San Patricio, patrón de Irlanda

"Yo era como una piedra en una profunda mina; y aquel que es poderoso vino, y en su misericordia, me levantó y me puso sobre una pared." -San Patricio

Utilizaba un lenguaje sencillo al evangelizar.

Por ejemplo, para explicarles acerca de la Santísima Trinidad, les presentaba la hoja del trébol, diciéndoles que así como esas tres hojitas forman una sola verdadera hoja, así las tres personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, forman un solo Dios verdadero. Todos lo escuchaban con gusto, porque el pueblo lo que deseaba era entender.

Así como estas tres hojitas forman una sola verdadera hoja, así las tres personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, forman un solo Dios verdadero.

SAN PATRICIO, Obispo y Confesor

17 de marzo

En el Bautismo hemos sido sepultados con Jesucristo, muriendo al pecado. (Romanos, 6, 4).

San Patricio, nacido en Gran Bretaña, fue robado, joven aún, por una banda de salteadores y fue conducido a Irlanda, donde sus raptores lo pusieron a cuidar unos rebaños. Soportó su desventura con resignación y la santificó con oración. Libre de su cautiverio, fue consagrado obispo, y volvió a Irlanda para anunciar la buena nueva del Evangelio. Dios bendijo su abnegación. Bautizó gran número de idólatras, ordenó sacerdotes para secundarlo en sus trabajos, y fundó varios monasterios. Al morir dejó sometida al dulce yugo del Evangelio a casi toda Irlanda.

MEDITACIÓN
SOBRE LAS OBLIGACIONES
CONTRAÍDAS EN EL BAUTISMO

I. En nuestro bautismo hemos renunciado, por boca de nuestros padrinos, al demonio, a sus pompas y a sus obras. ¿Hemos cumplido esta promesa? ¿No hemos dejado de ser hijos de Dios para serlo del demonio? ¿Cuya es la imagen que llevamos? ¿A quién obedecemos, a Jesús o al demonio? Y, sin embargo, ¿qué hizo por ti el demonio? ¿Murió por ti ? ¿y qué te promete en cambio de tantos sacrificios, mil veces más penosos que los que Jesucristo te pide, y sin prometerte como éste el cielo?

II. El Bautismo borra el pecado original y los actuales que se hayan cometido antes de recibirlo. Esta inocencia bautismal, ¿no la perdiste por el pecado mortal? Si la has perdido, llora, llora tu falta y tu desgracia: las lágrimas de la penitencia son un segundo bautismo, sin el cual ya no hay para ti esperanzas de salvación. Las lágrimas son el diluvio que lava las manchas y expía los pecados del mundo. (San Gregorio Nazianzeno).

III. Antiguamente se daba a los recién bautizados una vestidura blanca que llevaban durante la octava de Pascua. Un cristiano debe ser reconocido por la inocencia y la santidad de su vida. ¿Por qué puede reconocerse que eres cristiano? ¿Qué te distinguiría de los infieles si vivieses entre ellos? No es sólo por el nombre de Cristo que lleva por lo que se ha de reconocer a un cristiano, sino por el espíritu de Cristo que anima sus obras. (San Juan Crisóstomo).

El fervor
Orad por Irlanda.

ORACIÓN

Oh Dios, que os dignasteis enviar a San Patricio, vuestro confesor pontífice, para anunciar vuestra gloria a las naciones, concedednos, en consideración a sus méritos e intercesión, la gracia de cumplir lo que Vos nos mandáis. Por J. C. N. S. Amén.

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Los santos que reinan con Cristo

17 de Marzo

La Penitencia VI

Clases de contrición

Hay dos clases de contrición:

La contrición perfecta y la imperfecta.

La contrición perfecta consiste en la detestación del pecado por ser una ofensa de Dios, o sea, cuando nos arrepentimos de nuestros pecados por amor a Dios, por haberle ofendido a Él infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas las cosas.
Y la imperfecta (Llamada también «atrición») consiste también en la destestación del pecado por motivos inferiores, los cuales son por la fealdad del pecado en sí y por temor al infierno.
¿Es necesaria la contrición? La contrición perfecta juntamente con el deseo y propósito por lo menos implícito de la confesión, o la contrición imperfecta con la confesión misma, es necesaria con necesidad de medio para que el reo de pecado mortal consiga la justificación y la salvación.
— La contrición perfecta, por nacer de la caridad (con propósito de confesarse cuando sea posible), perdona en el acto los pecados.
— La imperfecta o atrición basta para confesarse bien, sin embargo conviene excitarse al dolor perfecto, por ser más meritorio y agradable a Dios.

SANTOS JUAN DE BREBEUF e ISAAC JOGUES, y sus compañeros Mártires

16 de marzo

Quien hace que se convierta el pecador de su extravío salvará su alma de la muerte, y cubrirá la muchedumbre de sus propios pecados. (Santiago. 5, 20).

Estos ocho mártires, caídos bajo los golpes de los indios de América del Norte (Estados Unidos y Canadá actuales) en diferentes fechas entre los años 1642 y 1649, fueron canonizados en 1930. Todos eran oriundos de Francia, seis eran jesuitas y dos simples auxiliares de la misión. Sus trabajos apostólicos en condiciones muy duras y en medio de un país entonces inexplorado, las horribles torturas a las que fueron sometidos en su mayoría, su perseverancia en las pruebas y en su vocación de misioneros, constituyen con su vida y con su muerte una de las páginas más sublimes de la historia de la Iglesia.

MEDITACIÓN
SOBRE EL VALOR DE UN ALMA

I. Dios creó a nuestra alma a su imagen y semejanza; la hizo inmortal y la elevó sobre todas las creaturas de este mundo. Él quiere que gobierne a nuestro cuerpo durante la vida, y que, después de nuestra muerte, sea heredera del cielo. Reconoce la grandeza de tu alma, trabaja por ella; desprecia a tu cuerpo y a todos los bienes de la tierra. ¿Qué son estos míseros bienes en comparación de tu alma inmortal? y sin embargo para dar contento a tu cuerpo, ¡pierdes tu alma! Ten piedad de tu alma tratando de agradar a Dios.

II. Jesucristo ha muerto por todos los hombres, es una verdad de fe, mas, tan grande es su bondad, que lo hubiera hecho sólo por tu alma, derramando hasta la última gota de su sangre adorable. Mi alma vale, pues, la sangre de un Dios; ¿cómo la habría yo de entregar al demonio por un vano placer? ¿Qué ha hecho el demonio por ella? ¿Puede procurarle una felicidad duradera ? Entreguemos nuestra alma a Jesús que la ha redimido, que quiere hacerla feliz por toda la eternidad.

III. De lo que antecede, saca dos conclusiones. Primero: debes perder todo antes que perder el alma; riquezas, honores, gustos, salud, todo esto es nada comparado con tu alma. Segundo: el gusto mayor que puedes dar a Jesucristo, la mayor gloria que puedes procurar a Dios, es trabajar por la conversión de las almas, pues por ellas dio una sangre que no hubiera dado para impedir la destrucción del mundo. El hijo de Dios ha derramado su sangre por ti: ¡surge, alma mía, vales la sangre de Dios! (San Agustín).

El afán por la salvación del prójimo
Rogad por vuestros padres.

ORACIÓN

Haced, os suplicamos, Dios omnipotente, que celebrando la solemnidad de vuestros mártires Juan e Isaac y sus compañeros, aprendamos a imitar sus virtudes. Por J. C. N. S. Amén.

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Los santos que reinan con Cristo

16 de Marzo

La Penitencia V

Valor de la contrición y sus propiedades

Ya hemos dicho con el Concilio de Trento que la contrición es un dolor o tristeza del alma y, una detestación del pecado cometido con próposito o resolución firme de no pecar en adelante.   Este es un tema de suma transcendencia, pues por falta de contrición resultan nulas muchas confesiones.  La contrición como virtud y como disposición para el sacramento de la penitencia es de gran valor, y sus propiedades son estas:
  1. Debe ser interna,
  2. Sobrenatural,
  3. Suma o suprema
  4. Universal.
En primer lugar diremos que el dolor es más necesario que la declaración de los pecados.
Un ejemplo:
Un pecado olvidado y siempre olvidado,  si se tiene contrición en la confesión, está perdonado; pero un pecado declarado mil veces, si no hay contrición permanece en la conciencia.
Otro ejemplo:
Suponed que un moribundo no se ha confesado desde bastantes años; él no puede ahora declarar el menor pecado; pero él tiene una verdadera contrición, y basta para que le queden perdonados todos sus pecados.   Oponed a este moribundo un hombre que hace confesión general de toda su vida, y que no tiene contrición…,¿Qué suerte de los dos escogeríamos?
— La contrición debe ser interna, por ser un acto de la inteligencia y de la voluntad.   Por tanto la contrición no se halla en los ojos, ni en la lengua…, sino en el corazón del que parte el mal.   Cuando los ojos han mirado lo que ellos no podían ver; cuando la lengua ha dicho lo que ella no podía decir; cuando las manos han hecho lo que ellas no debían hacer, ¿Quién era el culpable? Evidentemente no eran ni los ojos, ni la lengua, ni las manos, sino el corazón.   Este es el que mandaba.  Nuestro Señor lo ha dicho:
«Del corazón provienen los malos pensamientos,
los homicidos,
los adulterios,
los robos,
los falsos testimonios,
las blasfemias…
(San Mateo. 15, 18).
Luego es necesario castigar al culpable, y en este caso es el corazón, y de aquí que nuestra contrición debe ser interior.   La contrición es remedio del mal…, la contrición es una tristeza del alma…

— La contrición debe ser sobrenatural.

¿Cuál debe ser su motivo?

Lo entendemos fácilmente.  Un hombre razonable esta triste, él sabe por qué.

Pues bien ¿Por qué nuestros pecados deben entristecernos?

Por causa del daño que ellos nos hacen.

Ejemplos:

  1. Un bebedor, uno que se ha emborrachado y por darse a la bebida se ha roto una pierna…
  2. Un ladrón ha sido sorprendido en el acto del robo y es condenado a seis meses de cárcel…
  3. Una hija es deshonrada, toda la villa la muestra con el dedo, ella está de tal modo que confusa que apenas se atreve a ir a Misa el domingo…

Todos estos tres citados estan tristes, tristes de haber cometido su pecado.

El 1.° por que él tiene la pierna rota;

El 2.° porque está en la prisión;

y la  3.° por que ha perdido su honor…

Pero ¿Este dolor es bueno? No…. si en efecto Dios no existiese, ellos estarían tristes todavía por motivos parecidos, por motivos humanos, por el qué dirán… El verdadero motivo de esta tristeza que se llama contrición es este:  Porque se ha ofendido a un Dios infinitamente bueno…, porque se ha perdido el cielo…, porque se ha merecido el infierno.

Ved, pues, porque nuestra contrición debe ser sobrenatural en su motivo.

— La contrición debe ser suma y universal.

Notemos que un hombre se entristece en proporción al valor del bien que ha perdido.

Vedlo en esta comparación gradudada:

Uno pierde doscientas pesetas y lo siente, pero pierde mil y lo siente mas…, y si pierde cincuenta mil, lo siente muchísimo más…, su sentimiento es grande.

Ahora bien, por el pecado ¿Qué perdemos? Perdemos a Dios, es decir, más que todos los tesoros del universo…, pues ninguna tristeza del mundo puede sobrepasar la tristeza que se llama contrición, y por eso la llamamos suma o suprema, ella domina a todas las otras…

Alguno tal vez diga: yo no he tenido contrición, porque yo no he sentido jamás una tristeza tan viva… Yo he estado mucho más triste a la muerte de mi madre como no lo he estado jamás por todos los pecados de mi vida…

Mas esto no debe inquietaros.  La religión nos enseña que la contrición debe ser una cosa real, pero no nos enseña que esta tristeza debe ser una cosa sensible… No es el cuerpo el que debe sentir la tristeza, es el alma.

Cuando uno que se va a confesar no debe inquietarse de lo que siente, sino preguntarse lo que él piensa.   Entonces lo que todos podemos hacer es pensar también que por cada pecado, nosotros hemos perdido a Dios, y que estamos tristes no por haber cometido tal o cual pecado, sino que lo estaremos por todos nuestros pecados, es decir, no nos afligiremos de uno u otro en particular, sino de todos sin excepción, y así nuestra contrición será no sólo suma o suprema, sino también universal, porque se extiende a todos los pecados cometidos.

Y ¿Cómo debemos tener o procurarnos la contrición?.   A esto responderemos que no es posible tenerla por nosotros mismos.   Dios sólo puede dárnosla por su gracia, ¿Puede enseguida devolverse la vida? Pues bien, cuando uno peca mortalmente, su alma se suicida, mas ella no puede enseguida devolverse la vida que se ha quitado.   Pero la contrición es el principio de la vida del alma.

Por consiguiente ¿Cómo tener la contrición?

La respuesta nos la da San Agustín:

«Dios quiere dárnosla, pero no la da sino a los que se la piden».

«Pedid y recibiréis», dice Jesucristo.

Roguemos, y obtendremos lo que pidamos… y así nuestra contrición no será solamente sobrenatural en su motivo, sino también en su principio.

En consecuencia:

«Tengamos presente que la contrición»

es el elemento primero y más necesario del sacramento de la penitencia

y condición indispensable para conseguir el perdón de los pecados

(D. 987).

SAN LONGINOS, Mártir

15 de marzo

El centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, visto el terremoto y las cosas que sucedían, se llenaron de grande temor, y decían: Verdaderamente que este hombre era Hijo de Dios. (San Mateo, 27,54).

El Santo, cuya fiesta celebramos hoy, se dice que es el soldado que con un lanzazo abrió el costado de Jesús en la cruz. La llaga que hizo en el Corazón adorable del Salvador fue, para él, la puerta de salvación, y la sangre que de ella brotó, el baño sagrado que lavó su iniquidad. Dio testimonio del Salvador en su resurrección, y murió mártir.

MEDITACIÓN
SOBRE LAS LLAGAS
DE JESUCRISTO

I. Para amar a Jesucristo, basta mirar las sagradas llagas que florecen en sus pies, en sus manos y en su adorable costado. ¿Podría no amarte, oh dulce Jesús, contemplando lo que sufriste por mi amor? Me arrancaste del infierno derramando por mí tu sangre toda; me diste todos los méritos de tu santa Pasión. Penetremos, alma mía, hasta el Corazón de Jesús por la abierta llaga de su costado; hablémosle y oigamos lo que nos dirá. A través de las llagas de su Corazón, entreveo los secretos de su Corazón. (San Agustín).

II. ¿Estás tentado de desesperación a la vista da los pecados que cometiste y de las dificultades que encuentras en el camino del cielo? ¿Te sientes proclive al orgullo, a la lujuria o a algún otro pecado? Refúgiate en la llaga del costado de Jesús; óyele decir: «¿Podría querer tu muerte, hijo mío, Yo, que he muerto por ti? y tú, ¿querrías ofenderme después de todo el bien que te he hecho? Si mi Padre ha castigado con tanta severidad en mí el pecado de Adán, ¿te perdonaría a ti si lo ofendes?»

III. ¿Estás afligido, abrumado de dolor, cargado de oprobios, sin apoyo, sin consuelo? Refúgiate en el Corazón de Jesús. He ahí tu asilo; en él encontrarás un consolador y un amigo. Confíale tus penas, tus sinsabores, tus inquietudes; cuéntale todos tus sufrimientos, pero, a tu vez, escúchale cuando te diga los suyos. Extiende Él los brazos en la cruz para abrazarte, abre su corazón para recibirte en él. No desprecies, Señor, la obra de tus manos; considera, te suplico, las heridas que las atraviesan. (San Agustín).

La devoción a las sacratísimas llagas de Jesús
Orad por la conversión de los pecadores.

ORACIÓN

Dios todopoderoso, haced, os lo suplicamos, que por la intercesión del bienaventurado Longinos, sean librados nuestros cuerpos de toda adversidad y nuestro espíritu de todo mal pensamiento. Por J. C. N. S. Amén.

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Los santos que reinan con Cristo

15 de Marzo

La Penitencia IV

Ejemplos de Penitencia

En primer lugar tenemos el ejemplo de Jesucristo, quien no se limitó a recordar que hagamos penitencia, pues fue con el ejemplo delante.   Nació pobre, vivió pobre y murió pobre… y por el Evangelio vemos que desde su encarnación y nacimiento en un establo hasta su muerte en la Cruz, padece para expiar los pecados del mundo…
San Juan Bautista predica la penitencia, y él mismo, desde la edad de dos años hasta su martirio no cesa de practicarla… Los apóstoles predican la penitencia y no dejan de castigar su cuerpo y de implorar el perdón del universo sumergido en todos los vicios.   San Pablo dice:
«Castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea,
que predicando a los demás, resulte yo
descalificado» (1 Cor. 9, 27).

Ved a Santa María Magdalena, Santa María Egipciaca, los mártires, los confesores, las vírgenes, los anacoretas, las Ordenes monásticas, y sobre todo las de los penitentes, etc…   Todos los santos de todos los siglos, hasta los que se distinguieron por la pureza de su vida, se dedicaron a una vida penitente.
Ved también un ejemplo en los ninivitas:
Jonás, por orden del Señor, fue a la gran ciudad de Nínive:
penetró allí, y, después de un día de marcha gritó, diciendo:
Dentro de cuarenta días Nínive será destruida.
Las gentes de Nínive creyeron a Dios,
y pregonaron ayuno,
y se cubrieron de cilicios,
desde el mayor al más pequeño.
La palabra del Señor llegó a oídos del rey,
y, levantándose de su trono,
se despojó de sus vestidos se vistió de saco y se sentó sobre el polvo.
Luego pregonaron y publicaron por todas partes por orden del rey y de sus principes.
Se manda que los hombres no tomen alimento alguno,
y que los bueyes y las ovejas no entren a los pastes ni beban agua;
que los hombres se cubran de ceniza, que sus oraciones se eleven al Señor,
y que todo habitante se convierta y huya de la iniquidad que le mancha.
Vio Dios lo que hicieron, convirtiéndose de su mal camino,
y arrepintiéndose del mal que les dijo había de hacerles,
no lo hizo
(Jonás 3, 3-10).

David y otros muchos fueron también modelos de penitencia… ¿Qué debemos hacer nosotros ante tantos ejemplos? Todos, sin duda, debemos hacer penitencia; primero, porque Jesucristo la hizo y nos manda que la hagamos, y porque si no la hacemos para vencer las pasiones, éstas nos vencerán y seremos esclavos del mal, y se cumplirá el dicho del mismo Jesucristo:

«El que comete el pecado, es esclavo del pecado» (Jn. 8, 34)


, y si queremos ser libres de toda atadura del mal, debemos detestarlo.

La penitencia es un sacrificio para el pecado; con ella se ofrece a Dios la maceración de la carne en expiación de las faltas cometidas…

«Las lagrimas de la penitencia, -dice San Ambrosio-, lavan los pecados.

Las lagrimas no imploran el perdon; lo merecen»…


«Haced penitencia, hijos míos, dice el Señor por boca de Jeremías,

volved a Mi y curare vuestras iniquidades (3, 22).

«La penitencia, -dice San Jeronimo-, tiene tal poder,

que devuelven al pecador todas sus antiguas virtudes,

y todos los méritos que había adquirido antes de caer».

¿Quién pecó en el mundo más gravemente que Pablo? –dice San Pedro Crisólogo- ¿Quién cometió en la religión una falta más enorme que Pedro?

Sin embargo, ambos merecieron por su penitencia,

no sólo llegar a santos,

sino maestros en santidad.

Santa Misa Dominical

DOMINGO «LAETARE»

CUARTO DE CUARESMA

ESTACIÓN EN SANTA CRUZ DE JERUSALÉN*
(Doble de 1ª clase – Ornamentos morados o de color rosa)

Tomó Jesús los panes, y los repartió entre los que estaban sentados.

Propónenos hoy la Iglesia en sus Oficios nocturnos una nueva figura del Salvador, el gran adalid y libertador del pueblo de Israel vejado y cautivo de los egipcios. Su historia viene a resumirse en estas dos ideas: Moisés libertó a pueblo de Dios y le hizo atravesar el Mar Rojo. Luego le alimentó en el desierto con el maná, anunciándole al propio tiempo que había de enviar Dios al Profeta, o sea, al Mesías (Ev.).


Además, Dios entregó a Moisés su santa Ley en las cimas del Sinal, y le condujo hasta la Tierra de Promisión, tierra que fluía leche y miel. En medio de ella habrá de erguirse más tarde la ciudad de Jerusalén, con su templo hecho según la traza del Tabernáculo del desierto. A ella subirán las tribus de Israel para cantar las maravillas que con su pueblo ha obrado Dios (Int., Gr., Com.).


La misa de hoy nos muestra precisamente el cumplimiento de estas antiguas figuras. El verdadero Libertador es Jesucristo, pues, cual otro Moisés, nos libertó a todos del cautiverio del pecado. Las aguas del Mar Rojo son las aguas salvadoras del santo Bautismo. El maná llovido del cielo es la Eucaristía tan prodigiosamente multiplicada; y mediante la gracia sobreabundante que nos confieren estos dos Sacramentos, podemos llegar hasta el templo de Dios, que es la Iglesia, que es sobre todo la celestial Jerusalén, en donde sin cesar se canta. el Cántico de Moisés y del Cordero.


Parece, pues, muy natural que la estación se celebre en Santa Cruz de Jerusalén y por eso el lntroito, la Comunión y el Tracto hablan de Jerusalén, comparada por S. Pablo en la Epístola con el Monte Sinaí.


En este día bendice el Papa la llamada Rosa de Oro, que simboliza el jardín ameno y aromático de la celestial Jerusalén, del Paraíso de delicias. De ahí los ornamentos de color rosa que hoy se emplean, como también en el Domingo 3º de Adviento. Óyense en este día los acordes melodiosos del órgano, mudo los Domingos anteriores, y el altar se ve engalanado con flores.


Así como el Domingo «Gaudete» (Regocijaos) viene en Adviento, animándonos a proseguir con generosidad en nuestra laboriosa preparación a las fiestas de Navidad, así también el Domingo «Laetare» (Alegraos) señala como un descanso en la carrera cuaresmal. La Iglesia quiere que brille en nuestras almas un rayo de alegría, que parte de la iglesia del Calvario esperanza nuestra, para animarnos a perseverar en la lucha contra el demonio, la carne y el mundo, hasta tanto que llegue la santa Pascua.


El Evangelio nos habla de la multiplicación de los panes y de los peces, símbolos entrambos de la Eucaristía que recibiremos al celebrar nuestra Pascua. La Epístola, a su vez, nos habla de nuestra liberación por medio del Bautismo (que los Catecúmenos recibían por Pascua), o bien por el sacramento de la Penitencia, el cual nos permite recobrar la libertad cristiana.


Los dos hijos de Abrahán significan entrambos Testamentos (Ep.): Ismael, hijo de Agar, es imagen de los Judíos esclavos de la Ley mosaica; Isaac, hijo de Sara, figura a los Gentiles, hechos por su fe herederos de las promesas mesiánicas.


Pidamos al Señor que, en medio de las pruebas que tuviere a bien enviamos, o de las penitencias que nosotros mismos nos impusiéremos por nuestros pecados, nos sostenga siempre con sus divinos consuelos (Or.),
El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

Introito. (Is. 66) (Is. 66)

INTROITUSLaetare, Jerusalem, et conventum facite, omnes qui diligitis eam: gaudete cum laetitia, qui in tristitia fuistis; ut exsultetis, et satiemini ab uberibus consolationis vestrae – Ps. 121 Laetatus sum in his, quae dieta sunt mihi: In domun Domini ibimus. V gloria Patri. Alégrate, Jerusalén,  y regocijaos con ella todos los que la amáis; gozaos los qu estuvisteis tristes; para que os llenéis de júbilo y recibáis los consuelos que manan de sus pechos. Me alegré cuando se me dijo: Iremos a la casa del Señor Gloria al Padre, etc.

El Gloria in excelsis no se dice en el Tiempo de Cuaresma, salvo en las fiestas.

Oración-Colecta

ORATIOConcede quaesumus, omnipotens Deus: ut qui ex merito nostrae actionis affligimur tuae gratiae concolatione respiremus. Per Dominum nostrum Concédenos, oh Dios omnipotente que los, que justamente somos afligidos a causa de nuestras acciones, respiremos con el consuelo de tu gracia. Por Nuestro Señor etc. R. Amen.

Epístola

Gracias a la Redención de Jesucristo, nosotros somos hijos de predilección y herederos de las divinas promesas, y por eso, sacudiendo resueltamente el yugo del pecado, debemos proclamar nuestra condición de hombre libres.

Lectio Epistolæ beati Pauli ApóstoIi ad GáIatas 4, 22-31. – Fratres: Scriptum est quoniam Ab ham duos filius habuit: unum de ancilla et unum de Iíbera. Sed qui de ancilla, secúndum carne natus est ; qui autem de libera, per repromissionem: quae sunt per allegoriam dicta. Haec enim sunt duo testaménta. Unum quidem in monte Sina. in servitútem gérrans; quae est Agar; Sina enim mons est in Arábia qui conjúnctus est ei quae nunc est JerúsaIem, et servit cum filiis suis. Illa autem, quae sursum est Jerúsalem, libera est, quae est mater nostra. Scrip tum est enim: Laetáre stériIis, quae non paris: erúmpe et clama, quae non párturis, quia mult filii desértre sertae, magis quan ejus quae habet virum. Nos autem, fratres, secundum lsaac promis siónis fílii sumus. Sed quómodo tunc is qui secúndum carnem na tus fúerat, persequebátur eum qui secundum spiritum; ita et nunc. Sed quid dicit Scriptura? Ejice ancillam et filium ejus: non enim heres erit filius ancillae cum filio liberae. Itaque, fratres, non sumus ancillae filii, sed liberae: qua libertate Christus nos liberavit. Epístola Gal.4, 22-31 – Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Gálatas- Hermanos: Escrito está que Abrahán tuvo dos  hijos, uno de la esclava, y otro de la libre(1). Mas, el de la esclava nació según la carne y el de la libre en virtud de la promesa, lo cual fue dicho en un sentido alegórico. Porque estas dos madres son los dos Testamentos. El uno dado en el monte Sinaí, que engendra esclavos, el cual es figurado en Agar. Porque el Sinaí es un monte en Arabia, que corresponde a la Jerusalén de aquí abajo, la cual es esclava con sus hijos. Mas, aquella Jerusalén de arriba es libre; y es madre de todos notros. Porque escrito está: «Alégrate, estéril, que no pares; prorrumpe en gritos de júbilo¡ tú que no eres fecunda; porque son muchos más los hijos de la abandonada, que los de la que tiene marido.» Nosotros, pues, hermanos, somos los hijos de la promesa, figurados en Isaac. Mas, así como entonces, el que había nacido según la carne, perseguía al nacido según el espíritu: así sucede también ahora. Pero, ¿qué dice la Escritura? «Echa afuera a la esclava y a su hijo, pues no será heredero hijo de la esclava con el hijo de la libre» Y así, hermanos, nosotros no somos hijos de la esclava, sino de la libre; y esta libertad, Cristo nos la ha adquirido.

Salmodia

GRADUALE Ps. 121, 1 et 7Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi: in domun Domini ibimus V. Fiat pax in virtute tua et abundantia in turribus tuis.TRACTUSPs. 124, 1-2Qui confidunt in Domino, sicut mons Sion: non commovebitur in aeternum qui habitat in Jerusalem. V. Montes in circutu populi sui ex hoc nuncet et usque in saeculum Gradual. – Me alegré cuando se me dijo: Vamos a partir para la casa del Señor. Reine la paz en tus fortalezas, y la abundancia en tus torres. Tracto – Los que confían en el Señor son como el monte de Sión; jamás se bamboleará el que habita en Jerusalén. Jerusalén está rodeada de montañas; así el Señor rodea a su pueblo, desde ahora y para siempre

Evangelio

Gracias a la Redención de Jesucristo,

USequentia sancti Evangelii secundum Joanem 6, 1-15 In illo tempore: Abiit Jesus trans mare Galilaeae, quod es Tiberiadis, et sequebatur eum multitudo magna, quia videbant signa quae faciebat super his qui infirmabantur, Subiit ergo in montem Jesus, et ibi sedebat cum discipulis suis. Erat autem proximum Pascha, dies fesstus Judaeorum. Cum sublevasset ergo oculos Jesus et vidisset quia multitudo maxima venit ad eum, dixit ad Philippum: Unde ememus panes, ut manducent hi? Hoc autem dicebat tentans eum; ipse enim sciebat quid esset facturus. Respondit ei Philippus: Ducentorum denariorum panes nonsufficiunt eis, ut unusquisque modicum quid accipiat. dicit ei unus ex Discipulis eius. Andreas frater Simonis Petri: Est puer unus hic qui habet quinque panes hordeaceos et duos pisces; sed haec quid sunt inter tentos? Dixit ergo Jesus:Facite homines discumbere. Erat autem foenum multum in loco. Discubuerunt ergo viri, numero quasi quinque millia. accepit ergo Jesus panes, et cum gratias egisset, distribuit discumbentibus: similiter et ex piscibus quantum volebant. Ut autem impletisunt, dixit discipulis suis: Colligite quae superaverunt fragmenta, ne pereant. Collegerunt ergo, et impleverunt duodecim cophinos fragmentorum ex quinque panibus hordeaceis quae superfuerunt his qui manducaverant. Illi ergo homines cum videsent quod Jesus fecerat signum, dicebant: QuiaHic est vere Propheta, qui venturus est in mundum. Jesus ergo cum cognovisset quia venturi essent ut raperent cum et facerent eum regem, fugit iterum in montem ipse solus. Credo U Continuación del santo Evangelio según S. Juan 6,1-15 – En aquel tiempo, pasó Jesús a la otra parte del mar de Galilea, que es el lago Tiberíades, y le seguía una gran multitud de gente, porque veían los milagros que hacía con los enfermos. Subió, pues, Jesús, a un monte, y sentóse allí con sus discípulos. Acercábase ya la Pascua, día de gran fiesta para los judíos. Habiendo, pues, alzado Jesús los ojos, y viendo que venía hacia sí tan gran multitud, dijo a Felipe: » ¿Dónde compraremos panes para que coma esta gente?» Esto lo decía para probarle, pues El sabía bien lo que había de hacer. Felipe le respondió: «Doscientos denarios de pan no les alcanzan para que cada uno tome un bocado. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces: mas, ¿qué es esto para tanta gente?» Pero Jesús dijo: «Haced sentar a esas gentes.» En aquel lugar había mucha hierba. Sentáronse, pues, como unos cinco, mil hombres. Tomó entonces, Jesús, los panes, y habiendo dado gracias a su Padre, los repartió entre los que estaban sentados, y lo mismo hizo con los peces,  dando a todos cuanto querían. y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos : «Recoged los pedazos que han sobrado, para que no se pierdan. Hiciéronlo así, y llenaron doce cestos de los pedazos que habían sobrado de los cinco panes de cebada, después que todos hubieron comido. Aquellos hombres, cuando vieron el milagro que había hecho Jesús, decían: «Este es verdaderamente el Profeta que ha de venir al mundo». Y Jesús, notando que habían de venir para llevárselo y hacerle Rey, huyó otra vez al monte, él solo. Credo.
OFFERTORIUM Ps. 134, 3 et 6. Laudate Dominum, quia benignus est; psallite nomini ejus, quoniam suavis est; omnia quaecumque voluit, fecit in caelo et in terra. Ofertorio. Alabad al Señor, por que es benigno; cantad himnos a su Nombre, porque es suave. Todo cuanto quiso ha hecho el Señor en el cielo y en la tierra.

Oración-Secreta

Sacrificiis praesentibus, Domine, quaesumus, intende placatus: ut et devotioni nostrae proficiant et saluti. Per Dominum. Pedímoste Señor, mires propicio el presente sacrificio: a fin de que aproveche a nuestra devoción y a nuestra salud. Por Nuestro Señor, etc.

Prefacio de Cuaresma

Vere dignum et justum est aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui corporali jejunio vitia comprimis, mentem elevas, virtutem largiris et praemia: per Christum Dominum nostrum. Per quem majestatem tuam laudat Angeli, adorant Dominationes, tremunt Potestates. Coeli, coelorumque Virtutes, ac beata Seraphim, socia exsultatione concelebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admitti jubeas depercamur, supplici confessione dicentes: Sanctus, Sanctus, Sanctus, etc. Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Que con el ayuno corporal reprimes las pasiones, elevas el espíritu, nos enriqueces de virtudes y premios, por Jesucristo nuestro Señor. Por quien los Ángeles alaban a tu Majestad, la adoran las Dominaciones y se sobrecogen de respeto las Potestades. Los Cielos y las Virtudes celestiales y los bienaventurados Serafines la ensalzan con el mismo júbilo. Por lo que te pedimos te dignes escuchar juntamente con las suyas nuestras voces, al prorrumpir en esta respetuosa alabanza: Santo, santo, santo, etc.
COMMUNIO Ps. 121, 3-4 Jerusalem quae aedificatur ut civitas, cujus participatio ejus in idipsum; illuc enim ascenderunt tribus, tribus Domini,ad confitendum nomini tuo, domine Comunión. Jerusalénes como una ciudad, tan perfectamente construida, que todas sus partes se hallan bien unidas. Allá suben las tribus, las tribus todas del Señor, para alabar el Nombre del Señor.

Oración-Postcomunión

POSTCOMMUNIODa nobis, quaesumus, misericors Deus: ut sancta tua, quibus incessanter explemur, sinceris tractemus obsequiis et fideli semper mente sumamus. Per Dominum nostrum. Concédenos, oh Dios Omnipotente, la gracia de tratar siempre con respeto sincero este Sacramento, que incesantemente nos sacia, y de recibirlo con gran espíritu de fe. Por Nuestro Señor, etc.
  • * Santa Elena, madre de Constantino, solía vivir en su palacio del monte Celio, palacio que llamaban casa pretoriana.. La Santa lo transformó, con objeto de poner en él reliquias de la Vera Cruz. Así que después se vino a llamar aquel templo Sta. Cruz de Jerusalén.
  • (1)Ellos fueron: Ismael, hijo de la esclava Agar, e Isaac, hijo de Sara, señora de su casa. Agar figura del Antiguo Testamento, Sara del Nuevo. 

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SANTA MATILDE, Reina

14 de marzo

Este pueblo me honra con los labios; pero su corazón lejos está de mí. (San Mateo, 15, 8).

¡Admirable espectáculo! una reina enseña a sus súbditos las verdades de la religión; ¡llega hasta enseñarles una profesión a fin de ponerlos en condiciones de ganarse la vida!  Su hospitalidad con los peregrinos, su generosidad con los pobres, pruebas son de esa misma caridad que manaba de su ardiente amor por Jesucristo.   Todas las mañanas las consagraba a la oración y asistencia a la santa Misa. Próxima a morir distribuyó cuantiosos tesoros entre los pobres, como si hubiese querido ganar el favor de aquellos que custodian las puertas del paraíso.

MEDITACIÓN
TRES VENTAJAS
DE LA ORACIÓN

I. Es un honor tan grande para el hombre poder hablar a Dios en la oración, que, para comprenderlo, sería preciso concebir la infinita majestad de Dios. Si hubiese permitido que únicamente un hombre sobre la tierra pudiese rogarle, si hubiese prometido escucharlo en todos sus pedidos, de todas partes se acudiría a ese hombre, para obtener, por su intermedio, las gracias del Señor. Dios nos ha permitido que le oremos en todo tiempo y en todo lugar; ha prometido concedernos lo que le pidamos, y nosotros despreciamos esta concesión, y en nada apreciamos este honor. yo hablaré a mi Dios, yo, que no soy sino ceniza y polvo.

II. La oración es la llave de los tesoros de Dios, nos enriquece con todos los bienes de la naturaleza y de la gracia; prueba tú lo poderosa que es. Recurre a Dios como a tu padre. Dirígete a Él como un pobre que tiene conciencia de su indigencia y se juzga indigno de obtener algo. Cuando hayas sido escuchado, atribuye el beneficio recibido a la pura bondad de Jesucristo. La oración se eleva, y la misericordia desciende. (San Agustín).

III. Nada hay más dulce que conversar con Dios en la oración: en ella lo conocemos más perfectamente, lo amamos más ardientemente; y este conocimiento y este amor, que constituyen el paraíso de los bienaventurados, es el comienzo de la felicidad de los hombres sobre la tierra. No pido otro testigo de esta verdad que tú mismo: ¿no es verdad, acaso, que las lágrimas de contrición que has derramado llorando tus pecados en la oración, tienen dulzuras que no podrías expresar, encantos infinitamente superiores a todos los placeres de aquí abajo?

La oración
Rogad por la paz de las familias.

ORACIÓN

Escuchadnos, Oh Dios Salvador nuestro, y haced que la solemnidad de la bienaventurada Matilde, al mismo tiempo que regocija nuestra alma, la enriquezca con los sentimientos de una tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.

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Los santos que reinan con Cristo

14 de Marzo

La Penitencia III

Necesidad de la penitencia

¿Por qué hemos de hacerla?
Porque sin penitencia nadie puede entrar en el reino de Dios.
Nos lo enseña con toda claridad el llamamiento del Señor:
«Haced penitencia» (Mt. 4, 17).
El motivo hemos de buscarlo en nosotros mismos, porque no somos como Dios quería que fuésemos. ¡Cuán lejos estamos de la pureza e inocencia que tuvo el hombre al salir de las manos del Creador! Nos hemos alejado del camino, de Dios, y lo primero es la penitencia es «volvernos» al camino recto, es «convertirnos»; lo primero es una transformación profunda (metanoia), para que podamos andar nuevamente por el camino que conduce al reino de Dios.
En la Sagrada Escritura, en ambos Testamentos, hay muchísimos textos que nos hablan de la necesidad de la penitencia, y en ellos vemos que Dios nos
promete el perdón de los pecados con la condición de que hagamos penitencia.
— «Si (no hiciereis penitencia, todos igualmente
pereceréis» (San Lucas. 13,3).

— «Arrepentíos, porque se acerca el reino de
Dios» (San Mateo. 4, 17),

— «Volveos y convertíos de vuestros pecados, (y así no serán la causa de vuestra ruina).
Arrojad de vosotros todas las iniquidades que cometéis y hacéos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
¿Por qué habeís de querer morir, casa de Israel?
Que no quiero Yo la muerte del pecador.
Convertíos y vivid»
(Ez. 18, 30-32).

— «Arrepentíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados,
y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hech. 2, 38).

— «Arrepentíos, pues, y convertíos para que sean borrados vuestros pecados» (Hech. 3).

— «En aquellos días, dice el Evangelio, vino Juan Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo:
Arrepentíos…, haced frutos dignos de penitencia. ..
Ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles,
y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego» (San Mateo. 1, 1 ss).

«Si la gracia va unida a la penitencia, dice San Ambrosio, el que se cansa de hacer penitencia, renuncia a la gracia».

Habiendo San Pedro echado en cara a los judíos de haber crucificado a Jesucristo, Hijo de Dios y verdadero Mesías, muchos de ellos sintieron arrepentimiento, y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué haremos, hermanos? San Pedro les contestó:

«Haced penitencia» (Hech. 2,38-39)

El Señor en el Apocalipsis dice al ángel de Efeso:

«Tengo contra ti que abandonaste tu primer a caridad.   Considera,

pues, de donde has caido, y haz penitencia,

si no, vendré a ti y removeré el candelero de su lugar si no te arrepientes» (2, 4-5).


«Jamás, – dice San Gregorio Magno-,

jamás perdonará Dios al que peca,

porque no deja el delito sin castigo.

O el pecador se castiga a sí mismo,

o Dios, entrando con él a juicio, le hiere».

Habiendo el emperador Teodosio querido excusarse de haber hecho asesinar a varios habitantes de Tesalónica, citando el ejemplo de David, que había hecho morir a Urías,  San Ambrosio le respondio:

«Ya que habéis imitado a David en su pecado, imitadle en la penitencia».

Esta doctrina de la necesidad de la penitencia la enseño claramente el Concilio de Trento, que dijo:

«En todo tiempo, la penitencia fue ciertamente necesaria para alcanzar la gracia y la justicia a todoslos hombres que se hubieran manchado con algún pecado mortal, aun a aquellos que hubieran pedido ser lavados por el sacramento del bautismo, a fin de que, rechazada y enmendada la pervesidad, detestaran tamaña ofensa de Dios con odio del pecado y dolor de su alma» (D. 894).

Es evidente que sin un movimiento voluntario de volverse a Dios es imposible que pueda justificarse el pecador que voluntariamente se apartó de Él.

«Volveos a Mi, dice el Señor, y yo me volveré a vosotros (Zac. 1,3).


La penitencia es arrepentimiento, vuelta a Dios.

SANTA EUFRASIA, Virgen

13 de marzo

Cuando ayunéis no os pongáis caritristes como los hipócritas, que desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su galardón. (San Mateo, 6, 16).

Esta santa despreció un brillante casamiento que el emperador le ofrecía, para consagrarse a Jesús en el claustro. Comía sólo una vez al día, y con frecuencia permanecía toda una semana sin tomar ningún alimento. Pidió a Dios que con un año de anticipación le hiciese conocer el día de su muerte; pero Dios, que la veía presta en todo tiempo, le advirtió sólo quince días antes de llevarla al cielo.

MEDITACIÓN
SOBRE EL AYUNO

I. La vida de Santa Eufrasia, llamada también Eufrosina, fue un ayuno perpetuo y riguroso. Jesucristo y todos los santos han ayunado; debes imitarlos en la medida en que tus fuerzas lo permitan, a fin de expiar, mediante esta mortificación, tu sensualidad en el beber y en el comer. ¿Eres más delicado que un niño de siete años? A esta edad, la santa comenzó su penitencia. No son las fuerzas corporales sino la buena voluntad y el valor los que te faltan.

II. Debes ayunar para impedir que la carne se rebele contra el espíritu; la virtud se fortifica a medida que el cuerpo se debilita. Tu mayor enemigo es tu cuerpo; no podrías tratarlo tan duramente como se merece. Si los santos, después de haber castigado sus cuerpos por medio del ayuno, la disciplina y el cilicio, experimentaron sin embargo las rebeliones de la carne, ¿qué será de ti que la tratas con tanta molicie?

III. Si tu salud no te permite ayunar, puedes, por lo menos, mortificar tus ojos y tu lengua; ello contribuirá grandemente a tu santificación, sin dañar en nada tu salud. ¡Cosa extraña! ¡los santos que son inocentes, hacen crueles penitencias, y nosotros que somos pecadores, no queremos hacerlas! Que los enfermos busquen los remedios que emplean los sanos, y que viendo a los santos llorar sobre sus imperfecciones, lloren los pecadores sobre sus crímenes. (San Eusebio).

La mortificación corporal
Orad por los enemigos de la Iglesia.

ORACIÓN

Oh Dios, Nuestro Señor. escuchadnos y haced que la solemnidad de Santa Eufrasia. regocijando nuestra alma. desarrolle en ella los sentimientos de una tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/

Los santos que reinan con Cristo

13 de Marzo

La Penitencia II

Después del pecado debemos arrepentirnos.

Por el pecado nuestra voluntad se aparta de Dios voluntariamente, para poner su amor en alguna criatura, y esto es una gravísima ofensa a Dios.

Por los siguientes textos claros y explícitos de la Sagrada Escritura y principalmente en el dolor y arrepentimiento de los pecados, no en el simple cambio de vida o mutación del consejo anterior.

— El sacrificio grato a Dios es un corazón contrito.

Tu, ¡oh Dios!, no desdeñas un corazón contrito y humillado (Sal. 5, 19).

— Dice el Señor:

Convertíos a Mi en todo corazón, en ayuno, en llanto y en gemido.   Rasgad vuestros corazones, no vuestras vestiduras, y convertíos al Señor, vuestro Dios, que es clemente y misericordioso, tardo a la ira y rico en misericordia y se arrepiente en castigar (Joel. 2, 12-13).

Arrepentíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo (Hech. 2, 38).

Dios siempre quiere que nos arrepintamos y volvamos a Él:

«iQuiero Yo acaso la muerte del impío, dice el Señor, y no más bien que se convierta y viva? (Ez. 18, 23),

y por el profeta Zacarías nos dice:

«Volveos a Mi… y Yo me volveré a vosotros» (1, 3).

El concilio de Trento «declara que esta contncion’ no solo contiene en si el cese del pecado y el propo-sito e iniciaci6n de una nueva vida, sino tambien elaborrecimiento de la vieja, conforme a aquello de Ezequiel (18,31):

«Arrojad de vosotros todas vuestras iniquidades en que habéis prevaricado y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo» (D. 897).

Para obtener el perdón es preciso que el pecador vuelva voluntariamente a Dios, reconozca su maldad y sienta verdadero dolor por haberle ofendido, le pida perdón con humildad y proponga firmemente no volver a ofenderle.

La virtud de la penitencia es la que nos inclina a aborrecer el pecado y a volver a Dios con corazón contrito.   La misericordia de Dios nuestro Padre nos abre también sus brazos y nos admite de nuevo entre sus hijos.

«Si el malvado se retrae de su maldad y guarda todos mis mandamientos y hace lo que es recto y justo, vivirá y no morirá.   Todos los pecados que cometió no le serán recordados; en la justicia que obró vivirá» (Ez. 18, 21-22).

La Misa de San Gregorio en el Arte

Retablo de almas con la misa de San Gregorio

MAESTRO DE ARTÉS  (Pere Cabanes?, activo en Valencia entre 1472 y 1538)

Retablo de almas con la Misa de San Gregorio

Técnica:  Óleo y temple sobre tabla, 213 x 145 cm

La historiografía adoptó la nomenclatura convencional de Maestro de Artés para este anónimo pintor de estilo diferenciado por el Retablo del Juicio Final, que fue concebido para la capilla de los Artés en la cartuja de Portaceli, hoy conservado en este museo. En el ámbito valenciano de las primeras décadas del siglo XVI un importante conjunto de retablos de artesa con una única composición con ático o espiga y banco fue dedicado al culto a los difuntos y ánimas del Purgatorio, asociado a las imágenes del Juicio Final y a la Misa de San Gregorio. La coyuntura de hambrunas, pestes y guerras, así como las creencias y tradiciones escatológicas del periodo favorecieron la aparición de estos retablos, en la que sin duda jugó un papel determinante el carácter redentor de los mismos, y sobre todo, la obtención de cuantiosas indulgencias por los fieles mediante la oración ante estas imágenes.

Este conjunto de intenso colorido guarda una estrecha relación con otro retablo de almas con la Misa de San Gregorio del Maestro de Artés en el Museo de Arte de Sâo Paulo, en Brasil. Ambas piezas, ligadas a la tradición tardogótica, presentan una concepción espacial jerarquizada de gran riqueza iconográfica. En este caso, la Coronación de la Virgen por la Trinidad ocupa el ático; y justo debajo, Cristo Juez sentado sobre el doble arco iris preside el Juicio, flanqueado por la Virgen, San Juan Bautista, los apóstoles, otros santos y justos. Las almas desnudas salen de una laguna, auxiliadas por un ángel que las conduce al Purgatorio donde realizan sus penitencias. San Pedro a las puertas de la Jerusalén celeste recibe a una de las ánimas. En un extremo aparece el infierno con los réprobos en el interior de una caldera, debajo de la figura ahorcada de Judas, y en el otro la Misa de San Gregorio con la presencia de los santos médicos, Cosme y Damián.

Tomado de:

http://museobellasartesvalencia.gva.es

Misa Gregoriana

RITUS ROMANUS ET RITUS MODERNUS

Santa Misa Gregoriana

¿Hubo reforma litúrgica antes de Paulo VI?

por Mons. Klaus Gamber

Director del Instituto Litúrgico de Ratisbona

En el articulo «Cuatrocientos años de Misa Tridentina», publicado en diversas revistas religiosas, el profesor Rennings se aplico a presentar el nuevo misal, o sea el Ritus Modernus, como derivación natural y legitima de la liturgia romana. Según dicho profesor, no habría existido una Misa San Pío V sino únicamente por ciento treinta y cuatro años, es decir, de 1570 a 1704, año en el cual apareció bajo las modificaciones deseadas por el Romano Pontífice de entonces. Continuando con tal modo de proceder, Paulo VI, según Rennings, habría a su vez reformado el Missale romanum para permitir a los fieles entrever algo más de la inconcebible grandeza del don que en la Eucaristía el Señor ha hecho a su Iglesia.

En su articulo, Rennings se hace fuerte sobre un punto débil de los tradicionalistas: la expresiónMisa Tridentina Missa sancti Pii V. Propiamente hablando una Misa Tridentina o de San Pío V no existió nunca, ya que, siguiendo las instancias del Concilio de Trento, no fue formado unNovus Ordo Missae, dado que el Missale sancti Pii V no es más que el Misal de la Curia Romana, que se fue formando en Roma muchos siglos antes, y difundido especialmente por los franciscanos en numerosas regiones de Occidente. Las modificaciones efectuadas por San Pío V son tan pequeñas, que son perceptibles tan sólo por el ojo de los especialistas.

Ahora, uno de los expedientes al cual recurre Rennings, consiste en confundir el Ordo Missaecon el Proprium de las misas de los diferentes días y de las diferentes fiestas. Los Papas, hasta Paulo VI, no modificaron el Ordo Missae, aun introduciendo nuevos propios para nuevas fiestas. Lo que no destruye la llamada Misa Tridentina más de lo que los agregados al Código Civil destruyen al mismo.

Por lo tanto, dejando aparte la expresión impropia de Misa Tridentina, hablamos más bien de un Ritus Romanus. El rito romano remonta en sus partes más importantes por lo menos al siglo V, y más precisamente al Papa San Dámaso (366-384). El Canon Missae aparte de algunos retoques efectuados por San Gregorio I (590-604), había alcanzado con San Gelasio I (492-496) la forma que ha conservado hasta ayer. La única cosa sobre la cual los Romanos Pontífices no cesaron de insistir desde el siglo V en adelante, fue la importancia para todos de adoptar elCanon Missae Romanae, dado que dicho canon se remonta nada menos que al mismo Apóstol Pedro.

Más por lo que concierne a las otras partes del Ordo, como para el Proprium de las varias Misas, respetaron el uso de la Iglesias locales.

Hasta San Gregorio Magno (590-604) no existió un misal oficial con el Proprium de las varias Misas del año. El Liber Sacramentorum fue redactado por encargo de San Gregorio al principio de su pontificado, para servicio y uso de las Stationes que tenían lugar en Roma, o sea para la liturgia pontifical. San Gregorio no había tenido ninguna intención de imponer el Proprium de dicho misal a todas las Iglesias de Occidente. Si posteriormente dicho misal se convirtió en el armazón mismo del Missale Romanum de San Pío V, se debió a una serie de factores de los cuales no podemos tratar ahora.

Es interesante notar que cuando se interrogó a San Bonifacio (672-754) que se encontraba en Roma, con respecto a algún detalle litúrgico, como el uso de las señales de cruz a efectuarse durante el canon, éste no se refirió sobre el sacramentaris de San Gregorio, sino sobre aquel que estaba en uso entre los Anglosajones, cuyo canon estaba en todo conforme a aquel de la Iglesia de Roma…

En el Medioevo, las diócesis y las iglesias que no habían adoptado espontáneamente el Misal en uso en Roma, usaban uno propio y por esto ningún Papa manifestó sorpresa o disgusto…

Mas cuando la defensa contra el protestantismo hizo necesario un Concilio, el Concilio de Trento encargo al Papa de publicar un misal corregido y uniforme para todos. Ahora, pues, con la mejor voluntad del mundo, yo no llego a encontrar en tal deliberación del Concilio el ecumenismo que ve Rennings.

¿Qué hizo San Pío V? Como ya hemos dicho, tomó el misal en uso en Roma y en tantos otros lugares, y lo retocó, tomó, especialmente reduciendo el número de las fiestas de los Santos que contenía. ¿Lo hizo tal vez obligatorio para toda la Iglesia? ¡ En absoluto! Respetó hasta las tradiciones locales que pudieran jactarse, por lo menos, de doscientos años de edad. Así propiamente: era suficiente que el misal estuviera en uso, por lo menos, desde doscientos años, para que pudiera quedar en uso a la par y en lugar de aquel publicado por San Pío V. El hecho de que el Missale Romanum se haya difundido tan rápidamente y espontáneamente adoptado también en diócesis que tenían el propio más que bicentenario, se debe a otras causas; no por cierto a presión ejercida sobre ellas por Roma. Roma no ejerció sobre ellas ninguna presión, y esto en una época en la cual, a diferencia de cuanto sucede hoy, no se hablaba de pluralismo, ni de tolerancia.

El primer Papa que osó innovar el Misal tradicional fue Pío XII, cuando modifico la liturgia de la Semana Santa. Séanos permitido observar, al respecto, que nada impedía de restablecer la Misa del Sábado Santo en el curso de la noche de Pascua, aunque sin modificar el rito.

Juan XXIII lo siguió por este camino, retocando las rúbricas. Mas ni el uno ni el otro, osaron innovar sobre el Ordo Misae, que quedó invariable. Pero la puerta había sido abierta, y la cruzaron aquellos que querían una sustitución radical de la liturgia tradicional y la obtuvieron. Nosotros, que habíamos asistido con espanto a este resolución, contemplamos ahora a nuestros pies las ruinas, no tanto de la Misa Tridentina, más bien de la antigua y tradicional Missa Romana, que había ido perfeccionándose a través del curso de los siglos hasta alcanzar su madurez. No era perfecta al punto de no ser ulteriormente perfectible, pero para adaptarla al hombre de hoy no había necesidad de sustituirla: bastaban algunos pequeñisimos retoques, quedando a salvo e inmutable todo el resto.

Viceversa, se la quiso suprimir y sustituir con una liturgia nueva, preparada con precipitación y, diremos, artificialmente: con el Ritus Modernus. ¡ Oh, cómo se ve aparecer en modo siempre más claro y alarmante el oculto fondo teológico de esta reforma ! Sí era fácil obtener una más activa participación de los fieles en los santos misterios, según las disposiciones conciliares, sin necesidad de transformar el rito tradicional. Pero la meta de los reformadores no era obtener la mencionada mayor participación activa de los fieles, sino fabricar un rito que interpretara su nueva teología, aquella misma que está en la base de los nuevos catecismo escolares. Ya se ven ahora las consecuencias desastrosas que no se revelarán plenamente sino en el giro de cincuenta años.

Para llegar a sus fines, los progresistas han sabido explotar muy hábilmente la obediencia a las prescripciones romanas de los sacerdotes y de los fieles más dóciles… La fidelidad y el respeto debido al Padre de la Cristiandad, no llegan hasta exigir una aceptación despojada del debido sentido crítico de todas las novedades introducidas en nombre del Papa (1).

¡ La fidelidad a la Fe, ante todo! Ahora, la Fe, me parece que se encuentra en peligro con la nueva liturgia, aunque no me atrevo a declarar inválida la Misa celebrada según el Ritus Modernus.

¿ Es posible que veamos a la Curia Romana y a ciertos Obispos – aquellos mismos que nos quieren obligar, con sus amenazas, a adoptar el Ritus Modernus-, descuidar su propio deber especifico de defensores de la Fe, permitiendo a ciertos profesores de teología a socavar los dogmas más fundamentales de nuestra Fe y a los discípulos de los mismos propagar dichas opiniones heréticas en periódicos, libros y catecismos?

El Ritus Romanus permanece con la última escollera en medio de la tempestad. Los innovadores lo saben muy bien. De aquí parte su odio furioso contra el Ritus Romanus, que combaten bajo el pretexto de combatir una nunca existida Misa Tridentina. Conservar el Ritus Romanus no es una cuestión de estética: es, para nuestra Santa Fe, cuestión de vida o muerte.

Mons. KLAUS GAMBER

Director del Instituto Litúrgico de Ratisbona

(1) San Pablo resistió a su Papa, que era San Pedro, cumpliendo su deber (N. de la R.)

Tomado de:

ROMA ÆTERNA

Canto Gregoriano

El Intróito Gaudeamus omnes en neumas de siglo XIV (Graduale Aboense)

  1. Canto gregoriano. Introducción
  2. Origen y evolución
  3. La tradición. La implantación
  4. La trayectoria
  5. Teoría de la música. Los cantus
  6. El apogeo del Gregoriano
  7. Nuevos géneros. Las deformaciones
  8. Las tentativas de reforma
  9. Técnica y ritmo
  10. La notación. Formas del canto llano
  11. Tropos y secuencias. Cómo escuchar Gregoriano
  12. Cómo cantar Gregoriano
  13. Partes del día. El canto en Silos

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SAN GREGORIO MAGNO

"La verdadera penitencia consiste en llorar o detestar los pecados cometidos, y estos no volverlos a cometer"

(† 604)

San Gregorio Magno vivió un período de profundas convulsiones religiosas y políticas.  Nacido hacia 540 en una familia de la nobleza romana, vivió los momentos más bajos de la curva de la caída de Roma y los primeros de una nueva época ascendente.  Por ello puede ser considerado como el último romano, con el que se cierra el período de los grandes Padres y literatos de la Iglesia de Occidente, o como el primer hombre medieval que supo concretar en sus obras el espíritu de una nueva edad que se había de alimentar de su moral, ascética y mística hasta San Bernardo, Santo Tomás y Santa Teresa.   Precisamente con su nacimiento —en 541— termina la cronología consular, que liquida definitivamente una de las instituciones básicas en la historia de Roma.

La familia de Gregorio era hondamente cristiana.  Sus padres, el senador Gordiano y la noble Silvia, están emparentados con los Anicios.  El palacio familiar se asienta en las estribaciones del monte Celio, en medio de un mundo lleno de recuerdos de la Roma del Imperio y de la primitiva Roma cristiana.   Entre sus antepasados se encuentra el papa Félix III (483-492).   La Iglesia venera en los altares a varios miembros de su familia.   Su padre se dedicó al fin de su vida al servicio de la Iglesia como regionario.   Su madre pasó los últimos años en el monte Aventino, en absoluto retiro.   Sus tías Társila y Emiliana consagraron a Dios su virginidad.   En las homilías que pronunció durante su pontificado, se complace en recordar el ejemplo de sus santas tías vírgenes.   Ambas y sus padres figuran en el catálogo de los santos.

San Gregorio se formó en las escuelas de su tiempo.   Por causa de las guerras habían decaído del esplendor logrado siglo y medio antes con Marciano Capella y casi aquellos mismos días con Casiodoro.   Cursó derecho.   De él quería hacer Justiniano la base necesaria de la unidad religiosa, política y territorial del Imperio.

La formación jurídica de San Gregorio es profunda.   Su alma severa y equilibrada encontró en ella una magnífica preparación para sus futuras e insoñadas actividades.   Su formación literaria es menos brillante.   Aún se trata en los centros universitarios de realizar el tipo ideal del orador, siguiendo las preceptivas de Quintiliano, y de Cicerón.   En cambio, la formación bilingüe grecolatina ha desaparecido totalmente en el siglo VI.   El Santo no llegó a aprender la lengua griega, ni durante su larga estancia en Bizancio.   Al terminar la carrera fue nombrado pretor (¿prefecto?) de la urbe.   Eran tiempos de inseguridad y de guerras permanentes.   Durante su niñez asistió a la entrada de Totila en Roma (546), a la cautividad de los romanos en Campania, a los asaltos de los godos a la ciudad en 549, a los últimos juegos circenses en el Circo Máximo, que Totila, con regia liberalidad, ofreció al pueblo romano al tiempo de despedirse.

Gregorio vivió con intensidad la tragedia desgarradora de Italia, arrasada por las invasiones de los lombardos, y de Roma en ruinas.   Aún hoy impresionan las descripciones de San Gregorio, de Pablo Diácono y de otros historiadores.   «Por todas partes vemos luto —dice el Santo—, por todas oímos gemidos. Las ciudades están saqueadas; los castillos, demolidos, la tierra, reducida a desierto.   En los campos no quedan colonos ni en las ciudades se encuentran apenas habitantes…   Los azotes de la justicia de Dios no tienen término, porque tantos castigos no bastan a corregir los pecados. Vemos a unos arrastrados a la esclavitud, a otros mutilados, a otros matados… ¡A qué bajo estado ha descendido aquella Roma que otras veces era señora del mundo!   Hecha añicos repetidamente y con inmenso dolor, despoblada de ciudadanos, asaltada de enemigos, convertida en un montón de ruinas…   ¿Dónde está el senado? ¿Dónde el pueblo?…   Ya por ruinas sucesivas vemos destruidos en el suelo los mismos edificios…» Gregorio trabajó con entusiasmo juvenil en su quehacer político.   Pero no encontró en sus quehaceres temporales la satisfacción que deseaba.   Así comenzó a resonar en su alma la llamada a la vida contemplativa.

Entonces se cruzaron en su camino dos monjes benedictinos, Constancio y Simplicio.   Procedían de Montecassino, de la generación inmediatamente posterior a San Benito.   La Historia tiene que agradecerles un santo, un papa, un doctor de la Iglesia, el maestro espiritual de la Orden, el discípulo más auténtico de San Benito y uno de los ascetas más importantes de la historia de la espiritualidad.   La lucha interior antes de decidirse a entrar en el monasterio, y decir adiós a sus tareas temporales tan queridas fue desgarradora.   La describe el mismo Santo en carta a su íntimo amigo San Leandro de Sevilla. «Yo diferí largo tiempo la gracia de la conversión, es decir, de la profesión religiosa, y, aun después que sentí la inspiración de un deseo celeste, yo creía mejor conservar el hábito secular. En este tiempo se me manifestaba en el amor a la eternidad lo que debía buscar, pero las obligaciones contraidas me encadenaban y yo no me resolvía a cambiar de manera de vivir.  Y cuando mi espíritu me llevaba ya a no servir al mundo sino en apariencia, muchos cuidados, nacidos de mi solicitud por el mundo, comenzaron a agrandarse poco a poco contra mi bien, hasta el punto de retenerme no sólo por defuera y en apariencia, sino lo que es más grave, por mi espíritu».

Al fin un día cambió el vestido de púrpura de gobernante por el humilde saco de monje, según noticia de Gregorio de Tours; convirtió en monasterio su palacio del monte Celio y comenzó su vida monacal.   Tres fines buscó el Santo en la vida del claustro: separarse del mundo, mortificar la carne y, finalmente, la alegría de la contemplación. «Me esforzaba —dice en su epistolario— en ver espiritualmente los supremos gozos, y, anhelando la vista de Dios, decía no sólo con mis palabras, sino con la medula de mi corazón: Tibi dixit cor meut: quaesívi vultum tuum, vultum tuum, Domine, requiram.   Se dedicó con intensidad al estudio de la Sagrada Biblia, buscando la contemplación y la compunción de corazón.   Ambos son sus temas preferidos, los hilos conductores de su ascética y de su mística. No en vano se le llama «doctor de la compunción y de la contemplación».   También estudió con interés especial las vidas ejemplares de los monjes de Occidente.   De ahí había de salir en el futuro su obra: Diálogos de la vida y milagros de los Padres itálicos.   Allí se hizo hombre de oración y forjó su espiritualidad.   Sus fórmulas alimentaron a los monjes y eclesiásticos durante muchos siglos.

A los cuatro años de paz monacal, Benedicto I le envió como nuncio (apocrisario) a Constantinopla (578), de donde volvió hacia 586.   Octubre de 586 fue un mes de prueba.   Lluvias torrenciales.   Las aguas del Tíber alcanzaron en algunos puntos más altura que las murallas.   Personas ahogadas, palacios destruidos, los graneros de la Iglesia inundados, hambre y, finalmente, la peste.   Una epidemia de peste inguinar se extendió por Roma, superpoblada de refugiados de los avances lombardos.   Una de las primeras víctimas de la peste fue el papa Pelagio II.   Ante aquel espectáculo, clero, senado y pueblo reunidos eligieron Papa a San Gregorio.   De este modo quedó Gregorio arrancado definitivamente de la soledad que buscara en el monasterio.   «Mi dolor es tan grande, -escribe a un amigo de Constantinopla-, que apenas puedo expresarlo.   Triste es todo lo que veo y todo lo que se cree consolador resulta lamentable en mi corazón». El primer Papa monje llevó su concepción monacal a la espiritualidad, a la liturgia, al pontificado.

Al principio de su pontificado publicó la Regula Pastoralis, que llegó a ser durante la Edad Media el código de los obispos, lo mismo que la regla de San Benito era el código de los monjes.   Gregorio es, ante todo, el pastor bueno de su grey, es decir, de Roma y de toda la cristiandad.   Importa, dice en uno de los párrafos de la Regla Pastoral, «que el pastor sea puro en sus pensamientos, intachable en sus obras, discreto en el silencio, provechoso en las palabras, compasivo con todos, más que todos levantado en la contemplación, compañero de los buenos por la humildad y firme en velar por la justicia contra los vicios de los delincuentes.   Que la ocupación de las cosas exteriores no disminuya el cuidado de las interiores y el cuidado de las interiores no le impida el proveer a las exteriores».

Este fue el programa de su actuación.   San Gregorio es un genio práctico, un romano de acción.   Para él, gobernar es el destino más alto de un hombre, y el gobierno espiritual es el arte de las artes (ars artium regimen animarum). Su solicitud pastoral llegó a todas las iglesias: España, Galia, Inglaterra, Armenia, el Oriente, toda Italia, especialmente las diez provincias dependientes de la metrópoli romana.   Fue incansable restaurador de la disciplina canónica.   En su tiempo se convirtió Inglaterra y los visigodos abjuraron el arrianismo.   El renovó el culto y la liturgia con los famosos Sacramentario y Antifonario gregorianos, reorganizó la caridad en la Iglesia, administró en justicia el patrimonium Petri.   Sus obras teológicas y su autoridad fue indiscutida hasta la llegada del protestantismo.   En el siglo pasado y a principio del actual ha sido objeto de profundos estudios de crítica racionalista.   En nuestros días es largamente estudiado por la historiografía católica.   Dio al Pontificado un gran prestigio como San León Magno o el Papa Gelasio.   Su voz era buscada y escuchada en toda la cristiandad.   Su obra fue curar, socorrer, ayudar, enseñar, cicatrizar las llagas sangrantes de una sociedad en ruinas.   No tuvo que luchar con desviaciones dogmáticas, sino con la desesperación de los pueblos vencidos y la soberbia de los vencedores.   Cuando los cónsules habían desaparecido, su epitafio resume su gloria llamándole «cónsul de Dios«.

Como obispo de Roma su primera preocupación fue llevar al pueblo a las prácticas de la fe.   Repristinó con renovado fervor la interrumpida costumbre de las estaciones.   A ellas se deben las Cuarenta homilías sobre los Evangelios.   Veinte las pronunció él mismo; las otras las leían en su presencia clérigos de su séquito, cuando sus agudos dolores de estómago le impedían predicar.   Gregorio fomenta las prácticas de piedad, las buenas obras, las devociones populares, el culto a las reliquias, la doctrina de los novísimos.    Presenta el ideal de la vida cristiana en toda su integridad.   A la vez renueva el culto.   Introduce una serie de reformas en la liturgia que ha hecho famoso el Sacramentario gregoriano.   Mandó se dijese alleluia fuera del tiempo de Pentecostés; que se cantase el kyrie eleison; que el Pater noster se recitase después del canon… Se le criticó repetidamente de querer bizantinar la liturgia romana.

La reforma que más fama le ha dado es la del llamado canto gregoriano.   Gregorio restauró y renovó la Schola cantorum y compiló el antifonario llamado en su honor gregoriano.   La Schola llegó a ser un centro superior de cultura musical, y seminario del clero romano.   La obra de San Gregorio se realizó por medio de los músicos profesionales de la Schola cantorum.   No fue él un creador, pero su obra fue esencial y el éxito es inexplicable sin su espíritu renovador y su autoridad.   Gracias a él se aunaron los diversos cantos en una sola liturgia, que poco a poco triunfó de los otros ritos y se impuso como universal expresión religiosa.   Con su colección de cantos recogida en el Antifonario gregoriano fue el verdadero ordenador y restaurador del canto eclesiástico, en un momento crítico de la historia de Europa.   Al llegar el siglo XI, el proceso de unificación musical estaba completo, salvo raras excepciones como la ambrosiana y visigoda.   Europa tuvo un canto eclesiástico común, gracias principalmente a San Gregorio.

La acción del Santo se extendía a Italia, de la que era metropolitano, a Occidente, del que era patriarca, y a la Iglesia universal, de la que era primado.   Su epistolario consta de 859 cartas.   Por él desfilan toda clase de personas y en él se tocan multitud de asuntos canónicos y administrativos con un sentido de humanidad, justicia, defensa de los humildes, prudencia de gobierno espiritual y material extraordinario.   Su estilo es sencillo, llano de conversación hablada, lleno de frescor.   Gracias a las cartas, el pontificado del Santo es uno de los mejor conocidos de la antigüedad.

España fue una de las provincias más tranquilas del patriarcado de Occidente durante el pontificado de San Gregorio.   Dominados los suevos y vascones y reducido a su mínima expresión el territorio bizantino, Leovigildo casi había conseguido la unidad política.   Faltaba la religiosa.   El rey quiso realizarla en el arrianismo.   Gregorio conoció en Constantinopla la rebelión de Hermenegildo por las informaciones confidenciales de su amigo San Leandro.   En el libro de Los diálogos (libro III, cap. 31) narra con amor la gloria y desventura del príncipe Hermenegildo, su derrota, encarcelamiento y martirio (año 586).   Los acontecimientos se precipitaron después de la muerte del príncipe: muerte de Leovigildo, conversión de Recaredo (587), concilio tercero de Toledo y conversión oficial del pueblo visigodo.   Los pueblos latino y visigodo se unieron estrechamente.   Ello hizo posible aquella pequeña edad de oro de nuestra cultura.   Aquellos extraordinarios acontecimientos hicieron exclamar a los obispos españoles al terminar su profesión de fe a los reyes: «Gloria a nuestro Señor Jesucristo que ha acogido en la unidad de la verdadera fe a este pueblo privilegiado de los godos y que ha establecido en el mundo un solo rebaño bajo un solo pastor».   San Leandro envió largo informe al Papa.   San Gregorio contestó con otra carta exultante de gozo: «No puedo expresar con palabras la alegría experimentada por mí, porque el gloriosísimo rey Recaredo, nuestro hijo común, ha pasado a la Iglesia católica con sincera devoción. Por el modo con que me habláis de él en vuestras cartas, me obligáis a amarlo sin aún conocerlo».

Su acción pastoral se extendió a Africa, a Francia, pero acaso la página más gloriosa del pontificado del Santo, en el aspecto misionero, sea la conversión de Inglaterra.   La conversión de los anglosajones constituye un acontecimiento inesperado, casi increíble, por su rapidez.   He aquí los hitos de una película:

  • Año 590, asciende San Gregorio al Pontificado.
  • 595: el Papa encomienda al presbítero Cándido comprar esclavos anglosajones de diecisiete a dieciocho años para educarlos en un monasterio cerca de Roma. Su ilusión es hacer «ángeles de los anglos».
  • 596: el rey de los anglosajones, Etelberto, casa con la princesa católica Berta. Sale camino de Inglaterra un grupo de misioneros del convento de San Andrés de Roma.  Es el responsable del grupo Agustín.  Desanimados los misioneros, reciben en Lerins una carta del Pontífice: «Porque hubiera sido mejor no comenzar una obra buena que retirarse después de haberla comenzado, es necesario, amadísimos hijos, que terminéis, con el favor de Dios, la obra buena emprendida.   No os atemoricen las fatigas del viaje ni la lengua de los hombres maldicientes, sino continuad con toda solicitud y fervor lo que por inspiración de Dios comenzasteis, sabiendo que a las grandes empresas está reservada la gloria de la eterna retribución…   Obedeced humildemente a vuestro prepósito Agustín…   El omnipotente Dios os proteja con su gracia y me conceda ver en la patria eterna el fruto de vuestras fatigas.   Que si no puedo ir a trabajar junto con vosotros como es grande mi deseo, me encontraré partícipe con vosotros del gozo de la retribución.   Dios os custodie incólumes, hijos míos queridísimos». Como la dificultad mayor era la lengua, Gregorio les proveyó de intérpretes.
  • Junio de 597: Es bautizado el rey.
  • Navidad de 597: Agustín bautiza más de 10.000 anglosajones. Gregorio envía nuevos refuerzos de misioneros y traza las líneas generales de la jerarquía católica en Inglaterra.

Cómo escritor, San Gregorio es el más fecundo de los papas medievales y uno de los cuatro doctores de la Iglesia occidental, con San Ambrosio, San Agustín y San Jerónimo.  Los tres primeros son casi contemporáneos.   Pertenecen a aquella generación extraordinaria que dio también los grandes doctores a la Iglesia del Oriente.   El cuarto de los doctores occidentales, San Gregorio, vivió casi dos siglos más tarde.   Fue un hombre más bien de acción.   Escribió obras de carácter ascético y moral, que hicieron de él doctor de la vida contemplativa y de la compunción en toda la Edad Media.   Una obra suya, el Comentario a los libros de Job, fue llamado por antonomasia Los MoralesLibro de los Morales.   Fue el gran moralista de la Edad Media.   Su actividad literaria se desarrolla desde el tiempo de su nunciatura en Constantinopla hasta su muerte (582-604) y está constituida por el Registrum epistolarumLos MoralesLa regla pastoralLas XL homilías sobre los EvangeliosLas XXII homilías sobre Ezequiel, Los cuatro libros de los Diálogos y su intervención en el Sacramentario y Antifonario de su nombre.   Sus obras ocupan cuatro volúmenes en la Patrología latina de Migne.   Gracias a sus obras y a su actuación pastoral, la cristiandad sacral pensó, obró y cantó al unísono.

MELQUÍADES ANDRÉS

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Tomado de: http://www.mercaba.org


SAN GREGORIO MAGNO, Papa, Confesor y Doctor

12 de marzo

El que los guardare y enseñare (a los mandamientos), ese será tenido por grande en el reino de los cielos. (San Mateo, 5,19).

La ciencia sublime y las heroicas virtudes de San Gregorio Magno inspiraron al Papa Pelagio II la idea de sacarlo del monasterio para hacerlo cardenal, y, más tarde, al clero y al pueblo de Roma la de elevarlo al trono pontificio. Ocultóse a fin de evitar esta dignidad; pero una columna de fuego reveló el lugar de su retiro, y puso en evidencia la voluntad de Dios a su respecto. En esta alta dignidad hizo brillar su profunda humildad, su admirable ciencia, y tantas otras virtudes que verdaderamente lo han hecho magno ante Dios y ante los hombres. Murió en el año 604.

MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA DE
SAN GREGORIO MAGNO

I. Grandes cosas ha hecho San Gregorio. Abandonó el mundo para hacerse religioso; hizo cesar la peste que asolaba a Roma; envió misioneros que convirtieron a Inglaterra; dictó gran número de decretos para el bien común de la Iglesia. ¿Qué has hecho tú hasta ahora por Dios, que sea semejante? ¿Te has privado de algún gusto? ¿Has convertido a algún pecador? ¡Pluguiera a Dios que por lo menos a ti mismo te hubieras convertido del todo! Por ahí debes comenzar.

II. San Gregorio ha sido grande por su ciencia; prueba de ello son sus doctos escritos, la doctrina que contienen es toda celestial; esto no debe asombrarnos, puesto que el Espíritu Santo se le aparecía a menudo, bajo forma de paloma, y le dictaba lo que debía escribir. No puedes escribir libros como los de este santo, pero puedes leerlos y extraer de ellos la ciencia de la salvación; puedes instruir a tus subordinados y enseñarles los misterios de nuestra fe; puedes consolar a los enfermos y a los af1igidos. ¿Lo haces tú?

III. Este santo Papa nunca se manifestó más grande que en los sufrimientos y en las humillaciones. Soportaba los crueles dolores de la gota con paciencia admirable. Rechazaba las alabanzas y se hacía llamar siervo de los siervos de Dios, y daba de comer a los pobres. Durante mucho tiempo rehusó el soberano pontificado. ¿No es ser grande pisotear lo más elevado que hay en el mundo? Es una grande y rara virtud hacer Cosas grandes e ignorar su mérito. (San Bernardo).

La humildad
Orar por el Sumo Pontífice.

ORACIÓN

Oh Dios, que habéis concedido al alma de vuestro siervo San Gregorio las recompensas de la beatitud eterna, haced, benignamente, que sus oraciones junto a Vos nos libren del peso abrumador de nuestros pecados. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

Los santos que reinan con Cristo

12 de Marzo

La Penitencia

Rasgad vuestros corazones, no vuestras vestiduras y convertíos al Señor, vuestro Dios. (Joel 2,13)

Nos encontramos en tiempo de Cuaresma, tiempo de Penitencia, por lo cual a partir de hoy estaré publicando diariamente (hasta que termine dicho tiempo) información acerca de esta virtud, misma que será extraída de un pequeño libro del ya fallecido Padre Dr. Benjamín Martín Sánchez, Canónigo de la S.I. Catedral de Zamora.

A continuación una reseña breve de la vida de este gran sacerdote.

¿Quién fue el Padre Dr. Benjamín Martín Sánchez?

Don Benjamín (como era conocido) nació en Roelos de Sayago, el 17 de agosto de 1905. Estudió en el Seminario Conciliar de San Atilano de Zamora y en la Universidad Pontificia de Comillas.  Obtuvo el doctorado en Teología y el Bachiller en Derecho Canónico. Fue ordenado sacerdote en Comillas, el 25 de julio de 1929 y desde entonces desempeñó los siguientes ministerios sacerdotales:

  1. Coadjutor de Fuentesaúco, en 1929.
  2. Servicio militar durante la Guerra Civil, en 1936.
  3. Ecónomo de Fuentesaúco, en 1939.
  4. Teniente Arcipreste de Fuentesaúco, en 1940.
  5. Párroco de San Torcuato de Zamora, en 1944.
  6. Confesor del Seminario Mayor de Zamora, 1945.
  7. Profesor de Introducción General a la Sagrada Escritura, Griego Bíblico y Lengua Hebrea, en 1951.
  8. Vicerrector del Seminario Mayor de Zamora, en 1951.
  9. Rector del Seminario Mayor de Zamora, en 1958.
  10. Canónigo de la Catedral de Zamora, en 1959.
  11. Miembro del Consejo de Vigilancia sobre el Modernismo, en 1959.
  12. Examinador prosinodal, en 1970.
  13. Maestrescuela de la Catedral de Zamora, en 1980.
  14. Jubilado –Maestrescuela emérito de la Santa Iglesia Catedral –, el 31 de julio de 1985.
  15. Colaborador en la pastoral de la parroquia de San Torcuato desde su jubilación.
  16. Fue un escritor prolífico durante toda su vida entre cuyas obras destacan:
    1. Numerosos folletos de divulgación.
    2. Una gramática hebrea
    3. Una Introducción a la Sagrada Escritura.

En agosto del año 2005, con motivo de su 100º cumpleaños, la Diócesis de Zamora aprovechó la oportunidad para dar gracias a Dios por la dilatada vida e intensa tarea pastoral, docente y publicista de este sacerdote zamorano natural de Roelos de Sayago.  De esta manera, el 13 de agosto de 2005 se celebró en la iglesia de San Torcuato una eucaristía de acción de gracias por sus cien años de vida, presidida por el entonces obispo Casimiro López Llorente.

La tarde del martes 31 de julio de 2006 falleció en la Casa Sacerdotal “San José”, donde residía a los 101 años.

La Penitencia

¿Qué valor tiene?

¿Qué dice la Constitución “Poenitemini”?

PRESENTACION

Con motivo de haber hecho un estudio reposado sobre la Constitución «Poenitemini» de Pablo VI, o sea, la Constitución Apostólica sobre la penitencia, me ha parecido oportuno,  al reconocer la gran importancia que tiene para todo cristiano, y más teniendo en cuenta el desconocimiento que muchos tienen de ella, darla a conocer, empezando antes por hablar de la penitencia como virtud, de su valor, de su necesidad… y en especial de la contrición, de sus propiedades y clases, etc., terminando con el salmo «Miserere», «el acto de contrición que han repetido de siglo en siglo los pecadores arrepentidos».

No hay duda que este tema sobre la penitencia es de suma importancia, ya que, como nos dice el Concilio de Trento, «ni jamás ha creído la Iglesia de Dios que había camino más seguro para apartar el castigo inminente del Señor, que el frecuentar los hombres con verdadero dolor de su corazón estas obras de penitencia (San Mateo. 3, 28; 4, 17; 11, 21, etc.).

Añádase a esto, que cuando padecemos, satisfaciendo por lo pecados, nos asemejamos a Jesucristo que satisfizo por los nuestros… sacando también de esto una prenda cierta de que «si padecemos con Él, con Él seremos también glorificados» (Rom. 8, 17) (Ses. 14, c. 8).

Vivimos con la esperanza de que «todo lo podemos con la ayuda de Aquel que nos conforta» (Fil. 4,18 ).

Benjamin MARTIN SANCHEZ

Zamora, 21 noviembre 1987

LA PENITENCIA

LA PENITENCIA COMO VIRTUD

La penitencia puede considerarse como virtud y como sacramento, y para mayor inteligencia haremos notar que ambos aspectos están intimamente relacionados entre si, pues como virtud forma parte esencial del sacramento, ya que éste exige esos actos de virtud: la contrición o arrepentimiento, confesión y propósito de la enmienda, practicados por el penitente, sin los cuales la absolución o forma sacramental sería absolutamente inválida.

Vamos, pues, ahora a continuar la penitencia como virtud.

Según el Concilio de Trento, el primer acto de esta virtud es la contrición, o sea, «un intenso dolor y destestación del pecado cometido con propósito de no pecar en adelante». Debemos, pues dolernos y arrepentirnos de todo pecado, pero en cuanto es ofensa de Dios.

La penitencia cristiana, bien podemos decir, que no es otra cosa que reparación del pecado, y puede ser interna y externa.

La penitencia interna, es, como dice San Ambrosio, «el dolor del corazón y la amargura del alma por los pecados que se han cometido».  Esta virtud de la penitencia siempre incluye la destestación del pecadoSan Gregorio Magno lo dice así: «La verdadera penitencia consiste en llorar o detestar los pecados cometidos, y estos no volverlos a cometer.

Se llama también esta virtud conversión del pecador, porque por el pecado el hombre vuelve las espaldas a Dios y al cielo para ser de las criaturas, del diablo y del infierno; mas por la penitencia se convierte de nuevo al Señor su Dios, como el hijo pródigo volviéndose a su padre…

La penitencia externa consiste en las obras penosas, con las cuales satisfacemos nuestros pecados, tales son: ayunos, vigilias, cilicios, cualquiera mortificación corporal… Hay penitencias libremente impuestas, como son los ayunos, las limosnas…; otras necesariamente, es decir, las impuestas por la divina Providencia, pero con el espíritu de humildad aceptadas: como la enfermedad, el frío, el dolor, las cruces o duros trabajos, soportados con igualdad de ánimo para expiar nuestros pecados.

Una y otra penitencia, la interna y la externa, son buenas e impuestas por Jesucristo, pero aventaja la interna a la externa, como el alma aventaja al cuerpo, puesto que la penitencia interna es raíz de la externa, y sin ella todas las penitencias externas no tienen valor en orden a nuestra salvación…

La penitencia tiene como finalidad conducirnos a la reforma de una vida desordenada, al cambio completo de costumbres disolutas y dominio de nuestras pasiones…

La penitencia es una muerte que no priva de la vida; mata el hombre de pecado, sacrifica los apetitos de carne, y los sacrifica a Dios… Mortificar no es matar, sino amortiguar los instintos rebeldes de nuestra naturaleza, sofocar los estímulos de la sensualidad y del amor propio, reprimir las inclinaciones y movimientos desordenados de nuestro corazón, moderarlos y gobernarlos según la voluntad de Dios.

SAN EULOGIO DE CÓRDOBA, Mártir

11 de marzo

No resistas al que te maltrate; antes, si alguno te hiriere en la mejilla derecha, vuelve también la otra. (San Mateo, 5,39).

Mientras se conducía a San Eulogio para martirizarlo, recibió una bofetada; ofreció el santo la otra mejilla para cumplir el consejo del Evangelio. Había antes dejado la espada para aceptar el episcopado en lo más recio de la persecución, Resistió valerosamente al rey de los moros. Se le amenazó con los azotes, pero él pidió que, más bien, se le hiciese morir, pues los látigos eran tan impotentes para arrancarle la fe del corazón como para separar su alma de su cuerpo. Se le hizo decapitar, en el año 859.

MEDITACIÓN
SOBRE LOS TRES GRADOS
DE LA PACIENCIA

I. El primer grado de la paciencia consiste en sufrir con resignación todo lo que nos acaece, sea de parte de Dios, sea por la malicia de los hombres o por nuestra propia culpa. ¿Es así como sufres? El santo varón Job soportó las mayores desgracias, repitiendo: El señor me había dado todo, Él me quitó todo: bendito sea su santo nombre. Medita estas hermosas palabras, repítelas en las aflicciones que te embarguen; no te inquietes, no murmures contra tu prójimo. Has de cansar la malicia de tus enemigos con tu paciencia. (Tertuliano).

II. El segundo grado es desear ardientemente sufrir, y buscar las ocasiones para ello. Así, San Eulogio presentó la otra mejilla para recibir una segunda bofetada, y pidió que se le hiciese morir . Así es como tantos mártires anhelaron la muerte, como tantos penitentes buscaron el padecer. ¿No es verdad, acaso, que el fin de todos tus esfuerzos es evitar el sufrimiento? No te engañes, no hay otro medio para llegar al cielo que el de la cruz; si existiese otro más corto y agradable, Jesucristo nos lo hubiera enseñado.

III. El tercer grado de la paciencia es sufrir con alegría. Los apóstoles se regocijaban en los trabajos y tribulaciones; andaban llenos de gozo cuando habían sido reputados dignos de sufrir por Jesucristo. «Regocijaos -decía Nuestro Señor- si el mundo os aborrece, porque me ha aborrecido a mí antes que a vosotros». Qué bello espectáculo es para Dios ver a un cristiano en lucha con el dolor. (Minucio Félix).

La paciencia
Orad por la conversión de los infieles.

ORACIÓN

Dios omnipotente, haced, os suplicamos, que la intercesión del bienaventurado Eulogio, vuestro mártir, cuyo nacimiento al cielo hoy celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro Santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/

Los santos que reinan con Cristo

11 de Marzo

La Virtud de la Penitencia

“si no hacéis penitencia, todos pereceréis igualmente” (San Lucas 13, 5)

Penitencia (poenitentia) designa:

Una virtud.

Un sacramento de la Nueva Ley.

Un castigo canónico infligido según la primitiva disciplina de la Iglesia.

Una obra de satisfacción impuesta al receptor del sacramento.

Estos significados tienen como centro común la verdad de que quien peca debe arrepentirse y hasta donde sea posible reparar ante la justicia divina.

El arrepentimiento, es decir, el dolor de corazón con el firme propósito de no pecar más, es así la primera condición de la que depende el valor de todo cuanto el pecador pueda hacer o sufrir como expiación.

El Sacramento de la Penitencia es objeto de otro artículo; en éste trataremos únicamente de la penitencia considerada como virtud.

Penitencia es una virtud moral sobrenatural por la cual el pecador se dispone al odio del pecado como ofensa contra Dios y al firme propósito de enmienda y satisfacción.  El acto principal en el ejercicio de esta virtud es la detestación del pecado, no como pecado en general ni como pecado que otros cometen, sino del propio pecado.   El motivo de tal detestación es que el pecado ofende a Dios; lamentar las malas acciones a causa del sufrimiento mental o físico, del rechazo social o de la acción de la justicia humana que comportan es algo natural; pero esta pena no basta para la penitencia.

Por otra parte, la resolución de corregirse, aunque ciertamente necesaria, no basta por sí misma, es decir, sin aversión al pecado ya cometido; como resolución podría efectivamente resultar carente de sentido; se declararía la obediencia a la ley de Dios en el futuro sin hacer caso al clamor de la justicia divina sobre la transgresión pasada.

“Convertíos, y haced penitencia por todas vuestras iniquidades… deshaceos de todas vuestras transgresiones… renovad vuestro corazón y vuestro espíritu” (Ez 18,30-31; Jl 2,12; Jr 8,6).   En el mismo espíritu San Juan Bautista exhortaba a sus oyentes: “Haced frutos dignos de penitencia” (San Mateo 3,8).   Semejante es la enseñanza de Cristo expresada en las parábolas del hijo pródigo y del fariseo y publicano, en tanto que la Magdalena, que “limpiaba sus pecados con sus lágrimas”, ha sido para todos los tiempos la imagen típica del pecador arrepentido.

Los teólogos, siguiendo la doctrina de Santo Tomás (Summa, III, Q. lxxxv, a. 1), consideran la penitencia verdaderamente como una virtud, aunque han discutido bastante sobre el lugar que ocupa entre las virtudes.   Algunos la clasifican con la virtud de la caridad, otros con la virtud de la religión, otros incluso como una parte de la justicia.  Cayetano parece considerarla como perteneciente a las tres; pero muchos teólogos concuerdan con Santo Tomás (ídem., a.2) que la penitencia es una virtud distinta (virtus specialis).   La detestación del pecado es un acto loable, y en la penitencia esta detestación procede de un motivo especial: porque el pecado ofende a Dios (cf. De Lugo “De paenitentiae virtute”; Palmieri, “De paenitentia”, Roma, 1879, ths. I-VII).

Necesidad

El Concilio de Trento declaró expresamente (Sesión XIV, c.i) que la penitencia era necesaria en toda ocasión para la remisión del pecado grave.

Los teólogos han debatido si esta necesidad proviene de un mandamiento positivo de Dios o independientemente de cualquier precepto positivo.   El peso de la autoridad está a favor de esta última opinión; además, los teólogos manifiestan que en el orden presente de la Divina Providencia el mismo Dios no puede perdonar pecados si no hay arrepentimiento real (Sto. Tomás, III:86:2; Cayetano, ídem; Palmieri, op.cit. tesis VII).

En la Antigua Ley (Ez, 18, 24) la vida se deniega al hombre que comete iniquidad; incluso “el bien que haya hecho no quedará memoria”; y Cristo reitera la doctrina del Antiguo Testamento, diciendo (Lc, 13, 5): “si no hacéis penitencia, todos pereceréis igualmente”.

En la Nueva Ley, por tanto, el arrepentimiento es tan necesario como lo era en la Antigua, arrepentimiento que incluye cambio de vida, dolor por los pecados y seria intención de reparar.   En la economía salvífica cristiana este acto de arrepentimiento ha sido sometido por Cristo al juicio y jurisdicción de su Iglesia, cuando se trata del pecado cometido después de la recepción del Bautismo (Concilio de Trento, sesión XIV, c.i), y la Iglesia actuando en el nombre de Cristo no sólo declara que los pecados son perdonados, sino que los perdona actual y judicialmente, si el pecador ya arrepentido somete sus pecados al poder de las llaves y está dispuesto a cumplir una adecuada satisfacción por el mal que ha hecho.

Nihil Obstat, March 1, 1907.

Remy Lafort, S.T.D.,

Censor Imprimatur

+John Cardinal Farley,

Archbishop of New York

Tomado de:

http://ec.aciprensa.com

Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA

The Catholic Encyclopedia, Volume I

Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight



LOS 40 MÁRTIRES DE SEBASTE

10 de marzo

No andéis inquietos en orden a vuestra vida, sobre lo que comeréis y en orden a vuestro cuerpo sobre qué vestiréis. (San Lucas, 12, 22).

Bajo el reinado de Licinio, Agrícola, gobernador de Sebaste, en Armenia, quiso forzar a 40 soldados a que abandonaran la fe. Fueron arrojados en un calabozo cargados de cadenas, y en lo más crudo del invierno fueron sumergidos en un estanque helado. Su oración común era: «Señor, cuarenta entramos en la lid, que cuarenta seamos coronados». Uno de los guardias vio que un ángel traía treinta y nueve coronas y se preguntaba por qué faltaría una, cuando he aquí que uno de los cuarenta dejó a sus compañeros y fue a arrojarse en un baño de agua tibia preparado en la orilla. Con todo, la oración que rezaron no fue inútil, pues el guardia fue a ocupar el lugar del que había traicionado su fe.

MEDITACIÓN
SOBRE LA CONFORMIDAD
CON LA VOLUNTAD DIVINA

I. Abandónate enteramente a la Providencia de Dios; Él es omnipotente, en vano tratas de resistir sus órdenes. Mantente contento en la adversidad como en la prosperidad, persuadido de que nada sucede contra la voluntad o permisión divina. He aquí el secreto infalible para vivir dichosos y para agradar a Dios. Harás siempre la voluntad de Dios si quieres lo que Él quiere.

II. Dios conoce mejor que tú lo que necesitas. A menudo deseas lo que te resultaría nocivo, semejante eres en esto a los niños, a los insensatos, a los frenéticos, a quienes hay que quitarles el veneno por temor de que se den la muerte. Un día agradecerás a esta amable Providencia que te haya conducido por los caminos que ahora no comprendes. Agradece a Dios en la adversidad como en la prosperidad; y cuando todo te sale bien confiesa que no eres digno de tu felicidad. (San Euquerio).

III. Dios te dará lo más útil para tu salvación. Es tu padre, ¿Puedes dudar de su afecto? Te ama más de lo que tú te amas a ti mismo, puesto que dio su sangre para salvarte, mientras tú nada quieres hacer por tu salvación. Si estás afligido, recuerda siempre que es Dios quien permite lo que sucede, y que Dios es tu padre. Así como siempre es Dios, siempre es padre. (San Eusebio).

La conformidad con la voluntad de Dios
Orad por los huérfanos.

ORACIÓN

Dios todopoderoso, haced, os lo suplicamos, que los gloriosos mártires cuyo valor en contesar vuestro nombre hemos admirado, nos hagan experimentar los efectos de su piadosa intercesión junto a Vos. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/

Los santos que reinan con Cristo

10 de Marzo

Francisca y su Compañía Angélica

Las Actas de Canonización de Santa Francisca Romana, año 1606.


Cuando pequeña, santa Francisca tuvo la fortuna de ver a su ángel de la guarda, que velaba por ella día y noche. Jamás la dejó un solo instante, y en ocasiones, como favor especial, le permitía ver el esplendor de su figura.

Ella lo describe así: «Era de una belleza increíble, con un cutis más blanco que la nieve y un rubor que superaba el arrebol de las rosas. Sus ojos, siempre abiertos tornados hacia el cielo, el largo cabello ensortijado tenía el color del oro bruñido. Su túnica llegaba al suelo y era de un blanco algo azulado y, otras veces, con destellos rojizos.

Era tal la irradiación luminosa que emanaba de su rostro, que podía leer maitines en plena media noche».

En una ocasión, el escéptico padre de Francisca la requirió el honor de ser presentado a esta criatura «imaginaria». Dicho y hecho. Ella tomó al ángel de la mano, y uniéndola a la de su padre, los presentó, pudiendo el último verlo y así no volver a dudar.

Santa Francisca Romana vivió entre 1384 y 1440. Unos meses después de su muerte, durante la apertura de su tumba en Roma, se descubrió que su hermoso cuerpo había permanecido incorrupto, y que exhalaba, además, un perfume que resultaba conocido a aquellos que habían tratado con ella.

Tomado de: http://www.corazones.org

Este sitio web es obra de Las  Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María.

La paciencia y caridad de santa Francisca

Del oficio de lectura, 9 de Marzo, Santa Francisca Romana, religiosa

De la vida la santa, escrita por Maria Magdalena Anguillaria, superiora de las Oblatas de Tor de`Specchi, (Caps. 6-7: Acta Sanctorum Martii 2, *188-*189)

Dios probó la paciencia de Francisca no sólo en su fortuna, sino también en su mismo cuerpo, haciéndola experimentar largas y graves enfermedades, como se ha dicho antes y se dirá luego. Sin embargo, no se pudo observar en ella ningún acto de impaciencia, ni mostró el menor signo de desagrado por la torpeza con que a veces la atendían.

Francisca manifestó su entereza en la muerte prematura de sus hijos, a los que amaba tiernamente; siempre aceptó con serenidad la voluntad de Dios, dando gracias por todo lo que le acontecía. Con la misma paciencia soportaba a los que la criticaban, calumniaban y hablaban mal de su forma de vivir. Nunca se advirtió en ella ni el más leve indicio de aversión respecto de aquellas personas que hablaban mal de ella y de sus asuntos; al contrario, devolviendo bien por mal, rogaba a Dios continuamente por dichas personas.

Y ya que Dios no la había elegido para que se preocupara exclusivamente de su santificación, sino para que emplease los dones que él le había concedido para la salud espiritual y corporal del prójimo, la había dotado de tal bondad que, a quien le acontecía ponerse en contacto con ella, se sentía inmediatamente cautivado por su amor y su estima, y se hacía dócil a todas sus indicaciones. Es que, por el poder de Dios, sus palabras poseían tal eficacia que con una breve exhortación consolaba a los afligidos y desconsolados, tranquilizaba a los desasosegados, calmaba a los iracundos, reconciliaba a los enemigos, extinguía odios y rencores inveterados, en una palabra, moderaba las pasiones de los hombres y las orientaba hacia su recto fin.

Por esto todo el mundo recurría a Francisca como a un asilo seguro, y todos encontraban consuelo, aunque reprendía severamente a los pecadores y censuraba sin timidez a los que habían ofendido o eran ingratos a Dios.

Francisca, entre las diversas enfermedades mortales y pestes que abundaban en Roma, despreciando todo peligro de contagio, ejercitaba su misericordia con todos los desgraciados y todos los que necesitaban ayuda de los demás. Fácilmente los encontraba; en primer lugar les incitaba a la expiación uniendo sus padecimientos a los de Cristo, después les atendía con todo cuidado, exhortándoles amorosamente a que aceptasen gustosos todas las incomodidades como venidas de la mano de Dios, y a que las soportasen por el amor de aquel que había sufrido tanto por ellos.

Francisca no se contentaba con atender a los enfermos que podía recoger en su casa, sino que los buscaba en sus chozas y hospitales públicos. Allí calmaba su sed, arreglaba sus camas y curaba sus úlceras con tanto mayor cuidado cuanto más fétidas o repugnantes eran.

Acostumbraba también a ir al hospital de Camposanto y allí distribuía entre los más necesitados alimentos y delicados manjares. Cuando volvía a casa, llevaba consigo los harapos y los paños sucios y los lavaba cuidadosamente y planchaba con esmero, colocándolos entre aromas, como si fueran a servir para su mismo Señor.

Durante treinta años desempeñó Francisca este servicio a los enfermos, es decir, mientras vivió en casa de su marido, y también durante este tiempo realizaba frecuentes visitas a los hospitales de Santa María, de Santa Cecilia en el Trastévere, del Espíritu Santo y de Camposanto. Y, como durante este tiempo en el que abundaban las enfermedades contagiosas, era muy difícil encontrar no sólo médicos que curasen los cuerpos, sino también sacerdotes que se preocupasen de lo necesario para el alma, ella misma los buscaba y los llevaba a los enfermos que ya estaban preparados para recibir la penitencia y la eucaristía. Para poder actuar con más libertad, ella misma retribuía de su propio peculio a aquellos sacerdotes que atendían en los hospitales a los enfermos que ella les indicaba.

Oración

Oh Dios, que nos diste en santa Francisca Romana modelo singular de vida matrimonial y monástica, concédenos vivir en tu servicio con tal perseverancia, que podamos descubrirte y seguirte en todas las circunstancias de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo.


Tomado de:

www.corazones.org

Esta página es obra de Las  Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María

SANTA FRANCISCA ROMANA, Viuda

9 de marzo

Jesucristo se humill6 a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, ¡Y muerte de cruz! (Filipenses, 2, 8).

Santa Francisca Romana veía siempre a su lado al ángel custodio. Éste se avergonzaba y se apartaba cuando ella cometía una falta, o cuando escuchaba conversaciones profanas. Jesús y María conversaban familiarmente con ella. ¿Admiras estas mercedes? Sin embargo, hay algo más admirable en la vida de Santa Francisca: su humildad y su obediencia. Por obedecer a su marido, en el acto abandonaba sus ejercicios de devoción. Es -decía- dejar a Dios por Dios». Murió en 1440.

I. Cuarenta años vivió Santa Francisca con su marido sin que hubiera entre ellos la menor disensión, porque no tenía ella otra voluntad que la de él. ¿Quieres conservar la paz en tu familia y en tu conciencia? Obedece a los superiores que Dios te ha dado. Ve en ellos la persona de Jesucristo; deja tus placeres, tus pasatiempos, para hacer su voluntad en todo lo que no sea contrario a la ley de Dios. Tu obediencia será siempre recompensada.

II. Estás con frecuencia melancólico, nunca está tu espíritu tranquilo; ¿sabes la causa? Es porque no obedeces, o porque lo haces de mala gana; no sometes tu voluntad a la de aquellos que tienen derecho a mandarte. Para adquirir esta virtud, debes renunciar a tu voluntad propia; cosa difícil es, pero puedes lograrlo. ¡Qué feliz será tu vida, si no tienes otra voluntad que la de tus superiores!

III. Es preciso, además, que sometas tu juicio al del que te manda: no es cosa de los inferiores el discutir las 6rdenes de los superiores, a menos que tengas razones para creer que son contrarias a la ley de Dios. Jesús obedecía a María y a José, ¿y tú no puedes someter tu juicio al juicio de tus superiores? Nunca estarás contento, tu obediencia carecerá de vigor y de mérito, si no te habitúas a obedecer sin discutir lo que se te ordena. Aquél que aprendió a obedecer bien, no discute las órdenes que recibe. (San Gregorio)

La obediencia
Orad por la paz.

ORACIÓN

Oh Dios, que entre otros dones de tu gracia, habéis concedido a la bienaventurada Francisca, Vues tra sierva, la merced de conversar familiarmente con su ángel custodio, haced, benignamente, que, por el auxilio de su intercesión, merezcamos entrar un día en la sociedad de estos espíritus bienaventurados. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

Los santos que reinan con Cristo

9 de Marzo

San Juan de Dios funda hospitales de ayuda a los enfermos mentales en el siglo XVI

San Juan de Dios, un loco apedreado y vociferante, dio origen a 300 hospitales

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. (San Mateo, 5,14).

Ya en el s.XVI, fomentando el buen trato a locos y enfermos, enseñó con radicalidad que el amor llega donde no alcanza la medicina.

Hace más de cuatro siglos y medio que apareció la Orden de San Juan de Dios. Su aportación a un mundo mejor y más humano es indudable, tanto en el pasado como en la actualidad: 1.250 hermanos, 40.000 colaboradores, 300 centros hospitalarios y asistenciales en 50 países de los cinco continentes.

La Orden hoy se divide en 28 estructuras territoriales, que incluyen 23 Provincias y 5 Delegaciones Generales. Entre sus hospitales y centros asistenciales los hay que sólo se ocupan de un servicio determinado (hospitales generales, servicios sanitarios de base, servicios para enfermos mentales para discapacitados, para ancianos…) y los hay que abarcan todos esos servicios.

Quien quiera conocer las estadísticas mundiales la Orden de San Juan de Dios puede hacerlo desde la web de la Curia General de la misma, bajándose el siguiente informe en PDF, que corresponde a la situación en el año 2003.  Bajar informe aquí

¿Cómo nació esta oleada de progreso humano y social?

Empezó con un hombre vociferante al que apedreaban por loco.

La vida errante de Juan Ciudad

Juan Ciudad nació el 8 de marzo de 1495 en la portuguesa localidad de Montemor o Novo (Évora). Aunque no están claros muchos de sus datos biográficos, se sabe que era hijo de una familia muy piadosa. Huérfano de madre siendo todavía un niño, su padre acabó ingresando en un monasterio. A los ocho años de edad, un clérigo le trae a España, concretamente al pueblo toledano de Oropesa, donde fue acogido por la familia de Francisco Mayoral, a la cual sirvió como pastor de su ganado durante casi veinte años.

Siendo un joven mozo decidió alistarse en el ejército, sirviendo en la Compañía del Conde de Oropesa, al servicio del Emperador Carlos V. Intervino en la batalla de Fuenterrabía, localidad fronteriza que había sido atacada por Francisco I, rey de Francia. Algo no debió salir bien porque Juan estuvo a punto de morir ahorcado.

Tras volver a Oropesa, es llamado de nuevo para servir al Emperador en la batalla contra los turcos en Viena (Austria). Regresó a la península por mar, entrando por Galicia, de donde fue a su pueblo natal sin encontrar a nadie conocido allá. Otra vez en España, llevó una vida errante por Sevilla, Ceuta, Gibraltar y finalmente Granada, donde se dedicó a vender libros de caballería y religiosos. En Granada fue donde el 20 de enero de 1539 murió Juan Ciudad y nació San Juan de Dios.

Contagiado por San Juan de Ávila

San Juan de Ávila predicó aquel día en el emeritorio del Campo de los Mártires, a la vera de la Alhambra. De la siempre demoledora y bíblica predicación de Juan de Ávila, vendría la conversión de Juan de Dios. Al principio le tomaron por loco, incluso hubo gente que le tiró piedras. El vendedor de libros salió del eremitorio gritando “Misericordia, Señor, que soy un pecador” y revolcándose por el suelo. Al destruir su librería y continuar comportándose de forma poco comedida provocó que le encerraran en el Hospital Real de Granada.

Precisamente fue en este hospital donde San Juan de Dios tuvo oportunidad de ver el mal trato que se dispensaba a los enfermos, especialmente los que sufrían trastornos psiquiátricos. Cuando el propio San Juan de Ávila se enteró de que estaba recluido allá, fue a verle y logró sacarle. Nuestro Juan pasó a ser entonces discípulo del gran santo predicador, quien supo orientar todas las energías del converso hacia la buena obra que habría de emprender. Bajo el consejo de dicho mentor, peregrinó al Santuario de la Virgen de Guadalupe. A su vuelta permaneció con su maestro durante un tiempo en Baeza, antes de regresar a Granada, donde comenzó su obra de atención a pobres, enfermos y necesitados.

Partiendo de la nada, recogiendo a los más pobres

Empezó como quien dice de la nada. Muchos pensaron que aquello era una nueva locura, pero pronto llegó a comprenderse su verdadera cordura. Trabajaba, pedía, recogía a los pobres, se entregaba a ellos. Al principio de forma solitaria,  mas poco a poco se le fueron uniendo otras personas, voluntarios y bienhechores.

Su forma de pedir era muy original: “Hermanos haceos bien a vosotros mismos”. Y es que, efectivamente, sabía que no hay mejor bien para uno mismo que hacer el bien a los demás.

San Juan supo ver que la mejor medicina para los enfermos a los que recogía era el amor cristiano. El buen trato llegaba a donde no podían llegar los conocimientos médicos de la época. Enseñó con su ejemplo que a ciertos enfermos hay que curarles el alma con amor, si se quiere obtener la curación de su cuerpo.

El 3 de julio de 1549 su hospital se prendió fuego. San Juan fue el primero en jugarse la vida para salvar a los enfermos que estaban dentro. Desde entonces adquirió, aún más si cabe, fama de santidad.

En enero del año siguiente, tras salvar a un joven que se estaba ahogando en el río Genil, enfermó gravemente. El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le llegaba la muerte, se arrodilló en el suelo y exclamó: «Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo». Y así murió, de rodillas.

Había trabajado durante diez años hasta la extenuación, dirigiendo su hospital de pobres, con tantos problemas económicos que a veces ni se atrevía a salir a la calle a causa de las muchísimas deudas que tenía, y con la humildad de un santo, reconociéndose siempre como indigno pecador a pesar de ser el mejor ejemplo de caridad cristiana entre sus coetáneos y conciudadanos. De tal forma que aquel que había sido apedreado como un loco, fue acompañado al cementerio por el obispo, las autoridades y todo el pueblo, aclamado como un santo.

Es beatificado el día 21 de septiembre de 1630 y canonizado el día 15 de julio de 1691, siendo declarado Patrón de los Enfermos y de sus Asociaciones en 1930. Es también Patrón de la Enfermería y de los Bomberos.

El amor de Dios, aún hoy, es el mejor ansiolítico

Aunque la medicina ha avanzado enormemente, el amor que viene de Cristo sigue siendo el mejor calmante, el mejor antibiótico, el mejor ansiolítico contra la enfermedad y la depresión. Un amor que, si se sabe transmitir, da sentido a la vida aun en medio del dolor y del sufrimiento. Un amor que es el mejor arma para combatir una cultura de la muerte que busca plantar sus reales en una sociedad que hoy, más que nunca, necesita beber del espíritu de San Juan de Dios.

Tomado de:

http://www.forumlibertas.com

Jesucristo es fiel y lo provee todo

Oficio de lectura, 8 de Marzo, San Juan de Dios, religioso

De sus cartas, archivo general de la Orden Hospitalaria.

El Señor es mi pastor, nada me falta. En prados de hierba fresca me hace reposar, me conduce junto a fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Salmo 23.

Si mirásemos cuán grande es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer bien mientras pudiésemos: pues que, dando nosotros, por su amor, a los pobres lo que él mismo nos da, nos promete ciento por uno en la bienaventuranza. ¡Oh bienaventurado logro y ganancia! ¿Quién no da lo que tiene a este bendito mercader, pues hace con nosotros tan buena mercancía y nos ruega, los brazos abiertos, que nos convirtamos y lloremos nuestros pecados y hagamos caridad primero a nuestras ánimas y después a los prójimos? Porque, así como el agua mata al fuego, así la caridad al pecado.

Son tantos los pobres que aquí se llegan, que yo mismo muchas veces estoy espantado cómo se pueden sustentar, mas Jesucristo lo provee todo y les da de comer. Como la ciudad es grande y muy fría, especialmente ahora en invierno, son muchos los pobres que se llegan a esta casa de Dios. Entre todos, enfermos y sanos, gente de servicio y peregrinos, hay más de ciento diez. Como esta casa es general, reciben en ella generalmente de todas enfermedades y suerte de gentes, así que aquí hay tullidos, mancos, leprosos, mudos, locos, paralíticos, tiñosos, y otros muy viejos y muy niños, y, sin estos, otros muchos peregrinos y viandantes, que aquí se allegan, y les dan fuego y agua, sal y vasijas para guisar de comer. Para todo esto no hay renta, mas Jesucristo lo provee todo.

De esta manera, estoy aquí empeñado y cautivo por solo Jesucristo. Viéndome tan empeñado, muchas veces no salgo de casa por las deudas que debo, y viendo padecer tantos pobres, mis hermanos y prójimos, y con tantas necesidades, así al cuerpo como al ánima, como no los puedo socorrer, estoy muy triste, mas empero confío en Jesucristo; que él me desempeñará, pues él sabe mi corazón. Y, así, digo que maldito el hombre que fía de los hombres, sino de solo Jesucristo; de los hombres has de ser desamparado, que quieras o no; mas Jesucristo es fiel y durable, y pues que Jesucristo lo provee todo, a él sean dadas las gracias por siempre jamás. Amén.

Oración

Señor, tú que infundiste en san Juan de Dios espíritu de misericordia, haz que nosotros, practicando las obras de caridad, merezcamos encontrarnos un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

Tomado de:

www.corazones.org

Este sitio web es obra de Las  Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María

SAN JUAN DE DIOS, Confesor

8 de marzo

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. (San Mateo, 5,14).

Este santo tenía más avidez de humillación y de menosprecio que la que tienen los hombres mundanos de honores y distinciones. Un día, una mujer lo colmó de injurias y lo trató de hipócrita, y él, secretamente, dióle dinero, comprometiéndola a repetir lo dicho en la plaza pública. El arzobispo de Granada le reprochó, porque recibía en el hospital, que administraba, a vagabundos ya personas poco recomendables, arrojóse el santo a los pies del prelado diciéndole: «No conozco en el hospital a otro pecador fuera de mí mismo, que soy indigno de comer el pan de los pobres». Otro día corrió en todas direcciones sacando enfermos del hospital, que estaba en llamas, y salió al cabo de una media hora sin la menor quemadura. De rodillas exhaló su último suspiro, abrazando a Jesús crucificado, cuya abnegación, mansedumbre y humildad tan bien había imitado.

I. Practica la mansedumbre, ahoga con esmero 1os movimientos incipientes de la cólera; ¿qué ganas con satisfacer esta violenta pasión, que turba tu entendimiento, y que atormenta a sus servidores y amigos? Acuérdate de la mansedumbre de Jesucristo. ¡Qué alegría experimentarás por haber reprimido este arranque! ¡Qué recompensa recibirás si te vences a ti mismo! Los que triunfan de sí mismos hacen violencia al cielo. (San Cipriano).

II. Practica la suavidad, soportando el mal humor y las imperfecciones del prójimo. Quieres que te soporten tus defectos, es muy razonable que uses de igual indulgencia para con los demás. Ese carácter molesto que reprochas en tu hermano es un defecto de la naturaleza; acaso ella te trató a ti peor todavía, y te hizo más desagradable para el prójimo. Examina tus defectos, y soportarás fácilmente los de los demás.

III. Practica la mansedumbre soportando que se te menosprecie. ¿Quién eres tú, en definitiva, para que tanto te cueste soportar desprecios? Tu nada y tus pecados muy merecido tienen este trato. Si te los conociesen dirían mucho más. ¿y qué mal pueden hacerte ante Dios las palabras que te digan? Más aun, ¿qué corona no merecerías si las sufrieses con paciencia? Si fueses verdaderamente humilde, nada te costaría sufrir el desprecio y los malos tratos. La humildad suaviza todas las tribulaciones. (San Eusebio).

La mansedumbre
Orad por los enfermos.

ORACIÓN

Oh Dios, que después de haber abrasado con vuestro amor al bienaventurado Juan, lo hicisteis andar sano y salvo en medio de las llamas y por su intermedio enriquecisteis a vuestra Iglesia con una nueva familia, haced, en consideración a sus méritos, que el fuego de su caridad nos purifique de nuestras manchas y nos eleve hasta la eternidad bienaventurada. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/



Los santos que reinan con Cristo

8 de Marzo

Santa Misa Dominical

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

ESTACIÓN EN SAN LORENZO EXTRA MUROS * 
(Semidoble de 1ª clase – Ornamentos morados)

¡Bienaventurado el vientre que te llevó!

La Iglesia, en los oficios nocturnos, lee la historia del Patriarca San José ¡Qué modelo tan consumado de caridad y de pureza, de esas dos excelsas virtudes cristianas harto más dificiles de practicar que ahora, cuando tenemos de ellas tantos y tan preclaros ejemplos como nos han dado los Santos del Antiguo y Nuevo Testamento y sobre todo Jesús, divino modelo de predestinados! ¿Qué género de disculpa tendremos, los cristianos, si, estando obligados a mayor perfección en virtud de nuestro bautismo, nos quedamos tan atrás en el camino del propio vencimiento?


El cielo, que esperamos con fundadisima esperanza, lo tenemos figurado en la promoción de José a los cargos más honrosos y elevados del Egipto, después de haber sufrido mil géneros de penalidades en los años de cárcel, que inocente sufrió con entera resignación.


Acicate poderoso para el cristiano, que en este mundo ha de vivir como pobre desterrado, que suspira sin cesar por su patria. Vela allá lejos, pero no le es dado visitarla por tan pronto. ¿Quién hubiera jamás pensado que de la envidia de los hermanos de José había Dios de sacar tan gran partido?
Pero, además, tenemos en el Patriarca José una de las figuras más expresivas de Cristo y de su Iglesia. Jesús es, a no dudarlo, el perfecto dechado de pureza virginal. Hoy precisamente nos le muestra el Evangelio expulsando a un demonio impuro.


Esto mismo hace a diario la Iglesia en las almas de los bautizados por medio de la predicación y de los santos Sacramentos. Hácelo sobre todo en este santo tiempo de Cuaresma por medio de la Confesión y del Bautismo. ¿Qué otra cosa si no, son los exorcismos, tan frecuentes en el rito bautismal, en que llega el sacerdote hasta a imitar los gestos del Salvador cuando arrojaba a los demonios de los cuerpos de los infelices posesos? Antes del rito bautismal, dice el sacerdote, soplando sobre la cara del infante: «Sal, espíritu inmundo, de este niño; y cede el lugar al Espíritu Santo Consolador y no te atrevas a violar de nuevo esta morada».


Insistiendo en la necesidad de la pureza, dícenos en la Epístola el Apóstol que «la fornicación y toda impureza no deben ni mentarse entre los cristianos, tanto es lo que desdice de la santidad de su vocación; sin contar que ningún fornicario ni impúdico tendrá parte en la herencia del cielo».


Sabemos cuál es el arma adecuada contra la carne y sus bajas tendencias: la que el Patriarca José empleó, es decir la fuga; la que emplearon y aconsejan a una todos los Santos y Doctores, conociendo como conocen las aviesas tendencias de nuestra decaida naturaleza.


También Jesús fué vendido como José,. y entregado a sus perseguidores por sus mismos hermanos, o sea por los Judíos, y hasta por uno de sus más íntimos amigos.


Una fiera pésima devoró a Jesús y le dio muerte afrentosa de Cruz. Mas por eso precisamente Dios le ensalzó después y dióle el mando de todos los pueblos, hasta los últimos confines de la tierra. Entonces devolvió Jesús bien por mal a los que quisieron aprovecharse del precio de su sangre vertida en el madero de la Cruz por salvar a los hombres, a los mismos verdugos que le atormentaban.


Asimismo, Jesús, en las fiestas pascuales, distribuirá entre sus fieles los tesoros amontonados en sus trojes, al distribuir gratis el Pan celestial por medio de sus sacerdotes. Precede una graciosa amnistía, sin más condiciones que el arrepentimiento sincero, la humilde confesión y el propósito firme de no volver a pecar.
El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

Introito. S. 24

INTROITUS Ps. 24, 15-16 – Oculi mei semper ad Dominum, quia ipse evellet de laqueo pedes meos: respice in me, et miserere mei, quoniam unicus et pauper sum ego. Ps. ibid., 1-2. Ad te Domine levavi animam meam: Deus meus, in te confido, non erubescam. V. Gloria Patri. Mis ojos están siempre fijos en el Señor, porque Él es quien ha de soltar los lazos de mis pies: mírame y compadécete de mí, porque me veo solo y pobre. – Ps. A ti, Señor, levanto mi alma: Dios mío, en Ti confío, no quede yo avergonzado. V. Gloria al Padre.

El Gloria in excelsis no se dice en el Tiempo de Cuaresma, salvo en las fiestas.

Oración-Colecta

ORATIO Quæsumus omnipotens Deus, vota humilium respice: atque ad defensionem nostram dexteram tuæ majestatis extende. Per Dominum R. Amen Atiende, oh Dios omnipotente, los deseos de los humildes, y haz alarde del poder de tu Majestad para defendernos. Por Jesucristo Nuestro Señor. R. Amen.

Epístola

Como hijos de la luz que somos los cristianos, no debemos arrojar negras sombras de vicios y sensualidades en el sendero de nuestra vida, sino más bien iluminarlo con obras de caridad, de justicia y de verdad.

Lectio Epistolæ beati Pauli Apostoli ad Ephesios.Ephes. 5, 1-9Fratres: Estote imitatores Dei, sicut filii carissimi: et ambulate in dilectione, sicut et Christus dilexit nos, et tradidit semetipsum pro nobis oblationem, et hostiam Deo in odorem suavitatis. Fornicatio autem, et omnis immunditia, aut avaritia, nec nominetur in vobis, sicut decet sanctos: aut turpitudo, aut stultiloquium, aut scurrilitas, quæ ad rem non pertinet; sed magis gratiarum actio. Hoc enim scitote intelligentes, quod omnis fornicator, aut immundus, aut avarus, quod est idolorum servitus, non habet hæreditatem in regno Christi et Dei. Nemo vos seducat inanibus verbis: propter hæc enim venit ira Dei in filios diffidentiæ. Nolite ergo effici participes eorum. Eratis enim aliquando tenebræ; nunc autem lux in Domino. Ut filii lucis ambulate: fructus enim lucis est in omni bonitate, et justitia, et veritate. Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Efesios: Hermanos: Sed imitadores de Dios, como hijos carísimos, y vivid unidos en la caridad, a ejemplo de Cristo que nos amó, y se ofreció a sí mismo a Dios por nosotros en oblación y hostia de olor suavísimo. Por tanto, que ni la fornicación, ni ningún género de impureza, ni de avaricia, se nombre siquiera entre vosotros, como corresponde a los buenos cristianos; ni las palabras torpes, ni las necedades o truhanerías, ni las bufonadas impertinentes: sino antes bien, las acciones de gracias. Porque, habéis de saber y tener bien entendido, que ningún fornicador, o impúdico, o avaro, -lo cual viene a ser una idolatría-, será heredero del reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con vanas palabras; pues por tales cosas vino la ira de Dios sobre los incrédulos. No queráis, por tanto, tener parte con ellos. Porque si en otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el señor. andad como hijos de la luz; pues el fruto de la luz consiste en proceder conforme a toda bondad, justicia y verdad.

Salmodia

Graduale Ps. 9, 20 et 4 – Exsurge, Domine, non prævaleat homo: judicentur gentes in conspectu tuo. V.In convertendo inimicum meum retrorsum, infirmabuntur, et peribunt a facie tua.Tractus Ps. 122, 1-3 – Ad te levavi oculos meos, qui habitas in cælis. V.Ecce sicut oculi servorum in manibus dominorum suorum: V.Et sicut oculi ancillæ in manibus dominæ suæ: V.Ita oculi nostri ad Dominum Deum nostrum, donec misereatur nostri. V.Miserere nobis Domine, miserere* nobis. Gradual. – Levántate, Señor, para que no prevalezca el hombre perverso; juzgadas sean las naciones en tu presencia. v. Cuando Tu hayas puesto en fuga a mis enemigos, quedarán deshechos y aniquilados en tu presencia. Tracto Levanto mis ojos a Ti, que habitas los cielos. V. Como los ojos de los siervos están fijos en las manos de sus señores. V. Y como los ojos de la esclava en las manos de su señora: así están fijos nuestros ojos en el Señor y Dios nuestro, hasta alcanzar de El misericordia. V. Ten piedad de nosotros, señor, ten piedad de nosotros.

Evangelio

Acusado Jesús de usar de supercherías para obrar sus milagros, demuestra no estar en connivencia con Satanás, sino al todo lo contrario; pues ha venido a destruir su reino y aprovecha la ocasión para descubrir la estrategia combativa del demono contra las almas desprevenidas.

USequentia sancti Evangelii secundum Lucam. Luc. 11, 14-28 – In illo tempore: Erat Jesus ejiciens dæmonium, et illud erat mutum. Et cum ejecisset dæmonium, locutus est mutus, et admiratæ sunt turbæ. Quidam autem ex eis dixerunt: In Beelzebub principe dæmoniorum ejicit dæmonia. Et alii tentantes, signum de cælo quærebant ab eo. Ipse autem ut vidit cogitationes eorum, dixit eis: Omne regnum in seipsum divisum desolabitur, et domus supra domum cadet. Si autem et satanas in seipsum divisus est, quomodo stabit regnum eius? quia dicitis in Beelzebub me ejicere dæmonia. Si autem ego in Beelzebub ejicio dæmonia: filii vestri in quo ejiciunt? Ideo ipsi judices vestri erunt. Porro si in digito Dei ejicio dæmonia: profecto pervenit in vos regnum Dei. Cum fortis armatus custodit atrium suum, in pace sunt ea quæ possidet. Si autem fortior eo superveniens vicerit eum, universa arma ejus auferet, in quibus confidebat, et spolia ejus distribuet. Qui non est mecum, contra me est: et qui non colligit mecum, dispergit. Cum immundus spiritus exierit de homine, ambulat per loca inaquosa, quærens requiem: et non inveniens, dicit: Revertar in domum meam, unde exivi. Et cum venerit, invenit eam scopis mundatam, et ornatam. Tunc vadit, et assumit septem alios spiritus secum nequiores se, et ingressi habitant ibi. Et fiunt novissima hominis illius pejora prioribus. Factum est autem, cum hæc diceret: extollens vocem quædam mulier de turba, dixit illi: Beatus venter, qui te portavit, et ubera quæ suxisti. At ille dixit: Quinimmo beati, qui audiunt verbum Dei, et custodiunt illud. Credo U Continuación del santo Evangelio según S. Lucas.En aquel tiempo: Estaba Jesús lanzando un demonio el cual era mudo. Y así que hubo echado al demonio, habló el mudo, y se maravillaron las gentes. Mas algunos dijeron: En virtud de Belzebub, príncipe de los demonios (1), echa él los demonios. Y otros, para tentarle, le pedían algún prodigio del cielo. Jesús, cuando vio sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido en bandos, quedará destruido, y caerán casas sobre casas. Pues si Satanás está también dividido contra sí mismo, ¿cómo subsistirá su reino? pues decís que yo lanzo demonios con el poder de Belzebub. Y si, por virtud de Belzebub, lanzo yo los demonios, vuestros hijos ¿por virtud de quién los lanzan?(2) Por esto serán ellos los que os han de juzgar. Mas, si con el dedo de Dios lanzo los demonios, es señal de que el reino de Dios ha llegado ya a vosotros. Cuando un valiente armado guarda la puerta de su casa, está seguro todo cuanto posee. Mas, si asaltándole otro más fuerte que él, le venciere, le quitará todas sus armas, y repartirá los despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama(3). Cuando el espíritu inmundo ha salido de un hombre, anda por lugares áridos buscando reposo, y no hallándolo, se dice: Me volveré a mi casa, de donde salí. Y regresando a ella, la encuentra barrida y bien adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrando en ella, se establecen allí; y el nuevo espíritu de aquel hombre, es así peor que el primero. Y aconteció que, mientras decía él esto, una mujer del público levantó la voz y exclamó: Bienaventurado el vientre que te llevó, y los pechos que te amamantaron(4). e él dijo: bienaventurados, más bien, los que escuchan la palabra de Dios, y la ponen en práctica. – Credo.
OFFERTORIUM Ps. 18, 9, 10, 11 et 12 – Justitiæ Domini rectæ, lætificantes corda, et dulciora super mel et favum: nam et servus tuus custodiet ea. Ofertorio. – Los mandamientos del Señor son justos y fuentes de alegría para los corazones; y sus juicios más dulces que la miel y que el panal: por esto los guarda tu siervo.

Oración-Secreta

Hæc hostia, Domine quæsumus, emundet nostra delicta: et ad sacrificium celebrandum, subditorum tibi corpora, mentesque sanctificet. Per Dominum. Que esta hostia, oh Señor, limpie nuestros delitos, y santifique los cuerpos y las almas de tus súbditos, para celebrar dignamente el Sacrificio. Por Jesucristo Nuestro Señor

Prefacio de Cuaresma

Vere dignum et justum est aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui corporali jejunio vitia comprimis, mentem elevas, virtutem largiris et praemia: per Christum Dominum nostrum. Per quem majestatem tuam laudat Angeli, adorant Dominationes, tremunt Potestates. Coeli, coelorumque Virtutes, ac beata Seraphim, socia exsultatione concelebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admitti jubeas depercamur, supplici confessione dicentes: Sanctus, Sanctus, Sanctus, etc. Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Que con el ayuno corporal reprimes las pasiones, elevas el espíritu, nos enriqueces de virtudes y premios, por Jesucristo nuestro Señor. Por quien los Ángeles alaban a tu Majestad, la adoran las Dominaciones y se sobrecogen de respeto las Potestades. Los Cielos y las Virtudes celestiales y los bienaventurados Serafines la ensalzan con el mismo júbilo. Por lo que te pedimos te dignes escuchar juntamente con las suyas nuestras voces, al prorrumpir en esta respetuosa alabanza: Santo, santo, santo, etc.
COMMUNIO Ps. 83, 4-5 – Passer invenit sibi domum, et turtur nidum, ubi reponat pullos suos: altaria tua Domine virtutum, Rex meus, et Deus meus: beati qui habitant in domo tua, in sæculum sæculi laudabunt te. Comunión.El pájaro halló una casa para sí, y la tórtola un nido en donde poner sus polluelos: tus altares, señor de los ejércitos; Rey mío y Dios mío, son para mí este nido : bienaventurados los que moran en tu casa; por los siglos de los siglos te alabarán.

Oración-Postcomunión

POSTCOMMUNIO – Acunctis nos, quæsumus Domine, reatibus et periculis propitiatus absolve: quos tanti mysterii tribuis esse participes. Per Dominum. Líbranos, oh Señor, de todas las culpas y peligros, a nosotros a quienes Tú te dignas hacernos participantes de este tan augusto Misterio. Por Jesucristo Nuestro Señor
  • * La asamblea litúrgica se tenía hoy en la Basílica patriarcal del gran mártir español S. Lorenzo, cuyas reliquias se conservan en ella, como también las del otro mártir diácono S. Esteban. De ahí que varias fórmulas de la misa de hoy sean las de la misa de S. Lorenzo del 10 de Agosto.
  • (1)Ya que los fariseos no pueden negar el milagro, lo atribuyen a la connivencia de Jesús con el «demonio de los demonios», o sea «Pelzebub», o «dios de las moscas», o «de la inmundicia», como por desprecio motejaban a Satanás. ¡Siempre proceden lo mismo los incrédulos de mala fe!
  • (2)Lo mismo pregunto yo: Los hijos de las tinieblas, los adivinos, los videntes y los profesionales todos de la superchería, ¿por virtud de quién hacen esas cosas raras? ¿Es que son santos? 
  • (3)A veces se abusa demasiado de este célebre texto evangélico. En realidad sólo Dios y su Iglesia pueden usarlo con verdad. En ellos no es un arrebato de intransigencia: es una afirmación de suprema autoridad, es proclamar que sólo hay un Bien y una Verdad, y que no hay alianza posible entre el Bien y el mal, entre la Verdad y el error. 
  • (4) ¡Qué verdadera y qué valiente confesión de fe la de esta viejecita del pueblo! Seguramente era una madre que, al ver la elocuencia y poder extraordinarios de Jesús, pensaba con envidia y admiración maternales en María, cuyo nombre y persona de seguro desconocería.

    Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/

La Suma Teológica

De Santo Tomás de Aquino

(1225-1274)


Doctor de la Iglesia Católica

Página de la Summa Theologiae

En 4 años escribe su obra más famosa:

«La Suma Teológica», obra maestra de 14 tomos.

Fundamentándose en la Sagrada Escritura, la filosofía, la teología y la doctrina de los santos, explica todas las enseñanzas católicas.

La importancia de esta obra es enorme.

El Concilio de Trento contaba con tres libros de consulta principal:

La Sagrada Biblia,

Los Decretos de los Papas,

y

La Suma Teológica de Santo Tomás.

Santo Tomás logró introducir la filosofía de Aristóteles en las universidades.


Su humildad:

Según el santo, el aprendió más arrodillándose delante del crucifijo que en la lectura de los libros.

Su secretario Reginaldo afirmaba que la admirable ciencia de Santo Tomás provenía más de sus oraciones que de su ingenio.

Aun en las más acaloradas discusiones exponía sus ideas con gran respeto y total calma; jamás se dejó llevar por la cólera aunque los adversarios lo ofendieran fuertemente.

Su lema en el trato era:

«Tratad a los demás como deseáis que los demás os traten a vosotros».

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En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes

De las conferencias de santo Tomás de Aquino, presbítero.

¿Era necesario que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Lo era, ciertamente, y por dos razones fáciles de deducir: la una, para remediar nuestros pecados; la otra, para darnos ejemplo de cómo hemos de obrar.

Para remediar nuestros pecados, en efecto, porque en la pasión de Cristo encontramos el remedio contra todos los males que nos sobrevienen a causa del pecado.

La segunda razón tiene también su importancia, ya que la pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida. Pues todo aquel que quiera llevar una vida perfecta no necesita hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y apetecer lo que Cristo apeteció. En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.

Si buscas un ejemplo de amor: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos.Esto es lo hizo Cristo en la cruz. Y, por esto, si él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por él.

Si buscas un ejemplo de paciencia, encontrarás el mejor de ellos en la cruz. Dos cosas son las que nos dan la medida de la paciencia: sufrir pacientemente grandes males, o sufrir, sin rehuirlos, unos males que podrían evitarse. Ahora bien, Cristo, en la cruz, sufrió grandes males y los soportó pacientemente, ya que en su pasión no profería amenazas; como cordero llevado al matadero, enmudecía y no abría la boca. Grande fue la paciencia de Cristo en la cruz: Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia.

Si buscas un ejemplo de humildad, mira al crucificado: él, que era Dios, quiso ser juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y morir.

Si buscas un ejemplo de obediencia, imita a aquel se hizo obediente al Padre hasta la muerte: Si por la desobediencia de uno –es decir, de Adán– todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

Si buscas un ejemplo de desprecio de las cosas terrenales, imita a aquel que es Rey de reyes y Señor de señores, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer,desnudo en la cruz, burlado, escupido, flagelado, coronado de espinas, a quien finalmente, dieron a beber hiel y vinagre.

No te aficiones a los vestidos y riquezas, ya que se repartieron mis ropas; ni a los honores, ya que él experimentó las burlas y azotes; ni a las dignidades, ya que le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado; ni a los placeres, ya que para mi sed me dieron vinagre.

Oración

Oh Dios, que hiciste de santo Tomás de Aquino un varón preclaro por su anhelo de santidad y por su dedicación a las ciencias sagradas, concédenos entender lo que él enseñó e imitar el ejemplo que nos dejó en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

Tomado de: http://www.corazones.org

Este sitio web es obra de Las  Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María

¡Oh banquete precioso y admirable!

El santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Solemnidad.

De las obras de santo Tomás de Aquino, presbítero.
Opúsculo 57, en la fiesta del Cuerpo de Cristo, lect. 1-4

El Hijo único de Dios, queriendo hacernos partícipe de su divinidad, tomó nuestra naturaleza, a fin de que hecho hombre, divinizase a los hombres.

Además, entregó por nuestra salvación todo cuan tomó de nosotros. Porque, por nuestra reconciliación ofreció, sobre el altar de la cruz, su cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su sangre como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos lava, para que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados de todos nuestros pecados.

Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la memoria de tan gran beneficio, dejó a los fie les, bajo la apariencia de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su sangre, para que fuese nuestra bebida.

¡Oh banquete precioso y admirable, banquete saluda ble y lleno de toda suavidad! ¿Qué puede haber, en efecto, más precioso que este banquete en el cual no se nos ofrece, para comer, la carne de becerros o de machos cabríos, como se hacía antiguamente, bajo la ley, sino al mismo Cristo, verdadero Dios?

No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se borran los pecados, se aumentan las vir tudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.

Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.

Finalmente, nadie es capaz de expresar la suavidad de este sacramento, en el cual gustamos la suavidad espiri tual en su misma fuente y celebramos la memoria del in menso y sublime amor que Cristo mostró en su pasión.

Por eso, para que la inmensidad de este amor se imprimiese más profundamente en el corazón de los fieles, en la última cena, cuando, después de celebrar la Pascua con sus discípulos, iba a pasar de este mundo al Padre, Cristo instituyó este sacramento como el memorial perenne de su pasión, como el cumplimiento de las antiguas figuras y la más maravillosa de sus obras; y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las tristezas de su ausencia.

Tomado de: http://www.corazones.org

Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María

Me saciaré de tu semblante

Oficio de Lectura, XXXIII sábado del Tiempo Ordinario

Santo Tomás de AquinoConferencia sobre el Credo, Opuscula Theologica 2

Adecuadamente termina el Símbolo, resumen de nuestra fe, con aquellas palabras: «La vida perdurable. Amén». Porque esta vida perdurable es el término de todos nuestros deseos.

La vida perdurable consiste, primariamente, en nuestra unión con Dios, ya que el mismo Dios en persona es el premio y el término de todas nuestras fatigas: Yo soy tu escudo y tu paga abundante.

Esta unión consiste en la visión perfecta: Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. También consiste en la suprema alabanza, como dice el profeta: Allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos.

Consiste, asimismo, en la perfecta satisfacción de nuestros deseos, ya que allí los bienaventurados tendrán más de lo que deseaban o esperaban. La razón de ello es porque en esta vida nadie puede satisfacer sus deseos, y ninguna cosa creada puede saciar nunca el deseo del hombre: sólo Dios puede saciarlo con creces, hasta el infinito; por esto, el hombre no puede hallar su descanso más que en Dios, como dice san Agustín: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón no hallará reposo hasta que descanse en ti».

Los santos, en la patria celestial, poseerán a Dios de un modo perfecto, y, por esto, sus deseos quedarán saciados y tendrán más aún de lo que deseaban. Por esto, dice el

Señor: Entra en el gozo de tu Señor. Y san Agustín dice: «Todo el gozo no cabrá en todos, pero todos verán colmado su gozo. Me saciaré de tu semblante; y también: El sacia de bienes tus anhelos».

Todo lo que hay de deleitable se encuentra allí superabundantemente. Si se desean los deleites, allí se encuentra el supremo y perfectísimo deleite, pues procede de Dios, sumo bien: Alegría perpetua a tu derecha.

La vida perdurable consiste, también, en la amable compañía de todos los bienaventurados, compañía sumamente agradable, ya que cada cual verá a los demás bienaventurados participar de sus mismos bienes. Todos, en efecto, amarán a los demás como a sí mismos, y, por esto, se alegrarán del bien de los demás como el suyo propio. Con lo cual, la alegría y el gozo de cada uno se verán aumentados con el gozo de todos.

Tomado de: http://www.corazones.org

Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María

Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás, fraile dominico, es representado con el Espíritu Santo, un libro, una estrella o rayos de luz sobre su pecho y la Iglesia.

(1225-74)

Filósofo dominico y teólogo. Llamado «Doctor Angélico». Autor de la Suma Teólogica, obra insigne de teología. Patrón de las escuelas católicas y de la educación. Aclamado doctor el 11 de abril, 1567 por el Papa Pío V.

La Suma Teológica

EXPOSICIÓN TEOLÓGICA DE SANTO TOMÁS SOBRE LA EXISTENCIA DE LOS ÁNGELES (A. 1)

Santo Tomás se pregunta si existe alguna criatura del todo espiritual y absolutamente incorpórea, es decir, una sustancia tan elevada sobre la naturaleza del cuerpo y la materia, que ni ella ni su operación sean corpóreas o ejercidas mediante algún órgano corpóreo. La solución que da cuadra perfectamente con el enunciado, es decir, trata de la existencia de los ángeles, reservando tratar plenamente de la perfecta espiritualidad de ellos para el articulo siguiente. Limitado así el problema a la sola existencia de seres puramente espirituales, la conclusión del Aquinatense es afirmativa, y su argumentación vigorosa, clara y sencilla. La base para la solución está en otros principios que anteriormente ha expuesto el santo Doctor y de los cuales es consecuencia lógica. Después de la bondad divina -dice en el cuerpo del articulo 4 de la cuestión 22 de la primera parte-, que es un fin independiente de las cosas, el principal bien que existe en las criaturas es la perfección del universo, que no existiría si en el mundo no se encontrasen todos los grados del ser. Por tanto, corresponde a la Providencia divina producir el ser en todos sus grados. Y siendo uno de los grados del ser el entender, que no puede ser acto del cuerpo ni de nada corpóreo, síguese que deberán existir seres intelectuales perfectamente espirituales e incorpóreos, a los que llamamos ángeles.

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DE LA VIDA ACTIVA Y CONTEMPLATIVA

COMPENDIO DEL PENSAMIENTO DE SANTO TOMAS

El pensamiento de Santo Tomás se compendia en el párrafo siguiente: «La vida contemplativa se ocupa directa e inmediatamente del amor de Dios… El ocio santo, o sea, el de la vida contemplativa, busca la caridad de la verdad divina, objeto principal de la vida contemplativa» (q.182 a.2).   El contemplativo busca la verdad, fija su mente en la verdad, que, por ser Dios mismo, infunde amor y requiere amor, para ser asimilado con su propia riqueza, dentro de las limitaciones humanas.

El hombre tiene recursos necesarios para la especulación y la contemplación filosófica. Pero la contemplación cristiana requiere una postura inicial de pasividad, por la cual se acoge la luz de la fe con que se «descubre» la verdad íntima de Dios en su misterio trinitario, y se recibe la infusión de la caridad para «sintonizar» con el misterio del mismo Dios, que es amor (1 Jn 4,8). La contemplación del cristiano se dirige a la verdad de Dios en sí, en cuyo «fondo» es imposible penetrar sin la caridad, que es la que da «connaturalidad» con el misterio contemplado, haciendo que la persona «sintonice» con él mediante la totalidad de su ser, con la ayuda de los dones del Espíritu Santo, especialmente del de sabiduría, que corresponde a la virtud de la caridad, como Santo Tomás explica en la cuestión 45. Ahora bien, la contemplación cristiana es más profunda que la filosófica y requiere el concurso de todas las fuerzas psicológicas para alcanzarla y ejercitarla de manera connatural.

La pasividad inicial se abre a una actividad que requiere el máximo esfuerzo de penetración y la máxima concentración psicológica. Pero la contemplación cristiana no recae solamente sobre Dios en sí; sino también sobre sus atributos y la obra de la creación. Pero hay que tener en cuenta que, tanto en el orden humano como en el cristiano, es necesario que haya quienes consagren su vida al ejercicio de una actividad externa, regulada por la razón. A esta vida Santo Tomás llama activa, que no se identifica con el solo cúmulo de obras externas, sino que requiere su regulación por la razón; para que no se confunda con el activismo, que Pío XII calificó de herejía de la acción y que procede de simple agitación, de inestabilidad interna, de apasionamiento o de cualquier otro motivo deformado: «Marta, Marta, estás muy inquieta y nerviosa por muchas cosas» (Lc 10,41).

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DE LA VIDA CONSAGRADA

Recordemos sumariamente lo que el príncipe de los teólogos enseña sobre la vida religiosa, a cuyo estudio dedica cuatro cuestiones en la 2-2.  Dos son los estados de perfección: el estado episcopal, que es estado de perfección ya adquirida, del que ya hemos tratado, y el estado religioso, cuya finalidad es adquirir la perfección de la caridad, o con categoría de «perfectionis accquirendae».

El estado religioso constituye un estado de perfección en el que los religiosos se ofrecen a Dios como en holocausto, en un «un largo martirio», dice la Doctora Mística. “Religiosos por antonomasia son los que se consagran totalmente al servicio de Dios, ofreciéndose en holocausto” (q.186 a.1). Santo Tomás sitúa en primer plano la idea de consagración total a Dios “El estado religioso implica la eliminación de todo lo que impide al hombre entregarse totalmente al servicio de Dios” (q.186 a.4), lo que es “como un holocausto por el cual se consagra totalmente a Dios la propia persona y sus bienes” (q.186 a.7). Consiguientemente “los religiosos deben, ocuparse en vivir para Dios” (q.187 a.2). “La entrega total de uno mismo al servicio de Dios es un elemento común a todas las órdenes religiosas” (q.188 a.1 ad 1).

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Naturaleza y racionalidad en Santo Tomás de Aquino

Entrevista a la profesora Ana Marta González de la Universidad de Navarra

¿Por qué la ética tomista es actual?

–González: La palabra actual tiene dos significados que conviene distinguir: uno de ellos lo hace equivalente a la moda: es actual lo que está de moda, o aquello de lo que se habla hoy, pero ya no se habla mañana, lo que suele pasar con las noticias de los periódicos.

El otro sentido es más filosófico: es actual lo que es permanente. Las cuestiones filosóficas tienen este tipo de actualidad, que es la que suele atribuirse, también, a lo «clásico».

El pensamiento de Tomás de Aquino es siempre actual en este segundo sentido. Por eso volvemos a él, como volvemos en general a los clásicos, en los que se afrontan cuestiones de interés permanente.

Pero además es actual en el primer sentido, en la medida en que la ética contemporánea continúa profundizando en aquella rehabilitación de la filosofía práctica comenzada en el último cuarto de siglo XX. Si entonces la recuperación de la razón práctica vino especialmente de la mano de Aristóteles y Kant, era razonable que esa recuperación alcanzara tarde o temprano a Tomás de Aquino, que tanto por razones cronológicas como conceptuales ocupa un lugar intermedio entre ambos autores.

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Extractos tomados de:

http://www.corazones.org

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SANTO TOMÁS DE AQUINO, Confesor

7 de marzo

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. (San Mateo, 5,14).

Santo Tomás de Aquino es para la Iglesia, lo que el sol para el mundo. La ilustró con su ciencia y con su santidad. Desde los 5 años de edad rezaba dos horas diarias. Entró en la Orden de Santo Domingo, y en ella perseveró después de resistir con entereza las amenazas de sus parientes, que se esforzaron por hacerlo renunciar a su vocación. Todos los día celebraba una misa y oía otra. A los pies del crucifijo era donde buscaba la solución de las dificultades que encontraba en el estudio de la teología. Murió en 1274.

MEDITACIÓN
SOBRE SANTO TOMAS

I. Santo Tomás fue para la Iglesia como un sol refulgente. Su prodigiosa erudición le valió el título de Doctor Angélico. Sus escritos tuvieron por única finalidad hacer conocer cuán admirable es Dios, en sí mismo y en sus obras. Mereció, así, oír de labios mismos de Nuestro Señor: Tomás, bien has escrito de mí, ¿qué recompensa pides? ¿Qué hubieras respondido tú, que estudias sólo por vanidad, por curiosidad, por interés? Este santo no quiso otra recompensa que a Dios mismo. Si en tus estudios y trabajos buscas otra cosa que no sea la gloria de Dios y tu salvación y la del prójimo, pierdes el tiempo.

II. Este sol ha enfervorizado tanto como ha iluminado; abrasaba el corazón de los demás con el fuego del amor divino, porque el suyo estaba enteramente penetrado de él. Vamos, con Santo Tomás, a buscar este sagrado fuego en el Corazón del Salvador: en él aprenderemos la ciencia de los santos, sin la cual nuestras luces no son sino relumbrones que nos llevarán al precipicio. Para nada sirve la erudición, si la ciencia de Dios no la corona. (San Jerónimo).

III. El consejo es de perenne actualidad. En vano brillara Santo Tomás con tanto fulgor, si no hubiera trabajado por la gloria de Dios; mas su virtud no era menos admirable que su ciencia, y lo que a otros enseñaba, él era el primero en practicar. Hombres sabios, Dios espera mucho de vosotros: más culpables seréis que los otros si no sois virtuosos. Humillémonos a ejemplo de Santo Tomás, porque todo lo que tenemos proviene de Dios. De nada hemos de gloriarnos, porque nada es nuestro. (San Cipriano).

El apego a la oración
Orad por los escolares.

ORACIÓN

Oh Dios, que iluminasteis a vuestra Iglesia mediante la maravillosa erudición de vuestro bienaventurado confesor Santo Tomás, y que la fecundáis mediante la santidad de sus obras, concedednos la gracia de comprender sus enseñanzas e imitar sus virtudes. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

Los santos que reinan con Cristo

7 de Marzo

Primer Sábado del Mes de Marzo de 2010

COMUNIÓN REPARADORA

GRAN PROMESA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.» ( Revelada por la Santísima Virgen María a la Hermana Lucía, vidente de Fátima, el 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra -España-)

Sor Lucía, la última vidente de Fátima

La práctica de esta devoción consiste en lo siguiente:

1. Confesión, que puede hacerse durante la semana.
2. La Comunión el mismo sábado.
3. Rezar una parte del santo Rosario.
4. Hacer compañía a la Virgen durante un cuarto de hora meditando o pensando en los misterios del Rosario.

5. Hacer esto durante cinco primeros sábados de mes sin interrupción.


Todo ello con la intención de consolar, honrar y desagraviar a la Santísima Virgen por las blasfemias y ofensas que se cometen contra su Corazón Inmaculado Corazón:


1. Las blasfemias y ofensas contra su Concepción Inmaculada.

2. Las blasfemias y ofensas contra su virginidad perpetua.

3. Los que niegan su maternidad divina y la rechazan como Madre de todos los hombres.

4. Los que infunden en los niños el desprecio y hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada.

5. Los que profanan sus sagradas imágenes.

Tomado de: http://santa-maria-reina.blogspot.com

SANTA COLETA, Virgen

6 de marzo

Hasta ahora nada habéis pedido (a mi Padre) en mi nombre: Pedidle y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo (San Juan, 16, 24)

Movida Santa Coleta por la aflicción que su pequeña estatura causaba a su padre, le pidió a la Santísima Virgen que la hiciera crecer. La Madre de Dios escuchó su inocente oración. Muy pronto excedió la estatura media de las personas de su sexo. Después de la muerte de sus padres, entró en la orden de Santa Clara, a la que reformó. Sus austeridades eran extraordinarias, su devoción al Santísimo Sacramento de la Eucaristía, admirable. Tuvo la dicha de recibir la comunión de manos de Jesucristo mismo. Particularmente era devota de su Pasión; sufría crudelísimos dolores cuando pensaba en los tormentos que padeció Jesús. Murió en Gante, en 1447.

MEDITACIÓN
SOBRE LA DEVOCIÓN
A JESÚS SACRAMENTADO

I. Santa Coleta deshacíase en lágrimas en el momento de la elevación de la Santa Hostia, porque estaba animada de fe viva. Si tuvieses un poco de fe, tendrías las mismas ternuras para Jesucristo; llorarías al ver los ultrajes con que tantos malos cristianos agobian a un Dios digno de amor y respeto infinitos; llorarías al pensar que tus pecados fueron la causa de su dolorosa Pasión cuya memoria renueva todos los días el sacrificio de la Misa.

II. Debes esperar del Padre eterno todo lo que pidas por los méritos de Jesús, oculto en este Sacramento. Si tuvieras la confianza de Santa Coleta, verías, como ella, que son escuchados tus deseos: no se quedó Jesús en la tierra sino para proveer a tus necesidades. Mas, para que obtengas todo de Jesucristo, dale lo que te pide desde hace tanto tiempo; ¿es como para asombrarse, acaso, que rechace tus ruegos cuando tú mismo desprecias sus inspiraciones? No lo hemos escuchado, Él no nos escucha; no lo hemos mirado, Él no nos mira. (Salviano).
III. Si tuvieras un poco de amor por Jesucristo, tendrías, como Santa Coleta, una grandísima devoción al Santísimo Sacramento del altar. Si quieres que Jesús sea tu amigo, visítalo con frecuencia en su casa, acompáñalo, ya en las procesiones solemnes, ya cuando se lo lleva a los enfermos. En una palabra, trata a Jesús como a tu amigo. Señor, en adelante quiero amare con todo mi corazón, porque tú me amaste primero. (San Agustín).

La devoción a la Eucaristía
por la conversión
de los herejes.

ORACIÓN

Dios, Salvador nuestro, escuchadnos, a fin de que la fiesta de Santa Coleta, al tiempo que regocija nuestra alma, desarrolle en ella los sentimientos de una tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

Los santos que reinan con Cristo

6 de Marzo

Primer Viernes del Mes de Marzo de 2010

¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.

El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: “Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes”.

Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA.  en estos términos:

“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora”.

En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:

1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,

2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…

Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación.

¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!

¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:

1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;

2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;

3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.

De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com

SAN ADRIAN, Mártir

5 de marzo

¡Ay de vosotros los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo en este mundo. (San Lucas, 6, 24) .

San Adriano se trasladó a Cesárea para visitar en sus calabozos a los confesores de la fe, y fue detenido en las puertas de la ciudad. Interrogado acerca del motivo de su viaje, confesó ingenuamente la verdad y fue conducido a presencia del gobernador, quien lo hizo desgarrar con uñas de hierro y lo condenó en seguida a ser arrojado a las fieras. Como éstas lo respetaron, fue degollado; corría el año 308.

MEDITACIÓN
LOS RICOS SON DESGRACIADOS
EN ESTE y EN EL OTRO MUNDO

I. No obstante que los hombres miren a los ricos como dichosos en este mundo, en realidad son desgraciados. Preciso es que sin descansar trabajen para adquirir y conservar sus riquezas; el deseo de aumentarlas y el temor de perderlas los atormentan sin cesar. Hasta son tan ciegos que no pocas veces no se sirven de sus riquezas, por miedo de verlas disminuir.No gozan los bienes de la tierra, y no gozarán los del cielo.

II. Considera al rico en la hora de 18 muerte. Dime por favor, ¿en cuánto estima ahora las riqueza que debe abandonar? ¡Ay! ¡con qué dolor conoce que ha de morir pronto, para ir a dar cuenta de su vida a ese Dios que tanto amó la pobreza y que despreció las riquezas! ¡Muerte cruel!, exclamaba un rey en sus últimos momentos, ¿así es cómo me separas de lo que tanto amé? (Libro de los Reyes).

III. ¿Los ricos serán felices por lo menos después de su muerte? ¿Lo podrían esperar, si no redimieron sus pecados mediante sus limosnas? Sus riquezas les proporcionaron los medios para cometer impunemente toda clase de crímenes; porque raro es dar con un hombre que solamente haga lo que debe, cuando tiene el poder de hacer todo lo que quiere. No sin razón Jesús dice a menudo que es difícil que un rico entre en el cielo. Él no quiso discípulos ricos en la tierra; ¡cuán para temer es que no reciba a muchos ricos en el cielo! Cristo, que es pobre, desprecia a los discípulos ricos. (San Cipriano).

El desprecio de las riquezas
Orad por
los pobres.

ORACIÓN

Dios todopoderoso, Os suplicamos hagáis que la intercesi6n del bienaventurado Adriano, vuestro mártir, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.