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Un pequeño análisis sobre el Motu Proprio Sacrorum Antistitum
A continuación, les presento un análisis del Motu Proprio Sacrorum Antistitum, este es un documento capital de la Sede Apostólica, promulgado por el Papa San Pío X. El Motu Proprio Sacrorum Antistitum es el baluarte definitivo de la Iglesia contra el modernismo, al que el mismo Pontífice definió como la «síntesis de todas las herejías».
Aquí tienen un análisis doctrinal y estructural de este mandato obligatorio:
1. El Contexto Histórico
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La amenaza interna: El modernismo no atacaba desde fuera, sino desde las entrañas de la Iglesia, pervirtiendo la filosofía, la teología y la exégesis bíblica.
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Continuidad doctrinal: Este documento da fuerza ejecutiva e institucional a la encíclica Pascendi Dominici Gregis (1907) y al decreto Lamentabili.
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Objetivo principal: Purificar los seminarios y proteger a las almas de la infiltración de las ideas liberales y racionalistas.
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La Anatomía del Error: La Encíclica Pascendi Dominici Gregis
Veamos la obra cumbre de San Pío X, la Encíclica Pascendi (8 de septiembre de 1907). En ella, el Santo Padre no solo condena los errores, sino que realiza una disección quirúrgica del modernista, revelando las múltiples «máscaras» o roles que adopta una misma persona para destruir la Iglesia desde dentro.
San Pío X describe al modernista bajo siete personalidades falsas. Veamos cómo cada una de ellas describe perfectamente al clero o al teólogo común en el año 2026:
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El Modernista como Filósofo (El Inmanentismo)
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La Doctrina de la Pascendi: El Papa denuncia que la filosofía modernista se basa en el «agnosticismo» (la razón humana no puede elevarse hasta Dios) y en la «inmanencia vital» (la religión nace de una necesidad oculta del corazón humano).
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La Realidad Actual: Hoy se predica a menudo que todas las religiones son expresiones válidas de la búsqueda humana de Dios. El sentimiento ecuménico actual equipara la fe divina con el sentimiento religioso natural.
Magisterio de la Iglesia: Pascendi Dominici Gregis
De Pío X
1907
Sobre las doctrinas de los modernistas.
INTRODUCCIÓN
Al oficio de apacentar la grey del Señor que nos ha sido confiada de lo alto, Jesucristo señaló como primer deber el de guardar con suma vigilancia el depósito tradicional de la santa fe, tanto frente a las novedades profanas del lenguaje como a las contradicciones de una falsa ciencia. No ha existido época alguna en la que no haya sido necesaria a la grey cristiana esa vigilancia de su Pastor supremo; porque jamás han faltado, suscitados por el enemigo del género humano, hombres de lenguaje perverso(1), decidores de novedades y seductores(2), sujetos al error y que arrastran al error(3).
El desenmascaramiento del Modernismo en la Encíclica Pascendi
El Santo Papa San Pío X, viendo que el veneno de la apostasía se infiltraba en las venas mismas de la Iglesia, promulgó el 8 de septiembre de 1907 la encíclica Pascendi Dominici Gregis. En este documento magistral, el santo pontífice no definió una herejía común, sino que acuñó un término terrible: el modernismo es la «síntesis de todas las herejías», porque busca destruir la raíz misma de la fe sobrenatural.
Un pequeño análisis sobre la encíclica Pascendi Dominici Gregis
Aquí les presento un pequeño análisis sobre la encíclica Pascendi Dominici Gregis, promulgada por el Santo Padre Pío X el 8 de septiembre de 1907. Esta carta encíclica es el baluarte supremo contra el modernismo, al cual el Pontífice definió con total acierto como la «síntesis de todas las herejías».
A continuación, les presento un riguroso desglose teológico de este documento vital para la salvación de las almas.
5 de las tesis que condenaba el Decreto Lamentabili Sane Exitu en 1907 hoy en 2026 se enseñan, se practican o están plenamente asimiladas en las estructuras oficiales de la Iglesia Católica
Hermanos, este es un ejercicio que estremece el alma de cualquier sacerdote y de cualquier fiel católico que quiere permanecer en la enseñanza perene de la Iglesia Católica.
Miremos desde el año 2026 hacia atrás, cruzando el umbral del Concilio Vaticano II, para ver cómo aquellas tesis que el Papa San Pío X fulminó en el Decreto Lamentabili Sane Exitu hoy se enseñan, se practican o están plenamente asimiladas en las estructuras oficiales, esto es constatar la magnitud de la crisis que vive la Iglesia actualmente.
Para un sacerdote de aquel tiempo, lo que hoy llaman «teología normal» o «progreso» es, en esencia, la victoria práctica de los errores condenados.
El Decreto Lamentabili Sane Exitu fulmina los errores fundamentales que, inevitablemente, conducen a la destrucción y falsificación de la liturgia católica.
El enemigo modernista buscaba vaciar de contenido teológico los misterios que la liturgia expresa, convirtiendo el culto en un mero teatro de la «conciencia humana».
Sin embargo, el decreto fulmina los errores fundamentales que, inevitablemente, conducen a la destrucción y falsificación de la liturgia católica.
Magisterio de la Iglesia: Lamentabili Sane Exitu
De Pío X
Año 1907
Decreto emitido por el Santo Oficio y que conforma una especie de Syllabus del modernismo.
Son lamentables los resultados con que los tiempos actuales, refractarios a toda mesura, van tras las novedades que la investigación de las supremas razones de las cosas ofrece, y caen en gravísimos errores al mismo tiempo que desprecian lo que es la herencia del género humano.
Estos errores son mucho más graves cuando se trata de la ciencia sagrada, o de la interpretación de la Sagrada Escritura, o de los más importantes misterios de la fe.
Es muy doloroso encontrar incluso no pocos escritores católicos que traspasan los límites puestos por los Santos Padres y por la Iglesia misma, y se dedican a desarrollar los dogmas de una manera que en realidad no es más que deformarlos; y esto con el pretexto de ofrecer una más profunda comprensión de los mismos y en nombre de la crítica histórica.
Estos errores se están difundiendo cada vez más entre los fieles; para que no arraiguen en ellos corrompiendo la pureza de su fe, nuestro Santísimo Padre el Papa Pío X ha encomendado a este Tribunal de la Santa Inquisición Romana y Universal que señale y condene los principales de esos errores.
En consecuencia, después de un detenido examen, y con el voto de los Consultores, los Eminentísimos Cardenales, Inquisidores Generales en cuestiones de fe y de costumbres, creyeron conveniente condenar y proscribir las proposiciones siguientes, tal y como se reprueban y proscriben en este Decreto.
Un pequeño análisis sobre el Decreto Lamentabili Sane Exitu
El Decreto Lamentabili Sane Exitu, promulgado por el Santo Oficio el 3 de julio de 1907, es un escudo infalible contra la «síntesis de todas las herejías»: el modernismo. En este documento se condenan explícitamente 65 proposiciones que intentaban envenenar la sana doctrina, la exégesis bíblica y la naturaleza misma de los dogmas.
Analicemos los bloques fundamentales de estas proposiciones condenadas, para que comprendan el error y abracen la verdad católica.
El Papa San Pío X y la herejía del modernismo
El Papa San Pío X combatió de manera frontal el modernismo teológico (al cual calificó como la «síntesis de todas las herejías») a través de un cuerpo de tres documentos magistrales principales, emitidos en el siguiente estricto orden cronológico:
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Decreto Lamentabili Sane Exitu (3 de julio de 1907)
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Tipo de documento: Decreto del Santo Oficio, formalmente aprobado y ordenado por el Papa.
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Propósito: Actuó como un catálogo de errores doctrinales. Condenó de forma explícita 65 proposiciones modernistas relacionadas con los errores en la interpretación de las Sagradas Escrituras, la naturaleza de los dogmas, los sacramentos y la institución de la Iglesia.
El misterio del Anticristo según la Tradición
Asunto grave y de suma vigilancia para las almas nos ocupa hoy hermanos. El misterio del Anticristo es una de las verdades más solemnes de la esjatología católica. San Pablo ya nos advertía en su Segunda Epístola a los Tesalonicenses sobre el mysterium iniquitatis (el misterio de la iniquidad) que ya está en marcha, pero que al final de los tiempos se manifestará de forma corpórea, personal y espantosa.
Monseñor Juan Straubinger, bebiendo de las fuentes puras de los Santos Padres (como San Agustín, San Jerónimo y Santo Tomás de Aquino), nos ofrece una visión profundamente teológica, alejada de las fantasías novelescas del mundo moderno.
Analicemos este misterio según la Tradición de nuestra Santa Madre Iglesia en tres grandes verdades doctrinales:
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Su naturaleza: Un hombre real, no un mero símbolo
Contra los errores modernistas que pretenden reducir al Anticristo a una simple «idea del mal» o a un sistema político abstracto, la Tradición de la Iglesia enseña unánimemente que el Anticristo será una persona humana real y concreta.
Un pequeño análisis sobre el libro del Apocalipsis
El Apocalipsis de San Juan
Este pequeño análisis sobre el libro del Apocalipsis está basado en la traducción de la Santa Biblia hecha por Monseñor Juan Straubinger, en el cual se presenta por un lado todas las profecías que ya se cumplieron, por otro lado, las que se están cumpliendo y por un lado más, las que faltan de cumplirse.
Para conocer el significado de las profecías que contiene el libro del Apocalipsis y realmente poder entenderlas a la luz de la tradición y la teología inmutable de la Iglesia Católica Apostólica y Romana acudimos a una fuente de agua viva y pura.
La traducción de la Santa Biblia de Monseñor Juan Straubinger es un faro de ortodoxia, fidelidad y doctrina segura, libre de los modernismos que hoy pretenden aguar la palabra de Dios.
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La Iglesia Católica en el desierto y el triunfo prometido
Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos el pasado 3 de julio la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.
Serie: «La Iglesia en el Desierto»
Artículo 7 de 7
Hemos llegado al término de esta serie de reflexiones. A través de siete entregas —número que en las Sagradas Escrituras simboliza la perfección, el descanso de Dios y la plenitud de Su designio— hemos desentramado el misterio de la iniquidad que asola a la Iglesia en nuestros días.
Hemos comprendido el deber de la resistencia (Artículo 1), la legitimidad de las consagraciones del 1 de julio de 2026 bajo el Estado de Necesidad (Artículo 2), la clamorosa doble vara de medir del Vaticano (Artículo 3) y el callejón sin salida que representa la postura de la FSSPX (Artículo 4). Finalmente, analizamos la severidad ideológica del decreto actual (Artículo 5) y nos adentramos en las graves interrogantes sobre el estado real de la Cátedra de San Pedro y la usurpación de la autoridad legítima frente a la infalibilidad de la Iglesia (Artículo 6).
Sin embargo, tras analizar el peso de estas graves interrogantes sobre el estado actual de la Sede de San Pedro y la aparente pérdida de la fe en las estructuras romanas, una pregunta natural puede asaltar el alma del fiel: «¿Y ahora qué hacemos? ¿Cómo sobrevivimos en este desierto espiritual?»
Este artículo final no nace para sembrar angustia, sino para recordar que, aun en el eclipse más oscuro, la Iglesia Católica sigue viva, inmaculada y victoriosa.
¿A quién obedecemos? La gran encrucijada teológica de nuestra época
Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos el pasado 3 de julio la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.
Serie: «La Iglesia en el Desierto»
Artículo 6 de 7
«¿Es posible que la Sede de San Pedro, lejos de estar guiada por un Vicario de Cristo, se encuentre en una situación jurídica de vacancia o de usurpación de la autoridad legítima?»
Hemos recorrido un camino doloroso pero necesario. A lo largo de esta serie de artículos, hemos comprendido que la obediencia ciega a los hombres no puede estar por encima de la fe (Artículo 1); que el Estado de Necesidad justifica plenamente las consagraciones en Écône para salvar el sacerdocio (Artículo 2); que el Vaticano actual opera con una escandalosa doble vara de medir, persiguiendo la Tradición mientras tolera la disidencia en el Camino Sinodal Alemán (Artículo 3); que la postura de «reconocer y resistir» de la FSSPX plantea un callejón sin salida teológico (Artículo 4); y que las medidas actuales buscan un acorralamiento directo e inaudito de las almas de los laicos (Artículo 5).
Al llegar a este punto, todo católico honesto choca contra un muro teológico. La postura de la Fraternidad San Pío X (FSSPX) y de muchos sectores tradicionalistas ha sido, desde 1988, la de «Reconocer y Resistir»: reconocer a la jerarquía romana como la autoridad legítima de la Iglesia, pero desobedecer sistemáticamente sus leyes, sus excomuniones, sus canonizaciones y sus reformas doctrinales.
Sin embargo, si analizamos esta postura a la luz de la teología clásica, nos vemos obligados a plantearnos una serie de interrogantes gravísimos que la conciencia ya no puede seguir ignorando.
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De Juan Pablo II a León XIV: La evolución de un decreto y el acorralamiento de los laicos
Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos el pasado 3 de julio la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.
Serie: «La Iglesia en el Desierto»
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Comparativa canónica:
La excomunión de 1988 vs el decreto de 2026
El drama eclesial vivido con las recientes consagraciones episcopales en Écône ha revivido de manera inevitable los recuerdos de las históricas consagraciones del 30 de junio de 1988. En ambas fechas, la Fraternidad San Pío X (FSSPX) procedió a elevar sacerdotes al episcopado sin un mandato apostólico expreso. En ambas ocasiones, la reacción oficial consistió en la declaración de excomunión latae sententiae. Sin embargo, un análisis detenido de los documentos revela que el decreto emitido recientemente por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe posee un carácter infinitamente más restrictivo e inédito que el famoso Motu Proprio «Ecclesia Dei» de 1988.
¿Qué ha cambiado en el panorama vaticano en estas décadas? Una comparación directa entre ambos escenarios demuestra que las medidas actuales no buscan resolver una disputa meramente disciplinaria, sino imponer un cerco sin precedentes sobre los fieles que buscan ampararse en la Tradición.
1. El tono del decreto: De la solicitud pastoral a la proscripción
En 1988, el Papa Juan Pablo II redactó la Ecclesia Dei con un tono que manifestaba una honda aflicción eclesial. Aunque condenaba el acto, el documento reconocía las intenciones y los méritos pasados en la formación sacerdotal y, de inmediato, instituyó una comisión pontificia para acoger a aquellos sacerdotes y fieles que deseaban mantener la liturgia tradicional en plena regularidad canónica. Había una voluntad explícita de evitar la dispersión de las almas.
El callejón sin salida del comunicado de la FSSPX: ¿Se puede «reconocer» lo que se resiste por completo?
Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos el pasado 3 de julio la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.
Serie: «La Iglesia en el Desierto»
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El dilema de la FSSPX:
¿Tiene sentido reconocer al Papa y resistirlo?
Tras las trascendentales consagraciones episcopales celebradas en Écône, la Fraternidad San Pío X publicó un comunicado oficial y una extensa profesión de fe dirigida a las autoridades vaticanas. En estos textos, la Fraternidad reitera lo que ha sido su postura histórica desde 1988: su reconocimiento formal de la jerarquía romana como la autoridad legítima de la Iglesia, combinado con una resistencia firme y total a sus directrices de corte modernista.
Esta postura, conocida popularmente en el mundo tradicional como «reconocer y resistir», busca presentarse como una vía intermedia, equilibrada y prudente. Sin embargo, a la luz de los recientes y fulminantes decretos que declaran la excomunión e incluyen explícitamente a los laicos, esta posición entra en un callejón sin salida teológico que todo católico honesto debe analizar. ¿Es sostenible defender el Papado actuando, en la práctica ordinaria, como si las directrices del Papa no existieran?
Un Magisterio al que no se atiende, unas leyes que no se aplican
En su reciente carta abierta, la FSSPX denuncia —con toda razón doctrinal— que la Iglesia actual se ve empujada por sus autoridades hacia corrientes incompatibles con la verdad de siempre. Rechazan la sinodalidad que busca parlamentarizar la Iglesia, rechazan las declaraciones que diluyen la moral universal y rechazan el Nuevo Rito de la Misa.
El laberinto de las excomuniones: La doble vara de medir en la crisis eclesial actual
Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos el pasado 3 de julio la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.
Serie: «La Iglesia en el Desierto»
Artículo 3 de 7
La doble vara de medir del Vaticano: Herejía tolerada vs Tradición castigada
El reciente decreto de excomunión emitido por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe tras las consagraciones en Écône ha encendido las alarmas en el mundo católico. La velocidad y la severidad con la que han actuado los dicasterios romanos contrasta drásticamente con la pasividad habitual ante situaciones que comprometen gravemente la fe en otras partes del mundo. Para cualquier observador honesto, resulta evidente la existencia de una alarmante doble vara de medir: mientras se aplica la máxima sanción canónica a quienes buscan custodiar la Tradición, se observa una preocupante tolerancia ante corrientes que debilitan los dogmas de la fe.
Para comprender la magnitud de esta contradicción, basta con observar lo que ocurre públicamente en el panorama eclesial contemporáneo.
El «Estado de Necesidad»: ¿Por qué las excomuniones de Écône no tienen validez ante Dios?
Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos ayer la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.
Serie: «La Iglesia en el Desierto»
Artículo 2 de 7
Qué es el Estado de Necesidad en el Derecho Canónico y las excomuniones
Tras el impacto de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y el posterior decreto emitido por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, los fieles católicos nos encontramos ante una encrucijada espiritual. La retórica oficial y los grandes medios presentan estos hechos como un acto de ruptura canónica. Sin embargo, para juzgar rectamente un acontecimiento de tal gravedad, la Iglesia nos pide aplicar sus leyes con serenidad y a la luz de la verdad teológica.
¿Cómo puede explicarse la consagración de obispos sin un mandato apostólico expreso en momentos de crisis? La respuesta de la doctrina jurisprudencial de la Iglesia se resume en un concepto jurídico y moral fundamental: el Estado de Necesidad.
¿Qué es el Estado de Necesidad en la Iglesia?
En la teología moral y en el derecho de la Iglesia, el Estado de Necesidad se define como aquella situación excepcional en la que los medios ordinarios para la formación sacerdotal, la santa doctrina y la vida sacramental se vuelven de muy difícil acceso o se encuentran bajo una profunda confusión debido a las deficiencias de los hombres de la jerarquía.
El principio supremo que rige toda la estructura de la Iglesia está explícitamente plasmado en el último canon del Código de Derecho Canónico vigente:
«…teniendo ante los ojos la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia» (Canon 1752).
El Derecho Canónico no es un fin en sí mismo; es una herramienta pastoral para proteger la fe. Cuando la aplicación estricta de una ley disciplinaria ordinaria —como la necesidad de una aprobación previa para consagrar un obispo— choca contra el deber superior de proveer pastores que aseguren la Santa Misa y los sacramentos tradicionales, la normativa humana cede ante la necesidad de las almas.
El respaldo del propio Derecho Canónico
Muchos católicos desconocen que el propio Código de Derecho Canónico prevé estas situaciones de crisis y protege a quienes actúan movidos por la necesidad, eximiéndolos de cualquier castigo espiritual.
El Canon 1323 (incisos 4 y 7) establece con total claridad que no está sujeto a ninguna pena canónica quien viola una ley o precepto eclesiástico si actuó:
- Forzado por una necesidad grave o por un miedo grave.
- O bien, por la convicción de que existía tal necesidad, incluso si otros consideran que no la hay.
Esto significa que, mientras los despachos oficiales argumenten que la Iglesia marcha en perfecta normalidad, los obispos que consagraron y los que fueron consagrados en Écône lo hicieron con la certeza moral de que los fieles sufren una alarmante inanición espiritual. Por lo tanto, aplicando de forma estricta la propia legislación de la Iglesia, la pena de excomunión resulta jurídicamente nula e ineficaz en el fuero interno.
De 1988 a nuestros días: El mismo drama
Esta no es una situación nueva en la historia eclesial. En 1988, Monseñor Marcel Lefebvre y Monseñor Antonio de Castro Mayer recurrieron a este mismo argumento teológico al constatar el avance de las corrientes modernistas condenadas por el magisterio anterior. Al consagrar obispos para asegurar la continuidad del sacerdocio, no buscaban disputar el poder de Roma, sino realizar una obra de auxilio espiritual.
Los acontecimientos recientes son la continuación de esa misma urgencia. Ante las crecientes restricciones eclesiales contra la Misa de Siempre y la confusión teológica reinante, se ha respondido garantizando que las futuras generaciones sigan teniendo obispos que transmitan el sacramento del Orden de forma íntegra.
Una censura injusta no obliga en conciencia
El gran doctor de la Iglesia, San Agustín, enseñó una verdad que todo católico debe recordar en tiempos de contradicción: «Una ley injusta no parece que sea ley». Si esto aplica a las leyes civiles, con cuánta mayor razón aplica a las sanciones eclesiásticas de carácter político o ideológico.
El célebre teólogo Cardenal San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia, escribió en su obra De Romano Pontifice:
«Así como es lícito resistir al Pontífice que destruye el cuerpo, también es lícito resistir al que destruye las almas… y el modo de resistirle es no haciendo lo que manda e impidiendo la ejecución de su voluntad».
Los fieles no deben flaquear ante los decretos condenatorios. El Estado de Necesidad legitima plenamente el amparo de la Tradición. Estos pastores no han sido consagrados para separarse de la Iglesia, sino para que la Iglesia de siempre pueda sobrevivir en medio del desierto contemporáneo.
En nuestro próximo artículo, analizaremos el laberinto de las contradicciones actuales: cómo es posible que se apliquen las máximas penas canónicas a quienes defienden la liturgia tradicional, mientras se mantiene en total normalidad a obispos que cuestionan públicamente los dogmas de nuestra fe.
Un artículo de: Ortodoxia católica, la sana doctrina.
El límite de la obediencia: ¿Se puede desobedecer por fidelidad a la fe?
Nota de la redacción: Con motivo de las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône y los posteriores decretos emitidos por el Vaticano, en Ortodoxia Católica iniciamos hoy la publicación diaria de una serie de siete artículos teológicos y canónicos titulada «La Iglesia en el Desierto». A través de este itinerario, analizaremos con rigurosidad doctrinal las respuestas que todo católico necesita conocer para mantener la paz en la conciencia y la fidelidad inquebrantable a la fe de siempre en estos tiempos de profunda tribulación.
Serie: «La Iglesia en el Desierto»
Artículo 1 de 7
¿Se puede desobedecer al Papa por fidelidad a la fe católica?

En las últimas horas, un sentimiento de profunda consternación se ha extendido entre los fieles católicos de todo el mundo. Tras las consagraciones episcopales celebradas este 1 de julio de 2026 en Écône, Suiza, y el fulminante decreto de excomunión emitido por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe —que por primera vez califica de cismáticos y excomulga de forma expresa no solo a los clérigos, sino a los laicos que se adhieran formalmente a ellos— la crisis de la Iglesia ha alcanzado un punto de no retorno.
Al observar este panorama eclesial, marcado por un Vaticano que castiga con la máxima pena canónica a quienes buscan preservar el sacerdocio tradicional, muchos fieles se hacen una pregunta dolorosa en el silencio de su corazón: ¿Hasta qué punto está obligado un católico a callar y obedecer cuando la propia jerarquía parece demoler las verdades milenarias y los sacramentos de la Iglesia?
La respuesta oficial de la Roma actual es la obediencia ciega, bajo pena de exclusión total. Sin embargo, cuando acudimos a las Sagradas Escrituras y a la Tradición de la Iglesia, descubrimos una verdad liberadora: la obediencia a los hombres tiene un límite, y ese límite es la fidelidad a Dios.
La Escritura: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres»
El principio de la resistencia católica ante mandatos destructivos está fundado en la mismísima Palabra de Dios. En los Hechos de los Apóstoles, cuando el Sanedrín —la autoridad religiosa legítima de la época— ordenó a los Apóstoles dejar de predicar, la respuesta de San Pedro fue tajante:
«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5, 29).
La autoridad en la Iglesia es un poder vicario, es decir, un poder delegado por Cristo para custodiar el Depósito de la Fe, no para cambiarlo. Si un superior utiliza su autoridad para destruir la fe o impedir los medios legítimos para la salvación de las almas, pierde el derecho a ser obedecido.
El propio San Pablo, en su Epístola a los Gálatas, eleva la fidelidad al Evangelio por encima de cualquier jerarquía, incluida la suya propia o la de un ángel del cielo:
«Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gálatas 1, 8).
Incluso nos dejó el ejemplo histórico de haber resistido públicamente al primer Papa, San Pedro, cuando su conducta ponía en riesgo la verdad del Evangelio: «Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar» (Gálatas 2, 11). Si San Pablo resistió a San Pedro por una cuestión de actitud práctica, ¿cuánto más está justificado resistir hoy ante una crisis doctrinal evidente?
El Magisterio de los Papas Santos y los Doctores
La teología eclesial siempre ha reconocido que un superior puede desviarse en sus mandatos particulares, y que en tales casos la resistencia es un deber de caridad. El Papa San Gregorio Magno (590-604), Doctor de la Iglesia, enseñó con total claridad sobre los límites de la sumisión:
«Los súbditos deben ser advertidos de que no obedezcan a sus superiores más de lo que les conviene, no sea que, por un exceso de sumisión a los hombres, se levanten contra Dios».
Del mismo modo, el Papa San Pío X (1903-1914), en su encíclica Pascendi, denunció cómo el veneno del modernismo se infiltraba en las venas mismas de la Iglesia, recordándonos que el verdadero amor a la Cátedra de Pedro consiste en defender la Verdad que esta siempre ha custodiado. El gran teólogo Santo Tomás de Aquino resumió esta doctrina con precisión: «Si la fe estuviera en peligro, los súbditos estarían obligados a reprender a sus prelados, incluso públicamente» (Suma Teológica, II-II, q. 33, a. 4, ad 2).
Conclusión: El gran dilema de nuestra época
La historia y la teología nos demuestran que la obediencia es una virtud moral, subordinada a la virtud teologal de la Fe. No se puede usar la obediencia para destruir la Fe. Cuando las autoridades locales o los dicasterios romanos exigen aceptar novedades que contradicen dos mil años de magisterio infalible, el católico no se rebela por soberbia; se resiste por fidelidad.
Los graves acontecimientos del 1 de julio en Écône, que repiten el drama histórico vivido por Monseñor Lefebvre en 1988, nos obligan a ir a la raíz del problema. Si la ley suprema de la Iglesia es la salvación de las almas… ¿cómo puede la autoridad canónica declarar excomulgados a quienes solo buscan permanecer fieles a la doctrina de siempre?
En nuestro próximo artículo, analizaremos a fondo el misterio de estas excomuniones y desentrañaremos la contradicción teológica de una política eclesial que parece tolerar la disidencia abierta mientras proscribe la Tradición. El laberinto legal actual nos obliga a abrir un espacio de reflexión profunda.
Un artículo de: Ortodoxia católica, la sana doctrina.
Terremoto en Écône: Las consagraciones del 1 de julio y el decreto definitivo del Vaticano

Terremoto en Écône: Las consagraciones de la FSSPX y la excomunión de laicos
El pasado 1 de julio de 2026 quedará marcado en los anales de la historia de la Iglesia contemporánea como el día en que la crisis de fe alcanzó su punto de mayor tensión. En Écône, Suiza, los obispos Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay procedieron a la consagración episcopal de los sacerdotes Schreiber, Goldade, Poinsinet de Sivry y Hanappier, asegurando así la continuidad del sacerdocio y los sacramentos tradicionales de la Fraternidad San Pío X (FSSPX).
La respuesta de Roma no se hizo esperar. En un comunicado fulminante emitido por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Vaticano ha declarado la excomunión automática (latae sententiae) no solo de los obispos implicados, sino que —en un giro inédito y de extrema gravedad— ha incluido de forma expresa a todos los laicos que se adhieran formalmente a ellos.
El desconcierto de los fieles
La noticia ha caído como un balde de agua fría en las conciencias de miles de católicos en todo el mundo. Los teléfonos arden, los foros tradicionales hierven y las familias cristianas se encuentran hoy, 2 de julio, sumidas en una profunda incertidumbre. Para el fiel de a pie, la situación plantea dilemas desgarradores:
- ¿Es posible que comulgar en una Misa tradicional sea ahora motivo de excomunión por orden del Vaticano?
- ¿Cómo puede la Iglesia prohibir y castigar con la máxima pena el rito que santificó a los santos durante siglos?
- ¿A quién debemos escuchar cuando las directrices de Roma parecen demoler los cimientos de la doctrina milenaria?
El golpe es duro, y el miedo a quedar «fuera de la Iglesia» está paralizando a muchos corazones sinceros que solo buscan salvar sus almas y las de sus hijos.
Más allá de la noticia: Una llamada a la serenidad
Ante la gravedad de estos acontecimientos, desde Ortodoxia Católica queremos hacer un llamado a la calma y a la madurez teológica. No podemos juzgar la realidad espiritual con los titulares de la prensa secular ni con el pánico del momento. La Iglesia Católica posee una doctrina inmutable y un marco legal perfecto que la protegen de los desvíos humanos, incluso cuando estos provienen de las más altas esferas.
Para comprender realmente qué está pasando y no dejarse arrastrar por el temor a decretos canónicos injustos, es necesario ir a la raíz del problema. No estamos ante un simple acto de indisciplina; estamos ante el misterio de la autoridad en una época de apostasía.
Anuncio especial: Serie «La Iglesia en el Desierto»
Para arrojar luz en medio de esta oscuridad, a partir de los próximos días iniciaremos en este blog una serie especial de siete artículos fundamentales. En ellos, analizaremos de forma rigurosa y a la luz de los santos doctores de la Iglesia las respuestas teológicas que todo católico necesita conocer hoy:
- ¿Cuáles son los verdaderos límites de la obediencia al Papa?
- ¿Qué es el «Estado de Necesidad» en el Derecho Canónico y por qué anula esta excomunión?
- ¿Cómo entender la doble vara de medir de un Vaticano que tolera la herejía en Alemania pero persigue la Tradición?
- ¿Cuál es la encrucijada teológica real de la postura de la FSSPX?
- ¿Cuál es la única e inevitable conclusión teológica que salva la infalibilidad de la Iglesia de Jesucristo?
Los tiempos son difíciles, pero la Verdad nos hace libres. Les invitamos a unirse a nosotros en oración y en este itinerario de estudio teológico. La tormenta es fuerte, pero la barca de la Iglesia no se hundirá.
Un artículo de: Ortodoxia católica, la sana doctrina.
Consagraciones Episcopales en Écône: La Fraternidad San Pío X asegura la continuidad de la Tradición

La FSSPX consagra cuatro nuevos obispos en Écône el 1 de julio de 2026
ÉCÔNE, 1 de julio de 2026. En un día soleado y ante una multitud de fieles congregados en el Seminario Internacional San Pío X en Suiza, se ha consumado un hecho histórico que marcará el rumbo de la Iglesia Católica en las próximas décadas. Desafiando las advertencias y el silencio administrativo de las autoridades romanas, la Fraternidad San Pío X (FSSPX) ha llevado a cabo de forma exitosa la consagración de cuatro nuevos obispos.
La histórica ceremonia fue presidida por Su Excelencia Monseñor Alfonso de Galarreta, actuando como consagrador principal, acompañado por Monseñor Bernard Fellay. Los sacerdotes elevados a la dignidad episcopal son los reverendos padres Schreiber, Goldade, Poinsinet de Sivry y Hanappier, todos ellos clérigos de intachable trayectoria en la defensa de la fe y el sacerdocio católico tradicional.
Un acto de supervivencia espiritual
Durante la homilía, se enfatizó que este paso no constituye un acto de rebelión ni la intención de crear una estructura paralela o cismática. Al igual que lo hiciera Monseñor Marcel Lefebvre en las históricas consagraciones del 30 de junio de 1988, la Fraternidad ha justificado esta decisión bajo el amparo teológico del Estado de Necesidad.
Ante las restricciones globales contra la Misa de Siempre y el avance del proceso sinodal modernista en el Vaticano, la consagración de estos nuevos pastores se presenta como una «operación supervivencia» para garantizar:
- La transmisión inalterada del Sacramento del Orden Sagrado.
- La continuidad de las ordenaciones de futuros sacerdotes verdaderamente católicos.
- El amparo y la administración de los sacramentos tradicionales a los millones de fieles esparcidos por el mundo.
La atmósfera en Écône
El ambiente entre los asistentes ha sido de profunda solemnidad, piedad y alivio espiritual. Familias enteras, sacerdotes de diversas órdenes y religiosos contemplativos viajaron desde los cinco continentes para ser testigos de este hito. Para la gran mayoría de los presentes, la consagración de estos cuatro obispos representa un oasis de certeza y un faro de esperanza en medio del desierto y la confusión doctrinal que se vive en las estructuras oficiales de la Iglesia.
Con este acto, la FSSPX asegura su porvenir institucional y espiritual, dejando en claro que el patrimonio litúrgico y teológico de la Iglesia Católica de siempre no se extinguirá.
Las próximas horas serán cruciales para observar la reacción oficial de las autoridades en Roma. Desde este blog, invitamos a todos nuestros lectores a elevar oraciones por los nuevos obispos y por la Santa Madre Iglesia en estos tiempos de profunda tribulación.
Un artículo de: Ortodoxia católica, la sana doctrina.
¿Qué pensar del nuevo papa?
Es demasiado pronto.
Por un lado… es una criatura formada en la Iglesia de Chicago y en la liberal Universidad de Villanova, así como en la muy liberal Catholic Theological Union (aún más liberal cuando él fue estudiante allí, en los agitados años setenta); ha pasado gran parte de su vida en las zonas rurales de Perú impregnadas de Teología de la Liberación. Por otro lado, es Doctor en Derecho Canónico, después de una época en la que dicho derecho fue destruido por la arbitrariedad.
Nos anima su elección de nombre, su mensaje inicial razonable y el uso de la mozzetta papal: todos ellos son signos de verdadera humildad, no de la humildad fingida de los últimos años. Tememos el futuro, solo queremos paz. ¿Llegará la paz?…
El Romano Pontífice recibe una GRACIA ESPECIAL en el momento de su aceptación. Como toda gracia dada por Dios, exige una aceptación verdadera y humilde por parte del destinatario para que pueda desarrollarse plenamente. Rezamos con fervor para que el nuevo Papa la viva en plenitud.
Solo esperamos que los graves escándalos de la Iglesia en Estados Unidos, en Perú, y cualquier escándalo pasado de la Orden de San Agustín, no lo manchen.
Por RORATE CÆLI 09/05/2025
Tomado de:
«El verdadero reinicio consiste en regresar a Cristo», que ciertamente ha resucitado
Por Mons. Carlo Maria Viganò: 10/04/2023

IN AZYMIS SINCERITATIS
Homilía para el Domingo de Pascua
Fratres: Expurgate vetus fermentum ut sitis nova conspersio, sicut estis azymi. Etenim Pascha nostrum immolatus est Christus.Itaque epulemur: non in fermento veteri, neque in fermento malitiæ, et nequitiæ: sed in azymis sinceritatis et veritatis. 1 Cor 5, 7-8
El mundo moderno es rehén de la mentira. Todo cuanto es teorizado por la élite, afirmado por las instituciones y propagado por los medios de difusión es mentira; es falso y engañoso.
Es una mentira la emergencia psicopandémica en torno a un virus creado en laboratorio con miras a una inmunización masiva tan ineficaz como perjudicial para la salud. Es una mentira la ideología de género, que niega la diferenciación entre los sexos que es voluntad del Creador, y que tiene por objeto borrar la imagen y semejanza de Dios en el hombre. Es una mentira el supuesto cambio climático, que se basa en la falsa premisa de una crisis ambiental provocada por el hombre y en la quimera, más falsa todavía, de que reducir las emisiones de dióxido de carbono en algunos países pueda modificar mínimamente la temperatura de la Tierra. Es una mentira la crisis de Ucrania, provocada con la intención de destruir el tejido social y económico de los países europeos mediante sanciones irrazonables a la Federación Rusa. Es una mentira la Agenda 2030, impuesta por una camarilla de subversivos para esclavizar a la humanidad. Es una mentira la ideología woke, que borra nuestra identidad, nuestra historia y nuestra Fe con vistas a imponer la religión infernal del Nuevo Orden Mundial, la barbarie del Gran Reinicio.
Lo más desconcertante es que este fraude contra los pueblos, perpetrado por quienes al estar constituidos en autoridad deberían por el contrario protegerlos y defenderlos, ha llegado a contagiar el propio Cuerpo de la Iglesia, en el que otras falsedades no menos graves corrompen la pureza de la Fe, ofenden a la Divina Majestad y acarrean la condenación de numerosas almas. Almas que el Señor compró a un precio muy elevado rescatándolas con su preciosísima Sangre. Es una mentira el ecumenismo, que rebaja al Dios vivo y verdadero dejándolo al mismo nivel que los ídolos de los gentiles. Es una mentira el camino sinodal, que altera la constitución divina que Cristo quiso dar a la Iglesia, tras el falso pretexto de escuchar al pueblo de Dios. Es una mentira la reforma litúrgica, introducida con la excusa de hacer la Misa comprensible para los fieles, pero con la única intención de despojar a Dios del honor que le corresponde y complacer a los herejes. Es una mentira el diaconado femenino, que so pretexto de asignar un papel a la mujer atenta contra la Misa y los Sacramentos trastoca las Órdenes Sagradas que instituyó Nuestro Señor. Es una mentira que los divorciados que viven en concubinato puedan comulgar. Es una mentira la bendición de parejas homosexuales. Es una mentira que los transexuales puedan estudiar en los seminarios; diga lo que diga Bergoglio, la moral no se adapta a las modas. Es una mentira la aceptación de la sodomía, que con harta frecuencia pareciera tener por objeto legitimar la conducta de muchos prelados y sacerdotes en vez de salvar las almas de los pobres pecadores.
Estas mentiras tienen la desfachatez de manifestarse abiertamente como lo que son, como evidentes falsedades faltas de argumentos razonables y creíbles en que apoyarse. No son embustes que traten torpemente de ocultar algo; son la arrogante afirmación del engaño, de la subversión de la lógica, de la negación de la verdad.
Sigue leyendoDon Pascual
Ninguna otra cosa deseo a mis lectores como don pascual, sino la Sabiduría. Este don pascual no es una ópera, sino el regalo que en otro tiempo se hacían los amigos por Pascua. Por la Sabiduría hizo Dios los cielos y la tierra. La Sabiduría asistía al trono de Dios cuando hacía el mundo, y ella jugaba en su presencia con todas las cosas, los formidables juegos del cielo y del infierno, que son más serios aún que el terrible juego de la guerra, y el ardiente juego de la revolución. Dijo el rey Alfonso el Sabio que este mundo si no está mal hecho, por lo menos lo parece. En realidad ahora está mal hecho, está al revés; está desordenado por el Pecado, que es el receso de la Sabiduría. Por falta de Sapiencia el mundo está patas arriba y Dios se está divirtiendo en ponerlo de pie, cueste lo que cueste.
Dice Jules Romains en una de sus novelas (Verdún) esta blasfemia: “El dulce Cristo de los Evangelios ¿no tenía otro modo de enseñar religión al mundo que esta masacre?”. Pues, no señor, no tenía. Y uno de los culpables de eso es usted, judío pérfido…
¡Oh Sapiencia de Dios! ven aprisa ven,
mi nurse y mi novia veraz
te he pedido al Señor en la misa
de la fiesta de Santo Tomás.
En tiempo de Santo Tomás había monjes que no hacían más que rezar, cantaban el breviario seis veces al día durante largas horas. Con ellos se educó Santo Tomás en Montecasino. Ahora también los hay, pero la gente cree que son una especie de Open Door, que hay que dejarlos solos, ya que les da por eso. “Déjenlos no más que hagan iglesias —pensaban nuestros padres los liberales— total cuando necesitemos plata les quitamos los conventos y chau”. Pero la gente antigua iba a estos conventos siempre abiertos: y miraba y oía cantar .Vísperas y Maitines sin entender gran cosa: y aprendía una gran lección de Sabiduría, la lección de no hacer nada fuera de conocer a Dios. Veía interminablemente esos hombres muertos, inmovilizados, automatizados, en cuerpo y alma dedicados a cantar la palabra de Dios, porque una palabra no es del todo inteligible mientras no se convierta en canto. Y entonces el pueblo que no es zonzo cuando le muestran cosas —aunque lo es cuando lo emborrachan con palabras- entendía la lección de los Absortos en el Más Allá; que lo más importante de la vida es entender a Dios, mucho más que ganarse la vida; y que hay que cesar a ratos de ganarse la vida y reprimir el trajín de lo temporal, para ver si suena allá adentro la Voz antigua y nueva.
Ahora todo se acabó. El pueblo tiene la radio y oye la palabra de Dios, de Jesucristo y del “obispo de los obreros” por boca de Soiza Reillyº a través de Radio Belgrano. Entonces, como Dios está de parte de la Sapiencia —que es su Hijo—, enseña la sapiencia a los pueblos como puede, con otro sistema que todos oyen incluso por radio, aunque tiene más de ruido que de canto. ¿Qué creen ustedes que saca Dios de la guerra? ¿Castigar los pecados? Desde luego. Pero ningún sabio castiga sin sacar algo del castigo, dice Santo Tomás de Aquino. Lo único que saca y puede sacar Dios de la guerra es sabiduría para los que queden. Es tan grande cosa la sabiduría, que juzga Dios bien empleados los miles de vidas jóvenes tronchadas en flor —¡y qué pérdida de mano de obra para la industria y el comercio!— con tal de que un solo joven acrezca un solo grado su conocimiento de lo divino. Para que un solo hombre lo conociese, hizo Dios todas las estrellas; y sería también capaz de deshacerlas, si fuera necesario.
Las admirables costumbres de los viejos pueblos europeos, ese equilibrio vivaz del italiano, esa sensatez recia del español, esos dichos, máximas, lenguajes, modos, normas de vida, rituales, ratinas y hasta supersticiones henchidas de luz y de sentido que hoy vamos a desenterrar a las aldeas fueron hechas a fuerza de siglos de lucha, de paciencia, de riesgo, de infatigable enseñanza. Ahora todo eso acabó; no lo salvarán los “folkloristas”. “Et erunt docibiles Dei”. Serán enseñables a Dios. Sólo Dios puede enseñarnos de nuevo. Y para eso debe hacernos primero “docibiles”, es decir, dóciles. La letra con la sangre entra. ¡Cuán gran conciencia está entrando poco a poco en la humanidad de que todos los esfuerzos humanos, aun los mejor intencionados, sin Dios no son más que Cartas del Atlántico!
El mundo está al revés. La Argentina está en el mundo. Por ejemplo, aquí en la Argentina hay maestros frívolos, y también escandalosos, que no pueden educar a ningún niño; antes al contrario. Esto es sabido desde que yo nací; y también lo saben en La Prensa y La Nación. Hay maestros de los que dijo el Divino Maestro: “Más les valiera que atada al cuello una muela molinera, los echaran al mar”. Si una madre advertida quiere defender a sus hijos del mal ejemplo, no puede: a causa de la “obligatoriedad escolar”. Para mejor, en la Provincia han suprimido hasta la precaria escapatoria de inscribir al niño, educarlo la madre y dar los exámenes como libre. Pues bien, todo eso: arrancar al niño pobre del hogar para entregarlo a la mala maestra es contra el derecho natural. ¿Han protestado alguna vez La Prensa y La Nación, esos “defensores de la persona humana”? Jamás. Viene el doctor Olmedo* y pone en comisión al magisterio a ver si puede mejorarlo un poco; y estos hipócritas ponen el grito en las nubes, porque el doctor Olmedo ha cometido un sacrilegio. Los 50.000 abribocas que todavía se zampan los editoriales de La Prensa empiezan a decir: “¡Miren lo que hizo Olmedo! ¡Miren lo que hizo Olmedo!” y la gente se conmueve ¡oh, por poco tiempo! A esto lo llamamos nosotros el mundo al revés.
Y así podíamos seguir con los ejemplos hasta la página del extracto de la lotería. Le cuesta a la gente convencerse de que estamos en tiempo no ordinario. Por eso esta semana santa no he hecho más que pedir a Dios la Sabiduría. Europa ha entrado en la primavera sangrienta, y la Argentina en el invierno crítico. No nos distraigamos demasiado. Son los deseos de Militis Militorum.
Cabildo, Buenos Aires, N° 544, 12 de abril de 1944.
ºJuan José de Soiza Reilly (1879-1959), veterano periodista, liberal y romántico, cuyas notas, publicadas en Caras y Caretas, La Prensa, etc., eran muy seguidas por la opinión pública. Aparentemente, sin ningún encargo de parte del interesado, tomó a su cargo la «defensa» de Mons. Miguel de Andrea, obispo titular, contra la Santa Sede, en el asunto del patronato.
*El interventor del Consejo Nacional de Educación, José Ignacio Olmedo, autor, junto con Martínez Zuviría (Hugo Wast), del decreto de educación religiosa que daba derecho a los niños católicos a recibir clases de catecismo en horario escolar.
Tomado de:
Felices Pascuas de Resurrección
Resóndens autem Angelus, dixit muliéribus: « Nolíte timére vos: scio enim, quod Jesum, qui crucifíxus est, quáeritis: non est hic: surréxit enim, sicut dixit.
Hablando el ángel, dijo: No temáis vosotras, pues ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado; no está aquí, pues resucitó como lo dijo.
El blog
!Les desea felices pascuas de resurrección!
Felices Pascuas de Resurrección

Resóndens autem Angelus, dixit muliéribus: « Nolíte timére vos: scio enim, quod Jesum, qui crucifíxus est, quáeritis: non est hic: surréxit enim, sicut dixit.
Hablando el ángel, dijo: No temáis vosotras, pues ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado; no está aquí, pues resucitó como lo dijo.
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Sobre las declaraciones de Francisco y las “uniones homosexuales”

Roma, 21 de octubre de 2020 – El portal Vatican News1 informa que hoy se proyectará en el Festival de Cine de Roma un documental titulado Francesco, dirigido por Evgeny Afineevsky.
La agencia Catholic News2 y el portal America, the Jesuit review3, han dado a conocer algunas declaraciones de Jorge Mario Bergoglio sobre el tema de la homosexualidad. Entre otras cosas, causan desconcierto las siguientes frases:
«Los homosexuales tienen derecho a formar parte de una familia. Son hijos de Dios y tienen derecho a una familia. Nadie debe ser excluido ni sufrir a causa de ello.4
»Lo que tenemos que hacer es una ley para las uniones civiles. De ese modo estarán tutelados por la ley. Estoy a favor de ello».5
No hace falta ser teólogo ni moralista para saber que tales afirmaciones son totalmente heterodoxas y constituyen un gravísimo motivo de escándalo para los fieles.
Pero ojo, esas palabras son también la enésima provocación con la que el sector ultraprogresista de la Jerarquía trata de crear un cisma, como ya intentó con la exhortación postsinodal Amoris laetitia, la modificación de la doctrina sobre la pena de muerte, el Sínodo Panamazónico con la inmunda Pachamama y la Declaración de Abu Dabi, posteriormente reiterada en la encíclica Fratelli tutti.
Pareciera que Bergoglio procura descaradamente llegar cada vez más lejos en un crescendo de afirmaciones heréticas a fin de obligar al sector sano de la Iglesia –episcopado, clero y fieles– a acusarlo de herejía y después declararlo cismático y enemigo del Papa.
Jorge Mario Bergoglio intenta obligar a algunos cardenales y obispos a separarse de la comunión con él, y el resultado sería no que lo depusieran por hereje, sino la excomunión de los católicos que deseen ser fieles al Magisterio perenne de la Iglesia. En las presumibles intenciones de Bergoglio y su círculo mágico, esa trampa tendría por objeto consolidar su poder al interior de una iglesia que sólo sería nominalmente católica pero en realidad sería herética y cismática.
Tal engaño se vale del apoyo de la élite mundialista, los medios mayoritarios de difusión y el lobby LGTB, al que no son ajenos muchos sacerdotes, obispos y cardenales. No olvidemos que en muchos países están en vigor leyes que castigan como delitos a quienes apoyados en el Credo consideran reprobable y pecaminosa la sodomía o no aprueban la legalización del matrimonio homosexual. Un pronunciamiento de los obispos contra Bergoglio en una cuestión como la de la homosexualidad podría permitir que las autoridades civiles los persiguiesen por vía penal con la aprobación de la Santa Sede.
En ese caso, Bergoglio no sólo tendría de su parte a la iglesia profunda, representada por rebeldes como el P. James Martin SJ y los portavoces del itinerario sinodal alemán, sino también al estado profundo. No es casual que el documental manifieste su apoyo al candidato demócrata de las próximas elecciones presidenciales de EE.UU., y haga además una inaudita condena de la política del gobierno Trump, acusado de separar a familias que tratan de entrar ilegalmente en EE.UU., cuando en realidad el Presidente está haciendo frente a la trata de seres humanos y el tráfico de menores.
De ese modo, mientras prohíbe a los prelados conservadores estadounidenses intervenir en el debate político a favor del presidente Trump, el Vaticano puede permitirse descaradas injerencias en elecciones para favorecer a su adversario demócrata, uniéndose a la censura de las redes sociales y los medios informativos en lo relativo a las gravísimas acusaciones contra la familia Biden.
Los católicos estamos llamados a alinearnos con quien defienda la vida, la familia natural y la soberanía nacional. Creíamos tener de nuestra parte al Vicario de Cristo, pero constatamos dolorosamente que en este enfrentamiento épico, aquel que debería gobernar la Barca de San Pedro ha optado por pasarse al bando del Enemigo para hacerla naufragar. Evocando el valor con que los pontífices santos defendieron la integridad de la Fe y promovieron la salvación de las almas, cabe señalar: ¡Quantum mutatus ab illis!*
+Carlo Maria Viganò, arzobispo
1 https://www.vaticannews.va/it/papa/news/2020-10/papa-francesco-film-documentario-festival-cinema-roma.html
2 https://www.catholicnewsagency.com/news/pope-francis-calls-for-civil-union-law-for-same-sex-couples-in-shift-from-vatican-stance-12462
3 https://www.americamagazine.org/faith/2020/10/21/pope-francis-gay-civil-union-documentary
4 «Homosexuals have a right to be a part of the family. They’re children of God and have a right to afamily. Nobody should be thrown out, or be made miserable because of it».
5 «What we have to create is a civil union law. That way they are legally covered. I stood up for that».
(* “Cuán diferente de ellos”. Paráfrasis de unas palabras de la Eneida de Virgilio. N. del T.)
El verdadero Tercer Secreto de Fátima
Este estudio pretende estudiar el “Tercer Secreto de Fátima” aparecido anónimamente en la WEB en Abril de 2010 y que podrá leerse en el sitio indicado, para determinar si es es auténtico, O sea si fue escrito por Lucía en 1944. Su escritura es similar (hay un dictamente técnico que lo niega reproducido en este mismo blog) a la de Lucía en esa época. Difiere enormemente del “Secreto” publicado por el Vaticano que ha sido tachado como falso por algunos análistas.
PROLOGO
Recuerdo los meses previos a la llegada del año 1960. La expectación era enorme por conocer finalmente el secreto que NªSª reveló a la niña Lucia dos Santos, nacida en 1907 y a su prima Jacinta Marto, nacida en 1910 (el niño Francisco Marto no oyó las palabras de NªSª) en julio de 1917.
Lucia dos Santos, a la sazón, Hermana María Lucía de Jesús Santos, religiosa dorotea con votos desde 1934, lo escribió y entregó en un sobre lacrado a las autoridades eclesiásticas portuguesas, en 1944, estando en Tuy, España, en donde moraba desde 1928 cuando ingresó como postulante en el convento de las religiosas de Santa Dorotea. Previamente, a los 14 años de edad en 1921, 4 años después de las apariciones, había ingresado en el colegio de las hermanas doroteas en Vilar, cerca de Oporto.
Allí aprendió a leer y a escribir (tal como NªSª había mandado), con la buena caligrafía que conocemos, por sus memorias, que aparentemente es similar a la del “Secreto” revelado. Verosímilmente aprendería las cosas convenientes a una jovencita educada, durante siete años en el colegio de Vilar.
Fue en 1928, a los 21 años cuando ingresó como postulante en el convento de las religiosas de Santa Dorotea en Tuy. Después de las distintas etapas de su vida religiosa, en 1934, a sus 28 años, pronuncia los votos religiosos. Después de 25 años de estancia en España vuelve a Portugal a los 46 años de edad.
A los 48 años en 1955 , “decide” ingresar en el Carmelo de Coimbra previa petición de la dispensa de sus votos religiosos. En 1957 tiene lugar la controvertida entrevista con el P. Agustín Fuentes. Esta entrevista marcó una inflexión en la Vida de Lucía.
Desde entonces sería estrechamente controlada en el convento carmelitano, sometida a un ostracismo más que carcelario, bajo la atenta vigilancia de sus superioras. Lucía desaparece de la vida pública y sus escasas entrevistas fueron tasadas y atentamente vigiladas. Como Lucía dijo en varias ocasiones, el “Secreto” que había entregado a los superiores eclesiásticos -o mejor la tercera parte del secreto- no podría ser publicado, por orden expresa de NªSª, hasta 1960, aunque podría ser leído por las autoridades eclesiásticas, tanto locales como las del Vaticano.
El “Secreto” nunca ha sido revelado (aunque en 2000 fue publicado por el Vaticano un Secreto al que algunos nuegan autenticidad), supuestamente, hasta ahora, abril de 2010. La supuesta visión que los Cardenales Sodano y Ratzinger revelaron el 26 de Junio de 2010 parece no ser el verdadero secreto de Fátima. Si esto fuera así, probablemente sería una fabricación de las autoridades vaticanas. O sea, sería falso.
Tanto el contenido de lo revelado como el escrito del que se aportó un facsímil, no parecen coincidir ,ni con el supuesto”Secreto” que ahora comentamos, ni con la escritura de Lucía en sus memorias (según dictamen de algunos profesionales a quienes nos remitimos). Todo esto se comprenderá perfectamente después de la lectura de este artículo, que lo estudia. Por otra parte hay que citar la otra supuesta falsificación de finales del S.XX y de comienzos del S.XXI: La carmelita descalza del convento de Coimbra que se nos ha hecho conocer como la “Hermana Lucía” no sería Lucia dos Santos.
Habrían suplantado la persona de Lucía y la que conocemos como Hermana Lucía habría hecho su papel. Estas gravísimas suposiciones se desprenden verosímilmente del estudio que hago del “tercer secreto de Fátima” que recientemente, en Abril de 2010, ha sido publicado.
El facsímil del documento está ya en la WEB al alcance de cualquiera que quiera leerlo. Este artículo pretende estudiar la autenticidad del anónimo documento (no hay un responsable de su publicación). Si es una filtración de algún personaje vaticano que haya tenido acceso a él en fecha desconocida o proviene de alguien que lo guardaba desde los tiempos de Lucía, se comprende que haya sido dado a la luz pública en el mayor de los secretos y en un total anonimato.
Con la lectura de este estudio y comentario del “Secreto” quizás quedarán aclaradas, las suposiciones hechas y también la autenticidad o imautenticidad del documento.
DONDE PUEDE LEERSE EL DOCUMENTO
He aquí la publicación del supuesto “tercer secreto de Fátima” que se encuentra en el sitio que indico.
Allí encontramos, después de una corta introducción del Dr. Atila Sinke Guimarâens, la fotografía facsimilar del secreto tal como aseguran les ha llegado desde Portugal, recientemente, seguido de una transcripción portuguesa, y de una traducción en inglés.
La fotografía ampliada puede verse aquí
Mi propia transcripción es la siguiente:
JMJ Tui/1/4/1944
Agora vou revelar o terceiro fragmento do segredo: Esta parte é a apostasía na Igreja! Nossa Senhora mostrou-nos uma vista do um indivuo que eu descrevo como o santo Padre, em frente de uma multitud que estava louvando-o. Mas había uma diferença com um verdadeiro santo Padre, la mirada do demonio, este tinha os olhos do mal. Entaô depois de algums momentos vimos o mesmo Papa entrando a uma Igreja, mas esta Igreja era a Igreja do inferno, naô ha modo para descrever uma fealdade d’ese lugar, parecia como uma fortaleza feita de cimento cinzento. com ângulos quebrados e janelas semelhantes a olhos, tinha um bico no telhado do edificio. Em seguida levantamos a vista para Nossa Senhora que nos disse Vistes a apostasía na Igreja, esta carta posse ser aberta por O santo Padre, mas deve ser anunciada depois de Piu XII e antes de 1960. No reinado de Juan Pablo II a pedra angular da tumba de Pedro deve ser removida e transferida para Fatima. Porque o dogma da fe naô é conservado em Roma, sua autoridade será removida e entregada a Fatima. A catedral de Roma deve ser destruida e uma nova construida em Fatima. Sí 69 semanas depois de que esta ordem é anunciada Roma continua sua abominaçaô a cidade será destruida. Nossa Senhora disse-nos que esto está escrito, Daniel 9, 24-25 e Mateus 21, 42-44
Traducción al español
JMJ Tuy 1/4/1944
Ahora voy a revelar la tercera parte del secreto: Esta parte es la apostasía en la Iglesia!
Nuestra Señora nos mostró una visión de un individuo que yo describo como el “santo Padre” frente a una multitud que lo vitoreaba.
Pero había una diferencia con un verdadero santo Padre, la mirada del demonio, éste tenía los ojos del mal.
Entonces, después de algunos momentos vimos al mismo Papa entrando en una iglesia, pero esta Iglesia era la iglesia del infierno; no hay manera de describir la fealdad de ese lugar. Parecía como una fortaleza hecha de cemento gris con ángulos quebrados y ventanas similares a ojos; tenía un pico (bico, en portugués) en el tejado del edificio.
Enseguida levantamos la vista hacia Nuestra Señora que nos dijo: Visteis la apostasía en la Iglesia; esta carta puede ser abierta por el Santo Padre, pero debe ser publicada después de Pío XII y antes de 1960.
En el reinado de Juan Pablo II la piedra angular de la tumba de Pedro debe ser removida y llevada a Fátima. Porque el dogma de la fe no ha sido conservado en Roma, su autoridad será removida y entregada a Fátima. La catedral de Roma debe ser destruida y una nueva construida en Fátima.
Si 69 semanas después de que esta orden se publique, Roma sigue su abominación, la ciudad será destruida. Nuestra Señora nos dijo que esto está escrito, en Daniel 9:24-25 y Mateo 21:42-44
Felices Pascuas de Resurrección
Resóndens autem Angelus, dixit muliéribus: « Nolíte timére vos: scio enim, quod Jesum, qui crucifíxus est, quáeritis: non est hic: surréxit enim, sicut dixit.
Hablando el ángel, dijo: No temáis vosotras, pues ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado; no está aquí, pues resucitó como lo dijo.
El blog
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Monseñor Viganò habla del Covid-19 y la mano de Dios
Por Michael Matt – 31/03/2020
Introducción del director de The REMNANT: Durante estos tiempos de cariz apocalíptico debemos tener presente que a pesar de la profunda apostasía que se ha ido extendiendo por el mundo en las últimas décadas, Dios no nos ha abandonado.
Buenos sacerdotes de todo el mundo están respondiendo a la llamada de los despojados fieles para mantener la lumen Christi en medio de las tinieblas que actualmente envuelven el mundo entero. En estos momentos de desolación, muchos de ellos empiezan a entender los entresijos de la revolución modernista que ha diezmado la Iglesia Católica, ha acabado prácticamente con el venerable Rito Romano y ha terminado por dejarnos abandonados cerrándonos la puerta de los templos.
En vista de este castigo, cuando tantos obispos han huido llevándose con ellos los Sacramentos que nos deben dar, nos alegramos de que haya al menos unos pocos buenos pastores que hayan roto las cadenas de la colegialidad para traernos el consuelo de la verdad de Cristo y llamar a las ovejas dispersas de vuelta a la protección del redil.
Está claro que no estamos solos. Dios está volviendo a suscitar profetas.
Millones de católicos se las ven y se las desean para comprender lo que ha pasado en las últimas semanas. En este Domingo de Pasión, el arzobispo Viganò nos ha hecho el honor de concedernos una entrevista en la que nos brinda una orientación franca y cristocéntrica.
Nos recuerda en primer lugar que «la enfermedad -y por lo tanto las epidemias, los sufrimientos y la pérdida de seres queridos- es algo que debemos aceptar con actitud de fe y humildad, e incluso como expiación por nuestros pecados personales». Debemos permitir que este azote nos ablande el corazón y nos conduzca al arrepentimiento y a volver a Dios.
A continuación, exhorta a todos los católicos bautizados a tener presente que la desesperación es impensable y que debemos «soportar estas pruebas en expiación por los pecados ajenos, por la conversión de los que no creen, y para abreviar el tiempo que deben pasar en el Purgatorio las ánimas benditas».
Las reacciones virósicas
Todo parece haberse dicho ya sobre el Coronavirus, por representantes de distintas ramas del saber. Desde la epidemiología hasta la geopolítica; desde la teología hasta la estrategia; desde la literatura hasta la metahistoria. Se han dicho cosas con apropiado sentido del humor, y otras con necesaria y legítima solemnidad.
Quisiéramos acotar un par deshilvanado de comentarios, no sobre el virus en sí, sino sobre las reacciones que está suscitando.
Hay una primera reacción que es la del Poder Político. Impresiona la facilidad con que el Estado se ha autoerigido en una maquinaria de control despótico, coactivo,represor y fiscalizador; amo y señor de nuestras casas, de nuestras vidas privadas y públicas, de nuestros movimientos, desplazamientos y aún de nuestros actos domésticos. Con el agravante de que ese Estado Guardián –que adoptaría tales actitudes orwelianas para protegernos- está en las mismas manos de aquellos a quienes bien tenemos calados como crápulas y homicidas de todo jaez.
De pronto, los sempiternos enamorados de la democracia, no sólo aceptan esta estatolatría feral e invasiva, sino que cooperan con ella, convirtiéndose en denunciantes seriales de los presuntos infractores a las medidas de Leviatán. La calificación de “policíaco” que podría hacérsele hoy a este monstruoso aparato de coerción y de cercenamiento, corre el riesgo de no hacer justicia a la policía. En rigor es un Estado Omnívoro, que engulle cuanto le parece que está en consonancia con el pantagruélico festín del Poder Mundial. Esta primera reacción que apuntamos, se funda en observaciones concretas de lo que estamos viviendo en nuestro país. Pero no cuesta extender el juicio al resto de las naciones.
Una segunda reacción pasible de ser observada, es la de la Iglesia. Ha habido excepciones;las hay. Creemos conocerlas y declararlas plausibles y edificantes. Nos referimos a las reacciones sobrenaturalizantes, austeramente piadosas, tradicionalmente devotas, claramente inscriptas en lo que siempre se dio en llamar Abandono a la Divina Providencia. Ruegos, letanías, himnos, conjuros, testimonios edificantes de Fe, que la adversidad acrece y suele fomentar entre los justos.
Pero la reacción eclesial prevalente es tan vergonzosa cuanto ruin. Y es sendas cosas, y tantas otras de peor catadura, en tanto se ha acoplado a Leviatán para no contradecir sus tiránicas disposiciones. Cierre de templos, suspensión de oficios,anulación de celebraciones, abolición de preceptos obligatorios,manipulaciones de los sacramentos, ausencia de actos de arrojo, temor servil, y una escalofriante conducta de dóciles empleados públicos en los prelados y en las jerarquías, que torna patente una vez más lo que muchos ya sabemos:la Barca hace agua, la cizaña estruja y constriñe al trigo, la añadidura se cotiza mejor que el Reino de Dios y Su Justicia.
Si tan desacralizante e inmanentista reacción guarda algún vínculo directo con la presencia de Bergoglio en la silla petrina, es algo que parece lícito deducir, o al menos imposible de descartar. El precitado pastor argento -en siete años que ya suman un número intranquilizante para los dilucidadores de símbolos- no ha dejado un solo día de su gestión de conculcar y de injuriar a la Fe Católica, prestando a la par servicios impensados a sus peores enemigos. Que el Padre pueda complacerse ante este camandulero, como lo hiciera con su “Hijo Único” en las riberas del Jordán, sería osado suponerlo. Todo indica que se nos pide, cuanto menos, a quienes buscamos la fidelidad, estar de centinelas sin relevos ante las acechanzas dolorosas y constantes de este timonel felón.
Una tercera reacción observable es la del común de la gente. Salvo también las consabidas excepciones, lo que se enseñorea es el comportamiento arrebañado, masificante, sumiso y aturdido por el pánico. Un pavor que todo lo noble inmoviliza y todo lo señorial anula y todo lo hidalgo cercena. Parece cumplirse la sentencia que asentó David Riesman en “La multitud solitaria”. No habrá ya un hombre dirigido por la Tradición, al modo medieval. Tampoco otro autodirigido, como soñaron ciertos capitostes renacentistas. Apenas si nos han dejado un <hombre heterodirigido>. Doblemente. Desde un “afuera” que es lo más superficial y banal en él; y desde otro “afuera”, que son los medios masivos de comunicación, cada vez más infernalmente patentes e inmiscuidores.
Si no fuera meterse literalmente en camisa de once varas –y no estamos ni con ánimo ni con ciencia para ello- diríamos que ninguna de estas tres reacciones se comprenden bien sin la lectura del Libro del Apocalipsis.
No tema el lector que no incurriremos en la tentación de convertirnos en apocaletas, siquiera fugazmente. Pero es imposible, para quien haya recibido las lecciones del Catecismo –y es este el punto,no más, en que nosotros nos hallamos- no ver en aquellas tres reacciones mencionadas manifestaciones anticrísticas. Nos expliquemos mejor: manifestaciones que concuerdan con las que retrata San Juan que tendrán cabida cada vez que el Anticristo se manifieste. Verbigracia: un dominio planetario que aherroja todas las voluntades, una adulteración funestísima de la Religión y un enfriamiento de la caridad, a causa de la iniquidad. Sólo por mencionar lo básico, pues ya dijimos y volvemos a subrayarlo:hablamos en esto con la simpleza de quien sólo recibió la catequésis parroquial.
Nos han impresionado al respecto algunos casos concretos. El de aquellos que han muerto en cuarentena, aislados, sin la despedida de sus familiares, sin los auxilios sacramentales, y a quienes por todo consuelo, el Estado entregó a los deudos una bolsa con cenizas. Si la caridad no estuviese helada hasta convertirse en una cuajadura amortajante, tamaño desamor hubiera hecho plañir hasta a los corazones más pétreos. Se aceptó sin embargo la medida en nombre del sanitarismo y del cuidado ecológico del planeta.¿Es que a nadie parece importarle que estaticen nuestras vidas y nuestras muertes, como se pueden estatizar los servicios públicos? ¿Es que a nadie le importan los Novísimos? ¿Es que no hay un pastor con su cayado que salga a ofrecer a los moribundos la Unción Extrema, recorriendo si fuera menester las zonas más presuntamente riesgosas? ¿Es que el hombre, al fin, cada uno de nosotros, está pendiente en serio de las últimas noticias pero no de la Última Noticia?
Por eso decíamos y decimos: estas reacciones que estamos constatando llevan un sello Anticrístico. Afirmación que no pretende inscribirse de ninguna manera entre las muchas de los aprendices de aparicionistas, videntes particulares, depositarios de revelaciones privadas o peritos del “día y la hora”. Lo único que nos mueve a hilvanar estas reflexiones es el deseo propio y el del prójimo cercano de sobrenaturalizar nuestra mirada. Y de hacer de las reacciones propias, con el auxilio de la gracia, y a pesar de las vulnerabilidades que nos laceran, otros tantos ejemplos de conductas dóciles a la la Palabra Revelada.
Que no pasen los jinetes, y estemos pendientes del facebook. Que no se manifiesten los signos anunciados y sigamos inmersos en la terrible parodia urdida por las redes. Que el estrépito de los titulares periodísticos que cambian a cada segundo, no silencie el retumbar de los cascos anclados en la eternidad. Que si la Cabalgata Postrimera –si se avecina, si adviene, o siquiera presintiéramos pasar frente al umbral de nuestras casas- sepamos guardar sacramental compostura.
Las estriberas firmes, los faldones lustrosos,
los potros se encaminan,
sus jinetes son diestros.
Van refundando vías tras sus cascos de plata,
uno marcha invisible.
El ruano se cubría con las crines la sangre,
memoria de una herida
que aún no había sangrado.
La batalla vendría como en un alfabeto
con su alfa y su omega.
Trote lento el del bayo con las bastes de paja
sobre las ancas grises
sin herrar todavía.
Uno marcha invisible,pero al sol de la tarde
se escucha un son de avíos
o de espuelas marciales.
Trote lento el del bayo ni la noche lo apura,
tiene el paso de un siglo.
Testuz baja va el pardo con destino de sombra,
de fogón vespertino
bajo lluvia de enero.
A veces su ambladura acompaña el paisaje
y el montador descansa.
El tordillo es un bronce que nadie ha sojuzgado,
le esquiva a la barbada,
y es deshonra las riendas.
Un domador se atreve a la cruz de su lomo,
las cabriolas se rinden.
Soltado de un palenque más arriba del Norte,
por encima del suelo,
corvetas y acrobacias,
un alazán de oro lleva una Dama a grupas,
la tierra se arrodilla.
Pierde su veladura el jinete invisible,
su nombre era Tabor
y no hicimos tres tiendas.
El rito de la Sagrada Comunión en tiempos de pandemia
Por Monseñor Schneider
Nadie puede obligarnos a recibir el cuerpo de Cristo de una manera en que exista el riesgo de que se pierdan partículas o se menoscabe la reverencia, como sucede cuando se recibe la Comunión en la mano. Aunque es cierto que se puede recibir directamente con la boca sobre un paño blanco pequeño y limpio (un purificador o corporal de pequeñas dimensiones), no siempre es factible, e incluso hay sacerdotes que se niegan a hacerlo.
En tales casos, lo mejor es hacer una comunión espiritual, que colma el alma de gracias especiales. Durante épocas de persecución, muchos católicos no han podido recibir la Sagrada Comunión de modo sacramental por periodos muy prolongados, pero hacían comuniones espirituales que les reportaban muchos beneficios espirituales.
No es más higiénico comulgar en la mano que en la boca. La verdad es que puede agravar el riesgo de contagio. Desde el punto de vista de la higiene, la mano contiene ingentes cantidades de bacterias. Las manos transmiten numerosos gérmenes patógenos. Ya sea al estrecharle la mano a alguien, al tocar constantemente diversos objetos, como manijas o tiradores de puertas, o al asirse de la barra del bus o del metro, los microbios pasan con facilidad de mano en mano, y luego la gente se lleva con frecuencia esas manos y dedos sucios a la nariz o la boca. No sólo eso; a veces los microbios pueden sobrevivir durante días en la superficie de objetos que se han tocado. Según un estudio publicado en 2006 en el boletín BMC Infectious Diseases, los virus de la gripe y otros semejantes pueden sobrevivir durante varios días en superficies como puertas, barandillas o barras del transporte público.
Muchos fieles que van a la iglesia y reciben la Comunión en la mano han tocado antes manillas de puertas o se han asido de la barra en el transporte público o de la baranda en una escalera. Llevan virus sobre la palma de la mano y los dedos, y luego durante la Misa se llevan esas mismas manos a la nariz o la boca. Con esas manos y dedos contaminados tocan la Hostia consagrada, con lo que los virus pasan a su vez a la Sagrada Forma, y luego los virus juntamente con ella a la boca.
Sin duda alguna, comulgar en la boca es menos arriesgado y más higiénico que hacerlo con la mano. Es más, si no se lavan concienzudamente, la palma de la mano y los dedos acumulan muchos microbios.
Prohibir la Comunión en la boca resulta infundado en comparación con los graves riesgos para la salud que comporta hacerlo con la mano en épocas de pandemia. Tales prohibiciones constituyen un abuso de autoridad. No sólo eso; da la impresión de que algunas autoridades eclesiásticas se aprovechan de la epidemia como pretexto. Pareciera también que algunos se regocijan cínicamente en extender cada vez más el proceso de trivialización y desacralización del Santísimo Cuerpo de Cristo en el sacramento eucarístico, poniendo con ello en riesgo el Cuerpo del propio Señor de graves de falta de respeto (pérdida de partículas) y de sacrilegio (robo de formas consagradas).
Hay que tener en cuenta además que a lo largo de los 2000 años de historia de la Iglesia no ha habido ningún caso documentado de contagio por recibir la Sagrada Comunión. En la Iglesia Bizantina, el sacerdote da de comulgar a los fieles con una cucharilla, y se utiliza la misma para todos. Terminada la Comunión, el sacerdote o el diácono se bebe el agua o el vino con el que ha purificado la cuchara, la cual tocó la lengua de algunos feligreses mientras comulgaban. Muchos fieles de iglesias de rito oriental se escandalizan por la falta de fe de los obispos y sacerdotes de rito latino cuando prohíben comulgar en la boca; prohibición que, en el fondo, obedece a falta de fe en el carácter divino y sagrado del Cuerpo y la Sangre de Cristo-Eucaristía.
Si la Iglesia de nuestro tiempo no vuelve a esforzarse con el máximo empeño por estimular la fe, la reverencia y las medidas de protección para el Cuerpo de Cristo, toda medida de protección para los fieles será en vano. Si la Iglesia actual no se convierte y vuelve a Cristo, concediendo la primacía a Jesús, y en concreto a Jesús-Eucaristía, Dios demostrará la veracidad de sus palabras: «Si Yahvé no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. Si Yahvé no guarda la ciudad, el centinela se desvela en vano» (Sal.126, 1-2).
Recomendamos la siguiente oración para hacer comunión espiritual:
«Me postro a tus pies, Jesús mío, y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito, doblegado en su nada y ante tu sagrada presencia. Te adoro en el sacramento de tu amor, la inefable Eucaristía. Deseo recibirte en la humilde morada que te ofrece mi corazón. Mientras aguardo la dicha de la Comunión sacramental, anhelo poseerte espiritualmente. ¡Ven a mí, Jesús mío, pues por mi parte me dirijo a Ti! Tu amor abrace mi corazón en la vida y en la muerte. Creo en Ti, espero en Ti y te amo. Amén.»
+Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la diócesis de Santa María de Astaná
(Traducido por Bruno de la Inmaculada. Artículo original)
Tomado de:
adelantelafe.com
Original de:
RORATE CÆLI
El verdadero embrollo es la simultaneidad de dos papas
La última polémica, que ha estallado a raíz de la publicación del libro sobre el sacerdocio del cardenal Sarah y Benedicto XVI, confirma la penosa confusión que aqueja actualmente a la Iglesia.
La noticia de que el Papa Emérito y el cardenal Robert Sarah habían producido un escrito a cuatro manos resonó como una bomba el 12 de enero. El libro, editado por Nicolas Diat, hombre de confianza de monseñor Sarah, lo ha publicado la editorial Fayard con el título Des profondeurs des nos coeurs (desde el fondo de nuestro corazón), y contiene una firme defensa del celibato eclesiástico. El lobby mediático progresista se ha lanzado al ataque negando que el Papa emérito haya escrito jamás un libro con el cardenal Sarah, y ha acusado a este último de haber emprendido una operación editorial contra el papa Francisco. Por su parte, monseñor Sarah ha reaccionado con energía:, afirmando «Declaro solemnemente que Benedicto XVI sabía que nuestra labor se publicaría en forma de libro. (…) Los ataques parecen dar a entender una mentira de mi parte. Estas difamaciones son de una gravedad excepcional.».
A pesar de ello, monseñor Georg Gänswein, secretario de Joseph Ratzinger y prefecto de la Casa Pontificia, desmintió parcialmente el 14 de enero pasado al cardenal Sarah y ha pedido que se retire la firma del papa emérito como coautor del libro: «El Papa Emérito sabía que el cardenal estaba preparando un libro y había enviado su texto sobre el sacerdocio autorizándolo a usarlo como quisiera. Pero no había aprobado ningún plan para un libro con doble firma ni había visto y autorizado la portada. Sí, es un malentendido sin cuestionar la buena fe del cardenal Sarah.».
El purpurado guineano no ha aceptado que se lo señale como responsable del malentendido y ha publicado tres cartas, fechadas respectivamente el 20 de septiembre, el 12 de octubre y el 25 de noviembre de 2019, que revelan la plena sintonía entre él y Benedicto XVI, el cual da luz verde para publicar el texto, con las siguientes palabras: «Por mi parte, estoy de acuerdo en que el texto se publique en la forma que usted ha planeado». Con todo, se ha aceptado la solicitud de monseñor Gänswein, y las próximas ediciones no aparecerán con la dobla firma. El autor será, por tanto, «Cardenal Sarah, con la contribución de Benedicto XVI». Por otro lado, según ha precisado monseñor Sarah en un tweet. «el texto completo permanece sin cambios». Un embrollo colosal, cuya responsabilidad parecer ser de Nicolas Diat, colaborador del cardenal, que probablemente habrá destacado más de lo debido la iniciativa, y sobre todo de monseñor Gänswein, que sin duda ha cedido a las presiones de quienes han querido quitar hierro al contenido del libro, con la idea además de desacreditar al prelado guineano, impropiamente presentado como ultraconservador.
El incidente trasluce, no obstante, un embrollo mucho mayor: el de la antinatural simultaneidad de dos pontífices en el Vaticano, y más cuando uno de ellos, Benedicto XVI, después de haber renunciado al pontificado conserva el nombre y la sotana blanca, imparte la bendición apostólica –que compete exclusivamente al Sumo Pontífice– y rompe una vez más el silencio al que se había comprometido. En resumen: se considera papa aunque sea emérito.
Esta situación es consecuencia de un grave error teológico del cardenal Ratzinger. Al detentar el título de Emérito, como hacen los obispos, pareciera que entiende que el ascenso al Pontificado imprime en el elegido una especie de carácter análogo al del orden sacerdotal. En realidad, los grados sacramentales del sacerdocio son tres nada más: diaconado, presbiterado y episcopado. El pontificado corresponde a otra jerarquía de la Iglesia, la de jurisdicción o gobierno, cuyo ápice constituye. En el momento de ser elegido, el Papa recibe el cargo de la suprema jurisdicción, no un sacramento que imprima carácter. El sacerdocio no se pierde ni con la muerte, porque subsiste in aeternum. En cambio, sí se puede perder el pontificado, y no sólo con la muerte, sino en caso de renuncia voluntaria o de herejía pública y manifiesta. Si renuncia a ser pontífice, el Papa deja de serlo: ya no tiene derecho a la vestidura talar blanca ni a impartir la bendición apostólica. Desde el punto de vista canónico, no es ni siquiera cardenal; vuelve a ser un simple obispo. Salvo en caso de que su renuncia fuera inválida, lo cual en el caso de Benedicto XVI habría que probarlo. Lo cierto es que hoy en día el título de pontífice se aplica tanto a Francisco como a Benedicto, pero desde luego en el caso de uno de los dos es abusivo, ya que sólo uno puede ser papa en la Iglesia.
La historia de la Iglesia ha conocido papas y antipapas que se han enfrentado entre sí, pero siempre se excomulgaban mutuamente. La claridad obligaba a elegir, como sucedió con el Gran Cisma de Occidente, en el que toda la Cristiandad estuvo excomulgada por uno u otro pontífice y los fieles se veían obligados a tomar partido. Lo que no ha sucedido jamás es que dos papas se reconozcan el uno al otro como legítimos y se muestren recíprocamente respeto y obediencia, aunque se combatan por medio de terceros. Tratar de enfrentarlos públicamente es una labor ímproba, desmentida por la realidad y abocada al fracaso. No hay un papa bueno y otro malo. No hay dos papas. Lo único que hay es una gran confusión, destinada a aumentar.
¿Qué pasará cuando el itinerario sinodal de la Conferencia Episcopal Alemana ponga en marcha el proceso de liquidación del celibato eclesiástico, iniciado oficialmente por el Sínodo para la Amazonia? ¿Dará el papa Francisco luz verde a prelados germanos? ¿Y qué dirá Benedicto XVI del itinerario de sus compatriotas, que han anunciado que quieran dar un carácter vinculante a las decisiones que tomen en Alemania? Por su parte, el cardenal Sarah, ¿confirmará la «obediencia filial al papa Francisco» que manifestó en su comunicado de prensa del pasado día 14, o unirá su voz a la de los cardenales que se proponen resistir el proceso de autodemolición de la Iglesia, obedeciendo la enseñanza apostólica de que «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch: 5,29)? Es la hora de la claridad, no de la confusión.
(Traducido por Bruno de la Inmaculada)
Tomado de:
Adelante la fe
Los dos Papas
Los dos Papas, el film de Fernando Meirelles que acaba de estrenar la plataforma Netflix, tiene todos los ingredientes de una excelente película si nos atenemos exclusivamente a su factura fílmica: un auténtico duelo actoral protagonizado por Anthony Hopkins (Benedicto XVI) y Jonathan Pryce (Francisco), dos grandes del cine contemporáneo, diálogos chispeantes y en ocasiones profundos, un relato sin fisuras con momentos de enorme tensión adecuadamente compensados con certeros golpes de humor y hasta escenas desopilantes (como en la que Bergoglio intenta bailar un tango con Benedicto) que alivian al espectador, una excelente fotografía y una música impecable. Todo esto, repito, desde lo estrictamente artístico hace de Los dos Papas un producto de alta calidad de la cinematografía de los últimos tiempos.
Muy distinto, empero, es el juicio si se apunta al contenido o, como suele decirse ahora, al metamensaje de la película. El relato se inicia con la muerte de Juan Pablo II, el cónclave en el que resulta elegido Josef Ratzinger como el Papa Benedicto XVI y en el que un Cardenal argentino, Jorge Mario Bergoglio, aparece como el segundo más votado. Al término del cónclave un Bergoglio indisimuladamente contrariado se despide en el Aeropuerto de Roma, de regreso a Buenos Aires, de otro cardenal a quien desliza este comentario: las reformas que la Iglesia necesita no se harán y tendrán que esperar.
Años después, Bergoglio, quien ha pedido insistentemente su retiro, aterriza en Roma llamado por Benedicto XVI. La entrevista tiene lugar, en su primer día, en Castelgandolfo, en la sobriamente elegante residencia veraniega de los papas, en medio de un paisaje sereno y bucólico. Aquí comienza el duelo entre el Papa alemán y el Cardenal argentino. Son dos mundos distintos; y no sólo por las diferencias culturales o de carácter que separan a un típico argentino, jesuita, afecto al futbol y al tango, informal en todo, amigo de kiosqueros porteños y de jardineros romanos, de un intelectual alemán, experimentado profesor de universidades europeas, de inconfundible rostro bávaro, de porte algo hierático, solitario (a tal punto que come solo), y amante de la buena música clásica que él mismo ejecuta al piano en sus horas de también solitario descanso. En efecto, más allá y por encima de estos contrastes, que el film describe magistralmente, en realidad se enfrentan dos Iglesias; y aquí está, a mi juicio, la clave de la película.
Benedicto XVI es lo que diríamos un conservador; un papa preocupado por mantener íntegra la doctrina y la tradición de la Iglesia, convencido de que lo que el mundo necesita es una verdad absoluta que lo ponga al amparo de los vientos del relativismo. Bergoglio, en cambio, es un reformador, piensa que la Iglesia es narcisista, que debe dejar de contemplarse a sí misma, abandonar sus disputas teológicas y litúrgicas (“vivimos discutiendo si la misa debe rezarse en latín o no”, es una de las frases que desliza el Cardenal) y abrirse al mundo, mezclarse con el dolor y el sudor de los pobres, con las víctimas de los abusos (“no basta con la confesión de los abusadores”, es otra de las frases que se oyen de boca del argentino), permitir la comunión a los divorciados, defender el medio ambiente y combatir los excesos del capitalismo.
A medida que transcurre el diálogo la relación entre los personajes se va transformando. Del enfrentamiento inicial, por momentos francamente hostil, va pasando a una suerte de intimidad fraterna. Ambos cuentan sus vidas y se confiesan recíprocamente. ¿Cuál es el gran pecado del Cardenal? Su actuación en la época de la dictadura militar argentina cuando ejercía su cargo de Provincial de la Compañía y suspendió a dos jesuitas que se ocupaban de los pobres en un barrio marginal de Buenos Aires; ambos curas aparecen como víctimas de la represión militar y de la cobardía de Bergoglio: relato absolutamente falso por cierto en el que no falta ninguna de las imposturas setentistas como los treinta mil desaparecidos y en el que, obviamente, se omite lo esencial: los curas en cuestión eran dos guerrilleros que entrenaban terroristas.
¿Y el pecado del papa alemán? No haber atendido las graves denuncias contra el sacerdote mexicano Maciel acusado de gravísimos delitos de abuso sexual. Historia, también, radicalmente falsa si se tiene presente que fue justamente Benedicto quien tuvo que esperar a ser Papa, debido a la resistencia de algunos cardenales, para poner fin a décadas de escandaloso ocultamiento de las tropelías de aquel monstruo moral.
El desenlace ocurre en una Capilla Sixtina absolutamente vacía en la que sólo están, frente a frente, el Papa y el Cardenal. Allí, Benedicto le confiesa a Bergoglio que ha decidido renunciar al Trono de Pedro: él no sabe gobernar, es sólo un académico, no ha sabido hacerse de colaboradores eficaces, hace tiempo que Dios no lo escucha, todo aquello en lo que ha creído y por lo que ha vivido se le aparece vano: la Iglesia necesita un Bergoglio; por eso, Benedicto debe renunciar y el Cardenal permanecer.
El final lo conocemos: renuncia de Benedicto XVI, nuevo cónclave y Bergoglio, convertido en Francisco, sin el pectoral de los papas, sin paramentos y calzando sus míticos zapatos negros, saluda a la multitud que lo aclama en Piazza San Pietro aquel lluvioso atardecer del 13 de marzo de 2013. Desde su retiro, Benedicto sonríe frente al televisor, como quien ha cumplido su tarea.
Benedicto ya no existe, se ha ido y con él se ha ido la Iglesia de Cristo, la que salió del costado abierto del Crucificado, la que con sombras y luces ha sido el faro del mundo y ha anunciado el evangelio a los hombres. Hay dignidad en esa muerte. Es el canto del cisne. En su lugar ha nacido la nueva Iglesia de Francisco: humana, misericordiosa, hospital de campaña, portadora de un evangelio intramundano, ecologista, que no teme poner los ídolos del mundo en el lugar santo.
Los dos papas es la versión cinematográfica de la tesis impuesta por la secta modernista: lo único bueno de Benedicto XVI es haber comprendido que debía renunciar para dar paso a Francisco, el reformador, el heraldo de la primavera de la Iglesia. Y en este sentido la película es todo un acierto porque refleja con exactitud el drama de la Iglesia de nuestros días. Sólo que este drama es presentado con el ropaje de una gloriosa y esperanzadora victoria.
En síntesis: un veneno letal en un excelente y atrayente envase.
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Título original: The two Popes. Con la actuación de Anthony Hopkins, Jonathan Pryce, Juan Minujín. Dirigida por Fernando Meirelles. Guión de Anthony McCarten. Fotografía de César Charlone y música de Bryce Dessner. Montaje de Fernando Stutz. Producción de Dan Lin, Jonathan Eirich, Tracey Seaward.
Obispos plastificados
Algunas almas compañeras mías de tercer grado, que al fin y al cabo se sienten miembros de la Iglesia Purgante (siempre se enseñó así), han pedido permiso a la Superioridad para vagar unas semanas por los despachos en los que se cocina la realidad eclesial (como recuerdo que decía con voz engolada, uno de mis abades modernistas). Querrían estas almas ver en directo cómo van las cosas, para poder aderezar luego las sesiones de terapia con mayor rigor.
Se les ha negado tal permiso. Se les ha dicho que no hay costumbre de permitir a las almas del purgatorio pasar por los susodichos despachos, ya que existiría el peligro de desánimo, enfado e irritación, con los cuales sería más difícil acceder en poco tiempo al Piso Superior, en donde ya todo es bienaventuranza y alegría. La verdad es que me parece que lleva razón el Alto Mando. Nos han dicho que nos conformemos con las noticias que ya se van publicando en los medios que no son bobalicones ni rastreros. Así, el propio San Pedro (que conoce bien su Santa Sede), nos ha aconsejado que para los Sacros Palacios basta con que leamos el Specola –dice el Pescador que informa bien de lo que se cuece en los pasillos-, y para las oficinas episcopales es suficiente con leer lo que ellas mismas publican, porque por ahí podemos colegir y vislumbrar por donde van sus ilustrísimas seseras.
Parece que la Conferencia Episcopal Española, ha decidido hacer frente a los problemas que aquejan a la querida España, con valentía, intrepidez y arrojo. Los Obispos se han reunido para tratar algunos de los temas y consideraciones que ocupan su mente y su corazón, empeñados siempre en dar buenos pastos a sus ovejas e impartir doctrina en tanto que Pastores y dignos Sucesores de los Apóstoles.
Alguien podría pensar que la situación de España, con la ya inminente formación de un gobierno comunista, es preocupante para el Episcopado. La tormenta que se avecina sin duda en torno a la destrucción de todo lo que signifique católico -colegios incluidos-, podría suscitar inquietudes, pesadumbres y temores en sus Ilustrísimas. Alguien podría pensar asimismo, que la situación de crisis de la Iglesia, con gran número de cristianos que de hecho han abandonado sus antiguas creencias, la caída en picado de la recepción de sacramentos, los divorcios, el número millonario de abortos, la escasez de vocaciones sacerdotales o el envejecimiento de las ordenes religiosas, que están abandonando conventos de presencia centenaria en pueblos y ciudades, quita el sueño a Monseñores y Prelados. Alguien podría sospechar que las reuniones de la distinguida Conferencia Episcopal y todo su enorme aparato burocrático, expresan la honda desazón e inquietud que embarga a los mitrados por el estado agónico del catolicismo español y los ataques furibundos de una izquierda estalinista y narcótica.
Pues no es así. Los pastores de las almas que todavía viven en España, han excretado una declaración en la que se hacen cargo -y comparten con los fieles-, el peligro con que el uso de los plásticos amenaza la convivencia y la salvación de las almas.
En una declaración serena, valiente y cargada de testosterona episcopal, el Secretario General de los Obispos Españoles lo ha dicho sin tapujos, sin ambages y sin pudor alguno: Vamos a tratar de disminuir el consumo de plásticos. ¡Toma ya!
No es fácil para sus eminencias llegar a este punto, sin haber hecho antes una concienzuda investigación sobre los problemas de los católicos españoles. Y para dar ejemplo e ir los primeros delante de las ovejas, -añade el comunicado- se analizarán alternativas para las pequeñas botellas de agua que se puedan ofrecer. Se ha encargado a la Comisión correspondiente la compra de unos 150 botijos unipersonales, para poder ofrecer agua a los obispos durante las reuniones. Claro que los botijos deben ser de barro legalizado por la Comunidad Europea, no resulte ser barro de alguna zona minera, y se cuelen junto con el agua algunas unidades de Zinc o de Manganeso, que luego con la orina episcopal desequilibre el medio ambiente.
Por otra parte, conviene que se sepa que los Obispos están construyendo un edificio que va a ser la cumbre y la repanocha de la ecología integral:
«Nosotros mismos hemos comenzado una obra para hacer un edificio de editoriales a 200 metros de aquí, los criterios dados son que sea un edificio que pueda ser ejemplar desde el punto de vista ecológico, de su aislamiento a la hora de las pérdidas de calor y frío, de lo que hoy se nos aconseja, como las placas solares y la gestión de residuos»
¡Toma!
Pero no acaba aquí la cosa. Hay más preocupaciones. El Secretario de los Obispos, con cara de Greta sonriente dice que tienen la impresión de que en la Conferencia Episcopal Española tiran «mucho papel a la papelera» y van a estudiar «cómo gestionar estos gestos sencillos».
La verdad es que en esto sí estoy de acuerdo con Mons. Greto, porque quizá sea la propia Conferencia Episcopal la que haya evacuado más papel en los últimos cincuenta años, a juzgar por las Declaraciones, Programas, Proyectos y todo tipo de Documentación destinados siempre a clarificar a los fieles por dónde deben ir sus actitudes católicas. Siempre con firmeza y claridad. Que hay que votar en conciencia, que no se puede votar a Vox, que hay que ser demócratas con el voto, que hay que estudiar bien los programas políticos de los partidos, que hay que poner la X en la declaración, que hay que atender a los inmigrantes y que hay que tender puentes. O sea, que efectivamente debería haber mucho menos papel al menos el que se usa para estos menesteres, porque para superar el miedo, creo que deben seguir usando el habitual.
En fin, la sensación general ha sido la de que los Obispos españoles comparten las inquietudes de sus ovejuelas. Mientras la Conferencia Episcopal alemana hace la conversión homosexual para bendecir parejas del mismo signo que se atraen, en España se cuida el medio ambiente, se quitan las botellas de plástico y se edifica con ladrillos refractarios de usar y tirar. Y las almas y su salvación, abandonadas en el cubo de la basura (para reciclar en el infierno).
Los manotazos de Bergoglio
El año 2020 se ha inaugurado con un desconcertante video del papa Francisco que se ha hecho viral por todo el mundo. No se trata de la tradicional felicitación de Año Nuevo, sino de las imágenes de la brusca reacción del Papa el día de Nochevieja tras el tradicional Te Deum en la Plaza de San Pedro. En la primera escena aparece dando manotazos a una señora asiática que le había agarrado una mano. En la segunda, se observa la mirada airada del Sumo Pontífice mientras se aleja después de haber dado dichos manotazos a la señora.
A lo largo y ancho de Internet se han multiplicado las reacciones, todas caracterizadas por el tono jocoso y la ironía, algunas agudas e ingeniosas, y otras groseras. Alguno, tratando de justificar a Francisco, ha recordado el momento de ira e indignación de Nuestro Señor Jesucristo cuando expulsó a los mercaderes del templo, sin reparar en lo blasfema que resulta la comparación. La del Señor era una ira santa contra quienes comerciaban en el lugar santo. Pero cuando las ofensas iban dirigidas a su Persona, el Señor jamás retribuyó una bofetada con otra; se mantuvo manso y humilde como un cordero.
El papa Francisco, por el contrario, reaccionó con ira a lo que percibió como agresividad hacia su persona, pero no se ofende con la misma energía cuando los católicos son víctimas de persecución por todo el mundo o cuando la Iglesia es objeto de humillación y ultraje. No sólo eso; el propio papa Bergoglio ha reconocido que estuvo mal lo que hizo. Al día siguiente en el Ángelus dijo efectivamente: «Muchas veces perdemos la paciencia; yo también, y pido disculpas por el mal ejemplo de ayer ».
Algunos de los siempre defienden a ultranza a Francisco han procurado excusarlo diciendo: «Es un hombre como cualquier otro; todo el mundo mete la pata». Es cierto que el Papa no está asistido por el Espíritu Santo en cada uno de sus actos y palabras. Puede cometer errores. Pero el Papa es el dulce Cristo en la Tierra, y no puede permitirse cometer en público ciertos errores, ya que en todo momento debe predicar con el ejemplo.
Por otro lado, los mismos que defienden la posibilidad de que el papa Francisco yerre, niegan que pueda hacerlo jamás al hablar. Ahora bien, si el propio Pontífice reconoce que no todo lo que hace está bien, no puede menos que admitir que tampoco acierta siempre cuando habla. Por ejemplo, cuando negó a la Virgen el título de Correndentora. La indignación de tantos católicos ante tal afrenta a Nuestra Señora estuvo mucho más justificada que la reacción del papa Francisco en San Pedro.
Viñetas satíricas han difundido tales contradicciones por las redes sociales. Con todo, la ironía que se propaga por Internet debería suscitarnos, además de una sonrisa, una cierta tristeza. No es fácil deslindar la persona del Papa del cargo que ejerce. Para bien o para mal, todo lo que tenga que ver con la figura del Romano Pontífice repercute inevitablemente en el Papado. El Papa es humano, pero la institución que representa es divina. Desgraciadamente, en los años sesenta se inició un proceso de desacralización del Papado. Es posible que acto inaugural de dicho proceso tuviera lugar durante el Concilio Vaticano II, el 13 de noviembre de 1964, cuando Pablo VI descendió del trono pontifico bajo el baldaquino de bronce de San Pedro y depuso sobre el altar del Concilio la tiara que le habían obsequiado los milaneses para su coronación como pontífice. Con dicho acto confundió el homenaje a la institución con un homenaje a su persona. A partir de ese momento se empezó a divinizar al hombre y a humanizar la institución. Y actualmente la papolatría va de la mano con las burlas a la institución del Papado. Pidamos a la Divina Providencia que en este nuevo año 2020 humille a los hombres y exalte a la Iglesia, a imitación del ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, del que queremos ser humildes pero firmes seguidores.
(Traducido por Bruno de la Inmaculada)
Por Roberto de Mattei
Tomado de:
Francisco ultraja a María
Francisco enseña que María, “mujer mestiza de nuestros pueblos”, no es Corredentora
El 12 de diciembre, en la homilía de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Francisco negó la participación de María en la obra redentora, calificándola de “historias” (“fábulas, cuentos”) y de “tontera” (“tontería, bobada, insignificancia”). Éstas son sus palabras:
“Fiel a su Maestro, que es su Hijo, el único Redentor, jamás quiso para sí tomar algo de su Hijo. Jamás se presentó como corredentora. (…) Nunca robó para sí nada de su Hijo (…) María mujer, María madre, sin otro título esencial. (…) Y tercer adjetivo que yo le diría mirándola, se nos quiso mestiza, se mestizó. (…) Se mestizó para ser Madre de todos, se mestizó con la humanidad. ¿Por qué? Porque ella mestizó a Dios. Y ese es el gran misterio: María Madre mestiza a Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, en su Hijo. Cuando nos vengan con historias de que habría que declararla esto, o hacer este otro dogma, no nos perdamos en tonteras: María es mujer, (…) mujer de nuestros pueblos, pero que mestizó a Dios.”[1]
Los dichos de Bergoglio, además de insultantes, son completamente falsos. Si bien no ha habido hasta ahora una declaración dogmática del magisterio al respecto, la corredención de María forma parte de la revelación divina. Su fundamento escriturístico es innegable. Éste consiste en el paralelo y en la analogía existente entre Eva y la Santísima Virgen. Paralelo y analogía que se manifiestan en el papel desempeñado por ellas en relación, por un lado, con Adán en el caída original y, por el otro, con Jesucristo, nuevo Adán (Rm. 5, 14 – I Cor. 15, 22), en la reparación de la misma.
En efecto, del mismo modo que Eva participó en la caída de Adán, por su falta de fe y su desobediencia, María lo hizo en la redención, a través de su fe y su obediencia. Con su “fiat” y su consentimiento al sacrificio salvador de Jesús, María hizo posible la Redención, así como Eva, tentando a Adán a instancias de la Serpiente, había hecho posible la falta original. Es Adán quien la comete, pero Eva está íntimamente vinculada a ella, no como artífice, sino como partícipe necesaria y a modo de causa instrumental.
De manera análoga, María, nueva Eva, participa en el acto redentor realizado por Jesucristo, nuevo Adán, no como autora, sino como partícipe necesaria -Dios así lo dispuso en su Divina Providencia-, y como causa instrumental -con su “fiat” libremente otorgado, María suministró la “materia” del sacrificio redentor, es decir, el cuerpo de la víctima expiatoria-.
Es en este sentido que debe entenderse el término “corredención” aplicado a María, como expresión de su íntima participación en la obra redentora consumada por su divino Hijo -autor exclusivo de la misma-, y no como si la redención hubiera sido realizada por ambos, en el mismo sentido y en un pie de igualdad, como si fuesen coautores del hecho.
Así pues, a semejanza de Eva, que interviene de manera decisiva en la caída del género humano provocada por la falta de Adán, la Santísima Virgen María, Eva de la Nueva Alianza, está estrechamente involucrada en la redención operada por el nuevo Adán, Jesucristo.
Veamos lo que dice al respecto San Ireneo, Padre y Doctor de la Iglesia, discípulo de San Policarpo, quien, a su vez, lo había sido del apóstol San Juan, en su obra “Contra los herejes”:
“En correspondencia encontramos también obediente a María la Virgen, cuando dice: «He aquí tu sierva, Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38); a Eva en cambio indócil, pues desobedeció siendo aún virgen. Porque como aquélla, (…) habiendo desobedecido, se hizo causa de muerte para sí y para toda la humanidad; así también María, teniendo a un varón como marido pero siendo virgen como aquélla, habiendo obedecido se hizo causa de salvación para sí misma y para toda la humanidad (Heb 5, 9). (…) Así también el nudo de la desobediencia de Eva se desató por la obediencia de María; pues lo que la virgen Eva ató por su incredulidad, la Virgen María lo desató por su fe.”[2]
Citemos ahora al gran doctor mariano San Luis María Grignon de Montfort:
Acto de acusación al papa Francisco y de amor a la Iglesia de S.E. monseñor Carlo Maria Viganò
S.E. monseñor Viganò, ex nuncio apostólico en los EE.UU., publica hoy un documento que constituye una enérgica acusación al papa Francisco, y al mismo tiempo, un acto de ferviente amor a la Iglesia. Publicamos el texto íntegro:
Así dice Yahvé, el Dios
que creó los cielos y los desplegó;
el que extendió la tierra con sus frutos,
dio hálito a los hombres que la habitan,
y espíritu a los que por ella caminan:
Yo soy Yahvé; éste es mi nombre;
no doy mi gloria a ningún otro
ni mi honor a las imágenes fundidas.
Pues Yahvé avanza como un héroe,
como un guerrero despierta su furor,
vocea y lanza gritos,
y muestra su fuerza contra sus enemigos.
Mucho tiempo estuve callado,
guardé silencio, me contuve,
mas ahora doy voces como una mujer que da a luz,
lanzo ayes y suspiro jadeando.
Devastaré los montes y los collados,
y agostaré todo su verdor;
convertiré los ríos en desierto, y secaré los lagos.
Entonces volverán atrás, llenos de vergüenza,
los que confían en las estatuas;
los que dicen a las imágenes fundidas:
«Vosotros sois nuestros dioses».
¿Quién entregó a Jacob al pillaje, y a Israel a los saqueadores?
¿No es Yahvé, contra quien han pecado,
Aquel cuyos caminos no quisieron seguir, ni escuchar su Ley?
Por eso derramó sobre Israel el fuego de su ira,
y el furor de la guerra. Pegó fuego alrededor de él, pero no comprendió;
le consumía, mas no hizo caso.
(Is.42,5-23)
MARÍA INMACULADA, VIRGEN Y MADRE, ACIES ORDINATA, ORA PRO NOBIS
«¿Podría haber otra cosa en el corazón de la Virgen María que el nombre de Nuestro Señor Jesucristo? También nosotros deseamos tener en nuestros corazones un solo nombre: el de Jesús, al igual que la Santísima Virgen.»
La trágica parábola del presente pontificado avanza en una continua sucesión de golpes de efecto. No pasa un día sin que desde su supremo trono el Sumo Pontífice contribuya a desmantelar la Sede Petrina usando y abusando de su suprema autoridad, no para confesar sino para negar; no para confirmar sino para extraviar; no para unir sino para dividir; no para edificar sino para derribar.
Herejías materiales, herejías formales, idolatría y superficialidades de todo género: el Sumo Pontífice Bergoglio no cesa de humillar obstinadamente la autoridad suprema de la Iglesia, desmitificando el Papado, como tal vez diría su ilustre colega Karl Rahner. Su modo de actuar tiene por objeto violar el Sagrado Depósito de la Fe y desfigurar el rostro católico de la Esposa de Cristo con sus palabras y sus actos, con disimulaciones y con mentiras, con sus gestos evidentes que alardean de espontaneidad pero están meticulosamente ideados y planificados , y con los cuales se exalta a sí mismo en un incesante autobombo narcisista, mientras humilla la figura del Romano Pontífice y eclipsa la del Dulce Cristo en la Tierra.
Sus acciones se sirven de improvisaciones magisteriales, de un magisterio improvisado, líquido, insidioso como arenas movedizas; no sólo en las alturas, a merced de periodistas de todo el mundo, en esos espacios etéreos que pueden evidenciar un delirio patológico de ilusoria omnipotencia, sino también en el ámbito de las funciones más solemnes que deberían infundir un sagrado temor y reverente respeto.
Con ocasión de la festividad de la Virgen de Guadalupe, el papa Bergoglio ha vuelto a dar rienda suelta a su evidente fobia antimariana que evoca a la de la Serpiente en el relato de la Caída, en el Protoevangelio que profetiza la radical enemistad que puso Dios entre la Mujer y la Serpiente, y la hostilidad declarada de esta última, que hasta la consumación de los tiempos acechará el calcañar de la Mujer intentando triunfar sobre Ella y sobre su posteridad. La del Romano Pontífice es una agresión manifiesta contra las prerrogativas y sublimes atributos que hacen de la Inmaculada siempre Virgen Madre de Dios el complemento femenino del Verbo Encarnado, asociándola íntimamente a Él en la economía de la Redención.
Tras degradarla comparándola con la vecina, con una refugiada inmigrante, o con una laica como otra cualquiera con sus defectos y con la crisis de una mujer cualquiera manchada con el pecado, o incluso con una discípula, que lógicamente no tendría nada que enseñarnos; tras banalizarla y despojarla de su carácter sagrado, a la manera de las feministas que están ganando terreno en Alemania con su movimiento María 2.0, empeñado en modernizar a la Virgen para convertirla en una imitación, a imagen y semejanza de ellas, Bergoglio ha tenido la crueldad de decir de la Augusta Reina y Madre Inmaculada de Dios que «se mestizó con la humanidad» y que mestizó a Dios. Con un par de ocurrencias, ha asestado un golpe al corazón del dogma mariano y del dogma cristológico que le está vinculado.
Los dogmas marianos constituyen el sello de aprobación de las verdades católicas que conforman nuestra Fe, definidas en los concilios de Nicea, Éfeso y Calcedonia; son un baluarte inquebrantable contra las herejías cristológicas y contra los furibundos ataques asestados por las puertas del Infierno. Quien la mestiza y profana demuestra estar de parte del Enemigo. Atacar a María es arremeter contra el propio Cristo. Atacar a la Madre y alzarse contra el Hijo es rebelarse contra el propio misterio de la Santísima Trinidad. La Inmaculada Theotokos, «terrible como ejército con banderas desplegadas» —acies ordinata–, dará batalla para salvar a la Iglesia y aniquilará el ejército del Enemigo que se ha soltado de sus cadenas y le ha declarado la guerra, junto con todas las demoniacas pachamamas que regresarán definitivamente al Infierno.
Por lo que se ve, el papa Bergoglio no puede disimular más que no soporta a la Inmaculada, y ni siquiera consigue ocultarlo tras su ostentada devoción, siempre bajo los reflectores y las cámaras de televisión, mientras va abandonando la celebración solemne de la Virgen Asunta al Cielo y el rezo del Rosario con los fieles que con Juan Pablo II y Benedicto XVI atestaban el patio de San Dámaso y la Plaza de San Pedro de Roma.
El papa Bergoglio se vale de la pachamama para intentar derrotar a la Guadalupana. La entronización del ídolo amazónico en el Altar de la Confesión en San Pedro no fue otra cosa que una declaración de guerra a la Señora y Patrona de las Américas, que al aparecer se a San Juan Diego derrotó los ídolos demoniacos y conquistó a los indios llevándolos a la adoración del verdadero y único Dios gracias a su mediación materna. ¡No es ninguna leyenda!
A pocas semanas de la clausura del acto sinodal que supuso la investidura de la pachamama en el corazón de la catolicidad, hemos tenido noticia de que el desastre conciliar del Novus Ordo Missae será objeto de más modernizaciones, entre otras la introducción del rocío en el Canon Eucarístico en sustitución de la mención al Espíritu Santo, Tercera Persona de la Santísima Trinidad.
Se trata de un paso más en la regresión hacia la naturalización e inmanentación del culto católico, rumbo a un Novissimus Ordo panteísta e idólatra. El rocío –entidad presente en el lugar teológico de la Amazonia tropical, como supimos por los padres sinodales–, aparece como el nuevo principio inmanente de la fecundación de la Tierra, que la transustancia en un todo interconectado en un sentido panteísta al que se asimilan y someten los hombres para la gloria de pachamama. Henos aquí hundidos en las tinieblas de un nuevo paganismo mundialista y ecotribal, con sus demonios y perversiones. Con esta enésima distorsión litúrgica, la divina Revelación se degenera en la plenitud del arcaísmo; de la identidad hipostática del Espíritu Santo, nos deslizamos hacia la evanescencia simbólica y metafórica del rocío, que la gnosis masónica había hecho suya desde hace tiempo.
Volvamos por un instante a las estatuillas idolátricas, con su singular fealdad, y a la declaración del papa Bergoglio al día siguiente de que las sacaran de Iglesia de Traspontina y las arrojasen al Tíber. Las palabras pronunciadas por el Sumo Pontífice tienen una vez más el hedor de una tremenda mentira: nos ha hecho creer que las estatuillas fueron prontamente rescatadas de las turbias aguas gracias a la intervención de los carabineros. Se queda uno pasmado al ver que un equipo de Noticias del Vaticano, coordinado por Tornielli y Spadaro, de Civiltà Cattolica, con reporteros y cámaras de la prensa oficial, no tuvieran tiempo de filmar e inmortalizar el rescate de las pachamamas. Resulta hasta inverosímil que una operación de semejante espectacularidad no llamase la atención de los viandantes, que con sus teléfonos celulares habrían podido filmarlo y difundirlo por las redes sociales. Nos sentimos tentados a preguntárselo a quien hizo tal declaración. Sin ninguna duda, esta vez también nos responderían con un elocuente silencio.
Hace ya más de seis años que nos envenenan con un falso magisterio, una especie de síntesis extrema de todas las equívocas afirmaciones del Concilio y de los errores postconciliares que se han propagado inconteniblemente sin que la mayoría repare en ello. Sí, porque el Concilio Vaticano II abrió algo peor que la Caja de Pandora: la Ventana de Overton, de un modo tan gradual que nadie se ha dado cuenta de la alteración que se ha llevado a cabo, de la auténtica naturaleza de las reformas, de sus dramáticas consecuencias, y ni siquiera se ha llegado a sospechar quién manejaba realmente los hilos de esta gigantesca operación subversiva, que el cardenal modernista Suenens calificó de «el 1789 de la Iglesia Católica».
Y así, a lo largo de las últimas décadas, el Cuerpo Místico se ha ido desangrando lentamente de su linfa vital en una incontenible hemorragia: el Sagrado Depósito de la Fe se ha ido dilapidando de a poco, los dogmas han sido desnaturalizados, el culto se ha ido secularizando y profanando, la moral ha sido saboteada, el sacerdocio vilipendiado y el Sacrificio Eucarístico protestantizado y transformado en un banquete amistoso.
Actualmente la Iglesia está exangüe , invadida por la metástasis, devastada. El pueblo de Dios avanza a ciegas, analfabeto y despojado de su Fe, sumido en las tinieblas del caos y la división. En las últimas décadas, los enemigos de Dios han utilizado una táctica de tierra quemada arrasando dos mil años de Tradición. En una aceleración inaudita, gracias a la carga subversiva de este pontificado apoyado por el potentísimo aparato jesuita, le están asestando a la Iglesia un mortífero golpe de gracia.
Al papa Bergoglio –como a todos los modernistas– es imposible pedirle claridad, ya que el sello distintivo de la herejía modernista es precisamente el disimulo. Maestros del error y expertos en el arte del engaño ,«se ocupan en conseguir que se acepte universalmente lo ambiguo, presentando su lado inocuo, que les servirá de salvoconducto para introducir el lado tóxico que al principio ocultaban» (P. Matteo Liberatore S.J.). De ese modo, la mentira, terca y obsesivamente repetida, termina por hacerse cierta y ser aceptada por la mayoría.
Es también típicamente modernista la táctica de afirmar aquello que se quiere destruir, valiéndose de términos vagos e imprecisos, promoviendo el error sin formularlo con claridad en ningún momento. Que es ni más ni menos lo que hace el papa Bergoglio con su amorfismo que disuelve los misterios de la Fe, con su característica aproximación doctrinal con la que mestiza y derriba los más sagrados dogmas, como ha hecho con los relativos a la siempre Virgen Madre de Dios.
El resultado de este abuso de autoridad es que nos encontramos ante una Iglesia Católica que ha dejado de ser católica, un recipiente vaciado de su auténtico contenido para reemplazarlo con productos de pacotilla.
Es inevitable la llegada del Anticristo. Forma parte del epílogo de la historia de la salvación. Pero sabemos que es requisito imprescindible para el triunfo universal de Cristo y de su gloriosa Esposa. Aquellos de nosotros que no nos hayamos dejado engañar por estos enemigos de la Iglesia, enfeudados en el Cuerpo eclesial, tenemos que unirnos en un frente común contra el Maligno, ya hace tiempo derrotado, pero todavía en condiciones de hacer daño y provocar la perdición eterna de multitudes, pero a quien la Virgen Santísima, nuestra Corredentora, aplastará definitivamente la cabeza.
Ha llegado la hora de que actuemos. De manera inequívoca, sin dejarnos expulsar de esta Iglesia de la cual somos hijos legítimos y en la que tenemos el sacrosanto derecho de sentirnos en casa, sin que la odiosa horda de enemigos de Cristo nos haga sentir como marginados, cismáticos y excomulgados.
¡Ha llegado la hora de que actuemos! El triunfo del Corazón Inmaculado de María –Corredentora y Mediadora de todas las gracias– pasa por sus hijitos, sin duda frágiles y pecadores pero de carácter totalmente contrario a quienes militan en las filas enemigas. Pequeños, consagrados sin limitaciones a la Inmaculada por ser su talón, la parte más humilde y despreciada, la más odiada por el Infierno, pero que junto a Ella aplastarán la cabeza del monstruo infernal.
San Luis María Griñón de Monfort se preguntaba: «¿Cuándo tendrá lugar ese triunfo? Sólo Dios lo sabe. Nuestro deber consiste en velar y orar como recomendaba encarecidamente Santa Catalina de Siena: «¡Ay de mí, que muero y no puedo morir! No sigáis durmiendo en la negligencia; aprovechad al máximo el tiempo presente. Confortaos en Cristo Jesús, dulce amor. Sumergíos en la Sangre de Cristo crucificado, crucificaos con Él, escondeos en sus llagas, bañaos en su Sangre» (Carta nº 16).
La Iglesia está sumida en las tinieblas del modernismo, pero la victoria será de Nuestro Señor y de su Esposa. Queremos seguir profesando la Fe perenne de la Iglesia en medio del fragor que la asedia. Queremos velar con Ella y con Jesús en este nuevo Getsemaní del fin de los tiempos y hacer penitencia en reparación por las muchas ofensas que se les infligen.
+Carlo Maria Viganò
Arzobispo titular de Ulpiana
Nuncio Apostólico
19 de diciembre de 2019
(Traducido por Bruno de la Inmaculada /Adelante la Fe)
Tomado de:
La teología «mestiza» del papa Francisco
Entre las palabras que con más frecuencia se repiten en el vocabulario del papa Francisco está la de mestizaje. A este término Francisco le atribuye un sentido no sólo étnico, sino también político, cultural e incluso teológico. Lo hizo el pasado día 12, al afirmar que la Virgen «se nos quiso mestiza, se mestizó. Pero no sólo con el Juan Dieguito, con el pueblo. Se mestizó para ser Madre de todos, se mestizó con la humanidad. ¿Por qué? Porque ella mestizó a Dios. Y ese es el gran misterio: María Madre mestiza a Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, en su Hijo» (L’Osservatore Romano, 13 dicembre 2019). Lo sepa o no el papa Francisco, el origen de este concepto mestizo del misterio de la Encarnación está en la herejía de Eutiquio (378-454), archimandrita de un convento de Constantinopla según el cual después de la unión hipostática la humanidad y la divinidad de Cristo se fundieron para formar un tertium quid, una híbrida mescolanza que no sería propiamente Dios ni hombre. El eutiquianismo es una forma grosera de monofisismo porque sólo acepta en el Hijo de Dios encarnado una sola naturaleza resultante de esa confusa unión de la divinidad con la humanidad. A raíz de la denuncia formulada por Eusebio de Dorilea (el mismo que veinte años atrás había acusado a Nestorio), Flaviano, obispo de Constantinopla, congregó en 448 un sínodo en el que Eutiquio fue condenado y excomulgado por hereje. Eutiquio, apoyado por Dióscoro, patriarca de Alejandría, logró convocar otro sínodo en Éfeso que lo rehabilitó; Flaviano, Eusebio y otros obispos fueron agredidos y depuestos. En aquel entonces reinaba como papa San León Magno, que declaró nulo este último sínodo, al que denominó Latrocinio de Éfeso, nombre con el que pasó a la historia dicho conciliábulo. Tras dirigir a Flaviano una carta en la que exponía la doctrina cristológica tradicional (Denzinger, 143-144), el Papa animó a la nueva emperatriz Pulqueria (399-453) a organizar un nuevo concilio en la ciudad de Caldedonia, en Bitinia. En la tercera sesión del concilio se leyó la carta de León a Flaviano sobre la Encarnación del Verbo. En cuanto el lector terminó y calló, todos los presentes exclamaron unánimes: «Ésta es la fe de los Padres, ésta es la fe de los Apóstoles. Así creemos todos. Así creen los ortodoxos. Quien no crea así, sea excomulgado. San Pedro ha hablado por la boca de León» (Mansi, Sacrorum conciliorum nova et amplissima Collectio,VI, 971, Act. II).
Consiguientemente, el Concilio de Calcedonia definió la fórmula de fe que declaraba la unidad de Cristo como persona y de la dualidad de las naturalezas de la única Persona de Cristo, perfecto y verdadero Dios, única Persona en dos naturalezas distintas. La definición dogmática de Calcedonia confiesa: «Uno solo y el mismo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros menos en el pecado; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, Madre de Dios en cuanto a la humanidad» (Denzinger 148).
Al igual que San León Magno, los protagonistas de Calcedonia, Flaviano y Pulqueria fueron elevados a la gloria de los altares, mientras que el nombre de Eutiquio se cuenta entre los de los heresiarcas.
Entre las numerosas variantes que han surgido del eutiquianismo a lo largo de los siglos se cuenta la de la kenosis, que se desarrolló en el mundo protestante mediante una extravagante interpretación del despojamiento o vaciamiento del que habla San Pablo en la carta a los Filipenses (2,7). La Iglesia lo entiende en un sentido moral, viendo en él la voluntaria humillación de Cristo que, a pesar de seguir siendo verdaderamente Dios, se humilló hasta ocultar su infinita grandeza en la humildad de nuestra carne. La doctrina de la kenosis sostiene por el contrario que el Verbo perdió de hecho sus propiedades divinas o renunció a ellas por completo. En la encíclica Sempiternus Rex del 8 de septiembre de 1951, Pío XII la refutó con estas palabras: «Repugna también abiertamente con la definición de fe del Concilio de Calcedonia la opinión, bastante difundida fuera del Catolicismo, apoyada en un texto de la Epístola de San Pablo Apóstol a los Filipenses [Fi.2,7], mala y arbitrariamente interpretado, esto es, la doctrina llamada kenótica, según la cual en Cristo se admite una limitación de la divinidad del Verbo; invención verdaderamente sacrílega, que, siendo digna de reprobación como el opuesto error de los Docetas, reduce todo el misterio de la Encarnación y de la Redención a una sombra vana y sin cuerpo».
Es absurdo pretender una limitación de la divinidad, porque el ser divino es infinitamente perfecto, simple e inmutable, y es metafísicamente incapaz de sufrir la menor limitación. Además, un Dios que renuncia a ser él mismo deja de ser Dios y de existir (cfr. Luigi Iammarone, La teoria chenotica e il testo di Fil 2, 6-7, en Divus Thomas, 4 (1979), pp. 341-373). Los neoeutiquianos niegan la verdad de razón según la cual Dios es el Ser por esencia, acto puro, inmutable en sus infinitas perfecciones, y rechazan la verdad de fe por la cual Jesús, en cuanto hombre-Dios, gozó a lo largo de toda su vida de la visión beatífica, fundamento de su divinidad. La teología del mestizaje del papa Bergoglio parece hacer suya esta postura, la misma que le atribuye Eugenio Scalfari, que en un artículo aparecido en La Reppublica el pasado 9 de octubre afirmó que según Francisco, «una vez encarnado, Jesús cesa de ser Dios y se vuelve hombre hasta la muerte en la cruz». El director de la Sala de Prensa Vaticana, que habló el mismo día, no desmintió a Scalfari, limitándose a decir que se trataba de «una interpretación libre y personal de lo que había oído», con lo que proyectó una sombra de grave sospecha sobre la cristología bergogliana. Se nos podría objetar que atribuimos al papa Francisco herejías que jamás ha expresado formalmente. Pero si es cierto que la censura de herejía sólo se puede aplicar a expresiones que niegan una verdad revelada, no es menos cierto que un hereje se puede manifestar mediante la ambigüedad de sus palabras, así como de sus actos, silencios y omisiones. Pudiera decirse que al papa Francisco se le podría aplicar lo que dijo de Eutiquio un eminente patrólogo, el padre Martin Jugie: «Resulta muy difícil conocer con exactitud la doctrina de Eutiquio sobre el misterio de la Encarnación, porque ni él mismo la conocía bien. Eutiquio era hereje porque sostenía obstinadamente fórmulas equívocas, falsas además en su propio contexto. Pero dado que dichas fórmulas se prestaban a explicaciones ortodoxas y algunas de sus afirmaciones a una interpretación benévola, queda la incertidumbre en cuanto a su verdadero pensamiento» (Enciclopedia Cattolica, vol. V (1950), col. 870, 866-870).
La teología de Francisco es mestiza porque mezcla verdad y error dando lugar a una confusa amalgama en la que nada es claro, determinado o preciso. Todo resulta indefinible, y el alma del pensamiento y del lenguaje parece ser la contradicción. Además de la Virgen, Francisco querría mestizar la Iglesia haciéndola salir de sí misma para mezclarse con el mundo, sumergirse en él y quedar absorbida por él. Pero la Iglesia es santa e inmaculada, como santa e inmaculada es María, Madre y modelo del Cuerpo Místico. La Virgen no es mestiza en el sentido que le atribuye Francisco, porque en Ella no hay nada de híbrido, oscuro o confuso. María es luz sin sombra, belleza sin imperfección, verdad incorrupta, siempre íntegra y sin mancha. Pidamos auxilio a la bienaventurada Virgen María para que nuestra fe tampoco sea una mescolanza y se mantenga siempre pura, impoluta y resplandeciente ante Dios y ante los hombres, como resplandeció en la noche de Navidad el Verbo Encarnado manifestándose al mundo.
(Traducido por Bruno de la Inmaculada)
Tomado de:
Cerca de 3 millones piden que Netflix cancele película blasfema sobre “Jesús gay”
A través de dos plataformas de recolección de firmas, Change.org y CitizenGO, un aproximado de tres millones de personas está pidiendo que Netflix cancele una película estrenada por Navidad, pero que presenta a Jesús como homosexual y a la Virgen María como prostituta.
La película satírica titulada “A Primeira Tentação de Cristo” (La primera tentación de Cristo) fue producida como un “especial de Navidad” por el colectivo de comedia brasileño Porta dos Fundos, y estrenada en la plataforma el 3 de diciembre. Ha sido lanzada con subtítulos en inglés, alemán, italiano y francés.
El filme no solo presenta a Jesús como a una persona que mantiene relaciones sexuales con hombres, sino que también retrata a la Virgen María como prostituta y a los apóstoles como un grupo de alcohólicos.
En Change.org la campaña fue lanzada hace dos semanas y ya cuenta con más de 2 millones 173 mil firmas que piden que el contenido sea retirado. Asimismo, se pide que la plataforma de streaming se retracte por haber “ofendido gravemente a los cristianos”.
En CitizenGO, por su parte, la campaña se lanzó el 11 de diciembre y ya cuenta con más de 741 mil firmas dirigidas a Reed Hastings, fundador y CEO de Netflix; Jeff Hensien, jefe del departamento de servicio al consumidor de Netflix; y Ted Sarandos, gerente de contenido de Netflix.
En la campaña de CitizenGO los firmantes aseguran que “no solo nos están atacando, sino que lo están haciendo en la Navidad, buscando el mayor escarnio y la mayor humillación posible contra nuestras creencias”.
El presidente de CitizenGO, Ignacio Arsuaga, condenó enérgicamente la película diciendo que “es una provocación en forma de película” y “una gravísima burla a escala internacional sobre nuestras figuras sagradas”.
“La película, en una supuesta clave de comedia, se llama ‘A Primeira Tentação de Cristo’ (La primera tentación de Cristo) y la produce un grupo brasileño llamado ‘Porta dos Fundos’, y no tiene otro objetivo que mofarse de los cristianos y sus creencias”, continúa Arsuaga.
Para firmar en Change.org ingrese AQUÍ y para CitizenGO AQUÍ.
Tomado de:
Cerca de la Navidad, Netflix ofende a cristianos con película sobre “Jesús gay”
Comisión Bíblica: no se deben condenar las uniones homosexuales
A pedido del Papa, la Pontificia Comisión Bíblica, máximo organismo eclesial técnico en interpretación de las Sagradas Escrituras, ha emitido un informe sobre la visión antropológica en la Biblia en el que se revisa radicalmente la concepción de la homosexualidad.
“Una nueva y más adecuada comprensión de la persona humana impone una radical reserva sobre la exclusiva valoración de la unión heterosexual a favor de una análoga acogida de la homosexualidad y de las uniones homosexuales”, puede leerse en el estudio encargado por Su Santidad a la Pontificia Comisión Bíblica sobre la visión antropológica de la Biblia, que incluye una extensa atención al tema de la homosexualidad, cuya expresión concibe como “una expresión legítima y digna del ser humano”.
¿Será 2020 el año de la gran revisión de la concepción católica de la homosexualidad y las relaciones homosexuales? En principio, no parece hacer falta ser especialmente suspicaz para verlo probable. Aunque este informe no deja de ser eso, un informe, sin ningún valor doctrinal o pastoral hasta que el Papa tome alguna decisión al respecto, el hecho se suma a decenas de indicios a lo largo del último año que apuntan persistentemente en esa dirección.
El asunto es doble: por un lado, el concepto mismo de homosexualidad que, si bien en ningún caso tendría una valoración moral en sí misma, sí condiciona la respuesta doctrinal a sus expresiones concretas. Hasta ahora, el Catecismo de la Iglesia Católica considera la orientación homosexual como “objetivamente desordenada”, en el marco de una concepción del sexo encaminado tanto a la reproducción -cooperación cocreadora con Dios por parte del hombre- como a una complementariedad que va a ser imagen y figura de la relación de Cristo con su Iglesia. Si, en cambio, se impone una “nueva y más adecuada comprensión de la persona humana”, por citar palabras del informe, y se concluye, al modo de algunos obispos alemanes, que la homosexualidad es una condición tan ‘adecuada’ como la heterosexualidad, las conclusiones para la doctrina moral son potencialmente seísmicas.
Porque esa es la otra ‘pata’: las relaciones homosexuales. En la doctrina tradicional, que se remonta a antes de la propia Encarnación, la relación homosexual no solo estaba tajantemente condenada, sino que con el nombre clásico de sodomía se incluía entre los cuatro tipos de pecado que “claman la venganza de Yahvé”. Y pedir, como parece hacer la Pontificia Comisión, que se “acoja” análogamente a las uniones heterosexuales las homosexuales se nos antoja absolutamente incompatible con esta visión.
El ‘freno’ a un cambio en este sentido, incluso desde posiciones favorables y progresistas, era la repetida y unívoca condena a este tipo de relaciones en la Biblia, tanto en el Antiguo Testamento como en las Cartas de San Pablo.
Aparentemente, la Pontificia Comisión insinúa algún tipo de malentendido en esta concepción cuando sostiene que “según algunos”, “la Biblia poco o nada dice acerca de este tipo de relación erótica, que por lo tanto no debe ser condenada, también porque a menudo indebidamente se confunde con otros comportamientos sexuales aberrantes”.
Y concluye con un lenguaje que ya nos suena: “El examen exegético conducido sobre textos del Antiguo y del Nuevo Testamento ha hecho aparecer elementos que son considerados por una valoración de la homosexualidad, en sus implicaciones éticas. Ciertas formulaciones de los autores bíblicos, como las directivas disciplinarias del Levítico, requieren una interpretación inteligente que salvaguarde los valores que el texto sagrado intenta promover evitando, por lo tanto, repetir literalmente aquello que también trae consigo rasgos culturales de aquel tiempo. Será requerida una atención pastoral, en particular frente a las personas individuales, para llevar a cabo aquel servicio de bien que la Iglesia debe asumir en su misión para los hombres”.
Todo era cosa de los “rasgos culturales de aquel tiempo”, probablemente, y llevamos dos mil años en un trágico error.
| 18 diciembre, 2019
Tomado de;
CARTAS DESDE EL PURGATORIO: Corredención y Mestizaje
Según el cómputo mundano, hace ahora año y medio que llegué al Purgatorio. Salí de mi mundo conventual sin mucho estrépito y con cierto deseo de conseguir por fin la paz -anhelada y extrañada- a lo largo de mis últimos años de forzoso retiro monacal. Se me dijo al llegar, que eran muchas las manchas y heridas de mi alma y muchos los pecados, amén de innumerables faltas de amor al Señor acumuladas durante años. Por lo cual debía someterme a una curación intensiva que llevaría su tiempo, si es que en este lugar –fuera del tiempo-, pudiera utilizarse esta expresión.
El único deseo que tenemos los que moramos aquí, es conseguir ver el rostro de Dios, abrazar a Jesucristo –Dios y Hombre verdadero-, besar a la Virgen María y poder cantar durante toda la Eternidad las grandezas del Todopoderoso. Pobres de los que creen que el Purgatorio es incompatible con el Amor de Dios. Desgraciados los Pastores que esparcen entre sus ovejas la moderna teología de que se trata de un invento medieval. Ojalá descubran su existencia llegando aquí; no vaya a ser que se enteren desde fuera, desde ese lugar tenebroso del que ya nunca se podrá salir, aunque crean que está vacío.
El caso es que he conseguido de San Pedro mi tercer grado penitenciario. Mi trabajo me ha costado. Aquí la Justicia es de verdad y no como en el mundo, en donde las penas de cárcel y las sentencias están en manos de jueces corruptos, politiqueros y cobardes. Y por supuesto, aquí no existen esos llamados juicios mediáticos que recuerdo había en el mundo, por los que se podía condenar a un asesino terrorista a cuatro meses de pan y agua, mientras se le encasquetaban cuarenta años a un pobre albañil, por haber piropeado desde el andamio a una viadante feminista.
El caso es que, aunque sigo anhelando mi total liberación y mi paso a la vida celestial, dispongo ya de algunos privilegios. Mi Guardián me permite ahora poder estar enterado de algunas noticias eclesiales y políticas. Poder comentarlas como hacía en el mundo de los vivos. Y además, sin necesitar ayuda de novicios expertos en tecnología de las redes. Aquí hay una conexión de gran calidad y sin límite de tiempo, claro. Me han dado acceso a algunas páginas de noticias que me proporcionen datos actuales, para las sesiones de terapia que tenemos los que ya estamos en este tercer grado purgatorial y así poder ayudar –con mi experiencia de viejo monje-, a los que están como yo a la espera de llegar a la posesión de la Verdad.
Casi todos por aquí andan indignados (si se pudiera hablar así). No digamos San Pedro, que dice que el nivelazo que ahora hay en su Antigua Sede está más o menos por el betún. Se irrita al ver el nivelazo teológico, nivelazo de corrupción y -cuando más se enfada-, llega incluso a hablar de nivelazo satánico. Sin dejar, claro está, el nivelazo de vulgaridad.
Ayer, sin ir más lejos, había un ambiente desquiciado. Había llegado a la sala de lecturas una nota que decía que el Santo Padre se había estado riendo de la Corredención de María en nuestra Salvación. Ya se sabe que Jorge Bergoglio es un gran teólogo, pero esto parece que supera todas las imaginaciones. Claro, destrozar y fundirse en un par de frases toda una tradición que ha presentado a María como Corredentora, y decir que eso son tonteras (algunas almas del purgatorio europeas no entendían esa expresión), es tirar escombros y estiércol sobre la Virgen María y mucho más en el día de la Guadalupana.
Yo recuerdo de mis tiempos mozos, cuando los avanzadillos postconciliares rahnerianos y otras especies adyacentes, decían casi con lágrimas en los ojos y aires místicos, que a María había que quererla mucho, pero ¡¡cuidado!! porque por encima de Ella está el mismo Dios y no hay que pasarse. Con lo cual, estos listillos profanadores infectados de protestantismo, intentaban cargarse la mariología, queriendo aparecer al mismo tiempo como los más amantes de la Virgen. De hecho, el mismo Concilio relegó a la Virgen a un capitulillo, alegando que eso se hacía porque se quería mucho a la Virgen y para darle más importancia. Si se descuidan un poco, no la nombran ni en la bibliografía. Según ellos, durante siglos se había dejado de lado a Dios para fijarse en María. Claro, éstos acababan por dejar de lado a María y al final dejar de lado también a Dios, para centrase en el hombre. Así nos ha lucido el pelo.
Las palabras de Francisco no tienen desperdicio:
Cuando nos vengan con historias de que había que declararla esto, o hacer este otro dogma o esto, no nos perdamos en tonteras: María es mujer, es Nuestra Señora, María es Madre de su Hijo y de la Santa Madre Iglesia jerárquica y María es mestiza, mujer de nuestros pueblos, pero que mestizó a Dios.
Como siempre, esto ha desaparecido de la página de la Santa Sede, no vaya a convertirse la tontera en doctrina infalible. Y es que solamente la palabra dogma, produce en Francisco ardor intestinal e irritación neuronal. Dogma, verdades estables, eternas y reveladas. Puaj!! Cosas de teólogos.
Yo no sé cómo alguien puede pensar todavía que Francisco podría declarar el Dogma de María Corredentora o María Medianera de todas las Gracias. Ahora, los únicos dogmas son los del Cambio Climático y los Pecados Ecológicos, que seguramente estaban ya escritos en las Tablas de la Ley, pero como Moisés las rompió cuando vio que estaban adorando al Becerro Pachamamo, pues no se llegaron a conocer. Y como no había grabadoras ni celulares, pues por eso ha quedado escondido hasta el Pontificado Actual.
Volviendo al Sermón del pasado día 12 de los mortales, lo más gracioso visto desde aquí arriba, es el impulso que da a la teología del mestizaje: María mestizó a Dios. Algunas almas del purgatorio decían ingenuamente que puestos a eso, entienden mucho más claramente la idea de María-Corredentora que la idea de Maria-Mestizadora. Yo creo que debía ser algún alma purgante del siglo XIII que todavía no ha evolucionado.
Y la guinda del pastel bergogliano:
María mujer, María madre, sin otro título esencial. Los otros títulos —pensemos en las letanías lauretanas— son títulos de hijos enamorados que le cantan a la Madre, pero no tocan la esencialidad del ser de María: mujer y madre.
O sea, que ya lo saben. Cuando los hijos cantan las Glorias de María, no afectan a su esencialidad. Por eso, en la Distinguida Teología del Mestizaje, si yo digo en las letanías: Madre Inmaculada, no afecta a su esencialdad; y si digo Madre Castísima, no afecta a su esencialidad.
Lo que yo decía: Mucho amor a la Virgen , pero al final no queda nada en pie. Menos mal que aquí arriba, la Virgen no necesita bomberos pirómanos que vengan en su ayuda.
Consolatrix afflictorum. Miserere nobis.
(Sin que eso afecte a su esencialidad)
Protesta contra los actos sacrílegos del papa Francisco
Nosotros, los abajo firmantes, clero y estudiosos laicos católicos, protestamos y condenamos los actos sacrílegos y supersticiosos cometidos por el papa Francisco, sucesor de Pedro, en relación con el reciente Sínodo de la Amazonia que ha tenido lugar en Roma.
Tales actos sacrílegos son los siguientes:
– El 4 de octubre, el papa Francisco asistió a un acto de adoración idolátrica de la diosa Pachamama[1].
– Permitió que este culto tuviese lugar en los Jardines Vaticanos, profanando también las cercanías de las tumbas de los mártires y la Iglesia del Apóstol Pedro.
– Participó de este acto de culto idolátrico bendiciendo una imagen de madera de la Pachamama[2].
– El 7 de octubre, el ídolo de la Pachamama fue colocado frente al altar de San Pedro y, después, llevado en procesión hasta el aula sinodal. El papa Francisco pronunció oraciones en una ceremonia que involucraba a esta imagen y, después, se unió a la procesión[3].
– Cuando la imagen de esta deidad pagana fue sustraída de la iglesia de Santa María in Traspontina, donde había sido sacrílegamente colocada, y lanzada al río Tíber por unos católicos ofendidos por tal profanación de la iglesia, el papa Francisco, el 25 de octubre, se disculpó por esta acción,y otra imagen de la Pachamama fue vuelta a colocar la iglesia[4]. Así pues, se comenzó otra profanación.
– El 27 de octubre, durante la Misa de conclusión del sínodo, aceptó un cuenco utilizado en los cultos idolátricos de la Pachamama, situándolo sobre el altar[5].
El propio papa Francisco confirmó que se trataba de ídolos paganos. En su disculpa del 25 de octubre por la sustracción de tales ídolos de una iglesia católica, las denominó Pachamam[6], el nombre de una falsa deidad de la madre tierra según las creencias paganas de Sudamérica.
El cardenal Walter Brandmüller, el cardenal Gerard Müller, el cardenal Jorge Urosa Savino, el arzobispo Carlo Maria Viganò, el obispo Athanasius Schneider, el obispo José Luis Azcona Hermoso, el obispo Rudolf Voderholzer y el obispo Marian Eleganti[7] han condenados distintos aspectos de estos cultos como idólatras o sacrílegos. Finalmente, también el cardenal Raymond Burke ha dado un juicio análogo en una entrevista.[8]
La participación en los cultos idolátricos fue anticipada por la declaración titulada Documento sobre la Fraternidad Humana, firmada por el papa Francisco y Ahmad al-Tayyeb, Gran Imán de la Mezquita de al-Azhar, el 4 de febrero de 2019.[9] La declaración afirmaba lo siguiente:
«El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son queridos por Dios en su Sabiduría, con la que Él creó a los seres humanos. Esta Sabiduría Divina es la fuente de la que proviene el derecho a la libertad de credo y a la libertad de ser diferente».
La participación de Francisco en estos cultos idolátricos indica que entendía esta declaración en sentido heterodoxo, el cual permite considerar la adoración de ídolos paganos como algo bueno y querido por Dios.
Viganò: «No podemos permanecer indiferentes ante los actos idolátricos que hemos presenciado»
El arzobispo Carlo Maria Viganò urge a la re-consagración de la Basílica de San Pedro, a la luz de lo que él denomina como “la clamorosa profanación” que tuvo lugar entre sus muros, con los ritos de veneración de la estatua de la Pachamama.
En una nueva intervención sobre el Sínodo de la Amazonía, ofrecida a LifeSite News, el arzobispo Viganò ha declarado: “La abominación de la idolatría ha penetrado en el santuario de Dios y ha dado vida a una nueva forma de apostasía, cuyas semillas – que ya germinaron hace tiempo – están creciendo ahora con renovado vigor y eficiencia”.
Continúa: “El proceso interno de mutación de la fe, que ha tenido lugar en la Iglesia Católica durante décadas, ha tenido en este Sínodo su punto álgido, acelerando hacia la fundación de un nuevo credo, resumido en una nueva clase de culto [cultus]. En nombre de la aculturación, los elementos paganos están infestando el culto divino con el fin de convertirlo en un culto idolátrico”.
En esta profunda entrevista (que adjuntamos íntegra), hablamos con el arzobispo Viganò sobre qué revela acerca del estado actual de la Iglesia el asunto de la Pachamama, que no es más que la conclusión lógica de otras “aberrantes” declaraciones acaecidas en el pontificado actual. También hablamos del documento final del Sínodo, que considera “es un ataque frontal contra el edificio divino que es la Iglesia”, de lo que el Sínodo nos descubre sobre la “sinodalidad”, y de lo que sus organizadores han conseguido.
Según Viganò, el “paradigma amazónico” tiende a “transformar” la Iglesia Católica, alineándola con la agenda “globalista” y haciendo de “pasarela para caminar hacia la Religión Universal”.
“Para nosotros, católicos, el horizonte de la Iglesia se oscurece por momentos”, dice. “Si este satánico plan tiene éxito, los católicos que se adhieran a él cambiarán, de facto, de religión, y el gran rebaño de Nuestro Señor Jesucristo se verá reducido a una minoría”.
“Esta minoría sufrirá mucho…”, pero triunfará. Concluye sus apreciaciones con unas provocativas y proféticas palabras de una mística y santa del siglo XIV, santa Brígida de Suecia.
Reproducimos aquí, íntegramente, nuestra entrevista al arzobispo Carlo Maria Viganò sobre el Sínodo de la Amazonia.
RITO AMAZÓNICO Y OTRAS SOLICITUDES DE SÍNODO
– La creación de un nuevo Rito Amazónico tiene una base en el Documento Final del Sínodo.
De hecho, su § 119 dice: «El nuevo organismo de la Iglesia en la Amazonía debe establecer una comisión para estudiar y discutir, de acuerdo con los usos y costumbres de los pueblos ancestrales, la elaboración de un rito amazónico».
También en el artículo 117 del documento menciona que hay 23 ritos diferentes en la Iglesia e implica que ahora es necesario (§118) que se cree un nuevo rito «inculturado».
Entonces, un lector normal podría imaginar que se solicita un solo rito uniforme, como los otros 23 ritos de la Iglesia. Pero, en realidad, no es tan simple. Después de llegar a esta primera conclusión, las cosas comienzan a complicarse. De hecho, en la Amazonía hay alrededor de 400 tribus indias diferentes. Entonces, para ser una Iglesia auténticamente «inculturada», es decir, para adaptarse verdaderamente a la realidad concreta de cada tribu, la Iglesia Conciliar tendría que crear no un nuevo rito, sino cientos de nuevos ritos.
Hay más de 400 tribus en la Amazonía; los sacramentos deben adaptarse a cada uno …
Por lo tanto, parece haber una contradicción en la solicitud de los obispos. Cuando piden permiso al Papa para crear un rito amazónico, parecen presentarlo como un nuevo rito, pero esta impresión es engañosa, porque se creará una nebulosa de ritos.
Ahora, no sé en qué punto esta solicitud de crear muchos ritos será diferente de lo que los misioneros progresistas ya están haciendo, ya que adaptan la misa para cada lugar que visitan. Una vez que el Vaticano II abrió la puerta para que la liturgia se modificara para complacer a diferentes grupos y pueblos ( Sacrosanctum Concilium 38), hemos visto todo tipo de misas «inculturadas». Con respecto a la adaptación a las diversas «culturas», las puertas han estado abiertas desde 1963, cuando se aprobó Sacrosanctum Concilum .
Hasta donde puedo ver, si Francis aprueba oficialmente este «rito amazónico», solo significará una mayor aceleración en un proceso que ya se está moviendo a alta velocidad.
La única diferencia esencial es que los obispos están solicitando que se modifique la forma de los sacramentos. Preguntan en §118: “Es urgente formar comités de traducción y escritura para los textos bíblicos en los idiomas de las diversas regiones, con los recursos necesarios, preservando el asunto de los sacramentos y adaptándolos en su forma, sin perder de vista lo que es esencial «.
La reforma litúrgica de Pablo VI ya ha cambiado la forma tradicional de los sacramentos, causando mucha discusión sobre su validez. Ahora, los obispos están pidiendo una vez más que cambien, pero no a una forma determinada; piden pulverizar las formas de los sacramentos para hacerlos «accesibles» a las múltiples tribus amazónicas. Si el papa Francisco acepta esta solicitud en su exhortación apostólica final, el resultado será que muy probablemente los sacramentos dejarán de existir.
Creo que un Papa válido tiene el derecho de cambiar la forma de un Sacramento de una forma estable a otra forma estable. Por eso, en mi opinión, los sacramentos de Pablo VI siguen siendo válidos. Pero, no creo que un Papa pueda decir que las formas de los sacramentos son en adelante mutables para satisfacer las necesidades de cada grupo cultural. Si Francisco hace esto, irá más allá de los límites de su autoridad y prácticamente destruirá los sacramentos; dejarán de existir en las áreas que utilizarán este permiso.
Otros asuntos del Sínodo
Otros tres temas, en mi opinión, pueden resumir este Documento Final :
-
- Todo el documento está dividido en diferentes «conversiones» que la Iglesia y Occidente deben hacer. La noción misma de conversión supone que uno está en pecado y necesita cambiar. Por lo tanto, el Sínodo y su Documento Final implican que toda la Iglesia Católica, no solo como existió hasta el Vaticano II, sino también la Iglesia Conciliar que vino después de ella, estaba y está en estado de pecado. Entonces, nos enfrentamos a una negación completa de todo lo que precedió al Sínodo para dar un nuevo paso: un gran paso hacia la «Iglesia con rostro amazónico».

El Sínodo implica que el pasado de la Iglesia Católica estaba equivocado cuando llama a su conversión.
El Sínodo implica que el pasado de la Iglesia Católica estaba equivocado cuando llama a su conversión.
- Esta Iglesia «ideal» ofrecida a los católicos está modelada según los indios: sus creencias, su visión del mundo y su estilo de vida. Ahora, con respecto a las creencias religiosas, los indios son idólatras y fetichistas. Su visión del mundo, en la medida en que podemos admitir que tienen una, es la inmanencia de la divinidad en todo: la tierra, el agua, el aire, el fuego, así como en las criaturas vivientes: plantas y animales. Es decir, niegan un Dios Trascendente y Absoluto como profesa la Iglesia Católica. Su estilo de vida constituye la negación de todas las conquistas de la civilización con respecto a la moral y una negación de todos los sistemas de organizaciones sociopolíticas elaboradas por la historia. En resumen, es el Tribalismo , que es la etapa más radical del barbarie, solo superada por la anarquía completa.
- Creo que además de estos objetivos perversos (Elementos 1 y 2), también existe un interés concreto en declarar a la Amazonía como un área independiente , basada en el pretexto discutible de proteger a los indios, el bosque y la Tierra. Si los gobiernos locales quedan impresionados por este mito progresista, entregarán una enorme parcela de su territorio a «los indios». En realidad, se lo darían a quienes controlan a los indios, una autoridad teocrático-tribalista completamente dominada por los líderes. de la teología de la liberación.
Si mi lector todavía tiene curiosidad por conocer otros errores en este Documento Final , le ofrezco la siguiente lista:
Primero , el Documento Final de los Obispos repite los mismos errores de Laudato Si, es decir:
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- Se entromete en temas que pertenecen al Estado, no a la Iglesia (§§ 10, 11, 28, 34, 35, 41, 70, 72, 73, 77, 84);
- Toma una posición sobre el calentamiento global que contradice la ciencia (§§ 2, 11, 68, 77);
Para los obispos, construir centrales eléctricas en la Amazonía es criminal porque trasladan a algunos indios de la zona inundada, desde arriba , Tucuruí, Belo Monte y Jirau
- Ataca al capitalismo en oposición a los intereses de los indios y la ecología (§§ 10, 67-70, 71, 72, 73, 74, 84);
- Defiende el comunismo y va incluso un paso más allá cuando predica el tribalismo (§§ 9, 17, 19, 43, 44, 59, 68, 71, 73, 76, 84).
Segundo , a estos errores, el Documento Final agrega otros:
- Sobreestima el papel de la Amazonía en el equilibrio ecológico de la tierra (§§ 2, 6 11, 65);
- Afirma que la Amazonia está siendo imprudentemente o criminalmente destruida (§§ 2, 6, 10, 47, 67);
- Retrata a los indios como un grupo inocente e indefenso oprimido por personas civilizadas (§§ 30-33, 43);
- Ataca a la civilización occidental en bloque y la presenta como culpable de tiranizar a los indios (§§ 14, 15, 27, 44, 49, 83);
- Rechaza toda la catequización previa hecha por la Iglesia como «colonialista», dirigida hacia el «proselitismo», y siendo complaciente con oprimir a los indios (§§ 15, 54, 55, 56, 81);
- Ataca la propiedad privada cuando se ejerce en la Amazonía (§§ 10, 45, 45, 67-70);
- Acepta la idolatría de los indios como riqueza y beneficio (§§ 8, 9, 14, 25, 43, 52, 54, 56, 57, 58, 65, 74, 79, 80, 97, 108, 114) ;
- Especialmente el culto a la Madre Tierra (§§ 10, 25, 66, 101);
- Considera que el inmanentismo o panteísmo fundamental de su filosofía es un elemento positivo para comprender la unidad de la Creación (§§ 9, 14, 44, 73, 75, 81, 106, 108, 114);
- Asume el cuidado ecológico de la «casa común», que es la lucha por la ecología en todo el mundo (§§ 4, 18, 25, 33, 57, 60, 65, 66, 67, 70, 79, 82, 93, 102);
- Fomenta una lucha de clases entre los indios contra los «colonialistas», una lucha propia de la Teología de la Liberación (§§ 15, 16, 17, 18, 19, 30, 32, 33, 36, 42, 46-50, 70, 91).
La última pregunta es: ¿hasta qué punto Francisco incorporará todos estos errores, mitos y utopías en su próxima exhortación apostólica, que dará a estas conclusiones el respaldo de su autoridad?
Creo que incluirá todo lo que pueda, ya que fue el arquitecto principal de este Sínodo y su agenda. ¿Cuál es el obstáculo que podría obligarlo a detenerse? Es la «oposición silenciosa» de la Curia romana. En algunos meses sabremos lo que esta oposición pudo lograr al comparar los resultados del Documento Final del Sínodo con el texto de su próxima Exhortación Apostólica.
Atila Sinke Guimarães
Card Burke y Mons. Schneider: Aclaración sobre el sentido de la fidelidad al Romano Pontífice
Ninguna persona objetiva puede negar a estas alturas la confusión doctrinal prácticamente generalizada en la Iglesia de nuestros días. Ante todo, esta ambigüedad se debe a ambigüedades en cuanto a la indisolubilidad del matrimonio, la cual se relativiza administrando la Sagrada Comunión a personas que cohabitan en uniones irregulares; se debe también a la creciente aprobación de los actos homosexuales, intrínsecamente contrarios a la naturaleza y a la voluntad revelada de Dios; a errores sobre la exclusividad de Nuestro Señor Jesucristo y su obra redentora, la cual se relativiza con afirmaciones erróneas sobre la diversidad de religiones, y en particular al reconocimiento de diversas formas de paganismo y sus ritos en el Instrumentum laboris de la futura asamblea especial del Sínodo de Obispos para la Amazonia.
Ante esta realidad, la conciencia no nos permite quedarnos callados. Como hermanos en el Colegio Episcopal, hablamos con respeto y amor para que el Espíritu Santo rechace de manera inequívoca los evidentes errores doctrinales del Instrumentum laboris para la Asamblea Especial del Sínodo de Obispos para la Amazonia, y no consienta la práctica abolición del celibato sacerdotal en la Iglesia Latina mediante la aprobación de los llamados viri probati.
Como pastores del rebaño, expresamos con nuestra intervención nuestro gran amor por las almas, por la persona misma del papa Francisco y por el don de Dios del magisterio petrino. De no hacerlo, cometeríamos un grave pecado de omisión y egoísmo. Si guardáramos silencio, tendríamos una vida más tranquila, y quizás hasta seríamos objeto de honor y reconocimiento. Pero también sería un cargo de conciencia quedarnos callados. En este contexto, evocamos las palabras del futuro santo cardenal John Henry Newman (que será canonizado el próximo 13 de octubre): «Si le parece bien, brindaré por el Papa; con todo, brindaré primero por la conciencia y después por el Papa» (Carta al duque de Norfolk con motivo de la reciente protesta del Sr. Gladstone). Recordamos estas memorables palabras de Melchor Cano, que fue uno de los más eruditos prelados que participaron en el Concilio de Trento: «San Pedro no necesita que lo adulemos. Quienes defienden ciega e indiscriminadamente toda decisión del Supremo Pontífice son los que más socavan la autoridad de la Santa Sede; destruyen sus cimientos en vez de reforzarlos».
Felices Pascuas de Resurrección
Resóndens autem Angelus, dixit muliéribus: « Nolíte timére vos: scio enim, quod Jesum, qui crucifíxus est, quáeritis: non est hic: surréxit enim, sicut dixit.
Hablando el ángel, dijo: No temáis vosotras, pues ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado; no está aquí, pues resucitó como lo dijo.
El blog
!Les desea felices pascuas de resurrección!
López Obrador, comunista, neo promotor del «vericidio» de la masonería
El presidente de México, AMLO, en una de sus típicas arengas populistas -impronta de los demagogos izquierdistas de siempre-, ha informado que ha cursado sendas cartas al rey español Felipe VI y al papa Francisco, pidiéndoles que pidan perdón por los «abusos cometidos por los españoles y la Iglesia Católica durante la conquista del actual México»:
«Envié una carta al rey de España y otra carta al Papa para que se haga un relato de agravios y se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos. Hubo matanzas, imposiciones. La llamada Conquista se hizo con la espada y con la cruz».
I. Las carabelas de la Fe
Las carabelas que salieron del puerto de Palos, el 3 de agosto de 1492, iban a la buena de Dios. La Santa María, la Pinta y la Niña, partían rumbo a lo desconocido.
Nadie lo sabía excepto Dios, y la Señora Santa María, cuyo nombre portaba la carabela capitana, y en cuyo honor diariamente dixeron la Salve, que la acostumbraban decir e cantar a su manera todos los marineros.[1]
La Fe católica no llegó a Latinoamérica por pura casualidad. En el siglo XVI, América fue evangelizada por un pueblo muy cristiano que tenía muchos santos. Había llegado la hora de Dios. Dios la eligió desde la eternidad, por eso la Fe Católica es el tesoro más grande de América Latina.
En la historia de Colón, de sus viajes y sus peripecias, muchos no ven, sino una página de relaciones humanas. Claro es, que la historia de Colón y la consiguiente colonización son una historia verdadera, pero su interpretación económica y política, no sería el único aporte a la historia de la humanidad.
Quien sigue con la debida atención los pasos, las aventuras, las tragedias, los triunfos de los Apóstoles, en el Libro de los Hechos, se da perfecta cuenta de que Dios se sirve de las ambiciones y de las pasiones humanas para inyectar a griegos y romanos primeramente y después a todo el mundo conocido la sublimidad de su Revelación.
«De todos modos, tal como reconoce Maltby, “fueran cuales fuesen los defectos de su gobierno, en la historia no hubo ninguna nación que igualara la preocupación de España por la salvación de las almas de sus nuevos súbditos”. Hasta que la corte de Madrid no sufrió la contaminación de masones e “iluminados» [por la Ilustración], no reparó en gastos ni en dificultades para cumplir con los acuerdos con el Papa, que había concedido los derechos del Patronato a cambio del deber de evangelización. Los resultados hablan; gracias al sacrificio y al martirio de generaciones de religiosos mantenidos con holgura por la Corona, en las Américas se creó una cristiandad que es hoy la más numerosa de la Iglesia católica […] A diferencia de lo ocurrido en Norteamérica, en Sudamérica el cristianismo y las culturas precolombinas dieron vida a un hombre y a una sociedad realmente nuevos respecto a la situación precolombina».[2]
II. Leyenda negra
Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra leyenda significa, en su 4ª acepción, relación de sucesos que tienen más de tradicionales y maravillosos que de históricos y verdaderos. En este mismo diccionario encontramos que el adjetivo negra se refiere tanto a la opinión contra lo español difundida a partir del siglo XVI, (1ª acepción), opinión desfavorable y generalizada sobre alguien o algo, generalmente infundada (2ª acepción), en otras palabras que no es como debería ser en realidad.
Sin lugar a dudas, se debe al fraile dominico Bartolomé de Las Casas la fundación de la leyenda negra sobre la obra de España en América.
Las exageraciones de Las Casas sirvieron para estimular la leyenda negra de la invasión española con la cruz y la espada, denigrándola en términos absolutos, sobre todo en la Brevísima relación de la destruición de las Indias. La obra, de 1542, fue ampliamente empleada por los luteranos contra la Iglesia, y por las grandes potencias europeas –Inglaterra, Francia, etc.– contra la hegemonía de España en ese tiempo.
Renombrados historiadores, entre ellos agnósticos y no católicos, demuestran que las acusaciones de las Casas no pasaron de ser un entresijo de deformaciones, exageraciones y rotundos errores.
De este vergonzoso batiburrillo, sale la increíble cifra de unos veinte millones de indios muertos por los españoles durante la conquista.[3]
Para Ramón Menéndez Pidal, Las Casas era un desequilibrado mental.
Holgadamente se hallaba Las Casas, en un ambiente profetista, situándose fuera de toda realidad, y ¡con cuánta sencillez falseaba por completo la verdad de todo lo que le rodeaba![4]
Se puede decir que la leyenda negra alcanza su mayoría de edad en el siglo XVIII, atacaba a España porque la España unificada que surge del final de la Reconquista y del reinado de los Reyes Católicos, la que va a descubrir el Nuevo Mundo y a convertirse en árbitro mundial durante trescientos años, alcanza ese papel por su identificación con una mentalidad, con una cosmovisión que es la que le otorga la religión católica. Y sobre esta base religiosa, el modelo político, social y cultural de la España Imperial responde, con sus aciertos y sus errores como toda obra humana, al Orden Social Cristiano que se ha desarrollado desde la idea del Imperio Romano, de la filosofía medieval, y de la moral cristiana. Y eso es lo que la Leyenda Negra pretendía desacreditar. Por supuesto, la Leyenda no actúa como un sujeto personal con vida propia, sino que es simplemente un medio, un instrumento, para crear una opinión generalizada, utilizado en la pugna que, durante los últimos siglos, ha vivido el mundo entre dos cosmovisiones, dos paradigmas filosóficos, que han configurado la historia de Occidente desde la desaparición del mundo antiguo: la mentalidad Tradicional, y el pensamiento de la Modernidad.[5]
La masonería bajo la guía de la Corona británica, atentó siempre contra las monarquías católicas, pero dejó en paz las Coronas protestantes, en las que no veían obstáculo para el liberalismo masónico. «Bolívar, San Martín, Sucre, O’Higgins, fueron masones de alta graduación, lo mismo que Miranda y otros líderes de la independencia; y también lo eran en España muchos de los políticos liberales y de los militares que favorecieron la emancipación».[6]
«Haced caso de este viejo incrédulo, que sabe lo que dice: la obra maestra de la propaganda anticristiana es haber logrado crear en los cristianos, sobre todo en los católicos, una mala conciencia, infundiéndoles la inquietud, cuando no la vergüenza, por su propia historia. A fuerza de insistir, desde la Reforma hasta nuestros días, han conseguido convencernos de que sois los responsables de todos, o casi todos, los males del mundo. (…) Habéis permitido que todos os pasaran cuentas, a menudo falseadas, casi sin discutir. No ha habido problema, error o sufrimiento histórico que no se os haya imputado. Y vosotros, casi siempre, ignorantes de vuestro pasado, habéis acabado por creerlo. Hasta el punto de respaldarlos. En cambio, yo (agnóstico, pero también historiador que trata de ser objetivo) os digo que debéis reaccionar en nombre de la verdad. (…) Tras un balance de veinte siglos de cristianismo las luces prevalecen ampliamente sobre las tinieblas».[7]
Para los propugnadores de la nueva leyenda negra, resucitada por ocasión del V° Centenario, los conquistadores y colonizadores españoles y portugueses, y sus acompañantes, los misioneros católicos, habrían cometido en América un triple crimen:
1. Un crimen de gentes: por cuanto la conquista fue un «genocidio» en el que se exterminaron de 70 a 90 millones de indígenas.
2. Un crimen religioso: porque la evangelización hizo desaparecer los cultos aborígenes. La evengelización también la hicieron los indígenas, fue un proceso hecho por neófitos educados en conventos cristianos.
3. Un crimen cultural: porque a los indios se les quitó su historia de 40.000 años(¿?), y se los injertó en una historia ajena.
Olvidan que antes de la llegada de los europeos, en el Nuevo Mundo «la idolatría era criminal, en sí misma, destructora de la supervivencia de la “nación india”, por los sacrificios humanos, las constantes y mortales borracheras colectivas, la droga, la reducción de las cabezas de los recién nacidos, etc.».[8]
Al respecto, cada español tendría que haber matado tres indios por día laborable, y nueve los domingos durante 20 años…
Frente a estos datos asombra que incluso las publicaciones católicas a partir, o de un poco antes de 1992, barajen cifras completamente fantasiosas haciendo causa común con un terrorismo estadístico de inspiración marxista cuyo único fundamento es una delirante fantasía.
Angel Rosemblat, considerado por la Universidad de Cambridge como la mayor autoridad en demografía histórica de América, señala que en octubre de 1492 la población indígena de toda América alcanzaba 13,3 millones de habitantes.
Las culturas indígenas de acuerdo a los más exactos estudios científicos d renombrados antropólogos y paleontólogos no remontan más allá de 1.500 años A.C.
Y si se trata del concepto de civilización al de historia, la historia indígena, antes de la llegada de los europeos, no tiene más de 200 años.[9]
III. Cuestionado pedido de perdón
Decía el gran Papa León XIII: «Una característica distingue principalmente a Colón: al recorrer una y otra vez los inmensos espacios del océano iba tras algo mucho más grande y elevado que todos los demás. Esto no quiere decir que no lo moviese en nada el honestísimo deseo de conocer o de ser bien apreciado por la sociedad humana, o que desdeñase la gloria, cuyas penas más ásperas suelen estar en los hombres más valerosos, o que despreciase del todo la esperanza de obtener riquezas. No obstante, mucho más decisiva que todas estas razones humanas fue para él la religión de sus padres, que ciertamente le dio mente y voluntad indubitables, y lo proveyó a menudo de constancia y solaz en las mayores dificultades. Consta, pues, que esta idea y este propósito residían en su ánimo: acercar y hacer patente el Evangelio en nuevas tierras y mares».[10]
Sin embargo ante la celebración del V Centenario en 1992 se implantó, sobre todo desde las instancias eclesiales progresistas esa corriente indigenista que consideraron el V Centenario como la celebración de un etnocidio.
Así, Juan Pablo II en 1992 pidió perdón: «por las injusticias» de la colonia.
De la misma forma Benedicto XVI citando al «defensor de los indios» Las Casas, decía: «no es posible olvidar los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a las poblaciones indígenas, a menudo pisoteadas en sus derechos humanos fundamentales».[11]
Ni qué se diga de Franciscus, durante su visita a Bolivia en 2015, pidió perdón por los «muchos y graves pecados cometidos contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios».
La Carta de la Tierra y la Declaración universal del bien común de la madre tierra y de la humanidad, presentada esta última, en la Primera Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra, realizada en Cochabamba, Bolivia, en abril de 2010, no han tenido ni tienen otro fin que retornar a la idolatría y el paganismo mediante un sistemático y maligno proyecto, liderizado ahora por AMLO.
AMLO en el tren delirante de la nueva izquierda populista, busca el apoyo de los mexicanos para posteriormente perpetuarse en el poder, como los Castro en Cuba, Maduro en Venezuela y Morales en Bolivia, con la cantaleta de la conquista bajo la espada y la cruz.
No se puede pedir perdón por un «vericidio», es decir un colosal exterminio de la verdad.[12]
[1] COLÓN, CRISTÓBAL, Los cuatro viajes. Testamento.
[2] MESSORI, VITORIO, Leyendas negras de la Iglesia.
[3] P. W. POWELL, Árbol de odio.
[4] MENÉNDEZ PIDAL, RAMÓN, El Padre Las Casas. Su doble personalidad.
[5] Cf.: SÁENZ DEL CASTILLO Y CABALLERO, JAVIER, La leyenda negra hispanoamericana.
[6] IRABURU, JOSÉ MARÍA, Hechos de los apóstoles de América.
[7] MESSORI, VITORIO, Leyendas negras de la Iglesia, Introducción. Hablando del Profesor de Historia y Sociología de la Universidad de Bruselas Moulin, uno de los intelectuales más prestigiosos de Europa, cita sus palabras.
[8] DUMONT, JEAN, La Hora de Dios en el Nuevo Mundo.
[9] Cf.: CRISTIANDAD, documentos. Tres acusaciones indigenistas.
[10] LEÓN XIII, Carta Apostólica «Quarto abeunte saeculo», en el IV Centenario del descubrimiento de América.
[11] BENEDICTO XVI, 16-05-2017
[12] Cf.: CRISTIANDAD, documentos. Tres acusaciones indigenistas.
















































