En defensa de la Tradición

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  • Cuando nosotros decimos que somos tradicionalistas se aprestan los ignorantes y los mal intencionados a colocarnos los motes consabidos de ” reaccionarios ” , ” adoradores del pasado “, etc. Para esos ” revolucionarios ” de último cuño, el pasado no tiene ninguna significación; el mundo nació con ellos y, lo que es curioso, con un acervo de conocimientos y adelantos que ellos disfrutan sin haber contribuido a su creación. Sólo la poca reflexión puede ocultar esa gran verdad que sirvió de título a una célebre novela de Blasco Ibañez: “Los muertos mandan”.

 

  • El presente es inexplicable sin el pasado. Cuando los hombres entierran a sus muertos es fácil que crean que las últimas paladas de tierra que arrojan en sus tumbas, dan término definitivamente a su influencia en el mundo.Todo lo contrario: vivimos -decía Anacleto González Flores, cuyas palabras fulguraban como estrellas- en medio del polvo de los muertos, y la historia se escribe bajo la gravitación irresistible de los muertos. Para convencerse basta hacer unas cuantas observaciones: ” yo hablo una lengua porque una cadena ininterrumpida de generaciones la fué elaborando hasta hacerla perfecta ” ; ” yo tengo mis sentimientos que mis padres me infundieron como a ellos otros padres desde la cuna”…pero es que antes, a traves de los siglos, labraron y pulieron, ordenaron y unieron esas ideas los dos grandes artífices milenarios que se llaman CATOLICISMO y la HISPANIDAD.

 

  • Las anteriores ideas son fundamentales para poder comprender la vida de una nación y la significación de su destino. Una nacion podiamos compararla -usando otra vez una frase del Maestro Anacleto- con una “montaña de muertos”. No esta formada por las solas generaciones presentes, la constituyen también las generaciones pasadas que con su esfuerzo nos legaron una Patria y a ella trazaron un destino. Imposible borrar la labor de los muertos en la vida de una nación, que solo conservará su fisonomia propia mediante una adhesión constante a su pasado.Toda nación tiene una personalidad que la distingue de las demas naciones. Un estilo de vida peculiar e inconfundible, del grupo de hombres que la integran.

 

  • Pues bién, la TRADICIÓN es en realidad la transmisión de una generación a otra, de ese estilo de vida colectivo propio de una Nación.

 

  • Cuando nos declaramos tradicionalistas no es que queramos vover al pasado ni revivir tiempos idos, pero si queremos que nuestra Nación en la ruta que las actuales circunstancias le imponen y adoptando todo lo nuevo que signifiquen un verdadero bién y progreso, siga inspirandose en el viejo espíritu que forma la esencia de la mexicanidad. Es preciso también evitar el otro extremo que consiste en hacer de la Tradición una cosa esteril y congelada. LA TRADICIÓN DEBE MANTENERSE PERMANENTEMENTE EN TRANCE DE ENGENDRAR EL PORVENIR.

 

  • La actutud tradicionalista es la clave de la interpretación de nuestra historia y sus vicisitudes. Nuestra vida es la historia de una lucha entre el ser y el no ser nacionales: entre los verdaderos mexicanos, fieles a la Tradición y la anti-patria, destructora y revolucionaria. En su transcurso podemos distinguir claramente tres etapas: formación de la nacionalidad mexicana; crecimiento que culmina con la creación del Estado Mexicano independiente y, finalmente, la lucha por la conservación del ser nacional – sintetizado en su Tradición – contra los embates del enemigo.

 

  • Antes de la venida de los españoles no existía la Nación mexicana, tan solo un inmenso territorio ocupado por innumerables tribus aborígenes separadas por la diversidad de lenguas, costumbres, religión y cultura, y empeñadas en constantes y crueles luchas. Entre ellas no existía el más remoto sentimiento de unidad ni idea alguna nacional las agrupaba. Llegaron los hispanos de lengua, religión y cultura totalmente opuestos a los aborígenes y un grupo diferente parecía que se iba a sumar a los ya existentes. Nadie podía pensar que ellos serían por la unión de las razas indígenas los que habrían de fundar la nacionalidad mexicana. Así fué, y debido sobre todo a la intervención de la Providencia que realizó el prodigio inefable del Tepeyac haciendo que Nuestra Señora de Guadalupe forjara una Patria por la unión de dos razas, la conquistadora y la vencida, en una misma fé, a la que se agregaron una misma lengua y una misma cultura: la Hispánica. DESDE ENTONCES LA VIRGEN DE GUADALUPE ES EL SIMBOLO NACIONAL POR EXCELENCIA, LA SINTESIS DE NUESTRA TRADICION, LA APROBACION DIVINA DE LAS ESENCIAS NACIONALES.

 

  • El ciclo de nuestra unificación fue lento pero eficaz. En el se conjugaron los esfuerzos geniales de Cortés, verdadero padre de nuestra nacionalidad, que desde un principio concibió y organizó los elementos que habian de ser las bases mismas de la Nación; la actividad incansable de santos como Quiroga, Zumárraga, Gante, Motolinia, y tantos otros esforzados religiosos; la proba labor de Virreyes como Mendoza y Velazco; la intrepidez de los exploradores que extendieron nuestras tierras; la inspiración de artistas que cubrieron de monumentos nuestro suelo y cuya fama trascendió el continente, etc. , hasta hacer de Mexico en los siglos XVI, XVII y XVIII la primera Nación de América. La etapa culmina con la independencia de México y la obra de Don Agustín de Iturbide, que funda el Estado Mexicano en el que la Nación pudo encontrar su plenitud. Antes constituiamos una Nación – es preciso que lo tengan en cuenta esos necios que todavía andan diciendo que somos un pueblo joven y que es preciso forjar una Nación – pero no formábamos un Estado Independiente. Iturbide creó ademas la Bandera del Estado Mexicano en cuyos colores quiso simbolizar las bases de nuestra nacionalidad: UNIÓN de todos los elementos raciales que forman la comunidad nacional; RELIGIÓN CATÓLICA e INDEPENDENCIA.

 

  • Fue poco después de nuestra separación de España cuando la anti-patria reñida con nuestra tradición católica e hispana, dirigida por los Estados Unidos, apoyada en las lógias masónicas y contando con la complicidad de los malos mejicanos, empezó febrilmente su labor destructora. Su primer zarpazo fue el asesinato del libertador Don Agustín de Iturbide en Padilla. En ese día se inició la negación de toda la obra nacional de tres siglos y comenzó la noche de nuestras desgracias en la que ha imperado el criterio de quienes creen que la ruta de una Patria la traza la voluntad de una mayoria expresada en el plebiscito fraudulento o el interés de una facción concupiscente, sin que importe la voluntad de los muertos, la voz del pasado.

 

  • En aquella ocasión no fué aniquilado el espíritu nacional, aunque si parcialmente derrotado.

 

  • La Patria vió surgir innumerables caudillos que levantaron la bandera de la Tradición en todos los campos y de acuerdo a las circunstancias de su tiempo. Anastasio Bustamante, Mariano Paredes y Arrillaga, y el gran Lucas Alamán. Más tarde los conservadores civiles y militares: Mejía, Miramón, Osollo y Félix Zuloaga. Caído el segundo Imperio las fuerzas se agotan y en un periodo nefasto HASTA LOS CATÓLICOS SE INFESTARON DE LIBERALISMO. Al estallar la revolución maderista nuevos grupos se irguieron iluminados con las ideas tradicionalistas: el Partido Católico, la gloriosa Asociación Católica de la Juventud Mexicana, la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, etc. Sus esfuerzos hacen crisis en la gloriosa epopeya conocida con el nombre de REBELIÓN CRISTERA en la que, con las armas en la mano se defendieron las ideas encerradas en el pabellón de Iguala. Pero nuevamente triunfó la facción anti-nacional, apoyada como siempre por el imperialismo yanki.

 

  • En nuestros días, es la UNIÓN NACIONAL SINARQUISTA quién recoge e iza la vieja bandera de la Tradición. Al hacerlo comprende que que echa sobre sus espaldas todo el peso que representa una montaña de muertos. Recogemos la angustia de quienes trabajaron en el pasado y nos llenamos de un nuevo impulso que colocará a nuestra Patria en el marco de los nuevos tiempos. La RENOVACION que realizaremos es en cierto modo una vuelta al pasado, en cuanto que esta representa el espíritu nacional auténtico y genuino; pero es también la transformación que impone la Nueva Etapa que emprendemos en el Movimiento Nacional Sinarquista y que abre la puerta de un futuro mejor.

Clemente Gutiérrez Pérez

Jefe Nacional U.N.S.

http://www.geocities.com/campobravo/periodico/periodico155.htm

Independencia Nacional Hoy

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Nuevamente celebramos un año más de la gran gesta heroica de Don Agustín de Iturbide: la Independencia Nacional.

Otra vez sacaremos nuestras viejas y roidas banderas trigarantes, y llevaremos a cabo Actos Cívicos en cada uno de los lugares donde los sinarquistas tengamos actividad.

Una vez más repetiremos el verdadero significado de los tres colores, que son los mismos que los tres principios consagrados en el Plan de Iguala, monumento de Programa Político: UNIÓN, RELIGIÓN e INDEPENDENCIA.

Y para concluir, nuevamente, como cada año, terminaremos los actos conmemorativos con la tristeza y la nostalgia que cada vez nos embargan a todos los patriotas sinceros. Tristeza y nostalgia, dos elevadísimos sentimientos.

Tristeza por ver en qué ha ido a parar nuestra Patria. Todo el esfuerzo de Iturbide y miles de valiosos mexicanos más han quedado en el olvido, debido a la actitud entreguista, cobarde y apátrida de nuestros “gobernantes”, auténticas larvas de la inmensa gusanera masónica-liberal.

Nostalgia que sentimos por el México que fué y ya no es. Nostalgia del México que no pudo ser, y que no vemos ni por donde pueda llegar a ser.

Sin embargo, creo que no hemos observado una cosa, que está ahí, justo frente a nuestros ojos, pero que la rabia y el desencanto no nos permiten ver.

En efecto, México hoy nos duele. México, tal como está, no nos gusta. Las cosas están mal. Así no deberían estar, pero, ¿que acaso el México de Iturbide no estaba mal? También había pobreza, miseria, dependencia política de la corte masónica española, con el peligro de pasar a los diminutos borbónicos, sumisos de Napoleón. Es más, ni siquiera había una bandera nacional, ni conciencia de Patria, ni nada de nada.

Espantoso panorama el que tenía Iturbide frente a él. ¿verdad? Pero no se amilanó, ni se sumió en la tristeza y en la nostalgia, como hacemos nosotros hoy.

Iturbide no se conformó con hacer conferencias ni actos tratando de recordar las antiguas glorias del Imperio Español, ni de las tribus aborígenes que habitaban estas tierras. No señor. Iturbide fué un hombre del PRESENTE, con una clara visión de FUTURO.

En efecto, Iturbide era todo un hombre de 1821. Tuvo una idea original, genial, y luchó sin descanso para darla a conocer a toda la gente.

Combatió lo mismo en el campo de las armas que en el de las ideas. Tuvo propuestas claras, adecuadas a su momento histórico, para todos los sectores sociales: españoles, criollos, mestizos, indígenas, militares, religiosos, campesinos y artesanos.

Y no sólo eso. Iturbide también planeó a futuro, era un hombre del siglo XIX. Soñó con la Gran Patria Iberoamericana y trabajó para forjarla. Todo Centroamérica se le unió, y entabló contactos con Bolivar, otro caudillo sudamericano.

Qué poco tienen en común esta actitud VALIENTE, ACTUAL, PRÁCTICA e IDEALISTA de Iturbide con nuestra actitud PUSILANIME DERROTISTA que nos cargamos cada año.

¿Queremos seguir el ejemplo de Iturbide? Muy bién. Comencemos por ser realistas y prácticos. Está bién honrar el pasado, que mucho nos enorgullece, pero no nos quedemos estancados en 1821. Somos hombres y mujeres del Siglo XXI. Pensemos como lo haría Iturbide ahora. Estamos seguros que lo último que haría el Emperador sería sentarse en un rincón con una vieja bandera a llorar.

A México lo tenemos enfrente. Los problemas ahí están y nuestro pueblo necesita SOLUCIONES. Tomemos la gran doctrina Sinarquista. Apliquémosla a casos concretos, como lo hizo Iturbide en su momento.

Iturbide ganó “su” batalla; consiguió la Independencia Nacional. Nosotros ¿seremos capaces de ganar la “nuestra”?

 

Editorial Nº 166 – Noviembre 99


Clemente Gutiérrez Pérez

Jefe Nacional U.N.S.

 


 Tomado de: http://www.geocities.com/campobravo/index.html

LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO

“¿Quién borrará tu nombre de la Historia
sin borrar de tu enseña sus colores?”
Amado Nervo

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 Autor: Enrique Sada Sandoval

 La historiografía oficial, de manera perniciosa, ha condenado largamente a Iturbide al oprobio o al olvido, sobre todo tras el encono de la intervención francesa y del segundo imperio (Maximiliano había adoptado a su nieto, Agustín Iturbide y Green, como príncipe heredero). A diferencia de otros libertadores de América como Bolívar, San Martín y Washington, la inquina en su contra se ha extremado hasta el grado de negarle, más que el sitio que merece en el calendario cívico, el título de padre de la nación y libertador de México.


Se ha acusado a Iturbide de ser enemigo de la independencia por haber combatido a los primeros insurgentes. Nada más falso, puesto que él, como la mayoría de los criollos, estaba de acuerdo con alcanzarla desde que era coronel realista, aunque eso sí, nunca comulgó con los procedimientos de los primeros insurgentes, a los que combatió con severidad. La desolación, los asesinatos y el pillaje fueron, en efecto, los únicos resultados visibles de la primera insurrección. Esto explica porqué una gran cantidad de partidarios de la independencia prefirieron apoyar al virrey ante el peligro que suponía para sus vidas y propiedades el paso de la multitud sin cabeza.


Los detractores de Iturbide olvidan, con su corta memoria, que fue su ingenio político-militar el que alcanzó en cuestión de meses todo aquello que diez años de lucha fratricida y estéril no lograron: la independencia de México, una emancipación sin derramamiento de sangre, con la entrada triunfal del ejército trigarante a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821. A él se debió la anexión de Centroamérica, que pidió su incorporación al imperio mexicano que en ese entonces extendió su territorio desde Oregon y las márgenes del río Mississipi hasta Panamá.


Ante el rechazo de Fernando VII para reconocer la independencia de México, junto a la prohibición de sus parientes para aceptar la corona que se le ofrecía, el pueblo propone libremente que Iturbide (quien se desempeñaba como regente del imperio) sea coronado.


Sorprendido por la manifestación cívico-militar fuera de su casa y los gritos de “¡Viva Agustín Primero!”, tuvo que salir al balcón para pedirles calma a sus seguidores. No estuvo seguro de aceptar la corona hasta que sus amigos y colaboradores cercanos lo convencieron de ceder a las demandas del pueblo.


Algunos días después, ya en la intimidad, en una carta Iturbide le confiaría sus pensamientos a Bolívar, considerándolo el único hombre de América que podía comprenderlo: “Carezco de la fuerza necesaria para empuñar un cetro; lo repugné, y cedí al fin por evitar males a mi patria, próxima a sucumbir de nuevo, si no a la antigua esclavitud, sí a los males de la anarquía”.


Ante la aclamación del pueblo, el congreso se reunió a deliberar, y por votación mayoritaria se procedió a proclamar a Iturbide emperador constitucional de México. Dos días después la decisión sería ratificada, esta vez, por unanimidad.


Lo anterior desmiente a quienes alegan que la elección de Iturbide como emperador fue viciada de origen y que no contaba con el voto popular. Lucas Alamán, que no simpatiza con Iturbide, manifiesta que todas las provincias del imperio aceptaron con grandes muestras de júbilo su elevación al trono; y Lorenzo de Zavala reconoce que la inmensa mayoría de la nación estaba a favor del Imperio. Francisco Bulnes, historiador republicano y liberal, lo confirma en pleno siglo XX:

 


“En 1910 he visto sostener unánimemente por todos
los escritores jacobinos, que para que haya demo-
cracia basta que el gobernante emane de la volun-
tad de la mayoría del pueblo. Conforme a esta
doctrina (…), debe asegurarse que Iturbide con su
imperio fundó la democracia mexicana de la mane-
ra más correcta y completa”.

 
Otra acusación sin fundamento es que disolvió el congreso para convertirse en monarca absoluto. La realidad difiere totalmente, pues las pugnas por el poder entre facciones, la envidia y la amenaza del exterior no se hicieron esperar. El congreso en vez de dividirse en dos cámaras o empezar a redactar la Constitución esperada, todo el tiempo se dedicó a obstaculizar al emperador o a conspirar en su contra. Esto por acción de la masonería escocesa y las maniobras efectuadas por Joel Poinsett, agente confidencial de los Estados Unidos en México, quien veía a Iturbide con gran desprecio debido a que éste se negó a entregar a su gobierno parte del territorio nacional que deseaba a cambio de reconocer a México como nación independiente.

La conspiración fue descubierta y se aprehendió a sus participantes, de los cuales, no pocos eran diputados; en vista de ello, recibiendo miles de cartas de las provincias y escuchando el parecer de muchos, disolvió el congreso y estableció de manera provisional una Junta Nacional Instituyente mientras convocaba a elecciones para un nuevo congreso. Nadie lamentó la desaparición de este órgano político y el pueblo, por este hecho, volvió a llamarlo libertador.

Sin embargo, todo esto fue el pretexto ideal para los enemigos de Iturbide, y los generales de la Garza, Santa Anna, Bravo y Guerrero -amigos y colaboradores de Poinsett- iniciaron levantamientos en su contra, aunque fracasaron por falta de apoyo popular. Iturbide pensó que todo era un malentendido, puesto que él deseaba que se hubiera un congreso; pero una vez convencido de la mala fe de quienes dirigían el movimiento en su contra, incluso pensó en combatirlos. Contaba en todo momento con el apoyo popular, así como con los medios necesarios y gran parte del ejército. Pero, ¿cómo reafirmar un trono que nunca ambicionó derramando sangre mexicana?

Resentido por las voluntades desleales, restableció el viejo congreso y presentó su abdicación. El congreso, para humillarlo todavía más, no quiso discutir, manifestando, contrario a lo dicho meses antes, que la coronación había sido obra de la violencia. Con el fin de evitar una guerra civil, Iturbide decidió exiliarse, y en mayo de 1823 partió rumbo a Europa.

Las provincias de Centroamérica no tardaron en mostrar su apoyo a Iturbide junto a la inconformidad respecto a su abdicación, por lo que se declararon independientes de México. Provincias como Querétaro, Michoacán, México y Guadalajara manifestaron la misma disposición mediante levantamientos armados.

Una vez en el exilio, Iturbide publicó sus memorias en Inglaterra, a donde le llegaban miles de cartas de México, las cuales le hablaban de la anarquía en que había caído el país y pedían su regreso. Él, a su vez, informado de los planes de una invasión española para reconquistar México, decide volver para prevenir a las autoridades y ponerse a su disposición como simple soldado. Sus enemigos temen ser desplazados del poder con su retorno y por órdenes del congreso, es aprehendido al desembarcar en Soto la Marina. Es condenado a muerte sin ser sometido a juicio -derecho que no se le niega ni al peor criminal- y a morir fusilado en Padilla, Tamaulipas. Sus últimas palabras al pueblo fueron de obediencia al gobierno que lo ejecutaba y en defensa de su libertad ante cualquier intento de reconquista española: “Mexicanos, ¡muero gustoso porque muero entre vosotros!”.

Al saberse su muerte, se produjo una gran conmoción y México nunca volvió a ser el mismo. Acerca de este hecho, Manuel Payno afirma que “La muerte de Iturbide es una de las manchas más vergonzosas de nuestra historia. El pueblo que pone las manos sobre la cabeza de su Libertador es tan culpable como el hijo que atenta contra la vida de su padre”.

“¿Qué aberración tan monstruosa, sólo vista en México -dice Alfonso Junco- (…) loar la libertad y maldecir al libertador, glorificar la obra y desdeñar al obrero, tomar el don y escarnecer al que lo da? (…) Iturbide es una gloria de México (…) Su genio militar, su visión política, su gobierno magnánimo, su abdicación gloriosa, su decencia personal, su amor al pueblo y el amor de su pueblo, pónenlo entre las figuras universales”.

Iturbide no es héroe de facción, como ingenuamente algunos creen, es un héroe nacional a secas. Para honrarlo bastan dos cosas: saber historia y ser justo. Hasta ahora, no se ha dado algún intento por reivindicar la imagen de Iturbide, otorgándole la importancia que tiene en la consolidación de nuestra patria.

 

Hoy más que nunca, suena un eco lejano que se pierde. Las últimas palabras que el héroe de Iguala dejara escritas en sus memorias: “Cuando instruyáis a vuestros hijos en la historia de la patria, inspiradles amor por el jefe del ejército trigarante (…) quien empleó el mejor tiempo de su vida para que fueseis dichosos”.

Miguel_Hidalgo 


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Bibliografía
Timothy E. Anna, El imperio de Iturbide, Editorial Patria/CONACULTA, 1991.
Chávez Ezequiel, Agustín de Iturbide: libertador de México, Editorial Jus, 1957.
Trueba Alfonso, Iturbide: un destino trágico, Editorial Jus, 1964.
Olavarría y Ferrari Enrique y Riva Palacio Vicente, México a través de los siglos, Editorial Cumbre, 1967.
Alamán Lucas, Historia de México, Editorial Jus, 1990.
Bulnes Francisco, La guerra de independencia: Hidalgo-Iturbide, edición facsimilar, Universidad Iberoamerica-na, 1982.
Riva Palacio Vicente y Payno Manuel, El libro rojo (1520-1867), edición facsimilar, México, , 1976.
Krauze Enrique, Siglo de caudillos: biografía política de México (1810-1910), Editorial TusQuets, 1994.
Sims Harold. D., La expulsión de los españoles de México (1821-1828), Fondo de Cultura Económica, 1974.
De Zavala Lorenzo, Ensayo crítico de las revoluciones de México desde 1808 hasta 1830, Editorial Porrúa, 1969.
Junco Alfonso, Un siglo de México, Editorial Jus, 1968.
Fuentes Mares José, Poinsett: historia de una gran intriga. Santa Anna: aurora y ocaso de un comediante, Ed. Jus, 1972.
Fuente: lag.uia.mx/acequias/acequias17/a17p56.html

Título original: Iturbide: ¿libertador de México?

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Tomado de: http://catolicidad-catolicidad.blogspot.com

 

¿Independencia, de qué?

El Plan de Iguala decide la independencia completa como monarquía constitucional y señala a la Religión Católica como base espiritual de la vida mexicana.

El Plan de Iguala decide la independencia completa como monarquía constitucional y señala a la Religión Católica como base espiritual de la vida mexicana.

La persecución liberal y masónica contra la Iglesia Católica en México, que desencadenó la “Epopeya Cristera” en el siglo XX, no era sino continuación de la iniciada en el siglo XIX.

             El 16 de septiembre de 1810, en el llamado “Grito de Dolores”, el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla1 iniciaba el proceso de “guerra insurgente o civil” que culminaría con la independencia de México.

Los obispos sostenían que no se trataba de guerra por la independencia sino, una lucha injustificada y salvaje contra una clase de la sociedad: la exaltación de las turbas, conocidas como los “chinacos”, contra las clases altas de la sociedad, conocidos como los “gachupines”.

No obstante, la burguesía criolla americana del siglo diecinueve, ansiosa de liberarse del poder de la Corona española y de la influencia de la Iglesia Católica, se agrupó en logias masónicas locales, intervenidas por francmasones del norte anglosajón, que ya entonces buscaban penetrar en el solar iberoamericano.

En 24 de febrero de 1821, el Plan de Iguala decide la independencia completa como monarquía constitucional y señala a la Religión Católica como base espiritual de la vida mexicana; el emperador Agustín de Iturbide ocupará el gobierno.

Paralelamente, el “Manifiesto Destino” les señalaba a los gobernantes de Estados Unidos el Lejano Oeste como meta; así Texas, Nuevo México, la Alta California y Arizona entraban en los planes anexionistas.

Por ello fue comisionado su embajador Poinsett, a la formación de un “Partido Americano” en México; sobre la base de las “logias yorkinas”; el proyecto era “La República Federal y Laica”.

Con la colaboración de liberales-masones y los constitucionalistas, en 1824 Iturbide será destituido y fusilado en Padilla.

El Gral. Vicente Guerrero proclamará así la República en 1824; se sanciona la Constitución. Comienza un período de decadencia: el separatismo centroamericano, la propaganda antirreligiosa, la guerra de Texas y la guerra contra los Estados Unidos, que culmina con el Tratado de Guadalupe, el 2 de febrero de 1848, que lo lleva a la pérdida del 50% de su territorio –Texas, Nuevo México, Arizona y la Alta California-; la política exterior de México quedó así subordinada a los Estados Unidos.

________________________________________1 Se inicio en la masoneria en la logia de la calle de Las Ratas No. 4 (hoy Bolívar 73), Desde 1808 participó en las juntas de los descontentos con la situación de la Nueva España. Formalizadas estas conspiraciones, debieron adelantar la fecha del levantamiento armado.  En julio de 1800 los curas mercedarios Joaquín Huesca y Manuel Estrada le acusaron de asistir a ‘tenidas diabólicas’ en una logia en el callejón de El Sapo (frente a la actual central telefónica de las calles de Victoria en la ciudad de México). La causa fue reanudada en septiembre de 1810 y el 7 de febrero de 1811 el inquisidor fiscal Manuel de Flores presentó formal denuncia contra Hidalgo al grado de que la iglesia católica lo excomulgó, a como ha excomulgado a las masones decenas de veces a lo largo de la historia. ________________________________________

Fuentes consultadas:

Persecución religiosa en México

“La Epopeya Cristera”

Gustavo Carrére Cadirant gcc03@fibertel.com.ar

Y

http://www.hermanosmasones.info/Miguel_Hidalgo.htm

 

Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

los Santos

16 de Septiembre