Archivo del Autor: Ortodoxia Católica
Jueves de Corpus Christi
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FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
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Primer Sábado del Mes de Junio de 2012
GRAN PROMESA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.» ( Revelada por la Santísima Virgen María a la Hermana Lucía, vidente de Fátima, el 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra -España-)
La práctica de esta devoción consiste en lo siguiente:
1. Confesión, que puede hacerse durante la semana.
2. La Comunión el mismo sábado.
3. Rezar una parte del santo Rosario.
4. Hacer compañía a la Virgen durante un cuarto de hora meditando o pensando en los misterios del Rosario.
5. Hacer esto durante cinco primeros sábados de mes sin interrupción.
Todo ello con la intención de consolar, honrar y desagraviar a la Santísima Virgen por las blasfemias y ofensas que se cometen contra su Corazón Inmaculado Corazón:
1. Las blasfemias y ofensas contra su Concepción Inmaculada.
2. Las blasfemias y ofensas contra su virginidad perpetua.
3. Los que niegan su maternidad divina y la rechazan como Madre de todos los hombres.
4. Los que infunden en los niños el desprecio y hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada.
5. Los que profanan sus sagradas imágenes.
Tomado de:
Primer Viernes del Mes de Junio de 2012
¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque:
“Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes”.
Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA. en estos términos:
“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora”.
En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:
1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino.
2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…
Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación.
¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano:
no tendrás excusa ninguna si te pierdes!
¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:
1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;
2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;
3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.
De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.
Tomado de:
Boletín Stat Veritas
Pentecostés celebra no sólo el advenimiento del Espíritu Santo, sino también la entrada de la Iglesia en el mundo divino1, porque, como dice San Pablo, «por Cristo tenemos entrada en el Espíritu del Padre».
«Revestida así la Iglesia por la virtud de lo alto», comienza ya en Jerusalén la empresa de evangelización que Jesús le encomendara. Pedro, cabeza del Apostolado, empieza por hablar a la multitud y, convertido ya en «pescador de hombres», la primera vez que echa las redes da casi tres mil neófitos a la Iglesia naciente.
Pentecostés es la fiesta más grande del año después de Resurrección. De ahí que tenga vigilia y octava privilegiada. En ella se leen los Actos de los Apóstoles, porque es la época de la fundación de la Iglesia que en ellos vemos historiada.
Al sacerdote se le ve revestido de ornamentos encarnados, que nos recuerdan las lenguas de fuego y simbolizan el testimonio de la sangre que se habrá de dar al Evangelio, por la virtud del Espíritu Santo.
«Pascua ha sido el comienzo de la gracia. Pentecostés su coronación». San Agustín.
Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL. DÉCIMATERCIA EDICIÓN. Por Dom Gaspar Lefebvre O.S.B. De la Abadía de S. Andrés (Brujas Bélgica). Traducción Castellana y Adaptación. Del Rdo. P. Germán Prado. Monje Benedictino de los Silos (España). 1946. Págs. 708-711.
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1.El que no renazca en el Espíritu Santo no puede entrar en el reino de Dios.
Evangelio de San Juan Capítulo 3
Hoy que celebramos una de las fiestas más grandes, Pentecostés, y que es el aniversario del nacimiento de la Iglesia, inicia la publicación semanal, de manera electrónica, del Boletín Stat Veritas.
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«Pero el Hijo del hombre, cuando vuelva, ¿Hallará por ventura la fe sobre la tierra?» San Lucas 18,8.
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DOMINGO DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN
( Doble – Ornamentos blancos )
El día de la Ascensión nos llenábamos de alegría por el triunfo de Cristo, que es también el nuestro; pero hoy su ausencia arroja sobre nosotros un velo de melancolía. Él ha subido a los Cielos, y, aunque es verdad que prometió no dejarnos huérfanos, el Espíritu Consolador no ha venido todavía.
Llena de nostalgia, la Iglesia «eleva su voz hacia Él y busca su rostro» (Introito). Antiguamente le buscaba hasta de una manera sencilla, reuniéndose como lugar de estación en la iglesia de Santa María «ad Mártyres», en el viejo Panteón de Agripa, donde se guardaba el lienzo de la Verónica. Es una Misa llena de calor, de añoranza y de esperanza. San Pedro nos habla del poder de la caridad (Epñistola), que realiza la unidad de los que creen en Cristo.
El Evangelio nos prepara a recibir el Espíritu Santo, que es el que ha de infundir en nosotros el temple viril de los mártires. La Iglesia ama y padece. En el amor se verá si vive en nosotros el Espíritu de Dios; pero el amor se prueba en las contradicciones y en los sufrimientos.
En la prueba recordemos las palabras de Cristo: «Padre: cuando estaba con ellos, Yo los guardaba; pero Yo vuelvo a Ti. No te ruego que los saques del mundo, sino que los libres del mal» (Comunión).
Introito. s. 26, 7, 8 Y 9
| INTROITUS – Exaudi, Domine vocem meam, qua clamavi ad te, alleluia: tibi dixit cor meum, quaesivi vultum tuum, Domine, requiram: ne avertas faciem tuam a me. Sed haec locutus sum Ps. 26. Dominus illuminatio mea, et salus mea: quem timebo? V. Gloria Patri. | Introito – Oye, Señor, mi voz que te implora, aleluya: mi corazón te dijo: busqué tu rostro, bus- caré, Señor, buscaré tu rostro; no apartes de mí tu cara, aleluya, aleluya.- Salmo El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Gloria al Padre, etc |
ASCENSIÓN DEL SEÑOR
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VIGILIA DE LA ASCENSIÓN
MIÉRCOLES DESPUÉS DEL
V DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA
( Simple Ornamentos blancos )
Introito. Ps. 48, 20
| INTROITUS – Ps. 48, 20 – Vocem jucunditátis annuntiáte, et audiátur, allelúja: annuntiáte usque ad extrémum terræ: liberávit Dóminus pópulum suum, allelúja, allelúja. Ps. 65, 1-2 Jubiláte Deo, omnis terra, psalmum dicite nómini ejus: date glóriam laudi ejus. Glória Patri. | Introito – Con voz de júbilo, anunciad y haced saber esta nueva, aleluya. Llevad la hasta los últimos confines de la tierra, y decid: El Señor redimió a su pueblo, aleluya, aleluya.» Que toda la tierra cante alegre a Dios; Cantad salmos a su Nombre ; dadle gloria alabanzas. Gloria al Padre, etc. |
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CUARTO DOMINGO
DESPUÉS DE PASCUA
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TERCER DOMINGO
DESPUÉS DE PASCUA
(Doble – Ornamentos blancos )
Han pasado tres semanas de alegría. Ahora la Resurrección marcha rápida hacia la definitiva exaltación del Cristo, hacia la Ascensión… Hoy empezamos a pensar ya en la separación, y nuestra alegría se empaña con un halo de suave melancolía.
Comenzamos levantando al Cielo gritos de Júbilo: «Cantad con júbilo a Dios, toda la tierra, entonad salmos a su Nombre«. Pero San Pedro nos recuerda luego que somos extranjeros y peregrinos que todavía no hemos llegado a la Patria conquistada por la sangre de Cristo (Epístola), y que, por tanto, debemos trabajar, caminar y vivir con espíritu de los que se han revestido de Cristo.
Reconociendo nuestra debilidad, pedimos a Dios que nos conceda, a todos los que llevamos el nombre de cristianos, la gracia de rechazar cuanto se oponga a este nombre y de seguir cuanto con él conviene (Oración). El primer peregrino es el mismo Cristo, que nos habla ya en el Evangelio de su próxima partida.
Pronto va a privarnos de su presencia para poder enviarnos el Espíritu Santo, en el cual encontrarán los Apóstoles, y todos los nacidos y resucitados en Cristo, el valor necesario para llevar dignamente el nombre cristiano.
Introito. Ps. 55, 1-2
| INTROITUS – Jubilate Deo, omnis terra, alleluia: psalmum dicite nomini ejus, alleluia: date gloriam laudi ejus, alleluia, alleluia, alleluia. – Ps. Ibid. 3. Cicite Deo, quam terribilia sunt opera tua, Domine: in multitudine virtutis tuae mentientur tibi inimici tui. Gloria. | Introito – Cantad con júbilo a Dios, toda la tierra, entonad salmos a su Nombre, aleluya. Glorificadle y alabadle, aleluya, aleluya, aleluya.- Decid a Dios: ¡cuán estupendas son tus obras, oh Señor! Tan grande es tu poder, que serás glorificado por tus mismos enemigos. Gloria al Padre, |
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SEGUNDO DOMINGO
DESPUÉS DE PASCUA
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CRISTIADA
Mañana se estrena
LA HISTORIA DE MÉXICO QUE TE QUISIERON OCULTAR
Una narración épica de la Guerra Cristera (1926-1929), que fue detonada por el intento del gobierno mexicano de suprimir la libertad de culto. La película sigue la epopeya de gente ordinaria de todo el país que eligió defender su libertad. Todos ellos deberán decidir si están dispuestos a dar su vida por defenderla.
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DOMINGO IN ALBIS
Y OCTAVA DE PASCUA
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Felices Pascuas de Resurrección
Pregón Pascual
(Antiquísimo y Bellísimo Poema Litúrgico de la Iglesia Católica Primitiva)
Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.
Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Ésta es la noche
en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.
Ésta es la noche
en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.
Ésta es la noche
en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.
Ésta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?
¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!
Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!
¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.
Ésta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mí gozo.»
Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.
En esta noche de gracia,
acepta, Padre santo,
este sacrificio vespertino de alabanza
que la santa Iglesia te ofrece
por medio de sus ministros
en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.
Sabernos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de esta cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.
¡Que noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!
Te rogarnos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso
por los siglos de los siglos.
Amén.
Tomado de:
La crucifixión
San Lucas 23,33-49.
109. Y puesto que ya hemos contemplado el trofeo, veamos ahora cómo el triunfador sube a su carro y no cuelga el botín conquistado del mortal enemigo sobre troncos de árboles o sobre las cuadrigas, sino que los despojos arrebatados al mundo los coloca sobre su patíbulo triunfal. No vemos aquí a los pueblos vencidos con las manos atadas a la espalda, ni el espectáculo de ciudades arrasadas o las estatuas de los lugares ocupados; tampoco observamos las cabezas humilladas de los reyes cautivos, como suele ocurrir entre los triunfadores humanos, ni tampoco contemplamos que se lleva esa victoria hasta los límites de otro país; por el contrario, lo que vemos es precisamente que los pueblos y las naciones, llenos de alegría, son atraídos no por el castigo, sino por la recompensa, los reyes rinden adoración por propia decisión, las ciudades se entregan a un culto voluntario, las estatuas de las poblaciones reciben una especial mejora, no realizada ésta por el arte del colorido, sino hermoseadas por una fe entregada, las armas y los derechos de los vencedores se extienden por todo el orbe; contemplamos asimismo cómo el príncipe de este mundo es cogido preso y cómo los espíritus del mal que vagan por los cielos (Eph 6,12) obedecen a las órdenes de una palabra humana, y cómo están las potestades sumisas y las diversas clases de virtudes resplandecen, no gracias a su seda, sino gracias a sus costumbres. Brilla la castidad, resplandece la fe, y la valiente entrega se levanta ya airosa una vez que se ha vestido con los despojos de la muerte. El solo triunfo de Dios, la Cruz del Señor, ya hizo triunfar a todos los hombres.
110. Parece conveniente considerar el modo de subir (1). Yo lo veo desnudo; así tiene que subir el que se dispone a vencer al mundo, de modo que no se debe preocupar en buscar los auxilios del siglo. Adán, que fue a buscar el vestido (Gen 3,7), fue vencido, mientras que el vencedor es Aquel que se despojó de sus vestidos. El subió con la misma realidad con la que la naturaleza nos había formado bajo la acción de Dios. Así había vivido el primer hombre en el paraíso, y así también entró el segundo hombre al paraíso. Y con el fin de que el triunfo no fuera para El solo, sino para todos, extendió sus manos para atraer todas las cosas hacia sí (Io 12,32), con propósito de romper las ligaduras de la muerte, atarnos con el yugo de la fe y unir al cielo todo aquello que antes estaba ligado a la tierra.
111. También se coloca una inscripción. De ordinario, a los vencedores les precede un cortejo; y así el carro triunfal del Señor estaba precedido por el acompañamiento de los muertos resucitados. También es costumbre indicar con un escrito el número de naciones dominadas. En esa clase de triunfos que se dan dentro de un orden preestablecido, existen los pobres cautivos de las naciones vencidas, cosa que es vergonzosa cuando son ellas las desoladas; sin embargo, aquí resplandece le belleza de los pueblos redimidos. Los que llevan el carro son dignos de un triunfo semejante, y así, el cielo, la tierra, el mar y los infiernos pasan de la corrupción a la gracia. Sigue leyendo
El juicio del Señor
San Lucas 22,66 y 23,25.
97. Sigue a continuación un pasaje admirable que infunde en el corazón de los hombres una disposición de paciencia para soportar, con igualdad de ánimo, las injurias. El Señor es acusado y calla. Con razón calla el que no necesita defenderse: querer defenderse es propio de los que temen ser vencidos. Y no es que, callando, apruebe la acusación, sino que el no protestar es una señal de que la desprecia. Porque ¿qué puede temer aquel que no desea salvarse? Por ser la salvación de todos, sacrifica la suya para obtener la de todos. Pero ¿qué podré decir yo de Dios? Susana calló y venció (Dan 13,35). En verdad, la mejor causa es la que se justifica sin defenderse. También Pilato absolvió en este caso, pero absolvió según su juicio, y le crucificó porque estaba de por medio el misterio. Verdaderamente esto era en parte propio de Cristo y en parte algo también humano, para que los jueces inicuos vieran que no es que no hubiera podido defenderse, sino que no había querido.
98. La razón del silencio del Señor la dio El mismo más adelante, diciendo: Si os lo digo, no me creeréis y, si os preguntare, no me responderéis, Lo más admirable es que El puso más interés en aprobar que era Rey que en afirmarlo con palabras, para que quienes confesaban eso mismo de los que le acusaban, no pu-diesen tener motivo para condenarle.
99. Ante Herodes, que deseaba ver de El algún portento, calló y no dijo nada, y fue porque su crueldad no merecía ver las cosas divinas, y así el Señor confundía su vanidad. Tal vez Herodes sea el prototipo de todos los impíos, los cuales, si no creen en la Ley y en los Profetas, no pueden, ciertamente, ver las obras de Cristo que se encuentran narradas en el Evangelio. Sigue leyendo
El fin de Judas
San Mateo 27,3-10.
93. No cabe la menor duda de que las lágrimas de Pedro eran de las derramadas como fruto de un corazón afectuoso; el traidor no tenía ni idea remota de ese llanto que lograba borrar la culpa, antes, por el contrario, el tormento de su conciencia le hacía confesar su sacrilegio, para que, mientras el reo se condena por su propio juicio y expía la falta con un suplicio voluntario, se manifieste la piedad del Señor, que no quiere vengarse por su propia mano, y su divinidad, que pregunta a su conciencia por medio de su poder invisible.
94. He pecado —dijo— entregando la sangre del justo. Y aunque la penitencia del traidor es ya vana, puesto que pecó contra el Espíritu Santo, con todo, existe algún atenuante en el crimen al reconocer la culpa. Y aunque no resulta perdonado, sin embargo, comprende el cinismo de los judíos, los cuales, a pesar de ser acusados por la confesión del traidor, no obstante se arrogan los derechos del criminal contrato y se creen exentos de culpa, diciendo:¿qué nos importa a nosotros; allá tú. Verdaderamente son insensatos al creerse libres y no cómplices del crimen del traidor. En las cuestiones meramente pecuniarias, una vez resarcido el precio, cesa la obligación; así ellos, tan pronto recibieron el precio, llevan a término el sacrilegio, e impulsados por sus malos constantes deseos, toman como cosa suya la funesta venta de sangre, mientras pagan al vendedor el precio de su sacrilegio.
95. Evidentemente, pues, cuando este precio de sangre es colocado en lugar aparte en el tesoro sagrado de los judíos y con el dinero que fue vendido Cristo se compra el campo del alfarero; cuando este lugar es destinado para que sirva de cementerio a los extranjeros, el oráculo profético se cumple claramente y se revela el misterio de la Iglesia naciente. El campo éste figura, según la palabra divina, a todo el mundo (Mt 13,38); el alfarero representa a Aquel que nos formó del barro y del que lees en el Antiguo Testamento: Dios hizo al hombre del barro de la tierra (Gen 2,7), consevando, a voluntad, el poder no sólo de formarlo por la naturaleza, sino también el de reformarlo por la gracia. Porque, aunque caigamos, dominados por nuestros propios vicios, sin embargo, su misericordia nos devuelve el espíritu y el alma, según las palabras de Jeremías (18,2ss) y nos reforma.
Negación de Pedro
San Lucas 22,54-62.
72. Y Pedro le seguía a lo lejos. Con razón dice que le seguía de lejos, ya que estaba próximo a negarle; pues no podría haberle negado si se hubiese mantenido cercano a Cristo. Con todo, quizás debamos tener para con él una gran reverencia y admiración, puesto que, aun con mucho miedo, no abandonó al Señor. El miedo es propio de la naturaleza, pero la solicitud es hija de la piedad. Lo que uno teme es algo extraño; sin embargo, aquello de lo que no se puede huir es algo propio. Si él sigue, lo hace por una devota entrega, pero la negación es algo propio de la sorpresa. Su caída es algo común, su arrepentimiento está provocado por la fe. Ya había comenzado a arder el fuego en la casa del príncipe de los sacerdotes; y Pedro se acercó para calentarse, puesto que, una vez preso el Señor, se había enfriado también el calor de su alma.
73. Y por el hecho de que quien primero lo denuncia sea una esclava, cuando los que mejor le podían conocer eran los hombres, ¿qué nos quiso dar a entender, sino que también el sexo femenino había tomado parte pecaminosamente en la muerte del Señor y que sería, por lo mismo, también redimido por la pasión del Señor? Y por eso es una mujer quien recibe primero el misterio de la resurrección y guarda lo que se le había mandado (Io 20,14ss), con objeto de poder deshacer el antiguo error de la prevaricación.
74. Y al ser denunciado, Pedro reniega —admitamos, pues, que Pedro renegó, ya que el Señor le dijo: Tú me negarás tres veces (Mt 26,34), y, en verdad, prefiero creer que Pedro renegó antes que pensar que el Señor se equivoca—; y ¿qué es lo que él negó? Exactamente lo que había imprudentemente prometido. El había valorado su entrega, pero no había reflexionado sobre su condición humana y fue castigado por haber presumido de que moriría por El, cosa que es un regalo del poder divino y no un fruto de la debilidad del hombre (1). Si él pagó tan caro una palabra imprudente, ¿qué pena no tendrá reservada la falsa fe? Sigue leyendo
La agonía en el huerto
San Lucas 22, 39-53.
56. Padre, si es posible, pase de mí este cáliz . Existen muchos autores que toman este pasaje como argumento para sostener que la tristeza del Señor fue una prueba de debilidad que El tuvo toda su vida y, por tanto, que no le sobrevino sólo durante este tiempo, y así, parece como si quisieran retorcer el sentido natural de las palabras. Por lo que a mí se refiere, no sólo no creo que haya que excusarle, sino todo lo contrario; para mí no hay otro pasaje en el que admire más su amor y su majestad; y es que su entrega a mí no hubiera sido tan grande si no hubiese tomado mis mismos sentimientos. Así, pues, no hay duda que sufrió por mí Aquel que nada propio tenía por lo que pudiera sufrir, y, dejando a un lado la felicidad de su eterna divinidad, se dejó dominar por el tedio de mi enfermedad. El ha tomado sobre sí mi tristeza para comunicarme su alegría, y descendió sobre nuestros pasos hasta la angustia de la muerte, para llevarnos, sobre sus pasos, a la vida. Y por eso hablo con plena confianza de la tristeza, ya que predico la cruz; en verdad, no tomó de la encarnación una apariencia, sino la misma realidad. En efecto, El debía tomar sobre sí el dolor para vencer la tristeza, no para aniquilarla, pues, de lo contrario, los que tuvieran que soportar la angustia sin dolor, no podrían ser alabados por su fortaleza.
57. Y así dijo: El varón de dolores sabe soportar los sufrimientos (Is. 53,3), y nos dio una lección para que aprendiéramos, también con el caso de José, a no temer la cárcel (1), ya que en Cristo hemos aprendido a vencer la muerte, o mejor, el modo de vencer la angustia actual por la muerte futura. Pero ¿cómo te vamos a imitar, Señor Jesús, si no es siguiéndote como hombre, creyendo que has muerto, y contemplando tus heridas? Y, ¿cómo los discípulos habrían creído que Tú habías muerto si no hubiesen sentido la angustia del que está para morir? Así, aquellos por quienes Cristo sufría, se duermen sin conocer el dolor; esto es lo que leemos: El carga sobre sí nuestros pecados y sufre por nosotros (Is 53,4). No son tus heridas, Señor, las que te hacen sufrir, sino las mías; tampoco es tu muerte, sino mi enfermedad ; y te hemos visto en medio de esos dolores cuando estás doliente, no por ti, sino por mí; hasenfermado, pero por nuestros pecados (Is 53,5), es decir, no porque hubieras recibido del Padre esa enfermedad, sino porque la habías aceptado por mí, ya que me traería un gran bien el hecho de que «pudiéramos aprender en ti la paz y de que sanases, con tu sufrimiento, nuestros pecados» (ibid.).
58. Pero ¿qué tiene de maravilloso que el que lloró por uno, aceptara la misión de sufrir por todos? ¿Por qué maravillarse de que sintiera tedio en el momento en que iba a morir por todos, cuando, en el instante de resucitar a Lázaro, comienza a derramar lágrimas? Allí le conmovieron las lágrimas de su piadosa hermana, ya que le llegaron al fondo de su alma humana, y aquí le impulsaba a obrar el pensamiento profundo de que, al mismo tiempo que aniquilaba nuestros pecados, desterraba de nuestra alma la angustia por medio de la suya. Y quizás por esto se entristeció, puesto que, después de la caída de Adán, de tal modo estaba dispuesta nuestra salida de este mundo, que nos era necesaria la muerte, pues Dios no creó la muerte ni se alegra de la perdición de los vivos (Sap 1,13), razón por la que a El le repugnaba sufrir aquello que no hizo. Sigue leyendo
Santa Misa Dominical
SEGUNDO DOMINGO DE PASIÓN
O DOMINGO DE RAMOS
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Stabat Mater dolorósa
Latin:
Stabat Mater dolorósa
Juxta Crucem lacrimósa,
Dum pendébat Filius.
Cujus ánimam geméntem,
Contristátam et doléntem,
Pertransívit gládius.
O quam tristis et afflícta
Fuit illa benedícta
Mater Unigéniti!
Quae maerébat, et dolébat,
Pia Mater, dum vidébat
Nati poenas ínclyti.
Quis est homo, qui non fleret,
Matrem Christi si vidéret
In tanto supplício?
Quis non posset contristári,
Christi Matrem contemplári
Doléntem cum Fílio?
Pro peccátissuae gentis
Vidit Jesum in torméntis,
Et flagéllis súbditum.
Vidit suum dulcem natum
Moriéndo desolátum,
Dum emísit spíritum.
Eja mater, fons amóris,
Me sentíre vim dolóris
Fac, ut tecum lúgeam.
Fac, ut árdeat cor meum
In amándo Christum Deum,
Ut sibi compláceam.
Sancta Mater, istud agas
Crucifíxi fige plagas
Cordi meo válide.
Tui nati vulneráti,
Tam dignáti pro me pati,
Poenas mecum dívide.
Fac me tecum pie flere,
Crucifíxo condolére,
Donec ego víxero.
Juxta Crucem tecum stare,
Et me tibi sociáre
In planctu desídero.
Virgo vírginum praeclára,
Mihi jam non sis amára:
Fac me tecum plángere.
Fac ut portem Christi mortem,
Passiónis fac consórtem,
Et plagas recólere.
Fac me plagis vulnerári,
Fac me Cruce inebriári,
Et cruóre Fílii.
Flammis ne urar succénsus,
Per te, Virgo, sim defénsus
In die judícii.
Christe, cum sit hinc exíre
Da per Matrem me veníre
Ad palmam victóriae.
Quando corpus moriétur,
Fac, ut ánimae donétur
Paradísi glória.
Amen.
†
Español:
Estaba la Madre de dolores junto a la cruz llorando,
mientras su Hijo pendía.
Su alma llorosa, triste y dolorida,
fué traspasada por una espada.
¡Oh cuán triste y afligida estuvo
aquella bendita Madre del Unigénito!.
Estaba triste y dolorosa, como madre piadosa
al ver las penas de su divino Hijo.
¿Qué hombre no lloraría, si viese a la Madre
de Cristo en tan atroz suplicio?
¿Quién no se contristaría, al contemplar a la Madre
de Cristo dolerse con su Hijo?
Por los pecados de su pueblo,
vió a Jesús en los tormentos,
y sometido a los azotes.
Vió a su dulce Hijo morir abandonado
cuando entregó su espíritu.
¡Ea, Madre, fuente de amor!
Haz que sienta yo la fuerza de tu dolor,
para que contigo llore.
Haz que arda mi corazón
en amor de Cristo mi Dios,
para que así le agrade.
¡Oh santa Madre! haz esto:
graba las llagas del crucificado en mi corazón hondamente.
De tu Hijo,
lleno de heridas,
que se dignó padecer tanto por mi,
reparte conmigo las penas.
Haz que yo contigo piadosamente llore
y que me conduela del Crucificado,
mientras yo viva.
Haz que esté contigo junto a la cruz;
pues deseo asociarme a ti en el llanto.
¡Oh virgen la más ilustre de todas las vírgenes!
no seas ya dura para mi, haz que contigo llore.
Haz que lleve la muerte de Cristo;
hazme socio de su Pasión y que venere sus llagas.
Haz que, herido con sus heridas,
sea yo embriagado con la Cruz y con la Sangre de tu Hijo.
Para que no me queme y arda en llamas,
por ti, oh Virgen, sea defendido en el día del juicio.
¡Oh Cristo! cuando hubiere de salir de aquí,
dame por tu Madre, que llegue a la palma de la victoria.
Cuando el cuerpo feneciere,
haz que al alma se le dé la gloria del Paraíso.
Amén.
†
Mary stood in sorrow weeping
When her Son was crucified.
While she waited in her anguish,
Seeing Christ in torment languish,
Bitter sorrow pierced her heart.
With what pain and desolation,
With what noble resignation,
Mary watched her dying Son.
Ever-patient in her yearning
Though her tear-filled eyes were burning,
Mary gazed upon her Son.
Who, that sorrow contemplating,
On that passion meditating,
Would not share the Virgin’s grief?
Christ she saw, for our salvation,
Scourged with cruel acclamation,
Bruised and beaten by the rod.
Christ she saw with life-blood failing,
All her anguish unavailing,
Saw him breathe his very last.
Mary, fount of love’s devotion,
Let me share with true emotion
All the sorrow you endured.
Virgin, ever interceding,
Hear me in my fervent pleading:
Fire me with your love of Christ.
Mother, may this prayer be granted:
That Christ’s love may be implanted
In the depths of my poor soul.
At the cross, your sorrow sharing,
All your grief and torment bearing,
Let me stand and mourn with you.
Fairest maid of all creation,
Queen of hope and consolation,
Let me feel your grief sublime.
Virgin, in your love befriend me,
At the Judgment Day defend me.
Help me by your constant prayer.
Savior, when my life shall leave me,
Through your mother’s prayers
receive me
With the fruits of victory.
Virgin of all virgins blest!
Listen to my fond request:
Let me share your grief divine
Let me, to my latest breath,
In my body bear the death
Of your dying Son divine.
Wounded with His every wound,
Steep my soul till it has swooned
In His very Blood away.
Be to me, O Virgin, nigh,
Lest in flames I burn and die,
In His awe-full judgment day.
Savior, when my life shall leave me,
Through your mother’s prayers
receive me
With the fruits of victory.
While my body here decays
May my soul your goodness praise,
Safe in heaven eternally.
Amen
†
The Collegeville Hymnal
Minnesota: Liturgical Press, 1990.
Santa Misa Dominical
PRIMER DOMINGO DE PASIÓN
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A propósito de la visita del Papa a México
INFALIBILIDAD NO ES «PAPOLATRÍA»
Por Brunero Gherardini*
A este respecto, parece muy apropiado considerar cuidadosamente las palabras del dogma: «El Romano Pontífice, cuando habla “ex cathedra”, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.»
Palabras sopesadas con extremo rigor. No sólo no divinizan a un ser humano, sino que, en el acto mismo de reconocerle un carisma que ningún otro hombre posee, ponen límites claros y condiciones estrictas en el ejercicio del mismo. El Papa, en efecto, «no por el hecho de ser papa» (simpliciter papatus ex auctoritate), es absolutamente infalible.»
Tal vez haya llegado el momento de decir con sinceridad y firmeza lo que reiteradamente se declaró en el pasado, reciente y lejano, acerca de la necesidad de liberar al papado de esa especie de «papolatría», que no contribuye a honrar al Papa y a la Iglesia. No todas las declaraciones papales son infalibles, no todas pertenecen al mismo nivel dogmático. La mayor parte de los discursos y documentos papales, aun cuando tocan el campo doctrinal, contienen enseñanzas comunes, orientaciones pastorales, exhortaciones y consejos, que en la forma y el contenido están muy lejos de la definición dogmática. Esta no existe sino cuando se presentan las condiciones establecidas por el Vaticano I.
— Es necesario que el Papa hable «ex cathedra»: la expresión toma su significado de la función ejemplar y moderadora que, desde el principio, hizo del Obispo de Roma el maestro de la Iglesia universal y de la misma Roma el «locus magisterii». En uso desde el siglo II como símbolo de la función magisterial del obispo, la cátedra devino, luego, en el símbolo de la función magisterial del Papa.
Hablar «ex cathedra» significa, por tanto, hablar con la autoridad y la responsabilidad de la persona que goza de la jurisdicción suprema, ordinaria, inmediata y plena sobre toda la Iglesia, y cada uno de sus fieles, pastores incluidos, en materia de fe y costumbres, pero no sin reflejos e incluso efectos disciplinarios.
— «Omnium Christianorum pastoris et doctoris munere fungens»: la frase hace explícito el contenido de «ex cathedra». Fuentes bíblicas neo-testamentarias y documentos de la Tradición confluyen en la definición del Vaticano I para afirmar que la infalibilidad del magisterio papal sólo surge cuando el Papa enseña la Revelación divina y hace obligatorias sus enseñanzas para todos.
— «Pro suprema sua Apostolica auctoritate »: es la razón formal de su magisterio infalible y universal. Tal razón es debida a la sucesión apostólica del Papa a Pedro, que entonces fue el primero, pero no el único, obispo de Roma, y Papa, en cuanto obispo de Roma. A todo sucesor suyo en la «cátedra romana» compete, así que, todo cuanto Cristo había dado a Pedro, «ratione office, non personae». Es por ello menos correcto decir «infalibilidad personal del Papa» en vez de «infalibilidad papal». Empero, si se quiere insistir, como hace alguno, en la «infalibilidad personal», se debe distinguir siempre, en el Papa, la «persona pública» de la «privada», recordando que la «persona pública» viene determinada por su oficio.
— «Doctrinam de fide vel moribus»: debe tratarse de una verdad que se ha de creer y cualificadas de la existencia cristiana, directamente contenidas, o no, en la Revelación divina. Un objeto diverso de la enseñanza papal no puede pretender estar cubierto por el carisma de la infalibilidad, el cual se extiende tanto como la Revelación misma.
— «Per assistentiam, divinam»: no cualquier intervención del Papa, no una simple advertencia, no una enseñanza cualquiera, poseen están asegurados por la asistencia del «Espíritu de la verdad» (Jn.14, 17; 15, 26), sino solamente aquel que, en armonía con las verdades reveladas, manifiesta el cristiano debe, en cuanto tal, creer y poner en práctica. Sólo con el pleno y absoluto respeto de las mencionadas condiciones, el Papa recibe la garantía de la infalibilidad; puede, por tanto, recurrirse a ella cuando se intenta obligar al cristiano en el ámbito de la fe y de la moral. Y también cabe agregar, de toda la intervención papal y las palabras que lo expresan, debe resultar junto al respeto de las condiciones indicadas, la voluntad de definir una verdad como directa o indirectamente revelada, o bien de definir una cuestión «de fide vel moribus», con la que toda la Iglesia deberá luego uniformar su propia enseñanza.
* Tomado de: Chiesa Viva, Octubre (2003), p. 6 y ss. Traducción de un amigo que prefiere permanecer anónimo.
Tomado de:
Desde la Roca del Grifo
Devoción a San José
Treintena en Honor a San José
SE DEBE REZAR 30 DIAS SEGUIDOS SIN INTERRUPCIÓN.
¡Oh amabilísimo Patriarca, Señor San José! Desde el abismo de mi pequeñez, dolor y ansiedad, os contemplo con emoción y alegría de mi alma en vuestro solio del cielo, como gloria y gozo de los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, consolador de los tristes, amparador de los desvalidos, gozo y amor de tus devotos ante el trono de Dios, de tu Jesús y de tu santa Esposa.
Por eso yo, pobre, desvalido, triste y necesitado, a Vos dirijo hoy y siempre mis lágrimas y penas, mis ruegos y clamores del alma, mis arrepentimientos y mis esperanzas; y hoy especialmente os traigo ante vuestro altar y vuestra imagen una pena que consoléis, un mal que remediéis, una desgracia que impidáis, una necesidad que socorráis, una gracia que obtengáis para mí y para mis seres queridos.
Y para conmoveros y obligaros a oírme y conseguírmelo, os lo pediré y demandaré durante treinta días continuos en reverencia a los treinta años que vivisteis en la tierra con Jesús y María, y os lo pediré, urgente y confiadamente, invocando todos los títulos que tenéis para compadeceros de mí y todos los motivos que tengo para esperar que no dilataréis el oír mi petición y remediar mi necesidad; siendo tan cierta mi fe en vuestra bondad y poder, que al sentirla os sentiréis también obligado a obtener y darme más aún de lo que os pido, y deseo.
(Aquí, levantado el corazón a lo alto, se le pedirá al Santo con amorosa insistencia la gracia que se desea.)
1.- Os lo pido por la bondad divina que obligó al Verbo Eterno a encarnarse y nacer en la pobre naturaleza humana, como Dios de Dios, Dios Hombre, Dios del Hombre, Dios con el Hombre.
2.- Os lo suplico por vuestra ansiedad de sentiros obligado a abandonar a vuestra santa Esposa, dejándola sola, y yendo solo sin ella.
3.- Os lo ruego por vuestra resignación dolorosísima para buscar un establo y un pesebre para palacio y cuna de. Dios, nacido entre los hombres, que le obligan a nacer entre animales.
4.- Os lo imploro por la dolorosísima y humillante circuncisión de vuestro Jesús, y por el santo y dulcísimo nombre que le impusisteis por orden del Eterno para consuelo, amor y esperanza nuestra.
5.- Os lo demando por vuestro sobresalto al oír del Angel la muerte decretada contra vuestro Hijo Dios, por vuestra obedentísima huida a Egipto, por las penalidades y peligros del camino, por la pobreza del destierro, y por vuestras ansiedades al volver de Egipto a Nazaret.
6.- Os lo pido por vuestra aflicción dolorosa de tres días al perder a vuestro Hijo, y por vuestra consolación suavísima al encontrarle en el templo; por vuestra felicidad inefable de los treinta años que vivisteis en Nazaret con Jesús y María sujetos a vuestra autoridad y providencia.
7 .- Os lo ruego y espero por el heroico sacrificio, con que ofrecisteis la víctima de vuestro Jesús al Dios Eterno para la cruz y para la muerte por nuestros pecados y nuestra redención.
8.- Os lo demando por la dolorosa previsión, que os hacía todos los días contemplar aquellas manos infantiles, taladradas un día en la Cruz por agudos clavos; aquella cabeza que se reclinaba dulcísimamente sobre vuestro pecho, coronada de espinas; aquel cuerpo divino que estrechabais contra vuestro corazón, ensangrentado y extendido sobre los brazos de la Cruz; aquel último momento en que le veíais expirar y morir por mí, por mi alma, por mis pecados.
9.- Os lo pido por vuestro dulcísimo tránsito de esta vida en los brazos de Jesús y María. y vuestra entrada en el Limbo de los Justos en el cielo, donde tenéis vuestro trono de poder.
10.- Os lo suplico por vuestro gozo y vuestra gloria, cuando contemplasteis la Resurrección de vuestro Jesús, su subida y entrada en los cielos y su trono de Rey inmortal de los siglos.
11.- Os lo demando por vuestra dicha inefable cuando visteis salir del sepulcro a vuestra santísima Esposa, resucitada, y ser subida a. los cielos por ángeles, y coronada por el Eterno, y entronizada en un solio junto al vuestro como Madre, Señora y Reina de los ángeles y hombres.
12.- Os lo pido y ruego y espero confiadamente por vuestros trabajos, penalidades y sacrificios en la tierra, y por vuestros triunfos y gloria feliz bienaventuranza en el Cielo con vuestro Hijo Jesús y vuestra esposa Santa María.
¡Oh mi buen San José! Yo, inspirado en las enseñanzas de la Iglesia Santa y de sus Doctores y Teólogos y en el sentido universal del pueblo cristiano, siento en mí una fuerza misteriosa, que me alienta y obliga a pediros y suplicaros y esperar me obtengáis ,de Dios la grande y extraordinaria gracia que voy a poner ante este tu altar e imagen y ante tu trono de bondad y poder en el Cielo: la espero, Santo Patriarca.
Rezar un Paternoster, tres avemarias y un Gloriapatri.-
Tomado de:
Santa Misa Dominical
CUARTO DOMINGO DE CUARESMA
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TERCER DOMINGO DE CUARESMA
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PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
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Origen del Miércoles de Ceniza
El miércoles después del domingo de quincuagésima, que es el primer día del ayuno de Cuaresma.
El nombre dies cinerum (día de cenizas) que lleva en el MisalRomano aparece en las primeras copias existentes del Sacramentario Gregoriano y probablemente data de por lo menos el siglo VIII. En este día, según la costumbre antigua, se exhorta a todos los fieles a acercarse al altar antes del comienzo de la Misa, y allí el sacerdote sumerge su dedo pulgar en cenizas previamente bendecidas y marca en la frente—o en el caso de los clérigos, encima del lugar de la tonsura—de cada uno la Señal de la Cruz, y dice las palabras: «Recuerda, hombre, que del polvo vienes y al polvo volverás”.
Las cenizas usadas en esta ceremonia se hacen quemando los restos de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior, las cuales se rocían con agua bendita y luego sahumadas con incienso. En la bendición de las cenizas se usan cuatro antiguas plegarias. El propio celebrante, sea obispoo cardenal, recibe, ya sea de pie o sentado, las cenizas de algún otro sacerdote, generalmente del de mayor dignidad entre los presentes. En épocas antiguas el rito de la distribución de las cenizas era seguido por una procesión penitencial, pero esto no está prescrito actualmente.
No cabe duda que la costumbre de distribuir las cenizas a todos los fieles surgió de una imitación devota de la práctica observada en el caso de los penitentes públicos. Pero esta práctica devota, la recepción de un sacramental que está lleno de simbolismo depenitencia (cf. el cor contritum quasi cinis del «Dies Irae»), es de una fecha anterior a la supuesta previamente. Se menciona como de observancia general tanto para clérigos como para fieles en el Sínodo de Beneventum, 1901 (Mansi, XX, 739), pero cerca de cien años antes que esto el homilista anglosajón Aelfric asume que se aplica a toda clase de personas. Él dice:
- ”Leemos en ambos libros en la Antigua Ley y en la Nueva que los hombres que se arrepentían de sus pecados se cubrían a sí mismos con cenizas y vestían sus cuerpos con cilicio. Ahora hagamos este poco al comienzo de nuestra Cuaresma, que rociemos cenizas sobre nuestras cabezas para denotar que debemos arrepentirnos de nuestros pecados durante el ayuno cuaresmal.”
Y luego fortalece esta recomendación con el terrible ejemplo de un hombre que se negó a ir a Misa el Miércoles de Ceniza por las cenizas y quien a los pocos días murió accidentalmente en una cacería de jabalí (Ælfric, Vidas de Santos, ed. Skeat, I, 262-266).
Es posible que la noción de penitencia que fue sugerida por el rito del Miércoles de Ceniza fuera reforzada por la exclusión figurativa de los sagrados misterios simbolizada por el colgamiento del velo cuaresmal frente al santuario. Pero para ésta y la práctica del comienzo del ayuno el Miércoles de Ceniza vea Cuaresma.
Fuente: Thurston, Herbert. «Ash Wednesday.» The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. 18 Fab. 2012 <http://www.newadvent.org/cathen/01775b.htm>.
Traducido por Armando Llaza Corrales. rc
Tomado de:
Enciclopedia Católica Online
MIÉRCOLES DE CENIZA 2012
MIÉRCOLES DE CENIZA
La liturgia de este día es doble: imposición de la ceniza(1) y sacrificio eucarístico. Tenemos ahí el vestigio de una antigua ceremonia. La ceniza se imponía en la iglesia de la Colecta o reunión, es decir, la de Santa Anastasia; el sacrificio se celebraba en la iglesia de la Estación, la de Santa Sabina, que se alzaba en el Aventino, Llevando la ceniza sobre sus cabezas, el Papa y los cristianos de Roma iban desde Santa Anastasia hasta Santa Sabina, con los pies descalzos, implorando misericordia, para empezar los ejercicios de la milicia cristiana con el santo ayuno de la Cuaresma y para luchar contra los espíritus del mal con las armas de la abstinencia. (Bendición de las cenizas). Es un resto de la penitencia pública a que se sometía a los pecadores en los primeros siglos. Antes de ser apartado de los fieles, el pecador era salpicado con ceniza, símbolo de penitencia, y vestido con el humilde hábito penitencial. Al suprimirse el uso de la penitencia pública, alrededor del año 1000, la ceremonia se extendió a todos los cristianos. Todo cristiano fervoroso debe presentarse con humildad y espíritu de penitencia a recibir la ceniza y a escuchar las graves palabras que pronuncia el sacerdote al imponerla: «Acuérdate, hombre, que eres polvo y al polvo has de volver». Los textos de la Misa están inspirados todos en esta idea de la penitencia. Dios es siempre misericordioso para con todos los que se convierten a Él. (Introito); pero importa rasgar los corazones más que los vestidos (Epístola). El que ayune generosamente, no por agradar a los hombres (Evangelio); el que reciba con la debida piedad las venerables solemnidades del ayuno (Oración), ese podrá cantar: «Te exaltaré, Señor, porque me recibiste y no alegraste a mis enemigos sobre mí. Clamé a Ti y me sanaste» (Ofertorio). Sigue leyendo
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DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA
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CUARTO DOMINGO
DESPUÉS DE EPIFANÍA
Semidoble – Ornamentos verdes
La barquilla, zarandeada por los vientos, del Evangelio de hoy, nos hace pensar en la Iglesia. Ha crecido, ha prosperado, se ha extendido por toda la tierra, pero luchando siempre con las contradicciones, con los odios, con las persecuciones. En su viaje a través de los siglos, desde el más borrascoso de este mundo hasta las playas risueñas de la Patria, cien veces ha estado y estará a punto de zozobrar. Al principio, la Sinagoga; después el Imperio Romano; luego, las herejías y las invasiones de los bárbaros; más tarde, los emperadores germánicos, las iras de Lutero, los sarcasmos de Voltaire, los furores de la Revolución, los análisis de la ciencia moderna, el socialismo, el marxismo, el racionalismo, el comunismo, el laicismo, el modernismo…; pero todo en vano. La barquilla de Pedro prosigue sin naufragar su peligrosa y emocionante travesía, viendo sucumbir a todos sus enemigos. Es que Jesús la sostiene, aunque a veces parezca que está dormido. Hagamos hoy profesión de fe y de adhesión al Magisterio de la Iglesia.
Introito. Ps. 96, 7-8
| .INTROITUS Ps. 96, 7-8 – Adoráte Deum, omnes Angeli ejus: audivit, et lætáta est Sion: et exsultavérunt fíliæ Judæ. Ps. ibid., 1. Dóminus regnávit, exsúltet terra: læténtur ínsulæ multæ. V. Glória Patri.. | Adorad a Dios, todos sus Ángeles: oyólo y alborozóse Sión, y regocijáronse las hijas de Judá. – Ps. El señor reina ya: llénense de júbilo todas las islas. v. Gloria al Padre. |
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TERCER DOMINGO
DESPUÉS DE EPIFANÍA
Semidoble – Ornamentos verdes
A partir de este domingo, la Liturgia rompe el orden cronológico de la vida de Jesús y extracta del Evangelio los milagros y discursos que cree más convenientes para nuestra enseñanza y edificación. Jesús es un profeta y un maestro errante, que va sembrando por ciudades y caminos bien y verdad. La multitud le sigue ávida de luz y paz, y confiesa ingenuamente que «nadie ha hablado como este hombre; nadie puede hacer las maravillas que Él hace». Y para confirmar con milagros esta hermosa confesión de las turbas, Jesús cura de cerca a un leproso y de lejos al criado del Centurión. La liturgia de hoy renueva aquella página de la vida de Nuestro Señor, para excitar nuestra fe y confianza en Él y para que acudamos a la Confesión a limpiarnos de la lepra del pecado.
Introito. Ps. 96, 7-8
| INTROITUS Ps. 96, 7-8
Adoráte Deum, omnes Angeli ejus: audivit, et lætáta est Sion: et exsultavérunt fíliæ Judæ. Ps. ibid., 1. Dóminus regnávit, exsúltet terra: læténtur ínsulæ multæ. V. Glória Patri... |
Adorad a Dios todos sus Ángeles: oyólo y alborozóse Sión, y regocijáronse las hijas de Judá. – Ps. El Señor reina ya; regocíjese la tierra: llénense de júbilo todas las islas. V. Gloria al Padre |
Santa Misa Dominical
LA EPIFANÍA DE NUESTRO SEÑOR
LA CIRCUNCISIÓN DEL SEÑOR
Enlace a la MISA DEL DÍA aquí
Oración para este año 2012 que empieza
¿Qué traerá el año que comienza?
¡Lo que Tú quieras; Señor!
Te pido Fe para mirarte en todo.
Esperanza para no desfallecer.
Caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad.
Dame desprendimiento y un olvido total de mi mismo.
Dame, Señor, lo que Tú sabes me conviene y yo no sé pedir.
¡Que pueda yo amarte cada vez más; y hacerte amar de los que me rodean!
¡Que sea yo grande en lo pequeño!
¡Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activas, el pie dispuesto!
¡Derrama, Señor tus gracias sobre todos los que quiero. Mi amor abarca el mundo y aunque yo soy muy pequeño, sé que todo lo colmas con tu bondad inmensa!
Amén
Feliz Año Nuevo 2012
El aborto no es opinable
Nunca podrá ser una opción matar a un ser inocente e indefenso. Mucho menos usar nuestra libertad para hacer el mal. No veo como pueda argumentarse que se mató a un niño(a) inocente e indefenso(a) en defensa propia.
El aborto no es opinable, en efecto, condenar a muerte a un criminal profesional, que es un peligro para la sociedad, será una cosa discutible. Unos opinan que basta con la cadena perpetua. Otros opinan que de la cárcel se puede escapar y por lo tanto, la pena de muerte es el único modo de evitar que haya nuevas víctimas inocentes a quienes la autoridad civil tiene la obligación de proteger.
Hay razones en pro y en contra. Por eso es una cosa opinable. Pero condenar a muerte a un inocente, es una monstruosidad tal, que nadie puede considerarlo moral. Ni católico, ni no católico. Pues eso es el aborto, una monstruosidad.
Decir que la mujer puede hacer de su cuerpo lo que quiera, es otra falacia. El nuevo ser que una mujer lleva en sus entrañas no es como una verruga que ella puede extirpar sin problema moral. Lo que esa mujer lleva en sus entrañas es un ser humano inocente a quien no se puede eliminar impunemente. Si se permite asesinar impunemente a un ser inocente e indefenso, ¿Qué otra cosa más grave se puede castigar? Estarían de sobra todas las cárceles.
Y si se quiere dar permiso a una madre para que mate a su hijo no deseado, ¿por qué no dar también permiso a un hijo para que mate a su madre cuando ésta le estorbe?
Es una hipocresía que los mismos que niegan la pena de muerte para asesinos evidentes, que son un auténtico peligro para la sociedad, condenen a muerte a un inocente.
Está muy bien defender los pajaritos y las flores, como hacen los ecologistas; pero mucho más importante es defender la vida de un ser humano inocente.
Los medios de comunicación social bombardean al pueblo insistentemente, con viejos y manidos sofismas, para convencerle de que la despenalización del aborto es un signo de progreso. ¿Progreso condenar a muerte a un niño inocente por comodidad de los mayores? ¡Qué hipocresía!
Y si quien desea la muerte de ese niño inocente es la propia madre, eso no lo hacen ni las fieras. Todas las fieras defienden a sus crías. Las madres que asesinan a sus propios hijos son peores que las fieras. Es horrible el cuadro de Goya donde pinta a Saturno devorando a sus hijos.
Quizás esas madres asesinas no sean castigadas por las leyes de los hombres, pero lo serán por Dios. Porque las cosas malas no se convierten en buenas por leyes humanas. La calumnia seguirá siendo una injusticia aunque hubiera leyes humanas que la admitieran. Las cosas tienen un valor objetivo independientemente de lo que digan los hombres. Por mucho que repitieran algunos que los ríos corren del mar a la montaña, la verdad será siempre lo contrario. Por mucho que algunos quieran justificar el aborto, siempre seguirá siendo verdad que condenar a muerte a un inocente es una monstruosidad. Las leyes humanas podrán despenalizar el aborto, pero lo que jamás podrán hacer las leyes humanas es quitar el remordimiento a las mujeres que abortan y a los hombres que las inducen, apoyan u obligan a hacerlo.
De momento es fácil deshacerse del niño que estorba. Pero cuando después ven a un niño bonito, un niño gracioso, un niño acariciando a su madre, es inevitable que piensen: «Así podría ser el mío, si yo no lo hubiera asesinado». Esto lleva a perturbaciones mentales.
Eso de que no hay derecho que las mujeres ricas puedan ir a Londres a abortar y las pobres no tengan ese privilegio, es una barbaridad. El que una madre pueda asesinar a sus hijos no es ningún privilegio, sino una desgracia. La justicia no está en dar facilidades a todas las mujeres para que maten a sus hijos, sino que en todo el mundo se castigue a las madres que asesinan a sus hijos.
Y que no se nos diga que la despenalización del aborto no obliga a nadie a abortar. ¡Faltaría más, que la ley obligara a las madres a que maten a sus hijos! Es ya una monstruosidad permitir a algunas madres que asesinen a sus hijos.
No se trata de imponer a todos los principios religiosos católicos, sino de defender el derecho a la vida de seres humanos inocentes. Derecho a la vida que deben proteger las leyes, atendiendo al bien común. Se trata de prestar nuestra voz a quienes carecen aún de ella, y no pueden hacer valer el primero y más elemental de sus derechos
Tampoco podemos decir que si de hecho hay abortos haya por eso que despenalizarlos. Eso es un error. Las cosas no se convierten en buenas por ser frecuentes. En ese caso habría que permitir también los asesinatos de los terroristas y los atracos a los Bancos y comerciantes.
No optemos por el asesinato de seres inocentes, el aborto es una monstruosidad. Un ser humano que, además del derecho que él tiene a la vida, lleva en sí el derecho a vivir de toda una cadena de otros posibles seres humanos en el futuro; entre ellos puede haber genios, artistas, sabios y santos. Esa muerte injusta de un niño inocente puede privar de grandes hombres a la humanidad.
Fuente:
El aborto: asesinato de inocentes
«Jamás se puede legitimar el quitar la vida a un inocente»
Autor: P. Jorge Loring, S.J.
Enlace para leer el artículo completo:
http://www.es.catholic.net/escritoresactuales/251/846/articulo.php?id=8948
En caso de violación, ¿Es lícito el aborto?
Incluso en caso de violación no es lícito el aborto.
¿Es que vamos a remediar una injusticia con otra mayor?
Si la violación es una injusticia, que se castigue al violador, pero no condenar a muerte al niño que no tiene culpa de nada. Si el hijo no deseado traumatiza a la madre, puede entregarlo a un matrimonio que desee adoptarlo. Pero no matarlo, que ese pobre niño no ha hecho nada malo para que lo condenen a muerte.
La adopción traería la felicidad para todos: para la madre, a la que se libra del trauma de asesinar a su hijo; al hijo a quien se salva de la muerte, y finalmente a los adoptantes a quienes se les permite alcanzar la ilusión de tener un hijo.
Recuerdo la frase de la Madre Teresa de Calcuta, Premio Nobel de la Paz: «Los hijos que vosotras no queráis, no los matéis. Dádmelos a mí. Yo los cuidaré».
El hijo no querido, puede ser acogido en una asociación para la adopción y entregarlo a uno de los muchos matrimonios que no pueden tener hijos y lo están deseando.
Fuente:
El aborto: asesinato de inocentes
«Jamás se puede legitimar el quitar la vida a un inocente»
Autor: P. Jorge Loring, S.J.
Enlace para leer el artículo completo:
http://www.es.catholic.net/escritoresactuales/251/846/articulo.php?id=8948
Sí a la vida
La Didaché(Didajé), son las Enseñanzas de los Doce Apóstoles, fue escrito entre el año 65 y 80 de la era cristiana. Es considerado como el documento cristiano más antiguo. Y ahí entre todo lo que dice, se encuentra esto:
Hay dos caminos, el de la vida y el de la muerte, y grande es la diferencia que hay entre estos dos caminos. El camino de la vida es éste: Amarás en primer lugar a Dios que te ha creado, y en segundo lugar a tu prójimo como a ti mismo. Todo lo que no quieres que se haga contigo, no lo hagas tú a otro.
Si te interesa profundizar en la Didajé, dar clic aquí
Enla Sagrada Escritura encontramos:
«Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.» Génesis 1,27-28. El significado de henchid, es llenar o hacer que un espacio vacío quede lleno.

La ecuación “pobreza = aborto” es falsa basta con mirar las tristes estadísticas de aborto en el mundo para reconocer que millones de mujeres de los países más desarrollados eliminan a sus hijos antes de nacer. El aborto, por lo tanto, toca a todos: ricos y pobres, personas instruidas y personas sin titulación escolar, adolescentes, jóvenes y mujeres ya adultas, casadas y solteras.
La verdadera causa del aborto no es la situación económica en la que uno viva, sino la carencia de amor y de principios éticos. Millones de mujeres pobres de todo el mundo que inician el embarazo tienen una gran capacidad de amar y una clara rectitud moral. Gracias a sus principios hacen todo lo posible para proteger y cuidar al hijo antes de nacer, y para darle todo lo que esté a su alcance (a veces muy poco, por culpa de la indiferencia de los más ricos y potentes del planeta) para alimentarlo y cuidarlo una vez nacido.
A la vez, por desgracia, millones de mujeres con un alto nivel de instrucción, incluso con títulos universitarios, con facilidad de acceso a una excelente atención médica, con dinero suficiente para mirar con seguridad hacia el futuro, abortan. Lo hacen porque el amor está herido, porque la esperanza flaquea, porque la vida del hijo es vista no como un don, sino como un obstáculo a otros proyectos o intereses. Como si la vida de un ser humano estuviese sometida a los deseos de otros, como si el hecho de que el hijo aún no haya nacido fuese una especie de licencia para asesinarlo en el seno de su misma madre.
Es absurdo considerar envidiables a las mujeres de algunos países por tener acceso a un “aborto seguro”, y ver el aborto clandestino o “inseguro” como una injusticia que padecerían las mujeres pobres. Un delito no deja de ser delito si el delincuente lo comete en condiciones de mayor seguridad para su vida física. Terminar con la vida de un hijo, como recordó con valentía el Papa Juan Pablo II, es siempre un delito, aunque algunas leyes lo presenten como un “derecho” (cf. “Evangelium vitae” nn. 68-74), aunque se haga en hospitales con excelente instrumental médico y con un alto nivel de higiene. Terminar con la vida de un hijo, en una barraca o en una clínica situada en un barrio de ricos, será siempre una de las mayores desgracias que pueda ocurrir en la vida de una madre.
Frente al fenómeno del aborto no cabe más que una actitud firme y clara a favor de las madres y de sus hijos. La mejor ayuda que podemos ofrecer a las mujeres pobres no es permitirles, mediante leyes o mediante “ayudas” internacionales, un “aborto seguro”, sino un embarazo seguro. No hay verdadero progreso ni verdadera justicia allí donde a las mujeres pueda resultarles más fácil abortar que tener y cuidar dignamente a sus hijos.
Igualmente, hay que promover aquellos principios y valores que tanto sirven para el verdadero crecimiento ético de los pueblos. Donde haya familias sanas y estables, donde haya padres y madres abiertos a la vida, donde haya una actitud profunda de amor y de esperanza ante la llegada del nuevo hijo, no podrá existir el aborto. Esto vale para todos: para los ricos y para los pobres.
En justicia hemos de reconocer, a pesar de la ceguera y de la manipulación de algunos, que millones de mujeres pobres son mucho más “desarrolladas” y humanamente dignas que millones de mujeres de los países ricos que viven un auténtico “subdesarrollo” ético. Porque las primeras saben que lo más hermoso y grande que pueden hacer es amar a sus hijos, aunque no puedan darles todo lo que desearían. Porque las segundas, pudiendo hacer tanto por sus hijos, a veces prefieren los propios proyectos personales que ese mínimo gesto de amor y justicia con el que están llamadas a acoger a cada uno de sus hijos.
El aborto no es un problema ligado a la pobreza, sino al nivel ético de los pueblos. En la medida en que un pueblo sea promotor del amor, de la justicia y de la vida, el número de abortos disminuirá drásticamente. Porque habrá en el mundo muchas más mujeres con ese rostro infinitamente bello que tienen las madres cuando abrazan con cariño a cada uno de sus hijos más pequeños.
A la Iglesia no se le hace fácil decir las cosas, la Iglesia lo que hace es transmitirnos las enseñanzas de Jesucristo e invitarnos a ponerlas en práctica, la Iglesia hace mucho por los pobres, tiene varias organizaciones en todo el mundo que ayudan a los más nececitados, como Caritas Internationalis, la cual es una organización humanitaria de la Iglesia Católica que agrupa 162 organizaciones nacionales de asistencia, desarrollo y servicio social.
Fue fundada en 1867 en la ciudad alemana de Friburgo. Caritas está dedicada al combate de la pobreza, de la exclusión, de la intolerancia y de la discriminación. Habilita a los pobres a participar en los asuntos que afectan directamente sus vidas, además intercede por ellos en los foros tanto nacionales como internacionales. Además, ayuda a los marginados de la sociedad, les da hogar por algunos días, les dan alimento a los más necesitados y brinda servicios básicos de salud.
Para conocer más sobre Caritas, clic aquí
Otra organización de ayuda humanitaria de la Iglesia Católica es CRS, la cual fue fundada en 1943 por los obispos católicos de los Estados Unidos con la idea de asistir a los sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial en Europa.
Desde entonces, nos hemos expandido para asistir a más de 100 millones de personas en más de 100 países de los cinco continentes.
Para conocer más sobre CRS, clic aquí
Fuentes consultadas:
Aborto y pobreza
El aborto no es un problema ligado a la pobreza, sino al nivel ético de los pueblos
Autor: Fernando Pascual
Enlace para leer el artículo completo:
http://www.es.catholic.net/sexualidadybioetica/284/1271/articulo.php?id=30691
VOTEMOS A FAVOR DE LA VIDA
El miércoles 14 de septiembre de 2011 fue publicado en el periódico La Jornada del DF una nota en la que se informa una NUEVA INICIATIVA del ministro Fernando Franco, donde propone
ECHAR ABAJO LAS INICIATIVAS A FAVOR DE LA VIDA.
¡No dejemos que esto suceda!
SALVEMOS VIDAS INOCENTES
Para ello se necesita registrar la mayor cantidad de firmas electrónicas posibles, fecha límite 30 de septiembre antes del medio día.
SÓLO LLENA EL FORMULARIO QUE ENCONTRARÁS AQUÍ
EXTRACTOS DE LA INSTRUCCIÓN DONUM VITAE
SOBRE EL RESPETO DELA VIDA HUMANANACIENTE YLA DIGNIDAD DELA PROCREACIÓN
‘La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente’ (CDF, instr. «Donum vitae» intr. 5).
La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf CDF, instr. «Donum vitae» 1, 1).
El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación:
‘Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte’ (CDF, instr. «Donum vitae» 3).
‘Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho… El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos’. (CDF, instr. «Donum vitae» 3).
Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano.
El diagnóstico prenatal es moralmente lícito, ‘si respeta la vida e integridad del embrión y del feto humano, y si se orienta hacia su protección o hacia su curación… Pero se opondrá gravemente a la ley moral cuando contempla la posibilidad, en dependencia de sus resultados, de provocar un aborto: un diagnóstico que atestigua la existencia de una malformación o de una enfermedad hereditaria no debe equivaler a una sentencia de muerte’ (CDF, instr. «Donum vitae» 1, 2).
2275 Se deben considerar ‘lícitas las intervenciones sobre el embrión humano, siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual’ (CDF, instr. «Donum vitae» 1, 3).
‘Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como «material biológico» disponible’ (CDF, instr. «Donum vitae» 1, 5).
‘Algunos intentos de intervenir en el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo u otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad’ (CDF, instr. «Donum vitae» 1, 6).
Roma, en la sede dela Congregación parala Doctrina dela Fe, 22 de febrero de 1987, Fiesta dela Cátedra de san Pedro Apóstol.
Cardenal Joseph RATZINGER
Prefecto
Alberto BOVONE
Arzobispo titular de Cesarea de Numidia
Secretario.
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