LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

Ernesto Cardenal, fue reprendido en persona por Juan Pablo II en marzo de 1983 y suspendido “a  divinis” por su compromiso con los sandinistas de Nicaragua.

Ernesto Cardenal, fue reprendido en persona por Juan Pablo II en marzo de 1983 y suspendido “a divinis” por su compromiso con los sandinistas de Nicaragua.

Introducción

¿Quién de nosotros no se ha conmovido al contemplar en nuestras ciudades los cinturones de miseria en los que viven multitudes en condiciones infrahumanas?, ¿quién no ha sentido pena al ver deambular por las calles a indígenas desarraigados tratando de sobrevivir vendiendo lo que sea y llevando tras de sí, invariablemente, dos o tres chiquillos famélicos…?

En nuestra patria, tan rica en posibilidades viven millones en extrema pobreza, en caseríos diseminados a lo largo y ancho de nuestro territorio sin la menor esperanza de un futuro mejor. Cuántos deben abandonar sus lugares de origen para tratar de ir “al otro lado” en ese vergonzoso espectáculo de los indocumentados expuestos a toda clase de peligros por parte de los “polleros” y otros explotadores, porque en México no tienen oportunidades de progresar.

¿Por qué tienen que organizar “marchas” extenuantes y plantarse sea en el zócalo de la capital o ante Los Pinos para ser escuchados?, ¿Por qué existe el triste espectáculo del ambulantaje que invade incontrolablemente las ciudades dañando al comercio establecido, favoreciendo la piratería, la venta de artículos robados en los asaltos a mano armada a los trailers, comerciantes ambulantes, ellos mismos explotados por corruptos líderes y hasta por las autoridades coludidas con un sistema podrido hasta sus raíces…?

Es entonces que cualquier corazón bien puesto se rebela en contra de la injusticia integral, de la corrupción total, de la explotación del hombre por el hombre, de sistemas políticos y económicos factores de insultantes y terribles desigualdades. ¿Cómo remediar tanta injusticia?, ¿cómo proporcionar a los pobres las oportunidades de sobrevivencia honesta?, ¿cómo corregir el rumbo social desviado desde hace decenios o siglos?

Surge la tentación de radicalizarse con las “izquierdas” y adoptar aquella ideología que promete un cambio de estructuras sociales de una vez para siempre: el marxismo. Obispos, teólogos, sacerdotes y laicos católicos, han tratado de lograr el anhelado cambio en la llamada TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, que analizaremos en el presente estudio.

Origen de la Teología de la liberación.

Siendo la TEOLOGÍA la ciencia que estudia “las cosas de Dios” y la palabra LIBERACIÓN significando lo más preciado para el hombre: la libertad, parecería que las dos palabras juntas significarían algo bello, sumamente bueno y deseable, pero veremos cómo la realidad de esta expresión es muy diferente.

La Teología de la Liberación tuvo su origen en Europa. Desde 1917 Walter Rauschembusch, teólogo alemán con fuerte influencia marxista, lanzó las ideas iniciales en su libro “Una Teología para el Evangelio Social”. Después otros teólogos principalmente protestantes, alemanes y holandeses, desarrollaron la “Teología de la Esperanza”.

Al final de la II Guerra Mundial, la iglesia Católica Holandesa era tan conservadora como cualquiera otra de Europa, pero empezó a hacer experimentos con la “democracia eclesiástica” llegando al concilio Vaticano II con proposiciones reformistas muchas de las cuales fueron inaceptables y rechazadas.

Después del concilio apareció el controvertido “Catecismo Holandés” que ponía como discutibles asuntos el celibato sacerdotal o la infalibilidad del Papa, entre otras cosas. La ola del liberalismo en la década de los sesentas trajo como consecuencia una dolorosa deserción de sacerdotes y religiosos y una dramática reducción de vocaciones de la que apenas parece se están reponiendo algunas Diócesis fuera de Europa.

En el mes de mayo de 1985 S.S. Juan Pablo II visitó por 5 días a Holanda y pocos viajes de su Santidad han provocado tantos problemas, poniendo de manifiesto no solo la intolerancia protestante sino las dificultades internas de una Iglesia Católica profundamente dividida en dos bandos: conservadores y progresistas.

En América Latina

Pero es realmente en América Latina en donde la teología de la liberación adquirió verdadera fuerza, debido principalmente a misioneros holandeses y españoles y de una manera muy especial al sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez y a sus seguidores Clodovis y Leonardo Boff, sacerdotes brasileños. Las principales obras de los hermanos Boff son “Eclesionesis, las comunidades de base reinventan la Iglesia” y “Teología de lo Político”. Leonardo fue condenado al silencio en mayo de 1985 por el Vaticano, prohibiéndole toda enseñanza sea oral o escrita.

Leonardo Boff, teólogo de la liberación.

Leonardo Boff, teólogo de la liberación.

 

Otro sacerdote radicalizado fue Hugo Assman, que no solamente abandonó el sacerdocio sino que se hizo protestante y en la república de San Salvador el sacerdote jesuita español Jon Sobrino.

Hija legítima de la teología de la liberación, es la llamada “Iglesia Popular” muy activa en Nicaragua y condenada extensamente por la conferencia episcopal de América Central en el libro titulado “Juan Pablo II en América Central; balance de una visita”.

Es indudable que las conclusiones a las que llegaron las conferencias episcopales de Medellín, Colombia, en 1968 y de Puebla, México, en 1979, fueron fuertemente influenciadas por los teólogos de la liberación acerca de la “opción por los pobres y jóvenes”, dando así un fuerte impulso a sus seguidores.

Algunos califican a Medellín como la “matriz” de este movimiento (Vicente Mariano en su libro “Continuidad y Evolución del Magisterio en torno al comunismo, socialismo y marxismo).

Algunos esperaban que la conferencia de Puebla fuera más allá de Medellín, pero Juan Pablo II, bien conocedor y víctima del marxismo, se encargó de poner las cosas en su sitio cuando en su discurso en la Basílica de Guadalupe dijo con muy fuerte voz a obispos y sacerdotes que abarrotaban el Santuario: “sois sacerdotes y religiosos, no sois dirigentes sociales, líderes políticos o funcionarios del poder temporal”, arrancando una impresionante ovación entusiasta de los asistentes.

La opción de la Iglesia por los pobres fue matizada con la palabra “preferencial”, cosa que decepcionó a los teólogos de la liberación ya que la “opción preferencial” ya no es exclusiva ni excluyente. A los radicales, por definición, no les gustan los matices.

Jon Sobrino

Jon Sobrino

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LA PERSECUCIÓN EN EL SEÑOR DEL MUNDO

persecucion

La persecución, dijo, era más o menos inminente. Ya se habían producido algunos altercados. Pero la persecución no debiera ser motivo de temores. Sin duda causaría bastantes apostasías, como siempre había sido, aunque fueran deplorablemente atribuibles a los apóstatas individuales. Por otra parte, esa situación renovaría la fuerza de los fieles, y serviría de purga para eliminar de la Iglesia a los menos convencidos.

En tiempos muy lejanos, el ataque de Satán se produjo por el flanco corporal, con látigos, fuego, bestias; en el siglo XVI se produjo por el lado intelectual; en el siglo XX, por los resortes de la vida moral y espiritual. En esos momentos daba en cambio la impresión de que el ataque llegaba por los tres planos al mismo tiempo. Sin embargo, lo que sí debía ser, sin duda, motivo de temor, era la influencia positiva del humanitarismo: sobrevenía, como el reino de Dios, revestido de un gran poder; aplastaba a los imaginativos, a los románticos; asumía, más que afirmar, su propia verdad incontestable; apisonaba y sofocaba, no hería, y ganaba terreno con el estímulo del acero o de la polémica.

Parecía abrirse paso de una manera casi objetiva en el mundo interior. Personas que apenas conocían su nombre ya profesaban sus dogmas; los sacerdotes lo habían absorbido, igual que absorbían a Dios en la Comunión. Reseñó los nombres de algunos apóstatas recientes. Los niños bebían su jugo como si fuera el cristianismo mismo.

El alma “de naturaleza cristiana” parecía estar convirtiéndose en “el alma de naturaleza infiel”. La persecución, clamó el sacerdote, había de ser recibida como si fuera la salvación, y era conveniente rezar para que se produjera, y era preciso asimilarla, si bien tenía miedo de que las autoridades fueran demasiado astutas, y supieran deslindar el antídoto del veneno. Podrían darse algunos martirios de individuos – de hecho, los habría, no iban a ser pocos -, pero se darían a pesar del Gobierno laico, no por su culpa.

Por último, contaba con que el humanitarismo llegara a revestirse con la vestimenta de la liturgia y el sacrificio, y una vez hecho esto la causa de la Iglesia, si no mediase una intervención de Dios, habría concluido para siempre.”

R.H.Benson

Tomado de:

http://eccechristianus.wordpress.com/

La mentira del ecumenismo

 

Introducción

Nadie que tenga vista y buena voluntad puede negar el hecho patente que el periodo que sigue a la celebración del Concilio Vaticano II es de una total debacle y crisis dentro de la Iglesia Católica. Una de las novedades más perniciosas introducidas en la Iglesia tras el Concilio fue el nuevo enfoque que se dio al Ecumenismo.

Cuando se habla de ecumenismo, lo primero que se encuentra actualmente es algo así

Cuando se habla de ecumenismo, lo primero que se encuentra actualmente es algo así

El movimiento ecuménico se había originado dentro de las sectas protestantes hacia 1920. Ya desde entonces la Iglesia había enseñado que la única forma de alcanzar la unidad con las sectas protestantes era la vuelta de estos al seno de la única y verdadera Iglesia, la fundada por Cristo y encomendada a sus apóstoles. Así se enseñaba y así fue una y otra vez proclamado por los Papas. En la encíclica Mortalium Animos, Pío XI declaraba con rotundidad su oposición a que la Iglesia Católica se involucrara ni siquiera de lejos en este movimiento de origen protestante que, mediante la manipulación y mal interpretación de algunos pasajes evangélicos, pretendía conseguir la unidad con las demás iglesias utilizando el diálogo con el fin de dirimir las diferencias que las separaban.

Papa Pío XI_

El Papa Pío XI sentenció que la manía ecuménica es contraria a la Fe Católica,

y reiteró que la única unidad aceptable

ES LA CONVERSIÓN DE LOS HEREJES Y CISMÁTICOS A LA FE CATÓLICA

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