Antes de la Independencia de México, la Revolución Francesa

Un Poco de Coherencia

Hace más de dos siglos estallaba la Revolución Francesa, con consecuencias incalculables. Expulsó a Cristo de la sociedad e intentó aniquilar a la Iglesia católica. En este período se escribió una de las páginas más negras de la historia. Las guerras napoleónicas exportaron los principios mortíferos a Europa y al mundo entero. Ante estas convulsiones la resistencia católica fue heroica. Cientos de miles de vandeanos derramaron su sangre para permanecer fieles a Dios, a la Iglesia y al Rey. Tuvo lugar un verdadero genocidio. Unos cien años más tarde el Presidente de Ecuador, García Moreno, encaró la empresa de recrear el estado católico erradicando los principios de la revolución importados desde Europa y que la masonería intentaba imponer. ¡Fue asesinado! A comienzos del siglo XX los Cristeros de México se opusieron a las leyes revolucionarias que esclavizaban la Iglesia al estado y a los principios anticristianos contrarios a la realeza de Cristo en la sociedad. Tomaron las armas. Dejados a su suerte por Obispos traidores que engañaron a Pío XI, miles y miles tuvieron que afrontar el martirio.

La Revolución Francesa. Ilustración y Despotismo ilustrado:Es un movimiento de culminación del racionalismo, para muchos es el comienzo de la etapa moderna e incluso la madre de la democracia. Es un movimiento anticlerical, y por lo tanto los más perjudicados serán el clero y el estado llano.

La Revolución Francesa. Ilustración y Despotismo ilustrado:Es un movimiento de culminación del racionalismo, para muchos es el comienzo de la etapa moderna e incluso la madre de la democracia. Es un movimiento anticlerical, y por lo tanto los más perjudicados serán el clero y el estado llano.

Unos años más tarde, la católica España estalla en llamas. Los enemigos de la Iglesia no cejaban en su intento de imponer los principios revolucionarios. Serán entonces decenas de miles de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos católicos que coronarán con el martirio su fidelidad a Dios y a la Iglesia. A éstos seguirán los mártires del comunismo “intrínsecamente perverso “, que es el mismo que en la actualidad sigue haciendo derramar la sangre de muchos que quieren luchar por ser fieles a Cristo.

Estos héroes católicos estaban convencidos de que el error no podía convivir con la verdad. Murieron no sólo porque pensaban como católicos, sino también porque deseaban vivir como católicos.

La revolución no tiene ningún escrúpulo y nunca se arrepentirá. Para ella todos los medios son buenos para alcanzar sus fines. Se toma su tiempo, su objetivo es claro: erradicar la Iglesia de la sociedad, o al menos, confinarla al fondo de las sacristías. Necesita para triunfar de la ayuda de personas que acepten transitar por sus caminos bajo su guía y amparo. Los católicos liberales, que siempre alimentan el deseo de concretar la unión adúltera de la Iglesia con la revolución, se prestarán a jugar como cómplices. Serán los “idiotas útiles ” de que habla Lenín. La revolución precisa de estos “católicos de bajo perfil”, dispuestos al compromiso y culpables de la ruina de la sociedad católica.

Por eso, queridos amigos, debemos tener presentes aquellas palabras del Apóstol Santiago: “¿De qué servirá, hermanos míos, el que uno diga tener fe, si no tiene obras? ¿Por ventura a éste la fe podrá salvarlo? (…) La fe, si no es acompañada de obras, está muerta en sí misma (…) ¿No veis cómo el hombre se justifica por las obras, y no por la fe solamente? {…) En suma, como un cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin las obras está muerto”. (1)

Tenemos que aplicar los principios católicos en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestras obras, en la sociedad civil, y eso claramente y sin compromisos. La Iglesia debe recuperar su voz y profesar una doctrina totalmente católica. San Pío X lo señaló netamente en la encíclica sobre Le Sillón: “No, Venerables Hermanos —preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores—, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la «ciudad» nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe… es la civilización cristiana, es la «ciudad» católica”.  (2)

Oración: Señor, Dios nuestro, que, para defender la fe católica e instaurar todas las cosas en Cristo, colmaste al papa san Pío décimo de sabiduría divina y fortaleza apostólica, concédenos que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, podamos alcanzar la recompensa eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Oración: Señor, Dios nuestro, que, para defender la fe católica e instaurar todas las cosas en Cristo, colmaste al papa san Pío décimo de sabiduría divina y fortaleza apostólica, concédenos que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, podamos alcanzar la recompensa eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

No tenemos derecho a resignarnos a ver cómo triunfan los principios anticatólicos. Semejante resignación se equipara al laxismo puro. Con el paso del tiempo la gente se acostumbra a todo, se excusa todo, y se termina por admitirlo todo…

¡Actuemos, pues, como católicos! ¡Seamos coherentes! De nuestras convicciones católicas debe resultar una actuación integralmente católica sin compromisos con el espíritu del mundo.

Extracto tomado del artículo Un Poco de Coherencia:

Por el R. P. Christian Bouchacourt
IESUS CHRISTUS
Revista del Distrito América del Sur FSSPX
Año XIX, N6 113 – Septiembre/octubre de 2007

http://conviccionradio.cl/defensa/un-poco-de-coherencia.html

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