La dislocación de la función magisterial después del Vaticano II (Romano Amerio)

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Texto leído en el congreso teológico de sí sí no no en 1996

Ruunt soecula, stat veritas.

Immo, stante veritate, stat homo, stat mundus.

Circumversamur undique et deversamur, sed veritas

nos erigit.

Amice, siste fugam, pone te in centro, ubi nullus

motus, sed vita, immo vita vivificans.

Los siglos pasan, la verdad permanece

Mejor, la verdad permaneciendo así, permanecen el hombre y el mundo

Estamos rodeados por todas partes, y desviados pero

La verdad nos sostiene en pie.

Amigo, no sigas huyendo, colócate en el centro, allí donde no hay movimiento, sino sólo la vida, pero la vida vivificante.

 

1. Llamado a aportar una contribución en el Congreso teológico de Sí, Sí,No,No, desearía desarrollar este principio: la crisis de la Iglesia católica es una crisis debida a la dislocación de la autoridad magisterial que, de la autoridad del Magisterio universal ha sido transferida a la autoridad de los teólogos. Dislocación que fue rápidamente experimentada, pues los años inmediatos del post-concilio la reacción fue viva, y estos seis últimos lustros, la mayoría de los teólogos ha logrado alcanzar lo que reivindicaba y se proponía cumplir: es decir que los teólogos sean reconocidos por sí mismos como partícipes del oficio didáctico de la Iglesia. Tengo entre mis papeles muchos recortes de periódico y numerosas pruebas de que todo se presentía como un peligro. 

I En los orígenes de la crisis: el equívoco en los textos del Concilio. 

2. El Concilio- es necesario decirlo- se reafirmó en la doctrina perenne de la Iglesia. Pero el peligro se anunció inmediatamente después. En efecto, no se puede olvidar el gran principio metódico de los innovadores, obispos y expertos conciliares. Estos últimos introdujeron subrepticiamente expresiones ambiguas en los textos propuestos, que se reservaban, después de su publicación, para interpretarlos en un sentido innovador. He ahí la estrategia perpretada, y perpretada explícitamente por los modernistas. A este respecto existe una declaración muy importante-documentada también en Iota Unum[i] – del dominico holandés Edward Schillebeeckx, que lo dice de una forma explícita: “ Nosotros expresamos las ideas de nuestro corazón de una manera diplomática, pero después del Concilio obtendremos las conclusiones implícitas”. O sea, : utilizamos un lenguaje “doble”, en el que la letra está formada a la vista de la hermenéutica, aclarando o ensombreciendo las ideas que nos convienen o nos interesan.

3. Se formaban así los documentos conciliares que, suponiendo una hermenéutica laxista y débil, irían a a reforzar las sentencias innovadoras. Sin olvidar que el escándalo principal y radical, que se tiene que atribuir a Juan XXIII, proviene de que consintió que los observadores protestantes del Concilio no sólo asistieran a los trabajos de las Comisiones, sino que cooperasen, hasta tal punto que ciertos textos del Concilio no son sólo elaboraciones teológicas de los obispos sino de teólogos protestantes.

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No condenar, ni condonar

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Romano Amerio hace la radiografía de nuestros días:

El mundo civil, que llevaba la impronta de la religión en las costumbres y en la legislación, ha borrado en casi todas partes la huella cristiana: adopción del divorcio y el aborto; legalización de la sodomía y de las relaciones incestuosas; iniciación a las prácticas anticonceptivas introducida por el Estado a la escuela, progresivo desconocimiento de los derechos nacidos de las desigualdades entre los hombres; secularización total de los colegios, la educación, la prensa, el calendario y las obras en tiempos llamadas de misericordia; profesión constitucional del indiferentismo religioso y del ateísmo como base de la comunidad civil; o reducción de los actos públicos de religión a una ritualidad meramente civil frecuentada por creyentes y no creyentes.[1]

En ese contexto es bien sabido que la despenalización del aborto se ha extendido como reguero de pólvora especialmente en los antiguos países de raíz cristiana, y desde ellos, las organizaciones promotoras del aborto lo promueven y buscan su despenalización en todos los demás países muchos de los cuales ceden para contentar las voces que lo reclaman, querer despenalizar el aborto criminal porque son muchas las mujeres que lo reclaman es una aberración y no lo convierte en bueno.

«El problema del aborto provocado y de su eventual liberalización legal ha llegado a ser en casi todas partes tema de discusiones apasionadas. Estos debates serían menos graves, si no se tratase de la vida humana, valor primordial que es necesario proteger y promover”.[2]

La Iglesia siempre ha condenado el aborto como un homicidio a través de los Padres de la Iglesia, Doctores, Romanos Pontífices y Concilios.

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