147. Resucitaremos todos el día del Juicio

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El hombre está compuesto de alma y cuerpo, y Dios creó estos dos elementos para que estuviesen unidos. La caída de Adán y Eva trajo el castigo de la muerte que desune el alma y el cuerpo. El alma es incompleta sin el cuerpo; Dios volverá a unirlos para siempre con un milagro universal en el último día del mundo.

La resurrección del cuerpo era, materia de controversia entre los judíos. Los fariseos creían en ella; los saduceos, no. Estos presentaron esta cuestión a Jesucristo, en el templo, durante los últimos días de su vida mortal.

Inventaron un caso posible que -según ellos- hacía aparecer la resurrección como algo descabellado y loco. Nuestro Señor les respondió que estaban en error y enseñó claramente “que los muertos resucitarán”.
(Léase el Evarigelio de San Lucas, 20, 27-38)

Sermón del Juicio universal

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Et videbut Filium hominis venientem in nubibus cœli cum virtute multe et magestate.
Verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes resplandecientes del cielo con gran poder y majestad.

(Math. XXIV, 30)

Dios es desconocido en nuestros tiempos, y por esto es tan despreciado de los pecadores, como si no pudiera vengarse, cuando quisiere de las injurias que le hacen:Et quasi nihil posset facere omnipotents, æstimabant, eum. (Job. XXII, 17). Pero el Señor ha fijado un día, que en las santas Escrituras se llama: Dies Domini, en el cual se reconocerá que el eterno Juez hace justicia. Cognoscetur Dominus judica faciens.(Psalm. IX, 17). Sobre este texto escribió San Bernardo: “El Señor, que ahora es ignorado mientras es misericordioso, se dará a conocer cuando venga a juzgarnos”. (Lb. de Rad.). Por esto se llama este día: “Día de ira, de tribulación y de angustia. Día de calamidad y miseria” (Soph. I, 15). Comencemos, pues, a hacer las reflexiones siguientes:

En el punto 1º: El diverso aspecto que representarán los justos y los pecadores.

En el 2º: El examen de las conciencias.

En el 3º: La sentencia de los escogidos y de los réprobos.

Virgen purísima, Reina de los Ángeles, y Madre de los pecadores, interponed vuestra poderosa intercesión para que vuestro Hijo santísimo, que es la fuente de toda gracia, me conceda la que yo necesito para exponer a mis oyentes, santa y debidamente aquella misma palabra divina que Él mismo nos enseñó, cuando vivió en la tierra revestido de nuestra misma naturaleza, con el fin de enseñarnos el camino del Cielo. Para esto os saludamos con el Ángel, diciendo, Ave María.

Punto 1

Del distinto aspecto de los justos y de los pecadores en el valle de Josafat.

1. A este día dará principio el fuego que bajará del Cielo, y con su ardor los elementos se disolverán; y la tierra y las obras que hay en ella, con todos los hombres que vivan entonces, todo será abrasado: Terra et quœ in ipsa sunt opera exurentur (II, Petr. III, 10). Todo se convertirá aquél día en un montón de cenizas.

2. Luego que estén muertos los hombres sonará aquella terrible trompeta, que hacía temblar a San Jerónimo, y todos a su sonido, resucitarán en un estado incorruptible, como dice el Apóstol: Canet enimtuba, et mortui resurgent (I, Cor. XV, 52). San Jerónimo (in Math. cap. 5) decía “Siempre que pienso en el día del juicio, me pongo a temblar. Bien esté comiendo, bien bebiendo, bien haciendo cualquier otra cosa; siempre me parece que resuena en mis oídos aquella terrible trompeta que dice: “Levantaos muertos, venid a juicio”. Y San Agustín confesaba, que ninguna cosa le distraía más de los pensamientos terrenos, que el temor que le inspiraba éste día.

3. Al sonido de aquella trompeta descenderán del Cielo las hermosas almas de los bienaventurados, a unirse con aquellos mismos cuerpos con que sirvieron a Dios en este mundo; y saldrán del Infierno las de los réprobos, desesperadas y horribles a unirse a los cuerpos desgraciados y malditos, con los cuales ofendieron a Dios. ¡Cuán diferente será la presentación de los unos de los otros! Los réprobos aparecerán deformes y negros como tizones del Infierno: al propio tiempo que los justos resplandecerán como el sol en medio de su Padre: Tunc justi fulgebunt sicut sol (Math. XIII, 43). ¡Qué contentos estarán entonces los que hayan mortificado su cuerpo con la penitencia! Deduzcámoslo de las palabras que dijo San Pedro de Alcántara a Santa Teresa, cuando se le apareció después de su muerte: ¡O felix paenitentiæ, qœ tantam mihi promeruit gloriam! ¡Dichosa penitencia, que me granjeó tan grande gloria!

4. Luego que los hombres hayan resucitado, los ángeles los conducirán al valle de Josafat para ser allí juzgados: Populi, populi in vallem concisionis, quia, juxta est Domini (Joel. III, 14). Luego, los mismos ángeles separarán los réprobos de los escogidos, colocando a estos a diestra y aquéllos a la siniestra:Exibunt angeli, et separabunt malos d medio justorum. ¡Qué confusión sufrirán entonces los tristes condenados! dice el autor de la “Obra imperfecta” (Hom. 54). ¡Quomodo putas impios confundendos, quando segregatis justis, fuerint deridicti!Esta pena sola sería bastante para servirles de Infierno, como dice el Crisóstomo: Et si nihil ulterius paterentur ista sola verecundia sufficeret eis ad paenam. (In Math. cap. 24). El hermano será separado del hermano, el marido de la esposa, el hijo del padre, el amigo del amigo.

5. Pero, repentinamente se abren los Cielos, los ángeles acuden a presenciar el juicio, llevando la señal de la Cruz y los otros signos de la Pasión del Redentor, como dice el angélico Santo Tomás: Veniente Domina ad judicium signam crucis, et alia passionis indica demostrabunt. (S. Thom. Opusc. II, Cap. 244). Esto se confirma con aquellas palabras de San Mateo (24, 30) Et tunc parebit signum Filii hominis in cœlo, et tunc plangent omnes tribus terræ. Derramarán lágrimas de desesperación los pecadores al ver la cruz del Salvador; porque como dice San Juan Crisóstomo, los clavos se quejarán del pecador, y las llagas y la cruz de Jesucristo hablarán contra de él. Clavi de te conquerentur, cícatrices contra te prorabit. (Homi. 20 in Math.).

6. También la Reina de los santos y de los ángeles, María Santísima, asistirá al juicio universal del género humano; y, finalmente, comparecerá el eterno y supremo Juez sobre las nubes, cercado de esplendor y majestad: Et videbant Filium Hominis venientem in nulibus cœli, eum virtute multa et majestate. (Math. XXIV, 30). Verán al Hijo de Dios y de la Virgen sobre las nubes resplandecientes del Cielo rodeado de pompa y de virtud. ¡Que pena causará a los réprobos la vista imponente del Juez! A facie ejus cruciabantur populi. (Joel. II, 6). San Jerónimo dice que la presencia de Jesucristo les causará mayor tormento que el mismo Infierno: Domnatis melius est inferni penæs, quam domini praesentiam ferre. Por esto, según San Juan, dirán ellos aquel día a los montes y peñascos: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara del Juez irritado: Dicent montibus et petris: Cadite cuper nos et abscondite nos a facie seden tis super thronum, et ab ira gni. (Apocal. IV, 16).

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Sermón: El juicio final

Sermón: Último domingo después de Pentecostés. (Epístola: Colosenses 1, 9-14; Evangelio: Mateo 24, 13-25).

Padre Jonathan Romanoski. FSSP. Templo de nuestra Señora del Pilar. Guadalajara, Jalisco, México. 20 de Noviembre del 2016.