Santoral

17 de abril

San Aniceto, Papa y Mártir
Beato Rodolfo de Berna, Mártir
Beata Ana María de Jesús, Virgen
Beata Clara de Pisa, Viuda
San Esteban Harding, Abad
San Inocencio de Tortona
San Roberto de Chaise-Dieu, Abad
Beato Everardo de Marchthal, Abad

BEATA CLARA DE PISA, Viuda

17 de abril

La Beata Clara era hija de Pedro Gambacorta, quien llegó a ser prácticamente al amo de la República de Pisa. Clara nació en 1362; su hermano, el Beato Pedro de Pisa (17 de junio), era siete años mayor que ella. Pensando en el futuro de su hijita, a la que la familia llamaba Dora, apócope de Teodora, su padre la comprometió a casarse con Simón de Massa, quien era un rico heredero, aunque la niña sólo tenía siete años. No obstante su corta edad, Dora solía quitarse, durante la misa, el anillo de esponsales y murmuraba: «Señor, Tú sabes que el único amor que yo quiero es el tuyo».

Cuando sus padres la enviaron, a los doce años de edad, a la casa de su esposo, ya había empezado la joven su vida de mortificación. Su suegra se mostró amable con ella; pero, cuando advirtió que era demasiado generosa con los pobres, le prohibió la entrada en la despensa de la casa. Deseosa de practicar de algún modo la caridad, Dora se unió a un grupo de señoras que asistían a los enfermos y tomó a su cargo a una pobre mujer cancerosa. La vida de matrimonio de Dora duró muy poco tiempo; tanto ella como su esposo fueron víctimas de una epidemia, en la que su marido perdió la vida.

   Como la beata era todavía muy joven, sus parientes intentaron casarla de nuevo, pero ella se opuso con toda la energía de sus quince años. Una carta de Santa Catalina de Siena, a quien había conocido en Pisa, la animó en su resolución. Dora se cortó los cabellos y distribuyó entre los pobres sus ricos vestidos, cosa que provocó la indignación de su suegra y de sus cuñadas. Después, con la ayuda de una de sus criadas, se las arregló para tramitar en secreto su entrada en la Orden de las Clarisas Pobres.

Cuando todo estuvo a punto, huyó de su casa al convento, donde recibió inmediatamente el hábito y tomó el nombre de Clara. Al día siguiente, sus hermanos se presentaron en el convento a buscarla; las religiosas, muy asustadas, la descolgaron por el muro hasta los brazos de sus hermanos, los cuales la condujeron a su casa. Ahí estuvo Clara prisionera durante seis meses, pero ni el hambre, ni las amenazas consiguieron hacerla cambiar la resolución. Finalmente, Pedro Gambacorta se dio por vencido y no sólo    permitió a su hija ingresar en el convento dominicano de la Santa Cruz, sino que prometió construir un nuevo convento.

Ahí conoció Clara a María Mancini, que era también viuda e iba a alcanzar un día el honor de los altares. Los escritos de Santa Catalina de Siena ejercieron profunda influencia en las dos religiosas, las cuales, en el nuevo convento, fundado por Gambacorta en 1382, consiguieron establecer la regla en todo el fervor de la primitiva observancia. La  Beata Clara fue primero subpriora y luego priora del convento, del que partieron en lo sucesivo muchas de las santas religiosas destinadas a difundir el movimiento de reforma en otras ciudades de Italia. Hasta el día de hoy, se llama en Italia a las religiosas de clausura de Santo Domingo «Las hermanas de Pisa».  En el convento de la beata reinaban la oración, el trabajo manual y el estudio. 

 El director espiritual de Clara solía repetir a las religiosas: «No olvidéis nunca que en nuestra orden hay muy pocos santos que no hayan sido también sabios».   Clara tuvo que hacer frente, durante toda su vida, a las dificultades económicas, pues el convento exigía constantemente alteraciones y nuevos edificios. A pesar de ello, en una ocasión en que llegó a sus manos una cuantiosa suma que hubiese podido emplear en el convento, prefirió regalar para la fundación de un hospital.

Pero las virtudes en que más se distinguió fueron, sin duda, el sentido del deber y el espíritu de perdón, que practicó en grado heroico. Giacomo Appiano, a quien Gambacorta había ayudado siempre y en quien había puesto toda su confianza, le asesinó a traición, cuando éste se esforzaba por mantener la paz en la ciudad. Dos de sus hijos murieron también a manos de los partidarios del traidor. Otro de los hermanos de Clara, que consiguió escapar, llegó a pedir refugio en el convento de la beata, seguido de cerca por el enemigo; pero Clara, consciente de que su primer deber consistía en proteger a sus hijas contra la turba, se negó a introducirle en la clausura.

Su hermano murió asesinado frente a la puerta del convento, y la impresión hizo que Clara enfermase gravemente. Sin embargo, la beata perdonó tan de corazón a Appiano, que le pidió que le enviase un plato a su mesa para sellar el perdón, compartiendo su comida. Años más tarde, cuando la viuda y las hijas de Appiano se hallaban en la miseria, Clara las recibió en el convento.

   La beata sufrió mucho hacia el fin de su vida. Recostada en su lecho de muerte, con los brazos extendidos, murmuraba: «Jesús mío, heme aquí en la cruz». Poco antes de morir, una radiante sonrisa iluminó su rostro, y la beata bendijo a sus hijas presentes y ausentes. Tenía, al morir, cincuenta y siete años. Su culto fue confirmado en 1830.

Robert Quardt: Los Santos del Año. Editorial Herder. Barcelona, España. 1958.

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BEATA MARÍA ANA DE JESÚS, Virgen

17 de abril

La extática y maravillosa virgen Maria Ana de Jesús, nació en Madrid, de muy noble e ilustre linaje.  Su padre Luis Navarro Ladrón de Guevara servia en la corte del rey don Felipe III. Cuando llevaban en brazos a la iglesia aquella santa niña, notaban que al tiempo de al zar la Hostia y el Cáliz se que daba arrobada; y cuando apenas sabía andar por sus pies, buscaba algún lugar recogido de su casa; y allí la veían puesta en oración delante de una imagen de nuestro Señor crucificado, bañados los ojos en lágrimas o cercado su rostro de resplandores.

Gozaba de la presencia visible de su Ángel custodio; y platicaba de la beatísima Trinidad, de la Encarnación del Verbo, y de la adorable Eucaristía, que son los más inefables Misterios de nuestra divina Religión, como de cosas que más parecía entenderlas que creerlas. Recibió la primera comunión en edad muy temprana, y cada vez que tomaba el Pan de los ángeles, parecía transformarse en un ángel que gozaba de Dios. Mas, ¿quién no se espantará ahora de las durísimas pruebas por que hubo de pasar esta alma angelical?

Muy presto tuvo en lugar de madre una madrastra de condición asperísima, que la afligía sobremanera, y no le iba el padre a la mano tanto como debiera, especialmente cuando la santa doncella hizo voto de perpetua virginidad, contra la voluntad del padre que quería casarla. Era ella, de gentil disposición y muy hermosa. Se cortó un día con las tijeras la rubia cabellera, pensando que así se entibiaría el amor del que la pretendiera por esposa. Entonces fue cuan do su padre y su madrastra salieron de sí y cargaron sobre ella una tempestad de injurias y golpes, con tanto enojo y crueldad, como si fueran verdugos de su hija mártir.

Cuando cesaron los malos tratos, Dios permitió que su sierva se viese todo los instantes del día fieramente atormentada por torpísimas imaginaciones y tentaciones las cuales le duraron once años, y a todo esto se añadían penosísimas enfermedades y agudísimos dolores, que acrisolaron como el oro su invencible paciencia.

Dejó al fin la casa de sus padres, y con la aprobación del venerable Fray Juan Bautista, que era su confesor, y fue el fundador de los Mercedarios descalzos, se labró una celdilla junto a la ermita de santa Bárbara, y recibió después el hábito de nuestra Señora de la Merced de manos del Maestro general de la orden: y en aquella pobrísima casa la visitaban hasta los príncipes, porque era muy grande la fama de sus arrobamientos, milagros y profecías. Finalmente, después de una vida llena de trabajos y celestiales consuelos, en un éxtasis suavísimo entregó su alma al Señor a los cincuenta y nueve años de su edad. 

REFLEXIÓN 

 Los cilicios e instrumentos de penitencia que usaba la santa, y se conservan en el convento de santa Bárbara de Madrid, llenan de asombro y compunción a los que los miran. Llevaba pegado al pecho un peto de espinas y a las espaldas unas cruces anchas sembradas de puntas de hierro; en los brazos unos cilicios, y en la cabeza una corona de espinas y solía hacer el via crucis con una pesada cruz en los hombros. La causa de esta asombrosa mortificación no era otra sino el amor tan grande que tenía esta inocentísima virgen a su divino Amor crucificado, y tan desagradecido e injuriado de los hombres. Pues, ¿Quién no exclamará aquí diciendo: «Esta santa virgen tan inocente y tan penitente y yo tan pecador y tan inmortificado».   

ORACIÓN

   Oh clementísimo Dios, Señor de las virtudes, que llenaste de los dones de tu gracia a la bienaventurada María Ana, concédenos por sus ruegos, que los que la honramos con solemnes cultos, imitemos también sus obras.  Por J. C. N. S. 

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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BEATO RODOLFO DE BERNA, Mártir

17 de abril

 La Berner Chronik informa que en el año 1294 fue perpetrado en Berna un terrible delito. Algunos miembros de la comunidad judía arrojaron a una cantera a un niño cristiano y, para parodiar la Pasión de Cristo, lo crucificaron dejándolo morir en la cruz. 

Considerado como mártir por el Concilio de la ciudad y por el clero local, el infante fue sepultado con grandes honores en la Catedral de Berna, al lado del altar de la Santa Cruz. Desde entonces ese altar fue llamado por el pueblo  “altar de San Rodolfo”.

 En el año1485 la la iglesia fue demolida, y en su lugar se edificó una más grande y bella.  El cuerpo del mártir fue entonces colocado en una urna y expuesto a la veneración de los fieles sobre el altar de la Santa Cruz. En 1528, los calvinistas saquearon la iglesia,  destruyeron el altar, y las reliquias de Rodolfo, fueron arrojadas y desparramadas. Nunca más se recobraron.

Nunca fue aprobado el culto de este beato y su nombre no aparece en el Martirologio Romano. En el Proprio de Basilea había un Oficio en su honor, pero en 1908 fue suprimido.

SAN ANICETO, Papa y Mártir

17 de abril

El que me sirve, sígame; que donde yo estoy,
allí estará también el que me sirve,’
y a quien me sirviere, lo honrará mi Padre.
(Juan, 12, 26)

 Aniceto, sirio de nacimiento, gobernó la Iglesia unos diez años, alrededor del 160. Combatió con celo las herejías de Valentino y de Marción y de tuvo, por su vigilancia, los estragos que causaban entre los fieles. Aunque no derramó materialmente su sangre por la fe, los sufrimientos que debió sufrir y los peligros a los que estuvo expuesto le han merecido el título de mártir.    

  MEDITACIÓN SOBRE  LA HONRA
QUE DEBEMOS A LOS SANTOS

   I. Dios honra a sus servidores en la tierra y en el cielo. ¡Qué gloria es para los santos hacer milagros dando órdenes a la naturaleza, ver a los reyes y a los soberanos pontífices prosternados ante sus reliquias, y ver tantas iglesias y altares erigidos en su memoria! ¡Qué honor para ellos en el cielo ser servidores, hijos y favoritos de Dios! ¡Ah! Señor, ¡cuánta razón tenía David para exclamar: Tus amigos son demasiado honrados, oh Dios mío! Ambiciosos, he aquí honores inmortales que podéis y que debéis buscar.

   II. Honra las reliquias y las imágenes de los santos, adorna sus altares y sus iglesias. Esta devoción es agradable a Dios y te será muy útil. Dios ha dado a los santos poder para curarte de muchas enfermedades, para socorrerte en tus aflicciones; invócalos, no han dejado de ser caritativos: son tus hermanos, padecieron los males que te hacen gemir. Y no carecen de poder: son los favoritos de Dios omnipotente.

   III. Imitemos a los santos, es el mayor honor que podemos tributarles. Leamos sus vidas, y en cada una de ellas elijamos una virtud que podamos imitar. ¿A qué santo imitamos? ¿No hay alguno entre ellos que haya vivido en condiciones semejantes a las nuestras? Siguiendo su ejemplo, desapeguémonos de las comodidades de la vida, para go zar con ellos de las delicias eternas. Sacrifiquemos con gusto los bienes de la tierra para conservar los del cielo. (Tertuliano).   

La devoción a los santos
Orad por la conversión de los herejes.

ORACIÓN

   Pastor eterno, mirad con benevolencia a vuestro rebaño, y protegedlo con protección constante por vuestro mártir y Sumo Pontífice Aniceto, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia.  Por J. C. N. S.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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Santoral

16 de abril

San Benito José Labre
Santo Toribio de Liébana
Santa Engracia y sus 18 Compañeros, Mártires
Santa María Bernarda Soubirous, Virgen
San Fructuoso de Braga, Obispo
San Cayo, Mártir
San Optato, Mártir
San Saturnino, Mártir (Con Optato)
San Encratis, Mártir (Con Optato)
San Cremencio, Mártir (Ver Optato)
San Dragón
San Magno de orkney, Mártir
San Paterno de Avranches
Beato Arcángel de Bolonia
Beato Guillermo de Polizzi
Beato Joaquín de Siena

SAN FRUCTUOSO DE BRAGA, Monje y Obispo

16 de abril

En los confines occidentales de España, ganados un siglo antes para la ortodoxia católica por el ilustre San Más Martín de Braga, floreció en el siglo VII uno de los mas eximios varones de la iglesia visigoda. Fructuoso, de noble familia emparentada con algunos reyes visigóticos, hijo de un jefe del ejército, púsose muy pronto en condiciones de servir a la Iglesia al iniciarse en las disciplinas eclesiásticas bajo la dirección de Conancio de Palencia. Allí recibió su educación sagrada, en compañía de numerosos jóvenes a los que había atraído la sabiduría y la discreción de este obispo; pero en su alma florecía la vocación monacal, manifestada desde niño con piadosos pensamientos al decir de su biógrafo, un sencillo monje discípulo y admirador suyo, que escribió una vida llena de detalles maravillosos y de milagros. Joven aún, renunció a sus bienes y dotó con ellos iglesias y benefició a los pobres, para saber desprenderse mejor de la atracción de las cosas del mundo. Y todo hace sospechar que se retiró al Bierzo, donde sus padres posean bienes cuantiosos. Allí le encontrarnos rodeado de discípulos, llevando austera vida de penitente, fortaleciendo a todos con su ejemplo y con su instrucción.

   Nos narra su biografía que familias enteras se sentían arrastradas por el hondo movimiento espiritual que había iniciado al restablecer, con redoblado vigor, la vida monástica en retiros de soledad y en medio de exigente disciplina. Su biógrafo nos cuenta, admirado, cómo en varias ocasiones intentó huir a la soledad completa desde sus cenobios, para mejor y más intensamente consagrarse a Dios, sin que el fervor de sus discípulos se lo permitiera, pues no estaban dispuestos a quedarse privados de su guía.

   En esta primera etapa de su actividad fundó Fructuoso muchos y diversos monasterios en el Bierzo, en Galicia, en el norte de Portugal, que pronto se vieron invadidos por una multitud creciente, tan grande que nos dice ingenuamente su biógrafo que los mismos jefes del ejército real llegaron a temer quedarse sin hombres que reclutar para sus campañas. Quizá en estas fundaciones puso por norma su regla, que presenta una enorme originalidad y muestra cómo no fue breve su conocimiento de los hombres que se le sometían para servir a Dios: regla dura y enérgica, adecuada a hombres del Norte, con vivo sentimiento de la comunidad y con un concepto de la obediencia muy desarrollado. En breve, un movimiento ascético de tal ímpetu trascendió los límites de Galicia, y el nombre de Fructuoso y su obra corrió por la Península entera; comienzan entonces las inquietudes apostólicas de Fructuoso, para quien se habían quedado pequeñas las soledades galaicas. Tenemos noticias de una peregrinación suya a Mérida, por devoción a Santa Eulalia, y de un viaje emprendido a continuación hacia el Sur hasta llegar a Sevilla y Cádiz. El respeto y las atenciones de que es objeto en su peregrinar nos revelan la fama de santidad y de grandeza que le antecedía: su incansable actividad le lleva a realizar también en estas regiones nuevas fundaciones en que aplicar su intensa disciplina, camino para adelantos mayores en la vía de la perfección.

   No pocas leyendas piadosas nos transmite su biógrafo para mostrar la protección que Dios le dispensaba: unas veces, prodigiosamente, le evita el ser confundido con un animal al hallarse en medio de un matorral en oración simplemente cubierto de pieles; en otra ocasión puede atravesar con sus códices un río sin que sus tesoros de formación eclesiástica sufran el menor detrimento al contacto con el agua; en otra ocasión consigue un castigo para un malvado que injusta e inicuamente le ataca; en otro momento logra de manera maravillosa concluir un viaje que corría el riesgo de convertirse en tragedia por el agotamiento de los marineros que a golpe de remos impulsaban la barca, y no falta, en esta larga sucesión de milagros, la barquichuela arrastrada por las olas y recuperada por el Santo, que no vacila en lanzarse a caminar sobre el mar para poder traerla de nuevo a la orilla.

   Incansable prosiguió Fructuoso la fundación de monasterios, hasta que, un día, decidió marchar al Oriente en peregrinación. Es probable que, además de visitar los Santos Lugares, como habían hecho tantos hombres ilustres del Occidente español, hubiera dispuesto en su ánimo dirigirse a Egipto, cuna y fuente de donde provino a la Iglesia occidental todo el monacato en que tantos espíritus se santificaron y fueron luz y guía del mundo cristiano, pero no pudo lograr su propósito porque el proyecto llegó a conocimiento del rey y de sus consejeros, que tomaron urgentes medidas para evitar que tal lumbrera de la Iglesia abandonara España. En medio de tanta actividad cuidaba Fructuoso de su propia formación intelectual y de la de sus monjes, y buscaba libros y explicaciones que satisficieran su sed y sus dudas e ignorancia: las vidas de santos, las narraciones de la vida y doctrina de los anacoretas egipcios, la Biblia, constituían el manjar predilecto de aquellos hombres cuya fama recorría más y más la Península de un lado al otro. Braulio de Zaragoza, el gran obispo amigo de San Isidoro, uno de los hombres de más completa y exquisita formación en la España de aquel tiempo, llama a Fructuoso brillante faro de la espiritualidad española, y reconoce y proclama el esfuerzo novador que de bosques y desiertos hacía un grupo de monjes que cantaba sin cesar las alabanzas de Dios.

   El entusiasmo de Braulio, dictado, como él mismo dice, por la verdad y no por la adulación o la amistad, debía ser compartido por muchas gentes, que veían en nuestro Santo un hombre de Dios, entregado a su servicio y poderoso instrumento suyo. En aras de este servicio rinde Fructuoso poco después su deseo de soledad y oración, y acepta, no sin repugnancia, el honor de ser elevado a la dignidad episcopal como obispo abad de Dumio, notable monasterio próximo a Braga. Poco tiempo después, obligado por su cargo, asiste Fructuoso a un concilio nacional, presidido por el grande Eugenio de Toledo. Allí, depuesto Potamio, metropolitano de Braga, por diversas faltas de las que se acusó espontáneamente, con voto unánime, los Padres asistentes al concilio elevan a Fructuoso a la silla metropolitana de Braga, con la esperanza y la seguridad, dicen, de que daría ello mucha gloria a Dios y redundaría en gran beneficio de la Iglesia. Puede decirse que nada o casi nada se sabe de lo que hiciera en su paso por la sede bracarense; pero su celo incansable le mantenía tenso, y por ello una y otra vez acude ante el rey Recesvinto, cuyo comportamiento tanto aflige a los grandes obispos de este momento, para amonestarle, pedirle clemencia, aconsejarle.

   El biógrafo de nuestro Santo, celoso como era de poner de relieve el espíritu monástico de Fructuoso, insiste ahora en la rigurosa vida ascética que mantuvo durante su tiempo de episcopado, en lo continuado de su actividad como fundador, hasta decir que, conocedor de su próximo fin, se entregó a tal frenesí de trabajo que no cesaba en su labor de dirección y construcción sin darse descanso ni de día ni de noche. Su última fundación parece haber sido el monasterio de Montelios, muy cerca de Braga, donde se conservó su cuerpo tras su muerte, hasta que siglos más tarde, en 1102, el arzobispo de Compostela, Gelmírez, le trasladó a Santiago.

   Dícenos su biografía que, atacado de fiebre, comunicó su inmediata muerte a sus discípulos, llorosos por la pérdida que se avecinaba y asombrados por su alegría y tranquilidad en tales momentos; todavía entonces tuvo tiempo para disponer asuntos relacionados con el gobierno de varias de sus más importantes fundaciones; luego hizo ser llevado a la iglesia, donde recibió con sumo fervor y devoción la penitencia y donde permaneció toda la noche postrado en oración, hasta que, amaneciendo un día, que los libros litúrgicos de Braga dicen el de hoy, el año 665, entregó a Dios su alma.

   Su biógrafo no olvida señalarnos que pronto comenzaron los milagros en torno a su sepulcro, pero ninguno más importante ni valioso que el gran milagro del cual había sido instrumento dócil y activo en manos de Dios: la gran renovación espiritual que inició en el siglo VII, todavía lleno de resabios de herejía, henchido de luchas políticas, de odios y rencores. Entregado a la oración y a la penitencia en medio de un siglo corrompido, logró con su ejemplo y su virtud hacer cristalizar unas ansias de renovación sentidas con toda intensidad. Su celo y su entusiasmo prendieron en multitud de creyentes, que aun bastante después de su muerte buscaban todavía su santificación siguiendo paso a paso los itinerarios de Fructuoso, y haciendo de sus retiros y lugares de oración parajes sagrados en los que sus almas encontraban más facilidad para acercarse a Dios; y aun siglos más tarde, los monasterios por él fundados sentíanse satisfechos de esta tradición, mostrando la huella de su paso apostólico.

MANUEL DÍAZ Y DÍAZ

Año Cristiano, Biblioteca de Autores Cristianos, Tomo II, Abril-Mayo

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SANTA Mª BERNARDA SOUBIROUS, Virgen

16 de abril

Bernadette Soubirous, era una enfermiza niña de 14 años, natural de Lourdes, una pequeña ciudad al pie de los Pirineos. Su padre, Francisco Soubirous, molinero de profesión, estaba en la ruina, y la familia había tenido que ir a vivir a un antiguo calabozo abandonado, una pequeña pieza de 16 metros cuadrados.

Bernardita, como era cariñosamente llamada, era una niña piadosa que asistía a misa los domingos, pero no podía comulgar porque aún no había hecho la primera comunión. A sus catorce años la enfermedad y el trabajo le habían impedido ir a la escuela, por lo que no sabía leer ni escribir. En noviembre de 1857, los Soubirous habían permitido a Bernardita ir a Bartrès, un pueblecito cerca de Lourdes, a servir como criada en la casa de su antigua nodriza, María Lagüs. Sin embargo, el deseo de Bernardita de hacer la primera comunión hizo que regresara a Lourdes pocas semanas antes de comenzar las apariciones.

Las Apariciones

El jueves 11 de febrero de 1858, Bernardita había ido con su hermana y una amiga a la Gruta de Massabielle, al borde del río Gave, para recoger algo de leña. Cuando se estaba descalzando para meterse al agua y cruzar al torrente, oyó un ruido como de una ráfaga de viento, y levantando la cabeza hacia la gruta, vio a una Señora vestida de blanco, que llevaba un velo también de color blanco, una faja azul en la cintura y una rosa amarilla en cada pie. Bernardita hizo la señal de la cruz y rezó el rosario con la Señora. Al terminar de rezar, la Señora desapareció.


El domingo 14 de febrero Bernardita se sintió interiormente movida a volver a la Gruta, a pesar de la prohibición de sus padres. Pero su madre le dio permiso para volver, debido a sus insistentes ruegos. Cuando había rezado la primera decena del rosario, la Señora apareció nuevamente, y Bernardita roció el sitio con agua bendita como se le había sugerido. La Señora sonrió inclinando la cabeza. Al terminar el rosario, la Señora desapareció.


El jueves 18 de febrero la Señora habló por primera vez. Bernardita le pide que escriba su nombre en un papel, pero la Señora le dice que no es necesario, y añade: «No prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro. ¿Quieres hacerme el favor de venir aquí durante quince días?».


Las manifestaciones se produjeron durante esos quince días, con algunas pocas excepciones.

El viernes 19 de febrero hubo una aparición breve y silenciosa. Bernardita llevó a la Gruta una vela bendecida y encendida. El sábado 20 de febrero la Señora le enseñó una oración personal. Al irse la Señora, Bernardita se sintió muy triste. El domingo 21 de febrero unas cien personas acompañaron a Bernardita al sitio de las apariciones. Ese mismo día el comisario de policía le pidió que dijera lo que había visto. Bernardita sólo mencionaba «aquello», para referirse a la aparición. El martes 23 de febrero unas ciento cincuenta personas rodean a Bernardita. Durante la aparición se le comunicó un secreto, algo que era sólo para ella. El miércoles 24 de febrero la Señora pidió a Bernardita repetir ante la multitud: «¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!

El jueves 25 de febrero estaban presentes unas trescientas personas. La Señora le pidió a Bernardita que bebiera el agua de una fuente, indicándole el sitio. Bernardita raspó la superficie del terreno con las uñas. En un principio encontró sólo un poco de agua turbia, pero al cuarto intento ya pudo beber un poco de agua. Había brotado el milagroso manantial de Lourdes. También le pidió que comiera hierba de la que había cerca de la fuente, y así lo hizo ante la burla de muchos. La aparición desapareció, y a Bernardita la tildaron de loca. Pero el agua milagrosa comenzó a hacer sentir sus efectos en niños y adultos que eran sumergidos en ella. La fe crecía en Lourdes.

El sábado 27 de febrero se juntaron unas ochocientas personas. La Señora no habló. Bernardita bebió agua del manantial y rezó. El domingo 28 de febrero Bernardita caminó de rodillas en señal de penitencia y también besó la tierra. Estaban presentes unas mil personas.

Luego, el juez Ribes la amenazó con meterla en la cárcel acusándola de mentirosa. El lunes 1º de marzo asistió un sacerdote a la gruta por primera vez, junto a más de mil quinientas personas. El martes 2 de marzo la Señora le encargó decirle a los sacerdotes que acudieran al sitio en procesión y construyeran allí una capilla. Bernardita se lo comunicó al padre Peyramale, párroco de Lourdes, quien sólo quería saber una cosa: el nombre de la Señora. Le exigió, además, como prueba, que el rosal de la Gruta de Massabielle floreciera en invierno.

El miércoles 3 de marzo Bernardita se encaminó hacia la Gruta muy temprano y encontró allí unas tres mil personas, pero la Señora no apareció. Más tarde, al salir del colegio, sintió la llamada interior y acudió a la Gruta. Nuevamente le preguntó a la Señora su nombre. Esta le dio por respuesta una sonrisa. Luego, el padre Peyramale le repetía: «Si de verdad la Señora quiere una capilla, que diga su nombre y haga florecer el rosal de la Gruta». El jueves 4 de marzo se reunieron en la Gruta alrededor de ocho mil personas que esperaban un milagro al final de los quince días. La Señora permaneció silenciosa todo el tiempo. El párroco Peyramale insistía en su pedido. Durante veinte días Bernardita no acudió a la Gruta pues no sentía el llamado interior que la impulsaba a dirigirse hacia el lugar.


El jueves 25 de marzo la Señora revela su nombre, pero el rosal sobre el cual había puesto sus pies durante las apariciones no florece. Bernardita narra el suceso: «Levantó los ojos hacia el Cielo, juntando en actitud de oración las manos que tenía abiertas y tendidas hacia el suelo, y me dijo: «Que soy era Immaculada Councepción». La joven vidente salió corriendo, repitiendo constantemente, por todo el camino, aquellas palabras que no entendía. Pero estas palabras le dieron al párroco la certeza del suceso, ya que él sabía que Bernardita ignoraba esa expresión teológica que sirve para designar a la Santísima Virgen.


El miércoles 7 de abril, durante la aparición, Bernardita sostuvo una vela encendida en su mano, y muchos observaron cómo la llama lamía su mano sin quemarla. El doctor Douzous, médico, constató este hecho personalmente.


El jueves 16 de julio, fiesta de la Virgen del Carmen, Bernardita sintió nuevamente el llamado interior y se dirigió a la Gruta; pero al encontrar cerrado el acceso, se dirigió al otro lado del río Gave, enfrente de la Gruta y contempló desde allí la aparición. Después relataba: «Me parecía que estaba delante de la Gruta y a la misma distancia que las otras veces. No veía sino a la Virgen. ¡Jamás la había visto tan bella!» Esta fue la última aparición de la Santísima Virgen María en la Gruta de Massabielle.


Después de las apariciones Bernardita ingresó al convento de Nevers. Como la Santísima Virgen le había dicho, tuvo que sufrir mucho en esta vida. A su enfermedad física se añadieron sufrimientos espirituales: oscuridad interior, escrúpulos, temores, tentaciones. A los 34 años la tuberculosis acabó con su vida terrena. En Nevers su cuerpo se conserva incorrupto, fresco y bello, tal como el día en que murió. El 14 de junio de 1925 María Bernarda Soubirous fue declarada beata por el Papa Pío XI, y el 8 de diciembre de 1933 el mismo Papa la declaró santa, estableciendo que su memoria se celebrara el 16 de abril, día en que había subido al Cielo.


La fuente de agua que brotó en Lourdes es una fuente milagrosa. Así lo testimonian las innumerables personas que se han curado sumergiéndose en ella. Pero la Virgen también había venido a derramar innumerables gracias de sanaciones espirituales y a pedirle a sus hijos conversión, oración y penitencia. El santuario de Lourdes se convirtió uno de los más visitados y famosos del mundo.


El 28 de julio del año 1858, Monseñor Laurence, Obispo de Tarbes, quien se encargó de las apariciones, creó una comisión para recoger y constatar los hechos que habían ocurrido en la Gruta de Lourdes, y el 18 de enero de 1862 declaró auténticas las apariciones, en nombre de la Iglesia.

«Yo soy la Inmaculada Concepción»

   Con estas palabras, la Santísima Virgen confirmaba el dogma que el Papa Pío IX había declarado en Roma sólo 4 años antes de las apariciones. Esto era muy importante en ese momento, pues al año siguiente, en 1859, Charles Darwin publicaba su libro «El Origen de las Especies» en el cual su teoría evolucionista echaba por tierra la realidad del pecado original, que el Concilio Trento había definido como dogma hacía 3 siglos. La Virgen preparaba al mundo a enfrentar esta teoría, anteponiendo a los errores del Evolucionismo Darwiniano la irrefutable certeza de su Concepción Inmaculada, y al mismo tiempo afirmaba el hecho cierto de la condición pecadora del hombre.

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SANTA ENGRACIA Y DIEZ Y OCHO COMPAÑEROS, Mártires

16 de abril

La gloriosa virgen y fortísima mártir de Cristo santa Engracia, era hija de un gran caballero y señor muy principal de Portugal, y habiendo concertado casarla con un duque del Rosellón, capitán de aquélla frontera de Francia, la enviaba para celebrar las bodas muy bien acompañada de diez y ocho caballeros, parientes y familiares suyos, cuyos nombres eran Lupercio, Optato, Suceso, Marcial, Urbano, Julio, Quintiliano, Publio, Frónton, Félix, Ceciliano, Evencitcio, Primitivo, Apodemio, Maturio, Casiano, Fausto y Jenaro: y estos cuatro últimos tenían por sobrenombre Saturninos.

Hallábase esta ilustre comitiva en Zaragoza, cuando Daciano como tigre fiero y cruel se relamía en la sangre de los cristianos de aquella ciudad principalísima y les afligía con los más horribles tormentos. Entonces arma da de Dios, la virgen santa Engracia, se presentó con sus diez y ocho compañeros cristianos, ante el tribunal del inicuo juez, y le reprendió severamente por haberse despojado de la razón de hombre y vestídose de la crueldad de fiera, ver tiendo tanta sangre de hombres inocentes, que no tenían otra culpa sino adorar al sólo Dios verdadero.

Quedó Daciano pasmado, y pensativo sobre lo que había de hacer con aquélla nobilísima y hermosísima doncella que así le hablaba; pero al fin pudo en él más su cruel naturaleza que la humanidad, ni otro algún buen respeto; y mandó prender y azotar rigurosamente a la santa virgen y a aquellos diez y ocho caballeros; y para escarmiento de los demás cristianos de Zaragoza hizo arrastrar a Engracia atada a la cola de un caballo por toda la ciudad.

Despedazáronle después sus virginales carnes con uñas de hierro, dislocáronle los miembros, cortáronle el pecho izquierdo, y cuando todo su santo cuerpo estuvo hecho una llaga, la cubrieron con una larga vestidura, y la dejaron así para que con los dolores de sus heridas se prolongase su martirio y se dilatase la muerte. Y como ella perseverase en la confesión de Jesucristo, Daciano, irritado por aquélla invencible constancia, mandó que le hincasen un clavo en la frente. Todavía se muestra en la cabeza de la santa el agujero de aquel clavo, en cuyo tormento la fidelísima esposa del Señor acabó de recibir la corona del martirio.

Finalmente a los diez y ocho caballeros mandó el procónsul degollar fuera de la ciudad, y en el mismo día recibieron con santa Engracia la palma de gloriosos mártires de Jesucristo. Consérvanse con gran veneración las preciosas reliquias de la santa en la cripta del templo de su nombre, magníficamente restaurado en nuestros días en la capital de Aragón. En un depósito del mismo sepulcro están las de san Lupercio, y en otro sepulcro de mármol las de los otros san tos compañeros cuyos huesos son de color de rosa y despiden fragante olor.   

REFLEXIÓN

   Pues ¿Quién no ve en el mar tirio de la gloriosa virgen Engracia y de los otros mártires, la omnipotencia y fortaleza de Dios, la desventura del hombre y la vana astucia y crueldad de Satanás? El cual inflamó a Daciano para que atormentase con exquisitas penas a una tierna doncella, y procurase extinguir el culto del verdadero Dios; mas el demonio quedó burlado, Daciano confuso, la virgen triunfando, Dios glorificado, propagada su santa religión, y la ciudad de Zaragoza ilustrada con los trofeos de tan tos y tan gloriosos mártires con los cuales están ennoblecida y amparada de los encuentros de sus enemigos.   

ORACIÓN

   Vuelve, Señor, tus ojos benignos sobre la familia de tus fieles siervos, y concede, que amparada por la intercesión de la bienaventurada Engracia y sus compañeros mártires, sea defendida de toda culpa.  Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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SAN TORIBIO DE LIÉBANA

16 de abril

El bienaventurado y celosísimo santo Toribio de Liébana, obispo de Astorga, fue natural de la provincia de Galicia, y a lo que se puede entender, hijo de una de las familias principales de la ciudad de Astorga. Habiendo aprendido y aprovechado mucho en las letras humanas, distribuyó su patrimonio a los pobres y navegó a Jerusalén, donde el obispo de aquélla iglesia hizo tal estimación de su santidad, que le confió el riquísimo tesoro de las cosas sagradas y reliquias de la pasión de nuestro Señor Jesucristo, de las cuales trajo después muchas a España.

Volviendo de los Santos Lugares a su patria, curó milagrosamente a una hija del rey de los Suevos, y a otros muchos enfermos, y con las crecidas limosnas que le dieron, edificó un templo al Salvador, y puso en él las reliquias que había traído. A esa sazón, murió el Obispo de Astorga; y todos pusieron los ojos en santo Toribio, el cual aunque mucho se resistió, hubo de rendirse a la voluntad divina. Entonces fue cuando le acusó de un crimen de adulterio, un ambicioso diácono de Astorga, que pretendía aquélla cátedra, y el santo obispo, inspirado de Dios, se justificó plenamente.

Porque habiendo ido a su catedral, un día de grande concurso dijo al pueblo la necesidad que tenía de volver por su honra y con muchas lágrimas pidió al Señor que deshiciese aquélla calumnia. Luego mandó traer al altar un brasero, y tomando en sus sagradas manos las ascuas encendidas, las envolvió en el sobrepelliz que traía puesto, y en tonando el salmo de David, que comienza: «Levántese Dios, y sean disipados sus enemigos», rodeó toda la iglesia llevando las ascuas en el roquete; y todo el pueblo vio por sus ojos como ni el roquete ni las manos del Santo padecieron ninguna lesión de fuego, pues no quedó de él ni la más leve señal. Asombráronse todos de semejante maravilla, y el calumniador confesó a voces su pecado, y cayó muerto en la iglesia.

Pero la obra más excelente que hizo santo Toribio, fue el acabar con la herejía de los Priscilianos en España, para lo cual se armó de una carta en que refutaba victoriosamente aquellos errores, y .la envió a algunos obispos españoles. Y con las Letras Apostólicas del Papa, que era san León el Magno, y la autoridad de un concilio nacional que se juntó en Toledo, y otro provincial que se celebró en Galica, cortó la cabeza de aquélla herejía que inficionaba muchos pueblos de España. Finalmente después de haber cumplido santo Toribio las obligaciones de un buen pastor, y defendido su rebaño de los lobos infernales, des cansó en paz. En el siglo VIII, por causa de la invasión de los moros fueron trasladadas sus reliquias, y las que trajo de Jesucristo, al monasterio de san Martín de Liébana que se llamó después san Toribio de Liébana. 

REFLEXIÓN 

   Entre las otras cosas que santo Toribio dice en aquélla epístola que escribió a los obispos para extirpar los errores de Prisciliano, encarece mucho el daño de los libros apócrifos, los cuales los herejes publicaban por divinos, y les exhortaba mucho a desterrarlos y condenarlos como cosa tan perjudicial y dañosa; y cierto que entre los cuidados que deben tener todos los gobernantes, y más los eclesiásticos, a quienes más toca, de be ser muy principal el procurar que haya abundancia de libros católicos, doctos, graves y provechosos, y que se destierren y no se lean los herejes, falsos y reprobados, ni los torpes, livianos e inútiles.   

ORACIÓN

   Rogámoste, Señor, que oigas las oraciones que te hacemos en la solemnidad de tu bienaventurado confesor y pontífice santo Toribio, y que por los méritos e intercesión de aquel que tan dignamente, te sirvió, nos absuelvas de todos nuestros pecados. Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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SAN BENITO JOSÉ LABRE, Peregrino

16 de abril

Si alguno de vosotros se tiene por sabio según
el mundo, hágase necio (a los ojos del mundo)
a fin de ser sabio (a los ojos de Dios)
.
(1 Corintios, 3, 18).

 Benito pasó la mayor parte de su vida haciendo peregrinaciones. Iba casi siempre con los pies des calzos tanto en invierno como en verano, vestido con harapos, Y sin provisiones para el día siguiente. Vivía de limosnas, pero no mendigaba, nunca conservaba sino lo estrictamente necesario, y partía con los pobres lo que se le daba por caridad. Pasó sus últimos años en Roma, orando días enteros en las iglesias; por la noche retirábase a unas ruinas para descansar algunas horas. Cayó desvanecido en las escalinatas de Nuestra Señora de los Montes y fue transportado a una casa vecina donde pronto se durmió en el sueño de los justos, el 16 de abril de 1783, a la edad de 35 años.   

MEDITACIÓN SOBRE  LA VIDA
 DE LOS BIENAVENTURADOS

 I. La sabiduría del mundo consiste en amontonar riquezas; ¡por eso trata de locura a la pobreza evangélica! ¡Oh bella y gloriosa locura que nos ase meja a Jesucristo, Hijo de Dios, Sabiduría encarna da! San Benito José Labre profesó esplendorosa mente esta locura; con ardor abrazó esta pobreza. Sabía que las riquezas cautivan el corazón, Y a su corazón lo quería libre para Jesucristo, su único Señor. ¡Ay! ¡que no tengamos nosotros el Valor de imitarlo! Aprendamos por lo menos a honrar la pobreza, y a asociarnos a los méritos de los pobres; de Jesucristo aliviando su miseria.

   II. Los prudentes del siglo van sin cesar tras el placer: Benito toma el camino trazado por Jesucristo, su Maestro y su Modelo. Debiendo elegir entre el gozo y la cruz, elige la cruz, porque sabe que es menester pasar por mil tribulaciones para llegar al cielo. El mundano consiente, para gozar de algunos placeres efímeros, en ser objeto de suplicios sin fin; el cristiano soporta penas pasajeras para merecer un gozo eterno. Dime cuál es el sabio y cuál el loco, y conforma tu conducta a tu respuesta. ¡Qué¿no podremos vivir sin placer, nosotros que debemos morir con placer? (Tertuliano).

   III. El mundo busca, afanosamente, reputación y gloria; nuestro santo, abatimiento y oprobios. Saborea en las ignominias un gusto que hace que las bus que con avidez. Se lo carga de injurias, se lo persigue a pedradas, dice a uno que quiere defender le: Déjalos; si supieses tú quien soy te unirías a ellos. ¡Cuán diferente a la suya es nuestra conducta!, y sin embargo, ¿no tenemos nosotros, por ventura, que ganar el mismo cielo? Si deseas gloria, desea la verdadera y durable.

El respeto a los pobres
Orad por los indigentes.

ORACIÓN

 Oh Dios, que habéis querido que San Benito José se adhiriese únicamente a Vos por el amor a los desprecios y a la pobreza, concedednos, en vista de sus méritos, la gracia de despreciar las cosas de la tierra y buscar los bienes del cielo.   Por J. C. N. S.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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LA AGONÍA DE CRISTO por Santo Tomás Moro

I. SOBRE LA TRISTEZA, AFLICCIÓN, MIEDO Y ORACIÓN DE CRISTO ANTES DE SER CAPTURADO

(Mt. 26; Mc. 14; Lc. 22, Jn. 18)

Temas:

Judas Apóstol y Traidor

Conducta de Cristo con el traidor

Libertad de Cristo en su captura, pasión y muerte.

El fin de Judas

Judas Apóstol y Traidor

«Judas, habiendo tomado una cohorte de soldados que le dieron los sacerdotes y los fariseos, fue allá con antorchas y armas. Estando Jesús todavía hablando, llega Judas Iscariote, uno de los Doce, y con él un tropel de gente armada con espadas y garrotes, enviada por los príncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una señal …»51.

Me inclinaría a creer que la cohorte que, según los evangelistas, fue dada al traidor por los pontífices, era una cohorte romana asignada por Pilato a los sacerdotes. Los fariseos, escribas y ancianos del pueblo habían añadido a ella sus propios servidores, bien porque no tuvieran suficiente confianza en los soldados del gobernador, bien porque pensaron que un mayor número sería conveniente para que no fuese Cristo rescatado por el repentino tumulto y la confusión causada por la oscuridad de la noche. O tal vez llevaban la intención de arrestar a todos los Apóstoles al mismo tiempo, sin dejar que ninguno escapara en la oscuridad. No fue cumplido este último propósito, pues el poder de Cristo no lo consintió; y Él mismo fue capturado porque quiso ser hecho prisionero Él solo.

Llevan antorchas encendidas y linternas para poder distinguir entre las tinieblas del pecado el sol brillante de la justicia. Llevan antorchas, no para que pudieran ser iluminados con la luz de Aquél que ilumina a todo hombre que viene a este mundo, sino para extinguir aquella luz eterna que nunca puede ser oscurecida. Tanto unos como otros, los enviados y quienes les enviaban, se afanaban por derrocar la ley de Dios por causa de sus tradiciones. También ahora hay quienes siguen sus huellas, y persiguen a Cristo al esforzarse por ensombrecer el esplendor de la gloria de Dios con su propia gloria.

Santoral

15 de abril

Santa Luisa de Marillac, Viuda
Santas Basilia y Anastasia, Mártires
San Paterno de Ceredigion
Santa Una

SANTAS BASILISA Y ANASTASIA, Mártires

15 de abril

Las ilustres y venerables matronas romanas santa Basilisa y santa Anastasia, habían recibido la luz de la fe y la gracia de nuestro Señor Jesucristo por mano de los gloriosos príncipes de los apóstoles san Pedro y san Pablo. Queda ron tan devotas suyas, que ni aun des pues que ellos padecieron el martirio, quisieron dejar por temor humano de reverenciar les; antes, recogiendo con todo cuidado las venerables reliquias de aquellos santísimos Maestros de nuestra fe, les dieron secretamente honrada sepultura.

Mas como por este oficio de piedad fuesen acusadas delante del impío y cruelísimo Nerón, este primer perseguidor y fiera sanguinaria, sin respeto de la virtud y nobleza de aquellas piadosas matronas, mandó que las prendiesen y las presentasen a su tribunal cargadas de cadenas. Pretendió el bárbaro emperador apartarlas del nuevo instituto y vida cristiana que les habían enseñado los san tos apóstoles, mas ellas con gran fortaleza confesaron a Jesucristo, diciendo que era verdadero Dios, por el cual ellas estaban dispuestas a confesarle también, derramando la sangre y muriendo si fuese menester.

Entonces mandó el tirano que sacasen de su presencia a aquéllas damas tan principales y las encerrasen en la cárcel hasta el día siguiente, en el cual se les concedía nueva audiencia. Venida la hora de comparecer de nuevo al tribunal, mostráronse tan constantes e invencibles en la confesión de Cristo, que luego ordenó el ferocísimo emperador matar las bajo tormentos. Azotáronlas con bárbara inhumanidad, colgáronlas en un potro, y abrasaron sus delicadas carnes con hachas encendidas; y viendo los verdugos que todo, esto sufrían ellas sin quejarse, y que no cesaban de invocar el nombre de Cristo Jesús, con gran furor les «sacaron las lenguas de la boca y se las cortaron.

Cortáronles después los pechos y las atormentaron cruelísimamente hasta que se cansaron de hacer en aquellos santísimos cuerpos la más horrible y sangrienta carnicería, y como no pudiesen quebrantar un punto la constancia maravillosa de aquellas flacas mujeres y fortísimas mártires del Señor, las condenó el tirano a ser degolladas, y así confirmaron con su sangre y con su muerte la doctrina de Dios que habían recibido de los bienaventurados Príncipes y esclarecidos Maestros de la Iglesia romana.

REFLEXIÓN

Mártir murió Jesucristo, soberano autor de nuestra sacrosanta religión; mártires fueron san Pedro y san Pablo y los demás apóstoles, mártires la mayor parte de los discípulos; mártires casi todos los papas de los tres primeros siglos de la Iglesia, y mártires en fin millones y millones de fieles cristianos en toda edad, sexo y condición, nobles, plebeyos, sabios, ignorantes, dignatarios, magistrados, filósofos, centuriones, procónsules, y aun damas y matronas romanas, y delicados niños y doncellas.

¡Oh qué venerable es el edificio de la Iglesia católica amasado con tanta sangre de mártires! El que desprecia estos testimonios de nuestra fe, merece ser despreciado, el que no se convence con este argumento es hombre desatinado, el que sólo por querer vivir a sus anchuras se obstina en rechazar la religión católica, diga que no sabe lo que hace, y que su orgullo o sensualidad le han robado el juicio, pero sepa que un día clamará contra él toda esa sangre de los mártires tan gloriosa mente derramada y tan injustamente des preciada por los insensatos.

ORACIÓN

Rogámoste, Señor, que nos concedas perpetua devoción para venerar los triunfos de tus bienaventuradas mártires Basilísa y Anastasia; a fin de reverenciarlas con nuestros humildes obsequios ya que no podemos celebrarlas dignamente. Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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Santa Luisa de Marillac, Viuda

15 de abril

Es necesario que este cuerpo corruptible
sea revestido de incorruptibilidad,
y que este cuerpo mortal sea revestido
de inmortalidad.
(1 Corintios, 15,53).

Santa Luisa de Marillac nació en 1591. Se casó con Antonio Le Gras, y vivió dichosa con él hasta 1625, año en que quedó viuda. Fue entonces el brazo derecho de San Vicente de Paul en el establecimiento de las Hijas de la Caridad, que fundó con él. Era una mujer de gran inteligencia, de ánimo templadísimo y de admirable resistencia, a pesar de su delicada salud. Murió en el año 1660.   

MEDITACIÓN
SOBRE LA RESURRECCIÓN
DE LOS MUERTOS

  I. Todos resucitaremos: es una verdad muy consoladora para las almas santas. Sí, este cuerpo ahora en el oprobio, en el dolor y la pobreza, este cuerpo, será un día glorioso, inmortal, sutil, impasible y semejante a los espíritus. ¡Con qué júbilo las almas de los santos volverán a los cuerpos que fueron sus compañeros de trabajo e instrumentos de su victoria! Ánimo, cuerpo mío; resucitaremos, y tu gloria será proporcional a los sufrimientos que hayas soportado por Jesucristo. Yo veré a Dios, mi Salvador, en mi carne. (Job).

   II. Los malos resucitarán, pero, ¡ay! ¡qué horror sentirán al retomar sus cuerpos que han sido la causa de su condenación! ¿Nada menos que tú, dirán esos míseros, nada menos que tú, que eres podredumbre, has perdido a un alma inmortal? ¡Qué! ¡por estos ojos, estas manos, este corazón, esta boca, esta lengua, este cuerpo he perdido mi alma! Piénsalo a menudo: «Un día, me encontraré con este mismo cuerpo en el valle de Josafat; ¿en qué estado será?»

   III. Los bienaventurados irán, en cuerpo y alma, al cielo después de la resurrección de los muertos, y los condenados descenderán al infierno con sus cuerpos semejantes a tizones ardientes. Está en tus manos hacer glorioso a tu cuerpo o hacerlo maldito para siempre. Amemos los júbilos que deben durar eternamente; temamos los tormentos eternos reservados para los que se condenan. (San Gregorio).

La esperanza
Orad por los afligidos.

ORACIÓN

 Escuchadnos, Señor, Dios Salvador nuestro, y haced que, así como nos alegramos con la fiesta de Santa Luisa, así también obtengamos provecho alcanzando sentimientos de piedad y devoción.   Por J. C. N. S.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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LA AGONÍA DE CRISTO por Santo Tomás Moro

I. SOBRE LA TRISTEZA, AFLICCIÓN, MIEDO Y ORACIÓN DE CRISTO ANTES DE SER CAPTURADO

(Mt. 26; Mc. 14; Lc. 22, Jn. 18)

Temas:

¿Por qué dormís?

Levantaos y orad

Cristo sigue siendo entregado en la historia

¿Por qué dormís?


Al encontrar Cristo a los Apóstoles durmiendo por tercera vez, les dijo: «¿Por qué dormís?», como si di-jera: «No es este tiempo para dormir, sino para estar bien despiertos y orar, como os he advertido ya dos ve-ces, no hace apenas un rato.» Si no supieron qué responder cuando se durmieron por segunda vez, ¿qué excusa podían haber dado ahora, en que por tercera vez eran sorprendidos en la misma falta? ¿Era una excusa válida decir que se habían dormido «a causa de la tristeza», como menciona el evangelista? Así lo recuerda Lucas, pero también es cierto que no lo alaba en abso-luto. Insinúa, sí, que su tristeza era de alguna manera loable; pero el sueño que la siguió no estaba libre de culpa. La tristeza, aquélla que puede ser digna de un gran premio, tiende algunas veces hacia un gran mal. Así ocurre si nos devora de tal modo que nos deja inutilizados; nos impide acudir a Dios con la oración, bus-cando de Él consuelo, y desesperados y oprimidos, como queriendo escapar de una tristeza consciente, buscamos alivio en el refugio del sueño. Mas, tampoco aquí encontraremos lo que buscábamos, y perderemos en el sueño el consuelo que podríamos haber obtenido de Dios si hubiéramos permanecido despiertos y orando. Se deja, entonces, sentir sobre nosotros el peso molesto de una mente perturbada incluso mientras dormimos, y aun con los ojos cerrados, tropezamos con las tentaciones y trampas preparadas por el diablo.


De ahí que Cristo, prescindiendo de cualquier excusa para el sueño, dijera: «¿Por qué dormís? Dormid ya y descansad. Basta. Levantaos y rezad para que no caigáis en la tentación. Ha llegado la hora y el Hijo del hombre será entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos. Ya llega el que me va a entregar. Toda-vía estaba hablando, cuando llegó Judas ….»46 Al despertar a los Apóstoles por tercera vez, cortó de golpe sus palabras con una cierta ironía. No con esa ironía frí-vola y burlona con la que hombres ociosos, pero de talento, acostumbran a divertirse entre sí, sino con una ironía grave y seria: «Dormid y descansad…»


Notad cómo da permiso para dormir: de tal modo que significa en realidad lo contrario. Apenas había di-cho: «Dormid», añadió «Basta»; como si dijera: «Ya no necesitáis dormir más. Durante todo el tiempo que deberíais haber estado despiertos, habéis estado durmiendo, incluso en contra de lo que os mandé. Ahora ya no hay tiempo para dormir, y ni siquiera para que-darse un momento sentados.

Santoral

14 de abril

Santos Tiburcio, Valerio y Máximo, Mártires
San Justino, Filósofo y Mártir
San Pedro González Telmo, Confesor
Beata Liduvina de Schiedman, Virgen
San Antonio, Mártir
San Juan, Mártir
San Eustacio, Mártir
Mártires de Lituania (Ver Juan, Antonio y Eustacio)
San Ardalión, Mártir
San Bernardo de Tirón, Abad
San Lamberto de Lyon
San Máximo, Mártir (Con Tiburcio)
San Tiburcio, Mártir
San Valerio, Mártir
Beato Lanvino

BEATA LIDUVINA de SCHIEDMAN, Virgen

(1433)

Hoy 14 de Abril la Iglesia Católica recuerda a Santa Liduvina. Esta santa es la Patrona de los enfermos crónicos que quieren aprovechar su larga enfermedad para pagar sus pecados, convertir pecadores y conseguir un gran premio en el cielo. El decreto de Roma al declararla santa dice de ella que fue «un prodigio de sufrimiento humano y de paciencia heroica».


Liduvina nació en Schiedam, Holanda, en 1380. Su padre era muy pobre y tenía por oficio el de «celador» o cuidandero de fincas. Su familia era sumamente piadosa y a la niña le encantaba recoger regalos para llevarlos a gentes muy necesitadas.


Hasta los 15 años Liduvina era una muchacha como las demás: alegre, simpática, buena y muy bonita. Pero en aquel año su vida cambió completamente. Un grupo de jóvenes de su edad la invitó a patinar sobre el hielo y en pleno descenso por la montaña, uno de sus compañeros, por alcanzar a los que iban más adelante, apresuró mucho su carrera y sin darse cuenta de que Liduvina bajaba por ese mismo camino, arremetió violentamente contra ella dejándola en el hielo, y con la columna vertebral partida. La llevaron a casa pero ya de este golpe nunca más se iba a reponer.

SAN PEDRO GONZÁLEZ TELMO, Confesor

14 de abril

El bienaventurado y apostólico varón san Pedro González, llamado vulgarmente san Telmo, nació de padres nobles en la villa de Fromesta, a cinco leguas de la ciudad de Palencia. Dióle e obispo, que era tío suyo, un canonicato, cuando aun no le sobraban los años, ni la gravedad y asiento que para aquel ministerio con venía, y procuró además que el Papa le diese el decanato.

Cuando Pedro González hubo de tomar la posesión, que fue el día de Pascua de Navidad, quiso el nuevo deán regocijar la fiesta, no como eclesiástico sin como lego y profano. Vistióse para aquel día galana y profanamente, y salió con otros en un caballo brioso muy bien aderezado por toda la ciudad, desempedrando, como dicen, las calles a carreras, con gran desenvoltura y escándalo del pueblo. Pero para que se entiendan las maneras que Dios nuestro Señor toma para convertir las almas y atraerlas a sí, partiendo desapoderamente por la calle más principal de Palencia, cayó el caballo en medio de la carrera y dio con el deán en un lo do muy asqueroso, con harta risa de los que le vieron; porque cuando fueron a socorrerle, no había gala, ni vestido, ni rostro que diese muestra de lo que había sido.

Fue tan grande la vergüenza que causó a Pedro González aquella caída, que no podía levantar la cabeza, ni le parecía que podría ya vivir entre gente, hombre a quien tal desgracia había acontecido. Alumbróle Dios al mismo tiempo el corazón; y hablando entre sí dijo: Pues el mundo me ha tratado como quien es, yo haré que no se burle otra vez de mí. Con esto, vase a un convento de santo Domingo, y con admiración de todos los que le conocían, tomó el hábito, y comenzó a vivir con tan grande perfección, que vino a ser un gran santo. Predicaba después con obras y palabras, y como ángel del Señor; hablaba con tal fuerza de espíritu, que enternecía las piedras e inflamaba los corazones helados.

Des poblábanse los lugares en su seguimiento y muchas leguas iban caminando por oírle viejos y mozos, hombres y mujeres, ricos y pobres: y con este celo y espíritu anduvo por los reinos de España y estuvo en la corte del santo rey don Fernando, y se halló con él en el cerco de Sevilla y en otras guerras contra los moros. Pero donde el santo más tiempo estuvo fue en Galicia, donde entre otras cosas hizo un puente sobre el río Miño, no lejos de Rivadavia, por los muchos peligros y muertes que sucedían en aquel paso. Final mente, después de haber ganado para Cristo innumerables almas y resplandecido con muchos milagros, en el domingo de Cuasimodo, dio en la ciudad de Tuy su bendita alma al Señor, el cual manifestó la gloria de su siervo con doscientos ocho milagros bien conocidos.

REFLEXIÓN

Luego que murió san Telmo comenzó su sepultura a manar una cierta manera de óleo, que fue celestial medicina para todas las enfermedades; mas ha querido el Señor glorificarle particularmente librando por su intercesión a los navegantes de gravísimas tempestades y evidentes peligros. Por donde en los puertos de España y en los pueblos marítimos de ella se celebra su fiesta, sacando su imagen en procesión con mucha solemnidad y regocijo, especialmente en Lisboa, en Vizcaya y en Guipúzcoa, donde es venerado san Telmo, nombre por el cual le conocen los marineros, y le invocan en las tempestades y peligros del mar.

ORACIÓN

Oh Dios, que manifiestas la singular protección del bienaventurado Pedro a los que se hallan en los peligros del mar; concédenos por su intercesión que brille siempre la luz de tu gracia en las tempestades de esta vida, para que podamos arribar al puerto de la eterna salud. Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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SAN JUSTINO, Filósofo y Mártir

14 de abril

El glorioso filósofo y antiguo apologista y mártir san Justino fue hijo de Prisco, de linaje griego, y nació en Nápoles Flavia, ciudad de Palestina, Desde su mocedad se dio mucho a las letras humanas, y al estudio de la filosofía, y se ejercitó en todas las sectas de los filósofos estoicos, peripatéticos y pitagóricos, con gran deseo de saber la verdad; y hallando en todas ellas poca firmeza, las dejó y se dio a la filosofía de Platón, por parecerle que era más grave y más cierta y segura para lo que él pretendía, que era alcanzar la sabiduría y con ella entender y ver a Dios.

Para poder, pues, mejor atender a sus estudios se retiró a un lugar aparta do, vecino del mar, donde estando ocupado y absorto en la contemplación de las cosas divinas, se le presentó, corno e1 mismo santo escribe, un varón viejo y muy venerable que trabó plática con él; y entendiendo que era filósofo platónico, y lo que buscaba en sus estudios, le desengañó que no lo hallaría en los libros de los filósofos, sino en solo los de los profetas y de los santos, a quienes Dios había alumbrado y abierto los ojos del alma para ver la luz del Cielo y entender sus misterios y verdades.

Con esto se fue el anciano y san Justino no le vio más; pero quedó muy encendido en el amor de la verdad, e inclinado a leer os libros de los cristianos en que ella se halla, Por esos medios entró Cristo nuestro Se ñor en el corazón de Justino, y de filósofo platónico y maestro de otros le hizo filósofo cristiano y discípulo suyo, Escribió un libro maravilloso y divino en defensa de la religión cristiana en el año 150 corno él mismo lo dice, y se lo dio al emperador Antonino Pío, el cual después de haberlo leído, hizo publicar en Asia un edicto en favor de los cristianos, mandando que ninguno, por solo ser cristiano, fuese acusado ni conde nado.

Pero como muerto Antonino, sucediesen en el imperio Marco Aurelio Antonio y Lucio Vera, y se tornase a embravecer la tempestad, san Justino que a la sazón estaba en Roma escribió otro libro o apología a los emperadores y al senado en favor de los cristianos para aplacarla. Entonces fue el santo acusado por un enemigo suyo llamado Crescente, cínico filósofo en el nombre y profesión, y en la vi da ,viciosísimo y abominable; el cual era quien más atizaba a los magistrados contra los fieles de Cristo. Mandó pues el prefecto de Roma prender a san Justino, y después de haberle hecho azotar, dio sentencia que fuese degollado con otros seis compañeros, como se dice en las Actas de su martirio, que escribieron los notarios de la Iglesia romana.

REFLEXIÓN

Dice el glorioso san Justino en su primera apología estas palabras admirables: «Cuando somos atormentados, nos regocijamos, porque estamos persuadidos que nos resucitará Dios por Jesucristo; y cuando somos heridos con la espada y puestos en la cruz, y echados a las bestias fieras, y maltratados con prisiones, fuego y otros tormentos y suplicios, no nos apartamos de lo que profesamos; porque cuanto mayores son los tormentos, tanto más son los que abrazan la verdadera religión; como cuando se poda la vid da más fruto; lo mismo hace el pueblo de Dios, que es como una vid o viña bien plantada de su mano». Pues ¿Quién podrá leer estas cosas sin derramar lágrimas, viendo lo que sentían de la fe de Cristo aquellos filósofos tan sabios de los primeros tiempos de la cristiandad, comparando su heroísmo con la indiferencia criminal de nuestros tiempos?

ORACIÓN

Oh Dios, que por la simplicidad de la Cruz enseñaste maravillosamente, al bienaventurado Justino la eminente sabiduría de Jesucristo, concédenos por su intercesión que rechazando las engañosas razones de las perversas doctrinas, alcancemos la firmeza de la fe. Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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SANTOS TIBURCIO, VALERIO y MÁXIMO, Mártires

14 de abril

El precepto mío es que os améis unos a otros.
(Juan, 15, 12)..

Valerio, que se casó con Cecilia, fue por ésta convertido y consintió desde el primer día de casamiento en vivir en continencia perfecta. Él, a su vez, convirtió a su hermano Tiburcio, con quien después de haber distribuido sus bienes a los pobres, se dedicó a sepultar los cuerpos de los cristianos muertos por la fe. Conducidos ante Almaquio, prefecto de Roma, perseveraron en su fe y fueron decapitados. Máximo, que los conducía al suplicio, de tal modo fue movido por sus palabras y entereza que renunció a las supersticiones del paganismo y obtuvo con ellos la corona del martirio.

MEDITACIÓN SOBRE
LAS AMISTADES SANTAS

I. Ten caridad para con todos, pero no te vincules sino con pocos. Que tus amigos sean los amigos de Dios; si tales son, progresarás en la virtud en su compañía. Fieles son los amigos que temen a Dios; no sucede lo mismo con los que no le temen. En efecto, ¿cómo tendrían para contigo una fidelidad que no tienen para con Dios? ¿Te estarían más obligados que no lo están a Dios? ¿O esperarían de ti mayores recompensas? ¿Mayores castigos temerían, acaso, de tu parte?

II. El fin de tus amistades debe ser transcurrir suave y santamente tu vida, aprovechar el buen ejemplo y los saludables consejos de tus amigos, y contribuir también, de tu parte, a su santificación. Si el comer bien, el interés o los placeres, son los motivos que te mueven para el cultivo de la amistad, no será ésta duradera. ¿Cómo trabajas
para santificar a tus amigos? ¿Te haces más santo frecuentándolos? ¿No imitas más bien sus vicios que sus virtudes?

III. Resultado de estas amistades verdaderas debe ser que alivies a tus amigos en todas sus necesidades tanto espirituales cuanto temporales; debes sacrificar tus comodidades, tus bienes, tu vida misma, para sacarlos de la miseria y, con mayor razón, del pecado o de la ocasión de ofender a Dios. En fin, no te olvides nunca que Jesucristo debe siempre ocupar el primer lugar en todas tus amistades, que siempre sea su nudo y su lazo. Elige para amigo, antes que a todo otro, a Aquél que permanecerá siéndote fiel en el día de tu muerte, cuando todo lo demás te haya sido arrebatado. (San Ber nardo).

El buen ejemplo
Orad por vuestros amigos.

ORACIÓN

   Haced, oh Dios omnipotente, os lo rogamos, que celebrando la solemnidad de vuestros santos mártires Tiburcio, Valerio y Máximo, aprendamos a imitar sus virtudes.   Por J. C. N. S.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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LA AGONÍA DE CRISTO por Santo Tomás Moro

I. SOBRE LA TRISTEZA, AFLICCIÓN, MIEDO Y ORACIÓN DE CRISTO ANTES DE SER CAPTURADO

(Mt. 26; Mc. 14; Lc. 22, Jn. 18)

Temas:

Para que veamos el camino

La perspectiva del martirio

Los Apóstoles se duermen mientras el traidor conspira

Para que veamos el camino

En consecuencia, hemos de rezar, en primer lugar, viam ut videamus, para que veamos el camino y con la Iglesia podamos decir a Dios: «De la ceguera del corazón, líbranos, Señor». Y con el profeta cuando dice: «Enséñame a hacer tu voluntad»33, y también: «Muéstrame tus caminos y enséñame tus senderos ». Después, desearemos con toda nuestra alma correr tras de Ti, oh Dios, en el olor de tu ungüento y en la dulce fragancia de tu espíritu. Si languidecemos en nuestra marcha (como casi siempre ocurre) y quedamos rezagados, tan distantes que difícilmente conseguimos seguirle desde lejos, acudamos a Dios de inmediato diciéndole: «Coge mi mano derecha» y «Guíame a lo largo del camino». Si vencidos por el cansancio apenas tenemos ya fuerza para continuar, o si tanta es la pereza y blandenguería que estamos a punto de pararnos, pidamos a Dios que, por favor, nos arrastre aunque opongamos resistencia. Finalmente, si tanto resistimos, y contra la voluntad de Dios y nuestra propia felicidad, nos empeñamos, tercos y duros de mollera, como caballos y burros que carecen de inteligencia, debemos humildemente pedir a Dios con las muy adecuadas palabras del profeta: «Sujétame bien fuerte con el freno de la brida y golpéame cuando no marche cerca de Ti».

La ilusión por la oración es lo primero que hemos de buscar cuando nos veamos atrapados por la tibieza y la desidia; pero en esa situación del alma no apetece rezar por nada que no deseemos recibir (ni siquiera aun-que nos sea muy útil). Por esta razón, si tenemos un poco de sentido común, deberíamos contar con esta debilidad por anticipado, deberíamos preverla antes de caer en ese enfermizo y penoso estado espiritual. En otras palabras, deberíamos derramar sin cesar sobre Dios jaculatorias y oraciones como las que acabo de mencionar, implorando con humildad que, si en algún momento, viniéramos a pedir algo que no nos es conveniente, impulsados por los atractivos de la carne, o seducidos por los espejuelos de los placeres, o atraídos por el anhelo de las cosas terrenales, o trastornados por las insidias y maquinaciones del diablo, se haga sordo a nuestra petición y aleje aquello por lo que rezamos, derramando sobre nosotros todo aquello que Él sabe nos hará bien, aunque mucho le pidamos lo aparte de nuestra vida. Nada de particular ni de extraño tiene esta conducta.

Es bien lógica. En efecto, así nos comportamos de ordinario (si tenemos un poco de inteligencia) cuando estamos a punto de coger una fiebre maligna. Advertimos y avisamos por adelantado a quienes nos van a cuidar durante la enfermedad que, aunque se lo supliquemos, no nos proporcionen en absoluto aquello que nuestra enfermiza condición nos hará desear aunque sea nocivo para la salud e, incluso, vaya a empeorar la fiebre.

Santoral

13 de abril

San Hermenegildo, Mártir
San Carpo, Mártir
Santa Agatónica, Mártir (Con San Carpo)
San Papilo, Mártir (Con San Carpo)
Beato Juan Lockwood, Mártir
Beato Edmundo Catherick, Mártir (Con San Juan Lockwood)
Beata Ida de Boulogne, Matrona
San Marcio o Marte, Abad
Beato Jacobo Certaldo, Abad
Beata Margarita Citta-di-Castello

SAN MARCIO o MARTE, Abad

13 de abril

(530)

Te amo, Dios mío, y mi único deseo es
amarte hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Dios mío y prefiero morir
amándote a vivir sin amarte

(San Juan María Bautista Vianney)

San Marcio vivió unos años como ermitaño en una cueva y más tarde fundó un monasterio cerca de Clemont-Ferrand, en Francia. Murió allí mismo muy anciano, diez años antes de que San Gregorio de Tours naciera en esa ciudad. Al decir de éste, San Marte tenía fama de taumaturgo: «Curó a mi padre de fiebres y a su amigo Nivardo de una peligrosa hidropesía dándoles simplemente su bendición».

BEATA IDA de BOULOGNE, Matrona

13 de abril

(1113)

Ida nació en Boulogne en 1040. Era hija de Godofredo, duque de Baja Lotaringia, y a los diecisiete años se casó con Eustaquio II, conde de Boulogne. Sus inmensas posesiones se extendían desde Luxemburgo hasta el Atlántico pasando por las Ardenas y Pas de Calais.

Era mujer muy devota y recibió dirección espiritual de san Anselmo, quien mantenía con ella una correspondencia espiritual que ha llegado hasta nosotros. Su ocupación favorita era confeccionar bellos ornamentos litúrgicos. Rezaba con tanto fervor que el cronista Guillermo de Tiro atribuía buena parte del éxito de la primera cruzada a sus oraciones. Dotó ricamente a las antiguas abadías de San Bertino, Bouillon y Affkughem. Fundó, además otras tres. Se la enterró en una de ellas, donde muy pronto empezó a obrar milagros.

Tuvo dos hijos y un yerno que han dejado huella en la historia. Sus hijos, Godofredo de Bouillon y Balduino I tomaron parte en la gloriosa primera cruzada y fueron los primeros soberanos francos del reino de Jerusalén. Su yerno fue Enrique IV, emperador de Alemania, cuyo nombre quedó unido a la «cuestión de las Investiduras». Cuando fue derrotado, tuvo que implorar perdón al Papa Gregorio VII, pero más tarde, reemprendió las hostilidades, se apoderó de Roma y mandó al Papa a morir en el exilio.

BEATO JUAN LOOCKWOOD, Mártir

13 de abril

(1642)

El Beato Juan Lockwood, también conocido como San Juan Lascellas, nació alrededor de 1555 en Sowerby, Yorkshire, Inglaterra. Era el hijo mayor de Christopher Lockwood, de Sowerby, Yorkshire  y de Clara, hija mayor de Christopher Lascelles, de Sowerby y Brackenborough Castle, Yorkshirey Con su hermano Francisco (segundo hijo), llegóa Reims el 4 de Noviembre de 1579, y al punto fue enviado a Douai a estudiar Filosofía. Francisco fue ordenado en 1587, pero Juan que ingresó en el Colegio Inglés, en Roma, el 4 de Octubre de 1595, fue ordenado sacerdote el 26 de Enero de 1597 y enviado de misión el 20 de Abril de 1598. 

Después de haber sido tomado prisionero, en 1610 desaparece pero regresa, y nuevamente es apresado y condenado a muerte, pero es liberado. Finalmente fue capturado en Wood End, Gatenby, la residencia de  Bridget Gatenby, ejecutado junto con Edmundo Catherick,  el 13 de abril de 1642. Durante cuarenta y cuatro años ejerció su ministerio en Inglatera, de forma clandestina. En 1929 fue beatificado por el Papa Pío XI.

SAN CARPO DE TIATIRA, Obispo y Mártir

13 de abril

(281)

El demonio tratará de seducir y apartarel espíritu humano para que viole los preceptosde Dios, oscureciendo poco a poco el corazónde aquellos que tratan de servirle con elpropósito de que olviden al verdadero Dios,sirviéndole a él como si fuera el verdadero Dios(Juan, 18, 36).

Los Santos Mártires Carpo, Obispo de Tiatira, Papilio diácono, Agatónica, su hermana, mujer de grandes prendas, Agatodoro su criado, y otros muchos, en Pergamo en el Asia, después de haber sido atormentados de varias maneras por confesar gloriosamente a Jesucristo, alcanzaron la corona del martirio durante la persecución de Marco Antonino Vero y Lucio Aurelio Cómmodo.

SAN HERMENEGILDO, Mártir

13 de abril

Mi reino no es de este mundo. Si de este mundo
fuera mi reino, mis servidores me habrían
defendido.
(Juan, 18, 36).

 San Hermenegildo fue el hijo mayor de Leovigildo, rey de los visigodos en España, que era arriano. Empleó su padre contra él toda suerte de halagos, pasando a la amenaza y llegando hasta la prisión para traerlo al arrianismo: nada pudo quebrar la constancia de este generoso atleta de la fe. Rechazó la comunión pascual de manos de un obispo arriano que su padre le enviara a su prisión. Exasperado con su rechazo, mandó el padre a unos sol dados para que le dieran muerte. Hendiéronle éstos la cabeza de un hachazo. Arrepentido Leovigildo de su crueldad, a su muerte recomendó a San Leandro que educase en la fe católica a su otro hijo Reca redo, que fue su sucesor y el primer rey católico de España. El martirio de Hermenegildo acaeció en Sábado Santo, el 13 de abril del año 585.   

MEDITACIÓN
SOBRE EL REINO
DE LOS CIELOS 

 I. Aunque no seamos hijos de rey, como lo fue San Hermenegildo, todos estamos llamados a gozar del reino de Dios en el cielo. No son las riquezas, ni la nobleza, ni el renombre, ni la ciencia, ni el talento los que nos pondrán en posesión de este reino, sino la buena voluntad ayudada de la gracia de Dios. No te fatigues pues, buscando una posición brillante en la tierra, no te aflijas si eres pobre y mísero, tu reino no es de este mundo.

   II. En este mundo considérate como hijo de rey, como heredero presunto de una corona que no puede escapársete, si sabes, mediante tu sumisión, conservar la amistad del rey tu padre. En segundo lugar, considérate como príncipe exilado, a quien expulsaron de sus dominios, y que debe, por su valor, reconquistar su reino. Conserva la inocencia y la gracia del bautismo: reinarás después de tu muerte. Si las hubieses perdido, has perdido con ellas el derecho a tu reino; haz de reconquistar este derecho cueste lo que cueste. El reino de los cielos su fre violencia. (Evangelio).

   III. Dependerá de ti el gozar un día de este reino. Serás siempre feliz, si no consientes libre mente en ser desgraciado. Está en tu poder elegir por Señor a Dios o al demonio; mas, aquél a quien te des te conservará eternamente. Elige, pues, o reinar eternamente con Dios, o sufrir eternamente con el demonio.

El desprecio del mundo
Orad por los gobiernos cristianos.

ORACIÓN

   Dios omnipotente, que enseñasteis al bienaventurado Hermenegildo, vuestro mártir, a preferir el reino de los cielos a las grandezas de este mundo, haced que siguiendo su ejemplo despreciemos las cosas perecederas para aspirar sólo a las eternas.  Por J. C. N. S.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

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Santoral

12 de abril

San Sabas, Mártir
San Julio, Papa
San Zenón de Verona, Obispo
San Alfiero y compañeros, Abades de la Cava
San Constable de Castelabbate (Ver Alfiero)
San León I de Lucca, Abad (Ver Alfiero)
Beato Desiderio, Abad (Ver Alfiero)
Beato Falcón, Abad (Ver Alfiero)
Beato Leonardo, Abad (Ver Alfiero)
Beato Marino, Abad (Ver Alfiero)
Beato Simeón (Ver Alfiero)
Beato Angel de Chivasso,
Beato Andrés Hibernon,
Beato Andrés de Montereale,
Beato Bádsamo, Abad (Ver Alfiero)
Beato León II

SAN ZENÓN de VERONA, Obispo

12 de abril

 Los «Diálogos» de San Gregorio y algunos martirologios ponen a San Zenón en el número de los mártires, pero San Ambrosio, que fue contemporáneo suyo, en una carta dirigida a su sucesor Siagrio, habla de la apacible muerte del santo. Pero, aunque hubiese muerto en paz, San Zenón puede considerarse como mártir, por lo que tuvo que sufrir en las persecuciones de Constancia, Juliano y Valente.

   De un panegírico que San Zenón pronunció sobre San Arcadio, mártir de la Mauretania, se desprende que nació en Africa. El excelente latín de sus escritos y las frecuentes citas de Virgilio, prueban que conocía muy bien a los clásicos.

Según parece, fue hecho obispo de Verona el año 362. En sus tratados, que son breves sermones de estilo familiar, hay muchos detalles interesantes sobre el santo y su diócesis.

   Así, sabemos que todos los años bautizaba a muchos paganos, y que luchó con celo y éxito contra los arrianos, a los que había favorecido mucho el emperador Constancio. El gran número de conversiones de herejes y gentiles que consiguió, le obligó a construir una gran basílica. Los habitantes de Verona contribuyeron generosamente.

Por lo demás, la liberalidad de los veroneses era proverbial: todas las casas de la ciudad estaban abiertas a los extranjeros; los pobres apenas tenían tiempo de manifestar sus necesidades, pues al punto encontraban quien les socorriese. San Zenón felicitó a su grey por acumular en esa forma un tesoro en el cielo. Después de la batalla de Adrianópolis, en 378, cuando los godos derrotaron a Valente e hicieron una terrible matanza, los bárbaros tomaron muchos prisioneros de las provincias de Iliria y Tracia. Según parece, en esa ocasión los veroneses rescataron de la esclavitud, de la muerte o de los trabajos forzados a un gran número de prisioneros.

   Aunque esto ocurrió probablemente después de la muerte de San Zenón, el desinterés de sus compatriotas se inspiraba sin duda en el ejemplo de su celo.

San Zenón vivía en gran pobreza. Con frecuencia habla en sus sermones de la formación de su clero y de los regalos que sus hermanos en el sacerdocio recibían en Pascua. También hace alusión a las ordenaciones que llevaba a cabo en el tiempo pascual y a la solemne reconciliación de los penitentes, que tenía lugar en Semana Santa. San Ambrosio cuenta que San Zenón había formado en Verona un cuerpo de religiosas que vivían en sus casas y consagraban su virginidad a Dios.

   El santo obispo fundó y dirigió también un convento, de religiosas propiamente dicho, antes de que San Ambrosio hiciese lo propio en Milán.

El celoso obispo condenó los escandalosos abusos que se cometían en el «ágape» o fiesta del amor, así como la costumbre de interrumpir las misas de difuntos con lamentaciones. Los sermones del santo conservan el recuerdo de muchas costumbres de la época.

   Según parece, por lo menos en Verona, se practicaba todavía el bautismo de inmersión, pero se calentaba previamente el agua. San Zenón es el único escritor que menciona la costumbre de dar medallas a los bautizados.

San Gregorio el Grande cuenta un notable milagro ocurrido dos siglos después de la muerte de San Zenón, tal como se lo había relatado uno de los testigos presenciales, Juan el Patricio.

   El año 598, el río Adige amenazaba inundar la ciudad de Verona. El pueblo se refugió en la iglesia de un santo obispo y patrón para protegerse de la inundación; aunque las aguas llegaron hasta la altura de los ventanales, no penetraron en la iglesia. El pueblo permaneció ahí, orando, no hicieron sino aumentar el prestigio del santo. Durante el reinado de Pepino, hijo de   Carlomagno, se construyó una iglesia; las reliquias de San Zenón se conservan todavía en una de las capillas de la cripta.

   Se suele representar a San Zenón con un caña de la que cuelga un pescado; se trata de un símbolo de la tradición, según la cual, el santo acostumbraba pescar en el Adige, aunque el pescado puede también representar el bautismo.

Vidas de los Santos de Butler, Méjico, 1964

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SAN JULIO, Papa

12 de abril

Al tiempo que murió el glorioso pontifice san Marcos, pusieron todos los ojos en san Julio, porque por su rara prudencia, doctrinas y excelentes virtudes parecía el más digno de sentarse como Vicario de Cristo en la silla de san Pedro y bien era menester una entereza y santidad, como la de este insigne pontífice para de fender la causa de san Atanasio, patriarca de Alejandría, contra los herejes arríanos; los cuales con el favor de los emperadores pretendían derribarle, y con él, a toda la Iglesia de Jesucristo.

Volvía san Julio, cuando los herejes nombraron por patriarca a un Gregorio de Capadocia, hombre facineroso, hereje, insolente y atrevido, el cual entrando en la ciudad con mucha gente de guerra y bárbara, hizo un estrago en toda aquella población tan extraño y lastimoso, como si fuera un ejército de enemigos, no perdonando a doncellas ni casadas, ni a viejas ni a niños, ni a seglares, ni a eclesiásticos, ni a cosa sagrada ni profana, divina ni humana, con tan grande impiedad y fiereza que no se puede explicar.

Y viendo san Atanasio esta calamidad tan lastimosa, se salió a escondidas de la ciudad y vino a Roma para ver si con la autoridad del sumo pontífice podría hallar algún reme dio para detener el ímpetu furioso de los herejes y apagar aquel incendio que abrasaba no sólo a Alejandría, mas también a Egipto y a todas las partes de Oriente. Recibióle muy bien el santo pontífice Julio y celebró un concilio en Roma en el cual aprobó su inocencia, y declaró que era valeroso capitán del Señor, e invencible defensor de su Iglesia, y cuatro años después con el consentimiento del emperador Constante convocó un concilio ecuménico y universal en Sárdica, el cual fue de trescientos obispos de todas las provincias de la Iglesia occidental y setenta y seis de la oriental, presidiendo en él, Osio, español, Obispo de Córdoba con otros dos legados de la sede apostólica.

Y con la sentencia de este concilio, y las cartas que el santo Papa Julio escribió a los prelados de Alejandría, volvió san Atanasio a su iglesia, y fue privado de aquella silla el usurpador, a quien acababa de matar el mismo pueblo por no poder sufrir sus desafueros. Finalmente habiendo aprobado el santo pontífice los veintiún cánones del concilio general de Sárdica y dado sabios reglamentos a la Iglesia, que gobernó santísimamente por espacio de quince años, descansó en la paz del Señor. Se conserva una excelente carta suya, o de su concilio, en la cual defiende la ver dad con una entereza y vigor digno del vicario de Cristo.   

REFLEXIÓN

   Decía el santo Papa Julio en su carta a los fieles de Alejandría: «Recibid, amados míos, a vuestro obispo Atanasio, con entera gloria y alegría espiritual, y con él a todos los que han sido sus compañeros en sus grandes y traba josas persecuciones. Yo ciertamente tengo particular alegría cuando me pongo a pensar la que cada uno de vosotros ha de tener cuando llegue vuestro pastor a esa ciudad, como toda ella ha de salir a recibirle, y la fiesta que se ha de hacer. ¡Qué día tan regocijado será para vos otros, cuando nuestro hermano vuelva a veros, y los males pasados tendrán fin, y el corazón de todos será uno! Como esta ha de ser la unión de paz y amor que ha de reinar entre el pastor y las ovejas del rebaño de Jesucristo. No turbemos jamás esta santa concordia, como suelen turbarla por cualquier motivo los herejes, antes, como obedientes hijos de la Iglesia, procuremos a todo trance conservarla.   

ORACIÓN

   Rogámoste, Señor, que oigas las súplicas que te hacemos en la solemnidad de tu bienaventurado confesor y pontífice Julio, y que por la intercesión y merecimientos de aquel que dignamente te sirvió nos absuelvas de todos nuestros pecados.  Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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LA AGONÍA DE CRISTO por Santo Tomás Moro

I. SOBRE LA TRISTEZA, AFLICCIÓN, MIEDO Y ORACIÓN DE CRISTO ANTES DE SER CAPTURADO

(Mt. 26; Mc. 14; Lc. 22, Jn. 18)

Temas:

Oración y mortificación con Cristo

La angustia de Cristo ante la muerte

La Humanidad de Cristo

Oración y mortificación con Cristo

«Y dicho el himno de acción de gracias, salieron hacia el monte de los Olivos»’. Aunque había hablado de tantas cosas santas durante la cena con sus Apóstoles, sin embargo, y a punto de marchar, quiso acabarla con una acción de gracias. ¡Ah!, qué poco nos parecemos a Cristo aunque llevemos su nombre y nos llamemos cristianos. Nuestra conversación en las comidas no sólo es tonta y superficial (incluso por esta negligencia advirtió Cristo que deberemos rendir cuenta), sino que a menudo es también perniciosa, y una vez llenos de comida y bebida dejamos la mesa sin acordarnos de Dios y sin darle gracias por los bienes que nos ha otorgado. Un hombre sabio y piadoso, que fue egregio investigador de los temas sagrados y arzobispo de Burgos*, da algunos argumentos convincentes para mostrar que el himno que Cristo recitó con los Apóstoles consistía en aquellos seis salmos que los hebreos llaman el «gran aleluya», es decir, el salmo 112 y los cinco restantes. Es una costumbre antiquísima que han seguido para dar gracias en la fiesta de Pascua y en otras fiestas importantes. Incluso en nuestros días siguen usando este himno para las mismas fiestas. Por lo que se refiere a los cristianos, aunque solíamos decir diferentes himnos de bendición y acción de gracias según las épocas del año, cada uno apropiado a su época, ahora hemos permitido que casi todos estén en desuso. Nos quedamos tan contentos diciendo dos o tres palabrejas, cuales-quiera que sean, e incluso ésas las susurramos descuidadamente y bostezando con indolencia.

Salieron hacia el monte de los Olivos, y no a la cama. El profeta decía: «En mitad de la noche me levanté para rendirte homenaje»2, pero Cristo ni siquiera se reclinó sobre el lecho. Ojalá pudiéramos nosotros, por lo menos, aplicarnos con verdad este otro texto: «Me acordé de ti cuando descansaba sobre mi cama». Y no era el tiempo veraniego cuando Cristo, después de cenar, se dirigió hacia el monte. Porque no debía ocurrir todo esto mucho más tarde del equinocio de invierno, y aquella noche hubo de ser fría, como muestra la circunstancia de que los servidores se calentaban junto a las brasas en el patio del sumo pontífice. Ni tampoco era ésta la primera vez que Cristo hacía tal cosa, como claramente atestigua el evangelista al escribir secundum consuetudinem, «según su costumbre»4. Subió a una montaña para rezar, significando así que, al disponernos a hacer oración, hemos de elevar nuestras mentes del tumulto de las cosas temporales hacia la contemplación de las divinas. El mismo monte de los Olivos tampoco carece de misterio, plantado como estaba con olivos.

La rama de olivo era general-mente empleada como símbolo de paz, aquella que Cristo vino a establecer de nuevo entre Dios y el hombre después de tan larga separación. El aceite que se extrae del olivo representa la unción del Espíritu: Cristo vino y volvió a su Padre con el propósito de enviar el Espíritu Santo sobre los discípulos, de tal modo que su unción pudiera enseñarles todo aquello que no hubieran podido sobrellevar si se lo hubiera dicho antes.

Santoral

11 de abril

San León Magno, Papa, Confesor y Doctor
Beato Jorge Gervasio, Mártir
Santa Godeberta
San Isaac de Espoleto
Beato Rainerio El Emparedado

BEATO JORGE GERVASIO, Mártir

11 de abril

(1608)

Fue raptado por los piratas a los doce años y participó en las incursiones de Francis Drake en 1595 Jorge Gervasio (o Jervis) nació en1569, en el puerto de Bosham de Sussex, como puede leerse todavía en el acta bautismal que se halla en el registro de la famosa parroquia. Según parece, fue educado en el protestantismo o abandonó la fe católica durante algún tiempo, a pesar  que su madre pertenecía a la familia del Beato Eduardo Shelley. Challoner cuenta que los piratas raptaron a Jorge a los doce años, y le llevaron a las Indias Occidentales, donde pasó a los siguientes doce años. Lo que sucedió en  realidad fue que, a los  veintiséis años de edad, Jorge tomó parte en la desastrosa expedición a las Indias, que partió de Plymouth en 1595, al mando de Sir Francis Drake, aunque es muy probable que Jorge haya tenido que ir en la expedición contra su voluntad.


   A su regreso, sirvió dos años en Flandes, en el ejército español. Tal vez en 1599, «entró finalmente a servir en el ejército de Cristo, en el Colegio Inglés de Douai»Se ordenó sacerdote en Cambrai, en 1603 y al año siguiente, partió a Inglaterra. Durante dos años ejerció los ministerios apostólicos en diversas regiones, hasta que cayó prisionero en Haggerston. Todavía se conservan las actas de las preguntas que le hizo el dean de Durham, con las respuestas del beato.


   Estuvo preso, en Londres, hasta julio de 1606, fecha en que fue desterrado del reino con otros sacerdotes. Jorge hizo entonces una peregrinación a Roma, y probablemente solicitó ahí el hábito de los benedictinos ingleses, porque en el mismo año de 1607, a su vuelta a Douai, entre los meses de julio y septiembre, recibió el hábito de manos del prior general, Dom Agustín Bradshaw. A causa de la oposición que existía en el Colegio Inglés contra los benedictinos, el hecho no se puso en conocimiento de las autoridades del Colegio.

   En septiembre, se embarcó para Inglaterra. Apenas dos meses después de su llegada, fue arrestado y encarcelado en la prisión de Gatehouse, en Westminster. Juzgado en el Tribunal De Old Bailey, se rehusó a prestar el juramento de lealtad al rey, en la forma en que había sido condenado por la Santa Sede, pero protestó de su lealtad a la corona. Cuando le interrogaron sobre el poder del Papa para deponer a los monarcas, respondió. «Declaro que el Papa puede deponer a los reyes y emperadores cuando éstos lo merecen».
   También confesó que era sacerdote. Fue condenado a muerte inmediatamente.

   Roberto Chamberlain, confesor del mártir, anota que, cuando el verdugo le echó la cuerda al cuello, el P. Jorge levantó los brazos y miró al cielo, en la actitud del novicio que recita el «Suscipe» el día de su profesión. Y así, «abriendo los brazos como si fuesen alas», voló a recibir el premio celestial.

   El Beato Jorge Gervasio, protomártir de San Gregorio de Douai (actualmente San Gregorio de Downside), murió el 11 de abril de 1608. El mismo día y a la misma hora, un incendio destruyó casi toda la ciudad de Bury y St. Edmunds, en la que el Beato Jorge había pasado gran parte de su juventud.

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BEATO ANTONIO NEYROT, Mártir

10 de abril

Beato Antonio Neyrot (1420-1460) Nació en Rívoli, Italia. Ingresó en los dominicos de Florencia y en esa época de su vida no destacó precisamente por su fervor.

En un viaje de Sicilia a Nápoles fue apresado por unos corsarios y llevado a Túnez. Abrazó el Islam y contrajo matrimonio, pero ni su nueva religión ni su nuevo estado civil le hicieron feliz.

Sabedor por mercaderes genoveses que su maestro san Antonino había muerto y hacía milagros, empezó a encomendarse a su intercesión y obtuvo la gracia de convertirse.

Retomó su hábito de dominico, y se dispuso a recorrer la ciudad de Túnez, proclamando su fe cristiana. Mientras lloraba sus pecados de rodillas ante al verdugo, la multitud impaciente se abalanzó sobre él y lo mató.

Después pasearon su cadáver por las calles. Antonio no tardó en ser venerado como mártir en Italia y Clemente XIII confirmó su culto en 1767. 

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SAN TERENCIO DE ÁFRICA, y Compañeros Mártires

10 de abril

(Siglo III)

San Terencio es el jefe de un grupo de mártires de origen oriental, ejecutados en Cartagena por orden del ‘prefecto de África’ Fortunano, en tiempo del emperador Decio.

Éste había dictado un decreto de persecución y condena al suplicio contra todos aquellos que no renegaran del Cristianismo.

Terencio y treinta y nueve compañeros decidieron no ceder. Fueron arrestados, y después de haberlos azotado y atormentado en el potro y de otras maneras, los degollaron, alcanzando así la palma del martirio.

   Se conocen los nombres de algunos de sus compañeros: Africano, Pompeyo, Máximo, Alejandro, Teodoro y Zenón.

   A fines del siglo IV bajo el imperio de Teodosio el Grande, sus cuerpos fueron trasladados a Constantinopla.

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SAN MIGUEL de LOS SANTOS, Monje

10 de abril

San Miguel de los Santos, nació en Vic, llamada «la ciudad de los santos», no lejos de Barcelona, el 29 de septiembre de 1591. Sus padres eran Enrico Argemír y Margarita Monserrada.  

Educado en un ambiente de gran piedad, se siente llamado a la vida religiosa. Su primera vocación es la de eremita solitario en el Montseny, pero aquello no puede ser, es aún un chiquillo, los conventos de Vic también le rechazan, hay que esperar a que crezca y madure, pero él no quiere esperar, sabe muy bien adonde va, y a los doce años consigue que le admitan en los trinitarios calzados de Barcelona.  

No le gusta la orden por demasiado blanda, pero será el 28 de enero de 1608, cuando reciba en el Convento de Pamplona el hábito de la Orden de Descalzos de la Santísima Trinidad, Redención de Cautivos. hace profesión en los trinitarios descalzos de Oteiza, en Navarra. Luego estudiará en Alcalá de Henares, Baeza y Salamanca, y  se forma en la espiritualidad trinitaria en Barcelona y Zaragoza.
Madrid, la Solana, Sevilla, Baeza y, sobre todo, Valladolid, donde será Superior. Todos admiran su vida santa.  

Muere a los treinta y tres años, el 10 de Abril de 1625, después de haber padecido calumnias y diez meses de cárcel; y después de haber predicado, en las fiestas Pascuales, la alegría de la resurrección con Cristo.

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SAN FULBERTO, Obispo de Chartres

10 de abril

 San Fulberto, además de dominar la exégesis bíblica y la teología, tenía conocimientos de física, astronomía, medicina y música.

   Estudió en Reims junto al célebre Gerberto y cuando éste se convirtió en el Papa Silvestre II, Fulberto lo siguió a Roma, que era entonces capital de corruptelas y matanzas. Sirvió al pontífice con abnegación, sin aceptar jamás prelaturas o dinero. A la muerte de Silvestre, regresó a Francia, donde fue nombrado obispo de Chartres.

   Fulberto enseñó toda su vida. Gracias a sus lecciones, las academias de Chartres se erigieron en el primer centro intelectual de Francia. Nos quedan de él tratados, sermones, prosas litúrgicas y ciento veinticinco cartas. En sus cartas se transparenta su buen carácter: tan modesto y apacible como firme y valiente. Hay que alabar también a Fulberto por haber sido el artífice de la famosa catedral de Reims. Gracias al rey Canuto de Dinamarca pudo llevarse a buen término en pocos años una tarea semejante.

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SAN EZEQUIEL, Profeta

10 de abril

El divino y portentoso profeta Ezequiel fue hijo de Buzi, natural de Sarira, y sacerdote de la tribu noble y sacerdotal de Leví. Su nombre vale lo mismo que Fortaleza de Dios, y alude a aquellas palabras que el Señor le habló diciendo: «Como el diamante y como el pedernal es la frente que te di». (Ezeq. III, 8.).

Era todavía mancebo cuando fue llevado cautivo a Babilonia, juntamente con Jeconias, rey de Judá y diez mil judíos. En el quinto año de su destierro, y quinientos noventa y tres años antes de Jesucristo, estando junto al río Cóbar, que corriendo por la Mesopotamia viene a morir en el Eufratestuvo la primera y solemnísima visión profética y recibió la misión divina de profetizar, que le duró por espacio de veintidós años.

Sus profecías fueron las más terribles y espantosas, a las cuales llama san Jerónimo «Océano de los misterios de Dios». En ellas hablaba del cautiverio de Babilonia, de la ruina de otras ciudades y naciones, de la vuelta del cautiverio, del Reino del Mesías y de la vocación de las gentes a la fe divina de nuestro Señor Jesucristo.

Fue este santísimo profeta figura de nuestro divino Redentor, porque ejercitó los divinos ministerios de profetizar y enseñar a los hombres, y a semejanza de Jesucristo, se llamaba a sí mismo «Hijo del hombre», y también puso la vida y la sangre en confirmación de la verdad de Dios.

Porque como reprendiese a uno de los jefes del pueblo judaico por sus sacrilegios e idolatrías, dicen Que no pudiendo sufrir aquel sacrílego apóstata la reprensión del Profeta, mandó que le arrastrasen a la cola de sus caballos, hasta que quebrantada la cabeza y derramados los sesos, dio su vida por la causa de la verdad de Dios que había anuncia do en sus divinas profecías.

El sepulcro de este gran profeta se halla a quince leguas de Bagdad, donde por espacio de muchos siglos fue muy visitado no sólo por los Israelitas, mas también por los medos y persas. Más agradable a Dios fuera esta devoción, si no se contentasen con venerar solamente la memoria de san Ezequiel, sino que abriesen también los ojos de su alma para reconocer al Hijo del Hombre y divino Mesías Jesucristo, tantas veces y tan solemnemente anunciado por el santo Profeta.   

REFLEXIÓN

Un viajero moderno, lugar teniente de Lynch, de los Estados Uni dos, nos dice: que el día  4 de mayo de 1848 llegó a Kiffell con propósito de visitar el sepulcro del profeta Ezequiel. El jefe de las tribu le acompañó hasta una espaciosa sala rodeada de columnas.

En el fondo de aquella estancia hay una gran caja, en la cual se encierra una copia de los cinco libros de Moisés, escrita en un solo rollo de pergamino: y en el otro extremo del salón, hay una pequeña pieza donde se encierra la tumba de san Ezequiel.

El sepulcro es de madera, cubierta de una rica tela de Persia: la bóveda de la recámara está do rada, y perpetuamente iluminada por muchas lámparas, y a un lado del sepulcro, donde arde una sola lámpara, se ven las tumba de los tres discípulos que solían acompañar al santo Profeta.

Aprendamos nosotros, hasta por el ejemplo de los mismos judíos e infieles, a venerar a los san tos de Dios; aborreciendo la impiedad de los herejes protestantes que ultrajan sus sagradas reliquias y sepulcros: pues ya que nuestro Señor quiso honrarles con tan soberanos dones y maravillas, justo es que también les honremos nosotros como a gloriosos cortesanos de Dios, santísimos miembros del cuerpo místico de Jesucristo, y poderosos abogados nuestros en el cielo.   

ORACIÓN

   Concédenos, oh Dios omnipotente, que los que celebramos el nacimiento para el cielo de tu bienaventurado profeta y mártir Ezequiel, seamos fortalecidos en el amor de tu nombre.   Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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Santoral

10 de abril

San Macario, Obispo y Confesor
San Ezequiel, Profeta
San Fulberto de Chartres, Obispo
San Miguel de los Santos, Monje
San Terencio, Mártir
San Pompeyo, Mártir (Ver Terencio)
San Máximo, Mártir (Ver Terencio)
San Africano, Mártir (Ver Terencio)
San Teodoro, Mártir (Ver Terencio)
San Zenón, Mártir (Ver Terencio)
Beato Antonio Neyrot, Mártir
San Bademo, Abad
San Beocca, Abad (Ver Los Mártires de los Daneses)
San Héctor, Abad (Ver Los Mártires de los Daneses)
San Hedda, Mártir (Ver Los Mártires de los Daneses)
Los Mártires de los Daneses
San Paterno deAbdinghof
Beato Marcos Fantucci

Santoral

9 de abril

Santa Casilda, Virgen
Santa María Cleofé, Matrona
San Lorenzo de Irlanda, Obispo
San Esiquio, Mártir
San Hugo de Rouen
Beato Antonio Pavoni, Mártir
Beato Ubaldo de Florencia

SAN LORENZO DE IRLANDA, Obispo

9 de abril

El 9 de Abril la Iglesia Católica recuerda a San Lorenzo quien nació en Irlanda hacia el año 1128, de la familia O´toole que era dueña de uno de los más importantes castillos de esa época.


   Cuando el niño nació, su padre dispuso a un conde enemigo que quisiera ser padrino del recién nacido. El otro aceptó y desde entonces estos dos condes (ahora compadres) se hicieron amigos y no lucharon más el uno contra el otro.   Cuando lo llevaban a bautizar, apareció en el camino un poeta religioso y preguntó qué nombre le iban a poner al niño. Le dijeron un nombre en inglés, pero él les aconsejó: Pónganle por nombre LORENZO, porque este nombre significa: «coronado de laureles por ser vencedor» y es que el niño va hacer un gran vencedor en la vida». A los papás les agradó la idea y le pusieron por nombre Lorenzo y en verdad que fue un gran vencedor en las luchas por la santidad.


   Cuando el niño tenía diez años, un conde enemigo de su padre le exigió como condición para no hacerle la guerra que le dejara a Lorenzo como rehén. El Sr. O´toole aceptó y el jovencito fue llevado al castillo de aquel guerrero. Pero allí fue tratado con crueldad y una de las personas que lo atendían fue a comunicar la triste noticia a su padre y este exigió que le devolvieran a su hijo. Como el tirano no aceptaba devolverlo, el Sr. O´toole le secuestro doce capitanes al otro guerrero y puso cómo condición para entregarlos que le devolvieran a Lorenzo. El otro aceptó pero llevó al niño a un monasterio, para que apenas entregaran a los doce secuestrados, los monjes devolvieran a Lorenzo.


   Y sucedió que al jovencito le agradó inmensamente la vida del monasterio y le pidió a su padre que lo dejara quedarse a vivir allí, porque en vez de la vida de guerras y batallas, a él le agradaba la vida de lectura, oración y meditación. El buen hombre aceptó y Lorenzo llegó a ser un excelente monje de ese monasterio.


   Su comportamiento en la vida religiosa fue verdaderamente ejemplar. Dedicadísimo a los trabajos del campo y brillante en los estudios. Fervoroso en la oración y exacto en la obediencia. Fue ordenado sacerdote y al morir el superior del monasterio los monjes eligieron por unanimidad a Lorenzo como nuevo superior.


   Por aquellos tiempos hubo una tremenda escasez de alimentos en Irlanda por causa de las malas cosechas y las gentes hambrientas recorrían pueblos y veredas robando y saqueando cuanto encontraban. El abad Lorenzo salió al encuentro de los revoltosos, con una cruz en alto y pidiendo que en vez de dedicarse a robar se dedicaran a pedir a Dios que les ayudara. Las gentes le hicieron caso y se calmaron y él, sacando todas las provisiones de su inmenso monasterio las repartió entre el pueblo hambriento. La caridad del santo hizo prodigios en aquellas situación tan angustiosa.


En el año 1161 falleció el arzobispo de Dublín (capital de Irlanda) y clero y pueblo estuvieron de acuerdo en que el más digno para ese cargo era el abad Lorenzo. Tuvo que aceptar y, como en todos los oficios que le encomendaban, en este cargo se dedicó con todas sus fuerzas a cumplir sus obligaciones del modo más exacto posible. Lo primero que hizo fue tratar de que los templos fueran los más bellos y presentables posibles. Luego se esforzó porque cada sacerdote se esmerara en cumplir lo mejor que le fuera posible sus deberes sacerdotales. Y en seguida se dedicó a repartir limosnas con gran generosidad.
Cada día recibía 30,40 o 60 menesterosos en su casa episcopal y él mismo servía la comida. Todas los ingresos que obtenía como arzobispo las dedicaba a ayudar a los más necesitados.


   Buscando la paz otra vez. En el año 1170 los ejércitos de Inglaterra invadieron a Irlanda llenando el país de muertes, de crueldad y de desolación. Los invasores saquearon los templos católicos, los conventos y llenaron de horrores todo el país. El arzobispo Lorenzo hizo todo lo que pudo para tratar de detener tanta maldad y salvar la vida de los invasores a pedirle que devolviera los bienes a la iglesia y que detuviera el pillaje y el saqueo. El otro por única respuesta le dio una carcajada de desprecio. Pero pocos días después murió repentinamente.  El sucesor tuvo temor y les hizo mucho más caso a las palabras y recomendaciones del santo.


   El arzobispo trató de organizar la resistencia pero viendo que los enemigos eran muy superiores, desistió de la idea y se dedicó con sus monjes a reconstruir los templos y los pueblos y se fue a Inglaterra a suplicarle al rey invasor que no permitiera los malos tratos de sus ejércitos contra los irlandeses.


Estando en Londres de rodillas rezando en la tumba de Santo Tomás Becket (un obispo inglés que murió por defender la religión) un fanático le asestó terribilísima pedrada en la cabeza. Gravemente herido mandó traer un poco de agua. La bendijo e hizo que se la echaran en la herida de la cabeza, y apenas el agua llegó a la herida, cesó la hemorragia y obtuvo la curación. El Papa Alejandro III nombró a Lorenzo como su delegado especial para toda Irlanda y él deseoso de conseguir la paz para su país se fue otra vez en busca del rey de Inglaterra a suplicarle que no tratara mal a sus paisanos. El rey no lo quiso atender y se fue para Normandía. Y hasta allá lo siguió el santo, para tratar de convencerlo, pero a causa del terribilísimo frío y del agotamiento producido por tantos trabajos, murió allí en Normandía en 1180 al llegar a un convento.  Cuando el abad le aconsejó que hiciera testamento, respondió: «Dios sabe que no tengo bienes ni dineros porque todo lo he repartido entre el pueblo. Ay, pueblo mío, víctima de tantas violencias ¿Quién logrará traer la paz?   Seguramente desde el cielo debe haber rezado mucho por su pueblo, porque Irlanda ha conservado la religión y la paz por muchos siglos. Estos son los verdaderos patriotas, los que como San Lorenzo de Irlanda emplean su vida toda por conseguir el bien y la paz para sus conciudadanos. Dios nos envíe muchos patriotas como él.

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Santa María Cleofé, Matrona

9 de abril

La fidelísima y dichosa sierva de Jesucristo santa María Cleofé era parienta de la santísima Virgen pues estaba casada con Alfeo, el cual era hermano del glorioso patriarca san José, e hijo como él de Jacob. Tuvo de su bendito matrimonio cuatro hijos, que fueron san Simón, llamado Simón Cananeo o Zelotes, Santiago el menor, Ju das Tadeo, y Joseph o José. Los tres primeros fueron escogidos para el apostolado de nuestro Señor Jesucristo; y el último entró como se cree, en el número de los setenta y dos discípulos.

A estos cuatro bienaventurados hijos de santa María Cleofé llama el Evangelio hermanos del Señor, con forme a la costumbre de los hebreos, que llamaban con el nombre de hermanos alos que sólo eran próximos parientes. Pues, esta dichosa parienta de la Madre de Dios, y santa madre de tres Apóstoles, cobró tan grande y entrañable devoción a la adorable persona de nuestro Señor Jesucristo, que no pudo separarse de El ni aun en el tiempo de su pasión en que los mismos discípulos huyeron y le des ampararon: y así refieren los santos Evangelios, que se halló presente en el ; calvario con María Madre de Jesús, y María Salomé y el discípulo amado san Juan.

Ella asistió también al entierro del divino cadáver; ella fue con Salomé y la Magdalena a embalsamarlo con aromas y ungüento preciosos al amanecer del primer día de la semana, que ahora es el domingo; siendo estas tres santas mujeres las primeras que oyeron de boca de los ángeles la alegre nueva de la resurrección; y a ellas se apareció después el mismo Señor resucitado y glorioso, y les mandó que fueran a dar noticia de esto a los discípulos, a los cuales se mostró la tarde de aquel mismo día, cuando por te mor de los judíos estaban recogidos en el Cenáculo, cerradas las puertas.

También se manifestó el Señor resucitado a Cleofás, que era el marido de santa María Cleofé, cuando iba con otro discípulo al castillo de Emaús, y se les descubrió en la fracción del pan. Finalmente después de tantos y tan divinos regalos con que el Señor recompensó la devoción y amor de esta su sierva, le concedió la gracia singularísima de morir asistida por los santos Apóstoles y por la misma Madre de Dios, como piadosamente se cree. 

REFLEXIÓN 

   No podemos leer sino movidos de envidia santa la inefable dicha que tuvo la bienaventurada María Cleofé de conversar, obsequiar y adorar la sagrada persona de nuestro Señor Jesucristo; mas traigamos a la memoria lo que el mismo Señor dijo a santo Tomás: «Bienaventurados los que no vieron y creyeron», (Jo. XX.) porque, como dice Tertuliano, son muy grandes los méritos de la fe, y ordenados a grande recompensa. Con todo si lees los cuatro Evangelios, escritos por los Apóstoles y discípulos del Señor, podrás en ellos ver y oir espiritualmente a Jesucristo: porque, como nos dice san Juan Evangelista, los santos Apóstoles nos anunciaron en el Evangelio lo que vieron por sus ojos, lo que oyeron por sus oídos y lo que palparon con sus manos; y como refieren los hechos y palabras del Señor con tan grande sencillez y verdad, no podremos menos de creer con viva fe las cosas que dicen, y enamorarnos de la divina persona de Jesucristo, y derramar suavísimas lágrimas, viendo las finezas de amor que ha hecho Dios por los hombres, a fin de que creyendo que Jesucristo es verdadero Hijo de Dios, y guardando su santa ley, alcancemos la vida eterna.   

ORACIÓN

   Oh Dios, autor de nuestra sa lud, dígnate oir nuestras súplicas, para que como nos alegramos en la fiesta de la bienaventurada María Cleofé, así apren damos de ella a servirte con afectuosa y piadosa devoción. Por J. C. N. S.

Sacado de: «FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA», Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia) del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

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Del Domingo de Ramos al Viernes Santo

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Fragmento de una homilía del 29 de marzo de 2015

Una homilía muy profunda que nos ayudará a adentrarnos en el misterio de la Semana Santa. No se la pierdan.

 

Tomado de:

Adelante la Fe — Información católica

 

¿La sangre de los mártires es negociable?

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Debo confesar que en todo este “affaire” de la Santa Sede con el gobierno comunista chino sobre la permanencia o no de dos obispos católicos fieles a Roma en sus diócesis o por el contrario la negociación de su sustitución por obispos de la iglesia patriotica comunista china, es decir, cuya consagración no es válida, por lo que están excomulgados, me produce una gran tristeza. Al lado de esto todo el tema de la situación de la comunidad San Pio X, aparece como extraña, incluyendo las ordenaciones irregulares de obispos, tòpico que con los chinos parece no importar nada a la Secretaría de Estado!

“La estrategia de “encamarse con el Diablo” e impregnarse de “olor a azufre”, concluye George Weigel, “lejos de ser realismo… es una especie de cinismo que encaja a duras penas en una diplomacia supuestamente basada en la premisa de que ‘la verdad os hará libres’ (Jn 8,32)”. Esta frase reciente publicada del escritor Weigel, biógrafo de San Juan Pablo II, creo que resume magistralmente lo que sentimos la inmensa mayoría de católicos del mundo.

O como también magistralmente ha escrito el prestigioso vaticanista Sandro Magister: “Para despejar el campo de esta anomalía al filo del cisma – obstáculo grande para un acuerdo – las autoridades vaticanas han decidido, para ambas diócesis, “pedir un sacrificio” a los dos obispos legítimos, es decir, pedirles que se aparten y que reconozcan como único obispo titular de la diócesis al que ha sido nombrado por el gobierno, legitimándolo y absolviéndolo en caso de estar excomulgado.

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La fortaleza de la fe y la oración

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Velad y orad para no caer en la tentación; es espíritu está pronto, pero la carne es flaca. Mt. 26, 42

Queridos hermanos, la cita de San Mateo es clara y no deja dudas, y bien la considero como una de las causas, no menos importante, de la situación actual de la Iglesia. La vida de oración ha desaparecido en grandes sectores del clero y de los fieles, al menos no se le da la importancia debida. La realidad es contundente, a todos estos eclesiásticos que  desvergonzadamente atacan con descaro las verdades de fe, a los que les apoyan desde su situación de autoridad y poder,  van dirigida estas palabras del Señor. No han orado y han sido vencidos por la tentación de la carne. Pero también, todos aquellos que callan y silencian sus labios por respetos humanos, o simple temor, va dirigido este versículo. Son los que no tienen la pasión del error, ni el valor de la verdad.

La falta de firmeza en la fe es el amargo fruto de una vida sacerdotal, o en general, sin verdadera oración, constante, perseverante, que ansíe con vehemencia la unión con Dios, y esté dispuesta a recorrer todo el largo camino, y dificultoso, para llegar a la meta, con la gracia de Dios. Sin oración no hay luz para reconocer las verdades de  fe, ni fuerza para defenderla. Sin oración no hay santidad.

Necesidad de la oración mental

Al hablar de oración mental sólo considero la oración que nos transmitieron los Santos Padres, y que San Ignacio de Loyola, de forma insuperable, nos ha dejado en sus Ejercicios Espirituales.

Para sacar buen fruto de la oración es menester tener en cuenta, y que entendamos, que la oración no es un fin, sino un medio para nuestra perfección y acceso a Dios. Nuestra perfección no está en tener gran consolación y subidos afectos en la oración, cuanto alcanzar una perfecta mortificación sobre nosotros mismos, alcanzar un señorío sobre nuestras pasiones y deseos concupiscentes. Este es el primer fruto que hemos de sacar de la oración, y  si el Señor nos da consolaciones en la oración son, no para pararse en ellas, sino para que con mayor firmeza y determinación andemos por el camino de la virtud y de la perfección.

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San Alberto Magno, la grandeza del pensamiento católico

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Los creyentes no valoramos en su justa medida la grandeza, brillantez y majestuosidad del pensamiento católico. Doctrina profunda, firme y segura que, afincada en la Verdad de Cristo, supera de manera sideral a los falaces e insustanciales escritos de las falsas creencias y las filosofías inmanentitas.

De entre todos los grandísimos pensadores católicos San Agustín y Santo Tomás son probablemente dos de los más conocidos. Sin embargo, ha habido igualmente grandísimas luminarias en la Iglesia, que no son tan populares. Es el caso de la figura portentosa de San Alberto Magno, nada más y nada menos que el maestro del propio Santo Tomás de Aquino.

Eudaldo Forment, es un gran estudioso de la obra, vida y época de santo Tomás. Además de la enseñanza oral en la Universidad de Barcelona y otras universidades del mundo, le ha dedicado una treintena de libros y numerosos escritos. En esta ocasión nos acerca a la figura de San Alberto, maestro del Aquinate.

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Sermón Dominical

SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA

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Amados hermanos en Nuestro Señor Jesucristo:

En este segundo domingo después de Epifanía, cuyo tiempo litúrgico corresponde a los domingos después de Epifanía vemos en el Evangelio de hoy el primer milagro que hace Nuestro Señor Jesucristo en Caná. Primer milagro, con lo cual se descartan todos esos escritos apócrifos que hablan de los anteriores que Nuestro Señor Jesucristo hiciera desde pequeño. La Iglesia siempre ha desechado esos apócrifos de los cuales la literatura barata quiere hacer misterio y propaganda, aunque cuenten cosas que nos parezcan buenas; de todas formas al tener errores no son libros inspirados, luego no son la palabra de Dios, que es precisamente lo que nos interesa de las Escrituras, que son la palabra de Dios.

Y lo que nos dice este Evangelio de Dios, es que es el primer milagro que hace Nuestro Señor, que Él no quiere hacer, pues le da una respuesta a Nuestra Señora, que aparentemente puede ser áspera, como quien dice qué nos importa a ti y a mí, si no ha llegado mi hora, si no es lo mío, no me incumbe; sin embargo lo hace a instancias del pedido de Nuestra Señora que se aflige porque falta vino para los convidados en esas nupcias.

Que si nos atenemos a Santo Tomás eran las nupcias de San Juan Evangelista, familiar de Nuestro Señor y, por lo mismo, Nuestra Señora tomó a pecho esa carencia porque se trataba de sus familiares, por eso entonces Ella no dudó en invocar a su hijo para que hiciera el milagro que no estaba en los planes ordinarios de Nuestro Señor; de allí su respuesta: qué nos va a ti y a mí, mujer, si no ha llegado mi hora.

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LOS SANTOS INOCENTES

28 DE DICIEMBRE

EN EL NACIMIENTO DE LOS SANTOS INOCENTES, POR SAN BERNARDO

De las cuatro festividades continuadas del Nacimiento del Señor, de San Estebán, de San Juan y de los los Santos Inocentes

Bendito sea el que viene en el nombre del Señor: el Señor es Dios y ha hecho brillar su luz sobre nosotros; bendito sea su nombre glorioso, que es santo. No vino infructuosamente lo santo, que nació de María, sino que copiosamente difunde el nombre y la gracia de la santidad. Verdaderamente de aquí es Juan Santo, es Esteban Santo, y también los Santos Inocentes. Con provechosa disposición acompañan estas tres solemnidades al nacimiento del Señor. No sólo para que continuándose las festividades persevere la devoción continua, sino también para que el fruto del Nacimiento del Señor sea conocido de nosotros en ellas, como un efecto y consecuencia de él. Se advierten en estas tres solemnidades como tres especies de santidad: ni yo juzgo que se pueda hallar fuera de estos tres géneros de Santos, otro cuarto entre los hombres. Tenemos en el bienaventurado Esteban la obra y la voluntad del martirio: tenemos sola la voluntad en el bienaventurado Juan: y tenemos solo la obra de los Santos Inocentes. Todos ellos bebieron el cáliz de la salud o con el cuerpo y el espíritu juntamente. O con sólo el espíritu; o con sólo el cuerpo. Mi cáliz ciertamente beberéis dijo el Señor a Santiago, y a Juan: no hay dudas de que hablaba del cáliz de la pasión. En fin, cuando decía a Pedro sígueme, excitándole violentamente a la imitación de su pasión, vuelto Pedro vió que seguía después del discípulo que amaba Jesús, no tanto con los pasos del cuerpo sino con el afecto de su voluntad. Bebió pues también Juan el cáliz de la salud, y siguió al Señor como Pedro, aunque no de todas maneras como Pedro. Porque haber permanecido así, no siguiendo con la pasión corporal al Señor, fue consejo divino como lo dice él mismo: Así quiero que permanezca hasta que yo venga. Como si dijera quiere él también seguirme pero yo quiero que así permanezca.

Pero ¿habrá quien dude de las coronas de los Inocentes? ¿Dude que los infantes despedazados por Cristo sean coronados entre los mártires, el que no cree que los reengendrados en Cristo son contados entre los hijos de adopción. Cuándo aquel niño, que nació para nosotros, no contra nosotros, permitiría que unos niños coetáneos de él fuesen muertos por su causa, lo cual él podía estorbar con toda su voluntad, si no providenciera a favor de ellos alguna cosa mejor; haciendo que así como a los demás infantes, entonces la circuncisión, ahora el bautismo, sin algún uso propio de su voluntad les basta para conseguir la salud; así el martirio producido por él les bastase a ellos para la Santidad? Si buscas sus méritos para con Dios, para ser coronados, busca también sus delitos para con Herodes para ser despedazados.

¿Es menos acaso la piedad de Cristo que la impiedad de Herodes, para creer que haya podido él entregar unos inocentes a la muerte y no haya podido Cristo coronar a los que fueron muertos por él? Sea pues Esteban mártir para con los hombres, cuya voluntad de padecer se manifestó con toda evidencia particularmente, en que en el mismo artículo de su muerte tenía la más viva solicitud, tanto por los perseguidores como por si mismo, venciendo en él el afecto de su interior compasión al afecto de su pasión corporal, de suerte que lloraba más por los delitos de ellos que por sus propias heridas. Sea Juan mártir para con los Ángeles, que como espirituales criaturas conocieron con más claridad las señales espirituales de su propia voluntad para padecer por Cristo. Pero estos verdaderamente son vuestros mártires, o Dios, para que resplandezca con más evidencia el privilegio de vuestra gracia en quienes ni el hombre ni el Ángel descubre mérito alguno. Vos habéis formado en la boca de los infantes y los niños de pecho vuestra perfecta alabanza. Gloria sea Dios en las alturas dicen los Ángeles, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Grande alabanza es esta sin duda, pero me atrevo a decirlo todavía no es alabanza perfecta, hasta que venga quien diga: dejad a los párvulos que vengan a mi, porque de los tales es el Reino de los Cielos, y paz a los hombres aún sin el uso de su voluntad para ilustre testimonio de la piedad de Dios.

Esto debieran considerar los que suelen combatirse en contenciosas disputas sobre la obra y la voluntad: consideren y adviertan que no conviene despreciar ni lo uno ni lo otro cuando no falta la facultad; especialmente lo uno sin lo otro (pero cuando la facultad falta) no solo dar la salud sino la santidad. Más también se persuaden firmemente, que aprovecha la obra sin la voluntad, pero no contra la voluntad, de suerte que por lo que se salvan los infantes, tendrían más condenación los que  llegaron a la fe fingidamente. Del mismo modo, en algunos la voluntad sin la obra es suficiente, pero no contra la obra. Por ejemplo, si uno es arrebatado por la muerte cuando tiene en si una buena voluntad, pero todavía no perfecta, todavía no bastante valerosa para sufrir el martirio: ¿quién se atreverá a negar que se salve por esta interpretación? Quizá no le permite Dios que llegue a tentación tan grave, con el fin de que en ella no desmaye y se condene. Porque, si con tan débil voluntad fuera puesto en aquella tentación, que es sobre sus fuerzas y su voluntad no fuese corroborada, quien duda que desmayaría, que negaría la fe, y que si entonces muriese pereciera? Si alguno tiene vergüenza de mi delante de los hombres, también yo tendré vergüenza de él, dice el Señor, delante de los Ángeles de Dios, Así, en nuestra voluntad imperfecta en la que alguno se salva, cuando falta la ocasión y facultad para la obra, no se podría salvar por la falta de la obra, o diciendo de otro modo, por la obra de su rebeldía y falta. Lo mismo también podría suceder con la ignorancia, antes bien solícitos y timoratos demos gracias al benignísimo, y liberalísimo Salvador, que ocasiona con caridad tan copiosa las ocasiones a la salud a los hombres, que se alegra de encontrar en unos la voluntad y la obra, y en otros la voluntad sin obra, en otros también sin voluntad la obra de la salud, queriendo que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad. Porque en esto consiste la Vida Eterna, en que conozcamos al Padre Dios verdadero y a Jesucristo a quien envió, el cual es con el Padre un Dios verdadero, bendito sobre todas las cosas por los siglos, Amén.

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MEDITACIÓN

Herodes, viendo que quedaba burlado de los magos, se airó en gran manera, etc.

Considera, que después que los magos entraron en Jerusalén, pidiendo por el recién nacido Rey de los judíos, y dieron razón de la estrella a Herodes, este les encargó que hallándole se lo noticiasen a su vuelta para que él también adorase aquel Rey de los judíos señalado por la estrella.

Y como hubiesen pasado muchos días, y no pareciesen los magos, se tuvo Herodes por burlado de ellos y agraviado.

Herodes estaba con el mal ánimo de querer matar al nuevo Rey; y los magos no tenían obligación de darle razón de su camino; y en vez de confundirse Herodes, se da por agraviado; porque estaba lleno de soberbia, que en todo hace parecer al soberbio, que se le hace agravio. Si Herodes hubiese sido humilde, no habría reparado en sufrir aun lo que el mundo loco llama verdaderos agravios.

Examínate seriamente, y quizá encontrarás haber faltado muchas veces en darte por agraviado teniendo culpa, y siendo tratado con caridad y para remedio de tus faltas. Con imaginaciones altivas, con juicios contra los otros, con escusas de tus faltas, pretendes notar el proceder ajeno y hacer ver tu agravio; y por fin, en verdad, y delante de Dios, todo se resuelve en tu soberbia.

Busca la verdadera humildad de corazón, que te librará de muchas faltas, temores e inquietudes.

Se airó en gran manera.

Considera, que Herodes dio la rienda a tanta ira, por haber oído nombrar otro Rey de los judíos, sin saber quién era y a qué venia; cuando según buena razón debía averiguar el caso y deliberar después sobre lo que fuese justo: más como no quería sujetarse a la razón, su pasión le llenó de rabia.

¡Oh, qué bien lo explicó Santiago en su canónica!: ¿De dónde nacen en vosotros las guerras y pleitos? De las concupiscencias vuestras, que reinan en vuestro cuerpo.

Si Herodes no hubiese dejado reinar en su corazón sus malos deseos, no habría sido llevado de tanta ira, ni habría pasado a cometer tan grave y escandaloso pecado.

Si tú quieres verte libre de la ira y de los pecados que de ella nacen, no dejes reinar en ti desordenados deseos: mortifícalos desde el principio; y así, aunque seas impedido de su logro, no vivirás expuesto a ser señoreado de la ira, ni a cometer tantas faltas, como de ella se originan.

¡Oh deseos no mortificados, de cuánta ira y de cuántas faltas habéis sido infeliz semilla!

Y enviando a sus ministros y soldados, mató a todos los niños que había en Belén y su comarcade dos años abajo.

Considera, que estas pasiones no mortificadas de Herodes, de lance en lance, le llevaron a querer quitar la vida al recién nacido Rey, para cuya seguridad se abalanzó a tan injusta crueldad, como fue quitar la vida a tantos mil inocentes.

Teme de ti mismo y teme de soltar la mano de la mortificación de tus pasiones; porque aunque al presente por la misericordia de Dios tengas horror al pecado mortal; más si te descuidas en mortificarte en cosas pequeñas, poco a poco podrías ir descaeciendo en el temor de Dios y hallarte un día caído en culpa mortal.

Considera más, y adora la providencia de Dios en permitir que este tirano ejecutase tan inhumana fiereza; pues a más de sacar Dios gran gloria en publicar su venida al mundo con tan inaudita crueldad, aseguró la salvación de estos Santos Niños, que ahora la Iglesia venera y se encomienda a sus oraciones, los cuales a los ojos mundanos parecieron infelices; y Herodes, que quedó triunfante, murió desastradamente, y ahora arde en el infierno.

Saca de aquí saber apreciar las ocasiones de paciencia que te ofrecen tus contrarios; pues sufriéndolas por Dios tendrás seguro el premio, y ellos su castigo como Herodes, si como él no se humillan y enmiendan.

Sermón del Padre Juan Carlos Ceriani sobre los Santos Inocentes Ver Aquí

Tomado de:

https://radiocristiandad.wordpress.com/

SAN JUAN EVANGELISTA

27 DE DICIEMBRE

SAN JUAN

Apóstol, Evangelista y Apokaleta

† hacia el año 101 en Éfeso
 
Patrono de escritores; autores; editores; libreros; encuadernadores; impresores; compositores tipográficos; papeleros; litógrafos; pintores; amistad; teólogos. Protector contra las quemaduras y los venenos.

Pedro vio venir detrás al discípulo amado de Jesús, aquél que en la Cena se reclinara sobre su pecho. (Juan 21, 20)

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San Juan era todavía joven cuando siguió a Jesús. Fue su discípulo predilecto a causa de su inocencia; asistió a su transfiguración, se recostó en su pecho en la última Cena, subió con Él al Huerto de los Olivos, y recibió a María como Madre, ayudó a sepultar al Salvador y acudió el primero con Magdalena a su tumba el día de su resurrección. Después de la Ascensión, fue a predicar el Evangelio al Asia Menor y se estableció en Éfeso con la Santísima Virgen. Conducido a Roma en el año 95, bajo Domiciano, y arrojado a una caldera de aceite hirviendo, salió de ella sano y salvo y fue desterrado a la isla de Patmos, donde compuso el Apocalipsis. De vuelta a Éfeso, escribió contra los gnósticos su Evangelio que, con sus tres Epístolas, es el inflamado código de la caridad. Sobrevivió a todos los otros Apóstoles.
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MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA DE SAN JUAN
I. He aquí al amigo íntimo de Jesús, aquél que descansó sobre su pecho en la última Cena, y a quien el divino Salvador hizo partícipe de sus más grandes secretos. La primera condición de una verdadera amistad es no tener secretos para el amigo. ¿Está abierto tu corazón para Jesús? ¿No tomas ninguna resolución sin haberlo consultado? En todo tiempo puedes penetrar en su corazón por la adorable llaga de su costado; ¡y Él no puede hacerlo en el tuyo, lleno como está totalmente de las creaturas! Os amo, oh Dios mío, y deseo amaros siempre más (San Agustín).
II. La segunda cualidad de la amistad es compartir con el amigo lo que se posee. Ahora bien, Jesús durante su vida diose todo entero a San Juan y, al morir, le dio a su madre. “Hijo mío, dijo, he aquí a tu Madre”. San Juan se había dado por entero a Jesús, había abandonado todo para seguirlo. Date del mismo modo todo entero a Jesús, si quieres ser su amigo. ¿A quién destinas tu corazón? El mundo es indigno de poseerlo. ¿Qué has dado a Jesús en retribución de su ternura? ¿Le has consagrado tu cuerpo, tu voluntad, tu inteligencia, en una palabra todo lo que eres y todo lo que posees?
III. En fin, la tercera cualidad de la amistad es la semejanza: el amor hace semejantes a los amigos, si ya no lo son. Fue también este amor el que hizo a San Juan semejante a Jesús, lo hizo también hijo espiritual de María. Jesús te amará, si te asemejas a Él. Para lograrlo, es menester, no que te recuestes visiblemente sobre el corazón de Jesús, sino que Jesús venga a tu corazón, y que no tengas tú otra voluntad que la suya. Tener los mismos gustos y las mismas repugnancias; he ahí la verdadera amistad (San Jerónimo).

El amor de Dios.
Orad por el aumento de la caridad.
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ORACIÓN
Dignaos, oh Dios de bondad, derramar sobre vuestra Iglesia los rayos de vuestra luz celestial, a fin de que iluminada con las enseñanzas de San Juan, vuestro Apóstol y Evangelista, alcance las recompensas eternas. Por J. C. N. S.
Sermón del Padre Juan Carlos Ceriani sobre la Fiesta de San Juan Evangelista ver aquí
Fuentes: Martirologio Romano (1956). Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. – Tomo IV, Patron Saints Index.
Tomado de: