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La práctica que hoy conocemos de la comunión en la mano nació en el siglo XVII entre los calvinistas
Athanasius Schneider, experto en Patrística y obispo auxiliar en Kazajistán, explicó en una emisora de Radio María cómo se comulgaba entonces.
Actualizado 13 agosto 2011
C.L./ReL
Athanasius Schneider tiene 50 años, es ucraniano y desde 2006 ha ejercido como obispo auxiliar en dos diócesis de Kazajistán, una ex república soviética con un 26% de población cristiana, mayoritariamente ortodoxa pero con una pujante comunidad católica.
Recientemente, monseñor Schneider, que es experto en Patrística e Iglesia primitiva, explicó en la emisora de Radio María en el sur del Tirol las diferencias entre la forma de comulgar en la Iglesia primitiva y la actual práctica de la comunión en la mano.
Según afirmó, esta costumbre es «completamente nueva» tras el Concilio Vaticano II y no hunde sus raíces en los tiempos de los primeros cristianos, como se ha sostenido con frecuencia.
En la Iglesia primitiva había que purificar las manos antes y después del rito, y la mano estaba cubierta con un corporal, de donde se tomaba la forma directamente con la lengua: «Era más una comunión en la boca que en la mano», afirmó Schneider. De hecho, tras sumir la Sagrada Hostia el fiel debía recoger de la mano con la lengua cualquier mínima partícula consagrada. Un diácono supervisaba esta operación.
Jamás se tocaba con los dedos: «El gesto de la comunión en la mano tal como lo conocemos hoy era completamente desconocido» entre los primeros cristianos.
Origen calvinista
Aun así, se abandonó aquel rito por la administración directa del sacerdote en la boca, un cambio que tuvo lugar «instintiva y pacíficamente» en toda la Iglesia. A partir del siglo V, en Oriente, y en Occidente un poco después. El Papa San Gregorio Magno en el siglo VII ya lo hacía así, y los sínodos franceses y españoles de los siglos VIII y IX sancionaban a quien tocase la Sagrada Forma.
Según monseñor Schneider, la práctica que hoy conocemos de la comunión en la mano nació en el siglo XVII entre los calvinistas, que no creían en la presencia real de Jesucristo en la eucaristía. «Ni Lutero», que sí creía en ella aunque no en la transustanciación, «lo habría hecho», dijo el obispo kazajo: «De hecho, hasta hace relativamente poco los luteranos comulgaban de rodillas y en la boca, y todavía hoy algunos lo hacen así en los países escandinavos».
Calvinismo es el nombre (introducido por los luteranos contra la voluntad de Calvino) de aquella forma de -> protestantismo que directa o indirectamente tiene su origen en la obra reformadora de Juan Calvino (1509-1564). Tiene sus raíces en el humanismo francés y suizo de principios del s. xvi y, por tanto, no es simplemente una desviación del luteranismo, por muy verdad que sea que «las doctrinas fundamentales de Lutero son también las de Calvino» (E. TROELTSCH, Die Soxiallehren der christlichen Kirchen und Gruppen, T 1922, p. 610).
La influencia de Bucero, Melanchton y Bullinger sobre Calvino modificó también el c. La «conversión» de Calvino (entre 1530 y 1533) se debió a la lectura de la Biblia, especialmente a la lectura del AT. Él la leyó como palabra de Dios pronunciada directamente para él y la tomó como única fuente y norma de la fe cristiana.
Este principio de que la Escritura no sólo es la única fuente sino también la única norma, de manera que el creyente, para conseguir una seguridad sobre el contenido de la revelación, no necesita una interpretación infalible por parte de la Iglesia, es la base de toda la -> reforma. En este sentido el c. se consideraba a sí mismo en primer lugar como la iglesia reformada según la palabra de Dios, que todo cristiano podía corregir a la luz de la Escritura. La intención de fundar una Iglesia nueva estuvo tan lejos de la mente de Calvino como de la mente de Lutero. La preocupación más seria de Calvino fue la de garantizar la transcendencia de la revelación de Dios, de la cual el hombre no puede participar más que por la gracia.
Esta intención básica no contradice en modo alguno a la doctrina católica. Sin embargo, la crítica que Calvino hizo de la Iglesia católica de Roma no sólo pretendía eliminar muchos abusos realmente existentes, sino también modificar esencialmente toda la estructura y la función de la Iglesia. El fundamento de esta crítica radical está en el hecho de que Calvino rechaza una mediación de la salvación, en la cual la Iglesia misma -por la fuerza del Espíritu Santo que la vivifica- actuara como instrumento sobrenaturalmente eficaz.
Frente a la Iglesia católica romana, Calvino fundamenta en su cristología la negación del papado y de la Iglesia como medio de salvación sobrenaturalmente eficaz. Según Calvino, Cristo es el Hijo de Dios, hecho hombre para, en cuanto mediador, reconciliar a los predestinados con Dios. Como mediador, Cristo, después de su ascensión a los cielos, envió al Espíritu Santo para otorgar en vida su plenitud, pero únicamente a los predestinados, los frutos de su mediación cumplida. Calvino cree que el cuerpo glorificado de Cristo continúa sometido a las leyes de la limitación espacial de este eón antiguo (CR 37, 169; cf. tambiénInst. iv, 17, 12). Por esto, acentúa que el cuerpo glorificado de Cristo está localmente en el cielo y que la Iglesia visible-invisible de los hombres pecadores se halla en la tierra. Sólo la «fuerza del Espíritu Santo» salva esta separación que durará hasta el día del juicio. Para Calvino, esa «fuerza del Espíritu Santo» no crea una relación ontológica con el Señor glorificado, en virtud de la cual él estaría presente y actuaría en su Iglesia (que es lo que enseña la Iglesia católica). En Calvino se trata de la unión, lograda por la virtud del Espíritu Santo, con la fuerza del cuerpo glorificado de Cristo; a través de esta unión Cristo ejerce su dominio sobre la Iglesia (Inst. ii, 15, 3; también CR 73, 568; 43, 723). Por tanto, también se comprende que para Calvino la presencia de Cristo en la eucaristía se produzca sólo a través de su fuerza, y no a través de su mismo cuerpo glorificado (Inst.iv, 17, 26; también CR 73, 695; 75, 364). Las fuertes expresiones de Calvino acerca de la comunidad con Cristo deben ser entendidas siempre dentro de estos límites.
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En la pintura San Jerónimo recibe la sagrada forma en la boca, a pesar de ser sacerdote, como muestra de adoración por la Hostia Sagrada.

La última comunión de San José de Calasanz -Francisco de Goya. Iglesia Colegio Escolapios de San Antón Madrid.
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Pío XII, Venerable.
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El Santo Padre, Benedicto XVI durante la ceremonia de Beatificación del Siervo de Dios, Juan Pablo II, ha dicho hoy:
Nos, vota Fratris Nostri Augustini Cardinalis Vallini, Vicarii Nostri pro Romana Dioecesi, necnon plurimorum aliorum Fratrum in Episcopatu multorumque christifidelium explentes, de Congregationis de Causis Sanctorum consulto, Auctoritate Nostra Apostolica facult atem facimus ut Venerabilis Servus Dei Ioannes Paulus II, papa, Beati nomine in posterum appelletur eiusque festum die altera et vicesima Octobris in locis et modis iure statutis quotannis celebrari possit. In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti.
Lo cual quiere decir en español:
Nos, acogiendo el deseo de nuestro hermano Cardenal Agostino Vallini, Nuestro Vicario General para la Diócesis de Roma, de muchos otros Hermanos en el Episcopado y de muchos fieles, después de haber escuchado el parecer de la Congregación para las Causas de los Santos, con Nuestra Autoridad Apostólica concedemos que el Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II, Papa, de ahora en adelante pueda ser llamado
Beatoy que se pueda celebrar su fiesta en los lugares y según las reglas establecidas por el derecho, cada año el 22 de octubre. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.Homilía del Santo Padre durante la Misa de beatificación del Siervo de Dios, Juan Pablo II.
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!Les desea felices pascuas de resurrección!
ESTACIÓN EN SANTA SABINA – ORNAMENTOS MORADOS
A imitación de los Ninivitas, los cuales hicieron penitencia bajo la ceniza y el cilicio, la Iglesia, para domar nuestro orgullo y recordarnos la sentencia de muerte que sobre nosotros recae en pena del pecado1, pone hoy ceniza sobre nuestras cabezas, diciendo:
«Acuérdate, hombre, de que eres polvo y al polvo has de volver».
Tenemos ahí el vestigio de una antigua ceremonia. Los cristianos que habían cometido algún pecado grave y público debían también someterse a pública penitencia, y para eso, el Miércoles de Ceniza, el Pontífice bendecía los cilicios que los penitentes iban a llevar puestos durante toda la Santa Cuarentena, y les imponía la ceniza sacada de las palmas que habían servido el año anterior para la procesión de los Ramos.
Luego, mientras los fieles rezaban los Salmos penitenciales, se «expulsaba a los penitentes del lugar santo, por causa de sus pecados, como había sido arrojado Adán del Paraíso por su desobediencia» (Pontifical).
Los penitentes no dejaban sus vestidos de penitencia, ni entraban en la iglesia hasta el Jueves Santo, después de haber sido reconciliados por los trabajos de la penitencia cuaresmal y por la confesión y absolución sacramentales.
El Papa Urbano VI, en el Concilio de Benevento (1091) mandó que la ceniza fuese impuesta también a los simples fieles porque «Dios perdona los pecados a los que de ellos se duelen» (Introito). «Es rico en misericordias para con los que a Él se vuelven de todo corazón por el ayuno, las lágrimas y gemidos» (Epístola). Y no hemos de desgarrar nuestros vestidos en señal de dolor, cual lo hacían los Fariseos, sino nuestros corazones (Epístola).
«Saquemos de la Eucaristía el auxilio de que hemos menester» (Poscomunión), a fin de que, «celebrando hoy la apertura solemne del ayuno sagrado» (Secreta), «terminemos la carrera con una devoción que nada sea capaz de turbar» (Or.).
Hoy obliga el ayuno y la abstinencia (no se come carne) bajo pena de pecado mortal.
1. La ceniza es símbolo de penitencia, y bendita por la Iglesia, se trueca en un sacramental que nos mueve a desarrollar en nosotros el espíritu de humildad y de sacrificio.
Fuente: Misal Diario – Dom. Gaspar Lefebvre, O.S.B.
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Inspirado en hechos reales, El Rito cuenta la historia de Michael Kovak (Colin ODonoghue), un seminarista escéptico, que asiste con reparos a la escuela de exorcismo del Vaticano. Durante su estancia en Roma, conoce a un sacerdote nada ortodoxo, el Padre Lucas (Anthony Hopkins), quien le introduce al lado más oscuro de su fe.
Aquí en la ciudad de Tijuana se estrenó en los cines, el pasado viernes 18 de Febrero del presente año. El Rito es una película muy equilibrada y lo mejor de todo 100% católica, no es una película de terror, es una película que muestra el poder de la fe en Nuestro Señor Jesucristo. ¡No te la puedes perder!
Aquí les dejo el enlace en español del sitio de la película en Internet, aquí podrán ver el trailer :
http://wwws.la.warnerbros.com/therite/index.html
El enlace a los hechos reales:
http://wwws.la.warnerbros.com/therite/portal_exorcismo/index.html
Por:
Arturo Medina Muñoz.
Finalmente tendremos un beato súbito. Comparando con lo que costaba sacar adelante una causa de beatificación-canonización cuando las causas de los Santos se llevaban con más rigor, después de todo cinco años no son nada, tratándose de lo que se trata.
Pero entiendo que lo que se trata es algo muy grave, porque beatificar/canonizar no es cuestión baladí. Aunque la ligereza con la que se reformó el procedimiento canónico por voluntad del nuevo próximo beato súbito haya rebajado tan notablemente las graves consideraciones que todo proceso de canonización debe (debería) tener.
Por ejemplo, si el antiguo promotor fidei, esa figura temible conocida popularmente como «abogado del diablo», hubiera estado vigente, el proceso del beato súbito no hubiera durado ni un mes. O no se hubiera incoado, siquiera. Ahora que ya no hay abogados del diablo, se sabe (se prueba) que las causas de beatificación-canonización progresan adecuadamente, sin obstáculos casi. Si interviene el entusiasmo, como en este caso, la garantía de concluir el proceso en breve es una más que probabilidad.
¿Y los milagros etc.? Milagros etc. tienen otras causas, muy bien estudiados y contrastados. Pero son causas paradas, en stop, una situación que se dice, en términos canónicos, dilata sine die. Si no de derecho, sí de hecho. Por ejemplo, y sir más lejos, la causa del venerable Pio XII, detenida por el complejo/tráuma judío y laprudente consideración de que no es oportuna su conclusión. El resultado es ese estado quasi de letargo, latente, en que se ralentizan algunas causas hasta que les llega el momento oportuno. Como fue el caso del beato Pio IX, emparejado en la beatificación con Juan XXIII, para hacer pasar al uno por el otro, dada la antipatía que en algunos sectores políticos de Italia se le tenía al Papa antagonista (víctima) del Risorgimento.
Es decir, que se escoje a quien se quiere y se prefiere una causa y no otra, pretiriendo a unos y promoviendo a otros. Todo sin faltar al orden canónico, sin prevaricar canónicamente, con toda justicia y rectitud. Sí. Pero seleccionando y ordenando las precedencias, urgiendo unas causas y dejando a su ritmo natural/sobrenatural otras. Qué duda cabe que, en este sentido, la causa del beato súbito ha sido una causa, más que urgente, urgida.
¿Y por qué esta urgencia? Yo creo que por evitar complicaciones ulteriores que la impedirían o – por lo menos – la demorarían considerablemente. Más de una vez he comentado que a Juan Pablo IIº o lo canonizan pronto, o no se canonizará. Se trata de una de esas figuras cuya impresión se modera considerablemente en cuanto se aleja uno del personaje y sus fuertes impresiones. Quiero decir, entre otras cosas, que es distinta la estampa del Papa animoso y entusiasta, desafiante y optimista, tenaz y sacrificado, al otro perfil de Juan Pablo IIº y su pontificado que se ha ido descubriendo desde el año 2005 hasta el presente. No refiero hechos porque ni me resulta agradable citarlos, ni lo juzgo necesario, suponiendo que el que lea esto sabrá a qué me puedo estar refiriendo. Correr un tupido velo es, muchas veces, una necesidad piadosa, que, sin embargo, no supone suspender el juicio crítico sobre las cosas y sus protagonistas.
Absolutamente, sostengo que cinco años son insuficientes para ponderar un pontificado tan extenso y prolífico en acontecimentos y hechos como el de Juan Pablo II. Tanto más si se trata de emitir un juicio definitivo y terminante sobre el mismo, ya que eso es, en cierta manera, lo que supone beatificarle. Si con la persona van también sus hechos, me parece patente que ciertos actos del Papa Wojtyla son bastante cuestionables. Y algunos, como la aberración de Asís 1986, insostenibles.
Recuerdo un libro titulado «La fabricación de los santos» de un tal Kenneth Woodward, del año 1990, más o menos; un periodista católico americano que escribió un reportaje divulgativo sobre el tema de las canonizaciones, bastante crítico, con algunas tesis poco católicas. Pero recogía interesantes testimonios de algunos de los más famosos y activos postuladores de causas de santos de aquellos años, ya en plena época de las poli-beatificaciones y canonizaciones juanpablistas. En uno de los capítulos en que se tocaba el particular de las canonizaciones de los Papas, el famoso padre Gumpel (uno de los postuladores de la Compañía de Jesús que, entre otras, defiende la causa de Pio XII) dice expresamente que – «…no deberíamos dar la impresión de que el papa (quiere decir todos los papas) es necesariamente un candidato a la santidad». A continuación, el periodista escritor comentaba lo dificil que va a ser librarse de esa impresión, hoy tan generalizada entre los católicos, dado el frenesí de gloria (dice él) que la presencia del Papa (sobre todo en sus viajes y encuentros multitudinarios) suscita entre los fieles.
Qué duda cabe que el caso de Juan Pablo II y su súbita beatificación es un patente caso de esto último.
Por supuesto, quede constancia de la obediente obsequiosidad con la que el que esto escribe acogerá/acatará al beato súbito (y al santo, si llega). Pero conste también que a los Santos en particular se les tiene devoción libre y concreta, sin obligación de encenderles velas a disgusto. Así que, supongo, al beato súbito le profesaré devoción global, sumaria, en el totum de la Communio Sanctorum.
Y Dios proveerá.
p.s. Por cierto, aquí dejo una breve impresión del tal Kenneth Woodward sobre elsanto súbito original, en Abril del 2005.
+T.
Tomado de:
Si tu respuesta es NO, aquí tienes estos enlaces para que lo conozcas.
Día de Acción de Gracias, una celebración cien por ciento protestante.
A propósito del Thanksgiving Day
Thanksgiving Day Mass? No, thanks
¿Misa del Día de Acción de Gracias? No, gracias
Siempre investiga el origen de la fiesta que estás celebrando.

El centenario del decreto Quam singulari es una ocasión providencial para recordar e insistir en el tomar la primera comunión cuando los niños tengan la edad del uso de razón, que hoy, incluso, parece anticiparse.
Recientemente lo había hecho el Prefecto de la Congregación para el Culto Divino Card. Antonio Cañizares (aquí). Aunque no directamente, el Papa Benedicto XVI, hablando hoy de San Pío X en su catequésis en audiencia general, ha reafirmado la primera comunión a la edad de uso de razón. Aquí una traducción al español de la catequésis hecha por Zenit.
¡Queridos hermanos y hermanas!
Hoy quisiera detenerme en la figura de mi Predecesor san Pío X, cuya memoria litúrgica se celebra el sábado próximo, subrayando algunos de sus rasgos que pueden ser útiles también para los Pastores y los fieles de nuestra época.
Giuseppe Sarto, así se llamaba, nacido en Riese (Treviso) en 1835 de familia campesina, tras los estudios en el Seminario de Padua fue ordenado sacerdote a los 23 años. Primero fue vicepárroco en Tombolo, luego párroco en Salzano, después canónico de la catedral de Treviso con el cargo de canciller episcopal y director espiritual del Seminario diocesano. En estos años de rica y generosa experiencia pastoral, el futuro Pontífice mostró ese profundo amor a Cristo y a la Iglesia, esa humildad y sencillez y esa gran caridad hacia los más necesitados, que fueron caractrísticas de toda su vida. En 1884 fue nombrado obispo de Mantua y en 1893 Patriarca de Venecia. El 4 de agosto de 1903, fue elegido Papa, ministerio que aceptó con vacilación, porque no se consideraba a la altura de una tarea tan elevada.
El Pontificado de san Pío X ha dejado un signo indeleble en la historia de la Iglesia, y se caracterizó por un notable esfuerzo de reforma, sintetizada en el lema Instaurare omnia in Christo, “Renovar todas las cosas en Cristo”. Sus intervenciones, de hecho, abarcaron los diversos ámbitos eclesiales. Desde el principio se dedicó a la reorganización de la Curia Romana; después dio luz verde a los trabajos de la redacción del Código de Derecho Canónico, promulgado por su sucesor Benedicto XV. Promovió, además, la revisión de los estudios y del iter de formación de los futuros sacerdotes, fundando también varios Seminarios regionales, equipados con buenas bibliotecas y profesores preparados. Otro sector importante fue el de la formación doctrinal del Pueblo de Dios. Desde los años en que era párroco había redactado él mismo un catecismo, y durante el episcopado en Mantua había trabajado para que se llegase a un catecismo único, si no universal, al menos italiano. Como auténtico pastor, había comprendido que la situación de la época, también por el fenómeno de la emigración, hacía necesario un catecismo al que todo fiel pudiera referirse independientemente del lugar y de las circunstancias de la vida. Como Pontífice preparó un texto de doctrina cristiana para la diócesis de Roma, que se difundió después en toda Italia y en el mundo. El Catecismo llamado “de Pío X” fue para muchos una guía segura en el aprendizaje de las verdades de la fe por su lenguaje sencillo, claro y preciso y por su eficacia expositiva.
Notable atención dedicó a la reforma de la Liturgia, en particular de la música sacra, para llevar a los fieles a una vida de oración más profunda y a una participación en los Sacramentos más plena. En el Motu Proprio Tra le sollecitudini (1903), afirma que el verdadero espíritu cristiano tiene su primera e indispensable fuente en la participación activa en los sacrosantos misterios y en la oración pública y solemne de la Iglesia (cfr ASS 36[1903], 531). Por esto recomendó acercarse a menudo a los Sacramentos, favoreciendo la frecuencia cotidiana a la Santa Comunión, bien preparados, y anticipando oportunamente la Primera Comunión de los niños hacia los siete años de edad, “cuando el niño comienza a razonar”: dice así. (cfr S. Congr. de Sacramentis, Decretum Quam singulari : AAS 2[1910], 582).
Fiel a la tarea de confirmar a los hermanos en la fe, san Pío X, frente a algunas tendencias que se manifestaron en el ámbito teológico a finales del siglo XIX y a principios del XX, intervino con decisión, condenando el Modernismo, para defender a los fieles de las concepciones erróneas y promover una profundización científica de la Revelación en consonancia con la Tradición de la Iglesia. El 7 de mayo de 1909, con la Carta apostólica Vinea electa, fundó el Pontificio Instituto Bíblico. Los últimos meses de su vida fueron amargados por el estallido de la guerra. El llamamiento a los católicos del mundo, lanzado el 2 de agosto de 1914 para expresar “el acerbo dolor” de aquella hora, era el grito sufriente del padre que ve a los hijos enfrentarse uno contra el otro. Murió poco después, el 20 de agosto, y su fama de santidad empezó a difundirse pronto entre en pueblo cristiano.
Queridos hermanos y hermanas, san Pío X nos enseña a todos que en la base de nuestra acción apostólica, en los diversos campos en que trabajamos, debe haber siempre una íntima unión personal con Cristo, que hay que cultivar y acrecentar día tras día. Éste es el núcleo de toda su enseñanza, de todo su compromiso pastoral. Sólo si estamos enamorados del Señor, seremos capaces de llevar a los hombres a Dios y abrirles a Su amor misericordioso, y abrir así el mundo a la misericordia de Dios.
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Juan Pablo II, corrigió el concepto tradicional de infierno en el verano de 1999, cuando hubo cuatro audiencias para hablar sobre el cielo, el purgatorio, el infierno y el diablo.
“El cielo”, dijo entonces Juan Pablo II, no es “un lugar físico entre las nubes, el infierno tampoco es un lugar, sino la situación de quien se aparta de Dios”.
El purgatorio es un estado provisional de “purificación” que nada tiene que ver con ubicaciones terrenales. Y Satanás “está vencido: Jesús nos ha liberado de su temor”, según dijo en esa ocasión.
JUAN PABLO II
AUDIENCIA
Miércoles 21 de julio de 1999

El «cielo» como plenitud de intimidad con Dios
1. Cuando haya pasado la figura de este mundo, los que hayan acogido a Dios en su vida y se hayan abierto sinceramente a su amor, por lo menos en el momento de la muerte, podrán gozar de la plenitud de comunión con Dios, que constituye la meta de la existencia humana.
Como enseña el Catecismo de la Iglesia católica, «esta vida perfecta con la santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama ilel cielols. El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha» (n. 1024).
Hoy queremos tratar de comprender el sentido bíblico del «cielo», para poder entender mejor la realidad a la que remite esa expresión.
2. En el lenguaje bíblico el «cielo», cuando va unido a la «tierra», indica una parte del universo. A propósito de la creación, la Escritura dice: «En un principio creó Dios el cielo y la tierra» (Gn 1, 1).
En sentido metafórico, el cielo se entiende como morada de Dios, que en eso se distingue de los hombres (cf. Sal 104, 2s; 115, 16; Is 66, 1). Dios, desde lo alto del cielo, ve y juzga (cf. Sal 113, 4-9) y baja cuando se le invoca (cf. Sal 18, 7.10; 144, 5). Sin embargo, la metáfora bíblica da a entender que Dios ni se identifica con el cielo ni puede ser encerrado en el cielo (cf. 1 R 8, 27); y eso es verdad, a pesar de que en algunos pasajes del primer libro de los Macabeos «el cielo» es simplemente un nombre de Dios (cf. 1 M 3, 18.19.50.60; 4, 24.55).
A la representación del cielo como morada trascendente del Dios vivo, se añade la de lugar al que también los creyentes pueden, por gracia, subir, como muestran en el Antiguo Testamento las historias de Enoc (cf. Gn 5, 24) y Elías (cf. 2 R 2, 11). Así, el cielo resulta figura de la vida en Dios. En este sentido, Jesús habla de «recompensa en los cielos» (Mt 5, 12) y exhorta a «amontonar tesoros en el cielo» (Mt 6, 20; cf. 19, 21).
3. El Nuevo Testamento profundiza la idea del cielo también en relación con el misterio de Cristo. Para indicar que el sacrificio del Redentor asume valor perfecto y definitivo, la carta a los Hebreos afirma que Jesús «penetró los cielos» (Hb 4, 14) y «no penetró en un santuario hecho por mano de hombre, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo» (Hb 9, 24). Luego, los creyentes, en cuanto amados de modo especial por el Padre, son resucitados con Cristo y hechos ciudadanos del cielo.
Vale la pena escuchar lo que a este respecto nos dice el apóstol Pablo en un texto de gran intensidad: «Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros pecados, nos vivificó juntamente con Cristo -por gracia habéis sido salvadosy con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús» (Ef 2, 4-7). Las criaturas experimentan la paternidad de Dios, rico en misericordia, a través del amor del Hijo de Dios, crucificado y resucitado, el cual, como Señor, está sentado en los cielos a la derecha del Padre.
4. Así pues, la participación en la completa intimidad con el Padre, después del recorrido de nuestra vida terrena, pasa por la inserción en el misterio pascual de Cristo. San Pablo subraya con una imagen espacial muy intensa este caminar nuestro hacia Cristo en los cielos al final de los tiempos: «Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos (los muertos resucitados), al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras» (1 Ts 4, 17-18).
En el marco de la Revelación sabemos que el «cielo» o la «bienaventuranza» en la que nos encontraremos no es una abstracción, ni tampoco un lugar físico entre las nubes, sino una relación viva y personal con la santísima Trinidad. Es el encuentro con el Padre, que se realiza en Cristo resucitado gracias a la comunión del Espíritu Santo.
Es preciso mantener siempre cierta sobriedad al describir estas realidades últimas, ya que su representación resulta siempre inadecuada. Hoy el lenguaje personalista logra reflejar de una forma menos impropia la situación de felicidad y paz en que nos situará la comunión definitiva con Dios.
El Catecismo de la Iglesia católica sintetiza la enseñanza eclesial sobre esta verdad afirmando que, «por su muerte y su resurrección, Jesucristo nos ha ioabiertoló el cielo. La vida de los bienaventurados consiste en la plena posesión de los frutos de la redención realizada por Cristo, que asocia a su glorificación celestial a quienes han creído en él y han permanecido fieles a su voluntad. El cielo es la comunidad bienaventurada de todos los que están perfectamente incorporados a él» (n. 1026).
5. Con todo, esta situación final se puede anticipar de alguna manera hoy, tanto en la vida sacramental, cuyo centro es la Eucaristía, como en el don de sí mismo mediante la caridad fraterna. Si sabemos gozar ordenadamente de los bienes que el Señor nos regala cada día, experimentaremos ya la alegría y la paz de que un día gozaremos plenamente. Sabemos que en esta fase terrena todo tiene límite; sin embargo, el pensamiento de las realidades últimas nos ayuda a vivir bien las realidades penúltimas. Somos conscientes de que mientras caminamos en este mundo estamos llamados a buscar «las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios» (Col 3, 1), para estar con él en el cumplimiento escatológico, cuando en el Espíritu él reconcilie totalmente con el Padre «lo que hay en la tierra y en los cielos» (Col 1, 20).
Fuente de la Audiencia:
https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/audiences/1999/documents/hf_jp-ii_aud_21071999.html
Juan Pablo II, corrigió el concepto tradicional de infierno en el verano de 1999, cuando hubo cuatro audiencias para hablar sobre el cielo, el purgatorio, el infierno y el diablo.
“El cielo”, dijo entonces Juan Pablo II, no es “un lugar físico entre las nubes, el infierno tampoco es un lugar, sino la situación de quien se aparta de Dios”.
El purgatorio es un estado provisional de “purificación” que nada tiene que ver con ubicaciones terrenales. Y Satanás “está vencido: Jesús nos ha liberado de su temor”, según dijo en esa ocasión.
JUAN PABLO II
AUDIENCIA
Miércoles 28 de julio de 1999
El infierno como rechazo definitivo de Dios
1. Dios es Padre infinitamente bueno y misericordioso. Pero, por desgracia, el hombre, llamado a responderle en la libertad, puede elegir rechazar definitivamente su amor y su perdón, renunciando así para siempre a la comunión gozosa con él. Precisamente esta trágica situación es lo que señala la doctrina cristiana cuando habla de condenación o infierno. No se trata de un castigo de Dios infligido desde el exterior, sino del desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida. La misma dimensión de infelicidad que conlleva esta oscura condición puede intuirse, en cierto modo, a la luz de algunas experiencias nuestras terribles, que convierten la vida, como se suele decir, en «un infierno».
Con todo, en sentido teológico, el infierno es algo muy diferente: es la última consecuencia del pecado mismo, que se vuelve contra quien lo ha cometido. Es la situación en que se sitúa definitivamente quien rechaza la misericordia del Padre incluso en el último instante de su vida.
2. Para describir esta realidad, la sagrada Escritura utiliza un lenguaje simbólico, que se precisará progresivamente. En el Antiguo Testamento, la condición de los muertos no estaba aún plenamente iluminada por la Revelación. En efecto, por lo general, se pensaba que los muertos se reunían en el sheol, un lugar de tinieblas (cf. Ez 28, 8; 31, 14; Jb 10, 21 ss; 38, 17; Sal 30, 10; 88, 7. 13), una fosa de la que no se puede salir (cf. Jb 7, 9), un lugar en el que no es posible dar gloria a Dios (cf. Is 38, 18; Sal 6, 6).
El Nuevo Testamento proyecta nueva luz sobre la condición de los muertos, sobre todo anunciando que Cristo, con su resurrección, ha vencido la muerte y ha extendido su poder liberador también en el reino de los muertos.
Sin embargo, la redención sigue siendo un ofrecimiento de salvación que corresponde al hombre acoger con libertad. Por eso, cada uno será juzgado «de acuerdo con sus obras» (Ap 20, 13). Recurriendo a imágenes, el Nuevo Testamento presenta el lugar destinado a los obradores de iniquidad como un horno ardiente, donde «será el llanto y el rechinar de dientes» (Mt 13, 42; cf. 25, 30. 41) o como la gehenna de «fuego que no se apaga» (Mc 9, 43). Todo ello es expresado, con forma de narración, en la parábola del rico epulón, en la que se precisa que el infierno es el lugar de pena definitiva, sin posibilidad de retorno o de mitigación del dolor (cf. Lc 16, 19-31).
También el Apocalipsis representa plásticamente en un «lago de fuego» a los que no se hallan inscritos en el libro de la vida, yendo así al encuentro de una «segunda muerte» (Ap 20, 13ss). Por consiguiente, quienes se obstinan en no abrirse al Evangelio, se predisponen a «una ruina eterna, alejados de la presencia del Señor y de la gloria de su poder» (2 Ts 1, 9).
3. Las imágenes con las que la sagrada Escritura nos presenta el infierno deben interpretarse correctamente. Expresan la completa frustración y vaciedad de una vida sin Dios. El infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y alegría. Así resume los datos de la fe sobre este tema el Catecismo de la Iglesia católica: «Morir en pecado mortal sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra infierno» (n. 1033).
Por eso, la «condenación» no se ha de atribuir a la iniciativa de Dios, dado que en su amor misericordioso él no puede querer sino la salvación de los seres que ha creado. En realidad, es la criatura la que se cierra a su amor. La «condenación» consiste precisamente en que el hombre se aleja definitivamente de Dios, por elección libre y confirmada con la muerte, que sella para siempre esa opción. La sentencia de Dios ratifica ese estado.
4. La fe cristiana enseña que, en el riesgo del «sí» y del «no» que caracteriza la libertad de las criaturas, alguien ha dicho ya «no». Se trata de las criaturas espirituales que se rebelaron contra el amor de Dios y a las que se llama demonios (cf. concilio IV de Letrán: DS 800-801). Para nosotros, los seres humanos, esa historia resuena como una advertencia: nos exhorta continuamente a evitar la tragedia en la que desemboca el pecado y a vivir nuestra vida según el modelo de Jesús, que siempre dijo «sí» a Dios.
La condenación sigue siendo una posibilidad real, pero no nos es dado conocer, sin especial revelación divina, cuáles seres humanos han quedado implicados efectivamente en ella. El pensamiento del infierno -y mucho menos la utilización impropia de las imágenes bíblicas no debe crear psicosis o angustia; pero representa una exhortación necesaria y saludable a la libertad, dentro del anuncio de que Jesús resucitado ha vencido a Satanás, dándonos el Espíritu de Dios, que nos hace invocar «Abbá, Padre» (Rm 8, 15; Ga 4, 6).
Esta perspectiva, llena de esperanza, prevalece en el anuncio cristiano. Se refleja eficazmente en la tradición litúrgica de la Iglesia, como lo atestiguan, por ejemplo, las palabras del Canon Romano: «Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa (…), líbrarnos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos».
Fuente de la Audiencia:
https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/audiences/1999/documents/hf_jp-ii_aud_28071999.html
Explicó que el término “cielo” no es algún lugar del universo, sino se refiere a algo más difícil de definir en conceptos humanos.
Ciudad del Vaticano.- El Papa Benedicto XVI negó hoy que, para los cristianos, el “cielo” sea entendido como un lugar concreto en el más allá y aclaró que, en realidad, ese concepto pretende resumir la fe en la salvación del alma después de la muerte.
Así lo afirmó durante la homilía de una misa que presidió, con motivo de la festividad de la Virgen María Asunta, en la parroquia pontificia de “San Tommaso da Villanova” ubicada en Castel Gandolfo, a unos metros de la residencia estiva del Vaticano.
“Todos nosotros somos bien conscientes que con el término ‘cielo’ no nos referimos a algún lugar del universo, a una estrella o algo similar: no. Nos referimos a algo mucho más grande y difícil de definir con nuestros conceptos humanos”, precisó.
“Con este término cielo –agregó- queremos afirmar que Dios se hizo cercano a nosotros, no nos abandona ni siquiera en y más allá de la muerte sino que tiene un lugar para nosotros y nos dona la eternidad”.
Según el Papa para comprender esa realidad se puede pensar en alguna persona muerta la cual, después de fallecida, continúa a subsistir de alguna manera en la memoria y en el corazón de aquellos que la conocieron y amaron.
Es posible decir, consideró, que en ellos continúan viviendo una parte de esta persona, pero es como una sombra porque también esta supervivencia en el corazón de los propios seres queridos está destinada a terminar.
“Al contrario Dios no pasa jamás y nosotros existimos por la fuerza de su amor. Existimos porque él nos ama, porque él nos ha pensado y nos ha llamado a la vida”, explicó.
Apuntó que, por ello, la serenidad, la esperanza y la paz de los cristianos se funda justamente en la seguridad que en Dios, en su pensamiento y en su amor, no sobrevive sólo una sombra de los seres humanos sino todo su ser en la eternidad.
“Su amor vence la muerte y nos dona la eternidad, este amor lo llamamos cielo: Dios es tan grande como para tener espacio también para nosotros”, estableció.
“El cristianismo –añadió- no anuncia sólo una salvación cualquiera del alma en un impreciso más allá, en el cual todo aquello que en este mundo nos ha sido precioso y querido será cancelado, sino que promete la vida eterna”.
Al finalizar la misa el obispo de Roma regresó al Palacio Apostólico de Castel Gandolfo donde, al mediodía de este domingo, presidió la bendición con el Angelus antes varios miles de personas ante las cuales recordó la fiesta de la asunción de la Virgen a los cielos.
Juan Pablo II negó la materialidad del Infierno diciendo que no era un lugar sino un “estado”… Ahora le toca el turno al Cielo…
¿Cuál será el espacio que ocupan los Cuerpos Gloriosos de Nuestro Señor y Nuestra Señora? ¿Si hay “cuerpo”, hay materia? ¿Porqué carajo esa maldita manía de querer dar vuelta todo patas para arriba?
1 El año segundo el reinado de Nabucodonosor, tuvo Nabucodonosor unos sueños; y turbóse su espíritu de modo que no pudo dormir. 2 Mandó el rey llamar a los magos, los adivinos, los encantadores y los caldeos, para que manifestasen al rey sus sueños. Llegaron, pues, y se presentaron delante del rey. 3 Díjoles el rey: “He tenido un sueño y mi espíritu está perturbado hasta que entienda el sueño.” 4 Respondieron entonces los caldeos al rey en siríaco: “¡Vive para siempre, oh rey! Manifiesta el sueño a tus siervos, y te daremos la interpretación”. 5 Replicó el rey y dijo a los caldeos: “Es cosa resuelta de mi parte: si no me manifestáis ese sueño y su interpretación, seréis hechos trozos, y vuestras casas serán convertidas en cloacas. 6 Si, en cambio, me hacéis saber el sueño y su interpretación, recibiréis de mi parte dones y presentes y grandes honores; exponedme pues el sueño y su significación.” 7 Respondieron ellos por segunda vez y dijeron: “Diga el rey el sueño a sus siervos, y daremos a conocer la interpretación.” 8 Repuso el rey y dijo: “Bien sé que queréis ganar tiempo, porque veis que (lo que os digo) es cosa resuelta de mi parte. 9 Por lo cual si no me hacéis saber lo que he soñado, caerá sobre vosotros una misma sentencia. Queréis preparar palabras mentirosas y engañosas, para entretenerme mientras va pasando el tiempo. Por eso, decidme, el sueño, y sabré que podéis darme también la interpretación.” 10 Respondieron los caldeos ante el rey y dijeron: “No hay hombre sobre la tierra que pueda indicar lo que el rey exige; como tampoco jamás rey alguno por grande y poderoso que fuese, pidió cosa semejante a ningún mago, adivino, o caldeo. 11 La cosa que pide el rey es difícil, y no hay quien pueda indicarla al rey, salvo los dioses que no moran entre los mortales.” 12 Con esto el rey se enfureció, y llenándose de grandísima ira mandó quitar la vida a todos los sabios de Babilonia. 13 Fué publicado este edicto, y los sabios iban a ser llevados a la muerte, y se buscaba también, a Daniel y a sus compañeros para matarlos.
14 “Entonces Daniel interpeló con toda prudencia a Arioc, capitán de la guardia real, que había salido para matar a los sabios de Babilonia. 15 Tomando la palabra dijo a Arioc, capitán del rey: “¿A qué obedece esta tan severa sentencia de parte del rey?” Y Arioc explicó a Daniel el asunto. 16 Entonces entró Daniel al rey y le pidió que le diera tiempo para indicarle la interpretación. 17 “Después fue Daniel a su casa; y contó el caso a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros, 18 para que implorasen la misericordia del Dios del cielo en este asunto misterioso, a fin de que no se quitase la vida a Daniel y a sus compañeros junto con los demás sabios de Babilonia. 19 “Entonces fue revelado el secreto a Daniel, en una visión nocturna; y Daniel bendijo al Dios del cielo, 20 tomando la palabra dijo Daniel: “¡Bendito sea el nombre de Dios de eternidad a eternidad; porque suya es la sabiduría y la fortaleza! 21 É1 cambia los tiempos y los momentos, quita reyes y los pone, da sabiduría a los sabios y ciencia a los inteligentes. 22 Él revela las cosas profundas y ocultas, conoce lo que está en tinieblas; y con É! mora la luz. 23 A ti, oh Dios de mis padres, doy gracias y alabanzas, por cuanto me has dado sabiduría y fortaleza; y porque ahora me has manifestado lo que te hemos pedido, revelándonos el asunto del rey.” 24 Después de esto fue Daniel a Arioc, a quien el rey había dado la orden de matar a los sabios de Babilonia. Entró, y le dijo así: “No quites la vida a los sabios de Babilonia. Llévame a la presencia del rey, y manifestaré al rey la interpretación.”
25 Entonces Arioc llevó apresuradamente a Daniel a la presencia del rey, a quien dijo así: “He hallado un hombre de los cautivos de Judá, que dará a conocer al rey la interpretación.” 26 Tomó el rey la palabra y dijo a Daniel, cuyo nombre era Baltasar: “¿Eres tú capaz de hacerme conocer el sueño que he visto, y su interpretación?” 27 Respondió Daniel ante el rey y
dijo: “El secreto (cuya interpretación) pide el rey, no se lo pueden manifestar los sabios, ni los adivinos, ni los magos, ni los astrólogos. 28 Pero hay un Dios en el cielo que revela los secretos, y que da a conocer al rey Nabucodonosor lo que ha de suceder al fin de los días. He aquí tu sueño y las visiones que ha tenido tu cabeza en tu cama: 29 Tú, oh rey, estando en tu cama, pensabas en lo que sucedería después de estos (tiempos), y
El que revela los secretos te hizo saber lo que ha de venir. 30 Y a mí me ha sido descubierto este secreto, no porque haya en mí más sabiduría que en todos los vivientes, sino a fin de que se dé a conocer al rey la interpretación y para que conozcas los pensamientos de tu corazón. 31 Tú, oh rey, estabas mirando, y veías una gran estatua. Esta estatua era inmensa y de un esplendor extraordinario. Erguíase frente a ti, y su aspecto era espantoso. 32 La cabeza de esta estatua era de oro fino; su pecho y sus brazos de plata; su vientre y sus caderas de bronce; 33 sus piernas de hierro; sus pies en parte de hierro, y en parte de barro. 34 Mientras estabas todavía mirando, se desgajó una piedra —no desprendida por mano de hombre— e hirió la imagen en los pies, que eran de hierro y de barro, y los destrozó. 35 Entonces fueron destrozados al mismo tiempo el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro, y fueron como el tamo de la era en verano. Se los llevó el viento, de manera que no fue hallado ningún rastro de ellos; pero la piedra que hirió la estatua se hizo una gran montaña y llenó toda la tierra.”
36 “Éste es el sueño; y (ahora) le daremos al
rey la interpretación. 37 Tú, oh rey, eres rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha dado el imperio, el poder, la fuerza y la gloria. 38 Dondequiera que habiten los hijos de los hombres, las bestias del campo y las aves del cielo. Él los ha puesto en tu mano, y a ti te ha hecho señor de todos ellos. Tú eres la cabeza de oro. 39 Después de ti se levantará otro reino inferior a ti; y otro tercer reino de bronce, que dominará sobre toda la tierra. 40 Luego habrá un cuarto reino fuerte corno el hierro. Del mismo modo que el hierro todo lo destroza y rompe, y como el hierro todo lo desmenuza, así él desmenuzará y quebrantará todas estas cosas. 41 Si tú viste que los pies y los dedos eran en parte de barro de alfarero y en parte de hierro, (esto significa) que el reino será dividido. Habrá en él algo de la fortaleza del hierro, según viste en el hierro mezclado con barro de lodo. 42 Los dedos de los pies eran en parte de hierro, y en parte de barro, (esto significa) que el reino será en parte fuerte, y en parte endeble. 43 Así como viste el hierro mezclado con barro, así se mezclarán por medio de simiente humana; pero no se pegarán unos con otros; así como el hierro no puede ligarse al barro. 44 En los días de aquellos reyes el Dios del cielo suscitará un reino que nunca jamás será destruido, y que no pasará a otro pueblo; quebrantara y destruirá todos aquellos reinos, en tanto que él mismo subsistirá para siempre, 45 conforme viste que de la montaña se desprendió una piedra —no por mano alguna—, que desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de suceder en lo porvenir. El sueño es verdadero, y es fiel la interpretación.”
46 Entonces el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro, postrándose delante de Daniel; y mandó ofrecerle oblaciones y perfumes. 47 Y dirigió el rey la palabra a Daniel y dijo: “Vuestro Dios es realmente el Dios de los dioses, el Señor de los señores, el que revela los arcanos, puesto que tú has podido descubrir este secreto.” 48 Luego el rey ensalzó a Daniel, y le dio muchos y grandes presentes; y le constituyó gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia. 49 Mas a ruegos de Daniel puso el rey al frente de laprovincia de Babilonia a Sidrac, Misac y Abdénago; Daniel, empero,(permaneció) en la corte del rey.
Versículo 1. Para comprender la preocupación del rey hay que tener presente, no sólo que los babilonios veían los sueños algo sobrenatural, creyendo que por medio de ellos los dioses les intimaban órdenes y les descubrían cosas futuras, sino también que aquí había realmente una voluntad divina, como en el sueño del Faraón narrado en el cap. 41 del Génesis, y no ya para dar un anuncio de alcance limitado como aquél, sino una revelación que abarcaría todo el desarrollo de la historia.
Versículo 22. Con estas palabras, de altísima piedad, el profeta nos previene sobre la extraordinaria importancia del misterio que va a ser descubierto, tan grande, que interesa a toda la historia. Y al mismo tiempo nos comunica Daniel una preciosa luz espiritual para el conocimiento de Dios en su llaneza inefable, pues pudiendo Él guardarse todos sus misterios, nos comunica tantos.
Versículo 27 s. Scío señala aquí su alcance escatológico y cita a Ez. 38, 8, que él interpreta del Anticristo, según lo cual la estatua de Daniel comprende “todo el tiempo de los gentiles”
De ahí la grande importancia histórica de esta profecía. Jesús en su discurso escatológico (Mat, 24, 15) cita otro pasaje de Daniel (9, 27). Sigue leyendo
Pastor Aeternus
Constitución dogmática sobre la Iglesia de Cristo
CONCILIO VATICANO I
CUARTA SESIÓN: 18 de julio de 1870
Pío, obispo, siervo de los siervos de Dios, con la aprobación del Sagrado Concilio, para perpetua memoria.
El eterno pastor y guardián de nuestras almas42, en orden a realizar permanentemente la obra salvadora de la redención, decretó edificar la Santa Iglesia, en la que todos los fieles, como en la casa del Dios viviente, estén unidos por el vínculo de una misma fe y caridad. De esta manera, antes de ser glorificado, suplicó a su Padre, no sólo por los apóstoles sino también por aquellos que creerían en Él a través de su palabra, que todos ellos sean uno como el mismo Hijo y el Padre son uno43. Así entonces, como mandó a los apóstoles, que había elegido del mundo44, tal como Él mismo había sido enviado por el Padre45, de la misma manera quiso que en su Iglesia hubieran pastores y maestros hasta la consumación de los siglos46.
Así, para que el oficio episcopal fuese uno y sin división y para que, por la unión del clero, toda la multitud de creyentes se mantuviese en la unidad de la fe y de la comunión, colocó al bienaventurado Pedro sobre los demás apóstoles e instituyó en él el fundamento visible y el principio perpetuo de ambas unidades, sobre cuya fortaleza se construyera un templo eterno, y la altura de la Iglesia, que habría de alcanzar el cielo, se levantara sobre la firmeza de esta fe47.
Y ya que las puertas del infierno, para derribar, si fuera posible, a la Iglesia, se levantan por doquier contra su fundamento divinamente dispuesto con un odio que crece día a día, juzgamos necesario, con la aprobación del Sagrado Concilio, y para la protección, defensa y crecimiento del rebaño católico, proponer para ser creída y sostenida por todos los fieles, según la antigua y constante fe de la Iglesia Universal, la doctrina acerca de la institución, perpetuidad y naturaleza del sagrado primado apostólico, del cual depende la fortaleza y solidez de la Iglesia toda; y proscribir y condenar los errores contrarios, tan dañinos para el rebaño del Señor.
Capítulo I
Acerca de la institución del primado apostólico en el bienaventurado Pedro
Así pues, enseñamos y declaramos que, de acuerdo al testimonio del Evangelio, un primado de jurisdicción sobre toda la Iglesia de Dios fue inmediata y directamente prometido al bienaventurado Apóstol Pedro y conferido a él por Cristo el Señor. Fue sólo a Simón, a quien ya le había dicho «Tú te llamarás Cefas»48, que el Señor, después de su confesión, «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo», dijo estas solemnes palabras: «Bendito eres tú, Simón Bar-Jonás. Porque ni la carne ni la sangre te ha revelado esto, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo, tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra será desatado en el cielo»49. Y fue sólo a Simón Pedro que Jesús, después de su resurrección, le confió la jurisdicción de Pastor Supremo y gobernante de todo su redil, diciendo: «Apacienta mis corderos», «apacienta mis ovejas»50.
A esta enseñanza tan manifiesta de las Sagradas Escrituras, como siempre ha sido entendido por la Iglesia Católica, se oponen abiertamente las opiniones distorsionadas de quienes falsifican la forma de gobierno que Cristo el Señor estableció en su Iglesia y niegan que solamente Pedro, en preferencia al resto de los apóstoles, tomados singular o colectivamente, fue dotado por Cristo con un verdadero y propio primado de jurisdicción. Lo mismo debe ser dicho de aquellos que afirman que este primado no fue conferido inmediata y directamente al mismo bienaventurado Pedro, sino que lo fue a la Iglesia y que a través de ésta fue transmitido a él como ministro de la misma Iglesia.
[Canon] Por lo tanto, si alguien dijere que el bienaventurado Apóstol Pedro no fue constituido por Cristo el Señor como príncipe de todos los Apóstoles y cabeza visible de toda la Iglesia militante; o que era éste sólo un primado de honor y no uno de verdadera y propia jurisdicción que recibió directa e inmediatamente de nuestro Señor Jesucristo mismo: sea anatema.
Capítulo II
Sobre la perpetuidad del primado del bienaventurado Pedro en los Romanos Pontífices
Aquello que Cristo el Señor, príncipe de los pastores y gran pastor de las ovejas, instituyó en el bienaventurado Apóstol Pedro, para la perpetua salvación y perenne bien de la Iglesia, debe por necesidad permanecer para siempre, por obra del mismo Señor, en la Iglesia que, fundada sobre piedra, se mantendrá firme hasta el fin de los tiempos51. «Para nadie puede estar en duda, y ciertamente ha sido conocido en todos los siglos, que el santo y muy bienaventurado Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica, recibió las llaves del reino de nuestro Señor Jesucristo, salvador y redentor del género humano, y que hasta este día y para siempre él vive», preside y «juzga en sus sucesores»52 los obispos de la Santa Sede Romana, fundada por él mismo y consagrada con su sangre.
Por lo tanto todo el que sucede a Pedro en esta cátedra obtiene, por la institución del mismo Cristo, el primado de Pedro sobre toda la Iglesia. «De esta manera permanece firme la disposición de la verdad, el bienaventurado Pedro persevera en la fortaleza de piedra que le fue concedida y no abandona el timón de la Iglesia que una vez recibió»53. Por esta razón siempre ha sido «necesario para toda Iglesia —es decir para los fieles de todo el mundo—» «estar de acuerdo» con la Iglesia Romana «debido a su más poderosa principalidad»54, para que en aquella sede, de la cual fluyen a todos «los derechos de la venerable comunión»55, estén unidas, como los miembros a la cabeza, en la trabazón de un mismo cuerpo.
Por lo tanto, si alguno dijere que no es por institución del mismo Cristo el Señor, es decir por derecho divino, que el bienaventurado Pedro tenga perpetuos sucesores en su primado sobre toda la Iglesia, o que el Romano Pontífice no es el sucesor del bienaventurado Pedro en este misma primado: sea anatema.
Capítulo IIISobre la naturaleza y carácter del primado del Romano Pontífice
Y así, apoyados por el claro testimonio de la Sagrada Escritura, y adhiriéndonos a los manifiestos y explícitos decretos tanto de nuestros predecesores los Romanos Pontífices como de los concilios generales, nosotros promulgamos nuevamente la definición del Concilio Ecuménico de Florencia, que debe ser creída por todos los fieles de Cristo, a saber, que «la Santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice mantienen un primado sobre todo el orbe, y que el mismo Romano Pontífice es sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los apóstoles, y que es verdadero vicario de Cristo, cabeza de toda la Iglesia, y padre y maestro de todos los cristianos; y que a él, en el bienaventurado Pedro, le ha sido dada, por nuestro Señor Jesucristo, plena potestad para apacentar, regir y gobernar la Iglesia universal; tal como está contenido en las actas de los concilios ecuménicos y en los sagrados cánones»56.
Por ello enseñamos y declaramos que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras, y que esta potestad de jurisdicción del Romano Pontífice, que es verdaderamente episcopal, es inmediata. A ella están obligados, los pastores y los fieles, de cualquier rito y dignidad, tanto singular como colectivamente, por deber de subordinación jerárquica y verdadera obediencia, y esto no sólo en materia de fe y costumbres, sino también en lo que concierne a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe; de modo que, guardada la unidad con el Romano Pontífice, tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un sólo rebaño bajo un único Supremo Pastor57. Esta es la doctrina de la verdad católica, de la cual nadie puede apartarse de ella sin menoscabo de su fe y su salvación.
Esta potestad del Sumo Pontífice de ninguna manera desacredita aquella potestad ordinaria e inmediata de la jurisdicción episcopal, por la cual los obispos, quienes han sido puestos por el Espíritu Santo58 como sucesores en el lugar de los Apóstoles, cuidan y gobiernan individualmente, como verdaderos pastores, los rebaños particulares que les han sido asignados. De modo que esta potestad sea es afirmada, apoyada y defendida por el Supremo y Universal Pastor; como ya San Gregorio Magno dice: “Mi honor es el honor de toda la Iglesia. Mi honor es la fuerza inconmovible de mis hermanos. Entonces yo recibo verdadero honor cuando éste no es negado a ninguno de aquellos a quienes se debe”59.
Además, se sigue de aquella potestad suprema del Romano Pontífice de gobernar la Iglesia universal, que él tiene el derecho, en la realización de este oficio suyo, de comunicarse libremente con los pastores y rebaños de toda la Iglesia, de manera que puedan ser enseñados y guiados por él en el camino de la salvación. Por lo tanto condenamos y rechazamos las opiniones de aquellos que sostienen que esta comunicación de la Cabeza Suprema con los pastores y rebaños puede ser lícitamente impedida o que debería depender del poder secular, lo cual los lleva a sostener que lo que es determinado por la Sede Apostólica o por su autoridad acerca del gobierno de la Iglesia, no tiene fuerza o efecto a menos que sea confirmado por la aprobación del poder secular.
Ya que el Romano Pontífice, por el derecho divino del primado apostólico, presida toda la Iglesia, de la misma manera enseñamos y declaramos que él es el juez supremo de los fieles60, y que en todos las causas que caen bajo la jurisdicción eclesiástica se puede recurrir a su juicio61. El juicio de la Sede Apostólica (de la cual no hay autoridad más elevada) no está sujeto a revisión de nadie, ni a nadie le es lícito juzgar acerca de su juicio62. Y por lo tanto se desvían del camino genuino a la verdad quienes mantienen que es lícito apelar sobre los juicios de los Romanos Pontífices a un concilio ecuménico, como si éste fuese una autoridad superior al Romano Pontífice.
[Canon] Así, pues, si alguno dijere que el Romano Pontífice tiene tan sólo un oficio de supervisión o dirección, y no la plena y suprema potestad de jurisdicción sobre toda la Iglesia, y esto no sólo en materia de fe y costumbres, sino también en lo concerniente a la disciplina y gobierno de la Iglesia dispersa por todo el mundo; o que tiene sólo las principales partes, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata tanto sobre todas y cada una de las Iglesias como sobre todos y cada uno de los pastores y fieles: sea anatema.
Capítulo IV
Sobre el magisterio infalible del Romano Pontífice
Aquel primado apostólico que el Romano Pontífice posee sobre toda la Iglesia como sucesor de Pedro, príncipe de los apóstoles, incluye también la suprema potestad de magisterio. Esta Santa Sede siempre lo ha mantenido, la práctica constante de la Iglesia lo demuestra, y los concilios ecuménicos, particularmente aquellos en los que Oriente y Occidente se reunieron en la unión de la fe y la caridad, lo han declarado.
Así los padres del cuarto Concilio de Constantinopla, siguiendo los pasos de sus predecesores, hicieron pública esta solemne profesión de fe: «La primera salvación es mantener la regla de la recta fe… Y ya que no se pueden pasar por alto aquellas palabras de nuestro Señor Jesucristo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”63, estas palabras son confirmadas por sus efectos, porque en la Sede Apostólica la religión católica siempre ha sido preservada sin mácula y se ha celebrado la santa doctrina. Ya que es nuestro más sincero deseo no separarnos en manera alguna de esta fe y doctrina, …esperamos merecer hallarnos en la única comunión que la Sede Apostólica predica, porque en ella está la solidez íntegra y verdadera de la religión cristiana»64.
Y con la aprobación del segundo Concilio de Lyon, los griegos hicieron la siguiente profesión: «La Santa Iglesia Romana posee el supremo y pleno primado y principado sobre toda la Iglesia Católica. Ella verdadera y humildemente reconoce que ha recibido éste, junto con la plenitud de potestad, del mismo Señor en el bienaventurado Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, cuyo sucesor es el Romano Pontífice. Y puesto que ella tiene más que las demás el deber de defender la verdad de la fe, si surgieran preguntas concernientes a la fe, es por su juicio que estas deben ser definidas»65.
Finalmente se encuentra la definición del Concilio de Florencia: «El Romano Pontífice es el verdadero vicario de Cristo, la cabeza de toda la Iglesia y el padre y maestro de todos los cristianos; y a él fue transmitida en el bienaventurado Pedro, por nuestro Señor Jesucristo, la plena potestad de cuidar, regir y gobernar a la Iglesia universal»66.
Para cumplir este oficio pastoral, nuestros predecesores trataron incansablemente que el la doctrina salvadora de Cristo se propagase en todos los pueblos de la tierra; y con igual cuidado vigilaron de que se conservase pura e incontaminada dondequiera que haya sido recibida. Fue por esta razón que los obispos de todo el orbe, a veces individualmente, a veces reunidos en sínodos, de acuerdo con la práctica largamente establecida de las Iglesias y la forma de la antigua regla, han referido a esta Sede Apostólica especialmente aquellos peligros que surgían en asuntos de fe, de modo que se resarciesen los daños a la fe precisamente allí donde la fe no puede sufrir mella67. Los Romanos Pontífices, también, como las circunstancias del tiempo o el estado de los asuntos lo sugerían, algunas veces llamando a concilios ecuménicos o consultando la opinión de la Iglesia dispersa por todo el mundo, algunas veces por sínodos particulares, algunas veces aprovechando otros medios útiles brindados por la divina providencia, definieron como doctrinas a ser sostenidas aquellas cosas que, por ayuda de Dios, ellos supieron estaban en conformidad con la Sagrada Escritura y las tradiciones apostólicas.
Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe. Ciertamente su apostólica doctrina fue abrazada por todos los venerables padres y reverenciada y seguida por los santos y ortodoxos doctores, ya que ellos sabían muy bien que esta Sede de San Pedro siempre permanece libre de error alguno, según la divina promesa de nuestro Señor y Salvador al príncipe de sus discípulos: «Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y cuando hayas regresado fortalece a tus hermanos»68.
Este carisma de una verdadera y nunca deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferida a Pedro y sus sucesores en esta cátedra, de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el sustento de la doctrina celestial. Así, quitada la tendencia al cisma, toda la Iglesia es preservada en unidad y, descansando en su fundamento, se mantiene firme contra las puertas del infierno.
Pero ya que en esta misma época cuando la eficacia salvadora del oficio apostólico es especialmente más necesaria, se encuentran no pocos que desacreditan su autoridad, nosotros juzgamos absolutamente necesario afirmar solemnemente la prerrogativa que el Hijo Unigénito de Dios se digno dar con el oficio pastoral supremo.
Por esto, adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida de los inicios de la fe cristiana, para gloria de Dios nuestro salvador, exaltación de la religión católica y salvación del pueblo cristiano, con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma divinamente revelado que:
El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.
[Canon] De esta manera si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra definición: sea anatema.
Dado en Roma en sesión pública, sostenido solemnemente en la Basílica Vaticana en el año de nuestro Señor de mil ochocientos setenta, en el decimoctavo día de julio, en el vigésimo quinto año de Nuestro Pontificado.
Notas:
42 Ver 1Pe 2,25.
43 Ver Jn 17,20-21.
44 Ver Jn 15,19.
45 Ver Jn 20,21.
46 Ver Mt 28,20.
47 San León I Magno, Sermo 4, De natali ipsius, c. 2 (PL 54, 150c).
48 Jn 1,42.
49 Mt 16,16-19.
50 Jn 21,15-17.
51 Ver Mt 7,25; Lc 6,48.
52 Del discurso de Felipe, el legado papal, en la tercera sesión del concilio de Éfeso, 11, julio 431 (Denz. n. 112).
53 San León I Magno, Sermón 3, cap. 3 (PL 54, 146B).
54 San Ireneo de Lyón, Contra los herejes, l. III, c. 3, n. 2 (PG 7, 849A).
55 San Ambrosio de Milán, Epístola 11, c. 4 (PL 16, 986B [ed. 1866 y 1880]).
56 Concilio de Florencia, 6ta sesión.
57 Ver Jn 10,16.
58 Ver Hch 20,28
59 Greogorio I Magno, Carta a Eulogio de Alejandría, VIII, 29 (30) (MGH, Ep. 2, 31 28-30; PL 77, 933C).
60 Pío VI, Carta Super soliditate (28 Nov. 1786).
61 De la profesión de fe del Emperador Miguel Palaeólogo, leída en el segundo Concilio de Lyon, sesión IV, 6 de julio de 1274.
62 San Nicolás I, Carta al Emperador Miguel, 28 de setiembre de 865, (PL 119, 954).
63 Mt 16,18.
64 Fórmula del Papa Hormisdas, 11 de agosto de 515.
65 De la profesión de fe del Emperador Miguel Palaeólogo, leída en el segundo Concilio de Lyon, sesión IV, 6 de julio de 1274.
66 Concilio de Florencia, sesión VI.
67 San Bernardo, Carta 190 (Tratado a Inocencio II Papa contra los errores de Abelardo ) (PL 182, 1053D).
68 Lc 22,32.
Tomado de:

Papa Pío XII bendice a la multitud el 12-03-39 tras la coronación Papal más triunfalista de los últimos dos siglos. (Hulton Getty)
El título de Papa es un término bastante actual que se utiliza para denotar al Obispo de Roma, quien en virtud a su posición como sucesor de Pedro, es el Jefe máximo de la Iglesia Católica, el Vicario de Cristo en la tierra.
Existen además otras denominaciones que lleva el Obispo de Roma: él es el Arzobispo de la provincia de Roma, Primado de Italia y de las islas adjacentes y absoluto Patriarca de la Iglesia occidental.
Los cuatro capítulos de la constitución «Pastor Aeternus», del Primer Concilio Vaticano, enfrentó respectivamente el oficio de la suprema cabeza conferida a San Pedro, a decir: la perpetuidad de ese oficio en la persona del Pontífice Romano, la juridiscción del Papa y su Suprema autoridad para definir todas las pregunas y dudas sobre la fe y la moral.
Para ver la lista de los Papas, clic aquí
Tomado de:
VATICANO, 11 Jun. 10 / 01:14 pm
Al finalizar la multitudinaria Eucaristía que fue concelebrada por más de 15 mil presbíteros llegados de todas partes del mundo para la clausura del Año Sacerdotal, el Papa Benedicto XVI saludó en distintos idiomas. En portugués el Santo Padre recordó que «nada jamás sustituirá el ministerio de los sacerdotes en la vida de la Iglesia«.
En su saludo en español, el Papa pidió a Dios «que esta celebración se convierta en un vigoroso impulso para seguir viviendocon gozo, humildad y esperanza susacerdocio, siendo mensajeros audaces del Evangelio, ministros fieles de losSacramentos y testigos elocuentes de la caridad».
«Con los sentimientos de Cristo, Buen Pastor, os invito a continuar aspirando cada día a la santidad, sabiendo que no hay mayor felicidad en este mundo que gastar la vida por la gloria de Dios y el bien de las almas», añadió.
En portugués, el Papa agradeció a Dios «por lo que sois y lo que hacéis, recordando a todos que nada jamás sustituirá el ministerio de los sacerdotes en la vida de la Iglesia. A ejemplo y bajo el patrocinio del Santo Cura de Ars, perseveren en la amistad de Dios y dejen que vuestras manos y vuestros labios sigan siendo las manos y los labios de Cristo, único Redentor de la humanidad«.
Extracto tomado de la Homilía de S.S. Benedicto XVI en ocasión de la clausura del Año Sacerdotal:
Por tanto, el sacerdocio no es un simple «oficio», sino un sacramento: Dios se vale de un hombre con sus limitaciones para estar, a través de él, presente entre los hombres y actuar en su favor. Esta audacia de Dios, que se abandona en las manos de seres humanos; que, aun conociendo nuestras debilidades, considera a los hombres capaces de actuar y presentarse en su lugar, esta audacia de Dios es realmente la mayor grandeza que se oculta en la palabra «sacerdocio». Que Dios nos considere capaces de esto; que por eso llame a su servicio a hombres y, así, se una a ellos desde dentro, esto es lo que en este año hemos querido de nuevo considerar y comprender. Queríamos despertar la alegría de que Dios esté tan cerca de nosotros, y la gratitud por el hecho de que Él se confíe a nuestra debilidad; que Él nos guíe y nos ayude día tras día. Queríamos también, así, enseñar de nuevo a los jóvenes que esta vocación, esta comunión de servicio por Dios y con Dios, existe; más aún, que Dios está esperando nuestro «sí». Junto con la Iglesia, hemos querido destacar de nuevo que tenemos que pedir a Dios esta vocación. Pedimos trabajadores para la mies de Dios, y esta plegaria a Dios es, al mismo tiempo, una llamada de Dios al corazón de jóvenes que se consideren capaces de eso mismo para lo que Dios los cree capaces.
Era de esperar que al «enemigo» no le gustara que el sacerdocio brillara de nuevo; él hubiera preferido verlo desaparecer, para que al fin Dios fuera arrojado del mundo. Y así ha ocurrido que, precisamente en este año de alegría por el sacramento del sacerdocio, han salido a la luz los pecados de los sacerdotes, sobre todo el abuso a los pequeños, en el cual el sacerdocio, que lleva a cabo la solicitud de Dios por el bien del hombre, se convierte en lo contrario. También nosotros pedimos perdón insistentemente a Dios y a las personas afectadas, mientras prometemos que queremos hacer todo lo posible para que semejante abuso no vuelva a suceder jamás; que en la admisión al ministerio sacerdotal y en la formación que prepara al mismo haremos todo lo posible para examinar la autenticidad de la vocación; y que queremos acompañar aún más a los sacerdotes en su camino, para que el Señor los proteja y los custodie en las situaciones dolorosas y en los peligros de la vida.
Si el Año Sacerdotal hubiera sido una glorificación de nuestros logros humanos personales, habría sido destruido por estos hechos. Pero, para nosotros, se trataba precisamente de lo contrario, de sentirnos agradecidos por el don de Dios, un don que se lleva en «vasijas de barro», y que una y otra vez, a través de toda la debilidad humana, hace visible su amor en el mundo. Así, consideramos lo ocurrido como una tarea de purificación, un quehacer que nos acompaña hacia el futuro y que nos hace reconocer y amar más aún el gran don de Dios. De este modo, el don se convierte en el compromiso de responder al valor y la humildad de Dios con nuestro valor y nuestra humildad. La palabra de Cristo, que hemos entonado como canto de entrada en la liturgia de hoy, puede decirnos en este momento lo que significa hacerse y ser sacerdote: «Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29).
Para leer la homilía completa del Santo Padre en esta Misa ingrese a:http://www.aciprensa.com/Docum/documento.php?id=308
Tomado de: http://www.aciprensa.com
Washington (Estado Unidos), 14 May. 10 (AICA)
Bajo el nombre de «Cristiada» se filmará en la ciudad mexicana de Durango una película que narrará la historia de los “cristeros”, fieles que en la segunda década del siglo XX se enfrentaron al gobierno, que pretendía la secularización de México, y que desató una persecución religiosa contra laicos y religiosos ocasionando numerosos mártires.

El Padre Pro rezando antes de ser fusilado. Dice: "Señor, tú sabes que soy inocente. Perdono de corazón a mis enemigos".
El rodaje empezará en junio y dentro del elenco se encuentran actores como el cubano Andy García y el mexicano Eduardo Verástegui, mientras que la cinta será dirigida por el estadounidense Dean Wright, director de Las Crónicas de Narnia: El león, la bruja y el ropero, entre otras.
Según se informó, Andy García encarnará al líder revolucionario Enrique Gorostieta Velarde, que comandó las fuerzas cristeras de Jalisco, y Eduardo Verástegui interpretará al beato Anacleto González.
Cuando llegue a los cines, las primeras escenas de la película mostrarán a un grupo de niños jugando en un pueblo, mientras en el Castillo de Chapultepec el presidente Plutarco Elías Calles, lanza el discurso que desata la trama: “Todo obispo, sacerdote y ministro extranjero será deportado inmediatamente. Se dictarán cinco años de prisión a cualquier sacerdote que critique al Gobierno y queda estrictamente prohibido utilizar vestimenta religiosa en público”. Será entonces cuando el personaje del actor se levantará en armas para defender lo que cree justo.+
Tomado de: http://www.aica.org
– EL NUEVO RITUAL PARA EXORCISMOS, INEFICAZ
– LOS EXORCISTAS SON MAL VISTOS POR MUCHOS
-EL MAYOR ÉXITO DE SATANÁS: HACER CREER QUE NO EXISTE
-ACTUALMENTE HAY OBISPOS QUE NO CREEN EN LA VERDAD EVANGÉLICA
-HAY UNA MANÍA DE DESHACERSE DE TODO LO PASADO
-EL SATANISMO CRECE
-LEGIONES EN EL VATICANO, PERO LA IGLESIA CATÓLICA TRIUNFARÁ
– PUEDE SATANÁS GANAR BATALLAS, PERO NUNCA VENCERÁ EN LA GUERRA CONTRA LA IGLESIA.
Para ver un video sobre una presentación breve del Padre Amorth. Haz clic aquí
Padre Amorth, por fin está lista la traducción italiana del nuevo Ritual para los exorcistas.
Padre Amorth:
Sí, está lista. El año pasado la CEI (Conferencia Episcopal Italiana) se negó a aprobarla porque había errores de traducción del latín al italiano. Y los exorcistas, que tenemos que utilizarla, aprovechamos para señalar, una vez más, que no estamos de acuerdo con muchos puntos del nuevo Ritual. El texto latino sigue siendo el mismo en esta traducción. Un Ritual tan esperado, al final, se ha transformado en una farsa. Un increíble obstáculo que podría impedirnos actuar contra el demonio.
– Es una dura acusación. ¿A qué se refiere?
Padre Amorth:
Le doy sólo dos ejemplos, ambos increíbles. En el punto 15 se habla de los maleficios y de cómo comportarse al enfrentarlos. El maleficio es un mal causado a una persona recurriendo al diablo. Se puede hacer de varias formas, como hechizos, maldiciones, mal de ojo, vudú, macumba. El Ritual romano antiguo explicaba cómo había que afrontar esto. El nuevo Ritual, en cambio, declara, categóricamente, que está totalmente prohibido hacer exorcismos en estos casos. Absurdo. Los maleficios son, por mucho, la causa más frecuente de posesiones y de males causados por el demonio, por lo menos el 90% de los casos.
Esto es como decirles a los exorcistas que dejen de llevar a cabo exorcismos. El punto 16 declara, solemnemente, que no se deben de hacer exorcismos si no se tiene la certeza de la presencia del diablo. Esto es una obra maestra de incompetencia: la certeza de que el diablo está presente en una persona, se tiene sólo haciendo el exorcismo. Más aún, los redactores del Ritual no se dieron cuenta de que, en ambos puntos, contradicen el Catecismo de la Iglesia Católica, que indica que hay que hacer exorcismos, tanto en el caso de posesiones diabólicas, como en los casos de males causados por el demonio. Y dice, además, que hay que hacerlo tanto, sobre las personas, como sobre las cosas. Y en las cosas nunca está presente el demonio, sólo su influencia. Las declaraciones contenidas en el nuevo Ritual son gravísimas y muy perjudiciales, fruto de la ignorancia e inexperiencia.
– ¿Pero no lo habían preparado los expertos?
Padre Amorth:
¡En absoluto! En estos diez años, dos comisiones han trabajado en el Ritual: una compuesta por cardenales, que se ocupó de la Prenotanda, es decir, las disposiciones iniciales, y otra que se ocupó de las oraciones. Yo puedo afirmar, con certeza, que ninguno de los miembros de las dos comisiones ha hecho nunca un exorcismo, ni ha estado presente en exorcismos, ni tiene la menor idea de qué es un exorcismo. Este es el error, el pecado original, de este Ritual. Ninguno de los que colaboraron en él es un experto en exorcismos.
– ¿Cómo es posible?
Padre Amorth:
No me lo pregunte a mí. Durante el Concilio Ecuménico Vaticano II, en todas las comisiones había un grupo de expertos que ayudaban a los obispos. Esta costumbre se ha mantenido después del Concilio, cada vez que se han modificado partes del Ritual. Pero no fue así en este caso. Y si había un tema en el que eran necesarios los expertos, era éste.
– ¿Y qué es lo que ha pasado?
Padre Amorth:
Pues que los exorcistas nunca fuimos consultados. Y, además, las comisiones han recibido con desdén las sugerencias que hemos dado. Todo este asunto es perverso. ¿Quiere que le cuente lo que pasó?
– Por supuesto.
Padre Amorth:
Como había pedido el Concilio Vaticano II, las diferentes partes del Ritual romano fueron, paulatinamente, revisadas y modificadas. Los exorcistas esperábamos que se tocara el título XII, es decir, el Ritual del Exorcismo. Pero, aparentemente, éste no se consideraba un tema relevante, dado que transcurrieron los años y no pasaba nada. Luego, de repente, el 4 de junio de 1990, se publicó el Ritual provisional, de prueba. Esto fue una verdadera sorpresa para nosotros, ya que no habíamos sido consultados antes. Y, sin embargo, habíamos preparado toda una serie de solicitudes, en vista de la revisión del Ritual. Entre otras cosas, pedíamos que las oraciones se modificaran, introduciendo invocaciones a la Virgen, las cuales no existían, y que se aumentaran el número de oraciones específicamente dirigidas al exorcismo en sí. Pero no se dio la oportunidad de hacer ningún tipo de contribución. Sin embargo, no nos dimos por vencidos: después de todo, era por nosotros, que el texto se había redactado. Y ya que en la carta de presentación del entonces Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el Cardenal Eduardo Martínez Somalo, les pedía a las conferencias episcopales que le hicieran llegar, durante los dos años siguientes: «consejos y sugerencias de los sacerdotes que lo habrían de utilizar», nos pusimos a trabajar. Reuní a dieciocho exorcistas, elegidos de entre los más expertos del planeta. Examinamos, con gran atención, el texto. Lo utilizamos.
Inmediatamente, elogiamos la primera parte, en la que se resumían los fundamentos evangélicos del exorcismo. Esta parte es el aspecto bíblico-teológico del tema, sobre el que no era aparente, incompetencia alguna. Es una nueva sección, que no se encontraba en el Ritual de 1614, compuesto bajo el pontificado de Pablo V: además, en aquella época, no era necesario recordar estos principios, ya que todo el mundo los conocía y aceptaba. Hoy, en cambio, es indispensable.
Pero cuando pasamos a examinar la parte práctica, que exige un conocimiento especifico del tema, advertimos la total inexperiencia de los redactores. Hicimos numerosas observaciones, artículo por artículo, y se las hicimos llegar a todas las partes interesadas: Congregación para el Culto Divino, Congregación para la Doctrina de la Fe, y las conferencias episcopales. Una copia fue entregada directamente al Papa.
– ¿Cómo fueron recibidas sus observaciones?
Padre Amorth:
Muy mal, y no consiguieron nada. Nos habíamos inspirado en la constitución dogmática Lumen Gentium, en la que la Iglesia es descrita como el «Pueblo de Dios». En el número 28, se habla de la colaboración de los sacerdotes con los obispos, y en el número 37, se dice, con claridad, incluso refiriéndose a los laicos, que «debido al conocimiento, competencia y preeminencia que poseen, tienen la facultad, más aún, a veces el deber, de exponer su opinión acerca de los asuntos concernientes al bien de la Iglesia». Esto es exactamente lo que hicimos. Pero fuimos demasiado ingenuos, al pensar que las disposiciones del Vaticano II habían llegado a las Congregaciones Romanas. En cambio, chocamos con un muro de rechazo y de escarnio. El Secretario de la Congregación para el Culto Divino presentó un informe, a la Comisión de Cardenales, en la que decía que aquellos que lo habían contactado, eran obispos, y no los sacerdotes y exorcistas. Y respecto a nuestro humilde intento de ofrecer ayuda como expertos, añadía, textualmente: «También se debe de notar el hecho de que un grupo de exorcistas y demonólogos, los cuales, posteriormente, crearon una Asociación internacional, estaban orquestando una campaña contra el rito». Una acusación indecente: ¡nosotros nunca hemos orquestado una campaña! El Ritual iba dirigido a nosotros, y, sin embargo, las comisiones no habían convocado a ninguna persona competente. Por esto, era más que lógico que tratáramos de dar nuestra opinión.
– Entonces, ¿quiere decir que el nuevo ritual es inutilizable en la lucha contra el Demonio?
Padre Amorth:
Sí. Querían darnos un arma sin filo. Se han eliminado las oraciones eficaces, oraciones que tenían doce siglos de existencia fueron substituidas por nuevas oraciones ineficaces. Pero, por suerte, en el último momento, nos dieron un salvavidas.
– ¿Cuál?
Padre Amorth:
El nuevo Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el Cardenal Jorge Medina, añadió una Notificación, al Ritual, en la que se especifica que los exorcistas no están obligados a usar este Ritual, y que, si así lo desean, pueden pedir la autorización de sus obispos, para seguir usando el antiguo Ritual. Los obispos, a su vez, deben pedir autorización a la Congregación, la cual, como escribe el Cardenal, «la concede gustosamente».
– ¿La concede gustosamente? Esa es una concesión muy rara.
Padre Amorth:
¿Quiere saber de dónde proviene? De un intento del Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y del propio Cardenal Medina, para introducir, en el Ritual, un artículo -entonces era el artículo 38- por el que se autorizaba a los exorcistas a usar el Ritual anterior. Indudablemente, era una maniobra extrema para defendernos de los grandes errores contenidos en el Ritual definitivo.
Pero el intento de los dos cardenales no tuvo éxito. El Cardenal Medina, que había comprendido lo que estaba en riesgo, decidió darnos esta tabla de salvación, añadiendo una Notificación por separado.
– ¿Cómo son visto ustedes, los exorcistas, dentro de la Iglesia?
Padre Amorth:
Somos muy mal tratados. Nuestros hermanos sacerdotes, a cargo de esta delicadísima tarea, son vistos como locos, como fanáticos. Por lo general, ni siquiera son tolerados por los mismos obispos que los nombraron.
-¿Cuál ha sido el hecho más llamativo de esta hostilidad?
Padre Amorth:
Celebramos un congreso internacional de exorcistas, cerca de Roma, y pedimos que el Papa nos recibiera. Para no presionarlo, y evitar añadir otra audiencia a las muchas que ya tiene, simplemente, pedimos que se nos recibiera en audiencia pública, la del miércoles en la Plaza de San Pedro. Ni siquiera pedimos que nos nombrara en sus saludos personales. Hicimos la petición, en la manera en que lo ordenan los cánones, como recordará, perfectamente, Monseñor Paolo De Nicolo, de la Prefectura de la Casa Pontificia, quien recibió de buena gana nuestra petición. Sin embargo, el día antes de la audiencia, el propio Monseñor De Nicolo nos dijo -con pena, esa es la verdad, por lo que estaba claro que la decisión no la había tomado él- que no asistiéramos a la audiencia, y que no habíamos sido admitidos. ¡Increíble!: ¡150 exorcistas procedentes de los cinco continentes, sacerdotes nombrados por sus obispos de conformidad con las normas del derecho canónico, que exigen sacerdotes de oración, de ciencia y de buena reputación -es decir, de alguna forma, la flor y nata del clero, sacerdotes que piden participar en una audiencia pública del Papa y se les echa a patadas!. Monseñor De Nicolo me dijo: «Le prometo que, inmediatamente, le enviaré una carta explicando la situación». Han pasado cinco años y, todavía, estoy esperando esa carta. Desde luego, no fue Juan Pablo II quien nos excluyó. Pero el hecho de que a 150 sacerdotes se les prohiba participar en una audiencia pública del Papa en la Plaza de San Pedro, explica la clase de obstáculos a los que se enfrentan los exorcistas, aun dentro de su propia Iglesia, y hasta qué punto, son mal vistos por un gran número de autoridades eclesiásticas.
– Usted combate diariamente con el Demonio. ¿Cuál es el mayor éxito de Satanás?
Padre Amorth:
Que consigue hacer creer que no existe. Y casi lo ha conseguido. Incluso dentro de la Iglesia. Tenemos un clero y un episcopado que han dejado de creer en el demonio, en los exorcismos, en los males extraordinarios que puede causar el diablo, y ni siquiera en el poder, que nos ha dado Jesús, de expulsar a los demonios. Desde hace tres siglos, la Iglesia Latina -al contrario de la Ortodoxa y de varias denominaciones Protestantes- ha abandonado casi, completamente, el ministerio del exorcismo. Al no practicar los exorcismos, al no estudiarlos y no haberlos visto nunca, el clero ya no cree en ellos.
Pero, ni siquiera, cree en el diablo. Tenemos episcopados enteros que se muestran hostiles a los exorcismos. Hay países en los que no existe ni siquiera un solo exorcista, como Alemania, Suiza y Portugal. Una carencia aterradora.
– No mencionó a Francia. ¿Allí la situación es diferente?
Padre Amorth:
Hay un libro escrito por el más conocido exorcista francés, Isidoro Froc, titulado Los Exorcistas, quiénes son y qué hacen. Este libro, traducido, al italiano, a petición de la Conferencia Episcopal francesa. En ninguna parte del libro se dice que los exorcistas, en algunos casos, hacen exorcismos. El autor ha declarado, repetidamente, a la televisión francesa que nunca ha hecho exorcismos y que nunca los hará. De un centenar de exorcistas franceses, sólo cinco creen en el demonio y hacen exorcismos. El resto mandan al psiquiatra (?) a la gente que se dirige a ellos. Y los obispos son las primeras víctimas de esta situación de la Iglesia Católica, en la que la creencia en la existencia del demonio está en proceso de desaparecer.
Antes de que saliera este nuevo Ritual, el Episcopado alemán escribió una carta, al Cardenal Ratzinger, en la que afirmaba que no era necesario hacer un nuevo Ritual, porque los exorcismos ya no deben de ser practicados.
– ¿Son los obispos los que tienen que nombrar a los exorcistas?
Padre Amorth:
Sí. Cuando un sacerdote es nombrado obispo, se encuentra con un artículo del Código de Derecho Canónico, que le autoriza, completamente, a nombrar exorcistas. Lo mínimo que se le puede pedir a un obispo es que haya asistido, por lo menos, a un exorcismo, dado que debe tomar una decisión tan importante. Por desgracia, esto no ocurre casi nunca. Pero si a un obispo recibe una petición seria de exorcismo -es decir, no hecha por alguien enajenado- y no actúa en consecuencia, comete pecado mortal. Será responsable de todos los terribles sufrimientos de esa persona, que a veces duran años o toda una vida, cuando podría haberlos evitado.
– ¿Está diciento que la mayor parte de los obispos de la Iglesia Católica están en pecado mortal?
Padre Amorth:
Cuando era niño, mi viejo párroco me enseñaba que hay ocho sacramentos: el octavo es la ignorancia. El octavo sacramento salva a más gente que los otro siete juntos. Para cometer pecado mortal, debe haber una causa seria, pero también, es necesario el pleno conocimiento y el consentimiento deliberado. Esta omisión de ayuda por parte de muchos obispos es una causa seria. Pero estos obispos son ignorantes: no hay, pues, pleno conocimiento, ni consentimiento deliberado.
– ¿Pero si uno no cree en la existencia de Satanás, la Fe sigue intacta, es decir, sigue siendo católica?
Padre Amorth:
No. Le voy a contar una historia. Cuando conocí al Padre Pellegrino Ernetti, un célebre exorcista, que ejerció durante cuarenta años en Venecia, le dije: «Si pudiera hablar con el Papa, le diría que encuentro demasiados obispos que no creen en el demonio». La tarde siguiente, el Padre Ernetti vino a decirme que aquella mañana le había recibido Juan Pablo II. «Su Santidad», le había dicho, «hay, aquí en Roma, un exorcista, el Padre Amorth, que si pudiera hablar con usted le diría que encuentra demasiados obispos que no creen en el demonio». El Papa le respondió brevemente: «Aquel que no cree en el demonio, no cree en el Evangelio». Esta es la respuesta que dio él y que yo repito.
– Explíqueme por favor. ¿Esto significa que hay muchos obispos y sacerdotes que ya no son católicos?
Padre Amorth:
Digamos que no creen en una verdad evangélica. Así que, probablemente, los acusaría de estar propagando una herejía. Pero seamos claros: alguien es formalmente hereje, si se le acusa de cometer un error, y persiste en él. Pero, debido a la situación que existe en la Iglesia, hoy en día, nadie, jamás, acusaría a ningún obispo de no creer en el diablo, ni en las posesiones demoníacas, ni de no nombrar exorcistas porque no cree en estas cosas. Podría mencionar un gran número de obispos y cardenales, que en cuanto fueron nombrados para una diócesis, lo primero que hicieron fue quitarles a todos los exorcistas la facultad de ejercer. O bien, obispos que afirman, abiertamente: «Yo no creo en eso. Son cosas del pasado». ¿Por qué pasa esto? Porque, por desgracia, ha habido una perniciosa influencia de ciertos estudiosos de la Biblia, y podría darle los nombres de mucha gente muy conocida. Nosotros que, diariamente, estamos en contacto con el mundo del más allá, sabemos que esta influencia ha afectado muchas reformas litúrgicas.
– ¿Por ejemplo?
Padre Amorth:
El Concilio Vaticano II había pedido que se revisaran algunos textos. Esta orden fue desobedecida, ya que había un deseo de rehacerlos completamente, sin pensar que se podían empeorar las cosas, en vez de mejorarlas. Muchos ritos se han empeorado por esa manía de querer deshacerse de todo lo pasado, para rehacerlo de nuevo, como si la Iglesia, hasta el día de hoy, lo único que hubiera hecho es engañarnos y mentirnos, y como si sólo hasta ahora, tuviera grandes genios, super teólogos, super estudiosos de la Biblia, super liturgos, que saben darle a la Iglesia lo que es bueno. Esto es una mentira: el último Concilio, simplemente, pidió que se revisaran los textos, no que se destruyeran.
El Ritual Exorcista, por ejemplo, debía ser revisado, no escrito nuevamente. En él, había oraciones que se han usado durante doce siglos. Antes de eliminar oraciones tan antiguas, que han resultado muy eficaces, había que pensarlo con cuidado. ¡Pero no!. Todos los exorcistas hemos utilizado las oraciones del Ritual de prueba, y nos hemos dado cuenta de que son absolutamente ineficaces. Pero también el rito del bautismo de los niños ha sido arruinado. Fue renovado, de tal forma, que el exorcismo contra Satanás, ha sido casi eliminado. El bautismo siempre tuvo enorme importancia para la Iglesia, hasta el punto que se le llamaba exorcismo menor. Paulo VI protestó, públicamente, contra ese nuevo rito.
Encontramos esta misma degeneración del rito, en el nuevo bendicionario. He leído, minuciosamente, las 1200 páginas del mismo. ¡Pues bien, se han eliminado, sistemáticamente, todas y cada una de las referencias al hecho que el Señor nos protege contra Satanás, y que los ángeles nos protegen de los ataques del demonio. Todas las oraciones para la bendición de las casas y las escuelas han sido eliminadas. Todo debe ser bendecido y protegido, pero, hoy, ya no hay ninguna protección contra el demonio. Ya no existe ninguna defensa, ni oraciones contra él. El propio Jesús nos enseñó una oración de liberación en el Padre Nuestro: «Líbranos del Maligno. Líbranos de la persona de Satanás». Esta oración fue traducida mal, y hoy la gente ora, diciendo: «Líbranos del Mal». Se habla de un mal general, cuyo origen, en el fondo, no se conoce. Sin embargo, el mal contra el que nuestro Señor Jesucristo nos enseño a luchar, es una persona concreta: Satanás.
– Desde su posición privilegiada para observar las cosas: ¿tiene la impresión de que el satanismo se está difundiendo?
Padre Amorth:
Sí, enormemente. Cuando disminuye la fe, aumenta la superstición. En el lenguaje bíblico, puedo decir que la gente está abandonando a Dios, y entregándose al ocultismo. La terrible desaparición de la fe en toda la Europa Católica, hace que la gente se ponga en manos de hechiceros y adivinos, y así, las sectas satánicas prosperan. Se hace fuerte propaganda del culto al demonio, a las masas, mediante el rock satánico, y personajes como Marilyn Manson. Los niños también están siendo atacados: hay revistas e historietas que enseñan la hechicería y el satanismo.
Las sesiones de espiritismo, en las que se evocan a los muertos para conseguir respuestas, están muy difundidas. Ahora se enseña a efectuar sesiones de espiritismo a través de computadoras, teléfonos, televisores, y video grabadoras, pero sobre todo, con la escritura automática. Ya ni siquiera se necesita un medium: es un espiritismo que cada quien puede hacer por sí mismo. De acuerdo con las encuestas, el 37 por ciento de los estudiantes han hecho, por lo menos una vez, el juego de las letras y el vaso, (léase copa) una verdadera sesión de espiritismo. En una escuela a la que me invitaron a hablar, los chicos me dijeron que jugaban este juego durante la clase de religión, ante los ojos complacidos del maestro.
– ¿Y esto funciona?
Padre Amorth:
No existe diferencia entre magia blanca y magia negra. Cuando la magia funciona, siempre es obra del demonio. Todas las formas de ocultismo, como esta huida hacia las religiones de Oriente, con sus sugestiones esotéricas, son puertas abiertas para el demonio. Y el diablo entra. Inmediatamente.
En el caso de la monja que fue asesinada, en Chiavenna, y el caso de Erika y Omar, los dos adolescentes de Novi Ligure, que mataron a la mamá y al hermano pequeño de Erika, no dudé, en afirmar, que la intervención diabólica formó parte de esto, porque esos chicos practicaban el satanismo. La policía descubrió, que en ambos casos, los chicos seguían a Satanás, y tenían libros satánicos.
– ¿Qué hace el demonio para seducir al hombre?
Padre Amorth:
Su estrategia es siempre la misma. Ya se lo he dicho, y él lo reconoce. Hace creer que el infierno no existe, que el pecado no existe, y que él es solamente una experiencia más que hay que vivir. Concupiscencia, éxito y poder, son las tres grandes pasiones en las que Satanás se fía.
– ¿Cuántos casos de posesión demoníaca ha encontrado?
Padre Amorth:
No más de cien. Ya dejé de contarlos
– ¿Cien? Es un número muy alto. En su libro, usted dice que los casos de posesión son muy raros.
Padre Amorth:
Y lo son, realmente. Muchos exorcistas han encontrado sólo casos de males diabólicos. Pero yo heredé la «clientela» de un conocido exorcista, el Padre Cándido, y, por consiguiente, los casos que aún no había resuelto. Además, los otros exorcistas me mandan a mí los casos más resistentes.
– ¿Cuál ha sido el caso más difícil que ha tenido que afrontar?
Es el que estoy tratando ahora, desde hace dos años. Es la misma chica que fue bendecida -no fue un exorcismo verdadero- por el Papa, en octubre, en el Vaticano, y que tanto dio que hablar en los periódicos. Ella es golpeada las veinticuatro horas del día, y es víctima de tormentos inimaginables. Ni los médicos, ni los psiquiatras, consiguen entender lo qué pasa. Ella está completamente lúcida, y es muy inteligente. Es un caso realmente triste.
Haz clic aquí para ver la escenificación de un exorcismo en el film PADRE PÍO:
– ¿Cómo se convierte uno en víctima del Demonio?
Padre Amorth:
Uno puede ser objeto de los ataques del demonio, en cuatro casos. Bien porque esto es una bendición para la persona (como en el caso de muchos santos), bien por la persistencia irreversible, en el pecado, bien por una maldición que alguien hace invocando el nombre del demonio, o bien, cuando uno se dedica a practicar el ocultismo.
– Durante el exorcismo de los poseídos, ¿Qué tipo de fenómenos ocurren?
Padre Amorth:
Recuerdo un campesino analfabeto que, durante el exorcismo, me hablaba sólo en inglés, por lo que yo necesitaba un intérprete. Hay quien demuestra una fuerza sobrehumana, quien se eleva, totalmente, del suelo, siendo imposible, aún para varias personas, mantenerlo sentado en la silla. Pero hablamos de presencia demoníaca, sólo por el contexto en que se desarrollan estos fenómenos.
– ¿Alguna vez lo ha lastimado el Demonio?
Padre Amorth:
Cuando el Cardenal Poletti me pidió que me dedicara al exorcismo, me encomendé a la Virgen: «Envuélveme en Tu Manto, y yo estaré seguro». El demonio me ha amenazado, muchas veces, pero nunca me ha hecho daño.
– ¿Nunca siente miedo del Demonio?
Padre Amorth:
¿Yo miedo de ese animal? Es él quien tiene que tener miedo de mí: yo actúo en nombre del Señor del mundo, mientras que él, es sólo el simio de Dios.
– Padre Amorth:, el satanismo se difunde cada vez más. En realidad, el nuevo ritual hace difícil la práctica de los exorcismo. A los exorcistas se les impide que participen en una audiencia con el Papa en la Plaza de San Pedro. Dígame, sinceramente: ¿Qué es lo que está pasando?
Padre Amorth:
El humo de Satanás ha entrado a todas partes. ¡A todas partes! Quizá fuimos excluidos de la audiencia del Papa, porque tenían miedo de que tantos exorcistas consiguieran expulsar a las legiones de demonios que se han instalado en el Vaticano (*).
– Está bromeando, ¿verdad?
Padre Amorth:
Le podrá parecer una broma, pero yo creo que es verdad. No tengo ninguna duda de que el demonio tienta, sobre todo, a las autoridades de la Iglesia, así como a cualquier otra autoridad, en la política y la industria.
– ¿Está, diciendo entonces, que en esta, como en todas las guerras el Satanás quiere conquistar a los altos mandos, para tomar prisioneros a los generales del adversarios?
Padre Amorth:
Es una estrategia victoriosa. Siempre se intenta ponerla en práctica. Sobre todo cuando las defensas del adversario son débiles. Satanás también lo intenta. Pero, gracias al Cielo, es el Espíritu Santo Quien dirige a la Iglesia: «Las puertas del infierno no prevalecerán». A pesar de las defecciones, y a pesar de las traiciones, que no deben causar asombro. El primer traidor fue uno de los apóstoles más cercanos a Jesús: Judas Iscariote.
Pero, a pesar de esto, la Iglesia sigue su camino. El Espíritu Santo la mantiene, y por lo tanto, los ataques de Satanás sólo pueden ser parcialmente exitosos. Naturalmente, el demonio puede ganar batallas, incluso batallas importantes. Pero nunca ganará la guerra.
Un prestigioso periodista asistió a un exorcismo y da su testimonio en el siguiente video:
-YouTube eliminó este video-
Nota: En el exorcismo compuesto por S.S. León XIII, luego de una revelación que tuvo, dice así:
«Pero he aquí que ese antiguo enemigo, este primer homicida ha levantado ferozmente la cabeza. Disfrazado como ángel de luz y seguido de toda la turba y seguido de espíritu malignos, recorre el mundo entero para apoderarse de él y desterrar el Nombre de Dios y de su Cristo, para hundir, matar y entregar a la perdición eterna a las almas destinadas a la eterna corona de gloria. Sobre hombres de espíritu perverso y de corazón corrupto, este dragón malvado derrama también, como un torrente de fango impuro el veneno de su malicia infernal, es decir el espíritu de mentira, de impiedad, de blasfemia y el soplo envenado de la impudicia, de los vicios y de todas las abominaciones. Enemigos llenos de astucia han colmado de oprobios y amarguras a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado, y sobre sus bienes más sagrados han puesto sus manos criminales. Aun en este lugar sagrado, donde fue establecida la Sede de Pedro y la cátedra de la Verdad que debe iluminar al mundo, han elevado el abominable trono de su impiedad con el designio inicuo de herir al Pastor y dispersar al rebaño». Ir al siguiente enlace para leer íntegro el texto: INVOQUEMOS A LOS ANGELES .
-Esta entrevista fue concedida por el P. Amorth a la revista 30Giorni de junio de 2004 y a pesar del tiempo transcurrido, conserva toda su actualidad.
Tomado del excelente blog:http://catolicidad-catolicidad.blogspot.com
Lo afirmó (aunque no es la primera vez) el P. Gabriele Amorth, el exorcista de Roma y el más conocido que existe en el mundo, en un artículo basado en una entrevista hecha por Alexander Smoltczyk para el diarioalemán Der Spiegel, Ene-08-2008 (*). Concretamente dice el P. Amorth: “En el Vaticano, hay sectas satánicas. No se ven. Pero están allí.”
También cuenta el P.Amorth: “Soy el único exorcista, siete días a la semana, desde la mañana hasta la tarde, incluyendo Navidad y Pascua. He tenido en 21 años, más de 70.000 exorcismos. Incluso cuando era más joven, manejaba un promedio de quince, diez y seis casos por día. Ahora, estoy un poco cansado ”. (Nota de CATOLICIDAD: Hay que considerar que a un mismo individuo se le practican bastantes exorcismos antes de ser liberado).
Delineando un poco su agenda de los próximos meses indica que “ya esta completamente llena”.
Agrega que en el pasado eran nueve exorcistas en Roma, pero ahora no hay ninguno activo, aunque asegura que no es porque ya no se necesite. Al contrario: “El diablo está en Fátima, actúa enLourdes, en todas partes. Y ciertamente en el Vaticano, el centro de la Cristiandad”.
Al final recuerda que ninguno es inmune al diablo, y que incluso la Madre Teresa, en los últimos años de su vida, tuvo que ser exorcizada (Nota de CATOLICIDAD: En los comentarios se efectúa una aclaración que probablemente no conoció el P. Amorth).
El P. Malachi Martin S.J. (qpd), experto vaticanista, denunció -como un hecho real- en su obra «Las llaves de esta Sangre» (y lo narró en su novela «Winswept house») que se realizó -durante el pontificado de Pablo VI- una ceremonia de entronización satánica en el Vaticano, en la capilla paulina, por cierto ahora recién reinagurada por S.S. Benedicto XVI, luego de su remodelación. Incluso, aseguró que a ello hizo alusión Pablo VI cuando denunció que «el humo de Satanás ha entrado por alguna fisura en el templo de Dios» (29-junio-1972). Esta entronización es confirmada, también, por un grupo de prelados del Vaticano que se autodenominan los Milenarios (entre ellos estaba Mons. Luigi Marinelli, que en paz descanse) y que escribieron la obra «Via col vento in Vaticano» (**), en donde también señalan que en el Vaticano hay eclesiásticos afiliados a la masonería.
Esto nos recuerda la visión profética que plasmó S.S. León XIII en su exorcismo:
«Pero he aquí que ese antiguo enemigo, este primer homicida ha levantado ferozmente la cabeza. Disfrazado como ángel de luz y seguido de toda la turba y seguido de espíritu malignos, recorre el mundo entero para apoderarse de él y desterrar el Nombre de Dios y de su Cristo, para hundir, matar y entregar a la perdición eterna a las almas destinadas a la eterna corona de gloria. Sobre hombres de espíritu perverso y de corazón corrupto, este dragón malvado derrama también, como un torrente de fango impuro el veneno de su malicia infernal, es decir el espíritu de mentira, de impiedad, de blasfemia y el soplo envenado de la impudicia, de los vicios y de todas las abominaciones. Enemigos llenos de astucia han colmado de oprobios y amarguras a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado, y sobre sus bienes más sagrados han puesto sus manos criminales. Aun en este lugar sagrado, donde fue establecida la Sede de Pedro y la cátedra de la Verdad que debe iluminar al mundo, han elevado el abominable trono de su impiedad con el designio inicuo de herir al Pastor y dispersar al rebaño». (Ver todo el exorcismo en: INVOQUEMOS A LOS ANGELES )
(*) http://www.spiegel.de/panorama/0,1518,527076,00.html
(**) Obra con la que no concordamos en varios criterios, pero que señala hechos fidedignos.
COMENTARIO REFERENTE AL EXORCISMO DE LA MADRE TERESA DE CALCUTA
Permalink: http://www.zenit.org/article-3507?l=spanish
CALCUTA, 7 septiembre 2001 (ZENIT.org).- La Madre Teresa de Calcuta no fue sometida a un rito de exorcismo, sino que simplemente un sacerdote rezó sobre ella una oración. Lo ha asegurado monseñor Henry D´Souza, arzobispo de Calcuta, desmintiendo afirmaciones que le han atribuido órganos de prensa internacionales.
En declaraciones ofrecidas a la agencia de noticias católica de Asia, UCA News, el prelado aclaró que la noticia del exorcismo, publicada por agencias internacionales de prensa, se debió a una conversación con periodistas en la que se le preguntó si es posible que personas santas experimenten el abandono de Dios.
El arzobispo puso como ejemplo el caso de la Madre Teresa, a quien fue a visitar al Woodlands Hospital, en 1996, donde se encontraba internada a causa de problemas cardíacos y era incapaz de dormir. El prelado la vio sumamente desasosegada, con dudas y profundos temores.
El prelado pensó que quizá un espíritu maligno estaba tratando de acabar con su paz interior y su confianza en Dios, por lo que pidió a un sacerdote salesiano de origen siciliano, el padre Rosario Stroscio, de 79 años, que rezara sobre ella una de las oraciones que se pronuncian en ritos de exorcismos. Ahora bien, en ningún caso le pidió realizar un exorcismo.
Esta narración indujo a agencias de noticias el 5 de septiembre a afirmar que el arzobispo D´Souza había presentado esta petición al sacerdote: «Ordénale al diablo que se valla de ahí. En el nombre de la Iglesia, como arzobispo, te ordeno que vayas y lo hagas».
Ahora bien, el arzobispo, aclaró el 6 de septiembre que esta afirmación no es verdadera: «No creo que estuviera poseída por un espíritu maligno».
El padre Stroscio, en declaraciones concedidas a UCA News el 6 de septiembre recordó que el arzobispo le pidió que fuera a rezar por la Madre Teresa, pero aclaró que la religiosa no estaba poseía por un espíritu maligno sino más bien desasosegada.
«Ella no pronunció conmigo la oración, como si estuviera luchando contra la desazón, pero las religiosas que la rodeaban se mostraron preocupadas por lo que sucedía».
El religioso dejó la habitación del hospital después de recitar «la oración de exorcismo para alejar los espíritus malignos». Al día siguiente, las religiosas que cuidaban a la Madre Teresa le dijeron que había dormido tranquilamente el resto de la noche.
El arzobispo explicó que este hecho no pone en tela de juicio la santidad de la religiosa, de hecho se trata de episodios muy comunes en la vida de santos o místicos, como Don Bosco o Juan María Vianney quienes también fueron «acosados por espíritus malignos durante sus vidas». Es más, el hecho muestra que «la dimensión humana en un santo es algo normal».
La fase del proceso de beatificación de la Madre Teresa, encargado por el arzobispo D´Souza, se concluyó en Calcuta el pasado 15 de agosto. Ahora la investigación ha pasado a la Congregación vaticana para las causa de los santos.
La Madre Teresa, que nació en Macedonia en el seno de una familia de origen Albanés, llegó a la India en 1937. Allí fundó hace 52 años la congregación de las Misioneras de la Caridad. La religiosa falleció el 5 de septiembre de 1997.
Atentamente
CATOLICIDAD
Tomado del excelente blog: http://catolicidad-catolicidad.blogspot.com
El texto que pretende ser el tercer secreto de Fátima, publicado en junio de 2000 por el CDF para calmar la especulación en varias páginas de la red, consiste en la visión apocalíptica que damos más abajo. El documento suscita varias dudas, por ejemplo:
4. El informe del Vaticano dice que el mensaje estaba en un sobre anaranjado dentro de otro sobre blanco. Pero en 1957 el obispo Venancio vio la escritura a contraluz y contó los renglones. ¿Hubiera poddido hacer esto si lo que veía hubiera estado en dos sobres, uno de color?
TEXTO OFICIAL
DEL
TERCER SECRETO DE FÁTIMA
(Traducido del portugués)
«J.M.J.
«Tercera parte del secreto revelado el 13 de julio de 1917 en la Cueva de Iria, Fátima.
«Escribo en obediencia a Ti, Dios mío, que lo ordenaste por medio de su Excelencia Reverendísimo el Señor Obispo de Leiria y de la Santísima Madre tuya y mía.
«Después de las dos partes que ya he expuesto, vimos al lado izquierdo de Nuestra Señora y un poco más arriba, a un ángel con una espada de fuego en la mano izquierda. Centelleando, emitía llamas que parecían encender el mundo; pero se apagaban al contacto con el brillo que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él. El ángel, señalando la tierra con la mano derecha, dijo con voz fuerte, «¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!» Y vimos en una inmensa luz qué es Dios -algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan delante de él -a un obispo vestido de blanco. Tuvimos el presentimiento que era el Santo Padre. Varios otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subiendo una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran cruz de troncos toscos como si fueran de alcornoque con la cáscara. El Santo Padre, antes de llegar allá, atravesó una gran ciudad, la mitad en ruinas. Medio tembloroso, con pasos vacilantes, apesarado de dolor y pena, rezaba por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino. Llegado a la cima del monte, postrado de rodillas al pie de la gran cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon balas y flechas; y del mismo modo murieron uno tras otro los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la cruz había dos ángeles, cada uno con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios.
«Tuy, 3-1-1944»
¿Qué dice la tercera parte del mensaje de Fátima, el llamado tercer secreto?
Sor Lucía reveló el comienzo: «Portugal siempre conservará la fe…». Sabemos que Pablo VI leyó el tercer mensaje entrando su pontificado, y lo tomó muy en serio. En 1967 el cardenal Ottaviani dijo al público, «El secreto está dirigido al Santo Padre». Juan Pablo II leyó el mensaje. Hablando a un grupo de católicos en Alemania, en 1980, lo comentó, diciendo: «Tenemos que prepararnos a sufrir pruebas en un futuro no tan lejano…» En 1985 el cardenal Ratzinger dijo: «Publicar el tercer secreto significaría exponer a la Iglesia al peligro de sensacionalismo y explotación del contenido.»
Al examinar la considerable evidencia disponible, no cabe duda que el centro del secreto es que en la última tercera parte del siglo XX, los más elevados líderes de la iglesia caerían bajo influencia satánica y se equivocarían en su enseñanza. Claro que el mensaje predice herejía mundial en la Iglesia, y acaso menciona aceptación del aborto, aprobación eclesiástica de los homosexuales y negación de la divina presencia en la Eucaristía. El castigo que nos espera, si hacemos caso omiso del aviso, quizás está estipulado también.
El tercer mensaje de Fátima, que la Santísima Virgen mandó que se leyera y publicara en 1960, fue abierto por Juan XXIII. Según fuentes del Vaticano, éste dijo que no concernía a su pontificado, y prefería dejar la cuestión de su revelación a sus sucesores. Murió en 1963. Pablo VI, se lamentó diciendo: «El humo de Satanás ha entrado a la Iglesia».
*Fuente: Tercer Secreto de Fátima.
Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/
Hoy Domingo de Resurrección,
en Tijuana vivimos el salmo 75.9-10
Después del gran sismo de 7.2 grados en la escala Richter, en Baja California se han registrado 19 réplicas en menos de 3 horas.
De acuerdo al Servicio Geológico de EU (USGS, por sus siglas en inglés), la réplica de mayor intensidad ha sido de 5.4 grados, con epicentro igualmente en el Valle de Mexicali, y los de menor intensidad, de 3.2 grados al menos, a la altura de La Rumorosa.
Datos del temblor tomados de:

Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. (San Lucas 1,31)
La FUNDACIÓN 25 DE MARZO, creada en honor de la Encarnación del Verbo de Dios en el Vientre Santísimo de la Bienaventurada Virgen María, ha sido constituida con el objeto de defender los bienes y valores que siempre han sido enseñados y defendidos por la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana; el Derecho Natural y la sana moral. En particular la protección del niño recién concebido en el seno materno (seres totalmente indefensos) contra el ABORTO.
Absolutamente todos los anticonceptivos son abortivos.
Lista de todos los anticonceptivos hormonales comercializados en Argentina.información extractada de los prospectos y sitios de los propios laboratorios.
Sitio de la Fundación 25 de Marzo.
Un crimen abominable. Hace escasos días apareció un artículo en un periódico judicial, escrito por un abogado, el Dr. Alberto M. Sánchez, sobre un tema candente de actualidad que, lamentablemente va in crescendo, en miras a cobijarse a una pretendida ley nacional. Por su oportunidad y sensatez, lo transcribimos prácticamente en su integridad, en orden a seguir forjando en nuestras almas el espíritu de resistencia, incluso pública, ante la constante insidia del enemigo.
Algunos enlaces interesantes sobre el tema:
Notivida. Boletín de noticias que se relacionan con la promoción y defensa d ela vida humana y la familia.
Dura realidad. El video que ha prohibido YouTube. Enlace.
Tomado de: http://statveritas.com.ar
Diputados del Partido de la Revolución Democrática (PRD) presentaron y aprobarón, ellos solos, una reforma de ley en la ALDF para modificar el concepto de matrimonio del Código Civil, permitiendo la adopción de niños por parte de parejas formadas por personas del mismo sexo.
EL CODIGO CIVIL DECÍA:
Artículo 146. Matrimonio es la unión libre de un hombre y una mujer para realizar la comunidad de vida, en donde ambos se procuran respeto, igualdad y ayuda mutua con la posibilidad de procrear hijos de manera libre, responsable e informada. Debe celebrarse ante el Juez del Registro Civil y con las formalidades que esta ley exige.
Se cambió a:
El Matrimonio es la unión libre de dos personas para realizar la comunidad de vida, en donde ambos se procuran respeto, igualdad y ayuda mutua. Debe celebrarse ante el Juez del Registro Civil y con las formalidades que esta ley exige.
Al dar acceso al matrimonio a parejar formadas por personas del mismo sexo, les permite adoptar a un niño sin protección jurídica alguna. La adopcion fue aprobada sin consenso y de ultimo minuto en la ALDF por diputados del PRD.
El 73.5% de los capitalinos nos oponemos a que un niño sea adoptado por una pareja de personas del mismo sexo y 58% de los capitalimos creemos que modificar el concepto del matrimonio es un GRAN RETROCESO (Encuesta: Milenio-GCE 15/01/10)
Sumáte, tu voz puede tener voz en la ALDF
Hoy puedes hacer actuar, y evitar estos cambios culturales y aprobaciones de leyes, que estarán en las escuelas de tus hijos atacando tus principios, creencias y valores.
Tu puedes actuar:
1.
Descarga el FORMATO ÚNICO e imprímelo 10 veces. (No se puede modificar éste formato).
2. Busca a 10 personas que firmen. (Fíjate que llenen TODOS los campos obligatorios).
3. Dinfunde esto y pídele a 10 personas más que hagan lo mismo.
4. Envíanos las firmas a: Apartado Postal 18982, México, D.F.
Fecha límite: 5 de febrero de 2010.
Puedes
DESCARGAR TAMBIEN NUESTRO VOLANTE y difundirlo por e-mail y a todos tus conocidos.
UNO + UNA, es un movimiento ciudadano sin afiliación religiosa o partidista, que nace por la necesidad de hacer escuchar la voz de los ciudadanos del Distrito Federal.
Actualmente englobamos a mas de 2000 asociaciones que estamos a favor de que todo niño o niña tenga derecho a un padre y una madre, a proteger la figura del matrimonio como la unión complementaria entre un hombre y una mujer.
Lay ley de participación ciudadana en el DF, le dá acceso a la ciudadana a legislar. Dado que nuestros asambleístas ignoran la voz de la Ciudad de México, ahora los ciudadanos organizados propondremos una iniciativa de ley que proteja a todo niño y niña y que defienda la institución del matrimonio como la unión de un hombre y una mujer.
e-mail:
A continuación publico la respuesta hecha por el Profesor Mario, a la respuesta que le dí, al primer mensaje que envió al Blog:
Mario Enrique Bruzzone // Diciembre 31, 2009 a 12:29 pm |
Estimado hermano en el Señor y María
Arturo Medina Muñoz
Ante todo le agradezco su amabilidad al haberme respondido, y en primer lugar pasaré a responderle las dos preguntas que me efectúa antes de finalizar.
a) Sí, soy católico apostólico y romano (no sé bien el motivo por el cual Ud. utiliza las mayúsculas en esas palabras ya que yo sólo lo hago cuando me refiero a la Iglesia). Y es más, al menos hasta donde yo sé, sostengo absolutamente todos y cada uno de los puntos que forman el Dogma de la Iglesia, y jamás he encontrado a nadie, absolutamente a nadie, que me diga que mis ideas “chocan” con tales o cuales principios del mismo.
b) Le diré que ha “acertado” en cuanto a su apreciación del motivo por el cual llegué a su blog, dado que estoy preparando un escrito sobre la posibilidad de volver al uso del latín, ya que considero que sería un error el hacerlo. De todas formas le aclaro que ese “título”, que según usted yo utilizaría, es incorrecto puesto que jamás, ni siquiera he soñado en poner algo por el estilo. De ser posible le agradecería que me mencionara de dónde pudo sacarlo ya que estoy absolutamente seguro de que nunca en mi vida he redactado esa frase. Aunque quien sabe, a veces los años hacen que olvidemos algo.
De cualquier forma, en cuanto concluya de redactar estas líneas, y antes de publicar los textos que estoy elaborando, procuraré obtener y leer el artículo al cual usted hace referencia.
Y dicho eso mencionaré algo más.
Usted señala que cuando el Concilio Vaticano II, debidamente aprobado y promulgado por el Papa, y por ende Doctrina Oficial de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, introdujo las modificaciones en el ritual de la Misa, colocando al Ara como eje central de la Celebración Litúrgica de la Misa, con el Celebrante de cara al pueblo y éste viéndolo, tanto a él como al desarrollo de dicha Celebración, se lo habría efectuado como una “ayuda al pueblo” y como una “adaptación a la cultura contemporánea”.
Pues bien, yo recuerdo perfectamente que en esa época se mencionaba por todos lados que dicha modificación se la hacía por cuanto constituía un “volver a las fuentes del cristianismo”. Es decir que antiguamente era la forma “normal” de Celebrar la Fracción del Pan que tenían los cristianos.
Finalmente le aclaro algo que digo siempre.
Yo no creo ser ningún “experto”, sino un simple laico, preocupado porque “me duele” que un mensaje de Amor tan claro como el que surge del Evangelio, no sólo no sea aceptado, sino que es rechazado por tantos miles de millones de personas en todo el mundo, situación que me llevó a leer muchas veces (siempre digo más de 7 veces) la Biblia, investigar algunas cosas, y redactar otras.
Reiterándole mi gratitud por su respuesta, y haciéndole llegar mis mejores deseos de un buen año 2010, le saludo cordialmente
MARANA-THA
Mi respuesta:
¡Pax et bonum!
Apreciable profesor Mario:
Respondiendo a su segundo mensaje, le concedo toda la razón en cuanto a lo que expresa en relación con mi forma de escribir católico apostólico y romano, lo hice con la única finalidad de resaltar el término (debí utilizar negritas), pero es correcto lo que usted dice, y sólo debe utilizarse como lo hace usted cuando escribe Iglesia, yo también lo hago así, como debe ser.
Me da mucho gusto saber que aún es católico apostólico y romano, y que sostiene absolutamente todos y cada uno de los puntos que forman el Dogma de la Iglesia, al igual; me da gusto saber que jamás ha encontrado a nadie, absolutamente a nadie, que le diga que sus ideas “chocan” con tales o cuales principios del mismo. Mi inquietud al respecto era, porque es frecuente encontrarse con estudiosos de la religión, que de tanto estudiar se han quedado sin llegar a creer nada, o se han casado con alguna ideología contraria a lo que enseña el Magisterio de la Iglesia, por ejemplo algunos se casan con la teología de la liberación, otros con el ateísmo, etc.
También me da gusto saber que acerté en cuanto a mi apreciación del motivo por el cual llegó a mi blog; no entiendo el porqué, tanta gente así como usted también lo expresa, consideran un error el que en la Iglesia se rehabilite el uso del latín en las Misas, me parece que le tienen pavor al latín, ¿Qué es lo que les disgusta de esta lengua? Si echamos un vistazo a otras religiones, veremos que ella mantienen una lengua sagrada, y siendo el Cristianismo la religión verdadera revelada por el mismo Dios, no veo porque no habría de tener su propia Lengua Sagrada, que si bien, el latín es una lengua muerta, lo mismo lo son las otras lenguas sagradas de las otras religiones, esto evoca una fuente grande de misterio, ya que es un lenguaje que por ser una lengua muerta, se desconoce totalmente. Creo que muchos tienen un concepto mal formado al respecto. Le recomiendo que en cuanto le sea posible visite este sitio: http://ecumenicasdegudaluper.org un día Domingo o Fiesta de Guardar, en cualquiera de los siguientes horarios en que Monseñor Puente oficia el Santo Sacrificio de la Misa: 9:00 y 10:30 a.m. – 12:00 y 4:00 p.m. (hora del pacífico) para que observe y escuche (espero que ya funcione de nuevo el audio) como al menos en este humilde Templo, se vive la Misa Gregoriana, con la participación de adultos y niños, todos participando en los cantos de la misa en latín. La esencia de la Misa Gregoriana es de una gran solemnidad y una majestuosidad enorme, aquí contemplamos lo Sagrado del Misterio de Dios, el Misterio de la Encarnación y la Redención, es por esto que otros muchos prefieran este rito, no es por que se tenga una nostalgia por la belleza del mismo, por el pasado litúrgico de la Iglesia, por que de ser así, sería preferible que este rito pasara a ocupar un lugar en algún museo.
En relación a lo que me comenta sobre lo que según yo, usted utilizaría como título para su escrito, creo que no me expliqué bien, ya que yo no quise decir eso, tal vez si relee mi respuesta anterior, se dará cuenta de lo que digo, trataré de explicárselo de nuevo:
La pregunta fue que como había llegado usted a mi Blog, si sería porque estaba preparando su escrito sobre la Misa en latín, como ya lo había expresado en un comentario que usted hizo en un blog, el cual publicaba un post con este título: Ser flexibles en la eucaristía y no regocijarse con el rito tridentino. También usted ha acertado al estar absolutamente seguro de que nunca en su vida ha redactado esta frase. Aquí le dejo el enlace del post con dicho título, ahí es en donde se encuentra su comentario, en el cual usted dice, que tendrá que escribir al respecto:
Gracias por tomar en cuenta mi recomendación en relación al artículo que le recomendé, pienso que tal vez también le sirvan los otros artículos que se encuentran el misma sección de Reflexiones, al igual que algunas entrevistas que le han hecho a Monseñor Puente, en las que, toca un poco estos temas, y que he publicado en la sección Monseñor en los Massmedia.
En cuanto a lo que señalo en mi respuesta anterior en relación al Concilio Vaticano II, no lo digo yo, lo dice el Obispo Edward Slattery de Tulsa, Oklahoma, tal vez lo que usted recuerda perfectamente de esa época, en cuanto a esa modificación, era un «volver a las fuentes del cristianismo», pero ¿Realmente se estaba volviendo a los orígenes del Cristianiso?, me temo que NO, más bien lo que se estaba haciendo y lo que se hizo fue alejarse MÁS. Pero que estoy diciendo, ¿Puede ser posible esto? Claro que es posible, si no lo cree, lea lo que sigue:
En los Richtlinien für die Gestaltung des Gotteshauses aus dem Geist der rómischen Liturgie (Instrucciones para la disposición de las Iglesias en el espíritu de la liturgia romana) de 1949, Theodor Klauser adelanta que: «Ciertas señales hacen entrever que, en las Iglesias del futuro, el sacerdote se colocará como antaño tras el altar y celebrará cara al pueblo, como aún se hace hoy en ciertas basílicas romanas; el deseo, que se percibe por doquier, de ver más claramente expresada la comunidad de la mesa eucarística, parece exigir esta solución» (n° 8). Lo que Klauser presentaba entonces como deseable, ha llegado a ser, como sabemos, la norma en casi todas partes. Se piensa que se ha recuperado una costumbre de la primitiva cristiandad; pero como demostrarán claramente las explicaciones siguientes, se puede probar con certeza que jamás ha habido ni en la Iglesia de Oriente ni en la de Occidente celebraciones versus populum (cara al pueblo) sino que siempre todos se volvían hacia el oriente para rezar, ad dominum (hacia el Señor). La idea de un cara a cara entre el sacerdote y la asamblea en la misa se remonta a Martin Lutero que hacia notar en su opúsculo Deutsche Messe und Ordnung des Gottesdienstes (La misa alemana y el orden del culto divino) de 1526, al comienzo del capítulo de «El Domingo para los laicos «: «Conservaremos los ornamentos sacerdotales, el altar y las velas hasta el agotamiento, o hasta que nos convenga cambiarlos. Sin embargo dejaremos hacer a los que quieran hacer otras cosas. Pero en la verdadera misa, entre verdaderos cristianos, será necesario que el altar no quede como está y que el sacerdote se vuelva siempre hacia el pueblo, como sin duda lo hizo Cristo durante la cena. Pero esto puede esperar». Y he aquí que el momento esperado ha llegado ……
Para justificar el cambio de posición del celebrante en relación con el altar, el Reformador se refería a la situación de Cristo durante la última Cena. En efecto, tenía ante sus ojos las habituales representaciones de la época: Jesús está de pie o sentado en medio de una gran mesa y los Apóstoles lo rodean, a su derecha y a su izquierda.
¿Pero, efectivamente, ocupaba Jesús esta posición? Ciertamente no, pues hubiera contravenido las costumbres domésticas de la época. En tiempo de Jesús, y aún siglos más tarde, se empleaba o una mesa redonda o una mesa en forma de sigma (en semicírculo). La parte delantera quedaba libre para permitir servir los distintos platos. Los convidados estaban sentados o acostados detrás de la mesa semicircular. A este efecto utilizaban divanes o un banco, en forma de sigma. El sitio de honor no estaba, como pudiera pensarse, en el centro, sino a la derecha (in cornu dextro). El segundo sitio de honor estaba enfrente. Esta disposición de los asientos se encuentra constantemente en las más antiguas representaciones de la Cena de Jesús y permanece hasta el corazón de la edad media. El señor está siempre, sentado o recostado, en el lado derecho de la mesa (cf. fig. 4). Hacia el siglo XIII comenzó a imponerse otro tipo de representación: colocan a Jesús detrás de la mesa y en medio de los Apóstoles, que le rodean. Esta es la imagen que tenía Lutero ante sus ojos. Esta representación tiene en efecto toda la apariencia de una celebración versus populum. Pero en realidad no tiene nada de parecido, puesto que el «pueblo», hacia el que el Señor hubiera debido volverse estaba ausente, como se sabe, de la sala de la cena. Lo que quita todo valor a la argumentación de Lutero. Por otra parte, en cuanto sabemos, éste jamás exigió que se celebrase vueltos hacia la asamblea; entre las comunidades protestantes, solamente los Reformados adoptaron la costumbre de hacerlo. 1 Como podrá constatar, no es como nos han hecho creer que antiguamente esa era la forma “normal” de Celebrar la Fracción del Pan que tenían los cristianos. Si desea seguir leyendo más al respecto, puede encontrar el artículo completo en la sección Reflexiones de este Blog.
Yo tampoco creo, ni pretendo ser un “experto” en estos temas, yo sólo soy un minúsculo laico que pretende vivir el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.
Entiendo su preocupación y su dolor, como lo expresa usted, al ver que el Mensaje de Amor, tan claro como el que podemos encontrar en el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, no sólo no sea aceptado, si no que sea rechazado por tantos miles de millones de personas en todo el mundo, es por esto que la misión de este Blog sea la de contribuir a que los corazones y las mentes de muchas personas, al leer la información seleccionada que aquí se publica, les mueva y disponga a un acercamiento profundo a Dios y los que se fueron de la Iglesia, por ser testigos de tanto desorden en lo más Sagrado que tenemos los Cristianos Católicos, el Santo Sacrificio de la Misa, regresen, para que así podamos ser un sólo rebaño bajo un solo Pastor, haciendo así realidad la petición que nuestro Señor Jesucristo hiciera a su Padre amado, <<Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado>> San Juan. 17,21, todo esto para la Gloria de Dios y la Salvación de las Almas.
Me sorprende, saber que esta situación lo llevó a leer muchas veces la Sagrada Escritura, más de 7 veces.
Agradeciendo sus mejores deseos hacia a mí, para este año 2010 que está por iniciar, me despido, deseándole que en este año que está a la puerta, el Buen Dios, llene de Gracia su vida y la de todos sus seres queridos, hoy y siempre.
¡Paz y bien!
Fraternalmente:
Arturo Medina Muñoz.
Editor del Blog.
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Notas:
1.- «EL ALTAR CATÓLICO» ¡VUELTOS HACIA EL SEÑOR! por MONSEÑOR KLAUS GAMBER Fundador del Instituto Litúrgico de Ratisbona http://www.mercaba.org/LITURGIA/altar_catolico_02.htm
En la sección de Reflexiones, encontrarás un artículo titulado: «EL ALTAR CATÓLICO», publicado en francés por los Monjes de Barroux, obra del gran liturgista alemán Klaus Gamber, «Zum Herrn hin», sobre la orientación de la Iglesia y del Altar.

Conservar el Ritus Romanus no es una cuestión de estética: es, para nuestra Santa Fe, cuestión de vida o muerte. Mons. KLAUS GAMBER Director del Instituto Litúrgico de Ratisbona.
Klaus Gamber nació el 23 de abril de 1919 en Ludwigshafen (Alemania), siendo ordenado sacerdote el 29 de junio de 1948 en Ratisbona. En 1957, con unos colaboradores, fundó el Instituto Litúrgico de Ratisbona para el estudio de las fuentes de la liturgia occidental, obra a la que dedicó todos los desvelos de su existencia, permaneciendo como director del mismo hasta su fallecimiento el 2 de junio de 1989, a la edad de setenta años.
Era uno de los mejores historiadores y conocedores de la liturgia, renombrado especialista en la liturgia romana, así como en los ritos orientales, los cuales admiraba mucho. Sus sabios trabajos le valieron ser nombrado en 1958 miembro de honor de la Academia Pontificia de Liturgia, capellán y Camarero secreto de su Santidad en 1966.
El catálogo de sus escritos cuenta con más de 360 títulos; libros, artículos, estudios y ediciones de textos patrísticos y litúrgicos, poco conocidos por el público en nuestros días.
El padre Klaus Gamber escribió acerca de las reformas litúrgicas que siguieron al Concilio Vaticano II. Sus obras, traducidas a numerosos idiomas, han provocando no pocos comentarios entre la prensa europea. Una de las reformas posteriores al concilio comentadas por Gamber en su libro es la novedosa práctica de que el sacerdote mire a la congregación. Mucha de la propaganda que justificó el cambio de posición del ungido alegó que era un retorno a la tradición primitiva de la Iglesia. La historia y la arqueología eran con frecuencia citadas (sin bien con escaso fundamento, tal y como demuestra Gamber en ¡Vueltos hacia el Señor!) y la mayoría de los sacerdotes y parroquianos a lo largo de mundo aceptaron dicha versión de los hechos, reemplazando los viejos altares por mesas de madera o bloques de piedra que permitían al oficiante celebrar de cara al pueblo los sagrados misterios. El presbítero pasó a establecer contacto ocular con sus parroquianos, a ser el presidente de la asamblea; el de dinamizador que incita a la participación activa de la congregación. El altar devino en mesa eucarística y la noción de la Santa Misa como Sacrificio quedó relegada por la idea de una cena en común.
Entre aquellos que glosaron el libro de Gambrer se encuentra el Cardenal Ratzinger. Entrevistado por el periódico italiano Il Sabato, explicó que no hay evidencia histórica, ni escrita ni arqueológica, que establezca que el altar en los primeros siglos de la Iglesia estaba de cara al pueblo. En aquellos tiempos, la cuestión no era mirar a la gente sino a Oriente, de donde vendrá Jesucristo en la Parousia. Asimismo, el por entonces cardenal y hoy Papa explicó que el casi universal cambio de los altares no es un decreto del Vaticano II.
El debate que abrieron los libros de Gamber permite que las aserciones invocadas en nombre de “el Espíritu del Concilio” muestren su ausencia de base histórica, arqueológica, teológica y litúrgica. Ahora, con Ratzinger en la silla de Pedro, la obra de Gamber (que por primera vez en España y de forma exclusiva distribuye Criteria Club de Lectores) recobra su capital importancia.
”Gamber, con la vigilancia de un auténtico clarividente y con la intrepidez de un verdadero testigo, se opuso a la falsificación de la liturgia y nos ha transmitido incansablemente la plenitud viviente de una liturgia verdadera”.
Joseph, Cardenal Ratzinger
La traducción de ¡Vueltos hacia El Señor! ha corrido a cargo del Dr. Gonzalo de Porras, de la Real Academia de Córdoba.
Información tomada de:
http://www.criteriaclub.com/vueltos-hacia-el-senor-klaus-gamber.cr.html
A continuación publico una respuesta a un comentario que amablemente hizo un visitante de este Blog, en la sección de Reflexiones, en el artículo 10 Objeciones a la Misa Tradicional; como la respuesta es algo extensa, decidí publicarla aquí, esperando que ilumine un poco y sirva de ayuda a quienes puedan tener la misma inquietud que nuestro amable lector.
Este es el comentario que hizo el lector:
Mario Enrique Bruzzone // Diciembre 30, 2009 a 1:43 pm |
Yo diría que de una manera “general” no coincido con las respuestas dadas.
Pero hay una que me llama especialmente la atención, y es el punto 7) cuando se menciona el -al menos aparente- “desprecio” del sacerdote al oficiar la misa dando la espalda a los fieles.
La respuesta que se suministra no se responde en absolutlo a eso y, en su lugar, se afirma que el sacerdote se “orienta”, es decir, que miraría hacia el Oriente, hacia el monte Calvario.
Pues bien; me parece ridículo por varios motivos, pero los más “simples” al respecto son: el primero que si fuese así, igual podrían poner la “mesa del altar” en el sentido de que el sacerdote quedara mirando al Oriente y listo.
Pero eso no es lo más importante sino que yo conozco muchos templos o “iglesias” católicas, y en ellos el altar está orientado hacia distintos puntos cardinales razón por la cual me parece que la explicación que se pretende dar aquí (además de, insisto en eso, no responde a la objeción que se hace con respecto a estar de espaldas al pueblo) es absolutamente incorrecta.
Cordiales saludos
MARANA-THA
A continuación la respuesta:
¡Pax et bonum!
Apreciable Profesor Mario:
El artículo 10 Objeciones a la Misa Tradicional, inicia diciendo que existe una confusión grande al igual que un desconocimiento sobre la Misa Tradicional, es por esto el autor ha querido resumir en 10 puntos las objeciones que más se escucha repetir a la gente, todo esto con la esperanza de contribuir a la aclaración de sólo algunos puntos. Así mismo se encuentra a disposición, de recibir las solicitudes de otros puntos, al igual que abierto a las correcciones de los especialistas en el tema. Quizás sea por esto que usted no coincide de una manera «general» con las respuestas dadas, porque son muy sencillas y no son dadas por una persona docta en el tema.
Y en cuanto a la respuesta que especialmente le llamó la atención, la del punto 7, creo que el autor trató de explicar el porqué de la posición del sacerdote, el cual, en una Misa Tradicional, se encuentra «dando la espalda a los fieles», lo cual muchas personas han llegado a interpretar, que con esta actitud, pareciera que desprecia a los fieles, ya que les está dando la espalda. Es por esto que la respuesta dada no corresponde al supuesto desprecio que se pudiera llegar a percibir con esta posición que presenta el sacerdote durante la Misa. El autor explica lo de la orientación del sacerdote, con la finalidad creo yo, de que la gente comprenda el porque de esta posición. Y aunque le parezca ridículo esta posición del sacerdote hacia el oriente, tiene su sentido teológico y fundamento litúrgico, aunque tal vez tanto lo uno como lo otro, no los alcance a comprender.
Entre los motivos más «simples» que usted expone, específicamente el primero, el de poner la «mesa del altar» en el sentido de que el sacerdote quedara mirando al Oriente, parece ser tan sencillo, logrando con esto solucionar el problema, pero no es así, ya que esta acción no solucionaría nada, más adelante le indicaré porqué.
También dice usted que conoce muchos templos o «iglesias» católicas en las cuales el Altar está orientado hacia distintos puntos cardinales, y es por esta razón que le parece que la explicación que pretendió dar el autor en este artículo, es absolutamente incorrecta, al mismo tiempo de insistir en que no responde a la objeción que se hace con respecto a estar de espaldas.
Pues bien, comenzaré con aclarar algunas cosas.
Un error muy común, el cual se comete al referirse a la Misa anterior a la reforma litúrgica de 1969, es llamarla, Misa de San Pío V o Misa Tridentina; sumergiéndonos un poco en la historia podemos encontrar que <<San Gregorio Magno, Papa entre los años 590-604, fue el primero en codificar tanto los cantos como la liturgia que ya se celebraba en Roma para aquel entonces, herencia de los apóstoles Pedro y Pablo, de aquí que se le da el nombre de Rito Gregoriano a la forma en que se celebraba la Misa comúnmente en toda la Iglesia Católica hasta antes de la reforma implementada entre 1965 y 1970.>>1 <<Los Padres del Concilio, nunca celebraron una misa además de la Gregoriana. Ello [el Novus Ordo] vino después del Concilio … el Santo Padre Benedicto XVI, que es un teólogo y quién estuvo en la preparación del Concilio, actúa exactamente en el camino del Concilio, ofreciendo con libertad los diferentes tipos de celebración. Esta celebración, la Gregoriana, fue la celebración de la Iglesia durante más de mil años… Otros dicen que uno (el sacerdote) no puede celebrar con la espalda hacia la gente. Esto es ridículo. El Hijo de Dios se ha sacrificado al Padre, con su cara al Padre. No está contra la gente. Es para la gente…>>2
Es preciso también mencionar que en la Iglesia Católica existen dos grandes divisiones en cuanto a ritos se refiere:
<<Ritos occidentales y ritos orientales (cinco familias litúrgicas que incluyen 21 ritos). De los ritos occidentales el más extendido y conocido es el rito latino o romano, es decir, propio de la Iglesia de Roma. En la Edad Media la sede romana trató de unificar todos los ritos de Occidente conforme al que se utilizaba en Roma. Lo logró, pero aún así han llegado hasta hoy dos, que están localizados en espacios y grupos muy reducidos: el rito mozárabe, en España; y el rito ambrosiano, en Milán.
Los ritos orientales católicos se agrupan en cinco grandes familias:
1.-Rito alejandrino, observado por los coptos de Egipto, Etiopía y Eritrea.
2.-Rito antioqueno, observado por los siro-jacobitas, siro-malancares y maronitas (estos dos últimos, católicos en su totalidad).
3.-Rito caldeo, observado por los antiguos nestorianos, llamados también asirios, y por los siro-malabares católicos de la India.
4.-Rito armenio, observado por los armenios.
5.-Rito bizantino o constantinopolitano. Observado con algunas variantes por los bizantinos de lengua griega (en Grecia), los bizantinos o greco-católicos de lengua árabe (melquitas) y los bizantinos o greco-católicos de lenguas eslavas y otras: iglesia greco-católica ucraniana, rusa, bielorrusa, búlgara, rutena, rumana, croata, eslovaca, húngara, yugoslava (macedonia), albanesa e ítalo-albanesa.
Las estadísticas globales de la Iglesia católica incluyen a los católicos de todos estos ritos. >>3
Ahora paso a la explicación de la posición del sacerdote en el Rito Gregoriano.
A menudo escuchamos decir que cuando se oficia la Misa bajo el Rito Gregoriano, el sacerdote está de espaldas al pueblo, veamos que opinan los doctos en el tema: <<El liturgista de Innsbruck Josef Andreas Jungmann, que fue uno de los arquitectos de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Vaticano II, se opuso firmemente desde el principio al polémico tópico según el cual el sacerdote, hasta ahora, había celebrado “dando la espalda al pueblo”. Jungmann subrayaba, en cambio, que no se trataba de dar la espalda al pueblo, sino de asumir la misma orientación que el pueblo. La liturgia de la Palabra tiene carácter de proclamación y de diálogo: es dirigir la palabra y responder, y, por consiguiente, quien proclama se dirige a quien escucha y viceversa, la relación es recíproca. La oración eucarística, en cambio, es la oración en la que el sacerdote hace de guía, pero está orientado, con el pueblo y como el pueblo, hacia el Señor. Por esto, según Jungmann, la misma dirección del sacerdote y del pueblo pertenece a la esencia de la acción litúrgica. Más tarde Louis Bouyer –otro de los principales liturgistas del Concilio– y Klaus Gamber, cada uno a su manera, retomaron la cuestión. Pese a su gran autoridad, tuvieron desde el principio algunos problemas para hacerse oír, pues era muy fuerte la tendencia a poner en evidencia el elemento comunitario de la celebración litúrgica y a considerar por eso que el sacerdote y el pueblo debían estar frente a frente para dirigirse recíprocamente el uno al otro. El libro Volverse hacia el Señor (publicado en español por la editorial Cristiandad), de Uwe Michael Lang, oratoriano residente en Inglaterra, analiza la cuestión de la orientación de la oración litúrgica desde el punto de vista histórico, teológico y pastoral. Y haciendo esto, vuelve a plantear en un momento oportuno –creo yo– un debate que, a pesar de las apariencias, no ha cesado nunca realmente, ni siquiera después del Concilio>> 4
Por otro lado podemos ver que el sacerdote no está de espaldas al pueblo, más bien está de cara a Dios, ad orientem, en la misma dirección de los fieles, para que todo el espacio quede centrado y encerrado en el sentido de sacrificio que tiene la Misa.
Cabe resaltar que <<una común orientación del pueblo y el sacerdote en tanto en cuanto significa mejor el caminar juntos hacia el Señor y la pertenencia del sacerdote al Pueblo de Dios, que no debe convertirse en el protagonista como muchas veces ocurre.>> 5
Pero, ¿Por qué, Ad orientem?
<<Desde los primeros tiempos, la posición del sacerdote y del pueblo reflejaron esta comprensión de la Misa, dado que la gente oraba, de pie o de rodillas, en el lugar que visiblemente correspondía al Cuerpo de Nuestro Señor, mientras que el sacerdote, en el altar, encabezaba [la oración] como Cabeza. Formamos el Cristo total – Cabeza y miembros – tanto sacramentalmente por el Bautismo como visiblemente por nuestra posición y postura. Igual de importante es que todos – el celebrante y la congregación – miraban hacia la misma dirección, dado que estaban unidos con Cristo en la ofrenda del Sacrificio único, irrepetible, y aceptable al Padre.
Cuando estudiamos las prácticas litúrgicas más antiguas de la Iglesia, encontramos que el sacerdote y el pueblo miraban en la misma dirección, usualmente hacia el oriente, previendo que cuando Cristo regresara, lo haría “desde el este”. En la Misa, la Iglesia se mantiene en vigilia, esperando este regreso. Esta simple posición es llamada “ad orientem”, que significa “hacia el este”.
Por casi 18 siglos, la norma litúrgica fue que el sacerdote y el pueblo celebraran la Misa “ad orientem”. Deben existir razones sólidas para que la Iglesia haya sostenido esta postura por tanto tiempo. ¡Y existen!
En primer lugar, la liturgia católica siempre ha mantenido una adhesión maravillosa a la Tradición Apostólica. Vemos la Misa, y de hecho toda expresión litúrgica de la vida de la Iglesia, como algo que hemos recibido de los Apóstoles, y que nosotros, por nuestra parte, estamos llamados a transmitir intacto (1Co 11,23).
En segundo lugar, la Iglesia mantuvo esta sencilla postura hacia el este porque ésta revela en un modo sublime la naturaleza de la Misa. Incluso si alguien que no estuviera familiarizado con la Misa reflexionara sobre el hecho de que el celebrante y los fieles están orientados en la misma dirección, reconocería que el sacerdote ocupa el lugar de cabeza del pueblo, teniendo parte en una única y misma acción que – notaría después de un momento de mayor reflexión – se trata de un acto de culto.
En los últimos cuarenta años, sin embargo, esta orientación compartida se perdió; ahora el sacerdote y el pueblo se han acostumbrado a mirar en direcciones opuestas. El sacerdote mira al pueblo mientras que el pueblo mira al sacerdote, aunque la plegaria eucarística está dirigida al Padre y no al pueblo. Esta innovación fue introducida después del Concilio Vaticano, en parte para ayudar al pueblo a comprender la acción litúrgica de la Misa permitiéndole ver lo que está sucediendo, y en parte como una adaptación a la cultura contemporánea, en la que se espera que el que tiene autoridad mire directamente a las personas que sirve, como un maestro que se sienta detrás de un escritorio.
Desafortunadamente, este cambio tuvo una cantidad de efectos no previsibles y, en gran parte, negativos. Primero, que fue una seria ruptura con la tradición de la Iglesia. Segundo, que puede dar la apariencia de que el sacerdote y el pueblo están ocupados en una conversación acerca de Dios, en lugar de estarlo en el culto a Dios. Y tercero, que esto le da una importancia excesiva a la personalidad del celebrante, poniéndolo en una especie de escenario litúrgico.>> 6
Ahora hablemos a cerca del tabernáculo, el cual antes del Concilio Ecuménico Vaticano II, se encontraba siempre en el centro de cada Iglesia junto con el Altar, ahora encontramos el tabernáculo en un lugar apartado, en cualquier otra parte, menos en el centro, son pocas las Iglesias que en la actualidad lo siguen manteniendo ahí, recordemos lo que contiene dicho tabernáculo, nada más y nada menos que las Especies Eucarísticas Consagradas, el Santísimo Sacramento, la Presencia Real de Cristo, es por esto que el sacerdote al oficiar la Misa no puede darle la espalda y si damos vuelta a la “mesa del altar” como usted sugirió, que de hecho esto fue lo que hicieron después del Concilio, primero, cambiaron el Altar por una simple y llana mesa, y después le dieron vuelta, pero como no podían darle la espalda a Jesús Sacramentado, lo solucionaron ¡fácil!, lo quitaron del lugar que le corresponde, el centro, ya que al estar en el centro atrae inmediatamente la atención, los ojos y la fe de los fieles que ingresan al templo.
Bueno apreciable licenciado Mario Enrique Bruzzone, ya me despido haciéndole por último una recomendación, y es la siguiente, si ésta pequeña investigación no logra satisfacer sus inquietudes en cuanto a todo lo relacionado con la celebración de la Misa bajo el rito Gregoriano, lo invito a leer un artículo de uno de los filósofos cristianos más eminentes del mundo, profesor de la Universidad Fordham, DIETRICH VON HILDEBRAND, que acabo de publicar en este Blog, en la sección de Reflexiones, el cual lleva por título: El caso por la misa en latín. Más aún si le inquietan muchas cosas de la única Iglesia, que si retrocedemos en la historia, nos conduce por los siglos hasta llegar a Jesucristo, humildemente le recomiendo que vaya a los orígenes, que se remonte a las fuentes de la Cristiandad, los Padres de la Iglesia. Por lo que pude saber de usted en sus dos sitios en Internet, es que es un hombre muy preparado, abogado, docente, investigador y escritor, por cierto pude ver que mayormente, sus libros son del área de la religión, también estuve leyendo algo de sus publicaciones en su blog, referente al tema la esencia del Evangelio está en el sistema de vida comunitario que practicaba Jesús, compartiendo vivencias y bienes. En cuanto me sea posible le dejaré mis puntos de vista al respecto en su blog. Aparte estuve leyendo un poco sus participaciones en otros blogs y foros.
Veo que su educación la tuvo con los Salesianos, aunque después de tantos años de investigaciones que ha hecho y por la ideología que se deja ver en sus libros, los cuales no he tenido oportunidad de leer, ya que desconocía su existencia, mi percepción, que puede estar equivocada y por lo cual me disculpo de antemano si así lo fuera, se basa sólo y exclusivamente en la breve descripción de cada uno de ellos, la cual aparece en su sitio de Internet; y por último se asoman dos preguntas en mi mente la primera ¿Aún seguirá siendo Católico Apostólico y Romano?. Y la segunda, ¿Cómo llegó a mi Blog, será porque está preparando su escrito sobre la Misa en latín como lo expresó en un blog que publicaba un post con este título: Ser flexibles en la eucaristía y no regocijarse con el rito tridentino?
Y como bien firma usted, digamos ¡Ven Señor!
¡Paz y bien!
Fraternalmente:
Arturo Medina Muñoz.
Editor del Blog.
2009-12-31
Notas:
Abigail Haworth relata una escena impresionante por su dramatismo y su dureza:
“en la provincia china de Hunan, vi una escena inimaginable de horror y crueldad: el cuerpo de una niña recién nacida arrojado en la calle. Como si fuera un bulto de basura, ante la indiferencia de los que pasaban”.
La imagen es extremadamente dura, pero tenemos que mostrarla.
Ella es sólo una víctima más de la política cruel del gobierno chino: el límite de un niño por familia (en las ciudades), con aborto obligatorio.
Las fotos e informaciones son de el artículo de Abigail Haworth, publicado en la revista Marie Claire de Junio del 2001 – Edición norteamericana.
Durante horas la gente pasa ignorando a la bebé…
En la provincia china de Hunam, una escena inimaginable de horror y crueldad: el cuerpo de una niña tirado en la calle.
Omnibus y bicicletas pasan desparramando barro sobre el cadáver. De los que pasan pocos prestan atención.
Ella es una más de las miles de niñas recién nacidas que son abandonadas cada año, a consecuencia de la política del gobierno chino: el aborto y el límite de dos niños por familia (en zonas rurales).
La única persona que trató de ayudar a esta niña declaró: “Creo que ella acaba de morir. La toqué y estaba todavía caliente. Salía sangre de su nariz”.
Esa señora llamó a Emergencias pero nadie apareció. “El bebé estaba cerca de la oficina fiscal del gobierno, y muchas personas pasaban y nadie hacía nada… Saqué fotos porque es algo terrible…”
Los policías, cuando llegaron, quedaron más preocupados por mis fotos que por el bebé.
En la China, muchos opinan que las “niñas son una basura”…
¿¿¿Qué mundo es éste???
Por fin, un señor recogió el cuerpo de la niña, lo colocó en una caja y lo tiró en el tarro de la basura…
¿¿¿Qué mundo es éste???
• El Gobierno de China, el país más poblado del mundo, con 1,3 billones de personas, impuso su política de restricción de la natalidad en 1979.
• Los métodos usados causan horror y pena: los ciudadanos, aterrorizados de ser descubiertos por el gobierno, abandonan y matan a sus propios hijos.
• Oficialmente, el gobierno condena el uso de la fuerza o crueldad para controlar la natalidad. Pero en la práctica, los encargados del control sufren tanta presión para limitar la natalidad que forman “escuadrones de aborto”. Esos escuadrones arrastran a las madres “clandestinamente” embarazadas, y las mantienen en la cárcel hasta que se someten al aborto.
• Ya hubieron madres que fueron ejecutadas por rehusarse a abortar. Otras familias recibieron penas de 10 mil yenes (siete veces el salario anual de un campesino), esterilización compulsiva y confiscación de propiedades.
Los niños que nacen en esta situación no reciben instrucción escolar, ni cuidados médicos, ni ningún otro beneficio social.
• Muchos padres venden a sus hijos a otros matrimonios, para escapar del castigo del gobierno chino
• Las niñas son las mayores víctimas de la presión intolerable para limitar la familia. En la China rural, donde vive el 80% de la población, muchos campesinos opinan que sólo los varones pueden llevar adelante la familia, y consideran que sería una gran deshonra para sus ancestros no tener un heredero masculino.
Normalmente, las niñas continúan viviendo con la familia después del casamiento, y son consideradas una “inversión perdida”.
• En las regiones rurales se permite un segundo hijo o hija, pero cuando el segundo hijo es otra mujer, representa un desastre.
• Un hombre quedó tan trastornado al tener una segunda hija, que las estranguló a las dos. Otro tiró a su hija en un pozo abandonado, para que nadie se enterase de su existencia.
De acuerdo con las estadísticas oficiales, el 97,5% de los bebés abortados son niñas. Se cree que muchas son vendidas a parejas infértiles para que las autoridades no tomen conocimiento.
• El resultado es un desequilibrio entre la población masculina y femenina. Millones de hombres no consiguen encontrar una esposa. Ya existe el tráfico de mujeres. En algunos lugares hay 6 hombres para cada mujer.
• Se estima que 17 millones de niñas están “faltando” en la población de China.
• El infanticidio y el abandono son los principales factores.
• El aborto seleccionado por sexo está prohibido, pero el examen por ultrasonido, que determina fácilmente el sexo, es cotidianamente conseguido mediante soborno.
• Las niñas que sobreviven acaban en orfanatos precarios.
El gobierno chino insiste en la política de limitar la familia, e ignora el problema de la discriminación contra las hijas mujeres.
• La asistente social Wu Hongli explica que “los programas educacionales han tenido bastante éxito en algunas áreas rurales, pero todavía hay un gran trabajo por delante.
¿Qué podemos hacer?
– Enviar una protesta por email a la Embajada de China, en cada país donde esta nota sea leída.
– Enviar una protesta por carta a la Embajada de China, en tu país.
– Enviar una protesta para el Presidente de China:
Excellency President Jiang Zemin of de People’s Republic of China 9 Xihuang – Chenggen Beigie
Beijing 100032
PCR – China
– Por último, lo que nos toca a tí, a mí, a todos, es divulgar estas fotos. Y repensar cada día, a cada minuto, que todos, absolutamente todos, somos responsables de lo que pasa en cada centímetro de este bendito mundo. Por omisión, por complicidad, por desidia, por indiferencia, muchas cosas comienzan a suceder, o siguen sucediendo, bajo la mirada impasible de todos nosotros. Como decía un escritor de mi país:
“HAY QUE HACER POR LOS HOMBRES ALGO MAS QUE AMARLOS”.
Recibido por e-mail
Más datos aquí
Me gustaría saber cual es la situación actual, ya que este tremendo artículo data del 2001 (esperemos que algo haya mejorado la situación…) pero no he encontrado datos más optimistas. Y para más alarma, leo en un articulo de reciente publicación en malaprensa que “La ONU ha elogiado la política demográfica china” : Maravillas Chinas.
Artículo relacionado: Profunda crisis en China por la falta de mujeres
Tomado de: http://santa-maria-reina.blogspot.com

¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: “Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes”.
Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA. en estos términos:
“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora”.
En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:
1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,
2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…
Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación. ¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!
¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:
1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;
2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;
3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.
De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.
Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com
LUNES, 23 DE NOVIEMBRE 2009
Este anuncio probablemente será de interés para los lectores en los Estados Unidos, que se refiere a la fiesta estadounidense del próximo Día de Acción de Gracias (26 de noviembre). Sin embargo, se ocupa de cuestiones teológicas y litúrgicas de importación más global. Lo que sigue es un artículo mío que fue publicado en la edición de junio de 2004 de Homilético y Pastoral Review (pp. 57-60), titulado «Día de la Misa de Acción de Gracias» Presento aquí con la esperanza de disuadir a los lectores que son sacerdotes de utilizar el PROPERS Misa por el Día de Acción de Gracias, que se encuentra en el Misal para su uso en los Estados Unidos. En su lugar, por razones que se explican en lo que sigue, sugerimos que utilice la PROPERS para cualquiera de las dos masas en acción de gracias «(N º 39 de las» misas y oraciones por diversas necesidades y ocasiones «[N º 49 en elMissale Romanum de 2002]). Y así, buenos padres, por lo que creo que vale la pena …
Como muchos de mis hermanos sacerdotes y fieles católicos, que esperan con impaciencia la llegada de la traducción al Inglés de la nueva Missale Romanum, actualmente en obras. Ahora que la Comisión Internacional de Inglés en la Liturgia (ICEL) ha sido mejorado y el Comité de Clara Vox se ha establecido para ejercer «control de calidad» sobre los textos litúrgicos en lengua vernácula, podemos esperar razonablemente que, en la traducción tempore oportuno, un Inglés noble y precisa del Misal en latín. Además, tendremos la Misa PROPERS para muchos de los santos canonizados – o, en algunos casos, cuyas fiestas / monumentos han sido restaurados para el Calendario Romano General – desde el anterior [segunda] editio typica del Misal Romano fue publicado en 1975 . Hay, sin embargo, algo que yo no soy la esperanza de encontrar en el nuevo y mejorado Inglés-idioma Misal, siempre que pueda parecer, y que es la Misa de Acción de Gracias, utilizado en las diócesis de los Estados Unidos. , En el mejor, no es necesario, en el peor, es engañosa.
Para empezar, los católicos estadounidenses no necesitan una fiesta especial o servicio litúrgico para dar gracias a Dios. La Eucaristía es el acto supremo de acción de gracias, que se celebra en todo el mundo en los diversos ritos todos los días excepto el Viernes Santo. Además, el Misal Romano, que ya ofrece dos formularios de las misas ofrecidas en la gratitud por las bendiciones recibidas. [1] Con la misma lógica, se podría objetar que la Missa pro remissione peccatorum [2], tampoco procede, puesto que cada Misa hace presente, aquí y ahora, en forma sacramental, el sacrificio de Cristo en la cruz por el perdón de los pecados. Sin embargo, mi principal objeción a la Misa del Día de Acción de Gracias no es que no es necesario, mi principal objeción es teológica. En su forma actual, el prefacio de esta misa juega en una típicamente americano interpretación errónea de la elección divina. He aquí el texto completo: [3]
Desde este prefacio se utiliza únicamente en el Día de Acción de Gracias, es fácil comprender cómo los adoradores podrían pensar que la gente a la que el Señor entrega de la esclavitud (¶ 2) para los peregrinos. Antes de malentendidos potenciales podrían ser disipadas, la mitad del Prefacio ya se oró, momento en que se nos dice (más bien, Dios le dijo), aunque indirectamente, que las personas liberadas que llevaban la promesa de las bendiciones y la libertad eran los Judios: «¿Qué los profetas prometió se cumplió en Cristo Jesús … «(¶ 3). Dios liberó a su pueblo, Israel, de la esclavitud en Egipto y finalmente les llevaron a la libertad en la Tierra Prometida. Más tarde, a través de los profetas, Dios prometió a redimir al pueblo de la Antigua Alianza que de verdadera esclavitud que es el pecado – una promesa cumplida en Cristo. La identidad de la nación escogida podría quedar claro desde el principio, simplemente insertando la palabra «Israel» después de la palabra «pueblo» (¶ 2): «Una vez que eligió un pueblo, Israel, y les dio un destino …»
Más problemática, sin embargo, es el resto del Prólogo. Se presenta con razón Éxodo de Israel como un hecho arquetípico de proporciones épicas, pero pide a la discutible (para mí, al menos) la conexión de dicho fenómeno con la experiencia norteamericana: Así como Dios liberó al pueblo elegido de la esclavitud, por lo que «en cada generación, «por la gracia del Misterio Pascual (¶ 3), Él libera a la gente de la cautividad del pecado y el diablo, de hecho,» lo que ocurrió a nuestros padres «y» nos sucede aún, en nuestro tiempo «, a través del testimonio de la Iglesia y la mediación (¶ 4) – «es» ser la salvación prometida por los Profetas y se dio cuenta en cada generación de los renacidos en Cristo. Dado que la identidad de «nuestros padres» no se indica, supongo que el término se refiere tanto a los peregrinos y los puritanos que vinieron a América a partir de 1620, o para todos nuestros antepasados inmigrantes independientemente de su lugar de origen. En el primer caso, el prefacio es potencialmente engañosa en este último caso, es históricamente inexacto.
Es poco probable que «nuestros padres» es una referencia general a todos los inmigrantes de antaño, ya que el contexto proporcionado por el anterior (el tercero) del párrafo se incluyen esos padres entre «todos los hombres que han creído que Jesús con su muerte y resurrección, les dio una nueva libertad en su Espíritu. «Sin duda, sin embargo, el autor del prefacio sabían que no todos los que vinieron a este» lugar de promesas y esperanzas «eran cristianos (aunque después del Concilio Vaticano II estaba de moda en algunos círculos teológicos a hablar de» cristianos anónimos » ).
Teniendo en cuenta que este prólogo se utiliza únicamente en el Día de Acción de Gracias, creo que con seguridad puede suponer «nuestros padres» que han sido los puritanos del siglo 17. Todos eran cristianos, incluso si su ultra-protestantismo colocó decididamente fuera de la Tradición de la ortodoxia cristiana histórica (que es por lo que fueron perseguidos en Inglaterra y se embarcó a estas costas). Si estoy en lo correcto, entonces no creo que estoy fuera de línea en el interrogatorio, con todo respeto ecuménico, si un texto litúrgico católico debe memorizar (aunque sea implícitamente) una secta cuyo vuelo a América, se hizo necesario por su afán de purificar la (Anglicana ) Iglesia de la vieja levadura del catolicismo. Pero tengo una objeción de más peso.
Aunque reconozco que, de una manera u otra, todas las generaciones de cristianos han dado expresión a el misterio de la redención en analogías sugeridas por su cultura y sus circunstancias, sin embargo, creo que en forma paralela al éxodo Pilgrim (¶ 4) con el Éxodo de Israel (¶ 2 ) alienta una tipología falsa. Agradeciendo la herencia hebrea del cristianismo y convencido de que la Iglesia era apóstata, los puritanos veían a sí mismos como el nuevo Israel, los restos incorruptos de los fieles, recién salido de la cautividad transatlántica y ponchando en el desierto. (La historia del cristianismo está llena de restos de fieles que han restablecido la Iglesia «verdad», por lo general en oposición a la Iglesia romana supuestamente falsas, y luego, más tarde, en oposición a sus propias iglesias anteriormente verdad.) Al igual que el Israel bíblico, que consideraban a sí mismos como que ha suscrito un convenio especial con Dios para ser su pueblo. Cabe señalar que el Día de Acción de Gracias, celebrada por primera vez en el otoño de 1621, se deriva de la fiesta de la cosecha judía de los Tabernáculos (o Tabernáculos), el anual de ocho días anticipación ceremonial de la gran cosecha mesiánica de todas las naciones que se produzca a finales de tiempo. [4] Los puritanos auto-identificación como Israel reconstituido dio lugar a la idea, ahora largo arraigada en nuestra psique nacional, que Estados Unidos es el niño mimado de la Providencia divina, una (la?) elegido cada nación cuya aspiración está asegurado por el Todopoderoso. [5] Wrong. La Iglesia, no Estados Unidos, es el nuevo Israel, el cumplimiento de la promesa de que Israel sería «una luz para las naciones» (Isaías 49:6), el centro de todas las naciones a las que están destinadas a converger con el fin de ver las gloria de Dios. Aunque me gusta mi país, no dudo en añadir que Estados Unidos es una nación de muchos, no menos amado por Dios, pero no más. Textos de facilitar una interpretación errónea del único Pueblo de Dios (para los que no hay en plural) no tienen cabida en nuestros libros litúrgicos.
Estoy seguro de que los agentes de una reforma litúrgica «de la reforma» tiene cosas más importantes para freír (o pavos para cocinar). Y me sorprendería saber que la Misa del Día de Acción de Gracias ha cruzado la mente de nadie si se tiene en cuenta las mejoras desde hace mucho tiempo que deben introducirse en el idioma Inglés-Misal [para su uso en los Estados Unidos]. Sin embargo, no es demasiado tarde para considerar o bien extirpar esta Misa por completo, o al menos la revisión de su Prefacio a fin de evitar errores de identificación de los elegidos de Dios, Pueblo peregrino y la ciudad que habitan. Por eso, sería muy agradecido.
NOTAS
[1] Missale Romanum, 3 ª edición típica (Ciudad del Vaticano, Librería Editrice Vaticana, 2002), Missae et Orationes pro variis necessitatibus vel ad diversa, N ° 49 ( «Pro Gratiis Deo Reddendis», pp. 1153-54. Estas dos masas formularios aparecen también en las anteriores ediciones del Misal de Pablo VI (1970 y 1975).
[2] Ibid., N ° 38 ( «Pro remissione Peccatorum»), pp. 1139-40.
[3] Prefacio # 84 en el Misal de Inglés para su uso en los Estados Unidos. Los números al comienzo de cada apartado no aparecen en el Misal, los cuales están destinados a facilitar la referencia.
[4] Véase Lev. 23:33-43. A diferencia de las otras dos festividades que se celebran cada año en peregrinación en masa a Jerusalén, a saber, la Pascua y Pentecostés, la Fiesta de los Tabernáculos, no tiene equivalente en el ciclo litúrgico cristiano. Los puritanos no toleraba las celebraciones religiosas carecen de precedentes en la Antigua Alianza, ni siquiera en Navidad.
Original en Idioma Inglés,
traducción hecha con Google traductor
Tomado de: http://www.newliturgicalmovement.org/
MONDAY, NOVEMBER 23, 2009
This post will probably be of interest primarily to readers in the United States, as it concerns the upcoming American holiday of Thanksgiving Day (26 November). Yet it addresses theological and liturgical issues of more global import. What follows is an article of mine that was published in the June 2004 issue of Homiletic and Pastoral Review (pp. 57-60), titled «Thanksgiving Day Mass.» I present it here in the hope of dissuading readers who are priests from using the Mass propers for Thanksgiving Day, as found in the Sacramentary for use in the United States. Instead, for reasons that are explained in what follows, I suggest using the propers for either of the two Masses «In Thanksgiving» (No. 39 of the «Masses and Prayers for Various Needs and Occasions» [No. 49 in the Missale Romanumof 2002]). And so, good Fathers, for what you think it’s worth…
Tomado de: http://www.newliturgicalmovement.org/

LOS PURITANOS INGLESES En la concepción puritana, las Escrituras tenían el propósito de impartir la verdad en forma tal que el lector se moviera en dirección a Dios. Estas no necesitaban de iluminación externa, sino que se alumbraban a si mismas. Por lo tanto, rechazaban el uso de doctrinas ajenas para interpretar el texto bíblico.
Una de las principales dificultades en el estudio de los diversos movimientos sueltamente mencionados como Puritanismo es formular una exacta definición capaz de incluir las variadas y a veces mutuamente inconsistentes formas de creencias usualmente clasificadas bajo ese nombre. En su sentido original significó “aquellos que luchan por lograr un culto purificado de toda contaminación de papismo” (Maitland, ob. cit. inf., 590). Un escritor más reciente, adoptando y expandiendo esta definición agrega: “Las numerosas y variadas sectas y personas que caen dentro de esta definición, fueron usualmente caracterizadas por una aversión por el regocijo y por un amor apasionado por la libertad cívica” (Trevelyan, ob. cit. inf., 60). Podemos ver los primeros comienzos del Puritanismo Inglés en la actitud de aquellos que en 1563 entraron en la “Controversia de la Vestimenta” oponiéndose al uso por parte del clero, de la capa y la toga en la vida diaria y del sobrepelliz en la iglesia. Los exiliados ingleses de Ginebra fueron activos en la causa y, para 1565 su resistencia a los deseos de la reina sometió a algunos de ellos a la pérdida de beneficios. Esta controversia de derechos y vestimentas devinieron en una controversia de organización política, hasta que emergió el Presbiterianismo en antagonismo con el Episcopalianismo. Aún dentro del proceso el movimiento se desarrolló en tan divergentes líneas que el Puritanismo rápidamente incluyó tres diferente teorías del gobierno de la Iglesia. En primer lugar estaban los moderados que deseaban retener el gobierno a través de los obispos, aunque preferían darle el título de “superintendente”, pero que deseaban las costumbres del Establishment para ajustarse más cercanamente a las prácticas Ginebrinas. Los que apoyaban este sistema estaban en acuerdo con los Presbiterianos Escoceses, que había sido establecido por John Knox. En segundo lugar estaban los Presbiterianos estrictos, quienes deseaban la forma de gobierno Calvinista como asimismo su teología y orden de culto. En Inglaterra el movimiento fue liderado por Thomas Cartwright de Cambridge, cuya doctrina de que debía haber igualdad de autoridad y que el obispo y el presbítero eran uno, fue rápidamente adoptada en Escocia. En tercer lugar estaban los Clérigos Libres o Independientes quienes repudiaban todo poder coercitivo en la Iglesia y deseaban que todos los hombres fueran libres de formar congregaciones. Su líder fue Robert Brown, cuyos seguidores fueron al principio perseguidos tanto por los Anglicanos como por los Presbiterianos, pero cuyos descendientes crecieron en poder e influencia hasta que bajo Oliver Cronwell se convirtieron en el partido predominante.
Estos tres cuerpos diferían uno del otro en doctrina, organización eclesiástica y en su opinión de tolerancia. La fortaleza común de estos tres cuerpos del Puritanismo residía en los resultados logrados por el estudio general de la Biblia, en la cual los Puritanos aprendieron las relaciones del hombre con Dios como se ejemplificaba en las historias y parábolas de las Santas Escrituras. Este estudio privado de las Escrituras fue llevado a cabo mediante la ayuda de interpretación privada la que inevitablemente resultó en la multiplicación de sectas menores tales como los hombres de la Quinta Monarquía, Niveladores (Levellers), Cavadores (Diggers) y otros. Así, el Puritanismo nunca podría lograr un sistema dogmático reconocido. Al principio compartió muchas opiniones Calvinistas con los teólogos del la Iglesia Establecida, pero estas fueron abandonadas por algunas y las doctrinas de Calvino fueron primeramente rechazadas por los Bautistas y luego por los Cuáqueros y los Unitarios. Sin embargo, la falta de una teología consistente fue menos percibida debido al gran énfasis que los Puritanos depositaban en “servir a Dios en espíritu y verdad” – por sentimiento y conducta más que por doctrina. Este espíritu es más pronunciado en las obras Puritanas que alcanzaron mayor popularidad: «Pilgrim’s Progress» de Bunyan, «Journal» de George Fox, «History of My Own Life» de Thomas Ellwood y «Saint’s Everlasting Rest» de Baxter. En materia de gobierno de la Iglesia, se tornó necesario algún tipo de sistema y los Presbiterianos Escoceses desarrollaron un plan, expresado en el Primer Libro de Disciplina propuesto en la Asamblea de Edimburgo de 1560, el que se ocupaba principalmente de la propia congregación. Este fue complementado por el Segundo Libro de Disciplina de 1578 que regulaba la dependencia de la congregación de las cortes superiores. Mediante estos el Presbiterianismo estaba completamente establecido; ya que los superintendentes fueron abolidos y toda autoridad fue transferida de los ministros individuales a cuatro cuerpos, la Sesión Kirk (Sesión Iglesia), el Presbiterio, el Sínodo Provincial y la Asamblea General.
Los Puritanos Ingleses consideraron este sistema desde dos diametralmente opuestos puntos de vista. Fue aprobado por los Presbiterianos y condenado por los Independientes. Pero por un tiempo fueron mantenidos unidos por la común necesidad de oponerse a la alianza que se estableció bajo Jacobo I entre el partido de la Alta Iglesia y la Corona. La disputa se convirtió en política, y el Arminianismo, el Epicospalismo, y el derecho divino del soberano mantenido por este partido fue enfrentado por el Calvinismo, Presbiterianismo y Republicanismo del otro. Cuando las proclamaciones del Largo Parlamento resultaron en la victoria de los Puritanos, sus propias diferencias internas clamaron por un acuerdo y la Asamblea de Westmister de 1643 fue un intento fallido de componerlo. Los cuatro partidos, Presbiterianos Moderados, Presbiterianos Escoceses, Erastianos e Independientes, habiendo peleado fieramente, acordaron en un compromiso que favorecía a los moderados. Los Presbiterianos, sin embargo, gradualmente perdieron terreno debido al creciente poder de los Independientes quienes tenían el fuerte apoyo de Cronwell y su ejército. Ellos, a su turno, fueron destruidos como poder político por la Restauración, momento desde el cual el Puritanismo cesó de ser una fuerza en Inglaterra bajo tal nombre, y sobrevivió solamente en las diversas sectas Inconformistas que se han incrementado y multiplicado en número hasta el presente, sin, sin embargo, ningún aumento de fuerza colectiva. Muchos de estos organismos hace tiempo dejaron de representar al Puritanismo en cualquier sentido excepto en disentir de la Iglesia Establecida. Uno de los más pintorescos incidentes en la historia del Puritanismo y uno de influencia de largo alcance en la subsiguiente historia Americana, fue la partida de los “Padres Peregrinos” – setenta y cuatro Puritanos Ingleses y veintiocho mujeres – quienes hicieron vela desde Inglaterra en el May Flower y desembarcaron en Plymouth Rock, el 25 de Diciembre de 1620. Allí ellos fundaron una colonia, representando ambos tipos, siendo la colonia de Plymouth Congregacionalista, y los habitantes de Massachusetts Bay, Presbiterianos.
Escrito por Edwin Burton.
Transcripto por M.E. Smith.
Traducido por Luis Alberto Alvarez Bianchi
Bibliografía CAMPBELL, «Puritanism in Holland, England, and America» (Londres, 1892); DEXTER, «England and Holland» (Londres, 1906); GREGORY, «Puritanism» (Londres, 1895); WAKEMAN, «The Church and the Puritans: 1570-1660» (Londres, 1887); BYINGTON, «The Puritan in England and New England» (Londres, 1896), que da una útil bibliografía; NEAL, «History of the Puritans, 1517-1688» (Londres, 1822); STOWELL AND WILSON, «History of the Puritans in England» (Londres, 1849); HOPKINS, «The Puritans: Church, Court and Parliament during the reigns of Edward VI and Elizabeth» (Boston, 1859-61); MARSDEN, «History of the early Puritans, to 1642» (Londres, 1850); IDEM, «History of the later Puritans, 1642-62» (Londres, 1852); TULLOCH, «English Puritanism and its leaders» (Edinburgo, 1861); MAITLAND, «The Anglican Settlement and the Scottish Reformation» en «Cambridge Modern History», II (Cambridge, 1903); TREVELYAN, «England under the Stuarts» (Londres, 1904). Ver además «Reprints of the Clarendon Historical Society» (Edinburgo, 1882-6).
Tomado de: http://ec.aciprensa.com/wiki/index.php?title=Puritanos&oldid=3246
La fiesta por excelencia en Estados Unidos es el llamado Thanksgiving Day o Día de Acción de Gracias que, desde 1789, se celebra el cuarto jueves de noviembre (hoy).Con la excusa, el viernes hacen puente, que sumado al sábado y al domingo, son cuatro días perfectos para ver a la familia. El caso es que como en EE. UU. las distancias son tan extensas, es la fecha del año en la que más desplazamientos se producen.
Encontramos los orígenes de la tradición en la época colonial, en el contexto de los conflictos religiosos con Inglaterra. En este caso, estaban enfrentados lospuritanos con la Iglesia de Inglaterra (ya separada de la católica desde Enrique VIII) ya que, para ellos, las reformas no eran suficientes y se parecía demasiado a la iglesia romana. La monarquía apoyó a la Iglesia ( pues eran los jefes de la misma) y los puritanos más exaltados, los llamados separatistas (pilgrins o peregrinos), se vieron forzados a exiliarse. Lo intentaron en los Países Bajos, pero al fracasar en su intento (en esta época estaban en disputas religiosas entre sí y con los españoles), pusieron sus miras en el teritorio de ultramar. No hacía mucho que las potencias europeas de habían delimitado los ámbitos de actuación en el Nuevo Mundo. España y Portugal se quedaron en el sur y franceses e ingleses, exploraron la zona del norte hasta Florida. Allí, al instaurar un nuevo sistema, respirarían un ambiente de libertad religiosa.
El 16 de septiembre de 1620 se embarcaron en el el puerto de Plymouth(Inglaterra), en un barco llamado Mayflower, 101 puritanos. En noviembre, el Mayflower llegó a la punta del cabo Cod y acabaron desembarcando un més más tarde en una pequeña ensenada bautizada casualmente por anteriores exploradores con el nombre del puerto inglés del que ellos habían partido, Plymouth, en lo que más tarde sería el estado de Massachusetts.
Al desembarcar, nombraron gobernador, pero el hambre y las enfermedades acabaron pronto con él y con la mitad de sus compañeros, por lo que nombraron uno nuevo: William Bradford. Mantuvieron relaciones cordiales con los indios de la zona. Estos les brindaron su ayuda (aunque de haber sabido lo que se les echaba encima, probablemente no lo hubieran hecho). Gracias a los indios, al año siguiente la colonia obtuvo el fruto de su primera plantación de maiz, lo cual les hizo acabar con el hambre.
En el otoño de aquel 1621, Bradford instituyó “un día de dar gracias al Señor para que podamos de una manera más especial regocijarnos después de haber recogido el fruto de nuestro trabajo”. Se preparó una gran comida, a la cual se invitó como agradecimiento a los indios de la zona.
Al principio el alcance de la celebración fue sólo regional, y de hecho, no se celebraba con regularidad. La unificación de los que entonces eran las Trece Colonias en lo que hoy conocemos como los Estados Unidos de América en 1789, fue lo que hizo que George W. Washington, primer presidente del nuevo estado, decidiera instaurarla como fiesta nacional.
Desde entoces, no hay cole yanqui que se precie que se resista a vestir de pavo a algún alumno para su función de teatro.
Tomado de: http://potnia.wordpress.com/2007/11/28/dia-de-accion-de-gracias/

†
En 1939 la Iglesia emergía de una situación creada por los años de guerra (1936-39) y por los años precedentes de la República (1931-36). La nota dominante fue una persecución sistemática, denunciada solemnemente por el Papa y el Episcopado ante el mundo entero. La Constitución de la República y las leyes que la desarrollaron (1931-33) habían sometido a la Iglesia (a la institución y a los ciudadanos católicos) a los siguientes vejámenes:Privación del derecho a la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y retirada de los crucifijos. Prohibición a las Congregaciones Religiosas de ejercer la enseñanza, apenas paliada por retrasos en la ejecución y por iniciativas creadoras de nuevos colegios; en 1936 el Gobierno manda ocupar los edificios.

Detención de Religosas Adoratrices por milicianos.
Disolución de las Ordenes con voto especial de obediencia al Papa, que se aplicó a la Compañía de Jesús, con nacionalización e incautación efectiva de todos sus bienes muebles e inmuebles y supresión de la vida en común. Nacionalización de todos los inmuebles de la Iglesia (templos, seminarios, conventos, etc.) y de todo el mobiliario destinado al culto. Extinción del Presupuesto del Clero, con el que se compensaban en parte las rentas de los bienes raíces anteriormente incautados: estrechez y aun miseria para el común de los sacerdotes. Leyes contra la institución familiar (secularización del matrimonio, divorcio, aborto). Precariedad en la asistencia religiosa a los católicos acogidos en centros asistenciales. Intromisión estatal en la vida de las Congregaciones. Restricción del culto fuera de los templos e incautación de los cementerios. Todo, agravado porque, al multiplicarse las arbitrariedades abusivas de autoridades subalternas, solían quedar impunes.

Imágenes profanadas y destruidas.
Los Obispos de entonces resumieron así la situación: se trata a la Iglesia, no como a persona jurídica respetada, sino como a un peligro.Al llegar la guerra, la Iglesia recobró su libertad en la zona nacional. En la llamada zona roja se procedió desde el primer momento a su destrucción. La Iglesia deja de existir como institución pública reconocida. Lo que subsiste de su actividad es clandestino, especialmente en las grandes urbes, que facilitan el ocultamiento.

Quema del Colegio Ntra. Sra. de las Maravillas de los Hnos. de La Salle.
Los grupos revolucionarios –socialistas, comunistas, anarquistas-, continuando lo que inició en 1934 la revolución organizada por el partido socialista, en Asturias, realizaron en forma premeditada una destrucción sistemática: con exhibición e impunidad y en gran medida como instrumentos del Estado o detentadores de su poder. Si la intensidad fue mayor en el año 1936, los efectos, con nuevas amenazas y no pocas víctimas, continuaron hasta el fin.

Templos destruidos y profanados.
Se interrumpió todo culto público, toda predicación, toda publicación, toda institución y asociación religiosa. Se inutilizaron para su destino todos los edificios (iglesias, conventos, seminarios, etc.), se profanaron, se convirtieron en almacenes, mercados, cuarteles…Se quemaron o destrozaron muchas iglesias y la mayor parte de los retablos, imágenes, altares. Se requisó o dispersó el ajuar litúrgico, con pérdidas de decenas de millares de obras del patrimonio artístico. Se saquearon o incendiaron numerosos archivos y se expoliaron bibliotecas.

Detención del Cardenal Segura.
Los sacerdotes y religiosos fueron acosados con voluntad de exterminio. Entre los religiosos, principalmente, los varones; pero algunas de las víctimas más tempranas fueron religiosas de clausura, como las Carmelitas de Guadalajara, declaradas Mártires por la Santa Sede. Bastaba ser sacerdote para ser asesinado, casi siempre sin apariencia de juicio y en muchísimos casos con crueldad horrenda.

Iglesia de las Madres Salesas.
Un jefe revolucionario afirmó en agosto de 1936: “El problema de la Iglesia…nosotros lo hemos resuelto yendo a la raíz. Hemos suprimido sus sacerdotes, las iglesias y el culto”. “La Iglesia ha sido completamente aniquilada”.

Profanación de tumbas y cadáveres.
Se salvaron de morir únicamente los que lograron esconderse o los que, como presos, se beneficiaron de la moderación de algunos funcionarios.

Parodia de milicianos. Los que iban a llevar a España a la libertad...
Pasada la tormenta, y ajustados los recuentos de víctimas se comprobó que habían sido sacrificados trece obispos (no se salvó ninguno de los que permanecieron en la zona, excepto un ciego hospitalizado), y unos siete mil sacerdotes y religiosos, lo que equivale, como promedio, a un tercio del total del Clero en la zona republicana, alcanzando en algunas diócesis casi la mitad.
Al Clero hay que añadir decenas de miles de seglares, asesinados sólo por su condición de católicos piadosos o miembros de asociaciones apostólicas, sin contar los ejecutados por razones más directamente políticas.

Fusilamiento de la imagen del Sagrado Corazón.

Milicianos y milicianas disfrazados de Hijas de la Caridad vitoreando a Rusia y el comunismo.

†
* Texto: Monseñor José Guerra Campos (La Iglesia en España. Síntesis histórica)
Publicado por Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina
Tomado de: http://santa-maria-reina.blogspot.com/

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Ya en esta época, y para propagar la devoción al sagrado Corazón de Jesús, Margarita María se esfuerza por hacer imprimir imágenes. Después de algunas negociaciones decepcionantes con un religioso, se dirige a una visitandina de Dijon, Sor Jeanne Madeleine Joly, que realiza el dibujo pedido. Las primeras imágenes son impresas en París al principio del año 1688.
¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: “Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes”.
Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA. en estos términos:
“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora”.
En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:
1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,
2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…
Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación. ¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!
¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:
1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;
2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;
3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.
De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.
Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com

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Mictlantecuhtli es el Señor de la Muerte, su cabeza es una calavera, es el Dios del Mictlan o región de los muertos.
En pleno año 2009, parece como si nunca hubiera llegado el mensaje del Evangelio a estas tierras de América, aún se sigue creyendo en lo que creían los que no tenían conocimiento del único y verdadero Dios, uno y trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Se sigue creyendo en las creencias del México prehispánico, se cree y practica la festividad mexicana y centroamericana del Día de Muertos, que se celebra también en muchas comunidades de Estados Unidos, donde existe una gran población mexicana y centroamericana.
Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en México son anteriores a la llegada de los Misioneros Españoles. Los antiguos Mexicanos, vivían en tinieblas, porque aún no llegaba a ellos la luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo, no habían oído hablar de aquél que es el Camino la Verdad y la Vida, por lo cual nadie va al Padre sino es por Él.

Mictecacíhuatl
Las diferentes culturas tales como:
Olmecas, Mayas, Teotihuacanos, Toltecas, Aztecas, Zapotecos, Tarascos, Mexicas, tenían sus propias creencias, sobre el destino de los muertos, de entre sus creencias resalta esta, la de El Mictlán, lugar destinado a quienes morían de muerte natural.

Cultura Prehispánica
Este lugar era habitado por Mictlantecuhtli y Mictacacíhuatl, señor y señora de la muerte. Era un sitio muy oscuro, sin ventanas, del que ya no era posible salir.
El camino para llegar al Mictlán era muy tortuoso y difícil, pues para llegar a él, las almas debían transitar por distintos lugares durante cuatro años. Luego de este tiempo, las almas llegaban al Chignahuamictlán, lugar donde descansaban o desaparecían las almas de los muertos.
Para recorrer este camino, el difunto era enterrado con un perro, el cual le ayudaría a cruzar un río y llegar ante Mictlantecuhtli, a quien debía entregar, como ofrenda, atados de teas y cañas de perfume, algodón (ixcátl), hilos colorados y mantas.
Quienes iban al Mictlán recibían, como ofrenda, cuatro flechas y cuatro teas atadas con hilo de algodón.
Los entierros prehispánicos eran acompañados de ofrendas que contenían dos tipos de objetos: los que, en vida, habían sido utilizados por el muerto, y los que podría necesitar en su tránsito al inframundo.
De esta forma, era muy variada la elaboración de objetos funerarios: instrumentos musicales de barro, como ocarinas, flautas, timbales y sonajas en forma de calaveras; esculturas que representaban a los dioses mortuorios, cráneos de diversos materiales (piedra, jade, cristal), braseros, incensarios y urnas.

Altar de Muertos
Las fechas en honor de los muertos son y eran muy importantes, tanto, que les dedicaban dos meses.
Durante el mes llamado Tlaxochimaco, se llevaba a cabo la celebración denominada Miccailhuitontli o fiesta de los muertitos, alrededor del 16 de julio.
Esta fiesta iniciaba cuando se cortaba en el bosque el árbol llamado xócotl, al cual le quitaban la corteza y le ponían flores para adornarlo. En la celebración participaban todos, y se hacían ofrendas al árbol durante veinte días.
En el décimo mes del calendario, se celebraba la Ueymicailhuitl, o fiesta de los muertos grandes. Esta celebración se llevaba a cabo alrededor del 5 de agosto, cuando decían que caía el xócotl. En esta fiesta se realizaban procesiones que concluían con rondas en torno al árbol. Se acostumbraba realizar sacrificios de personas y se hacían grandes comidas. Después, ponían una figura de bledo en la punta del árbol y danzaban, vestidos con plumas preciosas y cascabeles. Al finalizar la fiesta, los jóvenes subían al árbol para quitar la figura, se derribaba el xócotl y terminaba la celebración. En esta fiesta, la gente acostumbraba colocar altares con ofrendas para recordar a sus muertos, lo que es el antecedente del actual altar de muertos.
Como verán esto es lo que muchos “Cristianos” celebran hoy 2 de Noviembre.

Altar de muertos
Para los Misioneros Españoles, no fue tan fácil cambiar la mentalidad de manera radical, es por eso que algunos misioneros no quitaron esa costumbre, pero sí le cambiaron el sentido de pagano a cristiano y a eso se le llama una actividad misionera.
Más bien le fueron añadiendo algunos elementos cristianos para quitar el culto a creencias paganas y sólo tributarlo al único Dios verdadero, uno y trino.
Pero, nos encontramos a una enorme distancia de aquél tiempo al nuestro, por lo cual ahora que conocemos el mensaje del Evangelio, ya no son necesarios estos altares de muertos, paganos, cristianizados.
Los paganos creían que los rumbos destinados a las almas de los muertos estaban determinados por el tipo de muerte que habían tenido, y no por su comportamiento en la vida. Los paganos tenían la creencia que los muertos venían a comer lo que ellos ofrendaban en sus altares.

Yo soy Dios de vivos, no de muertos.
Nosotros los Cristianos creemos que existe el infierno, el purgatorio y el paraíso, se llama así al «tercer cielo» al que San Pablo es conducido en éxtasis (II Corintios 12:4) y a la morada eterna donde vivirán los justos (San Lucas 23:43: Nuestro Señor Jesucristo dice al buen ladrón «hoy estarás conmigo en el paraíso»).
Creemos que Nuestro Señor Jesucristo venció la muerte y resucitó. Creemos en aquellas palabras que dijo:
“Todo el que crea en mi aunque muera vivirá” (San Juan. 60,40)
“El que coma mi cuerpo y beba mi sangre tendrá vida eterna y yo lo resucitaré en el ultimo día” (San Juan. 6,54)
Así como aquello de:
“Yo te aseguro que hoy, estarás conmigo en el paraíso” (San Lucas. 24,43)
por lo tanto los muertos están con Dios.
¿O en el fondo, llegamos a creer que nuestros muertos comen las ofrendas?
Nuestro Señor Jesucristo no enseñó eso ¿A quien seguimos? ¿Qué creemos?
Para nosotros los Cristianos Católicos la mejor forma de honrar y ayudar a nuestros difuntos es participando del Santo Sacrificio de la Misa, confesarnos para poder comulgar y ofrecer la comunión por ellos el 2 de Noviembre, rezar por ellos y ofrecer sufragios.
La Iglesia Católica Apostólica y Romana no celebra la muerte, si no la vida, porque Cristo ya la venció con su Resurrección, de ahí que en el lenguaje Cristiano Católico se dice día de los Fieles Difuntos y no día de muertos. Éste se entiende en el lenguaje popular, no en el litúrgico. Se debe entender, todos aquellos que fueron fieles a Cristo y ya murieron.
Así debemos conmemorar este día dando testimonio de nuestra vida cristiana.
¿Qué es mejor? ¿Comulgar y pedir por nuestros difuntos o poner un altar en donde se ofrenda comida que bien se puede dar a la gente necesitada y que lo más común es que se tire porque ya no sirve para su consumo?
Por Arturo Medina Muñoz.
Editor del Blog.
Fuentes consultadas:

Las Escrituras y los Padres, ordenan oraciones y oblaciones por los que han partido y el Concilio de Trento (Sess. XXV, "De Purgatorio")
Del 1 AL 8 DE NOVIEMBRE
Se concede indulgencia plenaria, aplicable sólo a las almas del purgatorio, a los fieles cristianos que visiten piadosamente un cementerio y que oren por los difuntos. Durante los demás días del año se concede indulgencia parcial.

Concilio de Trento
El Concilio de Trento (Sess. XXV) define que las indulgencias son «muy saludables para los Cristianos» y que su «uso es para ser mantenida en la Iglesia». La enseñanza más común de los teólogos Católicos es que las indulgencias pueden ser aplicadas a las almas detenidas en el purgatorio; y que las indulgencias están disponibles para ellos «por medio del voto» (per modum suffragii).(1) Agustín (De Civ. Dei, XX, ix) declara que las almas de los creyentes que han partido no están separadas de la Iglesia, la cual es el Reino de Cristo, y por esta razón las oraciones y votos de los vivos son de ayuda para los muertos.
«Entonces, si» – argumenta Belarmino (De indulgentiis, xiv) «podemos ofrecer nuestras oraciones y satisfacciones en pro de aquellos detenidos en el purgatorio, porque somos miembros del gran cuerpo de Cristo ¿porqué la Vicaría de Cristo no aplica a las mismas almas la superabundante satisfacción de Cristo y sus santos- de los cuales El es su dispensador?» Esta es la doctrina de Santo Tomás (IV, Sent., dist. Xls, q.ii, a.3 q.2) quien afirma que las indulgencias benefician principalmente a la persona que realiza la obra por la cual es dada la indulgencia, y secundariamente puede servir igual para los muertos, si la forma en la cual la indulgencia es otorgada es enunciada como capaz de tal interpretación, y agrega «tampoco hay razón alguna por la que la Iglesia no disponga de sus tesoros de méritos en favor de los muertos, como seguramente dispone en relación a los vivos». (2) San Buenaventura (IV, Sent., dist. Xx, p.2, q.v) concuerda con Santo Tomás pero agrega que tal «relajación no puede darse bajo la forma de absolución como en el caso de los vivos, sino sólo en la forma de voto (Haec non tenet modum judicii, sed potius suffragii). Esta opinión de San Buenaventura, que la Iglesia a través de su Pastor Supremo no absuelve jurídicamente las almas en el purgatorio del castigo debido a sus pecados, es la enseñanza de los Doctores.
Ellos señalan (Gratian, 24 q. ii, 2, can.1) que en el caso de aquellos que han partido de esta vida el juicio está reservado a Dios; ellos afirman la autoridad de Gelasio (Ep. ad Fausturn; Ep. ad. Episcopos Dardaniae) en apoyo de su argumento (Graciano ibid), y también insisten que los Pontífices Romanos cuando otorgan indulgencias que son aplicables a los muertos, agregan la restricción «per MODEM suffragii et deprecationis«. Esta frase se encuentra en la Bula de Sixto IV «Romani Pontificis próvida diligentia«, 27 de Nov., 1447. La frase «per modum suffragi et deprecationis» ha sido interpretada de varias maneras (Belarmino, «De Indulgentiis» p. 137). Belarmino mismo dice: «La opinión verdadera es que las indulgencias valen como votos, porque ellas valen no para modelar una absolución jurídica ‘quia non prosunt per modum juridicae absolutionis‘.» Pero, de acuerdo al mismo autor, el voto de los creyentes vale por momentos «per modum meriti congrui» (por vía del mérito), y en otros momentos, «per modum impetrationis» (por medio de súplica) a veces «per modum satisfactionis» (por medio de satisfacción); pero cuando se trata de aplicar una indulgencia a alguien en el purgatorio sólo es «per modum suffragii satisfactorii» y por esta razón «el papa no absuelve el alma en purgatorio del castigo debido al pecado, sino que ofrece a Dios lo que sea necesario de sus tesoros para la cancelación de este castigo».
Si la cuestión continuara si tal satisfacción es aceptada por Dios por piedad y benevolencia, o «ex justitia», los teólogos no están de acuerdo – algunos sostienen una opinión, otros otra. Belarmino luego de examinar ambos lados (pp. 137, 138) no osa establecer «ninguna opinión sino que se inclina a pensar que los primeros son más razonables mientras que se pronuncia que los últimos están mas en armonía con la misericordia («admodum pia«).

La enseñanza más común de los teólogos Católicos es que las indulgencias pueden ser aplicadas a las almas detenidas en el purgatorio; y que las indulgencias están disponibles para ellos «por medio del voto» (per modum suffragii).(1) Agustín (De Civ. Dei, XX, ix) declara que las almas de los creyentes que han partido no están separadas de la Iglesia, la cual es el Reino de Cristo, y por esta razón las oraciones y votos de los vivos son de ayuda para los muertos.
A. Condición.
Para que una indulgencia pueda beneficiar a aquellos en el purgatorio, se requieren varias condiciones:
La indulgencia debe ser otorgada por el Papa.
Debe haber suficiente razón para otorgarla, la indulgencia y su razón deben incumbir a la gloria de Dios y utilidad de la Iglesia, no solamente para ser más útiles para las almas del purgatorio. La obra pía ordenada debe ser como en el caso de las indulgencias para los vivos. Si el estado de gracia no es una condición requerida, con toda probabilidad la persona que desempeña la obra puede ganar la indulgencia para los muertos, incluso si el mismo no esté en amistad con Dios (Belarmino, loc. Cit., p.139). Suárez (De Poenit., disp. HI, s.4, n.5 y 6) establece esto categóricamente cuando dice: «Status gratiae solum requiritur ad tollendum obicem indulgentiae» (el estado de gracia es solo requerido para remover algún estorbo a la indulgencia), y en el caso de las almas sagradas, no puede haber impedimento. Esta enseñanza deslinda con la doctrina de la Comunión de los Santos y los monumentos de las catacumbas representan los santos y mártires como intercesores con Dios por los muertos. También las oraciones de las antiguas liturgias hablan de María y los santos intercediendo por aquellos que se han ido de esta vida. Agustín cree que el entierro en una basílica dedicada a un sagrado mártir es de valor para un muerto, porque aquellos que recuerdan su memoria que ha sufrido recomendará a las oraciones del mártir el alma de aquel que ha dejado esta vida (Belarmino, lib. II, xv) En el mismo lugar, Belarmino acusa a Domingo A. Soto de imprudencia porque niega esta doctrina.
Para leer más acerca del Purgatorio da clic en el siguiente enlace:
Tomado de:

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«Non serviam»
No es raro escuchar hoy en día a dignatarios eclesiásticos afirmar en sus homilías o escritos que Satanás y el infierno son nociones alegóricas salidas de lo más oscuro de la Edad Media, cuando los hombres no vivían más que en el miedo y la superstición.
Los tiempos han cambiado, las «luces» del siglo XVIII han sobrevenido y hemos tenido el Vaticano II (1962-1965). Dios es bueno y si la existencia del Tentador no es explícitamente negada, al menos es pasada en completo silencio.
Respecto al infierno, estaría vacío, porque Cristo ha salvado a todos los hombres de una vez y para siempre en la Cruz. Creer en Satanás y en su influencia sobre el comportamiento humano de los hombres y de la sociedad es dar prueba de infantilismo. Pretender que una persona puede condenarse eternamente en el infierno es un insulto a la bondad de Dios. Todo eso es muy tranquilizante, pero ¿es la verdad?
Todas estas teorías nuevas se oponen completamente a la Sagrada Escritura y a la doctrina católica. En efecto, hay que recordar que la Biblia habla más de mil veces del demonio y que sólo en el Nuevo Testamento se cuentan 568 referencias al demonio y al infierno. Es preciso recordar que la Biblia es un libro inspirado y que Dios no habla para no decir nada… Además, el Concilio de Arles (473) condenó a quienes no creían en el infierno.
Las reformas litúrgicas implantadas durante estos últimos treinta años confirman desgraciadamente estas tendencias. En el ritual del bautismo anterior a la reforma de 1970 el sacerdote debía hacer tres exorcismos bien explícitos al bautizando. Actualmente no queda sino uno, que además pasa casi inadvertido. Esto ha causado grandes daños y doy como ejemplo el caso que sigue.
Habiendo sido director de escuela durante diez años, puedo testimoniar la eficacia de estos exorcismos practicados durante el bautismo y que hoy han sido virtualmente suprimidos. Recuerdo particularmente que uno de mis alumnos tenía una proclividad a unos terribles arranques de cólera, siendo fuente de gran preocupación para los profesores y para sus padres.
Un día éstos vienen a verme porque su hijo estaba volviendo irrespirable la atmósfera familiar. Después de una larga charla, les pregunté si el niño había recibido el bautismo según el rito tradicional. La respuesta fue negativa. Entonces les propuse, no volver a administrarlo, sino completarlo, agregando aquello que había sido suprimido después de la última reforma, es decir, ciertas unciones y los famosos exorcismos. Aunque estaban dubitativos, aceptaron en razón de la desesperación.
Algunos días más tarde se realizó la ceremonia para completar el bautismo. El joven se transformó de manera espectacular y así persevera hasta nuestros días. No se trata de que se haya convertido en un ángel sino que se convirtió en un niño que tiene las reacciones propias de su edad. ¡La paz volvió al hogar! La presencia de estos exorcismos durante el bautismo tenía su razón de ser y eficacia cierta.

31 de Octubre
Es preciso subrayar que la creencia en el demonio ha sido banalizada, deformada o devaluada a nivel de fábula. Los libros de Harry Potter, la fiesta de Halloween que se importa desde los Estados Unidos y que se trata de imponer en todo el mundo, son algunos entre muchos otros ejemplos. Son raros los sacerdotes que hablan del infierno, del demonio, de estos dogmas ya sea en sus sermones o en los cursos de catecismo.

Harry Potter y el misterio del príncipe, ¿De cuál príncipe será?
He visto a muchas de estas personas hundidas en el desasosiego más completo. La caída de la práctica religiosa, especialmente de la confesión, de la Eucaristía, y la falta de disponibilidad de los sacerdotes, que se encargan más de asuntos sociales que del estado de las almas, dan a Satanás una influencia innegable. La violencia, la delincuencia de los jóvenes, la desunión de las familias, la inmoralidad, los suicidios, los desórdenes sociales, la proliferación de las sectas, son consecuencias de una sociedad que excluyó a Dios de su seno y de un clero que defeccionó de su misión. Porque no se quiere dejar reinar a Cristo Rey sobre la sociedad y las almas, el príncipe de este mundo, Satanás, impone su ley.
Claro que todavía es posible dar con exorcistas que creen en lo que hacen. Pero están solos y no se los escucha mucho. Cómo no dudar de la fe de este famoso sacerdote exorcista francés, el Padre Isidore Froc, que en su libro «¿Qué hacen los exorcistas?» afirma que «el fin del exorcismo (…) es educar en la fe y en la oración; los exorcistas se dedican a acoger, compartir, aconsejar; es por eso que los exorcistas todavía son útiles». No dice una sola palabra sobre Satanás y sobre las oraciones del exorcismo, explicando finalmente que los exorcismos practicados por Cristo, según narran los Evangelios, son «concesiones a la época y como hechos culturales». ¿Cuáles son las razones que tiene para decir eso y qué pruebas arrima? ¡Ninguna!
La gran victoria de Satanás hoy no reside en la negación de su existencia sino en el hecho de que el clero ya no habla de él. Abandonados respecto a la formación y sin defensas, los fieles desorientados olvidan la existencia de este adversario «que merodea como un león buscando a quien devorar» (Carta del Apóstol San Pedro, V,VIII) y no pueden combatirlo por los medios que Cristo trajo, a saber: los sacramentos, la oración y la penitencia.
Algunos dirán que predicar sobre Satanás y el infierno podría ser traumatizante. Esta objeción es inconsistente. En efecto, la Madre de Dios, que es una gran pedagoga, no dudó en mostrar el infierno al cual se precipitan tantas almas a los tres niños de Fátima, que tenían entre siete y diez años. Esta visión terrible los trasformó y los impulsó a rezar con entusiasmo por la conversión de los pobres pecadores. ¡Cuántas almas le deberán la salvación a sus sacrificios!
Debemos estar convencidos de que Satanás y los demonios existen, que son ángeles caídos que se rebelaron contra Dios. Fueron precipitados al infierno en castigo de su orgullo. Movidos por odio a Dios y a las almas, quieren implicar en su desdicha la mayor cantidad posible de almas. Por esta razón tientan a los hombres desde el pecado original a perder el cielo, del que ellos fueron privados por su falta. Los que ceden a la tentación y no quieren vivir los principios del Evangelio harán compañía a estos demonios en su suplicio eterno. Dios es bueno pero también es justo. No puede dar la misma recompensa a quien lleva una vida de penitencia y oración y al que vive como si Dios no existiese. Los que respetan los mandamientos de Dios y de la Iglesia se salvarán, los que los desprecien se condenarán. ¡Es justo!
Cuidado: Satanás no es ni un dios del mal, ni es todopoderoso, como decían los maniqueístas. Es un ángel caldo que no muerde sino a quienes se acercan a él. El cristiano, provisto de las armas de la oración, del Rosario, de los sacramentos y de la penitencia, puede resistirlo y vencerlo. Puede levantarse de sus caídas y esperar en la misericordia de Dios.
Los que enseñan una doctrina contraria son criminales, y ponen en peligro no sólo sus almas sino también las de aquellos que los escuchan. Estrictamente hablando, escandalizan y provocan sobre ellos la ira divina.
Queridos lectores, que la Madre de Dios «fuerte como un ejército preparado para la batalla» sea nuestro refugio y nuestra fuerza en este combate contra las fuerzas infernales desatadas. Que Ella nos proteja de todo mal en este mundo y que nos abra las puertas del cielo el día de nuestra muerte. ¡Que Dios los bendiga!
Tomado de:
A petición de un comentario que hizo Magui en la publiación Diez objeciones a la Misa Tradicional, en este blog el día 23 de Agosto de 2009, en el cual pregunta si es correcto que un laico de la comunión a los fieles y unido al reciente comentario de Sergio, el día de ayer 30 de Octubre de 2009 en la misma publicación, en el cual comenta que se ha mudado a California y ha observado que en todas las misas hay hombres y mujeres ayudando al Padre a dar la Comunión, pidiendo así saber a que se deben estos hechos, con el fin de aclarar un poco estas inquietudes publico la siguiente información, esperando queden aclaradas sus dudas al respecto.
Autor: Una Voce Reino de Castilla

Noli me tangere! «¡No me toques!» (Io 20, 17)
«Por respeto a este sacramento [de la santísima Eucaristía] ninguna cosa lo toca que no sea consagrada, por lo tanto los corporales como el cáliz se consagran, lo mismo que las manos del sacerdote, para poder tocar este sacramento». Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, III q. 82, a. 3, c.
Noli me tangere! «¡No me toques!» (Io 20, 17)
I. Benedicto XVI, Exh. apost. Sacramentum Caritatis (22-II-2007), Distribución y recepción de la Eucaristía, n. 50:
[50] «Otro momento de la celebración, al que es necesario hacer referencia, es la distribución y recepción de la santa Comunión. Pido a todos, en particular a los ministros ordenados y a los que, debidamente preparados, están autorizados para el ministerio de distribuir la Eucaristía en caso de necesidad real, que hagan lo posible para que el gesto, en su sencillez, corresponda a su valor de encuentro personal con el Señor Jesús en el Sacramento. Respecto a las prescripciones para una praxis correcta, me remito a los documentos emanados recientemente».
II. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instr. Redemptionis Sacramentum (25-III-2004), El ministro extraordinario de la sagrada Comunión, nn. 154.158:
[154] «Como ya se ha recordado, “sólo el sacerdote válidamente ordenado es ministro capaz de confeccionar el sacramento de la Eucaristía, actuando in persona Christi”. De donde el nombre de “ministro de la Eucaristía” sólo se refiere, propiamente, al sacerdote. También, en razón de la sagrada Ordenación, los ministros ordinarios de la sagrada Comunión son el Obispo, el presbítero y el diácono, a los que corresponde, por lo tanto, administrar la sagrada Comunión a los fieles laicos, en la celebración de la santa Misa. De esta forma se manifiesta adecuada y plenamente su tarea ministerial en la Iglesia, y se realiza el signo del sacramento».
[158] «El ministro extraordinario de la sagrada Comunión podrá administrar la Comunión solamente en ausencia del sacerdote o diácono, cuando el sacerdote está impedido por enfermedad, edad avanzada, o por otra verdadera causa, o cuando es tan grande el número de los fieles que se acercan a la Comunión, que la celebración de la Misa se prolongaría demasiado [cf. S. Congr. Disciplina Sacramentos, Instr., Immensae caritatis, n. 1; Pontificia Comisión para la Interpret. auténtica del Código de Derecho Canónico, Respuesta “ad propositum dubium”, día 1 de junio de 1988; Congr. Clero y otras, Instr., Ecclesiae de mysterio, Disposiciones prácticas, art. 8 § 2]. Pero esto debe entenderse de forma que una breve prolongación sería una causa absolutamente insuficiente, según la cultura y las costumbres propias del lugar».
III. El Código de Derecho Canónico establece que «son ministros ordinarios de la sagrada comunión el obispo, el presbítero y el diácono» (Código de Derecho Canónico, 25-I-1983, canon 910 § 1). Como enseña el Santo Padre Juan Pablo II, «tocar las sagradas Especies, su distribución con las propias manos es un privilegio de los ordenados, que indica una participación activa en el ministerio de la Eucaristía» (Carta Dominicae Cenae, 24-II-1980, n. 11).
IV. No obstante, hay circunstancias en las que –ya sea por la escasez de ministros ordinarios, o por la imposibilidad de ejercer su ministerio, o por otras causas [1]– los fieles podrían quedar privados de recibir la Sagrada Comunión, quizá durante largo tiempo. Por otra parte, es clara la necesidad de este sacramento para la vida cristiana según las palabras del Señor: «si no coméis la Carne del Hijo del hombre y no bebéis su Sangre, no tendréis vida en vosotros» (Io 6, 53). Por esto, bajo determinadas condiciones, la Iglesia permite que la Sagrada Eucaristía pueda ser distribuida también por ministros extraordinarios.
Con palabras de Juan Pablo II, «la Iglesia puede conceder tal facultad a personas que no son ni sacerdotes ni diáconos, como los acólitos, en el ejercicio de su ministerio, especialmente si están destinados a su futura ordenación, o como a otros laicos debidamente autorizados por una justa necesidad, y siempre después de una adecuada preparación» (Carta Dominicae Cenae, 24-II-1980, n. 11).
V. En este sentido, el Código de Derecho Canónico establece que «donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, […] dar la sagrada Comunión, según las prescripciones del derecho» (Código de Derecho Canónico, 25-I-1983, canon 230, § 3).
El Ordinario del lugar puede designar ad actum vel ad tempus a un fiel para que supla al ministro ordinario en la distribución de la Eucaristía [2]. Se deduce, por tanto, que han de concurrir simultáneamentelas circunstancias de verdadera necesidad y de carencia de ministro ordinario, para que otro fiel pueda actuar lícitamente como ministro extraordinario de la Sagrada Eucaristía.
VI. Por desgracia, en algunos lugares se ha difundido la intervención abusiva, por innecesaria, de ministros extraordinarios en la distribución de la sagrada Comunión. No faltan quienes, haciendo caso omiso de las disposiciones, antes recordadas, sobre el carácter excepcional de dicho ministerio, llegan a considerarlo como de ordinaria administración, o bien como una especie de premio para agradecer la colaboración de los laicos en otras funciones.
En particular, la Iglesia reprueba «la costumbre de aquellos sacerdotes que, a pesar de estar presentes en la celebración, se abstienen de distribuir la comunión, encomendando esta tarea a laicos» [3]. Estos abusos conducen tristemente, en muchos casos, a un enfriamiento de la fe en la presencia real del Señor en la Eucaristía, que da lugar a irreverencias.
VII. Hay quienes han pretendido justificar la intervención de los ministros extraordinarios para distribuir la sagrada Comunión dentro de la Santa Misa, con algunas interpretaciones arbitrarias del Código de Derecho Canónico. Por esto, para atajar tales abusos y prevenir otros, la Congregación para los Sacramentos formuló en 1987 la siguiente pregunta a la Pontificia Comisión para la interpretación auténtica del C.I.C.:
Pontificio Consilium de Legum Textibus, Interpretationes authenticae, can. 910, § 2 (cf. AAS, LXXX, 1988, 1373):
Patres Pontificiae Commissionis Codici Iuris Canonici Authentice Interpretando proposito in plenario coetu diei 20 Februarii 1987 dubio, quod sequitur, respondendum esse censuerunt ut infra:
D. Utrum minister extraordinarius sacrae communionis, ad normam cann. 910, § 2 et 230, § 3 deputatus, suum munus suppletorium exercere possit etiam cum praesentes sint in ecclesia, etsi ad celebrationem eucharisticam non participantes, ministri ordinarii qui non sint quoquo modo impediti.
R. Negative.
Summus Pontifex Ioannes Paulus II de supradicta decisione certior factus, die 1 iunii 1988 eam publici iuris fieri iussit.
Rosalius Iosephus Card. Castillo Lara, Praeses
Iulianus Herranz, a Secretis
Pontificia Comisión para la Interpret. auténtica del Código de Derecho Canónico, Respuesta “ad propositum dubium”, día 1 de junio de 1988, can. 910, § 2 (cf. AAS 80 [1980] p. 1373):
Los Padres de la Pontificia Comisión para la Interpretación auténtica del Código de Derecho Canónico, en la reunión plenaria del día 20 de febrero de 1987, han considerado que deben responder a las dudas que siguen como se indica abajo:
D. «Si el ministro extraordinario de la sagrada comunión, designado según las normas de los cáns. 910, § 2 y 230, § 3, puede ejercer su función supletoria también cuando estén presentes en la iglesia ministros ordinarios que no están de algún modo impedidos, aunque no participen en la celebración eucarística».
R. Negativo.
El Sumo Pontífice Juan Pablo II informado de la decisión arriba indicada el día 1 de junio de 1988, la ordenó publicar.
Rosalio José Card. Castillo Lara, Presidente
Julián Herranz, Secretario
La respuesta de la Comisión Pontificia fue: Negative [4]. Roma locuta, causa finita. Por tanto, es patente que en presencia de ministros ordinarios (obispo, sacerdote o diácono), sean o no celebrantes en las ceremonias litúrgicas, con tal que no estén impedidos de alguna manera, no está permitido a los ministros extraordinarios distribuir la Sagrada Eucaristía, ni a sí mismos ni a los demás.
VIII. A la anterior interpretación auténtica se referió el Santo Padre Juan Pablo II en un discurso a un grupo de obispos de los Estados Unidos de América en visita «ad limina Apostolorum», insistiendo en la necesidad de corregir las directrices diocesanas que estén en contraste con las disposiciones vigentes para la Iglesia universal:
«Recently, there was a clarification of the supplementary character of the faculty granted to lay persons to distribute Holy Communion as extraordinary Eucharistic ministers. The conditions established in the Code of Canon Law were authentically interpreted last year, at which time I directed the Congregation for the Sacraments to communicate the decision to the Episcopal Conferences throughout the world. In some cases there may still be a need to revise diocesan policies in this matter, not only to ensure the faithful application of the law but also to foster the true notion and genuine character of the participation of the laity in the life and mission of the Church». (John Paul II, Speech to a group of Bishops from the United States of America on their «ad Limina» visit, 9-XII-1988, n. 6).
«Recientemente se ha hecho una aclaración del carácter suplementario de la facultad concedida a los laicos de distribuir la Sagrada Comunión, como ministros extraordinarios de la Eucaristía. Las condiciones establecidas en el Código de Derecho Canónico fueron auténticamente interpretadas el año pasado, cuando pedí a la Congregación para los Sacramentos que comunicara la decisión a las Conferencias Episcopales de todo el mundo. En algunos casos puede haber todavía necesidad de corregir las directrices diocesanas en esta materia, no sólo para asegurar la fiel aplicación de la ley sino también para fomentar la verdadera noción y el genuino carácter de la participación en la vida y misión de la Iglesia». (Juan Pablo II,Discurso a un grupo de obispos de los Estados Unidos de América en visita «ad limina Apostolorum», 9-XII-1988, n. 6, en «L’Osservatore Romano», 11-XII-1988).
IX. Por si hiciera falta, el Sumo Pontífice aprobó de forma específica el 15-VIII-1997 la Instr. Ecclesiae de mysterio, de la Congregación para el Clero y otros dicasterios de la Curia Romana, (cf. Disposiciones prácticas, art. 8 § 2 y Conclusión), que establece y decreta:
«Para que el ministro extraordinario, durante la celebración eucarística, pueda distribuir la sagrada Comunión, es necesario o que no se encuentren presentes ministros ordinarios o que, estos, aunque presentes, se encuentren verdaderamente impedidos [5]».
«Quedan revocadas las leyes particulares y las costumbres vigentes que sean contrarias a estas normas, como asimismo eventuales facultades concedidas ad experimentum por la Santa Sede o por cualquier otra autoridad a ella subordinada.
El Sumo Pontífice, en fecha del 13 Agosto 1997, ha aprobado de forma específica el presente decreto general ordenando su promulgación.
Del Vaticano, 15 Agosto 1997. Solemnidad de la Asunción de la B.V. Maria».
X. Las disposiciones de la Santa Sede no dejan, pues, lugar a duda. Si, a pesar de todo, algunos no quieren obedecer, un cristiano coherente no puede colaborar con esos abusos aceptando recibir la Sagrada Eucaristía de un ministro extraordinario, si no se cumplen todos los requisitos del derecho. Los sacerdotes, por su parte, han de poner los medios a su alcance para evitar la difusión de tales abusos, ocupándose también de llevar la sagrada Comunión a los fieles enfermos o impedidos, aunque les suponga un esfuerzo considerable.
CODA
1. Qué hacer ante los abusos litúrgicos: «No se puede callar ante los abusos, incluso gravísimos, contra la naturaleza de la Liturgia y de los sacramentos, también contra la tradición y autoridad de la Iglesia, que en nuestros tiempos, no raramente, dañan las celebraciones litúrgicas en diversos ámbitos eclesiales. En algunos lugares, los abusos litúrgicos se han convertido en una costumbre, lo cual no se puede admitir y debe terminarse». Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instr. Redemptionis Sacramentum, 25-III-2004, n. 4.
2. Exposición ante la Sede Apostólica: «Cualquier católico, sea sacerdote, sea diácono, sea fiel laico, tiene derecho a exponer una queja por un abuso litúrgico, ante el Obispo diocesano o el Ordinario competente que se le equipara en derecho, o ante la Sede Apostólica, en virtud del primado del Romano Pontífice [5]». Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instr. Redemptionis Sacramentum, 25-III-2004, n. 184.
3. Algunas direcciones de dicasterios de la Curia Romana:
CONGREGAZIONE PER IL CULTO DIVINO E LA DISCIPLINA DEI SACRAMENTI
Piazza Pio XII 10 – 00120 CITTÀ DEL VATICANO
Tel. 06-698.84316 – Fax 06-698.83499
CONGREGAZIONE PER LA DOTTRINA DELLA FEDE
Piazza del Sant’Uffizio 11 – 00120 CITTÀ DEL VATICANO
Tel. 06-698.83357 – Fax 06-698.83409
PONTIFICIA COMMISSIONE «ECCLESIA DEI»
Piazza del Sant’Uffizio 11 – 00120 CITTÀ DEL VATICANO
Tel. 06-698.85213 – Fax 06-698.83412
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NOTAS
[1] Cf. S. Congregación para la Disciplina de los Sacramentos, Instr.Immensae caritatis, 29-1-1973, n. 1: AAS 65 (1973) 265.
[2] Cf. S. Congregación para la Disciplina de los Sacramentos, Instr.Immensae caritatis, 29-1-1973, n. 1: AAS 65 (1973) 266.
[3] Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instr. Redemptionis Sacramentum (25-III-2004), n. 157; cf. S. Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, Instr. Inaestimabile donum, 3-IV-1980, n. 10: AAS 72 (1980) 336.
[4] Cf. Communicationes XX, 1 (1988) p. 76. La respuesta, del 1-VI-1988, fue publicada en «L’Osservatore Romano» del 20-VII-1988, p. 2.
[5] Pontificia Comisión para la Interpretación auténtica del Código de Derecho Canónico, Respuesta (1 junio 1988): AAS 80 (1988), p. 1373.
[6] Cf. Código de Derecho Canónico, c. 1417 § 1.
A petición de un comentario que hizo Magui en la publiación Diez objeciones a la Misa Tradicional, en este blog el día 23 de Agosto de 2009, en el cual pregunta si es correcto que un laico de la comunión a los fieles y unido al reciente comentario de Sergio, el día de ayer 30 de Octubre de 2009 en la misma publicación, en el cual comenta que se ha mudado a California y ha observado que en todas las misas hay hombres y mujeres ayudando al Padre a dar la Comunión, pidiendo así saber a que se deben estos hechos, con el fin de aclarar un poco estas inquietudes publico la siguiente información, esperando queden aclaradas sus dudas al respecto.
El título provisional es Pignus redemptionis ac futurae gloriae, y se trata de una «instrucción» firmada por las Congregaciones para la Doctrina de la fe, ypara el Culto y la Disciplina de los Sacramentos. El borrador de la última versión del documento ha sido distribuido a obispos y a consultores el 5 junio pasado, y la publicación de la redacción definitiva está prevista para finales de este año o principios del 2004.
La instrucción fue preanunciada por Juan Pablo II en el número 52 de la encíclica Ecclesia de Eucharistia: «Por desgracia, es de lamentar que, sobre todo a partir de los años de la reforma litúrgica posconciliar, por un mal entendido sentido de creatividad y de adaptación, no hayan faltado abusos», escribió el Papa en el texto firmado el Jueves Santo de este año. Y precisó: «Para reforzar el sentido profundo de las normas litúrgicas, he solicitado a los Dicasterios competentes de la Curia romana que preparen un documento más específico, incluso con rasgos de carácter jurídico, sobre este tema de tanta importancia».

Una danza india realizada frente al Papa en una Ceremonia Eucarística.
Es lo que se propone, justamente, la instrucción en gestación, que en 200 párrafos apunta a 37 «abusos» principales contra el Eucaristía. El texto ha sido elaborado por un equipo compuesto por tres miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe, guiados por el dominico Joseph Augustine Di Noia, y de tres expertos del culto divino, con el padre marista Anthony Ward a la cabeza.
El principal elemento de novedad probablemente está indicado en el párrafo 197 del actual borrador, titulado De quaerelis circa abusus in re liturgica, en el cual se afirma que «todo católico, sacerdote o diácono o fiel laico, tiene el derecho de presentar querella acerca de los abusos litúrgicos», en vía preferencial «al propio obispo diocesano», pero también «al pastor equiparado sui iuris o a la Santa Sede». Y en el párrafo siguiente se pide que «todos dispensen el debido respeto a los que lamentan el abuso, y se abstengan de palabras que puedan perjudicar la buena fama de los denunciantes. Pues a nadie le es lícito lesionar la buena fama de quien goza de ella.»
Pero ¿cuáles son los abusos enumerados en la instrucción? En realidad se vuelve sobre materias ya ampliamente tratadas en otras veces: desde elCódigo de derecho canónico a otros varios documentos litúrgicos, como demuestra el amplio repertorio de 316 notas.
Entremos en lo específico. Una referencia, no explícita, parece apuntar a las Iglesias del Norte de Europa, con Alemania a cabeza, a causa de lo que es considerado un excesivo protagonismo de los laicos. Se habla en efecto de los así llamados «asistentes pastorales», acerca de los cuales se dice en el n. 41: «No responden a ninguna necesidad desde el punto de vista eclesiológico», y que «no pocas veces ostentan de manera no apta caracteres asumidos del ministerio sacerdotal. Así se crea una figura que presenta elementos auténticamente laicales e impropiamente clericales, excesivamente moldeada sobre la forma del ministerio pastoral de los clérigos».

Sacerdotes con gorras “no litúrgicas” en el Encuentro Mundial de la Juventud
Para resolver las muchas dificultades que de esta confusión de roles se pueden derivar, «donde exista, el asistente pastoral no asuma funciones durante la celebración litúrgica, aunque falten sacerdotes y diáconos. Su compromiso se centre sobre todo en esto: promover el ministerio de los sacerdotes y de los diáconos, suscitar vocaciones al sacerdocio y al diaconado, y procurar que en cada comunidad cristiana los fieles laicos se preparen con esmero, según las normas del derecho, para las diversas funciones litúrgicas». Y se añade en el párrafo siguiente: «En las celebraciones litúrgicas cada cual, ateniéndose a su función, desarrolle sólo y todo lo que le corresponde. No les es nunca lícito a los laicos arrogarse el oficio y la vestimenta del diácono o del sacerdote». A los «asistentes pastorales» y, en general, a los «alumnos del seminario, estudiantes de teología» y a cualquier «otro género de laicos», sea cual sea el grupo, la comunidad o la asociación de pertenencia, les está prohibida la predicación durante la celebración de la Misa» (n. 55).
Siguiendo con la referencia a la participación de los laicos, en el segundo capítulo se dice que la Eucaristía no puede considerarse una «concelebración» del sacerdote con los fieles presentes (n. 34), y las expresiones «comunidad celebrante» y «asamblea celebrante» deben ser evitadas, porque evocan estilos políticos de decir, que poco tienen que ver con la materia litúrgica.

Hoy en día es muy común ver niñas monaguillas en las parroquias, y luego se asustan cuando las religiosas reclaman el sacerdocio
En el capítulo cuarto, el texto llama a redefinir el espacio sagrado del presbiterio, poniendo nuevamente las rejas y las barandas, donde hayan sido eliminadas, y a colocarlos en las iglesias en construcción. (n. 78). En el octavo capítulo pone el dedo en la llaga, en el tema de las relaciones ecuménicas, pidiendo que se evite la expresión: «hospitalidad eucarística» (n. 153), y no poner en la Misa a ministros de otras confesiones cristianas cerca de los concelebrantes católicos, (n. 175), ni de pedir a ellos bendiciones para los fieles católicos (n.176).
Asumir a niñas como «monaguillas» queda a juicio del obispo, pero ha de evitarse «sin una justa causa pastoral; y nunca los sacerdotes deben creerse obligados a llamar a las niñas para este servicio». Y respecto a los ministerios ordenados de los laicos, estos sólo deben ser ejercidos por estricta necesidad, y tienen que denominarse «ministros extraordinarios de la comunión», y no «de la Eucaristía».
En el capítulo sobre la correcta celebración de la santa Misa, entre otras cosas,se excluye la posibilidad de «aplausos y danzas en el interior del edificio sagrado, inclusive fuera de la celebración eucarística. Y no se admita ningún pretexto a favor» (n. 60). Al fin, todos los abusos tratados están resumidos en el capítulo nueve y, como estrategia para combatirlos, los católicos son invitados a denunciarlos.
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La instrucción en preparación toma de mira 37 «abusos» principales contra la Eucaristía, y se compone de 200 párrafos. Está dividida en 9 capítulos, con una premisa, una conclusión y un apéndice sobre los derechos de los fieles laicos en materia litúrgica. Entre las otras cosas, se desaconseja la distribución de la Eucaristía bajo las dos especies (n. 85), y se prohíbe la comunión «autoservicio» (n. 87).

¿Y el Sacramento del Orden Sacerdotal para que lo Instituyó Nuestro Señor Jesucristo?
El capítulo primero de la instrucción habla de la responsabilidad del obispo en la administración del sacramento de la Eucaristía; en particular se solicita una revisión y una renovación de las Comisiones litúrgicas nacionales y la creación de un grupo de nuevos expertos «firmes en la fe católica y bien preparados en materia teológica y cultural» (n. 17).
A las Conferencias episcopales les queda prohibida toda experimentación, a menos que se haya conseguido, tras explícita solicitud, el consentimiento de laCongregación para el Culto (n. 19). El segundo capítulo está dedicado a la participación de los laicos, el tercero a la correcta celebración de la santa Misa. Los siguientes capítulos, cuarto y quinto, tratan de la «Sagrada comunión» y algunos problemas particulares (desde los ornamentos litúrgicos al lavado del purificador, a la prohibición de sombreros no previstos por la liturgia durante la celebración al abierto, en caso de sol o lluvia). El sexto está dedicado a la conservación de la Eucaristía y a los actos de culto sin Misa; el séptimo trata de los ministerios de los laicos; el octavo, sobre el ecumenismo en relación a la Eucaristía; el noveno resume los abusos y propone la estrategia para combatirlos.
En el cuarto capítulo, el texto invita a redefinir el espacio sagrado del presbiterio, reponiendo las verjas en lugar de las barandillas, donde aquellas hayan sido eliminadas, y a proyectarlas en las iglesias en construcción (n. 78). El octavo capítulo vuelve a poner el dedo en la llaga de las relaciones ecuménicas, pidiendo se evite la expresión «hospitalidad eucarística» (n. 153),no colocar, durante la Misa, a ministros de otras confesiones cristianas al lado de los concelebrantes católicos (n. 175), ni se pidan a aquellos bendiciones por parte de los fieles católicos (n. 176).
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En Revista JESUS , nº 10, octubre 2003; traducción: P. Jesús Álvarez,ssp; revisión: P. Benito Spoletini ssp).
Tomado de: http://www.san-pablo.com.ar/rol/?seccion=articulos&id=201

"En virtud de la reverencia debida a este sacramento nada lo toca sino las cosas consagradas; por eso, para tocar este Sacramento, se consagran el corporal y el cáliz así como las manos del sacerdote" (III, q. 82, a. 3). Santo Tomás de Aquino
A petición de un comentario que hizo Magui en la publiación Diez objeciones a la Misa Tradicional, en este blog el día 23 de Agosto de 2009, en el cual pregunta si es correcto que un laico de la comunión a los fieles y unido al reciente comentario de Sergio, el día de ayer 30 de Octubre de 2009 en la misma publicación, en el cual comenta que se ha mudado a California y ha observado que en todas las misas hay hombres y mujeres ayudando al Padre a dar la Comunión, pidiendo así saber a que se deben estos hechos, con el fin de aclarar un poco estas inquietudes publico la siguiente información, esperando queden aclaradas sus dudas al respecto.

Actualmente no se necesita recibir el sacramento del orden sacerdotal para administrar el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo,las manos comunes y corrientes de los laicos lo administran a los fieles y en la mano, como si fuera una goma de mascar.
La introducción de la comunión en la mano fue invariablemente seguida por la introducción de ministros extraordinarios de la Eucaristía. Pero contrariamente a la comunión en la mano, que fue aceptada en los primeros tiempos de la Iglesia, el uso de ministros extraordinarios durante la Misa no tiene precedente histórico. Ni la más mínima evidencia puede ser invocada para probar que la Sagrada Comunión haya sido jamás administrada durante la liturgia sino por un obispo, sacerdote o diácono.
En los primeros siglos hay evidencia de casos, pero siempre fuera de la liturgia.
Para el siglo trece era ya una tradición establecida que sólo aquello que había sido específicamente consagrado para ese propósito podía entrar en contacto con el Santísimo Sacramento hasta que Éste hubiera sido colocado en la boca del comulgante. Santo Tomás de Aquino (1225-1274) escribió a este respecto (III, q. 82, a. 3):
“La distribución del Cuerpo de Cristo pertenece al sacerdote por tres razones. Primero, porque él consagra in persona Christi. Pero así como Cristo consagró Su Cuerpo en la Cena, también Él lo dio a los otros para que participaran de él. Consecuentemente, así como la consagración del Cuerpo de Cristo pertenece al sacerdote, del mismo modo su distribución también le corresponde a él. En segundo lugar, porque el sacerdote es el intermediario establecido entre Dios y el pueblo, por lo cual, así como le pertenece ofrecer los dones del pueblo a Dios, también le pertenece a él dispensar al pueblo los dones consagrados. Tercero, porque en virtud de la reverencia debida a este sacramento, nada lo toca sino las cosas consagradas; por eso, para tocar este sacramento, se consagran el corporal y el cáliz, así como las manos del sacerdote. En consecuencia, a nadie le es lícito tocarlo, excepto caso de necesidad, por ejemplo, si estuviera por caer al suelo o en otro caso de urgencia”.

El sacerdote consagra in persona Christi.
El documento que autoriza la introducción de ministros extraordinarios de la Eucaristía es una Instrucción de la Sagrada Congregación para el Culto Divino, del 29 de enero de 1973, titulada Immensae caritatis. Ella autoriza el uso de ministros extraordinarios en “casos de genuina necesidad”. Esta es la enumeración de los casos, pero siempre y cuando:
a) no haya sacerdote o diácono;
b) éstos se vean impedidos de administrar la Sagrada Comunión por motivo de otro ministerio pastoral, razones de salud o avanzada edad;
c) el número de fieles por recibir la Sagrada Comunión sea tal que la celebración de la Misa o la distribución de la Eucaristía fuera de la Misa pueda verse indebidamente prolongada.
La Instrucción estipula que:
“Dado que estas facultades son concedidas sólo por el bien espiritual de los fieles y para casos de genuina necesidad, se recuerda a los sacerdotes que no por esto ellos están excusados de la tarea de distribuir la Eucaristía a los fieles que legítimamente la piden, y especialmente darla a los enfermos”.
Es difícil imaginar la existencia de circunstancias que justifiquen el uso de ministros extraordinarios no tratándose de tierras de misión. Aunque también es posible que estas circunstancias se den cuando a un sacerdote a cargo de vastas áreas le resulte físicamente imposible administrar la Sagrada Comunión a todos los enfermos y moribundos que lo requieran. Por supuesto, el bien de las almas debe tener toda prioridad, de manera que si se presenta la alternativa entre alguien que muera sin recibir este sacramento o recibirlo de un laico, indudablemente esta última es la preferible, siempre suponiendo que al sacerdote le haya resultado físicamente imposible concurrir. Obviamente, en tales circunstancias sería deseable que el moribundo pudiera acceder al sacramento de la penitencia pero, una vez más, cuando esto es físicamente imposible un acto de contrición perfecta será suficiente, aun en caso de pecado mortal.
Pero no hay comparación entre estas circunstancias verdaderamente extraordinarias y la práctica, hoy demasiado común en muchos países, de encomendar a cientos de laicos en cada diócesis el desempeño de una tarea que, como lo ha destacado Juan Pablo II, debería ser normalmente “un privilegio de los ordenados”. Y con no poca frecuencia se ve a sacerdotes sentados en sus sillas presidenciales, dirigiendo cantos o aun actuando como directores de las filas de comulgantes mientras miembros de élite de la parroquia administran a aquéllos la Santa Comunión, tal vez abreviando la duración de la Misa cinco minutos o menos.

El sacerdote es otro Cristo, un laico, por mucha preparación que haya recibido para dar la comunión, no es otro Cristo y menos una mujer.
El hecho de que una persona sea seleccionada como ministro extraordinario puede ciertamente contribuir a la autoestima de quienes estén deseosos de obtener oficios que los coloquen aparte (y por encima) de sus coparroquianos. Este fenómeno se manifestó no bien se comenzó a permitir a los laicos leer la Epístola o a tomar parte en las procesiones del Ofertorio. Sacerdotes que no han admitido estas prácticas han sido frecuentemente objeto de quejas al obispo por parte de laicos deseosos de alcanzar el status que estos oficios les traen.

Laicos que distribuyen los dones consagrados, que sólo al sacerdote le compete distribuír.
Los fieles que han visto la admisión de estos ministros extraordinarios en sus parroquias habrán notado que el correcto término “extraordinario” es raramente usado. Sin embargo, éste es el término oficial usado en Immensae caritatis y en el nuevo Código de derecho Canónico. Los términos “laicos” o “especiales” se aplican preferentemente para referirse a estos ministros porque ello permite camuflar el hecho de que el uso de tales ministros debería constituir un evento extraordinario, algo que sólo raramente –si alguna vez se diera el caso– se podría dar fuera de tierras de misión. Es difícil imaginar algún sacerdote, digamos, en los Estados Unidos, con tantas apremiantes obligaciones que no tenga tiempo de llevar la Santa Comunión a los enfermos. Si el peso de sus tareas administrativas se le tornara tan pesado, esa sí que es un área donde puede obtener ayuda de los laicos. La presente situación, en la que los sacerdotes se ven superados por actividades que pueden desempeñar los laicos, mientras que éstos asumen la tarea propia de los sacerdotes de llevar la Santa Comunión a los enfermos, es positivamente exótica, una perfecta epitomización del ethos de la Iglesia Occidental en nuestros días.

Se ha perdido, ya no digo el sentido, si no, la conciencia de lo sagrado, ya no se cree en la Transubstanciación.
En cuanto a la indebida prolongación de la Misa en las parroquias con feligresía numerosa, habitualmente hay otro sacerdote para ayudar. Y aun cuando no hubiera otros sacerdotes, y la administración de la Eucaristía fuera prolongada, es difícil imaginar que sea indebidamente prolongada. El sacerdote podría estimular a los fieles para hacer, en esos minutos, una más perfecta preparación y acción de gracias por el privilegio de recibir a su Salvador. ¿Podría cualquier tiempo empleado en tal acción de gracias ser indebidamente prolongado? Raramente se extendería más allá de diez o quince minutos. Si se considera cuanto tiempo emplea el católico medio en mirar T. V. cada día, ¿puede una acción de gracias de quince minutos considerarse indebidamente prolongada?
Lamentablemente, la directiva vaticana fue expresada en términos poco precisos. La frase “indebidamente prolongada” puede significar cinco o cincuenta minutos, según quién la interprete. A través de esas interpretaciones, pues,Immensae caritatis abrió la puerta a la proliferación de ministros extraordinarios. Vinculada con la introducción de la Comunión bajo las dos especies en las misas de los domingos, esta explosión de ministros extraordina-rios ha alcanzado proporciones de epidemia, lo cual ha sido posible, si bien no estrictamente autorizado, por Immensae caritatis. Muy pocos obispos prestan el mínimo acatamiento a la admonición del papa Juan Pablo II en su carta Dominicae Coenae, del 24 de febrero de 1980:
“Tocar las sagradas especies y distribuirlas con sus propias manos es un privilegio de los ordenados”.
“Cuando ministros ordinarios (obispos, sacerdotes o diáconos) se encuentran presentes en la celebración eucarística, estén o no celebrando, en número suficiente, y no estén impedidos de hacerlo en virtud de otros ministerios, los ministros extraordinarios de la eucaristía no están autorizados para distribuir la comunión a sí mismos o a los fieles”.
Por lo contrario, algunos obispos, o los burócratas litúrgicos que los manipulan, muestran gran entusiasmo por la Comunión bajo las dos especies, principalmente por la excusa que ello les da de incrementar la epidemia de los ministros extraordinarios hasta convertirla en una verdadera plaga. En 1987, en una carta que se incluye al final de este trabajo, la Santa Sede intentó restringir la expansión de esta plaga, pero con poco éxito.
Ningún observador imparcial podrá negar que se ha expandido una amplia declinación en la reverencia al Santo Sacramento desde el Concilio Vaticano II. En «Dominicae Coenae» el papa Juan Pablo II deplora estos casos:
«Hemos tomado conocimiento de casos de deplorable falta de respeto hacia las especies Eucarísticas, casos que son imputables no sólo a los individuos culpables de tal conducta, sino también a los pastores de la Iglesia que no han sido suficientemente vigilantes respecto a la actitud de los fieles hacia la Eucaristía».
El Santo Padre concluyó esta carta con su famoso pedido de perdón a los fieles por el escándalo y las perturbaciones a los que se han vistos sometidos respecto a la veneración debida al Santísimo Sacramento:
«Y yo ruego al Señor Jesús que en lo futuro podamos evitar en nuestra manera de conducirnos con este misterio sagrado todo lo que pueda debilitar o desorientar de cualquier modo el sentido de reverencia y amor que existe en nuestro pueblo fiel».

Sólo manos Consagradas pueden tocar y dispensar el Pan Vivo bajado del Cielo
El sentido de reverencia y amor del pueblo fiel por el Santísimo Sacramento se verá inevitablemente debilitado en cualquier diócesis donde el obispo, por convicción o debilidad, haya permitido el uso de ministros extraordinarios de la Eucaristía cuando no existen circunstancias extraordinarias, lo cierto es que tales circunstancias no existen en el noventa y nueve por ciento de las parroquias donde se emplean tales ministros. Lo que debería ser extraordinario se ha convertido en norma, y lo que debería ser la norma se ha convertido en extraordinario. Tal es el estado del catolicismo en el rito romano en nuestros días.

Actualmente tanto fieles como clérigos, ven, unos al recibir y los otros al distribuír la Sagrada Hostia, sólo un símbolo y no una realidad espiritual, una verdad que va mas allá de nuestros sentidos; ese pan ya no es pan, y ese vino, ya no es vino, sino única y exclusivamente, el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Estamos presenciando no simplemente una disminución en el respeto por el Santísimo Sacramento –allí donde ese respecto existe todavía– sino una disminución en el respeto y valoración del carácter sagrado del sacerdocio, donde ese respeto y esa valoración existen todavía. Muy pocos jóvenes católicos consideran a sus sacerdotes como otro Cristo, alter Christi, un hombre que se diferencia no simplemente en grado sino en esencia del resto de los fieles, un hombre cuya misión primaria es entrar en el santuario y llevar a cabo los ritos sagrados que sólo él puede realizar. En Dominicae Coenae el papa Juan Pablo II recuerda a los católicos que:
«No se debe olvidar el oficio primario de los sacerdotes, que han sido consagrados por su ordenación para representar a Cristo Sacerdote: por esta razón sus manos, así como sus palabras y su voluntad, se han convertido en instrumentos directos de Cristo. A través de este hecho, esto es, como ministros de la Sagrada Eucaristía, ellos tienen una responsabili dad primaria por las Sagradas Especies, porque es una responsabilidad total. Ellos ofrecen el pan y el vino, ellos lo consagran, y luego distribuyen las sagradas especies a los participantes de la asamblea que desean recibirlas … ¡Qué elocuente, en consecuencia, aun cuando no sea costumbre antigua, el rito de ungimiento de las manos en nuestra ordenación Latina, como que para estas manos es necesaria precisamente una gracia especial y el poder del Espíritu Santo!»

El Sacerdote, cuyas manos han sido ungidas y consagradas, se convierte en otro Cristo.
LA SANTA SEDE INTERVIENE
En septiembre de 1987 la Santa Sede mandó cartas a los presidentes de numerosas Conferencias Episcopales sobre el tema de los ministros extraordinarios, urgiéndolos a impedir el abuso de hacer la norma de aquello que debería ser extraordinario. Incluimos aquí el texto completo de la carta enviada al Arzobispo John L. May, presidente de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos de los EEUU.
Como es de imaginar, el documento fue totalmente inefectivo, pero por lo menos brinda evidencia de que la Santa Sede está al tanto de la extensión de los abusos sobre los ministros extraordinarios (se han recibido “numerosas informaciones de tales abusos”), aun cuando no haya podido hacer nada para impedirlos.
Septiembre 21 de 1987.
Muy Reverendo John L. May
Presidente CNOC
1312, Massachusetts Avenue, N. W.
Washington D.C. 20005
Estimado Arzobispo May:
El Cardenal Prefecto de la Congregación de Sacramentos, en una Carta Circular a todos los representantes papales, ha emitido la siguiente clarificación respecto a los ministros extraordinarios de la Eucaristía.
La facultad concedida a los laicos habilitándolos para distribuir la Sagrada Comunión como ministros extraordinarios de la Eucaristía (Cánones 23O, 3; 9IO, 2) representa sin duda una de las más adecuadas formas de participación en la acción litúrgica de la Iglesia. Por un lado, este privilegio ha provisto una real ayuda tanto para el celebrante como para la congregación en ocasiones donde se presenta un gran número de personas para recibir la Santa Comunión. Pero, por otro lado, en ciertas instancias, han tenido lugar significativos abusos de este privilegio. Tales abusos han conducido a situaciones donde el carácter extraordinario de este ministerio se ha perdido. A veces parece, inclusive, como si la designación de ministros extraordinarios se convirtiera en una especie de premio para recompensar a aquellos que han trabajado para la Iglesia.
El Cardenal Mayer advierte que los abusos de los cuales habla suceden cuando:
– los ministros extraordinarios de la Eucaristía ordinariamente distribuyen la comunión junto con el celebrante, tanto cuando el número de comulgantes no requiere su ayuda, como cuando hay otros concelebrantes presentes u o-tros ministros ordinarios disponibles, aunque no estén celebrando;
– los ministros extraordinarios se administran la Sagrada Comunión a ellos mismos y a los fieles mientras el celebrante y los concelebrantes –si los hubiera– permanecen inactivos.
Después de haber recibido numerosos informes de tales abusos, la Congregación decidió solicitar una interpretación auténtica de los Cánones pertinentes a la Pontificia Comisión para la interpretación auténtica del Código de Derecho Canónico. Se formuló la siguiente duda:
. *“Utrum minister extraordinarius Sacrae Communionis, ad norman cann. 9IO, par. 2 et 23O, par. 3, deputatus suum munus suppletorium exercere possit etiam cum praesentes sint in ecclesia, etsi ad celebrationem eucharisticam non participantes, ministri ordinarii qui non sint quoque modo impediti”
La Comisión Pontificia trató la cuestión en su sesión Plenaria del 20 de febrero de 1987 y respondió: NEGATIVO.
Esta interpretación auténtica fue aprobada por el Santo Padre el 15 de junio de 1987, quien en consecuencia dio instrucción a la Congregación para los Sacramentos de comunicar la decisión a las Conferencias Episcopales.
La respuesta de la Comisión Pontificia indica claramente que cuando ministros ordinarios (obispos, sacerdotes o diáconos) se encuentran presentes en la celebración eucarística, estén o no celebrando, y se encuentren en número suficiente y no estén impedidos de hacerlo en virtud de otros ministerios, los ministros extraordinarios de la eucaristía no están autorizados para distribuir la comunión a sí mismos o a los fieles.
Finalmente, el Cardenal Mayer le solicita que haga llegar estas directivas a los miembros de la Conferencia Episcopal.
Con mis expresiones de estima y buenos deseos, quedo suyo en Cristo,
Pio Laghi
Pro-Nuncio Apostólico
INSTRUCCIÓN
SOBRE ALGUNAS CUESTIONES ACERCA DE LA COLABORACIÓN DE LOS FIELES LAICOS EN EL SAGRADO MINISTERIO DE LOS SACERDOTES
Artículo 8
El ministro extraordinario de la Sagrada Comunión
Los fieles no ordenados, ya desde hace tiempo, colaboran en diversos ambientes de la pastoral con los sagrados ministros a fin que «el don inefable de la Eucaristía sea siempre más profundamente conocido y se participe a su eficacia salvífica con siempre mayor intensidad».(95)
Se trata de un servicio litúrgico que responde a objetivas necesidades de los fieles, destinado, sobre todo, a los enfermos y a las asambleas litúrgicas en las cuales son particularmente numerosos los fieles que desean recibir la sagrada Comunión.
§ 1. La disciplina canónica sobre el ministro extraordinario de la sagrada Comunión debe ser, sin embargo, rectamente aplicada para no generar confusión. La misma establece que el ministro ordinario de la sagrada Comunión es el Obispo, el presbítero y el diácono (96) mientras son ministros extraordinarios sea el acólito instituido, sea el fiel a ello delegado a norma del can. 230, § 3. (97).
Un fiel no ordenado, si lo sugieren motivos de verdadera necesidad, puede ser delegado por el Obispo diocesano, en calidad de ministro extraordinario, para distribuir la sagrada Comunión también fuera de la celebración eucarística, ad actum vel ad tempus, o en modo estable, utilizando para esto la apropiada forma litúrgica de bendición. En casos excepcionales e imprevistos la autorización puede ser concedida ad actum por el sacerdote que preside la celebración eucarística (98).
§ 2. Para que el ministro extraordinario, durante la celebración eucarística, pueda distribuir la sagrada Comunión, es necesario que no se encuentren presentes ministros ordinarios o que, éstos, aunque presentes, se encuentren verdaderamente impedidos (99). Pueden desarrollar este mismo encargo también cuando, a causa de la numerosa participación de fieles que desean recibir la sagrada Comunión, la celebración eucarística se prolongaría excesivamente por insuficiencia de ministros ordinarios. (100)
Tal encargo es de suplencia y extraordinario (101) y debe ser ejercitado a norma de derecho. A tal fin es oportuno que el Obispo diocesano emane normas particulares que, en estrecha armonía con la legislación universal de la Iglesia, regulen el ejercicio de tal encargo. Se debe proveer, entre otras cosas, a que el fiel delegado a tal encargo sea debidamente instruido sobre la doctrina eucarística, sobre la índole de su servicio, sobre las rúbricas que se deben observar para la debida reverencia a tan augusto Sacramento y sobre la disciplina acerca de la admisión para la Comunión.
Para no provocar confusiones han de ser evitadas y suprimidas algunas prácticas que se han venido creando desde hace algún tiempo en algunas Iglesias particulares, como por ejemplo:
— la comunión de los ministros extraordinarios como si fueran concelebrantes;
— asociar, a la renovación de las promesas de los sacerdotes en la S. Misa crismal del Jueves Santo, otras categorías de fieles que renuevan los votos religiosos o reciben el mandato de ministros extraordinarios de la Comunión.
— el uso habitual de los ministros extraordinarios en las SS. Misas, extendiendo arbitrariamente el concepto de «numerosa participación».
Notas:
(95) Sagrada Congregación para la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Immensae caritatis (29 enero 1973), proemio: AAS 65 (1973), p. 264.
(96) Cfr. C.I.C., can. 910, § 1; cfr. también Juan Pablo II, Carta Dominicae Coenae (24 febrero 1980), n. 11: AAS 72 (1980), p. 142.
(97) Cfr. C.I.C., can. 910, § 2.
(98) Cfr. Sagrada Congregación para la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Immensae caritatis, n. 1: l.c., p. 264; Missale Romanum, Appedix:
Ritus ad deputandum ministrum S. Communionis ad actum distribuendae; Pontificale Romanum: De institutione lectorum et acolythorum.
(99) Pontificia Comisión para la Interpretación auténtica del Código de Derecho Canónico, Respuesta (1 junio 1988): AAS 80 (1988), p. 1373.
(100) Sagrada Congregación para las Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Immensae caritatis, n. 1: l.c., p. 264; Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, Instrucción Inaestimabile donum, n. 10: l.c., p. 336.
(101) El can. 230, § 2 y § 3 del C.I.C. afirma que los servicios litúrgicos allí mencionados pueden ser asumidos por los fieles no ordenados sólo «ex temporanea deputatione» o en suplencia.
…….
Quedan revocadas las leyes particulares y las costumbres vigentes que sean contrarias a estas normas, como asimismo eventuales facultades concedidas ad experimentum por la Santa Sede o por cualquier otra autoridad a ella subordinada.
El Sumo Pontífice, en fecha del 13 Agosto 1997, ha aprobado de forma específica el presente decreto general ordenando su promulgación.
Del Vaticano, 15 Agosto 1997. Solemnidad de la Asunción de la B.V. María.
Congregación para el Clero
Darío Castrillón Hoyos
Pro-Prefecto
Pontificio Consejo para los Laicos
James Francis Stafford
Presidente
Congregación para la Doctrina de la Fe
Joseph Card. Ratzinger
Prefecto
Congregación para los Obispos
Bernardin Card. Gantin
Prefecto
Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida
Apostólica
Eduardo Card. Martínez Somalo
Prefecto
Congregación para la Evangelización de los Pueblos
Jozef Card. Tomko
Prefecto
Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos
Julián Herranz
Presidente
Congregación para el Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos
Jorge Arturo Medina Estévez
Pro-Prefecto
Tomado de: http://www.unavoce.com.ar
Nota: Tanto las imágenes como los comentarios que aparecen en ellas, han sido agregados por un servidor.
Arturo Medina Muñoz.
Editor del Blog.

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Para leer la
del Sumo Pontífice Pío XI,
del 11 de diciembre de 1925,
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