En plena libertad de palabra

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Estimado sí sí no no

El que ora cantando -dice San Agustín- dobla el valor de su oración, pero quien ora cantando el sufrimiento por un mundo cristiano en decadencia ¿qué valor adquirirá su oración? Pienso que pueda tener un valor análogo, con infinitesimal proporción, a la de Dios Padre, que inició Su llanto de Amor con la muerte de Abel. Incluída media lágrima también por Caín, que se había perdido.

Mi oración lacrimosa está dirigida al Padre para que cambie las cabezas de los hombres de la “iglesia conciliar” y al Espíritu Santo para que los vuelva a plasmar.

El Padre fundó la Iglesia sobre la Roca y alrededor de ella todo mártir, todo profeta, todo santo sacerdote puso el ladrillo de su vida de amor y de sacrificio por Jesús, hasta hacer un templo acogedor donde oraron y crecieron en la alabanza y en la adoración y se salvaron muchas criaturas.

Hoy la satánica intervención de los sacerdotes modernistas está demoliendo, ladrillo tras ladrillo, aquella santa Construcción.

Mi orar cantado es también un adiós a todo aquello que se identifica con la “iglesia conciliar”, que cada vez más se agrega al luteranismo.

Mi actual camino cristiano es este: oraciones de la mañana y de la noche, S. Rosario, adoración Eucarística con la ayuda de algún canal de televisión. El domingo lectura de la Santa Misa en latín, comunión espiritual y otras oraciones. Con mi mujer inválida no podemos hacer otra cosa: os ruego que me deis alguna sugerencia. Gracias.

Crecí con la enseñanza y el ejemplo de mis padres y de los verdaderos catequistas del pasado.

Papas he conocido muchos tras el amado Pío XII, al cual estoy todavía hoy agradecido por sus enseñanzas. Los modernistas lo están “desenladrillando” también a él y tiran sal sobre su memoria como los Romanos la echaban sobre las ciudades que debían destruir y nunca más reconstruir.

Querría aquí recordar una profecía tomada de “Il grande libro delle profezie… secondo la rivelazione privata” de Piero Mantero, ed. Segno, pág. 91.

«En un sermón, San Vicente Ferrer, el 13 de septiembre de 1403, dijo: “Vendrá un tiempo como nadie habrá visto hasta entonces, en el que la Iglesia llorará… Veréis un signo y quizá no lo reconoceréis. En aquel tiempo las mujeres vestirán como los hombres y se comportarán con gran licencia; los hombres vestirán afectadamente como las mujeres”».

No tengo ganas de hacer comentarios sobre cómo esta profecía se va cumpliendo.

Pienso en los programas bergoglianos de dar el diaconado a las mujeres y el matrimonio al clero (¿comprendido él?)

Las agitadas mujeres, futuras sacerdotisas de la iglesia satánica -con marido, hijos, nietos y multiplicándose así- accederán al desacralizado sacerdocio modernista. Espero no ver los ‘tiempos nuevos’ con las sacerdotisas vestidas según los tiempos litúrgicos de la Iglesia: todas de verde en el ordinario; pintalabios, esmalte de uñas y pelo morado en Cuaresma; de rojo durante la Pasión y blancas, al menos en el pelo, en el tiempo de Pascua. En Pentecostés, finalmente, una candela en la cabeza para señalar la recepción de la ‘llama’ del Espíritu Santo. Hombres vestido con clergyman, mueres con clergylady. He aquí la Iglesia reformada con las “marionetas” a disposición del ‘titiritero’. El tsunami del Concilio Vaticano II no se detiene.

Me pregunto si antes de tomar decisiones revolucionarias sea invocado el Espíritu Santo para ser iluminados, o si se lo encierra en una jaulita dorada mientras se invoca el propio signo del zodiaco. Acaso las constelaciones no son, también ellas, obra de Dios Creador? ¡Pues consultémoslas, santo cielo!

Con este andar torcido será impuesto el así llamado espíritu de Asís a toda parroquia con la oración ecuménica y quién sabe qué otras tonterías. Decaído el bautismo necesario para la salvación. Sin embargo, Jesús dijo a los Apóstoles que fueran por todo el mundo para bautizar, pero ahora ir se entiende como encuentro para “orar” juntos a todos los dioses falsos y mentirosos: no se anuncia ya el Madero de la Cruz, sino que se “honran” totems e ídolos varios. Dicen: es también madera y además trabajada y con incrustaciones.

El cristiano de la tradición de los Padres de la Iglesia ora a Dios misericordioso pero también justo, mientras que los “Ladrones” de la Iglesia lloriquean sólo la misericordia del Señor.

Una sugerencia a los periodistas que están siempre a la caza de una primicia: Francisco I se marchará quizá de vacaciones a Castel Gandolfo; sería útil vigilar por los bosques de los castillos romanos. El humilde Bergoglio, al que le gusta salir, estar entre la gente, podría ser “pillado” bajo una pérgola junto a los amados imanes, a los luteranos, a los budistas comiendo una hermosa pizza “cuatro religiones”.

Estimado sí sí no no, la pluma querría continuar, pero no quiero tomar más espacio y, por tanto, me detengo.

Que el Verdadero Dios active Santos sacerdores-constructores para restaurar la Iglesia en ruinas y enjugue las lágrimas de tantos cristianos que sufren por la Iglesia.

Carta firmada

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