevan a las almas a la perdición?

Sólo el buen olor de Cristo y el virginal aroma de su santa Madre, su santidad y sus virtudes, pueden contrarrestar el pestilente pecado y las herejías modernistas (recopilación de todas las antiguas), que destilan todo el hedor del infierno. Nos advierte proféticamente San Pablo en su Cartas: “Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas” (2 Tm 3,3-4). Él tiempo ha llegado, pero no todo está perdido. Aún podemos librar los nobles combates de la Fe viviendo santamente una vida de oración y de combate por la Tradición y la sana doctrina.

Oscar Báez, Licenciado en Ciencias Políticas y conferencista, es analista político nacional e internacional para Radio AM 800 de Asunción, Paraguay. En esta entrevista analiza los motivos más profundos por los que Cristo no sólo debe reinar en las almas sino también en la sociedad y nos da las pistas esenciales para porfiar con eficacia en la batalla.

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La curación del leproso y la lepra del alma

Cristo se deja rodear y tocar por los pecadores, los enfermos, los miserables… Pero si baja hasta nuestra miseria, no es para dejarnos en ella, sino para levantarnos y sacarnos: “Vete y no peques más”, le intimó a la prostituta, “Quiero, queda limpio”, le dijo al leproso de hoy.

por Padre Luis E. Murri

 

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LO QUE EL VATICANO II SE LLEVÓ… ¡Y LO QUE NOS TRAJO!

HERMANAS BRIGIDINAS

1960

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El Santo Sacrificio en el corazón del sacerdote III

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Y cuando de nuevo introduce a su Primogénito en el mundo dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios” Heb. 1, 6.

Queridos hermanos, dice San Lucas (2, 9): Se les apareció [a los pastores] un ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió con su luz y quedaron sobrecogidos de temor. ¿No es acaso la gloria del altar del sacrificio  suficientemente deslumbrante para que el sacerdote se sienta sobrecogido, y con temor se acerque a él? Con profundo dolor vemos, cada día más, que no es así para una notable mayoría. La irreverencia y profanación del altar son una constante en la vida de la Iglesia. No es de extrañar que esa “vida” esté tan deslucida y “alumbre” tan poco. No es de extrañar que de la profanación del altar, y la total y absoluta impunidad de los culpables,  se siga la profanación de la Palabra de Dios. ¿No ven aquel mismo resplandor que se repite ahora en el altar? No lo ven, porque no tienen la inocencia y la simplicidad y la rectitud de intención de aquellos humildes pastores. Dios Padre que alumbró a aquellos con la gloria del cielo, mantiene ciegos a aquellos hijos suyos duros de corazón.

Dios quiso manifestarse a unos pobres pastores, humildes trabajadores que estaban en vela atendiendo a  su oficio; porque Dios quiere estas disposiciones en aquellos a los que quiere revelarles sus misterios. Si el sacerdote al acercarse al altar no siente la profundidad del misterio,  quizá deba preguntarse por sus disposiciones interiores. Son del todo necesarias tales disposiciones interiores para sentir el sumo gozo de descubrir, que el Salvador ha nacido única y exclusivamente para  los hombres, y para mí.

¿No deberíamos ser los sacerdotes como esos pastores, sencillos, humildes, que atendían a su ocupación con suma diligencia, es decir, que cuidaban con sumo cuidado su rebaño?  ¿Cómo el sacerdote  no ha de guardar con gran diligencia en su corazón el tesoro  de su misa? ¿Cómo no estar en vigilia para cuidar que nada dañe tal tesoro, es decir, no cayendo en pecado?

El canto del Gloria, que oyeron fascinados los pastores, es por la obra de la Encarnación, gloria de Dios por excelencia. Ese canto ha pasado a la santa misa, para mostrar que la misma gloria de Dios tiene lugar en ella. En la santa misa se manifiesta la gloria de Dios a los hombres, que impulsa al hombre a alabarle y glorificarle, sin buscar la propia gloria; es la gloria a Dios Uno y Trino, gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Gloria al Padre porque nos dio al Hijo; gloria al Hijo, porque se hizo hombre por nuestra salvación; gloria al Espíritu Santo, porque de cuyo amor tal obra procedió.

Pax hominibus boni voluntatis. La paz de Dios se ha hecho presente, pero no como la aparente paz que ofrecen las riquezas, o la sabiduría humana, o la fama, sino la paz  de los hombres de buena voluntad. Porque no hay más paz ni más rica, ni más pacífica, ni más amable, que la que proviene de la buena voluntad, como así no hay “paz” más aborrecible, ni turbadora que la que proviene de la mala voluntad. Jesús es Pax hominibus boni voluntatis, pero para los malintencionados, en cambio, piedra de tropiezo y roca de escándalo. Son los sacerdotes que indignamente se acercan al altar, los nuevos profanadores, que, con mala voluntad, son causa de escándalo para los sencillos, vergüenza para los buenos sacerdotes y oprobio para la Iglesia.

Estaban llenos de temor los sencillos pastores, y el ángel les dice: Noli timereNo temáis.  Temible misterio sublime el de la santa misa, donde los ángeles presentes cantan la gloria de Dios;  pero el mismo Señor dice a su sacerdote: No temas, por el contrario ven a toda prisa a mi altar, confía en mí que soy Jesús tu Salvador, que aun siendo Dios Omnipotente, he hecho poco aprecio de mi mismo haciéndome pequeño. Así habla Jesús a sus sacerdotes en el altar del sacrificio. Qué tragedia y dolorosas consecuencias para quien, duro de corazón, cierra sus “oídos”; y qué gozo indecible para quien, atento y sumiso, escucha Su susurro cada mañana en la santa misa.

El santo sacrificio en el corazón del sacerdote es el misterio da la gloria del Señor que envuelve en el altar.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Tomado de:
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Cuentos con moraleja: “El valor del sacrificio”

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Un anciano sacerdote que llevaba más de 50 años destinado en Guanay (Bolivia), todos los años, al comenzar la Cuaresma, solía dar alguna charla sobre la misma a sus parroquianos más fieles. Dándose cuenta de que la vida fácil y cómoda iba siendo un obstáculo para muchos de ellos para perseverar en la fe, les relató este cuento:

Había una vez un padre con tres hijos. Los llamó y les dijo:

—Hijos míos, yo ya soy muy viejo. Voy a morir y vosotros no conocéis aún el poblado del que vienen vuestros antepasados. Así que poneos en marcha, id y saludad a la familia. Pero tendréis que ir a pie, porque no hay caminos, pero para lo que pueda haceros falta cada uno llevará un tronco de árbol que yo os daré.

El poblado estaba muy lejos, pero los hijos obedecieron. Al poco de comenzar a caminar, el mayor dijo:

—Lo que papá nos pide es absurdo; es imposible andar con este peso encima.

Así que tiró el tronco, y continuó el camino mucho más rápido que sus dos hermanos.

Más adelante, el segundo dijo:

—Nuestro hermano mayor tiene razón, pero como no quiero desobedecer a papá, cortaré el tronco por la mitad para aligerar la carga.

El hermano menor quedó rezagado, con su gran tronco a cuestas, preguntándose por qué su padre les hacía sufrir así. Pero, a pesar de no comprender, siguió con su carga, fiel a lo que el padre les había dicho.

Los dos primeros llegaron mucho antes que él al poblado. Sólo que, delante de la entrada, un profundo barranco por el que discurría un río muy caudaloso les cortaba el paso. El mayor trató de saltar, pero no llegó y se precipitó en el vacío y se mató. El segundo intentó usar su medio tronco de puente, pero la madera no alcanzaba, resbaló, y cayó también.

Cuando llegó el pequeño, exhausto y medio muerto por el esfuerzo, vio y comprendió. Su tronco tenía las dimensiones justas para servir de puente sobre el precipicio. Atravesó el barranco, entró en el poblado, y fue recibido con alegría por toda la familia.

Al acabar el sacerdote de hablar, la comunidad quedó un momento en silencio. Silencio que aprovechó para explicar por qué el Señor nos dijo que si queríamos seguirlo teníamos que abandonarlo todo y tomar la cruz.

*** *** ***

Muchas veces, llegan a nuestra mente buenos propósitos de seguir a Cristo; pero desgraciadamente, pasando pocos meses son abandonados. La razón es siempre la misma: nos parece un camino difícil. Entonces, nos engañamos a nosotros mismos y nos fabricamos un camino “más fácil”, creyendo que de ese modo también podremos llegar hasta Él. Pasando un poco más de tiempo, abandonamos en nuestro intento de ser mejores, pues ese camino que nosotros nos habíamos preparado era incapaz de darnos la felicidad. ¡Cuántas veces nos habrán ocurrido a nosotros cosas parecidas!

Hay una relación directa entre el amor que tenemos por algo y la capacidad de sacrificarnos por eso que amamos. Por ejemplo: una madre es capaz de hacer grandes sacrificios por su bebé de pocos meses porque le ama mucho. En cambio, con qué facilidad encontramos motivos suficientes para faltar a Misa un domingo; que en el fondo no es por otra razón sino porque amamos poco a Dios.

El sacrificio es la otra cara del amor. Todo amor auténtico ha de ser probado y purificado en el crisol del sacrificio. Así nos lo demostró Cristo en su propia persona y así nos lo enseñó él a nosotros. Él es el Maestro, nosotros no somos más que discípulos. El buen discípulo se limita a seguir las enseñanzas de su Maestro, no se dedica a fabricarse las suyas propias.

A pesar de que la teoría está clara; las dificultades que se presentan en el camino, unidas a nuestro escaso amor, nos llevan a abandonar con facilidad nuestras metas. Ahí está nuestro error.

Todos tenemos un tronco que llevar. Jesús hablaba de cargar con la cruz cada día. Al final del camino comprenderemos porqué.

por Padre Lucas Prados

Tomado de:
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LO QUE EL VATICANO II SE LLEVÓ… ¡Y LO QUE NOS TRAJO!

CONGREGACIÓN DE SANTA INÉS (USA)

1965

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¿Cómo será el Papado después de Francisco?

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En los próximos días se cumplirán cinco años de la abdicación del Papa Benedicto XVI uno de los hechos más graves y lamentables en la historia contemporánea de la Iglesia. Apenas anunciada la renuncia las usinas del progresismo comenzaron a propalar por todas partes que el gesto de Benedicto era “un gesto revolucionario” (entre quienes utilizaron esta expresión se contaba el entonces Arzobispo de Buenos Aires que, contra toda previsión, sería el encargado de suceder al papa dimitente).

¿En qué consistía lo “revolucionario” del gesto? En que Benedicto, finalmente, había comprendido que representaba el último residuo del papado absolutista y “monárquico” y con su renuncia abría la puerta a los nuevos vientos de la historia: ya no más un papa soberano absoluto cuyas decisiones eran ley suprema e inamovible sino un Papado abierto a la colegialidad que otorgaría al Colegio Apostólico su hasta ahora negado papel en el gobierno de la Iglesia. De hecho, los gestos iniciales del nuevo papa señalaban claramente este cambio de rumbo: Francisco, el día de su elección, en su primera presentación al mundo, se llamó a sí mismo “Obispo de Roma” y recordó, de la mano de San Ignacio de Antioquía, que el Obispo de Roma “preside en la caridad” a las otras iglesias obviando, llamativamente, que el Primado del Romano Pontífice no es sólo de caridad sino también de jurisdicción y de gobierno como fue definido dogmáticamente en el Concilio Vaticano I.

Las ya mencionadas usinas de la progresía se hartaron de batir el parche sobre el “Obispo de Roma”, la “colegialidad” (brumosa noción jamás definida con precisión), el final irreversible del “Papado monárquico” (el jesuita argentino Ignacio Pérez del Viso publicó en uno de los diarios de mayor tirada de Argentina un artículo con ese o parecido título), se aclamó el fin del “autoritarismo romano” fuente de tantos males y se anunció con gran júbilo la venturosa “primavera de la Iglesia” bajo la suave conducción colegiada del Papa Francisco. En definitiva, lo que venían a decir los fautores del progresismo era que lo único bueno y rescatable de Benedicto XVI -cuyo Pontificado fue blanco inmisericorde de toda suerte de ataques- había sido su renuncia. Muchos afirmaron esto con el recurso a los eufemismos más variados e hipócritas; otros lo manifestaron con todas las letras.

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LO QUE EL VATICANO II SE LLEVÓ… ¡Y LO QUE NOS TRAJO!

LAS URSULINAS

1950

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Espíritu de resistencia y amor a la Iglesia

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Al acercarse el quinto aniversario de la elección del papa Francisco, oímos decir con frecuencia que estamos viviendo unos momentos dramáticos y totalmente inéditos en la historia de la Iglesia. Esto es sólo verdad en parte. La Iglesia siempre ha conocido horas trágicas en que ha visto lacerado su Cuerpo Místico desde que nació en el Calvario hasta los tiempos más recientes. Los más jóvenes no saben, y los más ancianos olvidan, lo terribles que fueron los años que siguieron al Concilio Vaticano II, origen de la situación actual. Hace cuarenta años, mientras estallaba la revuelta de mayo del 68, un grupo de cardenales y obispos que habían sido protagonistas del Concilio, trataron de imponer una transformación radical de la doctrina católica sobre el matrimonio. Su tentativa se vio frustrada, porque Pablo VI, mediante la encíclica Humanae Vitae del 25 de julio de 1968, reiteró la prohibición de la contracepción artificial y devolvió el ánimo y la esperanza a la desorientada grey. Pero Pablo VI, el papa de la Humanae Vitae,fue también quien causó una profunda ruptura con la Tradición católica al imponer en 1969 el nuevo rito de la Misa, en donde encuentra su origen la devastación litúrgica contemporánea. El mismo Pablo VI promovió la Ostpolitik, asumiendo el 18 de noviembre 1973 la grave responsabilidad de destituir al arzobispo de Esztergom y primado de Hungría, cardenal József Mindszenty (1892-1975), adalid de la oposición católica al comunismo. El papa Montini esperaba que se alcanzara un compromiso histórico en Italia, confiado al acuerdo entre Aldo Moro, secretario de la Democracia Cristiana,  y el Partido Comunista de Enrico Berlinguer. La operación fue bruscamente interrumpida solo  por el secuestro y asesinato de Moro, al cual siguió, el 6 de agosto de 1978, la muerte del propio papa Montini. También se cumplen cuarenta años de ello.

En aquellos años de traición y de sangre se alzaron voces valientes que es preciso tener presentes, no sólo porque es un deber recordarlas, sino porque nos ayudan a orientarnos en la oscuridad del momento actual. Entre otras recordamos dos antecesoras del estallido del llamado caso Lefebvre, el arzobispo francés cuya «misión profética en el momento extraordinariamente oscuro de una crisis generalizada de la Iglesia» ha subrayado monseñor Athanasius Schneider en una reciente entrevista.

La primera voz que se alzó fue la de un teólogo dominico francés, el padre Roger Calmel, que desde 1969 rechazaba el Novus Ordo de Pablo VI y en junio de 1971 escribió en la revista Itinéraires:

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María, Madre y Maestra del Sacerdote (II)

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Porque ha mirado la pequeñez de su esclava (Lc. 1, 48).

Queridos hermanos, en este verso, la Santísima Virgen, agradece complacida que Dios se haya dignado mirarla con buenos ojos, y acordarse de Ella, y haya obrado grandes cosas por medio de Ella; y, a su vez, reconoce su pequeñez como esclava, ejercitando en estas palabras una singular humildad. Con verdadera humildad confiesa su pequeñez como esclava, que, a pesar de ello, Dios no dejó de mirarla. María, nos enseña que el fundamento de las alabanzas de Dios, y de la acción de gracias por los beneficios recibidos, ha de ser el reconocimiento de nuestra pequeñez e indignidad. Esta pequeñez de la  que nos da muestra la Madre de Dios, ha de ser el título para pedir a Dios que nos mire con buenos ojos y nos conceda todo tipo de gracias.

La esclavitud de la Virgen María, es la identidad de todo su ser con Dios; así como el esclavo no se pertenece a sí mismo, sino que en todo pertenece a su amo; no tiene decisiones propias, sino que todas han de pasar por la voluntad de su señor; así como hasta la propia vida del esclavo depende de la voluntad de su amo,  así es María, toda de Dios. Nada hay en Ella que no sea del agrado de Dios, que no esté en consonancia con la voluntad Divina, desde el más sencillo pensamiento hasta la acción más importante, todo en Ella da gloria a Dios.

 Qué grande ha de ser la identidad del sacerdote con Jesucristo. Dios se dignó mirarle, fijar su mirada en él, elegirle para tan alto ministerio. Dios lo espera todo de su elegido. Las palabras profundamente humildes de María deben ser, para el sacerdote, modelo de vida sacerdotal. ¡La humildad del sacerdote! Todo lo que tiene lo ha recibido de Dios, nada tiene por méritos propios, pues todo lo que el sacerdote es, lo es por voluntad y gracia divina. La actitud de María debe ser la actitud del sacerdote ante Dios, es la entrega total de la vida del sacerdote a los planes de Dios, porque todo lo tiene le ha sido dado gratuitamente.

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Tecnología y Magia en las manos del Anticristo

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La imagen de su rostro en todo el mundo al mismo tiempo

La figura del Anticristo[1] es una verdad revelada. Como San Juan Evangelista lo describe reinante desde su tiempo, los Padres de la Iglesia –con esa autoridad que el Espíritu Santo les dio para enseñar la Palabra de Dios- lo vieron como un movimiento, como una especie de anti-iglesia que trabaja contra Jesucristo y su Pequeño Rebaño.

Pero también la figura del Anticristo toma presencia individual y personal en los relatos de San Pablo, por ejemplo. Entonces, la Patrística y los Santos Doctores nos enseñan que no hay contradicción entre San Juan y San Pablo. Tranquilamente un movimiento produce a su líder y éste lleva a la plenitud al movimiento que lo engendró.

Entonces tenemos en la Sagrada Escritura y en la Tradición que una falsa doctrina anticristiana será potenciada por el hijo de la perdición hasta llegar a una gran apostasía[2].  Que aquél “hijitos míos, no améis el mundo ni lo que hay en el mundo…” se vuelve la mejor síntesis plástica de la ideología culminante del Anticristo: “…porque en el mundo hay concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida”, explica San Juan en su Primera Carta. La carnecomo imagen plástica de los placeres sensuales y venéreos que halagan al hombre; la sinécdoque de los ojos deleitándose en el brillo del oro y del Dinero que atraen la fama y los aplausos con la posibilidad de tenerlo todo en esta vida que es la única; y por fin, viene el objetivo de coronar todo siendo dueño de todo, de ponerle el nombre a los hechos como yo quiero y no como son, de ser como dioses creadores de una nueva naturaleza:  la soberbia de la nueva “moral” del Anticristo. Ya está entre nosotros, decía el Águila de Patmos, ese mundo mundano antropocéntrico con filosofía gnóstica y fines materiales de moral subjetivista que combate al Reino y algún día terminará engañando a casi todos con la “gran apostasía” precedente de la Bestia del Mar.

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El homo vetus y el homo novus

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Si existió una vez, ahora ya no existe, aunque se busque con la linterna

¿Recordamos a aquel filósofo pagano que caminaba con la linterna y, sin conseguir encontrarlo, buscaba al hombre, al de verdad? Una sabiduría, la antigua, que fue enriquecida después por el Cristianismo, pero que hoy nosotros, en la era moderna, ya no conocemos. El hombre creado por Dios y hecho un poco inferior a los Ángeles, el hombre que ya no es capaz de humillarse sino sólo de exaltarse, este hombre se ha degradado en estos momentos a un nivel inferior a los animales, que al menos siguen su instinto, mientras que el hombre de hoy, poniendo a parte la razón, se ha depravado y corrompido. ¿Volverá el hombre a ser una creatura racional, como Dios la quiso y pensó? ¿Volverá a considerar que está compuesto de alma y de cuerpo?

La voz de Dios, que aún busca al hombre, su creatura, y todavía, como a Adán en el paraíso terrenal, le pregunta: “¿Dónde estás?”, aquella voz nos alcanza y no podemos en absoluto escondernos ante Dios, nuestro Creador y Señor, ante Dios, que lo ve todo, sabe todo y lo puede todo. Volvamos a escuchar la voz de Dios, a nuestra conciencia, que nos dice: esto lo puedes hacer, esto en cambio te mando que no lo hagas. ¡Es Dios el que manda, es El, el Señor! A nosotros nos corresponde la obediencia, la obediencia absoluta a la Ley de Dios. Es necesario siempre obedecer a Dios antes que a los hombres y a las leyes de los hombres, las antiguas y las nuevas.

¿Qué hemos hecho de los mandamientos? ¿En qué medida el Decálogo está presente en la legislación del hombre y la voluntad de Dios donde ha sido arrinconado por el hombre de hoy? ¿Tiene todavía el primer lugar el Señor, el único a quien Le compete? Recordemos que si reservamos al Señor el segundo lugar, El se pone en el último y nos deja solos. Pobres de nosotros sin el Señor, sin su ayuda y su apoyo, ¡sin El no podemos hacer absolutamente nada!

Busquemos al Señor mientras se deja encontrar. ¡El tiempo de la salvación no dura eternamente! Vendrá el día de la justicia y terminará el tiempo de la misericordia. “Festina, Domine, no tardaveris: relaxa facinora plebis tuae” / “¡Date prisa, Señor, no tardes, perdona las culpas de tu pueblo!”.

Nunca antes como hoy ha sido necesario que oremos sin cansarnos y sin interrupción. El amigo importuno es escuchado por su insistencia y así debe ser nuestra oración: insistente y perseverante.

¿Dónde estás, oh hombre? Que pueda encontrarse todavía en la tierra, porque  somos todos nosotros y a cada uno de nosotros busca Dios.

¡Reine Cristo y reine por siempre!

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(Traducido por Marianus el eremita)

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Catecismo de la crisis en la Iglesia: EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA (III)

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EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA16.- ¿Quién tiene en la Iglesia el poder de enseñar con autoridad (poder magisterial)?

El magisterio eclesiástico, por derecho divino, pertenece al Papa para la Iglesia Universal, y a los Obispos para su propia diócesis.

¿Cómo reciben el Papa y los Obispos esta autoridad?- El Papa es el sucesor de San Pedro, y los Obispos son sucesores de los Apóstoles a quienes Nuestro Señor Jesucristo personalmente instituyó como doctores supremos de la fe. Ellos recibieron de Dios la carga de anunciar a sus discípulos la doctrina cristiana, de vigilarla y mantenerla pura. De esta manera, ellos continúan con la obra de Nuestro Señor Jesucristo, el cual, después de su Ascensión no está con nosotros de manera visible.

¿Nuestro Señor ha mencionado claramente este poder del magisterio otorgado a los Obispos?- Jesús dijo a sus Apóstoles: “Quien los escuche, a mí me escucha, y quien los rechace a mí me rechaza” (Lc. 10, 16). Esto se aplica también a los Obispos que son los sucesores de los Apóstoles.

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LO QUE EL VATICANO II SE LLEVÓ… ¡Y LO QUE NOS TRAJO!

HERMANAS DE SAN JOSÉ DEL SAGRADO CORAZÓN

1960

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¿La sangre de los mártires es negociable?

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Debo confesar que en todo este “affaire” de la Santa Sede con el gobierno comunista chino sobre la permanencia o no de dos obispos católicos fieles a Roma en sus diócesis o por el contrario la negociación de su sustitución por obispos de la iglesia patriotica comunista china, es decir, cuya consagración no es válida, por lo que están excomulgados, me produce una gran tristeza. Al lado de esto todo el tema de la situación de la comunidad San Pio X, aparece como extraña, incluyendo las ordenaciones irregulares de obispos, tòpico que con los chinos parece no importar nada a la Secretaría de Estado!

“La estrategia de “encamarse con el Diablo” e impregnarse de “olor a azufre”, concluye George Weigel, “lejos de ser realismo… es una especie de cinismo que encaja a duras penas en una diplomacia supuestamente basada en la premisa de que ‘la verdad os hará libres’ (Jn 8,32)”. Esta frase reciente publicada del escritor Weigel, biógrafo de San Juan Pablo II, creo que resume magistralmente lo que sentimos la inmensa mayoría de católicos del mundo.

O como también magistralmente ha escrito el prestigioso vaticanista Sandro Magister: “Para despejar el campo de esta anomalía al filo del cisma – obstáculo grande para un acuerdo – las autoridades vaticanas han decidido, para ambas diócesis, “pedir un sacrificio” a los dos obispos legítimos, es decir, pedirles que se aparten y que reconozcan como único obispo titular de la diócesis al que ha sido nombrado por el gobierno, legitimándolo y absolviéndolo en caso de estar excomulgado.

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Lecciones de la Literatura

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Aparte de saber que no estamos solos[1], una de las cosas que nos puede enseñar la literatura es como pensaba la gente en otras épocas. No importa que una historia sea ficticia y todos sus personajes inventados, porque las obras de los grandes escritores siempre reflejan actitudes y comportamientos de su tiempo. Lógicamente, para que una historia sea creíble, para que tenga buena acogida entre el público, las motivaciones de los personajes tienen que ser propias de su época. Uno puede objetar diciendo que los hombres no han cambiado esencialmente desde que el mundo es mundo. Esto es verdad; por esta razón nos siguen apasionando las historias del pasado y nos siguen pareciendo relevantes hoy en día. Sin embargo, las estructuras sociales y la mentalidad que las sostiene sí han cambiado. En este artículo examinaré tres ejemplos literarios que reflejan eras pasadas que hablan de cuánto ha cambiado la sociedad respecto a la de hoy.

Primero, la novela Jane Eyre de Charlotte Brontë. La protagonista homónima se enamora del Sr. Rochester, el dueño de la casa donde trabaja como institutriz. A pesar de cierto misterio que rodea el pasado de Rochester, cuando éste le pide matrimonio, Jane no cabe en sí de gozo y acepta. El vuelco dramático tiene lugar en la iglesia, cuando el ministro que oficia la ceremonia dice la frase de rigor: “si alguno presente conoce algún impedimento por el cual estas dos personas no deben contraer matrimonio, que lo diga ahora o calle para siempre.” Un hombre en la sala exclama que no pueden casarse porque Rochester está casado con la hermana de éste. Ante el estupor de todos los presentes el novio lo reconoce; explica que de joven se casó en Jamaica con una mujer que luego se volvió completamente loca, que actualmente vive encerrada en el ático de su casa.

Hay que recordar un detalle importante: la autora y todos los personajes de su novela son protestantes; es decir, no creen en la indisolubilidad del matrimonio y en principio admiten el divorcio. No obstante, la protagonista entiende que las esperanzas de felicidad que había depositado en su unión con Rochester se han desvanecido para siempre. Presa de angustia y confusión, Jane se da a la fuga, con la intención de no volver a encontrarse jamás con su amado. Si la novela hubiera tenido lugar en la Inglaterra del siglo XXI en vez de principios del XIX, la solución a este problema hubiera sido muy fácil: un divorcio exprés y en 24 horas hubieran podido celebrar legalmente la boda. Una historia con este argumento no tendría ningún sentido hoy en día, simplemente porque un matrimonio previo no crearía conflicto alguno en la trama.

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Catecismo de la crisis en la Iglesia: LA FE (II)

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6.- ¿Qué es la fe?

La fe es una virtud sobrenatural por la que, apoyados en la autoridad de Dios mismo y movidos por su gracia, tenemos por absolutamente verdadero todo lo que El ha revelado[1].

-¿La fe presupone pues una revelación divina? Si, la fe es la respuesta del hombre a la revelación de Dios.

¿Cómo se ha revelado Dios a los hombres? Dios ha hablado a los hombres por Moisés, los profetas y sobre todo por su Hijo unigénito, Nuestro Señor Jesucristo.

-¿Cuáles son las verdades que el hombre conoce gracias a la Revelación divina? Gracias a la Revelación, el hombre conoce los atributos de Dios y su esencia trinitaria; conoce también su propio destino eterno: la visión de Dios en el Cielo. La Revelación le muestra en fin el camino a tomar para llegar a este fin: la observación de los mandamientos de Dios y la recepción de los Sacramentos, que son los medios de salud instituidos por Dios.

-¿Por qué se dice que la fe es sobrenatural? Las verdades reveladas por Dios, que son el objeto de la fe, sobrepasan la capacidad natural de nuestra inteligencia, por lo tanto no es posible adherirse a ellas sin una ayuda sobrenatural de Dios, la que se llama gracia.

-¿Cuál es el motivo que nos hace adherirnos a las verdades reveladas por Dios? El motivo de la fe es únicamente la autoridad de Dios que se revela. Creemos en las verdades de la fe porque Dios las ha afirmado y no porque nosotros las hayamos conocido por nosotros mismos. Creemos por ejemplo en la Santísima Trinidad o en la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, no porque nosotros hayamos descubierto esas verdades con nuestra inteligencia, sino porque Dios nos las ha revelado.

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LO QUE EL VATICANO II SE LLEVÓ… ¡Y LO QUE NOS TRAJO!

HERMANAS DE LA DIVINA PROVIDENCIA (USA)

1960

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Abortar la Humanae Vitae: ¿Puede la Iglesia lidiar con el salto cuántico bergogliano?

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La sabiduría convencional señala que «este desastroso papado» se encuentra en un continuum de declive eclesial pos-Vaticano II, en el cual Francisco no representa sino el punto más bajo hasta ahora alcanzado. Esto es real, pero solo superficialmente. Si analizamos de una manera más profunda el fenómeno que Antonio Socci ha denominado Bergoglismo, podemos ver un quiebre concreto en el continuum; un salto cuántico hacia el reino caótico de la mente de un jesuita mal formado, fascinado por su propio desorden del pensamiento.

Una analogía con la física atómica me pareció útil al analizar los efectos del salto cuántico bergogliano. Cuando un electrón que orbita un núcleo realiza un salto cuántico (transición a un mayor nivel determinado de energía), la distancia desde el núcleo aumenta, la atracción del mismo disminuye y el átomo se vuelve menos estable, es decir que es más propenso a combinarse con otros átomos circundantes a través de la ionización. Cuando ocurre la ionización, se alcanza una nueva configuración estable de electrones.

Por analogía, el salto cuántico bergogliano induce al elemento humano de la Iglesia a alcanzar un nivel diferente de «energía» respecto al núcleo de la Tradición, desplazándose aún más lejos del núcleo de lo que estaba en el nivel de energía anterior. En consecuencia, alcanza un nuevo nivel de inestabilidad y, por ende, una mayor propensión a combinarse con el pensamiento mundano en una integración más «estable» con el mundo. Si seguimos la analogía en términos de mecánica cuántica, la teología de este Papa se puede comparar con los electrones que se encuentran en estados superpuestos de energía al mismo tiempo, tanto altos como bajos, aunque la distribución de probabilidad favorezca siempre al salto cuántico hacia un mayor, pero menos estable, estado de energía; y, por analogía, a una mayor distancia del núcleo de la Tradición, en cualquier medición del macroresultado.

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¿El Vaticano vende la Iglesia Católica china entregándola al régimen comunista?

 

Queridos amigos, quisiera llamarles la atención hacia un suceso que nos ayuda a entender la gravedad de la situación que enfrentamos.

Un cardenal chino conocido por su fidelidad a Roma ha acusado al Vaticano de vender la Iglesia Católica china al régimen comunista de Pekín. El cardenal es el arzobispo emérito de Hong Kong Joseph Zen Ze-kiun. Para entender la situación, hay que retroceder un poco. Hay que remontarse a cuando Mao Tse Tung se hizo con el poder en los años cincuenta e inició una brutal represión de los católicos. El Papa, a la sazón Pío XII, protestó enérgicamente contra la persecución, y animó a los fieles a dar testimonio de su fe. La resistencia católica obligó al régimen chino a cambiar de estrategia.

Así pues, en 1957 creó una asociación patriótica con miras a atraer a los católicos con lisonjas para que se adhirieran al régimen. Y a los que seguían fieles al Papa los esperaban la cárcel y los trabajos forzados. De ese modo surgieron dos iglesias, cada una con sus propios obispos y sacerdotes. Por un lado, la patriótica, controlada por el gobierno comunista, que empezó a consagrar obispos, excomulgados por Roma. Por otro, los sacerdotes y laicos fieles a Roma, considerados subversivos por las autoridades.

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Catecismo sobre la crisis en la Iglesia: ¿Hay crisis? (I)

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1- ¿Hay actualmente una crisis en la Iglesia?

Habría que taparse los ojos para no ver que la Iglesia católica atraviesa una crisis grave. Se esperaba durante los años 1960,  en la época del Concilio Vaticano II, una nueva primavera para la Iglesia, pero sucedió todo lo contrario. Miles de sacerdotes han abandonado su sacerdocio, miles de religiosos y de religiosas han retornado a la vida secular. En Europa y en América del Norte, las vocaciones son muy raras y ya no se puede contar el número de seminarios, de conventos y de casas religiosas que han tenido que cerrar. Muchas parroquias permanecen sin párroco y las congregaciones religiosas deben abandonar escuelas, hospitales y casas de ancianos. “Por alguna fisura, el humo de Satán se ha introducido en el templo de Dios”, tal fue el lamento del papa Paulo VI el 29 de junio de 1972.[1]

-¿Se sabe cuántos sacerdotes han abandonado su sacerdocio durante los años 1960? En toda la Iglesia, entre 1962 y 1972, 21,320 sacerdotes fueron reducidos al estado laico. No están comprendidos en este número los que han tenido negligencia para pedir su reducción oficial al estado laico[2]. Entre 1967 y 1974 de treinta a cuarenta mil sacerdotes abandonaron su vocación. Estos hechos catastróficos pueden apenas ser comparados con los acontecimientos que han acompañado a la susodicha “Reforma” protestante del siglo XVI.

-¿Ha habido un desastre análogo en las congregaciones religiosas? En lo que concierne a las congregaciones religiosas femeninas, veamos lo que cuenta el Cardenal Ratzinger, precisando que no es mas que un ejemplo. Québec, provincia francoparlante de Canadá, era, a principio de los años 60 la región que contaba, proporcionalmente, la mayoría de religiosas en el mundo.

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LO QUE EL VATICANO II SE LLEVÓ… ¡Y LO QUE NOS TRAJO!

HERMANAS DEL SERVICIO SOCIAL

1960

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Malicia del pecado venial

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Si se busca la causa de la flojera de un altísimo número de bautizados respecto de su vida espiritual, la enorme tibieza, abandono de las obligaciones inherentes a la vida cristiana, ausencia de un compromiso apostólico, rutina en la vida de piedad, ¿dónde se halla la causa principal de esta perniciosa acedia? Sin duda en la escasa o nula atención que se presta al llamado pecado venial.

Evitar todo pecado mortal ya parece un heroísmo a la mayoría de los bautizados. Son pocos los que poseen la delicadeza de darse cuenta de que aún el pecado venial es pecado, es ofensa a Dios, es traición, es deuda a pagar, es ocasión perdida de merecer; por lo que no se apuran por adquirir la sensibilidad suficiente para notar que el pecado venial es un mal de importancia.

Bien lo dijo San Agustín: las grietas, lentamente, abren brechas en el barco y producen su hundimiento.

Sí que es verdad que el pecado venial se puede perdonar sin el recurso de la confesión sacramental, pero sigue siendo un pecado que influye en el alma del cristiano, de modo que su exigua atención a los veniales puede deformar permanentemente la conciencia.

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¿El papa Francisco abre la puerta a la teología homosexualista?

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¿El papa Francisco abre las puertas de la Iglesia Católica a la teología gay? La pregunta surge espontáneamente ante la noticia de que para dirigir los inminentes y ya tradicionales ejercicios espirituales de Ariccia para el propio papa Bergoglio y a los miembros de la Curia romana se ha llamado al sacerdote-poeta portugués José Tolentino de Mendonça, conocido por ser admirador de Sor María Teresa Forcades i Vila, teóloga notoria por sus posturas favorables a la ideología homosexualista, que precisamente se encuentra en Italia estos días para presentar su libro Siamo tutti diversi! Per una teologia Queer (Castelvecchi Editore).

Como señala l’Osservatore Romano, los próximos ejercicios espirituales de Cuaresma que se celebrarán entre el 18 y el 23 de febrero en Ariccia en la Casa del Divino Maestro, serán en efecto dirigidos por el sacerdote-poeta, vicerrector de la Universidad Católica de Lisboa y asesor del Pontificio Consejo de la Cultura, que ha elegido como tema para su meditación el «Elogio de la sed».

¿Y quién es Sor Teresa Forcades? Forcades es una monja de clausura del monasterio benedictino de Montserrat que recorre el mundo divulgando el actual evangelio homosexualista en el seno de la Iglesia Católica. En el ejercicio de dicho cometido, intervino el pasado jueves 1 de febrero en Reggio Emilia, dentro de un ciclo de conferencias sobre el tema Teología de la mujer, al objeto de promover la aceptación de la homosexualidad en la Iglesia Católica, en la que, como explica el sitio web de los cristianos LGBT gionata.org, «son protagonistas mujeres teólogas que con su capacidad de análisis logran caracterizar y dar un valor específico al pensamiento teológico, a fin de ofrecer un punto de vista novedoso, diferente, renovador e inclusivo dirigido a quien se siente al margen de la Iglesia». Entrevistada después de su presentación, la religiosa española ha destacado que por fin ha cambiado la relación entre la Iglesia y la homosexualidad gracias a la llegada del papa Francisco, que mediante el Sínodo de la Familia intentó hacer lo posible para transformar la actitud de la Iglesia hacia la homosexualidad:

«Creo que el papa Francisco intentó dar un paso al frente en este sentido con el Sínodo de la Familia. No lo consiguió, pero tampoco es el mismo el clima actual que el de cuando no estaba Francisco. Por ejemplo, sor Jeannine Gramick, que desde hace muchos años trabaja en Estados Unidos con miras a la aceptación, no sólo de que se sea homosexual, sino también de la actividad homosexual, del amor homosexual físico, ha dicho que desde que llegó el papa Francisco no siente la presión que sentía antes para que no ejerciera un apostolado así.»

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LO QUE EL VATICANO II SE LLEVÓ… ¡Y LO QUE NOS TRAJO!

HERMANAS DE SAN JOSÉ

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Conozca el secreto para ser humilde

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Los filósofos clásicos tenían gran aprecio por la virtud, tanto es así que la estudiaron a fondo y llegaron a confeccionar una lista de más de 300 virtudes. Pero lo más curioso de todo es que entre ellas no estaba la humildad. Una virtud escondida a los ojos de los sabios que el cristianismo vendría a descubrir y ensalzar. Así lo leemos y meditamos en el Magnificat, perfecta radiografía del alma de María Santísima. «Él hizo proezas con su brazo: dispersó a los soberbios de corazón, derribó del trono a los poderosos, y enalteció a los humildes, a los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos.» 

Por su humildad María conquistó el corazón de Dios. La humildad es una virtud clave en la vida cristiana, pues se opone frontalmente a la soberbia, pecado luciferino por antonomasia. Es la base para alcanzar todas las virtudes, tanto las teologales (fe, esperanza y caridad) como las cardinales (justicia, templanza, prudencia y fortaleza). El propio Cristo no dijo que aprendamos de Él a predicar, a hacer milagros etc sino a ser mansos y humildes de corazón.

La palabra humildad proviene del término latino humilitas, de la raíz humus, que significa tierra (que es lo más bajo aparentemente), pero paradójicamente también humus significa fértil. Nada más fértil que un alma humilde, pues deja que Dios obre maravillas en ella. Su etimología griega dimana del término tapeinosis, que significa tapete, alfombra, algo que pisa todo el mundo. ¿Estamos dispuestos a dejarnos pisar (sufrir oprobios y desprecios) por amor a Cristo?

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La cruz de Callosa: el furor de la cristianofobia

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La piedra que desecharon los arquitectos se ha convertido en piedra angular, en piedra de tropieza y roca de escándalo. Tropiezan en ella porque no quieren creer en la Palabra (1Pedro 2,7)

No es ésta la primera prueba ostentosa de la persecución de los cristianos en España. La cosa viene de lejos, de muy lejos. ¿Recuerdan los tiempos en que el monopolio de la bondad era atributo indiscutible de la Iglesia? ¿Qué ha pasado para que esté a punto de ser condenada por las fuerzas de la cristianofobia como la pura encarnación del mal? La más grave acusación que esgrimen hoy contra la Iglesia las fuerzas de progreso que ostentan el poder, es la homofobia. Tal como están las leyes, con sola esta acusación tienen todas las cartas en su mano para declarar a la Iglesia fuera de la ley. Ya llevan una serie de ensayos; pero el más espectacular es el de la demolición y retirada de la cruz de Callosa del Segura.

¿Qué nos ha pasado? Para que al final desaparezca la cruz de la entrada de la iglesia, para que eso sea posible han tenido que pasar muchas cosas. La más determinante de todas, la rendición de muchísimos eclesiásticos que han abdicado de su misión de mensajeros de la Verdad del Evangelio: una Verdad universal, que salva no sólo a los cristianos, sino a toda la humanidad. En efecto, la Iglesia ha tenido en sus manos durante muchísimos siglos la salvación del hombre por méritos de la Cruz de Cristo y por el seguimiento de su doctrina salvadora. Elemento clave de la vocación consagrada, era la convicción de que sacerdotes, frailes, monjas, obispos y demás gente de Iglesia, eran los instrumentos de que se servía Dios para salvar a cada persona y a la sociedad en su conjunto.

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La “victoria” de Newman sobre los “ultramontanos”

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Hay discusiones estériles que implican una considerable pérdida de tiempo. Sobre todo cuando el interlocutor se maneja con apriorismos, se niega a profundizar el tema acerca del cual disputa y argumenta en base a una «logofobia» superficial. Así sucede, por ejemplo, con el término «ultramontano» en una bitácora «sedevacantista montaraz» de los Estados Unidos. Que no vamos a citar porque no queremos promover sus errores.

Para evitar equívocos respecto del «ultramontanismo» hay que meterse un poquito en la historia del Vaticano I. Conocer algo de las distintas posiciones que se expresaron en los debates conciliares y realizar el ejercicio mental de comparar los textos aprobados con esquemas, borradores y enmiendas, que no recibieron el voto favorable de los padres conciliares. La conclusión a la cual arriba la historia de la teología -y cualquier lector bien dispuesto- es que hubo opiniones teológicas que no llegaron a convertirse en actos del Magisterio conciliar. Por tanto, no es honesto hacer pasar aquellas opiniones como integrantes de lo enseñado por el Vaticano I.

Los textos de las definiciones dogmáticas del Concilio tuvieron una formulación precisa que no se apropió de las tesis personales de algunos de sus participantes. Así lo señalaba el p. Ford: «…el arzobispo Manning, el principal “azote” de la mayoría en el concilio, pudo sentirse un poco decepcionado con los términos moderados y restrictivos del texto final, aunque aparentemente esto hizo poco para suavizar su punto de vista de que el Papa es infalible por sí mismo en todos actos legislativos y judiciales. Desafortunadamente, la tendencia de Manning a maximizar la infalibilidad parece haber sido más influyente en las presentaciones teológicas posteriores que la postura más moderada de su compatriota y colega el cardenal Newman». Otro ejemplo de esta tendencia maximalista se encuentra en la moción presentada por el mismo Manning solicitando que se definiera como dogma que los estados de la Iglesia son de derecho divino.

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LO QUE EL VATICANO II SE LLEVÓ… ¡Y LO QUE NOS TRAJO!

HERMANAS CATEQUISTAS FRANCISCANAS (BRASIL)

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Sermón Dominical

Del

DOMINGO DE SEXAGÉSIMA

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

Sermón del 19 de Febrero de 2017

Domingo de Sexagésima
Lc 8: 4-15

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)

“El sembrador, la semilla y el terreno en el que cae”

El mismo Señor quien nos da una explicación de esta parábola. En ella hemos de considerar tres elementos: el sembrador, la semilla y la tierra que recibe la semilla.

1.- El sembrador: En la actualidad, la predicación está muy frecuentemente inficionada de la herejía modernista. Una doctrina herética que ha calado en la Iglesia y en el pueblo hasta tal punto, que se pueden decir que han dejado de ser católicos. Gran parte de la enseñanza que hoy día se imparte es diferente a la enseñanza de Jesucristo y transmitida durante veinte siglos por la Iglesia. Pero todo lo que está ocurriendo hoy día ya fue anunciado en la Sagrada Escritura: “Llegarán días en los que no soportarán la sana doctrina, sino que se buscarán falsos maestros que les predicarán doctrinas agradables a sus oídos”.

2.- La semilla: La Palabra de Dios ha de ser predicada por los sucesores de los Apóstoles. Una Palabra de Dios que es de suyo “viva y eficaz como espada de doble filo”. Cuando lo que se predica no es la Palabra de Dios, uno se aburre; lo que escucha no le dice nada. En cambio, la Palabra de Dios siempre despierta y nos hace sangrar. Y al primero que hiere, como nos decía Bernanos en el “Diario de un cura rural” es al mismo predicador.

Recordad lo que nos decía San Pablo: “Ellos, como son del mundo, sólo hablan de las cosas del mundo…”. Y también en otro lugar: “Y si alguien os predica un evangelio distinto, sea anatema”.
3.- El terreno: La semilla de la Palabra de Dios cae en diferentes terrenos y sólo en aquellos que son aptos dará fruto. La Palabra de Dios produce fruto en un reducido número de almas ya que no hay mucha tierra buena. Sólo queda un resto fiel; una pequeña parte que es la verdadera Iglesia. Un resto que permanecerá fiel hasta el final; pues esa es la promesa de Cristo. Estos son los cristianos valientes que luchan por ser fieles a la fe recibida y a Cristo.

Y recordemos siempre que, en medio de este mundo que nos rodea lleno de injusticia y falsedad, permanece el mundo de las bienaventuranzas. Así pues, no perdamos la esperanza. Cristo llega. A veces tendremos que esperar treinta y ocho años como el paralítico de la piscina, pero al final llega. Y como nos dice la Escritura: “levantad vuestro ánimo, porque cuando veáis que todo esto sucede, es porque se acerca vuestra liberación”.

No nos induzcas a la tentación

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Queridos hermanos, el pasado mes de diciembre de 2017 entró en vigor en Francia la nueva traducción de  la frase del Pater nosterEt ne nos inducas in tentanionem: Y no nos dejes caer en la tentación, la  misma traducción  que en español. La traducción literal es: No nos induzcas a la tentación. Se ha planteado la pregunta de si la traducción literal es correcta. ¿Podemos decir que Dios induce a la tentación? ¿No parece una ofensa tal petición? Intentaremos dar un sentido, que pueda satisfacer y hacer entendible, a la traducción literal. Sigo la Santa Biblia de Mons. Juan Straubinger, 3ª edición especial. 2016, Universidad Católica de La Plata,  y sus notas a pie de página.

Vayamos a Éxodo 2, 21: Y dijo el Señor a Moisés: Cuando vuelvas a Egipto, mira que hagas delante del Faraón todos los prodigios que he dado en tu mano. Yo, empero, endureceré su corazón, y no dejará ir al pueblo. Igual que Dios actuó con el Faraón de Egipto, leemos en la Carta a los Romanos (9, 18): Así que tiene misericordia de quien quiere, y a quien quiere le endurece.  Se puede concluir que Dios de quien quiere tiene misericordia, y a quien quiere lo endurece.

En más pasajes bíblicos el Señor endurece el corazón. El Señor endureció el corazón del Faraón, de modo que no les escuchó, según el Señor le había dicho a Moisés (Ex. 9, 12).  Por eso los entregué a la dureza de su corazón: a que anduvieran según sus apetitos (Sal. 80, 13). “¡No hay peor castigo que esa libertad que con tanto ahínco defendemos! (cf. Hech.14, 15). El Señor los dejaba entregarse  a sus vicios y concupiscencias como los paganos, cuyos “gimnasios” imitaron, de modo que cosecharon frutos muy amargos: Como no estimaron el conocimiento de Dios, los entregó Dios a una mente depravada para hacer lo indebido (Rom. 1, 28)”.

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Una entrevista al Profesor Peter Kwasniewski sobre el sentido de la Misa tradicional

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La página católica croata Bitno acaba de publicar una sustanciosa entrevista con nuestro colaborador, el Dr. Peter Kwasniewski, sobre el descubrimiento de la antigua Misa, los liturgistas progresistas, las objeciones más comunes, la postura ad orientem, la opcionitis, el arqueologismo y otros temas. La entrevista se grabó en Nursia (Umbria, Italia) en julio pasado, y fue luego transcrita y traducida al croata por el entrevistador (lo cual explica el tono coloquial que aparece a veces). Su historia es la de muchos de nosotros, porque muestra cómo el descubrimiento de la Misa tradicional nos cambió para siempre la vida y cómo se dieron posteriormente las cosas.

Se ha ofrecido a Rorate Coeli la traducción al inglés. Las fotos son las que aparecen en el sitio croata.

***

Entrevista al Prof. Peter Kwasniewski 

Antes de comenzar hoy las preguntas, Dr. Kwasniewski, diga por favor algo a los lectores sobre sí mismo. ¿Dónde hizo usted sus estudios y dónde enseña?

Nací en Chicago, Illinois, y crecí en Nueva Jersey, donde asistí a una escuela primaria católica, y luego a una escuela secundaria para niños dirigida por benedictinos. Durante este período canté en el coro de varias parroquias y escuelas, y comencé a estudiar música. Luego fui al Thomas Aquinas College, en California, para obtener el grado de licenciado (bachelor) en artes liberales, y posteriormente a la Catholic University of America para los grados de MA y PhD en filosofía, con especial énfasis en Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. El International Theological Institute de Gaming, en Austria, me contrató a continuación, en la época del cardenal Schönborn, y ahí enseñé filosofía y teología durante casi 8 años. Volví a los Estados Unidos a colaborar en el establecimiento de una nueva escuela de artes liberales inspirada en el movimiento de los “grandes libros” [Nota de la Redacción: véase aquí lo que hemos dicho sobre ese movimiento y su adopción por parte de John Senior], denominada Wyoming Catholic College. Durante la última década, he dado cursos de filosofía, teología, historia del arte y música. Para mí, la actividad más gratificante es dirigir el coro del college y las “scholas” en la liturgia.

¿Cómo conoció la Misa tradicional? ¿De dónde surgió su interés por ella?

Las cosas se dieron gradualmente, ya que yo no crecí con esa Misa. Nací en 1971, de modo que nunca asistí a ella. Ni siquiera sabía que existiera, como le ocurre a muchos de mi generación y a otros más jóvenes. Nosotros somos aquéllos a quienes se refería Benedicto XVI en su carta a los obispos de 7 de julio de 2007 cuando dice “que se pensaba, al comienzo, que los interesados en la antigua liturgia irían desapareciendo con las generaciones de más edad, en tanto que se ha demostrado ahora que los jóvenes han descubierto en esta forma un encuentro con el misterio de la Eucaristía que les resulta particularmente adecuado”. Esto es lo que me ocurrió a mí. Descubrí, al terminar la secundaria, cuando tenía entre 17 y 18 años, que existía algo llamado liturgia tradicional en latín. Como no la había en la región en que yo vivía, mi conocimiento de ella fue de tipo teórico. Hacia aquel tiempo, cada vez me interesaba más en la fe, y comencé a estudiarla detenidamente y a procurar vivirla más plenamente. Así, cuando se me dio la oportunidad en el college de comenzar a asistir periódicamente a la liturgia tradicional, ella empezó a hablarme en los hechos.

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LO QUE EL VATICANO II SE LLEVÓ… ¡Y LO QUE NOS TRAJO!

FRANCISCANAS DE OLDENBURG (INDIANA)

1960

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La dislocación de la función magisterial después del Vaticano II (Romano Amerio)

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Texto leído en el congreso teológico de sí sí no no en 1996

Ruunt soecula, stat veritas.

Immo, stante veritate, stat homo, stat mundus.

Circumversamur undique et deversamur, sed veritas

nos erigit.

Amice, siste fugam, pone te in centro, ubi nullus

motus, sed vita, immo vita vivificans.

Los siglos pasan, la verdad permanece

Mejor, la verdad permaneciendo así, permanecen el hombre y el mundo

Estamos rodeados por todas partes, y desviados pero

La verdad nos sostiene en pie.

Amigo, no sigas huyendo, colócate en el centro, allí donde no hay movimiento, sino sólo la vida, pero la vida vivificante.

 

1. Llamado a aportar una contribución en el Congreso teológico de Sí, Sí,No,No, desearía desarrollar este principio: la crisis de la Iglesia católica es una crisis debida a la dislocación de la autoridad magisterial que, de la autoridad del Magisterio universal ha sido transferida a la autoridad de los teólogos. Dislocación que fue rápidamente experimentada, pues los años inmediatos del post-concilio la reacción fue viva, y estos seis últimos lustros, la mayoría de los teólogos ha logrado alcanzar lo que reivindicaba y se proponía cumplir: es decir que los teólogos sean reconocidos por sí mismos como partícipes del oficio didáctico de la Iglesia. Tengo entre mis papeles muchos recortes de periódico y numerosas pruebas de que todo se presentía como un peligro. 

I En los orígenes de la crisis: el equívoco en los textos del Concilio. 

2. El Concilio- es necesario decirlo- se reafirmó en la doctrina perenne de la Iglesia. Pero el peligro se anunció inmediatamente después. En efecto, no se puede olvidar el gran principio metódico de los innovadores, obispos y expertos conciliares. Estos últimos introdujeron subrepticiamente expresiones ambiguas en los textos propuestos, que se reservaban, después de su publicación, para interpretarlos en un sentido innovador. He ahí la estrategia perpretada, y perpretada explícitamente por los modernistas. A este respecto existe una declaración muy importante-documentada también en Iota Unum[i] – del dominico holandés Edward Schillebeeckx, que lo dice de una forma explícita: “ Nosotros expresamos las ideas de nuestro corazón de una manera diplomática, pero después del Concilio obtendremos las conclusiones implícitas”. O sea, : utilizamos un lenguaje “doble”, en el que la letra está formada a la vista de la hermenéutica, aclarando o ensombreciendo las ideas que nos convienen o nos interesan.

3. Se formaban así los documentos conciliares que, suponiendo una hermenéutica laxista y débil, irían a a reforzar las sentencias innovadoras. Sin olvidar que el escándalo principal y radical, que se tiene que atribuir a Juan XXIII, proviene de que consintió que los observadores protestantes del Concilio no sólo asistieran a los trabajos de las Comisiones, sino que cooperasen, hasta tal punto que ciertos textos del Concilio no son sólo elaboraciones teológicas de los obispos sino de teólogos protestantes.

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LO QUE EL VATICANO II SE LLEVÓ… ¡Y LO QUE NOS TRAJO!

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Francisco: “La pena de muerte es contraria al Evangelio”

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Avvenire, 11 de octubre de 2017: El papa Francisco en el encuentro promovido por el Consejo para la Nueva Evangelización“La pena de muerte es contraria al Evangelio”. 

El discurso de Francisco

Interviniendo en el Aula nueva del Sínodo, en el Vaticano, en el encuentro promovido por el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización con ocasión del 25º aniversario de la firma de la constitución apostólica Fidei Depositum por parte de Juan Pablo II, texto que acompañaba a la aparición del Catecismo de la Iglesia Católica [CIC], el papa Bergoglio hizo referencia en su discurso “a un tema que debería encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica [CIC] un espacio más adecuado y coherente. Pienso, en efecto, en la pena de muerte”, dijo, una problemática que “no puede ser reducida a un mero recuerdo de enseñanza histórico sin hacer emerger no sólo el progreso en la doctrina actuado por los últimos Pontífices, sino también a la cambiada conciencia del pueblo cristiano, que rechaza una actitud consentida respecto a una pena que lesiona gravemente la dignidad humana. Se debe afirmar con fuerza que la condena a la pena de muerte es una medida inhumana que humilla, sea cual sea la manera en que sea aplicada, la dignidad personal – continuó –. Es en sí misma contraria al Evangelio porque se decide voluntariamente eliminar una vida humana, que es siempre sagrada a los ojos del Creador y de la cual Dios solo, en última instancia, es verdadero juez y garante”.

Según Francisco, “ningún hombre, ni siquiera el homicida, pierde jamás su dignidad personal”(Carta al Presidente de la Comisión Internacional contra la pena de muerte, 20 de marzo de 2015) […]. A nadie, por tanto, puede privársele no sólo de la vida, sino de la misma posibilidad de un rescate moral y existencial que redunde de nuevo en favor de la comunidad”. […]. Para el Papa, “no nos hallamos en presencia de ninguna contradicción con la enseñanza del pasado, porque la defensa de la dignidad de la vida humana desde el primer momento de la concepción hasta la muerte natural encontró siempre en la enseñanza de la Iglesia su voz coherente y autorizada”.

El desarrollo armónico de la doctrina, sin embargo, “exige abandonar tomas de postura en defensa de argumentos que aparecen ya decididamente contrarios a la nueva comprensión de la verdad cristiana. Es necesario reafirmar, por tanto, que, por muy grave que pueda ser el delito cometido, la pena de muerte es inadmisible porque atenta contra la inviolabilidad y dignidad de la persona […]”. Después, ha añadido para dejar la idea más clara que “la Tradición es una realidad viva” y que “sólo una visión parcial del depósito de la fe” la puede considerar como “algo estático”“¡La Palabra de Dios no puede conservarse en naftalina como si se tratase de una vieja manta que debe protegerse contra los parásitos!” [este último pasaje no ha sido ofrecido por Avvenire, sino sólo por Famiglia Cristiana, el 10 de octubre de 2017]. A la exclamación, el Papa ha hecho seguir un sonoro “¡No!”. En efecto, la “Palabra de Dios es una realidad dinámica, siempre viva, que progresa y crece porque tiende a un cumplimiento que los hombres no pueden detener”, concluyó.

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Adulterio

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Sus ojos están llenos de adulterio. 2 Pe. 2, 14.

El adulterio es un pecado de lujuria.

Queridos hermanos, Dios quiere nuestra santificación, y quiere que nos abstengamos de las inmundicias  de la carne, así lo dice San Pablo en la primera Carta a los de Tesalónica, capítulo cuarto. El vicio se ha generalizado, hasta el extremo de la consternación, a quien medite con gravedad y fe sus consecuencias. La voz del apóstol se ha silenciado, cuando debería resonar estruendosamente, primero en la propia Iglesia y de aquí en el mundo: Que cada uno sepa tener a su mujer en santidad y honor, no con afecto libidinoso, como los gentiles que no conocen a Dios; que nadie se atreva a ofender en esta materia a su hermano, porque vengador de todo esto es el Señor…; que no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad (2 Te. 4, 4-7).

El adulterio es un pecado mortal de lujuria, cometido entre dos personas casadas, pero pertenecientes a dos distintos matrimonios; o entre dos personas, una de las cuales está unida a otra por el sacramento del matrimonio. Este es de los  pecados más graves, en primer lugar, porque profana la santidad del sacramento; santidad que San Pablo llama grande en Cristo y en la Iglesia (Ef. 5, 32); es santo, porque por su virtud pueden los esposos conservarse puros al lado de la impureza; es santo, porque tiene en la Iglesia por objeto el dar santos o hijos de Dios; y es santo, por su significación, pues representa la inmaculada unión de Cristo y de su esposa la Iglesia.

Este sacramento tan santo lo profanan terriblemente los casados que comenten pecado de impureza con personas unidas en distinto matrimonio; lo profana terriblemente las personas casadas, que pecan con otras que no lo están; y lo profanan terriblemente, por último, las personas libres que pecan con otras, que ya están unidas en matrimonio.

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Mons. Schneider invita a los prelados de todo el mundo a firmar la Profesión de verdades inmutables

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ROMA, 30 de enero de 2018 (LifeSiteNews) – En una exclusiva entrevista concedida dos semanas después de una publicación de la Profesión de las verdades inmutables a respecto del matrimonio sacramental, monseñor Athanasius Schneider invita a sus hermanos obispos de los cinco continentes a participar con su firma para alzar una voz unánime en defensa de la santidad e indisolubilidad del matrimonio, en medio de una sociedad neopagana en la que el aborto se ha convertido en una plaga.

En una conversación sostenida con LifeSiteNews el pasado 15 de enero 2018, el obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán), declaró: «Dios decide cuándo es el momento, y llegará el momento en que el Papa y el episcopado vuelvan a proclamar, con toda claridad y esplendor y sin ambigüedades, la santidad del matrimonio, de la Familia y de la Eucaristía.»

Schneider ha hecho estos comentarios apenas dos semanas después de que junto con sus dos compañeros en el episcopado kazajo proclamara una Profesión de las verdades Inmutables a respecto del matrimonio sacramental. En dicho documento, los tres prelados profesan solemnemente las enseñanzas y la disciplina recibidas de la Iglesia y en relación con el matrimonio sacramental y las condiciones limitadas (ver Familiaris Consortio, nº 84) para que los católicos divorciados vueltos a casar puedan tener acceso a la absolución sacramental y la Sagrada Comunión.

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No cometerás actos impuros

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El Sexto Mandamiento de la Ley de Dios (Moral Católica 8)

Si el quinto mandamiento del Decálogo es expresión de la absoluta soberanía de Dios sobre cada individuo, el sexto -no adulterarás (Ex. 20:14)- manifiesta el dominio del Señor sobre la propagación y el desarrollo de la familia humana. Enseña la Escritura que Dios, después de crear a Adán, le dio por compañera a Eva, estableciendo así la institución matrimonial, principio y fundamento de la familia y de la sociedad, llamándoles, por la distinción de sexos, a participar de su poder creador.

El sexto precepto del Decálogo protege el amor humano y señala el camino recto para que el individuo coopere libremente en el plan de la creación, usando de la facultad de engendrar, que ha recibido de Dios. Al mismo tiempo, traza un cauce al instinto, de modo que la generación no sea fruto de una fuerza irracional -como en los animales-, sino una donación libre y responsable, concorde al decoro y santidad de los hijos de Dios.

Expresado en forma negativa, señala los límites dentro de los cuales el uso de la facultad sexual respeta el orden establecido por Dios, convirtiéndose en medio de santificación.

La virtud de la castidad consiste esencialmente en la ordenación del instinto sexual al fin que Dios le ha señalado. Se trata de una exigencia de la misma naturaleza humana, que pide que lo corporal permanezca subordinado y sujeto a lo espiritual.

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Los enemigos de Dios y España y su odio a la cruz de Callosa de Segura

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Los enemigos de Dios y de España retiraron recientemente la ya famosa cruz de Callosa de Segura, Alicante, (España) con premeditación, nocturnidad y alevosía, aunque afortunadamente la Sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) paralizó la retirada de la cruz en honor a los caídos por la Fe y deberá ser devuelta a su lugar por mucho que les pese. Esperemos que así sea y la cruz de Cristo, recuerdo de la gloriosa Cruzada del 36, sea un símbolo de resistencia a la ideología dominante.

Son tiempos recios y es hora de jugársela en defensa de nuestros símbolos más queridos. No podemos dejar que nos avasallen ultrajando impunemente los más grandes ideales en los que creemos. Hay que rezar mucho, formarse y pasar a la acción. Defendamos los derechos de Dios y de España hasta dar la vida si es necesario. Morir o vencer.

Javier García Isac, director de Radio Ya y con una dilatada trayectoria en los medios de comunicación analiza los hechos y reflexiona en torno a la sectaria ley de memoria histórica, que se volverá todavía más feroz contra los símbolos patrióticos y religiosos.

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LO QUE EL VATICANO II SE LLEVÓ… ¡Y LO QUE NOS TRAJO!

DOMINICAS DE ADRIAN (MICHIGAN)

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Franciscanos de la Inmaculada: se alza una voz valerosa

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Padre Paolo M. Siano
Corrispondenza Romana
24 de enero de 2018

Hace pocos días, el pasado 21 de enero, se cumplió un aniversario importante, no sólo en la historia de nosotros los Franciscanos de la Inmaculada. Aquel día de hace 6 años (2012) tuvo lugar en nuestro convento romano de la Vía Boccea el encuentro entre el entonces Consejo General de los Franciscanos de la Inmaculada y cinco frailes (dos estadounidenses y tres italianos) que se oponían a la persona y el gobierno del padre Stefano Manelli, fundador y ministro general.

Junto con otros docentes y encargados de formación del entonces Seminario de los Franciscanos de la Inmaculada, fui invitado por el P. Manelli a participar del encuentro. Éste duró toda una jornada, dividida en dos sesiones, y fue devastador por la cantidad y la vehemencia de las ponzoñosas acusaciones vertidas contra él.

En retrospectiva, nos damos cuenta de que esas acusaciones se iban desarrollando en la campaña de desprestigio y la guerra eclesiástica, mediática y judicial contra el padre Manelli, guerra promovida o avalada por algunos eclesiásticos (incluso vaticanos), hermanos, seglares y un sacerdote diocesano un poco «tridentino». En estos seis años he asistido a la objetiva devastación de mi familia religiosa (frailes, hermanas y laicos), a la persecución (todavía en curso) del padre fundador y del auténtico carisma de nuestra orden aprobado por el papa san Juan Pablo II.

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