Sermón Dominical

Del

DÉCIMO QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

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Homilía: La Muerte y la Justicia

Domingo XV después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 7: 11-16)

El evangelio de hoy nos presenta el relato de la resurrección del hijo de la viuda de Naim. Un episodio conmovedor en el que vemos a Jesús enfrentado con la muerte y el dolor de aquella mujer.

El hombre se enfrenta ante la muerte como ante un suceso que no puede evitar; en cambio Cristo se enfrenta ante ella como el señor de la vida y la muerte.

Cristo le dice a la mujer: “No llores”, pues para Él, el llanto de esta mujer no tiene sentido.

Para nosotros, la muerte puede llegar en cualquier momento, un momento que nunca esperamos ni sabemos. La muerte es el momento decisivo de la existencia humana, pues nos enfrentamos ante la verdad y ante la justicia; es el momento en el que se define el destino eterno de cada uno de nosotros.

La Justicia eterna e infinita de Dios ha de cumplirse; y es en el momento de la muerte cuando nos tenemos que enfrentar ante de ella.

En el momento actual en el que nos ha tocado vivir hay un clamor general, pues la Justicia ha sido pisoteada y burlada; en cambio la muerte es la que hace que esa justicia y esa verdad se cumplan. Clamor general de los millones de niños abortados, clamor general por una juventud que ha sido destruida e idiotizada, clamor general por el atentado a la dignidad del hombre y en especial de la mujer.

Clamor general porque se han destruido la familia, el matrimonio, los sacramentos, incluso el mismo sacerdocio. El mundo entero ha sido convertido en una manada de borregos dirigidos por un gobierno universal.

Y nos encontramos también con el hecho asombroso de la apostasía general de la misma Iglesia. Una jerarquía que está desprestigiada y que en gran parte ha renegado de su fe…

Lo que está ocurriendo ya en nuestro mundo es un castigo de Dios. La humanidad vive en estado de miedo y terror.

¡Mujer, no llores! El sentido de la muerte es totalmente diferente para uno que es cristiano que para uno que no tiene fe. Para el discípulo de Cristo, la muerte tiene un sentido glorioso. Nuestra muerte fue destruida por la muerte de Cristo, para que así vivamos una vida nueva. Para el cristiano, la muerte es la consumación de esta vida y el comienzo de una vida nueva.

La muerte para un cristiano es el final de otro sueño: la vida. Una vida humana que sueña con unirse a Cristo. Ese es el sentido real de la muerte para un cristiano.

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El Yelmo de Mambrino (3)

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3. Donde se hace un breve resumen de la evolución sufrida por la idea del teatro en la mentalidad de la Iglesia, desde sus primeros tiempos hasta nuestros días.

La época clásica miró con desprecio al teatro y consideró a los actores como gentes de baja ralea. Incluso Platón fue uno de los más ilustres enemigos del mundo de la escena.

En cuanto al Cristianismo, es sabido que la Iglesia primitiva (con los Concilios y los Padres a la cabeza) mantuvo contra el teatro una constante hostilidad. Tertuliano (De Spectaculis) y San Agustín (Enarrationes in Psalmos, De Fide et Operibus, De Vera Religione, etc.) fueron quizá, entre otros muchos, sus más encarnizados detractores. En realidad la enemiga duró hasta pasado el siglo XVII (incluyendo a personajes como Bossuet), a pesar de la existencia de períodos contradictorios de consideración e incluso de cooperación.

Es de notar, como importante curiosidad histórica, el hecho de que, en plena Edad Media, Santo Tomás fue uno de los escasos teólogos que sostuvieron la honorabilidad del teatro y del oficio de los actores, siempre que se tuviera en cuenta la moralidad (Summa Theol. II–II, q. 168, a. 3). E incluso defendió la licitud de los estipendios recibidos por los actores que actuaban honradamente (II–II, q. 87, a. 2, ad. 2).

El estudio detenido de las razones que motivaron todo este movimiento de ideas no es de este lugar. Puede decirse que, en general, desde la época clásica y primeros tiempos de la Iglesia, los elevados grados de inmoralidad alcanzados por el teatro fueron los causantes de la multitud de prohibiciones lanzadas contra él. En realidad estaba aquí involucrado el complejo y lascivo mundo dionisíaco, con sus bacanales, sus cultos fálicos y sus representaciones escénicas profundamente obscenas. Sin olvidar el sangriento y cruel espectáculo de los juegos circenses. No es de extrañar que la Reforma no fuera menos hostil al teatro que el Catolicismo.

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Sermón Dominical

Del

DÉCIMO CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

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Homilía: Catolicismo sin católicos

Domingo XIV después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
Mt 6: 24-33

El Señor nos dice en el evangelio de hoy que no podemos servir a Dios y a las riquezas. ¿De qué riquezas habla nuestro Señor? Es todo aquello que nos absorbe y nos preocupa demasiado, hasta el punto que nos hace olvidar a Dios. En este sentido, Dios y las riquezas son incompatibles.

Dios es nuestro último fin. Hemos nacido para amar y para ser amados. Dios es nuestro último fin. Si nos dejamos absorber por las cosas materiales, nos olvidamos de Dios.

Este es pues un principio cristiano que hemos olvidado. ¡Cuántas órdenes religiosas que se han corrompido por buscar las riquezas! Ellos creían que las riquezas les iban a ayudar a extender el mensaje de Cristo; pero la realidad ha sido muy diferente. De hecho, la enseñanza de Cristo es totalmente contraria: “Cuando vayáis a predicar, no llevéis ni oro ni alforja…” Si abrazamos las riquezas damos la espalda a Dios.

Por otro lado, el cristiano no puede ser amigo de este mundo. Como nos dice Santiago: “Adúlteros, ¿no sabéis que la amistad con este mundo es enemistad con Dios?” Hemos dejado las enseñanzas de Cristo para abrazar las de los falsos profetas que lo único que quieren es nuestra perdición.
Cristo nos habla de que no nos hemos de preocupar demasiado por las cosas de este mundo, aunque el problema hoy día no es preocuparnos demasiado sino habernos dejado absorber por las cosas de este mundo con el consiguiente rechazo de Dios.

Las consecuencias de este modo de proceder son inevitables y lógicas: la opción por las riquezas nos lleva al abandono de Dios. El abandono de Dios nos conduce a despreciarle; y el desprecio a la apostasía. Es decir, los cristianos ya no somos cristianos sino “anticristianos”.

La apostasía universal es ya un castigo de Dios. ¿Habrá castigo mayor que el haber renegado de Él? Millones de católicos ya no son católicos. Se han dejado engañar voluntariamente, y como consecuencia son culpables. Miles de cristianos van camino del infierno todos los días.

Al dar la espalda a Dios, nos quedamos sin Dios; y si nos quedamos sin Dios, nos quedamos sin el amor. El hombre necesita el amor más que el oxígeno para respirar. Así pues, en el castigo llevamos la penitencia.

El abandono de Dios está llevando a resultados extremos: invasión del Islam, el aborto. La amistad con el mundo siempre lleva a la enemistad con Dios.

Los tiempos actuales son de persecución muy dura; más que la de los primeros siglos. Pero los tiempos de persecución son también tiempos de santos, tiempos de esperanza. “Cuando veáis que sucede todo esto, levantad vuestras cabezas, pues se acerca vuestra liberación”.

Cuando contemplo este ambiente de persecución, confusión y traición, yo me siento más animado por el amor de Cristo y por el deseo de encontrarme con Él en el cielo.

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El Yelmo de Mambrino (2)

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2. Donde comienza a exponerse el estado de la cuestión,
y donde se habla de algunos de los antecedentes
que dieron lugar a la aparición del “show” como expresión y contenido de la fe.

Pocos se darán cuenta de que en el fondo de todo esto yace oculto el viejo problema de la sustitución del ser por el parecer; o si se prefiere, por el aparecer. Dicho con otras palabras, nos encontramos aquí ante un viejo problema filosófico que además es muy grave.

Habrá quien pensará que exageramos y sacará a colación el conocido dicho de que no es para tanto. Lo cual no es sino una forma como cualquier otra de despachar los asuntos sin cogerse los dedos. Sin embargo, nada mejor para contrarrestar tales modos de pensar que comenzar con un ejemplo emblemático. Y puesto que los ejemplos son esclarecedores por definición, pueden servir para comprender mejor el problema, e incluso como herramienta para centrar el tema y ser utilizada como punto inicial de discusión.

Todo el mundo conoce las tendencias de la moderna teología. La mayoría de las cuales, aceptadas y seguidas por la Jerarquía eclesiástica, han enviado al desván de los trastos y trebejos inútiles la metafísica del ser. Hoy es lo común y normal encontrar Pastores que no conocen otras filosofías que las personalistas y fenomenológicas. Suponiendo que conozcan alguna filosofía. No tiene sentido, por lo tanto, negar que la teología del momento ha sido invadida por un idealismo que, partiendo de Descartes como su punto fuerte, pasando por Kant y Hegel, llega hasta la filosofía práctica de Marx, a la fenomenología de Husserl, y a las doctrinas componedoras de Hartmann y Scheler que en realidad no componen nada. Y justo es reconocer que los adeptos a tales filosofías también se vanaglorian de serlo.

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Sermón Dominical

Del

DÉCIMO TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

¡IMPERDIBLE!

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Homilía: El agradecimiento

Domingo XIII después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 17: 11-19)

En este pasaje vemos cómo Jesús curó a diez leprosos y sólo uno de ellos volvió para darle gracias.

1.- Les dice que vayan a presentarse a los sacerdotes para cumplir lo que estaba prescrito en la ley. El Señor deja claro la necesidad de atenerse al cumplimiento de la ley. En muchos pasajes de los evangelios está reflejada la voluntad de Jesús de cumplir con las leyes (caso de la mujer adúltera, el tributo al César, el tributo al templo…). Ello se debe al hecho de que las leyes humanas (positivas) tienen como base las leyes naturales, y estas a su vez, las leyes divinas. Cuando el hombre prescinde del cumplimiento de las leyes divinas, luego también prescinde de las humanas y al final, incluso de las mismas leyes dadas por el hombre, acabando todo en el caos y la tiranía.

Y no hablemos también del ámbito eclesiástico. Se ha ridiculizado y eliminado el magisterio anterior al Vaticano II; y en cuanto al magisterio posterior al Vaticano II, nada tengo que decir, pues también vosotros lo conocéis. Los dogmas, sacramentos, las leyes litúrgicas… han sido eliminados.Frente a ello, el Señor insiste en la necesidad de observar la ley; es más, Él es el primero en cumplirlas.

2.- De los diez leprosos que fueron curados, sólo uno volvió para darle gracias. El agradecimiento es una actitud de amor ante aquél que nos ha hecho un bien. Tenemos que ser agradecidos con Dios por todo lo que ha hecho por nosotros: Nos sacó del abismo y nos transformó en sus hijos; restituyó nuestra dignidad; nos enseñó a ser hombres e hijos de Dios; dió sentido a nuestra vida; nos enseñó a ser honrados, dignos, veraces, libres. Yo sólo conocí el amor cuando conocí a Cristo. Me enseñó el valor del trabajo…

Dejemos de ser meros espectadores de este mundo y comprometámonos con Cristo. Él lo ha hecho todo por mí; y en cambio, yo ¿qué he hecho por Él? Tenemos que ser agradecidos.
El mundo entero se está descomponiendo y hundiendo a nuestro alrededor. Frente a todo esto queda nuestra confianza en Él y en sus palabras. ¡He aquí que vengo pronto y conmigo mi recompensa!

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El Yelmo de Mambrino (1)

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1. De cómo se puede hacer para que lo blanco parezca negro y viceversa.[1]

Los objetos que se ofrecen a nuestro conocimiento, o los sucesos de los que nos apercibimos, no siempre son lo que parecen ni siempre parecen lo que son. Lo cual ocurre a menudo por la simple naturalidad de las cosas, para cuyo conocimiento hemos de contar con las limitaciones de nuestro entendimiento y de nuestra capacidad de percepción. Vemos algo determinado, lo consideramos, lo clasificamos y lo encasillamos; pero sucede con frecuencia que nos equivocamos en nuestra estimación, sencillamente y sin más.

Tampoco es raro que el engaño se produzca a causa de nuestras propias estupideces, que parecen poseer cierta tendencia a sumarse a nuestra de por sí escasa capacidad intelectiva.

Pero el error en nuestras apreciaciones no siempre proviene exclusivamente de las limitaciones o defectos personales que afectan a nuestras capacidades perceptivas e intelectivas. De hecho también puede ser causado por algún agente exterior ajeno a nosotros. Y por extraño que parezca, esta fuente de confusión es la que interviene con mayor frecuencia en nuestra vida.

Sea como fuere, sin embargo, muchos de los que son engañados han puesto previamente algo por su propia cuenta, aunque en grado suficiente para hacerlos más o menos culpables del error. Pues el que obra según la verdad, viene a la luz.[2] No parece exagerado decir que ser víctima del engaño supone en muchos casos una cierta complicidad con la mentira. Para un cristiano, por ejemplo, la fidelidad a la Palabra de su Señor lleva consigo la garantía de alcanzar el conocimiento de la verdad; para llegar desde ahí a la consiguiente y auténtica liberación (Jn 8: 31–32).

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Sermón Dominical

Del

DUODÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

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Homilía: La Misericordia

Domingo XII después de Pentecostés

(Misa Tridentina o Misa de San Pío V)
(Lc 10: 23-37)

Como sacerdote anciano, vivo con profundos sentimientos, unos de esperanza y de deseo del cielo; y otros de pena profunda porque este mundo y esta Iglesia que han apostatado de Dios.

¿Cómo es posible que tantos cristianos hayan apostatado de su fe para seguir una religión diferente propugnada por falsos profetas? ¿Acaso estos falsos profetas tienen más autoridad que Dios? No se entiende esta actitud, sino por la existencia de Satanás y la debilidad del hombre.

Hay otros que han sido atrapados por las cosas del mundo, en especial por el sexo y por el dinero. Vivimos en un mundo pansexualizado que ha degradado el verdadero amor y al verdadero hombre. Las almas se han vaciado de contenido y viven angustiadas, entonces acuden al sexo buscando alegría. ¿Acaso el sexo es capaz de llenar el vacío que produce la pérdida del auténtico amor?

También nos encontramos a cristianos, o no, que han decidido por un acto de la voluntad propia, que Dios no existe. Hay muchas pruebas de la existencia de Dios; pero no hay prueba alguna para demostrar que Dios no existe. Cuando un hombre decide por sí mismo que Dios no existe, nunca es un acto de la razón, sino de la voluntad. Esto es una prueba de hasta dónde puede llegar la voluntad humana cuando no está guiada por la razón.

¡Cuántas veces le he pedido yo perdón al Señor por mis pecados y Él me ha respondido: tus pecados ya fueron perdonados, ahora hablemos mejor del amor! La misericordia de Dios se vuelca sobre nosotros para hacernos el bien; pero para poder ser misericordioso tiene que ver en nosotros arrepentimiento y amor. La misericordia siempre tiene como telón de fondo el amor. Es imposible que Dios ejercite su misericordia si previamente no hay amor recíproco, de Dios al hombre y del hombre a Dios; y para que el hombre pueda manifestar a Dios su amor, tiene primero que arrepentirse. Si no hay arrepentimiento, no puede haber amor; y si no hay amor, tampoco puede haber misericordia.

El hombre moderno está vacío, pero él piensa que está en un momento bello de la historia, la famosa primavera de la Iglesia. Cuando presencio el fracaso absoluto de la juventud moderna, que cree haber encontrado la felicidad en el sexo, en la droga o en los congresos de las juventudes católicas (y todos sabemos lo que es eso). Estos jóvenes no tienen horizontes y además desconocen el sentido de la existencia. Esta juventud fracasada y hundida no está con el papa, sino con el sexo y la droga. Sólo el auténtico Cristo es quien puede revolucionar y a desafiar a los jóvenes. Sólo Cristo puede llenar nuestro corazón.

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