Contradicciones de un jubileo que llega a su fin

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Sin duda alguna, entre las claves para interpretar el pontificado del papa Francisco está su amor por la contradicción. Esta disposición de ánimo se hace patente en la carta apostólica Misericordia et misera,firmada en la clausura del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. En dicha carta, el papa Bergoglio deja sentado que todos los que frecuentan las iglesias de los sacerdotes de la Fraternidad san Pío X pueden recibir válida y lícitamente la absolución sacramental. El Papa corrige, por tanto, lo que constituía el principal factor de irregularidaden la fraternidad que fundó monseñor Lefebvre: la validez de las confesiones. Sería contradictorio imaginar que una vez reconocidas como válidas y lícitas las confesiones no se consideren igualmente lícitas las misas celebradas por los sacerdotes de la Fraternidad, que en todo caso son ciertamente válidas. A estas alturas no se entiende qué necesidad pueda haber de un acuerdo entre Roma y la Fraternidad fundada por monseñor Lefebvre, dado que la postura de los mencionados sacerdotes está de hecho regularizada, y que los problemas que aún están sobre el tapete, como salta a la vista, son de escaso interés para el Sumo Pontífice.

En la misma carta, «para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios», el papa Bergoglio concede, de ahora en adelante «a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto». En realidad, los sacerdotes ya estaban facultados para perdonar en la confesión el pecado de aborto. Ahora bien, según la doctrina multisecular de la Iglesia, el aborto se cuenta entre los pecados graves que se castigan automáticamente con la excomunión. «Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae», reza el Código de Derecho Canónico de 1983 en el canon 1398. Por tanto, los sacerdotes necesitaban autorización de su obispo para levantar la excomunión antes de poder absolver el pecado de aborto. Actualmente todo sacerdote puede levantar también la excomunión sin necesidad de recurrir a su obispo o haber recibido previa autorización de él. En la práctica, la excomunión desaparece y el aborto pierde la gravedad que le atribuía el derecho canónico.

En una entrevista emitida el pasado 20 de novlembre por Tv2000, el papa Francisco declaró que «el aborto sigue siendo un pecado grave», un «crimen horrendo», porque «pone fin a una vida inocente». ¿Puede el Papa ignorare que su decisión de desvincular de la excomunión latae sententiae el delito de aborto relativiza ese horrendo crimen haciendo posible que los medios de difusión lo presenten como un pecado que la Iglesia ya no considera tan grave como antes y lo perdona con facilidad?

En su carta, el Papa afirma que «no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir cuando encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre». Pero, como se hace manifiesto en sus mismas palabras, la misericordia es misericordia porque presupone la existencia del pecado, y por tanto de la justicia. ¿Por qué habla siempre sólo del Dios bueno y misericordioso, y nunca del Dios justo que premia y castiga según los méritos y culpas del hombre? Los santos, como se ha señalado, nunca han dejado de exaltar la misericordia de Dios, inagotable al dar; pero al mismo tiempo, hablan de temer su justicia, rigurosa al exigir. Sería contradictorio un Dios que sólo fuese capaz de amar y premiar el bien pero incapaz de odiar y castigar el mal.

A menos que se crea que la ley divina existe pero es abstracta e impracticable, que lo único que cuenta es la vida concreta del hombre, que no puede evitar pecar, y lo que importa no es la observancia de la ley, sino la confianza ciega en el perdón y la misericordia divina. Pecca fortiter, crede fortius. Pero esa es la doctrina de Lutero, no la de la Iglesia Católica.

Roberto de Mattei

(Traducido por J.E.F)

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Ayudar a superar las dudas

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Desde que la izquierda intelectual y progresista dictaminó que no hay verdades absolutas, ni dogmas atemporales, ni criterios seguros de certeza, se impuso la DUDA como algo necesario, conveniente e incluso tonificante para la mente. Ya Descartes advirtió que estaba dispuesto a dudar de todo, menos de su duda misma. Se quedó un poco corto, porque los teólogos modernistas que le acolitaron y superaron siglos después, dudan de todo -incluso de su propia duda-, aunque no dudan de que el modernismo es lo más seguro para caminar en la duda. Así lo impusieron en la Iglesia. Total, que la duda se instaló en el pensamiento como si fuera un okupa de la mente. Y ahí hemos estado y estamos. Todo es relativo, todo se puede expresar de forma relativa y dudosa. Todo se puede edificar sobre la diversidad y la inquietud. Las preguntas absolutas sobran, porque la realidad misma es relativa. No a los dogmas ni a las imposiciones. No a las certezas. No a todo. al no-a-todo.

Pero siempre aparece alguien que no entiende las cosas como son (en su absoluta-relatividad). Resulta que cuatro cardenales vienen ahora con dudas (dubbia) acerca de lo dicho en Amoris Laetitia. ¿Pero cómo se atreven? Con lo claro que está lo escrito en ella. Es verdad que hasta ahora no había verdades absolutas ni dogmas firmes, pero indudablemente la Amoris Laetitia viene a dar el último toque (el definitivo) a todas las dudas sobre el amor matrimonial. Después de la Amoris, ya no puede haber dudas, ¡qué caramba! ¿Cómo se atreven?

Así que Francisco se ha visto impelido a salir al paso. Lleva varios días lanzando darditos, puyas y venablos contra los cardenales díscolos que se permiten dudar. Porque en este caso, -sépanlo todos-, la duda no es ya muestra de perfección modernista o de pensamiento filosófico avanzado, sino motivo de angustia y miedo. Sí. Tanto el miedo como la angustia son consecuencia de la duda. La duda genera incertidumbre y ésta aboca a la debilidad. Así lo ha expresado Francisco en su catequesis de este miércoles, azuzado -sin duda-, por su enfado monumental con los cuatro indómitos y perturbadores príncipes de la Iglesia.

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La Carta Apostólica Misericordia et Misera se limita a extender la facultad de confesiones de la FSSPX

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De la Carta Apostólica Misericordia et Misera (12), exactamente como predijimos ayer:

En el Año del Jubileo había concedido a los fieles, que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, la posibilidad de recibir válida y lícitamente la absolución sacramental de sus pecados[15]. Por el bien pastoral de estos fieles, y confiando en la buena voluntad de sus sacerdotes, para que se pueda recuperar con la ayuda de Dios, la plena comunión con la Iglesia Católica, establezco por decisión personal que esta facultad se extienda más allá del período jubilar, hasta nueva disposición, de modo que a nadie le falte el signo sacramental de la reconciliación a través del perdón de la Iglesia.

(Entrada original)

La Carta Apostólica “Misericordia et Misera” y la FSSX

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El pasado viernes, la Santa Sede anunció la Carta Apostólica Misericordia et Misera, que podría ser publicada mañana lunes. El Papa la ha firmado hoy, último día del Jubileo de la Misericordia.

Algunos han tenido la intuición, considerando el momento en que se autorizaron las confesiones para los sacerdotes de la FSSPX (a final del año pasado, y que vence supuestamente hoy) que la Carta podría contener algo sobre la FSSPX.

Podemos confirmar que, a menos que haya una sorpresa de último minuto, habrá algo relativo a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X.

Oremos, esperemos y veamos.

P.S: A modo de referencia, Katholisch.info y1Peter5 (en inglés) mencionaron esta posibilidad antes.También mencionada en  Le Forum Catholique

(Artículo original)

Un Jubileo sin indulgencia

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Según los datos facilitados el pasado 12 de  noviembre por monseñor Rino Fisichella a la Asociacion de la Prensa Extranjera, a la conclusión del Jubileo habrán llegado a Roma  21 millones de peregrinos, y aproximadamente mil millones de personas habrán atravesado las puertas santas abiertas en todo el mundo. Por otra parte, las cifras oficiales dadas por la Prefectura de la Casa Pontificia calculan en 32 millones el total de llegados para el Jubileo del año 2000. Supone, por consiguiente, un descenso superior al treinta por ciento. El  declive en el número de visitas es confirmado por las estimaciones del CENSIS recogidas en La Repubblica el 21 de julio de 2015, según las cuales el efecto Bergoglio habría llevado a Roma 33 millones de turistas y peregrinos para el jubileo.

No ha sido así. Es más, el desplome en número de fieles asistentes se ajustan a la patente y constante caída en las cifras de personas asistentes a las audiencias en el curso de los tres años de pontificado. Conforme a los datos oficiales del Vaticano, 6.623.900 en los nueve primeros meses de pontificado de 2013, 5.916.800 en 2014 y un total de 3.210.860 personas en 2015. Según monseñor Fisichella, los verdaderos frutos del Jubileo se verán en los próximos años. Lo cual significa, sin embargo, que por el momento los frutos no se perciben. Y las puertas traspuestas por mil millones de personas en iglesias repartidas por todo el mundo habrían sido atravesadas sin añadir valor alguno al Jubileo.

Más allá de los números, el Jubileo debería haber constituido un acontecimiento espiritual que, gracias a las indulgencias, supusiera una oportunidad para cambiar de vida. En la carta de proclamación del Jubileo del año 2000, Juan Pablo II explicó en detalle los estrechos vínculos entre la indulgencia y el sacramento de la penitencia: al confesar sus pecados, el creyente obtiene el perdón y puede recibir la Eucaristía. Ahora bien, hablar sólo de perdón y de misericordia puede llevarnos a creer que basta con pasar por la puerta santa, aunque no nos confesemos, para que se nos perdonen los pecados. ¿Cómo es que se ha hablado tanto de misericordia y en ningún momento se han mencionado las indulgencias? Porque esa era la postura de Lutero, y el papa Bergoglio ha celebrado en Lund el quinto centenario de su revuelta contra la Iglesia de Roma. Las célebres 95 tesis que Lutero clavó en la puerta de la catedral de Wittenberg el 31 de octubre de 1517 niegan el valor de las indulgencias y de todo mérito y toda buena obra. Por eso el Jubileo de la Misericordia, cuya conclusión se acerca, ha sido el primer jubileo de la historia en el que no se ha hablado de indulgencias. En realidad, un jubileo que no tenía por objeto ser jubileo.

Roberto de Mattei

(Traducido por J.E.F)

Tomado de:

adelantelafe.com

Las sorprendentes conclusiones de la concesión del Papa Francisco a la FSSPX

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21 octubre, 2015

Nota de de la Dirección: Hacemos notar que este específico «Sacerdote anónimo» no ha escrito antes para The Remnant, ni es un sacerdote de la FSSPX ni pertenece a ninguna sociedad ni organización relacionada con la FSSPX .


 

El cisma y la facultad para oír confesiones en el CDC (Código de Derecho Canónico de 1983)

Primera proposición: Un sacerdote que tiene la facultad de oír confesiones no puede estar en cisma.  Mi razonamiento es el siguiente:

1.  Estar en cisma es estar bajo excomunicación latae sententiae.

2.  Un sacerdote bajo excomunicación latae sententiae tiene prohibido administrar los sacramentos.

3.  Por lo tanto, un sacerdote que tiene permitido celebrar los sacramentos no puede estar en cisma.

Las disposiciones relevantes del CIC son las siguientes.

En su canon 751, el Código define «cisma» de la siguiente manera: «Rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos».

El canon 1364 estipula que, entre otras cosas, «el cismático incurre en excomunión latae sententiae».

El canon 1331 §1 indica:

Se prohíbe al excomulgado:

1 tener cualquier participación ministerial en la celebración del Sacrificio Eucarístico o en cualesquiera otras ceremonias de culto;

2 celebrar los sacramentos o sacramentales y recibir los sacramentos;

3 desempeñar oficios, ministerios o cargos eclesiásticos, o realizar actos de régimen.

Segunda proposición: El Santo Padre debe considerar a los sacerdotes de FSSPX ministros de la Iglesia fielmente adheridos a la doctrina del magisterio.

El CDC estipula que no puede dársele a un sacerdote la facultad de absolver pecados a menos que posea la potestad de orden así como la facultad para ejercerla sobre los fieles (can. 966 §1). El sacerdote puede recibir esa facultad tanto ipso iure como por concesión de la autoridad competente, a tenor del c. 969 (can. 966 §1).

Nótese, también, que el  canon 970 estipula que «La facultad de oír confesiones sólo debe concederse a los presbíteros que hayan sido considerados aptos mediante un examen, o cuya idoneidad conste de otro modo». De ser cierto, como se informa, que Su Santidad el papa Francisco ha otorgado a la FSSPX la facultad de absolver pecados durante el Jubileo de la Misericordia, de ello se sigue que cumplen una o ambas condiciones del canon 970.

Finalmente, hacemos la observación de que el canon 978 §2 estipula: «Al administrar el sacramento, el confesor, como ministro de la Iglesia, debe atenerse fielmente a la doctrina del Magisterio y a las normas dictadas por la autoridad competente».

Por consiguiente, si el Papa ha otorgado las facultades arriba referidas, el Santo Padre debe de considerar que los sacerdotes de la FSSPX están capacitados para operar como ministros de la Iglesia y «atenerse fielmente a la doctrina».

Sacerdote anónimo
[Traducción de  Enrique Treviño. Artículo original]