
POR EL PADRE MATEO CRAWLEY-BOEVEY
(del mes de Mayo)
VIII Mayo
Adorámoste, Jesús Sacramentado, y bendecímoste, que por la gracia de tu Corazón Divino estás redimiendo el mundo… Sálvanos en él, como lo prometiste a tu sierva Margarita María… sálvanos, te lo rogamos, por el amor de tu Madre Inmaculada…
(De rodillas, y con gran recogimiento interior, pedidle luz para conocer su Divino Corazón y gracia para amarle y darle gloria).
(Breve pausa)
(Lento y cortado)
CONFIDENCIA DE JESÚS: No me habéis elegido vosotros a Mí… Yo os he predestinado a vosotros y os he seleccionado entre millares para que participéis aquí, en Hora Santa y sublime de intimidad conmigo, de las confidencias, de las ternuras y de las gracias que os tengo reservadas en mi lastimado Corazón…
Acercaos, tendedme los brazos, arrancadme las espinas, brindadme consuelo…, pues desfallezco de amor y de amargura…, acercaos. ¡Oh he amado tanto…, tanto!… Si os encontráis aquí en la cena deliciosa de mi caridad, vecinos al Señor de los ángeles, sintiendo los ardores de mi Corazón… es porque os preferí gratuitamente… Vosotros sí que sois los míos…, habéis sido los siervos y sois, ahora, los hijos… Venid, pues, y comed conmigo, a la sombra de Getsemaní, el pan de mis dolores…
Necesito desahogar mi alma con vosotros, pues en ella hay tristezas que los ángeles no conocen, y lágrimas que no corren en el cielo… Siento ansias de hablaros en confidencia dolorosa, la más íntima… Que si no podéis penetrar todo el abismo de mis congojas, no importa; lleváis, como Yo, una fibra que solloza, y que, herida por la tempestad, gime con angustia… Los espíritus angélicos vienen a sostenerme en este huerto de la agonía…; pero vosotros estáis mucho más cerca que ellos del mar de mis quebrantos…; vosotros podéis beber mis lágrimas…, podéis endulzarlas, sufriendo mi pasión y mis dolores… Desentendeos, pues, del mundo, dejad su mentira y el recuerdo de sus devaneos, y aquí a mis plantas, condoleos con el Dios encarcelado, que quiere participaros amor doliente, amor crucificado…, aquel amor que, entre estremecimientos de agonía, dio la paz y dio la vida al mundo.
(Pausa)
EL ALMA: Haz, Señor Jesús, que vea…, haz que saboree la hiel de tus tedios infinitos…; concédeme el favor de penetrar con fe vivísima en tu alma dolorida… Divino Agonizante, sé benigno y aunque soy un pecador, pon en esta Hora Santa el cáliz de Getsemaní en mis labios: dadme de beber en tu Corazón… ¡“Sitio”, tengo sed de Ti, Jesús-Eucaristía!
(Breve pausa)
VOZ DEL SAGRARIO: Vosotros me conocéis, hijitos míos, porque escucháis mis palabras de vida eterna… y al conocerme a Mí conocéis a mi Padre, pues Yo soy el camino que a Él conduce… Pero ¡ay!, pensad en que hay millones de hermanos vuestros, creados para adorarme, redimidos para bendecirme, y que levantan contra el cielo este grito de blasfemia: ¡“No hay Dios”!… Hasta mi trono de paz, hasta ese altar de mansedumbre, llega ese grito airado, eco de la rebeldía de Luzbel… Esos mismos que me niegan, viven de mi aliento y se agitan en el piélago de mi bondad, y, sin embargo, me proscriben de palabra, me rechazan en sus obras…
Yo, sólo Yo, no existo para ellos… Mi nombre los perturba, mi yugo suave los aterra, mi Calvario los irrita… ¡Me blasfeman!…
(Breve pausa)
Sigue leyendo →