Ayudar a superar las dudas

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Desde que la izquierda intelectual y progresista dictaminó que no hay verdades absolutas, ni dogmas atemporales, ni criterios seguros de certeza, se impuso la DUDA como algo necesario, conveniente e incluso tonificante para la mente. Ya Descartes advirtió que estaba dispuesto a dudar de todo, menos de su duda misma. Se quedó un poco corto, porque los teólogos modernistas que le acolitaron y superaron siglos después, dudan de todo -incluso de su propia duda-, aunque no dudan de que el modernismo es lo más seguro para caminar en la duda. Así lo impusieron en la Iglesia. Total, que la duda se instaló en el pensamiento como si fuera un okupa de la mente. Y ahí hemos estado y estamos. Todo es relativo, todo se puede expresar de forma relativa y dudosa. Todo se puede edificar sobre la diversidad y la inquietud. Las preguntas absolutas sobran, porque la realidad misma es relativa. No a los dogmas ni a las imposiciones. No a las certezas. No a todo. al no-a-todo.

Pero siempre aparece alguien que no entiende las cosas como son (en su absoluta-relatividad). Resulta que cuatro cardenales vienen ahora con dudas (dubbia) acerca de lo dicho en Amoris Laetitia. ¿Pero cómo se atreven? Con lo claro que está lo escrito en ella. Es verdad que hasta ahora no había verdades absolutas ni dogmas firmes, pero indudablemente la Amoris Laetitia viene a dar el último toque (el definitivo) a todas las dudas sobre el amor matrimonial. Después de la Amoris, ya no puede haber dudas, ¡qué caramba! ¿Cómo se atreven?

Así que Francisco se ha visto impelido a salir al paso. Lleva varios días lanzando darditos, puyas y venablos contra los cardenales díscolos que se permiten dudar. Porque en este caso, -sépanlo todos-, la duda no es ya muestra de perfección modernista o de pensamiento filosófico avanzado, sino motivo de angustia y miedo. Sí. Tanto el miedo como la angustia son consecuencia de la duda. La duda genera incertidumbre y ésta aboca a la debilidad. Así lo ha expresado Francisco en su catequesis de este miércoles, azuzado -sin duda-, por su enfado monumental con los cuatro indómitos y perturbadores príncipes de la Iglesia.

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Card Burke: Los cardenales podrían actuar con “Acta formal de corrección de un grave error” si el Papa persiste en errores

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Card Burke: Si el Papa persiste en los errores concernientes al matrimonio, los cardenales podrían actuar mediante un “Acta formal de corrección de un grave error”

“Cuando Cefas vino a Antioquía, yo le resistí, porque él debía ser corregido.”(San Pablo, en su Epístola a los Gálatas)

Los poderes del Papa no son absolutos, sino todo lo contrario: el más importante y reciente Concilio Ecuménico dogmático moderno, Vaticano I, deja claro que “el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no para que ellos, mediante su revelación, dieran a conocer una nueva doctrina, sino que con su ayuda, puedan religiosamente guardar y exponer fielmente la revelación o depósito de la fe transmitida por los apóstoles ” (Vaticano I, Pastor Aeternus).

Los cuatro cardenales que hicieron público sus nombres en la dubia(preguntas) sobre los errores aparentes sobre el matrimonio y la cohabitación presentes en la exhortación apostólica Amoris Laetitia están siguiendo el procedimiento estándar. Si el Papa (por algún sentimiento personal) se niega a responder, no cumple con su obligación de confirmar a sus hermanos en la fe transmitida por los apóstoles. Esto tiene consecuencias. La entrevista concedida por el cardenal Burke (uno de los firmantes de la dubia, junto con los cardenales Caffara, Brandmüller, y Meisner) al National Catholic Registerdeja claro cuáles podrían ser esas consecuencias:

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