La Penitencia III

Necesidad de la penitencia

¿Por qué hemos de hacerla?
Porque sin penitencia nadie puede entrar en el reino de Dios.
Nos lo enseña con toda claridad el llamamiento del Señor:
“Haced penitencia” (Mt. 4, 17).
El motivo hemos de buscarlo en nosotros mismos, porque no somos como Dios quería que fuésemos. ¡Cuán lejos estamos de la pureza e inocencia que tuvo el hombre al salir de las manos del Creador! Nos hemos alejado del camino, de Dios, y lo primero es la penitencia es “volvernos” al camino recto, es “convertirnos”; lo primero es una transformación profunda (metanoia), para que podamos andar nuevamente por el camino que conduce al reino de Dios.
En la Sagrada Escritura, en ambos Testamentos, hay muchísimos textos que nos hablan de la necesidad de la penitencia, y en ellos vemos que Dios nos
promete el perdón de los pecados con la condición de que hagamos penitencia.
— “Si (no hiciereis penitencia, todos igualmente
pereceréis” (San Lucas. 13,3).

— “Arrepentíos, porque se acerca el reino de
Dios” (San Mateo. 4, 17),

— “Volveos y convertíos de vuestros pecados, (y así no serán la causa de vuestra ruina).
Arrojad de vosotros todas las iniquidades que cometéis y hacéos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
¿Por qué habeís de querer morir, casa de Israel?
Que no quiero Yo la muerte del pecador.
Convertíos y vivid”
(Ez. 18, 30-32).

— “Arrepentíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados,
y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hech. 2, 38).

— “Arrepentíos, pues, y convertíos para que sean borrados vuestros pecados” (Hech. 3).

— “En aquellos días, dice el Evangelio, vino Juan Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo:
Arrepentíos…, haced frutos dignos de penitencia. ..
Ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles,
y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego” (San Mateo. 1, 1 ss).

“Si la gracia va unida a la penitencia, dice San Ambrosio, el que se cansa de hacer penitencia, renuncia a la gracia”.

Habiendo San Pedro echado en cara a los judíos de haber crucificado a Jesucristo, Hijo de Dios y verdadero Mesías, muchos de ellos sintieron arrepentimiento, y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué haremos, hermanos? San Pedro les contestó:

“Haced penitencia” (Hech. 2,38-39)

El Señor en el Apocalipsis dice al ángel de Efeso:

“Tengo contra ti que abandonaste tu primer a caridad.   Considera,

pues, de donde has caido, y haz penitencia,

si no, vendré a ti y removeré el candelero de su lugar si no te arrepientes” (2, 4-5).


“Jamás, – dice San Gregorio Magno-,

jamás perdonará Dios al que peca,

porque no deja el delito sin castigo.

O el pecador se castiga a sí mismo,

o Dios, entrando con él a juicio, le hiere”.

Habiendo el emperador Teodosio querido excusarse de haber hecho asesinar a varios habitantes de Tesalónica, citando el ejemplo de David, que había hecho morir a Urías,  San Ambrosio le respondio:

“Ya que habéis imitado a David en su pecado, imitadle en la penitencia”.

Esta doctrina de la necesidad de la penitencia la enseño claramente el Concilio de Trento, que dijo:

“En todo tiempo, la penitencia fue ciertamente necesaria para alcanzar la gracia y la justicia a todoslos hombres que se hubieran manchado con algún pecado mortal, aun a aquellos que hubieran pedido ser lavados por el sacramento del bautismo, a fin de que, rechazada y enmendada la pervesidad, detestaran tamaña ofensa de Dios con odio del pecado y dolor de su alma” (D. 894).

Es evidente que sin un movimiento voluntario de volverse a Dios es imposible que pueda justificarse el pecador que voluntariamente se apartó de Él.

“Volveos a Mi, dice el Señor, y yo me volveré a vosotros (Zac. 1,3).


La penitencia es arrepentimiento, vuelta a Dios.

SANTA EUFRASIA, Virgen

13 de marzo

Cuando ayunéis no os pongáis caritristes como los hipócritas, que desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su galardón. (San Mateo, 6, 16).

Esta santa despreció un brillante casamiento que el emperador le ofrecía, para consagrarse a Jesús en el claustro. Comía sólo una vez al día, y con frecuencia permanecía toda una semana sin tomar ningún alimento. Pidió a Dios que con un año de anticipación le hiciese conocer el día de su muerte; pero Dios, que la veía presta en todo tiempo, le advirtió sólo quince días antes de llevarla al cielo.

MEDITACIÓN
SOBRE EL AYUNO

I. La vida de Santa Eufrasia, llamada también Eufrosina, fue un ayuno perpetuo y riguroso. Jesucristo y todos los santos han ayunado; debes imitarlos en la medida en que tus fuerzas lo permitan, a fin de expiar, mediante esta mortificación, tu sensualidad en el beber y en el comer. ¿Eres más delicado que un niño de siete años? A esta edad, la santa comenzó su penitencia. No son las fuerzas corporales sino la buena voluntad y el valor los que te faltan.

II. Debes ayunar para impedir que la carne se rebele contra el espíritu; la virtud se fortifica a medida que el cuerpo se debilita. Tu mayor enemigo es tu cuerpo; no podrías tratarlo tan duramente como se merece. Si los santos, después de haber castigado sus cuerpos por medio del ayuno, la disciplina y el cilicio, experimentaron sin embargo las rebeliones de la carne, ¿qué será de ti que la tratas con tanta molicie?

III. Si tu salud no te permite ayunar, puedes, por lo menos, mortificar tus ojos y tu lengua; ello contribuirá grandemente a tu santificación, sin dañar en nada tu salud. ¡Cosa extraña! ¡los santos que son inocentes, hacen crueles penitencias, y nosotros que somos pecadores, no queremos hacerlas! Que los enfermos busquen los remedios que emplean los sanos, y que viendo a los santos llorar sobre sus imperfecciones, lloren los pecadores sobre sus crímenes. (San Eusebio).

La mortificación corporal
Orad por los enemigos de la Iglesia.

ORACIÓN

Oh Dios, Nuestro Señor. escuchadnos y haced que la solemnidad de Santa Eufrasia. regocijando nuestra alma. desarrolle en ella los sentimientos de una tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/