La Penitencia V

Valor de la contrición y sus propiedades

Ya hemos dicho con el Concilio de Trento que la contrición es un dolor o tristeza del alma y, una detestación del pecado cometido con próposito o resolución firme de no pecar en adelante.   Este es un tema de suma transcendencia, pues por falta de contrición resultan nulas muchas confesiones.  La contrición como virtud y como disposición para el sacramento de la penitencia es de gran valor, y sus propiedades son estas:
  1. Debe ser interna,
  2. Sobrenatural,
  3. Suma o suprema
  4. Universal.
En primer lugar diremos que el dolor es más necesario que la declaración de los pecados.
Un ejemplo:
Un pecado olvidado y siempre olvidado,  si se tiene contrición en la confesión, está perdonado; pero un pecado declarado mil veces, si no hay contrición permanece en la conciencia.
Otro ejemplo:
Suponed que un moribundo no se ha confesado desde bastantes años; él no puede ahora declarar el menor pecado; pero él tiene una verdadera contrición, y basta para que le queden perdonados todos sus pecados.   Oponed a este moribundo un hombre que hace confesión general de toda su vida, y que no tiene contrición…,¿Qué suerte de los dos escogeríamos?
— La contrición debe ser interna, por ser un acto de la inteligencia y de la voluntad.   Por tanto la contrición no se halla en los ojos, ni en la lengua…, sino en el corazón del que parte el mal.   Cuando los ojos han mirado lo que ellos no podían ver; cuando la lengua ha dicho lo que ella no podía decir; cuando las manos han hecho lo que ellas no debían hacer, ¿Quién era el culpable? Evidentemente no eran ni los ojos, ni la lengua, ni las manos, sino el corazón.   Este es el que mandaba.  Nuestro Señor lo ha dicho:
“Del corazón provienen los malos pensamientos,
los homicidos,
los adulterios,
los robos,
los falsos testimonios,
las blasfemias…
(San Mateo. 15, 18).
Luego es necesario castigar al culpable, y en este caso es el corazón, y de aquí que nuestra contrición debe ser interior.   La contrición es remedio del mal…, la contrición es una tristeza del alma…

— La contrición debe ser sobrenatural.

¿Cuál debe ser su motivo?

Lo entendemos fácilmente.  Un hombre razonable esta triste, él sabe por qué.

Pues bien ¿Por qué nuestros pecados deben entristecernos?

Por causa del daño que ellos nos hacen.

Ejemplos:

  1. Un bebedor, uno que se ha emborrachado y por darse a la bebida se ha roto una pierna…
  2. Un ladrón ha sido sorprendido en el acto del robo y es condenado a seis meses de cárcel…
  3. Una hija es deshonrada, toda la villa la muestra con el dedo, ella está de tal modo que confusa que apenas se atreve a ir a Misa el domingo…

Todos estos tres citados estan tristes, tristes de haber cometido su pecado.

El 1.° por que él tiene la pierna rota;

El 2.° porque está en la prisión;

y la  3.° por que ha perdido su honor…

Pero ¿Este dolor es bueno? No…. si en efecto Dios no existiese, ellos estarían tristes todavía por motivos parecidos, por motivos humanos, por el qué dirán… El verdadero motivo de esta tristeza que se llama contrición es este:  Porque se ha ofendido a un Dios infinitamente bueno…, porque se ha perdido el cielo…, porque se ha merecido el infierno.

Ved, pues, porque nuestra contrición debe ser sobrenatural en su motivo.

— La contrición debe ser suma y universal.

Notemos que un hombre se entristece en proporción al valor del bien que ha perdido.

Vedlo en esta comparación gradudada:

Uno pierde doscientas pesetas y lo siente, pero pierde mil y lo siente mas…, y si pierde cincuenta mil, lo siente muchísimo más…, su sentimiento es grande.

Ahora bien, por el pecado ¿Qué perdemos? Perdemos a Dios, es decir, más que todos los tesoros del universo…, pues ninguna tristeza del mundo puede sobrepasar la tristeza que se llama contrición, y por eso la llamamos suma o suprema, ella domina a todas las otras…

Alguno tal vez diga: yo no he tenido contrición, porque yo no he sentido jamás una tristeza tan viva… Yo he estado mucho más triste a la muerte de mi madre como no lo he estado jamás por todos los pecados de mi vida…

Mas esto no debe inquietaros.  La religión nos enseña que la contrición debe ser una cosa real, pero no nos enseña que esta tristeza debe ser una cosa sensible… No es el cuerpo el que debe sentir la tristeza, es el alma.

Cuando uno que se va a confesar no debe inquietarse de lo que siente, sino preguntarse lo que él piensa.   Entonces lo que todos podemos hacer es pensar también que por cada pecado, nosotros hemos perdido a Dios, y que estamos tristes no por haber cometido tal o cual pecado, sino que lo estaremos por todos nuestros pecados, es decir, no nos afligiremos de uno u otro en particular, sino de todos sin excepción, y así nuestra contrición será no sólo suma o suprema, sino también universal, porque se extiende a todos los pecados cometidos.

Y ¿Cómo debemos tener o procurarnos la contrición?.   A esto responderemos que no es posible tenerla por nosotros mismos.   Dios sólo puede dárnosla por su gracia, ¿Puede enseguida devolverse la vida? Pues bien, cuando uno peca mortalmente, su alma se suicida, mas ella no puede enseguida devolverse la vida que se ha quitado.   Pero la contrición es el principio de la vida del alma.

Por consiguiente ¿Cómo tener la contrición?

La respuesta nos la da San Agustín:

“Dios quiere dárnosla, pero no la da sino a los que se la piden”.

“Pedid y recibiréis”, dice Jesucristo.

Roguemos, y obtendremos lo que pidamos… y así nuestra contrición no será solamente sobrenatural en su motivo, sino también en su principio.

En consecuencia:

“Tengamos presente que la contrición”

es el elemento primero y más necesario del sacramento de la penitencia

y condición indispensable para conseguir el perdón de los pecados

(D. 987).

SAN LONGINOS, Mártir

15 de marzo

El centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, visto el terremoto y las cosas que sucedían, se llenaron de grande temor, y decían: Verdaderamente que este hombre era Hijo de Dios. (San Mateo, 27,54).

El Santo, cuya fiesta celebramos hoy, se dice que es el soldado que con un lanzazo abrió el costado de Jesús en la cruz. La llaga que hizo en el Corazón adorable del Salvador fue, para él, la puerta de salvación, y la sangre que de ella brotó, el baño sagrado que lavó su iniquidad. Dio testimonio del Salvador en su resurrección, y murió mártir.

MEDITACIÓN
SOBRE LAS LLAGAS
DE JESUCRISTO

I. Para amar a Jesucristo, basta mirar las sagradas llagas que florecen en sus pies, en sus manos y en su adorable costado. ¿Podría no amarte, oh dulce Jesús, contemplando lo que sufriste por mi amor? Me arrancaste del infierno derramando por mí tu sangre toda; me diste todos los méritos de tu santa Pasión. Penetremos, alma mía, hasta el Corazón de Jesús por la abierta llaga de su costado; hablémosle y oigamos lo que nos dirá. A través de las llagas de su Corazón, entreveo los secretos de su Corazón. (San Agustín).

II. ¿Estás tentado de desesperación a la vista da los pecados que cometiste y de las dificultades que encuentras en el camino del cielo? ¿Te sientes proclive al orgullo, a la lujuria o a algún otro pecado? Refúgiate en la llaga del costado de Jesús; óyele decir: “¿Podría querer tu muerte, hijo mío, Yo, que he muerto por ti? y tú, ¿querrías ofenderme después de todo el bien que te he hecho? Si mi Padre ha castigado con tanta severidad en mí el pecado de Adán, ¿te perdonaría a ti si lo ofendes?”

III. ¿Estás afligido, abrumado de dolor, cargado de oprobios, sin apoyo, sin consuelo? Refúgiate en el Corazón de Jesús. He ahí tu asilo; en él encontrarás un consolador y un amigo. Confíale tus penas, tus sinsabores, tus inquietudes; cuéntale todos tus sufrimientos, pero, a tu vez, escúchale cuando te diga los suyos. Extiende Él los brazos en la cruz para abrazarte, abre su corazón para recibirte en él. No desprecies, Señor, la obra de tus manos; considera, te suplico, las heridas que las atraviesan. (San Agustín).

La devoción a las sacratísimas llagas de Jesús
Orad por la conversión de los pecadores.

ORACIÓN

Dios todopoderoso, haced, os lo suplicamos, que por la intercesión del bienaventurado Longinos, sean librados nuestros cuerpos de toda adversidad y nuestro espíritu de todo mal pensamiento. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/