Francisca y su Compañía Angélica

Las Actas de Canonización de Santa Francisca Romana, año 1606.


Cuando pequeña, santa Francisca tuvo la fortuna de ver a su ángel de la guarda, que velaba por ella día y noche. Jamás la dejó un solo instante, y en ocasiones, como favor especial, le permitía ver el esplendor de su figura.

Ella lo describe así: “Era de una belleza increíble, con un cutis más blanco que la nieve y un rubor que superaba el arrebol de las rosas. Sus ojos, siempre abiertos tornados hacia el cielo, el largo cabello ensortijado tenía el color del oro bruñido. Su túnica llegaba al suelo y era de un blanco algo azulado y, otras veces, con destellos rojizos.

Era tal la irradiación luminosa que emanaba de su rostro, que podía leer maitines en plena media noche”.

En una ocasión, el escéptico padre de Francisca la requirió el honor de ser presentado a esta criatura “imaginaria”. Dicho y hecho. Ella tomó al ángel de la mano, y uniéndola a la de su padre, los presentó, pudiendo el último verlo y así no volver a dudar.

Santa Francisca Romana vivió entre 1384 y 1440. Unos meses después de su muerte, durante la apertura de su tumba en Roma, se descubrió que su hermoso cuerpo había permanecido incorrupto, y que exhalaba, además, un perfume que resultaba conocido a aquellos que habían tratado con ella.

Tomado de: http://www.corazones.org

Este sitio web es obra de Las  Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María.

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