Del
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
Por el Reverendo padre Alfonso Gálvez Morillas

Ved la higuera y todos los árboles: cuando producen ya de sí el fruto, sabéis que está cerca el verano.
La frase que intitula este artículo puede sonar a “sorpresa” para muchos bautizados ya que, en realidad, en muy pocos púlpitos y catequesis se recuerda. Pero es verdad que se comete un pecado mortal (no venial) si se falta a Misa un domingo o día de precepto siempre que no haya enfermedad, imposibilidad física real o cuidado de un enfermo, tal como enseña en catecismo en su punto 2181. Pero ha de recordarse también, en estos tiempos de confusión y relativismo, que este punto de nuestro catecismo está avalado en la ley de la Iglesia Católica cuyo mandato primero dice “Oír Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar” que a su vez se avala por la misma ley Divina ya que el tercer madato de dicha ley es “Santificarás las fiestas”. Y, aún más, este precepto eclesial se justifica sobre todo en el primer mandamiento de la ley de Dios “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, ya que quien sea capaz de faltar a Misa por no restar un poco de tiempo a su ocio o, sencillamente, por no contrariar a otras personas, demuestra con creces que está a años luz de amar a Dios sobre todas las cosas.
Pero en este artículo yo deseo tocar una cuestión muy concreta: el masivo abandono de la Misa dominical se debe, sobre todo, a que desde un principio (catequesis de primera comunión), la inmensa mayoría de los niños/as NO saben que faltar a Misa en domingo es pecado mortal. De hecho la terrible realidad es más amplia: la mayoría de los niños no saben ni siquiera que es pecado. Luego cuando son adolescentes, y van a recibir la confirmación, la inmensa mayoría tras recibirla no vienen a Misa el domingo siguiente porque siguen sin saber que faltar a Misa es pecado mortal. Y hay efectos todavía peores: ya es muy extendida la costumbre sacrílega de faltar a Misa los domingos y luego, cuando hay ocasión extraordinaria de ir a Misa (en funeral, boda, primera comunión…) se asiste y se comulga sin haberse confesado, y sin propósito alguno de volver a la práctica dominical regular. Esto es así: un hecho indiscutible y a la vez tremendo.
Y la causa, vuelvo a repetirlo, es que no se predica de forma concreta este aspecto. Si: la doctrina está ahí, escrita, en el catecismo (punto 2181), pero, ¿de que sirve que la doctrina no se toque si casi nadie la conoce porque casi nadie en la Iglesia la predica o enseña?; y, lo que es aún peor: en realidad en muchas comunidades SI se predica sobre esto pero para decir lo contrario: que faltar a Misa en domingo NO es pecado mortal. Esta barbaridad se enseña en no pocos colegios “religiosos”, parroquias, facultades de teología y lugares similares de “formación”. Y, mientras tanto, generaciones y más generaciones de bautizados crecen en la ignorancia y la indiferencia. Si algún lector cree que exagero, ¿porqué no preguntan?…..si, pregunten a niños de su barrio, de su colegio,de su parroquia…..niños que ya han hecho la primera comunión y que, una vez celebrada la fiesta, sus padres ya no los traen más a Misa los domingos. Es una terrible realidad que abarca a las conciencias de una arrolladora mayoría.
Y, ante esto, los sacerdotes y catequistas que tocamos las conciencias de los fieles para recordarles que es pecado mortal faltar a Misa, ciertamente, nos sentimos muy poco apoyados por nuestros superiores. Pienso que ¡cuanto bien harían cartas pastorales CLARAS en este punto por parte de los Obispos, y hasta por parte del Papa!…….nos servirían para no parecer “guerreros del antifaz” que luchamos contra todos los elementos contrarios (tanto externos como internos de la Iglesia). Desde estas líneas, si algún Obispo me leyera, hago un ruego muy especial en esta dirección: una carta, sólo una carta firmada por un Prelado donde se recuerde a los fieles que es pecado mortal faltar a Misa un domingo o día de precepto. Dicho con claridad, concreción y sin ambigüedades. Todos estamos acostumbrados, si, a mensajes del tipo:
– El domingo es el día del Señor
– La familia unida en oración en domingos
– La necesidad de orar en tiempo de descanso
– El bien grande que recibimos al ir a Misa………..etc
Pues se hace URGENTE leer, firmado por un Obispo: “Faltar a Misa es Pecado Mortal”. Y punto.
Padre Santiago González
PADRE SANTIAGO GONZALEZ
En el marco del 1er congreso Internacional Summorum Pontificum el rev. Padre Kenneth Fryar FSSP nos explica ¿qué es la misa? ¿Qué fines tiene? ¿Porque y para que la celebramos? Tristemente hoy en día muchos católicos y católicas no lo saben y en ello esta gran parte del origen de la crisis en la Fe que vemos en nuestros tiempos.
Tomado de:
adelantelafe.com
¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: “Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes”.
Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA. en estos términos:
“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora”.
En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:
1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,
2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…
Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación.
¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!
¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:
1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;
2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;
3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.
De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.
Tomado de:
El día primero de noviembre se celebra la fiesta de Todos los Santos. Con ella, la Liturgia de la Iglesia honra no sólo a todos aquellos que han sido beatificados o canonizados oficialmente, sino también a los Santos que sólo Dios conoce y a los que no se puede celebrar en particular. Todos ellos, en sus circunstancias y estados de vida propios, lucharon por conquistar la perfección y gozan actualmente en el Cielo de la visión de Dios.
La Iglesia alaba y agradece al Señor la merced que hizo a sus siervos, santificándolos en la tierra y coronándolos de gloria en el Cielo y, para procurarnos mayores gracias, multiplica los intercesores. Además, al proponernos el ejemplo de tantos Santos de toda edad, sexo y condición, y al recordarnos la recompensa que gozan en el Cielo, se nos exhorta a imitarlos en la práctica heroica de las virtudes.
I Hay dos modos distintos de señalar el fin de la vida cristiana: primero, como fin último la gloria de Dios, y, segundo, como fin próximo la santificación del alma(1).
Dar gloria a Dios es el principio y el fin de toda la creación. El mismo Hijo de Dios se encarnó para redimir al hombre sin otra finalidad que la gloria de Dios. Todo, debe subordinarse a este Fin Último: «Ya comáis, ya bebáis, ya hagáis cualquier cosa, todo habéis de hacerlo para gloria de Dios» (I Cor 10, 31).
Después de la glorificación de Dios, y subordinado a ésta de una manera perfecta, la vida cristiana tiene por finalidad nuestra propia santificación. El bautismo, puerta de entrada en la vida cristiana, pone en nuestras almas una “semilla de Dios”: es la gracia santificante. Ese germen divino está llamado a desarrollarse plenamente, y esa plenitud de desarrollo es la santidad. De tal forma, que todos estamos llamados a la santidad aunque en grados distintos.
Ahora bien, ¿en qué consiste propiamente la santidad? ¿Qué significa ser santo? ¿Cuál es su constitutivo íntimo y esencial? Pueden darse varias respuestas que coinciden en lo sustancial. La santidad consiste en:
nuestra plena configuración con Cristo;
la unión con Dios por el amor
la perfecta conformidad con la voluntad divina
II. Insistamos, por ahora, en la necesidad que tenemos de configurarnos plenamente con Cristo para llegar a nuestra propia perfección.
Como dijimos antes, la glorificación de la Santísima Trinidad es el fin absoluto de la creación del mundo y de la redención y santificación del género humano. Pero esto se realiza por Jesucristo, con Jesucristo y en El. Todo se reduce, pues, a incorporarse cada vez más a Cristo para hacerlo todo «por El, con El y en El, bajo el impulso del Espíritu Santo, para gloria del Padre»: Recordemos, al respecto, la fórmula que utiliza la Liturgia en la culminación del Canon de la Misa y que condensa toda la vida cristiana:
Por Cristo, con Él y en Él,
a Ti, Dios Padre Omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria,
por los siglos de los siglos. Amén
III. En la obra de nuestra propia santificación, los Santos –y en especial la Virgen Santísima- no sólo tienen importancia desde el punto de vista moral, en cuanto modelos de virtud. El dogma de la Comunión de los Santos nos enseña que en la Iglesia, por la íntima unión que existe entre todos sus miembros, son comunes los bienes espirituales que le pertenecen, así internos como externos.
Los bienes comunes internos en la Iglesia son: la gracia que se recibe en los Sacramentos, la fe, la esperanza, la caridad, los méritos infinitos de Jesucristo, los merecimientos sobreabundantes de la Virgen y de los Santos y el fruto de todas las buenas obras que se hacen en la misma Iglesia(2).
*
Con una fe llena de esperanza veneramos hoy a todos los santos como a amigos de Dios, invocamos con más confianza su protección y nos proponemos imitar sus ejemplos para ser un día participantes de la misma gloria.
Que la Virgen María nos obtenga la gracia de creer firmemente en la vida eterna y sabernos en verdadera comunión con aquellos «que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz» (Canon Romano).
Padre Ángel David Martín Rubio
GRAN PROMESA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.» ( Revelada por la Santísima Virgen María a la Hermana Lucía, vidente de Fátima, el 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra -España-)
La práctica de esta devoción consiste en lo siguiente:
1. Confesión, que puede hacerse durante la semana.
2. La Comunión el mismo sábado.
3. Rezar una parte del santo Rosario.
4. Hacer compañía a la Virgen durante un cuarto de hora meditando o pensando en los misterios del Rosario.
5. Hacer esto durante cinco primeros sábados de mes sin interrupción.
Todo ello con la intención de consolar, honrar y desagraviar a la Santísima Virgen por las blasfemias y ofensas que se cometen contra su Corazón Inmaculado Corazón:
1. Las blasfemias y ofensas contra su Concepción Inmaculada.
2. Las blasfemias y ofensas contra su virginidad perpetua.
3. Los que niegan su maternidad divina y la rechazan como Madre de todos los hombres.
4. Los que infunden en los niños el desprecio y hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada.
5. Los que profanan sus sagradas imágenes.
Tomado de:
GRAN PROMESA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.» ( Revelada por la Santísima Virgen María a la Hermana Lucía, vidente de Fátima, el 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra -España-)
La práctica de esta devoción consiste en lo siguiente:
1. Confesión, que puede hacerse durante la semana.
2. La Comunión el mismo sábado.
3. Rezar una parte del santo Rosario.
4. Hacer compañía a la Virgen durante un cuarto de hora meditando o pensando en los misterios del Rosario.
5. Hacer esto durante cinco primeros sábados de mes sin interrupción.
Todo ello con la intención de consolar, honrar y desagraviar a la Santísima Virgen por las blasfemias y ofensas que se cometen contra su Corazón Inmaculado Corazón:
1. Las blasfemias y ofensas contra su Concepción Inmaculada.
2. Las blasfemias y ofensas contra su virginidad perpetua.
3. Los que niegan su maternidad divina y la rechazan como Madre de todos los hombres.
4. Los que infunden en los niños el desprecio y hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada.
5. Los que profanan sus sagradas imágenes.
Tomado de:
¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: “Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes”.
Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA. en estos términos:
“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora”.
En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:
1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,
2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…
Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación.
¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!
¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:
1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;
2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;
3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.
De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.
Tomado de:
GRAN PROMESA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.» ( Revelada por la Santísima Virgen María a la Hermana Lucía, vidente de Fátima, el 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra -España-)
La práctica de esta devoción consiste en lo siguiente:
1. Confesión, que puede hacerse durante la semana.
2. La Comunión el mismo sábado.
3. Rezar una parte del santo Rosario.
4. Hacer compañía a la Virgen durante un cuarto de hora meditando o pensando en los misterios del Rosario.
5. Hacer esto durante cinco primeros sábados de mes sin interrupción.
Todo ello con la intención de consolar, honrar y desagraviar a la Santísima Virgen por las blasfemias y ofensas que se cometen contra su Corazón Inmaculado Corazón:
1. Las blasfemias y ofensas contra su Concepción Inmaculada.
2. Las blasfemias y ofensas contra su virginidad perpetua.
3. Los que niegan su maternidad divina y la rechazan como Madre de todos los hombres.
4. Los que infunden en los niños el desprecio y hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada.
5. Los que profanan sus sagradas imágenes.
Tomado de:
¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: “Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes”.
Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA. en estos términos:
“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora”.
En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:
1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,
2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…
Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación.
¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!
¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:
1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;
2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;
3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.
De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.
Tomado de:
GRAN PROMESA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.» ( Revelada por la Santísima Virgen María a la Hermana Lucía, vidente de Fátima, el 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra -España-)
La práctica de esta devoción consiste en lo siguiente:
1. Confesión, que puede hacerse durante la semana.
2. La Comunión el mismo sábado.
3. Rezar una parte del santo Rosario.
4. Hacer compañía a la Virgen durante un cuarto de hora meditando o pensando en los misterios del Rosario.
5. Hacer esto durante cinco primeros sábados de mes sin interrupción.
Todo ello con la intención de consolar, honrar y desagraviar a la Santísima Virgen por las blasfemias y ofensas que se cometen contra su Corazón Inmaculado Corazón:
1. Las blasfemias y ofensas contra su Concepción Inmaculada.
2. Las blasfemias y ofensas contra su virginidad perpetua.
3. Los que niegan su maternidad divina y la rechazan como Madre de todos los hombres.
4. Los que infunden en los niños el desprecio y hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada.
5. Los que profanan sus sagradas imágenes.
Tomado de:
¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: “Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes”.
Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA. en estos términos:
“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora”.
En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:
1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,
2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…
Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación.
¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!
¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:
1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;
2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;
3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.
De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.
Tomado de:
GRAN PROMESA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.» ( Revelada por la Santísima Virgen María a la Hermana Lucía, vidente de Fátima, el 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra -España-)
La práctica de esta devoción consiste en lo siguiente:
1. Confesión, que puede hacerse durante la semana.
2. La Comunión el mismo sábado.
3. Rezar una parte del santo Rosario.
4. Hacer compañía a la Virgen durante un cuarto de hora meditando o pensando en los misterios del Rosario.
5. Hacer esto durante cinco primeros sábados de mes sin interrupción.
Todo ello con la intención de consolar, honrar y desagraviar a la Santísima Virgen por las blasfemias y ofensas que se cometen contra su Corazón Inmaculado Corazón:
1. Las blasfemias y ofensas contra su Concepción Inmaculada.
2. Las blasfemias y ofensas contra su virginidad perpetua.
3. Los que niegan su maternidad divina y la rechazan como Madre de todos los hombres.
4. Los que infunden en los niños el desprecio y hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada.
5. Los que profanan sus sagradas imágenes.
Tomado de:
¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: “Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes”.
Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA. en estos términos:
“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora”.
En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:
1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,
2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…
Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación.
¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!
¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:
1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;
2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;
3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.
De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.
Tomado de:
http://misa_tridentina.t35.com
Jardines vaticanos, Pentecostés, sábado 8 de junio de 2014, 19.00h:
Unido al Papa Francisco, que tanto ha deseado este momento, el Patriarca Bartholomaios I de Constantinopla y todos los presentes, los Presidentes Shimon Peres y Mahmoud Abbas se van a unir a esta invitación, proclamando el deseo de sus respectivos pueblos de invocar a DIOS el anhelo común de paz.
1) Jesucristo puso a Pedro como Cabeza de la Iglesia para confirmar en sus errores a los herejes que la desgarran y a los infieles que la rechazan.
El encuentro de esta tarde se dividirá en tres partes, seguidas de una conclusión. Cada parte se dedicará a una invocación por parte de cada una de las tres comunidades religiosas, en orden cronológico: judaismo, cristianismo e islam. Cada parte se desarrollará en tres momentos. El primer momento consistirá en la alabanza de DIOS por el don de la creación y por habernos creado como parte de la familia humana.
2) La Santísima Trinidad desea ser invocada y alabada junto a Shekinah, Allah y otra «trinidad» distinta en la que el «espiritu santo» no procede del «hijo».
En el segundo momento, pediremos perdón a DIOS por las veces que hemos sido incapaces de actuar como hermanos y hermanas, y por nuestros pecados contra ÉL y contra nuestros hermanos y hermanas. En el tercer momento, le pediremos a DIOS que otorgue el don de la paz a Tierra Santa y que nos convierta en constructores de la paz.
3) Jesucristo, Shekinah, Allah y El-jesus-de-quien-no-procede-el-espiritu-santo son idempotentes: Todos ellos pueden otorgar dones y perdonar los pecados de sus respectivos fieles.
El gallo ha vuelto a cantar tres veces. Pero, esta vez, Pedro no se arrepiente. Quiere que le imitemos.
Visto en: http://cougarpuma.blogspot.com.ar/
Tomado de:
¡Sí! Como lo dijo un padre en su sermón: “El pueblo de México es un pueblo bendito por Dios”. Escuchando esta expresión me puso a reflexionar el porqué de esa frase y caigo en verdad que tiene un santísimo contenido.
El Santo Papa León XIII refiriéndose a las benditas apariciones de la Santa Virgen de Guadalupe en México dijo: “Dios hizo con esa nación lo que con ninguna”. Por el mundo hay apariciones de la Santa Virgen María, las más conocidas en Europa, concretamente las apariciones de la Virgen de Fátima en Portugal y la Virgen de Lourdes en Francia, muy visitadas y veneradas.
En América también hay un buen legado de apariciones por diversos países del continente, pero las apariciones de la Santa Virgen de Guadalupe es como ninguna otra, en el sentido de que la Virgen se quedó con los mexicanos en su Santa Tilma que Juan Diego entrega al Obispo y que desde el siglo XVI a la fecha, esa Tilma se ha conservado tal cual. Sigue leyendo
GRAN PROMESA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.» ( Revelada por la Santísima Virgen María a la Hermana Lucía, vidente de Fátima, el 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra -España-)
La práctica de esta devoción consiste en lo siguiente:
1. Confesión, que puede hacerse durante la semana.
2. La Comunión el mismo sábado.
3. Rezar una parte del santo Rosario.
4. Hacer compañía a la Virgen durante un cuarto de hora meditando o pensando en los misterios del Rosario.
5. Hacer esto durante cinco primeros sábados de mes sin interrupción.
Todo ello con la intención de consolar, honrar y desagraviar a la Santísima Virgen por las blasfemias y ofensas que se cometen contra su Corazón Inmaculado Corazón:
1. Las blasfemias y ofensas contra su Concepción Inmaculada.
2. Las blasfemias y ofensas contra su virginidad perpetua.
3. Los que niegan su maternidad divina y la rechazan como Madre de todos los hombres.
4. Los que infunden en los niños el desprecio y hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada.
5. Los que profanan sus sagradas imágenes.
Tomado de:
Suor yeyé se inspiró para “ir al espectáculo por el Papa Francisco, que ha dado instrucciones a las monjas y los sacerdotes a “salir” de sus iglesias y conventos…”
“Me quedo con mis pies en el suelo, pero mis ojos se dirigen hacia el cielo. Mi objetivo es hacer que la gente entienda que la iglesia está en todas partes y con todo el mundo.”
Fuente:
Associated Press | La monja de 25 años se hizo popular en el mundo entero desde su primera actuación
Milán— Sor Cristina, una monja de 25 años que había dejado boquiabierto a medio mundo, ganó ayer la final del concurso ‘La Voz de Italia’, gracias a una voz portentosa y a sus numerosos seguidores en Internet.
Sin mostrarse alterada por su victoria con el 62 por ciento de los votos ante el joven rockero Giacomo Voli, llamó a todos los asistentes a rezar el Padre Nuestro “para agradecer” a Dios.
“Quiero que Jesucristo entre aquí, es un sueño”, tras recibir el trofeo de ‘The Voice of Italy’, que representa tres dedos de una mano sosteniendo un micrófono. También agradeció calurosamente a su ‘coach’ en el programa organizado por la RAI Due, el rapero J-AX, por haberla “protegido” frecuentemente ante quienes la criticaban.
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Por su parte, el cantante, quien se había descrito como ‘el diablo ante el agua bendita’, consideró increíble el desempeño de Sor Cristina, que se presentó entre cuatro finalistas rigurosamente ataviada con un vestido y velo negro. Él la animó a “cambiar las cosas, a brindar un ejemplo importante”.
“Tengo un don y se los entrego”, había lanzado Cristina Sciuccia, de 25 años de edad, cuando los cuatros jueces del programa, tras elegirla por unanimidad el pasado 19 de marzo en una audición a ciegas, le preguntaron lo que hacía. La presencia de una monja destacó particularmente en este concurso reservado generalmente a los aficionados a la brillantina.
La famosa cantante y presentadora Raffaella Carra, sorprendida por la vestimenta de Sor Cristina, en hábito y velo gris de monja, incluso le preguntó si era una verdadera religiosa y lo que pensaba del Papa Francisco, del que la joven siciliana dice inspirarse.
“Todo esto ocurrió porque, fuera, hay una sed de alegría, de amor, una sed de un mensaje bello y puro”, había explicado la hermana Cristina en su primera conferencia de prensa, el miércoles, víspera de la gran final.
Batiendo récords
Desde su selección por parte del rapero J-AX -para jugar con el contraste entre “él, el diablo y ella el agua bendita”- el entusiasmo del público por la joven Cristina que tomó los hábitos en 2012 no fue desmentido. Ha permitido a la RAI Due (segundo canal público italiano) batir sus propios récords de audiencia, sistemáticamente por encima del 15 por ciento.
No todos la quieren
La joven religiosa cuenta también con sus detractores.
La última candidata italiana al concurso de Eurovisión, Emma Marrone, ella misma descubierta por un programa de televisión, la calificó como “un insulto para el mundo del espectáculo”.
Algunos críticos musicales estiman que su éxito se debe más al símbolo que representa en un país todavía impregnado por el catolicismo y al efecto mediático que a su voz, que consideran relativamente limitada.
Viene lo más difícil
La fecha decisiva para la vida de Sor Cristina Scuccia no fue ayer en Milán, donde se realizó la final del concurso ‘La Voz de Italia’, sino el 29 julio en la ciudad de Asís, día en el que deberá renovar los votos de castidad, pobreza y obediencia para así convertirse, de manera definitiva, en una verdadera Orsolina, nombre que adoptaron, como sinónimo de “enseñantes”, diversas religiosas provenientes de institutos seculares.
Ante este dilema, toda Italia se pregunta si Sor Cristina confirmará serenamente, independientemente del resultado de esta final, sus votos y su fe religiosa o si, por el contrario, meditará y eventualmente decidirá continuar con su prometedor futuro de ‘popstar’ con hábito religioso.
Lo anterior se debe al hecho de que desde hace unas semanas corre el rumor que la casa discográfica que tiene los derechos de los cantantes que participan en ‘La Voz’ ha propuesto, a la casi religiosa, un ‘tour’ mundial, pero también corre el rumor que podría no interesarse más en ella si decide renunciar a su vocación.
Esto último es por demás lógico. Renunciando a su vocación Sor Cristina ya no sería el gran negocio que esta empresa tiene en mente además de que, según la misma empresa, terminaría olvidada por el gran público tal como ha sucedido con tantos otros cantantes emergentes en este y otros programas televisivos.
Algunos de sus fieles seguidores aconsejan a Cristina Scuccia seguir siendo monja para de esta manera poder continuar con su carrera de vedette planetaria.
Pero nadie puede negar que Sor Cristina se haya convertido en un fenómeno mediatico al cual se ve difícil que pueda o quiera renunciar, sobre todo cuando el mundo entero habla de ella, la comparan con Alicia Keys y Whoopy Goldberg, e incluso han encontrado a Lucio, su novio antes de entrar al mundo religioso, quien prudentemente dice no recordar el primer beso que se dieron. (El Universal)
Fuente:
¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: “Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes”.
Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA. en estos términos:
“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora”.
En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:
1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,
2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…
Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación.
¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!
¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:
1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;
2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;
3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.
De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.
Tomado de:
La curación de un agresivo cáncer, con fuertes señales de milagro, de una madre de familia católica de nacionalidad israelí, causó conmoción en aquel país. El día 3 de enero pasado la beneficiaria, Teresa Daoud, relató todo el caso al Canal 2 de Israel, que también entrevistó a sus médicos y analizó los datos clínicos.
Teresa sufría de un cáncer maligno en una pierna, que se desarrollaba rápidamente. Los médicos decidieron entonces amputarle la pierna afectada.
La cirugía fue postergada tres veces por razones burocráticas. Ella interpretó esas prórrogas como una señal de que debía confiar más en la oración que en la intervención médica. Decidió esperar.
El Dr. Jacob Bickels, jefe del Departamento de Oncología Ortopédica del Hospital Ichilov, em Tel Aviv, dclaró que al conocer el caso, “era claro para mí que ella iba a morir en poco tiempo. Ella es una mujer instruida, inteligente, lúcida, y cuando una persona así toma una decisión sabiendo bien las consecuencias, nosotros la respetamos”.
Teresa acudía a rezar en la iglesia católica de su pueblo. Es una pequeña iglesia, sencilla, a la que se accede por una larga escalinata, que ahora ella puede subir con naturalidad. Adentro hay apenas una gran cruz, la imagen de Nuestra Señora de Fátima, un cuadro de San Charbel Macklouf y un humilde Nacimiento.
En forma inexplicable, según atestiguan los medios israelíes, cuando ella estaba en el quinto mes de la enfermedad, las placas evidenciaron que el cáncer había desaparecido completamente.
“Si alguien me hubiese contado esta historia, yo habría dicho que ambos, la paciente y el doctor, estaban mal de la cabeza. Es imposible”, declaró el Dr. Bickels a la televisión de Israel.
Profesor de alta tecnología médica, el especialista exhibió las placas radiográficas mostrando cómo el cáncer, que se esparcía de modo violento, pura y simplemente había desaparecido ¡sin ningún tratamiento! Sigue leyendo
En un Decreto, el Papa Benedicto XV afirma:
“Su Santidad el Papa Benedicto XV, afligido ante el torbellino de la guerra que troncha vidas juveniles, sume en la desolación familias y ciudades y trastorna las naciones más florecientes; considerando que el Señor, el cual castigando sanat et ignoscendo conservat, se conmueve por las oraciones de los corazones contritos y humillados; deseando que más fuerte que el fragor de las armas sea la voz de la fe, de la esperanza y de la caridad, que son las únicas que tienen virtud divina para unir á los hombres en un solo corazón y en una sola alma, mientras invita y exhorta al clero y al pueblo á hacer alguna obra de mortificación expiatoria por los pecados que provocan el justo castigo de Dios, ha dispuesto que en todo el mundo católico sean dirigidos al Señor humildes ruegos para alcanzar de su Misericordia la suspirada paz. A este fin ordena que en todas las iglesias Metropolitanas, Catedrales, Parroquiales y Regulares de Europa, el próximo día siete de febrero, Domingo de Sexagésima, y en las Diócesis de fuera de Europa el ventiuno de Marzo, Domingo de Pasión, sean celebradas especiales funciones según el orden siguiente…”
Benedicto XV, AAS 07 (1915) pp. 16-17.
Tomado de:
Nunca ha cambiado una religión tan exhaustivamente su actitud frente a lo que antes era visto como su peor enemigo como la Iglesia Católica Romana hizo bajo los papas Juan XXIII y Juan Pablo II.
Por Anshel Pfeffer | 27 de abril 2014 | 16:26 |
El negocio de la fabricación de nuevos santos pasando hoy en día en Roma es un misterio para los no católicos, incluso risible para los ateos. La canonización de Angello Giuseppe Roncalli y Karol Jozef Woytyla, más conocido como los papas Juan XXIII y Juan Pablo II, con todo su proceso de asistente de descubrir los milagros de hoy en día, reconociendo su elevada posición en el cielo y la posterior veneración, representa para muchos de nosotros mucho de lo que es falso y artificial de la religión moderna. Incluso muchos católicos tienden a ver esto desde una perspectiva cínica; experimentados Vaticano-observadores observando cómo el Papa Francis ha retirado de un “acto de equilibrio” astuto canonizar de una sola vez un Papa liberal (J23) con un conservador (JP2). Y ahí están los críticos que acusan al nuevo papa de perder demasiado tiempo en el boato celestial en lugar de hacer frente a los problemas muy reales que aún enfrenta una iglesia que lucha para aclimatarse al siglo 21.
Todas estas observaciones son válidas, pero esencialmente sin sentido. La creación de mitos de la santidad y la santidad es lo que hacen las religiones establecidas y la Iglesia Católica Romana, que incluso en su estado disminuido sigue siendo el más grande y más influyente de la suerte con todo el bagaje histórico que lleva, es una urgente necesidad de nuevos santos. Juan Pablo II fue uno de un pequeño grupo de personas que influyó en las últimas décadas del siglo pasado y el fin de la Guerra Fría; Francis tiene el potencial de tener un efecto similar en el siguiente período de la historia. Más de medio millón de personas se reunieron esta mañana en la Plaza de San Pedro para escuchar Francis proclaman “declaramos y definimos el beato Juan XXIII y Juan Pablo II a ser santos y les inscriben entre los santos, decretando que van a ser venerados como tales por toda la iglesia “. Incontables millones de personas estaban viendo en directo por televisión en todo el mundo. Incluso si eso significa nada para ti y para mí, sigue significando algo a un montón de gente.
Y si bien no fue programado específicamente para coincidir con la víspera de Iom Ha Shoá, Día del Holocausto de Israel, tiene una resonancia histórica particular para Judios en todas partes, ya que no hay dos hombres que hicieran más que Roncalli y Wojtyla para revertir todos esos siglos de enemistad a menudo asesina de la iglesia hacia el pueblo judío. Sigue leyendo
El Anulum Piscatoris (Anillo del Pescador), que en otro tiempo fue típicamente ilustrativo-definitorio del Vicario de Cristo, el sello de su Autoridad y de su Reinado, ha desaparecido del mapa, y solamente se encuentra en su dedo correspondiente en ocasiones muy especiales. Parece ser que se quiere transmitir la idea de que en esta evaporación se incluye también todo lo que el susodicho anillo representa, especialmente el Primado de Pedro.
Es sabido que todos los sucesores de San Pedro en la Sede de Roma y por tanto en el Sumo Pontificado de toda la Cristiandad, han ostentado siempre esta Primacía, dada directamente por Cristo a Pedro y sus sucesores. Ahora quieren hacer una cuchipanda episcopal entre todos los aspirantes que desde siglos andan cabreadetes con el tema, una especie de club de los Cinco como si fuera todo lo mismo. Y desde luego, Francisco está encantado con ello. Ya se viene buscando desde hace años -aunque de una forma menos descarada-, lo que Juan Pablo II y Benedicto XVI llamaron una nueva forma de entender el Primado, y que Francisco acaba de corroborar: lo que dicho en cristiano quiere decir una nueva forma de cargase lo que ha constituido desde siempre la Supremacía del Obispo de Roma, y que tanta sangre ha costado a la Iglesia, amén de un Cisma monumental. Eran otros tiempos, dicen ellos.
Hoy día, con una Iglesia que se emboba con la democracia, que abomina de lo jerárquico y que se avergüenza de su propia Autoridad, el Primado de Pedro no deja de ser un contrasentido. Por eso los exegetas se han cuidado mucho de decir que el texto en que Jesús entrega a San Pedro el poder de atar y desatar, es tardío, insulso, falso, inventado y molesto. Ya saben ustedes la tendencia de los exegetas modernos a eliminar lo que no interesa y llegar a las mismas palabras de Cristo que no son otras que las aceptadas por los gurús de la Teología. Que me gustan, pues estupendo: son auténticas. Que no me gustan, pues entonces son añadidos de copistas carcas medievales.
El caso es que el dichoso anillo aparece y desaparece como si fuera por arte de magia. Nada por aquí, nada por allí. Ahora sí, ahora no. Soy el Obispo de Roma, soy el Sumo Pontífice. Mando, pero no mando. El ecumenista que ecumenice, buen ecumenizador será. Como la Cruz Pectoral que se desliza suavemente para esconderse en el fajín cuando los judíos están delante. ¡¡Qué cosas!!
El mensaje viene a completar tantas otras costumbres y ritos que van desapareciendo porque son signo de riqueza, de poder, de principado temporal y de molestia tradicionalista. Desapareció en el primer minuto la muceta, el estolón papal, desaparecieron los famosos zapatos rojos, las casullas elegantes, desapareció la riqueza litúrgica, las recepciones con estilo. Y como una cosa que desaparece debe ser sustituida por otra, aparecieron los zapatos vulgares, las casullas cutres, los cálices lampedusa, la sotana blanca transparentando pantalones negros…. ¡¡¡Uf!!!… y por supuesto la cartera de mano modelo viaje pontificio, con ribetes bien sobados para dar muestras de pobreza.
Cuando se corta la maleza en vez de desarraigarla, ésta vuelve a crecer en breve tiempo. Lo mismo sucede cuando se desarticula el aparato militar subversivo sin atacar las fuentes económicas o culturales que lo alimentan. Mueren los que tuvieron el coraje de empuñar las armas. Entre ellos había locos, aventureros o criminales, pero también jóvenes que canalizaron por caminos equivocados, hacia metas utópicas, su capacidad de lucha, de coraje, de asco y de sacrificio. Quedan en cambio a salvo los responsables principales, instigadores, mandantes y consejeros: el profesor universitario, el ensayista, el periodista fabricante de la “opinión”, el sacerdote tercermundista, la religiosa “concientizadora”, el político democrático… Ellos sabrán capear el temporal y preparar las tropas para el relevo.
La subversión puede ser derrotada en el campo de combate, y triunfar políticamente. Implacable cuando triunfa, cuando se ve acorralada cambia de táctica y se moviliza para debilitar la presión de las fuerzas represivas. El jefe del F.L.N. argelino escribía en 1957:“Dado que el ejército hace suya la acción de la policía, no tenemos la misma protección legal que necesitamos para movernos. De manera que ruego a todos nuestros amigos que realicen toda la campaña que sea necesaria a fin de que la legalidad sea restablecida. En caso contrario estaremos perdidos”
La legalidad se transforma así en un arma de combate. De allí nacen las campañas por los “derechos humanos”, la libertad de los presos “políticos”, la amnistía, la supresión de las leyes de excepción, en cuyo favor se moviliza la opinión pública y la presión de los organismos internacionales. Objetivo último: la “institucionalización”, el “retorno a la normalidad”, las elecciones, es decir: el abandono del poder a los cómplices, a los imbéciles, a los “kerenskys”… Sigue leyendo
¿Ya os habéis enterado de que un merodeador se introdujo al amparo de la noche en vuestra heredad, o mejor en la heredad que Dios ha confiado a vuestra custodia? San Bernardo.
(Aconséjale que expulse de su diócesis a Arnaldo de Brescia, arrojado ya de Italia y Francia, y escondido entonces en Constanza ; o mejor que le ponga en prisiones para evitar mayores males.)
1. Si el padre de familias supiera en qué hora había de llegar el ladrón, seguramente estaría muy alerta y no le consentiría perpetrar el allanamiento de su morada. ¿Y vos? ¿Ya os habéis enterado de que un merodeador se introdujo al amparo de la noche en vuestra heredad, o mejor en la heredad que Dios ha confiado a vuestra custodia? Sin duda que debéis saber que lo tenéis ahí escondido, pues aún a nosotros, que estamos tan separados, nos llegó la nueva. Y no me parece extraño en modo alguno, que ignorando vos la hora en que os había de acechar, no le sorprendierais en su asalto nocturno. Lo que no dejaría de causarme harta maravilla sería, que una vez descubierto el criminal, no le reconocierais y prendierais, y obligarais a restituir lo que se os iba a llevar, y sobre todo lo que ya ha robado a Cristo, que son las almas, que es lo que Él estima más, hechas a su imagen y semejanza y redimidas con su preciosa sangre.
2. Tal vez estáis todavía sorprendido de mi lenguaje y no sabéis a dónde voy a ir a parar con toda esta alegoría. Pues bien, hablo de Arnaldo de Brescia, sujeto de tal condición que ojalá pudiera señalarse tanto en la pureza de su doctrina, como en la que parece guardar de costumbres. Pertenece a aquella suerte de hombres desenmascarados por el ojo avizor del Apóstol, ( Tim. 3, 5), que aparentaban mucha piedad por fuera y en realidad andaban vacíos de toda virtud ; o a aquellos otros a quienes retrataba el Señor cuando decía : “Vendrán a vosotros con pieles de oveja, y serán lobos carniceros”, (Math. 7, 15). Este mi hombre, durante todos los años de su vida hasta el tiempo presente, no hubo lugar en que se parase a vivir donde no dejase tristes y dolorosos recuerdos de su estancia, de tal manera que no hay cuidado de que ose volver al sitio de donde una vez salió.
3. La misma tierra en que vió la luz del mundo, sintióse por culpa de él, tan atrozmente turbada y afligida, que hubo de acusarle ante el Papa, para que le desterrase como a autor de un pernicioso cisma y le obligase a prometer que jamás volvería a ella si antes no le daba su licencia la Santa Sede Apostólica. Por un delito parecido a éste, se vió luego extrañado de tierras de Francia como insigne perturbador ; porque viéndose rechazado por el sucesor de San Pedro decidió irse con Pedro Abelardo, y habiendo abrazado sus errores, notados ya y condenados por la Iglesia, púsose a defenderlos juntamente con él y aún con más furia y pertinacia que el propio autor. Sigue leyendo
Si ya los Santos Padres preveían unos tiempos -los últimos- en que los mártires no serían reconocidos como tales, lo que quizás no aventuraban era la sustitución de los auténticos mártires por otros fraguados en quién sabe qué zafio caletre postconciliar. Este vergonzoso reemplazo, a decir verdad, entra previsiblemente en la más rigurosa lógica anticrística: si conforme a aquel adagio que presenta al demonio como «mono de Dios» debemos imaginar a un Anticristo más bien humanitario y pacifista, que no visiblemente cruel (y así lo entrevió, con gran acierto, un Soloviev), es comprensible que éste quiera ofrecer al lombricario de sus adictos el culto de unos santos de tan dudosa integridad religiosa como probado servicio a la causa del superhombre desligado. Pues era más que plausible que a la progresiva sustitución de la doctrina católica por otra ajena y prometeica le hubiera de seguir el cambio en las formas rituales, en la imaginería y, a la postre, en los ejemplares propuestos a la veneración.
En ese verdadero crisol de fatuidades y de embustes que ha venido a ser la enseñanza eclesial de hogaño, con efusión de iscariotismos y agachadas a cuál más ominoso, debía llegar este fatídico año de 2014 para que nos fuera dado presenciar una conjunción insospechada, suficiente a reclamar enseñanza y lumbre. Pero no: si la recordación de tres hombres de Iglesia argentinos, notorios por muy distintos títulos pero con la nota común de haber sido muertos con violencia hace cuarenta años, al tiempo en que el ministerio petrino es confiado a un su connacional (en inmejorable coincidencia de coordenadas espacio-temporales entre éste y aquéllos), si esta memoria, decimos, debía de ofrecer -en condiciones, digamos, normales- pasto para un magisterio límpido, del todo oportuno, es lo contrario justamente lo que ocurre, para mayor desazón de los que aún guardan la fe católica, cada vez más extranjeros en esta aturullada kermesse.
Como glosando con la efemérides la lección del Apocalipsis (12, 4), en que la cola del dragón «arrastró a la tercera parte de las estrellas del cielo», sólo dos de los tres muertos a conmemorarse (precisamente los soterrados por la Jerarquía acomodaticia) pueden ser justamente llamados mártires, ultimados in odium fidei, mientras que el restante (el aclamado increíblemente como «testigo de Cristo» cuando en verdad lo fue de la Revolución mundial anticristiana), ése es el que nuestros pastores proponen como modelo a imitar. Sigue leyendo
Dice San Pablo:
“Entre tanto, hermanos, os suplicamos por el advenimiento de Nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión al mismo, que no abandonéis ligeramente vuestros sentimientos, ni os dejéis alarmar por algún espíritu, ni por cierta palabra, ni por cartas que se supongan enviadas por nosotros, como si el día del Señor estuviera muy cercano. No os dejéis seducir de nadie en ninguna manera; porque no vendrá sin que primero haya acontecido la apostasía, y aparecido el hombre del pecado, el hijo de la perdición, el cual se opondrá y se alzará contra todo lo que se dice Dios o se adora; hasta llegar a poner su asiento en el templo de Dios, mostrándose como si fuese Dios. ¿No os acordáis que cuando estaba todavía entre vosotros os decía estas cosas? Ya sabéis vosotros lo que ahora lo detiene, hasta que sea manifestado en su tiempo. El hecho es que ya está obrando el misterio de iniquidad. Entre tanto, ¡el que lo detiene ahora deténgalo hasta que sea quitado de en medio. Entonces se dejará ver aquel perverso, a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca, y destruirá el resplandor de su venida.” (Tesal. II, 1-8)
¿Qué es “lo que detiene”, el “obstáculo”, el katejón, que impide la manifestación del Anticristo? San Agustín y los antiguos padres vieron en él al Imperio Romano. “Esa creencia – dice Straubinger – quedó desvirtuada por la experiencia histórica y no parece posible mantenerla”. Se la mantiene, a pesar de todo. Se cree ver en ella, ya que no el imperio Romano, el “orden romano”. Pero lo cierto es que a partir de la Revolución Francesa, llevamos ya casi dos siglos de desorden y aún no se ha manifestado el Anticristo. Sigue leyendo
Padre Antonio Royo Marín, O.P.
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El título de este artículo puede causar asombro, ya que la mayoría conoce y da por auténtica la versión oficial, publicada por el Cardenal Angelo Sodano en junio del año 2000, en la que supuestamente se dio a conocer la revelación hecha por la Santísima Virgen María a los tres pastorcitos de Fátima, Portugal, en 1917. También se acepta que la «Hermana Lucía» validó ese texto al año siguiente y falleció en 2005.
Sin embargo, existen suficientes pruebas de que la verdadera Hermana Lucía murió realmente el 31 de Mayo de 1949, fiesta de María Reina, y de que la fallecida en 2005 fue en realidad una impostora. También hay certeza de que existe una parte del Tercer Secreto que aún no se ha querido publicar oficialmente, si bien se ha dado a conocer ya de forma extraoficial y ofrecemos aquí una reflexión respecto a ella.
Lucía Dos Santos ingresó al Carmelo de Santa Teresa de Coimbra en 1948, treinta y un años después de las apariciones de la Santísima Virgen en Fátima, teniendo 41 años de edad. Anteriormente, había sido religiosa de las Hermanas Doroteas, en Pontevedra, España, en donde ingresó en 1925, a los 15 años de edad, y profesó en octubre de 1928.
Desde que estuvo con las Hermanas Doroteas tenía una salud muy precaria, motivo por el que, en 1944, Mons. Da Silva le ordenó escribir el Tercer Secreto de Fátima, temiendo que con su muerte se perdieran las revelaciones de Nuestra Señora.
Después de ingresar al Carmelo de Porto, en Portugal, la salud de la Hermana Lucía continuó agravándose, y murió el 31 de mayo de 1949, al año y dos meses de haber ingresado.
Cuando, 65 años después, murió la impostora «Lucía», el 13 de febrero de 2005, en el listado oficial de monjas fallecidas de los Carmelitas Descalzos pusieron a la Hermana «Lucía Dos Santos» en la casilla 265. Pero, por más de un año, apareció allí la fecha real de su fallecimiento, 31 de mayo de 1949, sin que nadie se diera cuenta. Hoy día aparece ya corregido (ver «Moniales Defunctae» de la Orden: (http://www.ocd.pcn.net/defunti/n_def9.htm).
Con todo, nótese que aún hoy aparece como fecha de su profesión el 3 de octubre de 1928, lo cual simplemente no pudo haber ocurrido, ya que Lucía entró a la Orden Carmelita hasta 1948.
¿Porqué el obituario no reproduce el 31 de mayo de 1949 como la fecha de su profesión, como por mucho tiempo se manejó en las biografías oficiales? Por varias razones: la primera, porque la Regla carmelita establece que la profesión se hace hasta después de dos años de noviciado, mismos que Lucía no había cumplido y, la segunda, porque ese fue el día en que ella murió.
El error, que por más de un año se mantuvo en el sitio de la Orden, llevó a que un lector preguntara ese extraño dato a los editores de Tradition in Action: (Ver tercera conversación titulada «Death Notice in Carmel Archives«:
http://www.traditioninaction.org/Questions/E016_SrLucyRepercussions.htm
Traducción al español:
Pregunta:
«No estoy a favor de las teorías de conspiración, pero a las bizarras fotos de la Hna. Lucía a las que se refiere Ms. Hovart añádase otro asunto bizarro: al mirar al sitio web de los Hermanos Carmelitas y ver los obituarios de monjas de 2005, dice que Sor Lucía murió el 31 de mayo de 1949. Esta lista ha estado allí por al menos un año sin que nadie la corrija, quizá ustedes me puedan explicar el porqué. Nuevamente: no creo en las teorías de la conspiración, pero las fotos son raras y esta fecha de fallecimiento me parece muy extraña. Solo quería hacer notar eso».
Respuesta de los Editores:
«El cuadro 265 enlista correctamente la fecha de nacimiento y de profesión: nació el 22 de marzo de 1907 en Fátima, e hizo sus primeros votos como Hermana Dorotea el 3 de octubre de 1928. Pero es difícil entender por qué el sitio oficial de documentos puso como la fecha de su fallecimiento el 31 de mayo de 1949. Tal vez porque ella realmente murió en aquella fecha, y otra persona, que falleció en 2005, haya tomado su lugar».
Tan es cierta esa posterior corrección, que en el documento digitalizado aparece aún, en las fuentes originales, la fecha del 31 de mayo de 1949, como se puede observar en la parte baja derecha:
Por Santa Teresita del Niño Jesús
30 DE MAYO
FIESTA DE SANTA JUANA DE ARCO
Desde mi niñez he soñado con combatir en los campos de batalla. Cuando comencé a estudiar la historia de Francia, el relato de las hazañas de Juana de Arco me entusiasmaba; sentía en mi corazón el deseo y el ánimo de imitarla; me parecía que el Señor me destinaba a mí también a grandes cosas6. Y no me engañaba. Sólo que, en lugar de una voz del cielo invitándome al combate, yo escuché en el fondo de mi alma una voz más suave y más fuerte todavía: la del Esposo de las vírgenes, que me llamaba a otras hazañas y a conquistas más gloriosas. Y en la soledad del Carmelo he comprendido que mi misión no era la de hacer coronar a un rey mortal, sino la de hacer amar al Rey del cielo, la de someterle el reino de los corazones. (Carta de Santa Teresita al Padre Bellière 25 de abril de 1897).
ASCENSIÓN DEL SEÑOR A LOS CIELOS: Santa Misa del día
Fiesta de la Ascensión del Señor: Los padres de la Iglesia y la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo
ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO: Exposición dogmática, Exposición histórica y Exposición litúrgica
LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR: Por San Agustín, SERMÓN 261
Por San Agustín
Traductor: Pío de Luis, OSA
1. La resurrección del Señor es nuestra esperanza; su ascensión, nuestra glorificación. Hoy celebramos la solemnidad de la Ascensión. Si, pues, celebramos como es debido, fiel, devota, santa y piadosamente, la ascensión del Señor, ascendamos con él y tengamos nuestro corazón levantado. Ascendamos, pero no seamos presa del orgullo. Debemos tener levantado el corazón, pero hacia el Señor. Tener el corazón levantado, pero no hacia el Señor, se llama orgullo; tener el corazón levantado hacia el Señor se llama refugio, pues al que ha ascendido es a quien decimos: Señor, te has convertido en nuestro refugio1. Resucitó, en efecto, para darnos la esperanza de que resucitará lo que muere, para que la muerte no nos deje sin esperanza y lleguemos a pensar que nuestra vida entera concluye con la muerte. Nos preocupaba el alma y él, al resucitar, nos dio seguridad incluso respecto al cuerpo. ¿Quién ascendió entonces? El que descendió2. Descendió para sanarte, subió para elevarte. Si te levantas tú, vuelves a caer; si te levanta él, permaneces en pie. Por tanto, Levantar el corazón pero hacia el Señor, he aquí el refugio; levantar el corazón, pero no hacia el Señor: he aquí el orgullo. Digámosle, pues, en cuanto resucitado: Porque tú eres, Señor, mi esperanza; en cuanto ascendido: Has puesto muy alto tu refugio3. ¿Cómo podemos ser orgullosos teniendo el corazón levantado hacia quien se hizo humilde por nosotros para que no continuásemos siendo orgullosos?
2. Cristo es Dios; lo es siempre. Nunca dejará de serlo, porque nunca comenzó a serlo. Si su gracia puede hacer que no tenga fin algo que tiene comienzo, ¿cómo va a tener fin él, que nunca tuvo comienzo? ¿Qué ha tenido comienzo y no tendrá fin? Nuestra inmortalidad tendrá comienzo, pero carecerá de fin. En efecto, no poseemos ya lo que, una vez que comencemos a poseerlo, nunca perderemos. Así, pues, Cristo es siempre Dios. Dios, ¿cómo? ¿Preguntas qué clase de divinidad? Es igual al Padre. No busques en la eternidad modos de ser, sino sólo la felicidad. Comprende, si puedes, cómo Cristo es Dios. Te lo voy a decir, no te defraudaré. ¿Preguntas en qué modo Cristo es Dios? Escúchame; mejor, escucha a mi lado; escuchemos y aprendamos juntos. No creáis que, porque yo hablo y vosotros me escucháis, yo no escucho con vosotros. Cuando oyes que Cristo es Dios, preguntas: «¿De qué modo Cristo es Dios?». Escucha conmigo; no digo que me escuches a mí, sino que escuches conmigo, pues en esta escuela todos somos condiscípulos; el cielo es la cátedra de nuestro maestro. Escucha, pues, de qué modo Cristo es Dios. En el principio existía la Palabra. ¿Dónde? Y la Palabra estaba junto a Dios4. Pero palabras acostumbramos a oírlas a diario. No equipares a las que acostumbras a oír la Palabra era Dios, cuyo modo de ser busco. Pues he aquí que ya creo que es Dios, pero pregunto cómo es Dios. Buscad siempre su rostro5. Que nadie desfallezca en la búsqueda, antes bien avance. Avanza en la búsqueda si es la piedad y no la vanidad la que busca. ¿Cómo busca la piedad?, ¿cómo busca la vanidad? La piedad busca creyendo, la vanidad disputando. En el caso de que quieras entrar en discusiones conmigo y decirme: «¿A qué Dios adoras? ¿Cómo es el Dios que adoras? Muéstrame lo que adoras», te responderé: «Aunque tengo qué mostrar, no tengo a quién».
3. Tampoco yo me atrevo a decir que he alcanzado ya aquello por lo que preguntas. En cuanto me es posible, voy tras las huellas de aquel gran atleta de Cristo, el apóstol Pablo, que dice: Hermanos, ni yo mismo pienso haberlo alcanzado6. Ni yo mismo. ¿Qué es ese yo mismo? ¿Yo que he trabajado más que todos ellos?7 Sé, Apóstol, de qué manera pronuncias yo: es una expresión enfática, no manifestación de orgullo. ¿Quieres escuchar de qué manera dice yo? Después de haber dicho: He trabajado más que todos ellos, renunció al yo mismo. He trabajado -dice- más que todos ellos. Y como si le dijéramos nosotros: «¿Quién?», nos responde: Pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo8. Así, pues, él que estaba en posesión de tanta gracia de Dios que, a pesar de haber sido llamado más tarde, trabajó más que los que lo habían precedido, dice no obstante: Hermanos, ni yo mismo pienso haberlo alcanzado. Vuelve a aparecer el yo donde indica no haberlo alcanzado. El no alcanzarlo es consecuencia de la debilidad humana. En cambio, cuando habla de que fue elevado al tercer cielo y escuchó palabras inefables que no está permitido hablar a hombre alguno9, no dijo: «Yo». ¿Qué dijo entonces? Conozco un hombre que hace catorce años. Conozco un hombre: y ese hombre era el mismo que hablaba, y, como atribuyó a otro lo que había tenido lugar en él, no vino a menos. Por tanto, no provoques contiendas ni litigios exigiendo que te diga cómo es el Dios que adoro. Pues no es un ídolo que me permita apuntarlo con el dedo y decir: «He aquí el Dios que adoro»; ni es tampoco un astro o una estrella, o el sol o la luna, que me permitan apuntar al cielo y decir: «He aquí lo que adoro». No es nada hacia lo que pueda dirigirse el dedo; pero sí algo a lo que puede dirigirse la mente. Considera a aquel que no lo ha alcanzado y que, sin embargo, lo busca, lo persigue, lo anhela, suspira por ello y lo desea; pon los ojos en él y mira lo que dirige hasta su Dios, si el dedo o el alma. ¿Qué dice? No pienso haberlo alcanzado. Mas, olvidando lo pasado y en tensión hacia lo que está delante, una sola cosa persigo en mi intención: la palma de la suprema vocación de Dios en Cristo Jesús10. Persigo -dice-, ando -dice-, estoy en camino. Sígueme, si puedes; lleguemos juntos a la patria donde ni tú me harás preguntas ni yo a ti. Ahora busquemos juntos creyendo para disfrutar después viendo. Sigue leyendo
Hace pocos días me escribía un amigo a quien le había pedido un aporte para el blog: “Estoy pasando por unas tinieblas espirituales, morales, psicológicas que… qué sé yo. Pero si se despejan un poco las presentes brumas, veré qué se puede decir (y cómo)”.
Esta confesión me hizo recordar que los autores que más han influido en mi formación –Lewis, Tolkien, Knox, Newman, Belloc, Castellani- coinciden en hablar de los frecuentes momentos brumosos que debieron atravesar en sus vidas. Y por “bruma” aquí entiendo una cierta incapacidad para ver y valorar la realidad a nivel, fundamentalmente, emotivo. Es decir, la razón adhiere firmemente a la fe, pero los sentimientos y las emociones insisten en mostrarnos el absurdo que implica seguir creyendo y viviendo de acuerdo a las exigencias de esa fe. El ánimo, entonces, suele precipitarse hacia un estado de aburrimiento o tedio profundo y de atonía o falta de tensión. Y es bruma, porque entre la “realidad real” y la realidad tal como es percibida y valorada a nivel de las emociones, se interpone una espesa niebla que no deja ver nada.
Es la misma experiencia del rey Théoden cuando, con sus tropas, se acercaba a Isengard: “A los lejos y a la derecha, asomaban las Montañas Nubladas, cada vez más altas y sombrías a medida que avanzaban las huestes. Ante ellos, el sol se hundía lentamente. Detrás, venía la noche”. Y es la misma zona crepuscular en la que, por momentos, se adivina que vive el Hombre del Sillón, en El despertar de la señorita Prim, para quien la vida de fe es primariamente racional más allá de que las emociones muchas veces jueguen despiadadamente en contra. Y es el Videmus in aenigmata, de San Pablo, que nos alienta recordándonos que, a pesar de esa vista brumosa que tenemos hoy, “como en enigma”, tendremos en el futuro la visión cara a cara.
Es justamente hoy, jueves de la Ascensión del Señor, el día de nosotros, losviatores que caminamos en medio de las brumas, o bien, el día de aquellos que “creen sin haber visto”, o de los que seguimos al Cordero sin haber estado nunca con Él. La Escritura nos advierte que así será. Se lee hoy en la Epístola: “Y cuando dijo esto, vieron que fue elevado, y una nube lo ocultó de sus ojos”. Sí. A los apóstoles testigos de la Ascensión, cuando el Señor se marchó, una nube, o unabruma, se les interpuso entre Él, que se elevaba, y sus ojos. Ellos, como nosotros, comenzaron a vivir y a ver ya a través de la bruma, pero ahora ven cara a cara.
¡Gaudete in Domino!
Tomado de:
Por San Juan Crisóstomo
«Cuando veo con mis propios ojos el escaso número de los concurrentes y advierto que en cada reunión va siendo menor, me entristezco y a la vez me gozo. Me gozo por vosotros los que estáis presentes; me entristezco por los ausentes. Vosotros merecéis encomios puesto que ni aun el ser vuestro número escaso os ha vuelto desidiosos; mientras que los otros merecen reproches, puesto que ni siquiera el empeño que vosotros ponéis los ha alentado. A vosotros os llamo bienaventurados y os juzgo dignos de imitación, porque en nada os ha dañado la negligencia de aquéllos; pero a ellos los llamo míseros y los lloro, ya que vuestra diligencia en nada ha podido ayudarlos.
¡No han escuchado al profeta que dice: Prefiero estar postrado a las puertas de mi Dios a morar en las tiendas de los pecadores! No dijo: he escogido habitar en la casa de mi Dios, ni vivir, ni entrar en ella; sino preferí estar postrado. Es decir, aun cuando sea contado entre los últimos, yo lo amo, yo me contento de eso, con tal de que se me conceda siquiera entrar en el vestíbulo. Tengo por gran beneficio siquiera ser contado entre los últimos que entran en la casa de mi Dios. El amor hace que al Señor común de todos lo tenga por su Señor particular. ¡Tal es la virtud de la caridad! En la casa de mi Dios.
Quien ama no únicamente desea ver al que ama, ni sólo ama su casa, sino que ama aun el vestíbulo solo. Y no únicamente la entrada de la casa, sino siquiera la encrucijada de las calles en donde está la casa. Y si logra ver el vestido o el calzado de la persona a quien ama, ya le parece que contempla a la persona misma a quien ama. Sigue leyendo
El texto de Dostoievski se encuentra en la segunda parte de “Los hermanos Karamazovi”. El gran novelista hace que Iván le lea a su hermano Alioscha un poema, donde intervienen sólo dos personajes: el Gran Inquisidor de Sevilla y Jesucristo, a quien aquél ordena detener y llevar a la cárcel, manteniendo allí un largo diálogo con él, o mejor, un prolongado monólogo, ya que Cristo permanece durante todo el tiempo en irreductible silencio. Dostoievski volverá allí a uno de sus temas predilectos, y es el valor del don de la libertad que Dios otorgó al hombre. Dios quiso que fuésemos dioses por la gracia, hijos del Altísimo, pero ello fue un llamado, una invitación. La fe es el acto que busca, encuentra y elige libremente el amor de Dios. El libre amor recíproco hace converger las dos voluntades, la del Dios que llama y la del hombre que responde, en un acuerdo “sintético”, como dice Dostoievski, en un acuerdo divino-humano. Éste es el mensaje capital de Dostoievski en todas sus obras.
Pues bien, el Gran Inquisidor le recrimina a Cristo porque no consintió a las sugestiones de Satanás en el desierto. Si hubieras convertido las piedras en panes, habrías resuelto el problema social de la humanidad, habrías acabado con el flagelo del hambre, el frio y la miseria. Y todos te hubieran seguido, aclamándote por rey. Pero inexplicablemente respondiste: “No sólo de pan vive el hombre” (Mt 4, 4). Te pedían que multiplicases los panes y respondiste hablando del pan del cielo. “Me buscáis por los panes con que os he saciado. Buscad otro alimento” (Jn. 6, 26-27). Lo reprende, asimismo, por su falta de consentimiento a la segunda tentación, la de tirarse del pináculo del templo. ¿Por qué no lo hiciste? Todos te hubieran aclamado por un milagro tan despampanante, que no hubiera dejado ya lugar a ninguna duda, coaccionando el acto de adhesión. En continuidad con ello, hiciste mal cuando no quisiste descender de la cruz, como te pidieron los allí presentes. Y en cuanto a la tercera tentación: “Te daré todo el mundo si postrándote me adorares”, ¿por qué no la aceptaste? Hoy todo el mundo sería tuyo, todo el mundo te aclamaría. “¿Por qué desairaste ese último don? Si hubieras seguido ese tercer consejo del poderoso espíritu, habrías realizado cuanto el hombre busca en la tierra, a saber: a quién adorar, a quién confiar su conciencia, y el modo de unirse todos, finalmente, en un común y concorde hormiguero, porque el ansia de la unión universal es el tercer y último tormento del hombre.”
En cambio, le dice el Gran Inquisidor, nosotros hemos consentido a dichas tentaciones, hemos convertido las piedras en panes, hemos dado de comer a la gente, hemos unificado el mundo, y por eso nos siguen, aunque para hacerlo hayan tenido que abdicar de su libertad.
La idea de Dostoievski es que Cristo rechazó las tres tentaciones del desierto, justamente porque representaban las tres formas de anulación de la libertad: por el milagro, por el misterio, y finalmente, por el poder de la autoridad. A su vez, Satanás las propone como las tres soluciones insustituibles para resolver los problemas de la existencia humana, apaciguando así todas las inquietudes de los hombres: convertir las piedras en pan, es solucionar el problema económico; triunfar de las leyes de la naturaleza por el milagro, es resolver el problema del conocimiento; reunir todas las naciones bajo el signo de la paz universal mediante el ejercicio de la autoridad despótica, es solucionar el problema político. El Gran Inquisidor acepta las tres tentaciones sobreentendiendo que la trascendencia no es para el hombre, que ella le queda demasiado grande, que éste debe abocarse con todas sus energías al mundo que le corresponde, el de la inmanencia. La sugestión satánica se manifiesta menos como una negación principista del absoluto, cuanto como una absolutización de este mundo, al margen de Dios…
Destaquemos para terminar este sucinto análisis de la Leyenda, su índole netamente esjatológica. El Gran Inquisidor que disputa con Cristo, es un falso Cristo, sucedáneo suyo… En el Gran Inquisidor, Dostoievski encarna la idea opuesta a Cristo, presentándola en toda su grandeza. Es un esforzado asceta, muy por encima de intereses triviales o bastardos, que encubre un terrible secreto: su falta de fe en Dios. Al mismo tiempo comprende que hay gran cantidad de personas frágiles y timoratas, incapaces de soportar el peso heroico de la libertad que trae consigo el mensaje de Cristo. El Gran Inquisidor no cree en Dios, pero tampoco cree en el hombre, porque ambos son como la cara y el reverso de una sola y misma fe, la fe en el Dios-Hombre. Esto es precisamente lo que rechaza el Gran Inquisidor, la comunión del principio divino con el humano dentro de la libertad. Al imponérsele al hombre la prueba de la libertad, se lo ha juzgado más fuerte de lo que era en realidad, quedando así abocado a un dilema: de un lado la libertad heroica; del otro, la felicidad y la organización racional de la vida. La libertad con sufrimiento o la felicidad sin libertad. La inmensa mayoría de la gente elige el segundo camino. El primero es el de unos pocos elegidos.
P. Alfredo Sáenz, S.J.
“El fin de los tiempos y siete autores modernos”
Ed. Gladius 2008
Págs. 130-135.
Tomado de:
En primer lugar, adviértanse las palabras dirigidas por Paulo VI el 28 de abril de 1967 al Secretariado por la unidad de los cristianos: «el papa, como bien lo sabemos, constituye sin sombra de duda el obstáculo más grave en el camino del ecumenismo». Todo un postulado reversivo, de esos que, multiplicados por mil, han ido anublando la serena convicción de que el orden de los hechos depende y dimana del orden de los principios,katá ton órthon lógon. Estamos en el más cenagoso terreno de la búsqueda de la añadidura sin el Reino de Dios y su justicia, de los beneficios prácticos fuera de sus dependencias ontológicas de rigor. A fuer de audaces, y si fuera lícito pensar como lo hizo el titubeante papa Montini, el razonamiento debiera extenderse a más, admitiendo otras fórmulas que podrían sonar así: «el culto de María y de los santos constituye el escollo más acusado para la realización de la unidad de las Iglesias (sic)», y aun: «la Encarnación es una verdadera traba para alcanzar la soñada simbiosis con el judaísmo, porque ofende el sentimiento religioso de nuestros hermanos mayores». Quizás no estemos muy lejos de asistir a tan repulsivos desatinos manados desde el mismo vértice: el error no combatido se vuelve progresivo, invadente, hipertrófico. Pruebas a la vista, de a manojos.
El otro pasaje que trae a colación el sitio italiano es el de una encíclica de Juan Pablo II,Ut unum sint, del 25 de mayo de 1995, en la que el polaco pontífice expresa su deseo de «encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva» (n. 95). El lenguaje es suficientemente ambiguo como para satisfacer a unos y otros. Lo que en todo caso nunca consta, de acuerdo al magisterio previo al Concilio y como condición de un ecumenismo intachable, es la necesidad del redditus de los separados al seno de la Iglesia. Juan Pablo II, en cambio, y remitiendo a las palabras que le dirigiera al Patriarca ecuménico Dimitrios I lo insta a que «busquemos, por supuesto juntos, las formas con las que este ministerio pueda realizar un servicio de fe y amor reconocido por unos y otros». «Consensuar el primado» parece haber sido la consigna.
Queda claro que Francisco, llevado de un apetito perentorio de innovación, ha ido un buen poco más lejos. Pero bien se advierte cuánto se sirve literalmente de las palabras de Wojtyla como pretexto, al decir, en su reciente viaje a Tierra Santa y dirigiéndose a los patriarcas de otras confesiones cristianas allí presentes, que «deseo renovar el auspicio ya expresado por mis Predecesores, de mantener un diálogo con todos los hermanos en Cristo, para encontrar una forma del ministerio propio del Obispo de Roma que, en conformidad con su misión, se abra a una situación nueva y pueda ser, en el contexto actual, un servicio de amor y de comunión reconocido por todos». Ya era todo de esperar: en la Evangelii Gaudium, y valiéndose de un razonamiento a todas luces engañoso, había dicho (n. 32) que «dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado». A esta altura de la noche creemos ocioso señalar lo obvio: lo que anhelamos es la conversión de Bergoglio.
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Francisco respondió varias preguntas a los periodistas que lo acompañaban en el avión de regreso a Roma tras su peregrinación a Tierra Santa, 26-May-2014. Este es el texto como lo presenta el periódico español La Razón, 27-May-2014 (imágenes de agencia AP).
-Santo Padre, en estos días hizo varios gestos que dieron la vuelta al mundo: la mano en el muro de Belén, la señal de la cruz, el beso a los sobrevivientes hoy en el Memorial del Holocausto, el beso al Santo Sepulcro junto a Bartolomé… Queríamos preguntarle si estos gestos los pensó, y por qué los pensó. Y si se imaginó cuáles serán los efectos de estos gestos de enorme entidad como por ejemplo la invitación a Peres y a Abbas a ir al Vaticano.
-Los gestos, los que son más auténticos, son los que no se piensan, son los que surjen, vienen. Yo pensé, bueno, se podrá hacer algo, pero los gestos concretos, ninguno fue pensado en sí. La invitación a los dos presidentes a la oración, esto sí fue pensado un poco, pero de hacerlo allá (en Israel), pero había tantos problemas logísticos –ellos tienen que tener en cuenta el territorio, dónde se hace y no es fácil. Al final espero que salga bien. Pero no fueron pensados, no sé, a mi me sale de hacer algo de espontáneo. Es así.
-Usted habló con palabras muy duras contra el abuso sexual de menores de parte de los sacerdotes, usted creó una comisión para enfrentar mejor este problema a nivel de la Iglesia universal. Sabemos que en todas las iglesias locales hay normas que exigen una fuerte obligación moral y a menudo legal a colaborar con las autoridades civiles locales. ¿Qué hará usted si hay un obispo que no ha observado estas normas, se lo excluye, se le pide que dimita u otras sanciones? ¿Cómo se puede enfrentar en sentido práctico?
-En la Argentina a los privilegiados les decimos «este es un hijo de papá» y en este problema no habrá «hijos de papá». En este momento hay tres obispos que están bajo investigación: uno ya está condenado y se está estudiando la pena que hay que hacer. No existen privilegios. Sobre este tema de los menores es un delito tan feo, tan, lo sabemos que es un problema grave en muchos lados, pero a mí me interesa la Iglesia. ¿Qué nos aporta quién hace esto? Traiciona el cuerpo del Señor porque estos sacerdotes que debe llevar este niño, esta niña, este muchacho, esta muchacha a la santidad, y este niño, esta niña, confían. Y estos sacerdotes en cambio de llevarlos a la santidad, abusan. Y esto es gravísimo. Es como… Les haré una comparación: es como una misa negra, por ejemplo: tú tienes que llevarlo a la santidad y lo llevas a un problema que va a durar toda la vida. Y la próxima semana, no, creo que será el 6 o el 7 junio, los primeros días del mes, va a haber una misa con 6 u ocho personas abusadas en Santa Marta y después, una reunión con ellos. Son personas que son de Alemania, dos de Inglaterra o Irlanda… Serán unos ocho, con el cardenal O’Malley, de la comisión. Pero sobre esto tenemos que seguir adelante, adelante. ¡Tolerancia cero!
Mientras el mundo rinde alabanzas al nuevo príncipe de la paz, y la mayoría de los católicos no entienden muy bien de qué se trata, la Iglesia vive momentos dramáticos.
Para aquilatar la magnitud de este acto de Francisco, basta conocer qué es ese movimiento a cuyo fundador ha homenajeado, cosa que no podemos sintetizar en esta nota; y qué opinaba de él San Pío X, como ya quedó claro en un post anterior.
Pero sólo para plantear otra de las incoherencias bergoglianas: ¿No sabe el Papa de los pobres que los capitostes de la usura internacional tienen estrecho lazos con el Sionismo; del mismo modo en que Israel es uno delos mayores vendedores de armas de guerra?
Sea como haya sido la génesis de esta innecesaria claudicación, el Papa que besó las manos de quienes reniegan de Jesucristo, como si el protagonismo Shoático estuviera por arriba de la Fe, es el mismo que homenajeó al fundador del Sionismo, dando lugar a que se agravie la memoria de uno de sus más santos predecesores, como hacen en esta nota proveniente de Israel: ¡Herzl ha vencido!
Bergoglio ha dicho que el Papa Pío XII no es santo porque no existen milagros en su causa. «Debemos mirar a la causa en su realidad -explicó Bergoglio- y esto es: no existen los milagros, así que no puedo seguir adelante.» Lo ha dicho quien “canonizó” a Juan XXIII sin el milagro requerido, lo larga a su vuelta de Israel… sus amos sionistas le habrán pedido que diga esto. ¡Hipócrita y farsante!
Cuaderno de Bitácora
BEATIFICAZIONE PIO XII FERMA PERCHE’ NON C’E’ MIRACOLO
La causa di beatificazione di Pio XII «è aperta, io mi sono informato, ma ancora non c’è nessun miracolo. Se non ci sono miracoli non possiamo andare avanti». «Dobbiamo guardare alla causa nella sua realtà – ha spiegato Bergoglio – ed è questa: non ci sono miracoli, quindi non può andare avanti».
Tomado de:
Hoy es el segundo día de Rogativas, una ceremonia litúrgica que fue eliminada por el Concilio Vaticano II. Se trataba de un rito que hunde sus orígenes en el siglo IV y que obedecía a las palabras del Señor antes de su ascensión que nos mandan a orar y pedir, tal como se leyó en el evangelio del pasado domingo. Consistía en unas largas letanías a todos los santos y varias oraciones que se cantaban, con los fieles en procesión, antes de la misa de los tres días que preceden el jueves de Ascensión.
Estas letanías no podrían rezarse en la actualidad públicamente. No, al menos, después de los gestos que nos hemos acostumbrado a ver y que, obscenamente, se han repetido en los últimos días. Aquí van algunas de las frases letánicas que deberían ser eliminadas:
Para que te dignes humillar a los enemigos de la Santa Iglesia.
Hemos visto como el papa Francisco, hace un par de días, exclamó un satisfecho ¡Lo logramos!, al abrazarse y besuquearse con un rabino y un religioso musulmán frente al Muro del Templo de Jerusalén. ¿Hay, acaso, enemigos más claros de la Iglesia que la Sinagoga y el Islam? Aquella, crucificó al Señor reclamando para sí y sus descendientes la sangre divina derramada; éste, desde sus orígenes no dejó ni deja de perseguir a los cristianos.
Para que llames a todos los que están equivocados a la unidad de la Iglesia, y conduzcas a todos los infieles a la unidad del Evangelio.
Ya no hay equivocados ni infieles en la visión del papa Francisco. Hasta los ateos y los marxistas son buenas personas… Los judíos y musulmanes merecen abrazos, y los protestantes son hermanos de los que nos diferencian naderías. Y el obispo de Roma está dispuesto a discutir la función del primado. Es decir, la unidad de la Iglesia es un tema abierto a la discusión.
Para que dirijas nuestras mentes a los deseos del cielo.
¿Es que alguien escuchó al pontífice referirse a estos deseos? Pareciera que nuestras mentes debieran estar dirigidas a lograr la paz mundial y la concordia entre los argentinos; a acabar con los contenedores humanos y a llorar a los muertos de Cromagnon o los náufragos africanos que no han sido suficientemente llorados; a acabar con la pobreza y la desigualdad social; a no chismorrear ni hacer lobby y a dejarse misericordiar. Del cielo y de la vida eterna, ni noticia.
Quema con el fuego del Espíritu Santo nuestros riñones y nuestros corazones, a fin de que te sirvamos con cuerpo casto y te agrademos con un corazón puro.
Causa risa… Se nos pide dejarse quemar el interior antes que caer en la fornicación, pero nuestro papa besa las manos de un sacerdote que públicamente defiende el sexo entre homosexuales, afirma que él es no es nadie para juzgar a los que practican esta perversión, considera que los actos de este tipo cometidos por su asistente, Mons. Ricca, son “pecados de juventud”, declara públicamente que los refocilos del arzobispo Maccarone con su chofer pertenecen a su vida privada y alaba frente a los católicos de su propia diócesis al obispo Bargalló, sorprendido in fraganti con una rubia señora divorciada en un lujoso hotel caribeño.
Hoy también es el día de San Beda el Venerable, uno de los doctores de la Iglesia menos conocido. Yo me pregunto:
Tomado de:
CARTA CCCXXXVIII. AÑO 1140
(Declara que estando Pedro Abelardo convicto de herejía no deben darle acogida los Cardenales, ni ofrecerle asilo en la Curia Romana).
S. BERNARDO, ABAD DE CLARAVAL.
OBRAS COMPLETAS. VOL. V
EPISTOLARIO
“Al ilustre y muy cordial amigo Haimerico, Cardenal diácono y Canciller de la Curia Romana, Bernardo, Abad de Claraval, saludos, y que promueva el bien y se muestre prudente delante de Dios y de los hombres”
1. Lo que sólo sabía por referencias respecto a la doctrina de Pedro Abelardo lo he podido confirmar por experiencia propia a la vista de sus mismos libros. He anotado sus expresiones, he escudriñado el sentido que encerraban, y he descubierto que es absolutamente pernicioso. El nuevo teólogo se vale de las mismas palabras de la Ley para impugnarla y contradecirla. Arroja las cosas santas a los perros y lanza margaritas a los puercos. Corrompe la fe de las gentes sencillas y pone mancha en la limpieza de la Iglesia. Dice el poeta pagano, (Horacio, Epist. II, v. 69-70) : “Largo tiempo conserva la vasija el aroma del líquido que en ella se echó cuando era nueva”.
2. El libro de este hombre, que estaba ya condenado al fuego, se ha salvado de las llamas y ha recibido el refrigerio del agua, con que ha escapado de la destrucción. Ya se ha podido reclinar en el seno de la Iglesia el que más la perseguía, ya ha podido encontrar asilo en ella el mismo que había intentado destruir su fe. El hombre se ha visto tan deshecho y próximo a perecer como el agua que se derrama en el suelo. !Qué no prospere más el que profanó el lecho de su padre y cubrió de deshonra su tálamo!, (Gen. 49, 4).
Este hombre ha mancillado a la Iglesia todo cuanto ha podido y ha inficionado con su ruindad y vileza las almas de los sencillos. Con solas las luces de la razón natural ha pretendido abordar los misterios que sólo con las alas de la fe podemos alcanzar. Nuestros mayores acostumbraron creer, no discutir. Este, sin embargo, no fiándose ni del mismo Dios, se resiste a creer nada si él no se lo explica antes con el mero sentido de la razón. A pesar de que dice el Profeta : “No entenderéis, si antes no creéis”, (Is. 7, 9), nuestro hombre llama ligereza a la fe pronta y sencilla, tergiversando y aplicando mal aquel texto de Salomón : “El que cree de ligero, es de corazón liviano”, (Eccli. 19,4).
3. Según la flamante interpretación de Abelardo, sería digna de reprensión la Virgen Santísima, que dio crédito al Arcángel San Gabriel cuando le anunciaba lo que había de acontecer, diciéndole : “Sábete que concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo”. También merecería reproches la conducta de aquél que en el último trance de la vida creyó en las palabras del que, a punto de expirar, le decía : “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. En cambio, sería digna de encomio la dureza del corazón de aquéllos a quienes se dijo : “!Oh necios y tardos de corazón para creer todo lo que anunciaron los Profetas!”. E igualmente sería recomendable la tardanza en creer de aquél de quien se dijo : “Por cuanto no has creído a mis palabras, desde ahora quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas”.
4. Para resumir en pocas palabras, digo que el egregio doctor sostiene, como Arrio, una especie de grados y distinciones reales entre las personas de la Santísima Trinidad. Pone la gracia por debajo del libre albedrío, como lo hacía Pelagio, y le niega a la santísima humanidad de Cristo resucitado el poder gozar de la compañía del Padre y del Espíritu Santo, como sostenía Nestorio. Añade a estos errores la presunción con que se jacta de haber descubierto a los Cardenales y demás clérigos de la Curia Romana las fuentes y caudales de la ciencia, y de haberles hecho recibir y aceptar con gusto sus libros y sus doctrinas, así como haberse ganado por defensores y amigos a los mismos que le habían de juzgar y condenar.
5. Jacinto, (no se sabe a ciencia cierta quién era Jacinto), me ha amenazado con graves daños ; con todo, no ha llevado a efecto sus amenazas, no por falta de voluntad sino de posibilidad. No me afecta gran cosa su conducta, puesto que sé muy bien que se insolentó con el mismo Sumo Pontífice y con la Curia Romana, de la cual forma parte. Por lo demás, Nicolás, el portador de esta carta, que no es menos devoto vuestro que mío, os podrá enterar de viva voz mejor de lo que yo pudiera hacerlo por escrito, de todo cuanto ha visto y oído.
Tomado de:
El Papa y los Obispos pueden prescribirlas a los fieles, en las calamidades y necesidades públicas, pero entonces figuran como actos extralitúrgicos. Los calificativos de mayores y menores sólo sirven para distinguir unas de otras.
El día 6 de mayo, el Romano Pontífice felizmente reinante, recibió en Casa Santa Marta al P. Michele de Paolis, con quien concelebró la santa misa y, acto seguido, le besó las manos.
La noticia, y la foto, fue publicada el viernes 23 y, como podía , dio pie a un nuevo escándalo.
¿Quién es el P. Michele de Paolis? No vamos a repetir aquí lo que ya ha aparecido abundantemente en otros sitios. Quienes quieran enterarse pueden hacer click aquí, aquí y aquí, con diferentes miradas sobre el personaje.
En este caso, solamente haré mención a la progenie del sacerdote defensor del amor y del sexo homosexual. Se trata de un discípulo directo del famoso, en los ’50, Abbé Pierre, el cura revolucionario francés. Sobre él escribía el P. Castellani:
“Acerca de los santos notorios. Siempre les he desconfiado. En nuestros días de mistificación y catolicismo mistongo son peligrosos. Cada vez que me han dicho «¡Ah, visítelo al P. Baula, el Provincial de los Salesianos, y se encontrará con un verdadero santo, como los santos antiguos…» y lo he hecho, me he encontrado con una falsificación de la santidad.
Hace un año trajeron aquí para oficiar de «Santo» a un francés llamado «Abbé Pierre» y lo pasearon por el país, y después por el Uruguay y Brasil como muestra refulgente de la santidad de la iglesia. Quien lo trajo fue una entidad benéfico-propagandística llamada Emaús. El empresario y garante de la operación publicitaria fue un jesuita llamado Balista, sumamente corto de alcances y (como se vio después) también de honradez.
Balista había ido a Europa expresamente a visitar al Abbé Pierre, y lo había encontrado en una clínica de Suiza internado como «débil mental». Sin embargo lo trajo aquí. Aquí lo llevaron en procesión por todas partes como a imagen de paramento, y él hacía con gran seriedad la comedia del Paráclito encarnado.
Bien: el famoso santo, que fue acatado incluso en la Curia de Buenos Aires, es un caso patológico, al lado del cual el famoso Miguel de Molinos es un gran señor.
Es un caso de encierro, simplemente.
Llegado a Buenos Aires fue llevado de visita al Presidente de la República en su Residencia de Olivos.
Quienes lo presentaron al Presidente fueron una pareja aristocrática de Emaús—y el P. Balista.
Comenzado el almuerzo, el santo se mostró enfermo—de verdad o a fingidillas.
La señora que lo había presentado lo llevó como a un inválido a la alcoba de Frondizi y lo acostó. Frondizi no había llegado todavía…”
La historia sigue, pero mejor la dejamos aquí.
En 2005, apareció con el título Mon Dieu… porquoi? un libro que consiste en una entrevista que le concedió el abbé Pierre al periodista Frédéric Lenoir. En un pasaje se refiere a su celibato: “Yo elegí muy joven la castidad. Mi vida de monje, absorbida enseguida totalmente por la ayuda a los más necesitados, me hizo descartar todo tipo de relación amorosa. Pero esto no anuló en absoluto la potencia del deseo, y me sucedió de haber cedido a él pasajeramente, pero nunca dejé que echara raíz”. Con eso nos quedamos tranquilos…
En la reseña a otro de los libros del cura francés, se lee: “No le sorprendería que Jesús haya tenido relaciones sexuales con María Magdalena. No ve ningún argumento teológico mayor que le prohibiese a Jesús conocer una experiencia sexual.
Está convencido, conociendo profundamente la naturaleza humana, que Jesús vivió la experiencia del deseo sexual que ha vivido todo hombre.
El Abate no condena a dos personas del mismo sexo que quieran unirse, como lo hace la Iglesia. Entiende el deseo de los homosexuales de hacer conocer el amor”.
Discípulo y émulo de este señor es el P. Michele de Paolis, a quien el papa Francisco le besa las manos.
¡Estamos cada vez más en el horno, que no deja de subir temperatura!
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Foto: ©LAPRESSE
Francisco besando la mano de Eliezer Grynfeldat
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