Obispos pidiendo perdón

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Anuncian las redes sociales que los 115 Obispos de Francia han pedido perdón por el largo silencio culpable guardado ante los casos de pedofilia de los sacerdotes. El acto ha tenido lugar a propósito de las Jornadas de oración y penitencia celebradas según una iniciativa del Vaticano que tuvo lugar en el pasado mes de Septiembre, en la cual se dejaba a las Conferencias Episcopales la organización de las diferentes modalidades para llevarlas a cabo.

Como es de dominio público, el hecho de pedir perdón es una moda puesta muy en boga por la Jerarquía Católica que, como no podía ser menos, ha sido sido proclamada a los cuatro vientos por todos los media, con coreografía añadida por la misma Jerarquía Católica.

Aunque la moderna Sociedad no suele detenerse en examinar despacio determinados hechos sociales, salvo aquellos que resulten contrarios y dañinos contra la Fe y la Moral de la Iglesia para ser aireados y magnificados, parece que vale la pena parar la atención en este al que aludimos, teniendo en cuenta sobre todo la profundidad del contenido que encierra…, aparte de la absoluta falta de sinceridad que manifiesta.

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Estimados obispos descreídos e innovadores

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29 octubre, 2015

Algunos de ustedes piden un “acto de escucha”, una llamada a escuchar al mundo en cuestiones de moral. Pues bien, ¿les gustaría prestar primero atención a lo que voy a decir?

Ustedes son los pastores infieles de los que habla Dios por boca del profeta Jeremías:

“¡Ay de los pastores que destrozan y dispersan las ovejas de mi dehesa! (…)  Vosotros habéis dispersado mi grey, la habéis desparramado y no habéis cuidado de ella. He aquí que Yo os castigaré por la maldad de vuestras obras, dice Yahvé”(Jeremías 23, 1-2).

Ustedes van, sin duda, camino del infierno si no se arrepienten. Bien dijo de ustedes San Juan el Bautista: “¡Serpientes! ¡Raza de víboras! ¿Cómo podréis escapar a la condenación de la gehenna? “(Mateo 23,33).

Son iguales que la nación de Israel, que espiritualmente “enamorose de sus concubinarios, cuya carne es carne de asnos, y su flujo como flujo de caballos” (Ezequiel 23,20), como meretrices, prostituyen su cargo de pastor y juegan a ser la ramera del mundo.

juan_bautistaSon unos fariseos que se preocupan más por el dinero que ganan a costa de la grey que de la salvación de las almas. Unos fariseos que han rechazado la enseñanza de Cristo sobre la indisolubilidad del matrimonio y en actitud desafiante han mantenido la Ley de Moisés por encima de la de Cristo.

Ustedes, obispos malvados y enfermos, no se preocupan por la salvación de las almas. Si les importaran las almas, las llamarían a la confesión y a permanecer en la Fe de Cristo, pero en cambio desean condenarlas admistrándoles la Sagrada Comunión en estado de pecado grave. ¡Dejen de confirmar a las personas en sus pecados y empiecen a predicar el arrepentimiento y la fe verdadera!

Ustedes se preocupan más por la conciencia endurecidas de los sodomitas y de otros pecadores malvados que del rebaño que Dios les ha confiado, que tiene graves problemas de conciencia por estar sujeto a la pecaminosa autoridad de ustedes.

Ustedes son los réprobos condenados en Romanos 1:

“Y como no estimaron el conocimiento de Dios, los entregó Dios a una mente depravada para hacer lo indebido, henchidos de toda injusticia, malicia, codicia, maldad, llenos de envidia, homicidios, riña, dolos, malignidad; murmuradores, calumniadores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, fanfarrones, inventores de maldades, desobedientes a sus padres; insensatos, desleales, hombres sin amor y sin misericordia. Y si bien conocen que según lo establecido por Dios los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen en los que las practican”(Romanos 1, 28-32)

Ustedes que quieren ese “acto de escucha”, presten atención:

Van camino al infierno, a la fosa más oscura y profunda, donde los demonios los violarán y abusarán de ustedes por la eternidad si no dejan de maltratar y violar espiritualmente al rebaño que se les ha confiado. Antes de que sea  tarde, presten atención a las palabras del Hijo de Dios:

“El tiempo se ha cumplido, y se ha acercado el reino de Dios. Arrepentíos y creed en el Evangelio” (Marcos 1,15).

Michael Lofton

[Traducción  G.J. Villagra. Artículo original]

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El Sínodo de los Adúlteros

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24 octubre, 2015

En pleno recreo, tras el rezo de vísperas, he definido así al Sínodo que estamos padeciendo. Mis novicios me han mirado con unos ojos saltones llenos de cólera; me habrían fulminado de no intervenir el Hermano Cocinero, que llegaba con unas madalenas recién hechas al estilo monacal, legado de aquel prodigio de mujer que fue Santa Escolástica. Pensaban mis novicios modernistas que estaba yo queriendo negar a los divorciados vueltos a casar, la posibilidad de ser adúlteros vueltos a comulgar. Según ellos, eso no es muy misericordioso que digamos. Los pobres han seguido tan de cerca las intervenciones de ciertos cardenales, que el coco se les ha puesto macilento y demacrado. Vamos, que la sesera la tienen más que flácida por la falta de uso y el exceso de Lombardi.

He tenido que aclararles que no me refiero a los adúlteros según el uso común del vocablo. Muchos han querido concentrar en esto las malas intenciones de este Sínodo. Creo que, aunque no van del todo desacertados, se quedan a medio camino. Estos cardenales y sus monaguillos (germanos o no), van mucho más allá en su proceso destructivo. Y lamentablemente no van solos, sino que les acompaña el favor del Jefe, que se siente feliz de verse rodeado de su Corte. A la que por cierto ha nombrado él mismo, para que  los votos estén asegurados. Porque ya se sabe que aquí todo se hace democráticamente, fraternalmente y en una perfecta situación de consenso. Pues no faltaría más.

Lo que yo quería decir mientras mordía tímidamente la madalena monástica, es que ya hace años que el apóstol San Pablo -que, aunque le duela a algunos, escribía bajo la inspiración del Espíritu Santo-, habló de los adúlteros de la Palabra de Dios. Por cierto que los dejó bien descritos en dos versículos de su segunda carta a los Corintios. En el primero de ellos se refiere a que hay muchos que adulteran la Palabra de Dios, mientras que en el segundo dice claramente que él no la ha adulterado nunca.

Porque no somos como tantos otros que adulteran la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios y delante de Dios, hablamos en Cristo. (2ª Corintios 2,17)

O sea, que para San Pablo está claro que hay muchos adúlteros de la Palabra de Dios. Ya en aquél tiempo, incluso sin haber pasado por la Gregoriana o por alguna Facultad de Teología de los Jesuítas. Antes de la Historia de las Formas, antes de toda esa patulea de exegetas sin fe. Adúlteros de sus enseñanzas. E incluso, aunque algunas biblias suavecitas hablen de falsificación de la palabra (para no herir), el texto en latín dice adulterantes verbum Dei. Por si acaso no queda claro. No es sencillamente una mera falsificación. Es mucho más: es adulterar, es prostituir, es hacer de alcahuete de la palabra de Dios, por no poner otras expresiones bastante frecuentes en nuestra literatura clásica.

…nos abstuvimos de los disimulos vergonzosos, no procediendo con astucia niadulterando la palabra de Dios…. (2ª Corintios 4,2)

Nueva insistencia para que quede claro. No sólo hay muchos adúlteros, sino que el propio San Pablo nunca procedió de ese modo. Ni tampoco con disimulos vergonzosos. Qué habría dicho San Pablo de haber estado de reportero ante las sufridas conferencias de prensa diarias: ¿disimulos vergonzosos, ambigüedades calculadas, mentiras escupidas, manipulaciones programadas, astucias sin número, conclusiones previamente realizadas…?

Porque lo que está en juego en este Sínodo es la adulteración descarada de la Palabra de Dios. No sólo en lo que se refiere a la indisolubilidad del matrimonio (que se puede hacer de hecho disoluble con un par de “Motusproprios”), sino también en lo referente a la comunión en pecado sin arrepentimiento, y más grave todavía en lo que atañe a la doctrina de la Iglesia, que se pretende dejar en manos de las Conferencias Episcopales. El Primado de Pedro se quedará ya solamente para elegir a los miembros de comisiones para que redacten conclusiones favorables, nombrar Obispos que no sean molestos o excesivamente tradicionales, incluso para redactar algún Motu Proprio que otro en momentos de peligro tradicionalista y no sé cuantas cosas más. Pero en la doctrina, viva la colegialidad, la democracia y el pachangueo.

Donde hay un adúltero de la Palabra de Dios, el mismo Señor permite que aparezcan otros que no lo son, al menos para contrastar. Así, gracias a Dios, han salido algunos respondones y respondonas que no han doblado su rodilla ante Baal-disseri. Dios los guarde. Son pocos, pero irritan sobremanera a los adúlteros.

Por eso insisto en llamarle el Sínodo de los Adúlteros. Lo he descrito a mis novicios modernistas con otra imagen que a ellos les gusta: el Sínodo en 3D. Se pone uno las gafitas esas que reparten en los cines y se ve claramente:Desvergüenza, Desfachatez y Descaro. Gracias a Dios, hay un buen número de católicos que ya están viendo este Sínodo tridimensional, provistos de las gafotas adecuadas para que no se la peguen.

Fray Gerundio

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Una doctora le dice al Papa en la cara: “En este mundo, el mal proviene del pecado. No de la disparidad de ingresos ni del ‘cambio climático’”

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20 octubre, 2015

Finalmente, después de esperar en vano que los obispos encaren al Papa por su inversión de prioridades en Laudato Si, le viene su merecida reprimenda de una doctora en medicina rumana que asiste al Sínodo.

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A veces en la historia, cuando los hombres de la Iglesia son demasiado cobardes para cumplir su deber, Dios los avergüenza llamando a una mujer para que lo haga por ellos. Nos acordamos, por ejemplo, de Santa Juana de Arco y Santa Catalina de Siena. Habiendo sufrido su familia persecución por parte de los comunistas, esta señora católica no se sintió intimidada en lo más minimo por la presencia del Sumo Pontífice, y le dijo precisamente lo que a todos nos habría gustado decirle. Espero sinceramente que esta reprimenda infunda contrición al Santo Padre y a todos los prelados progresistas afines por el escándalo que ha originado con sus actos en la Iglesia, y que empiecen a cumplir de verdad su función.

Como informa Lifesite News, la doctora Anca-María Cernea, del Centro de Diagnostico y Tratamiento Victor Babes y presidenta de la Asociacion de Médicos Catolicos de Bucarest (Rumania) pronunció la siguiente ponencia en el Sínodo el pasado viernes:

Santidad, Padres Sinodales, hermanos, represento a la Asociación de Médicos Católicos de Bucarest.

Pertenezco a la Iglesia Católica rumana de rito griego.

Mi padre era un dirigente político cristiano que estuvo encarcelado durante diecisiete años por los comunistas. Aunque mis padres estaban comprometidos para casarse, no pudieron hacerlo hasta 17 años después.

Durante todos aquellos años, mi madre esperó a mi padre, sin saber siquiera si estaría aún vivo. Fueron heroicamente fieles a Dios y a su compromiso.

Su ejemplo demuestra que la gracia de Dios puede sobreponerse a unas circunstancias sociales terribles y a la pobreza material.

Los médicos católicos que defendemos la vida y la familia vemos que, ante todo, nos encontramos en una batalla espiritual.

La pobreza material y el consumismo no son la causa primera de la crisis de la familia.

La causa primera de la revolución sexual y cultural es ideológica. Nuestra Señora de Fátima dijo que los errores de Rusia se propagarían por todo el mundo.

Se hizo primero de forma violenta, con el marxismo clásico, matando a decenas de millones de personas.

Ahora se hace mediante el marxismo cultural. Hay una continuidad, desde la revolución sexual leninista, a través de Gramsci y de la Escuela de Frankfurt, hasta la actual ideología de los derechos homosexuales y de género.

El marxismo clásico pretendía rediseñar la sociedad adueñándose por medios violentos de la propiedad.

Ahora la revolución va más lejos: pretende redefinir la familia, la identidad sexual y la naturaleza humana.

Esta ideología se hace llamar progresista, pero no es otra cosa que la tentación de la serpiente antigua para que el hombre se haga el amo, reemplace a Dios y organice la salvación en este mundo.

Es un error de naturaleza religiosa; es gnosticismo.

Los pastores tienen la misión de reconocerlo y de alertar al rebaño de este peligro.

“Buscad, pues, primero el Reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura”.

La misión de la Iglesia es salvar almas. En este mundo el mal proviene del pecado. No de la disparidad de ingresos ni del “cambio climático”. La solución es: Evangelización. Conversión.

No un dominio cada vez mayor por parte de las autoridades. No un gobierno mundial. Esos son hoy en día los agentes principales de la imposición del marxismo cultural, por medio del control de la natalidad, la salud reproductiva, los derechos de los homosexuales, la ideología de genero, etcétera.

Lo que el mundo necesita hoy en día no es que se limite la libertad, sino libertad verdadera, liberación del pecado. Salvación.

Nuestra Iglesia estuvo prohibida durante la ocupación soviética. Pero ninguno de nuestros doce obispos traicionó la comunión con el Santo Padre. Nuestra Iglesia sobrevivió gracias a la determinación y el ejemplo de nuestros obispos, que resistieron en las cárceles y entre el terror.

Nuestros prelados pidieron a los fieles que no siguieran al mundo. No que cooperan con los comunistas.

Ahora necesitamos que Roma le diga al mundo: “Arrepentíos de vuestros pecados y volved a Dios, porque el Reino de los Cielos está cerca”:

No sólo nosotros los católicos laicos, sino también muchos cristianos ortodoxos están rezando fervorosamente por este Sínodo. Porque, como ellos dicen, si la Iglesia Católica se entrega al espíritu de este mundo, será muy difícil para todos los demás cristianos resistirlo.

Chris Jackson

[Traducción de Alex Bachamnn. Artículo Original]

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El año en que nos robaron la religión

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19 octubre, 2015

Transcurridos ya más de dos tercios del curioso Sínodo de la Familia con el que el actual ocupante de la Sede de Pedro ha decidido amenizarnos el otoño, poco podemos saber de las discusiones que están teniendo lugar entre sus participantes, puesto que, en estricta aplicación de su anuncio de transparencia y apertura, el Papa Francisco ha excluido cualquier clase de observadores externos, y ha prohibido terminantemente a los padres sinodales que informen de las intervenciones de sus colegas. Los obispos polacos, que intentaron en los primeros días del sínodo comunicar al menos un resumen de las distintas intervenciones, tuvieron que desistir enseguida, y borrar lo ya publicado, tras recibir una severa amonestación.

Según nos explican, el objetivo es que el Espíritu Santo pueda actuar sobre tan distinguida asamblea. Aunque la explicación, qué duda cabe, resulta un poco curiosa. Ciertamente, en el siglo XIX, y a principios del XX, en pleno auge del espiritismo, los «médiums» procuraban que las reuniones de sus iniciados fueran secretas, y en espacios más bien oscuros. Pero, como católico de a pie, he de reconocer que hasta ahora no me habían explicado nunca que también el Espíritu Santo necesitara de tales ambientes. En fin, así será, si así le parece al Papa.

Ahora bien, si los detalles de lo que se cuece en la caldera sinodal se nos escapan, el olor del guiso hace tiempo que se ha extendido ya por toda la Iglesia. Se trata de un guiso dulzón y sentimental; enormemente dulzón y enormemente sentimental. Y tiene, por lo que se cuenta, propiedades mágicas; de forma que, el que lo prueba, queda transformado de la noche al día. Es decir, que se acuesta católico y se levanta buenista.

«Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo» fue dicho hace ya mucho tiempo. Y ahora descubrimos que se trataba de una pista, a la que en todos estos siglos no se había prestado la atención adecuada: Hay que ser más amable con la clientela. ¿En qué puedo servirle? ¿Qué desea el señor? Este debe ser el nuevo tono eclesial. O, como declaró un destacado participante del sínodo el otro día: «Debe ponerse fin al lenguaje exclusivo y hacer un fuerte énfasis en abrazar la realidad tal como es». Que es lo mismo, pero dicho más fino.

¡Abrazar la realidad tal como es! De eso se trata, pues. De acoger y bendecir cualquier opción aceptada socialmente, sin amargarle la vida a la gente con reproches de índole moral. Pues, ¡quién soy yo para juzgar!

No obstante, hubo un tiempo, que ya nos va pareciendo lejano, en el que la Iglesia sí que juzgaba, y sí que analizaba críticamente las ideas, las conductas y las tendencias dominantes en nuestra civilización. Y, de hecho, ello dio lugar durante el siglo XIX, la primera mitad del siglo XX, e incluso hasta bien entrada la revolución sesentayochista, a un movimiento, o más bien un intenso goteo, de espíritus inteligentes y libres que se encaminaban hacia ella, en su búsqueda de una alternativa capaz de hacer frente a las deficiencias que percibían en la sociedad, y sobre todo en la cultura y el pensamiento de cada época. Se trataba, como no podía ser de otro modo, de un movimiento minoritario. ¡Pero qué gloriosa minoría!: Gilbert K. Chesterton, Evelyn Waugh, Robert Hugh Benson, Ronald Knox, Hilaire Belloc, Peter Geach, Edith Stein, Elizabeth Anscombe, Nicolás Gómez Dávila, Julián Marías,… y hasta el viejo Ernst Jünger.

En la segunda mitad del siglo XX, conforme las iglesias protestantes europeas aplicaban con entusiasmo las mismas medidas de autodemolición y suicidio que ahora, con no menos entusiasmo, se proponen en el Sínodo de la Familia, hubo un segundo movimiento migratorio hacia el catolicismo, esta vez por parte de los clérigos y teólogos de aquellas confesiones que no estaban por colaborar en tal suicidio.

Y así, la Iglesia católica había terminado convirtiéndose en el refugio de todos los desertores de las modas intelectuales del momento: Acogió a los anticomunistas con Juan Pablo II, cuando el mundo daba por hecho que la Unión Soviética acabaría por triunfar, más tarde o más temprano. Y acogió a los resistentes del obamismo y la ideología de género en los tiempos de Benedicto XVI, levantando una bandera contra la ingeniería social, en nombre de la naturaleza humana, que nadie más osaba, ni osa, levantar.

La Iglesia católica era siempre la ciudadela frente a los paraísos a los que nos iban empujando los gobernantes iluminados de cada década. Siempre incómoda para los gobernantes, y no menos incómoda para los aspirantes al gobierno (y más si se presentaban como revolucionarios). Siempre políticamente incorrecta, y siempre irritante para los adictos a las modas intelectuales. Siempre anacrónica, siempre atrasada, y siempre superviviente a los que se burlaban de su atraso. Y, en definitiva, la única gran institución que podía presumir, en estos tiempos de regreso acelerado a la barbarie, de ser liderada por un filósofo, y en latín.

Pues bien, todo eso es lo que debe morir ahora, ahogado en cantidades industriales del nuevo edulcorante: la misericordina, o más bien bergoglina, en honor a su descubridor. A partir de ya mismo, la Iglesia está ahí para bendecir lo que la mayoría social quiera en cada momento y lugar que se bendiga ―por ejemplo, hoy y aquí, el buenismo obamista, o zapateril, o podemita―, y para criticar sólo aquello que esa misma mayoría considere criticable ―por ejemplo, el capitalismo, que siempre es bueno para llevarse un palo―. El profeta colombiano Gómez Dávila ya lo había visto venir hace tiempo. Y de ahí su dictamen: «La Iglesia, desde que el clero se aplebeyó, impreca a todos los vencidos y ovaciona a todos los vencedores».

Se trata, en definitiva, de una nueva religión. O, si se prefiere, de un gran cambiazo de la religión por otra cosa, mucho más de plástico y todo a cien, como corresponde a los tiempos que vivimos. Tal vez en el futuro se recuerde este año, o este pontificado, como el año en el que nos robaron la religión.

Pero, en fin, entretanto es otoño, caen las hojas, caen las doctrinas, y cae la lluvia interminablemente por las goteras de lo que parecía un buen refugio. Es otoño, y ya apenas distinguimos la diferencia entre estar en casa y estar ahí afuera, otra vez a la intemperie.

Francisco José Soler Gil

Tomado de:

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Otro artículo bomba de Neil McCaffrey en 1977. Simplemente sustituya “Pablo VI” por “Francisco”

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15 octubre, 2015

Con la cantidad de comentarios sobre el presente Sínodo (así como con las siempre efervescentes discusiones sobre la FSSPX), a veces podemos olvidar cuán profundas son las raíces de nuestra crisis actual. Hemos pasado por ello antes;  y estamos asistiendo al desarrollo de algo que hace ya tiempo que estaba ahí.

Este artículo fue escrito originalmente en 1977, antes de la suspensión del Arzobispo Marcel Lefebvre. El autor de este artículo no era, ni un miembro de la FSSPX, ni un partisano. Pero conocía la Iglesia del derecho y del revés, y sabía de historia y política católicas. Si el lector sustituye “Pablo VI” por “Francisco”, encontrará misteriosos paralelismos a todos los niveles.

Rorate Caeli agradece a Roger McCaffrey, de Roman Catholic Books, por permitirnos publicar este atrevido y perspicaz ensayo, que también aparecerá en la próxima edición de The Traditionalist, prevista para noviembre. (Cualquier consulta sobre la revista debe dirigirse a expeditor@gmail.com)

***

El Arzobispo Lefebvre, el Papa Pablo VI y la Tradición Católica

por Neil McCaffrey

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El caso Lefebvre está dejando a los Católicos Americanos ortodoxos a punto de estallar. La larga e hirviente disputa se centra en el Papa Pablo VI, pero no sólo tiene que ver con los méritos de un solo Papa. La historia está llena de tales disputas ad hoc, y la historia se las ve con ellas en su justo momento. La presente discusión suscita más preguntas básicas. ¿Cuáles –si los hay– son los límites del poder papal? ¿Qué le debe un Papa, no simplemente a las doctrinas de la Iglesia, sino a sus tradiciones? ¿Y a sus usos? ¿Qué le debe a las ideas y políticas de sus predecesores? ¿Cuáles deberían ser sus relaciones con un mundo hostil a la Fe?

Para un grupo -llamémosle los conservadores- las cuestiones no existen como temas para la exploración, sino simplemente como puntos para la afirmación, eslogans para la tropa. El Papa no puede hacer nada malo (o, si lo hace, no lo menciones hasta que lleve en la tumba un siglo o más). Lo nuestro no es razonar el porqué, o cuestionarnos; lo nuestro es reunirse alrededor de la bandera papal, con los conservadores estableciendo las reglas del juego para el Día de la Bandera.

La oposición no tiene una fórmula tan simple para responder. La oposición va a tientas, y sangrando. Y la disputa es de lo más intensa, de lo más amarga, porque la mayor parte de la oposición se encontraba hasta ayer en las filas de los conservadores.

Pero entonces, la realidad se abrió paso. Durante varios años después del Concilio, la línea convencional había sido: el Papa está aislado/perdido/desinformado/cautivo/lo que sea. Esta postura siempre dependía de una inmensa inocencia de la Iglesia y de los asuntos humanos, y además necesitaba de vez en cuando de señales de que el Papa estaba realmente de su lado. La presión de la catástrofe tenía que corroer esa postura -en particular cuando el Papa se esmeraba para demostrar que, de hecho, sabía lo que está sucediendo; que de hecho él es el autor de esas políticas, que no es tonto, y que no está para nada contento con los católicos que se le oponen.

Cuando estos hechos comenzaron a golpear de cerca, los católicos menos equilibrados llegaron a nuevas explicaciones, y salieron con insultos [1]: el Papa es un comunista/francmasón/impostor…o no fue elegido válidamente…o está drogado, etcétera. Los católicos sensatos, rechazando todas estas tonterías, pero aun así enfrentándose al hecho de un Papa hostil a casi todo lo que ellos consideraban sagrado, tuvieron que emprender lo que se puede llamar, al menos por analogía, la noche oscura del alma.

Pero Dios está ahí, y las noches oscuras del alma pueden ser luminosas. Los preocupados católicos empezaron a considerar seriamente lo que hasta entonces sólo habían sido meras abstracciones para ellos: no toda afirmación papal o conciliar es infalible, o incluso acertada. No toda política papal es prudente, o por el mejor interés de la Fe. Ningún Papa -hasta el mismo San Pedro lo sabe- está más allá del error , y ningún Papa humilde rechaza corregir su error. Y, como Dante y San Juan Crisóstomo nos dijeron una vez, algunos Papas van al Infierno.

Estas verdades tuvieron casi que imponerse en más de un católico consciente. Pero una vez que lo hicieron, estos católicos hicieron un maravilloso descubrimiento: la Verdad debía hacerlos libres. Encontraron, para su gozo, que al fin se unían a la corriente católica de siglos. Ahora, las tradiciones que veneraban significaban mucho más para ellos, al convertirse más profundamente en parte de esas tradiciones. Sacaban fuerzas de aquellas tradiciones. Para ser explícito, encontraron en la tradición católica un respeto casi universal, incluso reverencia, por el Papa en cuanto sucesor de San Pedro -pero nada de la aberración de que el Papa no puede hacer nada malo-. Encontraron cierta adulación cortesana a los Papas, pero ninguna de los católicos que tenían un respeto decente por el Papa, y por ellos mismos. Encontraron entre los verdaderos católicos un amor extendido por el Papa como padre, y casi nada de papolatría. (Un buen hijo ama y respeta a su padre -pero no lo elogia por llegar borracho a casa. Rebatiendo el Mi país, en lo bueno y en lo malo, de Stephen Decatur, Chesterton hizo notar que era como decir, Mi madre, borracha o sobria).

Dios escribe derecho con renglones torcidos; y cuando el desastre golpea a la Iglesia, la Providencia parece  extraer invariablemente el bien de ello. ¿Y por qué no? Cristo, después de todo, ya ha vencido. Así que las negligencias del actual papado han forzado a los católicos atentos a reconsiderar la papolatría a la que algunos han sucumbido en décadas recientes: un correctivo muy necesitado en muchos lados -tal y como, en la dirección opuesta, los Concilios de Florencia y Vaticano I ayudaron a equilibrar la balanza después de que el Concilio de Constanza hubiera amontonado indignidades contra el papado-. (Y a propósito, me pregunto cuántos edictos de Constanza suscribirían los conservadores de hoy. ¿O sólo cuenta el Concilio más reciente?)

Pero la ilustración del tipo que cuadra con la tradición católica no otorga a la oposición leal las fáciles fórmulas unidimensionales generadas por las cheerleaders vaticanas. ¿Leal al Papa? Por supuesto -pero no a Honorio I cuando se equivoca, o a Sergio III cuando asesina. Pedro debe ser corregido por Pablo, y Gregorio XI no carecía de cortesanos que le aseguraban que estaba haciendo lo correcto al quedarse en Aviñón. Pero la muchacha que le dijo francamente que su sitio estaba en Roma, y tan francamente le recomendó  renunciar si no iba a ejercer su autoridad, es honrada como una de las grandes mujeres en la historia Católica, santa Catalina de Siena.

Mi desacuerdo con algunos en los medios de comunicación conservadores es doble: ellos deforman nuestra crisis actual, y ni siquiera están seguros de sus propios y oscuros principios. Falsean, suprimiendo las noticias sobre el Papa; lo que significa que fallan como periodistas católicos. Nunca informan cuando el Papa recibe a un líder comunista, o a la pionera de la liberación femenina Betty Friedan, o al asesino de masas Idi Amin. No nos dicen que rechazó encontrarse con una peregrinación internacional de católicos tradicionales, a pesar de que tuvieron una vigilia de oración toda la noche en la plaza de San Pedro; aunque en el mismo momento recibía a tres revolucionarios portugueses. Nunca nos habríamos enterado por ellos de que el Papa se unió a la izquierda internacional,  para condenar al gobierno de Franco por la ejecución de terroristas españoles. En periódicos que proclaman su admiración por el Papa, ¿por qué se excluyen cuidadosamente las noticias de tantas de sus principales actividades?

La respuesta puede ser que la prensa católica conservadora encuentra estas actividades vergonzosas.

Pero, ¿esta repugnancia habla de veras bien de ella? Creo que no. Para empezar, los periódicos católicos deben imprimir noticias católicas honestamente, o de lo contrario fallarán en su principal deber. Pero además de eso, eliminar noticias sobre el Papa expresa algo interesante sobre la admiración declarada hacia él. Si no se es capaz de informar de actividades que encuentra vergonzosas, ¿por qué la prensa conservadora católica pretende al mismo tiempo que el Papa es inocente?

Existe otra alternativa: la prensa católica conservadora comparte la predilección del Papa por los revolucionarios, pero no se atreve a  revelarlo por miedo a perder a sus lectores. Pero esta explicación es absurda a primera vista. La primera alternativa es la única que suena verdadera. La prensa católica conservadora es prisionera de su propia inconsistencia, atrapada por un Papa liberal.

Por supuesto no necesitan ser atrapados. Lo que pueden hacer, lo que espero que harán un día, es someter sus premisas a una buena dosis de historia católica, renunciar a la papolatría, y tomar la medicina. Puede que duela pero la adversidad es el precio del crecimiento, y un canal de la gracia.

La situación de las organizaciones leales al Papa difiere en cierto modo de la de la prensa: no son periódicos. Por lo tanto no tienen obligación de informar de situaciones desagradables; aunque tienen obligación de plantarles cara. Creo que estas asociaciones, y la prensa católica de ideas afines, se oponen a los hechos, y además faltan a sus propios principios.

Su posición es conocida: los documentos conciliares son inocentes; el Papa es del mismo modo tan inocente como guardián de la Fe y la tradición; todo lo malo que ha sucedido, ha sucedido a pesar del Papa y del Concilio.

¿Quién puede negar la enorme atracción emocional de esta posición? Casi cualquier católico ortodoxo solía sostenerlo, si no lo hace ahora. Todo católico ortodoxo desearía poder sostenerlo. Sólo hay un argumento en contra: que no es verdad.

Entre otras cosas, el argumento es insípido. ¡Como si los concilios de la Iglesia sólo fueran juzgados por sus documentos! La gente que piensa esto no tiene sentido de la textura de los asuntos humanos, y por lo tanto de la historia. Si juzgamos el Concilio de Constanza simplemente por el puñado de medidas disciplinarias que aprobó, y que Martín V firmó, bostezaríamos y le dedicaríamos un párrafo en la historia de la Iglesia. ¡Cuán diferente fue la realidad! Una orgía anti-papal como la Iglesia jamás ha visto (excepto quizás en los últimos quince años), cuyos efectos han perseguido a la Iglesia durante más de cuatro siglos.

No es una sorpresa que el Papa Pablo VI comprende su Concilio mucho mejor que sus admiradores conservadores. Nunca ha ocultado su convicción de que el Concilio fue la puerta de entrada para el cambio en la Iglesia, y así estaba previsto.  Y lo ha subrayado, haciendo notar que Gaudium et Spes supuso una ruptura con la vieja visión católica sostenida por muchos de los santos. (Habría podido decir, con mucha mayor exactitud, por todos los santos -sin mencionar a los autores de las Epístolas, y a nuestro mismísimo Señor).

En lo que respecta a los documentos conciliares, requieren una exégesis que daría para llenar una estantería. Pero exhalan un espíritu, sobre todo cuando se ocupan de problemas temporales, que choca con los reparos de los anteriores Papas al liberalismo y al humanismo.

No es accidental que los liberales de todo el mundo alabaron el Concilio. ¿Todos estaban equivocados? Los niños de este mundo son sabios de su generación. Los liberales conocen a los suyos. En particular, saben que el Concilio marchó en su dirección de libertad religiosa -mientras que despreciaban la visión de los anteriores Papas (que, a su vez, simplemente repetían lo que había sido la actitud invariable de la Iglesia desde los tiempos apostólicos)-. Si el Concilio no ofreció una nueva y completa visión de la libertad religiosa (nueva para la Iglesia; es algo pasado de moda para los liberales), entonces las palabras han perdido todo su significado. Sospecho que ésta es una razón por la que al Arzobispo Lefebvre se le niega su defensa.       El Vaticano detesta defender un caso sin esperanza, incluso en su propia corte.

Pero el mismo Papa nos ha dado la refutación final de la posición conservadora, al condenar al arzobispo Lefebvre. Entre otras cosas, el Papa exige al arzobispo que acepte las “orientaciones” post-conciliares de la Iglesia -que son nuevas por definición-; de no ser así, el Papa, el arzobispo y el resto de nosotros, no estaríamos discutiendo sobre nada.

Lo que conduce a mi punto de que el ala conservadora está traicionando aquí su propia posición. ¿Por qué se niegan a seguir las orientaciones post-conciliares? El Papa las ha confirmado. ¿Por qué resisten a la corriente pentecostal? El Papa lo ve con buenos ojos. ¿Por qué se asustan de las actividades revolucionarias de los delegados papales en el Tercer Mundo? ¿Por qué se pelean con las ideas teológicas que se enseñan en los seminarios pontificios de Roma? ¿Por qué discuten con catecismos impuestos por casi todos los obispos del mundo? Estos obispos, después de todo, dan cuentas al Papa; la mayor parte son delegados; y el caudal de delegaciones se ha mantenido constante durante catorce años.

Creo que conozco el porqué. Rasca a un conservador, y más frecuentemente de lo que esperas encontrarás a un tradicionalista. Pero un tradicionalista que no se atreve a resolver la ambigüedad de su propia posición. Esto no es sorprendente. Duele cambiar.

Que es justamente  lo que hemos estado diciendo al Papa. Que no está escuchando, y al que no le importa.

Neil McCaffrey (1925-1994) fue el fundador del Club del Libro Conservador (Conservative Book Club) y de Arlington House Publishers, que dirigió varias décadas; y un respetado organizador político entre bambalinas (cf. Buchanan: El mayor regreso: cómo Richard Nixon se levantó de su derrota para crear la nueva mayoría. The Greatest Comeback: How Richard Nixon Rose from Defeat to Create The New Majority, Crown, 2014). Antes de su lanzamiento, trabajó en Doubleday-Image Books, bajo la dirección de su fundador, John Delaney, y fue ejecutivo de Macmillan Publishing Company. Mientras estuvo allí, guió a un puñado de bestsellers nacionales al éxito. Graduado en el programa de periodismo de la Universidad de Fordham, fue producto del sistema de educación de la Archidiócesis de Nueva York, seguramente el mejor de Norteamérica en su día.

 
 

[1] Nota del Traductor: el término traducido es “hookery”, que proviene de “hooker”, puta o prostituta. Es una sustantivación, que equivaldría a algo así como “putadas” o “guarradas”

[Traducido por José Gutiérrez. Artículo original]

El Hospital abortista del obispo Meneses

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12 octubre, 2015

El estupor suscitado en el Hospital Comarcal de Sant Celoni por la dimisión de Mn. Ignasi Fuster como vicepresidente de su Patronato, ha entrado en una nueva etapa. El Obispo de Terrassa ha nombrado nuevo párroco, y Mn. Fuster se ha incorporado a la Archidiócesis de Barcelona.

Por razón de su cargo pastoral, el párroco de Sant Martí de Sant Celoni era también vicepresidente nato del Patronato del hospital, cuya presidencia la ostenta el alcalde de la ciudad. El alcalde y el párroco nombraban los miembros del patronato [1]: tres por la parroquia y cuatro por el Ayuntamiento.  El tesorero y el secretario están también en manos de la alcaldía. Y completa la estructura orgánica un código ético [2] que parece salido de la Gran Logia Simbólica de la calle Avinyó.

La Fundación Hospital de Sant Celoni es una fundación privada que tiene una historia que se remonta al siglo XII. Ahora es Centro de Referencia de la subcomarca del Baix Montseny. Está integrado en la Red Hospitalaria de Utilización Pública (XHUP) formada por la mayoría de hospitales públicos de Cataluña, no pertenecientes al Institut Català de la Salut (ICS). Por ello, la mayor parte de su actividad ha acabado estando concertada con el CatSalut. Sigue leyendo

El Hospital abortista del obispo Vives

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2 octubre, 2015

Pedimos a la Virgen que no salga un pueblo dividido sino hermanado de las próximas elecciones, que cesen las mentiras contra nuestro pueblo, que cese la tergiversación de la verdad, que unos y otros recuperen el seny, que Catalunya viva hermanada con los otros pueblos de España y de Europa. (Mons. Vives)

Joan Enric Vives Sicilia, obispo de la Seo de Urgel y copríncipe de Andorra, es un prelado singular por simpático, cercano y populista. De verbo fácil, abierto y dicharachero con casi todos, y excelente amigo de sus amigos. El pobre ha tenido que hacer complicados equilibrios para nadar y guardar la ropa o para bailar la música que tocan sin pisar a la pareja -como él mismo solía decir- en el frágil tema de la posible legalización del aborto en el Principado de Andorra, del que hasta el momento ha salido bien librado[1]. Donde se tira a nadar y de cabeza es en hacer el caldo gordo a los que han tomado partido por la independencia. Eso sí y sin ninguna vergüenza: mentiras contra nuestro pueblo, tergiversación de la verdad sólo en una dirección, los pueblos de España, de Europa y “el nuestro” por separado y al mismo nivel… Y es que siempre juega a caballo ganador. O eso se cree él…

Hace exactamente un año Ara.cat se hacía lenguas de la actitud de Mons. Vives dispuesto, cual nuevo Balduino, a abdicar del coprincipado para no suscribir con su firma una ley abortista[2]. Lo cual, según el diario, le abriría un maravilloso futuro. La configuración política de Andorra exigiría la firma de los dos copríncipes -el presidente francés y el obispo de Urgel- para promulgar válidamente una ley. Así pues, Vives dejaría su cargo para suceder a Martínez Sistach en Barcelona y el nuevo obispo de Urgel tomaría posesión del coprincipado -limpio de polvo y paja- tras la legalización del aborto únicamente con la firma de Monsieur Hollande. Otra jugada maestra de la sesuda diplomacia vaticana: Sí, pero no. No, pero sí… ¡Y tengamos la fiesta en paz! A ver si el tema del aborto va a traer una crisis diplomática inasumible por los achantados monseñores de la Secretaría de Estado. Sigue leyendo

El Hospital abortista del Obispo Jaime Pujol

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24 agosto, 2015

Eres tibio si haces perezosamente y de mala gana las cosas que se refieren al Señor; si buscas con cálculo o “cuquería” el modo de disminuir tus deberes; si no piensas más que en ti y en tu comodidad; si tus conversaciones son ociosas o vanas; si no aborreces hasta el pecado venial; si obras por motivos humanos. (San Josémaría. Camino, 331)

Estamos sufriendo una auténtica pesadilla. Si alguna obligación tiene hoy la Iglesia ante el mundo, no tiene que ver con cuestiones contingentes como son las económicas o las medioambientales, de las que hace bandera el mundo. Si alguna responsabilidad grave tiene la Iglesia ante las generaciones actuales y futuras, es la defensa de la vida y de la familia: y por consiguiente, de la moral en que se sostienen estos dos pilares en que se cimienta una sociedad sana. Y hablo de la responsabilidad ante el mundo, porque esto lo percibimos con mayor transparencia que nuestras responsabilidades ante Dios.

Y digo que estamos sufriendo una pesadilla, porque aquí en nuestros lares basta abrir la Guía de Servicios Hospitalarios de la Generalidad de Cataluña, para constatar que los hospitales que fundara la Iglesia y que siguen bajo su responsabilidad administrativa (compartida) y espiritual y moral (exclusiva de la Iglesia) se han incorporado a la red hospitalaria del Estado, al que han cedido también, sin presentar batalla siquiera, por pura incomparecencia, el poder espiritual y moral. Y nos duele tanto más, cuanto son obispos supuestamente “de recta doctrina” los que han incurrido en semejante dejación.

Es realmente una pesadilla: porque si hemos de considerar “buenos” a los obispos que consienten que sus hospitales funcionen como abortorios de referencia (los documentos oficiales al alcance de todo el mundo, así lo proclaman), aceptando ese cáncer moral y social por vía de hecho, sin que al parecer les duela la conciencia, ¿cómo serán los malos? Mejor ni pensarlo. Esta vez es el hospital de don Jaime Pujol Balcells, Arzobispo de Tarragona desde 2004.

Profesor de Pedagogía Religiosa en la Facultad Teológica de la Universidad de Navarra (Opus Dei), dirigió en la misma institución docente el Departamento de Pastoral y Catequesis y el Instituto Superior de Ciencias Religiosas. Asesor de la Conferencia Episcopal en temas de enseñanza y catequesis, fue consagrado obispo y destinado directamente a la sede tarraconense (sede arzobispal) desde su cátedra universitaria. En 2011 fue proclamado por “unanimidad” del Consistorio Municipal, hijo adoptivo de Tarragona. Conviene destacar que el Ayuntamiento estaba gobernado por el PSC. Todo un signo.

Calificado por algunos como afable y cercano -lo cortés no quita lo valiente- su vocación al sacerdocio vino, en palabras del propio Arzobispo, por una petición de San Josemaría el año 1973 para servir de otra manera a la Iglesia y a la Obra. Si se ha distinguido en algo su pontificado en Tarragona, será por su labor discreta y sin concesiones doctrinales –dicen-, pero siempre conciliadora. Como tantos otros… Nadie habla mal de él, se comenta en los mentideros eclesiales. Todo un arte, ciertamente. En especial cuando hay que defender con firmeza posiciones que no coinciden con los que han pretendido y conseguido que el arzobispo se conciliase con ellos.

Es sin duda este talante conciliador de don Jaime, el que nos ha deparado la sorpresa y la decepción. En efecto, las estadísticas anuales de La Interrupción Voluntaria del Embarazo en Cataluña, publicadas el pasado julio por el Departamento de Salud del gobierno autonómico constatan que, desde el 2013 hasta el día de hoy [1] [2] se realizan abortos provocados en el Hospital de Sant Pau y Santa Tecla de Tarragona. Un hospital como el de Granollers o Sant Celoni, el de San Bernabé en Berga o el de San Pablo en Barcelona, participados en su junta directiva por las diferentes canonjías diocesanas. Integrados todos ellos en la Red Hospitalaria de Utilización Pública (XHUP), se han convertido en los esclavitos felices, o más bien en las bien pagás de las políticas abortistas de Boi Ruiz, Consejero de Sanidad de la Generalitat de Cataluña. Para colmo, el Patronato de la Fundación del Hospital está ¡presidido! por el P. Joan Aragonés, en nombre el Sr. Arzobispo D. Jaime Pujol.

A finales del pasado año, el alcalde de Tarragona, el socialista Josep Félix Ballesteros, el arzobispo Pujol y el sacerdotal presidente de la Fundación del Hospital hicieron una declaración de intenciones con motivo del 500 aniversario de la institución sanitaria. Como sucesores de sus fundadores, queremos reafirmar nuestro compromiso, impulsando y favoreciendo un trabajo ilusionado y comprometido a favor de la atención integral a las personas. (declaración “eclesiásticamente” aséptica) [3]. Fotos y parabienes mientras los matarifes del hospital ensangrientan sus manos con la sangre de unos inocentes que no gritan ni votan ni parecen inquietar a los responsables de tal canallada. El mismo P. Aragonés recibió el pasado mes de mayo, muy ufano -con americana y corbata-, en nombre de su hospital, la Creu de Sant Jordi de manos de Arturo Mas por los servicios prestados no a Jesucristo, claro, ni a la Santa Madre Iglesia, sino a la Generalitat de Cataluña. [4]

Hace tan sólo unos meses se despachaba así Joan Aragonés en una entrevista a la Agencia Flama. Con un estilo calculadamente confuso y calculadamente equívoco, el pobre curita afirma, como si no supiera nada de lo que ocurre en su hospital: La Junta del Hospital Sant Pau y Santa Tecla estaba formada por cuatro personas, de las cuales dos estaban escogidas por el Capítulo Catedral y dos por el Ayuntamiento. [5] Las personas escogidas por el Capítulo tenían que tener la conformidad del Arzobispo. Hace unos años se cambiaron los estatutos, para mejorar la gestión y no cargar toda la responsabilidad en estas dos instituciones. Actualmente, las características del Hospital no podrían ser cubiertas por el Ayuntamiento y el Arzobispado, por lo tanto se decidió crear una entidad con personalidad jurídica propia, la Red Sanitaria Santa Tecla, constituida por técnicos. Aún así, siempre se pide la conformidad del Ayuntamiento y del Capítulo. La función que aporta la Iglesia y el Capítulo de la Catedral es puramente representativa. A través mío o del cura que haya, el papel es tanto sólo espiritual.

Sólo espiritual, puramente representativa… ya. Por eso, porque en realidad no le deben ningún favor, recoge usted, padre, personalmente la Creu Sant Jordi de manos del principal financiador del crimen del aborto en Cataluña: Arturo Mas. Por eso hace usted una declaración pública junto a su Arzobispo y al alcalde socialista de Tarragona, diciendo que en el hospital todo el monte es orégano. Por eso se les ha pedido conformidad también para realizar abortos, esterilizaciones y dispensar a capazos la píldora abortiva en el servicio de urgencias. Siempre se les pide el consentimiento… ¡Lo dice usted! Porque su labor es sólo espiritual ¿verdad? Porque ustedes, tan buenos e ingenuos como son, ya no son responsables de nada, porque su función es puramente representativa. ¡Qué tontuna más gorda, qué inocencia más bien calculada! Por la boca muere el pez, señor canónigo. Se les pide el consentimiento siempre: también cuando los políticos deciden agregar su hospital a la red de abortorios de Cataluña.

Los ciudadanos -proclamaba solemnemente el arzobispo Pujol- tienen también unos deberes en relación a las autoridades civiles. Todo ello implica también la obligación de no obedecer en conciencia cuando las leyes de las autoridades civiles se oponen a las exigencias del orden moral: “Hay que obedecer a Dios antes que los hombres” nos recuerdan los Hechos de los Apóstoles. Y ello es especialmente grave si esas leyes van en contra de la vida humana, desde la concepción hasta su fin natural. [6]

¡Qué huecas y lejanas suenan estas palabras que Mons. Jaume Pujol escribió en una de sus cartas dominicales! La realidad abortista del Hospital de Sant Pau y Santa Tecla ha pasado por encima de todos los principios y normas morales que exponía en 2010 el Arzobispo de Tarragona. Ahora hay que obrar en consecuencia. No como lo han hecho los obispos de Tarrasa o San Feliu, Solsona o Barcelona, escamoteando la verdad, manipulando los datos estadísticos y corriendo un tupido velo. Se trata de que el Evangelio de la Vida sea proclamado y aplicado con valentía, pagando el precio correspondiente: Aquí no le van a degollar como en Siria o Irak, Sr. Arzobispo. Simplemente se acabará el buen rollo con la Generalitat y el Ayuntamiento; pero usted tendrá un hospital donde se respete la vida del ser humano en todos los casos.

Pero no perdamos la esperanza. Los católicos creemos en la acción del Espíritu Santo. ¿A cuál de los cinco obispos le llenará de ardor evangélico y evangelizador (porque éste es el meollo de la Nueva Evangelización) para que dé un paso al frente y se plante ante las autoridades políticas del hospital para impedirles continuar con sus prácticas abortistas? ¿Será Pujol? ¿Será Meneses? ¿Será Novell? ¿Será Cortés? ¿Será Sistach? Lástima que ya les pasó a todos ellos la mano por la cara una simple enfermera en Mallorca, que se plantó para impedir que se practicasen abortos en su hospital. Y lo consiguió. [7]

Padre Custodio Ballester Bielsa

[1] http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=18036

[2] enlace

[3] enlace

[4] enlace

[5] enlace

[6] enlace

[7] enlace

El Hospital de Xavi Novell

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5 agosto, 2015

Los centinelas de Israel son ciegos. Ninguno quiere saber nada. Todos son perros mudos que no pueden ladrar, vigilantes tumbados amigos de dormir (Is 56, 10)

Es un escandalazo monumental la presencia obsequiosa de la Iglesia catalana en esos antiguos hospitales de “inspiración cristiana” ahora convertidos en Centros de Referencia para la Salud Sexual y Reproductiva y para la Interrupción Voluntaria del Embarazo. Más de un prelado contemplaba desde la barrera el berenjenal en que estaban metidos los obispos de Tarrasa y San Feliu y hasta el mismo Cardenal de Barcelona con lo de los abortos y neveras criogénicas en sus hospitales. Del Hospital de Sant Pau en Barcelona, del de Granollers, Sant Celoni y San Juan de Dios he hablado en repetidas ocasiones… Y la cosa sigue igual. Pero eso sí, como lo que aquí he denunciado se puede constatar en la web oficial de la Generalitat, estos obispos ya no se pueden hacer los sorprendidos ni los engañados por las autoridades civiles con las que comparten la administración de los hospitales. Ni siquiera les vale ya el pretexto piadoso de que en esos hospitales sólo se practican abortos cuando no hay más remedio. Es evidente la hipocresía con que se actúa, puesto que la Generalitat proclama que esos hospitales están también oficialmente para practicar abortos. Mons. Martínez Sistach, en cambio, fue más allá y pactó en 2012 con Boi Ruiz, Conseller de Sanidad, eliminar de los datos estadísticos de la Generalitat los abortos del Hospital de Sant Pau. Ojos que no ven… 

Mons. Xavier Novell es uno de los obispos a los que la supuestamente buena fortuna colocó en la barrera, a mirar cómo lidiaban los demás el miura del aborto en su propia casa. Fue consagrado obispo de Solsona (Lérida) en 2010. Ha dado mucho que hablar el hombre… empeñado en ser un obispo absolutamente singular. Desde la exhibición desenfadada de sus veleidades independentistashasta la obscena ostentación de sus desaforadas aficiones futbolísticas cantando el alirón barcelonista con unos tifosi beodos,  pasando por su particular endemoniamiento cuando, encantado de su hazaña, se disfrazó de ángel caído para La Patum -la parte profana del tradicional Corpus de Berga-. Tras esos alardes de exhibicionismo tan impropios de un obispo católico, los que tanto esperaban de él lo han arrinconado en una especie de dique seco del que le costará salir… supongo.

Pero los demonios de Mons. Novell han saltado en Berga precisamente. Tanto camelarlos y azuzarlos, precisamente es en esa ciudad, antaño llena de carlistas y ahora repleta del independentismo más casposo, donde un nuevo affaire viene a ensuciar nuevamente su maltrecho currículo. El Hospital Comarcal de San Bernabé, participado en su Patronato por el Obispo de Solsona en la persona de su delegado el P. Marc Majá, desde el año 2011 y hasta el mismísimo día de hoy realiza oficialmente abortos provocados (llamados eufemísticamente “IVE” Interrupción Voluntaria del Embarazo).

Y si se hacen abortos, lógicamente -no vayamos a ser estrechos- también esterilizaciones y píldoras abortivas en el servicio de urgencias. Y seguro que no he sido yo ni el primero ni el único en descubrirlo.

En el opúsculo estadístico editado por el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña bajo el título “La interrupción voluntaria del embarazo en Cataluña” consta siempre el Hospital de San Bernabé de Berga en la Relación de centros sanitarios que han notificado IVE durante el año. Desde hace ya cuatro años, los demonios verdes de La Patum han conseguido que un hospital en cuyo patronato está representado Mons. Novell se haya convertido en abortista y esterilizador.

Cuando cada año se publican las cifras escalofriantes de los abortos en Cataluña -decía Novell en 2012 cuando a él se le suponía inmaculado-, “¿cómo es que casi todo el mundo calla? ¿Es que no tiene valor la vida de decenas de miles de nonatos eliminados impunemente? ¿Será cierto que los animales tienen tantos o más derechos que las personas? ¿Qué pasa en este país? Pues mire, pasa que es más fácil predicar que dar trigo y que obras son amores y no buenas razones. Y en su hospital, Sr. Obispo, es público y notorio que se actúa en contra del Evangelio y la moral católica. Su representante el P. Majá y usted mismo, señor obispo, deben de dormir un profundo sueño, para el que es preciso previamente taparse fuertemente los ojos y los oídos a fin de desconocer “oficialmente” los datos estadísticos que se publican año tras año.

Los católicos carcas y melifluos que entregan su voluntad y su voto a partidos abortistas, se dan por satisfechos con las declaraciones de intenciones de los señores obispos y los miran con profunda compasión y congoja: Pobres, no pueden hacer nada más, aunque quisieran… O tal vez esperan esas almas cándidas lo que esperaban -los comodones, claro- en la Francia del Mariscal Pétain: que el colaboracionismo del anciano militar fuese una genial estrategia que acabaría derrotando a los nazis. Ni derrotó ni venció, sino que se convirtió en cómplice de los crímenes de los invasores. Su colaboración sólo dio pedigrí legal y propagandístico a los más infames facinerosos. Así también, la cosmética presencia de la Iglesia en esos abortorios de lujo contribuye a establecer una connivencia con el mal que acaba neutralizando cualquier capacidad de objeción. Es una de las formas más graves de corrupción que se dan en la Iglesia, que minan la credibilidad de sus altos dignatarios que ven, oyen y callan. Y que procuran que nadie se fije en ellos respecto a estos temas, cuando tan dados son a llamar la atención en otros totalmente irrelevantes desde la perspectiva de la evangelización.

Ciertamente es muy fácil hacer bonitas y católicas declaraciones sobre la devastadora inmoralidad del aborto. Sin embargo, no podemos olvidar lo que explicaba Benedicto XVI sobre su experiencia juvenil en tiempos del nazismo. Entonces se produjo en Alemania la lucha del gobierno nacional-socialista contra la escuela confesional. Los obispos llevaron a cabo con dureza la batalla en defensa de la escuela, la lucha por la observancia del Concordato que los nazis violaban continuamente. Han quedado grabadas en mi memoria -decía Joseph Ratzinger- las cartas pastorales sobre este asunto que el párroco leía durante las celebraciones dominicales. Ya entonces empecé a darme cuenta de que limitándose a la lucha en defensa de las instituciones, desconocían en parte la realidad. Porque, en efecto, la sola garantía institucional no sirve para nada, si no existen las personas que la sostengan con sus propias convicciones personales y con su acción consecuente. En fin, señor obispo, si además de hablar tan bonito cuando el problema no le salpica, no se remanga y actúa cuando le llega la podredumbre hasta las cejas, es que hay muy poca convicción. O tal vez ninguna.

El paper ho aguanta tot. La realitat mai. ¿Recuerda Mons. Novell? Lo decía Mn. Josep Mª Via Taltavull en sus clases del Seminario y usted fue alumno suyo. Así es, el papel lo aguanta todo, la realidad -los abortos en San Bernabé- nunca. Y sus palabras, Sr. Obispo, sólo son palabras. Se las llevará el viento, mientras los inocentes no nacidos son masacrados en la Berga de La Patum ante su desconcertada (o quizá resignada) mirada episcopal. Es una lástima constatar que también su diócesis pertenece al club. A ese club que juega en la primera división del silencio y de la cómplice resignación en Barcelona, en Tarrasa, en San Feliu y ahora en Berga. Y es que siempre es así: siempre escaseamos en obras y camuflamos esa escasez con palabras. Pero el Evangelio no dice “por sus palabras los conoceréis”, sino Por sus obras los conoceréis (Mt 7, 16).

Custodio Ballester Bielsa, pbro.

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