Francisco ultraja a María

Francisco enseña que María, “mujer mestiza de nuestros pueblos”, no es Corredentora

El 12 de diciembre, en la homilía de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Francisco negó la participación de María en la obra redentora, calificándola de “historias” (“fábulas, cuentos”) y de “tontera” (“tontería, bobada, insignificancia”). Éstas son sus palabras:

“Fiel a su Maestro, que es su Hijo, el único Redentor, jamás quiso para sí tomar algo de su Hijo. Jamás se presentó como corredentora. (…) Nunca robó para sí nada de su Hijo (…) María mujer, María madre, sin otro título esencial. (…) Y tercer adjetivo que yo le diría mirándola, se nos quiso mestiza, se mestizó. (…) Se mestizó para ser Madre de todos, se mestizó con la humanidad. ¿Por qué? Porque ella mestizó a Dios. Y ese es el gran misterio: María Madre mestiza a Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, en su Hijo. Cuando nos vengan con historias de que habría que declararla esto, o hacer este otro dogma, no nos perdamos en tonteras: María es mujer, (…) mujer de nuestros pueblos, pero que mestizó a Dios.”[1]

Los dichos de Bergoglio, además de insultantes, son completamente falsos. Si bien no ha habido hasta ahora una declaración dogmática del magisterio al respecto, la corredención de María forma parte de la revelación divina. Su fundamento escriturístico es innegable. Éste consiste en el paralelo y en la analogía existente entre Eva y la Santísima Virgen. Paralelo y analogía que se manifiestan en el papel desempeñado por ellas en relación, por un lado, con Adán en el caída original y, por el otro, con Jesucristo, nuevo Adán (Rm. 5, 14 – I Cor. 15, 22), en la reparación de la misma.

En efecto, del mismo modo que Eva participó en la caída de Adán, por su falta de fe y su desobediencia, María lo hizo en la redención, a través de su fe y su obediencia. Con su “fiat” y su consentimiento al sacrificio salvador de Jesús, María hizo posible la Redención, así como Eva, tentando a Adán a instancias de la Serpiente, había hecho posible la falta original. Es Adán quien la comete, pero Eva está íntimamente vinculada a ella, no como artífice, sino como partícipe necesaria y a  modo de causa instrumental.

De manera análoga, María, nueva Eva, participa en el acto redentor realizado por Jesucristo, nuevo Adán, no como autora, sino como partícipe necesaria -Dios así lo dispuso en su Divina Providencia-, y como causa instrumental -con su “fiat” libremente otorgado, María suministró la “materia” del sacrificio redentor, es decir, el cuerpo de la víctima expiatoria-.

Es en este sentido que debe entenderse el término “corredención” aplicado a María, como expresión de su íntima participación en la obra redentora consumada por su divino Hijo  -autor exclusivo de la misma-, y no como si la redención hubiera sido realizada por ambos, en el mismo sentido y en un pie de igualdad, como si fuesen coautores del hecho.

Así pues, a semejanza de Eva, que interviene de manera decisiva en la caída del género humano provocada por la falta de Adán, la Santísima Virgen María, Eva de la Nueva Alianza, está estrechamente involucrada en la redención operada por el nuevo Adán, Jesucristo.

Veamos lo que dice al respecto San Ireneo, Padre y Doctor de la Iglesia, discípulo de San Policarpo, quien, a su vez, lo había sido del apóstol San Juan, en su obra “Contra los herejes”:

“En correspondencia encontramos también obediente a María la Virgen, cuando dice: «He aquí tu sierva, Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38); a Eva en cambio indócil, pues desobedeció siendo aún virgen. Porque como aquélla, (…) habiendo desobedecido, se hizo causa de muerte para sí y para toda la humanidad; así también María, teniendo a un varón como marido pero siendo virgen como aquélla, habiendo obedecido se hizo causa de salvación para sí misma y para toda la humanidad (Heb 5, 9). (…) Así también el nudo de la desobediencia de Eva se desató por la obediencia de María; pues lo que la virgen Eva ató por su incredulidad, la Virgen María lo desató por su fe.”[2]

Citemos ahora al gran doctor mariano San Luis María Grignon de Montfort:

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Acto de acusación al papa Francisco y de amor a la Iglesia de S.E. monseñor Carlo Maria Viganò

S.E. monseñor Viganò, ex nuncio apostólico en los EE.UU., publica hoy un documento que constituye una enérgica acusación al papa Francisco, y al mismo tiempo, un acto de ferviente amor a la Iglesia. Publicamos el texto íntegro:

Así dice Yahvé, el Dios
que creó los cielos y los desplegó;
el que extendió la tierra con sus frutos,
dio hálito a los hombres que la habitan,
y espíritu a los que por ella caminan:
Yo soy Yahvé; éste es mi nombre; 
no doy mi gloria a ningún otro
ni mi honor a las imágenes fundidas.

Pues Yahvé avanza como un héroe,
como un guerrero despierta su furor,
vocea y lanza gritos,
y muestra su fuerza contra sus enemigos.
 Mucho tiempo estuve callado,
guardé silencio, me contuve,
mas ahora doy voces como una mujer que da a luz,
lanzo ayes y suspiro jadeando.
Devastaré los montes y los collados,
y agostaré todo su verdor;
convertiré los ríos en desierto, y secaré los lagos.
Entonces volverán atrás, llenos de vergüenza,
los que confían en las estatuas;
los que dicen a las imágenes fundidas:
«Vosotros sois nuestros dioses».
¿Quién entregó a Jacob al pillaje, y a Israel a los saqueadores?
¿No es Yahvé, contra quien han pecado,
Aquel cuyos caminos no quisieron seguir, ni escuchar su Ley?
Por eso derramó sobre Israel el fuego de su ira,
y el furor de la guerra. Pegó fuego alrededor de él, pero no comprendió; 
le consumía, mas no hizo caso.
(Is.42,5-23)

MARÍA INMACULADA, VIRGEN Y MADRE, ACIES ORDINATA, ORA PRO NOBIS

«¿Podría haber otra cosa en el corazón de la Virgen María que el nombre de Nuestro Señor Jesucristo? También nosotros deseamos tener en nuestros corazones un solo nombre: el de Jesús, al igual que la Santísima Virgen.»

La trágica parábola del presente pontificado avanza en una continua sucesión de golpes de efecto. No pasa un día sin que desde su supremo  trono el Sumo Pontífice contribuya a desmantelar la Sede Petrina usando y abusando de su suprema autoridad, no para confesar sino para negar; no para  confirmar sino para extraviar; no para unir sino para dividir; no para edificar sino para derribar.

Herejías materiales, herejías formales, idolatría y superficialidades de todo género: el Sumo Pontífice Bergoglio no cesa de humillar obstinadamente la autoridad suprema de la Iglesia, desmitificando el Papado, como tal vez diría su ilustre colega Karl Rahner. Su modo de actuar tiene por objeto violar el Sagrado Depósito de la Fe y desfigurar el rostro católico de la Esposa de Cristo con sus palabras y sus actos, con disimulaciones y con mentiras, con sus gestos evidentes que alardean de espontaneidad pero están meticulosamente ideados y planificados , y con los cuales se exalta a sí mismo en un incesante autobombo narcisista, mientras humilla la figura del Romano Pontífice y eclipsa la del Dulce Cristo en la Tierra.

Sus acciones se sirven de improvisaciones magisteriales, de un magisterio improvisado, líquido, insidioso como arenas movedizas; no sólo en las alturas, a merced de periodistas de todo el mundo, en esos espacios etéreos que pueden evidenciar un delirio patológico de ilusoria omnipotencia,  sino también en el ámbito de las funciones más solemnes que deberían infundir un sagrado temor y reverente respeto.

Con ocasión de la festividad de la Virgen de Guadalupe, el papa Bergoglio ha vuelto a dar rienda suelta a su evidente fobia antimariana que evoca a la de la Serpiente en el relato de la Caída, en el Protoevangelio que profetiza la radical enemistad que puso Dios entre la Mujer y la Serpiente, y la hostilidad declarada de esta última, que hasta la consumación de los tiempos acechará el calcañar de la Mujer intentando triunfar sobre Ella y sobre su posteridad. La del Romano Pontífice es una agresión manifiesta contra las prerrogativas y sublimes atributos que hacen de la Inmaculada siempre Virgen Madre de Dios el complemento femenino del Verbo Encarnado, asociándola íntimamente a Él en la economía de la Redención.

Tras degradarla comparándola con la vecina, con una refugiada inmigrante, o con una laica como otra cualquiera con sus defectos y con la crisis de una mujer cualquiera manchada con el pecado, o incluso con una discípula, que lógicamente no tendría nada que enseñarnos; tras banalizarla y despojarla de su carácter sagrado, a la manera de las feministas que están ganando terreno en Alemania con su movimiento María 2.0, empeñado en modernizar a la Virgen para convertirla en una imitación, a imagen y semejanza de ellas, Bergoglio ha tenido la crueldad de decir de la Augusta Reina y Madre Inmaculada de Dios que «se mestizó con la humanidad» y que mestizó a Dios. Con un par de ocurrencias, ha asestado un golpe al corazón del dogma mariano y del dogma cristológico que le está vinculado.

Los dogmas marianos constituyen el sello de aprobación de las verdades católicas que conforman nuestra Fe, definidas en los concilios de Nicea, Éfeso y Calcedonia; son un baluarte inquebrantable contra las herejías cristológicas y contra los furibundos ataques asestados por las puertas del Infierno. Quien la mestiza y profana demuestra estar de parte del Enemigo. Atacar a María es arremeter contra el propio Cristo. Atacar a la Madre y alzarse contra el Hijo es rebelarse contra el propio misterio de la Santísima Trinidad. La Inmaculada Theotokos, «terrible como ejército con banderas desplegadas» —acies ordinata–, dará batalla para salvar a la Iglesia y aniquilará el ejército del Enemigo que se ha soltado de sus cadenas y le ha declarado la guerra, junto con todas las demoniacas pachamamas que regresarán definitivamente al Infierno.

Por lo que se ve, el papa Bergoglio no puede disimular más que no soporta a la Inmaculada, y ni siquiera consigue ocultarlo tras su ostentada devoción, siempre bajo los reflectores y las cámaras de televisión, mientras va abandonando la celebración solemne de la Virgen Asunta al Cielo y el rezo del Rosario con los fieles que con Juan Pablo II y Benedicto XVI atestaban el patio de San Dámaso y la Plaza de San Pedro de Roma.

El papa Bergoglio se vale de la pachamama para intentar derrotar a la Guadalupana. La entronización del ídolo amazónico en el Altar de la Confesión en San Pedro no fue otra cosa que una declaración de guerra a la Señora y Patrona de las Américas, que al aparecer se a San Juan Diego derrotó los ídolos demoniacos y conquistó a los indios llevándolos a la adoración del verdadero y único Dios gracias a su mediación materna. ¡No es ninguna leyenda!

A pocas semanas de la clausura del acto sinodal que supuso la investidura de la pachamama en el corazón de la catolicidad, hemos tenido noticia de que el desastre conciliar del Novus Ordo Missae será objeto de más modernizaciones, entre otras la introducción del rocío en el Canon Eucarístico en sustitución de la mención al Espíritu Santo, Tercera Persona de la Santísima Trinidad.

Se trata de un paso más en la regresión hacia la naturalización e inmanentación del culto católico, rumbo a un Novissimus Ordo panteísta e idólatra. El rocío –entidad presente en el lugar teológico de la Amazonia tropical, como supimos por los padres sinodales–, aparece como el nuevo principio inmanente de la fecundación de la Tierra, que la transustancia en un todo interconectado en un sentido panteísta al que se asimilan y someten los hombres para la gloria de pachamama. Henos aquí hundidos en las tinieblas de un nuevo paganismo mundialista y ecotribal, con sus demonios y perversiones. Con esta enésima distorsión litúrgica, la divina Revelación se degenera en la plenitud del arcaísmo; de la identidad hipostática del Espíritu Santo, nos deslizamos hacia la evanescencia simbólica y metafórica del rocío, que la gnosis masónica había hecho suya desde hace tiempo.

Volvamos por un instante a las estatuillas idolátricas, con su singular fealdad, y a la declaración del papa Bergoglio al día siguiente de que las sacaran de Iglesia de Traspontina y las arrojasen al Tíber. Las palabras pronunciadas por el Sumo Pontífice tienen una vez más el hedor de una tremenda mentira: nos ha hecho creer que las estatuillas fueron prontamente rescatadas de las turbias aguas gracias a la intervención de los carabineros. Se queda uno pasmado al ver que un equipo de Noticias del Vaticano, coordinado por Tornielli y Spadaro, de Civiltà Cattolica, con reporteros y cámaras de la prensa oficial, no tuvieran tiempo de filmar e inmortalizar el rescate de las pachamamas. Resulta hasta inverosímil que una operación de semejante espectacularidad no llamase la atención de los viandantes, que con sus teléfonos celulares habrían podido filmarlo y difundirlo por las redes sociales. Nos sentimos tentados a preguntárselo a quien hizo tal declaración. Sin ninguna duda, esta vez también nos responderían con un elocuente silencio.

Hace ya más de seis años que nos envenenan con un falso magisterio, una especie de síntesis extrema de todas las equívocas afirmaciones del Concilio y de los errores postconciliares que se han propagado inconteniblemente sin que la mayoría repare en ello. Sí, porque el Concilio Vaticano II abrió algo peor que la Caja de Pandora: la Ventana de Overton, de un modo tan gradual que nadie se ha dado cuenta de la alteración que se ha llevado a cabo, de la auténtica naturaleza de las reformas, de sus dramáticas consecuencias, y ni siquiera se ha llegado a sospechar quién manejaba realmente los hilos de esta gigantesca operación subversiva, que el cardenal modernista Suenens calificó de «el 1789 de la Iglesia Católica».

Y así, a lo largo de las últimas décadas, el Cuerpo Místico se ha ido desangrando lentamente de su linfa vital en una incontenible hemorragia: el Sagrado Depósito de la Fe se ha ido dilapidando de a poco, los dogmas han sido desnaturalizados, el culto se ha ido secularizando y profanando, la moral ha sido saboteada, el sacerdocio vilipendiado y el Sacrificio Eucarístico protestantizado y transformado en un banquete amistoso.

Actualmente la Iglesia está exangüe , invadida por la metástasis, devastada. El pueblo de Dios avanza a ciegas, analfabeto y despojado de su Fe, sumido en las tinieblas del caos y la división. En las últimas décadas, los enemigos de Dios han utilizado una táctica de tierra quemada arrasando dos mil años de Tradición. En una aceleración inaudita, gracias a la carga subversiva de este pontificado apoyado por el potentísimo aparato jesuita, le están asestando a la Iglesia un mortífero golpe de gracia.

Al papa Bergoglio –como a todos los modernistas– es imposible pedirle claridad, ya que el sello distintivo de la herejía modernista es precisamente el disimulo. Maestros del error y expertos en el arte del engaño ,«se ocupan en conseguir que se acepte universalmente lo ambiguo, presentando su lado inocuo, que les servirá de salvoconducto para introducir el lado tóxico que al principio ocultaban» (P.  Matteo Liberatore S.J.). De ese modo, la mentira, terca y obsesivamente repetida, termina por hacerse cierta y ser aceptada por la mayoría.

Es también típicamente modernista la táctica de afirmar aquello que se quiere destruir, valiéndose de términos vagos e imprecisos, promoviendo el error sin formularlo con claridad en ningún momento. Que es ni más ni menos lo que hace el papa Bergoglio con su amorfismo que disuelve los misterios de la Fe, con su característica aproximación doctrinal con la que mestiza y derriba los más sagrados dogmas, como ha hecho con los relativos a la siempre Virgen Madre de Dios.

El resultado de este abuso de autoridad es que nos encontramos ante una Iglesia Católica que ha dejado de ser católica, un recipiente vaciado de su auténtico contenido para reemplazarlo con productos de pacotilla.

Es inevitable la llegada del Anticristo. Forma parte del epílogo de la historia de la salvación. Pero sabemos que es requisito imprescindible para el triunfo universal de Cristo y de su gloriosa Esposa. Aquellos de nosotros que no nos hayamos dejado engañar por estos enemigos de la Iglesia, enfeudados en el Cuerpo eclesial, tenemos que unirnos en un frente común contra el Maligno, ya hace tiempo derrotado, pero todavía en condiciones de hacer daño y provocar la perdición eterna de multitudes, pero a quien la Virgen Santísima, nuestra Corredentora, aplastará definitivamente la cabeza.

Ha llegado la hora de que actuemos. De manera inequívoca, sin dejarnos expulsar de esta Iglesia de la cual somos hijos legítimos y en la que tenemos el sacrosanto derecho de sentirnos en casa, sin que la odiosa horda de enemigos de Cristo nos haga sentir como marginados, cismáticos y excomulgados.

¡Ha llegado la hora de que actuemos! El triunfo del Corazón Inmaculado de María –Corredentora y Mediadora de todas las gracias– pasa por sus hijitos, sin duda frágiles y pecadores pero de carácter totalmente contrario a quienes militan en las filas enemigas. Pequeños, consagrados sin limitaciones a la Inmaculada por ser su talón, la parte más humilde y despreciada, la más odiada por el Infierno, pero que junto a Ella aplastarán la cabeza del monstruo infernal.

San Luis María Griñón de Monfort se preguntaba: «¿Cuándo tendrá lugar ese triunfo? Sólo Dios lo sabe. Nuestro deber consiste en velar y orar como recomendaba encarecidamente Santa Catalina de Siena: «¡Ay de mí, que muero y no puedo morir! No sigáis durmiendo en la negligencia; aprovechad al máximo el tiempo presente. Confortaos en Cristo Jesús, dulce amor. Sumergíos en la Sangre de Cristo crucificado, crucificaos con Él, escondeos en sus llagas, bañaos en su Sangre» (Carta nº 16).

La Iglesia está sumida en las tinieblas del modernismo, pero la victoria será de Nuestro Señor y de su Esposa. Queremos seguir profesando la Fe perenne de la Iglesia en medio del fragor que la asedia. Queremos velar con Ella y con Jesús en este nuevo Getsemaní del fin de los tiempos y hacer penitencia en reparación por las muchas ofensas que se les infligen.

+Carlo Maria Viganò

Arzobispo titular de Ulpiana

Nuncio Apostólico

19 de diciembre de 2019

(Traducido por Bruno de la Inmaculada /Adelante la Fe)

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La teología «mestiza» del papa Francisco

 

Entre las palabras que con más frecuencia se repiten en el vocabulario del papa Francisco está la de mestizaje. A este término Francisco le atribuye un sentido no sólo étnico, sino también político, cultural e incluso teológico. Lo hizo el pasado día 12, al afirmar que la Virgen «se nos quiso mestiza, se mestizó. Pero no sólo con el Juan Dieguito, con el pueblo. Se mestizó para ser Madre de todos, se mestizó con la humanidad. ¿Por qué? Porque ella mestizó a Dios. Y ese es el gran misterio: María Madre mestiza a Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, en su Hijo» (L’Osservatore Romano, 13 dicembre 2019). Lo sepa o no el papa Francisco, el origen de este concepto mestizo del misterio de la Encarnación está en la herejía de Eutiquio (378-454), archimandrita de un convento de Constantinopla según el cual después de la unión hipostática la humanidad y la divinidad de Cristo se fundieron para formar un tertium quid, una híbrida mescolanza que no sería propiamente Dios ni hombre. El eutiquianismo es una forma grosera de monofisismo porque sólo acepta en el Hijo de Dios encarnado una sola naturaleza resultante de esa confusa unión de la divinidad con la humanidad. A raíz de la denuncia formulada por Eusebio de Dorilea (el mismo que veinte años atrás había acusado a Nestorio), Flaviano, obispo de Constantinopla, congregó en 448 un sínodo en el que Eutiquio fue condenado y excomulgado por hereje. Eutiquio, apoyado por Dióscoro, patriarca de Alejandría, logró convocar otro sínodo en Éfeso que lo rehabilitó; Flaviano, Eusebio y otros obispos fueron agredidos y depuestos. En aquel entonces reinaba como papa San León Magno, que declaró nulo este último sínodo, al que denominó Latrocinio de Éfeso, nombre con el que pasó a la historia dicho conciliábulo. Tras dirigir a Flaviano una carta en la que exponía la doctrina cristológica tradicional (Denzinger, 143-144), el Papa animó a la nueva emperatriz Pulqueria (399-453) a organizar un nuevo concilio en la ciudad de Caldedonia, en Bitinia. En la tercera sesión del concilio se leyó la carta de León a Flaviano sobre la Encarnación del Verbo. En cuanto el lector terminó y calló, todos los presentes exclamaron unánimes: «Ésta es la fe de los Padres, ésta es la fe de los Apóstoles. Así creemos todos. Así creen los ortodoxos. Quien no crea así, sea excomulgado. San Pedro ha hablado por la boca de León» (Mansi, Sacrorum conciliorum nova et amplissima Collectio,VI, 971, Act. II).

Consiguientemente, el Concilio de Calcedonia definió la fórmula de fe que declaraba la unidad de Cristo como persona y de la dualidad de las naturalezas de la única Persona de Cristo, perfecto y verdadero Dios, única Persona  en dos naturalezas distintas. La definición dogmática de Calcedonia confiesa: «Uno solo y el mismo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros menos en el pecado; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, Madre de Dios en cuanto a la humanidad» (Denzinger 148).

Al igual que San León Magno, los protagonistas de Calcedonia, Flaviano y Pulqueria fueron elevados a la gloria de los altares, mientras que el nombre de Eutiquio se cuenta entre los de los heresiarcas.

Entre las numerosas variantes que han surgido del eutiquianismo a lo largo de los siglos se cuenta la de la kenosis, que se desarrolló en el mundo protestante mediante una extravagante interpretación  del  despojamiento o vaciamiento del que habla San Pablo en la carta a los Filipenses (2,7). La Iglesia lo entiende en un sentido moral, viendo en él la voluntaria humillación de Cristo que, a pesar de seguir siendo verdaderamente Dios, se humilló hasta ocultar su infinita grandeza en la humildad de nuestra carne. La doctrina de la kenosis sostiene por el contrario que el Verbo perdió de hecho sus propiedades divinas o renunció a ellas por completo. En la encíclica Sempiternus Rex del 8 de septiembre de 1951, Pío XII la refutó con estas palabras: «Repugna también abiertamente con la definición de fe del Concilio de Calcedonia la opinión, bastante difundida fuera del Catolicismo, apoyada en un texto de la Epístola de San Pablo Apóstol a los Filipenses [Fi.2,7], mala y arbitrariamente interpretado, esto es, la doctrina llamada kenótica, según la cual en Cristo se admite una limitación de la divinidad del Verbo; invención verdaderamente sacrílega, que, siendo digna de reprobación como el opuesto error de los Docetas, reduce todo el misterio de la Encarnación y de la Redención a una sombra vana y sin cuerpo».

Es absurdo pretender una limitación de la divinidad, porque el ser divino es infinitamente perfecto, simple e inmutable, y es metafísicamente incapaz de sufrir la menor limitación. Además, un Dios que renuncia a ser él mismo deja de ser Dios y de existir (cfr. Luigi Iammarone, La teoria chenotica e il testo di Fil 2, 6-7, en Divus Thomas, 4 (1979), pp. 341-373). Los neoeutiquianos niegan la verdad de razón según la cual Dios es el Ser por esencia, acto puro, inmutable en sus infinitas perfecciones, y rechazan la verdad de fe por la cual Jesús, en cuanto hombre-Dios, gozó a lo largo de toda su vida de la visión beatífica, fundamento de su divinidad. La teología del mestizaje del papa Bergoglio parece hacer suya esta postura, la misma que le atribuye Eugenio Scalfari, que en un artículo aparecido en La Reppublica el pasado 9 de octubre afirmó que según Francisco, «una vez encarnado, Jesús cesa de ser Dios y se vuelve hombre hasta la muerte en la cruz». El director de la Sala de Prensa Vaticana, que habló el mismo día, no desmintió a Scalfari, limitándose a decir que se trataba de «una interpretación libre y personal de lo que había oído», con lo que proyectó una sombra de grave sospecha sobre la cristología bergogliana. Se nos podría objetar que atribuimos al papa Francisco herejías que jamás ha expresado formalmente. Pero si es cierto que la censura de herejía sólo se puede aplicar a expresiones que niegan una verdad revelada, no es menos cierto que un hereje se puede manifestar mediante la ambigüedad de sus palabras, así como de sus actos, silencios y omisiones. Pudiera decirse que al papa Francisco se le podría aplicar lo que dijo de Eutiquio un eminente patrólogo, el padre Martin Jugie: «Resulta muy difícil conocer con exactitud la doctrina de Eutiquio sobre el misterio de la Encarnación, porque ni él mismo la conocía bien. Eutiquio era hereje porque sostenía obstinadamente fórmulas equívocas, falsas además en su propio contexto. Pero dado que dichas fórmulas se prestaban a explicaciones ortodoxas y algunas de sus afirmaciones a una interpretación benévola, queda la incertidumbre en cuanto a su verdadero pensamiento» (Enciclopedia Cattolica, vol. V (1950), col. 870, 866-870).

La teología de Francisco es mestiza porque mezcla verdad y error dando lugar a una confusa amalgama en la que nada es claro, determinado o preciso. Todo resulta indefinible, y el alma del pensamiento y del lenguaje parece ser la contradicción. Además de la Virgen, Francisco querría mestizar la Iglesia haciéndola salir de sí misma para mezclarse con el mundo, sumergirse en él y quedar absorbida por él. Pero la Iglesia es santa e inmaculada, como santa e inmaculada es María, Madre y modelo del Cuerpo Místico. La Virgen no es mestiza en el sentido que le atribuye Francisco, porque en Ella no hay nada de híbrido, oscuro o confuso. María es luz sin sombra, belleza sin imperfección, verdad incorrupta, siempre íntegra y sin mancha. Pidamos auxilio a la bienaventurada Virgen María para que nuestra fe tampoco sea una mescolanza y se mantenga siempre pura, impoluta y resplandeciente ante Dios y ante los hombres, como resplandeció en la noche de Navidad el Verbo Encarnado manifestándose al mundo.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Roberto de Mattei
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

Tomado de:

adelantelafe.com

Cerca de 3 millones piden que Netflix cancele película blasfema sobre “Jesús gay”

A través de dos plataformas de recolección de firmas, Change.org y CitizenGO, un aproximado de tres millones de personas está pidiendo que Netflix cancele una película estrenada por Navidad, pero que presenta a Jesús como homosexual y a la Virgen María como prostituta.

La película satírica titulada “A Primeira Tentação de Cristo” (La primera tentación de Cristo) fue producida como un “especial de Navidad” por el colectivo de comedia brasileño Porta dos Fundos, y estrenada en la plataforma el 3 de diciembre. Ha sido lanzada con subtítulos en inglés, alemán, italiano y francés.

El filme no solo presenta a Jesús como a una persona que mantiene relaciones sexuales con hombres, sino que también retrata a la Virgen María como prostituta y a los apóstoles como un grupo de alcohólicos.

En Change.org la campaña fue lanzada hace dos semanas y ya cuenta con más de 2 millones 173 mil firmas que piden que el contenido sea retirado. Asimismo, se pide que la plataforma de streaming se retracte por haber “ofendido gravemente a los cristianos”.

En CitizenGO, por su parte, la campaña se lanzó el 11 de diciembre y ya cuenta con más de 741 mil firmas dirigidas a Reed Hastings, fundador y CEO de Netflix; Jeff Hensien, jefe del departamento de servicio al consumidor de Netflix; y Ted Sarandos, gerente de contenido de Netflix.

En la campaña de CitizenGO los firmantes aseguran que “no solo nos están atacando, sino que lo están haciendo en la Navidad, buscando el mayor escarnio y la mayor humillación posible contra nuestras creencias”.

El presidente de CitizenGO, Ignacio Arsuaga, condenó enérgicamente la película diciendo que “es una provocación en forma de película” y “una gravísima burla a escala internacional sobre nuestras figuras sagradas”.

“La película, en una supuesta clave de comedia, se llama ‘A Primeira Tentação de Cristo’ (La primera tentación de Cristo) y la produce un grupo brasileño llamado ‘Porta dos Fundos’, y no tiene otro objetivo que mofarse de los cristianos y sus creencias”, continúa Arsuaga.

Para firmar en Change.org ingrese AQUÍ y para CitizenGO AQUÍ.

Tomado de:

https://www.aciprensa.com/

Cerca de la Navidad, Netflix ofende a cristianos con película sobre “Jesús gay”

Interpretación de Jesús en la película / Crédito: Captura de YouTube

Una película estrenada recientemente por la plataforma de streaming Netflix, que presenta a Jesús como homosexual y a la Virgen María como prostituta, ha generado gran indignación de los cristianos, quienes han iniciado una campaña para que el filme sea retirado del catálogo.

La película satírica titulada “A Primeira Tentação de Cristo” (La primera tentación de Cristo) fue producida como un “especial de Navidad” por el colectivo de comedia brasileño Porta dos Fundos, y estrenada en la plataforma el 3 de diciembre. Ha sido lanzada con subtítulos en inglés, alemán, italiano y francés.

El filme no solo presenta a Jesús como a una persona que mantiene relaciones sexuales con hombres, sino que también retrata a la Virgen María como prostituta y a los apóstoles como un grupo de alcohólicos.

La indignación y molestia por parte de los fieles cristianos fue inmediata y se lanzó una campaña de recolección de firmas tanto en Change.org como en CitizenGO, con el fin de que Netflix retire el contenido blasfemo.

En Change.org la campaña lanzada hace una semana y ya cuenta con más de un millón de firmas. En CitizenGO, lanzada el 11 de diciembre, ya se suman más de 5 mil firmas.

Este tipo de “producciones siempre han sido blasfemas y utilizan la ‘libertad de expresión’ como una táctica para atacar, criticar y desensibilizar al público sobre la blasfemia y la burla de la fe (por supuesto, nunca tuvieron el coraje de hacer algo similar al islam y los musulmanes)”, señala CitizenGO.

La plataforma también dijo que esta producción es “absolutamente inaceptable”, ya que “nadie tiene derecho a ofender y atacar la fe de miles de millones de personas en todo el mundo”.

“Este tipo de producción ‘artística’ tiene solo una consecuencia obvia: desensibilizar a las personas y allanar el camino para una persecución más contundente contra los cristianos”, añadió.

Quien también se pronunció sobre el filme blasfemo fue el Obispo de Palmares (Brasil), Mons. Henrique Soares da Costa. El sábado 7 de diciembre dijo en un comunicado que la película es “burlona y extremadamente irrespetuosa” hacia la fe cristiana, e instó a los fieles a cancelar su suscripción a “como un regalo para Nuestro Señor”.

El Prelado lamentó que “en medio de la preparación para la Navidad del Señor, Netflix abofeteó la cara de todos los cristianos; escupió en nuestras caras, burlándose de nuestra fe”.

Mons. Soares dijo que estaba suscrito a la plataforma, pero decidió cancelar su contrato. “¡Tenía que deshacerlo! ¡Era lo menos que podía hacer! ¡Lo retiré y me sentí feliz, contento, como alguien que rinde homenaje a alguien muy querido!”, dijo.

El Obispo cree que, “indudablemente instigado por la fuerza demoníaca que ha inspirado tantos corazones y mentes en estos tiempos de neopaganismo”, Netflix ofreció como “especial de Navidad” este año “una película blasfema, vulgar e irrespetuosa hacia nuestro Dios y Señor Jesucristo y sarcástica con la fe de todos los cristianos”.

También resaltó que “con la excusa de la libertad de expresión, se permite toda la basura, se alaba todo el sarcasmo a la fe de los demás, cualquier cosa que rompa y erosione los cimientos de nuestra cultura y sociedad tiene fama de progreso”.

En otro punto de su texto, Mons. Soares invitó a reflexionar incluso a quienes  “no creen que Jesús es el Hijo de Dios.

“¿A dónde va una sociedad que no respeta la religión y la sensibilidad de las personas? ¿Cómo construiremos un espacio de tolerancia y respeto de esta manera? ¿Es bueno burlarse de los valores religiosos queridos por la gran mayoría de una sociedad, divertirse burlándose de realidades que son sagradas para muchos? ¿Netflix tenía el derecho moral de hacerlo?”, sostuvo.

“Si crees que esto es un grave error, te pido que, incluso si no eres creyente, ¡también puedes cancelar tu suscripción, en nombre de la salud de nuestra sociedad y la buena convivencia entre los brasileños! Cancele y diga la razón: ‘falta de respeto por la religión de los demás’”, señaló.

Según el Obispo de Palmares “nunca debemos permitir que se falten al respeto los valores y los legítimos sentimientos religiosos o morales de las personas, independientemente de la religión a la que pertenezcan”.

“Vivimos en un mundo de intolerancia. Solo el respeto genera comprensión y tolerancia”, aseguró.

Por el momento Netflix no se ha pronunciado sobre este tema.

Tomado de:

https://www.aciprensa.com/

Comisión Bíblica: no se deben condenar las uniones homosexuales

A pedido del Papa, la Pontificia Comisión Bíblica, máximo organismo eclesial técnico en interpretación de las Sagradas Escrituras, ha emitido un informe sobre la visión antropológica en la Biblia en el que se revisa radicalmente la concepción de la homosexualidad.

“Una nueva y más adecuada comprensión de la persona humana impone una radical reserva sobre la exclusiva valoración de la unión heterosexual a favor de una análoga acogida de la homosexualidad y de las uniones homosexuales”, puede leerse en el estudio encargado por Su Santidad a la Pontificia Comisión Bíblica sobre la visión antropológica de la Biblia, que incluye una extensa atención al tema de la homosexualidad, cuya expresión concibe como “una expresión legítima y digna del ser humano”.

¿Será 2020 el año de la gran revisión de la concepción católica de la homosexualidad y las relaciones homosexuales? En principio, no parece hacer falta ser especialmente suspicaz para verlo probable. Aunque este informe no deja de ser eso, un informe, sin ningún valor doctrinal o pastoral hasta que el Papa tome alguna decisión al respecto, el hecho se suma a decenas de indicios a lo largo del último año que apuntan persistentemente en esa dirección.

El asunto es doble: por un lado, el concepto mismo de homosexualidad que, si bien en ningún caso tendría una valoración moral en sí misma, sí condiciona la respuesta doctrinal a sus expresiones concretas. Hasta ahora, el Catecismo de la Iglesia Católica considera la orientación homosexual como “objetivamente desordenada”, en el marco de una concepción del sexo encaminado tanto a la reproducción -cooperación cocreadora con Dios por parte del hombre- como a una complementariedad que va a ser imagen y figura de la relación de Cristo con su Iglesia. Si, en cambio, se impone una “nueva y más adecuada comprensión de la persona humana”, por citar palabras del informe, y se concluye, al modo de algunos obispos alemanes, que la homosexualidad es una condición tan ‘adecuada’ como la heterosexualidad, las conclusiones para la doctrina moral son potencialmente seísmicas.

Porque esa es la otra ‘pata’: las relaciones homosexuales. En la doctrina tradicional, que se remonta a antes de la propia Encarnación, la relación homosexual no solo estaba tajantemente condenada, sino que con el nombre clásico de sodomía se incluía entre los cuatro tipos de pecado que “claman la venganza de Yahvé”. Y pedir, como parece hacer la Pontificia Comisión, que se “acoja” análogamente a las uniones heterosexuales las homosexuales se nos antoja absolutamente incompatible con esta visión.

El ‘freno’ a un cambio en este sentido, incluso desde posiciones favorables y progresistas, era la repetida y unívoca condena a este tipo de relaciones en la Biblia, tanto en el Antiguo Testamento como en las Cartas de San Pablo.

Aparentemente, la Pontificia Comisión insinúa algún tipo de malentendido en esta concepción cuando sostiene que “según algunos”, “la Biblia poco o nada dice acerca de este tipo de relación erótica, que por lo tanto no debe ser condenada, también porque a menudo indebidamente se confunde con otros comportamientos sexuales aberrantes”.

Y concluye con un lenguaje que ya nos suena: “El examen exegético conducido sobre textos del Antiguo y del Nuevo Testamento ha hecho aparecer elementos que son considerados por una valoración de la homosexualidad, en sus implicaciones éticas. Ciertas formulaciones de los autores bíblicos, como las directivas disciplinarias del Levítico, requieren una interpretación inteligente que salvaguarde los valores que el texto sagrado intenta promover evitando, por lo tanto, repetir literalmente aquello que también trae consigo rasgos culturales de aquel tiempo. Será requerida una atención pastoral, en particular frente a las personas individuales, para llevar a cabo aquel servicio de bien que la Iglesia debe asumir en su misión para los hombres”.

Todo era cosa de los “rasgos culturales de aquel tiempo”, probablemente, y llevamos dos mil años en un trágico error.

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Tomado de;

INFOVATICANA – Religión y Persona

 

CARTAS DESDE EL PURGATORIO: Corredención y Mestizaje

Según el cómputo mundano, hace ahora año y medio que llegué al Purgatorio. Salí de mi mundo conventual sin mucho estrépito y con cierto deseo de conseguir por fin la paz -anhelada y extrañada- a lo largo de mis últimos años de forzoso retiro monacal. Se me dijo al llegar, que eran muchas las manchas y heridas de mi alma y muchos los pecados, amén de innumerables faltas de amor al Señor acumuladas durante años. Por lo cual debía someterme a una curación intensiva que llevaría su tiempo, si es que en este lugar –fuera del tiempo-, pudiera utilizarse esta expresión.

El único deseo que tenemos los que moramos aquí, es conseguir ver el rostro de Dios, abrazar a Jesucristo –Dios y Hombre verdadero-, besar a la Virgen María y poder cantar durante toda la Eternidad las grandezas del Todopoderoso. Pobres de los que creen que el Purgatorio es incompatible con el Amor de Dios. Desgraciados los Pastores que esparcen entre sus ovejas la moderna teología de que se trata de un invento medieval. Ojalá descubran su existencia llegando aquí; no vaya a ser que se enteren desde fuera, desde ese lugar tenebroso del que ya nunca se podrá salir, aunque crean que está vacío.

El caso es que he conseguido de San Pedro mi tercer grado penitenciario. Mi trabajo me ha costado. Aquí la Justicia es de verdad y no como en el mundo, en donde las penas de cárcel y las sentencias están en manos de jueces corruptos, politiqueros y cobardes. Y por supuesto, aquí no existen esos llamados juicios mediáticos que recuerdo había en el mundo, por los que se podía condenar a un asesino terrorista a cuatro meses de pan y agua, mientras se le encasquetaban cuarenta años a un pobre albañil, por haber piropeado desde el andamio a una viadante feminista.

El caso es que, aunque sigo anhelando mi total liberación y mi paso a la vida celestial, dispongo ya de algunos privilegios. Mi Guardián me permite ahora poder estar enterado de algunas noticias eclesiales y políticas. Poder comentarlas como hacía en el mundo de los vivos. Y además, sin necesitar ayuda de novicios expertos en tecnología de las redes. Aquí hay una conexión de gran calidad y sin límite de tiempo, claro. Me han dado acceso a algunas páginas de noticias que me proporcionen datos actuales, para las sesiones de terapia que tenemos los que ya estamos en este tercer grado purgatorial y así poder ayudar –con mi experiencia de viejo monje-, a los que están como yo a la espera de llegar a la posesión de la Verdad.

Casi todos por aquí andan indignados (si se pudiera hablar así). No digamos San Pedro, que dice que el nivelazo que ahora hay en su Antigua Sede está más o menos por el betún. Se irrita al ver el nivelazo teológico, nivelazo de corrupción y -cuando más se enfada-, llega incluso a hablar de nivelazo satánico. Sin dejar, claro está, el nivelazo de vulgaridad.

Ayer, sin ir más lejos, había un ambiente desquiciado. Había llegado a la sala de lecturas una nota que decía que el Santo Padre se había estado riendo de la Corredención de María en nuestra Salvación. Ya se sabe que Jorge Bergoglio es un gran teólogo, pero esto parece que supera todas las imaginaciones. Claro, destrozar y fundirse en un par de frases toda una tradición que ha presentado a María como Corredentora, y decir que eso son tonteras (algunas almas del purgatorio europeas no entendían esa expresión), es tirar escombros y estiércol sobre la Virgen María y mucho más en el día de la Guadalupana.

Yo recuerdo de mis tiempos mozos, cuando los avanzadillos postconciliares rahnerianos y otras especies adyacentes, decían casi con lágrimas en los ojos y aires místicos, que a María había que quererla mucho, pero ¡¡cuidado!! porque por encima de Ella está el mismo Dios y no hay que pasarse. Con lo cual, estos listillos profanadores infectados de protestantismo, intentaban cargarse la mariología, queriendo aparecer al mismo tiempo como los más amantes de la Virgen. De hecho, el mismo Concilio relegó a la Virgen a un capitulillo, alegando que eso se hacía porque se quería mucho a la Virgen y para darle más importancia. Si se descuidan un poco, no la nombran ni en la bibliografía. Según ellos, durante siglos se había dejado de lado a Dios para fijarse en María. Claro, éstos acababan por dejar de lado a María y al final dejar de lado también a Dios, para centrase en el hombre. Así nos ha lucido el pelo.

Las palabras de Francisco no tienen desperdicio:

Cuando nos vengan con historias de que había que declararla esto, o hacer este otro dogma o esto, no nos perdamos en tonteras: María es mujer, es Nuestra Señora, María es Madre de su Hijo y de la Santa Madre Iglesia jerárquica y María es mestiza, mujer de nuestros pueblos, pero que mestizó a Dios.

Como siempre, esto ha desaparecido de la página de la Santa Sede, no vaya a convertirse la tontera en doctrina infalible. Y es que solamente la palabra dogma, produce en Francisco ardor intestinal e irritación neuronal. Dogma, verdades estables, eternas y reveladas. Puaj!! Cosas de teólogos.

Yo no sé cómo alguien puede pensar todavía que Francisco podría declarar el Dogma de María Corredentora o María Medianera de todas las Gracias. Ahora, los únicos dogmas son los del Cambio Climático y los Pecados Ecológicos, que seguramente estaban ya escritos en las Tablas de la Ley, pero como Moisés las rompió cuando vio que estaban adorando al Becerro Pachamamo, pues no se llegaron a conocer. Y como no había grabadoras ni celulares, pues por eso ha quedado escondido hasta el Pontificado Actual.

Volviendo al Sermón del pasado día 12 de los mortales, lo más gracioso visto desde aquí arriba, es el impulso que da a la teología del mestizaje: María mestizó a Dios. Algunas almas del purgatorio decían ingenuamente que puestos a eso, entienden mucho más claramente la idea de María-Corredentora que la idea de Maria-Mestizadora. Yo creo que debía ser algún alma purgante del siglo XIII que todavía no ha evolucionado.

Y la guinda del pastel bergogliano:

María mujer, María madre, sin otro título esencial. Los otros títulos —pensemos en las letanías lauretanas— son títulos de hijos enamorados que le cantan a la Madre, pero no tocan la esencialidad del ser de María: mujer y madre.

O sea, que ya lo saben. Cuando los hijos cantan las Glorias de María, no afectan a su esencialidad. Por eso, en la Distinguida Teología del Mestizaje, si yo digo en las letanías: Madre Inmaculada, no afecta a su esencialdad; y si digo Madre Castísima, no afecta a su esencialidad.

Lo que yo decía: Mucho amor a la Virgen , pero al final no queda nada en pie. Menos mal que aquí arriba, la Virgen no necesita bomberos pirómanos que vengan en su ayuda.

Consolatrix afflictorum. Miserere nobis.

(Sin que eso afecte a su esencialidad)

 

Fray Gerundio de Tormes
Dichos y Sentencias de un fraile tradicional
Tomado de:
adelantelafe.com/

Especial de la Santísima Virgen María de Guadalupe

El Misterio de la Virgen de Guadalupe Mejicana

Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América

Santuario de Santa María de Guadalupe

Nuestra Señora de Guadalupe