¡Escuchad almas consagradas!

.. el Padre Pío aun habla.annus-sacerdotalis

El Padre Pío de Pietralcina (Italia) que poseía las Santas Llagas de Jesús, dice en visión a un hermano (Padre): ¡Escuchad, almas consagradas!”¿Qué le irá a suceder al mundo? En medio de nuestra alegría en el Cielo, nos estremecemos, con angustia, porque todos tenemos a los nuestros en la tierra. ¡Prepárate! ¡No temas las reflexiones que hagan! Escribe, habla, remueve los corazones que se quieren degradar en el lodo. Más que todos, son nuestros hermanos consagrados que embeben de amargura a Cristo, “Pan de la vida”, porque comienzan a corromperse. La hora es grave, muy grave y ellos serán los primeros en ser arrebatados por la tempestad, porque es por ellos, por su medio, que vienen tantos males al mundo.

.
Acordaos de esto; gravadlo profundamente en vuestros corazones. El más bello y precioso ornamento del padre es la pureza virginal. La pureza penetra hasta lo más alto del Cielo, hace ver y comprender cosas sublimes; ella es un reflejo de la claridad de Dios; da el gusto y el sabor de todo lo que es santo; tiene una intuición particular de las cosas espirituales y genera el heroísmo de la virtud y del martirio; ella nos da ardor y entusiasmo por la salvación de las almas.
.
¿Qué haréis vosotros, queridos hermanos, para conservaros castos y puros en medio de tantos peligros, no medio de un mundo seductor y pérfido? Mortificad los sentidos, mortificad los ojos y principalmente los oídos, evitando familiaridades ociosas, que son la sepultura de la pureza. ¡Oh! ¡La pureza virginal! Hasta los ángeles la envidian! Ella da a todo el ser un brillo particular. La pureza viene del Cielo; es necesario pedirla sin cesar al Señor y tener el cuidado de no ofuscarla; es necesario cerrar las puertas a la sensualidad de la tierra, como se trancan las puertas y las ventanas para impedir la entrada de alguien.
.
Inflamaos de amor por Dios en el pensamiento continuo de su omnipotencia, para que viváis en este mundo la vida del Cielo. Que los fieles se acuerden de esto: hágase en las parroquias al menos en particular, una Hora Santa, todos los jueves, por la santificación de los sacerdotes”..

Más que todos, son nuestros hermanos consagrados que embeben de amargura a Cristo, "Pan de la vida", porque comienzan a corromperse.

Más que todos, son nuestros hermanos consagrados que embeben de amargura a Cristo, "Pan de la vida", porque comienzan a corromperse.

“Si necesitamos paciencia para tolerar las miserias ajenas,
más aún debemos soportarnos a nosotros mismos”
San Pío de Pietrelcina.


La Misa del Padre Pío

« Una unión completa entre Jesús y yo »

« Una unión completa entre Jesús y yo »

Según el Hermano Narsi Decoste en “El Padre Pío”

«No se venía a San Giovanni para ver una clínica ultramoderna o para escuchar narraciones de conversiones o de curaciones espectaculares. La mayoría de los peregrinos disponían de un día, a veces de una mañana: venían a asistir a la misa del Padre Pío. Esto es muy notable cuando se sabe que llegaban a veces de muy lejos, frecuente de América.
Naturalmente, algunos aprovechaban de una estancia en Italia, Roma, Nápoles o en otra parte, para hacer un salto hasta San Giovanni; muchos repartían le mismo día. Habían venido únicamente para esto.
.
Desde las dos o tres horas de la mañana, los pesados autobuses descargaban delante del convento a sus ocupantes, sorprendidos de ver ya la plaza de la iglesia negra de mundo. Se esperaba pacientemente la apertura de las puertas para entrar; esperando, se rezaba el rosario.
.
Para el incrédulo que venia simplemente como curioso, la misa del Padre Pío era tal vez una ceremonia como todas las otras; pero, para el creyente, era de un valor infinito por la presencia real del Señor que el celebrante llama infaliblemente sobre el altar por las palabras consagratorias. La misa siempre y en todas partes tiene el mismo valor, allí donde es celebrada válidamente: ¿Por qué querer asistir a la del Padre Pío? Indudablemente porque este capuchino hacía tangible la misteriosa y sin embargo real presencia.
.
Se comprende, por lo tanto, que nada puede ser añadido a su grandeza, a su valor, a su significación, que es únicamente limitada par la impenetrable voluntad de Dios.
.
Cuando el Padre Pío celebraba la misa, daba la impresión de una tan intima, como intensa y completa unión con Aquel que se ofrecía al Padre Eterno, como víctima de expiación por los pecados de los hombres.
.
Desde que él estaba al pie del altar, el rostro del celebrante se transfiguraba.
No se encontraba allí solamente como sacerdote para el Sacrificio, sino como el hombre de Dios para dar testimonio de su existencia, como sacerdote que portaba él mismo las cinco llagas sangrantes de la crucifixión sobre el cuerpo. El Padre Pío poseía le don de hacer rezar a los otros. Se vivía la misa. Se era fascinado. Puedo decir, que solamente en San Giovanni, comprendí el divino Sacrificio.
.
Esta misa duraba largo tiempo; sin embargo, al seguirla en su larga celebración, se perdía toda noción de tiempo y de lugar. La primera vez que asistí a ella, lamenté que se terminara. ¡Con estupor, me di cuenta que había durado más de dos horas!
.
Toda la vida del Padre Pío estaba centrada sobre el Santo Sacrificio de la misa que, decía él, día tras día, salva al mundo de su perdición. Brunatto, que asistía generalmente al Padre y tuvo la alegría de acolitarle, testimonió que, durante los años de su aislamiento, la celebración duraba hasta siete horas. Más tarde, fue limitada por la obediencia y duraba alrededor de una hora.
.
Sí, verdaderamente, esta misa del Padre Pío era un acontecimiento inolvidable y se tenía razón de querer y asistir al menos una sola vez.
.
Cuando salía de la sacristía, el Padre era generalmente sostenido por dos cohermanos, pues sus pies transpasados le hacían sufrir atrozmente. De un paso pesado, arrastrando los pies, incierto, vacilante, avanzaba hacia el altar. Además de los estigmas, pasaba aún toda la noche en oración; lo que fue así por medio siglo.
.
Se le hubiera creído aplastado bajo el peso des pecados del mundo. Ofrecía todas las intenciones, los pedidos, las súplicas, que le habían sido confiadas por escrito u oralmente, del universo entero. Portaba, además, todas les aflicciones, los sufrimientos, las angustias por las cuales se venía a él y de las que se había cargado. Es por esto que el Ofrecimiento de esta misa era tan largo y tan impresionante.
.
Hacía todo para desviar la atención de él. Evitaba todo lo que podía ser espectacular en su porte, su expresión, sus gestos, en su manera de rezar y de callarse; y sin embargo, su porte, su modo de rezar, su silencio, y sobre todo las largas pausas, en toda su simplicidad, eran verdaderamente dramáticas.
.
Cuando, recogido en el silencio de una multitud íntimamente unida a él, el Padre Pío tomaba la patena en sus manos sangrantes y la ofrecía al Padre Todo Poderoso, ella pesaba con el peso enorme ese montón de buenas obras, de sufrimientos y de buenas intenciones. Este pan que iba luego a tomar vida, cambiado en Aquel que, sólo, realmente, era capaz de pagar completamente la deuda de los pecados de los hombres.
.
En esta celebración no eran remarcables solamente las principales partes de la misa. El Padre Pío celebraba toda la misa con la misma atención sostenida, visiblemente consciente de la profunda significación de cada palabra, de cada gesto litúrgico.
Lo que pasaba entre Dios y él permanece un misterio, pero se podría adivinar alguna cosa en ciertos silencios, en ciertas pausas más largas; los trazos de su cara traducían a veces su intensa participación en el Drama que él vivía. Con los ojos cerrados, estaba frecuentemente en conversación con Dios, o transportado en éxtasis en la contemplación.
.
Sólo, un ángel sería capaz de describir dignamente esta misa. Las llagas permanentes de su cuerpo no eran sino los signos visibles del martirio interior que padecía con el «divino Crucificado». Por esto, la atención de la asamblea estaba fija en el punto culminante del Santo Sacrificio: la Consagración.

.
En efecto, se detenía un instante como para concentrarse. Parecía desencadenarse una lucha entre él, que tenía en sus manos la hostia inmaculada y, Dios sabe, que fuerza obscura e invisible que, sobre sus labios, retenía las palabras consagratorias cargadas de fuerza creadora.
.
Ciertos días, la misa era para él, a partir del Sanctus, un verdadero martirio. El sudor cubría su cara y las lagrimas corrían a lo largo de sus mejillas. Era verdaderamente el hombre de dolores tomado por la agonía. Involuntariamente, yo pensaba en Cristo en el Jardín de los Olivos.
.
Se veía claramente, que profiriendo las palabras de la Consagración, padecía un real martirio. A cada palabra, un choc parecía recorrer sus miembros. ¿Sería posible, como ciertos lo piensan, que él sufría entonces más intensamente la Pasión de Cristo y que los salmos dolorosos, que él reprimía cuanto posible, lo impedían en un momento continuar? O debemos interpretar a la letra las palabras del Padre diciendo que el demonio se aventure garfios hasta en el altar? En son actitud tan impresionante, se asistía por lo tanto a una lucha real contre Satán, que, en ese momento, redoblaba sus esfuerzos para atormentarlo.
Las dos suposiciones son aceptables.
.
Frecuente, cuando abandonaba el altar, después de la misa, ciertas expresiones involuntarias y reveladoras se le escapaban. Como hablándose a sí mismo, decía por ejemplo: «Me siento quemar… » y también : « Jesús me dijo… ».
.
En cuanto a mi, yo he estado, como todos aquellos que han tenido la alegría de participar en esta misa, vivamente impresionado por esta emocionante celebración.
.
Un día, hicimos al Padre, la pregunta: «Padre, ¿qué es su misa para usted?».
.
El Padre respondió: « Una unión completa entre Jesús y yo ».
.
La misa del Padre Pío era verdaderamente esto: Le Sacrificio del Gólgota, el Sacrificio de La Iglesia, el Sacrificio de la última Cena y también nuestro Sacrificio.
.
Y, aún: « ¿Somos los únicos que estamos en torno del altar durante la misa?
.
– En torno de el altar, están los Angeles de Dios.
.
– Padre, ¿qué se encuentra en torno de el altar?
.
– Toda la Corte celestial.
.
– Padre, ¿está también presente la Virgen María durante la misa?
.
– ¿Puede una Madre permanecer indiferente para con su Hijo ? ».
.
En una carta que el Padre escribió, en mayo 1912, sabemos que la Santísima Virgen lo acompañaba en el altar. La Madre de Dios y nuestra Madre evidentemente no tiene otra preocupación que la de su Hijo Jesús que se hacía visible, a nuestros ojos , en la carne del Padre Pío, herido de amor por Dios y sus hermanos .
.
-«Padre, ¿cómo debemos asistir a la misa?
.
– Como la Santísima Virgen y les santas mujeres , con amor y compasión. Como san Juan asistía a la Ofrenda Eucarística y al Sacrificio sangriento de la Cruz . »
.
Un día que la multitud de peregrinos era particularmente densa en la iglesia de San Giovanni, el Padre me dijo después de la misa:
-«¡Me acordé de usted en el altar!».
-Le pregunté: « Padre, ¿tiene usted en la memoria todas les almas que asisten a su misa? ». -Respondió : « ¡En el altar, veo a todos mis hijos como en un espejo!».
.
Toda la vida del Padre Pío ha sido una Pasión de Jesús. Su jornada entera era la continuación del Sacrificio de la misa.
.

“No pecamos adorando la Eucaristía, más bien pecamos si no la adoramos.”

San Agustín.
 
Tomado de:

El Padre Pío y la Confesión

Confessionale

La Confesión era el principal trabajo diario del Padre Pío. Él hacía este trabajo mirando dentro de los penitentes. Por ello, no era posible mentirle al Padre Pío durante una confesión. El veía dentro del corazón de los hombres. A menudo, cuando los pecadores eran tímidos, el Padre Pío enumeraba sus pecados durante la confesión. 

El Padre Pío invitaba a todos los fieles a confesarse al menos una vez por semana. Él decía: “Aunque una habitación quede cerrada, es necesario quitarle el polvo después de una semana.” 

En el sacramento de la confesión, el Padre Pío era muy exigente. Él no soportaba a los que iban a él sólo por curiosidad. 

Un fraile contó: Un día el Padre Pío no dio la absolución a un penitente y luego le dijo : “Si tú vas a confesarte con otro sacerdote, tú te vas al infierno junto con el otro que te de la absolución”. El entendía que el Sacramento de la Confesión era profanado por los hombres que no querían cambiar de vida. Ellos se hallan culpables frente Dios.

Un señor fue a confesarse con el Padre Pío, a San Giovanni Redondo, entre 1954 y  1955. Cuando acabó la acusación de los pecados, el Padre Pío le preguntó : “¿Tienes otro”? y él contestó: “no padre”. El Padre repitió la pregunta: “¿tienes otro”?,  “no, padre”. Por tercera vez  el Padre Pío le preguntó: “¿tienes otro”?. A la tercera respuesta negativa se acaloró el huracán. Con la voz del Espíritu Santo el Padre Pío gritó: “¡Calle! Calle! Porque tú no estás arrepentido de tus pecados! “. 

El hombre quedó petrificado por la vergüenza que pasó frente a mucha gente. Luego trató de decir algo. Pero el Padre Pío le dijo: “Estás callado, cotilla, tú has hablado bastante; ahora yo quiero hablar: ¿Es verdadero que frecuentas las salas de fiestas”? – Usted, padre” – “¿Sabes tú que el baile es una invitación al pecado”? 

El hombre se fue asombrado y no supo qué cosa decir ya que tenía el carné de socio de una sala de fiestas en su billetera. El hombre prometió no cometer otros pecados y después de mucho tiempo tuvo la absolución.

Las mentiras 

Un día, un señor le dijo al Padre Pío: “Padre, yo digo mentiras cuándo estoy con mis amigos. Lo hago para mantenerlos alegres “. Y el Padre Pío contestó: “Eh, ¿quieres tú ir al infierno bromeando?! “

La murmuración 

Cuando uno habla mal de un amigo suyo se está destruyendo su reputación y el honor del hermano que tiene en cambio derecho a gozar de consideración. 

Un día el Padre Pío dijo a un penitente: “Cuando tú murmuras de una persona quiere decir que tú no quieres a aquella persona, tú has sacado a la persona de tu corazón. Pero sabes que, cuando sacas a un hombre de tu corazón, también Jesús se va fuera de tu corazón junto con aquel hombre.”

 

Una vez, el Padre Pío fue invitado a bendecir una casa. Pero cuando llegó a la entrada de la cocina él dijo: “Aquí hay serpientes, yo no entro”. Y luego le dijo a un sacerdote que a menudo frecuentaba aquella casa para comer: “no vayas a esa casa porque ellos dicen cosas feas de sus hermanos”.

 

La blasfemia 

Un hombre era originario de la Región de las Marcas. Él partió de su país, con un amigo suyo, en un camión. Transpotaban muebles cerca de San Giovanni Redondo. Mientras hicieron la última subida, antes de llegar al destino, el camión se rompió y se paró. Intentaron hacer arrancar el motor pero no tuvieron éxito. 

El chófer perdió la calma y lleno de cólera blasfemó. Al día  siguiente, los dos hombres  fueron a San Giovanni Redondo donde vivía la hermana de uno de los dos hombres. Con la ayuda de su  hermana lograron ir al Padre Pío para confesarse. 

Entró el primer hombre pero el Padre Pío lo cazó afuera. Luego le llegó el turno al chófer que empezó el coloquio y le dijo al Padre Pío: “Me he irritado”. Pero el Padre Pío gritó: “¡Desdichado! has blasfemado a nuestra Mamá! ¿Qué te ha hecho la Virgen”?. Y lo mandó fuera.

 

El demonio está mucho cerca de los que blasfeman

En un hotel de San Giovanni Redondo no era posible descansar ni de día ni de noche porque estaba una niña endemoniada que chillaba de modo que daba susto. La mamá de la niña la llevaba cada día a la Iglesia. Ahí esperó a que el Padre Pío liberara a la niña del espíritu del mal. También en la iglesia la niña gritó muchísimo. Una mañana, el Padre Pío tras haber confesado a algunas mujeres se encontró frente a él a la niña que gritaba espantosamente. La niña fue retenida con dificultad por dos o tres hombres. El Padre Pío, ya aburrido de todo aquel trasiego, dio un golpe con su pie a la niña y luego golpeó la cabeza de la niña y dijo: “Ahora” basta! 

 

La pequeña cayó a la tierra. El  Padre Pío le pidió a un médico que estuvo presente, que llevara a la niña a San Michele, al santuario del Monte San Ángel. Cuando el grupo llegó al destino, entraron a la gruta donde había aparecido San Michele. La niña se reanimó, pero nadie logró acercarla al altar dedicado al ángel. En el medio de la confusión, un fraile tomó la mano de la niña y tocó el altar. La niña cayó a tierra como si hubiera sido fulminada. Se levantó  más tarde y como si nada hubiera sucedido le preguntó a su mamá: “¿podrías comprarme un helado”? 

Ante ésto, el grupo de personas volvió a San Giovanni Redondo para informar y agradecer al Padre Pío. Pero el Padre Pío le dijo a la mamá: “dile a tu marido que no blasfeme más, de otro modo el demonio vuelve.”

 

Faltar a la Eucaristía 

A los principios de los años ’50, un joven médico fue a confesarse con el  Padre Pío. Él dijo sus pecados y luego se quedó en silencio. El Padre Pío le preguntó al joven médico si tenía algún pecado que añadir pero el médico le respondió que no. Entonces el Padre Pío le dijo al médico: “recuerda que en los días festivos no se puede faltar tampoco a una sola Misa, porque ello es pecado mortal”.  En aquel momento el joven recordó haber “faltado” a una cita dominical con la Misa, un mes antes. 

La magia 

El Padre Pío prohibió cada forma de magia, de espiritismo y de prácticas de lo oculto. Una señora cuenta: “Yo me confesé  con el Padre Pío en el mes de noviembre del 1948. Entre las otras cosas que le dije al Padre es que en nuestra familia estábamos preocupados porque una tía leyó las cartas. El Padre con tono perentorio dijo: “Echáis fuera enseguida aquella cosa.”

 

El Divorcio 

En la familia unida y santa, el  Padre Pío vio el lugar donde brota la fe. Él dijo: “el divorcio es el pasaporte por el infierno”. 

 

Una joven señora, cuando acabó la confesión de sus pecados, como penitencia el Padre Pío le indicó.”tienes que encerrarte en el silencio del ruego y salvarás tu matrimonio.” 

La señora se sorprendió ya que su relación matrimonial no tenía problemas. Después de mucho tiempo, ella tuvo grandes problemas en su matrimonio pero al estar preparada y siguiendo el consejo del Padre Pío, superó aquel triste momento evitando la destrucción de la familia.

El aborto 

Un día, el padre Romero le preguntó al Padre Pío: “Padre, esta mañana le ha negado la absolución a una señora por haberse hecho un aborto. ¿Por qué ha sido tan riguroso con aquella pobre desgraciada”?. 

El Padre Pío contestó: “El día en que los hombres, asustados por el estampido económico, de los daños físicos o de los sacrificios económicos, pierdan el horror del aborto, será un día terrible para la humanidad. Porque es justo aquel el día en que deberían demostrar  tener horror por ello. El aborto no es solamente homicidio también es suicidio. ¿Y con los que vemos sobre el dobladillo cometer con un solo golpe uno y otro delito, queremos tener el ánimo de enseñar nuestra fe? ¿Queremos recobrarlos  o no”? 

“¿Por qué suicidio”?  preguntó el padre Romero . 

“Tú comprenderías este suicidio de la raza humana, si con el ojo de la razón, vieras ´la belleza y la alegría´ de la tierra poblada de viejos y despoblada de niños: quemada como un desierto. Entonces entenderías la doble gravedad del aborto: con el aborto siempre se mutila también la vida de los padres”.

 Tomado de:  http://www.padrepio.catholicwebservices.com

El Padre Pío después de 40 años de fallecido

Exponen los restos del Padre Pío en Italia

SOBRENATURAL| MURIÓ HACE 40 AÑOS, PADECÍA ESTIGMAS, LEVITABA Y PREDECÍA EPISODIOS
El cuerpo incorrupto de San Pío de Pietralcina, más conocido como Padre Pío, quien murió hace cuarenta años, permanece expuesto al público en una ceremonia multitudinaria en el santuario de Santa María de la Gracia, en la localidad de San Giovanni Rotondo, en Puglia, en el sur de Italia, hoy, jueves 24 de abril.(EFE)

El cuerpo incorrupto de San Pío de Pietralcina, más conocido como Padre Pío, quien murió hace cuarenta años, permanece expuesto al público en una ceremonia multitudinaria en el santuario de Santa María de la Gracia, en la localidad de San Giovanni Rotondo, en Puglia, en el sur de Italia, hoy, jueves 24 de abril.(EFE)

El cuerpo incorrupto de San Pío de Pietralcina, más conocido como Padre Pío, quien murió hace cuarenta años, permanece expuesto al público en una ceremonia multitudinaria en el santuario de Santa María de la Gracia, en la localidad de San Giovanni Rotondo, en Puglia, en el sur de Italia, hoy, jueves 24 de abril.(EFE)

El cuerpo incorrupto de San Pío de Pietralcina, más conocido como Padre Pío, quien murió hace cuarenta años, permanece expuesto al público en una ceremonia multitudinaria en el santuario de Santa María de la Gracia, en la localidad de San Giovanni Rotondo, en Puglia, en el sur de Italia, hoy, jueves 24 de abril.(EFE)

Miles de católicos comenzaron hoy a visitar los restos mortales del santo Padre Pío, enigmático, místico del siglo XX quien vivió en sí mismo prodigios como sufrir los estigmas de Cristo.

La mañana de este jueves su cadáver, que no se encuentra incorrupto está en un importante grado de conservación, fue depositado en la Basílica de Santa María de las Gracias, en el pueblo de San Giovanni Rotondo.

Los organizadores estimaron que visitarán ese santuario, ubicado en la sureña región italiana de Puglia, sólo este jueves al menos unas 50 mil personas mientras reportaron además otras 750 mil reservaciones.

Sus restos fueron exhumados a 40 años de su muerte con el objetivo de lograr una mejor conservación de los mismos y permanecerán expuestos hasta septiembre de 2009.

De nombre original Frasncesco Forgione (1887-1968) Padre Pío, nombre que había asumido al ingresar a la Orden Franciscana Menor, fue conocido en todo el mundo porque a los 23 años le aparecieron heridas en las manos, en los pies y en el costado.

A esos estigmas, que permanecieron sin curación hasta su muerte, se sumaron otros prodigios como su capacidad de levitar, una agudeza extraordinaria para predecir episodios e incluso en su biografía constan encuentros con el demonio.

Este místico, canonizado por Juan Pablo II el 6 de junio de 2002, fue recordado este jueves por el prefecto de la Causa de los Santos del Vaticano, José Saraiva Martins, quien celebró una misa al aire libre con la cual dio inicio la exhibición de los restos.

Mientras el director de la Sala de Prensa del Vaticano, Federico Lombardi, descartó que exista en programa una visita del Papa Benedicto XVI a San Giovanni Rotondo, como se había especulado, al menos durante este 2008.

Por: Notimex/Ciudad Del Vaticano.

Tomado de: El Siglo de Torreón

http://www.elsiglodetorreon.com.mx

Sección Internacional, Jueves 28 de Abril de 2008

El Padre Pío y el Concilio Vaticano II

“¡Terminad con el concilio de una vez! ¡Por piedad, terminádlo pronto!”

“¡Terminad con el concilio de una vez! ¡Por piedad, terminádlo pronto!”

Sin duda el padre Pío fue un santo que le tocó vivir la dificil época del “aggiornamiento” de la Iglesia, por eso es interesante exponer algunos comentarios de este Santo sobre el Concilio.

Al inicio del Concilio decía el Padre Pío:

“Ahora comienza la torre de Babel”

y posteriormente afirmo:

“Éste es un concilio que desconcilia”

El Padre Pío mandó decirle a Pablo VI, por conducto de Mons. Del Ton (el latinista del Vaticano), que “se apresurara a clausurarlo; cuanto más tiempo pasa, peor es”.

En 1965 año en el cual concluia el Concilio, durante la euforia de una supuesta “nueva primavera para la Iglesia”, el Santo Padre Pío confío a uno de sus hijos espirituales:

“En este momento de oscuridad, Oremos. Vamos a hacer penitencia por los elegidos, y especialmente para el que tiene que ser su pastor”.

El Padre Pío ya había expresado su descontento frente a los cambios introducidos por el Concilio Vaticano II cuando el cardenal Bacci fue a verlo a San Giovanni Rotondo. “¡Terminad con el concilio de una vez! ¡Por piedad, terminádlo pronto!”, le había dicho al cardenal.

En 1966 cuando el Padre General de los Franciscanos visito al Padre Pío para pedirle oraciones y su bendición para la reunión del Capitulo especial para poner a tono con el “Aggiornamiento” del Concilio a la orden franciscana, el Padre Pío con un gesto violento gritó:

“Eso es nada mas que tonterías destructivas”

Entonces el padre Pío se enojó mucho. Apenas oyó el padre la palabra “nuevos capítulos” se puso a gritar: “¿Qué están combinando en Roma? ¡Ustedes quieren cambiar la regla de San Francisco! “¡No debemos desnaturalizarnos nosotros mismos, no debemos desnaturalizarnos nosotros mismos!¡En el juicio final San Francisco no nos reconocerá como hijos suyos.” Y frente a la explicación de que los jóvenes no querían saber de nada con la tonsura ni con el hábito, el padre gritó: “¡Echádlos fuera! ¡Ellos se creen que le hacen un favor a San Francisco entrando en su Orden cuando en realidad es San Francisco quien les hace un gran don!”.

A cuatro obispos sudamericanos que habían ido a San Giovanni Rotondo durante el concilio -los obispos italianos lo tenían prohibido-, el padre Pío les dijo:

“dejad en paz a la Virgen y poned en práctica los diez mandamientos”.

Era el periodo del concilio en que se dijeron cosas enormes sobre la Virgen.

Tomado de: http://sempefidelis.blogspot.com

El Padre Pío y el diablo

FOTO22

El demonio existe y su papel activo no pertenece al pasado ni puede ser recluido en los espacios de la fantasía popular. El diablo, en efecto, continúa  induciendo hoy día al hombre  justo al pecado.

Por tal razón la actitud del discípulo de Cristo frente a Satanás tiene que ser de vigilancia y de lucha y no de indiferencia. La mentalidad de nuestro tiempo desaforadamente, ha relegado la figura del diablo en la mitología y en el folclore. El Baudelaire afirmó, justamente que la obra maestra de Satanás, en la era moderna, es de hacernos creer que no existe. Por consiguiente no es fácil imaginar que el Diablo haya dado prueba de su existencia, cuando ha sido obligado a afrontar al Padre Pío en “ásperos combates”. Tales batallas, tal como es reconocido en la correspondencia epistolar del venerable fraile en sus directorios espirituales, fueron reales combates, siendo   la última con sangre.

Uno de los primeros contactos que el Padre Pío ha tenido con el príncipe del mal, remonta al año de 1906 cuando Padre Pío volvió en el convento de Sant  ‘Elia a Pianisi. Una noche de verano no logró dormirse por el bochorno sofocante. De la habitación vecina le llegó el ruido de los pasos de un hombre. “El Pobre fraile Anastasio no puede dormir como yo” pensó el Padre Pío. “Quiero llamarlo, al menos para hablar un poco”. Fuè a la ventana y llamó el compañero, pero la voz  se le quedó en  la garganta: al observar que sobre el alféizar de la ventana vecina se asomó un monstruoso perro. Así el mismo Padre Pío contó: “Por la puerta con terror; vi entrar un gran perro, de cuya boca salió mucho humo. Caí sobre la cama y oí que dijo: “es él, es él” – mientras estuve en aquella posición, vi aquel animal que saltó sobre el alféizar de la ventana, y luego de esto se lanzó sobre el techo del frente, y  desapareció.”

Las tentaciones de Satanás que quisieron hacer caer al padre Pío, se manifestaron de cada modo. El Padre Agostino nos confirmó que Satanás apareció bajo las formas más variadas: “bajo forma de jovencitas desnudas que bailaron; en forma de crucifijo; bajo forma de un joven amigo de los frailes; bajo forma del Padre Espiritual, o del Padre Provincial; de aquel del Papa Pío X y del Ángel de la guarda; de San Francesco; de Maria Santísima, pero también en sus semblantes horribles, con un ejército de espíritus infernales. A veces no hubo ninguna aparición pero el pobre Padre fue golpeado hasta salirle sangre, atormentado con ruidos ensordecedores, lleno de escupitajos etc.  Él logró librarse de estas agresiones invocando el nombre de Jesús.

Las luchas entre el Padre Pío y Satanás se agriaron cuando el  Padre Pío liberó a los poseídos. Más de una vez – el Padre Tarcisio contó de Cervinara – antes de  salir del cuerpo de un poseído, el Malvado ha gritado: “Padre Pío nos das más molestias tú que San Michele”. Y también: “Padre Pío, no nos arranques las almas y “no  te molestaremos.”

Pero veamos cómo el mismo Padre Pío describe en las cartas mandadas a sus directorios espirituales, los asaltos de Satanás.

Carta al padre Agostino, del 18 de enero de 1912: “… Barba Azul no  quiere ser derrotado. Él ha venido a mí casi asumiendo todas las formas. Desde  varios días  acá, me viene a visitar, junto con otros de sus espíritus infernales armados de bastones y piedras. Lo que es peor; es que ellos, vienen con sus semblantes. Tal vez cuántas veces, me ha sacado de la cama y me ha arrastrado por la habitación. ¡Pero paciencia! Jesús, la Mamá, el angelito, San José  y el padre San Francisco siempre están conmigo.”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG)

La carta a Agostino del 5 de noviembre de 1912: Estimado Padre”, ésta también es su segunda carta a través de la concesión de Dios, y ha seguido el mismo destino de  la   anterior. Yo estoy seguro de que el Padre Evangelista ya le ha informado sobre la nueva guerra que los apóstatas impuros están haciendo en mí. Mi padre, ellos no pueden ganar, a su voluntad por mi constancia.  Yo le informo sobre sus trampas sé  que les gustaría inducirme, privándome de sus sugerencias. Yo encuentro en sus cartas mi

único  consuelo; pero para glorificar  a Dios y para su confusión yo los llevaré. Yo no puedo explicarle, a usted cómo ellos están pegándome. A veces yo pienso que me voy a morir. El sábado  yo pensé que ellos realmente quisieron matarme, yo no hallaba a qué santo  pedirle  ayuda.  Yo me dirigí a mi ángel de la guarda, suplicándole ayuda, quien me hizo esperar largo tiempo, y finalmente, él voló  alrededor de mí y con su voz angélica  cantó los himnos de alabanza a Dios. Entonces una de esas escenas usuales pasó; Yo le reñí severamente, porque él me había hecho esperar tanto por su ayuda, a pesar de que lo había llamado urgentemente y por  castigo, yo no quise mirarlo a la cara, yo quería que él recibiera más que un castigo de mí, yo quise huirle pero, él pobre, me localizó llorando, él me tomó, hasta que yo lo mirara, yo lo miré fijamente en la cara y vì que él lo sentía.”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG)

La carta al Padre Agostino  del 18 de noviembre de 1912….. “El enemigo no quiere dejarme solo, me pega continuamente. Él intenta envenenar mi vida con sus trampas infernales. Él se molesta  mucho porque yo le cuento estas cosas. Él me hace pensar en no decirle, los hechos que pasan con él. Él me dice que lo narre a las visitas buenas que yo recibo; de hecho él dice que le gustan sólo estas historias.  El pastor ha estado informado de la batalla que yo tengo con estos demonios, y con  referencia a sus cartas; él  me sugirió que yo vaya a su oficina a abrir las cartas. Pero en cuanto yo abrí la carta, junto con el pastor, encontramos que la carta estaba sucia de tinta. ¿Era la venganza del  diablo? Yo no puedo creer, que usted me ha enviado la carta sucia; porque usted sabe que yo no puedo ver bien. Al principio nosotros no pudimos leer la carta, pero después de poner el Crucifijo en la carta; nosotros tuvimos éxito leyéndola, aun cuando nosotros no  éramos capaces de leer en letras pequeñas… “

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG)

La carta al Padre Agostino del 13 de febrero,  de 1913, “Ahora, que veintidós días han pasado, desde que Jesús permitió a los diablos para descargar su enojo sobre mí. Mi Padre, en mi cuerpo todo se machuca de las palizas que yo he recibido en el presente por nuestros enemigos. En varias oportunidades, ellos me han quitado mi camisa incluso, y  me han golpeado de  una manera brutal”…

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG)

La carta al Padre Benedetto de fecha  18 de marzo de 1913, “Estos diablos no dejan de pegarme, mientras  que también me tumban de la cama. ¡Ellos igualmente me quitan mi camisa, para pegarme! Pero ahora ellos no me asustan ya. Jesús me ama, Él me alza a menudo y me pone en la cama”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG)

Satanás fue más allá de todos los límites de provocación,  con el Padre Pío; hasta le dice que él era un penitente. Éste es el testimonio del Padre Pío: “Un día, mientras yo estaba oyendo las confesiones, un hombre vino al confesionario dónde yo estaba. Él era alto, guapo, me vistió con algo de refinamiento y era amable y cortés. Comenzó a confesar sus pecados; los cuales, eran de cada tipo: contra Dios, contra el hombre y contra las morales. ¡Todos los pecados eran molestos! Yo estaba desorientado, por todos los pecados que él me dijo, yo respondí. Yo le traje la Palabra de Dios, el ejemplo de la Iglesia, las morales de los Santos, pero el penitente enigmático se opuso a mi palabras justificando, con habilidad extrema y cortesía, todo  tipo de pecado. Él vació todas las acciones pecadoras y él intentó hacer normal, natural, y humanamente comprensible todas sus acciones pecadoras.  Y esto no solamente para los pecados que eran repugnante contra Dios, Nuestra Señora, y los Santos, él fuè  Rotundo sobre la argumentación, pero, que pecados  morales tan sucios y ásperos. Las respuestas que él me dio con la delgadez experimentada y malicia me sorprendieron. Yo me pregunté: ¿quién es él? ¿De qué mundo viene él? Y yo intenté mirarlo bien, leer algo en su cara. Al mismo tiempo concentré mis oídos a cada palabra, para darle el juicio correcto  que merecían. Pero de repente; a través de una luz vívida, radiante e interior yo reconocí claramente quién era él. Con autoridad divina yo le dije: diga…….”Viva Jesús por siempre” “Viva María eternamente” En cuanto yo pronuncié estos nombres dulces y poderosos, Satanás desapareció al instante en un goteo de fuego, mientras dejaba  un hedor insoportable”.

Don Pierino es sacerdote y uno de los hijos espirituales del padre Pío que estaban al mismo tiempo presentes. Fr. Pierino cuenta la historia: “Un día, el Padre Pío estaba en el confesionario, detrás de las cortinas. Las cortinas del confesionario no estaban cerradas totalmente y yo tuve la oportunidad de mirar al Padre Pío. Los hombres, mientras miraban los registros, se apartaron, todos en una sola fila. Del lugar dónde yo estaba, yo leía el Breviario, intentando siempre mirar al Padre. Por la puerta de la iglesia pequeña, entró un hombre. Él era guapo, con los ojos pequeños y negros, pelo canoso, con una chaqueta oscura y los pantalones  bien arreglados. Yo no quise distraerme, y seguí recitando el breviario, pero una voz interior me dijo: “¡Detente y mira!”. Yo miraba al  Padre Pío.  Ese hombre,  simplemente se detuvo delante del confesionario, después de que el penitente anterior se marchó. Él desapareció rápidamente entre las cortinas, mientras estaba de pie,  delante del Padre Pío.  Entonces yo no vi más al hombre cabello oscuro. Algunos minutos después, el hombre se hundió en el suelo con sus piernas ensanchadas. En la silla en el confesionario, de pronto ya no vì al Padre Pío, y en su lugar vì a Jesús, pero, Jesús   era rubio, joven y guapo y  miró fijamente  al hombre, quien tuvo por tumba al suelo. Entonces de nuevo logré ver al Padre Pío que surgió  otra vez. Él volvió para tomar su asiento  en su  mismo lugar y su apariencia emergió de la de  de Jesús. Ahora podía ver claramente al Padre Pío.  Yo oí su voz inmediatamente: “¡Dense prisa!” ¡Nadie notó este acontecimiento! Todos continuamos de nuevo en lo que estábamos”.

Tomado de:

http://www.padrepio.catholicwebservices.com

Hoy 23 de Septiembre también celebramos a

San Pío de Pietrelcina

Reza, espera y no te preocupes.

Reza, espera y no te preocupes.

Heredero espiritual de San Francisco de Asís, el  Padre Pío de Pietrelcina ha sido el primer sacerdote en llevar impreso sobre su cuerpo las señales de la crucifixión. Él ya fue conocido en el mundo como el “Fraile” estigmatizado. El Padre Pío, al que  Dios donó particulares carismas, se empeñó con todas sus uerzas por la salvación de las almas. Los muchos testimonios sobre su gran santidad  de Fraile, llegan hasta  nuestros días, acompañados por sentimientos de gratitud. Sus intercesiones providenciales cerca de Dios fueron para muchos hombres causa de sanaciòn en el cuerpo y motivo de renacimiento en el Espíritu.

El Padre Pío de Pietrelcina que se llamó  Francesco Forgione,  nació en Pietrelcina, en un pequeño pueblo de la provincia de Benevento, el 25 de mayo de 1887. Nació en una familia humilde  donde el papá Grazio Forgione y la mamá Maria Giuseppa Di Nunzio ya tenían otros hijos.

Desde la tierna edad Francesco experimentó en sí el deseo de consagrarse totalmente a Dios y  este deseo lo distinguiera de sus coetáneos.

Tal “diversidad” fue observada de sus parientes y de sus amigos. Mamá Peppa contó – “no cometió nunca  ninguna falta, no hizo caprichos, siempre obedeció a mí y a  su padre, cada mañana y cada tarde iba a la  iglesia a visitar a Jesús y a  la Virgen. Durante el día no salió nunca con los compañeros. A veces le dije: “Francì sal un poco a jugar. Él se negó diciendo: no quiero ir porque ellos blasfeman”. Del diario del Padre Agostino de San Marco in Lamis, quien fuè uno de los directores espirituales del Padre Pío,  se enteró de que el Padre Pío, desde el 1892, cuando apenas  tenía cinco años, ya vivió sus primeras experiencias carismáticas espirituales. Los Éxtasis y las apariciones fueron tan frecuentes que al niño le pareció que eran absolutamente normales.

Con el pasar del tiempo, pudo realizarse para Francesco lo que fue el más grande de sus  sueños: consagrar totalmente la vida a Dios. El 6 de enero de 1903, a los  dieciséis años, entró como clérigo en la orden de los Capuchinos.  Fue ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento, el 10 de agosto de 1910. Tuvo así inicio su vida sacerdotal que a causa de sus precarias condiciones de salud, se desarrollará primero en muchos conventos de la provincia de Benevento. Estuvo en varios conventos  por motivo de salud, luego, a partir del 4 de septiembre de 1916 llegó al convento de San Giovanni Rotondo, sobre el Gargano, dónde  se quedó hasta el 23 de septiembre de 1968, día de su sentida muerte.

En este largo período el Padre Pío iniciaba  sus días despertándose por la noche, muy antes del alba, se dedicaba a la oración con gran fervor aprovechando la soledad y silencio de la noche.  Visitaba diariamente por largas horas a Jesús Sacramentado, preparándose para la Santa Misa, y de allí siempre sacó las fuerzas necesarias, para su gran labor para con las almas, al acercarlas a Dios en el Sacramento Santo de la Confesión, confesaba por largas horas, hasta 14 horas diarias, y así salvó muchas almas.

Uno de los acontecimientos que señaló intensamente la vida del Padre Pío  fuè lo que se averiguó la mañana del 20 de septiembre de 1918, cuando, rogando delante del Crucifijo del coro de la vieja iglesia pequeña, el Padre Pío tuvo el maravilloso regalo de los estigmas. Los estigmas  o las heridas fueron visibles y quedaron abiertas, frescas y sangrantes, por  medio siglo. Este fenómeno extraordinario volvió a llamar, sobre el Padre Pío la atención de los médicos, de los estudiosos, de los periodistas pero sobre todo de la gente común que, en el curso de muchas décadas  fueron a San Giovanni Rotondo para encontrar al  santo fraile.

En una carta al Padre Benedetto, del 22 de octubre de 1918, el  Padre Pío cuenta su “crucifixión”: “¿Qué  cosa os puedo decir a los que me han preguntado como es que  ha ocurrido mi crucifixión? ¡Mi Dios que confusión y que humillación yo tengo el deber de manifestar lo que Tú has obrado en esta tu mezquina criatura!

Fue la mañana del 20 del pasado mes (septiembre) en coro, después de la celebración de la Santa Misa, cuando fui sorprendido por el descanso en el espíritu,  parecido a un dulce sueño. Todos los sentidos interiores y exteriores, además de las mismas facultades del alma, se encontraron en una quietud indescriptible. En todo esto hubo un total silencio alrededor de mí y dentro de mí; sentí  enseguida una gran paz y un abandono en la completa privación de todo y una disposición en la misma rutina.

Todo esto ocurrió en un instante. Y mientras esto se desarrolló; yo vi delante de mí un misterioso personaje parecido a aquél visto en la tarde del 5 de agosto. Éste era  diferente del  primero, porque tenía las manos,  los pies y el costado que emanaban sangre. La visión me aterrorizaba; lo que sentí en aquel instante en mí; no sabría decirlo. Me sentí morir y habría muerto, si  Dios no hubiera intervenido a sustentar mi corazón, el que me lo sentí saltar del pecho.

Los Estigmas en las manos Los Estigmas en las manos

FOTO20

La vista del personaje desapareció, y  me percaté  de que mis  manos, pies y costado fueron horadados y chorreaban sangre. Imagináis el suplicio que experimenté entonces y que voy experimentando continuamente casi todos los días. La herida del corazón asiduamente sangra, comienza el jueves por la tarde hasta al sábado. Mi padre, yo muero de dolor por el suplicio y por la confusión que yo experimento en lo más  íntimo del alma. Temo  morir desangrado, si  Dios no escucha los gemidos de mi pobre corazón,  y tenga piedad  para retirar de mí esta  situación….”

Por años, de cada parte del mundo, los fieles  fueron a este sacerdote estigmatizado, para conseguir su potente intercesión cerca de Dios. Cincuenta años experimentados en la oración, en la humildad, en el sufrimiento y en el sacrificio, dónde para actuar su amor, el Padre Pío realizó dos iniciativas en dos direcciones: un vertical hacia Dios, con la fundación de los “Grupos de ruego”, hoy llamados “grupos de oración” y la otra horizontal hacia los hermanos, con la construcción de un moderno hospital: “Casa Alivio del Sufrimiento.”

En  septiembre  los 1968 millares de devotos e hijos espirituales del Padre Pío se reunieron en un congreso en San Giovanni Rotondo para conmemorar juntos el 50° aniversario de los estigmas aparecidos en el Padre Pío y para celebrar el cuarto congreso internacional de los Grupos de Oración. Nadie habría imaginado que  a las 2.30 de la madrugada  del 23 de septiembre de 1968, sería  el doloroso final de la vida terrena del Padre Pío de Pietrelcina. De este maravilloso fraile, escogido por Dios para derramar su Divina Misericordia de una manera tan especial.

Tomado de:

http://www.padrepio.catholicwebservices.com

S. Lino, Papa y Mártir

"Los apóstoles probaron en el espíritu sus primicias y los instituyeron como obispos y como diáconos de los futuros creyentes. Más tarde impusieron esta regla: que después de su muerte hombres probados deberían sucederlos en el ministerio".

"Los apóstoles probaron en el espíritu sus primicias y los instituyeron como obispos y como diáconos de los futuros creyentes. Más tarde impusieron esta regla: que después de su muerte hombres probados deberían sucederlos en el ministerio".

En Roma, el triunfo de San Lino, Papa y Mártir, que gobernó la Iglesia después del apóstol S. Pedro.  Murió con la corona del martirio, y sepultáronle en el Vaticano, junto al mismo Apóstol (Martirol.).

Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL

Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)  Páginas 1703 y 1704.

Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

San Lino, Papa

San Lino, Papa y Mártir

San Lino, Papa y Mártir

(Reinó aproximadamente del 64 ó 67 hasta el 76 ó 79)

Todos los antiguos registros de los obispos romanos,  que nos han sido transmitidos  por San Irenaeus, Julius Africanus, San Hipólito, Eusebio, también el catálogo Liberiano del 354, colocan el nombre de Lino directamente después del Príncipe de los Apóstoles, San Pedro. Estos registros se trazan en una lista de los Obispos Romanos que existieron en el tiempo del Papa Eleuterio (cerca del 174-189), cuándo Irenaeus escribió su libro “Adversus haereses”. En comparación con este testimonio, nosotros no podemos aceptar la afirmación como más segura que la Tertuliana, que coloca indudablemente a San Clemente (De praescriptione, xxii) después que el Apóstol Pedro, como fue hecho más tarde por otros eruditos Latinos (Jerome, “De vir. enfermo.”, xv). La lista romana en Irenaeus tiene reclamos más grandes hacia la autoridad histórica. Este autor reclama que el Papa Lino, es el Lino mencionado por  S. Paul en  Timoteo 4:21 II. El pasaje hecho por Irenaeus (Adv. haereses, III, iii, 3) lee:

Después que los Santos Apóstoles (Pedro y Pablo) fundaron y pusieron la Iglesia en orden (en Roma) le dieron el ejercicio de la oficina episcopal a Lino. El mismo Lino es mencionado por S. Pablo en su Epístola a Timoteo. Su sucesor fue Anacleto. Nosotros no podemos confiar si esta identificación del Papa, como el Lino mencionado en Timoteo 4:21 II, vuelve a una fuente antigua y segura, o es originada luego, a cuenta de la similitud del nombre. El periodo de duración del oficio del Lino, de acuerdo a la lista de papas legada a nosotros, duró solo doce años. El Catálogo Liberiano muestra que duro doce años, cuatro meses y doce días. Las fechas dadas en este catálogo, 56 A.C hasta el 67 A.C, son incorrectas. Quizás era en cuenta de estas fechas que los escritores del cuarto siglo dieron su opinión acerca de que Lino había sostenido la posición de cabeza de la comunidad Romana durante la vida del Apóstol; por ejemplo, Rufino, en el prefacio a su traducción del seudo-Clementino “Reconocimientos”. Pero esta hipótesis no tiene base histórica. No se puede dudar que según las cuentas de Irenaeus con respecto a la Iglesia Romana en el segundo siglo, Lino fue escogido para ser cabeza de la comunidad de Cristianos en Roma, después de la muerte del Apóstol. Por esta razón su pontificado data del año de la muerte de los Apóstoles Pedro y Pablo, que, sin embargo, no se conoce con toda seguridad. El Liber Pontificalis afirma que el hogar de Lino estaba en Tuscany, y que el nombre de su padre era Herculanus; pero nosotros no podemos descubrir el origen de esta afirmación. Según el mismo trabajo acerca de los Papas, se supone que Lino publicó un decreto “en conformidad con la ordenanza de San Pedro”, que las mujeres deben tener las cabezas cubiertas en la iglesia. Sin duda que este decreto es apócrifo, y copiado por el autor del “Liber Pontificalis”, de la primera Epístola de S. Pablo a los Corintios (11:5) y atribuída arbitrariamente al primer sucesor del Apóstol en Roma. La declaración hecha en la misma fuente, que Lino sufrió el martirio, no puede ser probada, y es improbable. Pero entre Nero y Domitian no hay  mención de cualquier persecución de la Iglesia Romana; e Irenaeus (1. C., III, iv, 3) de entre los primeros obispos Romanos, solo designa  Telesphorus como mártir glorioso.

Finalmente este libro afirma que Lino, luego de su muerte, fue enterrado en el Vaticano, al lado de San Pedro. Nosotros no sabemos si el autor tuvo ninguna razón decisiva para esta afirmación. Como San Pedro ciertamente fue enterrado en el pie de la Colina de Vaticano, es bastante posible que los primeros obispos de la Iglesia Romana fueran enterrados también allí. No había nada en la tradición litúrgica del siglo cuarto la Iglesia Romana que probara esto, porque fue solo a fines del segundo siglo que alguna fiesta especial para los mártires fuera instituida, y consecuentemente Lino no aparece en las listas de siglo cuarto, sobre las fiestas de los santos romanos. Según Torrigio (“Le sacre grotte Vaticane”, Viterbo, 1618, 53) cuando la presente confesión se construyó en San Pedro (1615), se encontraron unos sarcófagos, y entre ellos había uno que tenia grabada la palabra Lino. La explicación dada por Severano acerca de este descubrimiento (“Memorie delle sette chiese di Roma”, Roma, 1630, 120) es que probablemente estos sarcófagos contuvieron los restos  de los primeros obispos romanos, y que el que contenía esa inscripción fuera el lugar de entierro de Lino. Esta afirmación fue repetida más tarde por diferentes escritores. Pero de un manuscrito de Torrigio vemos que en el sarcófago en cuestión había otras letras, aparte de la palabra Lino, por lo que podrían haber pertenecido a algún otro nombre (tal como Aquilinus, Anullinus). El lugar del descubrimiento de la tumba es una prueba de que no podría ser la tumba de Lino (De Rossi, “Inscriptiones christianae urbis Romae”, II, 23-7). La fiesta de San Lino ahora se celebra el 23 septiembre. Esta también es la fecha dada en el “Liber Pontificalis”. Una epístola acerca del martirio de los Apóstoles San Pedro y  San Pablo, fue atribuida en un período posterior a San Lino, y supuestamente fue mandado por él a las Iglesias Orientales. Es apócrifo y de una fecha posterior que la historia del martirio de los dos Apóstoles, atribuido por algunos a Marcellus, lo que también es apócrifo (“Acta Apostolorum apocrypha”, ed Lipsius y Bonnet, I, ed; Leipzig, 1891, sqq de XIV., 1 sqq.)

LIGHTFOOT, The Apostolic Fathers; St. Clement of Rome, I (London, 1890), 201 sqq.; HARNACK, Geschichte der Altchristlichen Literatur, II: Die Chronologie I (Leipzig, 1897), 70; Acta SS. September, VI, 539 sqq., Liber Pontificalis, ed. DUCHESNE, I, 121: cf. Introduction, lxix; DE SMEDT, Dissertationes selectae in primam aetatem hist. eccl., I, 300 sqq

J.P. KIRSCH
Transcrito por Gerard Haffner
Traducido por Alonso Teullet

Tomado de: http://ec.aciprensa.com

23 de septiembre

SAN LINO,
Papa y Mártir
  (78 d.C.)

 

 

 

Los enemigos del hombre serán las personas de su misma casa. (San Mateo, 10, 36).

Los enemigos del hombre serán las personas de su misma casa. (San Mateo, 10, 36).

 

San Lino, sucesor inmediato de San Pedro, tenia una fe tan viva, que echaba a los demonios y resucitaba a los muertos. Expidió un decreto ordenando que las mujeres llevasen velo en la iglesia. Su constancia en la fe le valió el titulo de mártir. Murió hacia el año 78.

MEDITACIÓN SOBRE TRES CLASES
DE ENEMIGOS DEL HOMBRE

   I. El hombre tiene enemigos invisibles; son los demonios. Por medio de sus sugestiones malas se esfuerzan por arrastrarlo a su pérdida eterna. Sírvense del atractivo del oro y de los placeres, de la pompa, de los honores, en una palabra, de las creaturas para inclinarnos al mal. Cuántas veces habría ya caído yo en las redes de este espíritu maligno, si mi ángel bueno no hubiese desviado mis pasos de ellas. ¿Le he agradecido este beneficio?

   II. Nuestros servidores, nuestros parientes y nuestros amigos a menudo son nuestros más crueles enemigos. El amor carnal y desordenado que nos profesan, nos hace mayor mal que el odio de los demonios. Ellos se oponen a los designios de Dios sobre mí, y sus caricias a menudo tienen más poder para apartarnos del bien y empujarnos al mal, que las amenazas y los suplicios de los tiranos. ¿Parientes crueles, amigos infieles, por qué queréis la pérdida de aquellos a quienes amáis? ¡La perfidia ajena nos ha perdido, nuestros parientes nos han dado muerte! (San Cipriano)

   III. Tú mismo eres el más cruel de tus enemigos. Tu cuerpo hace guerra a tu espíritu, tu espíritu la debe hacer a tu cuerpo. Tu cuerpo quiere gozar de los placeres y de los bienes de esta vida, y tu alma suspira por los bienes de la eternidad. Este combate debe durar mientras dure la vida. Cuídate de ti, y no te engañes: la concupiscencia morirá sólo cuando mueras tú, y es preciso combatirla siempre. La concupiscencia puede ser debilitada en esta vida, no puede ser destruida. (San Agustín).

La fortaleza
Orad por las vírgenes.

ORACIÓN

    Oh Dios, que habéis dotado al bienaventurado pontífice Tomás con una insigne misericordia para con los pobres, dignaos, por su intercesión, derramar las riquezas de vuestra misericordia sobre todos los que os invocan. Por J. C. N. S. Amén.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/index