Motivos para recibir la Comunión en la lengua y de rodillas

(Mons. Schneider)

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Conferencia de Mons. Athanasius Schneider, Obispo auxiliar de Astana, Kazajistán, y Obispo titular de Celerina

La auténtica renovación y reforma de la vida de la Iglesia tiene que empezar por la renovación de la liturgia, es decir mediante la profundización de la devoción y el temor de Dios en los ritos litúrgicos. Tal renovación de la sagrada liturgia es la expresión más importante del “aggiornamento“, que el Beato Papa Juan XXIII tanto deseaba. San Josemaría Escrivá explicó la palabra “Aggiornamento” muy correctamente de esta manera: “[A]ggiornamento significa sobre todo la fidelidad. . . . la fidelidad delicada, operativa y constante [ … ] es la mejor defensa contra la vejez del espíritu, la aridez del corazón y la inflexibilidad mental. . . . Sería por lo menos superficial pensar que el aggiornamento consiste principalmente en el cambio” (Conversaciones con Mons.Escrivá de Balaguer, ed. José Luis Illanes, Madrid 2012, pp 152-153). Por tanto, el Concilio Vaticano II dedicó su primer documento a la sagrada liturgia. Entre los principios de la reforma de la liturgia se pueden señalar los tres siguientes:

  1. Que los ritos puedan expresar más claramente su orientación a Dios, al Cielo y a la contemplación (Sacrosanctum Concilium, 2 y 8).

  1. Que la santidad de los textos y los ritos pueda expresarse con mayor claridad (Sacrosanctum Concilium, 21).

  1. Que no debería haber innovaciones, a menos que se conecten orgánicamente con la formas existentes y a menos que traigan auténtica utilidad espiritual (Sacrosanctum Concilium, 23).

La manera en que los fieles reciban la Sagrada Comunión muestra si la Sagrada Comunión es para ellos no sólo la realidad más sagrada, sino la más amada y ven en ella a la Persona más sagrada. La recepción del Cuerpo de Cristo exige, por tanto, fe profunda y pureza de corazón, y al mismo tiempo gestos inequívocos de adoración. Esta fue la característica constante de los Católicos de todas las edades, comenzando por los primeros Cristianos, desde los Cristianos en la época de la Padres de la Iglesia hasta los tiempos de nuestros abuelos y padres. Incluso en los primeros siglos, cuando en algunos lugares la Sagrada Hostia era depositada por el sacerdote en la palma de la mano derecha, o en un tela blanca que cubría la mano derecha de las mujeres, no se permitía a los fieles durante la Santa Misa tocar el pan consagrado con sus dedos. El Espíritu Santo guió a la Iglesia instruyéndola más profundamente sobre la manera de tratar la santa humanidad de Cristo en la Santa Comunión. La Iglesia Romana en el siglo 6 º distribuye la sagrada Hostia directamente en la boca, tal como se testifica en una obra del Papa Gregorio Magno (cf. Dial., 3). En la Edad Media los fieles comenzaron a recibir el Cuerpo de Cristo de rodillas, en una expresión más clara exteriormente de adoración (cf. San Columbano, Regula coenobialis, 9).

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Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Francisco y la Modernidad

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Juan XXIII

1º) Juan XXIII, en el Discurso de apertura del Concilio (11 de octubre de 1962), dijo: “hieren a veces el oído sugerencias de personas […] que en los tiempos modernos no ven sino prevaricación y ruina, van diciendo que nuestra edad, comparada con las pasadas, ha ido empeorando. […]. A Nos parece deber disentir de estos profetas de desventura [1], que anuncian siempre eventos infaustos […]. Siempre la Iglesia se ha opuesto a los errores, a menudo los ha condenado con la máxima severidad. Ahora, sin embargo, la esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la severidad. […]. No ya que falten doctrinas falaces […], sino que ahora parece que los hombres de hoy son propensos a condenarlas por sí mismos” (Enchiridion Vaticanum, Documenti. El Concilio Vaticano II, EDB, Bolonia, IX ed., 1971, p [39] y p. [47]).

Respondemos:

a) “Los tiempos modernos” comienzan con Descartes para la filosofía, Lutero para la religión y Rousseau para la política y sus sistemas están en ruptura con la Tradición apostólica, la patrística, la escolástica y el dogma católico. En efecto, la modernidad está caracterizada por el subjetivismo sea en filosofía: “Pienso luego existo” es la vía abierta por Descartes al idealismo, para el cual es el sujeto el que crea la realidad; sea en la religión: libre examen de la Escritura sin la interpretación de los Padres y del Magisterio y relación directa del hombre con Dios sin mediadores (Lutero: “sola Scriptura”, “solus Christus”); sea en política: el hombre no es un animal social por naturaleza, antes bien camina solo, y por tanto es el hombre el que crea la sociedad civil y temporal mediante el “pacto social”.

El subjetivismo de la modernidad, uniéndose a la doctrina cristiana, la transforma, la vacía desde dentro, la convierte en un producto del intelecto humano o del subconsciente y no ya una Revelación divina real y objetiva a la cual se tiene el deber de asentir. Sigue leyendo

“El papado de Pablo VI”. Devastador extracto del nuevo libro sobre un pontificado desastroso

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22 octubre, 2015

En el primer aniversario de la beatificación del Pablo VI, aquel papa que presidió la autodemolición de la Iglesia y su antiquísima liturgia, traemos para los lectores de Rorate un excelente extracto del nuevo libro de H. J. A. Sire, titulado De las cenizas resurge el Fénix: La elaboración, la destrucción y la restauración de la Tradición católica. Si usted no tiene este libro, hágase un favor: cómprelo y léaselo de cabo a rabo. No hay nada que describa mejor la desviación conciliar, la crisis postconciliar y sus raíces históricas que este libro. Y mientras tanto, aquí tienen este extracto sobre Pablo VI (pp. 363-373) que es brillante, completamente veraz y absolutamente devastador. Su beatificación será eventualmente reconocida como la maniobra política que fue: una parte crucial en la progresiva “canonización de Vaticano II.”

El papado de Pablo VI

Por H. J. A. Sire

Esta escena de devastación será presidida por la distante figura del papa Pablo VI. La evaluación sobre el carácter de este papa ha sido maquillada por ciertas actitudes, encaminadas hacia la revolución en la Iglesia que todavía vivimos. Y lo será de dos maneras distintas: en primer lugar, los admiradores de este cambio estarán excluidos de las críticas a las que un gobernante los haría incurrir de forma natural en tales circunstancias; y en segundo lugar, la suposición de que tales cambios fueron correctos e inevitables, ha oscurecido la medida que muestra a Pablo VI como personalmente responsable de los mismos. Tales puntos de vista han prevenido una evaluación realística que, ante cualquier análisis medianamente objetivo, lo hubiese juzgado como el pontificado más desastroso de la historia. Para corroborar esta estimación, deberemos examinar primero la personalidad de Pablo VI.

Hijo de una familia de profesionales en el norte de Italia, Giovanni Battista Montini escogió la carrera eclesiástica ya en su niñez. A la edad de veinticinco años, poco después de su ordenación, llegará a alcanzar el puesto de oficial en la Secretaría de Estado y seguirá en ella hasta su nombramiento como Arzobispo de Milán, treinta y dos años más tarde. Una formación tan distintivamente curial no ha sido algo excepcional en un papa; sin embargo, los dos nombramientos simultáneos de Montini, tanto como capellán de la Unión Italiana de estudiantes universitarios y como profesor de diplomáticos papales, confirmará  su vinculación con los intelectuales, en vez de con los círculos pastorales. En el plano filosófico, la mente de Montini se distinguió por su gusto por la cultura francesa, típica de los círculos liberales italianos; él era un admirador de Maritain; ahora bien, como papa, llevará a la Iglesia hacia una dirección que el propio Maritain hubiese repudiado con fuerza. En 1.950 conocerá al filósofo francés Jean Guitton, que se convertirá en su amigo laico más cercano y el cual dejará un íntimo retrato de él en su libro Pablo VI, secreto. No obstante, la amistad más decisiva de Mons. Montini, dentro de los círculos eclesiales, será con el Cardenal Roncalli quién, a su elección como papa, lo confirmará como su confidente más cercano. Como hemos visto, Montini había sido nombrado Arzobispo de Milán por Pío XII. Su gestión en el cargo (de 1.954 hasta 1.963) quedó marcada, entre otras cosas, por una valiente determinación para llevar a la Iglesia a la clase obrera urbana.

Tal vez lo más característico, serían los vínculos del arzobispo con el mundo burgués progresista con el que se sentía más a gusto. Esa influencia se verá más tarde en el personal que se llevó con él a Roma y que será reflejado en su estilo cultural. En su pastoral de Cuaresma de 1.962, el Cardenal Montini expuso a los fieles milaneses lo que él veía como la nueva dirección del catolicismo y que su amigo Juan xxiii señaló: “La Iglesia va a desprenderse, si es necesario, de todo vestigio de manto real que ha quedado sobre sus soberanos hombros, para que pueda vestirse con paños más sencillos en consonancia con la demanda del gusto moderno”. El papa Pablo, cuando entró en el Vaticano,- y en sintonía con este punto de vista-, comenzó a reformar los esplendores barrocos que habían satisfecho tanto a príncipes como a plebeyos, redecorando el palacio de colores grises y rosas,  siguiendo el  gusto favorecido por la clase media de Milán de aquellos años. Este cambio podría simbolizar el tono de su pontificado: ” ¡Habéis vencido, milaneses; la Iglesia ha madurado con vuestro gusto!”

A nivel de personal, el papa Pablo trajo con él a un grupo  de colaboradores más cercanos, de los cuales era líder Don Pasquale Macchi, y que fue su secretario privado desde 1.954. Macchi fue la figura principal en lo que vino a denominarse como la “mafia de Milán”, una frase que resultó ser más apropiada de lo que lo sus inventores se dieron cuenta en ese momento. Con Pablo VI, el secretario conservará una influencia mucho más allá de su posición oficial [1]; a mediados de los años setenta, y siendo ya Monseñor Macchi, será nombrado miembro de la “Gran Logia del Vaticano” asociada con los masones, siendo su iniciación masónica en 1.958, cuando era secretario de monseñor Montini.

Más allá de este círculo personal, el papa Pablo se distinguió por sus favores al círculo de cardenales liberales, especialmente  los cardenales Lercaro, Suenens y Döpfner, que habían conspirado ilegalmente antes del cónclave para lograr su elección. Estos, que deberían haber sido privados de su cardenalato justamente, fueron en cambio promovidos a las posiciones más influyentes en la Iglesia. Vimos también cómo a estos tres cardenales mencionados se les entregó una supervisión del Concilio que fue, precisamente, utilizada para promover el programa radical; y también hemos visto cómo la reforma de la liturgia se le asignó al Cardenal Lercaro y a Mons. Bugnini para poder crear un equipo de su propia elección. Éste último proporcionará un modelo de expansión en los círculos menores a los que, gracias a los métodos de gobierno del papa Pablo, les fue entregado el control; lo que ocasionará que en el campo financiero de la Iglesia se provocase el mayor escándalo del Vaticano en aquella época.

La propia visión del papa Pablo en relación al estado de la Iglesia fue lo que determinó su estilo de gobierno. Con liberal confianza, compartió la idea de que la Edad Moderna era la edad de la iluminación y de la razón, habiendo sido superadas las crudas pasiones del pasado. En su pastoral de Cuaresma de 1.962, el Cardenal Montini había dicho a los milaneses: “Hoy ya no hay errores en la Iglesia; o escándalos o desviaciones o abusos que corregir.” Esta declaración, que será punto de referencia para la totalidad de su papado, nos da una muestra del grado de perspicacia, con la que juzgó la escena contemporánea. Aunque Pablo VI no se hubiese dado cuenta por sí mismo de los peligros latentes en las nuevas tendencias teológicas, se podría haber percatado por los signos de la década anterior; como cuando el papa Pío xii, en su acción contra el marxismo incipiente del movimiento obrero-sacerdotal, cerró el seminario de la Misión de Francia y depuso a tres provinciales dominicos en Francia. Se podría vincular la despreocupación del papa Pablo con una impresión que quedó registrada con el profesor Guitton: “Con él no se estaba en la presencia de un clérigo, sino en la de un laico que parecía haber sido elevado, de repente, al papado”. Dejando de lado al optimismo que era dictado por su liberal punto de vista, podríamos llegar a sugerir del papa Pablo que, simplemente, no sabía lo suficiente sobre su propio trabajo como sacerdote católico para llegar a evaluar a una Iglesia a la que estaba llamado a gobernar.

El examen del carácter de Pablo no era fácil, incluso para sí mismo. “¿Soy Hamlet o Don Quijote?”, preguntó en una ocasión. Una duda entre la indecisión y la irrealidad podrían haber sido creativos en un pensador privado, pero no era lo más idóneo en un papa. Su estilo tentativo fue otro de los rasgos que Jean Guitton hizo notar: “Cuando él había tomado una decisión, era absolutamente imposible de conseguir que la modificase en modo alguno”; esta firmeza de l’escalier, revelan un hombre que no puede soportar que su criterio sea cuestionado una vez que ha alcanzado la etapa de escrutinio público. Estos datos sobre su carácter explican el por qué Giovanni Battista Montini, siendo un ejemplo de subordinado perfecto, una vez elevado al papado se convierte en fracaso, a tanto y en cuanto  se le asigne la autoridad suprema.

La debilidad más significativa del papa Pablo recae en el juicio que hacía de sus subordinados, que fue plasmado desastrosamente en el asunto de las finanzas vaticanas. Muestra de esto fue el nombramiento que hizo del Cardenal Jean Villot como secretario de Estado. La conexión entre los dos se remonta a la época en que Villot, siendo secretario del episcopado francés, coincidió en Roma con Mons. Montini, en tiempos de Pío xii. Villot fue una figura distante y reservada, el enarca típico, que promovía la misión de una élite ilustrada para que pudiesen dispensar el progreso a la multitud. Cuando el Cardenal Roncalli fue elegido papa, no pensaba que este alegre paisano era el hombre adecuado para dirigir la Iglesia por caminos liberales; si el Papa hubiese vivido un año o dos más, habría podido verificar estos temores. El papel de Villot en el Concilio Vaticano ii, cuando era arzobispo coadjutor de Lyon, ya se había hecho notar. Pablo VI lo elevó al cardenalato en 1.965; dos años más tarde lo llevó a la Curia, y en mayo de 1.969 lo nombró secretario de Estado, en sustitución del Cardenal Cicognani; Villot permanecerá en este cargo hasta su muerte en 1.979. Salió beneficiado por una medida adoptada por Pablo VI, en contraste directo con el objetivo declarado por descentralizar la Iglesia, por la cual se le dio al secretario de Estado la autoridad general sobre todos los departamentos de la Curia, introduciéndose de este modo la secularización del gobierno de la Iglesia en la que trabajaría desde entonces. Villot se convirtió en la fuerza motriz de la campaña para acabar con el catolicismo tradicional; campaña que, si el propio papa Pablo hubiese ejercido, bien podría haberle hecho dudar de continuar con la misma. En cambio, los esfuerzos [de Villot] por persuadir al papa para excomulgar al Arzobispo Lefebvre, no tuvieron éxito. El Cardenal Villot fue nombrado como uno de los masones más prominentes del Vaticano en las listas que comenzaron a aparecer hacia el final del reinado de Pablo VI; su fecha de ingreso se da como 1.966.

Villot, como jefe de la Administración del Patrimonio de la Santa Sede, fue responsable formal de este departamento que, durante el papado de Pablo VI, terminará convertido  en una cueva ladrones. La iniciativa no pertenece, sin embargo, a Mons. Macchi. Desde la década de 1.950 había tenido conexiones con figuras destacadas en el mundo financiero de Milán, entre ellos Roberto Calvi y Michele Sindona. Este último fue el más criminal del grupo: era un siciliano que se mudó a Milán después de la guerra e hizo su fortuna como agente de la mafia: primero, para gestionar la evasión fiscal de ésta y, a partir de finales de los cincuenta para adquirir una serie de bancos. Al mismo tiempo, se ganó la amistad del arzobispo de la ciudad, el Cardenal Montini. En los años sesenta, Mons. Macchi llevó a Sindona y a Calvi al mundo de las finanzas del Vaticano. Otra figura asociada fue la de Umberto Ortolani que, al igual que los dos últimos, fue miembro de la logia masónica P2. Su condición de ser la mano derecha del Cardenal Lercaro hizo que recayese en el círculo de atención de Pablo VI.

Por el lado eclesiástico, el círculo se completó con el Arzobispo Paul Marcinkus, un clérigo de rudos modales de Chicago y que disfrutó de los altos favores de Pablo VI desde el inicio de su pontificado. Marcinkus será también compinche de Mons. Macchi, y en 1.971 será nombrado presidente del Instituto para las Obras de Religión, conocido popularmente como el Banco Vaticano. Este medio ya estaba siendo utilizado por Sindona, para transferir grandes sumas de dinero de sus bancos italianos a Suiza, una actividad que va acompañada de especulación monetaria. En 1.974, sin embargo, un banco norteamericano que poseía se derrumbó, en lo que se le conoció como el Crack il Sindona, y donde la Santa Sede perdió una cantidad estimada en treinta millones de dólares. El desenlace de este asunto sólo se produjo después de la muerte de Pablo VI, cuando Sindona fue condenado a cadena perpetua por el asesinato de la abogada que estaba liquidando sus bancos; y él mismo fue asesinado en la cárcel por sus acreedores de la mafia. Mientras tanto, el Arzobispo Marcinkus, alrededor de 1.972  había sido objeto de una investigación por parte del FBI en relación con el fraude de bonos falsificados, pero no se estimó la causa. Al igual que con las fechorías de Sindona, las revelaciones se produjeron después de la muerte de Pablo VI. En 1.981 Roberto Calvi fue condenado por delitos de divisas, pero el Arzobispo Marcinkus continuó haciendo negocios con él, citando el comentario que había escuchado de alguien: “Si usted no está pillado, no vale nada.”  Su némesis llegará al año siguiente cuando el Banco Ambrosiano, que era de Calvi, se derrumbe con deudas gigantescas. El IOR había sido su principal accionista, con el Arzobispo Marcinkus como director, y había sido utilizado como canal para mover fondos del Ambrosiano al extranjero. El drama se fue incrementado aún más por el asesinato de Roberto Calvi por parte de la mafia, quién fue encontrado ahorcado bajo el puente de Blackfriars en Londres. En 1.984 el Vaticano acordó pagar 224 millones de dólares a los acreedores del Ambrosiano, en reconocimiento de su responsabilidad en el colapso. El Arzobispo Marcinkus, sin embargo, no renunciará como presidente del IOR y aún se negará a hacerlo, estando protegido por la soberanía del Vaticano, debido a que se emitió una orden de arresto contra él en 1.987. No fue sino hasta 1.989 cuando el papa Juan Pablo II se inspiró para destituirlo de su cargo. La conclusión de esta historia se produjo en 1.992, cuando Licio Gelli, jefe del P2 y Umberto Ortolani, su lugarteniente en la logia, fueron condenados a largas penas de prisión por fraude en relación con la quiebra del Banco Ambrosiano.

Estos eventos comprometieron la estima que se tenía de papa Pablo VI como administrador de la Iglesia. Los que lo encuentren inocente de la pérdida de muchos millones de fieles podrán encontrar la pérdida, menos loable, de muchos millones de dólares como una señal de sabiduría. La implicación criminal iniciada en su tiempo. No fue culpa de una Curia fuera de control; fue el trabajo de unos hombres que el mismo papa Pablo había puesto en el Vaticano,-Villot, Macchi y Marcinkus-,  y en los cuales depositaba su especial confianza. Por otro lado, el caso arrojará luz sobre las pretensiones de la reforma conciliar por recuperar un cristianismo más fresco y no contaminado. Los escándalos en los que participó esta particular Iglesia, eclipsarán las denuncias que se hicieron durante el pontificado de Pío xii sobre el excesivo interés por lo material. Un gerente financiero de la Iglesia de esta época, el Cardenal Canali, había sido acusado de tener relaciones con el banquero papal, el conde Enrico Galeazzi, las cuales eran de todo menos espirituales. Sin embargo, en ese período, el Vaticano no había llevado a cabo todavía la elección de unos asesores criminales de las periferias de Milán y de Sicilia; y uno, a duras penas, se puede imaginar al Cardenal Canali asociándose con tales personajes: él lo habría juzgado por debajo de su dignidad eclesiástica. No obstante, en la década de 1.960, la voz de la nueva democracia instigará a los pastores de la Iglesia a ensuciarse las manos y estos, ciertamente, lo harán.

Este círculo hermético en las finanzas del Vaticano se fue elaborado en su totalidad mediante vínculos masónicos de muchos de sus miembros, propagándose esta red por todas las partes de la Curia durante el papado de Pablo VI, particularmente, en los departamentos de finanzas de las Secretarías de Estado y de la Liturgia. Las revelaciones públicas de más de un centenar de nombres de clérigos que eran masones, comenzarán en 1.976 después de la muerte de Pablo VI. Éstas fueron confirmadas a Juan Pablo I por el periodista Mino Pecorelli, siendo él mismo un miembro descontento de la logia P2. Pecorelli era un experto reconocido en las ramificaciones secretas de la sociedad italiana y tuvo que ser asesinado unos meses más tarde por aquellos a quienes sus revelaciones amenazaban. Dio a conocer a Juan Pablo i la existencia de una “Gran Logia Vaticana”, cuyos miembros él conocía personalmente y que incluían algunos de los nombres más influyentes de la Curia [2].  Las cifras de las listas masónicas incluyeron al Cardenal Villot, secretario de Estado 1969-1979; a Monseñor Casaroli, segundo hombre en la secretaría de Estado de 1967 y sucesor de Villot en el cargo; a Mons. Macchi; al Arzobispo Marcinkus; al Cardenal Suenens de Mechlin, quién fue la fuerza impulsora de gran parte de la campaña modernista a lo largo del reinado del Papa Pablo; al Arzobispo Bugnini, arquitecto de la revolución litúrgica; al Cardenal Poletti, presidente de la Academia de Liturgia y miembro de la Congregación para la Culto Divino y, por último, al Cardenal Baggio quién, como presidente de la Congregación de los Obispos iniciará el procedimiento para suspender a divinis al Arzobispo Lefebvre en 1.976.

Cuando estos y otros muchos nombres se hicieron públicos, la respuesta de algunos fue llamar a esta lista un invento lefebvrista. Esa explicación se puede descartar. Además, había muy poca correlación entre la lista y los enemigos del tradicionalismo con las personas mencionadas [3]. Por otra parte, la información dada,- que consistía, simplemente, en una lista de nombres, nombres en clave y las fechas de admisión -, no surtió efecto para promover entre los lefebvristas la creencia de una infiltración de agentes masónicos en el clero, que habrían sido entrenados para subir hasta la cima para así subvertir a la Iglesia. Todas las fechas de iniciación que figuran en las listas eran de los veinte años anteriores, más o menos, cuando los clérigos en cuestión ya estaban bien establecidos en la Iglesia; y era de suponer que la mayoría se habrían unido a la sociedad por motivos de auto-promoción [4]. De hecho, las revelaciones parecen representar la fuga de una lista de miembros confidencial que las sociedades secretas estaban obligadas a depositar en el Gobierno, en virtud de la ley italiana. Lo más probable es que la mayoría de los eclesiásticos mencionados no tendrían intención de convertirse en masones por razones ideológicas, y mucho menos para formar parte de una conspiración. Sin embargo, la membresía de estos demuestra un desprecio por la ley de la Iglesia, que por aquel tiempo tenía decretado la excomunión ipso facto por adhesión a la masonería; y en otros casos, como el del Cardenal Villot, refleja un apego a la ética masónica del humanismo liberal, propiciada por un privilegiado círculo de directores políticos al pueblo llano.

Se dice que una de las intenciones que el papa Juan Pablo I  no pudo realizar en los treinta y tres días de su pontificado (de agosto a septiembre de 1.978) fue la de echar afuera de la Curia a todos, o a la mayoría, de los hombres señalados como masones. Al igual que con la mayoría de detalles en todo este asunto, sólo se podrá verificar cuando la Iglesia se decida, algún día, a revelar los hechos internos de su vasta subversión bajo el reinado de Pablo VI. Sin embargo, se sabe que los cambios propuestos por Juan Pablo, dejaron consternado al Cardenal Villot, quien los describió como “Una traición a la voluntad de Pablo, un triunfo para la restauración” [5]. Esa restauración nunca tuvo lugar, pues Juan Pablo II optará por ignorar toda esta información y por mantener a los mismos hombres que fueron puestos por el papa Pablo VI en el gobierno de la Iglesia.

Contra este abandonamiento del pontificado de Pablo VI podemos establecer ciertas estimaciones convencionales a partir de sus biografías o por otras obras. Las premisas de éstas consistirán en hacer caso omiso a hechos evidentes durante su pontificado,- la secesión de decenas de miles de sacerdotes de su ministerio (facilitado por la política de Pablo VI de conceder laicización automáticamente a todos aquellos que lo pidieran), la pérdida de incontables vocaciones religiosas, la deserción en masa por parte de los laicos de una Misa reinventada para su propio beneficio, el colapso de la autoridad del papado –, y a presentar esta época como un catálogo de reformas. A un tal Eamon Duffy, en su obra Santos y Pecadores le resultará posible describir el pontificado de Pablo VI como el más grande del siglo xx. Sentencias de este tipo nos hacen recordar las alabanzas por la habilidad política del mariscal Pétain durante el apogeo del régimen nazi; es un género literario en el que el reconocimiento de la realidad es sustituida por la deferencia hacia una ideología dominante.

Pablo VI fue sin duda responsable, por falta de acción, de la revolución que vio la Iglesia en sus quince años; pero gran parte de esta revolución tuvo lugar sin iniciativa alguna suya y en contra de su voluntad. Si nos fijamos en su gobierno, encontraremos a dos políticas que son sin duda alguna, debidas a él. La primera de ellas consistió en entregar al Concilio para que estuviese bajo el control del ala modernista; decisión que influirá en toda la corriente de su pontificado. Sin embargo, incluso en este caso, la influencia del papa Pablo sólo fue relativa al procedimiento: no la tuvo en un sentido doctrinal,- como la gran enseñanza que como Papa podría haber dado-, y ni siquiera la tuvo en el seguimiento del plan estructurado para el Concilio, que Montini había esbozado en 1.962. La segunda política fue la de la revolución litúrgica , que Pablo VI impulsó personalmente de principio a fin; y he aquí de nuevo que su papel consistiría, simplemente, en poner al Consilium litúrgico bajo el cardenal Lercaro y Mons. Bugnini y dejarlos hacer lo que quisieran. El papa Pablo VI no tenía competencia en la liturgia; en octubre de 1.965, como hemos visto, no tenía ni idea de que la reforma estaba dirigida a la composición de una nueva liturgia; y la única contribución personal suya con la que nos encontramos en este proceso fue la de extirpar algunos de los detalles más radicales del Novus Ordo.

Aparte de eso, podemos atribuir sin duda a Pablo VI, el que la Curia se transformase, de una especie de sindicato italiano que había sido, en un órgano internacional, elegido por toda la Iglesia. En otras circunstancias habría sido encomiable mas, en la práctica, era de uso limitado para reformar el gobierno al tiempo que socava sus poderes efectivos. El mantenimiento del Cardenal Ottaviani como secretario del Santo Oficio (rebautizado en 1.965 como la Congregación para la Doctrina de la Fe) refleja la convicción del Papa Pablo de que este dicasterio y su cabeza eran reliquias obsoletas. No entró en el pensamiento de Pablo una política encaminada a colocar un teólogo bien informado a la cabeza de esta congregación, para poder dar a la Santa Sede un brazo efectivo en el pulso de la teología moderna. El cese de este departamento fue un ejemplo de la impotencia curial introducida por su gobierno, mientras que durante su reinado aumentó el número de funcionarios en el Vaticano, pasando de 1.322 a 3.150 recordándonos el conocido análisis, de cómo una institución en decadencia viene marcada por un incremento de su burocracia.

Por otro lado, un logro del papa Pablo fue cuando empezó el programa de viajes papales a nivel mundial con el que estamos familiarizados hoy en día; una misión de la que Pío xii se había creído excluido y para la que Juan xxiii era demasiado viejo. Sin ese contacto personal del papa con el mundo, la campaña de recuperación de popularidad, que Juan Pablo II llevó a cabo en su pontificado, difícilmente hubiese sido posible.

Otro cambio que, sin duda, expresa la voluntad de Pablo VI, fue la creación de los órganos destinados a promover el gobierno colegiado de la Iglesia. El más importante de ellos fue el Sínodo de los Obispos, que comenzó a reunirse en Roma, desde 1.967 hacia adelante. Ahora bien, hay que decir que el carácter de ese órgano, como órgano de control episcopal, es uno de los mitos de la reforma conciliar. Esto quedó reflejado, especialmente, en la primera reunión del sínodo, cuando la oposición a la nueva Misa de Bugnini, fue descaradamente anulada; la nueva liturgia se impuso sin cambios substanciales en la forma que, previamente, el sínodo había rechazado y en los procedimientos que se usaron para introducirla, se tomó buen cuidado para evitar otra consulta con los obispos.

Nadie puede ver a Pablo VI como el inspirador, para bien o para mal, de los movimientos doctrinales que marcaron su reinado. Las características principales de estos, tales como el modelo revolucionado del sacerdocio o la aceptación de la crítica bíblica protestante-liberal, no le debían nada a cualquier enseñanza de Pablo VI; aunque tampoco él tomó ninguna medida para prevenirlos o regularlos. Después de la publicación de la Humanae Vitae en 1.968, el papa Pablo se sentirá tan nervioso por la pésima aceptación de ésta, que no se atreverá a publicar otra encíclica durante el resto de su reinado. Incluso, la declaración de la doctrina social de la Iglesia, que era publicada tradicionalmente en cada décimo aniversario de la Rerum Novarum, tomó la forma en 1.971, no de una encíclica, sino de una carta pública al Cardenal Roy. La parálisis del magisterio pontificio durante el reinado de Pablo VI se convertirá en expresión constitucional.

Podemos evaluar las implicaciones de estos hechos resaltando que, si la visión modernista de la Iglesia fuese cierta, entonces sería posible que un cambio radical hubiera sido alcanzado mediante un papa poderoso y reformador (alguien tipo Franklin Roosevelt o un Gladstone eclesiástico). Esta no es la figura que encontraremos en Pablo VI. Lo que vemos en su reinado no es la dirección iluminada, sino la anarquía extendida bajo la presión de líderes modernistas y de una supuesta opinión “pública” (más que nada, opinión periodística), y aceptada por el papa Pablo con toda la pinta de vacilación y reticencia. Sus sentimientos fueron expresados en pronunciamientos bien conocidos como, por ejemplo, cuando en diciembre de 1.968,  se lamenta de la “autodestrucción” de la Iglesia, o en junio de 1.972, cuando habló en un sermón de: “Un poder adverso, el diablo, aquél a quien el Evangelio llama el misterioso enemigo del hombre, algo preternatural que entró para sofocar los frutos del Concilio Vaticano II. ” [6]. Esta pobre valoración sobre los acontecimientos de su época sugiere que no era consciente de su propia habilidad para guiarlos. Y, de hecho, si preguntásemos: ¿por qué Pablo VI es aprobado por aquellos que creen en la revolución conciliar?…  Principalmente porque no hizo nada para comprobarlo. Uno no puede dejar de ver lo impopular de un papa Pablo de haber sido este conservador, o de haber gobernado su Iglesia de manera convencional. Su ineficacia, su lejanía del sentimiento popular y su falta de conocimiento doctrinal serían fácilmente reconocidos como defectos fundamentales. Pero fue sólo en virtud a un Papa con ese carácter lo que propició el pase de la revolución; y lo que se nos enseña, es que los ideales más altos de un Papa a disposición de los liberales, son los de aquel que no puede gobernar la Iglesia.

Dejando a un lado la cuestión doctrinal… pocos Papas han demostrado en la historia tal incapacidad para ejercitar su cargo como lo hizo Pablo VI: su total dependencia con el punto de vista de los intelectuales de la Europa occidental, su unilateralidad al promover la influencia de un único partido, su dependencia de un pequeño círculo de confidentes, su error de juicio en la elección de los subordinados, su amateurismo en doctrina y legislación, su debilidad e indecisión y, por encima de todo, su absolutismo en la aplicación de una política partidista; todos estos puntos separan a Pablo VI de sus predecesores; con total seguridad se tendrá que volver a uno de los Papas oscuros del siglo xviii o incluso antes, para poder encontrar un paralelismo distante. Pero a Pablo VI no le correspondía ser ambiguo. Fue llamado a gobernar la Iglesia en el momento en que un concilio había sido anunciado, y cuando la necesidad de preservar la visión cristiana contra las presiones del mundo contemporáneo, era especialmente urgente.

Uno entonces se pregunta, cómo Pablo VI se ha escapado del juicio que le correspondía; cómo puede ser visto como un promotor de gobierno colegiado cuando su política más distintiva, la nueva liturgia, fue impuesta haciendo desprecio de la colegialidad; cómo los comentaristas pueden ignorar que el hecho sobresaliente de su tiempo fue el colapso de la autoridad papal, que su pontificado fue un rastro de citas escandalosas y de pérdidas inauditas. Él se escapa a su juicio porque todo lo que hizo, o dejó de hacer, se encaminaba hacia la sumisión de la Iglesia al mundo. Dado que el mundo estaba buscando una Iglesia sin autoridad, un papa sin autoridad parecía el modelo apropiado.

La opinión laica vería con satisfacción la victoria de los estándares modernos y el debilitamiento de la Iglesia con cada error de Pablo VI, en lugar de señalárselo en su contra. Lejos de juzgar sus fracasos, los observadores lo habrían culpado si hubiese seguido un curso diferente; si hubiera favorecido al término medio en el concilio en lugar de a los radicales europeos; si hubiera escuchado a los obispos en lugar de a los vándalos litúrgicos; si hubiera dado menos concesiones; si se hubiera infligido menos daño en el patrimonio de la Iglesia.

Pablo VI se escapa, a corto plazo, de un juicio realístico pero los ídolos de la época actual no durarán para siempre, ni en el mundo ni en la Iglesia. Cuando estos hayan pasado, será juzgado a la luz de la anarquía que promovió en la Iglesia y que es reflejo de su propia división mental. Incluso, cuando imponía la aceptación de la nueva misa, lo hizo envolviéndolo en frases de remordimiento: “Ya no será el Latín,- lo encontramos diciendo-, sino una lengua común, la que será lengua principal de la Misa. Porque para todo aquel que conoce la belleza y el poder del Latín o su aptitud para expresar cosas sagradas, para este será sin duda un gran sacrificio, al verlo reemplazado por una lengua común. Estamos perdiendo el idioma de los siglos cristianos; nos estamos volviendo intrusos y extraños en el dominio literario de la expresión sagrada. Estamos perdiendo en gran medida aquella admirable e incomparable riqueza artística espiritual que es el canto gregoriano. Tenemos razones para sentir remordimientos y para sentirnos confusos sobre esto.” [7]. Esta confusión es, de hecho, como la marca de un hombre que sabía del tesoro del que su propia política privaría a sus fieles. Y, sin embargo, persiguió su propia política; persiguiendo, por otra parte, con una intolerancia ciega y proscribiendo la tradición litúrgica de la Iglesia; persiguiendo, mientras que invocaba las necesidades pastorales, un laicado que desertaba a millones del nuevo culto.

Las peculiaridades psicológicas de Pablo VI, que aguantaron el envite de los escrutinios modernos, tal vez arrojarán luz sobre los fracasos de los papas anteriores, cuyos personajes se pierden en la oscuridad de su época. No sabemos nada de las debilidades de Honorio, cuya sumisión al emperador de Oriente le costó la condena del Papa León años cincuenta años más tarde: “Y [Nos anatematizamos] con ellos a Honorio, que permitió que la ley sin mancha de la tradición apostólica que recibió de sus predecesores, fuera ensuciada.” Sin embargo es posible que la censura de la Iglesia caerá un día sobre Pablo VI, al igual de cómo ocurrió: “Con Honorio, al convertirse en autoridad apostólica, no extinguió la llama de la enseñanza herética cuando comenzaba sino que le dio pábulo con su negligencia.”

Este extracto fue tomado de Phoenix from the Ashes de H.J.A. Sire.

[Traducción Miguel Tendeiro. Artículo Original]

[1] Cabe mencionar esta conexión, ya que en 1.968 Pablo VI tomó la medida extraordinaria de negar públicamente los rumores escabrosos que habían aparecido con respecto a sus relaciones con otro sacerdote en Milán años antes. El escándalo está, probablemente, más allá de la investigación, pero sugiere que el papa Pablo había quedado expuesto al entredicho por su notable dependencia hacia las personas cercanas a él.

[2] Véase David Yallop, En el Nombre de Dios (Londres: Cape, 1.984), p. 175.

[3] Un tradicionalista eminente, el fallecido Michael Davies, incluso me expresó su creencia de que la lista era una cortina de humo puesta para oscurecer la afiliación masónica real del Arzobispo Bugnini.
[4] Un ejemplo más típico de la teoría de la conspiración del ala derecha se encuentra en la alegación improbable de que el cardenal Liénart, de Lille, había sido masón ya desde 1.912, mucho antes de que él comenzase su carrera como campeón de los derechos de los trabajadores dentro de la jerarquía francesa.

[5] Yallop, op. cit., pp. 296 a 97.

[6] Un juicio similar fue cuando, al final de su vida, le comentó a Jean Guitton, “Hay un gran descontento en este momento en la Iglesia y lo que están cuestionando es la fe. Estoy alarmado, cuando reflexiono sobre el mundo católico, que el pensamiento no católico veces parece prevalecer dentro del catolicismo… ” El análisis, sin embargo, es más bien como si alguien hubiese comentado en 1.916: ” Casi parece como si Europa estuviera en guerra. “

[7] El discurso del papa Pablo del 26 de noviembre de 1.969, citado por el Arzobispo Lefebvre en “Lo han destronado” (Kansas City: Angelus Press, 1987), p. 227.

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Sordomudos de nacimiento y sordomudos de conveniencia ( y III)

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22 octubre, 2015

La apertura de las ventanas del Vaticano y la aparición de los Falsos Pastores.

La caída del Muro de Berlín y el (relativo) comienzo del ocaso del marxismo en Europa determinaron el inicio del declive de la cuestión social. Al que contribuyeron los vientos huracanados que, con furia no igualada hasta ahora, sacudieron la Iglesia a partir del momento en que el Papa Juan XXIII abrió las ventanas del Vaticano, según una propia expresión que no dejaba de mostrar una cierta actitud de desconsideración hacia sus predecesores.

Pero, a diferencia de lo que esperaba el Papa, y tal como lo reconoció poco después expresamente Pablo VI, lo que realmente entró en la Iglesia fue el humo de Satanás. El cual comenzó a manifestarse a partir de las declaraciones en las que la Iglesia, proclamando su renuncia a denunciar los errores y anunciando su apertura al Mundo, entonó los primeros compases de la obertura de la mas extraña y trágica sinfonía jamás escuchada a lo largo de su Historia: la del Concilio Vaticano II que, acaso sin proponérselo (asunto sobre el que todavía discuten acremente los historiadores), dejó inerme al Catolicismo ante la declarada invasión de la herejía modernista, a pesar de que hasta ese momento había sido contenida.

Las tres Encíclicas de Juan Pablo II, Laborem Exercens (1981), Sollicitudo Rei Socialis (1987) y Centesimus Annus (1991), junto a la de Benedicto XVI Caritas in Veritate (2009), han sido las últimas Encíclicas Sociales hasta ahora. Puesto que la Laudato si del Papa Francisco (2015), que él pretende está inspirada en la Doctrina Social de la Iglesia, es en realidad un alegato ecologista, lleno de connotaciones políticas y de corte modernista.

Si se parte de la realidad de que el intenso clima de doctrina social, que fue el principal determinante del ambiente eclesial que imperó en la Iglesia hasta el Concilio Vaticano II, fue barrido implacablemente por los vientos postconciliares repletos de modernismo, los cuales han estado soplando en la Iglesia hasta la actualidad, no hay sino reconocer que estas Encíclicas difícilmente logran escapar a la nota de fuera de temporada que parece corresponderles. Si además se considera que la Revolución doctrinal llevada a cabo por el Papa Francisco y que parece destinada a sacudir hasta los cimientos más firmes de la Iglesia es algo irreversible, es posible que estas Encíclicas sean las que hayan puesto punto final a la ola de doctrinas sociales que durante tanto tiempo vino inundando a la Iglesia.

El estrepitoso fracaso de los Sacerdotes Obreros fue algo más que un fracaso. Porque en realidad fue el timbre de alarma que hizo notar que el Movimiento Obrero y la famosa Cuestión Social habían llegado a su fin. Todas estas corrientes de ideas sociales, que con tanta fuerza zarandearon la Iglesia durante toda la segunda mitad del siglo XX, habían tenido un larvado origen en el marxismo de cuya ideología de fondo se alimentaron; aunque el hecho pasara desapercibido para la gran mayoría que al fin y al cabo actuaba de buena fe, al menos en un principio. Por lo que sería injusto dejar de reconocer la generosidad, e incluso el heroísmo, con los que muchas almas decididas dedicaron su vida a estos Movimientos, que es una razón por la cual no cabe dudar que Dios bendeciría con multitud de gracias tan encomiables esfuerzos y sacrificios. Todo lo cual no debiera haber sido obstáculo para que la Iglesia se hubiera percatado de que, por obra y gracia del modernismo, había llegado el ocaso definitivo de las cuestiones sociales.

Porque la Iglesia efectivamente, una vez más y como en tantas otras ocasiones le había sucedido en su Historia, no supo leer en ella ni obtener consecuencias anticipadas del fracaso de los Sacerdotes Obreros. La Historia de los hombres se escribe ondeando banderas: unas veces para enarbolarlas y otras veces para pisotearlas. Los Movimientos Obreros no podían subsistir ante el resurgimiento del Modernismo, ni tampoco podían estar destinados a otra cosa que a ser fagocitados por él. Los hombres se empecinan en sus radicalismos y les prestan veneración como a sus propios dioses; pero, tal como ocurre con todos los ídolos de todos los tiempos, acaban siempre siendo desplazados y sustituidos por otros que impone la moda del momento: el más fuerte acaba sustituyendo y eliminando al más débil, que fue justamente lo que hizo el Modernismo con el Marxismo.

Bien es verdad que Benedicto XVI y el Papa Francisco trataron de resucitar la Teología de la Liberación. Con más intensidad el primero, puesto que fue siempre un entusiasta convencido de esta especie de teología marxistizada (o de marxismo teologizado). Francisco, en cambio, se dio cuenta de que este instrumento ya le resultaba inservible, por lo que pronto lo abandonó por otro más radical y eficaz. Los Gustavo Gutierrez y los Leonardo Boff, los cuales habían creído renacer y volver a entonar su canto triunfal, tampoco fueron capaces de darse cuenta de que, en realidad, ya habían pasado definitivamente a la Historia aunque no precisamente a la más digna.

Pero, si tal como establecimos como hipótesis de trabajo, llamamos Pastores Mudos a todos los que, de una manera o de otra, no predican la Palabra de Dios, habremos de suponer como integrados en el grupo, además de aquellos que se limitan a propagar doctrinas superfluas o banalidades, de una forma más especial a los que, de forma clara y descarada, se dedican a envenenar a las ovejas con doctrinas extrañas a la Fe católica o francamente heterodoxas e incluso aberrantes.

Con las corrientes modernistas postconciliares comenzó la época de los Falsos Pastores, los cuales se han venido dedicando a propalar doctrinas ajenas a la Fe, por lo general impregnadas de modernismo, dentro de un ambiente de completa libertad en el que las antiguas Instituciones destinadas por la Iglesia a velar por la salvaguarda de la Fe -Santo Oficio, hoy Congregación para la Doctrina de la Fe- se convirtieron en oficinas burocráticas prácticamente inexistentes de nula eficacia.

La realidad del momento presente consiste en que desde las más Altas Instancias de la Iglesia hasta las más humildes parroquias del universo orbe, se han venido predicando con toda libertad las doctrinas modernistas, con el resultado de la General Apostasía que se ha producido en la masa de fieles católicos. Haría falta un estudio serio, que sin duda resultaría demasiado complejo y difícil, que pudiera determinar las causas de la rápida difusión por toda la Iglesia de una herejía que apenas ha encontrado obstáculos.

Todo lo cual dentro de una relativa semejanza con respecto a lo que ocurrió con el arrianismo en los siglos III y IV; puesto que existen tres importantes diferencias. De las que la primera consiste en que, así como el arrianismo atacaba a alguna de las verdades de la Fe, el modernismo, en cambio, niega los fundamentos mismos de la Fe (es la suma de todas las herejías según dijo San Pío X). En segundo lugar, porque el arrianismo encontró fuerte resistencia en alguna parte de la Jerarquía, representada en esta ocasión por el gran campeón San Atanasio, que fue el auténtico martillo de la herejía. Y por último hay que resaltar el hecho extraordinario de que, si bien los errores arrianos hicieron mella en la práctica Jerarquía de toda la Iglesia, además de la nobleza y el ejército, pero el pueblo llano y sencillo se mantuvo fiel a la Fe y fue, en definitiva, el que contribuyó de manera más eficiente a la desaparición de la herejía.

Los ataques contra la Fe y los Fundamentos de la Iglesia alcanzan su punto culminante durante el Pontificado del Papa Francisco. En el cual tiene lugar un hecho decisivo que podía haber sido también definitivo y fulminante para la vida de la Iglesia: el asalto y la conquista del Vaticano por el lobby gay.

Una sociedad como la actual, y especialmente la del mundo católico, acostumbrada a vivir manipulada por los Poderes que manejan los media y hecha a vivir adormecida y como drogada, privada de la capacidad de reaccionar y hasta de la de pensar, contempla los mayores y más graves acontecimientos sin enterarse aparentemente o, por lo menos, sin atribuirles importancia alguna. Incluso aunque se trate de eventos fundamentales que incluso pueden conducir a su total exterminio y extinción. El pueblo —lo que se suele conocer como la gente— se ha acostumbrado a vivir al día, como si nada ocurriera o, como también suele decirse, a mirar para otro lado.

Sin embargo, la conquista del Vaticano por obra del lobby gay, con todas las consecuencias que lógicamente podrían derivarse del caso, ha de ser admitido como un hecho fundamental que de ningún modo puede explicarse por causas meramente naturales. Se quiera reconocer o no, e incluso aunque nadie quiera admitir una afirmación que puede resultar molesta o escandalosa, sería preciso dar paso a la posibilidad de que Poderes Malignos de Alto Nivel se encuentren efectivamente operando en estos momentos en la Iglesia.

La conquista de los Organismos de Gobierno de la Iglesia por obra del lobby gay, dada la magnitud y la gravedad del acontecimiento, jamás imaginado en la Historia de la Iglesia e imposible de ser atribuido a causas meramente naturales, podría significar, nada más y nada menos, que la aparición del Falso Profeta ya previamente anunciado por las profecías que avisaron de la proximidad de los Tiempos Finales.

Pero el problema se agrava todavía más si se considera la íntima relación existente entre la homosexualidad y el satanismo. Una relación que resulta imposible de negar, acerca de la cual ya se ha dicho aquí que la fuerza desplegada por los ocultos Poderes —que son quienes realmente dictan los destinos de la Humanidad, aunque nadie se atreva a confesarlo abiertamente y que, a través del lobby gay y del dominio universal de los media, han logrado hacerse con el Gobierno de la Iglesia—, no puede ser explicada por causas meramente naturales, y ni aun siquiera por causas sobrenaturales de mediana envergadura. El hecho de que incluso en el Vaticano llegaron a celebrarse Ritos Satánicos es universalmente conocido y la prensa lo denunció en su día; como también lo hizo el Padre Malachi Martin en una de sus célebres novelas–reportaje. Fue precisamente el P. Malachi quien en una de sus más famosas novelas de hace ya casi treinta años[1], describió, junto a un conjunto de extrañas intrigas y conspiraciones y en una especie de premonición cuasi profética, que llegaría a reinar en el Vaticano un Pontífice que sería obligado a dimitir. Resta añadir que el P. Malachi murió inexplicablemente en su apartamento de Manhattan en 1999, aparentemente de hemorragia cerebral según se dictaminó, pero en circunstancias tales que no dejaron de infundir sospechas que nunca han sido aclaradas.

Aunque estas cosas suelen ser pasadas en silencio y es de general consenso no insistir en ellas, es lo cierto que los escasos Padres Malachi que en el mundo han sido suelen desaparecer casi siempre en extrañas circunstancias.

Lo mismo que el momento en el que actualmente vive la Iglesia, acerca del cual nadie quiere saber nada. Tal como sucede con el suicida que está a punto de precipitarse desde lo más elevado de un alto edificio, siendo presenciado por una muchedumbre paralizada por el asombro —y también por un oculto horror inconfesable—, y que no se atreve siquiera a levantar un grito y permanece silenciosa.

Padre Alfonso Gálvez

 
 

[1] Malachi Martin, The Windswept House, Doubleday, New York, 1996. Esta fue la novela que, según opinión seria de muchos, le costó la vida.

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Otro artículo bomba de Neil McCaffrey en 1977. Simplemente sustituya “Pablo VI” por “Francisco”

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15 octubre, 2015

Con la cantidad de comentarios sobre el presente Sínodo (así como con las siempre efervescentes discusiones sobre la FSSPX), a veces podemos olvidar cuán profundas son las raíces de nuestra crisis actual. Hemos pasado por ello antes;  y estamos asistiendo al desarrollo de algo que hace ya tiempo que estaba ahí.

Este artículo fue escrito originalmente en 1977, antes de la suspensión del Arzobispo Marcel Lefebvre. El autor de este artículo no era, ni un miembro de la FSSPX, ni un partisano. Pero conocía la Iglesia del derecho y del revés, y sabía de historia y política católicas. Si el lector sustituye “Pablo VI” por “Francisco”, encontrará misteriosos paralelismos a todos los niveles.

Rorate Caeli agradece a Roger McCaffrey, de Roman Catholic Books, por permitirnos publicar este atrevido y perspicaz ensayo, que también aparecerá en la próxima edición de The Traditionalist, prevista para noviembre. (Cualquier consulta sobre la revista debe dirigirse a expeditor@gmail.com)

***

El Arzobispo Lefebvre, el Papa Pablo VI y la Tradición Católica

por Neil McCaffrey

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El caso Lefebvre está dejando a los Católicos Americanos ortodoxos a punto de estallar. La larga e hirviente disputa se centra en el Papa Pablo VI, pero no sólo tiene que ver con los méritos de un solo Papa. La historia está llena de tales disputas ad hoc, y la historia se las ve con ellas en su justo momento. La presente discusión suscita más preguntas básicas. ¿Cuáles –si los hay– son los límites del poder papal? ¿Qué le debe un Papa, no simplemente a las doctrinas de la Iglesia, sino a sus tradiciones? ¿Y a sus usos? ¿Qué le debe a las ideas y políticas de sus predecesores? ¿Cuáles deberían ser sus relaciones con un mundo hostil a la Fe?

Para un grupo -llamémosle los conservadores- las cuestiones no existen como temas para la exploración, sino simplemente como puntos para la afirmación, eslogans para la tropa. El Papa no puede hacer nada malo (o, si lo hace, no lo menciones hasta que lleve en la tumba un siglo o más). Lo nuestro no es razonar el porqué, o cuestionarnos; lo nuestro es reunirse alrededor de la bandera papal, con los conservadores estableciendo las reglas del juego para el Día de la Bandera.

La oposición no tiene una fórmula tan simple para responder. La oposición va a tientas, y sangrando. Y la disputa es de lo más intensa, de lo más amarga, porque la mayor parte de la oposición se encontraba hasta ayer en las filas de los conservadores.

Pero entonces, la realidad se abrió paso. Durante varios años después del Concilio, la línea convencional había sido: el Papa está aislado/perdido/desinformado/cautivo/lo que sea. Esta postura siempre dependía de una inmensa inocencia de la Iglesia y de los asuntos humanos, y además necesitaba de vez en cuando de señales de que el Papa estaba realmente de su lado. La presión de la catástrofe tenía que corroer esa postura -en particular cuando el Papa se esmeraba para demostrar que, de hecho, sabía lo que está sucediendo; que de hecho él es el autor de esas políticas, que no es tonto, y que no está para nada contento con los católicos que se le oponen.

Cuando estos hechos comenzaron a golpear de cerca, los católicos menos equilibrados llegaron a nuevas explicaciones, y salieron con insultos [1]: el Papa es un comunista/francmasón/impostor…o no fue elegido válidamente…o está drogado, etcétera. Los católicos sensatos, rechazando todas estas tonterías, pero aun así enfrentándose al hecho de un Papa hostil a casi todo lo que ellos consideraban sagrado, tuvieron que emprender lo que se puede llamar, al menos por analogía, la noche oscura del alma.

Pero Dios está ahí, y las noches oscuras del alma pueden ser luminosas. Los preocupados católicos empezaron a considerar seriamente lo que hasta entonces sólo habían sido meras abstracciones para ellos: no toda afirmación papal o conciliar es infalible, o incluso acertada. No toda política papal es prudente, o por el mejor interés de la Fe. Ningún Papa -hasta el mismo San Pedro lo sabe- está más allá del error , y ningún Papa humilde rechaza corregir su error. Y, como Dante y San Juan Crisóstomo nos dijeron una vez, algunos Papas van al Infierno.

Estas verdades tuvieron casi que imponerse en más de un católico consciente. Pero una vez que lo hicieron, estos católicos hicieron un maravilloso descubrimiento: la Verdad debía hacerlos libres. Encontraron, para su gozo, que al fin se unían a la corriente católica de siglos. Ahora, las tradiciones que veneraban significaban mucho más para ellos, al convertirse más profundamente en parte de esas tradiciones. Sacaban fuerzas de aquellas tradiciones. Para ser explícito, encontraron en la tradición católica un respeto casi universal, incluso reverencia, por el Papa en cuanto sucesor de San Pedro -pero nada de la aberración de que el Papa no puede hacer nada malo-. Encontraron cierta adulación cortesana a los Papas, pero ninguna de los católicos que tenían un respeto decente por el Papa, y por ellos mismos. Encontraron entre los verdaderos católicos un amor extendido por el Papa como padre, y casi nada de papolatría. (Un buen hijo ama y respeta a su padre -pero no lo elogia por llegar borracho a casa. Rebatiendo el Mi país, en lo bueno y en lo malo, de Stephen Decatur, Chesterton hizo notar que era como decir, Mi madre, borracha o sobria).

Dios escribe derecho con renglones torcidos; y cuando el desastre golpea a la Iglesia, la Providencia parece  extraer invariablemente el bien de ello. ¿Y por qué no? Cristo, después de todo, ya ha vencido. Así que las negligencias del actual papado han forzado a los católicos atentos a reconsiderar la papolatría a la que algunos han sucumbido en décadas recientes: un correctivo muy necesitado en muchos lados -tal y como, en la dirección opuesta, los Concilios de Florencia y Vaticano I ayudaron a equilibrar la balanza después de que el Concilio de Constanza hubiera amontonado indignidades contra el papado-. (Y a propósito, me pregunto cuántos edictos de Constanza suscribirían los conservadores de hoy. ¿O sólo cuenta el Concilio más reciente?)

Pero la ilustración del tipo que cuadra con la tradición católica no otorga a la oposición leal las fáciles fórmulas unidimensionales generadas por las cheerleaders vaticanas. ¿Leal al Papa? Por supuesto -pero no a Honorio I cuando se equivoca, o a Sergio III cuando asesina. Pedro debe ser corregido por Pablo, y Gregorio XI no carecía de cortesanos que le aseguraban que estaba haciendo lo correcto al quedarse en Aviñón. Pero la muchacha que le dijo francamente que su sitio estaba en Roma, y tan francamente le recomendó  renunciar si no iba a ejercer su autoridad, es honrada como una de las grandes mujeres en la historia Católica, santa Catalina de Siena.

Mi desacuerdo con algunos en los medios de comunicación conservadores es doble: ellos deforman nuestra crisis actual, y ni siquiera están seguros de sus propios y oscuros principios. Falsean, suprimiendo las noticias sobre el Papa; lo que significa que fallan como periodistas católicos. Nunca informan cuando el Papa recibe a un líder comunista, o a la pionera de la liberación femenina Betty Friedan, o al asesino de masas Idi Amin. No nos dicen que rechazó encontrarse con una peregrinación internacional de católicos tradicionales, a pesar de que tuvieron una vigilia de oración toda la noche en la plaza de San Pedro; aunque en el mismo momento recibía a tres revolucionarios portugueses. Nunca nos habríamos enterado por ellos de que el Papa se unió a la izquierda internacional,  para condenar al gobierno de Franco por la ejecución de terroristas españoles. En periódicos que proclaman su admiración por el Papa, ¿por qué se excluyen cuidadosamente las noticias de tantas de sus principales actividades?

La respuesta puede ser que la prensa católica conservadora encuentra estas actividades vergonzosas.

Pero, ¿esta repugnancia habla de veras bien de ella? Creo que no. Para empezar, los periódicos católicos deben imprimir noticias católicas honestamente, o de lo contrario fallarán en su principal deber. Pero además de eso, eliminar noticias sobre el Papa expresa algo interesante sobre la admiración declarada hacia él. Si no se es capaz de informar de actividades que encuentra vergonzosas, ¿por qué la prensa conservadora católica pretende al mismo tiempo que el Papa es inocente?

Existe otra alternativa: la prensa católica conservadora comparte la predilección del Papa por los revolucionarios, pero no se atreve a  revelarlo por miedo a perder a sus lectores. Pero esta explicación es absurda a primera vista. La primera alternativa es la única que suena verdadera. La prensa católica conservadora es prisionera de su propia inconsistencia, atrapada por un Papa liberal.

Por supuesto no necesitan ser atrapados. Lo que pueden hacer, lo que espero que harán un día, es someter sus premisas a una buena dosis de historia católica, renunciar a la papolatría, y tomar la medicina. Puede que duela pero la adversidad es el precio del crecimiento, y un canal de la gracia.

La situación de las organizaciones leales al Papa difiere en cierto modo de la de la prensa: no son periódicos. Por lo tanto no tienen obligación de informar de situaciones desagradables; aunque tienen obligación de plantarles cara. Creo que estas asociaciones, y la prensa católica de ideas afines, se oponen a los hechos, y además faltan a sus propios principios.

Su posición es conocida: los documentos conciliares son inocentes; el Papa es del mismo modo tan inocente como guardián de la Fe y la tradición; todo lo malo que ha sucedido, ha sucedido a pesar del Papa y del Concilio.

¿Quién puede negar la enorme atracción emocional de esta posición? Casi cualquier católico ortodoxo solía sostenerlo, si no lo hace ahora. Todo católico ortodoxo desearía poder sostenerlo. Sólo hay un argumento en contra: que no es verdad.

Entre otras cosas, el argumento es insípido. ¡Como si los concilios de la Iglesia sólo fueran juzgados por sus documentos! La gente que piensa esto no tiene sentido de la textura de los asuntos humanos, y por lo tanto de la historia. Si juzgamos el Concilio de Constanza simplemente por el puñado de medidas disciplinarias que aprobó, y que Martín V firmó, bostezaríamos y le dedicaríamos un párrafo en la historia de la Iglesia. ¡Cuán diferente fue la realidad! Una orgía anti-papal como la Iglesia jamás ha visto (excepto quizás en los últimos quince años), cuyos efectos han perseguido a la Iglesia durante más de cuatro siglos.

No es una sorpresa que el Papa Pablo VI comprende su Concilio mucho mejor que sus admiradores conservadores. Nunca ha ocultado su convicción de que el Concilio fue la puerta de entrada para el cambio en la Iglesia, y así estaba previsto.  Y lo ha subrayado, haciendo notar que Gaudium et Spes supuso una ruptura con la vieja visión católica sostenida por muchos de los santos. (Habría podido decir, con mucha mayor exactitud, por todos los santos -sin mencionar a los autores de las Epístolas, y a nuestro mismísimo Señor).

En lo que respecta a los documentos conciliares, requieren una exégesis que daría para llenar una estantería. Pero exhalan un espíritu, sobre todo cuando se ocupan de problemas temporales, que choca con los reparos de los anteriores Papas al liberalismo y al humanismo.

No es accidental que los liberales de todo el mundo alabaron el Concilio. ¿Todos estaban equivocados? Los niños de este mundo son sabios de su generación. Los liberales conocen a los suyos. En particular, saben que el Concilio marchó en su dirección de libertad religiosa -mientras que despreciaban la visión de los anteriores Papas (que, a su vez, simplemente repetían lo que había sido la actitud invariable de la Iglesia desde los tiempos apostólicos)-. Si el Concilio no ofreció una nueva y completa visión de la libertad religiosa (nueva para la Iglesia; es algo pasado de moda para los liberales), entonces las palabras han perdido todo su significado. Sospecho que ésta es una razón por la que al Arzobispo Lefebvre se le niega su defensa.       El Vaticano detesta defender un caso sin esperanza, incluso en su propia corte.

Pero el mismo Papa nos ha dado la refutación final de la posición conservadora, al condenar al arzobispo Lefebvre. Entre otras cosas, el Papa exige al arzobispo que acepte las “orientaciones” post-conciliares de la Iglesia -que son nuevas por definición-; de no ser así, el Papa, el arzobispo y el resto de nosotros, no estaríamos discutiendo sobre nada.

Lo que conduce a mi punto de que el ala conservadora está traicionando aquí su propia posición. ¿Por qué se niegan a seguir las orientaciones post-conciliares? El Papa las ha confirmado. ¿Por qué resisten a la corriente pentecostal? El Papa lo ve con buenos ojos. ¿Por qué se asustan de las actividades revolucionarias de los delegados papales en el Tercer Mundo? ¿Por qué se pelean con las ideas teológicas que se enseñan en los seminarios pontificios de Roma? ¿Por qué discuten con catecismos impuestos por casi todos los obispos del mundo? Estos obispos, después de todo, dan cuentas al Papa; la mayor parte son delegados; y el caudal de delegaciones se ha mantenido constante durante catorce años.

Creo que conozco el porqué. Rasca a un conservador, y más frecuentemente de lo que esperas encontrarás a un tradicionalista. Pero un tradicionalista que no se atreve a resolver la ambigüedad de su propia posición. Esto no es sorprendente. Duele cambiar.

Que es justamente  lo que hemos estado diciendo al Papa. Que no está escuchando, y al que no le importa.

Neil McCaffrey (1925-1994) fue el fundador del Club del Libro Conservador (Conservative Book Club) y de Arlington House Publishers, que dirigió varias décadas; y un respetado organizador político entre bambalinas (cf. Buchanan: El mayor regreso: cómo Richard Nixon se levantó de su derrota para crear la nueva mayoría. The Greatest Comeback: How Richard Nixon Rose from Defeat to Create The New Majority, Crown, 2014). Antes de su lanzamiento, trabajó en Doubleday-Image Books, bajo la dirección de su fundador, John Delaney, y fue ejecutivo de Macmillan Publishing Company. Mientras estuvo allí, guió a un puñado de bestsellers nacionales al éxito. Graduado en el programa de periodismo de la Universidad de Fordham, fue producto del sistema de educación de la Archidiócesis de Nueva York, seguramente el mejor de Norteamérica en su día.

 
 

[1] Nota del Traductor: el término traducido es “hookery”, que proviene de “hooker”, puta o prostituta. Es una sustantivación, que equivaldría a algo así como “putadas” o “guarradas”

[Traducido por José Gutiérrez. Artículo original]

Sermón Fontgombault : Rodee al Sínodo con las cuentas del Rosario

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9 octubre, 2015

Sermón Fontgombault – Festividad del Rosario: “Rodeen al Sínodo con las cuentas del Rosario”.

“No podemos renunciar a la verdad del Evangelio sobre la familia”

EL SANTÍSIMO ROSARIO DE LA BENDITA VIRGEN MARÍA

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Sermón del Reverendo Dom Jean Pateau

Abad de Nuestra Señora de Fontgombault

(Fontgombault, 7 de octubre de 2015)

Queridos hermanos y hermanas:

Mis amadísimos hijos:

La festividad del Santísimo Rosario adquiere una importancia especial este año. El domingo pasado, en Roma, se inauguró la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos; está dedicada a la familia y versa sobre el tema: “La vocación y misión de la familia en la Iglesia y el mundo contemporáneo”.

María nos invita a rodear esta Asamblea con las cuentas de nuestros rosarios diarios, para que la voluntad de Dios sobre la familia sea buscada por todos, discernida y ofrecida con misericordia al mundo de hoy.  El mundo espera de la Iglesia la Buena Nueva del Evangelio.  No debemos renunciar a la completa verdad sobre la familia que los papas Pablo VI y san Juan Pablo II enseñaron de una forma muy clara, perderíamos entonces el entusiasmo por la misión, tendríamos que renunciar nosotros mismos a ser vencidos por el espíritu del mundo, que –aunque pretende conquistar– no tiene sin embargo nada nuevo que ofrecer.

Mientras se pueden escuchar voces que disienten entre los Padres del Sínodo, la inminente canonización de los esposos Martín es un signo de esperanza.  Que el Espíritu Santo ilumine la mente de los verdaderos defensores de la familia.  Las jóvenes Iglesias de África y Asia viven el fervor de la evangelización.

Aprendamos de ellos a recuperar nuestro fervor prístino.

Pidamos la gracia de la humildad ante la verdad que viene de Dios para los Padres del Sínodo. Sigue leyendo

El Papa recibe curioso mensaje en su propio periódico: el enigma de Mario Palmaro

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8 octubre, 2015

No hay nada que tenga más sentido: Mario Palmaro, el gran escritor católico Tradicionalista, que murió muy joven en 2014, fue un ejemplo para todos. ¿Pero por qué hay una página entera en homenaje a Mario Palmaro, una aparente publicidad, en la página 4 de la edición de hoy (8 de octubre) de L’Osservatore Romano, justo en medio del Sínodo? ¿Es el aniversario del cumpleaños o de la muerte del difunto escritor? No, no se trata de eso: Palmaro nació el 5 de junio de 1968 y murió el 9 de marzo de 2014. ¿Acaso se está publicitando nuevamente alguno de sus libros? No precisamente. Incluso la biografía que sobresale en el supuesto anuncio fue publicada hace meses, en marzo 2015.

Tal como explica el periodista italiano, Sandro Magister (en Italiano), se trata del segundo aniversario del artículo “No nos gusta este Papa” (Questo papa non ci piace), que Palmaro y su amigo Alessandro Gnocchi publicaron en Il Foglio en 2013, como parte de una serie de artículos que criticaban severamente al pontífice electo ese año, por la manera en que usaba los medios de comunicación y la popularidad para imponer cambios en la Iglesia de una manera casi insidiosa (en su opinión).

¿Puede un papa ser “querido” o no?  En su última entrevista, Palmaro explicó:

El hecho de que un papa sea “querido” por el pueblo es completamente irrelevante para la lógica de los dos mil años de Iglesia: el papa es el Vicario de Cristo en la tierra y tiene que agradar a Nuestro Señor. Esto significa que el ejercicio de su poder no es absoluto, sino que está subordinado a la enseñanza de Cristo que se encuentra en la Iglesia Católica y en sus tradiciones, y es alimentada por la vida de la Gracia a través de los Sacramentos.

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Sordomudos de nacimiento y sordomudos de conveniencia

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8 octubre, 2015

[1]

(Mc 7: 31–37)

Amados hermanos en el Corazón de Nuestro Señor y en el de la Virgen María Nuestra Madre:

En el día de hoy, Domingo XI después de Pentecostés y según la llamada Forma Extraordinaria del Rito Romano de la Santa Misa, propone la Iglesia para nuestra consideración un fragmento del Evangelio de San Marcos en el que se narra otro acontecimiento de la Vida del Señor.

Cuenta el texto que encontrándose Jesús, como de costumbre, rodeado de una gran muchedumbre, llevaron ante Él un sordomudo rogándole que le impusiera las manos. El Señor le apartó de la gente, le introdujo los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Suspiró Jesús y, elevando los ojos al cielo, dijo:

—Effetha —que significa: Ábrete.

Se le abrieron al sordomudo los oídos y comenzó a hablar con normalidad. Ante la admiración de las gentes, las cuales comenzaron a proclamar la maravilla que habían presenciado a pesar de las advertencias de Jesús para que callaran.

La narración nos presenta, por lo tanto, la curación milagrosa de un pobre infeliz. Sordo de nacimiento y también mudo como consecuencia. Por lo que podríamos comenzar esta disertación diciendo que existen dos clases de sordomudez: una de nacimiento y otra bien distinta que posee la particularidad de ser enteramente voluntaria. Más rara la primera en cuanto a casos existentes y mucho más generalizada la segunda; por más que pueda sonar a extraña esta afirmación. Sigue leyendo

¿Es legítima la Nueva Misa?

El papa Pablo VI publicó el 3 de abril de 1969 la Constitución Apostólica Missale Romanum, la cual supuestamente promulgaba el Novus Ordo Missae, pero, ¿fue éste un acto legítimo?

El papa Pablo VI publicó el 3 de abril de 1969 la Constitución Apostólica Missale Romanum, la cual supuestamente promulgaba el Novus Ordo Missae, pero, ¿fue éste un acto legítimo?

Universae Ecclesiae es el nombre de una instrucción reciente que provee algunas preciosas clarificaciones sobre el documento de cuatro años ya, Summorum Pontificum, el cual señaló la liberación de la Misa de Siempre. La intención del Papa es que la Misa pueda recibir “completa ciudadanía” en la Iglesia actual, y que no se le condene al exilio como ha sucedido en los últimos cuatro años por la imposición unilateral de las omnipotentes conferencias episcopales, las cuales han revelado una especie de pérdida de la concepción católica de la obediencia. El tiempo dirá si seguirán la línea romana o como hasta el momento ha sucedido.

Aquí nos gustaría abundar sólo en el #19, que declara:

«Los fieles que piden la celebración en la forma extraordinaria no deben sostener o pertenecer de ninguna manera a grupos que se manifiesten contrarios a la validez o legitimidad de la santa misa o de los sacramentos celebrados en la forma ordinaria o al Romano Pontífice como Pastor supremo de la Iglesia universal.» [INSTRUCCIÓN sobre la aplicación de la carta apostólica motu proprio data «Summorum Pontificum» de Su Santidad Benedicto XVI]

Al hacer esto, la Instrucción ataca a cualquier grupo de fieles doctrinalmente apegado a la Misa de Siempre, incluso cuando ellos reconozcan, en principio, que la Nueva Misa es válida. No hay nada nuevo bajo el sol de Roma, pero este documento nos ofrece la oportunidad  de exponer las razones por las cuales el Arzobispo Lefebvre siempre impugnó la legitimidad de la revolución litúrgica de 1969. Mostraremos esto de tres maneras, que irán de menor a mayor importancia: el aspecto legal, el contexto histórico y el contexto dogmático. Sigue leyendo

BREVE EXAMEN CRITICO DEL NOVUS ORDO MISSAE

(Texto Completo)

La nueva misa

La nueva misa

I

Al celebrarse en Roma en el mes de octubre de 1967 el Sínodo episcopal se le pidió a la misma asamblea de Padres un juicio sobre la así llamada “Misa normativa”, a saber, de esa “Misa”, que había sido excogitada por el Consilium ad exsequendam Constitutionem de sacra Liturgia. Pero el esbozo de semejante Misa suscitó perplejidades entre los Padres convocados al Sínodo, de modo tal que, mientras de los 187 sufragios 43 la rechazaron abiertamente, 62 no la aprobaron sino juxta modum (con reservas). Tampoco se debe pasar por alto el hecho de que la prensa y los diarios internacionales anunciaron que aquélla nueva forma de la Misa había sido sin más rechazada por el Sínodo. En cambio, las publicaciones de los innovadores prefirieron pasar en silencio el asunto: No obstante, una revista bastante conocida, destinada a los obispos y que divulga las opiniones de éstos, describió el nuevo rito sintéticamente con las siguientes palabras: ” Aquí se ordena hacer tabla rasa de toda la teología de la Misa. En pocas palabras, se acerca a esa teología de los protestantes, que ya abolió y destruyó totalmente el Sacrificio de la Misa”.

Pues bien, en el Novus Ordo Missae, recientemente publicado por la Constitución Apostólica Missale romanum, se encuentra desgraciadamente casi la misma “missa normativa”. Tampoco consta que las Conferencias episcopales, difundidas por todo el mundo, hayan sido entre tanto interrogadas, al menos en cuanto tales.

Efectivamente, en la Constitución Apostólica se afirma que el antiguo Misal promulgado por San Pío V el día 13 de julio del año 1570 (pero que en gran parte debe ser atribuido ya a San Gregorio Magno, y más aún, que se deriva de los primitivos (1) orígenes de la religión cristiana) en los últimos cuatro siglos fue para los sacerdotes de rito latino la norma para celebrar el Sacrificio; y no es sorprendente si en tal y tan grande Misal en todas partes del mundo “innumerables y además santísimos varones alimentaron con gran copiosidad la piedad de sus almas para con Dios, sacando de él ya sus lecturas de las Sagradas Escrituras, ya sus oraciones”. Así leemos en el Novus Ordo; y, sin embargo, esta nueva reforma de la Liturgia, que arranca y extermina de raíz aquel Misal de San Pío V, es considerada necesaria por el Novus Ordo, “desde el tiempo en que con más amplitud comenzó a robustecerse y prevalecer en el pueblo cristiano el afán por fomentar la Liturgia”. Sigue leyendo

El Verdadero Tercer Secreto de Fátima

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Por Alberto Villasana

El título de este artículo puede causar asombro, ya que la mayoría conoce y da por auténtica la versión oficial, publicada por el Cardenal Angelo Sodano en junio del año 2000, en la que supuestamente se dio a conocer la revelación hecha por la Santísima Virgen María a los tres pastorcitos de Fátima, Portugal, en 1917. También se acepta que la “Hermana Lucía” validó ese texto al año siguiente y falleció en 2005.

Sin embargo, existen suficientes pruebas de que la verdadera Hermana Lucía murió realmente el 31 de Mayo de 1949, fiesta de María Reina, y de que la fallecida en 2005 fue en realidad una impostora. También hay certeza de que existe una parte del Tercer Secreto que aún no se ha querido publicar oficialmente, si bien se ha dado a conocer ya de forma extraoficial y ofrecemos aquí una reflexión respecto a ella.

Lucía Dos Santos ingresó al Carmelo de Santa Teresa de Coimbra en 1948, treinta y un años después de las apariciones de la Santísima Virgen en Fátima, teniendo 41 años de edad. Anteriormente, había sido religiosa de las Hermanas Doroteas, en Pontevedra, España, en donde ingresó en 1925, a los 15 años de edad, y profesó en octubre de 1928.

Desde que estuvo con las Hermanas Doroteas tenía una salud muy precaria, motivo por el que, en 1944, Mons. Da Silva le ordenó escribir el Tercer Secreto de Fátima, temiendo que con su muerte se perdieran las revelaciones de Nuestra Señora.

Después de ingresar al Carmelo de Porto, en Portugal, la salud de la Hermana Lucía continuó agravándose, y murió el 31 de mayo de 1949, al año y dos meses de haber ingresado.

Cuando, 65 años después, murió la impostora “Lucía”, el 13 de febrero de 2005, en el listado oficial de monjas fallecidas de los Carmelitas Descalzos pusieron a la Hermana “Lucía Dos Santos” en la casilla 265. Pero, por más de un año, apareció allí la fecha real de su fallecimiento, 31 de mayo de 1949, sin que nadie se diera cuenta. Hoy día aparece ya corregido (ver “Moniales Defunctae” de la Orden: (http://www.ocd.pcn.net/defunti/n_def9.htm).

Con todo, nótese que aún hoy aparece como fecha de su profesión el 3 de octubre de 1928, lo cual simplemente no pudo haber ocurrido, ya que Lucía entró a la Orden Carmelita hasta 1948.

¿Porqué el obituario no reproduce el 31 de mayo de 1949 como la fecha de su profesión, como por mucho tiempo se manejó en las biografías oficiales? Por varias razones: la primera, porque la Regla carmelita establece que la profesión se hace hasta después de dos años de noviciado, mismos que Lucía no había cumplido y, la segunda, porque ese fue el día en que ella murió.

El error, que por más de un año se mantuvo en el sitio de la Orden, llevó a que un lector preguntara ese extraño dato a los editores de Tradition in Action: (Ver tercera conversación titulada “Death Notice in Carmel Archives“:

http://www.traditioninaction.org/Questions/E016_SrLucyRepercussions.htm

Traducción al español:

Pregunta:

  “No estoy a favor de las teorías de conspiración, pero a las bizarras fotos de la Hna. Lucía a las que se refiere Ms. Hovart añádase otro asunto bizarro: al mirar al sitio web de los Hermanos Carmelitas y ver los obituarios de monjas de 2005, dice que Sor Lucía murió el 31 de mayo de 1949. Esta lista ha estado allí por al menos un año sin que nadie la corrija, quizá ustedes me puedan explicar el porqué. Nuevamente: no creo en las teorías de la conspiración, pero las fotos son raras y esta fecha de fallecimiento me parece muy extraña. Solo quería hacer notar eso”.

Respuesta de los Editores:

  “El cuadro 265 enlista correctamente la fecha de nacimiento y de profesión: nació el 22 de marzo de 1907 en Fátima, e hizo sus primeros votos como Hermana Dorotea el 3 de octubre de 1928. Pero es difícil entender por qué el sitio oficial de documentos puso como la fecha de su fallecimiento el 31 de mayo de 1949. Tal vez porque ella realmente murió en aquella fecha, y otra persona, que falleció en 2005, haya tomado su lugar”.

  Tan es cierta esa posterior corrección, que en el documento digitalizado aparece aún, en las fuentes originales, la fecha del 31 de mayo de 1949, como se puede observar en la parte baja derecha:

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¿Misa de Siempre o Misa de Pablo VI?

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Misa de Siempre

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Misa de Pablo VI

Jean Guitton (un íntimo amigo de Pablo VI) escribió: “La intención del Papa Pablo VI en relación a lo que comúnmente se llama Nueva Misa, fue reformar la liturgia católica de tal manera que casi debería coincidir con la liturgia protestante. Esto era con una intención ecuménica de Pablo VI de eliminar, o, al menos corregir, o, al menos mitigar, en la Misa, lo que era demasiado católico en el sentido tradicional y, repito, hacer que la Misa católica se acercase más a la misa calvinista”

Pablo VI eliminó lo que era demasiado católico en la Misa con el fin de hacer de la Misa un servicio protestante.

Pablo VI destruyendo la Misa de siempre NCSJB

Un estudio de las características y las oraciones de la Misa tradicional versus la Nueva Misa revela una masacre de la fe tradicional. La Misa tradicional contiene 1182 oraciones. Cerca de 760 de ellas fueron retiradas completamente de la Nueva Misa. Aproximadamente el 36% de lo que se mantuvo, los revisores alteraron más de la mitad antes de introducirlas en el nuevo Misal. Por lo tanto, solo el 17% de las oraciones de la Misa tradicional se mantuvieron intactas en la Nueva Misa. Lo que también llama la atención es el contenido de las modificaciones que se hicieron a las oraciones. Las oraciones tradicionales que describen los siguientes conceptos fueron específicamente abolidos con el nuevo Misal: la depravación del pecado; los lazos de la maldad; la grave ofensa del pecado; el camino a la perdición; el terror ante la furia del rostro de Dios; la indignación de Dios; los golpes de su ira; la carga del mal; las tentaciones; los malos pensamientos; los peligros para el alma; los enemigos del alma y del cuerpo. También se eliminaron las oraciones que describen: la hora de la muerte; la pérdida del cielo; la muerte eterna; el castigo eterno; las penas y el fuego del infierno. Se hizo especial énfasis en suprimir en la Nueva Misa las oraciones que describen el desapego del mundo; las oraciones por los difuntos; la verdadera fe y la existencia de la herejía; las referencias a la Iglesia militante, los méritos de los santos. Sigue leyendo

Segunda indicación de que Paulo VI sí será beatificado

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Información de agencia AFP, 06-May-2014.

Ciudad Del Vaticano, 6 mayo 2014 (AFP) – El papa Pablo VI, quien reinó de 1963 a 1978, será beatificado el 19 de octubre del 2014, al término del sínodo de obispos que se celebrará en el Vaticano, informaron el martes fuentes próximas al caso.

El Vaticano no ha confirmado oficialmente la noticia, aunque en numerosas ocasiones el papa Francisco ha mencionado a sus predecesores como modelos de santidad para la Iglesia católica.

Pablo VI, cuyo nombre de pila era Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini, continuó con el Concilio Vaticano II, la gran obra de modernización de la Iglesia lanzada por el pontífice anterior, Juan XXIII, quien acaba de ser santificado el pasado 27 de abril junto con Juan Pablo II por el papa argentino.

El futuro beato fue el primer papa que visitó los cinco continentes, al realizar diez viajes por el mundo, entre ellos a Colombia. Fuentes religiosas explicaron que será beatificado al haber intercedido, según el proceso iniciado por la Congregación para la Causa de los Santos en 1993, en la curación inexplicable de un feto.

Tomado de:

http://statveritasblog.blogspot.mx/

AL TRASTE CON LAS FORMAS

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Todo es de una impudicia asombrosa en esta versión irreconocible de la Iglesia católica. Irreconocible a quien no hubiese sufrido con ánimo inmutable la declinante gradualidad de los tiempos: pensemos en un alma pía del 1914 que, en entrando a la parroquia a rezar unos minutos ante el sagrario, hallase en su interior el tugurio en que devino en nuestros días la otrora casa de Dios. El altar reemplazado por una mesa de manicura, el sagrario corrido a un costado, los afiches manuscritos al pie del ambón, el cotillón y las guitarras, la sensiblería de los feligreses y el cretinismo del celebrante, que ahora les da a aquéllos la cara (y la espalda al Señor) y les habla de fútbol y de valores cívicos…

BISPO

Esta azorada alma habría creído, sin dudas, que el templo estaba siendo profanado con un culto ajeno y desconocido. Y es que la nota de catolicidad (universalidad) de la Iglesia reconoce al unum como principio formal: unus Dominus, una fides, unum baptisma. La pluralidad (entiéndase la pluralidad admisible: los demonios y los réprobos no integran el Cuerpo Místico) corresponde, en todo caso, a los sujetos y a las comunidades locales. Y más: esa universalidad abraza las coordenadas espacio-temporales, y no sólo las espaciales, como podría presumir quien no viese en la Iglesia mucho más que un vasto organismo político abocado a un ingente y sostenido esfuerzo centralizador. La universalidad de la Iglesia, no menos que al espacio, abarca al tiempo y las generaciones: de ahí la conocida fórmula de Lérins, «quod semper, quod ubique, quod ab omnibus». Sustrayéndole esta nota a la Iglesia, se le quitan todas las otras (a saber: unidad, santidad y apostolicidad), ya que todas se suponen recíprocamente. Lo que se ha hecho con la Iglesia (merced a la consagración de un cierto método diacrónico con ínfulas de ciencia que se empleó para su vivisección) es volverla contra sí misma, erigida ella misma en tribunal contra su propia Tradición. A la historicidad inherente al hombre (y que, por tanto, afecta a la Iglesia) se la quiso traer por garante del más obtuso historicismo, y entonces se acabó por negar la presencia irradiante de lo eterno (irrevocable) en lo presente. Reino dividido, dislocado, reino tomado por asalto y entregado a la rapiña de los viles, de los mercaderes de lo sagrado en especies; viña pisoteada por los jabalíes; jardín otrora cercado, hoy presa de la agresiva apetencia de las cabras montaraces. Labrantío refinado con sucesivas labranzas, malogrado finalmente por la fiebre excavadora de legiones de vizcachas, de peludos.

El peludo, bestia capaz de abrirse un sendero  subterráneo a fuerza de garfios, en minutos

El peludo, bestia capaz de abrirse un sendero
subterráneo a fuerza de garfios, en minutos

Mesa en que se ponen los pies que acaban de hollar los corrales; casa tiznada por dentro y por fuera con el moho, el hollín y las deyecciones de moscas y cucarachas. Casa agrietada en toda su extensión, siniestrada por voraz incendio, y apagado éste a su vez por una riada incontenible de fango, con el mobiliario remanente patas arriba, chamuscado, y el hedor asociado del lodo y la ceniza. Lodo y ceniza que debieran evocar la penitencia («el polvo y el lodo han de servir de despertadores que me traigan a la memoria mi origen y la materia de que fui formado, imaginando cuando los viere, que me dan voces y me dicen: acuérdate de que eres polvo», padre Luis de la Puente), y en cambio, incomprensiblemente, suscitan en esta hora la hilaridad y los festejos.
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En Octubre Pablo VI será beatificado

Se congelan las canonizaciones de Pío IX y Pío XII que hoy serían tenidos por políticamente incorrectos en muchos aspectos de doctrina, para darle lugar a los hombres del Concilio Vaticano II y su espíritu modernista.

Información en Vatican Insider, 24-Abr-2014.

 

Paulo VI

24/04/2014

“Credere”: Pablo VI será beato en 2014

Según la revista de los Paulinos, la proclamación se llevará a cabo el 19 de octubre, al final del Sínodo de los obispos

REDACCIÓN
VATICAN INSIDER

Pablo VI será proclamado beato en 2014, probablemente el 19 de octubre, al final del Sínodo de los Obispos. Lo reveló la revista de los Periódicos San Pablo “Credere” en el número que estará a la venta el próximo 30 de abril. En sus páginas, “Credere” explica que el 5 de mayo los cardenales y obispos miembros de la Congregación para las Causas de los Santos se reunirán para confirmar el milagro atribuido a su intercesión. E, inmediatamente después, el prefecto Angelo Amato irá a ver a Francisco para recibir su visto bueno para la promulgación del decreto relativo.

Después de la doble canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, será elevado al honor de los altares también Giovanni Battista Montini, el Pontífice que sucedió a Roncalli y que, entre no pocas dificultades, condujo a buen puerto el Vaticano II, promoviendo su espíritu de diálogo y poniendo en práctica la reforma litúrgica.

En el artículo de “Credere”, firamdo por el vicedirector Saverio Gaeta, se narran los detalles del milagro atribuido a la intercesión de Pablo VI: la prodigiosa curación de un niño que no había nacido y que estaba todavía dentro del vientre materno en 2001 en los Estados Unidos. Se llevó a cabo con la ayuda de Montini. Todos los testimonios fueron unánimes al reconocer que no se puede explicar científicamente esta curación, misma que fue confirmada oficialmente el 12 de diciembre de 2013 por la Consulta médica de la Congregación para las Causas de los Santos.

Tomado de:

http://statveritasblog.blogspot.mx/

Il ‘nostro fratello’ Judas Iscariote ¿a los altares?

[El título viene a cuento de que el “carismático” Padre Cantalamesa dijo el Viernes Santo frente a Francisco, sin que éste se imutara, que por la traición de Judas Iscariote, al que llamó ‘nuestro hermano’, no está necesariamente condenado y que el pecado no es un impedimento para alcanzar la visión beatífica. Si esto no es la religión del Anticristo ¿qué lo será, entonces?].

El domingo 27 de abril de 2014 pasará a ser una fecha [tristemente] histórica.

 

El director del servicio Jarek Cielecki, un sacerdote polaco y amigo cercano de Juan Pablo II viajó a Polonia después de escuchar que un espectador había fotografiado la imagen. El padre Cielecki dijo que estaba convencido de que la imagen mostraba al ex pontífice. Los detalles aparecieron en Vatican News Service, una estación de televisión en Roma, que se especializa en la difusión de noticias religiosas del Vaticano.

El director del servicio Jarek Cielecki, un sacerdote polaco y amigo cercano de Juan Pablo II viajó a Polonia después de escuchar que un espectador había fotografiado la imagen. El padre Cielecki dijo que estaba convencido de que la imagen mostraba al ex pontífice. Los detalles aparecieron en Vatican News Service, una estación de televisión en Roma, que se especializa en la difusión de noticias religiosas del Vaticano.

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UN AÑO DE PONTIFICADO, UN AÑO DE CONFUSIÓN -Parte 2 de 3-

Lobby gay en Vaticano

(Continuación)

4. La ideología homosexualista.

Con motivo de una conferencia de prensa dada el 29 de julio de 2013 en el vuelo entre Río de Janeiro y Roma, de regreso de las JMJ, Francisco pronunció la frase siguiente :

« Si una persona es gay y busca al Señor con buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar ? »

Frase extremadamente ambigua y perturbadora, ya que el término gay no designa genéricamente a los homosexuales, sino especialmente a aquellos que reivindican públicamente la « cultura » y el estilo de vida de la impureza contra-natura.

¿Porqué haber utilizado una palabra generadora de confusión, totalmente extranjera al vocabulario católico y tomada justamente de la jerga del lobby « gay », avalando de este modo indirectamente su lenguaje subversivo y manipulador ?

¿Porqué no haberse apresurado a añadir, para evitar malentendidos, que si bien no se juzga moralmente a la persona que padece esta tendencia, el pasaje al acto, en cambio, constituye un comportamiento gravemente desordenado en el plano moral ?

Sorprendentemente, no lo hizo, y naturalmente, al día siguiente, la abrumadora mayoría de la prensa mundial intituló el artículo dedicado a la atípica conferencia de prensa pontifical retomando textualmente la pregunta formulada por Francisco.

¿Podrá hablarse de impericia de parte de alguien que domina a la perfección el arte de la comunicación mediática ? Resulta difícil creerlo…

Y aun cuando así fuera, el contexto exigía eliminar todo riesgo de ambigüedad efectuando inmediatamente las precisiones del caso. Mas las precisiones jamás llegaron. Ni durante la conferencia de prensa ni después. Ni de su boca, ni de la del servicio de prensa del Vaticano.

Mientras tanto, la prensa mundial se regodeaba impúdicamente con la consternante salida bergogliana…

En la extensa entrevista concedida por Francisco a las revistas culturales jesuitas los días 19, 23 y 29 de agosto y publicada en l’Osservatore Romano del 21 de septiembre, habría podido suponerse que Francisco no dejaría pasar la oportunidad para dar muestras de claridad acerca de esta espinosa cuestión, cortando por lo sano las polémicas que sus desafortunadas declaraciones habían suscitado y disipando drásticamente la confusión y la inquietud generalizada que habían provocado.

Veamos si aprovechó la ocasión para hacerlo : « En Buenos Aires recibí cartas de personas homosexuales heridas socialmente porque se sienten desde siempre condenados por la Iglesia. Pero eso no es lo que la Iglesia quiere. Durante el vuelo de regreso desde Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y está buscando a Dios, yo no soy quien para juzgar. Al decir eso, dije lo que indica el Catecismo [de la Iglesia Católica].

La religión tiene derecho a expresar su opinión al servicio de las personas, pero Dios nos ha creado libres : la injerencia espiritual en la vida de la gente no es posible.

Un día alguien me preguntó de manera provocante si yo aprobaba la homosexualidad. Yo le respondí con otra pregunta :

‘‘Dime : Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿Aprueba su existencia con afecto o la rechaza condenándola ?’’

Siempre hay que considerar a la persona. Entramos aquí en el misterio del hombre. En la vida cotidiana, Dios acompaña a la gente y nosotros debemos acompañarla tomando en cuenta su condición.

Hay que acompañar con misericordia. Cuando esto sucede, el Espíritu Santo inspira al sacerdote para que diga la palabra más adecuada. »

Habría mucho para decir respecto a estas declaraciones. Mucho, para utilizar un eufemismo, excepto que destaquen por su claridad…

En aras de la concisión, sólo haré algunas observaciones :
1. Contrariamente a lo que afirma, sus dichos brillan por su ausencia en el Catecismo. En éste se encuentra claramente expuesta la doctrina de la Iglesia (§ 2357 a 2359), precisamente lo que Francisco no hizo en la entrevista, durante la cual cultivó la ambigüeded, usó un lenguaje demagógico y añadió aun más confusión.

2. Resulta inconcebible escucharlo decir que « la religión tiene derecho a expresar su opinión al servicio de las personas. » Perdón : ¿La religión ? ¿Cual ? ¿O acaso se tratará de las religiones en general, es decir, de « las grandes tradiciones religiosas que ejercen un papel fecundo de levadura en la vida social y de animación de la democracia. » (cf. III) ?

Lenguaje sorprendente en la boca de quien se encuentra sentado en el trono de San Pedro…

¿Porqué no decir simplemente « la Iglesia » ? Y sobretodo, corresponde proclamar sin ambages que la Iglesia no expresa de ninguna manera « su opinión ». Ella instruye a las naciones, en conformidad con el mandato que recibiera de su Divino Maestro : « Id y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto os he mandado. » (Mt. 28, 19-20).

3. Y a renglón seguido añade : « pero Dios nos ha creado libres : la injerencia espiritual en la vida de la gente no es posible. » Ambigüedad sibilina, característica detestable de parte de quien a recibido la misión de « enseñar a las naciones », pero rasgo clásico ya en labios de Francisco…

Porque si el hombre puede, en virtud de su libre arbitrio, negarse a obedecer a la Iglesia, no es en cambio moralmente libre de hacerlo : la Iglesia ha recibido de Jesucristo el poder de obligar las conciencias de sus fieles (Mt. 18, 15-19).

Pretender que « la injerencia espiritual en la vida de la gente no es posible » equivale a divinizar la conciencia individual y a hacer de ella un absoluto : estamos ante el principio fundamental de la religión humanista y masónica de 1789 : « Nadie debe ser inquietado por sus opiniones, incluso religiosas. » (Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, artículo X) Esta libertad de conciencia falaz y revolucionaria fue condenada por el magisterio de la Iglesia : Gregorio XVI afirmó que pretender « garantizar a cada uno la libertad de conciencia » no solo es absurdo sino además « un delirio. » (Mirari Vos, 1832).

4. Finalmente, el hecho de responder a una pregunta -¿Aprueba la homosexualidad ?– con otra pregunta, que es, para colmo, de un hermetismo poco común, es indigno de aquel a quien fue confiada la tarea de enseñar a la universalidad de los fieles.

Respuesta en la que se halla nuevamente esta ambigüedad exasperante que lo caracteriza, aquí al no distinguir entre la condenación del pecado y la del pecador, y dando a entender que el hecho de « aprobar la existencia » (¡sic!) del pecador volvería inútil la reprobación que su acto pecaminoso exige. Sin embargo Nuestro Señor nos enseñó a hablar de otro modo :

« Que vuestro lenguaje sea sí, sí ; no, no ; todo el resto proviene del Maligno. » (Mt. 5, 37)

Pero retornemos a nuestra conferencia de prensa aérea, tras la celebración de las JMJ de Río de Janeiro. Francisco agregó que esas personas « no deben ser discriminadas, sino integradas en la sociedad. » Perdón, pero ¿ A qué persona hace alusión ? ¿A aquellas que sin pudor alguno se proclaman « gay » o a las que, padeciendo sin culpa de su parte la mortificante inclinación contra-natura se esfuerzan meritoriamente por vivir decentemente ?

Una ambigüedad suplementaria que naturalmente permanecerá sin aclaración vaticana, pero cuya interpretación « progresista » abandonada a los « medios de información masiva » será la que se impondrá masivamente en el imaginario colectivo.

Pero a decir verdad, hay algo peor que la recurrente ambigüedad bergogliana presente en esta afirmación y que se manifiesta en esa disyuntiva irresuelta que he señalado. Me refiero a que sus palabras no sólo cultivan la ambigüedad, elemento suficiente para cuestionarlas, sino que son pura y simplemente falsas. Ellas se inscriben en el marco de la ideología igualitarista de la lucha « contra las discriminaciones » que promueven los partidarios del feminismo y del homosexualismo, genuina maquinaria de combate al servicio de la legitimación de cuanta aberración el partido del « progreso » se esmera en pergeñar, principalmente el infame « matrimonio » homosexual».

¿En dónde reside la falsedad ? En el hecho de que, inclusive en el segundo caso de la disyuntiva, es perfectamente legítimo y razonable efectuar ciertas discriminaciones que, atendiendo al bien común social, marginalizan a esas personas en determinados contextos. Y eso es, por ejemplo, lo que la Iglesia siempre ha hecho en lo tocante al sacerdocio, a la vida religiosa y a la educación de los niños. Ni que decir tiene que dichas discriminaciones son más legítimas aun cuando se trata de gente que, además de padecer esa tendencia desordenada, lleva una vida homosexual activa, aunque fuese de manera discreta, y, a fortiori, si hay que vérselas con quienes exhiben pública y desvergonzadamente sus malas costumbres, reivindicando orgullosamente sus fantásticos derechos : me refiero a los « gay », para emplear el atípico vocabulario bergogliano, ciertamente inusitado en el lenguaje de un sucesor de San Pedro.

Los individuos pertenecientes a esta última categoría, la de los ideólogos de la causa homosexualista, por ejemplo, los organizadores de las Gay Pride y los militantes de asociaciones subversivas del estilo de Act-Up, tienen tanto menos derecho a ser « integrados a la sociedad » cuanto que justamente deberían ser excluídos de ella sin contemplaciones, los acólitos de la secta LGBT poseen tanto menos el derecho a verse exentos de « toda forma de discriminación » cuanto que deberían precisamente verse privados de libertad y apartados sin miramientos de la vida social por atentado contra el pudor y corrupción de la juventud.

Retomando el hilo de la conferencia pontifical en pleno vuelo, asistimos pasmados a la prosecución del extraño discurso de Francisco ante un auditorio cautivado por su desarmante espontaneidad y por el tenor altamente mediático de sus palabras :

« El problema no es el de tener esta tendencia, sino de hacer lobbying, eso es lo grave, porque todos los lobbies son malos. »

Desafortunadamente, esta aseveración es perfectamente gratuita y no resiste el menor análisis : que el hecho de poseer esa tendencia constituya un grave problema de orden psicológico y moral para la persona afectada, así como también un serio motivo de inquietud para su entorno, es algo indiscutible. Y pretender que la homosexualidad no sea algo problemático, sino solamente el hacer « lobbying », es una falacia notoria que contribuye a trivializar la homosexualidad y a volverla aceptable.

Por último, es menester afirmar que, contrariamente a lo que sostiene Francisco, ningún lobby es intrínsecamente perverso. Efectivamente, dado que un lobby es « un colectivo que realiza acciones dirigidas a influir ante la administración pública para promover decisiones favorables a los intereses de ese sector concreto de la sociedad » (Wikipedia), un lobby será bueno en la medida en que combata por causas justas y será malo cuando lo haga por causas inicuas.

Para dar un ejemplo, las acciones conducidas por los grupos feministas en favor del aborto son reprobables, mientras que las realizadas por los grupos pro-vida en su lucha contra la legalización de dicho crímen son encomiables. Todas estas declaraciones de Francisco se ven particularrmente agravadas por el contexto internacional en el que se producen, a saber, en medio de una violenta batalla cultural entre partidarios y opositores del « matrimonio » homosexual, el cual se extiende como reguero de pólvora a escala planetaria.

Resulta difícil atribuirlas solamente a eventuales imprecisiones de lenguaje, así como tampoco parece posible negar la complicidad objetiva de sus palabras con los propósitos manifiestos del lobby « gay » : la normalización de la homosexualidad y la legitimación de sus insostenibles reivindicaciones sociales.

Esas declaraciones han sembrado confusión entre los católicos y han favorecido objetivamente a los enemigos de Dios, quienes combaten encarnizadamente para que se acepten los supuestos « derechos » de los homosexuales en el interior de la Iglesia y en la sociedad civil. Prueba irrefutable de ello es que la más influyente publicación de la comunidad LGBT de los Estados Unidos, The Advocate, eligió a Francisco como la « Persona del año 2013 », deshaciéndose en alabanzas hacia él por su actitud de apertura y de tolerancia hacia los homosexuales.ADV_POPE_FRANCISx633

He aquí, a modo de ilustración, tres casos que permiten tomar conciencia de la gravedad del contexto en el cual se sitúan esas desafortunadas declaraciones.

Ellas se produjeron apenas dos meses después de que el cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, celebrara en Génova las exequias de Don Gallo, famoso sacerdote comunista y anarquista, adepto al aborto e incondicional de la causa homosexual, durante las cuales hizo un panegírico suyo y autorizó que dos transexuales hicieran la apología de la ideología LGBT en la lectura de la « plegaria universal », durante la cual agradecieron al clérigo apóstata por haberlos ayudado a « sentirse creaturas trans-gender (sic) deseadas y amadas por Dios », y a los que distribuyó luego la comunión, profanando así las santas especies eucarísticas, escandalizando gravemente a los fieles y sembrando la confusión en las almas.

En el funeral de D. Andrea Gallo, el Presidente de la Conferência Episcopal Italiana, Cardeal Angelo Bagnasco, administra la "Comunión" a politico transexual Vladimir Luxuria, un transexual, visibilmente emocionado en el funeral de don Gallo, tomó la palabra en la iglesia, y después recibió la comunión de manos del "cardenal" Angelo Bagnasco.

En el funeral de D. Andrea Gallo, el Presidente de la Conferência Episcopal
Italiana, Cardeal Angelo Bagnasco, administra la “Comunión” a politico transexual
Vladimir Luxuria, un transexual, visibilmente emocionado en el funeral de don Gallo, tomó la palabra en la iglesia, y después recibió la comunión de manos del “cardenal” Angelo Bagnasco.

Video del funeral de Don Gallo

Dar un clic en la imagen para ver el video.

Más inquietante todavía: no hubo ninguna reacción oficial del Vaticano reprobando los hechos. Corresponde destacar que Don Gallo ejercía su « ministerio pastoral » con total impunidad, sin jamás haber sido importunado ni sancionado por la jerarquía eclesiástica. Y cabe añadir que los funerales fueron oficiales, celebrados con gran pompa, nada menos que por la figura más destacada del episcopado italiano, con homilía ditirámbica incluída.

Otro hecho sintomático, seleccionado entre muchos otros : la Universidad Pontifical San Francisco Javier de Bogotá, en Colombia, fundada y dirigida por jesuitas, desde hace doce años organiza anualmente un « Ciclo Académico Rosa », que fomenta desembozadamente el estilo de vida « gay ». En 2013, por primera vez, iba a tener lugar en los locales de la universidad, del 28 al 30 de agosto. Eso provocó una importante reacción de laicos escandalizados quienes, gracias a un accionar digno de un auténtico « lobby » católico, forzaron la universidad a buscar otro sitio para organizar su inmundo coloquio de degenerados.

Huelga decir que no se registró sanción alguna hacia los organizadores del infame evento de parte de las autoridades universitarias. Algo que va de suyo, en la era del culto al « diálogo » con el error y en tiempos de exaltación del « pluralismo » ideológico…

Y esta impunidad dura desde hace ya doce largos años. Ninguna sanción tampoco por el lado de la Conferencia Episcopal Colombiana. Ni falta hace precisar el silencio absoluto del Vaticano. Es interesante señalar la reacción del director de la universidad, el Padre Joaquín Emilio Sánchez : ella fue inmediata y sumamente edificante. En efecto, en un áspero comunicado de prensa dirigido a la « comunidad educativa », hizo constar su indignación ante la « violación de la legítima autonomía universitaria », declaró que « ninguna discriminación sería tolerada » y advirtió amenazante a sus adversarios : « Actualmente efectuamos las gestiones necesarias ante las instancias competentes para que una situación tan irregular y dolorosa como la que vivimos con motivo del ‘‘Ciclo Rosa’’ no se repita nunca más. » Por su lado, el Padre Carlos Novoa, antiguo rector de la universidad, profesor titular de teología moral y titular de un doctorado en « ética sexual », promotor desvergonzado del aborto, sostuvo que la medida « testimonia de un retorno de la Inquisición en un sector de la Iglesia católica y es la resultante de grupos obscurantistas y fanáticos. » Su pública posición contraria a la enseñanza del magisterio eclesial no le ha acarreado ninguna sanción de parte de la jerarquía de su país y menos aun de las autoridades de la citada universidad « pontificia ». Este edificante sacerdote continúa ejerciendo afanosamente su « ministerio pastoral » y dispensando con ahínco su « enseñanza universitaria » a estudiantes que, imaginando recibir una instrucción católica, son objeto de una perversión sistemática de sus inteligencias.

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Tercer y último ejemplo : el de la Universidad Católica de Córdoba, en Argentina, que también está dirigida por jesuitas. En una entrevista publicada el 12 de agosto de 2013 a quien es su rector desde 2005, el Padre Rafael Velasco, gran especialista en « Derechos Humanos », en medio de una letanía de sentencias heterodoxas, nos hizo el honor de participarnos su profunda visión teológica :

« Si la Iglesia quiere ser un signo del hecho que Dios está cerca de todos, lo que debe hacer, antes que nada, es no excluir a nadie. Debe encarar reformas muy importantes : los divorciados tienen que ser admitidos a la comunión, los homosexuales, cuando viven de manera estable con sus compañeros, también deberían poder comulgar. Decimos que la mujer es importante, pero la excluímos del ministerio sacerdotal. Esos son signos que serían más comprensibles. »

Estos tres casos que he citado, tomados de un interminable listado de situaciones similares, ilustran acabadamente el progreso contínuo, consentido y alentado, de la ideología homosexualista y de la « teoría de género » en el interior de la Iglesia.

Y es justamente en ese contexto alarmante de avance permanente e incontenible de las ideas LGBT, tanto en la sociedad civil como en el seno del clero, que se inscriben esas palabras inauditas de Francisco en una conferencia de prensa internacional en pleno vuelo, a modo de broche de oro de las archimediáticas JMJ de Río de Janeiro : « ¿Quién soy yo para juzgar a una persona « gay » ? » Francamente, debo admitir que esto se asemeja a un mal sueño, a una pesadilla indescriptible de la cual desearía despertarme cuanto antes…

5. Francisco y la masonería.

En 1999 el cardenal Bergoglio fue elegido miembro honorario del Rotary Club de la ciudad de Buenos Aires. En 2005, recibió el premio anual que el Rotary atribuye al « hombre del año », el Laurel de Plata. Esta entidad, fundada en 1905 en la ciudad de Chicago, USA, por el masón Paul Harris, es una asociación cuyos vínculos con la francmasonería son de público conocimiento : es un semillero de masones y el marco en el que se desarrollan sus iniciativas « caritativas ».

Un porcentaje importante de rotarios pertenecen a las logias, a punto tal que el Rotary, junto al Lion’s Club, son considerados como los atrios del templo masónico. He aquí lo que decía el obispo de Palencia, España, en una declaración oficial : « El Rotary profesa un laicismo absoluto, una indiferencia religiosa universal y trata de moralizar las personas y la sociedad por medio de una doctrina radicalmente naturalista, racionalista e incluso atea. » (Boletín eclesiástico del obispado de Palencia, n° 77, 1/9/1928, p. 391).

Esta condenación fue confirmada por una declaración solemne del arzobispo de Toledo, el cardenal Segura y Sáenz, primado de España, el 23 de enero de 1929. Dos semanas más tarde, la Sacra Congregación Consistorial prohibió la participación de los sacerdotes en reuniones rotarias, en calidad tanto de miembros y como de invitados : es el célebre « non expedire » del 4 de febrero de 1929. Esta prohibición sería reiterada por un decreto del Santo Oficio del 20 de diciembre de 1950.

El día de la elección pontifical del cardenal Bergoglio, el 13 de marzo de 2013, el Gran Maestre de la francmasonería argentina, Angel Jorge Clavero, rindió tributo al nuevo pontífice saludándolo calurosamente.

La logia masónica judía B’nai B’rith hizo otro tanto : « Estamos convencidos que el nuevo papa Francisco seguirá obrando con determinación para reforzar los lazos y el diálogo entre la iglesia católica y el judaísmo y continuará la lucha contra todas las formas de antisemitismo », declaró la logia francesa, mientras que la argentina aseveró que reconocen en Francisco a « un amigo de los judíos, a un hombre dedicado al diálogo y comprometido en el encuentro fraterno » y aseguran estar convencidos de que durante su pontificado « conservará el mismo compromiso y podrá poner en práctica sus convicciones en el camino del diálogo inter-religioso. »

13-03-2013 - Bnai Brith

El director de asuntos inter-religiosos de la B’nai B’rith, David Michaels, asistió a la ceremonia de investidura del nuevo papa, el 19 de marzo y al día siguiente participó en la audiencia dada por Francisco a los líderes de las diferentes religiones en la sala Sala Clementina.

Se habían dado cita dieciséis personalidades judías en representación de ocho organizaciones internacionales judías, entre quienes se hallaba el rabino David Rosen, director del Comité Judeo-Americano (American Jewish Committee), quien declaró, en una entrevista concedida a la agencia Zenit, que desde el Concilio Vaticano II « la enseñanza de la Iglesia y su enfoque de los judíos, del judaísmo y de Israel han tenido una transformación revolucionaria. »

Al día siguiente de su elección, el Gran Oriente de Italia emitió un comunicado en el cual el Gran Maestre Gustavo Raffi decía que « con el Papa Francisco ya nunca nada será como antes. Esta elección ha sido una apuesta indiscutible de la fraternidad por una Iglesia de diálogo, no contaminada por la lógica ni las tentaciones del poder temporal (…) Nuestra esperanza es que el pontificado de Francisco marque el regreso de la Iglesia-Palabra en lugar de la Iglesia-Institución, y que él promueva el diálogo con el mundo contemporáneo (…) siguiendo los principios de Vaticano II (…) Tiene la gran oportunidad de mostrar al mundo el rostro de una Iglesia que debe recuperar el anuncio de una nueva humanidad, no el peso de una institución que defiende sus privilegios. »

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El 16 de marzo, en un nuevo artículo del Gran Oriente de Italia, esta vez anónimo, el lector se entera de que existen tres miradas diferentes en los miembros del GOI : la de los que son escépticos en cuanto al progresismo de Francisco, la de los que prefieren guardar un cauto silencio y juzgarlo luego por sus actos y, finalmente, la de los que exhiben la convicción de que será un papa « innovador y progresista, basándose en el hecho de que algunos Hermanos aseguran haber contribuído indirectamente, en el interior del Cónclave, por intermedio de amigos fraternos, a la elección de un hombre capaz de regenerar la Iglesia Católica y la sociedad humana en su conjunto. »

Ese punto de vista se ve reforzado por el hecho de que el cardenal Bergoglio, durante el cónclave de 2005, había sido apadrinado por el cardenal Carlo Maria Martini, fallecido el 31 de agosto de 2012, desaparición saludada por el GOI en un comunicado fechado el 12 de septiembre en los siguientes términos :

« Ahora que las celebraciones retóricas y las condolencias pomposas han dejado lugar al silencio y al duelo, el Gran Oriente de Italia saluda con afecto al Hermano Carlo Maria Martini, quien ha partido hacia el Oriente Eterno. »

Y el 28 de julio de 2013, con ocasión del deceso del cardenal Ersilio Tonini, masón reconocido, el Gran Maestre Gustavo Raffi le rindió tributo asegurando que llora « al amigo, al hombre del diálogo con los masones, al maestro del Evangelio social. Hoy la humanidad es más pobre, como lo es igualmente la Iglesia Católica. »

Pero a renglón seguido se apresura a añadir que, a despecho de esa gran pérdida, « la Iglesia del Papa Francisco es una Iglesia que promete ser respetuosa de la alteridad y compartir la idea que el Estado laico favorece la paz y la coexistencia de las diferentes religiones (!!!) »

El límpido homenaje tributado a Francisco por el Gran Maestre del Gran Oriente de Italia es un testimonio por demás inquietante con relación a su pontificado. Como prueba de ello, y limitándonos a tan sólo uno de los abundantes textos pontificales referidos a la masonería, he aquí lo que decía León XIII en su encíclica Humanum Genus, del 20 de abril de 1884 :

« En nuestra época, los autores del mal parecieran haberse coaligado en un inmenso esfuerzo, bajo el impulso y con la ayuda de una sociedad diseminada por un gran número de lugares y fuertemente organizada, la sociedad de los francmasones. Estos, sin disimular ya sus intenciones, rivalizan de audacia entre ellos contra la augusta majestad de Dios, maquinando abiertamente y en público la ruina de la Santa Iglesia, con la finalidad de lograr despojar, si lo pudiesen, las naciones cristianas de los beneficios que ellas han recibido de Jesucristo, nuestro Salvador. »

Habría muchas otras declaraciones y gestos de Francisco que se podrían calificar cuando menos de perturbadores y que se prestarían a un prolongado desarrollo, del que me abstendré aquí en aras de la brevedad, y de los cuales he seleccionado tan sólo algunos a modo de ejemplo, tomados de una extensa lista que por cierto no deja de acrecentarse día tras día a una velocidad vertiginosa…

Continuará…

Alejandro Sosa Laprida

13 de marzo del año 2014

Tomado de:

http://www.labotellaalmar.com.ar/

UN AÑO DE PONTIFICADO, UN AÑO DE CONFUSIÓN -Parte 1 de 3-

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INTRODUCCIÓN: Me considero obligado en conciencia a publicar este magnífico estudio del Sr. Alejandro Sosa Laprida analizando algunos aspectos escandalosos para los católicos, del primer año del pontificado del Papa Francisco. Es largo, está mal diagramado porque carece de división en párrafos lo cual lo hace difícil de leer, pero ni siquiera intento corregir ese defecto porque creo que el documento tiene un tal peso y una tal gravedad que debe ser puesto inmediatamente en conocimiento de los lectores de “La botella al mar”.

Por su extensión, debo dividirlo en tres partes. Hoy publicaré la primera y las otras dos en días subsiguientes.

Pienso que el autor no enfatizó suficientemente que todos los puntos reprochables de este primer año de pontificado se originan en una causa principal y es la adhesión notoria del Papa a la herejía modernista, condenada por la Encíclica “Pascendi” de San Pio X, tal como lo señalé en el artículo titulado. “Cual es la estrategia actual de los modernistas-progresistas para dominar la Iglesia y apagar la fe” (nros. 1162-1167 de “La botella al mar”). Esa omisión, sin embargo, queda reparada por la enumeración de hechos y dichos del Papa que prueban categóricamente esa adhesión.

Sé que muchos católicos piadosos quedarán escandalizados por este documento, pero no deberían escandalizarse del documento sino de quien dio causa para que fuera escrito. Y junto con eso, quiero dejar sentado mi inmenso dolor al encontrarme en una situación de la Iglesia que me obliga a decir estas cosas.

Además, los lectores de “La botella al mar” sabrán que estoy muy preocupado por la deriva de Iberoamérica hacia el comunismo, por los intentos del tirano Putin por reconstruir la URSS, por la presidencia de los EEUU en manos de un mahometano pro-marxista, por la rápida desaparición de la Justicia, de las libertades legítimas y de la honestidad en nuestro país. Pero nada de eso sería posible si el Papa no fuera como es.

Sólo nos queda rogar a Dios por su conversión y santificación, es decir, para que sea todo lo contrario de lo que hoy demuestra ser.

Por último, me declaro desde ya dispuesto a retractar todo lo que se demuestre que está equivocado en los dichos de este texto ya que no tengo otra intención al publicarlo que la de ser fiel a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, cuya cabeza es el Papa.

Cosme Beccar Varela

* * *

UN AÑO DE PONTIFICADO, UNA DESOLADORA REALIDAD

12/3/2014

Buenos días a todos. Mañana se cumplirá un año de la elección del cardenal Bergoglio al sumo pontificado. Año insólito por donde se lo mire y que parecería haberse prolongado una eternidad, considerando los innumerables dichos y hechos de nítido sesgo revolucionario que Francisco no ha dejado de perpetrar ni tan siquiera un sólo día desde aquel inaudito buona sera del miércoles 13 de marzo de 2013 pronunciado desde la loggia de San Pedro, saludo profano de alta carga simbólica, a partir del cual el transcurso del tiempo apenas si ha logrado resistir al frenesí y al vértigo bergoglianos. Acción incesante y palabras incontinentes, estruendosas y confusas, semejantes al torrente en la cascada, devorado por la fuerza del vacío que lo aspira irresistiblemente, en un torbellino en el que ya nada puede percibirse con nitidez ni escapar al caudal mortífero que todo lo succiona.

Largos estudios teológicos merecerían sus dudosas empresas, conducidos por la pluma talentosa y erudita de algún apologeta de fuste, que quizás la Divina Providencia se dignará en su misericordia infinita a enviarnos, para esclarecer nuestras aletargadas inteligencias con sus luminosas enseñanzas. A la espera de que ello ocurra, me atrevo a hacer público este modesto artículo, en el que he intentado suplir con trabajo serio y minucioso la escasez de talento y compensar una ciencia exigua con el amor incondicional y sin reservas por la verdad ultrajada. Los saludo muy cordialmente.

Alejandro Sosa Laprida

1.- El extraño pontificado del Papa Francisco. 02/02/14.

Como católico, verme en conciencia obligado a emitir críticas hacia el papa me resulta sumamente doloroso. Y la verdad es que sería muy feliz si la situación de la Iglesia fuese normal y no encontrase por consiguiente ningún motivo para formularlas. Desafortunadamente, nos hallamos confrontados al hecho incontestable de que Francisco, en apenas un año de pontificado, ha realizado incontables gestos atípicos y ha efectuado un sinnúmero de declaraciones novedosas y por demás preocupantes. Los hechos en cuestión son tan abundantes que no resulta posible tratarlos todos en el marco necesariamente restringido de este artículo. A la vez, no es tarea sencilla limitarse a escoger sólo algunos de ellos, ya que todos son portadores de una carga simbólica que los vuelve inauditos a la mirada del observador atento y sintomáticos de una situación eclesial sin precedentes en la historia. Tras ardua reflexión, he retenido cinco que me parecen ser los mejores indicadores de la tonalidad general que es posible observar en este nuevo pontificado.

Esos hechos se agrupan en cinco temas diferentes : el islam, el judaísmo, la laicidad, el homosexualismo y la masonería. Tras haberlos expuestos en ese orden, intentado hacer ver en qué medida son indicadores de una inquietante anomalía en el ejercicio del magisterio y de la pastoral eclesiales, expondré de manera más sucinta otra serie de dichos y hechos que permitirán ilustrar aun más, si acaso fuera posible, la heterodoxia radical que trasuntan los principios y la praxis bergoglianos. Finalmente, suministraré una serie de enlaces a artículos de prensa en los que el lector podrá verificar la exactitud de los hechos referidos en el cuerpo del artículo.

1. La cuestión del islam.

El 10 de julio de 2013 Francisco envió a los musulmanes de todo el mundo un mensaje de felicitaciones por el fin del ramadán. Debemos precisar que se trata de un gesto que jamás se había producido en la Iglesia Católica antes del Concilio Vaticano II. Y debemos añadir que ningún papa había dirigido semejantes saludos a los mahometanos antes del pontificado de Francisco.

La razón es muy sencilla, y por cierto manifiesta para cualquier católico que no haya perdido completamente el sensus fidei : los actos de las otras religiones carecen de valor sobrenatural y, objetivamente considerados, no pueden sino alejar a sus adeptos del único camino de salvación : Nuestro Señor Jesucristo.

¿Cómo no estremecerse de espanto al escuchar a Francisco decir a los adoradores de « allah » que « estamos llamados a respetar la religión del otro, sus enseñanzas, sus símbolos y sus valores » ?

Es imposible dejar de comprobar la distancia insalvable que existe entre esta declaración y lo que nos enseñan los Hechos de los Apóstoles y las epístolas de San Pablo

Que se deba respetar a las personas que se encuentran en los falsos cultos, eso cae de su peso y nadie lo discute, pero que se promueva el respeto de falsas creencias que niegan la Santa Trinidad de las Personas Divinas y la Encarnación del Verbo de Dios es algo insostenible desde el punto de vista del magisterio eclesiástico y de la revelación divina.

Sin embargo, es menester reconocer que en este punto no se puede tildar a Francisco de innovador, ya que no hace más que continuar con la línea revolucionaria introducida por el Concilio Vaticano II, el cual pretende, en la declaración Nostra Aetate acerca de la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas (hinduísmo, budismo, islam y judaísmo) que « la Iglesia Católica no rechaza nada de lo que es verdadero y santo (!!!) en esas religiones. Considera con un sincero respeto esas maneras de obrar y de vivir, esas reglas y esas doctrinas (…) Exhorta a sus hijos para que (…) a través del diálogo y la colaboración (!!!) con los adeptos de otras religiones (…) reconozcan, preserven y hagan progresar los valores espirituales, morales y socio-culturales que se encuentran en ellos. »

Palabras que provocan estupor, ya que es algo palmariamente absurdo pretender que se deba « colaborar » con gente que trabaja activamente para instaurar creencias y a menudo costumbres que son contrarias a las del Evangelio. ¿Cómo no ver en ese « diálogo » tan mentado una profunda desnaturalización de la única actitud evangélica, que es la de anunciar al mundo la Buena Nueva de Jesucristo, quien nos ha dicho sin ambages lo que nos corresponde hacer como discípulos :

« Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a observar todo cuanto os he mandado. » (Mt. 28, 18-20).

Esta noción de « diálogo » con las demás religiones carece de todo fundamento bíblico, patrístico y magisterial y de hecho no es sino una impostura tendiente a desvirtuar el auténtico espíritu misionero, que consiste en anunciar a los hombres la salvación en Jesucristo, y de ninguna manera en un utópico « diálogo » entre interlocutores situados en pie de igualdad, enriqueciédose recíprocamente y pretendiendo buscar juntos la verdad.

Esa pastoral conciliar innovadora fundada en un « diálogo » incripto en un contexto de « legítimo pluralismo », de « respeto » hacia las religiones falsas y de « colaboración » con los infieles no es más que una pérfida celada tendida por el enemigo del género humano para neutralizar la obra redentora de la Iglesia.

A ese respecto, baste con citar la única situación de auténtico « diálogo » que nos relatan las escrituras, y lo que es más, justo al comienzo, a fin de estar definitivamente alertados acerca de su carácter intrínsecamente viciado: se trata del « diálogo » al cual se prestó Eva en el jardín del Edén con la serpiente y que habría de desembocar en la caída del género humano (Gn. 3, 1-6).

Se podría dar una lista interminable de citationes del Nuevo Testamento, de los Santos Padres y del magisterio de la Iglesia para refutar la patraña según la cual los falsos cultos deben ser objeto de un « respeto sincero » hacia sus « maneras de obrar y de vivir, sus reglas y sus doctrinas » y para probar que, a diferencia de las personas que los profesan y que naturalmente deben ser objeto de nuestro respeto, de nuestra caridad y de nuestra misericordia, de ningún modo las falsas doctrinas religiosas merecen « respeto », que en dichas religiones no se encuentra ningún elemento de « santidad » y que los elementos de verdad que puedan contener están subordinados al servicio del error.

Se debe reconocer que Francisco es perfectamente coherente en su mensaje con lo que el documento conciliar dice acerca de los musulmanes, a saber, que « la Iglesia mira también con estima a los musulmanes, que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, que ha hablado a los hombres y que procuran someterse con toda su alma a los decretos de Dios. »

Ahora bien, cualquiera sea la sinceridad de los mahometanos en la creencia y en la práctica de su religión, no por ello es menos falso sostener que « adoran al único Dios », « que ha hablado a los hombres » y que « buscan someterse a los decretos de Dios », por la sencilla razón de que « allah » no es el Dios verdadero, que Dios no ha hablado a los hombres a través del corán y que sus decretos no son los del islam. Se trata de un lenguaje inédito en la historia de la Iglesia y que contradice veinte siglos de magisterio y de pastoral eclesiales.

Esa práctica heterodoxa ha conducido a los múltiples encuentros inter-religiosos de Asís, en donde se ha alentado a los miembros de los diferentes cultos idolátricos a rezar a sus « divinidades » para obtener « la paz en el mundo »Falsa paz, naturalmente, puesto que se persigue injuriando al único Señor de la Paz y Redentor del género humano, al igual que a su Iglesia, única Arca de Salvación. Y esta engañosa noción de « diálogo » ha conducido igualmente a los últimos pontífices a mezquitas, sinagogas y templos protestantes en los que, por el gesto y la palabra, han puesto de relieve esos falsos cultos y no han vacilado en denigrar públicamente a la Iglesia de Dios criticando la actitud « intolerante » de la que Ella habría dado muestras en el pasado hacia ellos.

Un ejemplo reciente de esta nueva mentalidad ecuménica malsana, sincretista y relativista, condenada solemnemente por Pío XI en su encíclica Mortalium Animos de 1928 : El 19 de enero, con motivo de la Jornada mundial de los migrantes y de los refugiados, Francisco se dirigió a un centenar de jóvenes refugiados en una sala de la parroquia del Sagrado Corazón, en Roma, diciéndoles que es necesario compartir la experiencia del sufrimiento, para luego añadir :

« que los que son cristianos lo hagan con la Biblia y que los que son musulmanes lo hagan con el Corán (!!!) La fe que vuestros padres os han inculcado os ayudará siempre a avanzar. »

Esta nueva praxis conciliar es lisa y llanamente escandalosa, por un doble motivo : por un lado, mina la fe de los fieles confrontados a esas falsas religiones valorizadas por sus pastores ; por otro lado, socava las posibilidades de conversión de los infieles, quienes se ven confortados en sus errores precisamente por aquellos que deberían ayudarlos a librarse de ellos anunciándoles la Buena Nueva de la salvación, recibida de Aquel que dijera ser « el Camino, la Verdad y la Vida. » (Jn. 14, 6)

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2. La cuestión del judaísmo.

La primera carta oficial de Francisco, enviada el mismo día de su elección, fue dirigida al gran rabino de Roma. Hecho por demás sorprendente.

La primera carta de su pontificado ¡enviada a los judíos ! Acaso esta decisión habrá obedecido a un imperativo evangelizador apremiante, a saber, una proclamación inequívoca del Evangelio, destinada a curarlos de su tremenda ceguera espiritual, una solemne invitación a que reconozcan por fin a Jesús de Nazareth como a su Mesías y Salvador…

Pues nada de eso. Francisco evoca la « protección del Altísimo », fórmula convencional y vacía de contenido, destinada a ocultar las divergencias teológicas insalvables que separan a la Iglesia de la Sinagoga, para que sus relaciones avancen « en un espíritu de ayuda mutua y al servicio de un mundo cada vez más en armonía con la voluntad de su Creador. »

Hay dos preguntas que un lector prevenido no puede dejar de formularse. La primera es la siguiente :

¿Cómo puede concebirse una « ayuda mutua » con un enemigo que no tiene sino un objetivo en mente, a saber, la desaparición del cristianismo, y esto desde hace casi dos mil años ?

¿En qué cabeza puede caber el absurdo según el cual los judíos desearían « ayudar » a la Iglesia, fundada según ellos por un impostor, por un falso mesías, el cual constituye el principal obstáculo al advenimiento del que ellos aguardan, y a propósito del cual Nuestro Señor les advirtió :

« Yo he venido en nombre de mi Padre y vosotros no me habéis recibido ; otro vendrá en su nombre y vosotros lo recibiréis. » (Jn., 5, 43).

Terrible profecía que San Jerónimo comenta diciendo que « los judíos, tras haber despreciado la verdad en persona, aceptarán la mentira aceptando al Anticristo » (Epist. 151, ad Algasiam, quest. II) y San Ambrosio que « eso muestra que los judíos, quienes no quisieron creer en Jesucristo, creerán en el Anticristo. » (in Psalmo XLIII).

Ahora que el obstáculo político encarnado por la Cristiandad ha sido suprimido por la oleada revolucionaria asistimos a la supresión progresiva del obstáculo religioso, a saber, el papado, alcanzado desde hace más de cincuenta años por el virus de la modernidad revolucionaria.

Ese obstáculo a la manifestación del « hombre de iniquidad », ese misterioso katejon del que habla San Pablo (2 Tes. 2,7), que retarda su venida y que no es otro que el poder espiritual romano, es decir, el papado, según la tradición exegética.

Es tan sólo cuando ese obstáculo haya sido removido que « se revelará el impío. » (2 Tes. 2, 8) La penetración de las ideas revolucionarias en Roma no es en absoluto una cuestión de fantasías complotistas ni el resultado de una imaginación desbocada: quienes trabajaron activamente para realizar el aggiornamento de la Iglesia, esto es, con miras a su adaptación al mundo moderno, lo que ha sido el objetivo principal del Concilio Vaticano II, su « línea directora » (Pablo VI, Ecclesiam Suam, 1964, n°52), no tienen empacho en admitirlo.

Así el cardenal Suenens no se anduvo con rodeos : « Vaticano II, es 1789 en la Iglesia » (citado por Mons. Lefebvre, Ils l’ont découronné, Clovis, 2009, p. 10), aseveró quien fuera una de las figuras más relevantes del último concilio y uno de los cuatro moderadores nombrados por Pablo VI.

El padre Ives Congar (o.p.), nombrado por Juan XXIII en 1960 consultor de la Comisión Teológica Preparatoria y luego, en 1962, experto oficial en el concilio, en el cual fuera también miembro de la citada Comisión Teológica, a sido sin duda alguna el teólogo más influyente de la asamblea conciliar, junto al jesuita Karl Rahner.

El famoso dominico declaró, refiriéndose a la colegialidad episcopal, que en el Concilio « la Iglesia había efectuado pacíficamente su Revolución de Octubre » (Vatican II. Le concile au jour le jour, deuxième session, Cerf, p. 115), reconoció que la declaración Dignitatis Humanae sobre la libertadreligiosa dice « materialmente otra cosa que el Syllabus de 1864, incluso aproximadamente lo contrario » (La crise dans l’Eglise et Mgr. Lefebvre, Cerf, 1976, p. 51) y admitió que en ese texto, en el cual había trabajado, « se trataba de mostrar que el tema de la libertad religiosa se hallaba presente en la Escritura. Pero no lo estaba. » (Eric Vatré, La droite du Père, Guy Trédaniel Editeur, 1995, p. 118).

Y según el cardenal Ratzinger « el problema del concilio fue el de asimilar los mejores valores de dos siglos de cultura liberal. Son valores que, aunque surgidos fuera de la Iglesia, pueden hallar un sitio –purificados y corregidos- en su visión del mundo y eso es lo que sucedió » (Jesus, nov. 1984, p. 72), quien tampoco vacila en afirmar, a propósito de la constitución pastoral Gaudium et Spes sobre las relaciones de la Iglesia con el mundo moderno, que se puede considerar ese texto como un « anti-Syllabus, en la medida en que representa un intento de reconciliación de la Iglesia con el mundo tal cual se ha vuelto desde 1789. » (Les principes de la théologie catholique, Téqui, 1987, p. 427) La segunda pregunta que se plantea a propósito de la carta enviada por Francisco al gran rabino de Roma es la siguiente : ¿Cómo puede concebirse que una religión falsa (el judaísmo talmúdico, corrupción del judaísmo vetero-testamentario), estructurada en base al rechazo, a la condena y al odio de Jesucristo, pueda estar « al servicio de un mundo cada día más en armonía con la voluntad del Creador » ? Tamaño absurdo exime de comentarios…

Mas se encuentra naturalmente en perfecta consonancia con la modificación de la plegaria por los judíos del Viernes Santo, que Juan XXIII se apresuró a efectuar en marzo de 1959, apenas cuatro meses después de su elección, suprimiendo los términos « perfidis » y « perfidiam » aplicados a los judíos, y que sería luego suprimida definitivamente del nuevo misal aprobado por Pablo VI en abril de 1969 y promulgado en 1970. He aquí la nueva plegaria que en él figura : « Oremos por los judíos, a quienes Dios habló en primer lugar : que progresen en el amor de su Nombre y en la fidelidad a su Alianza. » Plegaria a propósito de la cual cabría efectuar varias observaciones :

1. No se menciona la necesidad de su conversión a Jesucristo.

2. El término « alianza » insinúa que la « antigua » aún tendría vigor.

3. Todo « progreso » en el amor de alguien implica un amor ya presente ; ahora bien, ¿Cómo podrían « progresar » en el amor del Padre si niegan al Hijo ?

4. ¿Y cómo podrían « progresar » en la « fidelidad a su alianza » si se obstinan en rechazar a Jesucristo, sacerdote perfecto y cordero sin tacha, que ha sellado una Nueva Alianza entre Dios y los hombres al inmolarse en la Cruz ?

La conclusión cae de su peso : nos encontramos ante una nueva teología que marca una ruptura de fondo con la que había tenido curso en la Iglesia desde sus orígenes hasta Vaticano II y que la antigua plegaria por la conversión de los judíos, eliminada de la liturgia latina, expresaba de manera luminosa : « Oremos igualmente por los judíos, que no han querido creer (perfidis judaeis), a fin de que Dios nuestro Señor quite el velo de sus corazones y que conozcan, ellos también, a Jesucristo nuestro Señor (…) Dios eterno y todopoderoso, que no rehúsas tampoco tu misericordia a la infidelidad judía (judaicam perfidiam), escucha las oraciones que te dirigimos por este pueblo enceguecido ; haz que conozcan la luz de la verdad, que es Jesucristo, para que sean liberados de sus tinieblas. »

El contraste con la nueva plegaria es pasmoso, tanto como lo es con el discurso de Juan Pablo II en la sinagoga de Roma en abril de 1986, en el cual alaba la « legítima pluralidad religiosa » y afirma que hay que esforzarse en « suprimir toda forma de prejuicio (…) a fin de presentar la verdadera cara de los judíos y del judaísmo. » « Prejuicio » que la antigua plegaria del Viernes Santo expresaba de manera cabal, lo que explica ciertamente su desaparición de la nueva liturgia…

Pero no se puede negar que esto sea harto problemático, pues según reza el célebre adagio del siglo V atribuido al papa San Celestino I : lex orandi, lex credendi, la ley de la oración determina la ley de la creencia, es decir que, modificando el contenido de la oración, puede modificarse a la vez el contenido de la Fe.

Y lo acontecido en el siglo XVI a raíz de las innovaciones litúrgicas de Lutero en Alemania y de Cranmer en Inglaterra basta para demostrarlo.

Desgraciadamente, el episodio de la carta enviada por Francisco al rabino de Roma en el día de su elección no habría de quedar en eso. En efecto, doce días más tarde Francisco reincidió enviando una segunda carta al rabino, esta vez con motivo de la pascua judía, dirigiéndole sus « felicitaciones más fervientes por la gran fiesta de Pesaj. » Lo que no deja de suscitar una pregunta insoslayable : desde una perspectiva católica, ¿Cuál puede ser la naturaleza de esas « felicitaciones » con motivo de una celebración en la que se ultraja a Jesucristo, único y verdadero Cordero Pascual inmolado en la Cruz en redención de nuestros pecados ?

Porque tales « felicitaciones » no pueden sino confortar a los judíos en su ceguera espiritual y por tanto mantenerlos alejados de su Mesías y Salvador, lo cual es cuando menos paradójico viniendo de parte de un soberano pontífice…

El cual prosigue diciendo : « Que el Todopoderoso que liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto para conducirlo hacia la tierra prometida continúe liberándolos de todo mal y acompañándolos de su bendición. »

Palabras embarazosas en grado sumo, dado que manifiestamente Dios no los ha liberado aún de todo mal, puesto que no existe mal mayor que el de ser considerados « enemigos del Evangelio » (Rom. 11, 28) y formar parte de la « Sinagoga de Satán » (Ap. 3, 9)

¿Cómo concebir que Dios pueda continuar « acompañándolos de su bendición », cuando ellos continúan rechazando con obstinación a Aquel que Él ha enviado ?

Deseo precisar aquí, para evitar cualquier tipo de malentendido, que de ningún modo ataco a los judíos de manera personal, ya que no me caben dudas de que los hay excelentes personas y que profesan sus creencias con toda buena fe. Al referirme a los judíos entiendo situarme en el plano de los principios teológicos, el único que es pertinente en esta cuestión. Y en ese terreno se comprueba una enemistad irreductible entre la Iglesia, que busca establecer el reino de Jesucristo en la sociedad, y el judaísmo talmúdico, el cual, habiéndose estructurado en oposición a Jesucristo y a la Iglesia, busca obstaculizar su misión evangelizadora, en total coherencia con su teología, que no le permite ver en Jesús de Nazareth más que a un impostor y a un blasfemador, a un falso mesías que impide la venida del verdadero, el que ellos aguardan ansiosamente con vistas a restaurar el reino de Israel y a regir las naciones desde Jerusalén convertida en la capital de su reino mesiánico mundial.

No se trata pues en absoluto de « racismo » ni de un pretendido « antisemitismo » conceptualmente absurdo, según la raída cantinela que no cesan de entonar cuando alguien se atreve a abordar el tema, al unísono y a voz en cuello, los creadores de opinión mediáticos, auténtica policía ideológica del sistema mundialista, para desviar la atención del verdadero problema que plantea el judaísmo talmúdico y sionista, cuya índole es estrictamente teológica, aunque de él se sigan necesariamente consecuencias políticas, económicas y culturales.

Hecha esta aclaración, volvamos a la carta de Francisco, quien concluye diciendo : « Les pido que recen por mí, y les garantizo mi oración por ustedes, con la confianza de poder profundizar los lazos de estima y de amistad recíproca. » Nos es forzoso constatar que aquí llegamos al colmo en el ámbito de lo absurdo.

En efecto, ¿Cómo es posible imaginar que la oración de quienes están, según San Juan, bajo el imperio de Satán, podría ser atendida por Dios ?

Y en buena lógica, si los judíos aceptaran rezar por el papa, cosa inimaginable considerando que su misión se opone diametralmente a la suya, se verían obligados a pedir su apostasía del cristianismo y su conversión al judaísmo. Es decir que Francisco implícitamente les estaría pidiendo nada menos que rezaran por él para que pudiera rechazar a Cristo, ¡tal como lo hacen ellos!

A decir verdad, si esta cuestión no revistiese una gravedad inaudita, estaríamos ante un gag desopilante por sus incongruentes y grotescas implicaciones. Y esto sin mencionar los lazos de « amistad recíproca » que Francisco evoca al final de su mensaje, ya que la incoherencia de esta expresión no es menos flagrante que la de la anterior.

Expliquémonos : Un amigo es un alter ego, un otro yo, de lo que se sigue que la verdadera amistad no es viable si los amigos no poseen una correspondencia de pensamientos, de sentimientos y de objetivos que vuelva posible la comunión de las almas.

Ahora bien, los pensamientos y la acción de la Iglesia y de la Sinagoga son, como ya lo hemos dicho, diametralmente opuestos, sus proyectos son incompatibles, la oposición que existe entre ellas es radical, de suerte que, hasta tanto los judíos no hayan aceptado a Cristo como a su Mesías y Salvador, le enemistad entre ambas permanecerá irreductible, por razones teológicas evidentes, del mismo modo que lo son la luz y las tinieblas, Dios y Satán, Cristo y el Anticristo…

Con este tipo de deseos entramos de plano en el terreno de la utopía, de la sensiblería humanista, de la negación de la realidad y, sobretodo, en la falsificación del lenguaje y en la perversión de los conceptos : nos encontramos de lleno en la esfera de la ilusión, de la manipulación intelectual y de la mentira. Mentira de la cual sabemos fehacientemente quien es el padre…

Monseñor Jorge Mario Bergoglio, cuando era arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, tenía ya la muy peculiar costumbre de acudir regularmente a sinagogas para participar en encuentros ecuménicos, el último de los cuales no remonta más allá del 12 de diciembre de 2012, apenas tres meses antes de su elección pontifical, con motivo de la celebración de Hanukkah, la fiesta de las luces, en la cual se enciende cada tarde una vela en un candelabro de nueve brazos durante ocho días consecutivos, liturgia cuyo significado es, desde un punto de vista espiritual, la expansión del culto judío.

El cardenal Bergoglio participó activamente en la ceremonia del quinto día, encendiendo la vela correspondiente. De más está decir que evento semejante no se había producido jamás en la historia de la Iglesia. Y que constituye un hecho altamente perturbador. Aunque no menos inquietante resulta ser el hecho de que este tipo de gestos escandalosos pasen completamente desapercibidos para la inmensa mayoría de los católicos, profundamente aletargados, imbuídos hasta la médula del pensamiento revolucionario que socava la Fe y debilita el sensus fidei de los creyentes, compenetrados de la ideología pluralista, humanista, ecuménica, democrática y derecho-humanista que sus pastores les inculcan sin cesar desde hace más de medio siglo, ideología que es totalmente extranjera al depósito de la Revelación y que se ha vuelto el leitmotiv de los discursos oficiales de la jerarquía eclesiástica desde Vaticano II.

Para concluir este apartado, he aquí un pequeño extracto de lo que Francisco decía a los judíos en otra sinagoga de Buenos Aires, Bnei Tikva Slijot, en septiembre de 2007, durante su participación a la ceremonia de Rosh Hashanah, el año nuevo hebreo :

« Hoy, en esta sinagoga, tomamos nuevamente conciencia de ser pueblo en camino (???) y nos ponemos en presencia de Dios. Hacemos un alto en nuestro camino para mirar a Dios y dejarnos contemplar por El. »

¿Qué interpretación podrá atribuirse al « nosotros » empleado por Francisco ? ¿Qué realidad querrá designar utilizando la palabra « Dios » ? En todo caso, habida cuenta del contexto, no podría designar a Dios Padre, pues sino está claro que los judíos no rechazarían al Hijo. En efecto, Nuestro Señor les dijo : « Si Dios fuese vuestro Padre, me amaríais, porque es de Dios que he salido y que vengo (…) Vosotros tenéis por padre al Demonio, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre (…) El que es de Dios escucha las palabras de Dios. Vosotros no escucháis porque no sois de Dios. » (Jn. 8, 42-47)

Hecho de lo más sorprendente, durante su extenso discurso pronunciado en esa sinagoga de la capital argentina, quien en ese entonces no era « sino » Monseñor Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, no se dignó a pronunciar ni siquiera una vez el Santo Nombre de Jesús…

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3. Francisco y la laicidad del Estado.

Ante todo, es menester tener presente en qué consiste el llamado principio de laicidad : se trata de la piedra angular del pensamiento iluminista, por el cual Dios es excluído de la esfera pública y el Estado es emancipado de la revelación divina y del magisterio eclesiástico en el ejercicio de sus funciones, quedando así habilitado para actuar de manera totalitaria, al negarse a admitir toda instancia moral superior capaz de esclarecerlo intelectualmente y de orientarlo moralmente en su acción, ya se trate de la ley natural, de la ley divina o de la ley eclesiástica.

El Estado moderno se concibe a sí mismo como absolutamente desligado de cualquier tipo de trascendencia espiritual o ética a la cual someterse en aras de establecer y de conservar su legitimidad. De este modo, el Estado liberal no reconoce otra legitimidad como no sea la emanada de la llamada voluntad general y que, por ende, se funda únicamente en la ley positiva que los hombres se dan a sí mismos.

La separación de la Iglesia y del Estado es el resultado lógico de este principio, por el cual se exonera a la sociedad políticamente organizada de rendir a Dios el culto público que le es debido, de respetar la ley divina en su legislación y de someterse a la enseñanza de la Iglesia en materia de fe y de moral. Esta supuesta independencia del poder temporal respecto al poder espiritual no debe confundirse con la legítima autonomía de la cual la sociedad civil goza en relación a la autoridad religiosa en su propio ámbito de acción, esto es, en la búsqueda del bien común temporal, el cual a su vez se halla ordenado a la del bien común sobrenatural, a saber, la salvación de las almas. Esta es la doctrina católica tradicional de la distinción de los poderes espiritual y temporal y de la subordinación indirecta de éste respecto de aquél.

La laicidad conculca el orden natural existente entre ambos poderes y erige al Estado en poder absoluto, transformándolo así en una maquinaria de guerra con vistas a la descristianización de las instituciones, de las leyes y de la sociedad en su conjunto.

El gran artesano de la pretendida neutralidad religiosa del Estado es la franc-masonería, enemigo jurado de la civilización cristiana. Dicha neutralidad no es más que una superchería, dado que el poder temporal es incapaz de prescindir de una instancia espiritual de orden superior que le brinde los principios morales que reglan su actividad.

El Estado laico no es neutro sino en apariencia, puesto que recibe sus principios orientadores en materia espiritual y moral de esa contra-iglesia que es la franc-masonería : « La laicidad es la piedra preciosa de la libertad. La piedra nos pertenece a nosotros, masones. La recibimos en bruto, la tallamos progresivamente y nos es preciosa porque nos servirá para edificar el templo ideal, el futuro dichoso del hombre del cual deseamos que ella sea el único señor. » (La laïcité : 1905-2005, Edimaf, 2005, p. 117, publicado por el Gran Oriente de Francia en conmemoración del centenario de la ley de separación de la Iglesia y del Estado de 1905.).

Habiendo efectuado este recordatorio básico, sin el cual se pueden perder de vista las implicancias cruciales que conlleva este asunto, examinemos la posición de Francisco al respecto.

En un discurso dirigido a la clase dirigente brasilera el 27 de julio, durante el transcurso de las Jornadas Mundiales de la Juventud, celebradas en Río de Janeiro, Francisco realizó un elogio entusiasta de la laicidad y del pluralismo religioso, a punto tal de regocijarse por la función social desempeñada por las « grandes tradiciones religiosas, que ejercen un papel fecundo de levadura en la vida social y de animación de la democracia. » Para continuar diciendo que « la laicidad del Estado (…) sin asumir como propia ninguna posición confesional, es favorable a la cohabitación entre las diversas religiones. »

Laicismo, pluralismo, ecumenismo, relativismo religioso, democratismo : el número y la magnitud de los errores contenidos en esas pocas palabras, condenados formalmente y en múltiples ocasiones por el magisterio, requeriría una prolongada exposición que excedería ampliamente los límites de este artículo.

Para quienes deseasen profundizar la doctrina católica en la materia, he aquí los documentos esenciales :

Mirari vos (Gregorio XVI, 1832),

Quanta cura, con el Syllabus (Pío IX, 1864) ;

Immortale Dei y Libertas (León XIII, 1885 y 1888) ;

Vehementer nos y Notre charge apostolique (San Pío X, 1906 y 1910) ;

Ubi arcano y Quas primas (Pío XI, 1922 y 1925) ;

Ci riesce (Pío XII, 1953).

Leamos, a guisa de ejemplo, un pasaje de la encíclica Quas Primas, por la cual Pío XI instituyó la solemnidad de Cristo Rey :

« La celebración de esta fiesta, que se renovará cada año, enseñará también a las naciones que el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes. A éstos les traerá a la memoria el pensamiento del juicio final, cuando Cristo, no tanto por haber sido arrojado de la gobernación del Estado cuanto también aun por sólo haber sido ignorado o menospreciado, vengará terriblemente todas estas injurias; pues su regia dignidad exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente al formar las almas de los jóvenes en la sana doctrina y en la rectitud de costumbres. »

La lectura de estos textos del magisterio permite comprender que el Estado laico, supuestamente neutro, no confesional, incompetente en materia religiosa y otras falacias por el estilo, no es más que una aberración filosófica, moral y jurídica moderna, una monstruosidad política, una mentira ideológica que pisotea la ley divina y el orden natural.

La distinción –sin separación- de los poderes temporal y espiritual es algo muy diferente de la pretendida independencia del temporal respecto del espiritual en relación con Dios, la Iglesia, la ley divina y la ley natural : eso tiene nombre, y se llama la apostasía de las naciones.

Esta apostasía es el fruto maduro del Iluminismo, de la franc-masonería, de la Revolución Francesa y de todas las sectas infernales que de ella proceden (liberalismo, socialismo, comunismo, anarquismo, etc.) Esos son los enemigos despiadados de Dios y de su Iglesia, quienes alcanzaron su diabólico objetivo de destruir enteramente la sociedad cristiana y de erigir en su lugar la ciudad del hombre sin Dios, creatura insensata embriagada por la falaz autonomía de la cual ella pretende gozar respecto a Dios : en ello reside el rasgo esencial de lo que se ha dado en llamar la modernidad, a pesar de sus rostros variados y multiformes, cuyo desenlace, a término, no puede ser otro que el del reino del Anticristo. Esta figura escatológica del hombre impío conducirá ineluctablemente la sociedad moderna, secularizada y apóstata, al paroxismo de su revuelta contra todo lo que se encuentra por encima de su propia voluntad autónoma y soberana, de la cual nos ofrece ya las aciagas primicias : pensemos, por no citar sino un puñado de ejemplos representativos, en esas aberraciones inimaginables que son el matrimonio homosexual, la adopción homo-parental, el derecho al aborto, la legalización de la industria pornográfica, la escuela sin Dios pero con teoría de género y educación sexual obligatorias para corromper la infancia y mancillar la inocencia de las almas inocentes…

Personificación aterradora de la creatura que entiende hacer de su libertad, considerada como absoluta, la única fuente de la ley y de la moral, creatura imbuída de su vacuidad ontológica y enceguecida por su arrogancia irrisoria que pretende asombrosamente ocupar el lugar de Dios.

Reitero que es en esta pretensión insensata de la creatura de prescindir de su Creador que radica la característica definitoria de la modernidad, es ella la que constituye la raíz del mal moderno, desvarío metafísico que se manifiesta con una actitud de repliegue del individuo sobre su propia subjetividad, acompañada por el rechazo categórico de un orden objetivo del cual debería reconocer por partida doble la anterioridad cronológica y la superioridad ontológica, y al cual está llamado a someterse libremente para realizar plenamente su humanidad.

Esta actitud moderna se declina en múltiples facetas : nominalismo, voluntarismo, subjetivismo, individualismo, humanismo, racionalismo, naturalismo, protestantismo, liberalismo, relativismo, utopismo, socialismo, feminismo, homosexualismo, de las cuales la raíz es siempre la misma, a saber, el sujeto autónomo pretendiendo emanciparse del orden objetivo de las cosas y cuyo desenlace trágico e inevitable es el proyecto descabellado de proponerse crear una civilización que, tras haber expulsado a Dios de la sociedad, se funde exclusivamente en el libre arbitrio soberano del hombre, convertido en fuente de toda legitimidad.

Y hoy más que nunca se vuelve indispensable proclamarlo a los cuatro vientos : el principio de laicidad constituye su más acabada encarnación y es su figura emblemática : « El día en que comeréis (del fruto prohibido) vuestros ojos se abrirán y seréis como dioses que conocen el bien y el mal » (Gn. 3,5), sugirió la Serpiente a Eva, quien, dando muestras de una gran apertura mental y de una sincera adhesión al pluralismo religioso, se adentró con madurez y confianza en un diálogo mutuamente enriquecedor con su respetable interlocutor…

El desenlace es bien conocido y ciertamente fatal para la humanidad : Adán y Eva terminaron comiendo, se encontraron desnudos, fueron castigados por Dios y expulsados del Paraíso.

Las viejas naciones europeas que conformaban la Cristiandad comieron también del fruto, llamado esta vez Derechos Humanos, Democracia y Laicidad. Y ahora se encuentran desnudas. En cuanto al castigo, ineluctable, terminará llegando, tarde o temprano :

« Vi surgir del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, y sobre sus cuernos diez diademas, y sobre sus cabezas nombres de blasfemia (…) Le fue dado hacer la guerra a los santos y vencerlos. Y le fue concedida autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. » (Ap. 13, 1/7).

Pero el Anticristo, « el hombre impío, el hijo de perdición » (2 Tes. 2, 3) no llegará solo : será precedido por un falso profeta, parodia diabólica del papel precursor que otrora ejerciera San Juan Bautista disponiendo los corazones para la llegada inminente del Mesías :

« Vi otra bestia que subía de la tierra y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón. » (Ap. 13,11).

Las dos bestias, la del mar y la de la tierra, el Anticristo y el Falso Profeta, son indisociables, al igual que lo son el poder temporal y el poder espiritual en la sociedad. En régimen de cristiandad, los dos poderes cooperaban a efectos de hacer respetar la ley divina en la sociedad. Pero, en el caso que nos ocupa, los dos poderes han cambiado de signo y se hallan dedicados al servicio de Satán, la segunda bestia –el poder religioso prevaricador-, abriendo el camino a la primera e induciendo a los hombres a que se le sometan :

« E hizo que la tierra y todos sus habitantes adorasen a la primera bestia. » (Ap.13, 12).

La primera bestia representa el poder temporal apóstata, el del régimen democrático laico y secularizado, enemigo de Dios, poder mundano que un día será ostentado por una persona concreta, el Anticristo.

La segunda bestia, por su parte, representa el poder religioso corrompido, a la cabeza del cual se hallará también un día una persona concreta, el falso profeta o Anticristo religioso.

¿Qué tan lejos se encontrará la época que verá desplegarse ante su mirada atónita el cumplimiento de estas profecías ?

No es fácil tener certezas de orden práctico en este terreno ni por tanto dar una respuesta categórica. En cambio, no resulta aventurado sostener que cuando el nuevo papa alaba apasionadamente la laicidad del Estado, siguiendo en esto el ejemplo de sus predecesores recientes en el pontificado y conformándose al magisterio post-conciliar, la necesidad de escrutar las profecías que acabamos de exponer cobra una urgencia manifiesta.

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Alejandro Sosa Laprida

12 de marzo del año 2014

Tomado de:

http://www.labotellaalmar.com.ar/

¡50 años con el Diablo adentro!

Concilio Vaticano II

11 de Octubre de 1962 – 11 de Octubre de 2012 

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Lamentémonos y lloremos todos amargamente, puesto que en esta fecha (29 de Junio de 2012) hace 40 años, Paulo VI admitía claramente y sin ambajes que el Diablo había penetrado en la Iglesia.  Lo peor de todo: ¡Nadie ha dicho desde entonces que hubiera salido!  En efecto, en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo de 1972, en su homilía para la ocasión, Paulo VI pronunció una de sus más famosas homilías (acaso la más de todas). Infortunadamente considerada no tan famosa como para que el propio sitio de internet de la Santa Sede consigne la totalidad de sus palabras, limitándose a hacer una simple síntesis en italiano. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que muchos citan pasajes de esta homilía de Paulo VI sin haberla nunca leído por completo, limitándose a tomar los pasajes citados de algún otro que los haya citado previamente y así sucesivamente, obteniéndose una deformación y/o descontextualización de las palabras del Pontífice.  Pero no nos sintamos defraudados, aquí está por primerísima vez en internet el texto completo e integral en español de la célebre homilía de Paulo VI en Jun-29-1972, la cual a veces es denominada “fuertes en la fe”, debido a su último párrafo.

HISTORIA Y “DOCTRINA” DEL CAMINO NEOCATECUMENAL

LA HEREJÍA APLAUDIDA POR LA JERARQUÍA DE LA IGLESIA

Por Rafael Mancia desde el Salvador

Historia del Camino Neocatecumenal

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1. Comienzos del Camino Neocatecumenal en Palomeras.

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El Camino Neocatecumenal nace en el año 1964 cuando Kiko Argüello, pintor nacido en León (España), y Carmen Hernández, licenciada en Química y formada en el Instituto Misioneras de Cristo Jesús se encuentran en las barracas de Palomeras Altas a las afueras de Madrid.

Allí, Kiko tras pasar por una crisis existencial, y siguiendo los pasos de Charles de Foucault, se fue a vivir durante tres años entre los más pobres y descubrió en el sufrimiento de los inocentes, el misterio de Cristo Crucificado.

Por su parte, Carmen que había estado en contacto con la renovación del Concilio Vaticano II a través del P. Pedro Farnés Scherer (liturgista) y que, llamada por el Obispo, estaba tratando de formar un grupo para ir a evangelizar a los mineros de Oruro (Bolivia), conoció a Kiko. Fue entonces, en este ambiente de las barracas, en medio de una sociedad constituida por gitanos y quinquis, en gran parte analfabetos, vagabundos, ladrones, prostitutas y jóvenes delincuentes, cuando se constituye el germen que dio lugar a una síntesis kerigmática, teológico-catequética, que es la columna vertebral de este proceso de evangelización de adultos que es el Camino Neocatecumenal.

2. Acogida del Camino por los Obispos

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Poco a poco esta semilla fue reconocida por el Arzobispo de Madrid, Mons. Casimiro Morcillo, quien visitó las barracas y constató la acción del Espíritu Santo. Asimismo, dio su bendición y mandó llevarlo a las parroquias de Madrid, poniendo como condición que el Párroco estuviese como centro, aprobando ad experimentum las novedades litúrgicas necesarias para la iniciación cristiana, los tres pilares conformados por: la palabra, la liturgia y la comunidad.

De esta forma, el Bautismo aparece como un itinerario a recorrer para conseguir una fe adulta, capaz de responder a los cambios de la sociedad y así el Camino fue llevado a las parroquias. Kiko, Carmen y algunos hermanos pobres de las barracas, eran invitados por el párroco a la Eucaristía y allí contaban su experiencia. Pasaron por Madrid y posteriormente, fueron a Zamora y de nuevo volvieron a distintos barrios de la periferia de Madrid.

3. Definición y síntesis de la misión del Camino Neocatecumenal

En abril de 1970, surge la necesidad de hacer una reflexión sobre las primeras experiencias del Camino Neocatecumenal. De este modo, los iniciadores junto con los responsables, presbíteros y algunos párrocos de las primeras comunidades existentes se reunieron para dar unas respuestas básicas a esta nueva realidad eclesial y que se recogen en el Estatuto del mismo:

¿Qué es la comunidad?

La comunidad es la Iglesia: que es el cuerpo visible de Cristo resucitado. Nace del anuncio de la Buena Nueva que es Cristo. Este anuncio es apostólico, lo que implica “unidad y dependencia del Obispo, garantía de la verdad y de la universalidad”.

¿Cuál es la misión de estas comunidades en la actual estructura de la Iglesia?

“Hacer visible un nuevo modo de vivir hoy el Evangelio teniendo presente los profundos anhelos del hombre y el momento histórico de la Iglesia”.

¿Cómo se realiza esta misión?

“Estas comunidades nacen y desean permanecer dentro de la Parroquia, con el párroco para dar los signos de la fe: el amor y la unidad”. Sigue leyendo