los Santos
6 de Octubre
- San Bruno, Confesor
- San Magno, Obispo de Odezzo
- Santa Maria Francisca de las Cinco Llagas de Jesús, Virgen
- Santa Fe, Virgen y Mártir
- San Nicetas de Constantinopla, Monje

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II. Visitatio Beatae Mariae Virginis ad Elisabeth.
III. Nativitas Filii Dei in Bethlehem Iuda.
IV. Purificatio Beatae Mariae Virginis et Presentatio Pueri in Templo.
V. Inventio Pueri in Templo in medio Legis doctorum.

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Ad Sanctum Ioseph Leonis PP XIII precatio pro mense octobris: Ad Te, beate Ioseph, in tribulatione nostra confugimus, atque, implorato Sponsae tuae sanctissimae auxilio, patrocinium quoque tuum fidenter exposcimus. Per eam, quaesumus quae te cum immaculata Virgine Dei Genetrice coniunxit, caritatem, perque paternum, quo Puerum Iesum amplexus es, amorem, supplices deprecamur, ut ad hereditatem, quam Iesus Christus acquisivit Sanguine suo, benignus respicias, ac necessitatibus nostris tua virtute et ope succurras. Tuere, o Custos providentissime divinae Familiae, Iesu Christi subolem electam; prohibe a nobis, amantissime Pater, omnem errorum ac corruptelarum luem; propitius nobis, sospitator noster fortissime, in hoc cum potestate tenebrarum certamine e caelo adesto; et sicut olim Puerum Iesum e summo eripuisti vitae discrimine, ita nunc Ecclesiam sanctam Dei ab hostilibus insidiis atque ab omni adversitate defende: nosque singulos perpetuo tege patrocinio, ut ad tui exemplar et ope tua suffulti, sancte vivere, pie emori, sempiternamque in caelis beatitudinem assequi possimus. R. Amen.
NOTA IMPORTANTE:
Los llamados misterios luminosos o de la luz fueron una devoción privada propuesta a la Iglesia por Juan Pablo II. En este blog nos remitimos al Santo Rosario tal como fue enseñado por nuestra Santa Madre a Santo Domingo de Guzmán.
Documento en el que se establece esta devoción privada:
CARTA APOSTÓLICA
ROSARIUM VIRGINIS MARIAE
DEL SUMO PONTÍFICE
JUAN PABLO II
AL EPISCOPADO, AL CLERO
Y A LOS FIELES
SOBRE EL SANTO ROSARIO
En el CAPÍTULO II
MISTERIOS DE CRISTO, MISTERIOS DE LA MADRE
se encuentra el texto que lo indica.
Extracto:
Una incorporación oportuna
No obstante, para resaltar el carácter cristológico del Rosario, considero oportuna una incorporación que, si bien se deja a la libre consideración de los individuos y de la comunidad, les permita contemplar también los misterios de la vida pública de Cristo desde el Bautismo a la Pasión.

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( Semidoble – Ornamentos verdes )
El día 15 de septiembre, al recordar y venerar la Iglesia los siete Dolores de la Virgen María nuestra Madre, aplicábale el canto de alabanzas que se oyó en Israel al proclamar a Judit honra y prez de aquel pueblo escogido de Dios. En María tenemos a la nueva Judit, que corta la cabeza al gran príncipe de los Asirios, el demonio infernal, y que desde los orígenes de la humanidad aparece como la mortal enemiga de la serpiente, Que acabará por aplastarla con su inmaculada planta.
Por estos días nos recuerda la Iglesia en las lecciones de maitines estas mismas gloriosas páginas de la epopeya israelita, por ser presagio de lo que más tarde había de suceder en un orden espiritual y más elevado. La liberación del pueblo judío de la servidumbre asiria, después de haber ayunado Judit, figuraba la liberación del pueblo querido de Dios, del pueblo cristiano, obrada por Jesús en la Pascua después del ayuno cuaresmal. Así que en Judit (femenino de Judá) tenemos también una expresiva figura de Jesús, oriundo de la raza y tribu de Judá.
Es muy oportuna esta misa en torno de las Témporas, que son tiempos de perdón, por serlo de oración y de penitencia, por los cuales se deja Dios doblegar y vencer de los míseros mortales. De ese perdón y de esa regaladísima paz, propia de la casa del Señor (Gr.), se goza en la santa Iglesia, debido al poder grande que Cristo concedió a todos los sacerdotes en virtud de su ordenación de ese poder de las llaves en virtud del cual el sacerdote nos dice lo mismo que Jesús: «Perdonados te son tus pecados».Y, en efecto, por esa mágica palabra quedamos libres de su peso, y curados además de nuestra espiritual parálisis (Ev.). Los nuevos ungidos del Señor serán también los encargados de predicarnos la doctrina salvadora de Cristo (Ep.), y de celebrar el Santo Sacrificio; preparando de esa manera a la humanidad para que pueda presentarse confiada ante el Supremo Juez de vivos y muertos (Ep.). Precisamente, durante estos últimos domingos, la Iglesia insistirá a menudo en el pensamiento de la venida de Jesucristo, cuando a imitación del señor de la parábola evangélica, volverá a pedirnos cuenta, de como hemos empleado el tesoro que un día nos confió para que negociáramos.
Otros conceptos de la Epístola de hoy son para ser meditados, ¡Qué cuenta tan estrecha deberá rendir el cristiano, nadando como nada en un río de gracias! Y ¡cómo dilapidamos la rica herencia, cómo despreciamos las facilidades para salvamos, predicaciones, sacramentos!… Si se hubiesen dado a otros, ¿no hubiera sido mayor su fruto?
El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.
Introito. Ecles. 36,18.
| INTROITUS – Da pacem, Dómine, sustinéntibus te, ut prophétae tui fidéles inveniántur: exáudi preces servi tui, et plebis tuae Israël. -Ps.121, 1. Laetátus sum in his, quae dicta sunt mihi : indomum Dómini íbimus.V. Glória. | Introito – Da paz, Señor, a los que en Ti esperan para que tus profetas (tus nuevos sacerdotes) sean hallados fieles; oye los ruegos de tu pueblo Israel. Ps. Me he regocijado al oír lo que se me ha dicho: iremos a la Casa del Señor. V. Gloria al Padre |
Oración-Colecta
| ORATIO – Dírigat corda nostra, quaesumus, Dó mine, tuae miseratiónis operátio: quia tibi sine te placére non póssumus. Per Dóminum. R. Amen | Rogámoste, Señor, que tu gracia dirija nuestros corazones; pues sin Ti no podemos serte gratos. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.R. Amen. |
Epístola
Después de dar gracias a Dios por los favores concedidos a la Iglesia de Corinto, San Pablo les enseña que la manera de enriquecerse espiritualmente es uniendo todas sus palabras, pensamientos y acciones a las de Jesucristo, de suerte que su vida se manifieste, por decirlo así, en nosostros.
| GRADUALE (Ps. 121 ) – Laetátus sum in his, quae dicta sunt mihi: in domum Dómini íbimus. V. Fiat pax in virtúte tua, et abundántia in térribus tuis.Alleluia, alleluia. V.(Ps. 101) – Timébunt gentes nomen tuum, Dómine: et omnes reges terrae gloriam tuam, Alleluia. | Gradual – Me he regocijado al oír lo que se me ha dicho: iremos a la Casa del Señor V. Haya paz en tus fortalezas, y abundancia en tus torres. Aleluya, aleluya – V. Temerán, Señor, las naciones tu nombre, y todos los reyes publicarán tu gloria, Aleluya. |
Evangelio
Jesús sana de alma y cuerpo a un tullido, demostrando con este doble milagro su divinidad, divinidad que también resplandece en la Iglesia al perdonar continuamente los pecados, en nombre de Jesucristo.
| OFFERTORIUM – Santificávit Móyses altáre Dómino, ófferens super illud holocáusta et ímmolans víctimas; fecit sacrifícium vespertínum in odórem suavitátis Dómino Dómino Deo in conspéctu filiórum Israel. | Ofertorio – Moisés consagró un altar al Señor; ofreciendo sobre él holocaustos y sacrificando víctimas; ofreció al Señor Dios un sacrificio vespertino en olor de suavidad, a vista de los hijos de Israel. |
Oración-Secreta
| Dus, qui nos per hujus summae divinitátis partícipes éfficis: praest, quaesumus: ut, sicut tuam cognóscimus veritátem, sic eam dignis móribus assequámur. Per Dominum. | Oh Dios, que por el sagrado intercambio de este Sacrificio, nos haces participantes de tu augusta y única divinidad; concédenos que así como conocemos tu verdad, la acreditemos también con una conducta digna. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc. |
Prefacio de la Santísima Trinidad
| Vere dignum et justum ets aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui cumm unigenito Filio tuo, et Spiritu Sancto, unus es Deus, unus es Dominus: non in unius singularitate personae, sed in unius Trinitate substantiae. Quod enim de tua gloria, revelante te, credimus, hoc de Filio tuo, hoc de Spiritu Sancto, sine differentia discretionis sentimus. Ut in confessione verae, sempiternaeque Deitatis, et in personis Proprietas, et in essentia unitas, et in majestate adoretur aequalitas. Quam laudat Angeli atque Arcangeli, Cherubim quoque ac Sraphim: qui non cessant clamare quotidie, una voce dicentes: Sanctus, Sanctus, Sanctus… | Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro: Santo, Santo, Santo, etc. |
| COMMUNIO (Ps. 95). – Tollite hóstias, et introíte in átria ejus: adorate Dominum in aula sancta ejus. |
Comunión. – Tomad vuestras ofrendas, y entrad en sus atrios: alabad al Señor en su santa morada. |
Oración-Postcomunión
Fortalecidos, Señor, con este don sagrado, dámoste gracias; implorando tu misericordia para que cada día nos hagas más dignos de seguir participando de este Sacramento. Por Nuestro Señor Jesucristo.
| Grátias tibi reférimus, Dómine, sacro múnere vegetáti, tuam misericordiam deprecántes: ut dignos nos ejus participatióne perfícias. Per Dóminum |
Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

La Orden de Hermanos Menores se apresta a celebrar en el 2009 los ochocientos años de la aprobación del proyecto evangélico de vida del hermano Francisco por el Papa Inocencio III.
![francisco7[3] 6DEB51BB francisco7[3] 6DEB51BB](https://ortodoxiacatolica.org.mx/wp-content/uploads/2009/10/francisco73-6deb51bb.jpg?w=593)
Con este motivo todas las entidades de la Orden han iniciado en el 2006 un trienio de preparación a tan magno acontecieminto.
Ese mismo año estuvo consagrado al tema del discernimiento bajo el lema «Señor, ¿qué quieres que haga?».
Ha sido el año de la busqueda personal y comunitaria de la voluntad de Dios.
Ahora, el 2007 será el año del encuentro con esa voluntad a través del Evangelio y de la Regla. Por eso el lema de este año será: «Esto es lo que quiero, esto es lo que con todoo el corazón anhelo vivir».
El año entrante, el 2008, será el año de la acción de gracias al Señor Dios por el don de la vocación.
De esta manera entraremos en el 2009 en el gran año jubilar. Cada una de las entidades de la Orden ha sido llamada por el gobierno General a entrar en esta dinámica de preparación. Como no podía ser menos, la Provincia Franciscana del Santo Evangelio de México se ha hecho eco de esta llamada y ha organizado a lo largo de cada año del trienio preparatorio una serie de actividades de animación para todos los hermanos con el fin de ayudarles a vivir el espíritu de La Gracia de Nuestros Orígenes. He aquí algunos aspectos importantes de esta preparación.
La comisón organizadora del jubileo por los 800 años del nacimiento de la Orden de nuestra Provincia resumió y publicó en una serie de ocho trípticos el contenido del informe del Ministro General al Capítulo General extraordinario que se celebró en el mes de septiembre de este año en Santa María de los Ángeles, Asis. Estos trípticos están siendo distribuídos quincenalmente a todos y cada uno de los hermanos que conforman la fraternidad provincial.
Tomado de: http://www.franciscanosenmexico.com/ochocientosofm.html

Los franciscanos celebran este año el VIII centenario de la fundación de la orden religiosa y de presencia en Tierra Santa, coincidiendo con la visita del Papa.
La custodia de Tierra Santa en Jerusalén se prepara con ilusión para recibir mañana a Benedicto XVI, según dijo a Europa Press el Padre Emilio Barcena, franciscano vicario de la custodia en Jerusalén.
Barcena, quien lleva más de 60 años en Tierra Santa, explicó que más de 330 religiosos de esta orden custodian los lugares más santos para la cristiandad, repartidos en Egipto, Irak, Israel, Palestina y Siria.
Según el religioso, «la orden está presente desde hace casi ocho siglos, mucho antes de que se establecieran las diócesis actuales». «Estamos encantados de servir a la Iglesia y todos los cristianos que peregrinan», agregó.
La orden franciscana fue fundada en 1209 y consta que pocos años después Francisco de Asís estuvo en Tierra Santa para atender a los más pobres e interceder por los cristianos ante el poder de los musulmanes.
En 1242, el Papa concedió a los franciscanos mediante una bula el privilegio de custodiar y velar por los lugares santos. Desde entonces, esta orden no se ha retirado de ninguno de los santos lugares, asistiendo a los peregrinos cristianos y protegiendo a los más desfavorecidos.
Además, los religiosos fueron recuperando otros lugares que estaban abandonados para las peregrinaciones cristianas, como es el caso de Cafarnaúm en Galilea, a finales del siglo XVIII.
Benedicto XVI celebrará el próximo martes la Misa en Getsemaní, en el Huerto de los Olivos, donde la tradición señala que Jesús fue detenido por los judíos, antes de su crucifixión. Se trata de una iglesia mantenida y guardada por los franciscanos.
Al día siguiente también oficiará una misa en la Basílica de Belén, que pertenece a la Custodia Franciscana, mientras que el jueves celebrará otra en Nazaret, en la Iglesia del Monte del Precipicio, que también tiene presencia franciscana. El Papa comerá ese día con la comunidad de franciscanos en Nazaret.
10-05-2009 05:51
Tomado de: http://mx.globedia.com/franciscano-celebran-800-ano-fundacion-presencia-tierra-santa
VIII CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DEVIII CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DE
LA ORDEN DE LOS HERMANOS MENORES

Presentación del Ministro General
A los Hermanos Menores,
a las Hermanas Pobres de Santa Clara,
a las demás Hermanas contemplativas franciscanas
y a quienes llegue esta carta:
“salud y santa paz en el Señor” (2CtaCus 1).
La gracia de los orígenes
Los Hermanos Menores, cuando están a punto de cumplirse los 800 años de la fundación de nuestra Orden, con la aprobación por parte de Inocencio III de la Regla de vida, nos preparamos a celebrar la gracia de los orígenes. Según los historiadores, fue el año 1209 cuando Francisco obtuvo del “señor papa” la aprobación de su “proyecto de vida”, o lo que luego se llamaría la “Protorregla”. El mismo nos lo cuenta en su Testamento: “Y después que el Señor me dio hermanos nadie me mostraba qué debía hacer, sino que el mismo Altísimo me reveló que debía vivir según la forma del santo Evangelio. Y yo lo hice escribir en pocas y sencillas palabras y el señor papa me lo confirmó” (Test 14-15).
Esta “forma de vida” primitiva se iría ampliando según las necesidades de la Fraternidad, siendo el fundamento de la Regla del 1221 y más tarde de la Regla del 1223, confirmada por Honorio III; textos que a distancia de tantos siglos, siguen siendo referencia esencial para comprender a Francisco y comprendernos a nosotros mismos.
Pongámonos en camino
La celebración del VIII Centenario de la fundación de nuestra Fraternidad nos ofrece una oportunidad de gracia para recordar con gratitud el pasado, vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro (cf. NMI 1b). Éste será nuestro modo de celebrar La gracia de los orígenes. Así, al inicio de este tercer milenio, los franciscanos queremos reafirmar nuestra firme voluntad de permanecer fieles a nuestro propio carisma, “viviendo en la Iglesia el Evangelio según la forma observada y propuesta por San Francisco” (CCGG 1 §1), pero recreándolo hoy a la luz de los desafíos de la vida franciscana.
Los Hermanos Menores, aceptando con gozo la invitación del “señor papa” Juan Pablo II, con la celebración de los 800 años de la fundación de nuestra Orden, queremos, en primer lugar, abrirnos a la gratitud del “altísimo, omnipotente y buen Señor” (Cant 19), del “Padre de las misericordias” (TestCl 2), por las “maravillas” que Dios ha realizado a través de los Hermanos que nos han precedido, muy particularmente por el hermano Francisco, y por las “maravillas” que el Señor, “Dios omnipotente, misericordioso salvador” (AlD 6), sigue realizando, en y por los hermanos y hermanas que caminan decididamente por las sendas de la virtud (cf. 5CtaCl 3). Pero, porque no queremos ni podemos “conformarnos con alabar las obras de nuestros antepasados”, pues “es grandemente vergonzoso para nosotros los siervos de Dios que los santos hicieron las obras, y nosotros, con narrarlas, queremos recibir gloria y honor” (Adm 6); sino que deseamos vivamente inspirarnos en ellas para hacer la parte que nos corresponde en nuestra propia historia (cf. Sdp3), “reconocemos la urgencia de volver a lo esencial de la experiencia de fe y de nuestra espiritualidad para nutrir desde dentro, con la oferta liberadora del Evangelio, a nuestro mundo fragmentado, desigual y hambriento de sentido, tal como hicieron en su tiempo Francisco y Clara” (Sdp 2).
Durante la celebración del gran jubileo franciscano, contemplando la historia de nuestra Orden, los Hermanos Menores reconocemos con gozo que tenemos “una historia gloriosa para recordar y contar”. Convencidos, como estamos, de la fuerza y actualidad de la “forma de vida” inspirada por el Altísimo a Francisco, por ser esencialmente una forma de vida evangélica, asumimos con decisión el reto de seguir construyendo una gran historia. Para ello deseamos ardientemente poner los ojos en el futuro, hacia el cual sentimos que el Espíritu nos impulsa para seguir haciendo con nosotros grandes cosas (cf. VC 110). De este modo queremos vivir la gracia de los orígenes “no sólo como memoria del pasado, sino como profecía del futuro” (NMI 3).
Llamados como hemos sido a “seguir más de cerca las huellas de Jesucristo y a observar fielmente el Evangelio” (CCGG 5 §2), queremos vivir este jubileo en actitud de conversión. Por eso queremos hacer memoria de nuestro “propósito” (cf.2CtaCl 11), a fin de que, “con andar apresurado” y “con paso ligero” (2CtaCl 12), podamos, aun en medio de las inevitables fragilidades, “avanzar con mayor seguridad en el camino de los mandatos del Señor” (2CtaCl 15). Por este motivo, cuando nos preparamos con gozo y renovado optimismo a celebrar la gracia de los orígenes, sentimos muy fuerte la llamada a “no domesticar las palabras proféticas del Evangelio para adaptarlas a un estilo de vida cómodo”, sentimos “la urgencia evangélica de nacer de nuevo” (Sdp 2).
Llamados a “escudriñar nuevos caminos de actuación del Evangelio” (VC 84), queremos vivir este jubileo en actitud de discernimiento para no instalarnos ni repetirnos, antes bien, ser faros generadores de esperanza en la noche oscura que atraviesa nuestro mundo herido y tantas veces crucificado. Por eso nos disponemos a escuchar la voz del Señor en los acontecimientos de la historia y a descubrir su presencia en medio de nosotros, convencidos de que así reforzamos nuestros pasos en el camino hacia el futuro y nuestra adhesión al Evangelio (cf. NMI 6). Leer los signos de los tiempos e interpretarlos convenientemente nos permitirá “ser nosotros mismos signos de vida legibles para un mundo sediento de un ‘cielo nuevo y una tierra nueva’(Is 65, 17; Ap 21, 1)” (Sdp 7).
Llamados a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de Francisco y a cultivar una fidelidad dinámica como respuesta a lo signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy (cf. VC 37), queremos volver a lo esencial de nuestra forma de vida, releyéndola y reencarnándola en la realidad cultural de hoy; queremos ser fieles a nuestro propio carisma y a la vez tener presentes las exigencias del momento actual, anticipándonos al futuro.
¿Qué hemos de hacer, hermanos?
Queridos hermanos, cuando nos preparamos a celebrar la gracia de los orígenes, es necesario que nos preguntemos: “¿Qué hemos de hacer, hermanos?” (Hch 2, 37). Os confieso que es una pregunta que me hago muchas veces. Viendo la situación de la Fraternidad universal, siento que el Espíritu nos está pidiendo centrarnos, concentrarnos y descentrarnos. Centrarnos en lo que para nosotros lo debe ser todo: “El bien, el todo el bien, el sumo bien” (AlD 3). Por este motivo, tener el corazón vuelto hacia el Señor (cf. 1R22, 19) ha de ser la prioridad de las prioridades de todo Hermano Menor. Alejar todo impedimento o dejar toda preocupación para poder servir, amar, honrar al Señor Dios, con corazón puro y con mente pura (cf. 1R 22, 26), he ahí el gran reto de todo Hermano Menor, de todo seguidor de Jesús.
Concentrarnos en lo esencial a fin de evitar la fragmentación, la dispersión. Es necesario concentrarnos en las Prioridades que nos colocan como una Fraternidad en misión, que vive los valores esenciales del propio carisma. Las Prioridades no son opciones periféricas, sino consecuencia y exigencia de una vida radicalmente evangélica tal como nos la propone San Francisco. Ellas en cuanto tales, no son valores opcionales sino los pilares de nuestra fidelidad al Evangelio.
Las Prioridades son la clave de lectura para vivir nuestra identidad de Hermanos Menores y comprender las expectativas del mundo.
Descentrarse para salir al mundo, nuestro claustro, y en él testimoniar y proclamar que sólo Dios es el omnipotente (cf. CtaO 9), conscientes de que no hemos sido llamados para vivir para nosotros mismos, sino para los demás, que nuestras fraternidades no son para sí mismas, sino para dar a conocer el Reino de Dios. Clarificada nuestra pertenencia al Señor -centrarse-, y nuestra identidad como Hermanos Menores -concentrarse-, es el momento de ir al mundo entero para proclamar el Evangelio a todas las criaturas, de manera que todos puedan conocer la gracia y el amor que Dios Padre ha revelado y ofrecido en Cristo Jesús (cf. CCGG83 §3). Ésta es nuestra misión y nuestra razón de ser: Dar a conocer el Reino (cf.Prioridades 2003-2006, 4).
Centrarse, concentrarse, descentrarse: tres movimientos esenciales para una verdadera refundación de nuestra vida y misión, objetivo último de este VIII Centenario. Centrarse, concentrarse, descentrarse: tres movimientos inseparables.
Centrarse, concentrarse, descentrarse: tres movimientos que cuestionan nuestra vida y misión, y que nos llaman a volver a lo esencial de nuestro carisma, sin olvidar las llamadas que nos vienen de la historia.
Desde esta profunda convicción invito a todos los hermanos a entrar en este proceso, sin prisas por ver los resultados, pues como dice un refrán: “ninguna semilla llega a ver su propia flor”, pero también sin pausas que paralicen un proceso que resulta ineludible si queremos un futuro para nuestra forma vitae, recordando lo que dice el Talmud: “No estáis obligados a completar vuestra obra, pero no sois libres de no iniciarla”. Es esta una responsabilidad que todos, sin excepción, hemos de asumir con valentía y creatividad, sintiéndonos “centinelas de la mañana” (cf. Is1, 11-12) y trabajando para construir un futuro lleno de esperanza, con los ojos siempre puestos en el Señor que nos sigue asegurando: “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).
El proyecto “La gracia de los orígenes”
El proyecto la gracia de los orígenes, elaborado y aprobado por el Definitorio general el día 8 de noviembre de 2004, con anterioridad presentado a los Presidentes de las Conferencias para una primera aprobación, y luego enriquecido con sugerencias llegadas de las distintas Entidades de la Orden, quiere marcar el camino de toda la Orden de los Hermanos Menores desde el 2006, aniversario de la conversión de San Francisco, al 2009, año en que recordaremos el VIII Centenario de la aprobación de la “Protorregla”.
El proyecto la gracia de los orígenes quiere ayudar a todos los Hermanos a dar una respuesta creativa y adecuada a los desafíos que nos vienen de la Iglesia y del mundo de hoy. Invito a todos, particularmente a los Ministros y Custodios, a acogerlo con simpatía y a ponerlo en práctica con fe y decisión.
El proyecto la gracia de los orígenes contempla un camino en tres etapas: 2006, focalizado en el discernimiento; 2007, en el proyecto de vida y 2008-2009, en la celebración del don de la vocación. Cada etapa será presentada sucesivamente por un subsidio de trabajo y de profundización. Un momento del todo particular será la celebración del Capítulo general extraordinario que se realizará, con el favor de Dios, del 15 de septiembre 2006 al 1º de octubre del mismo año en Santa María de los Ángeles, la Porciúncula (Asís). A Santa María de los Ángeles, confiamos este proyecto la gracia de los orígenes, para que dé frutos abundantes. San Francisco, nuestro padre y hermano, nos acompañe en este camino.
Ruego final
Queridos hermanos y hermanas, yo, vuestro menor siervo en profunda comunión con todo el Definitorio general, os ruego y suplico encarecidamente, por la caridad que es Dios (cf. 1Jn 4, 16) y con la voluntad de besar vuestros pies, que os sintáis obligados a acoger y poner por obra estas propuestas nacidas en la reflexión y en la oración, para poder celebrar mejor la gracia de los orígenes (cf. 2CtaF 87). “Y a todos aquellos y aquellas que benignamente las acojan […] bendíganlos el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. Amén” (1CtaF 88).
Roma, 8 de diciembre de 2004,
solemnidad de la Inmaculada Concepción,
Reina de la Orden de los Hermanos Menores.
Fr. José Rodríguez Carballo ofm
Ministro general
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Año 2006
¡Escuchemos para cambiar de vida!
“¿Señor qué cosa quieres que haga?”
La escucha, la conversión y el discernimiento
de la voluntad del Señor para nuestra vida hoy
Año 2007
¡La osadía de vivir el Evangelio!
“‘Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo
del corazón anhelo poner en práctica’. Rebosando de alegría, se apresura
inmediatamente el santo Padre
a cumplir la doctrina saludable que acaba de escuchar” (1C 22).
Renovar nuestra vida personal y fraterna según el Evangelio, en el contexto vital de
nuestro tiempo.
Años 2008-2009
¡Restituyamos todo al Señor con las palabras y la vida!
“El mismo Altísimo me reveló que debía vivir según la forma del santo Evangelio.
Y yo lo hice escribir en pocas palabras y sencillamente y el señor papa me lo
confirmó” (Test 14-15)
Asombro y agradecimiento al celebrar
el don de nuestra vocación
Tomado de:
http://www.ofm-pic.org/ofmjpic/congress2006/prepdocs/espanol/LaGraciaDeLosOrigenes.pdf
http://pazybien800ctes.blogspot.com/2009/06/que-estamos-celebrando.html



Tomado de: http://www.fratefrancesco.org/01.htm

Y yo oraba y decía así sencillamente: 'Te adoramos, Señor Jesucristo, también en todas tus iglesias que hay en el mundo entero y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo' (S.Francisco, Testamento).
S. Francisco, nacido en Asís, Umbría, fue suscitado por Dios para trabajar con Sto. Domingo1 en el resurgimiento moral del mundo, precisamente en una época de las más borrascosas.
«Cuanto este insensato sublime, dice el Conde de Montalembert, más se ocultaba y rebajaba para hacerse digno, con la humildad y el desprecio de los hombres, de ser vaso del divino amor, tanto más, por un efecto maravilloso de la gracia, corrían los hombres en pos de él.» Francisco tuvo pronto discípulos, que se redujeron a la más estrecha pobreza, compartiendo su ardor en la conversión de los pueblos. «Hermanos míos, les decía, prediquemos penitencia más con nuestros ejemplos que con nuestras palabras.» Dióles después una Regla, que mereció la aprobación de Inocencio III en 1210. Al año siguiente cediéronle los Benedictinos la iglesita de Nra. Sra. de los Ángeles, llamada Porciúncula2, cuna que fué de su Orden. Esta nueva familia religiosa con que enriqueció la Iglesia, multiplicóse con tal rapidez que a los diez años contaba ya hasta cinco mil hermanos en el Capítulo general, celebrado en Asís3.
La Porciúncula
Queriendo S. Francisco que se considerasen como los más pequeños entre los religiosos, dióles el nombre de Frailes Menores. Él mismo no pasó en toda su vida de simple diácono. Al lado de esta Orden, fundó otra que es la de las «damas pobres o Clarisas, así llamadas por la ilustre virgen de Asís y cofundadora Sta. Clara (12 de Agosto).
Finalmente, en 1221, estableció otra Orden, llamada «Orden Tercera de penitencia», a la que los Papas prodigan los más poderosos alientos y ricas gracias. S. Francisco envió discípulos suyos a Alemania, España, Francia, África; él mismo deseó ir a Palestina y a Marruecos sediento del martirio; mas estorboselo en el camino la divina Providencia.
El 4 de Octubre de 1226, dió su alma a Dios, diciendo: «Sacad Señor, mi alma de esta cárcel, para que vaya a cantar tus alabanzas» (Salmo 141).
¡Serafín de Asís! Ahora eres rico, y tu sayal reluce más que la púrpura de los reyes. Ruega por la Iglesia y sigue siendo una de sus más robustas columnas. Enséñanos el desprecio de todo lo terreno, que, al fin. todo ello vale harto menos que un alma.
Y, sin embargo, los hombres arriesgan alocados la suya, y aun la pierden a trueque de allegar un montoncito de polvo que reluce. A ti te llamaron loco las gentes; pero ésta si que es locura, frente a la misteriosa y única cordura de la cruz y del entero desprendimiento.
Mira siempre con especial predilección por tu dilatadísima familia espiritual repartida en tus tres Órdenes, a fin de que se santifiquen y que den a Dios la debida gloria y a la Iglesia el espiritual provecho que de ellos espera.
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1. «Francisco, dice Dante, fué un verdadero Serafin por el amor que abrasó su alma; Domingo con sus luces ocupa las filas de los Querubines». La. vida del primero alcanza de 1182 a 1226: la del segundo va. de 1170 a. 1221. Cuéntase que San Luis, rey de Francia, solía decir : Si yo pudiese dividirme en dos partes, daría. una mitad a Sto. Domingo y la otra a S. Francisco.
2. S. Francisco, después de haber restaurado la Iglesia. de Nra. Sra.. de los Ángeles, alcanzó del Papa la gracia de una indulgencia plenaria para todos los fieles que la visitasen el 2 de Agosto, aniversario que era de su consagración. Todas las iglesias parroquiales gozan desde hace unos años del mismo privilegio.
3. En 1264 los Franciscanos poseían 8.000 casas, creciendo su número en la Edad Media. Actuaalmente las tres ramas de la Orden de S. Francisco cuentan 40.000 miembros en todo el mundo. Han dado a la Iglesia 29 Santos, 60 beatos, 5 Papas y numerosos cardenales, obispos y doctores de la talla de S. Buenaventura., Alejandro de Ales, Rogerio Bacon y Dune Scot.
Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL
Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B. De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España) Páginas 1726 y 1727.
Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).
SAN FRANCISCO DE ASÍS,() Confesor

Llevo en mi cuerpo los estigmas del Señor Jesús. (Gálatas, 6, 17).
Retirado del mundo a los 25 años, después de una juventud disipada pero caritativa, San Francisco está enteramente crucificado para el mundo. Su profunda humildad lo impulsa a rehusar el presbiterado, y desde entonces su vida es un prodigio de virtudes y milagros. Los doce primeros «penitentes de Asís» ya son legión antes de su muerte, con el nombre de Hermanos Menores, y tuvo el consuelo de ver a la Orden de Santa Clara, su santa amiga, extenderse cuando todavía vivía. El Serafín de Asís murió el 3 de octubre de 1226, a la edad de 44 años.
MEDITACIÓN
SOBRE SAN FRANCISCO
I. El amor divino consumió todos los lazos que ataban a San Francisco en la tierra, y le hizo abandonar la casa paterna, las riquezas y los placeres. Toda su vida vivió él en este desasimiento; por esto debes tú comenzar a darte a Dios. Es imposible que ames a Dios y al mundo. ¡Ah! los placeres y los honores de la tierra no merecen ocupar tu corazón; déjalos antes que ellos te dejen a ti.
II. Ese mismo amor que separó a San Francisco de los bienes de la tierra, lo unió estrechamente a su Dios y le hizo encontrar en esta unión una inalterable felicidad. De este modo solía decir: «¡Dios mío y mi todo! en Ti es donde encuentro todo lo que necesito». ¡Alma mía, tratemos de gustar el placer que existe en estar unido a Él; en vano hemos buscado descansar en las creaturas, vayamos a Dios, pero hagámoslo dándonos a Él sin reserva, sin demora, y para siempre!
III. El amor, por último, transformó a San Francisco, en Jesucristo mismo, por decirlo así, cuando un serafín imprimió en su cuerpo las sagradas llagas del Salvador. No recibió esta gracia sino después de haberse hecho, por una mortificación continua, viva imagen de Jesús crucificado. Como este gran santo, lleva tú constantemente en tus miembros la mortificación de Jesucristo. Mira al Salvador clavado en la cruz: he ahí el verdadero modelo de predestinados. Para llegar a ser semejante a Él, es preciso que la mortificación imprima en tu cuerpo sus adorables estigmas. Llevan en sí las llagas de Cristo quienes mortifican y afligen el cuerpo. (San Jerónimo).
La mortificación –
Orad por la Orden de San Francisco.
ORACIÓN
Oh Dios, que, por los méritos de San Francisco dais sin cesar nuevos hijos a vuestra Iglesia, concedednos la gracia de despreciar, siguiendo su ejemplo, los bienes terrenales y poner nuestra dicha en la posesión de los dones celestiales. Por J. C. N. S. Amén.
Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/
«La noche de Navidad de 1886 fue, en verdad, decisiva para mi vocación; pero para calificarla con más claridad debo llamarla: la noche de mi conversión. En esa noche bendita, de la cual está escrito que ilumina las delicias del mismo Dios, Jesús, que se hacía niño por mi amor, se dignó sacarme de los pañales y de las imperfecciones de la infancia. Me transformó de tal suerte que no me conocía a mi misma. Sin ese cambio yo hubiera aún muchos años en el mundo…volvíamos de la misa de medianoche, en la que yo había tenido la dicha de recibir al Dios fuerte y poderoso…en esa noche luminosa…Jesús, el dulce niñito…cambió la noche oscura de mi alma en torrente de luz. La noche en la que él se hace débil y paciente por mi amor, a mí me hizo fuerte y valerosa».

El total abandono, he aquí mi única ley
Una graciosa estrellita aparece en el firmamento precediendo a la mística Doctora, Teresa de Jesús. Es su hija espiritual, la virgen de Lisieux, la «florecita» olorosa y humilde, «la niña querida del mundo», como dijo Plo XI, es santa Teresita del Nifio Jesús, como ella misma profetizo que la habían de lIamar.
Nacida en Alenzón en 1873, al poco de perder a su cristianísima madre, fué colocada en el colegio de las Benedictinas de Lisieux. Ya desde muy niña, con la precocidad que siempre la distinguió, prometía a Jesús que no había de negarle nada de cuanto le pidiese, y así lo hizo hasta el fin.
Dios, que la llamaba fuertemente al Cannelo, Ie allanó todos los caminos para el logro de su difícil intento. Allí practicó las que ella llama pequeñas virtudes con perfección e ingenuidad tales que será siempre el modelo de las almas pequeñitas que van al cielo por el camino fácil de la infancia espiritual, que ella siguió y ensenó a los demás a seguirlo como atajo seguro y descansado para escalar las más altas cumbres de perfección. Lo enseñó sobre todo a sus novicias de Lisieux, y a todos en su autobiografía titulada Historia de un alma.
«El total abandono, he aquí mi única ley», dice en una de sus encantadoras poesías. Dios aceptó su oblación e inmolación en beneficio de las almas, y la quiso víctima, sin darle a gustar de sus dulzuras en esta vida, reservándolo todo para la eterna.
Devorábala el celo por la salvación de las almas, ejerciendo desde sus soledad fecundo apostolado. En eso consistía su cielo, según ella escribía; por lo cual, la Iglesia la ha proclamado, con S. Francisco Javier, patrona celestial de las Misiones católicas.
El 30 de septiembre de 1897, volaba su alma a su centro,a gozar de las sonrisas de su celestial Esposo, por las que tanto anhelara en el destierro.
¡Lirio del Carmelo! Al olor de tus fragancias corren todos, aun los mismos paganos, atraídos por algo irresistible. Verdaderamente eres la «reinecita» del mundo. Haz que seamos siempre, como tú, niños amantes y cariñosos de nuestro Padre celestial, y sigue derramando sobre la tierra aquella lluvia de rosas en que dijiste había de consistir tu cielo.
Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL
Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B. De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España) Páginas 1722.
Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).
SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS,()
Virgen
(1897 p.c.)

"Nunca he dado a Dios más que amor y me va a pagar con amor. Después de mi muerte derramaré una lluvia de rosas". "Quiero pasar mi cielo haciendo bien a la tierra". "Mi "caminito" es un camino de infancia espiritual, un camino de confianza y entrega absoluta".
El entusiasmo y la extensión del culto a Santa Teresita del Niño Jesús, joven carmelita que no se distinguió exteriormente de tantas otras de sus hermanas, es uno de los fenómenos más impresionantes y significativos de la vida religiosa de nuestros días. La santa murió en 1897 y, poco después, era ya conocida en todo el mundo. Su «caminito» de sencillez y perfección en las cosas èquñas y en los detalles de la vida diaria, se ha convertido en el ideal annumerables cristianos. Su biografía, escrita por orden de sus superiores, es un libro famoso y los milagros y gracias que se atribuyen a su intercesión son incontables. La comparación entre las dos Teresas es inevitable, ya que ambas fueron carmelitas, ambas fueron santas y ambas nos dejaron una larga autobiografía en la que se reflejan tanto las divergencias espirituales y temperamentales como los rasgos comunes.
Los padres de la futura santa eran Luis Martin, un relojero de Alençon, hijo de un oficial del ejército de Napoleón y Acelia María Guerin, costurera de la misma ciudad, cuyo padre había sido gendarme en Saint-Denis. María Francisca Teresa nació el 2 de enero de 1873. Tuvo una infancia feliz y ordinaria de buenos ejemplos. «Mis recuerdos más antiguos son de sonrisas y caricias de ternura», confiesa ella misma. Teresita era viva e impresionable, pero no articularmente precoz ni devota. En cierta ocasión en que su hermana mayor, Leonía, ofreció una muñeca y algunos juguetes a Celina y Teresita, Celina escogió una peluca de seda; en cambio, Teresita dijo codiciosamente: «Yo quiero todo». «Ese incidente resume toda mi vida. Más tarde … exclamaba: ¡Dios mío, yo lo quiero todo! ¡No quiero ser santa a medias!». ‘
En 1877 murió la madre de Teresita. El señor Martin vendió entonces su relojería de Alençon y se fue a vivir a Lisieux (Calvados), donde sus hijas podían estar bajo el cuidado de su tía, la Sra. Guerin, que era una mujer excelente. El Sr. Martin tenía predilección por Teresita. Sin embargo, la que dirigía la casa era María, y la mayor, Paulina, se encargaba de la educación religiosa de sus hermanas. Paulina solía leer en voz alta a toda la familia en las largas veladas de invierno; para ello no escogía cualquier libro de piedad barata, sino nada menos que «El año Litúrgico» de Dom Guéranger. Cuando Teresita tenía nueve años, Paulina ingresó en el Carmelo de Lisieux. Desde entonces, Teresita se sintió inclinada a seguirla por ese camino. En aquella época era una niña afable y sensible; la religión ocupaba una parte muy importante en su vida. Un día ofreció un céntimo a un mendigo baldado, quien lo rehusó con una sonrisa. Teresita hubiera querido seguirle para instarle a que aceptara el pastelillo que su padre acababa de darle; la timidez le impidió hacerlo, pero la niña se dijo: «Voy a pedir por este pobrecito el día de mi primera comunión». Aunque ese día de «felicidad total» tardó cinco años en llegar, Teresita no olvidó su promesa. Se educaba por entonces en la escuela de las benedictinas de Notre-Dame-du-Pré. Entre sus recuerdos de escuela. anota: «Viendo que algunas niñas querían particularmente a una u otra de las profesoras, trataba yo de imitarlas, pero nunca conseguí ganarme el favor especial de ninguna. ¡Feliz fracaso, que me salvó de tantos peligros!» Cuando Teresita tenía cerca de catorce años, su hermana María fue a reunirse con Paulina en el Carmelo. La víspera de la Navidad de ese mismo año, Teresita tuvo la experiencia que desde entonces llamó su «conversión». «Aquella bendita noche, el dulce Niño Jesús, quien tenía apenas una hora de nacido, inundó la oscuridad de mi alma con ríos de luz. Se hizo débil y pequeño por amor a mí para hacerme fuerte y valiente. Puso sus armas en mis manos para que avanzase yo de cima en cima y empezase, por decirlo así, ‘a correr como gigante’ «. Es curioso notar que la ocasión de esta gracia súbita fue un comentario que hizo el padre de la joven acerca del cariño que ella profesaba a las tradiciones navideñas. Y el comentario del Sr. Martin no iba dirigido especialmente a Teresita.
En el curso del año siguiente, la joven comunicó a su padre su deseo de ingresar en el Carmelo y obtuvo su consentimiento; pero tanto las autoridades de la orden como el obispo de Bayeux opinaron que Teresita era todavía demasiado joven. Algunos meses más tarde, Teresita y su padre fueron a Roma con una peregrinación francesa, organizada con motivo del jubileo sacerdotal de León XIII. En la audiencia pública, cuando llegó el turno a Teresita para arrodillarse a recibir la bendición del Pontífice, la joven quabrantó osadamente la regla del silencio y dijo a Su Santidad: «En honor de vuestro jubileo, permitidme entrar en el Carmelo a los quince años.» El Pontífice, evidentemente impresionado por el aspecto y los modales de la joven, apoyó sin embargo la decisión de las autoridades inmediatas: «Entraréis, si es la voluntad de Dios le dijo, y la despidió con suma bondad. La bendición de León XIII y la-ardientes oraciones que hizo Teresita en múltiples santuarios durante la peregrinación, produjeron fruto a su tiempo. A fines de aquel año, Mons. Hugoni: concedió a Teresita la ansiada autorización, y la joven ingresó, el 9 de abril de 1888, en el Carmelo de Lisieux, en el que la habían precedido sus dos hermanas. La maestra de novicias afirmó, bajo juramento: «Desde su entrada en la orden, su porte que tenía una dignidad poco común en su edad, sorprendía a todas las religiosas.»
El P. Pichón S. J., quien predicó los Ejercicios a la comunidad cuando Teresita era novicia, dio el siguiente testimonio en el proceso de beatificado], «Era muy fácil dirigirla. El Espíritu Santo la conducía, y no recuerdo haber tenido que prevenirla contra las ilusiones, ni entonces, ni más tarde . . . Lo que más me llamó la atención durante aquellos Ejercicios fueron las pruebas especiales a que Dios me sometía.» La joven religiosa leía asiduamente la Biblia y la interpretaba correctamente, como lo prueban las múltiples citas de la Sagrada Escritura que hay en «Historia de un alma». Dado que su culto ha alcanzado las proporciones de una devoción popular, vale la pena llamar la atención sobre la predilección de la santa por la oración litúrgica y su inteligencia de esa inagotable fuente de vida cristiana. Cuando le tocaba oficiar durante la semana y tenía que recitar en el coro las colectas del oficio, solía recordar «que el sacerdote dice las mismas oraciones en la misa y, como él, estaba yo autorizada a rezar en voz alta ante el Santísimo Sacramento y a leer el Evangelio, cuando era yo primera cantora.» En 1899, Teresita y sus hermanas sufrieron una tremenda prueba de ver que su padre perdía el uso de la razón a consecuencia de dos ataques de parálisis. Hubo que internar al Sr. Martin asilo privado, en el que permaneció tres años. Escribió Teresita: «los tres años del martirio de mi padre fueron, a lo que creo, los más ricos y fructuosos de nuestra vida. Yo no los cambiaría por los éxtasis más sublimes.» La religiosa hizo su profesión el 8 de septiembre de 1890. Pocos días antes, escribía a la madre Inés de Jesús (Paulina): «Antes de partir, mi Amado me preguntó por qué caminos y países iba yo a viajar. Yo repliqué que mi único deseo consistía en llegar a la cumbre del monte del Amor. Entonces nuestro Salvador, tomándome por la mano, me condujo a un camino subterráneo, en el que no hace frío ni calor, en el que el sol no brilla nunca, en el que el viento y la lluvia no tienen entrada. Es un túnel en el que reina una luz velada que procede de los ojos de Jesús, que me miran desde arriba … Daría yo cualquier coas por conquistar la palma de Santa Inés; si Dios no quiere que la gane por la sangre, la ganaré por el amor . . .»
Uno de los principales deberes de las carmelitas consiste en orar por los sacerdotes. Santa Teresita cumplió ese deber con inmenso fervor. Durante su viaje por Italia, había visto u oído algo que le había hecho abrir los ojos a la idea de que los sacerdotes tienen necesidad de oraciones tanto como el le los cristianos. Teresita jamás cesó de orar, en particular, por el célebre carmelita Jacinto Loyson, quien había apostatado de la fe. Aunque era constitución delicada, la santa religiosa se sometió desde el primer momento a todas las austeridades de la regla, excepto al ayuno, pues sus superioras se lo impidieron. La priora decía: «Un alma de ese temple no puede ser tratada como una niña. Las dispensas no están hechas para ella.» Sin embargo, Teresita confesaba: «Durante el postulantado, me costó muchísimo ejecutar ciertas pnitencias exteriores ordinarias. Pero no cedí a esa repugnancia, porque me parecía que la imagen de mi Señor crucificado me miraba con ojos que imploraban tales sacrificios.» Entre las penitencias corporales, la más dura para ella era el frío del invierno en el convento; pero nadie lo sospechó hasta que Teresita lo confesó en el lecho de muerte. Al principio de su vida religiosa había dicho: «Quiera Jesús concederme el martirio del corazón o el martirio de la carne preferiría que me concediera ambos.» Y un día pudo exclamar: «He llagado a un punto en que me es imposible sufrir, porque todo sufrimiento me es dulce.»
La autobiografía titulada «Historia de un alma», que Santa Teresita escribió por orden de su superiora, es un hermoso documento de carácter excepcional. Está escrito en estilo claro y de gran frescura, lleno de frases familiares. Abundan las intuiciones psicológicas que revelan un extraordinario conocimiento propio y una profunda sabiduría espiritual de la que no está excluida la belleza. Cuando Teresita define su oración, nos revela más acerca de sí misma que si hubiese escrito muchas páginas de análisis propiamente dicho: «Para mí, orar consiste en elevar el corazón, en levantar los ojos al cielo, en manifestar mi gratitud y mi amor lo mismo en el gozo que en la prueba. En una palabra, la oración es algo noble y sobrenatural, que ensancha mi alma y me une con Dios . . . Confieso que me falta valor para buscar hermosas oracione en los libros, excepto en el oficio divino, que es para mí una fuente de gozo espiritual, a pesar de mi indignidad . . . Procedo como una niña que no sabe leer; me limito a exponer todos mis deseos al Señor, y El me entiende.» La penetración psicológica de la autobiografía es muy aguda: «Me porto con un soldado valiente en todas las ocasiones en las que el enemigo me provoca a la lucha. Sabiendo que el duelo es un acto de cobardía, vuelvo las espaldas al enemigo sin dignarme ni siquiera mirarle, me refugio apresuradamente en mi Salvador y le manifiesto que estoy pronta a derramar mi sangre para dar testimonio de mi fe en el cielo.» Teresita resta importancia a su heroica paciencia con una salida humorística. Durante la meditación en el coro, una de las hermanas solía agitar el rosario, cosa que irritaba sobremanera a la joven religiosa. Finalmente, «en vez de tratar de no oír nada, lo cual era imposible, decidí escuchar como si fuese la más deliciosa música. Naturalmente mi oración no era precisamente «de quietud», pero cuando menos tenía yo una música que ofrecer al Señor.» El último capítulo de la autobiografía constituye un verdadero himno al amor divino que concluye así: «Te ruego que poses tus divinos ojos sobre un gran número de almas pequeñas; te suplico que escojas entre ellas una legión de víctimas insignificantes de tu amor.» Teresita se contaba a sí misn entre las almas pequeñas: «Yo soy un alma minúscula, que sólo puede ofrece pequeñeces a nuestro Señor.»
En 1893, la hermana Teresa fue nombrada asistente de la maestra de novicias. Prácticamente era ella la maestra de novicias, aunque no tenía el título. Acerca de sus experiencias de aquella época, escribe: «De lejos parece muy fácil hacer el bien a las almas, lograr que amen más a Dios y moldearlas según las ideas e ideales propios. Pero cuando se ven las cosas más de cerca llega uno a comprender que hacer el bien sin la ayuda de Dios es tan imposible como hacer que el sol brille a media noche … Lo que más me cuesta es tener que observar hasta las menores faltas e imperfecciones para combatirlas despiadadamente». La santa tenía entonces veinte años. Su padre murió en 1894 Poco después, Celina, quien hasta entonces se había encargado de cuidarle siguió a sus tres hermanas en el Carmelo de Lisieux. Dieciocho meses ma tarde, en la noche del Jueves al Viernes Santos, Santa Teresita sufrió una hemorragia bucal, y el gorgoteo de la sangre que le subía por la garganta lo oyó «como un murmullo lejano que anunciaba la llegada del Esposo». Por entoces se sintió inclinada a responder al llamado de las carmelitas de Hanoi, en Indochina, quienes querían que partiese a dicha misión. Pero su enfermedad fue empeorando cada vez más y, los últimos dieciocho meses de su vida, fuera un período de sufrimiento corporal y de pruebas espirituales. Dios le concedió entonces una especie de don de profecía, y Teresita hizo la triple confesión que ha estremecido al mundo entero: «Nunca he dado a Dios más que amor y me va a pagar con amor. Después de mi muerte derramaré una lluvia de rosas». «Quiero pasar mi cielo haciendo bien a la tierra». «Mi «caminito» es un camino de infancia espiritual, un camino de confianza y entrega absoluta». En junio de 1897, la santa fue trasladada a la enfermería del convento, de la que no volvió a salir. A partir del 16 de agosto, ya no pudo recibir la comunión, pues sufría de una nausea casi constante. El 30 de septiembre, la hermana Teresa de Lisieux murió con una palabra de amor en los labios.
El culto de la joven religiosa empezó a crecer con rapidez y unanimidad impresionantes. Por otra parte, los múltiples milagros obrados por su intercesión atrajeron sobre Teresita las miradas de todo el mundo católico. La Santa Sede, siempre atenta al clamor unánime de toda la Iglesia visible, suprimió en este caso el período de cincuenta años que se requiere ordinariamente para introducir una causa de canonización. Pío XI beatificó a Teresita en 1923 y la canonizó en 1925 y extendió su fiesta a toda la Iglesia de occidente. En 1927, Santa Teresa del Niño Jesús fue nombrada, junto con San Francisco Javier, patrona de todas las misiones extranjeras y de todas las obras católicas en Rusia. No sólo los católicos sino también muchos no católicos que habían leído la autobiografía y se habían asomado al misterio de la vida oculta de Teresita, acogieron con inmenso gozo esas decisiones de la Santa Sede. La joven santa era delgada, rubia, de ojos azul gris; tenía las cejas ligeramente arqueadas; su boca era pequeña y sus facciones delicadas y regulares. Las fotografías originales reflejan algo del ser de Teresita; en cambio, las fotografías retocadas que circulan ordinariamente son insípidas e impersonales.
Teresa del Niño Jesús se había entregado con entera decisión y plena :onciencia a la tarea de ser santa. Sin perder el ánimo, ante la aparente imposibilidad de alcanzar las cumbres más elevadas del olvido de sí misma, solía repetirse: «Dios no inspira deseos imposibles. Por consiguiente, a pesar de mi requeñez, puedo aspirar a la santidad. No tengo que hacerme más grande de lo que soy, sino aceptarme tal como soy, con todas mis imperfecciones. Quiero buscar un nuevo camino para el cielo, un camino corto y recto, un pequeño atajo. Vivimos en una época de invenciones. Ya no tenemos que molestarnos en subir escaleras; en las casas de los ricos hay elevadores. Yo quisiera descubrir un ascensor para subir hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir los escalones de la perfección. Así pues, me puse a buscar en la a grada Escritura algún indicio de que existía el ascensor que yo necesitaba encontré estas palabras en boca de la Eterna Sabiduría: «Que los que son pequeños vengan a Mí'» (Isaías, LXVI, 13).
Los libros y artículos sobre Santa Teresita son por así decirlo innumerables; pero; todos se basan en la autobiografía y en las cartas de la santa, a las que se añaden en algunos citios ciertos testimonios del proceso de beatificación y canonización. Estos últimos documentos, impresos para uso de la Sagrada Congregación de Ritos, son muy importantes, ya que permiten ver que ni siquiera las religiosas sometidas a las austeridades de la regla del Carmelo están exentas de la fragilidad humana y que una parte de la misión de Teresita del Niño Jesús consistió precisamente en reformar con su ejemplo silencioso la observancia en su propio convento. Entre las mejores biografías de la santa (que no son las más largas), hayy que mencionar las de H. Petitot, Ste. Teresa of Lisieux: A Spiritual Renaissance (1927); la del barón Angot des Rotours en la colección Les Saints; la de F. Laudet, L’enfant chérie du monde (1927); la de H. Ghéon, The Secret of the Little Flower (1934). Las publicaciones de carácter más oficial, por decirlo así, son L’histoire d’une ame,que ha sido traducida prácticamente a todas las lenguas, incluso al hebreo; Mons. Laveille, Ste Thérése… d’aprés les documents officiels du Carmel de Lisieux (1929); la edición de cartas selectas hecha por el P. Combes (trad. ingl., Collected Letters, 1950). Véase también Le problème de l’Histoire d’una ame et des oeuvres completes de Ste. Thérese de Lisieux (1950). Entre las obras más recientes se cuentan las biografías y ensayos de M. M. Philipon, A. Combes (1946; trad. ingl. en 3 vols.), y M. van der Meersch (1947). Esta última obra ha sido criticada con gran detalle en La petite Ste Thérese, del P. Combes y otros autores. C V. Sackville West, The Eagle and the Dove (1943); y J. Beevers, Storm of Glory (1949 Como caso curioso de reacción contra el entusiasmo que provocó la canonización, citemí el artículo del P. Ubald d’Alençon en la revista catalana Eludís Franciscans, vol xxx; cf. la respuesta que dio a dicho artículo en la misma revista el vicario general de Bayeux. Recientemente se ha publicado la edición original de Histoire d’une ame sin retoque alguno.
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Omnipotente y sempiterno Dios, mirad al Corazón de vuestro amantísimo Hijo y a las alabanzas y satisfacciones que os ofreció en nombre de los pecadores, y conceded piadoso el perdón a los que imploran vuestra misericordia en nombre de vuestro mismo Hijo Jesucristo, que con Vos vive y reina en unidad con el Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
Mas. recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad, de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos ante todo obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar con voluntaria expiación no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.
Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra Vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del Amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que ponen obstáculos al magisterio de la Iglesia por Vos fundada.
¡Ojalá que nos fuera dado lavar tantos crímenes, con nuestra propia sangre! Mas, entre tanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen, nuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que Vos mismo ofrecisteis un día sobre la Cruz al eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y con el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza de la fe, la inocencia de la vida, y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento.
¡Oh benignísimo Jesús! por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación, concedednos que seamos fieles a vuestros mandamientos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia final, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos. Amén.
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¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: «Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes».
Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA. en estos términos:
«Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora».
En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:
1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,
2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…
Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación. ¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!
¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:
1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;
2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;
3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.
De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.

Esto dice el Señor Dios: Mira que yo enviaré mi Ángel que te guíe y te gurade en el viaje, hasta introducirte en el país que te he preparado (el cielo). Reverénciale y escucha su voz; no creas que le puedes menospreciar, porque, si haces algún mal, no te lo pasará, y en él se halla el nombre mío. Y si escuchares su voz y ejecutares todas las cosas que te ordeno, seré enemigo de tus enemigos, y perseguiré a los que te persigan. Y mi Ángel irá delante de ti. Exódo, 23,20-23
Admitidos en la gloria, los Ángeles tienen por misión primaria la de adorar a la Divinidad (Intr., Ofert., Com.), y la Iglesia, en el Prefacio, ruega a Dios nos permita juntar nuestras voces con las de ellos, para alabar a Dios. Mas, como su nombre mismo lo indica, los Ángeles son también mensajeros de la voluntad divina (Ofert.); ellos presiden a todas las cosas creadas, y tienen por misión el servir a los futuros herederos de la salvación (Heb. 1,14) Llámeseles por esto Ángeles de la Guarda (Or.). Es además común opinión que los reinos, provincias, familias, diócesis, Iglesias, comunidades religiosas, etc. tienen su respectivo Ángel tutelar.
Nuestro Ángel Custodio tiene la misión de protegernos y defendernos, para que, con su protección, puestos siempre al abrigo de las asechanzas de los enemigos de nuestra alma y de todas las adversidades, podamos llegar a la Tierra Prometida de la vida eterna(Or., Secr., Posc.) Este fiel compañero merece todo nuestro reconocimiento y veneración, aun cuando sólo fuera por ser un bienaventurado, que goza ya de la visión beatífica (Ev.). Con el fin de animarnos a esta práctica continua de las almas cristianas, la Iglesia ha establecido la fiesta de los Santos Ángeles de la Guarda.
Si estuviéramos íntimamente persuadidos de estas realidades, si pusiéramos por obra la Epístola (Exódo, 23,20-23) de hoy, sentiríamos, palparíamos la presencia de nuestro Santo Ángel, como la sintió santa Francisca Romana y tantos otros siervos y siervas de Dios.
Nota: Celebrada ya esta fiesta por los españoles en el siglo XVI, Paulo V en 1608 la extendió a toda la Iglesia.
Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL
Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B. De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España) Páginas 1719 y 1720.
Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

El Altísimo mandó a sus ángeles que cuidasen de ti; los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres; te llevarán en sus manos; no sea que tropiece tu pie contra la piedra, (Salmo, 90, 11-12).
INVOCACIÓN AL ÁNGEL DE LA GUARDA
Angele Dei, qui custos es mei, me tibi commíssum pietáte supérna, illúmina, custódi, rege et gubérna. Amen.
Ángel de Dios, que eres mi custodio: ilumíname, guárdame, guíame y gobiérname, a mí confiado a ti por la piedad divina Amén.

Ángel de mi guarda, dulce compañía: no me desampares ni de noche ni de día, ni me dejes solo, que me perdería. Amén.
Fuentes consultadas:
http://misa_tridentina.t35.com/
http://costumbrario.blogspot.com/
LOS SANTOS ÁNGELES DE LA GUARDA,()

El Altísimo mandó a sus ángeles que cuidasen de ti; los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres; te llevarán en sus manos; no sea que tropiece tu pie contra la piedra, (Salmo, 90, 11-12).
Los hijos de los reyes no salen sino escoltados de personas encargadas de velar por ellos y defenderlos en caso de necesidad. Pues bien, todos los cristianos se han vuelto, por su bautismo, hijos del Rey de los cielos. Es por esto que Dios da a cada persona un compañero fiel encargado de guardarla, conducirla y gobernarla. Este compañero es nuestro ángel de la guarda. Debemos, en este día de su fiesta, agradecer a la bondad divina por este singular favor; y, al mismo tiempo, dar gracias a estos espíritus bienaventurados por la solicitud con que velan sobre nosotros y nos acompañan desde la cuna hasta la tumba. Es la finalidad que persigue la Iglesia al establecer la fiesta de hoy.
MEDITACIÓN SOBRE
LOS ÁNGELES DE LA GUARDA
I. Admira la bondad de Dios que ha destinado a un príncipe de su corte a que vele sobre tu conducta. Tu ángel de la guarda día y noche se mantiene a tu lado; te defiende contra el demonio y las tentaciones; te inspira santos pensamientos; te desvía del mal; intercede por ti ante Dios. Agradece a Dios la bondad que te demuestra al darte un conductor tan fiel y tan caritativo, y ve en esta gracia una prueba de la estima que tiene de tu alma. Agradece a tu ángel custodio por los servicios que te presta; pídele los continúe hasta tu muerte.
II. Ten profundo respeto por tu ángel y demuéstraselo todos los días con alguna oración. No mal trates, no escandalices a nadie; acuérdate de la palabra del Señor que te prohíbe escandalizar a los pequeñuelos, porque sus ángeles ven siempre el rostro de su Padre. Estos ángeles vengarán el daño que hicieres a quienes están a su cuidado. Si trabajas por convertir a algún pecador, ruega a su ángel custodio que te ayude. Honra a tu ángel de la guarda. N o hagas en su presencia lo que no harías en presencia de una persona respetable.(San Bernardo).
III. Considera a tu ángel custodio como al mejor amigo que tienes en este mundo. Él es fiel, no te abandonará en tus necesidades. Está infinitamente iluminado, consúltalo en tus dudas: no te engañará. Es poderoso para socorrerte: tiene más poder, más inteligencia y más fuerza que los hombres en quienes pones tu confianza. Escucha lo que te inspira. ¡Ah! si tuvieses un poco de fe, nada temerías, sabiendo que tu ángel está contigo.
La devoción a los ángeles custodios
Orad por los viajeros.
ORACIÓN
Oh Dios, que, por inefable providencia, os dignáis enviar a vuestros santos ángeles para que nos guarden, conceded a nuestras humildes súplicas la gracia de ser sostenidas por su protección, y el gozo de ser en la eternidad los compañeros de su gloria. Por J. C. N. S. Amén.
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San Remigio, célebre obispo de Reims, conocido en la historia principalmente por el hecho de haber bautizado al rey Clodoveo y un buen número de su pueblo, fue hombre, según el testimonio de San Gregorio de Tours, insigne por su erudición y santidad y por sus obras maravillosas, por todo lo cual es considerado como el apóstol de los francos. Las fuentes que nos informan sobre él, principalmente San Gregorio. de Tours y San Avito de Vienne, aunque fieles en la relación de los hechos fundamentales, no son absolutamente seguras, en lo que se refiere a los detalles de los mismos. Sin embargo, tomando el conjunto de éstos, podemos decir que estamos suficientemente informados.
Nacido en Laon, hacia el año 437, de padres galos, hizo tan considerables progresos en su formación, y particularmente en la elocuencia, que, según el testimonio de San Sidonio Apolinar, compañero suyo en los primeros años, llegó a superar a todos sus iguales. Contando sólo veintidós años de edad, al quedar vacante en 459 la sede de Reims, fue él destinado para la misma, y los hechos probaron bien pronto que con su celo y fervor de espíritu suplía lo que le faltaba de experiencia.
No poseemos muchas noticias sobre la actividad de San Remigio durante la primera etapa de su vida, desde su elevación a la sede de Reims, en 459, hasta el gran acontecimiento de la conversión de Clodoveo, hacia el 496, en que tan directamente intervino San Remigio. Pero lo poco que conocemos nos lo presenta como un prelado eminente, consciente de sus deberes y entregado de lleno a la instrucción y gobierno de su pueblo. Sabemos por Sidonio Apolinar que desarrolló gran actividad en convertir a muchos entre los invasores francos y someterlos al yugo de Cristo. El mismo atestigua que poseyó un volumen de los sermones de Remigio, cuya suavidad, belleza de expresión y plenitud de doctrina pondera extraordinariamente. Con esta elocuencia, a la que se juntaba su eminente santidad, contribuyó eficazmente a poner el fundamento de la conversión del pueblo de los francos.
Entre los pocos documentos que de este tiempo se nos han conservado es digna de memoria una carta, dirigida por San Remigio, hacia el año 482 a Clodoveo, en la que lo felicitaba por su feliz principio como rey de los francos en la región de Tournai y le daba excelentes orientaciones y consejos para el gobierno de su pueblo. Así le dice: «Debéis mostrar deferencia con los sacerdotes y recurrir siempre a su consejo. Si reina armonía entre vos y ellos, vuestro reino sacará de ello mucho provecho… Que todos os amen y os respeten… Que vuestro tribunal sea asequible a todos y que nadie salga triste de él. Emplearéis todas las riquezas de vuestros padres en librar cautivos y desatar las cadenas de los esclavos…»
De hecho, tal era ya su prestigio por este tiempo que, cuando Clodoveo conquistó la Galia del Norte, en torno al año 490, Remigio fue, seguramente, el intermediario entre la población indígena, cristiana en su mayoría, y los dirigentes conquistadores. Todo su empeño lo dirigió desde entonces a atraer al mismo Clodoveo a la religión cristiana.
Precisamente la intervención de San Remigio en la conversión definitiva de Clodoveo y del pueblo franco constituye el punto más interesante y glorioso de su vida. Por esto es conveniente notarla con alguna detención. Ante todo, consta que en este tiempo Clodoveo, aunque continuaba afecto al paganismo, trataba amistosamente con los cristianos, que constituían la mayoría de la población indígena. El mismo había tomado por esposa a la católica Clotilde, hija del rey cristiano de Borgoña, Chilperico. Más aún: sabemos que ella realizó repetidos intentos de convertir a su esposo al cristianismo, y que éste consintió en que su primogénito fuera bautizado. Es verdad que según se refiere, habiendo muerto el niño poco después del bautismo, echó en cara a la reina esta muerte, afirmando que no hubiera muerto si hubiera sido puesto bajo la protección de los dioses francos; sin embargo, volvió a permitir que su segundo hijo fuera bautizado.
Estando, pues, Clodoveo en esta disposición tuvo lugar su conversión, según todos los indicios, durante la guerra que mantuvo contra los alemanes el año 496 o tal vez 497. ¿Cómo sucedió este importante acontecimiento y qué intervención tuvo en él San Remigio, el apóstol de los francos? No es fácil responder con absoluta objetividad a esta pregunta. Sin embargo, teniendo presente el relato de San Gregorio de Tours, que es quien más detalles nos ofrece, y otras noticias contemporáneas, podemos responder substancialmente lo siguiente:
Habiendo irrumpido los alemanes en el territorio de los francos encontrábase Clodoveo en el momento decisivo de la batalla. Más aún: cuando advirtió que los francos comenzaban a ceder y que era inminente la victoria de sus enemigos, invocó al Dios de su esposa, Santa Clotilde, prometiéndole abrazar la fe si le concedía la victoria. De hecho, inesperadamente, volvieron la espalda los enemigos y emprendieron la huida. Ante un hecho tan sorprendente, Clodoveo, ya victorioso, se decidió a realizar lo prometido.
A este hecho fundamental añade San Gregorio de Tours diversos detalles, de cuya objetividad no ofrece plenas garantías Tales son: que su esposa, Clotilde, antes de emprender Clodoveo la batalla, le dijo: «Señor, si quieres alcanzar victoria, invoca al Dios de los cristianos: si tú lo invocas con toda confianza, nada se te puede resistir». A lo cual respondió Clodoveo que así lo haría, y, si salía victorioso, se haría cristiano. Por esto el mismo historiador, en el momento crítico de la batalla, pone en boca del rey franco estas palabras invocando al Señor: «¡Oh Cristo, a quien Clotilde invoca como Dios vivo!, yo imploro tu ayuda. He invocado a mis dioses, y ellos no tienen ningún poder. Acudo, pues, a ti. Yo creo en ti. Líbrame de mis enemigos y yo me bautizaré en tu nombre».
El mismo Gregorio de Tours añade multitud de detalles sobre los acontecimientos que luego siguieron: cómo, lleno de júbilo por la victoria, exclamó al encontrarse con su esposa, Clotilde: «Clodoveo ha vencido a los alemanes pero tú has vencido a Clodoveo». Y a continuación realizó con toda solemnidad el acto trascendental de su propio bautismo y de gran número de magnates de su pueblo. Reduciendo, pues, a lo substancial todo este relato, podemos sintetizarlo de la manera siguiente:
Con el consejo de su esposa, Santa Clotilde, Clodoveo se puso en contacto con San Remigio de Reims, y, efectivamente, bajo su dirección, tanto el rey como un buen número de magnates y del pueblo recibieron la instrucción necesaria para poder recibir el bautismo. Clodoveo manifestó, por una parte, su preocupación de que muchos de ellos, particularmente los hombres de su guardia personal, no renunciarían fácilmente a sus dioses, y, por otra, su voluntad de que no se forzara a nadie a abrazar la fe cristiana. Pero la mayoría de los magnates y demás cortesanos se manifestó decidida a seguir el ejemplo de su rey. Así, pues, dedicóse de lleno San Remigio a la obra de su instrucción, en lo que consta que le ayudó otro santo insigne, San Vedasto.
La escena misma del bautismo, aun exponiéndonos a mezclar los hechos estrictamente históricos con detalles subjetivos del cronista, vale la pena reproducirla como nos la refiere San Gregorio. En efecto, con el objeto de impresionar los sentidos de aquel pueblo bárbaro con las solemnes ceremonias del bautismo, San Remigio y la reina Clotilde procuraron que la ciudad de Reims, donde se realizó probablemente este gran acto, se engalanara con toda magnificencia y que la catedral y el baptisterio aparecieran con los esplendores de las grandes fiestas. Luego añade el historiador: «El nuevo Constantino avanza hacia el baptisterio. Cuando hubo entrado en él, en presencia de todo el pueblo y de la corte entera que lo contemplaba, el obispo Remigio le dice: «Inclina humildemente tu cabeza; adora lo que hasta ahora has quemado: quema lo que hasta aquí has adorado». Así, pues, habiendo hecho Clodoveo la profesión de fe en Dios omnipotente y en la Trinidad, fue bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».
A continuación San Remigio bautizó a dos hermanas del rey y, con la ayuda de otros sacerdotes, a unos tres mil hombres de la corte y del ejército, así como también a gran multitud de mujeres y niños. Muchos suponen que estos acontecimientos tuvieron lugar el 25 de diciembre de 496, el mismo año de la victoria de Clodoveo sobre los alemanes.
Fácilmente se comprende el entusiasmo con que recibió estos acontecimientos el episcopado de las Galias. San Avito de Vienne escribía al príncipe: «Vuestra fe es nuestra victoria… ¿Osaré yo predicaros la misericordia de Dios, cuando un pueblo, hasta ahora cautivo, celebra la vuestra con transportes de júbilo ante el mundo entero y con lágrimas delante de Dios? Yo no formulo más que un voto; puesto que Dios va a hacer, por vuestro medio, un pueblo enteramente suyo, esparcid del tesoro de vuestro corazón semillas de fe entre los pueblos vecinos que, viviendo en su ignorancia, no han sido corrompidos por los gérmenes de las doctrinas perversas».
Una vez realizada la conversión oficial del pueblo franco, en la que tan activa parte tuvo San Remigio, continuó éste trabajando con la mayor intensidad en su ulterior instrucción. Bajo la protección de Clodoveo continuó esparciendo entre los francos la semilla del Evangelio, con lo cual realizó una obra admirable. La leyenda le atribuye un número extraordinario de milagros en esta labor de evangelización. A este propósito es célebre, sobre todo, la de la vasija o ampolla sancta, que se conservaba en la abadía de San Remigio, que se supone ser la misma que sirvió para ungir con el óleo santo del bautismo al rey Clodoveo y que vino milagrosamente del cielo. Esta vasija se empleaba en la consagración de los reyes de Francia, pero fue rota en la Revolución francesa, si bien se conserva una parte de ella en la catedral de Reims.
Los obispos, reunidos en una asamblea convocada en Reims, declararon que se sentían impulsados a la defensa de la fe por el ejemplo viviente de San Remigio, el cual, según ellos afirman, «en todas partes destruyó los altares de los ídolos, realizando multitud de milagros». De él conservamos una carta, escrita poco después de la muerte de Clodoveo, ocurrida en 511 y dirigida al obispo de Tongres-Maestricht. En tono enérgico reprocha a este último obispo algunos excesos cometidos contra algunos pueblos. De este modo aparece la entereza de carácter con que continuó trabajando hasta el fin de su vida.
De todo ello se deduce que San Remigio, en la última etapa de su vida, hizo lo que pudo para promover el Evangelio entre el pueblo de los francos, recién convertido al cristianismo, por lo cual, con justo título, es venerado como su apóstol. En un sínodo celebrado en 517 convirtió a un obispo arriano, que se había presentado para argüir contra el santo obispo. Sin embargo, su acción apostólica no siempre encontró la aprobación y buena acogida entre sus hermanos de episcopado.
Poco después de la muerte de Clodoveo, probablemente en 512, los obispos de París, Sens y Auxerre le escribieron acerca de un sacerdote, llamado Claudio, ordenado por él a petición del rey. En la carta le reprochan el haber ordenado a un hombre mercader, según ellos, de degradación, y dan a entender que piensan fue sobornado para ello, acusándole de haber perdonado todos los desaciertos financieros de Claudio. Se conserva la carta con la que San Remigio respondió a este cúmulo de inculpaciones y acusaciones infundadas. Claramente convencido de que aquellos obispos estaban llenos de despecho y apasionamiento, se lo manifiesta así con toda claridad, pero su respuesta es un modelo de paciencia y caridad.
San Gregorio de Tours atestigua que gobernó la Iglesia de Reims setenta años, y que murió en paz hacia el año 530. Se ha conservado el texto de un testamento, que se le atribuye. Probablemente es auténtica la versión breve del mismo. Su fiesta se celebró en distintas fechas, y la Iglesia de Reims le dedicaba cinco durante el año: el 12 de enero, la vigilia; el 13, su fiesta, el 29 de mayo, la traslación, el 1 de octubre, otra traslación; el 30 de diciembre, su relación. Pero, al fin, prevaleció el 1 de octubre como única fiesta.
BERNARDINO LLORCA, S. I.
Tomado de: http://www.conocereisdeverdad.org

S. Remigio, obispo de Reims y confesor, convirtió la nación franca a la fe de Cristo, bautizando a su rey Clodoveo (+ 533).
Ya que, con el prestigio de tu santidad ¡oh Remigio! subyugaste a los fieros Sicambros con su rey, haciéndoles, abrazar la fe y el suave yugo de Cristo, aprovecha también hoy el ascendiente que en el cielo tienes en pro sobre todo de esa nación privilegiada cuyo apóstol fuiste, y que tanto viene favoreciendo o estorbando el reinado de Dios sobre la tierra.
Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL
Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B. De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España) Páginas 1718 y 1719.
Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).
SAN REMIGIO,()
Obispo y Confesor

Conforme a la santidad del que os llamó, sed también vosotros santos en todo vuestro proceder. (1 Pedro, 1,15).
San Remigio, el gran apóstol de Francia, fue ilustre por la ciencia, la elocuencia, la santidad y los milagros que jalonaron sus largos setenta años de episcopado. Elegido por Santa Clotilde para instruir religiosamente al rey Clodoveo, su esposo, que había decidido abrazar el cristianismo, tuvo el santo obispo el consuelo de bautizarlo, con dos de sus hermanas, tres mil guerreros y muchas mujeres y niños. Destruyó los ídolos e hizo edificar iglesias. Murió hacia el año 533, casi nonagenario.
MEDITACIÓN SOBRE LA SANTIDAD
RESUMIDA EN TRES PALABRAS
I. La santidad puede resumirse en tres palabras: abstenerse, sufrir, emprender. Abstente de las cosas ilícitas y peligrosas, y a menudo aun de las permitidas. Prívate de los placeres de esta vida, y gozarás de los del cielo. No hay gozo más dulce, aun en esta vida, que privarse de un placer por amor de Dios. Señor , ¿cómo podría entregarme al placer viéndoos clavado en una cruz? ¡Existe un infierno para los voluptuosos, y me abandono yo a las delicias!
II. Hemos de sufrir ataques de la concupiscencia, del mundo y del demonio. Hemos de sufrir insultos de nuestros enemigos y perfidias de quienes consideramos amigos. En fin, seas quien fueres, te desafío a que me cites tan siquiera un día de tu vida en que no hayas sufrido. Reflexiónalo bien. El mundo es incapaz de satisfacer nuestros deseos, y la inquietud incesante de nuestra alma, en el seno mismo de la abundancia, es una prueba de que só1o Dios puede colmarla. Considera el estado de vida que te plazca, no hay descanso ni en el más oscuro ni en el más brillante. (San Euquerio).
III. Gran obra es nuestra santificación; es menester, para llevarla a cabo, trabajar seriamente por adquirir las virtudes cristianas. ¿Podrías acaso decir que posees alguna de ellas? No te desalientes sin embargo: para ser santo, basta quererlo. Examina qué te impide serlo, y verás que no son sino bagatelas, como aquéllas de que habla San Agustín: Estaba retenido por las frivolidades y las vanidades más miserables.
El deseo de la santidad
Orad por vuestros jefes.
ORACIÓN
Haced, oh Dios omnipotente, que la piadosa solemnidad de San Remigio, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de nuestra salvación. Por J. C. N. S. Amén.
Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com

Desde que la Santísima Virgen ha dado una eficacia tan grande al Rosario, no existe ningún problema material, espiritual, nacional o internacional que no pueda ser resuelto por el Santo Rosario y nuestros sacrificios. (Hna. Lucía de Fátima).
En octubre, desde hace más de cuatro siglos, celebramos la fiesta del Santísimo Rosario; Octubre es el mes del Rosario: La Santa Madre Iglesia quiso perpetuar su gratitud a la Reina de las Victorias instituyendo el 7 de octubre la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, ya que en 1571, ese día la Cristiandad obtuvo una de sus mayores victorias: Lepanto, cuando con medios humanos y militares muy inferiores pero con un valor intrépido y una Fe arrolladora, las fuerzas de Jesucristo vencieron la orgullosa pretensión turca de ahogar a Europa en las tinieblas de la barbarie y la superstición.
Es necesario tener en cuenta que esa Europa estaba dividida por luchas internas y .los hombres no cedían en sus vanas pretensiones personales aún a riesgo de ser devorados por el enemigo.
Quiso la Providencia que en esa época gobernara la Iglesia un santo pontífice, dominico, es decir predicador del Rosario: San Pío V. Con la autoridad suprema de la tierra, él levanta enérgicamente su voz y llama a una gran cruzada de oraciones y penitencias y a una Cruzada del Rosario.
Los católicos logran el triunfo, pero previamente han logrado unirse con Dios y unirse entre sí muy fuertemente por la bendita cadena del Rosario; el Rosario une y hace invencible a la Cristiandad, porque por el Rosario la Virgen Santísima lleva las almas a Jesucristo, único fundamento de unidad.
De tanto que podemos considerar acerca del Rosario, queremos aquí resaltar ese aspecto: la unión que logra si se lo reza con verdadera y perseverante devoción. Para ello es necesario humillarse; el Rosario es oración de los humildes, es oración viril y arrolladora, pero requiere la virtud de la humildad. Sin humildad no hay unidad.
El Rosario rezado humildemente rompe las cadenas del pecado, lleva a los Mandamientos y ayuda a ofrecer todo sacrificio para cumplirlos. Si no se cumplen los Mandamientos no es, posible la unidad.
El Rosario en la gracia de Dios lleva a la Caridad, al amor a Dios y al prójimo en Dios, lleva a la paz; sin Caridad no hay paz ni unidad. De la misma forma, en el hogar cristiano, el Rosario une a padres e hijos, ancianos, niños y criados, une a la familia en Dios; de la misma manera el Rosario ha sido dado por Nuestra Señora para la unión de los católicos de todas las naciones, de los fieles con sus Pastores, de las distintas agrupaciones, de todos los que militamos en la Santa Madre Iglesia.
La Santísima Virgen en Fátima hace un llamado amoroso y apremiante para que los castigos de Dios no caigan sobre el mundo. Pero el mundo no la escucha, no quiere escuchar su Maternal llamado: el Rosario y la penitencia, cumplir los Mandamientos y las obligaciones personales, la Consagración a Su Inmaculado Corazón.
Parece que es difícil cumplir esto hoy día, pero no lo será si advertimos que la Santísima Virgen señala que hay que comenzar por el Rosario, el cual es la escala que nos ha dado para llegar a Su Inmaculado Corazón, «Sagrario de Dios con los hombres» (1)
Todos buscamos la paz, pero no lo hagamos torpemente, pues la paz ha sido concedida a ese Inmaculado Corazón. Esta afirmación de Jacinta de Fátima se funda en palabras de Nuestra Señora. Si no nos entregamos totalmente a Su Corazón Inmaculado no habrá paz, porque no habrá unidad.*
ENLACES:
SUPREMI APOSTOLATUS, sobre la devoción al Santo Rosario, 1/9/1883
SALUTARIS ILLE SPIRITUS, Encíclica sobre la devoción al Rosario y la invocación «Reina del Santísimo Rosario», 25/12/1883
SUPERIORE ANNO, exhortando otra vez al rezo del Santo Rosario 30/8/1884
QUAMQUAM PLURIES, Encíclica sobre el Rosario y el Patrocinio de San José, 15/8/1889.
OCTOBRI MENSE, Sobre la devoción del Santo Rosario, 22/9/1891
MAGNAE DEI MATRIS, sobre el Santísimo Rosario, 8/9/1892
LAETITIAE SANCTAE, Sobre el Santo Rosario, 18/9/1893
«La “Vulgata”, es el texto “oficial” de la Iglesia latina, que fue reconocido como tal en el concilio de Trento y que, después de la reciente revisión, sigue siendo el texto latino “oficial” de la Iglesia». Benedicto XVI, 7 de noviembre de 2007.

Su Santidad Benedicto XVI
BENEDICTO XVI, Audiencia General (7 de noviembre de 2007)
Teniendo en cuenta el original hebreo, el griego de los Setenta —la clásica versión griega del Antiguo Testamento que se remonta a tiempos precedentes al cristianismo— y las precedentes versiones latinas, san Jerónimo, apoyado después por otros colaboradores, pudo ofrecer una traducción mejor: constituye la así llamada “Vulgata”, el texto “oficial” de la Iglesia latina, que fue reconocido como tal en el concilio de Trento y que, después de la reciente revisión, sigue siendo el texto latino “oficial” de la Iglesia.

Concilio de Trento
I. CONCILIO DE TRENTO, Decreto De libris sacris et de traditionibus recipendis (8 de abril de 1546)
DS 1504 Dz 784 [1]
Si quis autem libros ipsos integros cum omnibus suis partibus, prout in Ecclesia catholica legi consueverunt et in veteri vulgata latina editione habentur, pro sacris et canonicis non susceperit, et traditiones praedictas sciens et prudens contempserit: anathema sit.
Y si alguno no recibiera como sagrados y canónicos los libros mismos íntegros con todas sus partes, tal como se han acostumbrado leer en la Iglesia Católica y se contienen en la antigua edición vulgata latina, y despreciara a ciencia y conciencia las tradiciones predichas, sea anatema.
DS 1506 Dz 785 [2]
Insuper eadem sacrosancta Synodus considerans, non parum utilitatis accedere posse Ecclesiae Dei, si ex omnibus latinis editionibus, quae circumferuntur sacrorum librorum, quaenam pro authentica habenda sit, innotescat: statuit et declarat, ut haec ipsa vetus et vulgata editio, quae longo tot saeculorum usu in ipsa Ecclesia probata est, in publicis lectionibus, disputationibus praedicationibus et expositionibus pro authentica habeatur et quod nemo illam reicere quovis praetextu audeat vel praesumat.
Además, el mismo sacrosanto Concilio, considerando que podía venir no poca utilidad a la Iglesia de Dios, si de todas las ediciones latinas que corren de los sagrados libros, diera a conocer cuál haya de ser tenida por auténtica; establece y declara que esta misma antigua y vulgata edición que está aprobada por el largo uso de tantos siglos en la Iglesia misma, sea tenida por auténtica en las públicas lecciones, disputaciones, predicaciones y exposiciones, y que nadie, por cualquier pretexto, sea osado o presuma rechazarla.
DS 1507 Dz 786
Praeterea ad coercenda petulantia ingenia decernit, ut nemo, suae prudentiae innixus, in rebus fidei et morum, ad aedificationem doctrinae christianae pertinentium, sacram Scripturam ad suos sensus contorquens, contra eum sensum, quem tenuit et tenet sancta mater Ecclesia, cujus est judicare de vero sensu et interpretatione Scripturarum sanctarum, aut etiam contra unanimem consensum Patrum ipsam Scripturam sacram interpretari audeat, etiamsi hujusmodi interpretationes nullo umquam tempore in lucem edendae forent…
Además, para reprimir los ingenios petulantes, decreta que nadie, apoyado en su prudencia, sea osado a interpretar la Escritura Sagrada, en materias de fe y costumbres, que pertenecen a la edificación de la doctrina cristiana, retorciendo la misma Sagrada Escritura conforme al propio sentir, contra aquel sentido que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien atañe juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Escrituras Santas, o también contra el unánime sentir de los Padres, aun cuando tales interpretaciones no hubieren de salir a luz en tiempo alguno.
DS 1508 Dz 786
Sed et impressoribus modum in hac parte, ut par est, imponere volens… statuit, ut posthac sacra Scriptura, potissimum vero haec ipsa vetus et Vulgata editio quam emendatissime imprimatur, nullique liceat imprimere vel imprimi facere quosvis libros de rebus sacris sine nomine auctoris, neque illos in futurum vendere aut etiam apud se retinere, nisi primum examinati probatique fuerint ab Ordinario…
Los que contravinieron, sean declarados por medio de los ordinarios y castigados con las penas establecidas por el derecho… [siguen preceptos sobre la impresión y aprobación de los libros, en que, entre otras cosas, se estatuye] que en adelante la Sagrada Escritura, y principalmente esta antigua y vulgata edición, se imprima de la manera más correcta posible, y a nadie sea lícito imprimir o hacer imprimir cualesquiera libros sobre materias sagradas sin el nombre del autor, ni venderlos en lo futuro ni tampoco retenerlos consigo, si primero no hubieren sido examinados y aprobados por el ordinario…

Su Santidad León XIII
II. LEÓN XIII, Carta Encíclica Providentissimus Deus (18 de noviembre de 1893), sobre los estudios bíblicos
17. Pero desde que nuestro predecesor Clemente V mandó instituir en el Ateneo de Roma y en las más célebres universidades cátedras de literatura orientales, nuestros hombres empezaron a estudiar con más vigor sobre el texto original de la Biblia y sobre la versión latina. Renacida más tarde la cultura griega, y más aún por la invención de la imprenta, el cultivo de la Sagrada Escritura se extendió de un modo extraordinario. Es realmente asombroso en cuán breve espacio de tiempo los ejemplares de los sagrados libros, sobre todo de la Vulgata, multiplicados por la imprenta, llenaron el mundo; de tal modo eran venerados y estimados los divinos libros en la Iglesia.
18. Ni debe omitirse el recuerdo de aquel gran número de hombres doctos, pertenecientes sobre todo a las órdenes religiosas, que desde el concilio de Viena hasta el de Trento trabajaron por la prosperidad de los estudios bíblicos; empleando nuevos métodos y aportando la cosecha de su vasta erudición y de su talento, no sólo acrecentaron las riquezas acumuladas por sus predecesores, sino que prepararon en cierto modo el camino para la gloria del siguiente siglo, en el que, a partir del concilio de Trento, pareció hasta cierto punto haber renacido la época gloriosa de los Padres de la Iglesia. Nadie, en efecto, ignora, y nos agrada recordar, que nuestros predecesores, desde Pío IV a Clemente VIII, prepararon las notables ediciones de las versiones antiguas Vulgata y Alejandrina; que, publicadas después por orden y bajo la autoridad de Sixto V y del mismo Clemente, son hoy día de uso general. Sabido es que en esta época fueron editadas, al mismo tiempo que otras versiones de la Biblia, las poliglotas de Amberes y de París, aptísimas para la investigación del sentido exacto, y que no hay un solo libro de los dos Testamentos que no encontrara entonces más de un intérprete; ni existe cuestión alguna relacionada con este asunto que no ejercitara con fruto el talento de muchos sabios, entre los que cierto número, sobre todo los que estudiaron más a los Santos Padres, adquirieron notable renombre. Ni a partir de esta época ha faltado el celo a nuestros exegetas, ya que hombres distinguidos han merecido bien de estos estudios, y contra los ataques del racionalismo, sacados de la filología y de las ciencias afines, han defendido la Sagrada Escritura sirviéndose de argumentos del mismo género.
27. El profesor, fiel a las prescripciones de aquellos que nos precedieron, deberá emplear para esto la versión Vulgata, la cual el concilio Tridentino decretó que había de ser tenida «como auténtica en las lecturas públicas, en las discusiones, en las predicaciones y en las explicaciones» [1], y la recomienda también la práctica cotidiana de la Iglesia. No queremos decir, sin embargo, que no se hayan de tener en cuenta las demás versiones que alabó y empleó la antigüedad cristiana, y sobre todo los textos primitivos. Pues si en lo que se refiere a los principales puntos el pensamiento del hebreo y del griego está suficientemente claro en estas palabras de la Vulgata, no obstante, si algún pasaje resulta ambiguo o menos claro en ella, «el recurso a la lengua precedente» será, siguiendo el consejo de San Agustín, utilísimo [2]. Claro es que será preciso proceder con mucha circunspección en esta tarea; pues el oficio «del comentador es exponer, no lo que él mismo piensa, sino lo que pensaba el autor cuyo texto explica» [3].
46. Tal es la antigua y constante creencia de la Iglesia definida solemnemente por los concilios de Florencia y de Trento, confirmada por fin y más expresamente declarada en el concilio Vaticano, que dio este decreto absoluto: «Los libros del Antigo y del Nuevo Testamento, íntegros, con todas sus partes, como se describen en el decreto del mismo concilio (Tridentino) y se contienen en la antigua versión latina Vulgata, deben ser recibidos por sagrados y canónicos. La Iglesia los tiene por sagrados y canónicos, no porque, habiendo sido escritos por la sola industria humana, hayan sido después aprobados por su autoridad, ni sólo porque contengan la revelación sin error, sino porque, habiendo sido escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor» [4]. Por lo cual nada importa que el Espíritu Santo se haya servido de hombres como de instrumentos para escribir, como si a estos escritores inspirados, ya que no al autor principal, se les pudiera haber deslizado algún error. Porque El de tal manera los excitó y movió con su influjo sobrenatural para que escribieran, de tal manera los asistió mientras escribían, que ellos concibieran rectamente todo y sólo lo que El quería, y lo quisieran fielmente escribir, y lo expresaran aptamente con verdad infalible; de otra manera, El no sería el autor de toda la Sagrada Escritura.

Su Santidad Benedicto XV, en el momento de su Coronación.

Su Santidad Benedicto XV
III. BENEDICTO XV, Carta Encíclica Spiritus Paraclitus (15 de septiembre de 1920), sobre la interpretación de la Sagrada Escritura
33. La continua lección de la Escritura y la cuidadosa investigación de cada libro, más aún, de cada frase y de cada palabra, le hizo tener tal familiaridad con el sagrado texto como ningún otro escritor de la antigüedad eclesiástica. A este conocimiento de la Biblia, unido a la agudeza de su ingenio, se debe atribuir que la versión Vulgata, obra de nuestro Doctor, supere en mucho, según el parecer unánime de todos los doctos, a las demás versiones antiguas, por reflejar el arquetipo original con mayor exactitud y elegancia.
34. Dicha Vulgata, que, «recomendada por el largo uso de tantos siglos en la Iglesia», el concilio Tridentino declaró había de ser tenida por auténtica y usada en la enseñanza y en la oración, esperamos ver pronto, si el Señor benignísimo nos concediere la gracia de esta luz, enmendada y restituida a la fe de sus mejores códices; y no dudamos que de este arduo y laborioso esfuerzo, providentemente encomendado a los Padres Benedictinos por nuestro predecesor Pío X, de feliz memoria, se han de seguir nuevas ventajas para la inteligencia de las Escrituras.

Su Santidad Pío XII
IV. PÍO XII, Carta Encíclica Divino Afflante Spiritu (30 de septiembre de 1943), sobre los estudios bíblicos
1. Por inspiración del divino Espíritu escribieron los sagrados escritores aquellos libros que Dios, conforme a su paterna caridad con el género humano, quiso liberalmente dar para enseñar, para convencer, para corregir, para dirigir en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté apercibido para toda obra buena (2Tim 3,16ss). No es, pues, de admirar que la santa Iglesia, tratándose de este tesoro dado del cielo, que ella posee como preciosísima fuente y divina norma de la doctrina sobre la fe y las costumbres, así como lo recibió incontaminado de manos de los apóstoles, así lo haya custodiado con todo esmero, defendido de toda falsa y perversa interpretación y empleado solícitamente en el ministerio de comunicar a las almas la salud sobrenatural, como lo atestiguan a toda luz casi innumerables documentos de todas las edades. Por lo que hace a los tiempos modernos, cuando de un modo especial corrían peligro las divinas Letras en cuanto a su origen y su recta exposición, la Iglesia tomó a su cuenta defenderlas y protegerlas todavía con mayor diligencia y empeño. De ahí que ya el sacrosanto Sínodo Tridentino pronunció con decreto solemne que «deben ser tenidos por sagrados y canónicos los libros enteros con todas sus partes, tal como se han solido leer en la Iglesia católica y se hallan en la antigua edición Vulgata latina». Y en nuestro tiempo, el concilio Vaticano, a fin de reprobar las falsas doctrinas acerca de la inspiración, declaró que estos mismos libros han de ser tenidos por la Iglesia como sagrados y canónicos, «no ya porque, compuestos con la sola industria humana, hayan sido después aprobados con su autoridad, ni solamente porque contengan la revelación sin error, sino porque, escritos con la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor y como tales fueron entregados a la misma Iglesia». Más adelante, cuando contra esta solemne definición de la doctrina católica, en la que a los libros «enteros, con todas sus partes», se atribuye esta divina autoridad inmune de todo error, algunos escritores católicos osaron limitar la verdad de la Sagrada Escritura tan sólo a las cosas de fe y costumbres, y, en cambio, lo demás que perteneciera al orden físico o histórico reputarlo como «dicho de paso» y en ninguna manera —como ellos pretendían— enlazado con la fe, nuestro antecesor de inmortal memoria León XIII, en su carta encíclicaProvidentissimus Deus, dada el 18 de noviembre de 1893, reprobó justísimamente aquellos errores y afianzó con preceptos y normas sapientísimas los estudios de los divinos libros.
8. El mismo Pontífice, después de que con el favor y aprobación de Pío X, de feliz memoria, el año 1907 «se encomendó a los monjes benedictinos el cargo de investigar y preparar los estudios en que haya de basarse la edición de la versión latina de las Escrituras que recibió el nombre de Vulgata», queriendo afianzar con mayor firmeza y seguridad esta misma «trabajosa y ardua empresa», que exige largo tiempo y subidos gastos, cuya grandísima utilidad habían evidenciado los egregios volúmenes ya dados a la pública luz, levantó desde sus cimientos el monasterio urbano de San Jerónimo, que exclusivamente se dedicase a esta obra, y lo enriqueció abundantísimamente con biblioteca y todos los demás recursos de investigación.
12. Ya los Padres de la Iglesia, y en primer término San Agustín, al intérprete católico que emprendiese la tarea de entender y exponer las Sagradas Escrituras, le recomendaban encarecidamente el estudio de las lenguas antiguas y el volver a los textos primitivos. Con todo, llevaba consigo la condición de aquellos tiempos que conocieran pocos la lengua hebrea, y éstos imperfectamente. Por otra parte, en la Edad Media, cuando la teología escolástica florecía más que nunca, aun el conocimiento de la lengua griega desde mucho tiempo antes se había disminuido de tal manera entre los occidentales, que hasta los mismos supremos doctores de aquellos tiempos, al explicar los divinos libros, solamente se apoyaban en la versión latina llamada Vulgata. Por el contrario, en estos nuestros tiempos no solamente la lengua griega, que desde el Renacimiento literario en cierto sentido ha sido resucitada a su nueva vida, es ya laminar a casi todos los cultivadores de la antigüedad, sino que aun el conocimiento de la lengua hebrea y de otras lenguas orientales se ha prolongado grandemente entre los hombres doctos Es tanta, además, ahora la abundancia de medios para aprender estas lenguas, que el intérprete de la Biblia que, descuidándolas, se cierre la puerta para los textos originales, no puede en modo alguno evitar la nota de ligereza y desidia. Porque al exegeta pertenece andar como a caza, con sumo cuidado y veneración, aun de las cosas mínimas que, bajo la inspiración del divino Espíritu, brotaron de la pluma del hagiógrafo, a fin de penetrar su mente con más profundidad y plenitud. Procure, por lo tanto, con diligencia adquirir cada día mayor pericia en las lenguas bíblicas y aun en las demás orientales, y corrobore su interpretación con todos aquellos recursos que provienen de toda clase de filología. Lo cual, en verdad, lo procuró seguir solícitamente San Jerónimo, según los conocimientos de su época; y asimismo no pocos de los grandes intérpretes de los siglos XVI y XVII, aunque entonces el conocimiento de las lenguas fuese mucho menor que el de hoy, lo intentaron con infatigable esfuerzo y no mediocre fruto. De la misma manera conviene que se explique aquel mismo texto original que, escrito por el sagrado autor, tiene mayor autoridad y mayor peso que cualquiera versión, por buena que sea, ya antigua, ya moderna; lo cual puede, sin duda, hacerse con mayor facilidad y provecho si, respecto del mismo texto, se junta al mismo tiempo con el conocimiento de las lenguas una sólida pericia en el manejo de la crítica.
14. Ni piense nadie qua este uso de los textos primitivos, conforme a la razón de la crítica, sea en modo alguno contrario a aquellas prescripciones que sabiamente estableció el concilio Tridentino acerca de la Vulgata latina . Documentalmente consta qua a los presidentes del concilio se dio el encargo de rugar al Sumo Pontífice, en nombre del mismo santo sínodo —como, en efecto, lo hicieron—, mandase corregir primero la edición latina, y luego, en cuanto se pudiese, la griega y la hebrea , con el designio de divulgarla, al fin, para utilidad de la santa Iglesia de Dios. Y si bien, a la verdad, a este deseo no pudo entonces, por las dificultades de los tiempos y otros impedimentos, responderse plenamente, confiamos que al presente, aunadas las fuerzas de los doctores católicos, se pueda satisfacer con más perfección y amplitud. Mas por lo que hace a la voluntad del sínodo Tridentino de que la Vulgata fuese la versión latina «que todos usasen como auténtica», esto en verdad, como todos lo saben, solamente se refiere a la Iglesia latina y al uso público de la misma Escritura, y no disminuye, sin género de duda, en modo alguno, la autoridad y valor de los textos originales. Porque no se trataba de los textos originales en aquella ocasión, sino de las versiones latinas que en aquella época corrían de una parte a otra, entre las cuales el mismo concilio, con justo motivo, decretó que debía ser preferida la que «había sido aprobada en la misma Iglesia con el largo uso de tantos siglos». Así pues, esta privilegiada autoridad o, como dicen, autenticidad de la Vulgata no fue establecida por el concilio principalmente por razones criticas, sino más bien por su legítimo uso en las iglesias durante el decurso de tantos siglos; con el cual uso ciertamente se demuestra que la misma está en absoluto inmune de todo error en materia de fe y costumbres; de modo que, conforme al testimonio y confirmación de la misma Iglesia, se puede presentar con seguridad y sin peligro de errar en las disputas, lecciones y predicaciones; y, por tanto, este género de autenticidad no se llama con nombre primario crítica, sino más bien jurídica. Por lo cual, asta autoridad de la Vulgata en cosas doctrinales de ninguna manera prohíbe —antes por el contrario, hoy más bien exige— que esta misma doctrina se compruebe y confirme por los textos primitivos y que también sean a cada momento, invocados como auxiliares estos mismos textos, por los cuales dondequiera y cada día más se patentice y exponga el recto sentido de las Sagradas Letras. Y ni aun siquiera prohíbe el decreto del concilio Tridentino que, para uso y provecho de los fieles de Cristo y para más fácil inteligencia de la divina palabra, se hagan versiones en las lenguas vulgares, y eso aun tomándolas de los textos originales, como ya en muchas regiones vemos que loablemente se ha hecho, aprobándolo la autoridad de la Iglesia.
NOTAS
CONCILIO DE TRENTO, Decreto «De libris sacris et de traditionibus recipendis»
[1] CTr V 91; Rcht 11 1; Msi XXXIII 22 A; Hrd X 22 C s; Bar(Th) ad 1546, 48 ss (33, 136 b ss); EB, 42 ss
[2] CTr v 91 s; Rcht 12; Msi XXXIII 22 E s; Hrd X 23 B s; Bar(Th) ad 1546, 48 ss (33, 136 b ss); EB, 46 ss.
LEÓN XIII, Encíclica «Providentissimus Deus»
[1] Ses. 4 decr. De edit. et usu Libr. Sacr.
[2] S. Aug., De doct. christ. 3,4.
[3] S. Hier., Epist. 48 (al. 50) ad Pammachium 17.
[4] Conc. Vat. I, ses. 3 c. 2: De revel.
PÍO XII, Encíclica «Divino Afflante Spiritu»
[1] Ses. 4 decr. l, en Ench. Bibl. n.45.
[2] Ses. 3 c. 2, en Ench. Bibl. n.62.
[3] Epistula ad Revmum. D. Aidanum Gasquet, d. ti. 3 dec. 1907; Pii X Acta IV p. 117.119; Ench. Bibl. n. 285 s.
[4] Const. apost. Inter praecipuas, d. 15 iun. 1933: AAS 26 (1934) 85-87.
[5] Cf. ex. gr. S. Hieron., Praef. in IV Evang. ad Damasum: PL 29,526-527; S. August., De doctr. christ. II 16: PL 34,42-43.
[6] Decr. de editione et usu Sacrorum Librorum; Conc. Trid. ed. Soc Goerres, t.5 p. 91s.
[7] Ib., t. 10 p. 471; cf. t. 5 p. 29.59.65; t. 10 p. 446s.
Tomado de: http://nucleodelalealtad.blogspot.com

Jerónimo quiere decir: el que tiene un nombre sagrado. (Jero = sagrado. Nomos = nombre).
Cumplo con mi deber, obedeciendo los preceptos de Cristo, que dice: Estudiad las Escrituras, y también: Buscad, y encontraréis, para que no tenga que decirme, como a los judíos: Estáis muy equivocados, porque no comprendéis las Escrituras ni el poder de Dios. Pues, si, como dice el apóstol Pablo, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios, y el que no conoce las Escrituras no conoce el poder de Dios ni su sabiduría, de ahí se sigue que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo.
Por esto, quiero imitar al padre de familia que del arca va sacando lo nuevo y lo antiguo, y a la esposa que dice en el Cantar de los cantares: He guardado para ti, mi amado, lo nuevo y lo antiguo;y, así, expondré el libro de Isaías, haciendo ver en él no sólo al profeta, sino también al evangelista y apóstol. Él, en efecto, refiriéndose a sí mismo y a los demás evangelistas, dice: ¡Qué hermosos son los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva! Y Dios le habla como a un apóstol, cuando dice: ¿A quién mandaré? ¿Quién irá a ese pueblo? Y él responde: Aquí estoy, mándame.
Nadie piense que yo quiero resumir en pocas palabras el contenido de este libro, ya que él abarca todos los misterios del Señor: predice, en efecto, al Emmanuel que nacerá de la Virgen, que realizará obras y signos admirables, que morirá, será sepultado y resucitará del país de los muertos, y será el Salvador de todos los hombres.
¿Para qué voy a hablar de física, de ética, de lógica? Este libro es como un compendio de todas las Escrituras y encierra en sí cuanto es capaz de pronunciar la lengua humana y sentir el hombre mortal. El mismo libro contiene unas palabras que atestiguan su carácter misterioso y profundo:Cualquier visión se os volverá –dice– como el texto de un libro sellado: se lo dan a uno que sabe leer, diciéndole: «Por favor, lee esto». Y él responde: «No puedo, porque está sellado». Y se lo dan a uno que no sabe leer, diciéndole: «Por favor, lee esto». Y el responde: «No sé leer».
Y, si a alguno le parece débil esta argumentación, que oiga lo que dice el Apóstol: De los profetas, que prediquen dos o tres, los demás den su opinión. Pero en caso que otro, mientras está sentado, recibiera una revelación, que se calle el de antes. ¿Qué razón tienen los profetas para silenciar su boca, para callar o hablar, si el Espíritu es quien habla por boca de ellos? Por consiguiente, si recibían del Espíritu lo que decían, las cosas que comunicaban estaban llenas de sabiduría y de sentido. Lo que llegaba a oídos de los profetas no era el sonido de una voz material, sino que era Dios quien hablaba en su interior como dice uno de ellos: El ángel que hablaba en mí, y también: Que clama en nuestros corazones: «¡Abbá! (Padre)», y asimismo: Voy a escuchar lo que dice el Señor.

El Concilio de Trento designó a la Vulgata de San Jerónimo, como el texto bíblico latino auténtico o autorizado por la Iglesia católica, sin implicar por ello alguna preferencia por esta versión sobre el texto original u otras versiones en otras lenguas.
Oración
Oh Dios, tú que concediste a san Jerónimo una estima tierna y viva por la sagrada Escritura, haz que tu pueblo se alimente de tu palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de la verdadera vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos, Amén.
Tomado de: http://www.corazones.org

Uno de los cuatro Doctores originales de la Iglesia Latina. Padre de las ciencias bíblicas y traductor de la Biblia al latín. Presbítero, hombre de vida ascética, eminente literato. (347-420)
Nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340; estudió en Roma y allí fue bautizado. Abrazó la vida ascética, marchó al Oriente y fue ordenado presbítero. Volvió a Roma y fue secretario del papa Dámaso. Fue en esta época cuando empezó su traducción latina de la Biblia. También promovió la vida monástica. Más tarde, se estableció en Belén, donde trabajó mucho por el bien de la Iglesia. Escribió gran cantidad de obras, principalmente comentarios de la sagrada Escritura. Murió en Belén el año 420.
«Para él una auténtica interpretación de la Biblia tenía que estar siempre en armonía con la fe de la Iglesia católica».
Nada dio tanta fama a San Jerónimo como sus obras críticas sobre las Sagradas Escrituras.
Por eso, la Iglesia le reconoce como a un hombre especialmente elegido por Dios y le tiene por el mayor de sus grandes doctores en la exposición, la explicación y el comentario de la divina palabra. El Papa Clemente VIII no tuvo escrúpulos en afirmar que Jerónimo tuvo la asistencia divina al traducir la Biblia. Por otra parte, nadie mejor dotado que él para semejante trabajo: durante muchos años había vivido en el escenario mismo de las Sagradas Escrituras, donde los nombres de las localidades y las costumbres de las gentes eran todavía los mismos.
Sin duda que muchas veces obtuvo en Tierra Santa una clara representación de diversos acontecimientos registrados en las Escrituras. Conocía el griego y el arameo, lenguas vivas por aquel entonces y, también sabía el hebreo que, si bien había dejado de ser un idioma de uso corriente desde el cautiverio de los judíos, aún se hablaba entre los doctores de la ley. A ellos recurrió Jerónimo para una mejor comprensión de los libros santos e incluso tuvo por maestro a un doctor y famoso judío llamado Bar Ananías, el cual acudía a instruirle por las noches y con toda clase de precauciones para no provocar la indignación de los otros doctores de la ley.
Pero no hay duda de que, además de todo eso, Jerónimo recibió la ayuda del cielo para obtener el espíritu, el temperamento y la gracia indispensables para ser admitido en el santuario de la divina sabiduría y comprenderla. Además, la pureza de corazón y toda una vida de penitencia y contemplación, habían preparado a Jerónimo para recibir aquella gracia. Ya vimos que, bajo el patrocinio del Papa San Dámaso, revisó en Roma la antigua versión latina de los Evangelios y los salmos, así como el resto del Nuevo Testamento. La traducción de la mayoría de los libros del Antiguo Testamento escritos en hebreo, fue la obra que realizó durante sus años de retiro en Belén, a solicitud de todos sus amigos y discípulos más fieles e ilustres y por voluntad propia, ya que le interesaba hacer la traducción del original y no de otra versión cualquiera.
No comenzó a traducir los libros por orden, sino que se ocupó primero del Libro de los Reyes y siguió con los demás, sin elegirlos. Las únicas partes de la Biblia en latín conocida como la Vulgata que no fueron traducidas por San Jerónimo, son los libros de la Sabiduría, el Eclesiástico, el de Baruch y los dos libros de los Macabeos. Hizo una segunda revisión de los salmos, con la ayuda del Hexapla de Orígenes y los textos hebreos, y esa segunda versión es la que está incluida en la Vulgata y la que se usa en los oficios divinos.

La Vulgata
La primera versión, conocida como el Salterio Romano, se usa todavía en el salmo de invitación de los maitines y en todo el misal, así como para los oficios divinos en San Pedro de Roma, San Marcos de Venecia y los ritos milaneses. El Concilio de Trento designó a la Vulgata de San Jerónimo, como el texto bíblico latino auténtico o autorizado por la Iglesia católica, sin implicar por ello alguna preferencia por esta versión sobre el texto original u otras versiones en otras lenguas. En 1907, el Papa Pío X confió a los monjes benedictinos la tarea de restaurar en lo posible los textos de San Jerónimo en la Vulgata ya que, al cabo de quince siglos de uso, habían sido considerablemente modificados y corregidos.
Extracto tomado de: http://www.corazones.org/santos/jeronimo.htm
SAN JERÓNIMO,
Presbítero y Doctor

Del mismo modo que fuimos aprobados de Dios para que se nos confiase su Evangelio, así hablamos, no para agradar a los hombres, sino a Dios, que sondea nuestros corazones. (1 Tesalonicenses, 2, 4).
La vida de San Jerónimo, hombre rico de Panonia que se hizo bautizar en Roma y fue ordenado sacerdote en Antioquía, no es sino una serie ininterrumpida de trabajos emprendidos por la gloria de Dios. Secretario del Papa San Dámaso, enseñó Sagrada Escritura y dio de ella, en latín, su famosa traducción conocida con el nombre de Vulgata, que aprobó el Concilio de Trento. Fue también el azote de las herejías. Su austeridad, sus continuos ayunos y su celo por la conversión de las almas, nos enseñan la virtud y el Evangelio más elocuentemente aun que sus palabras. Murió en el año 420, cerca de los 80 años de edad.
I. Este santo Doctor abandonó la lectura de los autores profanos, por quienes tenia una especie de pasión, a fin de entregarse de lleno al estudio de los Libros santos. ¿Hasta cuándo perseguirás en tus estudios sólo tu agrado y tu interés? Mira hacia dónde tienden tus vigilias y tus trabajos, y trata de santificarlos mediante la rectitud de tus intenciones. Acuérdate siempre que hay que atribuir a la virtud más valor que a la ciencia. Ama la ciencia, pero prefiere a ella la caridad. (San Agustín)
II. San Jerónimo dejó la Ciudad eterna, en la que era colmado de honores, y fue a buscar, en la soledad de Belén, un refugio contra los peligros del mundo. Examina las ocasiones que tienes de ofender a Dios, y abandónalas. En el desierto es donde Jesucristo y un gran número de santos después de Él triunfaron de sus ataques. La gloria del desierto es triunfar del demonio que venció a nuestros primeros padres en el paraíso terrenal. (San Euquerio).
III. El pensamiento del juicio fue lo que movió a este gran santo a retirarse a la soledad y a imponerse las más rudas mortificaciones. Es menester que el sonido de aquélla trompeta terrible que deberá citarte ante el tribunal de Dios resuene continuamente en tus oídos. ¿Estás pronto a dar cuenta de tu vida? Piensa en ello a toda hora durante el día, tiembla, como lo hacía este santo; abandona los placeres y abraza la cruz. Cuando el sonido de la trompeta haga temblar la tierra y a los que la habitan, tú estarás gozoso. (San Jerónimo).
El pensamiento del juicio
Orad por la educación
cristiana de la juventud.
ORACIÓN
Oh Dios, que os dignasteis conceder a la Iglesia un admirable intérprete de las Sagradas Escrituras en la persona de vuestro confesor San Jerónimo, ayudadnos, en consideración de sus méritos, a llevar a la práctica la que enseñó con su palabra y sus actos. Por J. C. N. S. Amén.
Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com

Príncipe de la Milicia Celestial
El 13 de octubre de 1884 el papa León XIII, experimentó una visión en la cual vio a Satanás y a sus demonios desafiando a Dios, diciendo que podía destruir su Iglesia si quería; sin embargo el pontífice comprendió que si el demonio no lograba su cometido, sufriría una derrota humillante.
Vio entonces a san Miguel aparecer y lanzar a Satanás y sus legiones en el abismo del Infierno. Después llamó a su Secretario para la Congregación de Ritos. Le entregó una hoja de papel y mandó que se enviara a todos los obispos del mundo, indicando que tenía que ser recitada después de cada misa, la oración que había escrito.

Su Santidad León XIII
La oración es:
«San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y las acechanzas
del demonio.
Que Dios le reprima, es nuestra humilde súplica;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
con la fuerza que Dios te ha dado, arroja al infierno
a Satanás y a los demás espíritus malignos
que vagan por el mundo
para la perdición de las almas. Amén.»
Después del Concilio Vaticano II el mandato de recitar esta oración al finalizar la misa fue revocado.
De acuerdo a la tradición católica la Coronilla a San Miguel Arcángel ofrece grandes bendiciones a quien la rece, inluyendo la liberación del purgatorio de la persona que reza ,de sus familiares y seres queridos.
Tomado de: http://es.wikipedia.org

Él arroja al fondo del abismo la cabeza orgullosa del Dragón, y confunde a los rebeldes con su caudillo, expulsándolos del cielo (Salmos, 36, 30-31)
En la creación del mundo angélico, Dios colocó a San Miguel en el segundo puesto después de Lucifer. El creador dividió a los Ángeles en tres grandes jerarquías y en nueve coros. Sus nombres están revelados en la Sagrada Escritura: Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Potestades, Principados, Virtudes, Arcángeles y Ángeles. Los Ángeles se quedarán eternamente en el mismo coro. Todos estos fúlgidos Espíritus arden por el deseo de Cumplir la Santa Voluntad de Dios con la velocidad del pensamiento.
¡San Miguel, al ver que era uno de los primeros Príncipes, revestido de poder, gloria esplendor más que los demás, se humilla, se pone a los pies de Dios y reconoce con profunda gratitud que la magnificencia en la naturaleza angélica y todos los dones y privilegios de la Gracia son gratuitos por la bondad del Creador, sin ningún mérito suyo y sin ningún derecho a dicha dignidad en cuanto fue creado de la nada y su origen será siempre la nada!
Un amor seráfico, una dedicación profunda inunda su radiante espíritu y se humilla en la contemplación de la Bondad y del Amor Divino. En esta tranquila armonía del Cielo nada podía presagiar los funestos eventos de una guerra inminente que destruirá sus filas en todos los coros angélicos.
La prueba de los Ángeles y la derrota de los rebeldes por medio de San Miguel
Antes de que Dios ponga el fundamento invisible de la Creación, puso como fundamento invisible la OBEDIENCIA en todas las criaturas razonables, Jesucristo adquiere su nueva gloria como Jefe de la humanidad, mediante la obediencia a los decretos eternos de la Santa Trinidad. María Santísima recorre el camino real de la Maternidad Divina con su humilde: “Fiat mihi secun-dum verbum tuumo”. Es el camino maestro también para los Ángeles.
Para admitir estos sublimes Espíritus a la visión Beatificada en la gloria eterna y confirmarlos en la Gracia, Dios quiere someterlos a una prueba. Todos los Ángeles recibieron una visión clara del Ser Divino y de sus infinitas perfecciones, debían reconocer la Majestad Divina como súbditos del señor. Creador de su radiante existencia: adorarlo, servirlo como su Único y Sumo Bien. Gran parte de ellos obedeció con alegría y con humildad, ofreciendo con amor a la propia adoración y a la propia existencia para obedecer en todo a la voluntad Divina. También Lucifer se sometió, pero más por conveniencia que por amor, siéndole por el momento imposible retirarse ante una orden tan amorosa. También porque el orgullo estaba apenas germinando en su espíritu. Era la pequeña semilla del mal que luego se convirtió en el árbol gigantescote los pecados de toda especie trasplantado en el mundo visible.
En un segundo tiempo, como vio María Agreda Abadesa en el maravilloso libro de la “Mística Ciudad de Dios” y es la opinión de muchos teólogos, Dios mostró a los Ángeles al Verbo Divino su Unigénito, revestido con la naturaleza humana, preferida por El y muy favorecida, hasta ensalzarla en el Trono eterno de la Santísima Trinidad. Pidió a los Ángeles que lo adoren como a su Rey, no solo en su Naturaleza Divina, sino también unida hipostáticamente con la naturaleza humana y servirlo. Con la luz de la Gracia actual, Dios iluminó a todos los Ángeles los méritos infinitos del verbo humanado y que, ha merecido también para cada uno de ellos todas las Gracias y Dones que poseen, comprendida la gloria y la felicidad sin fin que nos espera a todos en la Visión Beatífica.
A este precepto, todos los obedientes y Santos Ángeles se rindieron y prestaron asenso y obsequio con humilde y amoroso afecto de toda su voluntad.
Exultación y sumisión por parte de los Ángeles obedientes. Para sí hosanna, admiración, gran estupor, gran condescendencia y humillación del Verbo Divino. Pero no Lucifer. Su repugnancia por la naturaleza crece, y si antes obedecía de mala gana, ahora no puede más. La envidia inunda su espíritu soberbio, cegado por su suprema belleza y poder personal, resiste a la Voluntad Divina. Invita también a los otros Ángeles para que desobedezcan, prometiéndoles un Reino independiente del de Cristo Humanado. él, Lucifer, sería el jefe, y ellos, príncipes. Decía con soberbia:
Subiré al Cielo (visión beatífica), sobre los astros de Dios, en salzaré mi trono… subiré a la altura de la nubes… seré igual al Altísimo (Is 14,14).
Este insensato grito de rebelión se hizo eco en el ambiente celestial y fue acogido por un tercio de los Ángeles. Inició así la grande y tremenda guerra para destronar a Dios y apropiarse de su trono. Viendo San Miguel el caos y el tumulto provocado por los rebeldes, con una gran voz exclamo: “¿Quién (ES) COMO DIOS?”, sumergiéndose en su nada ante el Creador de toda existencia. Lo adora, ofrece su amor fiel, todo su ser al servicio de la Majestad Divina, para defender su Honor y la Gloria humillada por los rebeldes ingratos. Con un discurso inflamado por la Gloria del Señor, exhorta a todos los Ángeles para que resistan a la malsana rebelión de Lucifer, recodándoles el sagrado deber de adoración y de gratitud para con Dios y la humilde sumisión por los inmensos beneficios recibidos. Exhorta a todos para que acepten con un amor humilde todos los planes y proyectos que se refieren a la Encarnación del Verbo Divino. El hijo unigénito del Padre es siempre su Rey y Creador aún bajo las condiciones de la naturaleza humana.
En este punto Dios interviene, con su tercera orden, disimulando con Paciencia Divina al tumulto causado por Lucifer y por sus partesanos. La autenticidad de este hecho vio y lo describió San Juan Apóstol en el Apocalipsis:
Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Está en cinta y grita con los dolores de parto y con el tormento de dar a luz (Ap. 12.1).
En este cuadro estupendo Dios mostró a todos los ángeles la divina maternidad de María Santísima e intelectualmente la unión Hipostática de la Naturaleza Divina con la naturaleza humana en la Sagrada Persona de Jesucristo: “Mágnum pietatis Sacramentumo” (Tm 3,16).
Para salvar a los Ángeles tribulados y vacilantes San Miguel gritó:
Veneremos a esta mujer singular y bendita, que será la obra de arte de la Santísima Trinidad, la Madre futura del Verbo Divino y nuestra futura, gloriosa y admirable Reina Arrodillémonos ante los planes divinos que recaen sobre Ella.
Respondió Lucifer.
No ¡Nunca serviré a una naturaleza inferior de la mía, como es la naturaleza humana!.
Con él gritaron muchísimos Ángeles.
Dios respondió:
Y bien, esta Mujer a la que le has negado veneración, será Aquella que te aplastará la cabeza y por ella serás vencido y aniquilado. Porque si por tu soberbia entrará la muerte en el mundo del futuro, por su humildad entrará la vida y la salud a todos los mortales, los cuales gozarán del premio y la corona que tú y los tuyos has perdido.
Los buenos entonan cantos armoniosos en honor de María Santísima para alabar su futura existencia y deciden unánimemente defender contra los rebeldes el honor del Verbo Encarnado y de su futura Madre y Reina.
En este punto Lucifer prorrumpe contra la Mujer predilecta con insultos ásperos y blasfemias que eran inauditos en el ambiente del Cielo.
¿Quién (ES) COMO DIOS?, exclama nuevamente San Miguel y desencadena una gran guerra en el Cielo, como vio San Juan Apóstol en la isla de Pathmos y describe su visión del Apocalipsis: “Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón. Lucharon encarnizadamente el dragón y sus ángeles, pero fueron derrotados y los arrojaron del cielo para siempre (Ap 12. 7-8).
La caída de los ángeles rebeldes
A la derrota de Lucifer, sigue un castigo adecuado para su pecado. El ángel rebelde se vio trasformado de Espíritu de Luz en un monstruo horrible con siete cabezas, que significaban las siete legiones en las cuales fueron divididas y ordenados los ángeles caídos, transformados también ellos en seres repugnantes, en diablos, Lucifer nombra un jefe para cada Legión, según los siete vicios capitales: Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza. Pecados con los cuales más tarde, arrastrarán a los hombres para poblar su reino del eterno dolor.
Entre el inmenso asombro de San Miguel y de los Ángeles buenos se abrió un abismo en el ancla deforme de la tierra donde Lucifer se precipito transformando en un Dragón Rojo con todos sus secuaces.
En la profundidad del infierno Lucifer comprendió su equivocación que terminó en tragedia irreparable:
La diadema de nuestra cabeza ha caído; ay de nosotros que hemos pecado.
Pero era tarde… demasiado tarde… para siempre, para una eternidad.
¡Que Dios nos libre a todos nosotros de un cálculo tan arriesgado!
Cuando regresó la calma después de la separación, las tinieblas del pecado de la Luz de la Gracia, la mirada adolorida de Dios busca consuelo ante la Imagen de la “Mujer vestida de Sol” suspirando el tiempo de su creación y con ímpetu divino susurra… Ave, Ave oh llena de Gracia…
¡Yo estaré siempre contigo!
Luego Dios se dirigió a San Miguel y lo felicitó por su fidelidad y por su espléndida victoria. Contemplando el gran vacío arrastrado por los rebeldes, su Amor de Padre de todas las criaturas se desfoga en un amargo lamento de frente a tanta pérdida e ingratitud, hablando como para consigo mismo:
…Eras un dechado de perfección, lleno de sabiduría y hermosura perfecta. Estabas en el Edén, en el jardín de Dios, adornado con piedras preciosas: rubí, topacio, diamante, crisólito, ónice, bereilo, zafiro, carbunclo y esmeralda.
De oro labrado eran tus aros y colgantes desde el día en que fuiste creado. Eras un querubín protector de alas extendidas: yo te había puesto sobre las montañas de Dios.
Caminabas entre piedras de fuego. Intachable era tu conducta, desde el día en que fuiste creado, hasta que se encontró la iniquidad en ti. Al prosperar tus negocios te llenaste de violencia y pecados. Entonces yo te expulsé de las montañas de Dios y a ti, el querubín protector, te hice desaparecer de entre las piedras de fuego.
La belleza te ensoberbeció, el esplendor echó a perder tu sabiduría. Yo te arrastré por tierra y te convertí en objeto de burla para los reyes… Todos los pueblos que te conocían se quedarán asombrados por ti; serás motivo de espanto y desaparecerás para siempre” (Ez 28, 12-19). “¡Cómo has caído del cielo, oh Lucifer, Lucero del alba! (Is 14, 12).
Solo un Dios, que ama a todos con un Amor Infinito, inmutable, puede lamentarse así de la pérdida de su Ángel primogénito.
Este dolor nos fue revelado por medio del Espíritu Santo, mediante la boca de los santos Profetas del Antiguo Testamento. También el Padre Eterno dice: “Buscaba consoladores, pero no los he encontrado”.
Dios Omnipotente, para premiar la fidelidad heroica de San Miguel, le dio el puesto dejado vacío por Lucifer, lo constituyó en el Primer Ministro de la Santa Trinidad Príncipes angélicos y jefe Supremo de los nueve coros de Ángeles, lleno de poder, honor y gloria y más cerca del trono Divino. Su esplendor está en grado de iluminar toda la tierra, como vio San Juan en el Apocalipsis.
Fuente: Libro ¿Quién es San Miguel Arcángel? de Gloria Crux.
Tomado de: http://devocioncatolica.blogspot.com

Se trabó un gran combate en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el drag6n. (Apocalipsis, 12, 7)
San Miguel, el príncipe de los ángeles y el protector de la Iglesia, siempre ha defendido el honor y la gloria de Dios tanto en la tierra como en el cielo. Fue él quien echó del paraíso a Lucifer y sus cómplices. La Iglesia celebra esta fiesta en su honor, y Francia, que lo ha elegido por protector, a menudo ha experimentado los venturosos efectos de su protección. Luis IX creó en su honor la célebre Orden de San Miguel; Rusia también lo tuvo en gran veneración.
I. Lucifer se había rebelado contra Dios: tal vez se negaba a adorar el misterio de la Encarnación, que Dios había revelado de antemano a sus ángeles. Imita el celo de este arcángel cuando se trata de los intereses de Dios: declárate abiertamente en contra de los impíos. Cuando el mundo con sus placeres o el demonio con su orgullo te ataquen, diles con San Miguel: ¿Quién como Dios?» Mundo, placeres, honores, riquezas, ¿Pueden acaso tus recompensas compararse a las que Dios me reserva? ¿Quién como Dios?
II. La humildad y la sumisión procuraron a San Miguel una gloria eterna, y el orgullo precipit6 a Lucifer en los abismos infernales. ¡Temblad, soberbios! la vanidad es la que ha perdido a la más hermosa de todas las creaturas. Humillémonos y temamos comparecer ante Dios que hasta en los ángeles ha encontrado corrupción. ¡Cayeron los astros del cielo, y yo, lombriz, no tiemblo!
III. Debes honrar a San Miguel, porque es el príncipe de la Iglesia que debe un día asistir al examen de toda tu vida. ¿Qué dirás? ¿qué harás en ese tremendo día? No podrás esperar ayuda alguna ni de tu riqueza ni de tu ciencia. Sólo tus buenas obras abogarán a tu favor ante el Juez supremo. ¿Bastarán para asegurarte una gloria eterna? Llegará ese día en el que un corazón puro valdrá más que palabras hábiles, una buena conciencia más que una bolsa llena de oro. (San Bernardo).
La devoci6n a San Miguel
Orad por la Iglesia
ORACIÓN
Oh Dios, que reguláis con infinita sabiduría los diversos ministerios de los ángeles y de los hombres, dignaos concedernos como protectores en la tierra a esos espíritus bienaventurados que no cesan en el cielo de ofreceros sus servicios y homenajes. Por J. C. N. S. Amén.
Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/
A principios de este mes el número de visitas se incrementó a 10,000 y hoy a finales del mismo, ha alcanzado la cifra de 11,000.
Deseo profundamente que la información contenida en este Blog, les sea de gran provecho para sus almas, y con esto, puedan obtener la gracia de la perseverancia final.
Gracias a todos y cada uno de ustedes por su visita.
Gracias también por sus comentarios.
«La Gloria de Dios y la Salvación de las Almas»
Arturo Medina Muñoz.
Editor del Blog.

El Autor de esta hermosa canción es: Miguél Martínez, de Monterrey, México.
El grito de guerra durante la persecución religiosa en México de 1927 a 1929.
Para ver el video de esta canción da clic aquí.
Pueden ver su trabajo en
http://www.corazondearpa.com.mx
o en
YouTube en miguelfmartinez
Para escuchar dos arreglos musicales más de la misma canción clic aquí y también aquí, este último, es el que en lo particular me gusta más, por la fuerza en la interpretación y lo vivo de la música.
Antecedentes:
Desde la caída del Imperio de Iturbide en 1823 la Revolución universal tomó el poder político en Méjico y se incrementó en forma progresiva el ataque iniciado desde la mitad del siglo XVIII. Se desorganizó el ejército nacional y las instituciones y fuerzas sociales del país, por medio de diversas estrategias, entre las que sobresalen: el incremento y legalización de la usura y el monopolio, la enseñanza laica y positivista y la difusión libre del error y del mal.

Agustín de Iturbide. Agustín I de México. Emperador de México.
Solamente la Iglesia Católica sobrevivía a los rabiosos embates de la Revolución judaico-masónica. Pensaron que después de más de 150 años de felonías, el terreno estaba suficientemente abonado para continuar su plan: destruir a la Iglesia y a todo vestigio de civilización católica.
Ante la inminencia de la ofensiva general contra la Iglesia, el 14 de marzo de 1925, los católicos de la Ciudad de Méjico formaron la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa. La ACJM (Asociación Católica de la Juventud Mejicana) se convirtió en el brazo derecho de la LIGA proporcionando valientes y preparados dirigentes, tanto para la acción cívica entonces, como para la resistencia armada después, dando un elevado contingente de héroes y mártires.

La ACJM fue fundada en 1913 y en 1917 estaba ya muy consolidada y fuerte . Pues la ACJM tuvo un papel fundamental en la Guerra Cristera. Hubo necesidad de reclutar a todos los militantes y dirigentes para defender a Dios y a la Patria.
En los primeros días del mes de enero de 1926, con el fin de aplicar radicalmente la Constitución de 1917, se promulgó la ley Calles4: imponiendo multas cuantiosas y penas severas de cárcel a los delitos en materia de «culto religioso», para entrar en vigor a partir de julio del mismo año. Los acontecimientos se precipitaban en todo el territorio nacional. Se cerraron templos, seminarios, conventos, colegios y asilos. Se detenía a los sacerdotes, religiosos y religiosas. Se limitó el número de sacerdotes por parroquia. En mayo, los obispos formaron un comité Episcopal Nacional. El Estado de Colima fue utilizado como conejillo de indias. Ahí iniciaron los callistas el 24 de marzo de 1926 con un decreto para la reducción a 20 del número de sacerdotes en toda la diócesis. El obispo de esa diócesis y sus sacerdotes respondieron valientemente inconformándose con el decreto y, ante su persistencia, suspendieron el culto público, conducta que más tarde (agosto) tomó el Comité Episcopal en todo el país, ya generalizada la ley Calles a todos los Estados.

PLUTARCO ELIAS CALLES
En ese mismo mes de agosto de 1926, la Liga decretó un boicot general económico y social (no pagar impuestos y reducir al mínimo indispensable los consumos y las actividades sociales). Los católicos respondieron excelentemente y el boicot, en poco tiempo, repercutió en forma importante en la economía del país.
Con motivo de que los templos, que habían sido encargados por el clero a los fieles, eran tomados por las autoridades de los municipios, hubo brotes de violencia en diversas partes del país.
Dos obispos hicieron intentos por llegar a un arreglo con Calles (agosto y septiembre) antes de iniciarse la lucha armada. A ambas propuestas de arreglo Calles se negó. Al parecer quería la guerra. Se sentía seguro de ganarla fácilmente, ya que contaba con el apoyo de armas y de dinero de los Estados Unidos.



Extracto tomado del artículo La Gesta Cristera:
Jesús Barragán Leñero
Revista Familia Católica
http://conviccionradio.cl/defensa/la-gesta-cristera.html
Hace más de dos siglos estallaba la Revolución Francesa, con consecuencias incalculables. Expulsó a Cristo de la sociedad e intentó aniquilar a la Iglesia católica. En este período se escribió una de las páginas más negras de la historia. Las guerras napoleónicas exportaron los principios mortíferos a Europa y al mundo entero. Ante estas convulsiones la resistencia católica fue heroica. Cientos de miles de vandeanos derramaron su sangre para permanecer fieles a Dios, a la Iglesia y al Rey. Tuvo lugar un verdadero genocidio. Unos cien años más tarde el Presidente de Ecuador, García Moreno, encaró la empresa de recrear el estado católico erradicando los principios de la revolución importados desde Europa y que la masonería intentaba imponer. ¡Fue asesinado! A comienzos del siglo XX los Cristeros de México se opusieron a las leyes revolucionarias que esclavizaban la Iglesia al estado y a los principios anticristianos contrarios a la realeza de Cristo en la sociedad. Tomaron las armas. Dejados a su suerte por Obispos traidores que engañaron a Pío XI, miles y miles tuvieron que afrontar el martirio.

La Revolución Francesa. Ilustración y Despotismo ilustrado:Es un movimiento de culminación del racionalismo, para muchos es el comienzo de la etapa moderna e incluso la madre de la democracia. Es un movimiento anticlerical, y por lo tanto los más perjudicados serán el clero y el estado llano.
Unos años más tarde, la católica España estalla en llamas. Los enemigos de la Iglesia no cejaban en su intento de imponer los principios revolucionarios. Serán entonces decenas de miles de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos católicos que coronarán con el martirio su fidelidad a Dios y a la Iglesia. A éstos seguirán los mártires del comunismo «intrínsecamente perverso «, que es el mismo que en la actualidad sigue haciendo derramar la sangre de muchos que quieren luchar por ser fieles a Cristo.
Estos héroes católicos estaban convencidos de que el error no podía convivir con la verdad. Murieron no sólo porque pensaban como católicos, sino también porque deseaban vivir como católicos.
La revolución no tiene ningún escrúpulo y nunca se arrepentirá. Para ella todos los medios son buenos para alcanzar sus fines. Se toma su tiempo, su objetivo es claro: erradicar la Iglesia de la sociedad, o al menos, confinarla al fondo de las sacristías. Necesita para triunfar de la ayuda de personas que acepten transitar por sus caminos bajo su guía y amparo. Los católicos liberales, que siempre alimentan el deseo de concretar la unión adúltera de la Iglesia con la revolución, se prestarán a jugar como cómplices. Serán los «idiotas útiles » de que habla Lenín. La revolución precisa de estos «católicos de bajo perfil», dispuestos al compromiso y culpables de la ruina de la sociedad católica.
Por eso, queridos amigos, debemos tener presentes aquellas palabras del Apóstol Santiago: «¿De qué servirá, hermanos míos, el que uno diga tener fe, si no tiene obras? ¿Por ventura a éste la fe podrá salvarlo? (…) La fe, si no es acompañada de obras, está muerta en sí misma (…) ¿No veis cómo el hombre se justifica por las obras, y no por la fe solamente? {…) En suma, como un cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin las obras está muerto”. (1)
Tenemos que aplicar los principios católicos en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestras obras, en la sociedad civil, y eso claramente y sin compromisos. La Iglesia debe recuperar su voz y profesar una doctrina totalmente católica. San Pío X lo señaló netamente en la encíclica sobre Le Sillón: «No, Venerables Hermanos —preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores—, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la «ciudad» nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe… es la civilización cristiana, es la «ciudad» católica». (2)

Oración: Señor, Dios nuestro, que, para defender la fe católica e instaurar todas las cosas en Cristo, colmaste al papa san Pío décimo de sabiduría divina y fortaleza apostólica, concédenos que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, podamos alcanzar la recompensa eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
No tenemos derecho a resignarnos a ver cómo triunfan los principios anticatólicos. Semejante resignación se equipara al laxismo puro. Con el paso del tiempo la gente se acostumbra a todo, se excusa todo, y se termina por admitirlo todo…
¡Actuemos, pues, como católicos! ¡Seamos coherentes! De nuestras convicciones católicas debe resultar una actuación integralmente católica sin compromisos con el espíritu del mundo.
Extracto tomado del artículo Un Poco de Coherencia:
Por el R. P. Christian Bouchacourt
IESUS CHRISTUS
Revista del Distrito América del Sur FSSPX
Año XIX, N6 113 – Septiembre/octubre de 2007
http://conviccionradio.cl/defensa/un-poco-de-coherencia.html
La diócesis italiana de Livorno, en el norte del país, rindió recientemente un homenaje a una de las figuras más importantes de la historia de México, el prócer católico Agustín de Iturbide.

Agustín de Iturbide. Agustín I de México. Emperador de México.

Altar mayor en el Santuario de Nuestra Señora de Montenero, Livorno, Italia, que se ha conservado sin reformar, adosado al retablo. Santuario della Madonna di Montenero, Livorno, Italia. 05/06/09.
El evento, organizado por el Obispo de Livorno, Mons. Diego Coletti, recuerda el paso del prócer por la diócesis, donde vivió desterrado hasta que decidió retornar a su tierra natal, donde murió fusilado luego de ser vilmente acusado de “traidor” por la poderosa masonería local.

Mons. Diego Coletti.
La celebración, realizada en el Santuario de Montenero –donde Iturbide acudiera tantas veces a orar durante su destierro– contó con la presencia del Cardenal Juan Sandoval Iñiguez, Arzobispo de Guadalajara (México), quien durante el acto de develación de una placa en memoria del héroe mexicano destacó su lealtad como católico y mexicano.

Cardenal Juan Sandoval Iñiguez
“Es bastante extraño que se haga memoria de Agustín de Iturbide fuera de México”, especialmente porque “en su patria se le tiene oficialmente olvidado y está ausente en nombres de calles, monumentos y plazas; cuando en los libros de historia se hace alguna escurridiza mención de él, es para denigrarlo”, destacó el Purpurado durante su intervención en el acto de homenaje.
“Agustín de Iturbide –explicó el Cardenal Sandoval– sigue siendo víctima de las ideologías en pugna y de los sistemas políticos derivantes”.
Luego de recordar que fue Iturbide quien consumó la independencia el 27 de septiembre de 1821, el Purpurado destacó cómo los liberales intransigentes lo declararon “traidor y fuera de la ley”; y así tras su retorno a México fue fusilado por un oficial de ínfimo rango.

Iturbide y su ejército pasando por un costado del Palacio Virreinal el 27 de septiembre de 1821 y a punto de llegar a las puertas del palacio, en donde fue recibido por Juan O'Donojú. Desde allí observó el paso de los 16,000 hombres que formaban el gran Ejército Trigarante.
“Su muerte es un pecado nacional que todos los mexicanos llevamos como una herida oculta en nuestra conciencia histórica, pecado del cual la minoría que ha gobernado a nuestro pueblo no parece haberse arrepentido todavía, pues se ha negado de manera contumaz a reconocerle como el ‘Consumador de la Independencia’ y a darle el lugar que merece en nuestra historia nacional”, dijo el Purpurado.
“La historia la escriben los vencedores, por eso a él se le ha borrado de la historia. Resulta pues muy significativo que hoy y aquí a miles de kilómetros de México se lo recuerde”, concluyó.
El Cardenal finalmente develó una placa conmemorativa que dice, en italiano y español:
“A Agustín de Iturbide, Hijo fiel de México y de la Iglesia Católica, quien promovió y llevó a cumplimiento la independencia de México por fidelidad a su conciencia de católico llegó exiliado a Livorno en el año de 1823. La Ciudad y la Diócesis de Livorno y la Iglesia de México lo recuerdan y le honran cono un hombre que supo luchar y morir por su Patria y por su Fe”.
Tomado de: http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=10530

1783-1824
Militar y político mexicano, emperador de México con el nombre de Agustín I (1822-1823). Nació en Valladolid (Michoacán). Combatió inicialmente a los insurgentes pues no concordaba con el modo desordenado de buscar la Independencia.
Participó en la conspiración denominada de la Profesa para oponerse a la implantación de la Constitución de 1812 en México, después del éxito alcanzado por el pronunciamiento liberal de Rafael del Riego en España. Ese mismo año, el virrey le nombró comandante general del sur, con la misión de buscar un acercamiento a Vicente Guerrero que mantenía la insurgencia (insurrección) en aquellos territorios.
Con el apoyo de los obispos de Guadalajara y Puebla, de los comerciantes españoles y de los criollos opuestos al liberalismo, logró equipar un ejército numeroso y llega a un acuerdo con Guerrero. El 24 de febrero de 1821 en la población de Iguala, publicó un programa político que pasó a denominarse el PLAN DE IGUALA (de las Tres Garantías o trigarante), en el que proclamaba sus objetivos: religión (católica), independencia (de España) y unión (de todos los mexicanos).
En agosto de ese mismo año firmó con el virrey O´Donoju, recién llegado a Nueva España, el Tratado de Córdoba y el 27 de septiembre de 1821 entró en la capital, tras la evacuación de las tropas españolas, CONSUMANDO DE ESTE MODO -SIN DERRAMAMIENTO DE SANGRE- LA INDEPENDENCIA DE MEXICO. Al día siguiente una Junta de Gobierno provisional, presidida por Iturbide, y en la que también figuraba ODonojú, proclamó oficialmente esa Independencia de México con respecto a España. Don Agustín de Iturbide FUE EL CREADOR DE LA BANDERA TRICOLOR MEXICANA (verde, blanca y roja) que significaban las tres garantías arriba explicadas.

Se le proclamó emperador con el nombre de Agustín I. Tuvo que abdicar el 19 de marzo de 1823. En abril fue abolido el Imperio y en mayo salió Iturbide del país rumbo a Europa. Tras una corta estancia en Liorna (Italia), se instaló en Londres y el 13 de febrero de 1824 envió una Exposición al Congreso mexicano, anunciando su intención de regresar al país. Cuando desembarcó en Soto la Marina (Tamaulipas), el 18 de julio siguiente, fue hecho prisionero, y acabó fusilado en Padilla un día después. Asesinaban, así, al libertador de México.
Himno completo con las diez estrofas (en el video se inicia con la primera estrofa y no con el coro, como debiera ser, por cuestión del tamaño que acepta YouTube).
Tomado de:
DOMINGO 17º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

( Semidoble – Ornamentos verdes )
La lectura en Maitines del libro de Tobías suele coincidir más o menos con este Domingo, y por eso útil nos será estudiar paralelamente el Breviario y el Misal, conforme lo venimos haciendo en todos los Domingos.
Tobías parece que vivió en tiempo de Salmanasar, hacia fines del siglo VIII antes de J. C., cuando los israelitas del Norte fueron deportados a Asiria. Viéronse entonces descuajados de su suelo natal y puestos en un ambiente pagano; pero eso no obstante, Tobías permaneció siempre fiel a su Dios y a las santas leyes patrias, aun en medio de rudas pruebas, lo mismo que el santo Job. Hasta llega a decir de él el sagrado Texto que, aun cuando era el más joven de toda la tribu de Neftalí, «nada de pueril se notó en su conducta, pues, siendo aún niño, observaba todas las cosas conforme a la Ley de Dios».
Luego casó con una de su misma tribu, llamada Ana, y tuvo un hijo al que impuso su propio nombre, «enseñándole desde su niñez a temer a Dios y a abstenerse de todo pecado». Cautivo Tobías en Nínive, era el sostén y paño de lágrimas de sus hermanos desterrados, ejercitando con ellos todo género de obras de misericordia.
Pero Dios, por lo mismo que le amaba, quiso probarle, para aquilatar así su virtud, y quedó de pronto ciego, viendo sus ojos quemados por excrementos de golondrinas, bajo cuyo nido se había quedado descansando. «Mas ni aun entonces se contristó contra Dios, antes quedó inmóvil en su santo temor, dando gracias al Señor todos los días de su vida. Acostumbraba decir: «Somos hijos de santos, Y esperamos una vida que Dios ha de dar a los que jamás pierden su fe en Él.»
A su hijo, entre otros muchos, dábale estos sapientísimos con sejos: «Hijo mío, ten a Dios presente todos los días de tu vida, cuídate muy bien de consentir jamás en pecado. Da de tus bienes en limosna, y no apartes tu cara de ningún pobre… lo que no quieras te hagan, no lo hagas a otro.»
He ahí el precepto del amor de Dios y del prójimo, del amor práctico que la Epíslola y el Evangelio nos inculcan. Practicándolo podremos exclamar algún día con el viejo Tobías, a1 recobrar la vista del cuerpo y atisbar con los ojos sobrenaturales del alma la dicha del reino mesiánico: «Oh Jerusalén! Con luz espléndida brillarás, y todos los confines de la tierra te adorarán. Naciones de muy lejos vendrán ti y, trayendo presentes adorarán en ti al Señor… Todas las plazas serán pavimentadas con piedras blancas y puras, y se cantará en tus calles: ¡Aleluya!…».
Tal es la Jerusalén celestial, y aun el reino de Dios en la tierra, la Iglesia santa, católica, apostólica y romana. «Quien la bendice será bendito.» Todos sin excepción son llamados a ella para «formar un solo cuerpo» el cual va animado de «un solo Espíritu » que es el mismo Espíritu Santo, infundido el día de Pentecostés: «Todos tenemos una misma esperanza, una fe, un bautismo». (Ep.).
Cristo Jesús, su divino fundador y cabeza, que el día de su Ascensión puso a sus enemigos por peana de sus pies, a modo de los antiguos vencedores, «sea bendito en los siglos de los siglos». (Ep.).
El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.
Introito. Ps 118, 137 y 124.
| INTROITUS – Justus es, Dómine, et rectum judícium tuum; fac curo servo tuo secúndum misericórdiam tuam. Ps. Beáti immasculáti in via: qui andant in lege Dómini V. Gloria Patri. | Introito – Justo eres, Señor y rectos tus juicios; obra en tu siervo según tu misericor dia. – Ps. Dichosos los que viven sin mancilla, los que andan en la ley del Señor. – V. Gloria al Padre. |
Oración-Colecta
| ORATIO – Da, quaesumus, Dómine, pópulo tuo diabólica vitáres contágia: et te solum Deum pura mente sectári. Per Dóminum. R. Amen | Rogámoste, Señor, concedas a tu pueblo, que evitando las asechanzas del diablo(1), te siga a Ti, único Dios con corazón puro. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc. R. Amen. |
Epístola
Descríbese la unidad de la familia cristiana, unidad basada en la identidad del Espíritu que vivifica todos los miembros del Cuerpo místico de Jesucristo. Uno es el Señor, una la fe, uno el bautismo, uno el Cielo.
| EPISTOLALectio Epistolae beati Pauli Apostoli ad Ephésios (4, 1-6) – Fratres: Obsecro vos ego vinctus in Dómino, ut digne ambulétis vocatione qua vocati estis, cum omni humilitate, et mansuetudine, cum patientia, subportantes invicem in caritate, solliciti servare unitatem spiritus in vinculo pacis. Unum corpus, et unus spiritus, sicut vocati estis in una spe vocationis vestrae. Unus Dominus una fides unum baptisma. Unus Deus, et Pater omnium, qui super omnes, et per omnia, et in omnibus nobis. Qui est bendictus in saecula saeculórum. Amen.
|
Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Efesios: Hermanos: Ruégoos yo, prisioneroen el Señor, que andéis cual conviene a la vocación a que habéis sido llamados, con toda humil dad y mansedumbre, con paciencia, so brellevándoos unos a otros en caridad, esforzándoos en guardar la unidad del espíritu con el vínculo de la paz. Sólo hay un cuerpo y un espíritu, como también fuisteis llamados a una sola esperanza(2) de vuestra vocación. Uno sólo es el Señor, una la fe, uno el Bautismo. Un Dios y Padre de todos, que está sobre todos, y por todas las cosas, y en todos nosotros. El cual es bendito en los siglos de los siglos. Amén. |
| GRADUALE (Ps. 32 ) – Beáta gens, cujus est Dóminus Deus eórum; pópulus, quem elégit Dóminus in hereditátem sibi. V- Verbo Dómini caeli firmáti sunt: et spíritu oris ejus omnis virtus eorum. Alleluia, alleluia. V.(Ps. 101) – Dómine, exáudi oratiónem meam: et clamor meus ad te pervéniat, Alleluia. | Gradual – Feliz el pueblo que tiene al Señor por su Dios; el pueblo a quien escogió para su heredad. La palabra del Señor creó los cielos, y por el espíritu de su boca a todos los astros de él. Aleluya, aleluya – V. Señor, escucha mi oración, y llegue a Ti mi clamor. Aleluya. |
Evangelio
Hay que amar a Dios ante todo y sobre todo, y al prójimo como a un hijo muy querido de Dios. A esto es a lo que se llama caridad; lo que no es esto, es beneficencia, altruismo, filantropía, o sea, la descristianización de la caridad sublime de Cristo, opuesta diametralmente a la caridad laica, que asiste al hombre por el hombre, ¿y de qué manera?
| USequéntia sancti Evangélii secúndum Mathaeum (22, 34-46)
In illo témpore: Accesérunt ad Jesum pharisaei: et interrogavit eum unus ex eis legis doctor temptans eum: Magister quod est mandatum magnum in lege? Ait illi Iesus diliges Dominum Deum tuum ex toto corde tuo, et in tota anima tua, et in tota mente tua. Hoc est maximum et primum mandatum. Secundum autem simile est huic diliges proximum tuum sicut te ipsum. In his duobus mandatis universa lex pendet, et prophetae. Congregatis autem Pharisaeis interrogavit eos Iesus dicens: Quid vobis videtur de Christo? cuius filius est? Dicunt ei: David. Ait illis: Quomodo ergo David in spiritu vocat eum Dominum, dicens: Dixit Dominus Domino meo sede a dextris meis, donec ponam inimicos tuos scabillum pedum tuorum? Si ergo David vocat eum Dominum quomodo filius eius est? Et nemo poterat respondere ei verbum neque ausus fuit quisquam ex illa die eum amplius interrogare. Credo. |
U Continuación del Santo Evangelio según Credo. En aquel tiempo: Llegáronse a Jesús los fariseos, y le preguntó uno de ellos que era doctor de la ley, para tentar le: «Maestro, ¿cuál es el Man damiento más grande de la ley?» Jesús le dijo: «Amarás al Señor tu Dios, de todo tu corazón y de toda tu alma, y de todo tu entendimiento. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es seme jante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos pende toda la ley y los profetas(3).» Y reunidos los fariseos, preguntó les Jesús: «¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?» Dícenle: «De David.» Replicóles: «Pues, ¿cómo David, en espíritu, le llama Señor, diciendo: ‘Dijo el Señor a mi Señor, siéntate a mi derecha, hasta que ponga tus enemigos por peana de tus pies?’ Pues, si David le llama ‘Señor,’ cómo puede ser hijo suyo?» Y ninguno e pudo responder palabra: ni nadie desde aquel día se atrevió a hacerle más preguntas. |
| OFFERTORIUM – Orávi Deum meum ego Dániel dicens: Exáudi, Dómine, preces servi tui: illúmina fáciem tuam super sanctuárium tuum: et propítius inténde pópulum istum, super quem invocátum est nomen tuum. Deus. | Ofertorio – Yo, Daniel, rogué a mi Dios, diciendo: Oye, Señor, los ruegos de tu siervo: brille tu rostro sobre tu santuario: y atiende propicio a este pueblo, sobre el cual ha sido invocado tu nombre, oh Dios. |
Oración-Secreta
| Majestátem tuam, Dómine, supplíciter deprecámur: ut haec sancta, quae gérimus, et a praetéritis nos delíctis éxuant, et futúris. Per Dominum. | Suplicamos, Señor, humildemente a tu Majestad, que estos santos misterios que celebramos, nos purifiquen de las culpas pasadas y futuras. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc. |
Prefacio de la Santísima Trinidad
| Vere dignum et justum ets aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui cumm unigenito Filio tuo, et Spiritu Sancto, unus es Deus, unus es Dominus: non in unius singularitate personae, sed in unius Trinitate substantiae. Quod enim de tua gloria, revelante te, credimus, hoc de Filio tuo, hoc de Spiritu Sancto, sine differentia discretionis sentimus. Ut in confessione verae, sempiternaeque Deitatis, et in personis Proprietas, et in essentia unitas, et in majestate adoretur aequalitas. Quam laudat Angeli atque Arcangeli, Cherubim quoque ac Sraphim: qui non cessant clamare quotidie, una voce dicentes: Sanctus, Sanctus, Sanctus…
|
Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro:: Santo, Santo, Santo, etc. |
| COMMUNIO Vol véte, et réddite Dómino Deo vestro omnes, qui in circúitu ejus affértis múnera: terribili et ei, qui aufert spíritum principum: terribili apud omnes reges terrae. |
Comunión. – Haced votos y cumplidlos, para honrar al Señor Dios vuestro, todos los que traéis ofrendas a su presencia: al Dios terrible que abate el orgullo de los príncipes; al que es terrible para todos los reyes de la tierra(4) . |
Oración-Postcomunión
| Sanctificatiónibus tuis, omnipotens Deus, et vítia nostra curéntur, et remédia nobis aetérna provéniant. Per Dóminum | Haz, oh Dios omnipotente, que con éstos tus santos Sacramentos sean curados nuestros vicios y se remedie nuestra salvación eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo. |
San Cleofás, Discípulo de Nuestro Señor
San Justino, Mártir
Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, en Tucumán.
Tucumán, fue fundada por don Diego de Villarroel en 1565, después de frecuentes ataques de los indios, el día de Nuestra Señora de las Mercedes de 1685 fue trasladada al sitio actual.
Por los muchos favores que la Virgen de las Mercedes dispensó a los tucumanos, el Cabildo en 1687 la nombró Patrona y Abogada de la ciudad.
A ella le acreditan la victoria argentina en la batalla de Tucumán del 24 de septiembre de 1812. En ella se decidió la suerte de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Los españoles eran unos tres mil y los argentinos apenas mil ochocientos. Belgrano, el general argentino, puso su confianza en Dios y en Nuestra Señora de las Mercedes, a quien eligió por Patrona de su Ejército.
En la mañana del 24 de septiembre de 1812, día del combate, el general Belgrano estuvo orando largo rato ante el altar de la Virgen. El ejército argentino obtuvo la victoria. En el parte que transmitió al Gobierno, Belgrano hizo resaltar que la victoria se obtuvo el día de Nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya protección se habían puesto las tropas.
El parte dice textualmente: ‘La patria puede gloriarse de la completa victoria que han tenido sus armas el día 24 del corriente, día de Nuestra Señora de las Mercedes bajo cuya protección nos pusimos «.
El general Belgrano puso en manos de la imagen de la Virgen su bastón de mando. La entrega se efectuó durante una solemne procesión con todo el ejército, que terminó en el Campo de las Carreras, donde se había librado la batalla.
Belgrano se dirigió hacia las andas en que era conducida la Virgen las Mercedes, y haciéndola bajar hasta ponerla a nivel, le entregó el bastón que llevaba, poniéndolo en las manos de la Virgen y proclamó a la Virgen de la Merced como Generala del Ejército.
Las religiosas de Buenos Aires, al tener conocimiento de estos actos de devoción, remitieron a Belgrano cuatro mil escapularios de la Virgen de la Merced para que los distribuyera a las tropas. Antes de partir rumbo a Salta, el batallón de Tucumán se congregó frente al atrio del templo de Merced, donde fueron entregados los escapularios, Tanto los jefes como oficiales y tropas los colocaron sobre sus uniformes.
El 20 de febrero de 1813 los argentinos que buscaban su independencia se enfrentaron nuevamente con los españoles en Salta. Antes de entrar en combate, Belgrano recordó a sus tropas el poder y valimiento de María Santísima y les exhortó a poner en Ella su confianza. Formuló también el voto de ofrendarle los trofeos de la victoria si por su intercesión la obtenía.
Con la ayuda de la Madre de Dios vencieron nuevamente a los españoles, y de las cinco banderas que cayeron en poder de Belgrano, una la destinó a la Virgen de las Mercedes de Tucumán, dos a la Virgen de Luján y dos a la Catedral de Buenos Aires.
A partir del año 1812, el culto a Nuestra Señora de las Mercedes adquiere una gran solemnidad y popularidad. En 1813, el Cabildo de Tucumán pide al gobierno eclesiástico la declaración del vicepatronato de Ntra. Sra. de las Mercedes «que se venera en la Iglesia de su religión» y ordena de su parte que los poderes públicos celebren anualmente su fiesta el 24 de septiembre . El 4 de septiembre de 1813 la Autoridad Eclesiástica, por Decreto especial, declara festivo en homenaje de la Virgen el 24 de septiembre.
Después del 31 de agosto de 1843, es declarada oficialmente Vice Patrona, jurando su día por festivo y disponiendo se celebre cada año una Misa solemne con asistencia del Magistrado y que por la tarde se saque la imagen de la Santísima Virgen en procesión, como prueba de gratitud por los beneficios dispensados.
La imagen de Nuestra Señora de las Mercedes de Tucumán fue coronada solemnemente, en nombre del Papa San Pio X, en 1912, al cumplirse el centenario de la batalla y victoria de Tucumán.
El 22 de junio de 1943, el Presidente de la República, General Pedro P. Ramirez, por decreto aprobado el día anterior con sus ministros, dispuso por el artículo 1ro.:
«Quedan reconocidas con el grado de Generala del Ejército Argentino: la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Mercedes, y la Santísima Virgen María , bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen».
Los artículos 2,3 y 5 se refieren a la imposición de la banda y faja que corresponde a los generales de la nación. El gobierno Argentino proclama así, solemnemente, ante el mundo, su religiosidad.
El General San Martín también proclamó a Nuestra Señora del Carmen Patrona y Generala del Ejército de los Andes.
En 1945, el Gobierno Nacional designó a la Santísima Virgen de las Mercedes Patrona Principal de la Aeronáutica Militar.
En Santa Fe la imagen se venera en el templo del Milagro, Paraná se venera en la catedral, en Córdoba, en la Iglesia de los Padres Mercedarios, y así en muchos otros lugares.
Oración a la Nuestra Señora de la Merced
Generala del Ejército Argentino
A ti recurrimos, oh Virgen Generala de nuestros Ejércitos, para implorar tu maternal protección sobre esta Patria Argentina.
Te recordamos que aquí se alzó el altar donde se glorificó a Jesús Eucarístico ante el mundo entero; que nuestra bandera se izó en la presencia augusta de tu divino Hijo; que los colores nacionales cruzan sobre tu pecho cual blasón de Generala del Ejército Argentino
Por todo esto te pedimos que protejas a nuestra Patria erigida según los designios divinos y que del uno al otro confín sepan los pueblos honrarla y que al postrarnos ante tu imagen de Virgen Generala resuene esta unánime aclamación:
¡Tu eres la gloria de nuestra Patria. Tú eres la honra de nuestro pueblo! ¡Tu la Generala de nuestro Ejército!
Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

¡Tu eres la gloria de nuestra Patria. Tú eres la honra de nuestro pueblo! ¡Tu la Generala de nuestro Ejército!
La fiesta de Nuestra Señora de la Merced, o de las Mercedes, se celebra el 24 de septiembre; esta devoción es tan antigua entre los argentinos como el primer albor en tierra americana. Desde el Convento Grande de San Ramón, el baluarte de la provincia mercedaria de Santa Bárbara del Tucumán, se expandió esta hermosa devoción por toda la extensión del Virreinato del Río de la Plata. Ella es la Patrona y Generala de nuestros Ejércitos, y fue honrada con especial fervor por nuestros grandes hombres, y por todas las generaciones argentinas.

Divina Redentora de cautivos: Redimid al mundo del cautiverio del error, del pecado y del vicio.
Salud de los enfermos: Concededla completa a todos los que, desde el lecho del dolor, invoquen vuestra poderosa protección.
Consuelo de afligidos: Consolad a los que sufren en sus dolencias del cuerpo y del alma; fortalecedlos, para que no desfallezcan y lleven su cruz resignadamente.
Reina de la paz: Interceded ante vuestro divino Hijo, Príncipe de la Paz, a fin de que se extingan los odios, haya concordia entre las familias y las naciones, y el espíritu de amor domine en todas las almas.
Os pedimos especialmente esta paz, Madre amadísima, para nuestro pueblo, que tanto os ama y venera.
Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/

Lleguémonos confiadamente al trono de la gracia: a fin de alcanzar misericordia, y hallar gracia para ser socorridos en tiempo oportuno. (Hebreos, 4, 16).
En el tiempo en que los sarracenos oprimían a España y llevaban en esclavitud a gran número de cristianos, la Madre de Dios, compadecida de sus males y peligros, apareció durante la misma noche a San Pedro Nolasco, a San Raimundo de Peñafort, y a Jaime, rey de Aragón, conjurándolos a establecer una Orden religiosa para la redención de los cautivos. Ésta fue la Orden de la Merced, o de la Redención, fundada en Barcelona en 1223, y que prestó inmensos servicios a la Iglesia y a la sociedad. Para agradecer a la Santísima Virgen, la Iglesia estableció esta fiesta.
MEDITACIÓN SOBRE
NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES
I. Desde que María, consintiendo en el sacrificio del Redentor en la cruz, llegó a ser la cooperadora de la Redención, nada desea más que ayudar a los pobres pecadores. Por cargados de crímenes que estemos, apenas recurramos a Ella con el deseo de corregirnos, nos acogerá bondadosamente y nos obtendrá el perdón. Cuanto más desgraciados somos, con tanto mayor razón es nuestra reina. Vos sois la Reina de la misericordia, y ¿quién tiene necesidad de misericordia sino los miserables? (San Bernardo).
II .La Santísima Virgen no se contenta con retirarnos del abismo del pecado, sino que nos impide recaer en él. Recurrir a María es un medio infalible para vencer los asaltos del infierno, porque Ella es temible como un ejército en orden de batalla. ¿Te cuidas de recurrir a Ella en las tentaciones? Acuérdate de las circunstancias en las que has sucumbido y verás que, precisamente, son aquéllas en que descuidaste invocar su socorro. En tus peligros, en tus angustias, en tus dudas, piensa en María, invoca a María: que su nombre no se aleje de tus labios ni de tu corazón. (San Bernardo).
III. Pero sobre todo es en la hora de la muerte cuando María cuida de sus servidores. Si el demonio, en esa hora tremenda, redobla sus esfuerzos para perdernos, María redobla su solicitud para asegurar nuestra salvación. Es entonces sobre todo cuando para nosotros es reina de misericordia. Una madre de la tierra tiene para con su hijo moribundo menos ternura que María para con sus servidores. Invócala, pues, durante tu vida a fin de que tengas la dicha de morir uniendo en tus labios el nombre de María al de Jesús. ¡Oh Soberana, salid al encuentro de mi alma a su salida de este mundo, y recibidla en vuestros maternales brazos! (San Buenaventura) .
La frecuente invocación del nombre de María
Orad por los pecadores endurecidos.
ORACIÓN
Oh Dios, que por intermedio de la gloriosa Madre de vuestro Hijo, habéis enriquecido a vuestra Iglesia con una familia religiosa consagrada a la redención de los cristianos caídos en poder de los infieles, dignaos, en vista de sus méritos y de su intercesión, conceder a los que la honran piadosamente como la fundadora de esta gran obra, la gracia de quedar libres de las cadenas del pecado y de la cautividad del demonio. Por J. C. N. S. Amén.
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