EL PATROCINIO DE SANTA FILOMENA, Virgen y Mártir.

Domingo siguiente al 10 de enero

Santa Filomena

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Huid… como de la Ponzoña de la Víbora

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«Huid de los razonamientos y coloquios de los herejes, como de la ponzoña de la víbora, y no tengáis que ver con aquellos que con el nombre de cristianos hacen guerra a la Fe de Cristo«

Papa San León Magno, De Pasione Domini

Tomado de:

http://lapuertaangosta.blogspot.mx/

SAN BERNARDO Y EL ADVIENTO

Cualquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana, y mi madre. (San Mateo, 12, 50).

Cualquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana, y mi madre. (San Mateo, 12, 50).

Vendrá a nosotros la Palabra de Dios. Sabemos de una triple venida del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquellas son visibles, pero ésta no.

En la primera, el Señor se manifestó en la tierra y convivió con los hombres, cuando, como atestigua Él mismo, lo vieron y lo odiaron. En la última, todos verán la salvación de Dios y mirarán al que traspasaron.

La intermedia, en cambio, es oculta, y en ella sólo los elegidos ven al Señor en lo más íntimo de sí mismos, y así sus almas se salvan. De manera que, en la primera venida, el Señor vino en carne y debilidad; en esta segunda, en espíritu y poder; y, en la última, en gloria y majestad. Esta venida intermedia es como una senda por la que se pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta, es nuestro descanso y nuestro consuelo. Y para que nadie piense que es pura invención lo que estamos diciendo de esta venida intermedia, oídle a Él mismo:

El que me ama -nos dice- guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él.

He leído en otra parte: El que teme a Dios obrará el bien; pero pienso que se dice algo más del que ama, porque éste guardará su palabra. ¿Y dónde va a guardarla? En el corazón, sin duda alguna, como dice el profeta:

En mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti.

Así es como has de cumplir la palabra de Dios, porque son dichosos los que la cumplen. Es como si la palabra de Dios tuviera que pasar a las entrañas de tu alma, a tus afectos y a tu conducta.

Haz del bien tu comida, y tu alma disfrutará con este alimento sustancioso. Y no te olvides de comer tu pan, no sea que tu corazón se vuelva árido: por el contrario, que tu alma rebose completamente satisfecha.

Si es así como guardas la palabra de Dios, no cabe duda que ella te guardará a ti. El Hijo vendrá a ti en compañía del Padre, vendrá el gran Profeta, que renovará Jerusalén, el que lo hace todo nuevo. Tal será la eficacia de esta venida, que nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial. Y así como el viejo Adán se difundió por toda la humanidad y ocupó al hombre entero, así es ahora preciso que Cristo lo posea todo, porque Él lo creó todo, lo redimió todo, y lo glorificará todo.

Tomado de:

https://eccechristianus.wordpress.com/

Aquellos que se desmayan porque se combata a los herejes

Vean lo que afirma San Bernardo

 

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¿Ya os habéis enterado de que un merodeador se introdujo al amparo de la noche en vuestra heredad, o mejor en la heredad que Dios ha confiado a vuestra custodia? San Bernardo.

SAN BERNARDO, ABAD DE CLARAVAL

CARTA CXCV. AÑO 1140 

OBRAS  COMPLETAS. VOL. V

(Edición Rafael Casulleras. Barcelona, 1929) 

AL OBISPO DE CONSTANZA

(Aconséjale que expulse de su diócesis a Arnaldo de Brescia, arrojado ya de Italia y Francia, y escondido entonces en Constanza ; o mejor que le ponga en prisiones para evitar mayores males.) 

1.  Si el padre de familias supiera en qué hora había de llegar el ladrón, seguramente estaría muy alerta y no le consentiría perpetrar el allanamiento de su morada.  ¿Y vos?  ¿Ya os habéis enterado de que un merodeador se introdujo al amparo de la noche en vuestra heredad, o mejor en la heredad que Dios ha confiado a vuestra custodia?  Sin duda que debéis saber que lo tenéis ahí escondido, pues aún a nosotros, que estamos tan separados, nos llegó la nueva.  Y no me parece extraño en modo alguno, que ignorando vos la hora en que os había de acechar, no le sorprendierais en su asalto nocturno. Lo que no dejaría de causarme harta maravilla sería, que una vez descubierto el criminal, no le reconocierais y prendierais, y obligarais a restituir lo que se os iba a llevar, y sobre todo lo que ya ha robado a Cristo, que son las almas, que es lo que Él estima más, hechas a su imagen y semejanza y redimidas con su preciosa sangre.

2.  Tal vez estáis todavía sorprendido de mi lenguaje y no sabéis a dónde voy a ir a parar con toda esta alegoría.  Pues bien, hablo de Arnaldo de Brescia, sujeto de tal condición que ojalá pudiera señalarse tanto en la pureza de su doctrina, como en la que parece guardar de costumbres. Pertenece a aquella suerte de hombres desenmascarados por el ojo avizor del Apóstol, ( Tim. 3, 5), que aparentaban mucha piedad por fuera y en realidad andaban vacíos de toda virtud ; o a aquellos otros a quienes retrataba el Señor cuando decía : “Vendrán a vosotros con pieles de oveja, y serán lobos carniceros”, (Math. 7, 15).  Este mi hombre, durante todos los años de su vida hasta el tiempo presente, no hubo lugar en que se parase a vivir donde no dejase tristes y dolorosos recuerdos de su estancia, de tal manera que no hay cuidado de que ose volver al sitio de donde una vez salió.

3. La misma tierra en que vió la luz del mundo, sintióse por culpa de él, tan atrozmente turbada y afligida, que hubo de acusarle ante el Papa, para que le desterrase como a autor de un pernicioso cisma y le obligase a prometer que jamás volvería a ella si antes no le daba su licencia la Santa Sede Apostólica.  Por un delito parecido a éste, se vió luego extrañado de tierras de Francia como insigne perturbador ; porque viéndose rechazado por el sucesor de San Pedro decidió irse con Pedro Abelardo, y habiendo abrazado sus errores, notados ya y condenados por la Iglesia, púsose a defenderlos juntamente con él y aún con más furia y pertinacia que el propio autor. Sigue leyendo

SANTA JUANA DE ARCO

Por Santa Teresita del Niño Jesús

30 DE MAYO

FIESTA DE SANTA JUANA DE ARCO

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Desde mi niñez he soñado con combatir en los campos de batalla. Cuando comencé a estudiar la historia de Francia, el relato de las hazañas de Juana de Arco me entusiasmaba; sentía en mi corazón el deseo y el ánimo de imitarla; me parecía que el Señor me destinaba a mí también a grandes cosas6. Y no me engañaba. Sólo que, en lugar de una voz del cielo invitándome al combate, yo escuché en el fondo de mi alma una voz más suave y más fuerte todavía: la del Esposo de las vírgenes, que me llamaba a otras hazañas y a conquistas más gloriosas. Y en la soledad del Carmelo he comprendido que mi misión no era la de hacer coronar a un rey mortal, sino la de hacer amar al Rey del cielo, la de someterle el reino de los corazones. (Carta de Santa Teresita al Padre Bellière 25 de abril de 1897).

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LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Por San Agustín

La Ascensión

SERMÓN 261

Traductor: Pío de Luis, OSA

La ascensión del Señor

1. La resurrección del Señor es nuestra esperanza; su ascensión, nuestra glorificación. Hoy celebramos la solemnidad de la Ascensión. Si, pues, celebramos como es debido, fiel, devota, santa y piadosamente, la ascensión del Señor, ascendamos con él y tengamos nuestro corazón levantado. Ascendamos, pero no seamos presa del orgullo. Debemos tener levantado el corazón, pero hacia el Señor. Tener el corazón levantado, pero no hacia el Señor, se llama orgullo; tener el corazón levantado hacia el Señor se llama refugio, pues al que ha ascendido es a quien decimos: Señor, te has convertido en nuestro refugio1. Resucitó, en efecto, para darnos la esperanza de que resucitará lo que muere, para que la muerte no nos deje sin esperanza y lleguemos a pensar que nuestra vida entera concluye con la muerte. Nos preocupaba el alma y él, al resucitar, nos dio seguridad incluso respecto al cuerpo. ¿Quién ascendió entonces? El que descendió2. Descendió para sanarte, subió para elevarte. Si te levantas tú, vuelves a caer; si te levanta él, permaneces en pie. Por tanto, Levantar el corazón pero hacia el Señor, he aquí el refugio; levantar el corazón, pero no hacia el Señor: he aquí el orgullo. Digámosle, pues, en cuanto resucitado: Porque tú eres, Señor, mi esperanza; en cuanto ascendido: Has puesto muy alto tu refugio3. ¿Cómo podemos ser orgullosos teniendo el corazón levantado hacia quien se hizo humilde por nosotros para que no continuásemos siendo orgullosos?

2. Cristo es Dios; lo es siempre. Nunca dejará de serlo, porque nunca comenzó a serlo. Si su gracia puede hacer que no tenga fin algo que tiene comienzo, ¿cómo va a tener fin él, que nunca tuvo comienzo? ¿Qué ha tenido comienzo y no tendrá fin? Nuestra inmortalidad tendrá comienzo, pero carecerá de fin. En efecto, no poseemos ya lo que, una vez que comencemos a poseerlo, nunca perderemos. Así, pues, Cristo es siempre Dios. Dios, ¿cómo? ¿Preguntas qué clase de divinidad? Es igual al Padre. No busques en la eternidad modos de ser, sino sólo la felicidad. Comprende, si puedes, cómo Cristo es Dios. Te lo voy a decir, no te defraudaré. ¿Preguntas en qué modo Cristo es Dios? Escúchame; mejor, escucha a mi lado; escuchemos y aprendamos juntos. No creáis que, porque yo hablo y vosotros me escucháis, yo no escucho con vosotros. Cuando oyes que Cristo es Dios, preguntas: «¿De qué modo Cristo es Dios?». Escucha conmigo; no digo que me escuches a mí, sino que escuches conmigo, pues en esta escuela todos somos condiscípulos; el cielo es la cátedra de nuestro maestro. Escucha, pues, de qué modo Cristo es Dios. En el principio existía la Palabra. ¿Dónde? Y la Palabra estaba junto a Dios4. Pero palabras acostumbramos a oírlas a diario. No equipares a las que acostumbras a oír la Palabra era Dios, cuyo modo de ser busco. Pues he aquí que ya creo que es Dios, pero pregunto cómo es Dios. Buscad siempre su rostro5. Que nadie desfallezca en la búsqueda, antes bien avance. Avanza en la búsqueda si es la piedad y no la vanidad la que busca. ¿Cómo busca la piedad?, ¿cómo busca la vanidad? La piedad busca creyendo, la vanidad disputando. En el caso de que quieras entrar en discusiones conmigo y decirme: «¿A qué Dios adoras? ¿Cómo es el Dios que adoras? Muéstrame lo que adoras», te responderé: «Aunque tengo qué mostrar, no tengo a quién».

3. Tampoco yo me atrevo a decir que he alcanzado ya aquello por lo que preguntas. En cuanto me es posible, voy tras las huellas de aquel gran atleta de Cristo, el apóstol Pablo, que dice: Hermanos, ni yo mismo pienso haberlo alcanzado6. Ni yo mismo. ¿Qué es ese yo mismo? ¿Yo que he trabajado más que todos ellos?7 Sé, Apóstol, de qué manera pronuncias yo: es una expresión enfática, no manifestación de orgullo. ¿Quieres escuchar de qué manera dice yo? Después de haber dicho: He trabajado más que todos ellos, renunció al yo mismo. He trabajado -dice- más que todos ellos. Y como si le dijéramos nosotros: «¿Quién?», nos responde: Pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo8. Así, pues, él que estaba en posesión de tanta gracia de Dios que, a pesar de haber sido llamado más tarde, trabajó más que los que lo habían precedido, dice no obstante: Hermanos, ni yo mismo pienso haberlo alcanzado. Vuelve a aparecer el yo donde indica no haberlo alcanzado. El no alcanzarlo es consecuencia de la debilidad humana. En cambio, cuando habla de que fue elevado al tercer cielo y escuchó palabras inefables que no está permitido hablar a hombre alguno9, no dijo: «Yo». ¿Qué dijo entonces? Conozco un hombre que hace catorce años. Conozco un hombre: y ese hombre era el mismo que hablaba, y, como atribuyó a otro lo que había tenido lugar en él, no vino a menos. Por tanto, no provoques contiendas ni litigios exigiendo que te diga cómo es el Dios que adoro. Pues no es un ídolo que me permita apuntarlo con el dedo y decir: «He aquí el Dios que adoro»; ni es tampoco un astro o una estrella, o el sol o la luna, que me permitan apuntar al cielo y decir: «He aquí lo que adoro». No es nada hacia lo que pueda dirigirse el dedo; pero sí algo a lo que puede dirigirse la mente. Considera a aquel que no lo ha alcanzado y que, sin embargo, lo busca, lo persigue, lo anhela, suspira por ello y lo desea; pon los ojos en él y mira lo que dirige hasta su Dios, si el dedo o el alma. ¿Qué dice? No pienso haberlo alcanzado. Mas, olvidando lo pasado y en tensión hacia lo que está delante, una sola cosa persigo en mi intención: la palma de la suprema vocación de Dios en Cristo Jesús10. Persigo -dice-, ando -dice-, estoy en camino. Sígueme, si puedes; lleguemos juntos a la patria donde ni tú me harás preguntas ni yo a ti. Ahora busquemos juntos creyendo para disfrutar después viendo. Sigue leyendo

SOBRE LA ASISTENCIA A LA SANTA MISA

Por San Juan Crisóstomo

 

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«Cuando veo con mis propios ojos el escaso número de los concurrentes y advierto que en cada reunión va siendo menor, me entristezco y a la vez me gozo. Me gozo por vosotros los que estáis presentes; me entristezco por los ausentes. Vosotros merecéis encomios puesto que ni aun el ser vuestro número escaso os ha vuelto desidiosos; mientras que los otros merecen reproches, puesto que ni siquiera el empeño que vosotros ponéis los ha alentado. A vosotros os llamo bienaventurados y os juzgo dignos de imitación, porque en nada os ha dañado la negligencia de aquéllos; pero a ellos los llamo míseros y los lloro, ya que vuestra diligencia en nada ha podido ayudarlos.

¡No han escuchado al profeta que dice: Prefiero estar postrado a las puertas de mi Dios a morar en las tiendas de los pecadores! No dijo: he escogido habitar en la casa de mi Dios, ni vivir, ni entrar en ella; sino preferí estar postrado. Es decir, aun cuando sea contado entre los últimos, yo lo amo, yo me contento de eso, con tal de que se me conceda siquiera entrar en el vestíbulo. Tengo por gran beneficio siquiera ser contado entre los últimos que entran en la casa de mi Dios. El amor hace que al Señor común de todos lo tenga por su Señor particular. ¡Tal es la virtud de la caridad! En la casa de mi Dios.

Quien ama no únicamente desea ver al que ama, ni sólo ama su casa, sino que ama aun el vestíbulo solo. Y no únicamente la entrada de la casa, sino siquiera la encrucijada de las calles en donde está la casa. Y si logra ver el vestido o el calzado de la persona a quien ama, ya le parece que contempla a la persona misma a quien ama.  Sigue leyendo

LAS ROGATIVAS MENORES

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Las Rogativas (del latín rogare, rogar) o Letanías (del griego Litaneia, súplica u oración), son oraciones solemnes instituidas por la Iglesia para ser rezadas o cantadas en ciertas procesiones públicas y para determinadas y extraordinarias necesidades. Sólo las encontramos en la liturgia dos veces al año: el 25 de abril, fiesta de San Marcos (Letanías mayores) y el triduo que precede a la Ascensión (Letanías menores).

El Papa y los Obispos pueden prescribirlas a los fieles, en las calamidades y necesidades públicas, pero entonces figuran como actos extralitúrgicos. Los calificativos de mayores y menores sólo sirven para distinguir unas de otras.

2. Las Rogativas Menores, o de la Ascención, por su parte, tuvieron un origen franco. En el año 474, la región francesa del Delfinado fue asolada por varios desastres naturales, plagas y un terremoto. San Mamerto, obispo de Vienne, ordenó a sus fieles hacer tres días de ayuno y oración, con procesiones públicas en la diócesis. Este triduo se realizó antes del Jueves de Ascención (lunes, martes y miércoles de la Domínica V de Pascua). Las Rogativas Menores fueron aprobadas por el Concilio de Orléans en el año 511; e incluidas en el Rito Romano por el Papa San León III en el año 799.
Con el rezo de la Rogativa, se gana indulgencia parcial.

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SANTA RITA DE CASCIA, ROSAS E HIGOS

Santa Rita

 

Santa Rita de Casia, (en italiano: Rita da Cascia (*Roccaporena, 1381 – † Cascia, 1457), bautizada con el nombre de Margherita Lotti, es una de las santas más populares de la Iglesia Católica. Su nombre es probablemente una abreviación de Margherita. Sus símbolos sagrados son las rosas y los higos.

Nació en la aldea de Rocca-Porrena, 5 km al oeste del pueblo de Cascia (provincia de Perugia, región de Umbría (Italia) en 1381 y falleció el 22 de mayo de 1457.
Rita nació de padres mayores. A pesar de que quería ser monja, cuando tenía 18 años de edad[1] sus padres la casaron con un hombre del pueblo llamado Paolo Mancini. Su esposo le causó muchos sufrimientos, pero ella se consolaba en la oración y le devolvió su crueldad con bondad, logrando su conversión a Cristo con el paso de los años.
Tuvieron dos hijos mellizos, Jacopo y Paolo. Un día Mancini —que trabajaba como sereno de la aldea de Rocca Porena y tenía muchos enemigos por sus fechorías pasadas- fue emboscado y asesinado. Una vez viuda, pero aliviada ya que había logrado que Paolo muriera en paz, Rita pidió la admisión al convento agustiniano de Santa María Magdalena (Orden de San Agustín), en Cascia (establecido en 1256). Pero no fue aceptada (debido a que sólo se aceptaban vírgenes).

Un año más tarde (1417) también murieron sus dos hijos púberes. Fallecieron ambos al mismo tiempo, de muerte natural. Rita los había preparado plenamente para encontrarse con Cristo. Con un amor heroico por sus almas, había suplicado a Jesucristo que ambos adolescentes murieran, porque temía que estuvieran planeando vengar el asesinato de su padre (la ley de la vendetta). Habrían cometido así el pecado capital de la venganza, lo que hubiera condenado sus almas eternamente. Ambos se enfermaron y murieron, también pidiendo perdón a su madre por todas los dolores que le habían causado.

Ya sin obligaciones familiares, Rita apareció una madrugada dentro del monasterio (a pesar de las altas paredes y de los cerrojos),transportada por los aires por el propio San Agustín —creador de la orden del monasterio—, ayudado por san Juan Bautista y por san Nicolás de Tolentino. Tenía 36 años. Ante ese milagro Rita fue aceptada y recibió los hábitos de monja, y más tarde su profesión de fe.

En el convento, Rita se entregó a la oración y a las más exacerbadas penitencias.
En 1428, una madrugada Rita recibió de manos de Cristo una larga astilla de madera clavada en el hueso de la frente. Se trataba de un estigma divino: la marca de la corona de espinas que Jesucristo había exhibido en la cruz. Le extrajeron la astilla y la guardaron como reliquia sagrada. Pero cada madrugada el estigma se le volvía a abrir por sí mismo, hasta que empezó a expeler un fuerte olor inmundo, que se mantuvo milagrosamente el resto de su vida. Ella oraba: «Oh, amado Jesús, aumenta mi FE Y PACIENCIA en la medida que aumentan mis sufrimientos».

En 1453 Rita cayó en cama gravemente enferma. Desde ese momento, estando siempre atendida por novicias, la herida de su frente gradualmente se cerró, pero Rita pasó los últimos cuatro años de su vida con infecciones en la sangre. Sigue leyendo

FIESTA DE SAN JOSÉ OBRERO, PATRONO DE LOS TRABAJADORES CATÓLICOS

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San José, Patrono de los trabajadores católicos

Se cristianizó una fiesta que había sido hasta el momento la ocasión anual del trabajador para manifestar sus reivindicaciones, su descontento y hasta sus anhelos. Fácilmente en las grandes ciudades se observaba un paro general y con no menos frecuencia se podían observar las consecuencias sociales que llevan consigo la envidia, el odio y las bajas pasiones repetidamente soliviantadas por los agitadores de turno. En nuestro occidente se aprovechaba también ese momento para lanzar reiteradas calumnias contra la Iglesia que era presentada como fuerza aliada con el capitalismo y consecuentemente como el enemigo de los trabajadores.

Fue después de la época de la industrialización cuando toma cuerpo la fiesta del trabajo. Las grandes masas obreras han salido perjudicadas con el cambio y aparecen extensas masas de proletarios. También hay otros elementos que ayudan a echar leña al fuego del odio: la propaganda socialista-comunista de la lucha de clases.

Era entonces una fiesta basada en el odio de clases con el ingrediente del odio a la religión. Calumnia dicha por los que, en su injusticia, quizá tengan vergüenza de que en otro tiempo fuera la Iglesia la que se ocupó de prestar asistencia a sus antepasados en la cama del hospital en que murieron; o quizá lanzaron esas afirmaciones aquellos que un tanto frágiles de memoria olvidaron que los cuidados de la enseñanza primera los recibieron de unas monjas que no les cobraban a sus padres ni la comida que recibían por caridad; o posiblemente repetían lo que oían a otros sin enterarse de que son la Iglesia aquellas y aquellos que, sin esperar ningún tipo de aplauso humano, queman sus vidas ayudando en todos los campos que pueden a los que aún son más desafortunados en el ancho mundo, como Calcuta, territorios africanos pandemiados de sida, o tierras americanas plenas de abandono y de miseria; allí estuvieron y están, dando del amor que disfrutan, ayudando con lo que tienen y con lo que otros les dan, consolando lo que pueden y siendo testigos del que enseñó que el amor al hombre era la única regla a observar. Y son bien conscientes de que han sido siempre y son hoy los débiles los que están en el punto próximo de mira de la Iglesia. Quizá sean inconscientes, pero el resultado obvio es que su mala propaganda daña a quien hace el bien, aunque con defectos, y, desde luego, deseando mejorar.

El día 1 de Mayo del año 1955, el Papa Pío XII, instituyó la fiesta de San José Obrero. Una fiesta bien distinta que ha de celebrarse desde el punto de partida del amor a Dios y de ahí pasar a la vigilancia por la responsabilidad de todos y de cada uno al amplísimo y complejo mundo de la relación con el prójimo basada en la Caridad cristiana: desde el trabajador al empresario y del trabajo al capital, pasando por poner de relieve y bien manifiesta la dignidad del trabajo -don de Dios- y del trabajador -imagen de Dios-, los derechos a una vivienda digna, a formar familia, al salario justo para alimentarla y a la asistencia social para atenderla, al ocio y a practicar la religión; además, se recuerda la responsabilidad de los sindicatos para el logro de mejoras sociales de los distintos grupos, habida cuenta de las exigencias del bien de toda la colectividad y se aviva también la responsabilidad política del gobernante. Todo esto incluye ¡y mucho más! la doctrina social de la Iglesia porque se toca al hombre al que ella debe anunciar el Evangelio y llevarle la Salvación; así mantuvo siempre su voz la Iglesia y quien tenga voluntad y ojos limpios lo puede leer sin tapujos ni retoques en Rerum novarum. Dar doctrina, enseñar donde está la justicia y señalar los límites de la moral; recordar la prioridad del hombre sobre el trabajo, el derecho a un puesto en el tajo común, animar a la revisión de comportamientos abusivos y atentatorios contra la dignidad humana… es su cometido para bien de toda la humanidad; y son principios aplicables al campo y a la industria, al comercio y a la universidad, a la labor manual y a la alta investigación científica, es decir, a todo el variadísimo campo donde se desarrolle la actividad humana.

Nada más natural que fuera el titular de la nueva fiesta cristiana José, esposo de María y padre en funciones de Jesús, el trabajador que no lo tuvo nada fácil a pesar de la nobilísima misión recibida de Dios para la Salvación definitiva y completa de todo hombre; es uno más del pueblo, el trabajador nato que entendió de carencias, supo de estrecheces en su familia y las llevó con dignidad, sufrió emigración forzada, conoció el cansancio del cuerpo por su esfuerzo, sacó adelante su responsabilidad familiar; es decir, vivió como vive cualquier trabajador y probablemente tuvo dificultades laborales mayores que muchos de ellos; se le conoce en su tiempo como José «el artesano» y a Jesús se le da el nombre descriptivo de «el hijo del artesano». Y, por si fuera poco, los designios de Dios cubrían todo su compromiso.

Fiesta sugiere honra a Dios, descanso y regocijo. Pues, ánimo. Honremos a Dios santificando el trabajo diario con el que nos ganamos el pan, descansemos hoy de la labor y disfrutemos la alegría que conlleva compartir lo nuestro con los demás.

ORACIÓN DE SAN PÍO X AL GLORIOSO PATRIARCA SAN JOSÉ, MODELO DE LOS TRABAJADORES

Glorioso San José, modelo de todos aquellos que se dedican al trabajo, obtenedme la gracia de trabajar con espíritu de penitencia para la expiación de mis numerosos pecados; de trabajar en conciencia, poniendo el culto del deber por encima de mis inclinaciones; de trabajar con reconocimiento y alegría, considerando un honor el emplear y desarrollar por el trabajo los dones recibidos de Dios; de trabajar con orden, paz, moderación y paciencia, sin retroceder jamás ante la pereza y las dificultades; de trabajar sobre todo con pureza de intención y desprendimiento de mí mismo, teniendo sin cesar ante mis ojos la muerte y la cuenta que deberé rendir del tiempo perdido, de los talentos inutilizados, del bien omitido y de las vanas complacencias en el éxito, tan funestas para la obra de Dios. Todo por Jesús, todo por María, todo a imitación vuestra, ¡Oh Patriarca San José! Tal será mi divisa en la vida y en la muerte.

ORACIÓN

¡Oh, Dios!, creador de todas las cosas, que has impuesto a los hombres la ley del trabajo; haz que, siguiendo el ejemplo de San José y bajo su patrocinio, realicemos con perfección la obra que nos mandas y alcancemos la recompensa que nos prometes.

Por J. C. N. S.
Amén.
Reflexión hecha por Jesús Martí Ballester
Tomado de:

EL APÓSTOL DEL REINO DE CRISTO (POR VENIR)

San Luis María Grignion de Montfort

En el punto culminante de la revelación sobre los últimos tiempos, Dios manifiesta la misión encomendada a la Santísima Virgen María (Apocalipsis: 11:15-19; 12: 1-2 y 10):

«Tocó el séptimo Ángel. Entonces sonaron en el cielo fuertes voces que decían: “Ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Señor y de su Cristo; y reinará por los siglos de los siglos”. Y los veinticuatro Ancianos que estaban sentados en sus tronos delante de Dios, se postraron rostro en tierra y adoraron a Dios diciendo: “Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, Aquel que es y que era porque has asumido tu inmenso poder para establecer tu reinado. Las naciones se habían encolerizado; pero ha llegado tu cólera y el tiempo de que los muertos sean juzgados, el tiempo de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, pequeños y grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra”. Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el Arca de su Alianza en el Santuario, y se produjeron relámpagos, y fragor, y truenos, y temblor de tierra y fuerte granizada.

Y una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz (…) Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: “Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo…”».

A lo largo de toda la historia de la Iglesia hubo quienes se ocuparon de recordar y destacar que María Santísima es “el Gran Signo de Dios sobre la tierra”

Entre aquellos que han enseñado y predicado la misión providencial de la Madre de Dios se destaca San Luís Maria Grignion de Montfort.

Este enamorado de María nació en 1673 y murió en 1716; fue un valiente defensor de la fe católica, un predicador elocuente de la Cruz y del Rosario, un devoto esclavo de Jesús en María y un propagador infatigable de la esclavitud mariana.

En su admirable Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, el santo misionero anuncia, con acentos de profeta, que pronto el Reino de Jesús por María se establecerá en las almas.

Tomado de:

http://radiocristiandad.wordpress.com/

San Pio X: “Todo el mal depende de nosotros, sacerdotes”

San Pio X – (1903-1914)

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Mientras daba una audiencia entró en una somnolencia misteriosa, cuando volvió en sí, exclamó: “Esto que veo es horroroso. ¨¿Seré yo? ¨¿Será mi sucesor? Lo que es seguro es que el Papa dejará Roma, y para salir del Vaticano, le será necesario pasar sobre los cadáveres de sus sacerdotes” (M. Servant, pág. 244; A. Marty, pág. 78).

Al Canónigo Thellier de Poncheville, San Pio X le dijo: “Todo el mal depende de nosotros, sacerdotes… Si todos estuviesen inflamados de un celo de amor, bien pronto la tierra entera sería católica” (M. Servant, pág. 80, nota 1 — apud “La Croix de Paris”, 1904, número del 26 de mayo).

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Nota del Editor: fotografía del cuerpo de San Pio X en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano. Está en el costado izquierdo, apenas visible para los fieles, casi escondido. Su cuerpo perfectamente incorrupto, sufrió la inyección de unos religiosos “piadosos” por razones desconocidas. Esto hizo que el cadáver del santo quedara de color negro. Foto de Abril del 2011.

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El cuerpo de San Pio X incorrupto, sufrió una extraña inyección que cambió su color. Cubre su rostro una máscara.

Tomado de:

http://elcruzado.org/

San Pio X, Pontífice

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(1835  † 1914)


Fiesta: 03 de Septiembre

 

José Sarto, después Pío X, nació en Riese, poblado cerca de Venecia, Italia en 1835 en el seno de una familia humilde siendo el segundo de diez hijos.

Todavía siendo niño perdió a su padre por lo que pensó dejar de estudiar para ayudar a su madre en los gastos de manutención de la familia, sin embargo ésta se lo impidió y pudo continuar sus estudios en el seminario gracias a una beca que le consiguió un sacerdote amigo de la familia.

Una vez ordenado fue vicepárroco, párroco, canónigo, obispo de Mantua y Cardenal de Venecia, puestos donde duró en cada uno de ellos nueve años. Bromeando platicaba que solamente le faltaban nueve años de Papa.

Muchas son las anécdotas de este santo que reflejan tanto su santidad como su lucha por superar sus defectos, entre ellas destacan tres: Sigue leyendo

El último Papa Santo

SAN PÍO X
Papa

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San Pío X está muy reciente en el amor de la Iglesia. Aún perdura el grato recuerdo de su memoria -no hace cincuenta años que nos dejó- como el perfume que llena las naves del templo después de una solemne ceremonia religiosa. San Pío X es algo muy reciente en la Iglesia. Reciente su elevación a los altares por Pío XII, y más reciente la visita de su cuerpo a la bella Venecia en cumplimiento de una vieja promesa hecha a sus amados diocesanos:

-Vivo o muerto volveré a Venecia.

En la basílica de San Pedro de Roma un sencillo y hermoso sepulcro guarda sus restos. Este sepulcro es hoy día uno de los lugares vivos de la oración. Nunca faltan allí el recuerdo de las flores secas y la plegaria de los romanos y cuantos católicos visitan el templo de los santos apóstoles Pedro y Pablo.

Hay otra presencia más viva y fecunda de San Pío X. Presencia de alma a alma, que es como la gracia de su intercesión ante Dios. Cuántos sacerdotes de nuestros días se miran en el rostro de San Pío X y sacan de su ejemplo el impulso de un sacerdocio verdaderamente santo. Me parece que este hecho no se podía escapar de mis líneas al trazar su semblanza, y que debía hacer constancia de él para las nuevas generaciones de hijos de Dios que nos sucedan.

San Pío X ha dado jornadas de inmensa gloria de Dios a su Iglesia del siglo XX.

Su figura noble y bondadosa es algo muy cercano que cuelga de la pared de nuestro despacho o se esconde en las páginas de nuestro breviario.

En muy pocas palabras nos resume su vida la lápida de su sepulcro: Sigue leyendo

Treintena en Honor a San José

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SE DEBE REZAR 30 DIAS SEGUIDOS SIN INTERRUPCIÓN.

¡Oh amabilísimo Patriarca, Señor San José! Desde el abismo de mi pequeñez, dolor y ansiedad, os contemplo con emoción y alegría de mi alma en vuestro solio del cielo, como gloria y gozo de los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, consolador de los tristes, amparador de los desvalidos, gozo y amor de tus devotos ante el trono de Dios, de tu Jesús y de tu santa Esposa. Sigue leyendo

LAS OCHO ADMONICIONES DEL PADRE PÍO

Para la primera semana de enero.

Este material es del folleto “Buona Giornata”, que es una recopilación de meditaciones diarias y observaciones de los escritos y comentarios del Padre Pío, publicado por su convento de San Giovanni Rotondo.

 

Padre Pio

1. La palma de la gloria está reservada sólo para los que luchan valientemente hasta el final. Por lo tanto, vamos a empezar nuestra santa batalla de este año. Dios nos ayudará y nos coronará con el triunfo eterno.

2. Estamos por la gracia divina, en los albores de un nuevo año. Dado que sólo Dios sabe si vamos a terminar este año, deberíamos usarlo  en reparación del pasado, y en preparación para el futuro. Las buenas obras van de la mano con las buenas intenciones.

3. Permita decirse a si mismo, con la plena convicción de decir la verdad: “Mi alma: comienza hoy a hacer las buenas obras que hasta la fecha no has hecho”. Vamos a ser movidos por la presencia de Dios. “Dios me ve”, vamos a menudo decimos “y que por mis acciones él me juzgue”. Estemos seguros de que siempre verá solamente la bondad en nosotros.

4. Si tiene tiempo, no espere. No debemos dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Las tumbas están llenas de buenas intenciones que nunca se cumplieron. Además, ¿qué seguridad tenemos de que vamos a estar vivos mañana? Escuchemos la voz de nuestra conciencia, como dijo el real profeta:“Hoy, si escuchas la voz del Señor, no haga oídos sordos”. Vayamos adelante y atesoremos el momento fugaz que sólo es el nuestro. No perdamos el tiempo, de un momento a otro, ya que el último aún no es nuestro.

5. Cuando se pierde el tiempo, se desprecia el regalo de Dios – el presente – que Él, en su infinita bondad, renuncia a su amor y su generosidad.

6. “Comencemos hoy, mis hermanos, a hacer el bien, porque hasta ahora no hemos hecho nada”. Y estas palabras que el Padre Seráfico, San Francisco, en su humildad, aplicó a sí mismo, se deben hacer nuestras a principios del nuevo año. Hemos vivido sin pensar, como si el Juez Eterno no nos iba a llamar a él un día y nos pidiera dar cuenta de nuestras obras, por cómo hemos gastado nuestro tiempo.

7. El amor no admite retrasó, y los Reyes Magos, inmediatamente después de su llegada, hicieron todo lo posible para darlo a conocerlo a Él, que había conquistado su corazón a través de la afluencia de la gracia. Él los llenó con el tipo de caridad que debe desbordarse, ya que no puede ser contenida en la pequeña estructura del corazón, y por lo tanto debe ser comunicada.

8. En sus acciones, no busque ni el mayor ni el menor mérito, sino que el mayor honor y gloria a Dios.

Fuentes:

Divine Fiat,

Signos de estos Tiempos

LOS SANTOS INOCENTES, MÁRTIRES

†

Había Jesús nacido en Belén, y los magos vinieron de Oriente a la corte de Herodes para averiguar dónde acababa de nacer “el rey de los judíos”. Turbóse Herodes, y, habiendo convocado a los príncipes de los sacerdotes, les preguntó donde debía nacer el Cristo. Llamó después a los magos en secreto y les dijo: “Id, informaos con cuidado acerca de este niño, y cuando lo hayáis encontrado, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarlo”. Pero los magos, advertidos por el Cielo, no volvieron. Se enfureció Herodes e hizo degollar a todos los niños de Belén y sus alrededores, hasta la edad de dos años. Este bautismo de sangre envió muchos ángeles al cielo.

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Oración por la paz

Por el Papa Pío XII

El Papa Pío XII

¡Oh Madre de misericordia! Intercede ante Dios y obtennos la gracia
de la reconciliación cristiana de los pueblos.
 Obtennos las gracias que en un instante puedan convertir los corazones humanos,
aquellas gracias que puedan preparar y asegurar la anhelada paz.
Reina de la Paz,
ruega por nosotros
y logra para el mundo
la paz en la verdad,
en la justicia,
en la caridad de Cristo.
Amen.
 
Tomado de:

Oración por la beatificación del Sumo Pontífice Pío XII

 

ESTAMPA-ORACIÓN-BEATIFICACIÓN

 

Especial de San Pedro y San Pablo

San Pedro y San Pablo

SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

SANTOS PEDRO Y PABLO, APÓSTOLES

FIESTA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

SANTA MISA, FIESTA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

 

Nerón está muerto. San Pedro y San Pablo viven eternamente

San Pedro, San Pablo, orate pro nobis.

San Pedro, San Pablo, orate pro nobis.

EL SIGLO 

LOS HOMBRES Y LAS IDEAS

(Ernest Hello)

SAN PEDRO Y SAN PABLO

Para designar al hombre, las diversas lenguas sólo tienen una palabra, la lengua latina tiene dos: HOMO Y VIR. Estas dos palabras expresan dos cosas absolutamente contradictorias. La primera significa la debilidad, la segunda la fuerza. Sus etimologías acentúan la oposición de ambos vocablos. HOMO viene de HUMUS, TIERRA, VIR viene de VIS, fuerza. La materia y el  espíritu, el cuerpo y el alma, están, pues, designados por esos dos nombres. El cuerpo y el alma forman al hombre; HOMO y VIR están unidos en la lengua latina. 

San Pedro y  San Pablo son inseparables en el vocabulario cristiano. Unidos en la misma tumba dentro de la basílica del mundo, están también unidos por su fe, unidos por su culto, unidos en las fórmulas y en los pensamientos, unidos en las oraciones y unidos en los anatemas. Existen amenazas que llevan la maldición de San Pedro y San Pablo, existen creencias que se guarecen bajo la autoridad de San Pedro y San Pablo. Existen oraciones que arrodillan al género humano a los pies de San Pedro y San Pablo. El género humano se reconoce pecador ante su presencia, y recita el “Confiteor”. Esta palabra universal y tan frecuente, que tan bien se aplica al hombre, esta palabra de la miseria que se acusa o de la confianza que implora, esta oración que se llama “Confiteor”, une dos veces los nombres de Pedro y Pablo, la primera vez, el hombre se reconoce culpable ante ellos; la segunda vez, levanta su cabeza hacia ellos para rectificarse y para continuar.  Y por casualidad, ¿no será que la palabra hombre, HOMO, se aplica mejor a San Pedro, y la palabra  hombre, VIR, a San Pablo?. Sigue leyendo

Señor en este año que comienza os digo :

Te pido Fe para mirarte en todo...

Creo, Señor : fortaleced mi fe;

espero, Señor : asegurad mi esperanza;

os amo, Señor : inflamad mi amor;

pésame, Señor : aumentad mi arrepentimiento.

 

Os adoro como a primer principio,

os deseo como a último fin,

os alabo como a bienhechor perpetuo,

os invoco como a defensor propicio.

 

Dirigidme con vuestra sabiduría,

contenedme con vuestra justicia,

consoladme con vuestra clemencia,

protegedme con vuestro poder.

 

Os ofrezco, Dios mío, mis pensamientos para pensar en Vos,

mis palabras para hablar de Vos,

mis obras para obrar según Vos,

mis trabajos para padecerlos por Vos.

 

Quiero lo que Vos queréis,

lo quiero porque lo queréis,

lo quiero como lo queréis,

lo quiero en cuanto lo queréis.

 

Os ruego, Señor,

que alumbréis mi entendimiento,

abraséis mi voluntad,

purifiquéis mi cuerpo y santifiquéis mi alma.

 

No me inficione la soberbia,

no me altere la adulación,

no me engañe el mundo,

no me prenda en sus redes el demonio.

 

Concededme la gracia de depurar la memoria,

de refrenar la lengua,

de recoger la vista y mortificar los sentidos.

 

Llore las iniquidades pasadas,

rechace las tentaciones futuras,

corrija las inclinaciones viciosas,

cultive las virtudes que me son necesarias.

 

Concededme, Dios mío,

amor a Vos,

odio a mi,

celo del prójimo,

desprecio del mundo.

 

Haced que procure obedecer a los superiores,

atender a los inferiores,

favorecer a los amigos,

perdonar a los enemigos.

 

Venza el deleite con la mortificación,

la avaricia con la largueza,

la ira con la mansedumbre,

la tibieza con el fervor.

 

Hacedme prudente en las determinaciones,

 constante en los peligros,

paciente en las adversidades,

humilde en las prosperidades.

 

Haced, Señor, que sea en la oración fervoroso,

en la comida sobrio,

en el cumplimiento de mis deberes diligente,

en los propósitos constante.

 

Concededme que trabaje por alcanzar la santidad interior,

la modestia exterior,

una conducta edificante,

un proceder arreglado.

 

Que me aplique con diligencia a domar la naturaleza,

a corresponder a la gracia,

a guardar vuestra ley y merecer mi salvación.

 

Que consiga la santidad con la confesión sincera de mis pecados,

con la participación devota del cuerpo de Cristo, 

con el continuo recogimiento del espíritu,

con la pura intención del corazón.

 

Dadme a conocer, Dios mío, cuán frágil es lo terreno,

cuán grande lo celestial y divino,

cuán breve lo temporal,

cuán duradero lo eterno.

 

Haz que me prepare para la muerte,

que tema el juicio,

evite el infierno,

y alcance la gloria del Paraíso.

 

Por nuestro Señor Jesucristo. – Amén.

 

¿Podré yo, como lo aconseja S. Benito Abad en su Regla incomparable,

« Amar a Cristo sobre todas las cosas.

Nihil amori Cbristi praepónere»?

ORACIÓN UNIVERSAL 

Para todo lo concerniente a la salvación (Clem. XI).

A todos los visitantes de este humilde blog

les deseo que la gracia del Único Dios Verdadero, Uno y Trino, esté siempre con ustedes.

Feliz Año Nuevo 2013

Fraternalmente:

Arturo Medina Muñoz.

Editor del blog.

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Noveno

 

 

 

 

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Octavo

 

 

 

 

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Séptimo

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Sexto

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Quinto

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Cuarto

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Tercero

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Segundo

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio

Día Primero

CRISTIADA

Mañana se estrena

 LA HISTORIA DE MÉXICO QUE TE QUISIERON OCULTAR

Una narración épica de la Guerra Cristera (1926-1929), que fue detonada por el intento del gobierno mexicano de suprimir la libertad de culto. La película sigue la epopeya de gente ordinaria de todo el país que eligió defender su libertad. Todos ellos deberán decidir si están dispuestos a dar su vida por defenderla.

Para ver el trailer clic aquí

Para más detalles sobre la película clic aquí

La crucifixión

San Lucas 23,33-49.

109. Y puesto que ya hemos contemplado el trofeo, vea­mos ahora cómo el triunfador sube a su carro y no cuelga el botín conquistado del mortal enemigo sobre troncos de árboles o sobre las cuadrigas, sino que los despojos arrebatados al mundo los coloca sobre su patíbulo triunfal. No vemos aquí a los pueblos vencidos con las manos atadas a la espalda, ni el espectáculo de ciudades arrasadas o las estatuas de los lugares ocupados; tam­poco observamos las cabezas humilladas de los reyes cautivos, como suele ocurrir entre los triunfadores humanos, ni tampoco contemplamos que se lleva esa victoria hasta los límites de otro país; por el contrario, lo que vemos es precisamente que los pueblos y las naciones, llenos de alegría, son atraídos no por el castigo, sino por la recompensa, los reyes rinden adoración por propia decisión, las ciudades se entregan a un culto voluntario, las estatuas de las poblaciones reciben una especial mejora, no realizada ésta por el arte del colorido, sino hermoseadas por una fe entregada, las armas y los derechos de los vencedores se extienden por todo el orbe; contemplamos asimismo cómo el príncipe de este mundo es cogido preso y cómo los espíritus del mal que vagan por los cielos (Eph 6,12) obedecen a las ór­denes de una palabra humana, y cómo están las potestades sumisas y las diversas clases de virtudes resplandecen, no gracias a su seda, sino gracias a sus costumbres. Brilla la castidad, res­plandece la fe, y la valiente entrega se levanta ya airosa una vez que se ha vestido con los despojos de la muerte. El solo triunfo de Dios, la Cruz del Señor, ya hizo triunfar a todos los hombres.

110. Parece conveniente considerar el modo de subir (1). Yo lo veo desnudo; así tiene que subir el que se dispone a vencer al mundo, de modo que no se debe preocupar en buscar los auxilios del siglo. Adán, que fue a buscar el vestido (Gen 3,7), fue vencido, mientras que el vencedor es Aquel que se despojó de sus vestidos. El subió con la misma realidad con la que la naturaleza nos había formado bajo la acción de Dios. Así había vivido el primer hombre en el paraíso, y así también entró el segundo hombre al paraíso. Y con el fin de que el triunfo no fuera para El solo, sino para todos, extendió sus manos para atraer todas las cosas hacia sí (Io 12,32), con propósito de rom­per las ligaduras de la muerte, atarnos con el yugo de la fe y unir al cielo todo aquello que antes estaba ligado a la tierra.

111. También se coloca una inscripción. De ordinario, a los vencedores les precede un cortejo; y así el carro triunfal del Señor estaba precedido por el acompañamiento de los muertos resucitados. También es costumbre indicar con un escrito el nú­mero de naciones dominadas. En esa clase de triunfos que se dan dentro de un orden preestablecido, existen los pobres cautivos de las naciones vencidas, cosa que es vergonzosa cuando son ellas las desoladas; sin embargo, aquí resplandece le belleza de los pueblos redimidos. Los que llevan el carro son dignos de un triunfo semejante, y así, el cielo, la tierra, el mar y los infiernos pasan de la corrupción a la gracia. Sigue leyendo

El juicio del Señor

San Lucas 22,66 y 23,25.

97. Sigue a continuación un pasaje admirable que infunde en el corazón de los hombres una disposición de paciencia para sopor­tar, con igualdad de ánimo, las injurias. El Señor es acusado y calla. Con razón calla el que no necesita defenderse: querer de­fenderse es propio de los que temen ser vencidos. Y no es que, callando, apruebe la acusación, sino que el no protestar es una señal de que la desprecia. Porque ¿qué puede temer aquel que no desea salvarse? Por ser la salvación de todos, sacrifica la suya para obtener la de todos. Pero ¿qué podré decir yo de Dios? Susana calló y venció (Dan 13,35). En verdad, la mejor causa es la que se justifica sin defenderse. También Pilato absolvió en este caso, pero absolvió según su juicio, y le crucificó porque estaba de por medio el misterio. Verdaderamente esto era en parte propio de Cristo y en parte algo también humano, para que los jueces inicuos vieran que no es que no hubiera podido defenderse, sino que no había querido.

98. La razón del silencio del Señor la dio El mismo más adelante, diciendo: Si os lo digo, no me creeréis y, si os preguntare, no me responderéis, Lo más admirable es que El puso más interés en aprobar que era Rey que en afirmarlo con palabras, para que quienes confesaban eso mismo de los que le acusaban, no pu-diesen tener motivo para condenarle.

99. Ante Herodes, que deseaba ver de El algún portento, calló no dijo nada, fue porque su crueldad no merecía ver las cosas divinas, y así el Señor confundía su vanidad. Tal vez Herodes sea el prototipo de todos los impíos, los cuales, si no creen en la Ley y en los Profetas, no pueden, ciertamente, ver las obras de Cristo que se encuentran narradas en el Evangelio. Sigue leyendo

El fin de Judas

San Mateo 27,3-10.

93. No cabe la menor duda de que las lágrimas de Pedro eran de las derramadas como fruto de un corazón afectuoso; el traidor no tenía ni idea remota de ese llanto que lograba borrar la culpa, antes, por el contrario, el tormento de su conciencia le hacía con­fesar su sacrilegio, para que, mientras el reo se condena por su propio juicio y expía la falta con un suplicio voluntario, se mani­fieste la piedad del Señor, que no quiere vengarse por su propia mano, y su divinidad, que pregunta a su conciencia por medio de su poder invisible.

94. He pecado —dijo— entregando la sangre del justo. Y aunque la penitencia del traidor es ya vana, puesto que pecó con­tra el Espíritu Santo, con todo, existe algún atenuante en el cri­men al reconocer la culpa. Y aunque no resulta perdonado, sin embargo, comprende el cinismo de los judíos, los cuales, a pesar de ser acusados por la confesión del traidor, no obstante se arrogan los derechos del criminal contrato y se creen exentos de culpa, diciendo:¿qué nos importa a nosotros; allá tú. Verdaderamente son insensatos al creerse libres y no cómplices del crimen del traidor. En las cuestiones meramente pecuniarias, una vez resarcido el precio, cesa la obligación; así ellos, tan pronto recibieron el precio, llevan a término el sacrilegio, e impulsados por sus malos constantes deseos, toman como cosa suya la funesta venta de sangre, mientras pagan al vendedor el precio de su sacrilegio.

95. Evidentemente, pues, cuando este precio de sangre es colocado en lugar aparte en el tesoro sagrado de los judíos y con el dinero que fue vendido Cristo se compra el campo del alfarero; cuando este lugar es destinado para que sirva de cementerio a los extranjeros, el oráculo profético se cumple claramente y se revela el misterio de la Iglesia naciente. El campo éste figura, según la palabra divina, a todo el mundo (Mt 13,38); el alfarero representa a Aquel que nos formó del barro y del que lees en el Antiguo Testamento: Dios hizo al hombre del barro de la tierra (Gen 2,7), consevando, a voluntad, el poder no sólo de formarlo por la naturaleza, sino también el de reformarlo por la gracia. Porque, aunque caigamos, dominados por nuestros propios vicios, sin embargo, su misericordia nos devuelve el espíritu y el alma, según las palabras de Jeremías (18,2ss) y nos reforma.

96. Además, el precio de la sangre es el precio de la pasión del Señor. Y así, con el precio de su sangre, compró Cristo al mundo, ya que vino para que el mundo fuese salvado por El (Io 3,17), el cual es no sólo obra suya, sino también es algo que le corresponde por derecho. En otras palabras, vino para conser­var para la gracia de la eternidad a todos los que, por el bautis­mo, están consepultados y muertos con Cristo (Rom 6,4.8; Col 2,12). Pero no todos tienen indistintamente un mismo lugar para su sepultura, ya que, aunque el mundo admite a todos los hom­bres, no a todos conserva. Si bien hay un lugar común donde todos habitan, sin embargo, la sepultura es verdaderamente legítima sólo para aquellos que, gracias a la fe, son actualmente de la casa de Dios (Eph 2,19), aunque hubieren estado antes pere­grinando bajo la Ley. Y ¿quiénes son éstos, sino aquellos de quienes se dice: Acordaos de que en otro tiempo fuisteis gentiles y extranjeros, según la carne, de la sociedad de Israel y extraños en la alianza de la promesa? (Eph 2,11ss). Pero éstos ya no son extranjeros ni peregrinos, puesto que han merecido ser compañeros de los santos por derecho de la fe.
Tomado de:

Negación de Pedro

San Lucas 22,54-62.

72. Y Pedro le seguía a lo lejos. Con razón dice que le seguía de lejos, ya que estaba próximo a negarle; pues no podría ha­berle negado si se hubiese mantenido cercano a Cristo. Con todo, quizás debamos tener para con él una gran reverencia y admiración, puesto que, aun con mucho miedo, no abandonó al Señor. El miedo es propio de la naturaleza, pero la solicitud es hija de la piedad. Lo que uno teme es algo extraño; sin embargo, aquello de lo que no se puede huir es algo propio. Si él sigue, lo hace por una devota entrega, pero la negación es algo propio de la sorpresa. Su caída es algo común, su arrepentimiento está provocado por la fe. Ya había comenzado a arder el fuego en la casa del príncipe de los sacerdotes; y Pedro se acercó para calentarse, puesto que, una vez preso el Señor, se había enfriado también el calor de su alma.

73. Y por el hecho de que quien primero lo denuncia sea una esclava, cuando los que mejor le podían conocer eran los hombres, ¿qué nos quiso dar a entender, sino que también el sexo femenino había tomado parte pecaminosamente en la muerte del Señor y que sería, por lo mismo, también redimido por la pa­sión del Señor? Y por eso es una mujer quien recibe primero el misterio de la resurrección y guarda lo que se le había mandado (Io 20,14ss), con objeto de poder deshacer el antiguo error de la prevaricación.

74. Y al ser denunciado, Pedro reniega —admitamos, pues, que Pedro renegó, ya que el Señor le dijo: Tú me negarás tres veces (Mt 26,34), y, en verdad, prefiero creer que Pedro renegó antes que pensar que el Señor se equivoca—; y ¿qué es lo que él negó? Exactamente lo que había imprudentemente prometido. El había valorado su entrega, pero no había reflexionado sobre su condición humana y fue castigado por haber presumido de que moriría por El, cosa que es un regalo del poder divino y no un fruto de la debilidad del hombre (1). Si él pagó tan caro una palabra imprudente, ¿qué pena no tendrá reservada la falsa fe? Sigue leyendo

La agonía en el huerto

San Lucas 22, 39-53.

56. Padre, si es posible, pase de mí este cáliz . Existen muchos autores que toman este pasaje como argumento para sostener que la tristeza del Señor fue una prueba de debilidad que El tuvo toda su vida y, por tanto, que no le sobrevino sólo durante este tiempo, y así, parece como si quisieran retorcer el sentido natural de las palabras. Por lo que a mí se refiere, no sólo no creo que haya que excusarle, sino todo lo contrario; para mí no hay otro pasaje en el que admire más su amor y su majestad; y es que su entrega a mí no hubiera sido tan grande si no hubiese tomado mis mismos sentimientos. Así, pues, no hay duda que sufrió por mí Aquel que nada propio tenía por lo que pudiera sufrir, y, dejando a un lado la felicidad de su eterna divinidad, se dejó dominar por el tedio de mi enfermedad. El ha tomado sobre sí mi tristeza para comunicarme su alegría, y descendió sobre nuestros pasos hasta la angustia de la muerte, para llevarnos, so­bre sus pasos, a la vida. Y por eso hablo con plena confianza de la tristeza, ya que predico la cruz; en verdad, no tomó de la encarnación una apariencia, sino la misma realidad. En efecto, El debía tomar sobre sí el dolor para vencer la tristeza, no para aniquilarla, pues, de lo contrario, los que tuvieran que soportar la angustia sin dolor, no podrían ser alabados por su fortaleza.

57. Y así dijo: El varón de dolores sabe soportar los sufri­mientos (Is. 53,3), y nos dio una lección para que aprendiéramos, también con el caso de José, a no temer la cárcel (1), ya que en Cristo hemos aprendido a vencer la muerte, o mejor, el modo de vencer la angustia actual por la muerte futura. Pero ¿cómo te vamos a imitar, Señor Jesús, si no es siguiéndote como hombre, creyendo que has muerto, y contemplando tus heridas? Y, ¿cómo los discípulos habrían creído que Tú habías muerto si no hubiesen sentido la angustia del que está para morir? Así, aquellos por quienes Cristo sufría, se duermen sin conocer el dolor; esto es lo que leemos: El carga sobre sí nuestros pecados y sufre por nosotros (Is 53,4). No son tus heridas, Señor, las que te hacen sufrir, sino las mías; tampoco es tu muerte, sino mi enfermedad ; y te hemos visto en medio de esos dolores cuando estás doliente, no por ti, sino por mí; hasenfermado, pero por nuestros pecados (Is 53,5), es decir, no porque hubieras recibido del Padre esa en­fermedad, sino porque la habías aceptado por mí, ya que me traería un gran bien el hecho de que «pudiéramos aprender en ti la paz y de que sanases, con tu sufrimiento, nuestros pecados» (ibid.).

58. Pero ¿qué tiene de maravilloso que el que lloró por uno, aceptara la misión de sufrir por todos? ¿Por qué maravillarse de que sintiera tedio en el momento en que iba a morir por todos, cuando, en el instante de resucitar a Lázaro, comienza a derramar lágrimas? Allí le conmovieron las lágrimas de su piadosa her­mana, ya que le llegaron al fondo de su alma humana, y aquí le impulsaba a obrar el pensamiento profundo de que, al mismo tiempo que aniquilaba nuestros pecados, desterraba de nuestra alma la angustia por medio de la suya. Y quizás por esto se entris­teció, puesto que, después de la caída de Adán, de tal modo estaba dispuesta nuestra salida de este mundo, que nos era necesaria la muerte, pues Dios no creó la muerte ni se alegra de la perdición de los vivos (Sap 1,13), razón por la que a El le repug­naba sufrir aquello que no hizo. Sigue leyendo

Stabat Mater dolorósa

Era menester que el Cristo padeciese y así entrase en la gloria. (San Lucas, 24, 26).

Latin:

Stabat Mater dolorósa
Juxta Crucem lacrimósa,
Dum pendébat Filius.

Cujus ánimam geméntem,
Contristátam et doléntem,
Pertransívit gládius.

O quam tristis et afflícta
Fuit illa benedícta
Mater Unigéniti!

Quae maerébat, et dolébat,
Pia Mater, dum vidébat
Nati poenas ínclyti.

Quis est homo, qui non fleret,
Matrem Christi si vidéret
In tanto supplício?

Quis non posset contristári,
Christi Matrem contemplári
Doléntem cum Fílio?

Pro peccátissuae gentis
Vidit Jesum in torméntis,
Et flagéllis súbditum.

Vidit suum dulcem natum
Moriéndo desolátum,
Dum emísit spíritum.

Eja mater, fons amóris,
Me sentíre vim dolóris
Fac, ut tecum lúgeam.

Fac, ut árdeat cor meum
In amándo Christum Deum,
Ut sibi compláceam.

Sancta Mater, istud agas
Crucifíxi fige plagas
Cordi meo válide.

Tui nati vulneráti,
Tam dignáti pro me pati,
Poenas mecum dívide.

Fac me tecum pie flere,
Crucifíxo condolére,
Donec ego víxero.

Juxta Crucem tecum stare,
Et me tibi sociáre
In planctu desídero.

Virgo vírginum praeclára,
Mihi jam non sis amára:
Fac me tecum plángere.

Fac ut portem Christi mortem,
Passiónis fac consórtem,
Et plagas recólere.

Fac me plagis vulnerári,
Fac me Cruce inebriári,
Et cruóre Fílii.

Flammis ne urar succénsus,
Per te, Virgo, sim defénsus
In die judícii.

Christe, cum sit hinc exíre
Da per Matrem me veníre
Ad palmam victóriae.

Quando corpus moriétur,
Fac, ut ánimae donétur
Paradísi glória.

Amen. 


 †

 

Español:

Estaba la Madre de dolores junto a la cruz llorando,

mientras su Hijo pendía.

 

Su alma llorosa, triste y dolorida,

fué traspasada por una espada.

 

¡Oh cuán triste y afligida estuvo

aquella bendita Madre del Unigénito!.

 

Estaba triste y dolorosa, como madre piadosa

al ver las penas de su divino Hijo.

 

¿Qué hombre no lloraría, si viese a la Madre

de Cristo en tan atroz suplicio?

 

¿Quién no se contristaría, al contemplar a la Madre

de Cristo dolerse con su Hijo?

 

Por los pecados de su pueblo,

vió a Jesús en los tormentos,

y sometido a los azotes.

 

Vió a su dulce Hijo morir abandonado

cuando entregó su espíritu.

 

¡Ea, Madre, fuente de amor!  

Haz que sienta yo la fuerza de tu dolor,

para que contigo llore.

 

Haz que arda mi corazón

en amor de Cristo mi Dios,

para que así le agrade.

 

¡Oh santa Madre! haz esto:

graba las llagas del crucificado en mi corazón hondamente.

 

De tu Hijo,

lleno de heridas,

que se dignó padecer tanto por mi,

reparte conmigo las penas.

 

Haz que yo contigo piadosamente llore

y que me conduela del Crucificado,

mientras yo viva.

 

 

Haz que esté contigo junto a la cruz;

pues deseo asociarme a ti en el llanto.

 

¡Oh virgen la más ilustre de todas las vírgenes!

no seas ya dura para mi, haz que contigo llore.

 

Haz que lleve la muerte de Cristo;

hazme socio de su Pasión y que venere sus llagas.

 

Haz que, herido con sus heridas,

sea yo embriagado con la Cruz y con la Sangre de tu Hijo.

 

Para que no me queme y arda en llamas,

por ti, oh Virgen, sea defendido en el día del juicio.

 

¡Oh Cristo! cuando hubiere de salir de aquí,

dame por tu Madre, que llegue a la palma de la victoria.

 

Cuando el cuerpo feneciere,

haz que al alma se le dé la gloria del Paraíso.

 Amén.

Fuente:
MISAL DIARIO Y VISPERAL
DÉCIMATERCIA EDICIÓN
Por Dom Gaspar Lefebvre O.S.B.
De la Abadía de S. Andrés (Brujas Bélgica)
Traducción Castellana y Adaptación
Del Rdo. P. Germán Prado
Monje Benedictino de los Silos (España)
1946
English:
At the cross her station keeping,
Mary stood in sorrow weeping
When her Son was crucified.

While she waited in her anguish,
Seeing Christ in torment languish,
Bitter sorrow pierced her heart.

With what pain and desolation,
With what noble resignation,
Mary watched her dying Son.

Ever-patient in her yearning
Though her tear-filled eyes were burning,
Mary gazed upon her Son.

Who, that sorrow contemplating,
On that passion meditating,
Would not share the Virgin’s grief?

Christ she saw, for our salvation,
Scourged with cruel acclamation,
Bruised and beaten by the rod.

Christ she saw with life-blood failing,
All her anguish unavailing,
Saw him breathe his very last.

Mary, fount of love’s devotion,
Let me share with true emotion
All the sorrow you endured.

Virgin, ever interceding,
Hear me in my fervent pleading:
Fire me with your love of Christ.

Mother, may this prayer be granted:
That Christ’s love may be implanted
In the depths of my poor soul.

At the cross, your sorrow sharing,
All your grief and torment bearing,
Let me stand and mourn with you.

Fairest maid of all creation,
Queen of hope and consolation,
Let me feel your grief sublime.

Virgin, in your love befriend me,
At the Judgment Day defend me.
Help me by your constant prayer.

Savior, when my life shall leave me,
Through your mother’s prayers
receive me
With the fruits of victory.

Virgin of all virgins blest!
Listen to my fond request:
Let me share your grief divine

Let me, to my latest breath,
In my body bear the death
Of your dying Son divine.

Wounded with His every wound,
Steep my soul till it has swooned
In His very Blood away.

Be to me, O Virgin, nigh,
Lest in flames I burn and die,
In His awe-full judgment day.

Savior, when my life shall leave me,
Through your mother’s prayers
receive me
With the fruits of victory.

While my body here decays
May my soul your goodness praise,
Safe in heaven eternally.

Amen

 †

The Collegeville Hymnal
Minnesota: Liturgical Press, 1990.

Devoción a San José

Treintena en Honor a San José

SE DEBE REZAR 30 DIAS SEGUIDOS SIN INTERRUPCIÓN.

¡San José, ora pro nobis!

¡Oh amabilísimo Patriarca, Señor San José! Desde el abismo de mi pequeñez, dolor y ansiedad, os contemplo con emoción y alegría de mi alma en vuestro solio del cielo, como gloria y gozo de los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, consolador de los tristes, amparador de los desvalidos, gozo y amor de tus devotos ante el trono de Dios, de tu Jesús y de tu santa Esposa.

Por eso yo, pobre, desvalido, triste y necesitado, a Vos dirijo hoy y siempre mis lágrimas y penas, mis ruegos y clamores del alma, mis arrepentimientos y mis esperanzas; y hoy especialmente os traigo ante vuestro altar y vuestra imagen una pena que consoléis, un mal que remediéis, una desgracia que impidáis, una necesidad que socorráis, una gracia que obtengáis para mí y para mis seres queridos.

Y para conmoveros y obligaros a oírme y conseguírmelo, os lo pediré y demandaré durante treinta días continuos en reverencia a los treinta años que vivisteis en la tierra con Jesús y María, y os lo pediré, urgente y confiadamente, invocando todos los títulos que tenéis para compadeceros de mí y todos los motivos que tengo para esperar que no dilataréis el oír mi petición y remediar mi necesidad; siendo tan cierta mi fe en vuestra bondad y poder, que al sentirla os sentiréis también obligado a obtener y darme más aún de lo que os pido, y deseo.

(Aquí, levantado el corazón a lo alto, se le pedirá al Santo con amorosa insistencia la gracia que se desea.)

1.- Os lo pido por la bondad divina que obligó al Verbo Eterno a encarnarse y nacer en la pobre naturaleza humana, como Dios de Dios, Dios Hombre, Dios del Hombre, Dios con el Hombre.

2.- Os lo suplico por vuestra ansiedad de sentiros obligado a abandonar a vuestra santa Esposa, dejándola sola, y yendo solo sin ella.

3.- Os lo ruego por vuestra resignación dolorosísima para buscar un establo y un pesebre para palacio y cuna de. Dios, nacido entre los hombres, que le obligan a nacer entre animales.

4.- Os lo imploro por la dolorosísima y humillante circuncisión de vuestro Jesús, y por el santo y dulcísimo nombre que le impusisteis por orden del Eterno para consuelo, amor y esperanza nuestra.

5.- Os lo demando por vuestro sobresalto al oír del Angel la muerte decretada contra vuestro Hijo Dios, por vuestra obedentísima huida a Egipto, por las penalidades y peligros del camino, por la pobreza del destierro, y por vuestras ansiedades al volver de Egipto a Nazaret.

6.- Os lo pido por vuestra aflicción dolorosa de tres días al perder a vuestro Hijo, y por vuestra consolación suavísima al encontrarle en el templo; por vuestra felicidad inefable de los treinta años que vivisteis en Nazaret con Jesús y María sujetos a vuestra autoridad y providencia.

7 .- Os lo ruego y espero por el heroico sacrificio, con que ofrecisteis la víctima de vuestro Jesús al Dios Eterno para la cruz y para la muerte por nuestros pecados y nuestra redención.

8.- Os lo demando por la dolorosa previsión, que os hacía todos los días contemplar aquellas manos infantiles, taladradas un día en la Cruz por agudos clavos; aquella cabeza que se reclinaba dulcísimamente sobre vuestro pecho, coronada de espinas; aquel cuerpo divino que estrechabais contra vuestro corazón, ensangrentado y extendido sobre los brazos de la Cruz; aquel último momento en que le veíais expirar y morir por mí, por mi alma, por mis pecados.

9.- Os lo pido por vuestro dulcísimo tránsito de esta vida en los brazos de Jesús y María. y vuestra entrada en el Limbo de los Justos en el cielo, donde tenéis vuestro trono de poder.

10.- Os lo suplico por vuestro gozo y vuestra gloria, cuando contemplasteis la Resurrección de vuestro Jesús, su subida y entrada en los cielos y su trono de Rey inmortal de los siglos.

11.- Os lo demando por vuestra dicha inefable cuando visteis salir del sepulcro a vuestra santísima Esposa, resucitada, y ser subida a. los cielos por ángeles, y coronada por el Eterno, y entronizada en un solio junto al vuestro como Madre, Señora y Reina de los ángeles y hombres.

12.- Os lo pido y ruego y espero confiadamente por vuestros trabajos, penalidades y sacrificios en la tierra, y por vuestros triunfos y gloria feliz bienaventuranza en el Cielo con vuestro Hijo Jesús y vuestra esposa Santa María.

¡Oh mi buen San José! Yo, inspirado en las enseñanzas de la Iglesia Santa y de sus Doctores y Teólogos y en el sentido universal del pueblo cristiano, siento en mí una fuerza misteriosa, que me alienta y obliga a pediros y suplicaros y esperar me obtengáis ,de Dios la grande y extraordinaria gracia que voy a poner ante este tu altar e imagen y ante tu trono de bondad y poder en el Cielo: la espero, Santo Patriarca.

Rezar un Paternoster, tres avemarias y un Gloriapatri.-

Tomado de:

http://radiocristiandad.wordpress.com

Oración para este año 2012 que empieza

Te pido Fe para mirarte en todo...

¿Qué traerá el año que comienza?


¡Lo que Tú quieras; Señor!


Te pido Fe para mirarte en todo.


Esperanza para no desfallecer.


Caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.


Dame paciencia y humildad.


Dame desprendimiento y un olvido total de mi mismo.

Dame, Señor, lo que Tú sabes me conviene y yo no sé pedir.


¡Que pueda yo amarte cada vez más; y hacerte amar de los que me rodean!


¡Que sea yo grande en lo pequeño!


¡Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activas, el pie dispuesto!

¡Derrama, Señor tus gracias sobre todos los que quiero. Mi amor abarca el mundo y aunque yo soy muy pequeño, sé que todo lo colmas con tu bondad inmensa!

Amén

Feliz Año Nuevo 2012

Reacciona

Cortometraje

REACCIONA

(14,27 minutos)

Producción producida por los Legionarios de Cristo y el Movimiento Regnum Christi a través de uno de sus apostolados al servicio de la Iglesia:  ´Red Misión´  

<<El cortometraje da un mensaje claro sobre lo que debemos hacer por los demás.  Tras verlo queda la pregunta acerca de lo que cada uno va a hacer en su vida, con su vida, y en cierta forma, la respuesta es ya nuestro objetivo>>, declaró Rodrigo Velasco, responsable del proyecto y gerente de comunicación y mercadotecnia en México para la Legión de Cristo y el Regnum Christi.

Clic en la imagen para ir al cortometraje.

Fuente:

Semanario Presencia, edición impresa No.1249

Semana del 25 de Septiembre al 1 de Octubre de 2011

Misal Romano: Oración Para antes de la Misa

ORACIÓN PARA ANTES DE LA MISA
Voy, Dios, a asistir al tremendo y Santo Sacrificio de la Misa. El es la representación viva del Sacrificio que Jesucristo ofreció en el Calvario, por toda la humanidad.
En él se renueva diariamente la Vida, Pasión y Muerte de mi Dios y Redentor. Yo Quiero, Señor, asistir con una fe ardiente, meditar tus misterios, adorar la Hostia incruenta que sobre el Altar se ofrece al Eterno Padre, y se aplica por nosotros.
Recibe, Dios mio, esta ofrenda en remisión de nuestros pecados y por todas nuestras necesidades. Dadme, Señor, vuestras gracias para que con atención y reverencia, asista a éste Sacrificio siguiendo al sacerdote, y concelebrando con él en tu nombre, por los méritos de tu Unigénito Hijo y el amor del Espíritu Santo.
Amén.

Fuente:  Misal Romano, traducido al español según decreto del Sagrado Concilio Tridentino, confirmado por los Sumos Pontífices S. Pio V, Clemente VIII y Urbano VIII. Con licencia eclesiástica. Imprenda de Zacarías Soler, Madrid, 1851.
Transcrito por Iván Cruz Bonino.

SERMON XL PARA LA DOMINICA UNDÉCIMA DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

DEL VICIO DE HABLAR DESHONESTAMENTE

POR: SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

“Tegit linguam ejus… et solutum est vinculum”.

“Le tocó la lengua, y se le soltó el impedimento”. (Marc. VII, 33 et 35)

En el presente Evangelio refiere San Marcos, el milagro que hizo nuestro divino Salvador, curando a un hombre sordo y mudo con solo tocarle la lengua. Pero, de estas últimas palabras no se deduce que aquel hombre fuese mudo en efecto, sino que tenía la lengua impedida, y no podía hablar expeditamente: por lo cual añade San Marcos, que después del milagro hablaba bien:Loquebatur recte. Fue, pues, necesario un milagro para desatar la lengua de ese hombre, y soltarle el impedimento que tenía. ¿A cuantos empero, haría un favor, si les atase la lengua para que no pudiesen hablar deshonestamente?

Puesto que quien adolece este vicio:

  • Hace gran daño a otros. Este será mi primer punto.
  • Y se hace gran daño a sí mismo. Aquí tenéis el segundo punto.

Punto 1

EL QUE HABLA DESHONESTAMENTE HACE GRAN DAÑO A LOS QUE LE OYEN

1. San Agustín (in Psal. 160), llama Satanœ mediatores“medianeros de Satanás” , a los que hablan deshonestamente; porque, donde no puede llegar Satanás con las sugestiones, llegan estos con las palabras obscenas que pronuncian. De estas lenguas malditas dice Santiago: Et lingua ignis est… inflammata a gehenna“En su lengua un fuego inflamado por el Infierno, con el cual abrasa el obsceno a cuantos le escuchan”. (Jc. III, 6).

Esta puede decirse, que es la tercera lengua de que habla el Eclesiástico: Lingua tertia multos commovit et dispersit illos. (Eccl. XVIII, 16). “La lengua espiritual es aquella que habla a Dios; la lengua civil es la que habla de los negocios del mundo; hay, pues, una tercera lengua, que es la del Infierno, que habla de las obscenidades carnales, y ésta es la que pervierte a muchos cristianos y hace que se pierdan”.

2. El real Profeta, hablando de la vida de los hombres sobre la tierra, dice: Su camino es tinieblas y lubricidad. Como si dijéramos: El hombre mientras vive, camina entre tinieblas por un camino resbaladizo; por lo cual está en peligro de caer a cada paso: si no tiene toda la cautela, y no mira donde asienta los pies, con el fin de evitar los pasos peligrosos, es decir, las ocasiones de pecar. Si en este camino, pues, tan resbaladizo, hubiese alguno que le empujase para hacerle caer, sería un milagro que no cayere en el precipicio. Pues esto cabalmente practican los satélites del demonio que hablan obscenidades: inducen a otros al pecado, mientras están en éste mundo, habitando en las tinieblas, y cercados de una carne tan propensa a este vicio. De tales hombres se dijo con razón: “Su garganta es un sepulcro abierto”Sepulchrum patens est guttur eorum (Psal. V, 11). Las bocas de esos, que no saben sino hablar obscenidades, son otros tantos sepulcros abiertos que exhalan putrefacción, dice San Juan Crisóstomo: Talia sunt ora hominum; qui turpia proferunt (Hom. 2 de Proph. Obs.). “Su hálito, como el que sale de la podredumbre de los cuerpos amontonados en una fosa, infesta y trastorna a todos cuantos perciben la hediondez”.

3. Léese en el Eclesiástico, que el golpe del azote deja un cardenal; más, que el golpe de la lengua desmenuza los huesos. Quiere esto decir, que las heridas que causan las lenguas deshonestas penetran hasta los huesos de cuantos las oyen, por el escándalo que les causan, especialmente cuando se profieren en presencia de personas inocentes y timoratas. Refiere San Bernardino de Sena, que una doncella que vivía santamente, al oír a un joven una palabra obscena, cayó en malos pensamientos, y luego se abandonó de tal suerte a la impureza, dice el Santo, que aunque el demonio hubiese tomado carne humana, no hubiera podido cometer tantos pecados impuros como ella cometió.

4. Lo peor es, que estas bocas infernales que pronuncian palabras deshonestas, tienen este vicio por una bagatela; y pocos se confiesan de él, pues suelen responder, cuando el confesor les reprende: Yo lo digo por chanza y sin malicia. ¿Con que lo dices por chanza? ¡Desdichado! Esas chanzas hacen reír al demonio, y te harán llorar a ti eternamente en el Infierno. Porque no sirve decir que tu lo dices por chanza y sin malicia; pues por lo mismo que profieres  esas palabrotas escandalosas y obscenas, es muy difícil que no peques por obra también; porque, como observa San Jerónimo: el que se deleita con las palabras, no está lejos de las obras: Non longe est a facto, qui delectatur in verbo. Además de que cuando se habla tan escandalosamente delante de personas de ambos sexos, siempre hay en ellas delectación peligrosa. ¿Y no es pecado también el escándalo público? Una sola palabra deshonesta que se pronuncie, es capaz de hacer caer en pecado a cuantos la oyen. Por esto dice San Bernardo: Unus loquitur et unum tantum verbum profet, et tamen multitudinis audientium animis interficit. “Aunque hable uno solo, y no profiera más que una palabra, mata, sin embargo, con el escándalo las almas de cuantos le oyen”. (Serm. 24 in Cant.) Y este pecado es peor que si uno matase a muchas personas disparando aun arcabuz; porque así mataría a los cuerpos, y con las palabras obscenas mata a las almas: Animus interficit.

5. En fin, esos hombres, cuya lengua no tiene freno, son la ruina del mundo. Más daño hace uno sólo de ellos que cien demonios del Infierno, siendo así la ruina de muchas almas. Y no soy yo quien os lo digo, sino el Espíritu Santo, que dice: Os lubricum operatur ruinas“La boca lúbrica y deshonesta es causa de ruina de muchos”. (Prov. XIII, 28) Y ¿cuándo principalmente se causan estos males y estas ruinas? Cabalmente cuando Dios nos dispensa más bienes. Hablo de los bienes temporales que nos dispensa su mano bienhechora  en el estío, proveyéndonos para todo el año, de grano, de vino, de aceite, de legumbres y de los demás frutos que hace producir la tierra para nuestro alimento. Pues ¿cuando se cometen más pecados en el campo? Cuando se hace la siega, la trilla y la vendimia; cuando se hace la recolección de las castañas, de las aceitunas, del maíz y de otras cosas semejantes. Entonces, repito, se cometen más pecados que en otros tiempos, por medio de esas palabras deshonestas, que abundan en la boca de los hombres escandalosos más que en los campos los granos de trigo y de uva.

¿Y es este el modo de manifestar la gratitud al Señor por la prodigalidad con que os suministra sustento para el invierno?

Más ¿quién tiene la culpa de éstos pecados, sino las bocas desenfrenadas de los hombres escandalosos, cuyas lenguas están llenas de veneno, como la de la víbora? Ellos, pues, darán cuenta a Dios del pecado que cometen hablando mal, y de los que hacen cometer a los que escuchan. Si tuviesen presente cuando hablan de este modo, la amenaza que les hace Dios por Ezequiel, de que les pedirá cuenta de su perdición: Sanguinem ejus de manutua requiram (Ezech. III, 18), seguramente que refrenarían la lengua y no causarían la muerte del alma a tantos inocentes.

Punto 2

EL QUE HABLA PALABRAS DESHONESTAS SE CAUSA GRAN DAÑO A SÍ MISMO

6. Dicen algunos: “Pero yo hablo sin malicia”. A esta excusa frívola y necia he contestado ya en el punto primero, que es muy difícil que uno hable palabras deshonestas sin complicarse con las ideas que ellas suscitan en la imaginación; especialmente, cuando se profieren delante de muchachas y casadas jóvenes; porque, regularmente, resulta de ellas una secreta complacencia, que suele ser semejante a una chispa eléctrica que abrasa cuando toca. Si el fuego prende en la estopa, la abrasa; pues del mismo modo, si un mal pensamiento se ceba en nuestra imaginación, abrasa nuestra alma inclinada al pecado: porque el cuerpo y el alma de todos los hombres, como dice la Santa Escritura, están inclinados al mal: Sensus et cogitatio humani cordis pronua sunt in malum. (Gen VIII, 21) Sobre todo, el hombre siéntese inclinado al vicio deshonesto  por la misma naturaleza. Y por eso dice San Agustín, que en esta especie de combate, si no somos muy cautos y prudentes, todos nos hallamos enredados, y pocos salimos vencedores. Al que dice libremente palabras obscenas, siempre se le presentan a la imaginación aquellas mismas ideas impuras y deshonestas  que nombra; y éstas suscitan la complacencia en su alma , y le hacen caer, primeramente, en torpes deseos, y luego en las obras: y esta es la consecuencia de hablar obscenidades, aunque sea sin malicia, como suelen decir los que acostumbran a divertir a los demás con torpezas. ¿conque habláis mal sin malicia? ¿Y no hay malicia en obrar mal? ¿Y no es obrar mal hablar de los que Dios prohíbe? ¿Y no prohíbe Dios los actos, las alusiones, y hasta los pensamientos impuros? ¿Cómo, pues, osáis decir, que habláis sin malicia? Decid que despreciáis la salvación de vuestra alma, y los preceptos de vuestro Dios, y que obedecéis al demonio.

7. Dice el Espíritu Santo: “Ten cuidado de no labrarte con tu lengua una cadena que te conduzca y arrastre a los Infiernos”; porque, dice Santiago: Que “la lengua contamina toda el cuerpo e inflama la rueda o toda la carrera de nuestra vida”. La lengua es uno de los miembros del cuerpo que cuando habla mal infesta a todos los demás e inflama y corrompe toda nuestra vida, desde la niñez hasta la senectud; y de ahí resulta, que los que hablan obscenidades, no saben abstenerse de semejantes conversaciones, aun cuando son ancianos. Escribe Surio en la vida de San Valerio, que viajando el Santo entró en una casa para calentarse, donde aplicando el oído a lo que decía el dueño de ella al juez de la ciudad, oyó que hablaban de cosas obscenas, siendo ya ambos de edad avanzada. Les respondió el Santo severamente; más ellos no hicieron caso de su reprensión; y Dios los castigó a entreambos dejando ciego a uno, y causando al otro una llaga que le hacía sentir dolores mortales. Cuéntase, además, que uno de estos habladores obscenos murió de repente sin haberse siquiera querido confesar, y que fue visto después en los Infiernos, haciéndose pedazos la lengua, que al instante se renovaba para ser otra vez destrozada.

8. Más ¿como ha de querer Dios compadecerse de aquellos que no se compadecen de las almas de sus prójimos? Por esto dice Santiago: “Aguarda un juicio sin misericordia al que no usó de misericordia”. (Jac. II, 13) ¡Que compasión causa alas veces ver a estos habladores obscenos, hablar delante de jóvenes casadas y muchachas! Y cuando mayor es la concurrencia de los oyentes, con tanto más calor y desenfreno suelen hablar, sin contemplar el mal que hacen, ni el escándalo que dan a tantos inocentes. Porque muchas veces se hallan presentes niños y niñas de poca edad, a quienes escandalizan sin reflexión ni miramiento. Refiere un autor, que educado por los monjes de Cluny el hijo de cierto noble de la Borgoña, era puro como un ángel. Este, pues, entró un día en la tienda de un carpintero, y movido de las palabras obscenas de la mujer del carpintero, cometió un pecado, y perdió las gracia y la amistad de Dios. De otro cuenta Sabatino, en su obra titulada Luz Evangélica, que habiendo oído una palabra deshonesta, y pensando en ella por la noche, consintió un mal pensamiento, y murió repentinamente aquella noche. Sabedor de su muerte su confesor, quería celebrar por él una misa; pero el alma de aquel desgraciado joven  se le apareció, y le dijo: que no celebrase por él, porque se había condenado por causa de aquella palabra obscena, y que celebrando por él aumentaría sus penas. ¡Oh Dios mío! ¡Cómo llorarían los ángeles custodios, si pudiesen llorar, de aquellos desgraciados muchachos que se condenan por el escándalo que les causaron las palabras deshonestas, que pronuncian en su presencia algunos hombres impuros y desalmados! Pero pedirán contra ellos terrible venganza delante de Dios. Y esto es lo que significan aquellas palabras de Jesucristo: “Mirad que no despreciéis a alguno de estos pequeñitos, porque os hago saber, que sus ángeles custodios en los Cielos están siempre viendo continuamente la cara de mi Padre”.

9. Cuidad, por tanto, hermanos míos, de guardaros más que de la misma muerte, de hablar palabras deshonestas. Oid la exhortación que os hace el Espíritu Santo por estas palabras: “Haz una balanza para tus palabras, y un freno bien ajustado para tu boca, y mira no resbales en tu hablar y sea incurable y mortal tu caída”. (Eccl. XXVIII, 29). Con las palabras : haz una balanza, se nos exhorta a pesar bien las palabras antes de proferirlas; y con la expresión: haz un freno bien ajustado, para tu boca, se nos intima que cerremos la boca cuantas veces nos sentamos tentados a pronunciar palabras deshonestas. Dios nos ha dado la lengua, no para ofenderle, sino para alabarle y bendecirle. Y por eso dice San Pablo: que la fornicación, y toda especie de impureza, ni aún se nombre entre nosotros, como corresponde  a quienes Dios ha hecho Santos. De manera, que no solamente debemos evitar las palabras obscenas y las palabras equívocas, teniendo presente, que los equívocos deshonestos tal vez causan más daño que las palabras impuras; sino también las palabras picantes o que son ajenas de las personas santas, esto es, de los cristianos, de quienes habla San Pablo.

10. Reflexionad, dice San Agustín, que vuestras bocas son bocas de cristianos, en las que tantas veces ha entrado Jesucristo por medio de la Santa Comunión, y por esto debéis de absteneros de proferir palabras que son un veneno infernal. San Pablo escribe: “vuestra conversación sea siempre con agrado sazonada con la sal”, es decir, mezclad en la conversación algunas palabras santas que muevan a los que escuchan a amar a Dios, y retraerlos de ofenderle. ¡Feliz la lengua -dice San Bernardo-, que no sabe hablar sino de las cosas de Dios! Debéis, pues, guardaros, amados cristianos, no sólo de las palabras impuras, sino también del trato de los que las profieren. Y así, cuando oigáis hablar mal y deshonestamente, circunvalad vuestros oídos de espinas, como dice el Espíritu Santo, y no deis oídos a tales conversaciones. Que quiere decir, que os revistáis de severidad, y reprendáis con calor y celo a los que hablen de este modo: o, al menos, les manifestéis en el semblante que os disgusta la conversación. No nos avergoncemos de parecer discípulos de Jesucristo, sino queremos que Jesucristo se avergüence de recibirlos después en el Paraíso. Manifestemos a los malos, que seguimos la doctrina y los preceptos de Jesucristo; confesemos que somos sus discípulos, para que Él también declare que es Nuestro Maestro en la otra vida, como nos lo promete en el Evangelio con estas palabras: “Todo aquél que me reconozca delante de los hombres, Yo también lo reconoceré delante de mi Padre, que está en los Cielos”. (Matth. X, 32).

De esta suerte cumpliremos con su santa ley, y después de ésta vida mereceremos disfrutar de su compañía en la eterna.

Tomado del excelente blog:

http://eccechristianus.wordpress.com

Novena a San Pío X

Hoy Viernes 26 de Agosto de 2011 Inicia.

DIA PRIMERO 26 de Agosto

DIA SEGUNDO 27 de Agosto

DIA TERCERO 28 de Agosto

DIA CUARTO 29 de Agosto

DIA QUINTO 30 de Agosto

DIA SEXTO 31 de Agosto

DIA SÉPTIMO 01 de Septiembre

DIA OCTAVO 02 de Septiembre

DIA NOVENO 03 de Septiembre

SAN PÍO X, Papa y Confesor 03 de Septiembre

Fuente:

http://www.tradicioncatolica.com

SAN EULOGIO DE CÓRDOBA, Mártir

11 de marzo

No resistas al que te maltrate; antes, si alguno te hiriere en la mejilla derecha, vuelve también la otra. (San Mateo, 5,39).

Mientras se conducía a San Eulogio para martirizarlo, recibió una bofetada; ofreció el santo la otra mejilla para cumplir el consejo del Evangelio. Había antes dejado la espada para aceptar el episcopado en lo más recio de la persecución, Resistió valerosamente al rey de los moros. Se le amenazó con los azotes, pero él pidió que, más bien, se le hiciese morir, pues los látigos eran tan impotentes para arrancarle la fe del corazón como para separar su alma de su cuerpo. Se le hizo decapitar, en el año 859.

MEDITACIÓN
SOBRE LOS TRES GRADOS
DE LA PACIENCIA

I. El primer grado de la paciencia consiste en sufrir con resignación todo lo que nos acaece, sea de parte de Dios, sea por la malicia de los hombres o por nuestra propia culpa. ¿Es así como sufres? El santo varón Job soportó las mayores desgracias, repitiendo: El señor me había dado todo, Él me quitó todo: bendito sea su santo nombre.Medita estas hermosas palabras, repítelas en las aflicciones que te embarguen; no te inquietes, no murmures contra tu prójimo. Has de cansar la malicia de tus enemigos con tu paciencia. (Tertuliano).

II. El segundo grado es desear ardientemente sufrir, y buscar las ocasiones para ello. Así, San Eulogio presentó la otra mejilla para recibir una segunda bofetada, y pidió que se le hiciese morir . Así es como tantos mártires anhelaron la muerte, como tantos penitentes buscaron el padecer. ¿No es verdad, acaso, que el fin de todos tus esfuerzos es evitar el sufrimiento? No te engañes, no hay otro medio para llegar al cielo que el de la cruz; si existiese otro más corto y agradable, Jesucristo nos lo hubiera enseñado.

III. El tercer grado de la paciencia es sufrir con alegría. Los apóstoles se regocijaban en los trabajos y tribulaciones; andaban llenos de gozo cuando habían sido reputados dignos de sufrir por Jesucristo. «Regocijaos -decía Nuestro Señor- si el mundo os aborrece, porque me ha aborrecido a mí antes que a vosotros». Qué bello espectáculo es para Dios ver a un cristiano en lucha con el dolor. (Minucio Félix).

La paciencia
Orad por la conversión de los infieles.

ORACIÓN

Dios omnipotente, haced, os suplicamos, que la intercesión del bienaventurado Eulogio, vuestro mártir, cuyo nacimiento al cielo hoy celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro Santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de:

http://misa_tridentina.t35.com/