SAN ROBERTO BELARMINO, Obispo y Confesor

13 de Mayo

Se clausuró el magno concilio de Trento muy poco después que Belarmino se consagrara a Dios con sus primeros votos. Se seguían sus incidencias con pasión. Las conversaciones de los primeros años de vida religiosa de nuestro Santo tuvieron muchas veces que girar en torno al magno Concilio que había logrado estructurar los problemas básicos de teología en forma orgánica y dictaminar sabias medidas de auténtica reforma.

   Lo que ahora urgía era llevar a la práctica los decretos. Esta fue la misión de Belarmino. Toda su vida girará en torno a la órbita de Trento.

   Ya su vocación a la Compañía de Jesús había nacido bajo el signo de la renovación espiritual. Sobrino del Papa Marcelo II, cuando más en auge estaba el nepotismo pontificio, amante de la literatura, música, arte, se sintió atraído hacia las bellezas del mundo clásico. Virgilio constituía sus delicias desde los primeros años.

   Por su familia, talento y aficiones estaba destinado al fausto y brillo de la corte pontificia. Parecía llamado para brillar en el firmamento del Renacimiento italiano. Pero su santa madre, Cintia Cervina, velaba por él. Le hizo ver lo peligroso de aquélla dorada escala. El mismo joven, con su característica ingenuidad, nos descubre sus reacciones íntimas. «Estando durante mucho tiempo pensando en la dignidad a que podía aspirar, me sobrevino de modo insistente el pensamiento de la brevedad de las cosas temporales. Impresionado con estos sentimientos, llegué a concebir horror de tal vida y determiné buscar una religión en que no hubiera peligro de tales dignidades».

   Misterios de Dios. La decisión firme de huir del episcopado y del cardenalato fue el móvil de la vocación religiosa del único santo jesuita obispo y cardenal.

   Dios a este hombre sediento de humillaciones le deparó triunfos insólitos, como muy pocos hombres los han experimentado. Fue el ídolo de amplios sectores, recibió el aplauso frenético de la muchedumbre que salía de sí por oír su palabra y devoraba sus libros con avidez.

   Ya en Florencia, Mondovi, y sobre todo Lovaina, antes todavía de ser sacerdote, se reveló como un orador excepcional. Llegó a escribir el superior a Roma que «nunca hombre alguno había hablado como el joven Belarmino”. Desde 1569 se convierte en el predicador nato de los universitarios. Profesores y estudiantes se apretujan en torno al púlpito del Santo. La iglesia entera estaba llena de gente. Su predicación retórica y recargada de metáforas al principio, conforme al gusto de la época, se transforma, gracias a un incidente fortuito —el extraordinario fruto que reportó de un sermón improvisado por fuerza—, en sencilla y eminentemente evangélica. Aun de naciones vecinas, e incluso de Inglaterra, venían herejes a oírle. Cada vez conseguía un fruto mayor. Conversiones, jóvenes se retiraban a ejercicios o decidían abrazar la vida de perfección.

   La predicación, con todo, no pasó de ser una de sus facetas. Pronto comenzó a descollar como teólogo, primero en el mismo Lovaina y después en Roma. Las universidades principales de Europa, incluyendo la de París disputaban por contarle entre sus profesores. Pero los superiores juzgaron más conveniente que irradiase su saber desde el corazón de la cristiandad. Allá le esperaba su gran obra. Fundó la cátedra de controversias para pulsar el momento teológico y dar la verdadera doctrina sobre los errores que pululaban entonces por los centro universitarios.

   El éxito provino principalmente del método que adoptó. Pasaba revista a los errores de los contemporáneos Pero no se limitaba a refutarlos. Los herejes quedaban más bien, como en la Suma de Santo Tomás, de marco de encuadre, servían únicamente para delimitar el planteamiento vital del problema. El iba derecho a la doctrina verdadera, exponía orgánicamente -siguiendo la estela del concilio de Trento- la verdad positiva, íntegra, total.

   Belarmino no tenía carácter de polemista. Alma sencilla, casi ingenua, carácter compasivo, estaba hecho la comprensión. El amor íntimo y apasionado a la Iglesia -supremo ideal de su vida- fue el gran motivo que le llevó a estudiar los errores de los heresiarcas.

   Sus discípulos, que corrían a sus clases, como antes en Lovaina habían afluido a los sermones, le pedían insistentemente que diese a la imprenta su exposición. Llegó a editar hasta veinte veces en treinta años el libro de las Controversias. Penetró en todas las universidades europeas y llegó a los más apartados centros de enseñanza. San Francisco de Sales, en su gran campaña contra los calvinistas, subía al púlpito armado de la Biblia y de Belarmino, como se llamaba en todas partes al gran libro. Se dice que uno de los corifeos luteranos exclamó: «Este libro nos ha perdido.»

   No se limitó el Santo con instruir a los doctos. Su amor a la Iglesia le llevó a atender también al pueblo sencillo, tan ignorante en el campo religioso. Para ellos compuso la Doctrina cristiana breve, dirigida directamente a los  niños, y acompañada de otra Declaración más copiosa para los maestros. Ese pequeño libro alcanzó uno de los éxitos más sorprendentes, comparable al que han alcanzado los libros más leídos de la humanidad. Hasta casi nuestros días se ha ido editando sin cesar. Baste decir que se ha traducido a más de cincuenta lenguas y que las ediciones llegan a lo largo de tres siglos y medio a edición por año.

   Las facetas de orador, profesor y escritor no agotaron la actividad de Belarmino. El general de la Compañía de Jesús, Claudio Aquaviva, quiso que los jóvenes jesuitas se beneficiaran de su consejo e influjo. Le designó para la dirección espiritual de los que estudiaban en el Colegio Romano y después para rector del mismo centro. Tuvo Belarmino la dicha de contar entre sus hijos espirituales a San Luis Gonzaga.

   Iba creciendo de tal modo la estima del Papa para con el docto y santo jesuíta, que el padre general comenzó a temer que le nombrase cardenal. Para conjurar este peligro decidió sacarle de Roma y designarle provincial de Nápoles. No le valieron al padre Aquaviva estas medidas. Clemente VIII le creó cardenal. «Le elegimos -dijo-  porque no hay en la Iglesia de Dios otro que se le equipare en ciencia y sabiduría.» Belarmino se negó al principio a aceptar la alta dignidad. Alegó la incompatibilidad de su voto. El Papa lo anuló con su suprema autoridad y le mandó aceptar el cardenalato «en virtud de santa obediencia y bajo pena de pecado mortal». Por obediencia cambió su hábito, pero no el tenor de su vida. Con el mismo desinterés y abnegación de antes se dedicó al trabajo de las Comisiones cardenalicias. Intervino en las cuestiones más espinosas, como las de Galileo y la reforma del calendario. Trabajó febrilmente en la edición definitiva de la Vulgata. Asesoró al Papa en toda clase de negocios con plena franqueza. Llevado, sin duda, de su alma sencilla y recta, que no entendía de astucia diplomática y de dilaciones, expuso algunos pareceres con demasiada sinceridad. Parece que por ello cayó en desgracia del Papa, quien decidió alejarle de Roma y nombrarle arzobispo de Capua.

   El nuevo pastor se dio a sus diocesanos con celo sin igual. Allá pudo simultáneamente predicar, enseñar, escribir, organizar, explicar la doctrina cristiana. Abrazó toda clase de actividades. Realizó una reforma comparable, en pequeño, a la de San Carlos Borromeo.

   Entró en tres Cónclaves. Llegó a tener en uno hasta 14 votos para Papa. Tal vez le hubieran elegido si no hubiera sido jesuita. En esos momentos en que se hablaba de su ascensión al Trono, su jaculatoria favorita y su oración ininterrumpida era; «Señor, elige al más apto y líbrame del Papado.»

   Dios no le había hecho para el Pontificado. Tenía el Santo que realizar su última misión. Dar al mundo entero ejemplo de humildad y pobreza. Al recién elegido Gregorio XV le pidió corno grande gracia el poderse retirar, al menos largas temporadas, al noviciado de los jesuitas. Tenía ya cerca de setenta y ocho años. Allá simultaneaba las actividades de cardenal con la vida de un novicio.

   Desgastado en su lucha por la defensa de la Iglesia, sus fuerzas iban fallando. Con todo le quedó todavía un arma: la pluma. La piedad que rebosaba de su alma fue impregnando sus últimos opúsculos espirituales, llenos de suave unción.

   Así se consumó la vida de este gran héroe. Había amado a la Iglesia con amor de enamorado. Dios le llamó a sí el 17 de septiembre de 1621. El Sacro Colegio quiso dejar constancia de los méritos del difunto cardenal. Escribieron en las Actas, entre otros elogios, «Varón esclarecido, teólogo eminentísimo, defensor acérrimo de la fe católica, martillo de los herejes. Varón piadoso, discreto, humilde, extraordinariamente limosnero».

   Pío XI le beatificó el 13 de mayo de 1923, le canonizó el 29 de junio de 1930 y le declaró doctor de la Iglesia el 17 de septiembre de 1931.

IGNACIO IPARAGUIRRE, S. I.

Año Cristiano, Tomo II, bibliotecade Autores Cristianos, Madrid, 1966.

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SAN JUAN SILENCIARIO, Obispo y Confesor

13 de Mayo

 Haz como si ignorases muchas cosas,
 y, meditando, escucha en silencio.
(Eclesiástico, 32, 12).

San Juan, llamado el Silenciario, a causa del silencio que guardó durante casi 45 años, empleó todo su patrimonio en edificar una iglesia en honor de la Santísima Virgen y un monasterio al que se retiró con diez compañeros, animados todos del deseo de santificarse en la soledad. Ansioso de dejar las funciones episcopales que no había aceptado sino de mal grado, consultó al Señor y, una noche en que estaba en oración, vio una estrella en forma de cruz y oyó una voz que le dijo: Sigue esta luz, si quieres salvarte. La siguió y llegó al famoso monasterio de San Sabas donde ejerció los más humildes menesteres. Murió alrededor del año 558.

MEDITACIÓN
SOBRE LA VOCACIÓN

   I. Lo que acabamos de oír puede inspirarnos tres reflexiones de las que podemos aprovecharnos. La primera, es que debemos consultar a Dios en todas nuestras dudas, sobre todo cuando se trata de elegir una vocación estable para el resto de la vida. Dios es quien debe darnos las gracias necesarias para vivir santamente; a Él pertenece el asignarnos el puesto que sabe nos corresponde. No nos recompensará si no hemos trabajado según sus órdenes.

   II. La estrella tenía forma de cruz; elijas el esta do de vida que elijas siempre encontrarás la cruz. Considera, pues, la posición a la que Dios te llame, como la cruz que Él quiere que lleves. Cada uno tiene la suya; no te imagines que tienes la más pesada, porque todos nos inclinamos a creer lo mismo. Señor, no quisisteis descender de vuestra cruz, y yo moriré antes que abandonar la vocación a la que me habéis llamado; es la cruz sobre la cual quiero morir.

   III. La luz de esa estrella llamó a San Juan y, para seguirla, dejó todo. Escucha todo lo que te dice Jesucristo en el fondo del corazón; si no sigues esa estrella, se trocará en astro funesto que te espantará en la hora de la muerte. Elige ahora lo que en el momento de la muerte te gustaría haber elegido; desprecia al mundo, que no seduce sino a quienes lo consienten. Si no nos engañamos a nosotros mismos, será casi imposible que nos engañe el mundo. (San Euquerio).

La correspondencia a las gracias de vuestra vocación
Orad por aquellos a quienes Dios llama
a la vida religiosa.

ORACIÓN

   Oh Dios omnipotente, haced que la augusta solemnidad de San Juan, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S. Amén.

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SAN GERMÁN DE CONSTANTINOPLA, Obispo y Confesor

12 de mayo

Nació el 635, siendo Heráclio emperador bizantino. Su padre fue un prestigioso patricio, llamado Justiniano, muerto alrededor del 669 por orden del suspicaz o envidioso emperador Constantino Pogonato. De la vida y actividad de Germán antes de obtener su primera prelacía apenas sabemos nada. Dos documentos antiguos (un menologio y un sinaxario) nos ponderan su afición a las Escrituras y a la contemplación, su viveza de ingenio y experiencia de los negocios. En todo caso parece que ya antes del 711 era obispo de Cízico, en el Helesponto. Poco después el monotelismo (herejía defensora de una sola voluntad en Cristo), aunque ya recibido el golpe de muerte en el VI concilio ecuménico de 681, revivió por corto espacio con el emperador Filípico (711-713), el cual presionó de tal modo a Germán, que el anciano prelado tuvo la debilidad de ceder en el sínodo de Constantinopla, año 712. Pero su reacción en pro de la ortodoxia fue rápida. Al subir al trono de Oriente el católico Artemio (Anastasio II) mejora la situación. Depuesto Juan VI, patriarca heterodoxo de Constantinopla, es nombrado sustituto suyo, en 715, Germán, que cuenta ya unos ochenta años, pero cuyo espíritu joven sabrá resistir los embates de susadversarios en la época subsiguiente. Se suele colocar al comienzo de su patriarcado un sínodo de 100 obispos, donde habrían sido anatematizados los fautores del monotelismo, entre otros los antecesores de Germán en la sede constantinopolitana, Sergio, Pirro y Pablo. Pero, según Grumel, el documento de las Actas es, por lo menos, dudoso. Sin embargo, el repudio de aquella herejía se manifiesta en la carta del Santo a los armenios, de que hablaremos después. De todos modos, la gloria más excelsa de Germán es su actitud indomable ante la herejía iconoclasta, denominada así por propugnar la destrucción de las imágenes (de Cristo y de los santos).

   El furor de este movimiento, avivado por cierta tendencia oriental, idealista y antiplástica, data del siglo VIII. Sea por influjo de la actitud hostil de los árabes (para quienes el culto cristiano de tales representaciones sensibles equivalía al idolátrico de los paganos), sea por motivos religiosos de reforma (ante algunos abusos de la época en lo tocante a este culto), tal vez por razones políticas de cesaropapismo, o mejor aún por la educación del emperador León III el Isáurico (716-741) en un ambiente de paulicianismo maniqueo, lo cierto es que este príncipe desencadena una violenta lucha contra las imágenes en 725 con la adhesión de algunos obispos (sobre todo de Constantino de Nicolia, en Frigia), que quizá veían en el culto de los iconos un estorbo para la conversión de los infieles. Germán resiste desde el principio. Debió de ser bien doloroso para el Santo recordar la escena (a. 717) donde él mismo había coronado a León, conforme al ceremonial católico, y donde el príncipe había jurado retener la fe verdadera, decisión reiterada por él en carta al papa Gregorio II. Ahora, en 724-725, León cambia por completo y da comienzo a su campaña iconoclasta. Germán pone en guardia al Pontífice y le informa de su resistencia al emperador; el texto de la carta se ha perdido, pero se conserva la respuesta del Papa, lleno de admiración ante la actitud vigorosa del patriarca, que contaba entonces unos noventa años: «cada hora me acuerdo de tu entrega y considero mi más sagrado deber el saludarte como a hermano mío y propugnador de la Iglesia».

   También se conservan otras tres cartas del Santo referentes a esta misma controversia. Una a Juan, metropolitano de Synades, a propósito del ya citado Constantino de Nicolia, hostil al culto de las imágenes; otra a éste, recordándole las promesas hechas a Germán de cesar en su actitud iconómaca, y la tercera a Tomás de Claudiópolis: en esta última principalmente se esfuerza el patriarca en demostrar por la Escritura y los Padres que la honra tributada a las imágenes de Cristo, la Virgen y los santos no es idolatría, sino culto dirigido al prototipo a través de la representación sensible.

   Más emotiva es la admonición al mismo emperador (17 de enero del 730), donde el casi centenario prelado se declara dispuesto a morir en defensa del culto de las imágenes: hermoso es dar la vida por el nombre de Cristo, impreso en su efigie externa. Tal grandeza de alma, junto con el apoyo que el Papa y San Juan Damasceno prestaban al patriarca, contiene a León de tomar decisiones demasiado violentas, pero manifiesta su deseo de que Germán señale sucesor en la sede constantinopolitana. Finalmente, en una reunión celebrada por el emperador, el noble anciano, despojándose de su ropaje episcopal, concluye un largo discurso con estas palabras: «Si soy como Jonás, que se me arroje al mar; pero haría falta un concilio ecuménico para que yo cambiara mis creencias». Después se retira a Platanión, finca de familia, cercana a la capital, y allí muere en 733.

   Las epístolas dogmáticas de Germán fueron leídas y aprobadas con cálidos elogios en la cuarta sesión del segundo concilio Niceno (ecuménico 7.°)el año 787. Otra carta a los armenios defiende la doctrina calcedonense sobre las dos naturalezasen Cristo, rechazando, por otra parte, toda sospecha de nestorianismo. También se explica en ella el dogma cristológico de las dos operaciones y dos voluntades,lo cual es una abierta repulsa del monotelismo.

   De vitae termino es el título latinizado de un diálogo del Santo, donde se justifica el proceder de la divina Providencia al asignar a cada hombre diferente duración de vida: tal discrepancia no proviene de la ciega casualidad; todo está previsto y decretado por Dios. Otro escrito teológico-histórico de Germán enumera concisamente la serie de herejías aparecidas a lo largo de los siglos y los sínodos celebrados para combatirlas.

   Especial interés reviste el aspecto oratorio-pastoral del patriarca. Los nueve sermones que llevan su nombre revelan un estilo cuidadoso y una retórica a tono con el ampuloso ambiente literario de la época. El género dialogado, que ya en el siglo IV ocupa un puesto de honor en la homilética, toma, a partir del siglo siguiente, un carácter «nuevo, poético y afectivo». Fecioru nos ofrece recientemente un ejemplo, al editar (en el texto griego de Migne, completado con el del códice gr.964 de la AcademIa Rumana) un sermón de Germán acerca de la Anunciación. 

   Desde el punto de vista doctrinal son importantes sus sermones mariológicos, por ejemplo en lo tocante a la mediación universal de la Virgen. Dos de ellos, consagrados a la muerte (= Dormición) de Nuestra Señora, son buen testimonio de la creencia del docto y piadoso patriarca en la asunción corporal y en la realeza de la Madre de Dios. Los golpes de la corrupción no podían quebrar el vaso de la divinidad, ni el cuerpo virginal, todo casto y santo, iba a resolverse en polvo, como el de la antigua Eva, madre del polvo. No así María: Madre de la Vida y de la luz, es transportada al paraíso, llenándolo de su propia gloria; es el tránsito al descanso celeste y a las delicias de Dios.

AUGUSTO SEGOVIA, S. I.

Año Cristiano, Tomo II, bibliotecade Autores Crsitianos, Madrid, 1966.

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SAN MAMERTO, Obispo

11 de Mayo

Entre los santísimos prelados que ilustraron la Iglesia de Dios en el siglo V, uno fue el glorioso san Mamerto, obispo de Viena en el Delfinado. En aquel tiempo desolaban todo el país grandes calamidades y azotes del cielo. Sucedíanse unos a otros los terremotos, incendios y guerras: las fieras, llenas de pavor por los temblores de la tierra, dejaban las cuevas de los montes y se llegaban a las poblaciones con grande espanto de la gente; la cual a vista de estos azotes hacía penitencia de sus pecados y se disponía a la festividad de la Pascua de Resurrección para recibir dignamente la comunión pascual, esperando alcanzar de esta suerte el remedio de tantos males.

Concurrieron pues todos contritos a la iglesia, a celebrar el misterio en la vigilia de la gloriosa noche: pero habiéndose incendiado varias casas principales de la ciudad, huyeron del templo despavoridos. Solo el santo obispo quedó en la iglesia, implorando con entrañables gemidos la divina misericordia, y fue tan grande la eficacia de sus lágrimas, que presto se apagó aquel grande incendio, y los fieles volvieron para continuar su penitencia a los oficios divinos. En esta ocasión ordenó el santo obispo tres días de rogativas públicas acompañadas de ayunos y oraciones, en los días que preceden a la fiesta de la Ascensión de nuestro Señor Jesucristo, a los cuales concurrió toda la ciudad con grande compunción, lágrimas y gemidos, y desde entonces se vio libre de las calamidades que la oprimían.

Divulgada la fama de esta institución y su buen suceso, fue imitada en las provincias vecinas y se extendió muy presto por la Iglesia occidental, donde se ha venido siguiendo hasta nuestros días: de manera que aunque semejantes preces precedieron a la edad de san Mamerto desde tiempo indefinido, en cuanto a la determinación de la forma con que se hacen tienen por autor a este insigne y santo prelado. Ha lló san Mamerto las preciosas reliquias de san Julián y san Ferreolo, ilustres mártires que padecieron en la sangrienta persecución de Dioclesiano y Maximiano; las cuales trasladó a un magnífico templo que había labrado.

Finalmente después de haber gobernado santamente su iglesia algunos años, edificádola con sus virtudes y milagros, murió en la paz del Señor, y su sagrado cadáver fue sepultado con gran veneración en la iglesia de los santos Apóstoles, extramuros de la ciudad de Viena, desde donde se trasladaron después sus reliquias a la basílica Constantiniana de santa Cruz de Orleans. Allí permanecieron en grande veneración hasta el siglo XVI, en el que los hugonotes, durante sus sacrílegas irrupciones del año 1562, entrando en Orleans, quemaron la cabeza y huesos del santo, que estaban en diferentes cajas y dispersaron sus cenizas.

REFLEXIÓN

   ¿Qué son todas las calamidades y males que nos afligen sino frutos del pecado? que no hizo Dios la muerte, como dice el apóstol, sino que por el pecado entró la muerte en el mundo. Y aunque en la presente providencia se sirve nuestro Señor de estos males, ya para castigarnos, ya para darnos ocasión de mayo res merecimientos, ya para darnos a en tender que no hemos de buscar en este mundo nuestro paraíso, siempre ha sido costumbre muy cristiana la de implorar en los comunes males la divina clemencia con públicas rogativas. Procura asistir a ellas con grande piedad, que el Señor casi siempre suele oír las plegarias de todo un pueblo contrito y humillado y suele darle lo mismo que pide.

ORACIÓN

   Concédenos, oh Dios omnipotente, que en la venerable solemnidad del bienaventurado Mamerto, tu confesor y pontífice, se acreciente en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de nuestra salvación. Por J. C. N. S. Amén.

 Flos Sanctorum de la Familia Cristiana, P Francisco De Paula Morell, S. J., Ed. Difusión, S. A., Buenos Aires, 1943.

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SAN ANTONINO o ANTOLÍN, Obispo y Confesor

10 de Mayo

 No queráis amontonar tesoros para vosotros en la tierra, 
donde la herrumbre y la polilla los consumen, 
y donde los ladrones los desentierran y roban.
(Mateo, 6, 19).

Antonino, que entró en la orden de Santo Domingo a la edad de doce años, fue un modelo de humildad, de recogimiento y de mortificación. Jamás comió carne, y, enfermo o sano, dormía sobre una tabla. Fue menester que el Papa Eugenio IV lo amenazase con excomunión para hacerle aceptar el arzobispado de Florencia y se supo ganar el cariño de sus gentes por su bondad y caridad, pues daba a los pobres todo lo que caía en sus manos. Pero también sabía exigir, y combatió los juegos de azar, la usura y la brujería que se practicaba en esta ciudad. No quiso mas riquezas que la virtud; todo lo que poseía dábalo a los pobres, llegando al ex tremo de vender, para socorrerlos, parte de los muebles y de la ropa. Fundó el famoso convento de San Marcos en Florencia y encargó a Fray Angélico, su compañero de noviciado y afamado pintor, la pintura de todos los ahora célebres cuadros en este convento. A pesar de su mala salud, fue nombrado Arzobispo de Florencia Murió en mayo de 1459, a los 70 años de edad.

MEDITACIÓN SOBRE
 LOS BIENES DEL MUNDO

   I. Los bienes de la tierra, las riquezas, los placeres, los honores, no merecen tus afanes, pues no podrían hacerte mejor de lo que eres; por lo contrario, son los instrumentos de todos los crímenes. Más humilde serías, más sobrio y más casto, si fueses menos rico. La aflicción, la enfermedad y las humillaciones te hacen practicar muchas virtudes en las que ni siquiera pensarías faltándote aquéllas.

 II. Por otra parte, esos bienes no te pueden hacer dichoso, porque están inficionados del temor de perder1os, y porque son imperfectos y no pueden, en con secuencia, satisfacer plenamente tus deseos. Estuviste acaso alguna vez contento, verdaderamente, aun en el momento de mayor prosperidad? ¿Tus placeres más dulces no tuvieron amargura, tus más hermosas rosas sus espinas? Salomón poseyó inmensas riquezas, gustó todos los placeres, y exclama: Vanidad de vanidades, y todo vanidad. (Eclesiastés).

   III. Busca, pues, los tesoros del paraíso: son perfectos, no tienen mezcla de amargura alguna, no hay temor de perderlos y satisfacen plenamente nuestros deseos en toda su amplitud. Los Ángeles se ríen de nosotros cuando nos ven afanarnos tanto por edificar casas de barro que deberemos abandonar al día siguiente. Se sobrecogen de tristeza cuando ven que nos entregamos a placeres que nos rebajan al nivel de los animales. ¡Oh cristiano, espera y busca bienes más grandes! Coheredero de Jesucristo, ¿cómo regocijarte asociándote a los placeres del irracional? Eleva tus esperanzas hacia el soberano bien. (San Agustín).

El desprecio del mundo
Orad por las congregaciones religiosas.

ORACIÓN

Señor, haced que seamos ayudados por los méritos de San Antonino, vuestro confesor pontífice, a fin de que os encontremos misericordioso con nosotros, así como os reconocemos admirable en vuestro proceder con él. Por J. C. N. S. Amén.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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BEATO NICOLÁS ALBERGATI, Obispo de Boloña

9 de Mayo

El Beato Micolás Albergati fue obispo de Bologna en el siglo XV. Era docto y humanista, pero sobre todo era un hombre de una gran piedad.
   Nació en el seno de una familia noble. Al terminar sus estudios de Derecho, decidió hacerse religioso. De esta manera, cuando quedó vacante la sede de Certosa, toda la gente le aclamó a él como su obispo. Como pastor de la diócesis se distinguió en seguida por su caridad, su prudencia y su modestia. Estos valores le otorgaron la confianza del Papa Martín V. Sin tener la menor duda, lo nombró cardenal de la santa Cruz de Jerusalén. Trabajó para restablecer la paz entre Francia e Inglaterra y presidió el Concilio de Ferrara. Al lado de Siena, tuvo un cólico de riñón que le llevó a la muerte en el año 1443.

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SAN GREGORIO OSTIENSE, Obispo

9 de Mayo

Santo muy venerado en Navarra y en La Rioja. No nos consta ni la patria, ni los padres, ni su primera educación. Aunque se puede aventurar, en virtud a su apellido, que venía de la ciudad de Ostia, el puerto de Roma. Sí se sabe que entró joven en la Orden de San Benito y ya desde su noviciado brilló por su ciencia y su virtud. También sabemos que vivió durante un tiempo en Navarra, tal vez como legado del Papa.

En el año 1039 sabemos que estaba en Nájera, entonces capital del reino, y que causaba admiración por su bondad, su sabiduría y sus milagros (en uno de ellos parece que hizo desaparecer una plaga de langostas, lo que explica que se le invoque en casos parecidos). Su vida se cruza providencialmente con la de un hombre que buscaba a Dios con una gran ansiedad y que era rechazado en todas partes, santo Domingo de la Calzada.

Santo Domingo, que fue paje y discípulo suyo, junto a él se inició en la vida religiosa, y así a su muerte, el casi desconocido obispo de lejanas tierras dejó en herencia a los españoles otro gran santo. Los cinco años que habían durado sus grandes trabajos, continuos sacrificios e incesantes fatigas, debilitaron totalmente su salud. Cayó enfermo de gravedad y se retiró a Logroño, muriendo en el año 1044.

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SAN PEDRO DE TARANTASIA, Obispo y Confesor

8 de mayo

En el año de gracia de 1098 -el mismo en que los primeros cruzados de toda Europa respondían a los llamamientos del Papa Urbano II y a las prédicas de Pedro el Ermitaño, aprestándose a embarcar para la conquista de los Santos Lugares; el mismo también en que el anciano abad Roberto de Melesines tomaba posesión en tierras del ducado de Borgoña de un salvaje trozo de bosque pantanoso, sombrío y dramático, llamado Citeaux, para poner los cimientos del monasterio que tanta gloria daría a la Iglesia de Jesucristo por la admirable virtud de sus monjes, mantenida sin desmayo a través de los siglos- vio la suave luz de la Saboya, en el Bourg de Saint-Maurice, aldea cercana a la ciudad de Vienne, un niño, segundo hijo de un matrimonio de honrados labradores, que recibió con las aguas del bautismo el nombre del Príncipe de los Apóstoles, llevado por su progenitor.

   Crecido en un hogar cristiano y modesto, Pedro -por tradición y voluntad paterna- debía seguir apegado a los oficios campesinos con sus hermanos menores, mientras el mayor, Lamberto, cultivaba su intelecto en las escuelas y universidades del país con el fin de emprender, al llegar a la madurez, las altas misiones en las que se cosechan los laureles civiles o eclesiásticos. No obstante, los mejores dones del Espíritu Santo -lúcida inteligencia, memoria portentosa, férrea voluntad para el estudio- se revelaron tan precozmente en el pequeño Pedro, que su padre hubo de acceder a verle abandonar los viñedos del predio familiar para sentarse al lado del primogénito en los duros bancos escolares. La mano predestinada a cavar, escardar, podar y vendimiar aprendió velozmente a manejar el punzón de los doctos, y los ojuelos infantiles a leer en los venerables pergaminos conservados en las bibliotecas saboyanas, el griego y el latín de los poetas, los filósofos y los Padres de la Iglesia. El joven estudiante suscitaba el asombro de maestros y condiscípulos por la gravedad de su talante y la facilidad rayana en el prodigio con que asimilaba -como si las tuviese ya sabidas por inspiración divina antes de serle explicadas- las más arduas lecciones de Letras clásicas, la pomposa riqueza lírica de los salmos, los intrincados problemas de la filosofía y los hondos misterios teológicos. Y mayor aún era el pasmo con que las gentes admiraban la transparencia angélica de su alma adolescente, de nítida pureza y clarividente compenetración con las doctrinas de Nuestro Señor Jesucristo.

   Apenas cumplidos los veinte años y aprendido cuanto los sabios profesores pudieran enseñarle, el mancebo -sobre el que coincidían unánimes los felices augurios de elevados destinos mundanales- manifestó a su padre el propósito, albergado en su corazón desde la infancia, de apartarse de cualquier camino que condujera a la gloria terrena para emprender los del retiro y el silencio de la vida contemplativa. Tan firme era su voz al expresar ese anhelo, que el padre renunció a los hermosos sueños soñados para el hijo con ilusión y orgullo humanos y, sin vacilación alguna, entregó a Dios aquel deslumbrador diamante que el propio Dios habíase complacido en crear y pulir. Pedro ingresó como novicio en el recién fundado monasterio cisterciense de Boneval, enclavado en la comarca en que naciera. Desde que en la solemne ceremonia del Capítulo vistió la blanca librea de Nuestra Señora, el joven religioso se convirtió en vivísimo estímulo para las virtudes de sus hermanos más ancianos y austeros por los rigores penitenciales heroicamente aplicados a su cuerpo juvenil y por la obediencia, humildad, laboriosidad y mansedumbre puestas en el desempeño de los diferentes oficios monacales.

SAN JUAN DE BEVERLY, Obispo de York

7 de Mayo

San Juan de Beverly, Obispo de York, fue primero monje y luego obispo, vivió a finales del siglo VII y principios del VIII. Su caridad era constante con los más necesitados, tanta que llega a sanar a un sordomudo, tras descubrir, pacientemente, un modo de hacerlo vocalizar. Aunque muerto el año 721, ha sido considerado por ello como un precursor del sabio benedictino Ponce de León. Aunque las ocupaciones de un obispo siempre son muchas, y más las de uno como este, Juan siempre conseguía arañar algunos momentos, tantos como podía, para su oración y meditación, y por eso pasaba sus días libres en un bosque. Sintiéndose ya cansado, se retira en el 717 al monasterio de Beverley, después de dejar a otro santo al frente de su obispado, muriendo cuatro años después San Juan de Bevérley, obispo de York, 1721. Puede ser considerado como un precursor del benedictino Pedro Ponce de León, que en el siglo XX recibirá el nombre de «El sacerdote de los tartamudos»  por ser el autor del método de convergencia ortofónica, de renombre general, muerto con fama de santidad en Madrid en 1963. Murió en 721.

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SAN EDBERTO DE LINDISFARNE, Obispo

6 de Mayo

De este Edberto sólo sabemos que fue sucesor de san Cutberto en la sede episcopal de Lindisfarne, un islote llamado «isla santa» que hay frente a la costa noroeste de Inglaterra, hacia el año 687. Decía San Beda de nuestro santo que era «Hombre bien conocido por su conocimiento de las Escrituras, su obediencia a los mandamientos de Dios y su generosidad en las limosnas». Cuando murió un 6 de mayo, cumpliendo sus deseos se le sepultó junto a san Cutberto, cuyo cuerpo incorrupto se había exhumado poco antes de morir él, y en la doble tumba donde estaban hermanados los dos obispos de Lindisfarne florecieron numerosos milagros que se les atribuían conjuntamente. No es mucha información, ni tampoco muy concreta, para una semblanza, pero disponemos de lo esencial: unos cuantos rasgos que definen al cristiano y el hecho tan frecuente en la historia de que la santidad se contagia y se arracima. En este caso, después de muertos su intercesión no es fácil de identificar, como si se velase discretamente remitiendo cualquier posible honor humano a Dios.

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SAN HILARIO DE ARLÉS, Obispo

5 de Mayo

(449)

San Hilario nació a principios del siglo V, en una noble familia, y era pariente de San Honorato, quien había buscado la soledad y el silencio en la abadía de Lerins, por él fundada. Era su deseo que su pariente Hilario siguiese su misma vida. Ni corto ni perezoso, Honorato dejó su abadía para intentar convencer a nuestro santo de que lo siguiese. Pero Hilario no estaba por la labor y no hizo caso a esta propuesta. Sin embargo, las palabras de Honorato hicieron huella en Hilario, que empezó a pensar en que, a lo mejor, el Señor lo estaba llamando. Después de un tiempo de reflexión, se decidió a seguir a su pariente Honorato, y se presentó en la abadía de Lerins, donde abrazó la vida monástica. Sucedió a su pariente como segundo abad cuando Honorato fue nombrado obispo de Arles, y luego, en el año 429, lo sucedió también en la silla episcopal, cuando no había cumplido aún treinta años. 

   Desplegó entonces una actividad frenética por toda su archidiócesis, visitando monasterios y obispados. Solía recorrer su diócesis descalzo, aunque nevase, predicaba horas y horas a sabios y a ignorantes, queriendo que todos compartiesen el tesoro de su fe. Era tierno y compasivo con los pecadores y duro hasta la denuncia pública y arriesgada con los grandes personajes. Se decía de él que era muy dedicado en todo, pero en lo que más trabajó fue en la caridad con los demás. Su ardor era tal que exasperaba a muchos, y le causó no menos problemas, como la vez que nombró un obispo para una sede que aun no estaba vacante, sólo porque el obispo titular estaba enfermo, cuando este se repuso, tuvo que intervenir el Papa para quitar a uno, el nombrado por Hilario, y así evitar el cisma.

   A pesar de todo, nuestro santo dio toda su vida testimonio de una amor entregado y apasionado a Jesucristo, hasta su muerte en el año 449.

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SAN GOTARDO o GODOFREDO, Obispo

 San Gotardo -o Godofredo- nació en el pueblo bávaro de Reichersdorf.  No disponemos de datos que se refieran a su niñez. Se le conoce ya con datos fiables cuando en el 990 era monje benedictino en Nieder Altaich, cerca del lugar donde nació, y pocos años después se le elegía abad de este monasterio, en el que devolvió toda su pureza original a la regla de san Benito, un tanto relajada en muchas comunidades. Con justicia puede ser considerado como uno de los reformadores más conspicuos de su época. 

   Su fama llegó a ser tal que el emperador san Enrique II(1) le confió la reforma de otros cenobios, como las abadías de Hersfeld y Tergensee, y por fin en el 1022 sucedió a san Bernardo de Hildesheim en su diócesis, muy lejos ya de su Baviera natal. Continuó los proyectos artísticos bernardinos, llegando a terminar la catedral y la iglesia de San Miguel de Hildesheim. Su labor pastoral no quedó agotada en las piedras por mucho arte que pudiera sacarse de ellas. Se esforzó igualmente en arbitrar medios que facilitaran la enseñanza de la juventud, proporcionó al pueblo sencillo escuelas y hospitales, y fundó asilos para pobres. Quizá sea por este trato directo con la enfermedad que intentaba aliviar en los dolientes, por lo que se le acostumbra a invocar entre sus muchos devotos en Austria y Prusia contra la gota y los reumatismos. De todos modos, ha pasado a la historia sobre todo como un gran obispo constructor. 

   Una de sus más grandes actuaciones como obispo fue construir un hospicio en los arrabales de la ciudad para los enfermos y pobres. Cualquiera que se hallase en necesidad podía permanecer allí, pero San Gotardo tenía poca paciencia con los vagabundos profesionales físicamente capacitados, y no les dejaba permanecer más de unos pocos días.

   San Gotardo entendió que aunque se nos pide prestar ayuda a quienes lo necesitan, no estamos obligados a ser tontos o ingenuos al respecto. Si hubiese convertido su hospicio en un refugio de oportunistas, los verdaderamente necesitados habrían tenido que quedarse fuera por falta de espacio. No obstante, San Gotardo dejó que la virtud de la caridad mandase en todas las ocasiones. Dejó entrar a todo el mundo en el hospicio, y les dio cobijo y alimento durante dos o tres días, tiempo suficiente para hacerse una idea de si intentaban engañarle.

   Murió en el 1038.

Enrique II (973-1024), rey germano, coronado por el Papa Benedicto VIII como emperador del Sacro Imperio Romano (1002), último de los gobernantes sajones, nacido en Abbach, también en Baviera. Guerreó contra Boleslao para recuperar Bohemia del 1004 al 1018; invadió Italia y fue proclamado rey de los lombardos; y en 1021 una tercera campaña militar en el sur de Italia, contra los bizantinos, para someter Capua y Salerno. Fue un emperador artista -procurando la construcción de catedrales del románico- y un hombre santo -canonizado en 1146- famoso por su piedad y por contribuir a la reforma eclesiástica.

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SAN  JUVENAL, Obispo y Confesor

de Mayo

 San Gregorio Magno en el Diálogo (IV, 12) y en la Homiliae in Evangelium, recuerda a un Obispo de Narni, de nombre Juvenal (Giovenale), calificándolo de mártir. Pero el Lanzoni obseva que este pontífice da el título de mártir aún a los obispos que no murieron por la fe. El Mismo Gregorio recuerda el sepulcro de san Juvenal en Narni. El Martirologio de Floro y de Adone lo mencionan con esta indicación: «Natale sancti Juvenalis episcopi et confessoris». 

   También existe una vida de san Juvenal, escrita después del SigloVII, de escaso valor histórico, según la cual, era de origen africano y, ordenado por el Papa Dámaso, fue el primer Obispo de Narni. Siempre según esta vida, fue sepultado en la puerta superior de la ciudad, bajo la via Flaminia, el 7 de agosto de 376. 

   Se cree que ejerció la medicina antes de ser consagrado obispo de Narni y que salvó a esta población de la invasión de los sármatas haciendo bajar fuego del cielo sobre ellos.

   Los hagiógrafos no le dan el título de mártir, sino el de confesor.

   El sepulcro de san Juvenal sobre el que fue construido un oratorio atribuido a su sucesor Massimo, fue muy venerado en la antigüedad y aún se conserva en la Catedral de Narni. La inscripción no es antigua. El autor de la Vida del Papa Vigilio (537-555), en el «Liber Pontificalis» habla de un monasterio que Belisario fundó cerca de Orte, dedicándolo a San Juvenal. 

   En el siglo IX, el cuerpo de san Juvenal fue trasportado a Lucca, junto con los de los santos Casio y Fausta y  pero enseguida fue restituida a Narni.

   Fossano, diócesis perteneciente a la provincia de Cuneo, venera a san Juvenal como su protector, pretendiendo que sus reliquias se conservan allí, pero pueden ser las de otro santo del mismo nombre.

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SAN AMADOR de AUXERRE, Obispo

1 de Mayo

Los datos de la vida de San Amador son de una biografía escrita 160 años después de la muerte del santo, por un sacerdote africano llamado Esteban. El contenido de dicha biografía revela que se trata, en gran parte, de una invención audaz.

Según leemos, Amador era el hijo único de un distinguido matrimonio de Auxerre. Sus padres le prometieron en matrimonio una rica heredera, llamada Marta, aunque Amador había manifestado que no quería casarse. El día del matrimonio acudieron muchos invitados. El obispo Valeriano, que era ya muy anciano, en vez de leer la bendición nupcial, recitó la fórmula de la ordenación de los diáconos, pero sólo el novio y la novia cayeron en la cuenta del error. Después de la ceremonia, ambos jóvenes convinieron en llevar vida de continencia. Marta se retiró al poco tiempo a un convento.

Amador, después de haber trabajado varios años como sacerdote, fue elegido obispo de Auxerre. En el curso de su largo episcopado, convirtió a los paganos que quedaban, a  la religión, obró numerosos milagros y construyó varias iglesias. Existen pruebas de que él confirió a San Patricio la ordenación sacerdotal. En los últimos años de vida de San Amador, el gobernador de Auxerre era Germán, un joven patricio muy temperamental, que tenía pasión por la cacería.

SAN PRUDENCIO, Obispo y Confesor

28 de abril

Asentó el Señor con él un pacto de paz
y le constituyó Príncipe, adjudicándole
para siempre la dignidad sacerdotal
.(Ecles. 45, 30).

 Fue obispo de Tarazona y floreció antes del siglo VIII; sin que se pueda precisar su fecha de modo seguro. La lista de los obispos de Tarazona ofrece algunos huecos en el siglo VI, y uno de esos huecos debe corresponder, sin duda alguna, a San Prudencio. Había nacido en Armentia, cerca de Vitoria. Siendo aún muy joven, dejó su tierra y se juntó con San Saturio para hacer vida solitaria en una cueva que hay en la orilla del Duero, cerca de Soria. De allí lo sacaron los habitantes de Tarazona, para hacerle su obispo.    

ORACIÓN

   Oh Dios, dador de la paz, que concediste a tu santo Confesor y Pontífice Prudencio la admirable gracia de pacificar los ánimos revueltos: haz, te suplicamos, que, por sus méritos e intercesión, conservemos siempre una verdadera concordia con tu voluntad. Por J. C. N. S.

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SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO, Obispo y Confesor

27 de abril

Patrono del Episcopado de Iberoamérica

Su contribución a liberar parte de la Europa 
germánica del yugo de la mentira religiosa 
y filosófica y de la tiranía política que le es intrínseca
 es ejemplo de la fuerza que puede tener el 
trabajo intelectual al servicio la Verdad

Toribio Alfonso de Mogrovejo nació en Mayorga, hoy provincia de Valladolid, en 1538, de una antigua familia noble, muy distinguida en la comarca. Su padre, don Luis, «el Bachiller Mogrovejo», como le decían, fue regidor perpetuo de la villa, y su madre, de no menor señorío, fue doña Ana de Robledo. Antes de él habían nacido dos hijos, Luis y Lupercio. Y después de él, dos hermanas, Grimanesa y María Coco, que habría de ser religiosa dominica. Muertos los dos primeros, a él le correspondió el mayorazgo de los Mogrovejo. Recordaremos aquí su vida según la amplia y excelente biografía de Vicente Rodríguez Valencia, y la más breve de Nicolás Sánchez Prieto.

   Su educación fue muy cuidada y completa. A los 12 años estudia en Valladolid gramática y retórica, y a los 21 años, en 1562, comienza a estudiar en Salamanca, una de las universidades principales de la época, que sirvió de modelo a casi todas las universidades americanas del siglo XVI. En Salamanca le ayudó mucho, en su formación personal y en sus estudios, su tío Juan de Mogrevejo, catedrático en Salamanca y en Coimbra.

   Al parecer, pasó también en Coimbra dos años de estudiante, y se licenció finalmente en Santiago de Compostela, adonde fue a pie en peregrinación jacobea. En 1571 gana por oposición una beca en el Colegio Mayor salmantino de San Salvador de Oviedo. Uno de sus condiscípulos del Colegio, su amigo don Diego de Zúñiga, fue importante, como veremos, en ciertos pasos decisivos de su vida.

SAN ANTIMIO, Obispo y Mártir

27 de abril

El demonio, cuando profiere una mentira,
habla como quien es, por ser de suyo
mentiroso y padre mentira.
(Juan, 8, 44).

San Antimio era obispo de Nicomedia, cuando el emperador Diocleciano envió unos soldados para que se apoderaran de su persona. Lo encontraron los soldados y le preguntaron si conocía a Antimio; él los condujo a su casa, dióles un espléndido festín y, después, declaróles que era el hombre a quien buscaban. Los soldados quisieron salvarle valiéndose de una mentira, pero el santo obispo rehusó este favor; tanto los instó que, por fin, lo condujeron ante el emperador. Éste lo hizo decapitar. Corría el año 303 de nuestra era.    

  MEDITACIÓN
SOBRE LA MENTIRA

   I. Nunca se debe mentir, bajo ningún pretexto; pues siempre la mentira es pecado que nos asemeja al demonio, padre de la mentira, y borra de nuestra alma la cualidad de hijos de Dios y hermanos de Jesucristo, que es la Verdad misma. Hemos de sufrir la muerte, como San Antimio, antes que consentir en una mentira, por leve que parezca. Una mentira no es cosa de poca importancia, pues ofende a Dios infinito y omnipotente. No mires como leve nada que ofenda a Dios. (Salviano) .

   II. Perjudicas a tu prójimo cuando le hablas contra tu pensamiento; lo engañas, introduces, en cuanto de ti depende, la discordia en la sociedad. Si todos los hombres fuesen mentirosos, ¿a qué extremos no llegaríamos? Injurias a Jesucristo, que es testigo de tu mentira, pues los cristianos, al decir de San Agustín, no sólo son los miembros de Jesucristo, sino que deben ser también los órganos de su voz. ¿Dices tú muchas mentiras? Examínate sobre este punto.

   III. Hay personas cuya vida es una mentira continua; engañan a todo el mundo mediante su hipocresía. ¡Oh! ¡cuán raros son aquellos que quieren parecer lo que son! Dios te ve tal cual eres; en vano te ocultas a los ojos de los hombres, Dios es tu juez. Al final todo se descubrirá, se conocerán tus imposturas, a luz plena se verá la verdad. Se puede ocultar la verdad por un poco de tiempo, no se la puede hacer desaparecer, la iniquidad puede triunfar por un instante, pero no reinar siempre. (San Agustín).   

Huir de la mentira
Orad por la conversión
de los pecadores.

ORACIÓN

   Dios todopoderoso, mirad nuestra flaqueza, ved cómo nos agobia el peso de nuestros pecados y fortificadnos por la gloriosa intercesión de San Antimio, vuestro mártir y pontífice. Por J. C. N. S.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed.ICTION, Buenos Aires, 1982)

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SAN GALDINO DE MILÁN, Obispo

18 de abril

San Galdino fue uno de los principales patronos de Milán. Su nombre aparece, junto con los de San Ambrosio y San Carlos Borromeo, en todas las letanías del rito milanés. El santo descendía de la famosa familia Della Scala. Fue canciller y archidiácono de dos arzobispos de Milán; desempeñó tan hábilmente esos cargos en una época muy difícil, que se ganó la estima del clero y del pueblo. El Papa Alejandro III fue elegido en 1159, pero algunos cardenales disidentes, eligieron poco después, a un antipapa amigo del emperador Federico Barbarroja. Milán había ofendido antes al emperador, reclamando el derecho de elegir a sus magistrados, y el apoyo que la ciudad prestó a la causa del Papa Alejandro III enfureció todavía más a Federico. El Arzobispo Huberto y su archidiácono Galdino, tuvieron que salir de la ciudad, y al año siguiente, Federico la sitió con un gran ejército y la tomó. Fue entonces cuando el emperador dio la orden de trasladar los supuestos cuerpos de los tres Reyes Magos, de la iglesia de San Eustorgio a Colonia, donde se conserva todavía esas «reliquias»

   En 1165, Galdino fue consagrado cardenal. Al año siguiente, murió el arzobispo Huberto y él fue escogido para sucederle. En vano alegó su mala salud, debilitada con las pruebas que había tenido que sufrir; Alejandro III le consagró personalmente. El nuevo prelado se dedicó, ante todo, a consolar y alentar a su rey. Los lombardos habían formado una unión para reconstruir Milán, y el santo colaboró, con todas sus fuerzas, en la empresa. Pero ello no le impidió desempeñar celosamente sus deberes pastorales, pues predicaba constantemente e iba a visitar a los pobres a su casa. También se ocupó de restablecer la disciplina del clero, que inevitablemente se había relajado un tanto, durante la época tormentosa que había atravesado la ciudad. El santo consagró toda su elocuencia y sabiduría a subsanar los efectos del cisma y a refutar las doctrinas de los cátaros, que se habían divulgado mucho en Lombardía.

   El último día de su vida, aunque estaba ya muy débil para celebrar la misa, pronunció todavía un ardiente sermón contra la herejía; pero perdió el conocimiento antes de bajar del púlpito y murió al terminar la misa. El año de la muerte de San Galdino, la Liga Lombarda derrotó a los ejércitos imperiales en la batalla de Legnano. En la famosa reunión, que tuvo lugar en Venecia, en 1177, Barbarroja abjuró del cisma e hizo la paz con la iglesia. En realidad, todos los historiadores sensatos están de acuerdo en afirmar que el Papa jamás puso el pie sobre el cuello del emperador, excepto en un sentido metafórico. Ninguno de los escritores de la época menciona ese hecho que, por lo demás, no cuadra con el carácter magnánimo de Alejandro III.

Robert Quardt. Los Santos del Año. Editorial Herder. Barcelona, España. 1958.

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SAN ELEUTERIO, Obispo y Mártir

18 de abril

Todo aquél que comete pecado
es esclavo del pecado.
(Juan, 8, 34)

 Las numerosas conversiones que obró este santo obispo en Iliria excitaron contra él el odio de los paganos, que lo denunciaron a los magistrados. Detenido y conducido a Italia, fue asado en una parrilla, colocado después en un lecho de hierro calentado al rojo y, por fin, sumergido en una caldera de aceite y pez hirviendo. Como saliera sano y salvo de todos estos suplicios fue arrojado a los leones, que no le hicieron ningún mal. Finalmente, fue golpeado con varas hasta que murió a la vista de su madre, Santa Antea, y fue al cielo a gozar de la libertad de los hijos de Dios, libertad que ya presagiaba su nombre Eleuterio, es decir, hombre libre.  

  MEDITACIÓN
SOBRE LA LIBERTAD DE LOS 
SERVIDORES DE DIOS

I. No existe servidumbre más cruel que la de los libertinos e impíos: se dicen libres y gimen bajo la más vergonzosa de las esclavitudes: la del pecado. Tantos tiranos tienen cuantas pasiones; están cargados con tantas cadenas como vicios y malas costumbres tienen. Viene la pasión y dice: Eres mío. Vienen todos los vicios y dicen: Eres mío. ¡Qué vil esclavo es quien obedece a tantos señores!(San Ambrosio) .

  II. Verdaderamente es libre quien sirve a Dios y le obedece, pues no tiene entonces sino un solo Señor, el cual nada ordena que no esté de acuerdo con la razón y que no sea para nuestro mayor bien. El servicio voluntario y razonable que le rendimos nos libra de la vergonzosa tiranía del demonio, del pecado y de nuestras pasiones. ¡Ah! si mi libertad es un bien inestimable, si es el mayor de todos los tesoros, ¿a quién lo sacrificaría mejor que a Vos, Dios mío, que me la habéis dado? Obedecer a Dios, es ser libre.

III. Para gozar de una entera y perfecta libertad en este mundo, no se ha de temer ni amar sino a Dios. Todos los suplicios, todas las aflicciones imaginables, todos los placeres y todas las grandezas del mundo, no podrán obligarte a cometer la más mínima falta. De cuántas penas, temores y dolores te librarías, si grabases profundamente en tu espíritu este pensamiento: ¡No temer sino a Dios, no amar sino a Dios! El malo no puede ser libre. (Séneca).

El perdón de las injurias
Orad por vuestros enemigos.

ORACIÓN

Dios todopoderoso, mirad nuestra flaqueza y cómo nos agobia el peso de nuestras obras y fortificad nos por la gloriosa intercesión de San Eleuterio, vuestro mártir.  Por J. C. N. S.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed.ICTION, Buenos Aires, 1982)

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SAN CARPO DE TIATIRA, Obispo y Mártir

13 de abril

(281)

El demonio tratará de seducir y apartarel espíritu humano para que viole los preceptosde Dios, oscureciendo poco a poco el corazónde aquellos que tratan de servirle con elpropósito de que olviden al verdadero Dios,sirviéndole a él como si fuera el verdadero Dios(Juan, 18, 36).

Los Santos Mártires Carpo, Obispo de Tiatira, Papilio diácono, Agatónica, su hermana, mujer de grandes prendas, Agatodoro su criado, y otros muchos, en Pergamo en el Asia, después de haber sido atormentados de varias maneras por confesar gloriosamente a Jesucristo, alcanzaron la corona del martirio durante la persecución de Marco Antonino Vero y Lucio Aurelio Cómmodo.

SAN LORENZO DE IRLANDA, Obispo

9 de abril

El 9 de Abril la Iglesia Católica recuerda a San Lorenzo quien nació en Irlanda hacia el año 1128, de la familia O´toole que era dueña de uno de los más importantes castillos de esa época.


   Cuando el niño nació, su padre dispuso a un conde enemigo que quisiera ser padrino del recién nacido. El otro aceptó y desde entonces estos dos condes (ahora compadres) se hicieron amigos y no lucharon más el uno contra el otro.   Cuando lo llevaban a bautizar, apareció en el camino un poeta religioso y preguntó qué nombre le iban a poner al niño. Le dijeron un nombre en inglés, pero él les aconsejó: Pónganle por nombre LORENZO, porque este nombre significa: «coronado de laureles por ser vencedor» y es que el niño va hacer un gran vencedor en la vida». A los papás les agradó la idea y le pusieron por nombre Lorenzo y en verdad que fue un gran vencedor en las luchas por la santidad.


   Cuando el niño tenía diez años, un conde enemigo de su padre le exigió como condición para no hacerle la guerra que le dejara a Lorenzo como rehén. El Sr. O´toole aceptó y el jovencito fue llevado al castillo de aquel guerrero. Pero allí fue tratado con crueldad y una de las personas que lo atendían fue a comunicar la triste noticia a su padre y este exigió que le devolvieran a su hijo. Como el tirano no aceptaba devolverlo, el Sr. O´toole le secuestro doce capitanes al otro guerrero y puso cómo condición para entregarlos que le devolvieran a Lorenzo. El otro aceptó pero llevó al niño a un monasterio, para que apenas entregaran a los doce secuestrados, los monjes devolvieran a Lorenzo.


   Y sucedió que al jovencito le agradó inmensamente la vida del monasterio y le pidió a su padre que lo dejara quedarse a vivir allí, porque en vez de la vida de guerras y batallas, a él le agradaba la vida de lectura, oración y meditación. El buen hombre aceptó y Lorenzo llegó a ser un excelente monje de ese monasterio.


   Su comportamiento en la vida religiosa fue verdaderamente ejemplar. Dedicadísimo a los trabajos del campo y brillante en los estudios. Fervoroso en la oración y exacto en la obediencia. Fue ordenado sacerdote y al morir el superior del monasterio los monjes eligieron por unanimidad a Lorenzo como nuevo superior.


   Por aquellos tiempos hubo una tremenda escasez de alimentos en Irlanda por causa de las malas cosechas y las gentes hambrientas recorrían pueblos y veredas robando y saqueando cuanto encontraban. El abad Lorenzo salió al encuentro de los revoltosos, con una cruz en alto y pidiendo que en vez de dedicarse a robar se dedicaran a pedir a Dios que les ayudara. Las gentes le hicieron caso y se calmaron y él, sacando todas las provisiones de su inmenso monasterio las repartió entre el pueblo hambriento. La caridad del santo hizo prodigios en aquellas situación tan angustiosa.


En el año 1161 falleció el arzobispo de Dublín (capital de Irlanda) y clero y pueblo estuvieron de acuerdo en que el más digno para ese cargo era el abad Lorenzo. Tuvo que aceptar y, como en todos los oficios que le encomendaban, en este cargo se dedicó con todas sus fuerzas a cumplir sus obligaciones del modo más exacto posible. Lo primero que hizo fue tratar de que los templos fueran los más bellos y presentables posibles. Luego se esforzó porque cada sacerdote se esmerara en cumplir lo mejor que le fuera posible sus deberes sacerdotales. Y en seguida se dedicó a repartir limosnas con gran generosidad.
Cada día recibía 30,40 o 60 menesterosos en su casa episcopal y él mismo servía la comida. Todas los ingresos que obtenía como arzobispo las dedicaba a ayudar a los más necesitados.


   Buscando la paz otra vez. En el año 1170 los ejércitos de Inglaterra invadieron a Irlanda llenando el país de muertes, de crueldad y de desolación. Los invasores saquearon los templos católicos, los conventos y llenaron de horrores todo el país. El arzobispo Lorenzo hizo todo lo que pudo para tratar de detener tanta maldad y salvar la vida de los invasores a pedirle que devolviera los bienes a la iglesia y que detuviera el pillaje y el saqueo. El otro por única respuesta le dio una carcajada de desprecio. Pero pocos días después murió repentinamente.  El sucesor tuvo temor y les hizo mucho más caso a las palabras y recomendaciones del santo.


   El arzobispo trató de organizar la resistencia pero viendo que los enemigos eran muy superiores, desistió de la idea y se dedicó con sus monjes a reconstruir los templos y los pueblos y se fue a Inglaterra a suplicarle al rey invasor que no permitiera los malos tratos de sus ejércitos contra los irlandeses.


Estando en Londres de rodillas rezando en la tumba de Santo Tomás Becket (un obispo inglés que murió por defender la religión) un fanático le asestó terribilísima pedrada en la cabeza. Gravemente herido mandó traer un poco de agua. La bendijo e hizo que se la echaran en la herida de la cabeza, y apenas el agua llegó a la herida, cesó la hemorragia y obtuvo la curación. El Papa Alejandro III nombró a Lorenzo como su delegado especial para toda Irlanda y él deseoso de conseguir la paz para su país se fue otra vez en busca del rey de Inglaterra a suplicarle que no tratara mal a sus paisanos. El rey no lo quiso atender y se fue para Normandía. Y hasta allá lo siguió el santo, para tratar de convencerlo, pero a causa del terribilísimo frío y del agotamiento producido por tantos trabajos, murió allí en Normandía en 1180 al llegar a un convento.  Cuando el abad le aconsejó que hiciera testamento, respondió: «Dios sabe que no tengo bienes ni dineros porque todo lo he repartido entre el pueblo. Ay, pueblo mío, víctima de tantas violencias ¿Quién logrará traer la paz?   Seguramente desde el cielo debe haber rezado mucho por su pueblo, porque Irlanda ha conservado la religión y la paz por muchos siglos. Estos son los verdaderos patriotas, los que como San Lorenzo de Irlanda emplean su vida toda por conseguir el bien y la paz para sus conciudadanos. Dios nos envíe muchos patriotas como él.

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Obispos pidiendo perdón

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Anuncian las redes sociales que los 115 Obispos de Francia han pedido perdón por el largo silencio culpable guardado ante los casos de pedofilia de los sacerdotes. El acto ha tenido lugar a propósito de las Jornadas de oración y penitencia celebradas según una iniciativa del Vaticano que tuvo lugar en el pasado mes de Septiembre, en la cual se dejaba a las Conferencias Episcopales la organización de las diferentes modalidades para llevarlas a cabo.

Como es de dominio público, el hecho de pedir perdón es una moda puesta muy en boga por la Jerarquía Católica que, como no podía ser menos, ha sido sido proclamada a los cuatro vientos por todos los media, con coreografía añadida por la misma Jerarquía Católica.

Aunque la moderna Sociedad no suele detenerse en examinar despacio determinados hechos sociales, salvo aquellos que resulten contrarios y dañinos contra la Fe y la Moral de la Iglesia para ser aireados y magnificados, parece que vale la pena parar la atención en este al que aludimos, teniendo en cuenta sobre todo la profundidad del contenido que encierra…, aparte de la absoluta falta de sinceridad que manifiesta.

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SAN JUAN CRISÓSTOMO, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia

27 de enero
SAN JUAN CRISÓSTOMO,
Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia
n. hacia el año 347 en Antioquía; † hacia el año 407

Patrono de oradores; predicadores; conferencistas; expositores; quienes sufren de epilepsia. Protector contra la epilepsia.

Ésta es la voluntad de Dios, que obrando bien, tapéis la boca a la ignorancia de los hombres necios. (1 San Pedro, 2,15).

Ésta es la voluntad de Dios, que obrando bien, tapéis la boca a la ignorancia de los hombres necios. (1 San Pedro, 2,15).

He aquí el modelo del orador cristiano; escucha sus palabras, imita sus ejemplos. A nadie deja de fustigar, porque a nadie teme; sus palabras son de oro todas, de oro abrasado por el fuego del Espíritu Santo. Su elocuencia es divina, inquebrantable su paciencia, su vida toda celestial. Aconteció su muerte en el año 407.

MEDITACIÓN
SOBRE EL BUEN EJEMPLO

I. San Juan Crisóstomo predicaba tanto con sus ejemplos como con sus discursos. El buen ejemplo produce tres diferentes impresiones en nuestro espíritu. Nos hace amar lo que admiramos, pues la virtud tiene encantos que arrebatan nuestro corazón; en segundo lugar, nos hace falta desear llegar a ser semejantes a los que admiramos; en fin, facilita la práctica de la virtud. Cada uno de nosotros querría ser virtuoso si no existieran las dificultades que imaginamos que encontraremos en el camino de la virtud. El buen ejemplo derriba este obstáculo al mostrar que no es difícil hacer lo que tantos jóvenes y tantas personas delicadas hacen sin pena, y aun con placer. Ánimo, alma mía, nada han hecho los santos que no puedas llevar a cabo con la gracia de Dios.

II. Nada podemos hacer que sea más agradable a Dios, más útil al prójimo y a la salvación de nuestra alma, que predicar la virtud con nuestro ejemplo. Los justos, dice San Juan Crisóstomo, son cielos que narran la gloria de Dios y dan a conocer su poder y su bondad. Acaban la obra de la Redención, convirtiendo al prójimo mediante su vida santa. ¡Qué felicidad para ti, poder contribuir con tus buenos ejemplos a la conversión de un alma por la cual ha muerto Jesucristo, y que sin ti no hubiera aprovechado la sangre derramada por el Salvador! ¿Dejará Dios de recompensar tu celo?

III. Realiza todas tus acciones por el doble motivo de agradar a Dios y edificar al prójimo. Suprime tus acciones, aun las indiferentes, que puedan escandalizar a tu hermano. ¡Jesucristo murió por él y tú no te quieres privar de un pequeño placer para contribuir a su santificación! Señor, si no puedo predicar la modestia y la humildad desde el púlpito, las predicaré mediante una vida humilde, mediante un exterior modesto y recatado. Es el medio con que cuento para imitaros, oh Señor Jesús, a Vos que durante treinta años nos habéis enseñado con vuestro ejemplo, y que sólo durante los tres últimos años de vuestra vida predicasteis. El testimonio de la vida es más eficaz que el de la lengua: cuando la lengua calla, hablan los actos (San Cipriano).

El respeto por la palabra de Dios.
Orad por los predicadores.

ORACIÓN

Señor, dignaos difundir cada vez más las riquezas de vuestra gracia en vuestra Iglesia, que habéis querido ilustrar con los gloriosos méritos y doctrina de vuestro confesor San Juan Crisóstomo. Por J. C. N. S.

Fuentes:

– Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. – Tomo I; Patron Saints Index.

SAN FULGENCIO, (*) Obispo, Confesor y Doctor

16 de enero       _fulgencio

 

El glorioso prelado y sagrado doctor español san Fulgencio, nació en Cartagena, y tuvo por padre al ilustre capitán del ejército de aquélla provincia, y por hermanos a los santos Leandro, Isidoro y Florentina. Instruyóse desde su mocedad en las lenguas griega, hebrea, siriaca, itálica y latina, y salió tan aventajado en las Letras sagradas, que alcanzó entre los españoles el grado de doctor.

Defendió con tanta erudición y elocuencia la divinidad de Jesucristo, que muchas veces dejó a los herejes arrianos avergonzados y corridos. Por esta causa fue desterrado de Sevilla por orden del rey, y padeció gravísimos trabajos de hambre y sed,  y encerrado en un calabozo de Cartagena, donde ni aun se le permitía mudarse la ropa que llevaba puesta.

Desde la cárcel animaba con sus cartas a los católicos, para que defendiesen, aun a costa de su sangre si fuese menester, la verdad infalible del artículo revelado en las Santas Escrituras, y exhortaba a su sobrino Hermenegildo a morir por la fe, antes que abrazar la herejía del rey Leovigildo, su padre, que le amenazaba con la muerte; diciéndole que por ningún respeto de hijo había de rendirse a la voluntad de su padre hereje, con tan grande detrimento de la honra de Dios, que le atormentaba ya con gritos, alaridos y tanta ruina de la religión católica y estrago de toda la nación.

Murió mártir el hijo; y el padre, viéndose acosado de terribles dolores, se movió a penitencia, aunque no lo suficiente para la salvación, mandando a Recaredo, que oyese como a padre y obedeciese a Leandro y Fulgencio, que resplandecían como antorchas de la Iglesia de España. Sosegada la persecución por muerte de Leovigildo, autor de tempestad tan deshecha, mudaron de semblante las cosas de España, cuando recibió el gobierno del reino Recaredo, el cual dio orden de que .fuesen restituidos a sus iglesias los obispos y celosos varones católicos desterrados de ellas por su padre; con cuyo motivo volvió a Sevilla san Fulgencio con grande júbilo de toda la ciudad, que le recibió como ínclito defensor de la fe de Cristo.

Abjurando después Recaredo el error arriano en el concilio de Toledo, toda la nación se convirtió a la verdadera fe. Gobernó san Fulgencio, con admirable solicitud las iglesias de Sevilla, Ecija y Cartagena; escribió muchos libros llenos de celestial sabiduría y de aquélla gracia que derrama el Espíritu Santo sobre los doctores de la Iglesia; y lleno de méritos y virtudes, y asistido en su último trance por san Braulio, obispo de Zaragoza, y Laureano, obispo gaditano, entregó su alma preciosa al Señor. Las diócesis de Cartagena y Plasencia le veneran como a su patrono; sus reliquias se conservan en la catedral de Murcia y en el Escorial.

  REFLEXIÓN

La conversión de España a la verdadera fe, redunda en mucha gloria de los santos hermanos Leandro y Fulgencio, clarísimas lumbreras de la Iglesia española.

Y pues la doctrina de los sagrados doctores es la de los santos apóstoles, y la doctrina de los apóstoles es la de nuestro Señor Jesucristo, Díos y hombre verdadero, conservémosla en toda su entereza. Esta es la única doctrina autorizada, verdadera, celestial y divina.

Las doctrinas anticatólicas son puras cavilaciones de hombres falibles, veleidosos, apostatas, impíos, deshonestos y soberbios. ¡Grande imprudencia y extremada locura es el hacer algún caso de lo que éstos enseñan, tratándose del negocio de toda nuestra eternidad!

ORACIÓN      

   Oh Dios, que escogiste para tu pueblo como ministro de la eterna, salud al bienaventurado Fulgencio, rogámoste nos concedas, que tengamos por intercesor en los cielos, al que tuvimos en la tierra por doctor y maestro de nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

  • * Flos Sanctorum de la Familia Cristiana, del P. Francisco De Paula Moreli, S. J. Editoral Difusión, S. A., 1943.

SAN HILARIO, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia

14 de enero
SAN HILARIO,
Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia
n. 315 en Poitiers, Francia ; † 368

Protector contra las mordeduras de serpientes.

¿Qué cosa es vuestra vida? Un vapor que por un poco de tiempo aparece, y luego desaparece. (Santiago, 4, 15).

¿Qué cosa es vuestra vida? Un vapor que por un poco de tiempo aparece, y luego desaparece. (Santiago, 4, 15).

¿Qué cosa es vuestra vida?
Un vapor que por un poco de tiempo aparece,
y luego desaparece.
(Santiago 4, 15)

San Hilario se convirtió a la fe cristiana leyendo la Sagrada Escritura. Tuvo la gloria de que fuera su discípulo el gran santo Martín, a quien comunicó su extraordinaria doctrina y su ardiente celo. Defendió la fe contra los herejes y fue desterrado por causa de la ortodoxia. Murió en el año 368.

MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA HUMANA

I. ¿Qué cosa es la vida humana? Es, dice el apóstol Santiago, un vapor que, casi al mismo tiempo, aparece y desaparece. ¡Qué corta es esta vida! Apenas comenzamos a vivir es menester, ya, pensar en morir. ¡Qué insegura es! No sabemos cuándo concluirá. Mas, ¡cuán llena está de miserias! ¿Puedes decir con verdad que has vivido un día siquiera sin disgusto? Sin embargo, amamos esta vida tan miserable y tememos la muerte que debe abrirnos el paraíso: es que nuestra fe no es lo bastante viva.

II. Nuestra vida no debe ser considerada en sí misma solamente; debe, además, considerarse como un tránsito a la eternidad. No vivimos para siempre, sino para morir un día y para merecer el cielo. En lo único en que debemos emplear el tiempo de nuestra vida es, pues, en trabajar para merecer, después de ella, una eternidad feliz. Examinemos en particular todas nuestras acciones. ¡Ay! ¡Trabajamos en hacer fortuna, en consolidar nuestra reputación en esta tierra, como si debiéramos vivir en ella eternamente!

III. Pronto terminará esta vida y comenzará la eternidad, para ser recompensados o castigados, según el buen o mal uso que hayamos hecho de ella. ¡Tan poco tiempo tenemos para merecer una eternidad de dicha, y lo empleamos en otras cosas! No sabemos cuánto durará este tiempo; trabajemos, pues, seriamente. ¿Qué no se sufre para prolongar algunos instantes una vida miserable? ¡Y nada se quiere soportar para merecer una vida eterna y bienaventurada!

La lectura espiritual.
Orad por los sacerdotes.

ORACIÓN

Oh Dios, que habéis instruido a vuestro pueblo con las verdades de la salvación por ministerio del bienaventurado Hilario, haced, benignamente, que después de tenerlo en la tierra como doctor y guía, lo tengamos como intercesor en el cielo. Por J. C. N. S.

Fuentes:
– Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. – Tomo I; Patron Saints Index.

13 de Enero Tránsito de san Hilario

Busto de oro con las reliquias de San Hilario que se conservaba en la iglesia de Saint-Denis, en París; fue fundido en 1794 durante la Revolución Francesa

Busto de oro con las reliquias de San Hilario que se conservaba en la iglesia de Saint-Denis, en París; fue fundido en 1794 durante la Revolución Francesa

  1. En Poitiers de Francia, el tránsito de san Hilario, Obispo y Confesor, que por la fe católica, que valerosamente defendió, desterrado cuatro años en Frigia, allí, entre otros milagros, resucitó un muerto. El Sumo Pontífice Pío IX le declaró y confirmó Doctor de la Iglesia universal. Su fiesta se celebra el día siguiente.

Martirologio Romano (1956)

EL ARTESANO DE NAZARET

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Capítulo 3: El Artesano de Nazaret

Nuestro Bendito Salvador se retira por cuarenta días a la soledad de las montañas, donde no vería rostro humano ni oiría ninguna voz humana. Después de ayunar fue tentado por Satanás. Porque Él podía ser tentado, pues había tomado la armadura humana, no por ociosidad, sino para la batalla. ¡Oh! No os burléis del Evangelio diciendo que no existe Satanás. El mal es demasiado real en el mundo para afirmar eso. No digáis que la idea de Satanás está muerta y desaparecida. Satanás nunca gana más adeptos que cuando, en su astucia, esparce el rumor de que ya está muerto hace tiempo. No rechacéis el Evangelio porque diga que el Salvador fue tentado. Satanás siempre tienta lo puro: lo que no es puro ya es suyo. Satanás sitúa más demonios en los muros de los monasterios que en las pocilgas de iniquidad, pues estas últimas no ofrecen resistencia.

No digáis que es absurdo que Satanás se apareciera a Nuestro Señor, pues Satanás siempre tiene que acercarse a lo divino y lo fuerte: lo otro sucumbe a la distancia. ¿Pero en qué tentó Satanás a Cristo? He aquí el lado notable de esa tentación, y que tiene gran sentido para nuestros días. Satanás tentó a Nuestro Señor para que predicase otra religión distinta que la que Él estaba a punto de predicar. Nuestro Señor estaba a punto de predicar una religión divina. Satanás le tentó para que predicase una religión que no era Divina, pero una religión que el mundo moderno llama nueva: En una palabra, las tres tentaciones de Satanás contra Cristo son las tres tentaciones del mundo contra Cristo hoy día, a saber, para hacer una religión social, política y terrena.

Satanás primero tentó a Nuestro Señor para hacer una religión social: para hacerla girar alrededor de las cosas materiales de la vida, tales como el pan para cuerpos hambrientos como el Suyo. Señalando desde la cima de la montaña a las piedras cuyas formas semejaban pequeños panes, él le dijo: “Mandad que estas piedras se conviertan en panes”. Este fue el reto de Satán para hacer que la religión girase en torno a las materialidades de la vida. Pero la respuesta de Nuestro Bendito Señor fue inmediata: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios”. Con tal respuesta, nuestro Señor declaró que la religión no es social, en el sentido de que su función primordial sea dar alimento al cuerpo, sino más bien divina, en el sentido de que debe dar alimento al alma. ¡Los hombres deben tener pan! No hay discusión sobre ese punto. Sigue leyendo

HISTORIA Y “DOCTRINA” DEL CAMINO NEOCATECUMENAL

LA HEREJÍA APLAUDIDA POR LA JERARQUÍA DE LA IGLESIA

Por Rafael Mancia desde el Salvador

Historia del Camino Neocatecumenal

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1. Comienzos del Camino Neocatecumenal en Palomeras.

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El Camino Neocatecumenal nace en el año 1964 cuando Kiko Argüello, pintor nacido en León (España), y Carmen Hernández, licenciada en Química y formada en el Instituto Misioneras de Cristo Jesús se encuentran en las barracas de Palomeras Altas a las afueras de Madrid.

Allí, Kiko tras pasar por una crisis existencial, y siguiendo los pasos de Charles de Foucault, se fue a vivir durante tres años entre los más pobres y descubrió en el sufrimiento de los inocentes, el misterio de Cristo Crucificado.

Por su parte, Carmen que había estado en contacto con la renovación del Concilio Vaticano II a través del P. Pedro Farnés Scherer (liturgista) y que, llamada por el Obispo, estaba tratando de formar un grupo para ir a evangelizar a los mineros de Oruro (Bolivia), conoció a Kiko. Fue entonces, en este ambiente de las barracas, en medio de una sociedad constituida por gitanos y quinquis, en gran parte analfabetos, vagabundos, ladrones, prostitutas y jóvenes delincuentes, cuando se constituye el germen que dio lugar a una síntesis kerigmática, teológico-catequética, que es la columna vertebral de este proceso de evangelización de adultos que es el Camino Neocatecumenal.

2. Acogida del Camino por los Obispos

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Poco a poco esta semilla fue reconocida por el Arzobispo de Madrid, Mons. Casimiro Morcillo, quien visitó las barracas y constató la acción del Espíritu Santo. Asimismo, dio su bendición y mandó llevarlo a las parroquias de Madrid, poniendo como condición que el Párroco estuviese como centro, aprobando ad experimentum las novedades litúrgicas necesarias para la iniciación cristiana, los tres pilares conformados por: la palabra, la liturgia y la comunidad.

De esta forma, el Bautismo aparece como un itinerario a recorrer para conseguir una fe adulta, capaz de responder a los cambios de la sociedad y así el Camino fue llevado a las parroquias. Kiko, Carmen y algunos hermanos pobres de las barracas, eran invitados por el párroco a la Eucaristía y allí contaban su experiencia. Pasaron por Madrid y posteriormente, fueron a Zamora y de nuevo volvieron a distintos barrios de la periferia de Madrid.

3. Definición y síntesis de la misión del Camino Neocatecumenal

En abril de 1970, surge la necesidad de hacer una reflexión sobre las primeras experiencias del Camino Neocatecumenal. De este modo, los iniciadores junto con los responsables, presbíteros y algunos párrocos de las primeras comunidades existentes se reunieron para dar unas respuestas básicas a esta nueva realidad eclesial y que se recogen en el Estatuto del mismo:

¿Qué es la comunidad?

La comunidad es la Iglesia: que es el cuerpo visible de Cristo resucitado. Nace del anuncio de la Buena Nueva que es Cristo. Este anuncio es apostólico, lo que implica “unidad y dependencia del Obispo, garantía de la verdad y de la universalidad”.

¿Cuál es la misión de estas comunidades en la actual estructura de la Iglesia?

“Hacer visible un nuevo modo de vivir hoy el Evangelio teniendo presente los profundos anhelos del hombre y el momento histórico de la Iglesia”.

¿Cómo se realiza esta misión?

“Estas comunidades nacen y desean permanecer dentro de la Parroquia, con el párroco para dar los signos de la fe: el amor y la unidad”. Sigue leyendo

SAN ALBINO, Obispo y Confesor

1 de marzo

No tenéis que pensar que Yo haya venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la guerra. (San Mateo 10, 34).

San Albino fue un generoso soldado de Jesucristo. Luchó contra el mundo, y para vencerlo abrazó la vida religiosa. Nombrado, posteriormente, obispo de Angers por inspiración del Cielo, usó de toda su influencia para combatir el vicio dondequiera lo encontraba. Tan venerado era en la corte del rey Chil deberto que, cuando a ella iba, el rey mismo salía . a su encuentro. Murió hacia el año 554.

MEDITACIÓN
LA VIDA ES UNA GUERRA

I. Hemos de luchar en esta vida contra las potencias invisibles del infierno. Estemos alertas en todo tiempo y en todo lugar; pues los demonios vigilan siempre para atacarnos con ventaja, vigilemos también nosotros para defendernos victoriosamente. Sus armas son invisibles, nos atacan mediante malos pensamientos; defendámonos con las armas espirituales de la fe y de la confianza en Dios, e invoquemos a menudo el Santo Nombre de Jesús. El enemigo vigila sin cesar para perdernos, y nosotros no queremos salir de nuestro sueño para defendernos. (San Agustín).

II. Hay también otros enemigos, visibles, que son más peligrosos que los demonios. Guárdate de ellos, para ti los hombres son crueles enemigos; atacan tu virtud con sus malos ejemplos y sus perniciosos consejos, con sus burlas amargas, con el atractivo de las voluptuosidades que exponen ante tu vista. Tus parientes, tus amigos, serán a menudo los enemigos que más trabajo te darán, y que opondrán más obstáculos a tu santificación; ármate de valor y rompe sus lazos.

III. Tú mismo eres el más cruel de tus enemigos: tienes un cuerpo que está en inteligencia con el demonio para perder tu alma. Es preciso abatir este enemigo mediante las austeridades, las mortificaciones. Rehúsa a tus sentidos los placeres ilícitos que te pidan; tampoco les concedas todos los permitidos; así es como sujetarás tu carne a la razón, y tu razón a Dios. ¿Obras así? ¿Concedes a tu cuerpo todo lo que desea? Si estás en paz con tu cuerpo, haces guerra a Dios. La carne lucha sin cesar contra el espíritu; no cesemos pues de luchar contra la carne. (San Agustín).

La fortaleza
Orad por la extirpación de las herejías

ORACIÓN

Haced, Os suplicamos, Dios todopoderoso, que esta piadosa solemnidad de vuestro bienaventurado servidor Albino, confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de:

http://misa_tridentina.t35.com/