LA APARICIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN EN LA MONTAÑA DE LA SALETTE

10 DE SEPTIEMBRE DE 1846

VIRGEN DE LA SALETTE ¡ORA PRO NOBIS!

VIRGEN DE LA SALETTE ¡ORA PRO NOBIS!

Publicado por la Pastora de la Salette con «imprimatur» de Mons. el obispo de Lecce. Versión tomada del libro «Celle qui pleura» de León Bloy —Apéndice— editado en París, MCMVIII (Société du Mercure de France). La traducción, que ha procurado ser lo más literal posible, ha sido realizada especialmente para esta revista por Pablo Williams.

I

El 18 de setiembre, víspera de la santa Aparición de la Santa Virgen, me encontraba sola, como de costumbre, cuidando las cuatro vacas de mis amos. Hacia las once de la mañana ví venir hacia mí un muchachito. Al verlo, me asusté, pues me parecía que todo el mundo debía ya saber que yo huía toda clase de compañía. El niño se me acercó y me dijo: —»Pequeña, voy contigo. yo soy también de Corps». Ante estas palabras mi mal genio se hizo ver enseguida, y retrocediendo unos pasos, le dije: —»No quiero a nadie aquí, quiero estar sola». Luego me alejé, pero el niño me seguía diciéndome: —»Vamos, dé-jame estar contigo, mi patrón me dijo que viniera a cuidar mis vacas con las tuyas; soy de Corps».

Me alejé de él haciéndole saber por señas de que no quería a nadie allí. Una vez alejada, me senté sobre la hierba. Allí conversaba con las florecitas de Dios.

Un momento después miro detrás de mí y encuentro a Maximin sentado muy cerca. Enseguida me dijo: «Déjame estar a tu lado, me portaré bien». Pero mi mal genio no entendió razones. Me levanto con precipitación, huyo un poco más lejos sin decirle nada, y me pongo a jugar nuevamente con las flores de Dios. Al instante, Maximin estaba otra vez allí diciéndome que se portaría bien, que no hablaría, que se aburriría estando solo, que su patrón le había mandado con-migo … etc. Esta vez tuve lástima, le indiqué que se sentara, y continué con las flores de Dios.

Maximin no tardó en romper el silencio; se puso a reír (creo que se burlaba de mí) ; lo miro y me dice: —»Divirtámonos, juguemos a algo». No le contesté nada, pues yo era tan ignorante que, habiendo estado siempre sola, no comprendía nada acerca de jugar con otra persona. Me entretenía sola con las flores y Maximin, acercándose a mi lado, no dejaba de reírse, diciéndome que las flores no tenían orejas para oírme y que debíamos jugar juntos. Pero a mí no me gustaba el juego que me proponía. Sin embargo, empecé a hablarle, y él me, dijo que pronto iban a terminar los diez días que debía pasar con su patrón y que luego iría a Corps a casa de su padre, etc.

Mientras me hablaba, se oyó la campana de la Salette; era el Angelus. Con un gesto le indiqué a Maximin que elevara su alma a Dios. Se descubrió la cabeza y guardó silencio por un momento. Luego le dije: —»¿Quieres comer? —Sí, me dijo. Vamos. «Nos senta­mos; saqué de mi bolsa las provisiones que me habían dado mis patrones y, según mi cos­tumbre, antes de cortar mi pequeño pan redondo hice una cruz sobre él con la punta de mi cuchillo y un agujerito en el medio, diciendo: —»Si el diablo está allí, que salga, si Dios está allí, allí se quede» y rápido, muy rápido recubrí el agujerito. Maximin lanzó una car­cajada y dio un puntapié a mi pan que se escapó de entre mis manos, rodó hasta el fondo de la montaña, y se perdió.

Yo tenía otro pedazo de pan. Lo comimos juntos. Después, jugamos. Luego, dán­dome cuenta que Maximin debía tener necesidad de comer, le señalé un lugar de la mon­taña cubierto de pequeños frutos. Le aconsejé comer algunos, cosa que hizo de inmediato; comió, y trajo su gorra llena. Al anochecer, bajamos juntos la montaña, y nos prometimos volver a cuidar juntos nuestras vacas.

Al día siguiente, 19 de setiembre, me encuentro caminando nuevamente con Maxi­min; trepamos juntos la montaña. Encontraba a Maximin muy bueno, muy simple y que hablaba con gusto de lo que yo quería hablar; era también muy dócil, sin aferrarse a su sentimiento; sólo era un poco curioso, pues, cuando yo me alejaba de él, en cuanto me veía detenerme, corría rápidamente a ver lo que hacía y oír lo que decía a las flores de Dios, y, si no llegaba a tiempo, me preguntaba qué había dicho. Maximin me dijo que le enseñara un juego. La mañana estaba avanzada; le dije que juntáramos flores para hacer el «Paraíso».

Nos pusimos los dos a la obra. Pronto tuvimos una buena cantidad de flores de dis­tintos colores. Se oyó el Angelus de la villa pues el cielo estaba sereno y sin nubes. Des­pués de haber dicho a Dios lo que sabíamos le dije a Maximin que debíamos llevar nues­tras vacas a un pequeño terreno, cerca de una pequeña barranca donde habría piedras para construir el «Paraíso». Llevamos nuestras vacas al lugar señalado y enseguida hicimos nuestra pequeña cena. Luego, nos pusimos a llevar las piedras y a construir nuestra casita que consistía en una planta baja que se decía ‘ nuestra habitación y Luego un piso encima que era, según nosotros, el «Paraíso».

Este piso estaba todo adornado de flores de distintos colores con coronas suspendidas de tallos de flores. El «Paraíso» estaba cubierto por una sola y ancha piedra que habíamos recubierto de flores; habíamos colgado también coronas a su alrededor. Terminado el «Pa­raíso» lo contemplamos; nos vino el sueño, nos alejamos dos pasos de allí, y nos dormimos sobre la hierba.

Sin hacerlo caer, la Bella Señora se sienta sobre nuestro «Paraíso».

II

Al despertarme y no ver nuestras vacas llamo a Maximin y trepo el pequeño montículo. Habiendo visto que nuestras vacas estaban tranquilamente recos­tadas, yo bajaba de allí y Maximin subía, cuando, de pronto, veo una bella luz más brillante que el sol, y apenas he podido decir estas palabras: —»¿Maximin, ves, allá? ¡Ah! ¡Dios mío! «Al mismo tiempo dejo caer el bastón que tenía en la mano. No sé qué de delicioso acontecía en mí en ese momento, pero yo me sentía atraída, sentía un gran respeto lleno de amor, y mi corazón hubiera que­rido correr más rápido que yo.

Yo miraba fijamente esta luz que estaba inmóvil, y, como si ella se hubiese abierto, percibí otra luz mucho más brillante, y que estaba en movimiento y, en esta luz, una Bellísima Señora sentada sobre nuestro «Paraíso» con la cabeza en­tre sus manos. Esta Bella Señora se ha levantado, ha cruzado un poco sus brazos, y mirándonos, nos ha dicho: «Acercaos, hijitos míos, no tengáis temor, estoy aquí para anunciaros una gran noticia » . Estas dulces y suaves palabras me hicieron volar hacia ella, y mi corazón hubiese querido estrecharse a ella para siempre. Habiendo llegado muy cerca de la Bella Señora, frente a ella, a su de recha, comienza ella su discurso y también las lágrimas comienzan a correr de sus bellos ojos.

«Si mi pueblo no quiere someterse estoy forzada a dejar libre la mano de mi Hijo. Es tan grave y pesada que no puedo retenerla más.

¡Hace cuánto tiempo que sufro por vosotros! Si quiero que mi Hijo no os abandone, debo rogarle sin pausa. Y en cuanto a vosotros, no hacéis caso de ello. Por más que roguéis, por más que hagáis, jamás podréis recompensar la pena que me he tomado por vosotros.

Os he dado seis días para trabajar, me he reservado el séptimo, y no se quiere acordármelo. Esto es lo que hace tan pesado el brazo de mi Hijo.

Los que conducen los carros no saben hablar sin introducir el nombre de mi Hijo en sus juramentos. Son ambas cosas lo que hacen tan pesado el brazo de mi Hijo.

Si la cosecha se echa a perder, sólo es a causa de vosotros.

Os lo he hecho ver el año pasado con las papas. Vosotros no habéis hecho caso de ello; al contrario, cuando encontrábais las echadas a perder jurábais y usábais el nombre de mi Hijo. Ellas seguirán echándose a perder; en Navidad no habrá más».

Aquí yo trataba de comprender la palabra «pommes de terre»; creía com­prender que significaba «pommes» (papas). La Bella y Buena Señora, adivi­nando mi pensamiento, continuó así:

«¿No lo comprendéis, mis hijitos? Os lo diré de otra manera».

La traducción en francés es la siguiente:

«Si la cosecha se arruina es sólo por vosotros; os lo he hecho ver el año pasado con las papas y vosotros no habéis hecho caso de ello, al contrario, cuando encontrábais las arruinadas, jurábais y usábais el nombre de mi Hijo. Van a seguir echándose a perder, y en Navidad no habrá más.

Si tenéis trigo, no hay que sembrarlo.

Todo lo que sembréis, lo comerán las bestias, y lo que crezca, caerá hecho polvo al cernirlo. Va a venir una gran hambre. Antes que el hambre venga, los niñitos menores de siete años tendrán un temblor, y morirán entre las manos de las personas que los sostengan; los demás harán penitencia con el hambre. Las nueces se echarán a perder, los racimos se pudrirán».

Aquí, la Bella Señora, que me tenía encantada, quedó un momento sin ha­cerse oír; veía, sin embargo, que seguía moviendo graciosamente sus amables labios como si hablase. Maximin recibía entonces su secreto. Luego, dirigién­dose a mí, la Santísima Virgen me habló, y me dio un secreto en francés. He aquí este secreto, tal como ella me lo ha dado:

III 

1. Melanie, lo que voy a decirte ahora no permanecerá siempre en secreto. Podrás publicarlo en 1858. 

2. Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, los sacerdotes, por su mala vida, por sus irre­verencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por amor del dinero, por amor del honor y de los placeres, los sacerdotes se han transformado en cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes reclaman venganza, y la venganza está suspendida sobre sus cabezas. ¡Desdicha de los sacerdotes y las personas consagradas a Dios que por sus infidelidades y su mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al cielo, y llaman la venganza, y he aquí que la venganza está a sus puertas, pues no hay más nadie para implorar misericordia y perdón para el pueblo; no hay más almas genero­sas, no hay más persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo. 

3. Dios va a golpear de una manera sin ejemplo. 

4. ¡Desdichados los habitantes de la tierra! Dios va a agotar su cólera, y nadie podrá sustraerse a tantos males reunidos. 

5. Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la peni­tencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias; se han convertido en esas estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los que reinan, en todas las sociedades y en toda las familias; se sufrirán penas físicas y morales; Dios abandonará los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años. 

6. La sociedad está en la víspera de las plagas más terribles y de los más grandes acontecimientos; hay que esperar ser gobernado por una vara de hierro y beber el cáliz de la cólera de Dios. 

7. Que el Vicario de mi Hijo, el Soberano Pontífice Pío IX, no salga más de Roma después del año 1859; pero que sea firme y generoso, que combata con las armas de la fe y del amor; yo estaré con él. 

8. Que desconfíe de Napoleón; su corazón es doble y cuando querrá ser a la vez Papa y emperador, enseguida Dios se retirará de él; él es esa águila que, queriendo siempre elevarse, caerá sobre la espada con que deseaba servirse para obligar a los pueblos a elevarle. 

9. Italia será castigada por su ambición al querer sacudirse el yugo del Señor de los Señores; también ella será entregada a la guerra, la sangre correrá por todas partes; las iglesias serán cerradas o profanadas; los sacerdotes, los religiosos serán expulsados; se los hará morir y morir de una muerte cruel. Muchos abandonarán la Fe y será grande el nú­mero de los sacerdotes y religiosos que se apartarán de la verdadera religión; entre estas personas habrá incluso Obispos. 

10. Que el Papa se cuide de los hacedores de milagros pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar sobre la tierra y en los aires. 

11. En el año 1864, Lucifer con un gran número de demonios serán soltados del in­fierno: abolirán la fe poco a poco, incluso en las personas consagradas a Dios; los cegarán de tal manera, que, a menos de una gracia particular, estas personas tomarán el espíritu de esos ángeles malos; muchas casas religiosas perderán enteramente la fe y perderán muchas almas. 

12. Los malos libros abundarán sobre la tierra y los espíritus de las tinieblas exten­derán en todas partes un relajamiento universal para todo lo que concierne al servicio de Dios; tendrán un gran poder sobre la naturaleza; habrá iglesias para servir a estos espíritus. De un lado a otro serán transportadas personas por estos malos espíritus e incluso sacer­dotes, pues ellos no se habrán conducido según el buen espíritu del Evangelio, que es espíritu de humildad, de caridad y de celo por la gloria de Dios. Se resucitará a muertos y a justos [es decir que esos muertos tomarán la figura de almas justas que han vivido sobre la tierra, con el fin de seducir mejor a los hombres; éstos que se dicen muertos resucitados, que no serán sino el demonio bajo sus figuras, predicarán otro Evangelio contrario al del verdadero Cristo-Jesús, negando la existencia del cielo o aún las almas de los condenados. Todas estas almas parecerán unidas a sus cuerpos] (nota de Melanie). Habrá en todas partes prodigios extraordinarios puesto que la verdadera fe se ha extinguido y la falsa luz ilumina al mundo. Desdichados los Príncipes de la Iglesia que sólo se hayan ocupado en acumular riquezas sobre riquezas, en salvaguardar su autoridad y en dominar con orgullo. 

13. El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir, pues, por un tiempo, la Iglesia será librada a grandes persecuciones; esto será el tiempo de las tinieblas; la Iglesia tendrá una crisis terrible.

14. Olvidada la santa fe de Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos, todo orden y toda justicia serán pisoteados; sólo se verán homicidios, odio, celos, mentira y discordia, sin amor por la patria ni por la familia. 

15. El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. 

16. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida sin poder dañarle; pero ni él ni su sucesor… verán el triunfo de la Iglesia de Dios. 

17. Los gobiernos civiles tendrán todos un mismo designio, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso para hacer lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios. 

18. En el año 1865 se verá la abominación en los lugares santos; en los conventos, las flores de la Iglesia se pudrirán y el demonio se hará como rey de los corazones. Que los que están a la cabeza de las comunidades religiosas tengan cuidado con las personas que deben recibir, pues el demonio hará uso de toda su malicia para introducir en las órde­nes religiosas personas entregadas al pecado, ya que los desórdenes y el amor de los pla­ceres carnales serán extendidos por toda la tierra. 

19. Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá en las calles, el francés combatirá con el francés, el italiano con el italiano; luego habrá una guerra general que será espantosa. Por un tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, puesto que el Evangelio de Jesucristo no se conoce ya más. Los malvados desple­garán toda su malicia; se matará, se masacrará mutuamente hasta en las casas.

20. Al primer golpe del rayo de su espada las montañas y la tierra entera temblarán de pavor puesto que los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los cielos. París será quemada y Marsella será engullida por el mar, muchas grandes ciu­dades serán sacudidas y engullidas por terremotos: se creerá que todo está perdido; sólo se verán homicidios, sólo se oirán estrépito de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, sus penitencias y sus lágrimas subirán hasta el Cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia, y pedirá mi ayuda y mi intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de su justicia y de su misericordia, ordenará a sus ángeles que todos sus enemigos sean ejecutados. De pronto, los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hom­bres entregados al pecado perecerán, y la tierra será como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres. Jesucristo será servido, adorado y glori­ficado; en todas partes florecerá la caridad. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado en todas partes, y los hombres harán grandes pro­gresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo y los hombres vivirán en el temor de Dios. 

21. Esta paz entre los hombres no será larga; veinticinco años de abundantes cosechas les harán olvidar que los pecados de los hombres son causa de todas las aflicciones que acontecen sobre la tierra. 

22. Un precursor del anticristo con sus ejércitos de varias naciones combatirá contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y querrá ani­quilar el culto de Dios para hacerse tener como un Dios. 

23. La tierra será golpeada por toda clase de plagas (además de la peste y el hambre, que serán generales) ; habrá guerras hasta la última guerra, que será hecha por los diez reyes del anticristo, que tendrán todos un mismo designio, y serán los únicos que gober­narán el mundo. Antes que esto acontezca habrá una especie de falsa paz en el mundo; sólo se pensará en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados, pero los hijos de la Santa Iglesia, los hijos de la fe, mis verdaderos imitadores, crecerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. Dichosas las almas humildes conducidas por el Espíritu Santo. Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud del tiempo. 

24. La naturaleza reclama venganza para los hombres, y, esperando lo que debe ocurrir a la tierra manchada de crímenes, se estremece de pavor. 

25. Tiembla, tierra, temblad vosotros, los que hacéis profesión de servir a jesucristo y que por dentro os adoráis a vosotros mismos; pues Dios va a entregaros a su enemigo, puesto que los lugares santos se hallan en la corrupción; muchos conventos no son más las casas de Dios sino el pasto de Asmodeo y los suyos. 

26. Será durante este tiempo que nacerá el anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa virgen que tendrá comunicación con la antigua serpiente, el señor de la impureza; su padre será Ev.; al nacer vomitará blasfemias, tendrá dientes; será, en una palabra, el diablo encarnado; lanzará gritos terribles, hará prodigios, sólo se alimentará de impurezas. Tendrá hermanos que, aunque no sean demonios encarnados como él, serán hijos del mal; a los doce años se señalarán por sus valientes victorias, pronto estará cada uno a la cabeza de ejércitos asistidos por legiones del infierno. 

27. Las estaciones se alterarán, la tierra sólo producirá malos frutos, los astros per­derán sus movimientos regulares, la luna sólo reflejará una débil luz rojiza; el agua y el fuego darán al orbe de la tierra movimientos convulsivos y horribles terremotos que engullirán montañas, ciudades, etc. 

28. Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo. 

29. Los demonios del aire con el anticristo harán grandes prodigios sobre la tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán cada vez más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad; el Evangelio será predicado en todas partes, ¡Todos los pueblos y todas las naciones tendrán conocimiento de la verdad! 

30. Yo dirijo un apremiante llamado a la tierra; llamo a los verdaderos discípulos de Dios viviente y reinante en los cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres; llamo a mis hijos, mis verdaderos devotos, aquellos que se han entregado a mí para que los conduzca a mi Hijo divino, aquellos que, por así decir, llevo en mis brazos; aquellos que han vivido de mi espíritu; llamo en fin a los apóstoles de los últimos tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en desprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Es tiempo de que salgan y vengan a iluminar la tierra. Id y mostraos como mis hijos queridos, yo estoy con vosotros y en vosotros con tal vuestra fe sea la luz que os ilumine en estos días de infortunio. Que vuestro celo os haga como hambrientos de la gloria y del honor de Jesucristo. Combatid, hijos de la luz, vosotros, los pocos que veis, pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines. 

31. La Iglesia será eclipsada, el mundo se hallará en la consternación. Pero he aquí a Enoch y Elías llenos del Espíritu de Dios; ellos predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes progresos por virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del anticristo.

32. ¡Desdichados los habitantes de la tierra! habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un espantoso granizo de animales, truenos que sacudirán las ciudades, terremotos que engullirán países; se oirán voces en los aires, los hombres se darán de golpes con su cabeza en los muros; llamarán a la muerte y, por otro lado, la muerte hará su suplicio, la sangre correrá por todas partes. ¿Quién podrá vencer si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y las oraciones de los justos Dios se dejará doblegar; Enoch y Elías serán matados; Roma pagana desaparecerá; el fuego del cielo caerá y consumirá tres ciudades; todo el universo será sa­cudido de terror, y muchos se dejarán seducir porque no han adorado al verdadero Cristo viviente entre ellos. Es el momento; el sol se oscurece; sólo la fe vivirá.

33. He aquí el tiempo; el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí a la bestia con sus súbditos, diciéndose salvador del mundo. Se elevará con orgullo en los aires para ir hasta el cielo; será ahogado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá, y la tierra, que desde hace tres días estará en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego, él será sumergido para siempre con todos los suyos en los abismos eternos del infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán la tierra y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado. 

IV 

Enseguida la Santa Virgen me dio, también en francés, la Regla de una nueva Orden religiosa.

Después de darme la Regla de esta nueva Orden religiosa, la Santa Virgen continuó así su Discurso:

«Si ellos se convierten, las piedras y las rocas se transformarán en trigo, las papas se encontrarán sembradas en los campos. ¿Hacéis bien vuestra oración, hijos míos?». Respondimos los dos:

«¡Oh! no, Señora, no muy bien».

«¡Ah! hijos míos, hay que hacerla bien, por la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer mejor, decid un Pater y un Ave María; y, cuando tengáis tiempo y podáis hacerla mejor, diréis más.

Sólo van algunas mujeres un poco ancianas a Misa; los demás trabajan en domingo todo el verano. Y en el invierno, cuando no saben qué hacer sólo van a Misa para burlarse de la religión. En Cuaresma van a la carnicería como perros.

«¿No habéis visto el trigo hachado a perder, hijos míos?».

Los dos contestamos: —» ¡Oh! no, Señora».

La Santa Virgen dijo dirigiéndose a Maximin: «Pero tú, hijo mío, tú ‘ debes haberlo visto con tu padre una vez cerca de Con. El hombre del terreno dijo a tu, padre: «Venid a ver como mi trigo se arruina». Vosotros fuisteis. Tu padre tomó dos o tres espigas en su mano, las frotó, y cayeron hechas polvo. Luego, al volver, cuando no estábais a más de media hora de Corps, tu padre te dio un pedazo de pan diciéndote: Toma, hijo mío, come este año pues no sé quién comerá el año próximo si el trigo se hecha a perder».

Maximin respondió: —»Es verdad, Señora, no lo recordaba».

La Santísima Virgen ha terminado su discurso en francés: «Y bien, hijos míos, voso­tros lo transmitiréis a todo mi pueblo».

La Bellísima Señora atravesó el arroyo y, a dos pasos del arroyo, sin volverse hacia nosotros que la seguíamos (pues ella atraía con su esplendor y más aún por su bondad que me embriagaba, que parecía fundirme el corazón) nos dijo todavía:

«Y bien, hijos míos, vosotros lo transmitiréis a todo mi pueblo».

Luego ella continuó marchando hasta el lugar adonde yo había subido para mirar donde estaban mis vacas. Sus pies sólo tocaban la punta de la hierba sin doblarla. Al llegar a la pequeña altura, la Bella Señora se detuvo y yo me ubiqué rápidamente frente a ella para contemplarla bien, muy bien, y para tratar de saber qué camino se inclinaba a seguir; pues yo estaba decidida, había olvidado mis vacas y los patrones con quienes estaba de servicio; yo me había entregado para siempre y sin condición a Mi Señora; sí, no quería jamás dejarla, jamás; la seguía sin pensarlo más, y en la disposición de servirla mientras viviera.

Con Mi Señora, yo creía haber olvidado el paraíso; sólo tenía el pensamiento de ser­virla bien en todo y creía que hubiese podido hacer todo lo que ella me hubiese dicho, pues me parecía que Ella tenía mucho poder. Me contemplaba con una tierna bondad que me atraía hacia ella; hubiese querido arrojarme a sus brazos con los ojos cerrados. Ella no me ha dado el tiempo para hacerlo. Se elevó insensiblemente de la tierra hasta una altura de cerca de un metro y algo más, y quedándose así suspendida en el aire un brevísimo ins­tante, Mi Bella Señora miró el cielo, luego la tierra a su derecha y a su izquierda, luego me miró con ojos tan dulces, tan amables y tan buenos, que yo creía que me atraía a su interior y me parecía que mi corazón se abría al suyo.

Y mientras mi corazón se fundía en una dulce dilatación, la bella figura de Mi Buena Señora desaparecía poco a poco; me parecía que la luz en movimiento se multiplicaba, o bien se condensaba en torno a la Santísima Virgen para impedirme verla más tiempo. Así la luz tomaba el lugar de las partes del cuerpo que desaparecían a mis ojos; o bien parecía que el cuerpo de Mi Señora se cambiaba en luz, fundiéndose. Así la luz en forma de globo se elevaba dulcemente en dirección recta.

No puedo decir si el volumen de luz disminuía a medida que ella se elevaba o si era el alejamiento lo que hacía que yo viese disminuir la luz a medida que ella se elevaba; lo que sé es que me quedé con la cabeza levantada y los ojos fijos en la luz, aún después que esta luz, que iba siempre alejándose y disminuyendo de volumen, terminó por desaparecer. Mis ojos se apartan del firmamento, miro en torno mío, veo a Maximin que me miraba y le digo: «Memin, debe ser el buen Dios de mi padre o la Santa Virgen, o alguna gran santa» y Maximin, haciendo un gesto con su mano en el aire dijo: » ¡Ah! si lo hubiese sabido!».

V

Al anochecer del 19 de setiembre, nos retiramos un poco más temprano que de cos­tumbre. Al llegar a casa de mis patrones me ocupé en atar mis vacas y en poner todo en orden en el establo. No había terminado aún, cuando mi patrona vino llorando y me dijo: ¿Por qué, hija mía, no vienes a decirme lo que os ha ocurrido en la montaña? (Maximin, no habiendo encontrado a sus amos, que no habían vuelto aún de su trabajo, había venido a casa de los míos, y les había contado todo lo que había visto y oído). Le contesté: «Sí, yo quería decírselo, pero antes deseaba terminar mi trabajo». Un momento después entré en la casa, y mi patrona me dijo: «Cuéntame lo que has visto; el pastor de Bruite (era el sobrenombre de Pierre Selme, patrón de Maximin) me ha contado todo».

Comienzo, y hacia la mitad del relato, mi patrón llega de sus campos. Mi patrona, que lloraba al oír las quejas y las amenazas de nuestra tierna Madre dijo: «¡Ah!, vosotros queríais ir a juntar el trigo mañana; dejadlo, venid a oír lo que ha ocurrido hoy a esta niña y al pastor de Selme». Y dirigiéndose a mí, dice: «Comienza de nuevo todo’ lo que me has dicho». Yo empiezo de nuevo, y cuando hube terminado, mi patrón dice:- «Es la Santa Virgen, o si no una gran santa que ha venido de parte de Dios; pero es como si Dios hubiese venido él mismo. Hay que hacer todo lo que esta Santa ha dicho. ¿Cómo haréis para decir aquello a todo su pueblo? Le respondí: «Vosotros me diréis como debo hacerlo, y yo lo haré». Enseguida, mirando a su madre, a su esposa y a su hermano, agregó: «Hay que pensar en ello». Luego, cada uno se retiró a sus asuntos.

Era después de la cena. Maximin y sus patrones vinieron a casa de los míos a contar lo que Maximin les había dicho, y para saber qué había que hacer. «Pues» —dijeron— «nos parece que es la Santa Virgen, que ha sido enviada por Dios; las palabras que ha dicho lo hacen creer. Y ella les ha dicho que los transmitieran a todo su pueblo; quizá estos ni­ños tendrán que recorrer el mundo entero para hacer saber que es necesario que todo el mundo observe los mandamientos de Dios, si no nos van a ocurrir grandes desgracias «Después de un momento de silencio, mi patrón, dirigiéndose a Maximin y a mí, dijo: «¿Sa­béis vosotros lo que debéis hacer, hijos míos? Mañana, levantaos temprano, id los dos a ver al señor Cura, y contadle todo lo que habéis visto y oído; decidle bien como ha sido la cosa; él os dirá lo que tenéis que hacer».

El 20 de setiembre, al día siguiente de la aparición, partí temprano con Maximin. Al llegar a la parroquia, llamo a la puerta. La sirvienta del señor Cura vino a abrir, y preguntó qué queríamos. Yo le dije (en francés, yo, que jamás lo había hablado) : «Quisiéramos hablar al señor Cura». «¿Y qué queréis decirle?» nos preguntó. «Quisiéramos decirle, se­ñorita, que ayer fuimos a cuidar nuestras vacas en la montaña de Baisses, y, que después de haber comido, etc. etc. Le contamos una buena parte del discurso de la Santísima Virgen. Entonces sonó la campana de la Iglesia, era el último toque que llamaba a Misa. El señor Perrin, cura de la Salette, que nos había oído, abrió ruidosamente la puerta; lloraba, se golpeaba el pecho. Nos dijo: «Hijos míos, estamos perdidos, Dios nos va a cas­tigar. ¡Ah! ¡Dios mío, es la Santa Virgen quien se os ha aparecido!». Y entonces se fue a decir la Santa Misa. Nos miramos con Maximin y la sirvienta; luego Maximin me dijo: «Yo me voy a casa de mi padre, a Corps». Y nos separamos.

Como no había recibido de mis patrones la orden de marcharme enseguida, después de haber hablado al señor Cura, creí no hacer mal en asistir a Misa. Fui entonces a la iglesia. La misa comienza, y después del primer Evangelio, el señor Cura se vuelve hacia el pueblo y procura relatar a sus feligreses la aparición que acababa de ocurrir, el día de la víspera, en una de sus montañas; y los exhorta a no trabajar más el Domingo. Su voz se entrecortaba con sollozos, y todo el pueblo estaba conmovido. Después de la santa Misa me marché a casa de mis señores. El señor Peytard, que es hoy todavía alcalde de la Salette, fue allá a preguntarme acerca de la aparición; y, después de haberse asegurado de la ver-dad de lo que le decía, se marchó convencido.

Yo permanecí al servicio de mis señores hasta la fiesta de Todos los Santos. Luego fui colocada como pensionista en casa de las religiosas de la Providencia, en mi provincia, en Corps.

VI

La Santísima Virgen era muy alta y bien proporcionada; parecía ser tan ingrávida que se la hubiese movido con un soplo; sin embargo, permanecía in-móvil y bien plantada. Su fisonomía era majestuosa, imponente, pero no impo­nente como son los señores de aquí abajo. Ella imponía un temor respetuoso. Al mismo tiempo que Su Majestad imponía respeto imbuido de amor, atraía hacia sí. Su mirada era dulce y penetrante; sus ojos parecían hablar con los míos, pero la conversación venía de un sentimiento vivo y profundo de amor hacia esa belleza encantadora que me fundía. La dulzura de su mirada, su aire de bondad incomprehensible hacía comprender y sentir que ella atraía a Sí, y que deseaba entregarse; era una expresión de amor que no puede expresarse con la lengua de la carne ni con las letras del alfabeto.

El vestido de la Santísima Virgen era blanco plateado, muy brillante, no tenía nada de material: estaba compuesto de luz y de gloria, cambiante y cen­telleante. No hay expresión ni comparación que pueda darse sobre la tierra.

La Santa Virgen era toda bella y toda formada de amor; contemplándola, yo languidecía por fundirme en ella. En su ropaje, como en su persona, todo respiraba la majestad, el esplendor, la magnificencia de una Reina incomparable. Parecía blanca, inmaculada, cristalina, resplandeciente, celeste, fresca, nueva como una Virgen; parecía que la palabra Amor se escapaba de sus labios argentados y todo puros. Me parecía una buena Madre, llena de bondad, de amabilidad, de amor por nosotros, de compasión, de misericordia.

La corona de rosas que tenía sobre la cabeza era tan bella, tan brillante, que no puede uno darse una idea de ella; las rosas de distintos colores no eran de la tierra; era un conjunto de flores lo que ceñía la cabeza de la Santísima Virgen en forma de corona; pero las rosas se intercambiaban o se reemplazaban; además, del corazón de cada rosa salía una luz tan bella que arrebataba, y hacía a las rosas de una belleza esplendente. De la corona de rosas se elevaban como ramas de oro y una cantidad de otras florecillas entremezcladas con brillantes.

Todo formaba una bellísima diadema, que brillaba ella sola más que nuestro sol de la tierra.

La Santa Virgen tenía una hermosísima Cruz suspendida de su cuello. Esta Cruz parecía ser dorada —digo dorada por no decir una placa de oro; pues he visto algunas veces objetos dorados con diversos tonos de oro, lo que a mis ojos hacía un efecto más bello que una simple placa de oro—. Sobre esta Cruz toda brillante de luz, estaba un Cristo, estaba Nuestro Señor, los brazos extendidos sobre la Cruz. Casi en las extremidades de la Cruz, había de un lado un martillo, del otro una tenaza. El Cristo era de color carne natural, pero brillaba con gran esplendor; y la luz que salía de todo su cuerpo parecía como dardos muy brillantes que hendían mi corazón con el deseo de fundirme en él. A veces el Cristo parecía estar muerto: tenía la cabeza inclinada y el cuerpo estaba como

abatido, como por caerse, si no hubiese sido retenido por los clavos que lo re-tenían a la Cruz.

Yo tenía por ello una viva compasión y hubiese querido repetir al mundo entero su amor desconocido, y filtrar en las almas de los mortales el amor más extremado, y el reco­nocimiento más vivo a un Dios que no tenía necesidad alguna de nosotros para ser lo que es, lo que era y lo que será siempre y que, sin embargo, ¡oh amor incomprehensible al hombre! —se ha hecho carne y ha querido morir, sí, morir, para escribir mejor en nuestras almas y en nuestra memoria el amor enloquecido que tiene por nosotros. ¡Oh! ¡Qué des­dichada soy al hallarme tan pobre expresiones para decir el amor, sí, el amor de nuestro buen Salvador por nosotros pero, por otro lado, ¡Qué dichosos somos de poder sentir mejor lo que no podemos expresar!

Otras veces el Cristo parecía vivo, tenía la cabeza erguida, los ojos abiertos, y parecía estar sobre la Cruz por su propia voluntad. A veces también parecía hablar, parecía querer mostrarnos que estaba en la Cruz por nosotros, por amor a nosotros, para atraernos a su amor; mostrarnos que él tiene siempre un amor nuevo por nosotros, que su amor del prin­cipio y del año 33 es siempre el de hoy, y que permanecerá siempre.

La Santa Virgen lloraba casi todo el tiempo que me habló. Sus lágrimas corrían una a una, lentamente, hasta sus rodillas; luego, desaparecían como cen­tellas de luz. Eran brillantes y llenas de amor. Hubiese querido consolarla, y que Ella no llorase más. Pero me parecía que tuviese necesidad de mostrar sus lágrimas para mostrar mejor su amor olvidado por los hombres. Hubiese querido arrojarme en sus brazos y decirle: » ¡Mi buena Madre, no lloréis más! quiero amaros por todos los hombres de la tierra». Pero me parecía que- Ella me decía: «¡Hay tantos de ellos que no me conocen!».

Yo estaba entre la muerte y la vida, viendo por un lado tanto amor, tanto deseo de ser amada, y por otro tanta frialdad, tanta indiferencia. . . ¡Oh! Madre mía, toda Madre, toda bella y toda amable, amor mío, corazón de mi corazón!

Las lágrimas de nuestra tierna Madre, lejos de amenguar su aire de Ma­jestad, de Reina y de Señora, parecían, por el contrario, embellecerla, hacerla más amable, más bella, más poderosa, más llena de amor, más maternal, más en-cantadora; y yo hubiese comido sus lágrimas, que hacían saltar mi corazón de

compasión y de amor. Ver llorar a una Madre, y a una tal Madre, sin tomar todos los medios imaginables para consolarla, para cambiar sus dolores en gozo ¿puede eso comprenderse? ¡Oh Madre más que buena! Vos habéis sido formada de todas las prerrogativas de que Dios es capaz; vos habéis como agotado el poder de Dios; vos sóis buena, y buena aún como la bondad de Dios mismo. Dios se ha engrandecido al formaros como su obra maestra terrestre y celestial.

La Santísima Virgen tenía un delantal amarillo. ¡Qué digo amarillo! Tenía un delan­tal más brillante que muchos soles juntos. No era una tela material; era un compuesto de gloria, y esta gloria era centelleante y de una belleza arrebatadora. Todo en la Santísima Virgen me llevaba fuertemente, y como deslizándome, a adorar y a amar a mi Jesús en todos los estados de su vida mortal.

La Santísima Virgen tenía dos cadenas, una un poco más ancha que la otra. De la más angosta estaba suspendida la Cruz que mencioné anteriormente. Estas cadenas (pues hay que darle el nombre de cadenas), eran como rayos de gloria de un gran esplendor cambiante y centelleante.

Los zapatos (pues zapatos hay que decir), eran blancos, pero de un blanco plateado, brillante, había rosas a su alrededor. Estas rosas eran de un belleza esplendorosa, y del corazón de cada rosa salía una llama de luz muy bella y muy agradable de ver. Sobre los zapatos había una hebilla de oro, no del oro de la tierra, sino, por cierto, del oro del paraíso.

La visión de la Santísima Virgen era ella misma un paraíso perfecto. Ella tenía en sí todo lo que podía satisfacer, pues la tierra había sido olvidada.

La Santa Virgen estaba rodeada de dos luces. La primera luz, más cerca de la Santísima Virgen, llegaba hasta nosotros; brillaba con un esplendor muy bello y centelleante. La segunda luz se extendía un poco más entorno de la Bella Señora, y nosotros nos encontrábamos en ella; era inmóvil (es decir que no centelleaba) pero sí mucho más brillante que nuestro sol de la tierra. Todas estas luces no hacían mal a los ojos, y de ningún modo fatigaban a la vista.

Además de todas estas luces, de todo este esplendor, salían todavía grupos o haces de luces, o rayos de luz, del Cuerpo de la Santa Virgen, de sus vestidos, de todas partes.

La voz de la Bella Señora era dulce; encantada, arrebataba, hacía bien al corazón; saciaba, allanaba todo obstáculo, calmaba, apaciguaba con dulzura. Me parecía que siempre hubiese querido comer de su bella voz, y mi corazón pa­recía danzar o querer ir a su encuentro para fundirse en ella.

Los ojos de la Santísima Virgen, nuestra tierna Madre, no pueden descri­birse con una lengua humana. Para hablar de ellos haría falta un serafín, haría falta más; haría falta el lenguje de Dios mismo, del Dios que ha formado la Virgen Inmaculada, obra maestra de su omnipotencia.

Los ojos de la Augusta María parecían mil y mil veces más bellos que los brillantes, los diamantes y las piedras preciosas más exquisitas; brillaban como dos soles; eran dulces como la dulzura misma, claros como un espejo. En sus ojos se veía el paraíso, atraían a Ella, parecía que Ella quería entregarse y atraer., Cuanto más la contemplaba yo, más quería verla; cuanto más la veía, más la amaba, y la amaba con todas mis fuerzas.

Los ojos de la Bella Inmaculada eran como la puerta de Dios, de donde se veía todo lo que puede embriagar al alma. Cuando mis ojos se encontraban con los de la Madre de Dios y mía, experimentaba en mi interior una feliz revolución de amor y de protestas de amarla y de fundirme de amor.

Mirándome, nuestros ojos se hablaban a su manera, y yo la amaba tanto, que hubiese querido abrazarla en el medio de sus ojos, que enternecían mi alma y parecían atraerla, y hacerla fundir con la suya. Sus ojos implantaron un dulce temblor en todo mi ser; y yo temía hacer el menor movimiento que pudiese serle desagradable en lo más mínimo.

Esta sola visión de los ojos de la más pura de las Vírgenes hubiese bastado para ser el Cielo de un bienaventurado, hubiese bastado para hacer entrar un alma en la plenitud de las voluntades del Altísimo, entre todos los aconteci­mientos que ocurren en el curso de la vida mortal; hubiese bastado para hacer-la realizar continuos actos de alabanza, de agradecimiento, de reparación y de expiación. Esta sola visión concentra el alma en Dios y la convierte como en una muerta-viva, que considera sólo como diversiones de niños todas las cosas de la tierra, aun las cosas que parecen más serias; sólo querría oír hablar de Dios y de lo que concierne a su Gloria.

El pecado es el único mal que Ella ve sobre la tierra. Moriría de dolor por ello, si Dios no la sostuviera. Amén.

 

MARÍA de la Cruz, Víctima de Jesús, nacida Mélanie Calvat, Pastora de la Salette.
Castellamare, 21 de noviembre de 1878.
Extraído de revista: “Fidelidad a la Santa Iglesia”

 

 Tomado de: http://www.statveritas.com.ar/Marianos/Salette-02.htm

EL SECRETO DE LA SALETTE

(Aparición reconocida y aprobada oficialmente por la Iglesia.)

Cuando en la audiencia privada del 20 de Enero de 1982 le presentaron a Juan Pablo II una documentación sobre el mensaje de La Salette, Su Santidad comentó: «Estamos en el corazón de las profecías.» (L´IMPARTIAL, N. 2, 1982.)

Y en su discurso a los Misioneros de La Salette, nos dice: «A la luz del mensaje de Nuestra Señora de La Salette, atribuís un lugar importante al ministerio de la reconciliación.» Y: «La Salette es un mensaje de esperanza, puesto que nuestra esperanza se apoya en la intercesión de la Madre de los hombres.» (Lean Discurso del Santo Padre Juan Pablo II.) Su Santidad Juan Pablo II reconoce y acepta la validez del mensaje de La Salette.

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APARICION DE LA SANTISIMA VIRGEN EN LA SALETTE

El 19 de septiembre de 1846 se apareció la Santísima Virgen en La Salette (Francia), a dos pastorcitos naturales de Corps: Melanie Calvat de quince años, y Maximin Giraud de once. La Santísima Virgen les confió un secreto, unas advertencias para los tiempos venideros: «el secreto de La Salette.»

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MELANIE CALVAT provó en varios conventos, no fué admitida a los votos perpetuos. Melanie, estigmatizada y bajo constante dirección espiritual del obispo de Lecce, un virtuoso varón, murió en Italia, el 14 de diciembre de 1904, a los 73 años de edad. MAXIMIN GIRAUD quiso estudiar teología, después medicina. Fué siervo papal; murió en su patria a los 38 años de edad.

La Aparición de La Salette fué aprobada oficialmente por el obispo de la Diócesis, y reconocida por S. S. Pío IX. El 19 de septiembre de 1851, (quinto aniversario de la aparición), Monseñor Filiberto de Bruillard, Obispo ordinario de la diócesis de Grenoble (Francia), a la que pertenece la aldea de La Salette, publicó un decreto en el que entre otras cosas, dice: «Juzgamos que la aparición de la Sma. Virgen a dos pastores el 19 de septiembre de 1846, en la parroquia de La Salette, arciprestazgo de Corps, (Grenoble, Francia), presenta todas las características de verdadera y los fieles tienen fundamento para creerla como indudable y cierta. Aumenta la certeza el concurso inmenso y espontáneo (de gentes) al lugar de la aparición, así como multitud de prodigios, de los cuales es imposible dudar sin ir contra las reglas del testimonio humano. (…) Por tanto prohi-bimos a los fieles y sacerdotes de nuestra Diócesis hablar públicamente o escribir en contra del hecho que hoy proclamamos.»

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Su Santidad Papa Pio IX

El 24 de agosto de 1852, Su Santidad Pío IX, concedió que fuera privilegiado el Altar Mayor del templo de La Salette; el 7 de septiembre fundó la Asociación de Nuestra Señora Reconciliadora de La Salette. La Hermadad Misionera de La Salette, los SALETINOS, cuyos frutos fueron y son muy provechosos para la Iglesia y para las Misiones. León XIII elevó el santuario al rango de Basílica y decretó la coronación canónica de «Nuestra Señora de La Salette», efectuada por el Cardenal de París, el día 21 de Agosto de 1879. Nuestra Señora reveló en La Salette dos secretos, uno a Melanie y otro a Maximin. El secreto dado a Melanie constituye lo que comúnmente se conoce como el «el Secreto de la Salette.» Un extracto del mismo fué publicado en 1879 por Melanie, con imprimatur del Obispo de Lecce, – Italia.- En 1922 se dió a conocer el texto completo, con Licencia del Rvdo. Padre Lepidi O.P., Maestro del Sagrado Palacio y Asistente Perpetuo de la Congregación del Santo Oficio, (la Congregación de la Fé.)

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Su Santidad Papa León XIII

EL SECRETO

«Melanie, esto que yo te voy a decir ahora no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858: Los Sacerdotes, Ministros de mi Hijo, los Sacerdotes…, por su mala vida, por sus irreverencias e impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. ¡Sí!, los Sacerdotes piden venganza y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a Mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al Cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra nadie que implore misericordia y perdón para el Pueblo. Ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la víctima sin mancha al Eterno, en favor del mundo.

Dios va a castigar de una manera sin precedentes. ¡Ay de los habitantes de la Tierra…! Dios va a derramar su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos.

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¡Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la serpiente antigua poner divisiones entre los soberanos, en las sociedades y en las familias. (…) La sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y los más grandes acontecimientos. Se verá obligada a ser gobernada por una vara de hierro y a beber el cáliz de la cólera de Dios. Que el Vicario de mi Hijo, el soberano Pontífice Pio IX, no salga ya de Roma después del año de 1859; pero que sea firme y generoso; que combata con las armas de la fe y del amor. Yo estaré con él. (…) Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los Señores. (…) La sangre correrá por todas partes. Las Iglesias serán cerradas o profanadas. Los Sacerdotes y religiosos serán perseguidos.(…) Muchos abandonarán la Fé, y el número de Sacerdotes y religiosos que se separarán de la verdadera religión será grande. Entre estas personas se encontrarán incluso Obispos. Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues llega el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires. (…) Lucifer, con gran número de demonios, serán desatados del Infierno; abolirán la fe, aún entre las personas consagradas a Dios. (…)

Muchas casas religiosas perderán completamente la fe y perderán a muchísimas almas.

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Noticia reciente: Estas «monjas» defienden el aborto, el preservativo y reclaman el sacerdocio femenino.  Leer la nota completa aquí


Los malos libros abundarán en la Tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios.

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Habrá Iglesias para servir a esos espíritus. (…) ¡Ay de los príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas, a poner a salvo su autoridad y dominar con orgullo!

El Vicario de Mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa. Dado el olvido de la santa Fe en Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. (…) El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor verán el triunfo de la Iglesia de Dios. Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso para dar lugar al materialismo, al ateísmo, (…) a toda clase de vicios. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la Tierra. Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano contra el italiano… habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Cristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia. Al primer golpe de su espada fulminante las montañas y la naturaleza temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los Cielos. París será quemado, y Marsella engullida; varias grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se oirá más que ruido de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho, sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el Cielo, y todo el Pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorarán su ayuda e intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de justicia y de su gran misericordia con los justos, mandará a sus ángeles que destruyan a todos sus enemigos. Los perseguidores de la Iglesia de Cristo y los hombres dados al pecado perecerán de golpe, y la Tierra quedará como un desierto.

Entonces será la paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adorado y glorificado. La caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios.» (…)

(Las profecías de La Salette no parecen haber sido dictadas en orden sucesivo, no son correlativas. Continúa:)

«La Tierra será castigada con todo género de plagas. Habrá guerras, hasta la última que la harán los diez reyes del anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, y serán los únicos que gobernarán al mundo. Antes que eso suceda, habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados; pero los hijos de la Santa Iglesia, los hijos de la fe, mis verdaderos imitadores, creerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. Dichosas las almas humildes guiadas por el Espíritu Santo, Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad. La naturaleza clama venganza contra los hombres, y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la Tierra encharcada de crímenes. Temblad Tierra, y vosotros que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente os adoráis a vosotros mismos, ¡temblad!, pues Dios va a entregaros a sus enemigos, porque los lugares santos están en la corrupción. Muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo. Durante este tiempo nacerá el anticristo… Hará prodigios y no se alimentará sino de impurezas. … Se cambiarán las estaciones… Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos.

ROMA perderá la Fé y se convertirá en la sede del anticristo. Los demonios del aire, con el anticristo, harán grandes prodigios en la Tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes. Todos los pueblos y todas las naciones conocerán la verdad.

Hago una apremiante llamada a la Tierra, llamo a los verdaderos discípulos del Dios que vive y reina en los Cielos, llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho hombre, el único y verdadero salvador de los hombres. Llamo a mis hijos, a mis verdaderos devotos, a los que se me han consagrado a fin de que los conduzca a mi Divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en mis brazos, los que han vivido de mi espíritu. Finalmente… Llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos. Los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios. En el sufrimiento, y desconocidos del mundo. Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la Tierra: Id y mostraos como mis hijos queridos, yo estoy con vosotros y en vosotros, con tal que vuestra fe sea la luz que os ilumine en esos días de infortunio. … Luchad hijos de la luz, vosotros pequeño número… pues ya está aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines. La Iglesia se oscurecerá, el mundo quedará consternado. Pero he ahí ENOC y ELÍAS, llenos del espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas. Harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo, y condenarán los errores diabólicos del anticristo. ¡Ay de los habitantes de la Tierra…! Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un granizo espantoso… … Tempestades que destruirán ciudades, terremotos que engullirán países; se oirán voces en el aire; los hombres se golpearán la cabeza contra los muros, llamarán a la muerte. … La sangre correrá por todas partes. ¿Quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos, Dios se dejará aplacar. Enoc y Elías serán muertos. ROMA pagana desaparecerá, caerá fuego del cielo y consumirá tres ciudades; el universo entero estará preso del terror, y muchos se dejarán seducir por no haber adorado al verdadero Cristo, que vivía entre ellos. Ha llegado el tiempo. El sol se oscurece, solo la fé vivirá. Aquí está el tiempo. El abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. Aquí está la bestia con sus súbditos, llamándose el salvador del mundo. Se elevará con orgullo por los aires para subir hasta el Cielo. Será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá. Y la Tierra, que llevará TRES DÍAS en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego. Será hundido para siempre, (el anticristo), con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado. Dios será servido y glorificado.»

Los hechos referidos en el secreto de La Salette no parece ser dictados en orden sucesivo, no podemos entenderlos en forma cronológica. A veces se repite lo que se dijo anteriormente. ( «Estilo cíclico», característica Apocalipsis de San Juan.) Se habla del triunfo definitivo de la Iglesia, después del Juicio de las Naciones o purificación de la humanidad, en el que todo será renovado y habrá entonces un solo rebaño y un solo pastor. También se habla del nacimiento y de la actuación del anticristo. Referirse al anticristo es llegar al máximo grado de apostasía universal. También hace referencia a los dos testigos, que condenarán los errores del anticristo y exhortarán al mundo a hacer penitencia. Testigos que al final serán vencidos y muertos. ( Apoc. cap. XI.) Algunas profecías ya se han cumplido:

A.-Que el Papa no saliera de Roma después de 1859, año a partir del cual, vencida Austria, querían que el Papa abandonase Roma para conseguir la unidad italiana.

B.-La profecía de Napoleón también se cumplió al pie de la letra: cayó «sobre la propia espada de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a ensalzarlo»; esa fué Prusia, de ella se sirvió para debilitar a Austria, la potencia católica. etc.

El punto central del mensaje de La Salette es que: 1.- «Vendrán una serie de castigos y catástrofes…», Por causa (o producto), de los pecados de los hombres. 2.- «Muchos sacerdotes se apartarán de la sana doctrina.» Una triste realidad hoy en día, de la que nosotros tenemos mucha culpa por no haber rezado suficientemente por ellos. Y ahora satanás ha cegado las inteligencias de muchas almas consagradas.) 3.- «Muchas casas religiosas se apartarán de la verdadera fe.» Vivimos en un desconcierto doctrinal sin precedentes. Nuestra Señora hace referencia al anticristo, y que Roma perderá la fe y se convertirá en su sede. (Afirmaciones que no chocan con lo revelado en la Sagrada Escritura.) Dios permitirá a Satanás tentar a los hombres y al mundo y éste llegará al caos, al desorden y la desesperación. Y por un acto de su justicia y su misericordia mandará purificar y renovar al mundo, y a su Iglesia, y la vida en la Tierra continuará con aquellos hombres justos y orantes que supieron estar vigilantes a los mensajes marianos y al espíritu cristiano, y vendrá entonces, -como está profetizado-, el reinado de los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

La Santísima Virgen clarifica en La Salette los Últimos Tiempos, y hace una llamada a los verdaderos imitadores de su Hijo, a los «Apóstoles de los Últimos Tiempos», que ayudarán al triunfo definitivo de Jesucristo, con Paz y reconciliación de Dios con los hombres, cuando la Santa Iglesia será piadosa, fuerte, humilde e imitadora de las virtudes de Jesucristo. Según la tesis de que estamos en los ULTIMOS TIEMPOS, el «Final de los Tiempos», (no el fin del mundo), y que una purificación dará lugar a la conversión de los judíos y del mundo, lo fundamental del Secreto de La Salette, referido a la época actual, es «LA GRAN APOSTASIA» denunciada ya por Pablo VI: «el humo del infierno se ha infiltrado en la Iglesia».

Con una especial responsabilidad del clero. Una crisis espantosa de la Iglesia, una persecución religiosa, y castigos apocalípticos; castigos también anunciados en Fátima, y en otras apariciones: «Varias naciones serán aniquiladas…»

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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creiste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creiste que eran verdad.» (Papa Urbano VIII, 1636 )

Tomado de: http://www.statveritas.com.ar/Marianos/Salette-01.htm

19 de septiembre

NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE

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El 19 de septiembre de 1846, en La Salette, en los Alpes franceses, la Sma. Virgen se le apareció a dos pastorcitos, Maximin Giraud, que contaba a la sazón 9 años, y Melania Calvat, de 14 años de edad. Los dos niños eran ignorantes y provenientes de familias muy pobres. A ellos fue que la Reina de los Cielos escogió para desbordar Su Corazón doloroso y «anunciar una gran noticia.» Ese sábado, temprano, los dos niños cruzan las pendientes del monte sus-les-Baisses, cada uno llevando sus cuatro vacas. Maximino, además, su cabra y su perro Loulou. El sol resplandece sobre los pastos. A mitad de la jornada, el Angelus suena allá abajo en el campanario de la iglesia de la aldea. Entonces los pastores conducen sus vacas a «la fuente de las bestias», una pequeña represa que forma el arroyuelo que baja por la quebrada del Seiza. Después las llevan hacia una pradera llamada «le chômoir», en las laderas del monte Gargas. Hace calor, las bestias se ponen a rumiar.

   Maximino y Melania suben un pequeño valle hasta la «fuente de los hombres». Junto a la fuente toman su frugal comida: pan con un trozo de queso de la región. Otros pequeños pastores que «guardan» más abajo se les unen y charlan entre ellos. Después de su partida, Maximino y Melania cruzan el arroyo y descienden unos pasos hasta dos bancos de piedras apiladas, cerca de la hondonada seca de una fuente agotada: «la pequeña fuente». Melania pone su pequeño talego en el suelo, y Maximino su blusa y merienda sobre una piedra.

   Contrariamente a su costumbre, los dos niños se tumban sobre la hierba… y se duermen. Se está bien bajo el sol de este fin de verano, no hay una nube en el cielo. Al rumor del arroyo se añade además la calma y el silencio de la montaña. pasa el tiempo…

   ¡Bruscamente, Melania se despierta y sacude a Maximino! «¡Mémin, Mémin, rápido, vamos a ver nuestras vacas… No sé dónde están!» Rápidamente suben la pendiente opuesta al Gargas. Al volverse, perciben todo el pastizal: sus vacas están allá, rumiando plácidamente. Los dos pastores se tranquilizan. Melania comienza a descender. A media pendiente, se queda inmóvil y asustada, deja caer su garrote: «¡Mémin, ven a ver, allá, una claridad!».

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Cerca de la pequeña fuente, sobre uno de los bancos de piedra… un globo de fuego: «Es como si el sol se hubiera caído allí». Pero el sol continúa brillando en un cielo sin nubes. Maximino acude gritando: «¿Dónde está? ¿Dónde está?» Melania señala con el dedo hacia el fondo del barranco donde ellos habían estado durmiendo. Maximino se acerca a ella, paralizada de miedo, y le dice: «¡Vamos, coge tu garrote! Yo tengo el mío y le daré un buen golpe si nos hace algo». La claridad se mueve, gira sobre sí misma. Les faltan palabras a los dos niños para indicar la impresión de vida que irradia este globo de fuego. En él una mujer aparece, sentada, la cara oculta entre sus manos, los codos apoyados sobre las rodillas, en una actitud de profunda tristeza.

La Bella Señora se levanta. Ellos no han dicho una sola palabra. Ella les habla en francés: «¡Acercaos, hijos míos, no tengáis miedo, estoy aquí para contaros una gran noticia!» Entonces, descienden hacia ella. La miran, ella no cesa de llorar: «Parecía una madre a quien sus hijos habían pegado y se había refugiado en la montaña para llorar». la Bella Señora es de gran estatura y toda de luz. Está vestida como las mujeres de la región: vestido largo, un gran delantal a la cintura, pañuelo cruzado y anudado en la espalda, gorra de campesina. Rosas coronan su cabeza, bordean su pañuelo y adornan sus zapatos. En su frente una luz brilla como una diadema. Sobre sus hombros pesa una gran cadena. Una cadena más fina sostiene sobre su pecho un crucifijo deslumbrante, con un martillo a un lado y al otro unas tenazas.

   «Ha llorado durante todo el tiempo que nos ha hablado». Juntos, o separados, los dos niños repiten las mismas palabras con ligeras variantes que no afectan al sentido. Y esto, cualesquiera que sean sus interlocutores: peregrinos o simples curiosos, personalidades civiles o eclesiásticas, investigadores o periodistas. Que sean favorables, lleven buenas intenciones o no, he aquí lo que ellos nos han trasmitido:

   » Acercaos, hijos míos, no tengáis miedo, estoy aquí para contaros una gran noticia».

   «La escuchamos, no pensamos en nada». 

   «Si mi pueblo no quiere someterse, me veo obligada a dejar caer el brazo de mi Hijo. Es tan fuerte y tan pesado que no puedo sostenerlo más». ¡Hace tanto tiempo que sufro por vosotros! Si quiero que mi Hijo no os abandone, estoy encargada de rogarte sin cesar por vosotros, y vosotros no hacéis caso. Por más que recéis, por más que hagáis, jamás podréis recompensar el dolor que he asumido por vosotros. Os he dado seis días para trabajar; me he reservado el séptimo, ¡y no se quiere conceder! Esto es lo que hace tan pesado el brazo de mi Hijo. Y también los que conducen los carros no saben jurar sin poner en medio el nombre de mi Hijo. Son las dos cosas que hacen tan pesado el brazo de mi Hijo. Si la cosecha se pierde, sólo es por vuestra culpa. Os lo hice ver el año pasado con las patatas, !y no hicisteis caso! Al contrario, cuando las encontrabais estropeadas, jurabais, metiendo en medio el nombre de mi Hijo. Van a seguir pudriéndose, y este año, por Navidad, no habrá más». La palabra «pommes de terre» (patatas) intriga a Melania. En el dialecto de la región se dice de otra forma («là truffà»). La palabra «pommes» evoca para ella el fruto del manzano. Ella se vuelve a Maximino para pedirle una explicación. Pero la Señora se adelanta: «¿No comprendéis, hijos míos? Os lo voy a decir de otra manera». La Bella Señora repite en el dialecto de Corps desde «si la cosecha se pierde…», y ya prosigue todo su mensaje en este dialecto: «Si tenéis trigo, no debéis sembrarlo. Todo lo que sembréis, lo comerán los bichos, y lo que salga se quedará en polvo cuando se trille. Vendrá una gran hambre. Antes de que llegue el hambre, a los niños menores de siete años les dará un temblor y morirán en los brazos de las personas que los tengan. Los demás harán penitencia por el hambre. Las nueces saldrán vanas, las uvas se pudrirán».

   De repente, aunque la Bella Señora continúa hablando, sólo Maximino la oye, Melania la ve mover los labios, pero no oye nada. Unos instantes más tarde sucede lo contrario: Melania puede escucharla, mientras que Maximino no oye nada, y se entretiene haciendo girar su sombrero en una punta de su cayado mientras que con el otro extremo lanzaba pequeñas piedras. «¡Ninguna tocó los pies de la Bella Señora!», dirá algunos días más tarde. «Ella me contó algo diciéndome: No dirás esto ni esto. Después no entendí nada, y durante este tiempo, yo me entretenía».

   Así la Bella Señora habló en secreto a Maximino y luego a Melania. y de nuevo los dos juntos escuchan sus palabras: «Si se convierten, las piedras y las rocas se cambiarán en montones de trigo y las patatas se encontrarán sembradas por las tierras. ¿Hacéis bien vuestra oración, hijos míos?» 

   «No muy bien, Señora», responden los dos niños.

   ¡Ah! hijos míos, hay que hacerla bien, por la noche y por la mañana. Cuando no podáis más, rezad al menos un padrenuestro y un avemaría, pero cuando podáis, rezad más. Durante el verano no van a misa más que unas ancianas. Los demás trabajan el domingo, todo el verano. En invierno, cuando no saben qué hacer; no van a misa más que para burlarse de la religión. En Cuaresma van a la carnicería como perros. ¿No habéis visto trigo estropeado, hijos míos?».

   «No, Señora», responden.

   Entonces ella se dirige a Maximino: «Pero tú, mi pequeño, tienes que haberlo visto una vez, en Coin, con tu padre. El dueño del campo dijo a tu padre que fuera a ver su trigo estropeado. Y fuisteis allá, tomasteis dos o tres espigas de trigo en vuestras manos las frotasteis, y todo se quedó en polvo. Después, al regresar; como a media hora de Corps, tu padre te dio un pedazo de pan, diciéndote: «¡Toma, hijo mío, come todavía pan este año que no sé quién lo comerá al año que viene si el trigo sigue así!»

   Maximino responde: «Ah sí, es verdad, Señora, ahora me acuerdo, lo había olvidado».

   Y la Bella Señora concluye, no en el dialecto, sino en francés: «Bien, hijos míos, hacedlo saber a todo mi pueblo».

El 19 de septiembre de 1851, Mons. Filiberto de Bruillard, Obispo de Grenoble, publica finalmente su «carta pastoral». He aquí el párrafo esencial:

   «Juzgamos que la aparición de la Santísima Virgen a dos pastores, el 19 de septiembre de 1846, en una montaña de la cadena de los Alpes, situada en la parroquia de La Salette, del arciprestazgo de Corps, contiene en sí todas las características de la verdad, y que los fieles tienen fundamento para creerla indudable y cierta».

   La resonancia de esta carta pastoral es considerable. Numerosos obispos la hacen leer en las parroquias de sus diócesis. La prensa se hace eco en favor o en contra. Es traducida a numerosas lenguas y aparece notoriamente en el Osservatore Romano de 4 de junio de 1852. Cartas de felicitación afluyen al Obispo de Grenoble.

   La experiencia y el sentido pastoral de Filiberto de Bruillard no se detienen aquí. El 1 de mayo de 1852, publica una nueva carta pastoral anunciando la construcción de un santuario sobre la montaña de La Salette y la creación de un cuerpo de misioneros diocesanos que él denomina «los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette». Y añade: «La Santa Virgen se apareció en La Salette para el universo entero, ¿quién puede dudarlo?» El futuro iba a confirmar y sobrepasar estas expectativas, el relevo estaba asegurado, se puede decir que Maximino y Melania han cumplido su misión.

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El Santuario de Nuestra Señora de La Salette está situado en plena montaña, a 1800 mts. de altitud en los 

Alpes franceses. De la atención del Santuario y su hospedería es responsable la Asociación de Peregrinos de La Salette por encargo de la diócesis de Grenoble. Los Misioneros y las Hermanas de Nuestra Señora de La Salette aseguran la animación y el funcionamiento, ayudados por capellanes, sacerdotes religiosos o diocesanos, religiosas, laicos asociados y por empleados asalariados y voluntarios. 

   El 19 de septiembre de 1855, Mons. Ginoulhiac, nuevo Obispo de Grenoble, resumía así la situación: «La misión de los pastores ha terminado, comienza la de la Iglesia». 

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/index

Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

los Santos

19 de Septiembre

San José de Cupertino

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Sacerdote de oración y penitencia

Fue ordenado sacerdote el 18 de marzo de 1628 y se dedicó a tratar de ganar almas por medio de la oración y de la penitencia. Sabía que no tenía cualidades especiales para predicar ni para enseñar, pero entonces suplía estas deficiencias ofreciendo grandes penitencias y muchas oraciones por los pecadores. Jamás comía carne ni bebía ninguna clase de licor. Ayunaba a pan y agua muchos días. Se dedicaba con gran esfuerzo, consagrado a los trabajos manuales del convento (que era para lo único que se sentía capacitado).

Extasis y milagros

Sus éxtasis, curaciones milagrosas y sucesos sobrenaturales eran tan frecuentes que no se conocen en semejante cantidad en ningún otro santo.

 

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Levitación. Se conoce de mas de 200 santos que experimentaron levitación. Este don extraordinario consiste en la elevación del cuerpo humano sin la participación de ninguna fuerza física. Se ha considerado como un regalo que Dios hace a ciertas almas muy espirituales. San José de Copertino tuvo numerosísimas levitaciones, es decir volaba por los aires. 

Un domingo, fiesta del Buen Pastor, se encontró un corderito, lo echó al hombro, y al pensar en Jesús Buen Pastor, se fue elevando por los aires.  Quedaba en éxtasis con mucha frecuencia durante la santa Misa, o cuando  rezaba los Salmos. Durante los 17 años que estuvo en el convento de Grotella, sus compañeros de comunidad lo observaron 70 veces en éxtasis. El más famoso sucedió cuando diez obreros deseaban llevar una pesada cruz a una alta montaña y no lo lograban. Entonces Fray José se elevó por los aires con la cruz y la llevó hasta la cima del monte. 

Cuando estaba en éxtasis lo pinchaban con agujas, le daban golpes con palos, y hasta le acercaban a sus dedos velas encendidas y no sentía nada. Lo único que lo hacía volver en sí, era oír la voz de su superior que lo llamaba a que fuera a cumplir con sus deberes. Cuando regresaba de sus éxtasis pedía perdón a sus compañeros diciéndoles: «Excúsenme por estos ataques de mareos que me dan». 

Los animales sentían por él un especial cariño. Pasando por un campo, se ponía a rezar y las ovejas se iban reuniendo a su alrededor y escuchaban muy atentas sus oraciones. Las golondrinas en grandes bandadas volaban alrededor de su cabeza y lo acompañaban por cuadras y cuadras. 

Como estos sucesos tan raros podían producir verdaderos movimientos de exagerado fervor entre el pueblo, los superiores le prohibieron celebrar misa en público, ir a rezar en comunidad con los demás religiosos, asistir al comedor cuando estaban los otros allí, y concurrir a las procesiones u otras reuniones públicas de devoción. 

Un día llegó el embajador de España con la esposa y mandaron llamar a Fray José para hacerle una consulta espiritual. Este llegó corriendo. Pero cuando ya iba a empezar a hablar con ellos, vio un cuadro de la Virgen que estaba en lo más alto del edificio, y dando su típico pequeño grito, se fue elevando por el aire hasta quedar frente al rostro de la sagrada imagen. El embajador y su esposa contemplaban emocionados semejante suceso que jamás habían visto. El santo rezó unos momentos. Luego descendió suavemente al suelo, y como avergonzado, subió corriendo a su habitación, y ya no bajó más en ese día.

En Osimo, donde el santo pasó sus últimos seis años, un día los demás religiosos lo vieron elevarse hasta una estatua de la Virgen María que estaba a tres metros y medio de altura, y darle un beso al Niño Jesús, y allí junto a la Madre y al Niño se quedó un buen rato rezando con intensa emoción, suspendido por los aires.

El día de la Asunción de la Virgen en el año 1663, un mes antes de su muerte, celebró su última misa. Y estando celebrando quedó suspendido por los aires como si estuviera con el mismo Dios en el cielo. Muchos testigos presenciaron este suceso.

Muchos enemigos empezaron a decir que todo esto eran meros inventos y lo acusaban de engañador. Fue enviado al Superior General de los Franciscanos en Roma y este al darse cuenta que era tan piadoso y tan humilde, reconoció que no estaba fingiendo nada. Lo llevaron luego donde el Sumo Pontífice Urbano VIII el cual deseaba saber si era cierto o no lo que le contaban de los éxtasis y de las levitaciones del frailecito. Y estando hablando con el Papa, quedó José en éxtasis y se fue elevando por el aire.

El Duque de Hanover, que era protestante, al ver a José en éxtasis, se convirtió al catolicismo.

En la vida de San José de Copertino podemos ver cantidad de dones con los que el Señor adornó su humilde y piadosa alma. Es un santo en el que Dios derramó tanta abundancia de dones sobrenaturales que son incontables.

Fue elegido por sus Superiores a exorcizar demonios, lo cual el se consideraba indigno de hacer, y utilizaba esta frase: «Sal de esta persona si lo deseas, pero no lo hagas por mi, sino por la obediencia que le debo a mis superiores». Y los demonios salían.

También tenía el don de leer los Corazones, era buen confesor y cuando un alma se acercaba a confesarse el se podía dar cuenta de lo que a esta alma le atormentaba.

El don de Bilocación, (estar en dos lugares al mismo tiempo). Cuando su madre estaba muriendo en el pequeño pueblo de Copertino, José se encontraba en Asís y percibió la necesidad de su madre. Una gran luz entró por el cuarto de la señora, era San José de Copertino que había llegado. Su madre al verlo exclamó !oh Padre José, oh mi hijo!, y murió instantáneamente. Cuando sus superiores le preguntaron por qué estaba llorando tan amargamente, el contestó porque su madre acababa de morir. Hay muchos que atestiguan que el Padre José asistió a su madre en Copertino.

Multiplicaba panes, miel, vino, y cualquier comida que se le ponía en frente.

El don de Sanación. Le recobró la vista aun ciego al ponerle su capa sobre la cabeza. Los mancos y cojos eran sanados al besar ellos el crucifijo que él ponía delante de ellos. Hubo una plaga de fiebre muy alta y los enfermos eran curados al hacerle la señal de la Cruz sobre su frente, bajándole la fiebre hasta la temperatura normal. Con la señal de la cruz, resucitaba muertos.

Tuvo el don de profecía, predijo el día y la hora de la muerte de los Papas Urbano VIII e Inocencio X.  Predijo el ascenso al trono de Juan Casimir.

Tuvo también el don de tocar corazones hacia la conversión. El más conocido ejemplo fue el de el Príncipe John Federick, un luterano, que a los 25 años de edad fue a Asís con dos escoltas, uno católico y otro protestante. Entraron a la iglesia donde el Padre José celebraba la santa misa y, a la hora de la consagración, cuando el padre quiso partir la hostia; esta estaba tan dura como una piedra y tuvo que devolverla a la patena. El Padre José comenzó a llorar de dolor y a levitar a unos tres pies de altura. Cuando regresó al altar trató otra vez de partir la hostia y, haciendo gran esfuerzo lo logró.

Más tarde cuando los superiores le preguntaron por qué había demorado tanto para partirla, él respondió: «Mis queridos hermanos, la gente que asistió hoy a misa tienen el corazón demasiado duro, por eso el Cordero de Dios se endureció en mis manos y no podía yo partir la Hostia Consagrada.»

Al día siguiente regresó el príncipe con los dos hombres a la misa y, cuando el Padre José elevó la Hostia, la cruz de la Sagrada Hostia cambió a negra. Causándole gran dolor y llorando empezó a levitar junto con la Sagrada Hostia por 15 minutos. El milagro del Padre José levitando con la Hostia en alto conmovió el corazón del príncipe a convertirse a la Fe Católica, igual que sus acompañantes.

El Padre José nunca aceptó ningún mérito por sus milagros, siempre se los acreditaba a su Madre María, a la cual siempre tuvo una gran devoción.

El Papa Bendicto XIV que era rigurosísimo al aceptar milagros, estudió cuidadosamente la vida de José de Copertino y declaró: «todos estos hechos no se pueden explicar sin una intervención muy especial de Dios».

Extracto Tomado de: http://corazones.org/santos/jose_copertino.htm

S. José de Cupertino, Confesor

El ojo de Dios le miró con benignidad, y le alzó del abatimiento, e hízole levantar la cabeza. Eccli. 11,13

El ojo de Dios le miró con benignidad, y le alzó del abatimiento, e hízole levantar la cabeza. Eccli. 11,13

Hijo humilde de S. Francisco, cuyas llagas ayer celebramos, S. José glorifica también a la cruz de Jesús.  Como su seráfico patriarca, S. José esforzóse en permanecer unido a la cruz por medio de la más absoluta pobreza, por una heroica obediencia, paciencia y virginal pureza.

Y Dios, que ensalza a los humildes, le pasó de la categoría de hermano lego a la de clérigo, elevándole después hasta el sacerdocio.

 

El Santo que volaba por los aires.

El Santo que volaba por los aires.

 Tales maravillas obraba, que suplicó al cielo le retirase los dones extraordinarios con que le había enriquecido.  Murió santamente en Orsino, en 1663.

Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL

Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)  Páginas 1694 y 1695.

Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

18 de septiembre

SAN JOSÉ DE CUPERTINO,
Confesor

Armémonos, revistiendo por coraza la fe y la caridad, y por casco la esperanza de la salvación. (I Tesalonicences, 5, 8).

Armémonos, revistiendo por coraza la fe y la caridad, y por casco la esperanza de la salvación. (I Tesalonicences, 5, 8).

Temprano declaró San José la guerra a la carne y al mundo. Mucho antes de su entrada en religión, llevaba un tosco cilicio y maceraba su cuerpo con diversas austeridades. Admitido como doméstico entre los Conventuales, fue después, a causa de sus eminentes virtudes, recibido entre los religiosos de coro. Ordenado sacerdote en 1628, se retiró a una incómoda celda, se despojó de todo lo que le había sido acordado por la regla y, arrojándose al pie del crucifijo: Señor, exclamó, heme aquí despojado de todas las cosas creadas, sé tú mi único tesoro; considero todo otro bien como un peligro, como la pérdida de mi alma. Para recompensar su generosidad, el Señor lo favoreció con numerosos éxtasis, y le concedió el don de milagros y profecía. Murió el 18 de septiembre de 1663.

MEDITACIÓN SOBRE 
LAS ARMAS DEL CRISTIANO

   I. Hay circunstancias en las que el cristiano no triunfa sino mediante la huida. La castidad es uno de estos combates. ¿Quieres obtener en ellos una victoria. segura? Huye de las ocasiones, porque tienes a tu cuerpo contra ti; es un enemigo doméstico que está en inteligencia con el demonio, y que te traicionará. No tengas vergüenza de huir, si deseas obtener la corona de la castidad. (San Agustin)

   II. No resistas a quienes te abruman de injurias y de burlas sangrientas, a quienes te desprecian, te calumnian o te maltratan de cualquier manera que fuere: cállate, no trates de confundirlos, no les devuelvas mal por mal. ¡Oh! ¡qué difícil es contenerse en tales ocasiones; mas, cuán agradable a Jesucristo es la victoria que obtienes sobre ti mismo! El divino Maestro nada respondió a las calumnias y a las burlas de los judíos; imítalo.

   III. La fe, la esperanza y la caridad son las tres armas que San Pablo nos presenta para hacernos triunfar de nuestros enemigos. Considera con los ojos de la fe lo que ha sufrido Jesucristo, y tus sufrimientos te parecerán leves; eleva tus miradas al cielo, y la esperanza de obtener la corona sostendrá tu valor; ama a Dios, y sus mandamientos ya nada tendrán de penoso para ti. Donde hay amor, no hay pena, o si existe pena, hácese amable. (San Agustin) 

La huida de las ocasiones – Orad
por los que son tentados.

ORACIÓN

    Oh Dios, que habéis querido que vuestro Unigénito Hijo, levantado de la tierra, atrajese todo hacia Él, haced, os lo suplicamos por los méritos del seráfico José, vuestro confesor, que elevados a su ejemplo por sobre todas las cosas terrenales, merezcamos llegar a ese mismo Jesucristo que vive y reina con Vos por los siglos de los siglos. Amén.

Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/index

Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

los Santos

18 de Septiembre

  • San José de Cupertino, Confesor
  • Santa Ricarda, Emperatriz 
  • San Ferreol, mártir
  • San Metodio de Olimpo, Obispo y Mártir
  • Beato Juan Masías, Confesor
  • La impresión de las SS. Llagas en el cuerpo de S. Francisco

    San Francisco de Asís recibiendo las llagas de la Pasión de N.S.J.

    San Francisco de Asís recibiendo las llagas de la Pasión de N.S.J.

    S. Francisco, dos años antes de morir, retiróse al monte Alvernia en donde slía ayunar cuarenta dás en honor del Arcángel S. Miguel.  Estando en alta contemplación, vió un Serafín con seis alas resplandecientes.  Sus pies y manos estaban clavados en cruz.  Conociendo que el estado de sufrimiento es incompatible con la inmortalidad de un espíritu seráfico, comprendió luego el Santo que él llegaría a ser más semejante a Jesús y que llevaría su cruz en pos del mismo (Ev.), no por un martirio exterior, sino un místico abrazo del amor divino.

    A fin de que este amor crucificado nos sirviese a todos de ejemplo formáronse en su costado, manos y pies, cinco llagas parecidas a las de Jesús en la cruz.  De la del costado manaba sangre en abundancia.1

    ¡Oh gran patriarca y gran imitador de Cristo! haz que también nosotros seamos desde esta vida un vivo trasunto de Cristo, que seamos otros cristos, y que para eso crucifiquemos nuestra carne con sus vicios y concupiscencias, sujetándola al espíritu.

    ______  El suceso está tan comprobado, que Benedicto XI quiso que cada año se celebrase su memoria, y Paulo V, para avivar el amor a Jesús en el corazón de los fieles, extendió su fiesta a toda la Iglesia.

    Fuente: MISAL DIARIO Y VISPERAL

    Por Dom. Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas, Bélgica) Traducción Castellana y Adaptación del Rdo. P. Germán Prado Monje Benedictino de Silos (España)  Páginas 1693.

    Fuente Primaria e Indispensable del Verdadero Espíritu Cristiano(Pío X).

    Visión del Serafín e impresión de las llagas

     

     

    San Francisco de Asís recibiemdo los estigmas

    San Francisco de Asís recibiemdo los estigmas

    (13-14 septiembre, 1224). El verano tocaba a su fin. Una noche de luna llena, fray León fue, como siempre, a rezar maitines con Francisco, mas éste no respondió a la contraseña. Entre preocupado y curioso, el hermano cruzó la pasarela y fue a buscarlo. Lo encontró en un claro del bosque, de rodillas, en medio de un gran resplandor, con el rostro levantado, mientras decía: «¿Quién eres tú, mi Señor, y quién soy yo, gusano despreciable e inútil siervo tuyo«, y levantaba las manos por tres veces. El ruido de sus pasos sobre la hojarasca delató a fray León, que tuvo que confesar su culpa y explicar al Santo lo que había visto. Entonces éste decidió explicarle lo sucedido: «Yo estaba viendo por un lado el abismo infinito de la sabiduría, bondad y poder de Dios, pero también mi lamentable estado de miseria. Y el Señor, desde aquella luz, me  pidió que le ofreciera tres dones. Le dije que sólo tenía el hábito, la cuerda y los calzones, y que aún eso era suyo. Entonces me hizo buscar en el pecho, y encontré tres bolas de oro, y se las ofrecí, comprendiendo enseguida que representaban los votos de obediencia, pobreza y castidad, que el Señor me ha concedido cumplir de modo irreprochable. Y me ha dejado tal sensación, que no dejo de alabarlo y glorificarlo por todos sus dones. Mas tú guárdate de seguir espiándome y cuida de mí, porque el Señor va a obrar en este monte cosas admirables y maravillosas como jamás ha hecho con criatura alguna«. Fray León no pudo dormir aquella noche, pensando en lo que había visto y oído.

    Uno de aquellos días se apareció un ángel  a Francisco y le dijo: «Vengo a confortarte y avisarte para que te prepares con humildad y paciencia a recibir lo que Dios quiere hacer de ti«. «Estoy preparado para lo que él quiera«, fue su respuesta. La madrugada del 14 de septiembre, fiesta de la Santa Cruz, antes del amanecer, estaba orando delante de la celda, de cara a Oriente, y pedía al Señor «experimentar el dolor que sentiste a la hora de tu Pasión y, en la medida de los posible, aquel amor sin medida que ardía en tu pecho, cuando te ofreciste para sufrir tanto por nosotros, pecadores«; y también, «que la fuerza dulce y ardiente de tu amor arranque de mi mente todas las cosas, para yo muera por amor a ti, puesto que tú te has dignado morir por amor a mi». De repente, vio bajar del cielo un serafín con seis alas. Tenía figura de hombre crucificado. Francisco quedó absorto, sin entender nada, envuelto en la mirada bondadosa de aquel ser, que le hacía sentirse alegre y triste a la vez. Y mientras se preguntaba la razón de aquel misterio, se le fueron formando en las manos y pies los signos de los clavos, tal como los había visto en el crucificado. En realidad no eran llagas o estigmas, sino clavos, formados por la carne hinchada por ambos lados y ennegrecida. En el costado, en cambio, se abrió una llaga sangrante, que le manchaba la túnica y los calzones.

    Explicaba fray León que el fenómeno fue más palpable y real de lo muchos creen, y que estuvo acompañado de otros signos extraordinarios corroborados por testigos, que creyeron ver el monte en llamas, iluminando el contorno como si ya hubiese salido el sol. Algunos pastores de la comarca se asustaron, y unos arrieros que dormían se levantaron y aparejaron sus mulas para proseguir su viaje, creyendo que era de día. La aparición de Francisco con los brazos en cruz y bendiciendo a los frailes reunidos en Arlés, mientras San Antonio de Lisboa o de Padua predicaba acerca de la inscripción de la cruz (Jesús Nazareno Rey de los Judíos) debió de ser una confirmación del prodigio, pues los capítulos provinciales, según la Regla, se celebraban en septiembre, en torno a la fiesta de San Miguel (San Antonio estuvo en Provenza del 1224 al 1226). Así parece darlo a entender San Buenaventura, cuando escribe que «más tarde se comprobó la veracidad del hecho, no sólo por los signos evidentes, sino también por el testimonio explícito del Santo«.

    Cuando fray León acudió aquella mañana a prepararle la comida, Francisco no pudo ocultarle lo sucedido. Desde aquel instante, él será su enfermero, encargado de lavarle cada día las heridas y cambiarle las vendas, para amortiguarle el dolor y las hemorragias; excepto el viernes, ya que el Santo no quería que nadie mitigara sus sufrimientos ese día.

    Tomado de: http://www.fratefrancesco.org/vida/391.estig.htm

     

    17 de septiembre

    IMPRESIÓN DE
    LAS SAGRADAS LLAGAS
    EN SAN FRANCISCO

    ¿Hay entre vosotros alguno que esté triste? (Santiago, 5, 13).

    ¿Hay entre vosotros alguno que esté triste? (Santiago, 5, 13).

    San Francisco de Asís, un día en que estaba en oración, vio aparecer a Jesucristo bajo la forma de un serafín crucificado. La vista de su Salvador le causó un gozo inefable, pero su crucifixión le atravesó el alma como acerada espada. Después de un secreto coloquio, desapareció la visión, dejando el alma de Francisco abrasada de seráfico ardor, y su cuerpo señalado con las llagas del divino Redentor. El santo religioso se esforzó en esconder ante los ojos de los hombres la merced que se le había concedido, pero Dios se complació en manifestarla mediante refulgentes milagros

    MEDITACIÓN SOBRE CÓMO
    HAY QUE VENCER LA TRISTEZA

       I. Cuando estamos agobiados bajo el peso de la tristeza, cuando la malicia de nuestros enemigos, la infidelidad de nuestros amigos, los sufrimientos de nuestro cuerpo y tantos otros acontecimientos desfavorables nos colman de amargura, buscamos un amigo fiel para descargar nuestro corazón en el suyo. ¿Dónde encontrar un amigo más fiel que Jesús? Vayamos, pues, al pie de los altares, confiémosle el motivo de nuestras lágrimas, roguémosle que nos libre de nuestras penas. Interroguémosle, escuchemos lo que nos diga en el fondo del corazón, y pronto seremos consolados. Me acordé de ti, Señor, y me alegré. (El Salmista)

       II. Para disipar la tristeza, consideremos que existen personas más desventuradas que nosotros. ¡Tantos pobres en los hospicios, tantos enfermos en su lecho sufren mucho más que nosotros! Las bendtas almas del purgatorio, los condenados en el infierno, sufren tormentos incomparablemente más crueles que los que nos hacen gemir a nosotros. Aceptamos de buen grado esta tristeza para expiar nuestras faltas. Si una hora de pena te resulta intolerable, ¿cómo sufrir los suplicios eternos del infierno? Piensa en
     esta verdad, y ya no derramarás lágrimas sino para borrar tus pecados.

       III. Piensa en la tristeza que se apoderó del corazón de Jesucristo en el huerto de los Olivos; piensa en los tormentos que por ti soportó en la cruz, y di con Él: «Padre mío, que se haga vuestra voluntad; si queréis que gima durante toda mi vida, me someto
     a vuestra santa voluntad». Después de todo, no debemos esperar estar siempre alegres y contentos, puesto que Jesucristo y los santos han estado siempre en aflicción y lágrimas. Señor, quiero llorar con Vos, porque nadie puede gozarse en la tierra con el rico epulón y reinar con Dios en el cielo. Los cristianos deben temer los gozos de la vida presente y desear los sufrimientos con ardor. (San Juan Crisóstomo).

    La oración – Orad por las
     órdenes religiosas.

    ORACIÓN

        Señor Jesucristo, que, para sacar al mundo de la tibieza en que había caído e inflamar nuestros corazones con el fuego de vuestro amor, habéis impreso en el cuerpo del bienaventurado Francisco las Sagradas llagas de vuestra Pasión, dignaos, en vista de sus méritos y de su intercesi6n, concedernos la gracia de llevar constantemente la cruz y hacer dignos frutos de penitencia. Vos que vivís y reináis en los siglos
    de los siglos. Amén. 

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/index

     

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    17 de Septiembre

  • Impresión de las llagas de S. Francisco
  • San Pedro Arbués, Mártir
  • Santa Hildegardis o Hildegarda, Virgen
  • Santa Columba, Virgen y Mártir
  • San Lamberto, Obispo y Confesor
  • San Sátiro, Obispo y Confesor
  • En defensa de la Tradición

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    • Cuando nosotros decimos que somos tradicionalistas se aprestan los ignorantes y los mal intencionados a colocarnos los motes consabidos de » reaccionarios » , » adoradores del pasado «, etc. Para esos » revolucionarios » de último cuño, el pasado no tiene ninguna significación; el mundo nació con ellos y, lo que es curioso, con un acervo de conocimientos y adelantos que ellos disfrutan sin haber contribuido a su creación. Sólo la poca reflexión puede ocultar esa gran verdad que sirvió de título a una célebre novela de Blasco Ibañez: «Los muertos mandan».

     

    • El presente es inexplicable sin el pasado. Cuando los hombres entierran a sus muertos es fácil que crean que las últimas paladas de tierra que arrojan en sus tumbas, dan término definitivamente a su influencia en el mundo.Todo lo contrario: vivimos -decía Anacleto González Flores, cuyas palabras fulguraban como estrellas- en medio del polvo de los muertos, y la historia se escribe bajo la gravitación irresistible de los muertos. Para convencerse basta hacer unas cuantas observaciones: » yo hablo una lengua porque una cadena ininterrumpida de generaciones la fué elaborando hasta hacerla perfecta » ; » yo tengo mis sentimientos que mis padres me infundieron como a ellos otros padres desde la cuna»…pero es que antes, a traves de los siglos, labraron y pulieron, ordenaron y unieron esas ideas los dos grandes artífices milenarios que se llaman CATOLICISMO y la HISPANIDAD.

     

    • Las anteriores ideas son fundamentales para poder comprender la vida de una nación y la significación de su destino. Una nacion podiamos compararla -usando otra vez una frase del Maestro Anacleto- con una «montaña de muertos». No esta formada por las solas generaciones presentes, la constituyen también las generaciones pasadas que con su esfuerzo nos legaron una Patria y a ella trazaron un destino. Imposible borrar la labor de los muertos en la vida de una nación, que solo conservará su fisonomia propia mediante una adhesión constante a su pasado.Toda nación tiene una personalidad que la distingue de las demas naciones. Un estilo de vida peculiar e inconfundible, del grupo de hombres que la integran.

     

    • Pues bién, la TRADICIÓN es en realidad la transmisión de una generación a otra, de ese estilo de vida colectivo propio de una Nación.

     

    • Cuando nos declaramos tradicionalistas no es que queramos vover al pasado ni revivir tiempos idos, pero si queremos que nuestra Nación en la ruta que las actuales circunstancias le imponen y adoptando todo lo nuevo que signifiquen un verdadero bién y progreso, siga inspirandose en el viejo espíritu que forma la esencia de la mexicanidad. Es preciso también evitar el otro extremo que consiste en hacer de la Tradición una cosa esteril y congelada. LA TRADICIÓN DEBE MANTENERSE PERMANENTEMENTE EN TRANCE DE ENGENDRAR EL PORVENIR.

     

    • La actutud tradicionalista es la clave de la interpretación de nuestra historia y sus vicisitudes. Nuestra vida es la historia de una lucha entre el ser y el no ser nacionales: entre los verdaderos mexicanos, fieles a la Tradición y la anti-patria, destructora y revolucionaria. En su transcurso podemos distinguir claramente tres etapas: formación de la nacionalidad mexicana; crecimiento que culmina con la creación del Estado Mexicano independiente y, finalmente, la lucha por la conservación del ser nacional – sintetizado en su Tradición – contra los embates del enemigo.

     

    • Antes de la venida de los españoles no existía la Nación mexicana, tan solo un inmenso territorio ocupado por innumerables tribus aborígenes separadas por la diversidad de lenguas, costumbres, religión y cultura, y empeñadas en constantes y crueles luchas. Entre ellas no existía el más remoto sentimiento de unidad ni idea alguna nacional las agrupaba. Llegaron los hispanos de lengua, religión y cultura totalmente opuestos a los aborígenes y un grupo diferente parecía que se iba a sumar a los ya existentes. Nadie podía pensar que ellos serían por la unión de las razas indígenas los que habrían de fundar la nacionalidad mexicana. Así fué, y debido sobre todo a la intervención de la Providencia que realizó el prodigio inefable del Tepeyac haciendo que Nuestra Señora de Guadalupe forjara una Patria por la unión de dos razas, la conquistadora y la vencida, en una misma fé, a la que se agregaron una misma lengua y una misma cultura: la Hispánica. DESDE ENTONCES LA VIRGEN DE GUADALUPE ES EL SIMBOLO NACIONAL POR EXCELENCIA, LA SINTESIS DE NUESTRA TRADICION, LA APROBACION DIVINA DE LAS ESENCIAS NACIONALES.

     

    • El ciclo de nuestra unificación fue lento pero eficaz. En el se conjugaron los esfuerzos geniales de Cortés, verdadero padre de nuestra nacionalidad, que desde un principio concibió y organizó los elementos que habian de ser las bases mismas de la Nación; la actividad incansable de santos como Quiroga, Zumárraga, Gante, Motolinia, y tantos otros esforzados religiosos; la proba labor de Virreyes como Mendoza y Velazco; la intrepidez de los exploradores que extendieron nuestras tierras; la inspiración de artistas que cubrieron de monumentos nuestro suelo y cuya fama trascendió el continente, etc. , hasta hacer de Mexico en los siglos XVI, XVII y XVIII la primera Nación de América. La etapa culmina con la independencia de México y la obra de Don Agustín de Iturbide, que funda el Estado Mexicano en el que la Nación pudo encontrar su plenitud. Antes constituiamos una Nación – es preciso que lo tengan en cuenta esos necios que todavía andan diciendo que somos un pueblo joven y que es preciso forjar una Nación – pero no formábamos un Estado Independiente. Iturbide creó ademas la Bandera del Estado Mexicano en cuyos colores quiso simbolizar las bases de nuestra nacionalidad: UNIÓN de todos los elementos raciales que forman la comunidad nacional; RELIGIÓN CATÓLICA e INDEPENDENCIA.

     

    • Fue poco después de nuestra separación de España cuando la anti-patria reñida con nuestra tradición católica e hispana, dirigida por los Estados Unidos, apoyada en las lógias masónicas y contando con la complicidad de los malos mejicanos, empezó febrilmente su labor destructora. Su primer zarpazo fue el asesinato del libertador Don Agustín de Iturbide en Padilla. En ese día se inició la negación de toda la obra nacional de tres siglos y comenzó la noche de nuestras desgracias en la que ha imperado el criterio de quienes creen que la ruta de una Patria la traza la voluntad de una mayoria expresada en el plebiscito fraudulento o el interés de una facción concupiscente, sin que importe la voluntad de los muertos, la voz del pasado.

     

    • En aquella ocasión no fué aniquilado el espíritu nacional, aunque si parcialmente derrotado.

     

    • La Patria vió surgir innumerables caudillos que levantaron la bandera de la Tradición en todos los campos y de acuerdo a las circunstancias de su tiempo. Anastasio Bustamante, Mariano Paredes y Arrillaga, y el gran Lucas Alamán. Más tarde los conservadores civiles y militares: Mejía, Miramón, Osollo y Félix Zuloaga. Caído el segundo Imperio las fuerzas se agotan y en un periodo nefasto HASTA LOS CATÓLICOS SE INFESTARON DE LIBERALISMO. Al estallar la revolución maderista nuevos grupos se irguieron iluminados con las ideas tradicionalistas: el Partido Católico, la gloriosa Asociación Católica de la Juventud Mexicana, la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, etc. Sus esfuerzos hacen crisis en la gloriosa epopeya conocida con el nombre de REBELIÓN CRISTERA en la que, con las armas en la mano se defendieron las ideas encerradas en el pabellón de Iguala. Pero nuevamente triunfó la facción anti-nacional, apoyada como siempre por el imperialismo yanki.

     

    • En nuestros días, es la UNIÓN NACIONAL SINARQUISTA quién recoge e iza la vieja bandera de la Tradición. Al hacerlo comprende que que echa sobre sus espaldas todo el peso que representa una montaña de muertos. Recogemos la angustia de quienes trabajaron en el pasado y nos llenamos de un nuevo impulso que colocará a nuestra Patria en el marco de los nuevos tiempos. La RENOVACION que realizaremos es en cierto modo una vuelta al pasado, en cuanto que esta representa el espíritu nacional auténtico y genuino; pero es también la transformación que impone la Nueva Etapa que emprendemos en el Movimiento Nacional Sinarquista y que abre la puerta de un futuro mejor.

    Clemente Gutiérrez Pérez

    Jefe Nacional U.N.S.

    http://www.geocities.com/campobravo/periodico/periodico155.htm

    Independencia Nacional Hoy

    band_triga

    Nuevamente celebramos un año más de la gran gesta heroica de Don Agustín de Iturbide: la Independencia Nacional.

    Otra vez sacaremos nuestras viejas y roidas banderas trigarantes, y llevaremos a cabo Actos Cívicos en cada uno de los lugares donde los sinarquistas tengamos actividad.

    Una vez más repetiremos el verdadero significado de los tres colores, que son los mismos que los tres principios consagrados en el Plan de Iguala, monumento de Programa Político: UNIÓN, RELIGIÓN e INDEPENDENCIA.

    Y para concluir, nuevamente, como cada año, terminaremos los actos conmemorativos con la tristeza y la nostalgia que cada vez nos embargan a todos los patriotas sinceros. Tristeza y nostalgia, dos elevadísimos sentimientos.

    Tristeza por ver en qué ha ido a parar nuestra Patria. Todo el esfuerzo de Iturbide y miles de valiosos mexicanos más han quedado en el olvido, debido a la actitud entreguista, cobarde y apátrida de nuestros «gobernantes», auténticas larvas de la inmensa gusanera masónica-liberal.

    Nostalgia que sentimos por el México que fué y ya no es. Nostalgia del México que no pudo ser, y que no vemos ni por donde pueda llegar a ser.

    Sin embargo, creo que no hemos observado una cosa, que está ahí, justo frente a nuestros ojos, pero que la rabia y el desencanto no nos permiten ver.

    En efecto, México hoy nos duele. México, tal como está, no nos gusta. Las cosas están mal. Así no deberían estar, pero, ¿que acaso el México de Iturbide no estaba mal? También había pobreza, miseria, dependencia política de la corte masónica española, con el peligro de pasar a los diminutos borbónicos, sumisos de Napoleón. Es más, ni siquiera había una bandera nacional, ni conciencia de Patria, ni nada de nada.

    Espantoso panorama el que tenía Iturbide frente a él. ¿verdad? Pero no se amilanó, ni se sumió en la tristeza y en la nostalgia, como hacemos nosotros hoy.

    Iturbide no se conformó con hacer conferencias ni actos tratando de recordar las antiguas glorias del Imperio Español, ni de las tribus aborígenes que habitaban estas tierras. No señor. Iturbide fué un hombre del PRESENTE, con una clara visión de FUTURO.

    En efecto, Iturbide era todo un hombre de 1821. Tuvo una idea original, genial, y luchó sin descanso para darla a conocer a toda la gente.

    Combatió lo mismo en el campo de las armas que en el de las ideas. Tuvo propuestas claras, adecuadas a su momento histórico, para todos los sectores sociales: españoles, criollos, mestizos, indígenas, militares, religiosos, campesinos y artesanos.

    Y no sólo eso. Iturbide también planeó a futuro, era un hombre del siglo XIX. Soñó con la Gran Patria Iberoamericana y trabajó para forjarla. Todo Centroamérica se le unió, y entabló contactos con Bolivar, otro caudillo sudamericano.

    Qué poco tienen en común esta actitud VALIENTE, ACTUAL, PRÁCTICA e IDEALISTA de Iturbide con nuestra actitud PUSILANIME DERROTISTA que nos cargamos cada año.

    ¿Queremos seguir el ejemplo de Iturbide? Muy bién. Comencemos por ser realistas y prácticos. Está bién honrar el pasado, que mucho nos enorgullece, pero no nos quedemos estancados en 1821. Somos hombres y mujeres del Siglo XXI. Pensemos como lo haría Iturbide ahora. Estamos seguros que lo último que haría el Emperador sería sentarse en un rincón con una vieja bandera a llorar.

    A México lo tenemos enfrente. Los problemas ahí están y nuestro pueblo necesita SOLUCIONES. Tomemos la gran doctrina Sinarquista. Apliquémosla a casos concretos, como lo hizo Iturbide en su momento.

    Iturbide ganó «su» batalla; consiguió la Independencia Nacional. Nosotros ¿seremos capaces de ganar la «nuestra»?

     

    Editorial Nº 166 – Noviembre 99


    Clemente Gutiérrez Pérez

    Jefe Nacional U.N.S.

     


     Tomado de: http://www.geocities.com/campobravo/index.html

    LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO

    «¿Quién borrará tu nombre de la Historia
    sin borrar de tu enseña sus colores?»
    Amado Nervo

    agustin_de_iturbide

     Autor: Enrique Sada Sandoval

     La historiografía oficial, de manera perniciosa, ha condenado largamente a Iturbide al oprobio o al olvido, sobre todo tras el encono de la intervención francesa y del segundo imperio (Maximiliano había adoptado a su nieto, Agustín Iturbide y Green, como príncipe heredero). A diferencia de otros libertadores de América como Bolívar, San Martín y Washington, la inquina en su contra se ha extremado hasta el grado de negarle, más que el sitio que merece en el calendario cívico, el título de padre de la nación y libertador de México.


    Se ha acusado a Iturbide de ser enemigo de la independencia por haber combatido a los primeros insurgentes. Nada más falso, puesto que él, como la mayoría de los criollos, estaba de acuerdo con alcanzarla desde que era coronel realista, aunque eso sí, nunca comulgó con los procedimientos de los primeros insurgentes, a los que combatió con severidad. La desolación, los asesinatos y el pillaje fueron, en efecto, los únicos resultados visibles de la primera insurrección. Esto explica porqué una gran cantidad de partidarios de la independencia prefirieron apoyar al virrey ante el peligro que suponía para sus vidas y propiedades el paso de la multitud sin cabeza.


    Los detractores de Iturbide olvidan, con su corta memoria, que fue su ingenio político-militar el que alcanzó en cuestión de meses todo aquello que diez años de lucha fratricida y estéril no lograron: la independencia de México, una emancipación sin derramamiento de sangre, con la entrada triunfal del ejército trigarante a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821. A él se debió la anexión de Centroamérica, que pidió su incorporación al imperio mexicano que en ese entonces extendió su territorio desde Oregon y las márgenes del río Mississipi hasta Panamá.


    Ante el rechazo de Fernando VII para reconocer la independencia de México, junto a la prohibición de sus parientes para aceptar la corona que se le ofrecía, el pueblo propone libremente que Iturbide (quien se desempeñaba como regente del imperio) sea coronado.


    Sorprendido por la manifestación cívico-militar fuera de su casa y los gritos de «¡Viva Agustín Primero!», tuvo que salir al balcón para pedirles calma a sus seguidores. No estuvo seguro de aceptar la corona hasta que sus amigos y colaboradores cercanos lo convencieron de ceder a las demandas del pueblo.


    Algunos días después, ya en la intimidad, en una carta Iturbide le confiaría sus pensamientos a Bolívar, considerándolo el único hombre de América que podía comprenderlo: «Carezco de la fuerza necesaria para empuñar un cetro; lo repugné, y cedí al fin por evitar males a mi patria, próxima a sucumbir de nuevo, si no a la antigua esclavitud, sí a los males de la anarquía».


    Ante la aclamación del pueblo, el congreso se reunió a deliberar, y por votación mayoritaria se procedió a proclamar a Iturbide emperador constitucional de México. Dos días después la decisión sería ratificada, esta vez, por unanimidad.


    Lo anterior desmiente a quienes alegan que la elección de Iturbide como emperador fue viciada de origen y que no contaba con el voto popular. Lucas Alamán, que no simpatiza con Iturbide, manifiesta que todas las provincias del imperio aceptaron con grandes muestras de júbilo su elevación al trono; y Lorenzo de Zavala reconoce que la inmensa mayoría de la nación estaba a favor del Imperio. Francisco Bulnes, historiador republicano y liberal, lo confirma en pleno siglo XX:

     


    «En 1910 he visto sostener unánimemente por todos
    los escritores jacobinos, que para que haya demo-
    cracia basta que el gobernante emane de la volun-
    tad de la mayoría del pueblo. Conforme a esta
    doctrina (…), debe asegurarse que Iturbide con su
    imperio fundó la democracia mexicana de la mane-
    ra más correcta y completa».

     
    Otra acusación sin fundamento es que disolvió el congreso para convertirse en monarca absoluto. La realidad difiere totalmente, pues las pugnas por el poder entre facciones, la envidia y la amenaza del exterior no se hicieron esperar. El congreso en vez de dividirse en dos cámaras o empezar a redactar la Constitución esperada, todo el tiempo se dedicó a obstaculizar al emperador o a conspirar en su contra. Esto por acción de la masonería escocesa y las maniobras efectuadas por Joel Poinsett, agente confidencial de los Estados Unidos en México, quien veía a Iturbide con gran desprecio debido a que éste se negó a entregar a su gobierno parte del territorio nacional que deseaba a cambio de reconocer a México como nación independiente.

    La conspiración fue descubierta y se aprehendió a sus participantes, de los cuales, no pocos eran diputados; en vista de ello, recibiendo miles de cartas de las provincias y escuchando el parecer de muchos, disolvió el congreso y estableció de manera provisional una Junta Nacional Instituyente mientras convocaba a elecciones para un nuevo congreso. Nadie lamentó la desaparición de este órgano político y el pueblo, por este hecho, volvió a llamarlo libertador.

    Sin embargo, todo esto fue el pretexto ideal para los enemigos de Iturbide, y los generales de la Garza, Santa Anna, Bravo y Guerrero -amigos y colaboradores de Poinsett- iniciaron levantamientos en su contra, aunque fracasaron por falta de apoyo popular. Iturbide pensó que todo era un malentendido, puesto que él deseaba que se hubiera un congreso; pero una vez convencido de la mala fe de quienes dirigían el movimiento en su contra, incluso pensó en combatirlos. Contaba en todo momento con el apoyo popular, así como con los medios necesarios y gran parte del ejército. Pero, ¿cómo reafirmar un trono que nunca ambicionó derramando sangre mexicana?

    Resentido por las voluntades desleales, restableció el viejo congreso y presentó su abdicación. El congreso, para humillarlo todavía más, no quiso discutir, manifestando, contrario a lo dicho meses antes, que la coronación había sido obra de la violencia. Con el fin de evitar una guerra civil, Iturbide decidió exiliarse, y en mayo de 1823 partió rumbo a Europa.

    Las provincias de Centroamérica no tardaron en mostrar su apoyo a Iturbide junto a la inconformidad respecto a su abdicación, por lo que se declararon independientes de México. Provincias como Querétaro, Michoacán, México y Guadalajara manifestaron la misma disposición mediante levantamientos armados.

    Una vez en el exilio, Iturbide publicó sus memorias en Inglaterra, a donde le llegaban miles de cartas de México, las cuales le hablaban de la anarquía en que había caído el país y pedían su regreso. Él, a su vez, informado de los planes de una invasión española para reconquistar México, decide volver para prevenir a las autoridades y ponerse a su disposición como simple soldado. Sus enemigos temen ser desplazados del poder con su retorno y por órdenes del congreso, es aprehendido al desembarcar en Soto la Marina. Es condenado a muerte sin ser sometido a juicio -derecho que no se le niega ni al peor criminal- y a morir fusilado en Padilla, Tamaulipas. Sus últimas palabras al pueblo fueron de obediencia al gobierno que lo ejecutaba y en defensa de su libertad ante cualquier intento de reconquista española: «Mexicanos, ¡muero gustoso porque muero entre vosotros!».

    Al saberse su muerte, se produjo una gran conmoción y México nunca volvió a ser el mismo. Acerca de este hecho, Manuel Payno afirma que «La muerte de Iturbide es una de las manchas más vergonzosas de nuestra historia. El pueblo que pone las manos sobre la cabeza de su Libertador es tan culpable como el hijo que atenta contra la vida de su padre».

    «¿Qué aberración tan monstruosa, sólo vista en México -dice Alfonso Junco- (…) loar la libertad y maldecir al libertador, glorificar la obra y desdeñar al obrero, tomar el don y escarnecer al que lo da? (…) Iturbide es una gloria de México (…) Su genio militar, su visión política, su gobierno magnánimo, su abdicación gloriosa, su decencia personal, su amor al pueblo y el amor de su pueblo, pónenlo entre las figuras universales».

    Iturbide no es héroe de facción, como ingenuamente algunos creen, es un héroe nacional a secas. Para honrarlo bastan dos cosas: saber historia y ser justo. Hasta ahora, no se ha dado algún intento por reivindicar la imagen de Iturbide, otorgándole la importancia que tiene en la consolidación de nuestra patria.

     

    Hoy más que nunca, suena un eco lejano que se pierde. Las últimas palabras que el héroe de Iguala dejara escritas en sus memorias: «Cuando instruyáis a vuestros hijos en la historia de la patria, inspiradles amor por el jefe del ejército trigarante (…) quien empleó el mejor tiempo de su vida para que fueseis dichosos».

    Miguel_Hidalgo 


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    Bibliografía
    Timothy E. Anna, El imperio de Iturbide, Editorial Patria/CONACULTA, 1991.
    Chávez Ezequiel, Agustín de Iturbide: libertador de México, Editorial Jus, 1957.
    Trueba Alfonso, Iturbide: un destino trágico, Editorial Jus, 1964.
    Olavarría y Ferrari Enrique y Riva Palacio Vicente, México a través de los siglos, Editorial Cumbre, 1967.
    Alamán Lucas, Historia de México, Editorial Jus, 1990.
    Bulnes Francisco, La guerra de independencia: Hidalgo-Iturbide, edición facsimilar, Universidad Iberoamerica-na, 1982.
    Riva Palacio Vicente y Payno Manuel, El libro rojo (1520-1867), edición facsimilar, México, , 1976.
    Krauze Enrique, Siglo de caudillos: biografía política de México (1810-1910), Editorial TusQuets, 1994.
    Sims Harold. D., La expulsión de los españoles de México (1821-1828), Fondo de Cultura Económica, 1974.
    De Zavala Lorenzo, Ensayo crítico de las revoluciones de México desde 1808 hasta 1830, Editorial Porrúa, 1969.
    Junco Alfonso, Un siglo de México, Editorial Jus, 1968.
    Fuentes Mares José, Poinsett: historia de una gran intriga. Santa Anna: aurora y ocaso de un comediante, Ed. Jus, 1972.
    Fuente: lag.uia.mx/acequias/acequias17/a17p56.html

    Título original: Iturbide: ¿libertador de México?

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    Tomado de: http://catolicidad-catolicidad.blogspot.com

     

    ¿Independencia, de qué?

    El Plan de Iguala decide la independencia completa como monarquía constitucional y señala a la Religión Católica como base espiritual de la vida mexicana.

    El Plan de Iguala decide la independencia completa como monarquía constitucional y señala a la Religión Católica como base espiritual de la vida mexicana.

    La persecución liberal y masónica contra la Iglesia Católica en México, que desencadenó la “Epopeya Cristera” en el siglo XX, no era sino continuación de la iniciada en el siglo XIX.

                 El 16 de septiembre de 1810, en el llamado “Grito de Dolores”, el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla1 iniciaba el proceso de “guerra insurgente o civil” que culminaría con la independencia de México.

    Los obispos sostenían que no se trataba de guerra por la independencia sino, una lucha injustificada y salvaje contra una clase de la sociedad: la exaltación de las turbas, conocidas como los “chinacos”, contra las clases altas de la sociedad, conocidos como los “gachupines”.

    No obstante, la burguesía criolla americana del siglo diecinueve, ansiosa de liberarse del poder de la Corona española y de la influencia de la Iglesia Católica, se agrupó en logias masónicas locales, intervenidas por francmasones del norte anglosajón, que ya entonces buscaban penetrar en el solar iberoamericano.

    En 24 de febrero de 1821, el Plan de Iguala decide la independencia completa como monarquía constitucional y señala a la Religión Católica como base espiritual de la vida mexicana; el emperador Agustín de Iturbide ocupará el gobierno.

    Paralelamente, el “Manifiesto Destino” les señalaba a los gobernantes de Estados Unidos el Lejano Oeste como meta; así Texas, Nuevo México, la Alta California y Arizona entraban en los planes anexionistas.

    Por ello fue comisionado su embajador Poinsett, a la formación de un “Partido Americano” en México; sobre la base de las “logias yorkinas”; el proyecto era “La República Federal y Laica”.

    Con la colaboración de liberales-masones y los constitucionalistas, en 1824 Iturbide será destituido y fusilado en Padilla.

    El Gral. Vicente Guerrero proclamará así la República en 1824; se sanciona la Constitución. Comienza un período de decadencia: el separatismo centroamericano, la propaganda antirreligiosa, la guerra de Texas y la guerra contra los Estados Unidos, que culmina con el Tratado de Guadalupe, el 2 de febrero de 1848, que lo lleva a la pérdida del 50% de su territorio –Texas, Nuevo México, Arizona y la Alta California-; la política exterior de México quedó así subordinada a los Estados Unidos.

    ________________________________________1 Se inicio en la masoneria en la logia de la calle de Las Ratas No. 4 (hoy Bolívar 73), Desde 1808 participó en las juntas de los descontentos con la situación de la Nueva España. Formalizadas estas conspiraciones, debieron adelantar la fecha del levantamiento armado.  En julio de 1800 los curas mercedarios Joaquín Huesca y Manuel Estrada le acusaron de asistir a ‘tenidas diabólicas’ en una logia en el callejón de El Sapo (frente a la actual central telefónica de las calles de Victoria en la ciudad de México). La causa fue reanudada en septiembre de 1810 y el 7 de febrero de 1811 el inquisidor fiscal Manuel de Flores presentó formal denuncia contra Hidalgo al grado de que la iglesia católica lo excomulgó, a como ha excomulgado a las masones decenas de veces a lo largo de la historia. ________________________________________

    Fuentes consultadas:

    Persecución religiosa en México

    “La Epopeya Cristera”

    Gustavo Carrére Cadirant gcc03@fibertel.com.ar

    Y

    http://www.hermanosmasones.info/Miguel_Hidalgo.htm

     

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    16 de Septiembre

    CATEDRAL DE SALTA

    Catedral de Salta, República Argentina

    Catedral de Salta, República Argentina

     

    Interior de la Catedral de Salta, República Argentina

    Interior de la Catedral de Salta, República Argentina

     

    18 de octubre de 1844. El terremoto y el Pacto

       En la noche del 18 de octubre de 1844, la ciudad de Salta es sacudida por un espantoso temblor. Nuevamente los salteños acuden a la poderosa intercesión de la Virgen del Milagro buscando la protección del Señor Crucificado. Se sacan las Santas Imágenes y se organiza inmediatamente una procesión que recorre las calles de la ciudad hasta llegar nuevamente a la plaza frente a la Catedral; allí se coloca la imagen de la Santísima Virgen frente a la del Santo Cristo, como intercediendo por su pueblo, el cual prorrumpe en exclamaciones de ¡misericordia!, ¡perdón! y en llantos y lamentos.

       Esa misma noche, el P. Cayetano González, exhortó al pueblo a penitencia, a abandonar la senda del pecado, a convertir sus costumbres, a abandonar el lujo, la riqueza y el bienestar que originaron la mengua de su religiosidad, para corresponder a los favores que esperaba obtener del Señor del Milagro.

       También propuso al pueblo que se celebrara un solemne pacto de alianza con el Cristo del Milagro, ratificando a la vez el voto hecho en 1692. Luego del sermón, se celebró el pacto con la lacónica fórmula: «Tu noster es et tui sumus», Tú eres nuestro y nosotros somos tuyos. En memoria de este pacto se labró una cinta de plata con las letras de la fórmula inscriptas en oro, y se la colocó al pie del Cristo. Algunos años más tarde, el obispo Linares, luego de rehacerla y mejorarla en todo lo posible, la hizo colocar en el reverso de los brazos de la cruz.

    ORACIÓN AL SEÑOR DEL MILAGRO

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    Señor: Abre los ojos y mírame con piedad y misericordia; hazme ver las cosas de este mundo con tal indiferencia que solamente contemple las tuyas para que te pertenezca del todo y me salve; guía mi memoria, entendimiento y mis pasos por el buen camimino a fin de poder llegar un día a tu santa gloria. Escúchame, Señor nuestro, Cristo Crucificado.

       Abre, Señor, tus labios y dime que me perdonas, que me ayudarás a obrar siempre el bien y a saber perdonar las ofensas que me hagan. Líbrame, Señor, del mal uso de la palabra y de las murmuraciones.

       Acércame, Señor, a tu Corazón Santísimo con aquel amor divino con que abrazaste tu Santa Cruz para salvarnos, y haz que yo también abrace resignadamente mi cruz, dándome humildad, paciencia y fortaleza para todos los trabajos de esta vida. (Se pide lo que se desea conseguir).

       Y tú, Virgen amada del Milagro, pide también a tu Santísimo Hijo, que nada puede negarte, todo lo que acabo de suplicarle, ponme bajo tu amparo y protección todos los días de mi vida y especialmente en la hora de mi muerte. Así sea.

    15 de septiembre

    SEÑOR DEL «MILAGRO»
    Salta, República Argentina

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    Corría el año de 1582; cuando llegaban flotando al puerto del Callao (Perú), dos cajones que con letras marcadas tenían inscriptas: «UN SEÑOR CRUCIFICADO PARA LA IGLESIA MATRIZ DE LA CIUDAD DE SALTA, PROVINCIA DEL TUCUMAN, REMITIDO POR FRAY FRANCISCO VICTORIA, OBISPO DEL TUCUMAN«, y el otro: «UNA SEÑORA DEL ROSARIO, PARA EL CONVENTO DE PREDICADORES DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA, PROVINCIA DEL TUCUMAN, REMITIDO POR FRAY FRANCISCO VICTORIA, OBISPO DEL TUCUMAN«. El Santo Cristo sería llamado más tarde por la piedad del pueblo salteño con el nombre de Señor del Milagro; mientras que la imagen de la Virgen del Rosario recibiría el nombre de Nuestra Señora del Rosario del Milagro de Córdoba, a cuya protección colocaría el Virrey Santiago de Liniers la ciudad de la Santísima Trinidad, puerto de Santa María de los Buenos Ayres, con motivo de la segunda invasión inglesa, derrotada bajo tan poderoso amparo.

    Tras largo camino, en carro, en carreta, a lomo de mulas y a hombro, llegó a la ciudad de Salta, el día 15 de setiembre de 1592 la imagen del Señor Crucificado, siendo recibida por el pueblo salteño con grandes homenajes.

       Según una tradición muy antigua, ya estaría en esa ciudad una imagen de la Purísima e Inmaculada Madre de Dios, que la habría enviado el mismo obispo fray Francisco Victoria, de regreso de Lima, después de asistir al Concilio convocado por Santo Toribio de Mogrovejo.

    El terremoto de septiembre de 1592

       La tierra comienza a temblar, el cielo color de plomo, los montes tiemblan y los ríos amenazan salir de su cauce. Es el 10 de septiembre cuando un espantoso terremoto arrasa la ciudad de Esteco, pereciendo sus familias bajo los escombros, sumergidas las ruinas por el torrentoso río de las Piedras que formó, en el lugar donde estuviera una de las más comerciales ciudades de Tucumán, un lago que duró más de ocho años.

       Las familias sobrevivientes comenzaron la huida hacia el Norte, pasando por Salta, pero no se detuvieron allí; la hermosa ciudad era víctima también de la furia de la naturaleza, mano de Dios que castiga a sus hijos para que hagan penitencia y no se hundan en el fango del pecado.

       En la mañana del 13 de septiembre, cuando todo anunciaba paz y calma en la ciudad de Salta, tiembla de repente la tierra, comienza a sacudirse el suelo, se mueven los edificios y con ellos el pueblo entero que trata de encontrar un lugar seguro para no ser aplastado o tragado por la tierra. Los edificios se desploman y el polvo de las ruinas y los gritos de espanto de la gente forman una escena dantesca y cunde el terror.

       Todos a una, dejando de lado los medios humanos —que no los hay— recurren a Dios Nuestro Señor y abren sus corazones a los llamados de la Fe.

    La Inmaculada Virgen del Milagro

       Luego de pasados los primeros momentos de espanto, muchas personas acudieron a la Iglesia Matriz para salvar el Santísimo Sacramento, encabezados por el sacristán Juan Ángel Peredo que abrió las puertas de la Sacristía, por donde entraron al templo. Estando allí dentro, lo primero que vieron fue la imagen de la Virgen Inmaculada echada «al pie del altar» con la cara hacia arriba, como si mirase al Sagrario, adorando a Su Divino Hijo, implorando misericordia. Es de notar que Su rostro estaba pálido y demacrado, y que no había sufrido ninguna rotura, ni allí ni en las manos, mientras que el dragón, que estaba a sus pies, tenía destrozada un ala, una oreja y deformada la nariz, y la media luna colocada también a los pies, estaba rota.

       La Virgen Inmaculada fue sacada fuera y colocada junto a un altar puesto a las puertas de la Iglesia y, a los ojos de los innumerables fieles que, contritos y apesadumbrados, rezaban fervorosamente pidiendo la misericordia de Dios. Su rostro mudaba de colores manifestando los sentimientos de dolor y angustia por sus hijos que estaban pasando una dura prueba por haber apartado sus corazones de Nuestro Divino Redentor y Su Santa Ley.

       El pueblo salteño postrado a los pies de la Santísima Reina de los Cielos, rogaba su poderosísima intercesión ante Su Divino Hijo, para que tuviera misericordia de la ciudad y de sus habitantes, reconociendo las faltas cometidas y convirtiendo sus corazones a Dios. 

    El Señor del Milagro

       Es el 15 de septiembre, ya han pasado tres días desde el comienzo del terremoto y la tierra continúa oscilando; la gente descansa a la intemperie por temor a perecer aplastada dentro de los edificios totalmente agrietados. Esos han sido días de oración y penitencia, pero la furia de la naturaleza vengadora, a pesar de las rogativas y procesiones aún con el Santísimo Sacramento, no se ha calmado todavía. Es en esos momentos que un sacerdote jesuita, el R. P. José Carrión, indudablemente inspirado por Dios, comienza a exhortar a que «se sacase en procesión pública al Señor Crucificado que se tenía olvidado, y cesarán los temblores». En privado y en público, una, dos y tres veces insiste el P. Carrión para que se saque al Santo Cristo Crucificado, amenazando con despojarse de sus ornamentos, en señal de duelo, si no se le hace caso.

       Así, a las primeras horas de la tarde, llevada en hombros de las principales autoridades, sale la Imagen del Santo Cristo Crucificado y recorre en imponente procesión, las principales calles de la ciudad, acompañada del pueblo, clero y milicia.

       Ante Su presencia se realiza el milagro: la tierra hasta ese momento enfurecida contra los ingratos hijos de Eva, se calma inmediatamente a la vista del Divino Crucificado. Salta entona un himno de júbilo y de acción de gracias para quienes desde ese momento son bautizados definitivamente con los nombres de el Señor y la Virgen del Milagro. La procesión del 15 de setiembre fue jurada que se repetiría todos los años, lo cual se ha venido haciendo con vivas muestras de piedad y amor filial por parte del fiel pueblo salteño.

    18 de octubre de 1844. El terremoto y el Pacto

       En la noche del 18 de octubre de 1844, la ciudad de Salta es sacudida por un espantoso temblor. Nuevamente los salteños acuden a la poderosa intercesión de la Virgen del Milagro buscando la protección del Señor Crucificado. Se sacan las Santas Imágenes y se organiza inmediatamente una procesión que recorre las calles de la ciudad hasta llegar nuevamente a la plaza frente a la Catedral; allí se coloca la imagen de la Santísima Virgen frente a la del Santo Cristo, como intercediendo por su pueblo, el cual prorrumpe en exclamaciones de ¡misericordia!, ¡perdón! y en llantos y lamentos.

       Esa misma noche, el P. Cayetano González, exhortó al pueblo a penitencia, a abandonar la senda del pecado, a convertir sus costumbres, a abandonar el lujo, la riqueza y el bienestar que originaron la mengua de su religiosidad, para corresponder a los favores que esperaba obtener del Señor del Milagro.

       También propuso al pueblo que se celebrara un solemne pacto de alianza con el Cristo del Milagro, ratificando a la vez el voto hecho en 1692. Luego del sermón, se celebró el pacto con la lacónica fórmula: «Tu noster es et tui sumus», Tú eres nuestro y nosotros somos tuyos. En memoria de este pacto se labró una cinta de plata con las letras de la fórmula inscriptas en oro, y se la colocó al pie del Cristo. Algunos años más tarde, el obispo Linares, luego de rehacerla y mejorarla en todo lo posible, la hizo colocar en el reverso de los brazos de la cruz.

    23 de agosto de 1948

       En la noche del 23 de agosto de 1948, Salta fue sacudida nuevamente por temblores de tierra. Inmediatamente, autoridades y pueblo unidos en la misma fe, sacaron en procesión las Milagrosas Imágenes, pidiendo Su protección; pronto fue todo quietud.

       Por tercera vez en la historia, el Santo Cristo del Milagro había manifestado Su misericordia para con los salteños, a instancias de los ruegos de Su Santísima Madre, la Inmaculada Virgen del Milagro, protectora particularísima de la Ciudad de Salta, que vela sobre ella para que no desfallezca la Santa Fe Católica en sus hijos.

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/index

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    15 de Septiembre

  • Señor del Milagro de Salta
  • Los Siete Dolores de la Santísima Virgen
  • Nuestra Señora de las Angustias
  • Santa Catalina de Génova, Viuda
  • San Nicomedes, Mártir
  • San Aicardo o Achard, Abad de Jumiéges
  • San Nicetas el Godo, Mártir
  • Beato Orlando o Rolando, Ermitaño
  • 14 de septiembre: la Exaltación de la Santa Cruz

     
    La festividad del 3 de mayo recuerda el hallazgo (inventio) de la verdadera Cruz por santa Elena Augusta, madre del emperador Constantino (cuya historia está tan ligada a aquélla desde la famosa aparición la víspera de la batalla del Puente Milvio: In hoc signo vinces).
     

    La liturgia romana dedicó a la Santa Cruz de Nuestro Señor, además del Viernes Santo (cuyo acto central es precisamente la adoración del instrumento de nuestra Redención), dos festividades peculiares, celebradas en la Iglesia universal: la Invención (3 de mayo) y la Exaltación (14 de septiembre). El calendario particular español contempla, por su parte, una tercera: la del Triunfo de la Cruz (17 de julio), en conmemoración de las Navas de Tolosa. La festividad del 3 de mayo recuerda el hallazgo (inventio) de la verdadera Cruz por santa Elena Augusta, madre del emperador Constantino (cuya historia está tan ligada a aquélla desde la famosa aparición la víspera de la batalla del Puente Milvio: In hoc signo vinces). La del 14 de septiembre, que es más antigua, originalmente evocaba el mismo suceso, pues se creía que era ésta la fecha en la que tuvo lugar. Pero para no crear confusiones, acabó por dedicarse a conmemorar la recuperación de la cruz de manos de los persas por el emperador Heraclio.

    La célebre peregrina Eteria, valioso testigo de la vida cristiana del siglo IV, refiere con todo detalle en su Peregrinatio la celebración que tenía lugar en Jerusalén el 14 de septiembre, día en el que se juntaba en una misma fiesta la de la Invención de la Cruz y la dedicación de la basílica constantiniana tripartita del Martyrion y la Anastasis (Santo Sepulcro). El concurso de fieles era inmenso y acudían gran número de obispos y monjes y hasta anacoretas provenientes de Siria, Mesopotamia, Egipto y la Tebaida. Llegaban peregrinos de muchas provincias del Imperio. La importancia de la festividad era tal que se equiparaba a la Pascua y a la Epifanía, por lo cual todas las iglesias de Jerusalén se adornaban con la misma riqueza que en estas ocasiones. Con el tiempo la dedicación de la basílica del Santo Sepulcro pasó a segundo plano hasta quedar casi por completo obnubilada.

    Con el tiempo, la fiesta de la Exaltación de la Cruz se comenzó a celebrar en todos aquellos lugares donde se conservaba la reliquia de la Vera Cruz (Lignum Crucis). En Roma se introdujo bajo el reinado del papa Sergio I (687-701), según consta por el Liber Pontificalis. En ese día se exponía y adoraba el fragmento de la Cruz llevado a Roma por santa Elena. La ceremonia revestía la misma solemnidad que la adoración que tenía lugar en Viernes Santo y se celebró hasta el siglo XIII. Mientras tanto, a través de los sacramentarios galicanos, había entrado en la liturgia romana la festividad del 3 de mayo, que se celebraba desde la época carolingia sin estar claro su origen. Al fundirse los libros litúrgicos galicanos con el sacramentario gregoriano subsistieron, sin embargo, ambas fiestas, aunque tenían el mismo objeto. Como queda dicho, la del 14 de septiembre, originalmente dedicada al hallazgo de la Cruz, pasó a ser el recuerdo litúrgico de su recuperación del poder de los paganos.

     

    Piero della Francesca: Batalla de Heraclio contra Cosroes II (Storie della Vera Croce, Arezzo) Piero della Francesca: Batalla de Heraclio contra Cosroes II (Storie della Vera Croce, Arezzo)

    El año 614, los persas, al mando del general Sharbahraz, conquistaron Damasco y Jerusalén. De la Ciudad Santa se llevaron la Cruz como trofeo, siendo incrustada en el trono de madera del rey sasánida Cosroes II Parviz (el Victorioso). Durante años, los cristianos, sumidos en disputas internas, no pudieron hacer frente al avance de los persas, pero en 622 el emperador Heraclio tomó finalmente el control de la situación y empezó a avanzar victoriosamente contra aquéllos. En 627 los venció en Nínive, logrando avanzar hasta Ctesifonte, la capital de Cosroes II, el cual huyó sin resistir pero sólo para ser depuesto por los magnates, que pusieron en el trono a su hijo Khavad II, el cual le hizo asesinar, lo mismo que a sus dieciocho hermanos, y entró en negociaciones con Heraclio. En el curso de éstas murió Khavad, siendo sucedido por su hijo Ardacher III, quien firmó la paz con Bizancio, sellándola con la devolución de la Cruz a los cristianos el año 629. Heraclio llevó en triunfo la sagrada reliquia de regreso a Jerusalén. Al llegar a sus puertas, la comitiva hubo de detenerse porque se derrumbó una parte del muro obstaculizando el paso. Apareció entonces un ángel que hizo ver al emperador que la gran pompa de la que iba acompañado no casaba con la humildad con la que Jesucristo había entrado en la Ciudad Santa, montado sobre un pollino. Emocionado hasta las lágrimas, Heraclio se despojó de sus ricas vestiduras y, tomando la Cruz a hombros, entró con ella en Jerusalén, llevándola al Calvario y restaurando la iglesia del Santo Sepulcro.

    Tanto la historia de la Invención de la Cruz por santa Elena como la de su recuperación por Heraclio forman parte de lo que se llama la Legenda Sanctae Crucis (Leyenda de la Santa Cruz), que no significa que se trate de un relato mítico o fabuloso, sino una historia para ser leída (legenda) y meditada. El dominico Jacopo de Voragine (1228-1298) la inmortalizó en su famosa Legenda Aurea (Leyenda Dorada). Basándose en ella, Piero de la Francesca (1415-1492) pintó una serie de magníficos frescos en la capilla Bacci de la catedral de Arezzo bajo el título de Storie della Vera Croce (Historias de la Vera Cruz). Es una de las grandes obras maestras del Renacimiento.

    Agnolo Gaddi: Decapitación de Cosroes y entrada de Heraclio con la Vera Cruz en Jerusalén Agnolo Gaddi: Decapitación de Cosroes y entrada de Heraclio con la Vera Cruz en Jerusalén

    La festividad de hoy nos lleva a reflexionar en la Santa Cruz como un signo de victoria: la de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, la del Bien sobre el mal, la de la Luz sobre las tinieblas. Cristo, crucificado en ella, alzado entre el cielo y la tierra, reconcilia a Dios con los hombres, al Creador con sus criaturas, y juzga al mundo y su iniquidad. Su poder se manifiesta precisamente cuando parece despojado de él; por eso dice el himno de Venancio Fortunato “regnavit a ligno Deus” (ha reinado Dios desde el madero). El signo de la Cruz es, pues, un signo poderoso de protección contra el maligno y sus insidias. De allí que debamos usarlo constantemente, en todos nuestros actos importantes, para vencer las tentaciones, para que nuestras obras tengan un buen resultado y para que el Señor nos proteja en todos los momentos de nuestra vida.

    Usamos de la señal de la Cruz de dos maneras: santiguándonos y persignándonos. Santiguarse es llevar las yemas de los dedos de la mano derecha de la frente al pecho y del hombro izquierdo al derecho (los orientales invierten el movimiento horizontal: y llevan la mano del hombro derecho al izquierdo para ser como un reflejo exacto de los movimientos del sacerdote que bendice). Al mismo tiempo que uno se santigua dice: “In nomine Patris (+), et Filli (+), et Spiritus (+) Sancti. Amen” (En el nombre del Padre (+), y del Hijo (+), y del Espíritu (+) Santo. Amén). Hay quienes acostumbran al final besar el dedo pulgar extendido sobre el índice formando una cruz, como reverencia y devoción al signo de nuestra redención. Sin embargo, por piadosa que sea esta práctica no forma parte del acto de santiguarse. Cuando se hace la señal de la cruz tomando el agua bendita se ha de decir primero, al sumergir los dedos en la pila: “Haec aqua benedicta sit nobis salus et vita” (Que esta agua bendita, nos sea salvación y vida). Santigüémonos frecuentemente: cuando comenzamos el día, al salir de casa, al pasar delante de una iglesia, en los peligros y tentaciones, al entrar y salir de la iglesia, al oír blasfemar o jurar, al bendecir la mesa, al empezar una obra importante, al pasar frente a un cementerio o encontrarse con un cortejo fúnebre como señal de respeto a las ánimas de los difuntos, al volver al hogar y al encomendar nuestro sueño a Dios.

    Además de santiguarnos también nos persignamos y lo hacemos con la yema del dedo pulgar de la mano derecha, haciendo pequeñas cruces respectivamente sobre la frente, los labios y el corazón y, acto seguido, santiguándonos. Al hacerlo decimos: Per signum (+) Sancta Crucis, de inimicis (+) nostris, libera nos (+), Domine Deus noster. In nomine Patris (+), et Filli (+), et Spiritus (+) Sancti. Amen” (Por la señal (+) de la Santa Cruz, de nuestros (+) enemigos líbranos (+), Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre (+), y del Hijo (+), y del Espíritu (+) Santo. Amén). Esta manera de hacer la señal de la cruz se emplea para empezar algún ejercicio de piedad importante, como el Via Crucis, el Santo Rosario, las Coronas de Gozos y Dolores, las Novenas, la meditación, etc. También cuando, al entrar en la iglesia, después de santiguarnos con el agua bendita y hacer la genuflexión ante el tabernáculo, nos arrodillamos para empezar nuestras devociones.

    Persignarse

    En la liturgia hay varios signos de la cruz. La misa empieza con el acto de santiguarse. El mismo se efectúa: al versículo Adiutorium nostrum antes del acto penitencial, al Indulgentiam, a las primeras palabras del Introito, al final de la doxología mayor, al final del Credo, al Benedictus después del Sanctus, al Indulgentiam que precede la comunión de los fieles y a la bendición final (a veces también antes y después de la homilía o sermón, si lo hay). Nos persignamos, en cambio (aunque sin santiguarnos) al anuncio del Evangelio de la misa y del Prólogo de san Juan. En los demás ritos católicos se usa ampliamente el signo de la Cruz, especialmente siempre que se recibe la bendición, pero sobre todo en la bendición eucarística que sigue a la exposición y a la reserva del Santísimo Sacramento.

    Hacer la señal de la cruz, sea santiguándose sea persignándose, es un acto de la virtud de religión, que debemos hacer con toda devoción y decoro y no a la volada o de cualquier manera. Muchas veces parece que algunas personas hacen una mueca o un pase mágico en lugar de evocar el signo bendito y sagrado de nuestra salvación. Es como si nos avergonzáramos de que nos vieran y tratáramos de disimular. No: el cristiano ha de confesar a Cristo delante de los hombres (si no quiere que Jesucristo se avergüence de él delante de Dios Padre) y, por consiguiente, debe santiguarse o persignarse de modo sobrio, pausado y sin precipitaciones. Es una elemental regla de urbanidad para con Dios. Si nos esmeramos en homenajear a los grandes de este mundo al saludarlos, ¡cuánto más debe ser nuestro cuidado al dirigirnos a Dios e invocar su asistencia con la señal de la Cruz! Que ésta sea hoy la enseñanza del gran día de la Exaltación de la Santa Cruz.

     

    Adoramus Te, Christe, et benedicimus Tibi: Quia per Sanctam Crucem Tuam redemisti mundum! Adoramus Te, Christe, et benedicimus Tibi: Quia per Sanctam Crucem Tuam redemisti mundum!

    Tomado de: http://costumbrario.blogspot.com

     

     

    FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

    En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo!... Gál. 6:14

    En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si no es en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo!... Gál. 6:14

    14 de septiembre

    EXALTACIÓN DE 
    LA SANT
    A CRUZ

    Y cuando haya sido levantado de la tierra, todo lo atraeré a Mí. (San Juan, 12, 32).

    Y cuando haya sido levantado de la tierra, todo lo atraeré a Mí. (San Juan, 12, 32).

    Cosroes, rey de Persia, se llevó de Jerusalén la Cruz de Jesucristo, y Heraclio, emperador de Oriente, le declaró la guerra. Después de tres victorias debidas a la Santísima Virgen, Heraclio volvió a Jerusalén con la verdadera Cruz. Quiso llevarla en triunfo sobre sus hombros, pero una fuerza invisible lo detuvo a las puertas de la ciudad. El patriarca Zacarías le observó que sus suntuosas vestiduras contrastaban con la pobreza y humildad de Jesucristo. El emperador entonces se quitó su púrpura, su corona y su calzado, para vestir hábito de penitente. Así pudo entrar en la ciudad y llevar la Cruz hasta la cumbre del Calvario, el año 629.

    MEDITACIÓN SOBRE 
    LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

       I. El amor a la Cruz nos levanta sobre las creaturas. Un hombre que ame los sufrimientos está al abrigo de los azares de la fortuna: la enfermedad, la pobreza o la deshonra no podrían turbar su paz. ¿Por qué? Porque él desea las aflicciones y las sufre con alegría por amor a Jesucristo. Todo lo que para ti es motivo de temor y de tristeza para él es una dicha. El cristiano puede parecer desdichado, nunca la es. (Minucio Félix)

       .II. El que ama la Cruz está por sobre si mismo. No es ya un hombre sometido a sus pasiones, tiranizado por la concupiscencia, afeminado por las delicias. No tiene más que un solo deseo, el de sufrir; y como en esta vida las ocasiones de sufrir se encuentran a cada paso, siempre está contento y gozoso.

       III. El que ama la Cruz se asemeja a Jesús crucificado; lo contempla, y se alegra viendo que los sufrimientos lo hacen fiel imagen del Salvador. Está crucificado para el mundo, y muerto para sí mismo. Sujétame a la cruz, oh Jesús mío, sin tener en cuenta las repugnancias de mi carne; porque os debo mi alma y mi cuerpo, como a mi Redentor. ¡Que mi cuerpo sea, pues, crucificado, coronado de espinas y semejante a ese Cuerpo adorable que Vos ofrecéis al eterno Padre por mí! Si debes tu cuerpo a Jesús dáselo, si puedes, tal como Él te ha dado el suyo. (Tertuliano)

    El amor a la cruz – Orad por las almas del Purgatorio.

    ORACIÓN

        Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz, haced, os lo suplicamos, que después de haber conocido su misterio en la tierra, merezcamos ir al cielo a gustar los frutos de su Redenci6n. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/index

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    14 de Septiembre

    Santa Misa Dominical

    DOMINGO 15º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

    ( Doble – Ornamentos verdes )

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     Con este Domingo suele coincidir en los maitines la lectura del libro sagrado de Job de aquel venerable patriarca, piadoso y rico, de la tierra de Idumea, a quien Satanás quiso tentar, con ánimo dañado de ver si realmente servía a Dios con desinterés, o bien porque le había colmado de honores y de hacienda.
       Satanás, que nunca está ocioso y tiene ordenadas todas sus huestes para tentar a los pobres mortales, se presenta a Dios cierto día y le pide permiso para tentar a Job y privarle de sus riquezas, de la consideración y fama que tenía y de su misma salud corporal, y así sucedió.
       En poco tiempo, Job lo fué perdiendo todo, y vióse precisado a limpiarse sus purulentas llagas, desnudo sobre un inmundo basurero.
       También la Iglesia pide hoy que nos veamos continuamente defendidos contra los asaltos rabiosos del demonio (Sec.), de ese eterno homicida, que nos sorbería la sangre si posible le fuese, y acabaría en un solo día con todos los hombres.
       La tentación vendrá también para nosotros, pues el ángel de Satanás azotó al mismo S. Pablo. Pero en medio de todo saldremos triunfadores por la esperanza firme que tenemos en la poderosa ayuda de Aquél que nos amó, de Aquél de quien el santo Job decía: «Yo bien sé que mi Redentor vive, y que en el último día he de resucitar de la tierra, y que estos mismos ojos le contemplarán. Un día también oiré la voz de Dios, el cual alargará su diestra al que es obra de sus manos.
       Pasada la prueba, en la cual fué hallado fiel servidor, Job recibió por duplicado todo lo que antes había poseído.
       Pues bien, la Iglesia, representada en Job, pide hoy a Dios que la purifique, ampare, salve y gobierne (Or.). Con el Salmista exclama: «Inclina, Señor, tus oídos y óyeme, porque soy pobre e indigente… (Int.).
       Luego con el Salmo del Ofertorio, y haciéndose eco del santo Job, dice también: «He esperado al Señor, y al fin me ha mirado y ha oído mi oración, y ha puesto en mis labios un cántico nue vo, el cántico de las almas cristianas resucitadas a la vida de la gracia. Por lo cual justo y » bueno es alabar al Señor y pregonar sus misericordias» (Of.). Él es verdaderamente un Dios grande y Rey grande sobre toda la tierra (Alel.).
      
    La Epístola refiérese enteramente a la vida sobrenatural, que el Espíritu Santo dió a las almas en las fiestas de pentecostés. «Si vivimos a impulsos del Espíritu Santo, obremos como movidos por Él «, siendo por lo mismo humildes, mansos y caritativos con los que pecan, máxime al considerar que nosotros mismos somos flacos, y tal vez más que ellos; razón por la cual S. Felipe Neri decía todos los días al Señor: » Señor, tenedme de vuestra mano; porque si no, capaz soy de haceros traición». Repasemos esa Epístola, porque en ella se encierran muchas y muy prácticas y saludabilísimas enseñanzas, análogas a las del Evangelio, que es hoy el de la resurrección del hijo de la viuda de Naín.
       Esa viuda representa a la santa Iglesia que llora también a tantos hijos suyos muertos, muertos a la vida de la gracia por el pecado. Pero viene el Verbo divino, viene Jesús, y adivinando sus ruegos, los resucita mediante la confesión sacramental; y para que no vuelvan a morir eternamente, deposita en sus mis mos cuerpos mortales un germen, una medicina de inmortalidad que les permita resucitar en el día postrero (Com.). 
       El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

    Introito. Ps 85, 1 y 2-3 

        INTROITUS – Inclina, Dómine, aurem tuam ad me, et exáudi me; salvum fac servum tuum, Deus meus, sperántem in te: miserére mihi, Dómine, quóniam ad te clamávi tota die. – Ps. Ibid. 4. Laetifica ánimam servi tui: quia ad te, Dómine, ánimam meam levávi.  V. Gloria Patri.    Introito – Inclina, Señor, tu oído a mis súplicas, y escúchame; salva, Dios mío, a tu siervo, que espera en Ti; ten piedad de mí, Señor, porque a Ti he clamado todo el día. – Ps. Alegra el alma de tu siervo; porque q Ti, Señor, tengo elevada mi alma. V. Gloria al Padre.

    Oración-Colecta

       ORATIO – Ecclésiam tuam, Dómine, miserátio continuáta mundet et múniat: et quia sine te non potest salva consístere; tuo semper múnere gubernétur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Filium tuum, qui tecum vivit et regnat.   R. Amen        Purifica, Señor, y fortalece a tu Iglesia con una continua misericordia; y ya que sin Ti no puede subsistir salva, haz que sea siempre gobernada por tu gracia. Por Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina.   R. Amen.

    Conmemoración

    Epístola

       El Padre eterno, fuente esencial de toda paternidad, nos regenera con la gracia del Espíritu Santo y nos comunica las riquezas de Jesucristo, elevándonos así hasta el conocimiento experimental de su sabiduría y de su caridad infinitas.

    EPISTOLALectio Epistolae beati Pauli Apostoli ad Gálatas (5, 25-26; 6, 1-10)  Fratres:  si spiritu vivimus spiritu et ambulemus. Non efficiamur inanis gloriae cupidi, invicem provocantes, invicem invidentes. Fratres et si praeoccupatus fuerit homo in aliquo delicto, vos qui spirituales estis huiusmodi instruite in spiritu lenitatis considerans te ipsum ne et tu tempteris. Alter alterius onera portate et sic adimplebitis legem Christi. Nam si quis existimat se aliquid esse cum sit nihil ipse se seducit. Opus autem suum probet unusquisque et sic in semet ipso tantum gloriam habebit et non in altero. Unusquisque enim onus suum portabit. Communicet autem is qui catecizatur verbo, ei, qui se catecizat, in omnibus bonis. Nolite errare Deus non inridetur. Quae enim seminaverit homo haec et metet. Quoniam qui seminat in carne sua, de carne et metet corruptionem qui autem seminat in spiritu, de spiritu metet vitam aeternam. Bonum autem facientes, non deficiamus: tempore enim suo metemus, non deficientes. Ergo dum tempus habemus operemur bonum ad omnes maxime autem ad domesticos fidei.    Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Gálatas:  – Hermanos:  Si vivimos  del Espíritu, dejémo nos también guiar por el Espíritu. No seamos ávidos de vanagloria, hostigándonos y envidiándonos mutuamente. Her manos, si alguno, como hombre que es incurriere en algún delito, vosotros que sois espirituales, amonestadle con espíritu de mansedumbre, y consideraos a vosotros mismos, para que no seáis también tentados(1). Sobrellevaos mutuamente, y así cumpliréis la Ley de Cristo. Porque si alguno cree ser algo, no siendo nada, él mismo se engaña. Mas, prueba cada cual obra, y así tendrá gloria sólo en sí mismo, y no en otro. Porque cada cual llevará su propia carga. Y el que es enseñado en la palabra de Dios, comunique en todos los bienes al que le enseña(2). N o os engañéis, Dios no puede ser burlado. Porque lo que el hombre sembrare, eso también cosechará. Y así, el que siembra en su carne, de la carne cosechará corrupción(3): mas, el que siembra en el Espíritu, el Espíritu cosechará la vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo recogeremos el fruto, si no desfallecemos. Y así, mientras tenemos tiempo, hagamos bien a todos, y mayormente a aquellos que por la fe son de nuestra misma familia.  
        GRADUALE (Ps. 91 ) Bonum est confitéri Dómino: et psállere nómini tuo, Altíssime. V. Ad anuntiándum mane misericordiam tuam, et veritátem tuam per noctem.Alleluia, alleluia. V.(Ps. 94) – Quóniam Deus magnus dóminus, et rex terram, Alleluia. V.     Gradual – Bueno es alabar al Señor, y cantar salmos a tu Nombre, oh Altísimo. Celebrando por la mañana tu misericordia, y tu verdad por la noche. 
       Aleluya, aleluya – V. Porque el Señor es Dios grande, y Rey grande sobre da la tierra.  Aleluya. 

    Evangelio

          Las lágrimas de la madre-Iglesia, simbolizadas en las de la pobre viuda de Naín, obtienen de Dios todos los días la resurrección de numerosos hijos, muertos por el pecado, a la vida sobrenatural de la gracia.

    USequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam ( 7, 11-16)

       In illo témpore: Ibat Jesus in civitatem quae vocatur Naim: et ibant cum illo discipuli eius et turba copiosa. Cum autem adpropinquaret portae civitatis et ecce defunctus efferebatur filius unicus matri suae et haec vidua erat et turba civitatis multa cum illa. Quam cum vidisset Dominus misericordia motus super ea dixit illi noli flere. Et accessit et tetigit loculum hii autem qui portabant steterunt et ait adulescens tibi dico surge. Et resedit qui erat mortuus et coepit loqui et dedit illum matri suae. Accepit autem omnes timor et magnificabant Deum dicentes quia propheta magnus surrexit in nobis et quia Deus visitavit plebem suam 

    Credo.

      U Continuación del Santo Evangelio según San Lucas – En aquel tiempo:   Iba Jesús a una ciudad llamada Naín he iban con Él sus discípulos  y una gran muchedumbre. Y cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda, e iba con ella gran acompañamiento de gente de ciudad. Luego que la vio el Señor, movido a compasión por ella, le dijo: «N o llores. Y acercóse, y tocó el féretro. Y los que lo llevaban se detuvieron. Dijo entonces: «Mancebo, a ti te digo, levántate.» Y se sentó el que había estado muerto, y comenzó a hablar. Y le entregó a su madre. Con esto, sobrecogióles a todos gran miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros C y «Dios ha visitado a su pueblo».    Credo.

        OFFERTORIUM Expéntans expectávi Dóminum, et respéxit me: et exaudivit deprecatiónem meam, et immísit in os meum cánticum novum, hymnum Deo nostro.    Ofertorio –  Con paciencia, aguardando estuve al Señor, y volvió a mí su mirada, y oyó mi ruego puso en mi boca un cántico nuevo: un himno en loor de Nuestro Dios.

        Tua nos, Dómine, sacraménta custódiant: en contra diabólicos semper tueántur incúrsus. Per Dominum nostrum.     Señor, que tus Sacramentos nos guarden, y nos defiendan siempre contra las asechanzas del demonio. Nuestro Señor Jesucristo, etc.  

    Oración-Secreta

    Conmemoración

    Prefacio de la Santísima Trinidad

        Vere dignum et justum ets aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui cumm unigenito  Filio tuo, et Spiritu Sancto, unus es Deus, unus es Dominus: non in unius singularitate personae, sed in unius Trinitate substantiae. Quod enim de tua gloria, revelante te, credimus, hoc de Filio tuo, hoc de Spiritu Sancto, sine differentia discretionis sentimus. Ut in confessione verae, sempiternaeque Deitatis, et in personis Proprietas, et in essentia unitas, et in majestate adoretur aequalitas. Quam laudat Angeli atque Arcangeli, Cherubim quoque ac Sraphim: qui non cessant clamare quotidie, una voce dicentes:   Sanctus, Sanctus, Sanctus…

     

     

       Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro:: Santo, Santo, Santo, etc.

       COMMUNIO  Panis, quem ego dédero, caro mea est pro saeculi vita.
       Comunión. – El pan que yo daré es mi carne, que servirá para la vida del mundo.

         Mentes nostras et corpora possideat, quaesumus, Dómine, doni caelestis operátio: ut non noster sensus in nobis, sed júgiter ejus praevéniat efféctus. Per Dóminum.    Haz, Señor, que la virtud del don celestial, santifique nuestras almas y nuestros cuerpos: para que no sea nuestra naturaleza la que mande en nosotros, sino la gracia de este Scramento. Por Jesucristo Nuestro Señor 

    Oración-Postcomunión

     Conmemoración

     

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/index

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    13 de Septiembre

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    12 de Septiembre

  • El Dulce Nombre de María
  • San Sacerdos, Obispo y Confesor
  • San Guy, Guido o Guidón de Anderlecht, Sacristán
  • San Curonoto de Cogni, Obispo y Mártir
  • Beata Victoria Fornari Strata, Fundadora
  • Beato Juvenco, Presbítero
  • Beato Tomás del Espíritu Santo, Mártir
  • Hoy es el Desayuno-Conferencia

    La Perfección de la Mujer

    9:00 a.m.

    Restaurante la Escondida

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    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    11 de Septiembre

  • Santos Proto y Jacinto, Mártires
  • San Pafnucio, Obispo y Confesor
  • San Bodo, Obispo
  • Santa Teodora de Alejandría, Penitente
  • San Paciente, Obispo de Lyón
  • San Daniel, Obispo
  • San Pedro de Chavanon, Monje
  • San Adelfo, Abad
  • Santa Vinciana, Virgen
  • Beato Luis de Turingia, Príncipe

  • Beato Buenaventura de Barcelona

  • Beatos Mártires de los Carmelitas
  • Beato Juan Gabriel Perboyre, Mártir
  • ¡Hoy Jueves, no te pierdas el programa!

    ¡Gracias a Dios, podremos seguir escuchando éste Excelente Programa!

    ¡Gracias a Dios, podremos seguir escuchando éste Excelente Programa!

    En la sección BLOGROLL que se encuentra del lado derecho de este blog, se encuentra el enlace a la página de las RELIGIOSAS ECUMÉNICAS DE GUADALUPE.

    Falta un día

    ¡Asíste, Instrúyete y Apoya!

    ¡Asíste, Instrúyete y Apoya!

    “Adopten espiritualmente a un sacerdote”, pide Arzobispo de Tijuana

     
    Recordó que el Santo Padre Benedicto XVI nombró al Año Sacerdotal por los 150 años de fallecido del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes, en especial por los párrocos.
    Recordó que el Santo Padre Benedicto XVI nombró al Año Sacerdotal por los 150 años de fallecido del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes, en especial por los párrocos.

    Eucaristía de apertura del Año Sacerdotal en Tijuana

    “…para tenerlo siempre en el corazón y en la mente para orar por él en este año particularmente, orando por todos, pero por uno en especial. Hacer este llamado de atención a la Iglesia de orar por nosotros”: Arzobispo Rafael Romo.

    Lucina Reyes Chávez
    Tijuana, B. C.

     

    Adoptar espiritualmente a un sacerdote es la propuesta que ha lanzado el Excelentísimo Señor Arzobispo Metropolitano, Don Rafael Romo Muñoz, durante la Eucaristía de apertura del Año Sacerdotal celebrada a las 11:00 de la mañana el martes 4 de agosto, día de San Juan María Vianney, en el Santuario Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

    “Es una oportunidad importante para nosotros mismos como sacerdotes, que nos revitalice. De hecho en la celebración que tenemos año tras año en la Semana Santa, en la Misa de óleos, las promesas sacerdotales ya es un signo muy importante para nosotros mismos. Esta oportunidad hace también a nuestros fieles que se sensibilicen en torno a la figura del sacerdote. De esa manera estamos puestos en la mente y en el corazón de nuestros fieles. De hecho hay en algunos lugares la iniciativa de poder como adoptar a un sacerdote para tenerlo siempre en el corazón y en la mente para orar por él en este año particularmente, orando por todos, pero por uno en especial. Hacer este llamado de atención a la Iglesia de orar por nosotros”, comentó el Arzobispo.

    Recordó que el Santo Padre Benedicto XVI nombró al Año Sacerdotal por los 150 años de fallecido del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes, en especial por los párrocos. Con este motivo hace un llamado de atención a la Iglesia para orar por todos los sacerdotes.
    Mencionó el Arzobispo que el sacerdote tiene una presencia muy importante en la comunidad, ya que si el ministro es realmente activo el pueblo se vuelve activo. Ejemplificó el caso del Santo Cura de Ars, quien fue enviado a este pueblo donde había menos de mil personas y pidió el apoyo a Dios para la conversión de sus fieles. Así como San Francisco de Sales, quien decía que por un solo católico él se sentía responsable de su evangelización.

    “La responsabilidad de quien ve lo que realmente significa el servir a su comunidad entiende bien su llamado”, enfatizó Monseñor Romo Muñoz.
    Sobre el número de jóvenes interesados a ingresar al Seminario Diocesano de Tijuana dijo que es preocupante, ya que son pocos lo que desean ingresar. Los de nivel preparatoria es un poco mayor, pero los de nivel universitario son muy escasos los muchachos.

    Por eso exhortó a los sacerdotes a ser los principales promotores de las vocaciones sacerdotales y vida consagrada con su propio testimonio de alegría, entusiasmo, y con la promoción porque es necesario presentarles esta opción de vida ya que no es una profesión ni modo de vivir.
    Los invitó además a entrelazar este Año Sacerdotal con la Misión Continental porque el objetivo es fortalecer la fe de quienes están cerca de los consagrados, de los laicos comprometidos, y la búsqueda de los alejados.

    “Fortaleciendo nuestra pastoral sacerdotal seremos también instrumentos dóciles. Por eso hay que ponernos en las manos del Señor tanto para el discipulado como para la misión. Se nos invita a que estemos en sincronía y en sintonía con toda América Latina”, resaltó el Arzobispo.

    Uno de los proyectos que comentó es establecer una institución para la formación de misioneros laicos, donde participen los jóvenes de los diferentes grupos juveniles y movimientos apostólicos.

    Finalmente encomendó a todos los sacerdotes a la Virgen María para continuar su ministerio sacerdotal. Y bendijo a Dios por esta vocación que les dio.

     

    Semanario Presencia No.1138 del 9 al 15 de Agosto de 2009 Semanario Presencia No.1138 del 9 al 15 de Agosto de 2009

    Tomado de: http://sempresencia.info/

    San Nicolás de Tolentino

    Patrono de las almas del purgatorio, predicador.

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    (1235 -1305)

    Fiesta: 10 de Septiembre

    Nació en 1235 en la aldea de San Ángelo en Marca de Ancona, siendo el primogénito de la familia. Siendo niño se une a los eremitas agustinos.
    Fue ordenado sacerdote. Tras 30 años de vida pastoral, muere el 10 de septiembre de 1305.

    Sobre su tumba se erigió una basílica donde se siguieron realizando milagros.

    En el cuarentavo año después de su muerte, su cuerpo incorrupto fue expuesto a los fieles. Durante esta exhibición los brazos del santo fueron removidos, por un hermano lego separó secretamente los brazos de la reliquia y así se inició una serie de extraordinarios derramamientos de sangre que fueron presenciados y documentados. Fué encontrado y seriamente reprendido cuando un copioso flujo de sangre delató el acto sacrílego, suceso que fue aceptado como milagroso por el Papa Benedicto XIV

     

    El Cuerpo Incorrupto de San Nicolás de Tolentino El Cuerpo Incorrupto de San Nicolás de Tolentino

    El santuario no tiene pruebas documentadas respecto a la identidad del individuo que le amputó los brazos al santo, aunque la leyenda se ha apropiado del reporte de que un monje alemán, Teodoro, fue quien lo hizo; pretendiendo llevárselos como reliquias a su país natal. Sin embargo, sí se sabe con certeza que un flujo de sangre fue la señal del hecho y fue lo que provocó su captura. Un siglo después, durante el reconocimiento de las reliquias, encontraron los huesos del santo, pero los brazos amputados se hallaban completamente intactos y empapados en sangre. Estos fueron colocados en hermosas cajas de plata, cada uno se componía de un antebrazo y una mano.

     

    Sus restos se conservan en la Basílica de San Nicolás, en Tolentino (Italia), y se rinde culto especial en lugares como Adra (Almería), Tortuera (Guadalajara) o Cas Concos (Baleares).

    SAN NICOLÁS DE TOLENTINO, Confesor

    Nicolás de Tolentino, Santo
    Presbítero, 10 de septiembre
    Patrono de las almas del purgatorio
    “Veo a mi Señor Jesucristo, a su Madre y a San Agustín que me dicen: Muy bien, siervo bueno y fiel”.

    “Veo a mi Señor Jesucristo, a su Madre y a San Agustín que me dicen: Muy bien, siervo bueno y fiel”.

    San Nicolás de Tolentino nació en Castel Sant´ Angelo, el actual Sant´ Angelo in Pontano, en 1245, y murió en Tolentino el 10 de septiembre de 1305.

    Fray Pedro de Monte Rubiano, su biógrafo, nos cuenta que su vida estuvo entretejida de singularísimas experiencias místicas y de hechos prodigiosos, confirmados en el proceso de canonización, que se abrió a los veinte años de su muerte y concluyó en 1446. En ese proceso fueron declarados auténticos 301 milagros.

    A San Nicolás de Tolentino lo invocan los que sufren injusticias, o están en peligro de perder la vida o la libertad, y también se lo invoca como protector de la maternidad y la infancia, de las almas del purgatorio, de la buena muerte, y hasta contra los incendios y las epidemias.

    Fue asceta, austero pero no excéntrico, riguroso consigo mismo, pero dulce y atento con todos. En 1256 entró donde los agustinos y se ordenó en 1269 en Cingoli; durante seis años peregrinó por varias ciudades y después fijó su residencia en Tolentino en donde ejerció su apostolado sobre todo en el confesionario. Su santificación personal maduró en la sombra, haciendo fructificar los recursos espirituales que le brindaba la vida religiosa: la obediencia incondicional, el absoluto desapego de los bienes terrenales y la profunda modestia. Así se santificó, y al final de su vida pudo exclamar: “Veo a mi Señor Jesucristo, a su Madre y a San Agustín que me dicen: Muy bien, siervo bueno y fiel”.

    Aunque no se notaba exteriormente la penitencia a la que se sometía, sabemos por el testimonio de sus cohermanos que cuatro días a la semana su alimento consistía en sólo pan y agua, y los otros tres días no tocaba alimentos sustanciosos como carne, huevos, o fruta. No dormía sino tres o cuatro horas y el resto lo dedicaba a la oración.

    Después de largas horas que pasaba en el confesionario, se dedicaba a visitar a los pobres, a los que les llevaba, con el permiso de sus superiores, ayudas materiales en los casos más urgentes. Los prodigios que hizo en vida y sobre todo después de la muerte tenían la finalidad de aliviar las miserias humanas.

    Cuarenta años después de su muerte, fue encontrado su cuerpo incorrupto. En esa ocasión se le quitaron los brazos y de la herida salió bastante sangre. De esos brazos, conservados en relicarios de plata desde el siglo XV, ha salido periódicamente mucha sangre. Esto contribuyó a la difusión de su culto en toda Europa y en América.

    10 de septiembre

    SAN NICOLÁS DE TOLENTINO,  
    Confesor

    He aprendido a estar contento con lo que tengo, sé vivir en pobreza y sé vivir en abundancia:todo lo he probado y estoy ya hecho a todo. (Filipenses, 4, 11-12).

    He aprendido a estar contento con lo que tengo, sé vivir en pobreza y sé vivir en abundancia:todo lo he probado y estoy ya hecho a todo. (Filipenses, 4, 11-12).

    San Nicolás vivió mucho tiempo en Tolentino, ciudad de Italia, y la ilustró con su muerte. A pesar de sus increíbles austeridades en la Orden de los Ermitaños de San Agustín, siempre tenía la sonrisa en los labios. Seis meses antes de su muerte, oía todas las noches los conciertos de los ángeles. Medita tres hermosas palabras de este santo: «El corazón que una vez gustó de Dios, ya nada encuentra en la tierra que le plazca; no hay que amar la vida, sino porque nos conduce a la muerte; en poco tiempo podemos ganar la eternidad». Murió en 1315, a los 70 años de edad.

    MEDITACIÓN – TRES CONSEJOS PARA VIVIR
    FELIZ CADA CUAL EN SU ESTADO

       I. Vive feliz y contento en la posición en que Dios te ha colocado. No seas de aquellos que se ingenian en hacerse desgraciados, sea exagerando los males que les acaecen, sea comparando sus desventuras imaginarias con la aparente felicidad de los demás. Dios te ha puesto en este estado, permanece en él, vive en él contento y alegre, Dios lo quiere. Salom6n ha dicho con razón: He reconocido que nada mejor había que alegrarse y hacer el bien durante nuestra vida.

       II. Conténtate con la fortuna y talentos naturales que Dios te ha dado, y no desees más. Dios sabe lo que has menester; acaso te habrías condenado si tuvieses más ingenio, más salud o más bienes materiales. La dicha no reside ni en la ciencia, ni en la opulencia ni en los otros bienes de este mundo; existe en la posesión de Dios. No son las riquezas las que hacen feliz, sino Dios, que es la verdadera riqueza de nuestras almas. (San Agustín).

       III. Conténtate también con los bienes que hayas recibido en el orden de la gracia, y no te atormentes inútilmente en desearlos mayores. Emplea como es debido los favores que te acuerda Dios, y los talentos que te ha confiado; no pide otra cosa de ti. Piensa, para suavizar; tus sufrimientos, que has merecido el infierno por tus pecados, y llora continuamente los desórdenes de tu vida pasada. La verdadera compunción atrae la gracia y produce el gozo del alma, y las lágrimas de la penitencia son inmensamente más dulces que los goces de los pecadores.

    La conformidad con la voluntad de Dios – Orad
    por los afligidos.

    ORACIÓN

       Señor, escuchad favorablemente las humildes súplicas que os dirigimos en la solemnidad de vuestro confesor San Nicolás de Tolentino, a fin de que, no poniendo nuestra confianza en nuestra justicia, seamos socorridos por los ruegos de aquél que os fue agradable. Por J. C. N. S. Amén.

    Tomado de:http://misa_tridentina.t35.com/index

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    10 de Septiembre

  • San Nicolás de Tolentino, Confesor
  • San Pedro Mezonzo, Obispo y Confesor
  • San Auberto, Obispo de Avranches
  • San Nemesiano y Compañeros, Mártires
  • Santa Pulqueria, Virgen
  • San Teodardo, Obispo de Maestricht
  • San Salvio, Obispo de Albi
  • Mártires de Japón III
  • Beato Apolinar Franco, Mártir en Japón
  • Beato Francisco de Buenaventura, Mártir en Japón
  • Beato Pablo de Santa Clara, Mártir en Japón
  • Beato Vicente de San José, Mártir en Japón
  • Beato Ricardo de Santa Ana, Mártir en Japón
  • Beato Carlos Spinola, Mártir en Japón
  • Beata Lucía de Freitas, Mártir en Japón
  • Beata Inés Takeya, Mártir en Japón
  • Faltan 2 días

    Para el Desayuno-Conferencia en Tijuana

    ¡Asíste, Instrúyete y Apoya!

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    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    9 de Septiembre

  • Nuestra Señora de Aránzazu, Patrona de Guipúzcoa (España)
  • San Gorgonio, Mártir 
  • San Pedro Claver, Confesor
  • Santa María de la Cabeza, Viuda
  • San Kiriano o Querian, Abad de Clonmacnois 
  • San Isaac o Sahac I, Katholikós de los Armenios 
  • San Audrómaro o Audemaro u Omer, Obispo de Thérouanne 
  • Beata Serafina Sforza, Penitente

  • Beata Luisa de Saboya, Viuda
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    ¡Deo Gratias!

    «La Gloria de Dios y la Salvación de las Almas»

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    La Natividad de la Santísima Virgen María

    María nacida de estirpe real resplandece hoy; y por sus plegarias pedimos con toda la devoción de nuestra alma y de nuestro corazón ser ayudados. (Vísperas del día)

    María nacida de estirpe real resplandece hoy; y por sus plegarias pedimos con toda la devoción de nuestra alma y de nuestro corazón ser ayudados. (Vísperas del día)

    FIESTA DE LA NATIVIDAD DE LA SMA. VIRGEN

    Entonces me dio orden el Creador del universo, el que me creó dio reposo a mi tienda y me dijo: "Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad de Israel". Eclo. 24:8

    Entonces me dio orden el Creador del universo, el que me creó dio reposo a mi tienda y me dijo: "Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad de Israel". Eclo. 24:8

    8 de septiembre

    NATIVIDAD DE LA
    SANTÍSIMA VIRGEN
    MARÍA

    Bienaventurado el seno que llevó a Jesús,y los pechos que lo alimentaron (San Lucas, 11, 27).

    Bienaventurado el seno que llevó a Jesús,y los pechos que lo alimentaron (San Lucas, 11, 27).

     

    Las plegarias y las lágrimas de San Ana le merecieron, después de veinte años de esterilidad, la gloria de dar al mundo a la Bienaventurada Virgen María. He aquí la aurora mensajera del Sol de justicia: demonios, retiraos al infierno; ángeles, regocijaos: pronto los justos ocuparán los lugares abandonados por los ángeles rebeldes. Hombres, triunfad: María ha nacido para ser la Madre de Dios que será vuestro Hermano y vuestro Redentor. Almas santas que gemís en el limbo, consolaos: la puerta de vuestra prisi6n muy pronto será abierta por el Hijo de la que acaba de nacer.

      MEDITACIÓN SOBRE LA NATIVIDAD DE MARÍA

       I. Considera las mercedes con que Dios honra a María el día de su dichoso nacimiento. El Padre eterno, que la consideraba como Hija suya, le dio el nombre de María; la hizo Soberana del cielo y de la tierra, Reina de los ángeles y de los hombres. El Verbo eterno la eligi6 para ser su Madre; dióle a todos los hombres como hijos adoptivos, con pleno poder para acordar la gloria eterna a los que la sirvan fielmente. El Espíritu Santo colmó de gracias a su divina Esposa. Regocíjate con Maña por todos estos favores.

       II. Maña responde a los beneficios del Señor con los sentimientos del más vivo agradecimiento. Dotada, desde su primer instante, del uso de razón, se sirve de ella para adorar al Padre eterno: se humilla a la vista del honor que el Verbo encarnado le hace al elegirla por Madre suya: ofrece su corazón por un acto de amor al Espíritu Santo, su divino Esposo. Haz tú, por lo menos hoy, lo que hizo Maña en el día de su Natividad. Adora al Padre eterno, humíllate delante de Jesús, da tu corazón al Espíritu Santo.

       III. ¿Qué harás tú para honrar a Maña en el día de su Natividad? Respétala, porque es todopoderosa en el cielo y en la tierra. Ámala, porque es la Madre de Jesucristo, y la nuestra por adopción. Ten confianza en Ella, porque es la Madre de los predestinados. Sé su fiel y constante servidor, como fue Ella la constante y fiel Esposa del Espíritu Santo. Imita, durante tu vida, lo que Ella hizo el día de su nacimiento. En medio de las olas del siglo, debemos refugiarnos junto a María y regular nuestra vida según sus ejemplos. (San Epifanio).

    La devoción a la Santísima Virgen – Orad
    por las congregaciones de la Santísima Virgen.

    ORACIÓN

       Dignaos, Señor, conceder a vuestros servidores el don de la gracia celestial, a fin de que la solemnidad del Nacimiento de la Virgen Bienaventurada, cuyo alumbramiento ha sido para nosotros el principio de la Salvaci6n, nos obtenga un acrecentamiento de paz. Por J. C. N. S. Amén.

    SOBRE LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN:

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/index

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    8 de Septiembre

  • Natividad de la Santísima Virgen María
  • Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba
  • Nuestra  Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela
  • Nuestra Señora de Covadonga, Patrona de Asturias (España)
  • Nuestra Señora de la Peña de Francia
  • San Sergio I, Papa
  • Santos Adrián y Compañeros, Mártires
  • Santa Natalia, Viuda 
  • Santa Ricarda, Viuda 
  • Beato Alano de la Roche, Fraile Dominico
  • San Corbiniano, Obispo
  • Santos Eusebio, Nestabo, Zenón y Néstor, Mártires 
  • San Disibodo, Obispo y Confesor
  • Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    7 de Septiembre

  • Nuestra Señora de la Almudena, Patrona de Madrid
  • Santa Regina o Reina, Virgen y Mártir
  • San Clodaldo, Abad
  • San Sozonte, Mártir
  • San Anastasio el Batanero, Mártir
  • San Juan de Nicomedia, Mártir
  • Santos Alcmundo y Tilberto, Obispos de Hexham
  • Beatos Marcos, Esteban y Melchor, Mártires
  • Beatos Juan Duckett y Rafael Corby, Mártires
  • Santa Misa Dominical

    DOMINGO 14º DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

    ( Doble – Ornamentos verdes )

    _dom_14

    Las lecturas del Breviario están  sacadas, o bien del libro santo del Eclesiástico, si el domingo cae dentro del mes de agosto, o del libro de Job, si por el contrario cae en septiembre.
       Comentando S. Gregorio el libro de Job, dice: «Hay hombres que se tiran alocados a los bienes deleznables, ignorando que existen los eternos o no haciendo aprecio alguno de ellos… Crea dos para contemplar la luz de la verdad, no elevan jamás hasta ella los ojos del alma, jamás tienen un deseo, jamás intentan un vuelo hacia la contemplación de la patria perdurable. Abandónanse a los placeres en que se hallan engolfados, y aman, cual si fuera su patria, el triste lugar del destierro. En el abismo de las tinieblas están tan alegres como si una radiante luz los alumbrara.
       Los elegidos, por el contrario, no teniendo para ellos los bienes transitorios valor alguno, buscan aquellos para los cuales sus almas fueron criadas. Aprisionados en este mundo por las ataduras de la carne, procuran remontarse por encima de este mundo y toman la saludable resolución de despreciar lo que pasa con el tiempo y de suspirar por las cosas que perduran.
       A Job nos le presenta la Sagrada Escritura como tipo despegado de los bienes de la tierra. «Job sufrió con paciencia y dijo: Si hemos recibido los dones de Dios ¿por qué no recibiremos también los males? El Señor me dio estos bienes, Él me los ha quitado; sea el nombre del Señor bendito. »
       La misa de este día hállase embebida en los mismos pensamientos. El Espíritu Santo, cuyas abundantes efusiones recayeron sobre la Iglesia en las fiestas de Pentecostés, formó en nosotros un hombre nuevo, que se opone a las manifestaciones del hombre viejo, o sea, a la concupiscencia de la carne y la busca de riquezas.
       El Espíritu de Dios es espíritu de libertad, pues nos hace hijos de Dios nuestro Padre y hermanos de Cristo nuestro Señor. Mas para llegar a redimirnos y alcanzar esa envidiable libertad de los hijos de Dios, para llegar a ser hermanos de Cristo, preciso es crucificar la carne juntamente con sus vicios y concupiscencias, y esclavizar a esa carne que guerrea contra el espíritu (Ep.).
       Esos son los dos señores principales que se disputan la posesión y el servicio del hombre; y sin embargo, ya nos dice Jesús en el Evangelio de hoy, que no podemos servir a la vez a dos señores, porque, de intentarlo, no tendríamos contento a ninguno de ellos. Además, no hay lugar a vacilación cuando se trata de escoger un señor a quien servir. Porque a la carne nada le debemos, sino sucias manchas que nos afean y avergüenzan. Nada debemos al mundo, sino ocasiones de traspiés e incitaciones al mal; nada finalmente al demonio. Por eso, nadie ama al demonio, aunque se le soporta con gusto. Nadie tampoco odia a Dios, pero sí se le desprecia, o sea, que no se le teme como quien está seguro de su bondad, olvidando que la paciencia de Dios nos convida a penitencia (Eccli. 6, 6) lejos de animarnos a permanecer encharcados en el mal(*). (Noct. 3º).
      
    Dios y sólo Dios es nuestro Amo. Él tiene exclusivo derecho a nuestro dominio, a nuestros servicios, derecho de creación y derecho de conquista, pues tuvo a bien rescatarnos del poder de Satanás con muy subido precio».
       Así, busquemos ante todo servir a Dios con todas veras, porque se lo debemos en estricta justicia y además nos irá bien en su santo servicio. Es buen pagador, al revés del mundo, del demonio y de la carne, los cuales, tras de prometer mucho, dan poco, y aun eso, aguado con mil hieles de pesares y zozobras.
       Busquemos en todo y siempre el reino de Dios y su justicia (Ev., Com.), o sea, su mayor gloria; que lo demás ya vendrá con esto, porque nada falta a los que le temen, y «a ningún justo se le ha visto abandonado». Cifremos en Él nuestra esperanza (Gr.), pues Él es nuestro protector (Int.) y hasta envía a su Ángel para librar a los que le sirven (0f.). El es quien conserva nuestra flaca naturaleza, que sin su ayuda, forzosamente había de sucumbir (Or.).
      
    Preocupémonos ante todo de servir a Dios. Cualquiera otra inquietud sería injuriosa para nuestro Padre celestial, el cual nos ama: «Ipse Parer amat vos«, nos ama como a hijos carísimos; por lo cual no puede consentir que nos falte lo necesario aun para la vida del cuerpo, en comida ni en vestido, pues no falta a los mismos animalitos, sin embargo de valer harto menor que nosotros.
       El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses

    Introito. Ps 83, 10-11 

        INTROITUS – Protector noster, aspice, Deus, et réspice in fáciem Christi tui: quia mélior est dies una in átriis tuis super míllia. – Quam dilecta tabernácula tua, Dómine, virtútum! concupiscit, et déficit ánima mea in átria Dómini.  V. Gloria Patri.    Introito – Vuélvete, oh Dios, Protector nuestro, míranos: y mira también el rostro de tu Cristo(1): porque mejor es un día pasado en tu casa, que millares fuera de ella. Ps. ¡Cuán amables son tus moradas, Señor de los poderíos! Mi alma suspira, y desfallece por estar en los atrios del Señor. V. Gloria al Padre.

    Oración-Colecta

       ORATIO – Custódi, Dómine, quaésumus, Ecclésiam tuam propitiatióne perpétua: et quia sine te hábitur humána mortálitas; tuis semper auxiliis et abstrahátur a noxiis, et ad salutária dirigátur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Filium tuum, qui tecum vivit et regnat.   R. Amen        Rogámoste, Señor, guardes siempre misericordiosamente a tu Iglesia: y pues, sin Ti, no puede sostenerse la humana naturaleza mortal, haz que tus auxilios la preserven siempre de lo nocivo, y la dirijan a lo saludable. Por Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina.   R. Amen.

    Conmemoración

    Epístola

       La ley es un freno contra los malos instintos del hombre, en quien se  agitan dos corrientes contrarias entre sí: la de la carne y la del espíritu. Según que uno se deje guiar por la carne o por el espíritu, las obras serán buenas o malas, y la recompensa final será el Cielo o el infierno. ¡Alerta pues!

    EPISTOLALectio Epistolae beati Pauli Apostoli ad Gálatas (5, 16-24)  Fratres:  spiritu ambulate et desiderium carnis non perficietis. Caro enim concupiscit adversus spiritum: spiritus autem adversus carnem haec enim invicem adversantur ut non quaecumque vultis, illa faciatis. Quod si spiritu ducimini non estis sub lege. Manifesta autem sunt opera carnis quae sunt fornicatio,  inmunditia luxuria, idolorum servitus veneficia inimicitiae contentiones aemulationes irae rixae dissensiones sectae 
    invidiae homicidia ebrietates comesationes et his similia quae praedico vobis sicut praedixi quoniam qui talia agunt regnum Dei non consequentur. Fructus autem Spiritus est caritas gaudium pax longanimitas bonitas benignitas, fides modestia continentia adversus huiusmodi non est lex qui autem sunt Christi carnem crucifixerunt cum vitiis et concupiscentiis. 
     

     

     

       Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Gálatas:  – Hermanos: Vivid según el espíritu, y no satisfagáis los apetitos de la carne. Porque la carne tiene deseos contrarios a los del espíritu, y el espíritu los tiene contrarios los de la carne; siendo entre sí opuestos, lo cual, no hacéis todo aquello que queréis. Que si sois conducidos por el espíritu, no estáis bajo la ley. Manifiestas son las obras de la carne; son el adulterio, fornicación, deshonestidad, lujuria, el culto de ídolos, hechicerías, enemistades, pleitos, enojos, celos, riñas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, embriagueces, glotonerías, y cosas parecidas; sobre lo cual os prevengo, como ya tengo dicho, que los que tales cosas hacen, no alcanzarán el reino de Dios. Al contrario, los frutos del Espíritu son: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, modestia, fe, continencia, castidad. Para los que viven de esta suerte, no hay ley que sea contra ellos. Pero los que son de Cristo, tienen crucificada su propia carne con sus  vicios y concupiscencias(2).  
        GRADUALE (Ps. 33 ) Bonum est confidere in Dómino, quam confidere in hómine. V.Bonum est speráre in Dómino, quam speráre in Dómino, quam speráre in princibus. Alleluia, alleluia. V.(Ps. 94, 1) – Venite, exsultemus Domino, jubilámus Deo salutári nostro, Alleluia.    Gradual – Mejor es confiar en el Señor, que confiar en el hombre.  V. Mejor es esperar en el Señor, que esperar en los príncipes.
    Aleluya, aleluya – V. 
    Venid, regocijémonos en el Señor; cantemos alegres a Dios, Salvador nuestro. Aleluya. 

    Evangelio

          El cristiano debe ser un hombre entero y enemigo declarado de las medias tintas, cuando se trata de proceder según conciencia: no puede estar con Dios y contra Dios, con la Iglesia y contra la Iglesia, con el mundo y contra el mundo. Si se echa confiado en los brazos de la divina Providencia, ella cuidará de él, mientras sea fiel a sus deberes y busque ante todo la gloria de Dios.

    USequéntia sancti Evangélii secúndum Mathaeum ( 6, 24-33)

       In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis:nemo potest duobus dominis servire aut enim unum odio habebit et alterum diliget aut unum sustinebit et alterum contemnet non potestis Deo servire et mamonae. Ideo dico vobis ne solliciti sitis animae vestrae quid manducetis neque corpori vestro quid induamini nonne anima plus est quam esca et corpus plus est quam vestimentum. Respicite volatilia caeli quoniam non serunt neque metunt neque congregant in horrea et Pater vester caelestis pascit illa nonne vos magis pluris estis illis. Quis autem vestrum cogitans potest adicere ad staturam suam cubitum unum. Et de vestimento quid solliciti estis considerate lilia agri quomodo crescunt non laborant nec nent. Dico autem vobis quoniam nec Salomon in omni gloria sua coopertus est sicut unum ex istis. Si autem faenum agri quod hodie est et cras in clibanum mittitur Deus sic vestit quanto magis vos minimae fidei. Nolite ergo solliciti esse dicentes quid manducabimus aut quid bibemus aut quo operiemur  Haec enim omnia gentes inquirunt scit enim Pater vester quia his omnibus indigetis. Quaerite autem primum regnum et iustitiam eius et omnia haec adicientur vobis.


    Credo.

      U Continuación del Santo Evangelio según San Lucas – En aquel tiempo:   Jesús a sus discípulos: Nadie puede servir a dos señores: porque, o aborrecerá al uno, y amará al otro o al uno sufrirá, y al otro despreciará. No podéis servir a Dios, y a las riquezas. Por tanto, os digo: no os inquietéis por hallar que comer pata sustentar vuestra vida, o por los vestidos para vuestro cuerpo. ¿No es más el alma que la comida, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo como no siembran, ni siegan, ni tienen graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. Pues, ¿no valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros, a fuerza de discurrir, puede añadir un codo a su estatura?(3) ¿Y por qué andáis solícitos por el vestido? Considerad como crecen los lirios del campo: ellos no trabajan, ni hilan. Y sin embargo, yo os digo, que ni Salomón, en el apogeo de gloria, llegó a vestirse como uno de estos lirios. Pues, si el heno del campo, que hoy es, y mañana es echado al horno, así viste, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? No os preocupéis, pues, diciendo: «¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos cubriremos?» porque los gentiles se afanan por estas cosas. Ya sabe vuestro Padre que habéis menester de todas ellas. Buscad, pues, primeramente(4) el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas se os darán por añadidura. Credo.

        OFFERTORIUM Immíttet Angelus Dómini in circúitu timéntium eum, et erípiet eos: gustáte, et vidéte quóniam suávis est Dóminus.     Ofertorio –  Asistirá el Ángel del Señor alrededor de los que le temen, y los librará: ¡gustad, y ved cuán suave es el Señor! 

    Oración-Secreta

        Concéde nobis, Dómine, quaésumus, ut haec hóstia salutáris, et nostrórum fiat purgátio delictórum, et tuae propitiátio potestátis. Per Dominum nostrum.     Rogámoste, Señor, nos concedas que esta hostia saludable nos purifique de nuestros pecados, y atraiga sobre nosotros el favor de tu potestad. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.  

    Conmemoración

    Prefacio de la Santísima Trinidad

        Vere dignum et justum ets aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui cumm unigenito  Filio tuo, et Spiritu Sancto, unus es Deus, unus es Dominus: non in unius singularitate personae, sed in unius Trinitate substantiae. Quod enim de tua gloria, revelante te, credimus, hoc de Filio tuo, hoc de Spiritu Sancto, sine differentia discretionis sentimus. Ut in confessione verae, sempiternaeque Deitatis, et in personis Proprietas, et in essentia unitas, et in majestate adoretur aequalitas. Quam laudat Angeli atque Arcangeli, Cherubim quoque ac Sraphim: qui non cessant clamare quotidie, una voce dicentes:   Sanctus, Sanctus, Sanctus…

     

     

       Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro:: Santo, Santo, Santo, etc.

       COMMUNIO  Primum quáerite regnum Dei, et ómnia adjiciéntur vobis, dicit Dóminus. 
       Comunión. – Buscad primero el reino de Dios, y todo lo demás se os dará por añadidura, lo dice el Señor 

    Oración-Postcomunión

         Puríficent semper et múniant tua sacraménta nos, Deus: et ad perpétuae ducant salvatiónis efféctum. Per Dóminum nostrum.    Oh Dios, que tus Sacramentos nos purifiquen y defiendan siempre; y produzcan en nosotros como efecto la salvación eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo.

     Conmemoración

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    6 de Septiembre

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    5 de Septiembre

  • San Lorenzo Justiano, Patriarca de Venecia
  • Santos Rómulo, Eudoxio, Zenón, Macario y 1104 Compañeros, Mártires
  • San Bertino, Abad
  • Santa Raisa o Iraida, Virgen y Mártir
  • San Victorino, Mártir
  • Santa Obdulia, Virgen y Mártir
  • Santos Urbano, Teodoro, Menedemo y Setenta Compañeros, Mártires 
  • San Herculano, Mártir

  • San Avito, Obispo de León

  • Beato Gentil, Mártir

  • Beato Raimundo o Ramón Lull, Mártir
  • HOY ES EL PRIMER VIERNES DEL MES

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    El divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes, como día especialmente consagrado a honrar su Smo. Corazón, diciendo a Santa Margarita María Alacoque: «Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes».

       Y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan santa y tan de su agrado, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de

    LA GRAN PROMESA

    en estos términos:

       «Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulgaren los nueve primeros viernes de mes consecutivos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, haciéndose mi divino Corazón su asilo seguro en aquélla última hora».

       En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús, nos promete:

    1º La gracia de la perseverancia final, don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino,
    2º La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar…

       Que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación. ¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrá excusa ninguna si te pierdes!

       ¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta gracia:

    1º Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción;
    2º Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la gracia de la perseverancia final;
    3º Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.

        De modo que no valen ocho primeros viernes de mes, ni valen nueve primeros domingos de mes, aunque la fiesta del primer viernes se traslade al domingo, ni valen ocho primeros viernes con un primer domingo… Además, han de ser seguidas las comuniones, de tal suerte que una interrupción inutilizaría toda la práctica, y habría que volver a comenzarla.

    Tomado de: http://misa_tridentina.t35.com/index   

    Nuestros Hermanos MAYORES en la FE,

    los Santos

    4 de Septiembre

  • Santa Rosalía, Virgen
  • San Bonifacio I, Papa
  • Santa  Rosa de Viterbo, Virgen
  • San Marino, Eremita
  • Santa Ida de Herzfeld, Viuda
  • Santa Irma, Condesa de Süchtein
  • Santos Marcelo y Valeriano, Mártires
  • San Moisés, Antiguo Testamento
  • Beato Justino  Jacobis, Obispo
  • Beato Ghebra Miguel, Mártir
  • Beata Catalina de Racconi, Virgen