El desenmascaramiento del Modernismo en la Encíclica Pascendi

 

El Santo Papa San Pío X, viendo que el veneno de la apostasía se infiltraba en las venas mismas de la Iglesia, promulgó el 8 de septiembre de 1907 la encíclica Pascendi Dominici Gregis. En este documento magistral, el santo pontífice no definió una herejía común, sino que acuñó un término terrible: el modernismo es la «síntesis de todas las herejías», porque busca destruir la raíz misma de la fe sobrenatural.

San Pío X, con mente preclara, expuso las tácticas ocultas de estos falsos pastores, las cuales hoy vemos aplicadas abiertamente en la Iglesia Conciliar:

  1. El enemigo oculto dentro de las venas de la Iglesia

El Papa advirtió que el peligro ya no provenía de los enemigos externos (como los protestantes o los librepensadores declarados), sino que:

«Los artesanos de errores no hay que buscarlos hoy entre los enemigos declarados, sino… en el seno mismo y en el corazón de la Iglesia… en las venas mismas y en las entrañas de la Madre común«.
Los modernistas no fundan una nueva secta; se quedan dentro de las parroquias, los seminarios y las cátedras episcopales para pervertir la doctrina desde el interior sin ser expulsados.

  1. La táctica de la doble cara (La duplicidad)

San Pío X denunció que el modernista actúa con una doble personalidad para engañar a los sencillos:

  • En sus sermones públicos, hablan de manera ambigua, usando términos tradicionales y devotos para no alarmar a los fieles.

  • En sus escritos científicos o en comisiones ocultas, destruyen los milagros, niegan la divinidad de Cristo y relativizan los dogmas. Si se les reprende, afirman que han sido malinterpretados.

  1. El veneno de la «Evolución de los Dogmas»

Para la teología católica, la verdad es inmutable porque Dios no cambia. San Pío X denunció que el modernismo introduce la herejía del evolucionismo: afirman que los dogmas deben cambiar según los tiempos, las culturas y las necesidades del hombre moderno. Según ellos, lo que fue pecado ayer (como el adulterio o la sodomía), hoy puede ser tolerado por motivos de «pastoral» o «acompañamiento».

  1. El remedio: El Juramento Antimodernista

Para frenar esta peste, San Pío X impuso la obligación de que todo obispo, sacerdote, confesor y profesor de seminario hiciera el Juramento Antimodernista, jurando defender la inmutabilidad de la fe. Este juramento guardó los altares durante décadas, hasta que la Iglesia Conciliar del Vaticano II lo abolió deliberadamente en 1967, permitiendo que los modernistas tomaran el control total de la estructura eclesiástica.

Un artículo de: Ortodoxia católica, la sana doctrina.

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