Los gestos dicen mucho

Ante la tumba de Juan Pablo II, de rodillas.

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Francisco ora ante la tumba de Juan Pablo II en el Vaticano, el martes 2 de abril de 2013. Este martes se cumplen ocho años de la muerte de Juan Pablo II. Foto: L’Osservatore Romano / AP

Ante la tumba de Juan Pablo II, de rodillas.

CIUDAD DEL VATICANO, abr. 2, 2013.- Francisco visitó este martes la tumba de Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro del Vaticano, con ocasión del octavo aniversario de su muerte, informó la Santa Sede en un comunicado.

CIUDAD DEL VATICANO, abr. 2, 2013.- Francisco visitó este martes la tumba de Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro del Vaticano, con ocasión del octavo aniversario de su muerte, informó la Santa Sede en un comunicado.

Ante la tumba de Juan XXIII, de rodillas.

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Francisco ora ante la tumba de Juan XXIII. 3 de Junio de 2013.

Ante la tumba de Juan XXIII, de rodillas.

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Francisco ora ante la tumba de Juan XXIII. 3 de Junio de 2013.

Ante la tumba del papa San Pío V, de pie.

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Francisco ora ante la tumba del papa San Pío V, en la Basílica de Santa María la Mayor, de Roma, en su primer día de pontificado. 14 de Marzo de 2013.

Ante la tumba del papa San Pío V, de pie.

Bergoglio en su primer día de pontificado se presenta, de pie, ante el cuerpo incorrupto del papa San Pío V, quien codificó la Misa a perpetuidad bajo pena de excomunión automática contra quien la alterase. 14 de Marzo de 2013.

Bergoglio en su primer día de pontificado se presenta, de pie, ante el cuerpo incorrupto del papa San Pío V, quien codificó la Misa a perpetuidad bajo pena de excomunión automática contra quien la alterase. 14 de Marzo de 2013.

 

Urna donde se conserva el cuerpo incorrupto del papa San Pío V, en la Basílica de Santa María la Mayor.

Urna donde se conserva el cuerpo incorrupto del papa San Pío V, en la Basílica de Santa María la Mayor.

 

San Pío V en la Quo Primum Tempore, (1570)  definió a perpetuidad:

EN ADELANTE Y POR LA PERPETUIDAD DE LOS TIEMPOS FUTUROS,PROHIBIMOS QUE SE CANTE O SE RECITE OTRAS FÓRMULAS QUE AQUELLAS CONFORMES AL MISAL EDITADO POR NOS… Y QUE NO SE ATREVAN A AGREGAR O RECITAR EN LA CELEBRACIÓN DE LA MISA CEREMONIAS DISTINTAS A LAS CONTENIDAS EN EL MISAL PRESENTE. 

Del mismo modo, estatuimos y declaramos:

  • QUE NO HAN DE ESTAR OBLIGADOS A CELEBRAR LA MISA EN FORMA DISTINTA A LA ESTABLECIDA POR NOS NI PRELADOS, NI ADMINISTRADORES, NI CAPELLANES NI LOS DEMÁS SACERDOTES SECULARES DE CUALQUIER DENOMINACIÓN O REGULARES DE CUALQUIER ORDEN 
  • QUE NO PUEDEN SER FORZADOS NI COMPELIDOS POR NADIE A REEMPLAZAR ESTE MISAL;
  • Y QUE LA PRESENTE CARTA JAMÁS PUEDE SER REVOCADA NI MODIFICADA EN NINGÚN TIEMPO, SINO QUE SE YERGUE SIEMPRE FIRME Y VÁLIDA EN SU VIGOR.

Nuestra prohibición se dirige a todos los impresores que habitan en el dominio sometido directa o indirectamente a Nos y a la Santa Iglesia Romana, bajo pena de confiscación de los libros y de una multa de doscientos ducados de oro pagaderos ipso facto a la Cámara Apostólica; y a los demás establecidos en cualquier parte del orbe, BAJO PENA DE EXCOMUNIÓN LATÆ SENTENTIÆ (AUTOMÁTICA) Y DE OTROS CASTIGOS A JUICIO NUESTRO.

MÁS SI ALGUIEN SE ATREVIERE A ATACAR ESTO, SABRÁ QUE HA INCURRIDO EN LA INDIGNACIÓN DE DIOS OMNIPOTENTE Y DE LOS BIENAVENTURADOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO.

 

Pío V

Santo papa, profeta, promotor del Índex, inquisidor y protector de la Santa Misa

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Urna donde se conserva el cuerpo incorrupto del papa San Pío V, en la Basílica de Santa María la Mayor.

(Tomado de Infocatólica/RODOLFO VARGAS RUBIO)

El Papa heredero de Trento

Reuniose el cónclave el 20 de diciembre de 1565. Se daba la circunstancia que el Sacro Colegio contaba justo setenta miembros en aquel momento (aunque aún no se había fijado formalmente ese número como el máximo, cosa que haría Sixto V algunos lustros después). Sin embargo, dieciocho cardenales se hallaban ausentes, uno murió durante el cónclave y dos se pusieron enfermos y no pudieron votar. En total, pues, fueron cuarenta y nueve los purpurados que se hallaron presentes en la elección –el 7 de enero de 1566– del cardenal Alejandrino ( nace el 17 de enero de 1504 en Alessandría, Italia) que fue posible gracias a su buena fama y al apoyo decidido de san Carlos Borromeo, el influyente nepote del papa difunto, que apreciaba sinceramente al recto dominico y veía en él al hombre capaz de llevar adelante con mano firme la reforma tridentina. Se cuenta que Antonio Michele Ghislieri, al serle comunicada formalmente su elección dijo: “Cuando me hice dominico, tuve fundadas esperanzas de salvarme; al convertirme en cardenal, me entraron las dudas; ahora que soy el Papa, casi puedo desesperar de ello” (Factus primum Dominicanus coepi de salute mea sperare; dein Cardinalis dubitare, nunc factus Papa plane desperare). Tomó el nombre de Pío V en homenaje a su predecesor, queriendo con ello mostrar que, a pesar de no haberle sido propicio, no guardaba hacia él ningún resentimiento. Fue coronado el 17 de enero, diez días después de su elección según la costumbre (y en su onomástico y genetlíaco), por el cardenal Giulio Feltrio de la Rovere, proto-diácono de San Pedro ad Vincula. Comenzaba un reinado decisivo y fecundo aunque no destinado a ser prolongado.

Una vez sobre el sacro solio, san Pío V dio inmediatas muestras de su voluntad de poner en práctica el nuevo espíritu de auténtica reforma de la Iglesia, in capite et in membris. Por de pronto, las sumas de dinero destinadas a los festejos de su elección las hizo distribuir entre los pobres y despidió al bufón de corte de su predecesor (resabio del aseglaramiento que llegó a invadir el entorno del Papado de Roma, en el que habían triunfado ciertos usos del Bajo Imperio). Formó asimismo una comisión presidida por los cardenales Borromeo, Sirleto, Alciati y Savelli para acabar con la relajación del clero secular romano e imponer la nueva disciplina tridentina. En lo personal, no cambió sus morigeradas costumbres: siguió durmiendo sobre un jergón de paja y conservó sus hábitos dominicos bajo los ropajes pontificales (esta decisión personal, dicho sea de paso y como dato curioso, parece –según algunos– haber influenciado en lo sucesivo el atuendo de los Papas, cuya sotana conservó desde entonces el color blanco de los frailes predicadores, que reemplazó al rojo, el propio de los Romanos Pontífices). El programa del nuevo reinado había quedado plasmado en la alocución del 12 de enero al Sacro Colegio: aplicar a la letra el Concilio de Trento (que había sido clausurado el 4 de diciembre de 1563), combatir la herejía, mantener la concordia entre los príncipes cristianos y organizar la resistencia contra la amenaza turca.

La primera disposición importante del papa Ghislieri relativa a la puesta por obra de los decretos tridentinos fue la publicación en 1566 del Catecismo Romano (Catechismus Romanus ad parochos), en el que se ofrecía a todos los sacerdotes con cura de almas un compendio de la doctrina católica, tal como había sido expuesta y definida en el XIX concilio ecuménico, para que la expusieran al pueblo. (Su importancia es tal que hasta la aparición del falso Catecismo en 1992, gozó de la autoridad como manual y guía de teología). En realidad, el texto había sido encargado por Pío IV a una comisión de teólogos de renombre bajo la supervisión del cardenal nepote Carlos Borromeo, el cual, una vez terminada la versión italiana y revisada por el cardenal Sirleto, dispuso que fuera traducida al latín clásico por los humanistas Julius Pogianus y Paolo Manuzio (hijo del célebre impresor Aldo Manuzio, que publicó las obras de Erasmo). La estructura del catecismo dio la pauta, en lo sucesivo, para todos los libros de esta clase, hallándose dividido en cuatro partes: 1) el estudio del Credo o Símbolo de los Apóstoles (lo que hay que creer), 2) el estudio de los siete Sacramentos (lo que hay que recibir), 3) el estudio del Decálogo (lo que hay que obrar) y 4) el estudio de la Oración dominical o Pater noster (lo que hay que esperar). En resumen, la fe (1), en virtud de la gracia (2), se hace operativa por la caridad (3) y da fundamento a la esperanza (4). Sigue leyendo

Domingo del Sin Pastor

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Al último domingo, segundo de Pascua, se lo llama del “Buen Pastor” ya que en él se lee el bellísimo y enternecedor texto del evangelio de San Juan en el que Nuestro Señor se compara con el pastor bueno que da la vida por sus ovejas. Y dice: “Yo soy el buen pastor, y conozco a mis ovejas, y las mías me conocen”. Y la razón por la que las ovejas conocen a su pastor es porque conocen su voz, que llama a cada una por su nombre, con el mismo tono y con la misma intensidad cada vez que se acerca a ellas.

Comparto aquí una charla al respecto entre los amigos que hacemos el Wanderer. A ellos corresponden los créditos de este post:

Si el pastor del rebaño hablara cada vez de un modo distinto, llamara con nombres diferentes a sus ovejas o, peor aún, propinara patadas y golpes con su cayado a su rebaño mientras dijera palabras amables a los lobos merodeadores sería, quizás, un mal pastor, pero lo que con mayor seguridad podemos decir es que ese aprisco estaría sin pastor, pues el suyo no cumple las funciones específicas para las cuales fue designado.

Y es esa la sensación que padecemos desde hace mucho tiempo un buen número de fieles católicos argentinos. Casi me animo a decir que tenemos el cuero curtido luego de años de abandono y persecución por parte de nuestros obispos, y ahora que justamente nuestro obispo primado llegó a Papa, la espantosa sensación de orfandad se ha intensificado. Digámoslo claramente: no tenemos pastores, excepto a algunos buenos sacerdotes y religiosos, medio perseguidos y ocultos, que nos alientan con sus palabras y nos alimentan con los sacramentos. Y quiero discutir aquí el caso más grave de todos, el del papa Francisco, que confunde continuamente a sus ovejas con cambios de discursos, de tonalidades, de nombres; propinando bastonazos a los suyos y sonrisas y halagos a los lobos. Sigue leyendo