¿Qué pueden hacer los fieles contra la ‘agenda Kasper’?

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Es una triste verdad que estamos en un momento de gran crisis en la Iglesia. Sin embargo, Dios está con nosotros. Me han preguntado que pueden hacer los fieles para combatir los errores que se propagan a través de la Iglesia. Me gustaría responder con algunas sugerencias:

Debemos crear grupos de verdaderos Católicos, académicos, familias y miembros del clero que extenderán con valentía la verdad Católica, llena sobre todo de enseñanzas de la Iglesia sobre la familia, la naturaleza, y los mandamientos de Dios

Como un medio para este fin, tenemos que hacer uso de todos los recursos que ofrece el mundo moderno para nosotros. No estemos limitados a la espera de los medios de comunicación para difundir estos mensajes. No tenemos que esperar a que cada pastor a predique desde el púlpito. Debemos abrazar las nuevas formas de comunicación que nos permiten difundir el Evangelio y las enseñanzas de nuestra Santa Madre la Iglesia. Debemos llevar nuestro mensaje a la Internet, publicarlo en sitios web, blogs y redes sociales.

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Vídeo promocional visita Mons. Schneider. ¡Difúndelo!

Estamos a dos semanas de la visita de Mons. Schneider, animamos a todos nuestros amigos a hacer el esfuerzo necesario para estar con él ese día, y mostrar así su apoyo a los pocos valientes que hablan como muestra de cariño y devoción filial. Recordamos que el día 5 es el último día para inscribirse a el almuerzo, una ocasión a la que no puedes faltar.

Más información aquí.

Tomado de:

adelantelafe.com

Motivos para recibir la Comunión en la lengua y de rodillas

(Mons. Schneider)

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Conferencia de Mons. Athanasius Schneider, Obispo auxiliar de Astana, Kazajistán, y Obispo titular de Celerina

La auténtica renovación y reforma de la vida de la Iglesia tiene que empezar por la renovación de la liturgia, es decir mediante la profundización de la devoción y el temor de Dios en los ritos litúrgicos. Tal renovación de la sagrada liturgia es la expresión más importante del “aggiornamento“, que el Beato Papa Juan XXIII tanto deseaba. San Josemaría Escrivá explicó la palabra “Aggiornamento” muy correctamente de esta manera: “[A]ggiornamento significa sobre todo la fidelidad. . . . la fidelidad delicada, operativa y constante [ … ] es la mejor defensa contra la vejez del espíritu, la aridez del corazón y la inflexibilidad mental. . . . Sería por lo menos superficial pensar que el aggiornamento consiste principalmente en el cambio” (Conversaciones con Mons.Escrivá de Balaguer, ed. José Luis Illanes, Madrid 2012, pp 152-153). Por tanto, el Concilio Vaticano II dedicó su primer documento a la sagrada liturgia. Entre los principios de la reforma de la liturgia se pueden señalar los tres siguientes:

  1. Que los ritos puedan expresar más claramente su orientación a Dios, al Cielo y a la contemplación (Sacrosanctum Concilium, 2 y 8).

  1. Que la santidad de los textos y los ritos pueda expresarse con mayor claridad (Sacrosanctum Concilium, 21).

  1. Que no debería haber innovaciones, a menos que se conecten orgánicamente con la formas existentes y a menos que traigan auténtica utilidad espiritual (Sacrosanctum Concilium, 23).

La manera en que los fieles reciban la Sagrada Comunión muestra si la Sagrada Comunión es para ellos no sólo la realidad más sagrada, sino la más amada y ven en ella a la Persona más sagrada. La recepción del Cuerpo de Cristo exige, por tanto, fe profunda y pureza de corazón, y al mismo tiempo gestos inequívocos de adoración. Esta fue la característica constante de los Católicos de todas las edades, comenzando por los primeros Cristianos, desde los Cristianos en la época de la Padres de la Iglesia hasta los tiempos de nuestros abuelos y padres. Incluso en los primeros siglos, cuando en algunos lugares la Sagrada Hostia era depositada por el sacerdote en la palma de la mano derecha, o en un tela blanca que cubría la mano derecha de las mujeres, no se permitía a los fieles durante la Santa Misa tocar el pan consagrado con sus dedos. El Espíritu Santo guió a la Iglesia instruyéndola más profundamente sobre la manera de tratar la santa humanidad de Cristo en la Santa Comunión. La Iglesia Romana en el siglo 6 º distribuye la sagrada Hostia directamente en la boca, tal como se testifica en una obra del Papa Gregorio Magno (cf. Dial., 3). En la Edad Media los fieles comenzaron a recibir el Cuerpo de Cristo de rodillas, en una expresión más clara exteriormente de adoración (cf. San Columbano, Regula coenobialis, 9).

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12 pasos del obispo Schneider para sobrevivir como familia católica en un desierto herético

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Mientras la batalla para el alma misma de la familia y de todos sus miembros se intensifica en todo el mundo con el empuje hacia la anarquía sexual enmascarada como “educación”, la demolición de lo que es verdaderamente masculino y femenino en nombre de los “derechos de género” y la destrucción del matrimonio enmascarada como “igualdad”, un pastor que ha sufrido bajo el terror de un régimen comunista ha expuesto un plan de supervivencia para los padres católicos que viven en un ambiente laicista, relativista y hostil y que simplemente quieren educar a sus hijos para que se conviertan en futuros ciudadanos del cielo.

El obispo Athanasius Schneider de Kazajistán, en una entrevista exclusiva dada a LifeSiteNews a principios de este mes [marzo], ha dicho que los padres católicos deben tomarse en serio su “primer deber” de educar a sus hijos en la fe para conseguir superar las influencias negativas e incluso hostiles y destructivas que aprietan por todos lados.

En una entrevista de gran alcance sobre su experiencia de niño católico crecido bajo el comunismo, sus pensamientos sobre lo que significa ser una familia católica hoy, la enseñanza, las malas parroquias y las diócesis dirigidas por sacerdotes y obispos progresistas, además de sus opiniones sobre los fieles laicos deben afrontar las preocupaciones sobre el Papa Francisco, el obispo ha indicado doce pasos que los padres católicos deben adoptar para salvaguardar a sus propias familias y a sus propios hijos. Sigue leyendo

Reacción de Mons. Schneider a la patada en la puerta del Sínodo, que abre la comunión de los divorciados vueltos a casar

EXCLUSIVA RORATE

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3 noviembre, 2015

Su Excelencia el Obispo Atanasio Schneider, uno de los prelados más visibles que trabajan para la restauración de la Misa latina tradicional y para la fe, ha escrito una respuesta al Sínodo (de casi 5.000 palabras) en exclusiva para nuestros lectores. Cualquier persona puede reproducir o enlazar este artículo, pero se debe hacer referencia a Rorate Caeli como fuente, y si se reproduce la traducción a la edición española.

Queremos expresar nuestra más sincera gratitud a Su Excelencia por tomarse el tiempo para analizar y expresar sus puntos de vista sobre uno de los eventos más importantes en la historia de la Iglesia – que él también lo ve como una “puerta trasera” para la Sagrada Comunión para los adúlteros, como el rechazo de las enseñanzas de Cristo y como un Informe Final (Relatio Finalis) lleno de “bombas de relojería”.

En los próximos días, publicaremos de nuevo otra entrevista de Su Excelencia, con una gran variedad de temas distintos. Mientras tanto, les traemos este importante trabajo en exclusiva, para nuestros lectores.


La puerta falsa hacia una práctica neo-mosaica en el Informe Final del Sínodo

La XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (del 4 al 25 de Octubre de 2015), que se dedicó al tema de “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”, emitió un informe final (Relatio finalis) con algunas propuestas pastorales que fueron presentadas al criterio del Papa. El documento en sí es solamente de carácter consultivo y no posee un valor magisterial formal.

Sin embargo, durante el Sínodo, aparecieron los nuevos fariseos y verdaderos nuevos discípulos de Moisés, que en los numerales 84 al 86 del Informe Final abrieron la puerta falsa (con bombas de relojería inminentes) para la admisión a la Santa Comunión de los divorciados vueltos a casar. Al mismo tiempo, los obispos que defendieron intrépidamente a “la Iglesia [que] profesa la propia fidelidad a Cristo y a su verdad” (Exhortación Apostólica de Juan Pablo II Familiaris Consortio, 84) se encontraron etiquetados injustamente como fariseos en algunos medios de comunicación.

Durante las dos últimas Asambleas del Sínodo (en 2014 y en 2015), los nuevos discípulos de Moisés y los nuevos fariseos maquillaron el hecho de negar la indisolubilidad del matrimonio y el hecho de suspender el sexto mandamiento, en base a un supuesto ‘caso por caso’, bajo el pretexto de un nuevo concepto de la misericordia o del uso de expresiones tales como: “el camino de discernimiento”, “acompañamiento”, “orientaciones del obispo”, “diálogo con el sacerdote”, “foro interno,” “una integración más plena en la vida de la Iglesia” o “una posible supresión de la imputabilidad sobre la convivencia en uniones irregulares (cf. Informe Final, nn. 84-86). Sigue leyendo

Obispo Schneider: “El ataque al matrimonio y la familia viene del mundo ateo, neocomunista”

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23 octubre, 2015

Nos complacemos en traer a nuestros lectores dos sermones de S.E. Rvdma. Mons. Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astana, Kazajstán, y obispo titular de Celerina. El obispo Schneider estuvo en los Estados Unidos este pasado fin de semana para algunos eventos y ordenaciones sacerdotales  de los Canónigos de Nueva Jerusalén. Vean a continuación los textos de estos dos sermones poderosos y oportunos.

La familia, Iglesia doméstica. Front Royal, Virginia.

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo: Vivimos en un tiempo en el que unas de las más hermosas creaciones de Dios, llamadas matrimonio y familia, están sufriendo un ataque general por el lado del nuevo ateísmo, la dictadura ideológica mundial neocomunista que ha ganado casi toda la política universal y los medios de comunicación. Sin embargo, es enigmático que podamos descubrir en nuestros días colaboradores con este ataque general al matrimonio y la familia, incluso, en las filas del clero. La familia cristiana se enfrenta a una especie de nuevo Goliat.
Pero, justo ahora estamos llamados a ser fieles a la inmutable verdad de nuestra fe católica y apostólica, que nuestros padres y antepasados nos han transmitido. Tenemos una oportunidad de ser valientes testigos de la verdad divina y de la belleza del matrimonio y la familia. Para este fin, recibimos los dones del Espíritu Santo, especialmente en el sacramento de la confirmación. Esta virtud ha concedido a los fieles durante dos mil años la habilidad de preferir la muerte antes de traicionar los votos bautismales, morir antes que pecar, morir antes que traicionar los votos matrimoniales, morir antes que traicionar los votos sacerdotales o religiosos.

En su encíclica sobre el matrimonio y la familia, el papa León XIII dijo ya en 1880: “La ley de la Iglesia fue algunas veces tan divergente de la ley civil que Ignacio Mártir (Polyc.  5),  Justino (Apol. 1, 15), Atenágoras (Legat, 32, 33) y Tertuliano (Coron 13) públicamente denunciaron como injustos y adúlteros ciertos matrimonios que habían sido sancionados por la ley imperial” (Arcanum Divinae , 21).

La familia y la sociedad humana en su conjunto florecerán solo con la condición de que la verdad divina sobre el matrimonio y la familia sea observada, y así enseña el papa León XIII: “Desde el inicio del mundo, de hecho, ha sido divinamente ordenado que las cosas instituidas por Dios y por la naturaleza deban ser probadas por nosotros para ser lo más beneficiosas y saludables cuanto más inalteradas permanezcan en su completa integridad… Si la imprudencia o la maldad de la voluntad humana se atreven a cambiar o alterar ese orden de las cosas, que ha sido constituido con la máxima previsión, entonces los designios de infinita sabiduría y utilidad comienzan a ser hirientes o cesan de ser beneficiosos, en parte porque a través del cambio experimentado han perdido su poder de beneficio, y en parte porque Dios elige infligir un castigo al orgullo y la audacia del hombre. Ahora vemos que numerosas personas niegan que el matrimonio es santo, y lo relegan – privado de toda santidad– entre la clase de cosas comunes seculares,  lo arrancan así de sus fundamentos naturales, no solo resistiéndose a los designios de la Providencia, sino, tanto como pueden, destruyendo el orden que Dios ha dispuesto. Nadie, por lo tanto, debe preguntarse si de tales intentos dementes e impíos no surgirá una cosecha de males perniciosos en el más alto grado tanto para la salvación de las almas como para la seguridad de la comunidad.” (Arcanum Divinae, 25).

“Se dice que los antiguos romanos se horrorizaron ante los primeros casos de divorcio; tardó poco, sin embargo, en comenzar a embotarse en los espíritus el sentido de la honestidad, a languidecer el pudor que modera la sensualidad, a quebrantarse la fidelidad conyugal en medio de tamaña licencia, hasta el punto de que parece muy verosímil lo que se lee en algunos autores: que las mujeres introdujeron la costumbre de contarse los años no por los cambios de cónsules, sino de maridos.” (Arcanum Divinae, 30).

En orden a permanecer fieles a los divinos mandamientos hay en nuestros días familias, gente joven, sacerdotes y obispos que son a menudo marginados por esta razón, están siendo ridiculizados y perseguidos por el poder dictatorial de la ideología de género mundial neomarxista, inclusive en algunos ambientes eclesiales, a causa de su fidelidad a la integridad de la fe católica y a la Palabra divina de acuerdo a la tradición de nuestros antepasados.

Con el fin de permanecer fiel a su vocación, la familia católica debe practicar especialmente la oración diaria en común. El papa Pío XII dijo a los recién casados: “Les rogamos  se tomen a pecho el mantener esta hermosa tradición de las familias cristianas: la oración en común de la noche. La familia se reúne al final de cada día para implorar la bendición divina y para honrar a la Virgen Inmaculada a través del rezo del Rosario por todos aquellos que duermen bajo el mismo techo. La duras e inexorables exigencias de la vida moderna no les dan  tiempo libre para dedicar algunos momentos benditos de gratitud hacia Dios, o leer, de acuerdo a una antigua costumbre, una corta biografía del santo que la Iglesia nos propone diariamente como modelo y especial protector. Esfuércense por santificar incluso este corto momento, dedicándolo al Señor con el fin de alabarle y presentarle sus deseos, necesidades,  sufrimientos y ocupaciones de cada día. El centro de vuestra casa debe ser el Crucificado o la imagen del Sagrado Corazón de Jesús: Que Cristo reine en vuestros hogares y los reúna alrededor Suyo cada día”. (Discurso a las parejas recién casadas, 12 de febrero de 1941).

Mis queridos hermanos y hermanas, la familia católica tiene una vocación que es a veces olvidada en nuestros días. Es la vocación a ser el primer seminario sacerdotal (cf. Concilio Vaticano II, Optatam totius, n. 2). El papa Pío XII advirtió a los padres católicos con estas palabras: “Si algún día Dios les concede el honor de llamar a uno de sus hijos a su servicio, reconozcan el valor y el privilegio implicados en tantas gracias que esta llamada conlleva… ubicad vosotros  la flor y el fruto de vuestro amor en el altar, para vivir consagrado al Señor y a las almas… No tengáis miedo del regalo de una vocación santa que ha descendido del cielo para reposar sobre vuestros hijos. Si creéis, y si el amor los ha elevado a un nuevo nivel, ¿no es una confortación y una alegría ver a vuestro propio hijo en el altar vestido con las vestimentas sacerdotales, ofreciendo el sacrificio de la misa y  rezando por sus padres? ¿No es un gran consuelo en el corazón de una madre que late de amor por su hija, verla consagrada a Cristo, sirviéndole y amándole con todo su ser?” (Carta a los matrimonios,  25 de marzo de 1942).

Queridos padres, queridas madres, queridos abuelos y abuelas podéis decir: “Oh Señor, si quieres, llama a uno de mis hijos, uno de mis nietos al sacerdocio”. Los jóvenes, que están sintiendo en su alma la vocación del matrimonio y fundar una Iglesia doméstica, también podéis decir: “Oh Señor, si quieres, llama a uno de mis hijos futuros al sacerdocio”. Y vosotros, muchachos y los hombres jóvenes, algunos de vosotros podríais decir, tal vez hoy en día: “Oh Señor, estoy dispuesto a seguirte, si quieres llamarme al sacerdocio”.

¡Qué hermosa vocación ser un verdadero católico! ¡Qué hermosa vocación luchar por la integridad de la fe y los mandamientos divinos! ¡Qué hermosa vocación ser una familia católica, una Iglesia doméstica! ¡Qué hermosa vocación ser un joven casto y una joven casta! ¡Qué hermosa vocación ser un seminarista y sacerdote con un corazón puro y ardiente!

No tengáis miedo del Goliat de nuestros días, que es la nueva dictadura anticristiana mundial. El don de la fortaleza del Espíritu Santo nos hará capaces de ganar al Goliat de nuestro tiempo con las cinco piedras de la honda de David.

Oh Espíritu Santo dejad de nuevo florecer muchas Iglesias domésticas, lo que nos proporcionará las cinco piedras de David para ganar a Goliat, que significan: buenos padres de familia, niños y jóvenes puros, puros sacerdotes y obispos intrépidos ¡Christus Vincit, Christus regnat, Christus imperat!

Ordenación sacerdotal, 17 de octubre de 2015, Charles Town

Queridos candidatos al sacerdocio, queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Nuestro Señor Jesucristo nos concede hoy la gran gracia de celebrar el sacramento de la santa ordenación sacerdotal. En este sacramento se produce el milagro de la omnipotencia y del amor divino. A través de la imposición de las manos del obispo, el Espíritu Santo desciende en las almas de los candidatos, e imprime en ella un poder y una dignidad que sobrepasan todos los poderes de este mundo y todos los honores humanos. Este poder y esta dignidad son el sacerdocio de Cristo.

Jesucristo, el Dios encarnado, es el mediador único y exclusivo entre Dios y los hombres. No hay otro camino de salvación. A través de su sacrificio en la cruz Jesús se ofreció una vez en acto de adoración, de acción de gracias, de expiación, de propiciación por los pecados y de impetración con valor infinito. No existe en todo el universo, en toda la historia e incluso en toda la eternidad un acto que pudiera agradar  y  honrar más al Dios Trino que el sacrificio de la Cruz, y este acto del sacrificio de Jesús en la Cruz es el verdadero y único acto sacerdotal en el sentido pleno de la palabra.

El sacerdocio de Cristo y su sacrificio son tan grandes que nunca cesarán. Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, está siempre vivo (cf. Hebr 7, 25) y, por lo tanto, su sacrificio redentor está siempre vivo, siempre presente, en todos los momentos, en todas las generaciones, en todos los lugares: “El Cordero está de pie y está vivo, aunque inmolado “(cf. Ap 5, 6). El sacerdocio de Cristo nunca cesará, sigue siendo para toda la eternidad, por lo grande que es y porque pertenece a una persona que es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

En su sabiduría inefable y en su inmenso amor misericordioso Jesús quiso compartir su sacerdocio único y eterno con hombres débiles. Y así Él instituyó en la Última Cena el sacramento de la ordenación sacerdotal, cuando Él como el verdadero Melquisedec ofreció en la forma sacramental a Dios Padre su cuerpo y su sangre bajo las especies de pan y vino (cf. Sal 109, 4). Por lo tanto, toda la vida de un sacerdote católico tiene su significado y su finalidad en la celebración del sacrificio de Cristo para la glorificación de la majestad divina y por la salvación del mundo y de todas las almas.

Cada bautizado participa también en el sacerdocio de Cristo, aunque de una manera general o común. Tal sacerdocio general o común lo realiza cada uno, principalmente, en el ofrecimiento de su propia vida, sus propios sufrimientos y peticiones en unión espiritual con el sacrificio, que ofrece el sacerdote ordenado como “otro Cristo” (alter Christus) en la celebración de la santa misa. Incluso a pesar de que se derivan del único sacerdocio de Cristo, ambas realizaciones difieren entre sí. Por el plan de la sabiduría de Dios, estas dos formas de sacerdocio están conectadas. El sacerdocio común encuentra una de sus más nobles realizaciones en el sacramento del matrimonio. El sacerdocio común fue creado por Dios para fundar y vivir la familia cristiana, la Iglesia doméstica (así hablaron ya san Agustín, cf. De bono viduitatis y el Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 11). La familia como Iglesia doméstica es por su parte el primer seminario, según la enseñanza del Magisterio (cf. Concilio Vaticano II, Optatam totius, 2).
Uno de los más hermosos frutos que una familia cristiana, Iglesia doméstica, puede ofrecer a Dios, consiste en dar al Señor  un hijo como sacerdote. Podemos decir que, en cierto sentido, el sacerdocio común, la familia cristiana, fue fundada por Dios para que siempre hubiera una continuación del sacerdocio ordenado, por lo que habrá siempre en la Iglesia y en el mundo verdaderos sacerdotes de Cristo, por lo que siempre existirá un “otro Cristo” (alter Christus) que ofrezca diariamente el sacrificio redentor infinito de Jesús  como un aroma fragante ante los ojos de la majestad divina para el deleite de toda la corte celestial y por la salvación del mundo.

Aquí podemos reconocer la más profunda razón por la cual el sacerdote católico no debe estar casado, sino ser virginal y célibe. El sacerdocio ordenado y sacramental es célibe, es como una flor virginal fragante, que brotó desde el jardín del sacerdocio común, de la familia cristiana, y deriva del amor conyugal casto de los padres cristianos. Sucedió hace muchos años: En la casa de un sacerdote fallecido en Polonia se encontró una pequeña caja con esta inscripción: “Para ser abierto después de mi muerte”. La caja fue abierta y había una corona de mirto con esta nota: “Este es la corona de novia de mi madre. La he llevado conmigo a varios países en la memoria de ese momento sagrado cuando mi madre prometió no sólo la fidelidad, sino también la rectitud en el altar de Dios. Ella ha mantenido este voto. Ella tuvo el valor de tenerme después del noveno hijo. Al lado de Dios, le debo a ella mi vida y mi vocación al sacerdocio. Coloquen esta corona, la corona de novia de mi madre, en mi tumba.” Conocemos también el siguiente episodio de la vida del papa Pío X: Después de su consagración episcopal, el joven obispo Giuseppe Sarto visitó a su anciana madre y le mostró su anillo episcopal: “¡Madre, no es este anillo maravilloso!”. La madre levantó la banda de oro liso de su propio dedo y dijo: “Si yo no hubiera llevado fielmente éste mi anillo, tú nunca hubieras usado tu anillo”.

Queridos candidatos al sacerdocio, nunca olviden esto: vosotros seréis sacerdotes con el fin de ofrecer diariamente el sacrificio redentor inefable de Cristo, con el fin de ser instrumentos vivos del Sumo y Eterno Sacerdote, por lo que a través de vuestra voz y vuestras manos las gracias redentoras del sacrificio de Cristo podrán fluir sobre este mundo, que está tan profundamente sumido en pecados. La disposición interior de vuestras almas, de vuestros corazones, de vuestras mentes debe cada vez más, día tras día, corresponder con las palabras tremendas y divinas que pronunciaréis: “Este es mi cuerpo”. Vosotros pertenecéis total y exclusivamente a Jesús, el Sumo Sacerdote. Tú no te perteneces más a ti mismo, ni a ninguna criatura.
Todo vuestro amor debe ser virginal, casto, sacerdotal, desinteresado, paterno; esto significa que vuestro amor tiene que ser de una manera eminentemente pastoral, y esto significa: para el cuidado de las almas, para salvar almas. Para ello habéis recibido la santa vocación, para este fin recibís hoy la marca indeleble del sacerdocio de Cristo, para este fin vuestra familia los ofrece hoy a Dios como una bella flor del jardín de su Iglesia doméstica.

Que Nuestra Señora, la Madre del Sumo y Eterno Sacerdote, os guarde a vosotros y a vuestro sacerdocio en su Inmaculado Corazón e implore para vosotros la gracia de que, a través de vuestro sacerdocio, la Iglesia pueda recibir muchas vocaciones sacerdotales nuevas y santas y muchas familias católicas santas. Oh Inmaculado Corazón de María, sed nuestro refugio, sed nuestra salvación. Amén.

[Traducción de Mariana Perotti. Artículo Original]

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com

Monseñor Schneider visita el Christendom College

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19 octubre, 2015

Front Royal (Virginia).–Su Excelencia monseñor Athanasius Schneider pronunció hoy una magnífica conferencia aquí en el Christendom College sobre las inalterables verdades del matrimonio y la familia. También celebró la Misa tradicional en latín en nuestra Capilla de Cristo Rey, y respondió después las preguntas de los alumnos. Aunque estuve presente en la Misa oficiada por él este año en el Domingo de Pentecostés con motivo de la peregrinación anual a Chartres, no había tenido oportunidad de conocer personalmente a monseñor Schneider, y no puedo menos que decir que es un verdadero santo y un gran obispo católico.

ad178b2914f200f2125e1e10c5f607c1_XLComo estudio lejos de mi casa, y los últimos acontecimientos en la Iglesia están tomando un cariz verdaderamente aterrador, fue una grato consuelo y encontré muy motivador escuchar al obispo auxiliar de Astana (Kazahstan) y obispo titular de Celerina.

Dado que hoy en día muchas veces no se sabe adónde acudir en busca de consejo, la visita de Schenider fue para mí una maravillosa gracia de Dios, que agradezco de corazón al Christendom College por invitarlo a dirigirse a nosotros.

Su conferencia, así como la posterior sesión de preguntas, me aclaró cuáles deben ser mis preocupaciones, me iluminó con relación a lo que está pasando en Roma y reavivó la urgente llamada a la oración que muchos sacerdotes han hecho a los fieles.

Cuando preguntaron a monseñor Schneider: qué podríamos hacer los laicos si el Sínodo malinterpretara o incluso llegara a alterar la doctrina católica?”, respondió: “Conocemos las verdaderas y eternas enseñanzas de Cristo. Sabemos la verdad y, por consiguiente, la seguimos, aunque nuestros sacerdotes, obispos o el propio Papa no estén a la altura. Recen. Recen con mucha insistencia.”

Las palabras más consoladoras llegaron hacia el final de su exposición, cuando dijo: “Al final venceremos los pequeños si no perdemos la fe.”

Nos recordó que las personas divorciadas que se han vuelto a casar pecan contra el sexto mandamiento, y declaró que un nuevo grupo dentro de la Iglesia trata de socavar esa doctrina. Pero ni siquiera el Papa puede cambiar la verdad de Cristo, dijo, y debemos seguir en la verdad aunque nos sintamos muy solos.

Dijo que debemos de ser firmes en el testimonio, que debemos luchar unánimes y alentar a nuestros sacerdotes a mantenerse fuertes, aunque algunos obispos aprueben algo que se desvía de la verdad; no apartarnos jamás de la verdad y la Tradición. Tener siempre presente que el Espíritu Santo guiará a su Iglesia. La iglesia no es del Papa. No es nuestra. La Iglesia es de Jesucristo, y siempre debe mantenerse fiel a sus enseñanzas.

“Incluso algunos cardenales promueven actualmente el pecado en la Iglesia, y yo pregunto con frecuencia: ¿es que no temen los castigos de Dios? Es un misterio, un gran misterio.”

Schneider comparó la confusión reinante hoy en día con la herejía arriana, y señaló que el humo de Satanás ha entrado en la Iglesia y vivimos tiempos de lucha, de batalla, ¡pero Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat!

Nunca me había motivado tanto un sacerdote como este asombroso padre. Dijo mucho más, pero a efectos de este sencillo blog lo dejaré por aquí, y pediré a todos que hagan exactamente lo que nos pidió monseñor Schneider: rezar por la Iglesia y mantener la fe.

Tenga Dios a bien bendecir a monseñor Schneider.

Cecelia M. Matt

[Traducción Guillermo Visedo. Artículo original]

Tomado de:

http://www.adelantelafe.com