Misión cumplida…

Hice lío, como usted lo ordenó, aquí está la prueba…

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ROMA, 10 Dic. 14 / 10:05 am (ACI).- Sor Cristina Scuccia, la religiosa ursulina ganadora de The Voice Italia, saludó esta mañana al Papa Francisco y le regaló una copia de su disco “Sister Cristina” (Hermana Cristina).

El encuentro se produjo al culminar la Audiencia General de hoy en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

Entrevistada por la agencia DPA en noviembre de este año, la religiosa de 25 años expresó su deseo de encontrarse con Francisco y entregarle “la primera copia” de su disco.

“Sería un sueño para mí encontrarme con él, para entregarle la primera copia de mi disco y recibir su bendición”, aseguró Sor Cristina en esa ocasión.

Sor Cristina ganó la edición italiana del concurso de canto The Voice en junio de 2014. Inmediatamente después de conocer su victoria, puso a todos los asistentes y televidentes a rezar el Padre Nuestro.

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Con más de 66 millones de vistas, el video de Sor Cristina clasificando al concurso, tras cantar “No One” de Alicia Keys, está entre los más vistos del año en el sitio web YouTube.

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La religiosa renovó sus votos el 29 de julio de este año.

Tomado de:

https://www.aciprensa.com

MEDITACIONES PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO – DÍA 10-

DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

MEDITACIÓN X

Virum dolorum et scientem infirmitatem. (Isai. LIII, 3).

Varón de dolores y que sabe de trabajos.

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Así llamó el profeta Isaías a Jesucristo, el hombre de dolores; sí, porque este hombre fue engendrado para padecer, y desde niño comenzó á sufrir los mayores dolores que jamás habían sufrido los otros. El primer hombre Adán tuvo algún tiempo en que gozó en esta tierra las delicias del paraíso terrenal. Pero el segundo Adán, Jesucristo, no tuvo momento alguno de su vida que no estuviese lleno de afanes y agonías; habiéndole ya afligido desde niño la vista funesta de todas las penas e ignominias que debía padecer en su vida, y especialmente después en su muerte, sumergido en una tempestad de dolores y oprobios; como ya predijo David por aquellas palabras: He llegado a alta mar, y la tempestad me vio anegado.

Jesucristo desde el vientre de María aceptó la obediencia dada á él por el Padre, acerca de su pasión y muerte: Facius  obediens usqve ad mortem; pues que desde el vientre de María previó los azotes, y ofreció a estos sus carnes: previó las espinas y ofrecióles su cabeza: previó las bofetadas y ofreció sus mejillas: previó los clavos y ofreció las manos y los pies: previó la cruz y ofreció su vida. De aquí fue, que nuestro Redentor desde la primera infancia, en todos los momentos de su vida padeció un continuo martirio, y este le ofreció sin cesar por nosotros al eterno Padre.

Pero lo que mas le afligió fue la vista de los pecados que debían cometer los hombres, aun después de su penosa redención. Conocía bien con su luz divina la malicia de todos los pecados, y para quitarlos venia al mundo; mas viendo además un número grande que se habían de cometer después, esto dio mayor pena al corazón de Jesús, que las penas que han padecido y padecerán todos los hombres de la tierra.

Afectos y súplicas.

Dulce Redentor mío, ¿cuándo será que yo comience a ser agradecido a vuestra bondad infinita? ¿Cuándo comenzaré a reconocer el amor que me habéis tenido, y las penas que por mí habéis sufrido? Hasta aquí en vez de amor y gratitud os he dado ofensas y desprecios. ¿Deberé, pues, seguir siempre viviendo ingrato a Vos, Dios mío, que nada habéis excusado por conquistaros mi amor? No, Jesús mío, no ha de ser así. Yo quiero en los días que me restan de vida seros agradecido, y Vos me habéis de ayudar.

Si os he ofendido, vuestras penas y vuestra muerte son mi esperanza. Vos habéis prometido perdonar al que se arrepiente. Yo me arrepiento con toda el alma de haberos despreciado. Cumplid vuestra palabra, amor mío, perdonadme. Oh mi amado Niño, en ese pesebre os contemplo clavado ya en la cruz que tenéis presente y aceptáis por mí.

Infante mío crucificado, os diré, yo os doy gracias y os amo. Vos sobre esa paja, padeciendo por mí, y preparándoos ya para morir por mi amor, me convidáis y mandáis que os ame diciendo: Amarás al Señor tu Dios. Y yo no deseo otro que amaros. Ya, pues, que de mí queréis ser amado, dadme todo el amor que de mí exigís. El amor hacia Vos es don vuestro, y el don más grande que podéis hacer a un alma.

Aceptad, o Jesús mío, por amante vuestro un pecador que tanto os ha ofendido. Vos habéis venido del cielo a buscar las ovejuelas perdidas: buscadme, pues, que yo no busco a otro que a Vos. Queréis mi alma, y ella no quiere a otro que a Vos. Amáis a quien os ama diciendo: Diligentes me diligo. Yo os amo, amadme también Vos, y si me amáis, atadme a vuestro amor, y atadme de manera que no pueda se pararme más de Vos. María madre mía, ayudadme. Sea también vuestra gloria ver amado a vuestro Hijo de un miserable pecador, que antes tanto le ha ofendido.

Tomado de:

http://radiocristiandad.wordpress.com/